Historia y jóvenes

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1. Desde hace varios días, unos pocos jóvenes catalanes que se declaran independentistas han abrasado fotos de don Juan Carlos. Al parecer, con ese gesto incendiario, quieren hacer explícito, manifiesto, su repudio… Como la Corona nos asfixia –deben de pensar–, es normal que la carbonicemos en efigie. Como llevamos trescientos años de opresión monárquica –dicen algunos–, es natural que incineremos las imágenes borbónicas de hoy. Esta lógica me sugiere dos respuestas: una sobre el acto en sí; y otra sobre el sentido de la historia, sobre el significado del pasado que al parecer tienen esos jóvenes. Salvo imprevistos, el lunes 8 de octubre Levante-EMV me publicará un artículo (“¿Jóvenes airados?”)  en donde trato ambos asuntos. Mientras tanto, adelanto con otras palabras el objeto.   

Para empezar, sobre el acto de carbonizar: no parece que sea un ejercicio con grave riesgo, pues como mucho te quemas las yemas de los dedos. Gracias a cierta prensa, la posible punición penal se compensa con la fama mediática: siempre estará presente el objetivo de un fotógrafo para darte tus quince minutos de gloria. El periódico El Mundo o el diario Abc, por ejemplo, llevan a sus primeras planas las imágenes de un monigote barcelonés que representa al Rey. Lo vemos ahorcado: en su costado derecho, a la altura del corazón, le han descerrajado un balazo de pega, ficticio pero amenazador. Sin duda, es un acto sobre el que la justicia algo tiene que decir. Lo curioso es que dos diarios eleven ese hecho minoritario –por supuesto escaso, delictivo y descerebrado– a portada: si yo fuera un pirómano real desde luego estaría agradecido. Ésta es la lógica de ciertos medios.

Pero no es eso lo que me interesa analizar. Me importa más tratar ese segundo aspecto que adelantaba: el sentido de la historia de que parecen revestirse los incendiarios. Creo que hay que desmontar tal cosa…, si es que tras dicho acto hay algún sentido. Razonemos. El pasado entendido como fuente de identidad colectiva es una guerra ajena: es tedio y es el destino que nos hace epígonos y que fatalmente se nos impone. Cuando estoy con mis estudiantes, jamás trato así los tiempos pretéritos: evito tal manipulación en mis clases. La historia puede ser concebida de otro modo: como un libro en el que adentrarse sin saber lo que sus páginas depararán, como un texto en el que explorarse, buscarse y alejarse de uno mismo, de las evidencias con que uno carga. No se trata de crear buenos patriotas. De lo que se trata  es de quebrar las evidencias: de romper con el pasado evidente, ese que está hecho de memoria, de derrota o de gloria nacional. Con la historia se puede ayudar a los jóvenes a ordenar el caos que llevan dentro, a concebir el pasado como un depósito u observatorio de experiencias. Igual que transitamos y admiramos los parajes que nos contradicen, también la historia tiene que ser el dominio en donde apreciar el contraste: lo que nos extraña y lo que nos trastorna. El saber y la maduración sólo son resultado del fastidio y de la sorpresa que los demás nos provocan. Cuando la realidad que tenemos enfrente únicamente nos corrobora, entonces la percepción de lo extraño es inasimilable y, por eso, tendemos a tomar a ese otro como depravado o raro o anómalo. Hay que oponerse a esto. De ahí que la mejor enseñanza de la historia no sea la mera ratificación del barro original con el que fuimos presuntamente modelados.

Tener conocimiento del pasado me exige asumir mi condición inconsútil y fragmentaria a la vez: la casualidad de mi existencia y mi limitación. Estudiar historia no es encajar cómodamente lo que soy, sino ponerme en duda: examinar mi valor infinitesimal, rebelándome contra la determinación que me niega, contra la fatalidad. Por eso, más que carbonizar  habría que leer: leer las experiencias de otros que me desmienten, hacer acopio de vivencias que no son mías. La incidencia de mi vida es efímera y ese tipo que quiero ser, ese individuo que creen que soy, está condenado a consumirse dentro de lo previsible. Es en los demás y en la lectura que me extraña en donde espero hallar el alivio. Las historias que aprendo y las que me cuentan me amplían el mundo, dilatan los límites.

Hacen falta políticos sensibles que no envenenen con munición ideológica, que no erijan el pasado como el patrimonio al que te debes. Hacen falta padres que eduquen en la exigencia, en la ternura, en la ironía y en la tolerancia. Hacen falta también profesores que no se abandonen al fatalismo. Hacen falta medios que no intoxiquen, que no agiganten la bravuconada de los brutos. Pero sobre todo hacen falta jóvenes dispuestos a tomarse como individuos prometedores: individuos dispuestos a responsabilizarse de sí mismos. Lo pretérito no es destino ni justificación y frente a lo pasado hemos de rebelarnos, hecho que nos obliga a conocerlo: si lo ignoramos estaremos calcando patéticamente conductas que creemos propias y originales. Lo pretérito no tiene simetría alguna con el presente. Como diría José Lezama Lima, no podemos resignarnos a la elemental y grosera ley de simetría: no podemos ser remedo de algo ya dado o ya vivido. Punto final.

2. Hemeroteca

-“¿Jóvenes airados?”, Levante-EMV, 8 de octubre de 2007

21 comments

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  1. Joven requeteairado

    Prof. Serna yo estoy “airado” y no quemo! Lo que no se es si aguantaria sus clases!

