Qué sentido de la historia

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1. ¿Historia?

El miércoles 19 de septiembre se inauguró en el Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (MUVIM) una muestra histórica titulada Dos siglos de industrialización en la Comunidad Valenciana. Está comisariada por Juan Lagardera con el apoyo, entre otras instituciones, del Colegio de Ingenieros Industriales de Valencia y la Diputación de Valencia.

Anaclet Pons y yo hemos contribuido con un capítulo del catálogo y con las pesquisas sobre ciertos fondos que debían exponerse. Mi sensación ante los resultados es ambivalente: me reconozco y no me reconozco en una exposición de la que mi compañero y yo no hemos sido los comisarios. Esos sentimientos particulares son, sin embargo, irrelevantes para el gran público o para los espectadores que acudan a ver dicha muestra. Está concebida para ilustrar, precisamente: no para contentar a los estudiosos o a los académicos o a los eruditos o a los historiadores. Admitamos eso de entrada.

Será bueno el resultado si el gran público obtiene una imagen de conjunto, si los espectadores aprenden algo que ignoraban. Sorprende la ignorancia que del pasado puede llegar a tenerse: muchas personas viven en un presente eterno que no se consume y de cuyo origen nada saben. ¿Puede vivirse así? Puede vivirse felizmente, desde luego, sin interrogarse sobre lo que nos precede y condiciona. Pero el presente dura, sucede y, a la postre, debemos acarrear con las consecuencias de nuestros actos, como cargamos con los efectos de lo que nuestros mayores hicieron.

Como dice el narrador-psicoanalista de La interpretación del asesinato, de Jed Rubenfeld, “el hombre feliz no mira hacia atrás. Vive en el presente. Y ahí está el problema. El presente nunca puede darnos una cosa: sentido. Los caminos de la felicidad y del sentido no son los mismos. Para encontrar la felicidad, un hombre sólo necesita vivir en el instante; sólo necesita vivir para el instante. Pero si quiere sentido”, añade el narrador, “deberá rehabitar el pasado, por oscuro que fuere, y vivir para el futuro, por incierto que sea”.

Los resultados de dicha Exposición serán igualmente interesantes si los responsables de las empresas actuales se hacen cargo de su pasado, de sus restos, de sus vestigios materiales. En distintos puntos del País Valenciano hay depósitos de piezas industriales que están esperando su adecuada conservación, su restauración, su catalogación… El abandono o la incuria no pueden durar: tienen responsabilidad las firmas y las instituciones, los mecenas y los cargos públicos.

Insisto: el gran público, los dirigentes políticos y los industriales han de rehabilitar y rehabitar ese pasado. Como dice Jed Rubenfeld en La interpretación del asesinato, la vida  ha puesto delante “de nuestros ojos la felicidad y el sentido, y se limita a urgirnos a que elijamos una de las dos cosas. En cuanto a mí, siempre he elegido el sentido”, apostilla con grandilocuencia. Sin duda se refiere a la pesquisa sobre el pasado: al significado que vincula los tiempos pretéritos con nuestro presente. Si invocamos la felicidad (en su acepción más banal), si creemos vivir en un presente que no dura, entonces el resultado será previsible: el pasado nos limitará sin saber por qué ni cómo. Al igual que un psicoanalista ayuda a exhumar lo reprimido o lo olvidado, el historiador incomoda y desentierra lo que estaba censurado u oculto de un proceso colectivo.  Al igual que el narrador freudiano de La interpretación del asesinato opta por averiguar el significado, también el historiador se inclina por trazar un sentido al pasado que nos llega.

Quizá sea una dejación abandonarse a la felicidad entendida como el simple discurrir de las cosas. Pero no pensemos que, habiendo optado por el sentido, el problema del pasado y de su conocimiento ya está resuelto. Los psicoanalistas disputan por la interpretación, como también los historiadores.  Un sentido anacrónico del pasado puede alterarlo,  condicionarlo, mixtificarlo. Una reducción de lo pretérito a las necesidades del presente, también; sobre todo si tomamos el hoy como la justificación del camino: si las cosas han acabado bien, por qué no vamos a reconstruir alegremente ese proceso que se consuma en nuestros días. Desde luego soy contrario a esta concepción de la historia que tanto se extiende en exposiciones, en conmemoraciones y en otros regocijos públicos.

