¿Hay espacio para un periódico nuevo? Siempre que está por aparecer un diario nos hacemos la misma pregunta. Así sucedió con La Razón, que fundara Luis María Anson para cubrir (al parecer) el espacio que quedaba para un rotativo conservador. Irrumpió en el mercado con contundencia, con sostén empresarial suficiente y con decisiones de impacto (bajo precio del ejemplar). Según la OJD, La Razón registra hoy un total de 142.837 ejemplares de difusión, el cuarto lugar del ránking, tras El País, El Mundo y Abc. ¿Son datos esperanzadores? Teniendo en cuenta la rivalidad entre los dos últimos diarios (circunstancia gracias a la cual podría encontrar hueco) y teniendo en cuenta el ataque continuo de que es objeto el periódico monárquico por parte de la Cope, La Razón no ofrece resultados espectaculares.
Formulemos la misma pregunta del principio, en este caso planteándola para un diario de signo progresista. ¿Hay espacio para un periódico nuevo? Público es nuevo y se proclama progresista: viene envuelto con dicha vitola. En efecto, aparece con reclamos y con señales suficientes como para que los lectores de esa obediencia lo tengan por su periódico. Qué curioso. La campaña publicitaria del rotativo expresa esa idea simple del individuo que se reconoce como tal y a quien se dirige el nuevo medio: «No es un diario más. Es el tuyo«, un lema que sirve para tutear e interpelar directamente al destinatario y para hacerle copartícipe de un producto que otros también verían como suyo. El periódico busca una audiencia de perfil expresamente progresista pero, como suponemos, no muy dada a la lectura.
Para empezar, su cabecera está impresa en tinta roja: que quede claro, pues. Estamos entre rojos. Dicho rótulo está, además, acompañado de una acuarela negra de Miquel Barceló que representa a ese público diverso aún sin identificar.
En el cuadernillo central de autopromoción, los responsables hablan del dibujo de Barceló como su sello identificador: una acuarela, dicen, «viva, rápida, sencilla y suspendida en el vacío». Sería fácil tomar esa descripción como una metáfora: como una metáfora.., ¿de qué? La edición electrónica del periódico no reproduce el mismo grafismo. ¿Por qué razón? No lo sé.
Desde el principio, Público pregona enfáticamente un radicalismo interclasista, dejando para ello numerosas pistas, valiéndose, en fin, de numerosos guiños: desde el precio (50 céntimos) hasta el regalo con que obsequia a sus lectores (una copia en DVD de Los lunes al sol, el primer día, o de Fahrenheit 9/11, el segundo día). De lo que se trata es de establecer una fuerte complicidad con los lectores de ese sesgo. Para ello presenta un elenco reconocidamente progresista de columnistas y articulistas (Javier Ortiz, Enrique Meneses, Juan Martín Seco, Javier Sádaba, Esther Jaén, José Antonio Labordeta, etcétera). Y presenta también a los responsables del periódico. En efecto, en el cuadernillo de autopromoción podemos ver, por ejemplo, que salvo un periodista encorbatado todos los profesionales de la casa visten un aire casual wear.
Ese tipismo urbano podemos descubrirlo también entre los lectores o, mejor, entre los modelos de lectores a los que se dirigen. Son destinatarios fotografiados en Barcelona, Sevilla, Bilbao y Madrid: gentes de distintas edades sorprendidas en lugares típicos de sus diferentes ciudadades, reconocidas con sus nombres de pila y declarando qué esperan del nuevo periódico. Los de la capital, por ejemplo, tienen al fondo la Puerta de Alcalá (miralá, miralá): Gorka, de 37 años, desea que el diario cumpla un buen servicio público; Ramona, de 18, quiere aprender cada día con su información; e Inés, de 60, espera que el nuevo periódico sea atrevido, vivo y moderno.
Pero no acaba aquí ese radicalismo expresivo o iconográfico, esa campechanía de los lectores. Por eso, también en el cuadernillo podemos identificar sus banderas (que así llaman en Público a sus principios): el progreso, la igualdad, la integración, etcétera. Son banderas que, cómo no, también se ilustran con imágenes de ciudadanos que parecen manifestar naturalidad. La igualdad, por ejemplo, está acompañada de una fotografía firmada por Marta Soul/Nophoto cuyo pie reza: «Alicia, javier y su hijo Mateo viven en Legazpi (Madrid), en un piso con plaza de garaje. Los dos son ingenieros de telecomunicaciones y llevan al niño a la guardería».