  2. Pedro

    Hay gente que viene aqui lee corre corre y deja sus palabritas tontas y sus cositas En “Joven requete”. Hombre yo creo que hay que estrujarse algo más el cerebro amigo “requete”. Tiene algo que decir?

    A mi me parece que lo contrario de “carbonizar” no es leer. Puede haber lectores que sean esos mismos brutos que queman. Si lees no quemas? Ojalá

  3. jserna

    Buena señal, Pedro: las obras nos distinguen. Unos vienen, dicen lo que consideran, con corrección, con extensión, con razonamiento; y otros acuden para arrojar su bilis, así, a bote pronto. Siento expresarme así.

  4. Paco Fuster

    Siguiendo el esquema que usa Justo en su exposición, daré mi opinión sobre los dos aspectos que trata:

    En primer lugar, quisiera decir sobre el tema de la quema de efigies o banderas, que la mayor culpa es de los medios que “dan cancha” a este tipo de actitudes, convirtiendo lo anecdótico y minoritario en algo alarmante y de gran trascendencia. Si empezaramos por no hacer caso de estas actitudes, dándole la importancia que tienen y no más, quizás esos minutos de gloria televisiva ya no serian tan buscados.
    Más interesante me parece a mi, el fenómeno de quemar imágenes en el sentido de negar la historia, de no aceptar el pasado, rebelándose contra lo que fue, contra esa historia oficial. Siento defraudar a los iconoclastas, pero es una actitud que si repasamos los libros de historia, no tiene nada de original. La historia nos da infinidad de muestras de esta actitud que consiste en borrar (ya sea quemando una imagen, destrozando un monumento o borrando un nombre en una inscripción epigráfica) lo que nos disgusta del pasado para así, creer que borramos de la memoria el propio pasado. Lo digo porque ya los antiguos romanos (e incluso egipcios y mesopotámicos) fueron unos maestros en la manipulación del pasado y en la práctica de lo que llamaron “damnatio memoriae”, esto es, borrar el nombre del emperador caído en desgracia de las incripciones para acabar con su recuerdo y condenar su memoria al olvido, como si no hubiera existido. Esta forma de metonímia, tomándo la parte – en este caso el nombre o la imagen – por el todo – que sería la propia persona -, ha sido una constante para aquellos que han intentado construir el presente obviando el pasado, o en algunos casos como este que nos ocupa, negándolo, renegando de él. Vamos, que “nihil novum” en este sentido.

    Sobre el segundo aspecto – la relación jóvenes-historia – no me extenderé mucho. Me da una pereza enorme explicar – aparte de que no sé si soy la persona indicada – y tratar de convencer a la gente de la importancia de la historia, sobre todo a la gente que me pregunta sobre la utilidad de la historia y ya no escucha mi respuesta. Esa gente tozuda que no atiende a razones -muchos estudiantes y profesores de las llamadas “ciencias”, que desprecian a las “letras”, ya no digamos a las “humanidades” – antes me daba rabia, pero ahora ya no.

    Sin embargo, la existencia es caprichosa y de vez en cuando te da una alegría que te sorprende y te hace dudar. El pasado jueves tuve una alegría de éstas cuando precisamente fui a hablar de la historia – la historia de las mujeres en este caso, pero no sólo esa – a gente muy joven, gente de 1º de bachiller (16-17 años). Acepté la invitación de nuestro amigo y contertulio David P. Montesinos para visitar a sus alumnos y charlar con ellos un ratito sobre la historia. Debo confesar que mi escepticismo inicial se convirtió muy rápido en alegría, al ver que aquellos alumnos (un poco tímidos, pero tremendamente educados y implicados), me acogieron tan bien (aprovecho para darles las gracias a ellos y a David). Me demostraron que en los institutos – a pesar de mi escepticismo ya digo – hay jóvenes por los que vale la pena abandonar esa pereza y hacer el esfuerzo de explicar la historia, de revivir el pasado y aprender de él (lo que nos gusta lo que no). Tal vez sea hacia ese lugar, hacia esas aulas, esos pupitres y esos profesores de historia abnegados que luchan a diario, hacia donde debamos dirigir nuestra mirada, más que hacia los periódicos y los medios sensacionalistas que actuan de megáfonos para los que buscan esos minutos de gloria.

  5. Tobías

    Siempre me ha parecido que el independentismo catalán, a diferencia del vasco, tenía mucho de barroco. Parafernalia, gran importancia de lo gestual y luego, como diría el clásico, “fuese y no hubo nada”.

    Ahora bien, lo de quemar en efigie a nuestro bienamado monarca no lo considero un acto burdo de rechazo a la historia oficial. Para mi es más bien un paso más en el rechazo de la inmunidad vergonzosa que el rey ha gozado desde que fue aprobada la constitución. La transición creó un pacto de silencio a costa de su contenido democrático, nos escamoteó la posibilidad de crear un régimen republicano y rupturista y santificó el poder establecido a cambio de un simulacro de libertad y una oligarquía de partidos.

    Por lo demás comparto plenamente con Serna y Paco Fuster la reivindicación de la historia como medio más eficaz para crear conciencias críticas. Como dirían en la Escuela de Francfurt, debemos ilustrar nuestro camino hacia la modernidad para entender dónde y porqué nos equivocamos.