 Quisiera reproducir los primeros párrafos del capítulo que Anaclet Pons y yo hemos escrito para el catálogo de esta exposición industrial. Es, creo, un aviso para navegantes… de la historia. O un preservativo contra la felicidad.

“La historia no es un proceso que se desarrolle consumando finalmente lo que ya estaba en origen. Tampoco es una narración coherente en la que todo encaje para conformidad común o alivio general: ni siquiera es recorrido continuo que nos transporte desde un momento original a otro superior que lo justificaría. Si así fuera, los historiadores no seríamos más que cronistas, como dijera Walter Benjamin: enumeradores de acontecimientos pasados, de glorias menudas o gigantescas en confusa mezcla. Si así obráramos, reuniríamos bajo una cronología lineal un cúmulo de acontecimientos y sucesos o una retahíla  de fechas y personajes. Si así empleáramos los documentos, en fin, cultivaríamos una historia monumental. La historia monumental, al decir de Friedrich Nietzsche, es aquella en la que el cronista da un sentido memorable a lo pretérito, a la sucesión de lo ocurrido: el relato de una gesta unívoca que, llegando al presente, racionaliza retrospectivamente y nos conforta.

Las cosas no han ido necesariamente así ni tampoco hay una única forma de examinar, de explicar y de comprender el pasado.  El mismo Walter Benjamin postulaba una recuperación selectiva y fragmentaria de lo inerte histórico: proponía detenerse en ciertos instantes del pasado, instantes que nos iluminan, que nos interpelan y, por eso, nos fuerzan a darles sentido. De este modo, evitaríamos aquel procedimiento basado en la simple adición, que  solamente nos proporciona una masa de hechos para llenar un  tiempo supuestamente homogéneo y vacío. Cambiando la perspectiva no veríamos trayectorias ascendentes, victorias señaladas, consumaciones, sino  sobre todo múltiples líneas contradictorias, proyectos alternativos, cosas que fueron y desaparecieron o futuros posibles que no cuajaron. Si la historia la vemos así, quizá nos sea más sencillo evitar la simple sucesión lineal: ya no podremos ofrecer al espectador una perspectiva coherente, mansa, complaciente, de una realidad que es compleja y dispersa.

Si hablamos de empresarios y de empresas, de fábricas y de fundiciones, podemos decir que por cada éxito, por cada compañía que logra triunfar, hay un sinfín de fracasos, de ilusiones truncadas, de proyectos frustrados, de quiebras. Mirémoslo  de este modo, entendamos que las imágenes del éxito sólo son una posibilidad, que las cosas no estaban destinadas necesariamente a tener fortuna, que esas fotografías que ahora vemos, que ahora se exponen, son semejantes a las instantáneas que hubieran podido encargar aquellos que se quedaron en el camino. Por supuesto, habitualmente sólo tenemos la huella del esfuerzo victorioso,  sólo nos quedan los catálogos de las empresas que vendieron  sus productos, los retratos de quienes las capitanearon. Podemos observar sus membretes, sus máquinas, las fotografías de la fabricación. Y las poseemos porque ellos, los que tuvieron éxito, sí que las guardaron: con esa conservación quisieron inmortalizar su fortuna y quisieron dar orden y sentido a su gesta, esa que otros no pudieron completar y que ahora sólo queda entrevista…”

2. Hemeroteca

-“La historia recreativa

Artículo de JS (Crítica de una Exposición histórica, mayo de 2001)

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-“Credo y Ciudadanía“, Levante-EMV, 24 de septiembre de 2007

Artículo de JS sobre Educación para la Ciudadanía 

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-“El pasado industrial valenciano mira al futuro“, Levante-EMV, 26 de septiembre de 2007 

Artículo de Manuel García Ferrando sobre la Exposición Industrial del Muvim.

25 comments

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  1. Jaime

    Yo creo señor Paco que usted no lee lo que escribe J. Serna. Viene aquí a jorobar. Me parece importante lo del sentido histórico que trata hoy. Y usted con sus tonterias.