El autobombo de todos los periódicos siempre peca de excesivo, de enfático, pero hace tiempo que no veía una campaña más evidente, con el acento más obvio, con fotografías más impostadas, con subrayados más explícitos. Público tiene 64 páginas (más ese cuadernillo) editadas en color y con unas imágenes e infografía que dominan la letra imponiéndose sobre el texto…, supongo que dirigidas a lectores urgentes que se cansan inmediatamente, al modo del internauta compulsivo. El periódico prima, en efecto, la imagen ya característica de la prensa gratuita: repleta de ilustraciones que alivien o que aceleren la lectura. Con ello parece destinarse, claramente, a unos individuos para quienes los diarios de referencia cansan por su densidad verbal o su pesadez textual.
Con ese precio y con ese grafismo, como decía uno de sus rivales, el diario se sitúa «a medio camino entre los periódicos gratuitos y los de pago». ¿Entre los periodicos de gratuitos y los de pago? A mí me recuerda a El País de las Tentaciones… Que un diario y un DVD (que día a día voy a ir añadiendo hasta formar algo así como la videoteca del perfecto progresista), que un diario y un DVD –digo– te los entreguen a 50 céntimos es algo raro: sin duda, una estrategia comercial destinada a crear hábito. ¿Pero cuánto tiempo se puede mantener ese dispendio con reclamo? Sale con un tirada de 250 mil ejemplares, que se vendieron íntegramente el primer día. Público no tiene editoriales (para qué, si ya no hace falta el anonimato que protege la opinión), pero sí un artículo breve (como todos los que allí se publican) que abordará el tema dominante de la cubierta: una cubierta y una opinión firmada por el director, Ignacio Escolar. El primer día estaba dedicada a Eta: es éste un tema que siempre vende, aunque apeste a nevera (como precisa Miguel Veyrat en uno de sus comentarios). Pero no es eso lo que me sorprende (la importancia del titular principal es la lección básica que aprende el periodista inocente): lo que me choca es el contraste de las primeras planas de ese mismo día. Mientras Público destinaba su cubierta al principal dirigente de Eta –cosa que no era noticia–, El País y Abc dedicaban las suyas a los dos últimos presidentes del Gobierno español… justo en el momento de sus respectivos encuentros con George W. Bush. El primer periódico sacaba de la nevera el acta de las reuniones de José María Aznar con el mandatario estadounidense; el segundo diario publicaba con un cierto retraso –y buscando agrandar su efecto– la noticia ya fría de los cuatro segundos de Rodríguez Zapatero con el dirigente norteamericano.
¿El País de las Tentaciones o el formato de El Caso, como me apunta Pavlova en un aparte? Creo que Público no mejora ni erradica lo que existe (el uso de los diarios para fines estrictamente mercantiles y políticos). Antes al contrario, repite con nuevas artes infográficas lo que ya estaba inventado. Por eso, quizá agrava el estilo amarillo y gritón que estaba extendiéndose entre los periódicos de referencia y que ahora procedía de la televisión. La sección de «Actualidad» (cuya incogruencia señalaba muy atinadamente M. Veyrat en un comentario) es el depósito del fait divers. En efecto, esas páginas son como El Caso en chititito, con el vértigo del horror que lo real puede producir. O son como esa sección del telediario en la que nos presentan monstruos y espantos. Según podemos leer en la Encylopédie Universalis: el fait divers es un «récit d’événements variés considérés comme peu importants, le fait divers n’appartient à aucune actualité: il n’est ni politique, ni social, ni économique, ni culturel et pourtant il occupe une surface importante des journaux et hebdomadaires. Alimenté par les accidents, les catastrophes naturelles, les curiosités de la nature, les actes héroïques, les crimes ou les suicides, il décrit ce qui semble hors du commun quotidien, que ce soit par l’action elle-même ou par la spécificité des personnes impliquées«.
En efecto, el segundo día de Público, la sección empezaba con los violadores (con el tratamiento que se quiere dar a los violadores por parte del Ministerio de Justicia) y acababa con los fetos (con el descubrimiento de un feto enterrado envuelto con una señera catalana). Si la sección de sucesos reúne lo indeterminado y horroroso, si cobra la centralidad noticiera que Público le da, entonces toda la información próxima se impregna de ese sentido espantoso, chocante.
Volveremos a hablar de Público en otra ocasión…
Esta tarde de lunes, nuevo post






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