  6. luis quiñones cervantes

    Estimados Justo y amigos:

    Gracias a todos por invitarnos a la reflexión, aunque en ocasiones pueda resultar un poco dolorosa y tienda a evitarse, como ocurre con los recuerdos traumáticos. Pero la historia, como dice Justo, no siempre son recuerdos traumáticos preestablecidos, transmitidos sin ton ni son a partir de hechos que no siempre son reales o, que se entienden habitualmente desde el simplismo.

    El post de Justo, aborda, para mí, dos asuntos que son paralelos y que quizás se junten en el infinito: la educación y la enseñanza de la historia y el asunto de la quema de símbolos. Respecto de lo segundo, creo que no será necesario emplear más de una decena de líneas: los pirómanos reales son apenas un centenar; y los manipuladores de tal asunto, miles, pues equiparan la opción republicana (a la que me adhiero) con la acción catalanista radical y absurda de defensa del micromundo, del terruño y de considerar que la patria está por encima de las personas. Entiéndase pues que detesto, en fin, los nacionalismos, que pienso son en esencia lecturas muy decimonónicas y trasnochadas de realidades bien distintas. Por lo demás, el problema de quemar imágenes del rey no es tan grave, pues queman símbolos y no el referente real (es decir, al rey mismo), y tampoco creo que los símbolos sean más importantes que las personas. Aunque lógicamente en la mentalidad de un nacionalista se aspire con ello a convertir tal cosa en una gran afrenta (como ha resultado ser para los otros nacionalistas, los de PP).

    El problema de la educación en la historia y la concepción que tenemos los jóvenes de ésta es asunto de diferente calado. Efectivamente en las universidades, la historia se debe explicar como ese libro abierto y desconocido al que alude Justo; pero en los institutos la enseñanza de ciertas materias ha de abordarse desde un punto de vista crítico, a pesar de que los muchachos no siempre tienen los conocimientos suficientes como para diferenciar qué es opinión del profesor y qué son hechos objetivos. El intento de ser objetivo es mi labor diaria como docente de secundaria, y lo intento aunque lo mío es la historia de la literatura (materia perfectamente ideologizable en uno u otro sentido). Pero esto es harina de otro costal. El problema no es tanto cómo se explica la historia, sino qué es lo que los medios de comunicación depuran de los hechos reales que notician y sobre los que luego cientos de opinadores tergiversan con fines políticos, que eso es lo que cala en la sociedad. Por tanto, no tanto educar en la historia como en el espíritu crítico, que se aplicará de seguro tanto al ver un telediario como al observar cientos de helados y decantarse por uno o dos sabores. Si la depuración crítica es individual y razonada, de seguro que el helado se desgustará con más pasión.

    Un fuerte abrazo, a todos.

  7. marPoP

    “La historia puede ser concebida de otro modo: como un libro en el que adentrarse sin saber lo que sus páginas depararán, como un texto en el que explorarse, buscarse y alejarse de uno mismo, de las evidencias con que uno carga”. Puedo asegurar que si eso es lo que pretendes con tus clases lo consigues, al menos a mi sí me ampliaste mundo…lo siento JOven requeteaireado, pero corroboro lo escrito,jajaja.
    De paso, comento que no creo que sea tan importante que un grupo de jóvenes se lancen a quemar imágenes “reales”, parece que algunos periódicos quieran asemejarlos con los iconoclastas de antaño, qué barbaridad…no sé si habría sucedido lo mismo si lo que hubieran incinerado fueran imágenes de Carod Rovira, o de Ibarretxe…dejo el debate abierto…
    Saludos PoP!

  8. Jesús

    No soy ni monárquico ni republicano, sino un ciudadano que lo que desea es que sus gobernantes no piensen en ellos mismos y se ocupen de resolver los problemas de la gente.

    Respecto a la monarquía, el sentimiento antimonárquico no creo que aumente por lo que diga Rajoy, Zapatero o los radicales de ERC con la quema de banderas.

    Ese sentimiento creo que lo va alimentando poco a poco el pueblo al ver como una familia por el mero hecho de ser ellos están siempre de yates, comilones, trajes todos los días, viajes aquí y allá y muchas cosas que no sepamos pero se suponen.

    A partir de ahí ellos se lo buscan, la cercanía al pueblo va mucho más allá que las meras visitas y roturas de protocolo para darle la mano a unos cuantos en presencia de cámaras.

    Saludos.

  9. Kant

    Paréceme, señor Serna que, al menos por el momento, no hay forma de encontrar un punto de acuerdo en esta cuestión entre ud y yo.

    Fundamentar su doble argumento a partir de pareceres e inconcreciones (“deben pensar”… “dicen algunos”…) no parece un buen comienzo, más bien la continuación de otro “post” (“¿Hay que quemar a los Reyes… en efigie?”) en el que traté de delimitar el campo de la protesta de unos ciudadanos catalanes: se renegaba de una absorción “manu militari” de los países de la Corona de Aragón – entre los que estaba Cataluña, claro – que tenía un documento legal que así lo acreditaba (el Decreto de Nueva Planta) y que ratificaba un convenio internacional (el Tratado de Utrecht) y eso entraba, de lleno, en la libertad de opinión, publicación y manifestación.