  2. Marisa Bou

    Paco, por favor, no achuches a D. Justo. Vé tu mismo a ver la exposición. Yo intentaré verla, por supuesto, me interesa el pasado tanto como el presente y el futuro. El pasado por lo que tiene de aleccionador, como base correctiva para construir un buen presente (en lo posible) que a su vez siente las premisas necesarias para intentar un futuro, como poco, interesante.
    Claro que, al final, todo ello resulta una “boutade”, por cuanto repetimos siempre nuestros errores aunque los vistamos de modernidad.

  3. Arnau Gómez

    Quiero decirles que ayer murió D. Vicente Salavert,profesor que fue de la extinta cátedra de Historia de la Medicina.Descanse en paz.

  4. Paco Fuster

    Fui el pasado viernes a ver la citada exposición Estoy de acuerdo de principio a fin con el post de hoy, y más aún con el artículo “La historia recreativa” (cuya lectura les recomiendo). Dice el título de un libro ya clásico, que “El pasado es un país extraño”, dando a entender que la historia es una cosa rara, exclusiva, que sólo interesa a unos pocos, una cosa que ya no nos afecta, puesto que somos europeos modernos y felices, que miran al futuro próspero con la confianza que da haber superado ya lo peor. Algunas exposiciones nos muestran esa imagen de superación y excelencia, mostrando lo que en su dia fuimos y lo que ahora gozamos, en intento de alegrarnos la existencia y hacernos ver que sí, que somos unos privilegiados y no nos podemos quejar. Recuerdo una sobre la Monarquia Hispánica que visitó Valencia hace unos años – en ocasión de la conmemoración del aniversario de Isabel la Católica – donde se cantaban las gestas del Imperio Español en época moderna, sin mencionar ni de pasada a musulmanes y judíos (¿Para qué? ¿Que habían hecho ellos por España?), protagonistas de nuestra historia sin derecho a exposiciones.

    Esta del Muvim – cuya iniciativa aplaudo – no llega a estos dispartes ni mucho menos, pero también me parece mejorable, como todas. Y digo esto porque lo que allí se ve – o lo que yo vi, que alguién me corrija si me euqivoco – es un recorrido progresivo y casi predestinado, donde la industria del calzado alicantina, del textil de Alcoi o del juguete de Ibi, se toman como los primeros pasos del resultado que hoy observamos: una sociedad valenciana de progreso y bienestar – en opinión de los políticos – que ya no depende de la agricultura y que puede competir con cualquiera, con una industria potente y abierta al mercado internacional. Lo más interesante sería quizás ver la otra cara, esa que no se ve – ni podremos ver nunca -, la de los esforzados pioneros que fracasaron en su intento y que no encontramos en los manuales de historia ni en las exposiciones.

    Lo peor es que me parece que esto no es exclusivo de nuestra ciudad, sino que esta historia victimista es cosa extendida entre los europeos u occidentales si me apuran. Dice H.White que “es posible ver la conciencia histórica como un prejuicio específicamente occidental por medio del cual se puede fundamentar en forma retroactiva la presunta superioridad de la sociedad industrial moderna”.

  5. Kant

    Me ha dejado ud. sorprendido y conmovido con la triste noticia del fallecimiento del profesor Salavert, don Arnau, le aseguro que la ignoraba y que ha sido una sorpresa tristísima. Me pasma igualmente el silencio que la acompaña, visto está el interés por la ciencia y por la historia. Conste pues, al menos, mi dolor junto al suyo.

    Y de las pintorescas aportaciones del MuVIM – de las que, obviamente, excluyo a los señores Serna y Pons, tan víctimas de aquel pozo como los incautos ciudadanos que entran en aquel edificio creyendo que lo hacen en un museo – ya les hablaré otro día. Aunque no sé si vale la pena.

  6. jserna

    Lamento extraordinariamente la muerte de Vicent Salavert, compañero de la Universidad e historiador de gran talla. No pude tratarlo más que en contadas ocasiones, pero siempre me pareció una persona extremadamente cortés y educada. Amigos comunes me había dicho que estaba muy enfermo, pero no sabía que el final estuviera tan cerca. Lo siento. Una tristeza.

  7. Pedro

    No conozco al Prof. Salavert pero me uno a su pesame.

