Tenía previsto escribir esta misma tarde del viernes la nueva entrada del blog. Escribir largamente, digo. Pero no, no lo haré: una pereza irrefrenable y una leve indisposición –ese catarro de fin de verano que no me quito– me lo impiden. Creo que es la primera vez que, habiendo prometido escribir y publicar, incumplo mi palabra en esta bitácora. No hay nada de lo que preocuparse: es humana holganza. Regresaré en un día o dos: cuando mi cuerpo me lo pida. Perdonen las molestias.


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