    Si no atendemos estos hechos, absolutamente weberianos – ya que en este “blog” parece que don Max permanece de rabiosa actualidad – apreciados contertulios, difícilmente podremos analizar el resto (una manifestación airada de unos ciudadanos), confundiremos los medios con el fin (el medio es extremo sin duda y hasta reprobable pero su motivación no puede ser obviable, ni su derecho a expresarse conculcable), tenderemos a la visión alicorta del propio hecho (parece que hablamos de una pequeña turba de mozalbetes desgreñados) y repartiremos culpas arrogándonos una improbable condición de infalibles pequeños dioses (¿porqué algunos de uds. insisten en utilizar el concepto “juventud” como un agravante de los alborotadores? ¿porqué los mismos contertulios crean y/o aceptan un saco maligno – el del “nacionalismo” – en el que meten y sacan a quienes interesa a su opinión?). Y, por algunas de las intervenciones, especialmente las de tufillo socialdemócrata, parece que los hechos motores no se atienden, se prefiere desviar la atención sobre las formas de los manifestantes antes que incidir en el fondo de la manifestación.

    Llegados a este punto, veamos las dos respuestas que le sugiere a don Justo, el hecho que nos ocupa.

    Sobre el acto de la quema de efigies abría que comenzar por ampliar el espectro de medios de comunicación interesados en multiplicarlo e instrumentalizarlo: el Grupo PRISA, en todos sus medios, ha tenido un amplísimo seguimiento y una lectura torticera de los acontecimientos que sonroja escucharlo o leerlo. Si la prensa conservadora lo plantea en portada, la cadena SER inicia todas las mañanas sus emisiones con el tema.

    Como apunta el señor Fuster, si el hecho hubiese quedado en la anécdota gerundense, hoy ni recordaríamos que hubiese pasado, pero hubo mucha prisa por parte de uno de esos fiscales-estrella (que quieren eclipsar a los jueces-estrella) en colgarse una medalla; hubo mucha prisa por parte de la prensa de derechas en atacar al gobierno (dentro de esa estúpida política de achacar al presidente Rodríguez cuanto ocurre de conflictivo en España); y hubo mucha prisa en el nacionalismo español (del que no se escapa esa izquierda jacobina que sigue viviendo en el XVIII como colmo de progresismo) en lanzar “urbi et orbe” la presunta “amenaza catalana” para unir a la presunta “amenaza vasca” y acabar de redondear el paisaje catastrofista que el españolismo nos sirve todos los días en los medios – no todos – y en los focos generadores de opinión.

    Decía que no todos los medios estaban implicados en este sinsentido porque, paradójicamente, TV3, en poder de un ejecutivo dirigido por un zapaterista indudable, cual es el “president” Montilla, ha mantenido un nivel de información bastante más sensato, realista e informativo del incidiente inicial y de su posterior desarrollo, que los medios estatales citados. Más allá de “cuatro jóvenes de Gerona” – que parece ser la consigna de todos los días – la actividad ha crecido en número de implicados y ha recorrido toda Cataluña, participando en ella – pues los hechos se repiten diariamente aunque en el resto del Estado se silencia – por supuesto gente joven y también “medianasedades” y también senectas personas mayores. Comencemos, pues, por contar la verdad, o aproximarnos a ella o, al menos, no torcerla.

    Alegaba también don Paco Fuster un argumento que, creo, deberíamos revisar: esta quema de imágenes, ésta, no otra, ésta, no niega la historia, no rechaza el pasado, al revés, precisamente lo que hace es vindicar la historia y asumir el pasado, porque, en efecto, el acto en si es una demostración de rebeldía contra la historia oficial, la de los ganadores, la de los españoles, que convierte en balsa de aceite, en aceptación bienvenida y en alegría y loor lo que fue la reducción “mani militari” de sus países soberanos al fuero de Castilla primero y a la les española después. En efecto, señor Fuster, desde los egipcios y mesopotámicos hasta nuestro inquietante futuro orwelliano se vive sometido a aquel principio que nos propuso el escritor marxista (heterodoxo): “quien posee el presente, posee el pasado y quien posee el pasado, posee el futuro”.

    El presente, apreciados contertulios, lo tiene la monarquía constitucional española de la dinastía Borbón – guste o no guste – y, por ende, quien fabula un pasado entrañable y predica un futuro fundamentado en él es quien controla el presente, no quien protesta airadamente. No confundamos, ni pongamos en pie de igualdad, víctima y verdugo aduciendo que ambos están presentes en el mismo catafalco.

    “Post Scriptum” sobre este punto. Cuestiono lo que dicen los señores Serna o Fuster porque ofrecen una argumentación sensata. Que no la comparta no quiere decir nada más que eso, que discrepo de ellos como ellos de mí, obvio, aunque tengo por seguro que de la batería de ideas intercambiadas algo aprenderemos mutuamente y en algo modificaremos nuestros pareceres pero me permitirán que me abstenga de puntualizar nada de nadie que use el insulto, la brocha gorda y la sal gruesa; así que señor Luís Quiñones Cervantes, quede ud. con su “República” en la que, sin duda, no me encontrará, aunque tampoco creo que me espere, claro.