    Le pido señor Kant que nos cuente eso que dice del MuVim. Un pozo?

  8. RODERICK GUZMAN MEZA

    No vamos nunca hacia el futuro, esa es la trampa del tiempo. Siempre nos abismamos hacia el extraño ámbito donde las cosas ya han ocurrido. El pasado es la única certeza.El presente, por su parte, es un suspiro, un relámpago.

  9. Salomón Bar Nathan

    El tiempo es una ficción Roderick. Lo hemos inventado para contarnos unos a otros y medirnos, en cierta manera. Todo sucede al mismo tiempo. Ya Duns Scoto, imitado despuéspor Heidegger decía que la eternidad es Nunc Stans, ahora inmóvil. ¿Y nosotros? El gran Machado respondió: “Hoy es siempre todavía”.

  10. RODERICK GUZMAN MEZA

    Bajo esa premisa, Salomón, es nuestra propia emboscada, la trampa puesta por nosotros mismos en el camino de búsqueda de la materia. Saludos.

  11. Kant

    Le respondo, don Pedro. Válgame de entrada aclararle que al hablar de “pozo” me refería al “pozo Airón”, un sitio, como indica el DRAE, que es el “lugar donde algo se pierde, desaparece sin que haya esperanza de recobrarlo, o se olvida”. En el MuVIM – como podría ser igualmente y con más motivo, el presunto Museo de las Ciencias de la Ciudad de las Ciencias y las Artes de Valencia – se perdió la museografía y museología científicas. Por el contrario, nació la museografía como espectáculo y la museología del alelado. Siguiendo su curiosidad, dejamos los despropósitos del señor Toharia, actual director de dicho pseudomuseo, de los sucesivos directores generales de “grandes proyectos” de la Generalitat – una importante caterva de memos – y sus correspondientes, dos, “molt honorables presidents” que dieron alas al desastre global, y nos centraremos, pues, sólo en el MuVIM a guisa de pozo de Airón.

    La decepcionante exposición que nos ocupa, cuya responsabilidad última sólo puede atribuirse a su comisario (su curador, para los contertulios latinoamericanos), señor Lagardera, a la dirección técnica del MuVIM, señor De la Calle y sus pequeños sicarios áulicos, y a la política, señor Ferrer, es sólo el último fruto de un falso Museo – designado como tal por la ignorancia del político de turno, señor Lis, y la sinvergüencería del burócrata correspondiente, señor Pérez Cañamares – que plasma, con su misma existencia, la (anti)política cultural seguida en el País Valenciano los últimos treinta años. Y digo treinta años. Porque si los años conservadores han procurado la destrucción del museo “ex-machina” de producir inteligencia, no es menos cierto que lo pudieron hacer por una pésima y anacrónica política sociocultural previa seguida por la izquierda en general.

    La museología contemporánea – la nacida en Europa en el XVIII – se desarrolló rápidamente desde unos Gabinetes de Curiosidades y unas Colecciones de Artes Plásticas más o menos afortunadas, a grandes centros de reflexión humanística y desarrollo científico. Desde esa perspectiva, fueron – y lo son todavía en aquellos lugares donde el pensamiento débil y la arquitectura conceptual no han puesto sus “sucias manos de mono”, como increpaba Charlton Heston en “El Planeta de los Simios” – fueron, decía, centros académicos. Centros de elevado perfil formativo y de trabajo concienzudo, silente y constante de sus miembros. Auténticos graneros de conocimiento para las Universidades amasados durante décadas e instrumento de desarrollo de la ciencia y el pensamiento en la sociedad en la que se radican. Lugares donde el apartado expositivo, el museográfico, era algo menor y sólo dirigido a públicos con un grado de interés respetable. Vaya, que no eran lugares donde llevar a los niños a pasar la mañana del domingo con divertidos talleres. Ni para que las asociaciones de amas de casa pasen una tarde entretenida. Ni para que los colegios encuentren una salida airosa a sus “actividades extraescolares”. Ni para embutirlos de turistas los días que, por llover, no pueden ir a la playa.