    Respecto al segundo aspecto que trata don Justo, lo dejo para otra intervención, ahora he de retirarme por unos instantes a merendar. Si uds gustan…

  10. Kant

    Bueno, ya merendé. En realidad, también he cenado e incluso desayunado, pero mi línea de Internet cayó estrepitosamente y no he podido seguir con lo prometido. En fin, retomando…

    Hay veces que los trajes a medida son tremendamente incómodos. Leo la segunda respuesta del señor Serna a las manifestaciones republicanas de Cataluña y se me ocurre un ejercicio que les propongo: ¿qué tal si substituimos de los tres últimos párrafos una única frase, al principio de ellos, la que dice: “el sentido de la historia de que parecen revestirse los incendiarios (…)” por “frase “el sentido de la historia de que parecen revestirse los republicanos (…)”.

    Entiéndanme, no me refiero a los republicanos catalanes de hoy, me refiero a los republicanos españoles de la IIª República, a sus hijos y nietos… ¿Juegan al cambio?… ¡Venga, arriésguense! Y ahora, con la nueva frase, vuelvan a leer los citados párrafos… ¿Ya?… Bien, aplíquenlo a la “Ley de la Memoria Histórica”.

    ¿O es que no es de aplicación si se trata del pasado republicano español? ¿o es que si un desafuero se comete hace setenta años se puede aplicar pero si hace trescientos no? ¡A ver si a la postre resulta que van tener razón los señores Aznar, Rajoy, Acebes y Zaplana!. Les reconoceré – y perdónenme que aluda a un autor valenciano – que ante la cita de Lezama Lima, prefiera la de Raimon: “Qui perd els origes, perd identitat” (Quien pierde los orígenes, pierde identidad) Pues la identidad va bastante más allá de un trapo coloreado, unas fronteras decimonónicas y unas fotografías carbonizables.

    Si hemos de razonar objetivamente sobre las manifestaciones de Cataluña, como se nos propone, deberemos hacerlo sobre las bases incontrovertibles de los hechos. Coincido pues en que no son de recibo las opiniones (en cualquier caso interesadas), ni las manipulaciones (especialmente desde las aulas), ni las ideologías (sobre todo si se disfrazan), ni, incluso, si quiera sobre los hechos históricos (siempre interpretables). E incontrovertible es (1) que un grupo de ciudadanos catalanes se ha manifestado legalmente en Girona en contra de la monarquía; (2) que en la manifestación se ha excedido lo que la Ley marca como admisible; y (3) que la actuación de un fiscal y el eco mediático de todos los medios de comunicación del Estado han convertido en categórico un incidente anecdótico. Nada más hay. El resto es interpretación torticera de lo ocurrido.

    Sin embargo, aquí nos encontramos todos, sumados y sumidos en una discusión en la que aparece, en revoltijo, el sentido de la historia, la Guerra de Sucesión y sus consecuencias – sin que nadie atienda a su fundamento legal-racional basado en el derecho internacional – el nacionalismo catalán – como si éste fuera un todo homogéneo, incendiario y bien representado por las algaradas callejeras – y mucho rasgamiento de vestiduras cuando los vestidos, los trajes, no son “de los nuestros”. No creo que acertemos el camino por esta vía.

    Ya les dije que aquí, cuando se hablaba de monarquía, sólo había una cosa por dirimir: si el ejercicio del poder supremo del Estado lo podía ejercer de forma vitalicia y hereditaria un solo individuo violentando el principio democrático de Igualdad. Si es que sí, es ud monárquico, si es que no, es ud. republicano. No hay más, don Jesús.

    Pero, vista la deriva que seguimos, me permitiré sumar otro aspecto a esta imagen de la Democracia que nos estamos formando a partir de las manifestaciones catalanas: el de la Equidad. ¡Por favor, no la consideren sinónima a Igualdad! Al decir Equidad me refiero a que en una sociedad democrática el patrón de medida debe ser el mismo para todos, sean muchos o pocos, reclamen por su mañana o por su antesdeayer, hubiesen nacido en un extremo u otro del territorio del Estado, tuviesen una creencia u otra, fuesen de la raza que fuesen y tuviesen el genero que tuviesen…

    Juzguemos con equidad: en la manifestación inicial de Girona nadie estaba jugando con la historia más allá de lo que el Estado ha jugado con ella los últimos trescientos años, nadie. ¿O es que estamos viviendo, sin saberlo, en el primer Estado inocente del mundo? ¿Acaso esta España paradisíaca que los medios nos presentan y otros corean, el Estado no es el Leviatán? En esa manifestación se expresó públicamente el rechazo de unos ciudadanos a una dinastía y a una institución, fundamentándose en unos hechos del pasado, manifestando su incomodidad en el presente y plasmando su rechazo al futuro que ese presente representa. Podrá gustar o no su planteamiento, pero ahí estriba el derecho de reunión, de manifestación y de opinión.

    Aunque se hizo de una forma inadecuada – la cremación simbólica – dadas las restricciones a la libertad de opinión (el acto es punible, el expresarse de esa manera, con dos años de prisión) obtuvo una respuesta del Estado tan ajustada a la letra de la ley como desproporcionada para un espíritu democrático. Una actitud que sólo podía arrojar gasolina sobre la cerilla. Como así fue. Las siguientes manifestaciones, las surgidas de la reacción al despropósito del tratamiento del tema por los tribunales del Estado y las tribunas de opinión, han sumado a ese mismo rechazo inicial a la monarquía, la exigencia de libertad de expresión. Mal vamos cuando una libertad tan elemental en una Democracia se corea en las calles al actuar los tribunales. Mal vamos cuando el principio de Igualdad se desprecia argumentando con Maquiavelo. Mal vamos cuando la Equidad desparece por el proscenio cuando está en juego los intereses del Estado. Mal vamos y no precisamente porque unos ciudadanos expresen su opinión en la calle a través del medio que consideren más oportuno.

  11. Kant

    Obviamente, he querido decir “Mal vamos cuando la Equidad desaparece DEL proscenio (…), no “(…) POR el proscenio (…)” Perdonenme.

  12. Paco Fuster

    Ya estoy aquí de nuevo. Leí ayer la intervención de nuestro amigo Kant aludiendo a la mía, pero no sé todavía porque, mi conexión a Internet también me dejo colgado después de la merienda.

    El tema de la quema de imágenes y el intento de reinterpretar y cambiar la historia (ahora entro en el caso concreto de los jóvenes catalanes) es un tema que me apasiona, como bien saben los que me conocen. Sin ir más lejos, el próximo dia 25 de este mes presento una comunicación precisamente sobre la “damnatio memoriae” en un Congreso que tendrá lugar en Valencia (aprovecho para invitarles, como ya invité a Kant en su dia, no sé si lo recuerda). Aunque mi texto se refiere a la época romana, en la introducción expongo a grandes rasgos lo que ha sido una constante histórica en las sociedades humanas: el intento de cambiar la historia que fue, por la que nos habría gustado que fuese. Por cierto, este texto lleva como epígrafe una cita de Orwell.

    Pero no he venido aquí a hablar de mi texto – aunque también -, sinó a tratar el caso concreto. Yo considero que los actos de los jóvenes catalanes no asume el pasado como dice Kant, sino que lo niega. No quiero decir que lo niega en el sentido de decir que no es verdad, sinó en el sentido de renegar de él, de no acceptar que la historia no se puede cambiar. En mi opinión, asumir la historia seria aceptar lo que fue – esto no quiere decir que se esté de acuerdo con los que hicieron la historia o los que la escribieron – sinó simplemente intentar aprender de la historia y sacar provecho de ella para no repetir los errores. Un ejemplo. Como usted (le hablo Kant) bien sabe y supongo que los demás también, estos jóvenes catalanes han quemado la imagen del rey puesta boca abajo, actitud con la que intentan recordar viejas afrentas de un borbón (el primero) que ya corrió esa misma suerte de estar puesto boca abajo. Con esta actitud se convierte algo que fue original en su dia, en un acto que la mayoria de la gente – los que no conocen la historia – no entiende. Yo creo que mejor que quemar las imágenes sería intentar hacer algo de cara al futuro para cambiar las cosas. Todos estamos de acuerdo en que son episodios aislados, magnificados por los medios y que como dice Justo en el artículo que firma hoy, “la mayoría no acepta quemar su vida breve para saldar deudas pendientes”.

    También dice usted – y estoy estoy completamente de acuerdo – que se desvía la atención hacia la forma de las manifestaciones más que hacia el fondo. Aunque yo le respondo, que muchas veces, no hay fondo ninguno, o el que hay es muy difuso. Otro ejemplo. Estuve en la última manifestación que celebraba el 25 de abril y que servía precisamente para conmemorar los trescientos años desde Almansa. Si quiere que le diga la verdad, de las miles de personas que allí nos juntamos, dudo que más de un 10% conociera la historia de la batalla y lo que allí se recordaba. El resto, el 90% eran puras formas, muy voluntariosas pero formas. Era tal el barullo de símbolos de izquierdas (o que la gente lleva allí pensando que son de izquierdas), que al final uno ya no sabía si era una acto político, cultural, festivo o si cada uno aprovechaba para reivindicar lo suyo. Entre banderas de la URSS y folletos de “Salem el Xúquer”. hasta banderines de partidos políticos actuales, pasando por esas camisas del “Che” Guevara que no pueden faltar, el conjunto era una ceremonia de la confusión. Lo de la quema de imágenes de los independentistas también es eso, una forma concreta de llamar la atención para reivindicar un fondo concreto. Yo estoy completamente de acuerdo con que cada cual exprese su opinión según sus necesidades, pero creo que el revoltijo como usted dice, que mezcla historia pasada con la mal llamada “memoria histórica” y con las reivindicaciones políticas actuales, no clarifica las cosas, sino al contrario.
    Como dice Justo, la memoria es selectiva y en ocasiones, recordamos lo que nos interesa. Pero no sólo eso, también olvidamos lo que nos interesa. En este sentido decía un poeta argentino – y yo suscribo – que “olvidar lo malo también es tener memoria”. Por eso, yo soy más partidario de la historia – a pesar de su subjetividad insalvable – que no de la memoria, puesto que como digo, varia según el consumidor. Si vamos mezclando diferentes cosas, no lograremos nunca que la gente se aclare sobre qué pide cada cual y en base a que razones.