    Adentrados, pues, en esta nueva museología postmoderna, donde prima la exposición espectacular sobre la producción intelectual, el número de visitantes sobre el número de publicaciones, el bar sobre la biblioteca, la tienda de recuerdos sobre el taller de restauración y el charlatán apesebrado sobre el profesional de la materia, su museografía debía ser coherente, así que el fundamento institucional del museo pasó a ser el mismo que el de un parque de atracciones bajo techo, bajo techo pero parque de atracciones.

    Como ud comprenderá, esos museos científicos “del pasado”, activos, productivos, son un peligro para una sociedad postmoderna como la que estamos en la que la imbecilización de los ciudadanos, a través del divertimento vacuo y pretencioso, es la primera prioridad de unos conservadores perfectamente conscientes de ello, unos socialdemócratas que si lo saben son unos hipócritas y si lo ignoran unos estúpidos, y de esa izquierda mohosa que sigue pensando al dictado de sus ocurrencias.

    En el caso concreto que nos ocupa, es que ni siquiera estamos ante un Museo. Ya no sólo porque su impulsor y primer director, don Rafael Company, lo definió como Centro de Interpretación, sino porque, de forma elemental, para que exista un Museo, ha de existir una colección que conservar y el MuVIM – como el Museo de las Ciencias antedicho – no poseen ninguna. Pero hemos llegado a tal extremo de estulticia que esto ya no importa a nadie y consolidamos su existencia aplaudiendo con fervor las listas de visitantes como en su día, en los sesenta, se hizo con la arribada de turistas a los aeropuertos: igual de estúpida (y malintencionada) era una celebración como otra. En ese pozo estamos.

  12. Kant

    Permítame, don Roderick, ¿la trampa no será la de buscar un concepto tan abstruso y artificial como “el ser” en un lugar donde sólo hay materia? Más en concreto, materia y caos, termodinámica mediante. En otras palabras, ¿la emboscada no estriba en perseguir una quimera antes que ocuparse de lo inmanente y material?

  13. jserna

    Kant, entiendo sus críticas extremadamente acerbas, incluso apocalípticas. Las entiendo si exigimos al museo una función de investigación. Pero me reconocerá que el concepto de ilustración, aplicado a las actividades culturales, admite sentidos distintos. Podemos ilustrar a un público con manifestaciones espectaculares, con muestras llamativas que atraigan a muchos visitantes, y eso no tiene por qué ser negativo. La condición de lo espectacular es ya un rasgo inexorable de nuestro tiempo y, seguramente, perdurará, dada la centralidad de los ‘mass media’.

    Los medios nos imponen la agenda y por tanto nos muestran aquellos temas sobre los que debemos debatir, aquellos problemas sobre lo que debemos polemizar o aquellos museos que debemos visitar. Eso no es ni bueno ni malo: es lo que hay y lo que, parece, habrá. ¿Que los museos se parecen cada vez más a un parque temático? Cierto: al igual que los periódicos se estructuran, se ordenan y se escriben cada vez más como un contenedor televisivo. Hoy mismo acaba de aparecer ‘Público’ y apuesta por un diseño espectacular, llamativo, de captación del interés a través del grafismo. Yo creo que debemos interrogarnos sobre las funciones que los objetos culturales desempeñan, esas funciones que cambian…

    Sobre las críticas más o menos feroces que hace a los responsables del Muvim y de la política cultural, yo no puedo confirmar ni desmentir. Lo ignoro todo, lo que no me excusa: tampoco he hecho el esfuerzo de enterarme. En cambio, usted parece tener un conocimiento detallado de esas interioridades. No sé si su interpretación es correcta, pero si lo es…, ¡madre mía!