    Dice un autor de mis preferidos, Eduardo Galeano, que “la única manera para que la historia no se repita es manteniéndola viva”. Ahora bien, esto se puede hacer de diferentes formas. Algunos pocos optan por la via iconoclasta que reniega del pasado, intentando hacer el futuro sobre la negación de este pasado. Algunos consideramos que hay que mantener la historia viva como dice Galeano, precisamente para que no se repita. Esto no significa que nos guste como fue el pasado y sus consecuencias en el presente (si de mi dependiera, tampoco me gusta nada la Monarquía), no significa que por no quemar imágenes o banderas, seamos más monárquicos, menos nacionalistas o menos de izquierdas; significa simplemente que aceptamos que la historia no la hicimos nosotros y que por tanto, nuestra única responsabilidad es conocer la historia y no olvidarla (tanto lo que nos gusta como lo que nos disgusta). En la charla que tuve con los alumnos de David, lo primero que les dije fue eso: les dije a las chicas que buscaran en Google algunos nombres (Campoamor, Kent, Lejarraga) y que aunque les sonara ridículo, si ellas o sus madres podían hacer algo tan simple como votar, era en parte gracias a esas mujeres, a esos nombres que se nos antojan tan lejanos ya.

  13. Paco Fuster

    Perdón. Quise decir “Salvem el Xúquer” obviamente, aunque visto el resultado de mi errata, no sé que seria más fácil de conseguir, si salvar nuestro querido Xúquer o salarlo. Me temo que ninguna de las dos.

  14. Kant

    No olvido su invitación, joven Fuster, no la olvido. Ya le indiqué que la historia antigua es una de mis distracciones más enriquecedoras y no pensaba perderme el evento una vez conocida su realización.

    Respecto a si los jóvenes catalanes asumen o no su pasado me parece un poco osado ponerme a interpretar su condición: ni los conozco, ni los trato, ni tengo interés en ello. Lo único que puedo afirmar es que protestan contra el Borbón y para ello argumentan con la Guerra de Sucesión. Me parece diáfano entonces que estos jóvenes comprenden perfectamente: (1) que sus mayores perdieron una guerra, aquella, (2) que esa guerra la ganó el monarca castellano a cuyo fuero redujo su país y (3) que desde ese momento Cataluña no ha vuelto a tener capacidad para decidir su vida colectiva a partir de sus leyes sino de las leyes de otros. Eso, precisamente, es asumir su pasado, no cambiarlo, ni negarlo, ni inventarlo, al revés, es reafirmarlo. Y ya que lo tienen asumido, lo que quieren es cambiar su futuro y el de su país.

    Vuelvo a Orwell para recordarle que es el Estado español el que posee el presente y el que no ha asumido su propio pasado pues no ceja en tratar de cambiarlo. Por todos los dioses, si en la mayor parte de las universidades españolas se sigue hablando de la “Reconquista”… ¡si se sigue enseñando que “todos” somos españoles desde “Isabel y Fernando”!… ¡¡si se continúa predicando la Guerra de Sucesión como una mera guerra civil que sólo trajo la modernidad y el progreso!!… ¡¡¡¡si ni siquiera se es capaz de aprobar una Ley de Memoria Histórica que llame al “alzamiento” golpe de estado, a los “nacionales”, sublevados traidores y al régimen salido de esa guerra, ilegal y asesino!!!! El problema de asumir su propia historia, señor Fuster, no lo tienen los catalanes, lo tienen los españoles.

    Esos jóvenes – y todo el movimiento social que se ha puesto en marcha merced a las torpezas anteriormente citadas al convertir lo anecdótico en categórico – pues, no quieren cambiar su pasado, demasiado bien que lo conocen, más parece que lo que quieren es que se cuente bien pues de lo contrario su movimiento se hace incomprensible. Además, pero inextricablemente unido a ello, pretenden un futuro diferente al que la monarquía constitucional borbónica actual pretende, quieren una República.

    Tal vez deberíamos contemplar el asunto desde otra perspectiva. Estamos empeñados en describir y atribuir a ese movimiento, a partir del acto singular de unos individuos muy concretos, unas características, pretensiones, visión de la historia, opiniones y perspectivas que, de verdad, me parece excesivo deducir a partir de la quema de unas fotos. Nos dice que cree mejor que quemar imágenes, es cambiar las cosas futuras. Y yo, que lo comparto con ud, lo que le estoy diciendo es que eso es precisamente lo que quieren esos individuos. Ahora, que lo hacen a través de un medio que a ud considera falto de originalidad o anacrónico, sea ¿y?… Vamos a ver si nos vamos acostumbrando a esto de la libertad: no hay librillo de estilo, el ciudadano se expresa como mejor considera siempre que no atente contra la integridad de nadie y, salvo algún dedo propio chamuscado, ya me dirá ud contra quién atenta. No se queman personas, se queman ideas. Y estas, evidentemente, no a través del fuego físico inquisitorial sino del simbólico democrático.

    La quema de imágenes, cabeza abajo, de políticos actuales (el rey, el president de la Generalitat Valenciana, la alcaldesa de València…) fue el motivo de la falla “Arrancapins” de este año. Era una falla reivindicativa, consciente y política… pero era valenciana. Ah, caballero, si en València se quema toda la patulea monárquica y reaccionaria nadie dice nada pero si en Girona se queman unas fotos tenemos un “agravio intolerable”. El Ayuntamiento de Pedreguer va a instalar un mural con la figura de don Juan Carlos cabeza abajo y sólo protesta el PP y el PSOE local… ¿A ud le parece normal esto? ¿Si el acto ocurre en el País Valenciano se soslaya y si es en Cataluña es primera página en toda España?