  14. Miguel Veyrat

    Completando las crípticas palabras de mi buen amigo Salomón Bar Nathan, y su intercambio con Roderick, que como residen, en América el segundo y el primero en la Esmirna de sus antepasados exiliados de Sepharad, no pueden tener noticia de la malhadada expo, les diré que probablemente se refiere a la conferencia que Heidegger pronunció en Marburgo en 1924 sobre “El Concepto del Tiempo”. En ella Heidegger demuestra estar al tanto ya de los trabajos del sin par Husserl en torno a la temporalidad de la conciencia pura EN SUS ESTRUCTURAS UNIVERSALES: “Aquel tiempo que es esencialmente inherente a la vivencia en cuanto tal, con sus modos de darse, el ahora, el antes, el después, y las modalidades determinadas por éstos, el simultáneamente, el sucesivamente, etc., no se puede medir ni por la posición del sol, ni con un reloj, ni por medio de nada físico, ni en general se puede medir”.
    ¿Es la temporalaidad el engendro primordial de la conciencia constituyente, o ésta emerge desde el fondo de la temporalidad? Esa es la pregunta, y la respuesta está, como siempre, escrita en las estrellas del pensamiento humano. Está fuera de dudas que la conciencia en Husserl es temporal. Las estructuras del sujeto de conocimiento se diluyen en la óptica de la temporalización concreta de su ser.
    Para Heidegger, en cambio, el fenómeno de la vida no se agota en la actitud teórica, sino que alcanza su plenitud en la realización histórica de la misma. Existir no es un estar dado, sino un gestarse histórico, un realizarse. Y ASÍ SEGUIDO….
    ¿Vale? Y en todo ese sentido, el diario “Público” es un ente de razón fallido, un fracaso de la experiencia, un “gratuito” a cincuenta céntimos, pretencioso, malo, mal escrito, y que se dirige a un imaginario lector que no lee periódicos sino que se informa en Intyernet. El País et alii pueden dormir tranquilos. Público no es de este tiempo. Está en medio de la nada.

  15. jserna

    Miguel, mañana tengo la intención de analizar Público en este blog. Quizá sea un buen momento o excusa para debatir sobre los periódicos, hoy. Su crítica-análisis, aunque breve, es tajante: también a mí me parece que Público está concebido con un diseño de diario gratuito, pero no sé si tan pronto puede decirse que sea fallido. Quiero leerlo esta tarde y mañana expresar mis impresiones.

  16. Kant

    Don Pedro ¿qué va ud. a decirme! En mi azarosa vida he tenido que lidiar en más de una ocasión con la autodenominada “clase” política y, le aseguro, que los implicados en ese feo asunto del MuVIM no son, ni mucho menos, los peores. Tal vez los más mediocres. Si los ciudadanos conocieran, ya no la moral o la ética de estos individuos (y permítaseme la generalización que también, aunque en mucho menor número, existen políticos honestos), si no sencillamente, su formación, como la puede conocer cualquier funcionario de una Conselleria, se quedarían estupefactos de conocer en quién depositan su confianza. Volvamos a la “Generalitat”, tomemos a doña Consuelo Císcar, faro de nuestra cultura provinciana. ¿Se ha preguntado ud qué estudios avalan a esa rutilante estrella de la cultura desechable, las bienales ruinosas, los viajes injustificables, los museos fracasados (por ejemplo, el IVAM) y el déficit económico más grande en la partida de cultura coincidente con el periodo de mayores penurias en los servicios culturales públicos? Obsérvese que sólo estoy hablando de los resultados de su gestión. Aquí no hay nada personal. Ahora, fíjese en que formación personal se enmarca su acción política y descansa su toma de decisiones. Vea, vea el año de su “licenciatura”, vea la universidad expendedora del título y repase su “curriculum vitae”. ¡Y no lo digo porque fuera la secretaria del último “M. H. president” de la “Generalitat” socialdemócrata, don Joan Lerma! eso sería una maldad por mi parte, lo digo por lo que le precede a su ascensión a los Elíseos de la cultura pública gracias al Partido Popular. Y, con lo que precede, dudo que aprobara la primera prueba en una oposición libre.

    Lo fatídico de esto – y no le puedo negar al señor Serna que sí, que me puse algo apocalíptico, pero ya saben que me dan estos prontos – es que ni siquiera hay inteligencia para su maldad y los de su categoría. No destrozan el museo científico por adherirse a una campaña consciente de embrutecimiento del ciudadano (Ver “La inquietante lucidez del pensamiento reaccionario” en Archipiélago, nº 56), no aplican “la cultura como espectáculo” por perversidad para desarmar los recursos públicos generadores de inteligencia (Ver “Espectáculo de la cultura y cultura del espectáculo” en Archipiélago, nº 16), ni siquiera son capaces de distinguir entre lo neoliberal y lo liberal (Ver “La epidemia neoliberal” en Archipiélago, nº 29), bueno, ni siquiera son capaces de citar un autor liberal, ni neoliberal. Su maldad viene de su ignorancia. Y con un ignorante haciendo gala de su ignorancia, ya me dirá ud qué mas me va a decir, o que le voy a decir yo. Sí ¡madre mía!

    Por otra parte, don Justo, e independientemente de la calaña mayoritaria de nuestros políticos, no considero que el problema estribe en que los museos científicos (y uso este término en contraposición al de museos artísticos) se abran a otros segmentos sociales de menor perfil formativo y/o interés académico. Ni siquiera que los museos científicos utilicen el artificio, el espectáculo, la farándula y el cartón piedra para comunicar con una población más sencilla. En la Unión Soviética los museos etnográficos de un cierto nivel disponían de una Compañía de Teatro como sección museográfica, o sea, que la consideraban parte orgánica del Museo y dicha Compañía hacía representaciones dirigidas a públicos familiares, más o menos, medio siglo antes de que en Occidente se le ocurriera a alguien. En España, por ejemplo, aún no existe nada igual. El problema estriba en que el museo postmoderno que padecemos ha perdido su función científica. Prima el continente sobre el contenido, el arquitecto sobre el conservador, la apariencia sobre el fundamento. Se limita a ser una Sala de Exposiciones de cualquier cosa que atraiga público. Y esa función priva a las universidades de materia prima para su trabajo y a la sociedad de materia prima para generar inteligencia.

    Si nos aseguran que Europa sólo podrá sobrevivir en el mundo globalizado como asilo de calidad para los ricos del mundo (para que los europeos más lerdos tengan un trabajo, aunque sea con un salario africano) y como sede relajada de investigación, desarrollo e innovación (para que los europeos más inteligentes obtengan un consecuente salario privilegiado) ya me explicarán uds en qué pelotón van a ser incluidos los españolitos conformados en esa cultura pública que no pasa del simulacro y el derroche.

  17. Pavlova

    Puedo asegurarle, Kant, que los museos, como usted llama, artísticos, no andan mucho mejor. Al menos, lo que yo conozco. Lo más grave es que, como las obras de Madrid, son un pretexto magnífico para embolsarse dinero a base de infinitos cambios, remodelaciones, exposiciones itinerantes y engañabobos múltiples. Aquí todo es provisional y todos los capitostes culturales, quieren dejar su “impronta”. He visitado diversos museos de Europa más de una vez y con una distancia entre una y otra de lustros o décadas; siempre los encuentro en el mismo sitio y con unos criterios de colocación muy similares, criterios museísticos internacionales y los grandes desembolsos son para restauraciones o contadísimas y cuidadísimas nuevas adquisiciones. En nuestro país no y no me explico cómo queda un cuadro sano con tanta mudanza.

    Las Tres horas en el Museo del Prado de D´ors, son hoy una rara curiosidad. Nuestros museos, todos nuestros museos, son ahora unos lugares llamados “lúdicos”, donde ningún estudioso puede permanecer ni unos minutos. Nuestros criterios culturales se asemejan muchísimo a los de un jefe de ventas de El Corte Inglés.

    No es el lugar, pero podría contarles verdaderas tropelías que convierten aquello que nos indignó a tantos, cuando Federico Sopeña, Director del Museo del Prado, lo hizo abrir de noche para enseñárselo a Alfonso Guerra (vicepresidente entonces del gobierno), porque había dicho que le haría “ilusión”, en una pequeña travesura infantil.

    En fin…

  18. Paco Fuster

    No pensaba intervenir ya más en esta entrada. Sin embargo, el último comentario de la Sra. Pavlova me ha refrescado la memoria. Hace unos dias estuve en Madrid. Pude comprobar “in situ” lo que dice y tiene toda la razón. Fui por segunda vez a Prado y Reina Sofia, pero en vano. No experimenté ningún placer entre la muchedumbre de turistas armados con los aparatos estos – guias o como se llamen – que admiraban la pintura de Velazquez y se compraban libros sobre arte – carísimos por cierto – postales con pinturas o imanes para la nevera, en la tienda del museo.