    Cuanto más removemos este asunto más aflora la hipocresía del sistema actual falto de Equidad (si el hecho es en el País Vasco o Cataluña, horror… si es en Madrid o el País Valenciano… bueeeeeno), con fortísimas carencias en Libertad (visto está que no se entiende lo que es el derecho a manifestarse, a expresarse y a opinar) y con defectos de bulto (la Constitución española, más allá de su “salicidad”, hace aguas por más de una cuaderna de su casco y ya citamos su artículo 8, que es para temblar).

    Una última consideración: si en una manifestación como la que nos indica, en la que el sesgo ideológico es evidente y la militancia (o simpatía) no es anecdótica, considera que el 90% de los asistentes ignoraba el motivo real de su presencia en dicho acto, imagínese ud de entre esos dieciocho millones de votantes “centristas” – conservadores y socialdemócratas – caracterizados por su abulia pública – la masa silenciosa – que van cada cuatro años a tirar su papeleta en una urna, el tanto por cien de entre ellos que saben lo que votan.

    Por cierto, también me encanta Galeano.

  15. Tobías

    Reconozco que el ilustre Kant dice cosas irreprochables en todas sus intervenciones de réplica a Serna y Fuster. Pero sigue habiendo algo que no me cuadra: prefiero a los catalanes que lucharon en las trincheras de Madrid contra los fascistas que los que reivindican leyes feudales perdidas en Almansa. Tal vez ocurra que soy un seguidor de antiguallas ideológicas del XIX o que piense, como Samuel Johnson que el patriotismo es el último refugio de los canallas o como Brecht que en cualquier parte puedo morirme de hambre.

  16. Kant

    ¡Perfecto, don Tobías! De eso se trata: defienda ud la posición que mejor crea y, obvio, permita que los demás hagan otro tanto.

    No magnifiquemos ni penalicemos lo que no pasa de ser una mera forma de expresarse, por demás, inocua por más efectista que fuere. Si no nos gusta lo que vemos y/o lo que escuchamos, primero atendamos – atendamos – qué dicen los otros, no confundamos formas con fondos, y luego reflexionamos sobre el otro, incluso empaticemos con el otro. Sólo entonces, cerciorados de sus ideas y de las nuestras, podremos contrargumentar con nuestras propias razones y con las formas que creamos más adecuadas. No recurramos a los tribunales sistemáticamente, ante cualquier incomodo civil porque la “res publica”, por ese camino, cada vez se aleja más del foro político, el del debate, y se parece más al del “mundo rosa”, el de las tonadilleras.

    Mire, en el caso que nos ocupa, ya vimos que no se trataba de “volver” a leyes feudales si no a “avanzar” hacia una forma de gobierno democrático más perfecta, la República. Sin embargo, parece que no salimos de la anécdota – la incineración fotográfica – y del comentario torticero. Me parece absurdo tener que aparecer como defensor de esos alborotadores, cuando ni defiendo, ni aliento esas formas y cuando me pregunto, no sin preocupación, de qué República hablan ellos (Pol Pot también era republicano) pero me parece tremendamente injusto y nada democrático que se atribuya a esas personas objetivos que no pretenden, ridiculizándolos y enturbiando sus propósitos en aras de una venganza infantil o de una mala fe contumaz. Además, me revelo por que se considerase veladamente la condición de la juventud de los primeros manifestantes como un agravante. Hubiera preferido que, tomado el caso gerundense como piedra reflexiva, el debate se hubiera alargado por la vía de la reflexión sobre la Libertad y la Equidad antes que deambular por las fallas que montaron en Girona.

    No puedo concluir sin aplaudir su intervención nítida sobre el patriotismo. Espero que mantenga la nota cuando alguien apellide, al mismo patriotismo, “constitucionalista”. ¿O si lo apellidamos ya es distinto? Ya les dije que hay veces que los trajes a medida – argumentar según las circunstancias y el público – son tremendamente incómodos.

  17. Justo Serna

    Estimados amigos, perdonen mi silencio. Estoy fuera de cobertura cibernètica durante unos dias y no puedo responderles. El viernes o sàbado tratarè de contestar. Les agradezco su paciencia.

  18. David P.Montesinos

    Don Paco Fuster, le agradezco públicamente su presencia en mi clase, que sirvió para que lo pasaran bien mis alumnos, y especialmente para que lo pasara bien yo. Comparto su afecto por Eduardo Galeano, con un título tan imprescindible, entre otros, como “Las venas abiertas de América Latina”, uno de los textos más claros y contundentes sobre el tema de la América hispana y sus expolios. Vuelva a recordarnos lo del día 25 cuando llegue el momento, intentaré estar.

  19. PiPPi Olo

    Bravo Kant usted siempre defendiéndose de España. Es un régimen borbónico muyyyyy malo. Y Serna en su artículo de Levante se pone divino contra ERC para después llegar a lo mismo. Ni con unos ni con otros eh Serna? Qué izquierda!

  20. jserna

    Estimados amigos, ahora puedo decirlo: he estado en Roma por razones profesionales (ampliando documentación sobre Gramsci) y turísticas (a qué negarlo). Vengo cargado con una maleta de textos de y sobre Gramsci para la traducción que Anaclet Pons y yo tenemos prácticamente aviada, textos que han de completar lo que ya tenemos escrito en la introducción. De todos modos, en la vertiente turística, lo que más me ha impresionado no es el arte romano, que ya conocía (en parte), sino la exposición sobre Stanley Kubrick, que he visitado morosamente (una exposición que se inauguró en Inglaterra). Quizá mañana sábado les hable de esa experiencia…

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