    Eso sí, debo hacer mención aparte para el Museo Arqueológico Nacional. A pesar de la belleza innegable del edificio que alberga las piezas, el museo en sí me pareció penoso. Pagué la entrada y fui directamente a la sección de arte egipcio y nubio (lo que más me gusta). Una vez allí comprobé que estaba cerrada (al igual que no sé cuantas más) y lo peor de todo: que no tenian prevista ninguna fecha para reabrirla, ni sabian los motivos del cierre, ni pensaban habilitar otro recinto para las piezas. En resumen, que la impresión no pudo ser más decepcionante.

    Al hilo de lo que dice Kant en su último comentario, creo que Valencia no es efectivamente, cuna de grandes museos. No obstante, creo que el “Museu de Prehistoria y Etnologia” y sobre todo el “Museu de Belles Arts Sant Pius V”,sin cumplir tampoco la función de museo que usted reclama (mayor número de publicaciones, más relación con la Universidad y el mundo de la investigación, mayor variedad de propuestas artísticas…) estan por encima del MuVIM.
    Lo del IVAM – donde por cierto había, no sé si todavía está, una exposición del “Equipo Cronica” que les recomiendo – es un tema más complejo que merecería un estudio propio y para opinar necesitaria mayor espacio que este breve apunte.

  19. Pavlova

    Paco Fuster. Nací muy cerca del Arqueológico, que era una maravilla (siempre vacío, siempre lleno de polvo) y allí me paseaban cuando llovía. Van cerrándolo según se estropea. Una cosa de locos, pero no sé si será peor si se acuerdan de él y lo “remodelan” o trasladan. El Lázaro Galdeano, también al lado de mi casa, era otra joya desierta, como casi todos los museos de Madrid: o cola de cinco en fondo o nadie. Depende mucho de que tengan tienda de recuerdos :-), pero ¡ah! si hacen una antológica y la anuncian, entonces ya está la cola tremebunda y el verlo en fila india, sin poder alejarse, porque se sale uno de ella y lo curioso es que, en muchas de ellas, no hay nada nuevo; está lo que siempre ha estado solitario en el museo de turno y aledaños, pero verlo en fila, con los cascos y el catálogo de 50€ en la mano “mola” muchísimo más.

    Y el Sorolla, vacío siempre, el día de la Noche en Blanco tenía una cola que daba la vuelta a la manzana. La casa de Lope de Vega, ni ese día. Eso es lo que se fomenta. La cultura en nuestro país es algo verdaderamente raro y, en el nuevo periódico, que no puedo juzgar con un sólo número, aunque no me ha gustado, lo de siempre: en la sección de música la clásica no existe.

    Y ha desaparecido, por falta de ayudas, una orquesta joven de ustedes, valenciana ¿a que no se han enterado? una orquesta solidaria que tocaba para recaudar fondos para los demás

    Sigo teniendo esperanza. No sé de qué, pero quiero tenerla.

    Buenas noches.

  20. Miguel Veyrat

    A la sana propuesta anarquista de cerrar, o quemar todos los museos, que resurgió en Paris a la hora en que tras mandar quemar, como nuevo Nerón, Les Halles, Giscard d’Estaing propuso a su pariente Ricardo Bofill la construcción del nuevo espacio que albergó posteriormente Beaubourg, hubo una interesantísima respuesta de la izquierda tras un debate nacional en todos los medios (¿Han escuchado hablar aquí de algo parecido, jamás de los jamases?). No un Beaubourg, sino muchos, cientos: repartir el arte por toda la geografía nacional, y abrirlos, abrirlos en pueblos y ciudades sin cobrar un duro a las masas, para que contemplaran cómo la comunicación visual había trasportado (y transportado) la ideología dominante a lo largo de los siglos, creando arte y definiendo cánones de belleza (¡qué gran debate, también como el de la “verdad”!) y cuáles habían sido las excepciones que se se rebelaron contra ellos.
    ¿Quién es Consuelito Císcar, epígono de una saga de tránsfugas valencianos? Una mandada que recibió el mandato de “dar” lustre al dinero creando la vaga y vana ilusión de la “cultura”. Una mandada, para colmo reina de lo hortera, que antaño también se llamaba cutre de oropel.

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