Memorias franquistas

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1. Jaime Mayor Oreja es un político de raza (que se dice), alguien que desde hace años ocupa puesto oficial y alguien a quien no se le conoce otra dedicación. Forma parte, pues, de lo que Gaetano Mosca llamó la clase política. En principio es una expresión extraña: mezcla voces que parecen contradictorias. En la teoría de Mosca, la elite rectora se caracteriza por disponer de una fórmula política, es decir, por valerse de una concepción del orden, del pasado, del presente y del porvenir, un plan de intervención y actuación. O, en otros términos, una ideología que justifica y fundamenta su dominio sobre los gobernados o seguidores. La clase política no sólo representa demandas de una colectividad más vasta (las de un sector social, por ejemplo), sino que también se forja sus propios intereses. El apellido Oreja designa a una familia de políticos profesionales: diputados o ministros que desde años atrás se dedican a esta tarea. Desde luego se ocupan de cosas a las que la mayoría no queremos dedicar tiempo. Es un servicio, pues, el que nos prestan.  Pero la clase política tiene sus propios intereses: mantenerse, conservarse, ampliar su red de influencia. El Network Analysis hace años que estudia esas redes de influencia: unas son formales y otras informales; unas se expresan a través de empleos políticos y otras a través de canales ideológicos afines. Mayor Oreja trabaja en ambos dominios: el del cargo público y el del proselitismo pío. Por eso, su dedicación no es la de un gestor inmune a los principios, o la de un técnico o la de un político sólo mediador: es la de un propagandista católico que persevera en la defensa del confesionalismo.  

Su persecución por parte de los terroristas y  su empeño personal en hacerles frente le han despertado la simpatía de muchos ciudadanos, de muchos ciudadanos que no son de su partido.  Durante un tiempo, esas circunstancias penosas han hecho olvidar su profundo conservadurismo, un ideario confesional militante al que, por supuesto, Mayor Oreja tiene derecho y que los católicos más fervorosos celebran.  En los últimos días ha vuelto al interés mediático por las declaraciones hechas a La Voz de Galicia.  Leamos un extrato de sus palabras:

-¿Qué opina de la Ley de la Memoria Histórica? 

-Hacer de una tragedia de nuestra historia un elemento de división es fácil, pero es un disparate. Si hicimos un esfuerzo en la transición para que este tema no siguiera dividiendo a los españoles, ¿para qué resucitar otra vez quiénes fueron más asesinos en la guerra? 

-¿Por qué le cuesta tanto al PP condenar el franquismo? 

-Porque eso forma parte de la historia de España. Yo no lo he condenado, yo elogio y alabo la transición democrática. ¿Cómo voy a condenar lo que, sin duda, representaba a un sector muy amplio de españoles? 

-Por esa misma lógica, tampoco condenará el nazismo o el estalinismo, porque muchos alemanes y soviéticos los apoyaron. 

-En la guerra hubo dos bandos y en el nazismo solo uno. 

-En el franquismo solo hubo un bando que reprimía.

-También hubo dos, porque el franquismo fue la consecuencia de una Guerra Civil en la que hubo dos bandos. No es lo mismo que el régimen nazi, donde había un solo verdugo. 

-Entonces, dejando al margen la Ley de la Memoria Histórica, ¿no considera pertinente condenar el franquismo? 

-No, por muchas razones. ¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad? En mi tierra vasca hubo unos mitos infinitos. Fue mucho peor la guerra que el franquismo. Algunos dicen que las persecuciones en los pueblos vascos fueron terribles, pero no debieron serlo tanto cuando todos los guardias civiles gallegos pedían ir al País Vasco. Era una situación de extraordinaria placidez. Dejemos las disquisiciones sobre el franquismo a los historiadores”.

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2. Disquisiciones y memorias. Es ésta una idea muy interesante, sin duda: “dejemos las disquisiciones sobre el franquismo a los historiadores”. Resulta  aleccionadora la voz que emplea: “disquisición”, cosa a la que –según parece– se dedicarían los historiadores. Leamos el Diccionario de la Real Academia Española. Una disquisición puede ser un examen riguroso, pero puede ser también una divagación, una digresión. No sé si los historiadores nos dedicamos a examinar rigurosamente considerando cada una de las partes que constituyen un objeto del pasado o, si por el contrario, nos alejamos del presente aventurándonos con digresiones. El pasado, en cualquier caso, no es sólo materia de historiadores ni es únicamente asunto de divagaciones.  

Digo estas cosas y pienso en Antonio Elorza (“Memorias históricas“, véase en la sección de comentarios). Elorza es un historiador atendible y de larga obra que perdona a Mayor Oreja: le perdona su franquismo nostálgico. El académico, que ha pasado por distintas opciones y por diferentes obediencias (desde el PCE hasta Izquierda Unida, y hoy… Unidad, Progreso y Democracia), es un resuelto defensor de la ejecutoria de este político vasco: por eso le parece un desliz la evocación que Mayor Oreja hace de su infancia franquista como si aquel hubiera sido un tiempo de “absoluta placidez”. Sin duda, nadie le niega sinceridad a Mayor Oreja: nadie le niega que él lo viviera de ese modo, que lo percibiera o lo experimentara de esa manera. Como tampoco nadie niega el derecho de Elorza a mostrar camaradería.

Salvo desdichas graves, la infancia la solemos recordar así, con absoluta placidez: ingresamos en el tiempo con miedo y desconcierto, pero la atención y el cuidado nos apaciguan. Los padres hacen de nuestro entorno un ámbito hospitalario, edénico: aquel que para muchos acabará siendo el Paraíso. Crecemos y aprendemos a tolerar la frustración y las decepciones: con ello se agranda ese tiempo como momento irrepetible… Insisto: Elorza exculpa a Mayor Oreja de lenidad franquista, como si su opinión benévola sobre el pasado del Régimen fuera un desliz que sirviera para acusar al PP. “Resulta lamentable que políticos templados como Mayor Oreja puedan hacer manifestaciones, en el marco de la campaña del PP, que les convierten en nostálgicos de la dictadura de Franco. Dar motivos para ser acusados de neofranquistas no es nada bueno para los populares”. Desde luego, desde luego. Pero el caso es que el franquismo nostálgico de Mayor Oreja no es un error dicho a bote pronto. Lo tiene escrito en su librito Esta gran nación (LibrosLibres) y aquí ya lo analizamos el pasado 18 de junio. Perdonen la autocita:

Lo que me sorprende no es lo que [Mayor Oreja] dice del terrorismo (asunto sobre el que no tengo competencia, fuera de mi condena), sino lo que sostiene de las creencias. Repito: no es una tesis o un razonamiento aquello que me inquieta. Lo que, de verdad, me preocupa es lo que el ex ministro  señala a propósito de las confesiones. Al ser creyente fervoroso desde joven, un creyente de Misa diaria, Mayor Oreja juzga la militancia religiosa como el antídoto de la barbarie o como la cura del relativismo. Cuando niño creyó haber vivido en un paraíso (donostiarra) que después se fracturó: por eso, juzga la restauración de la gran nación española  como el remedio de esa pérdida. Es decir, confunde el paraíso de la infancia –algo que siempre acaba por desaparecer– con un País Vasco sin problema, un País Vasco que, en todo caso, era el de su niñez bajo el franquismo: el de 1958, por ejemplo“.

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3. Hemeroteca. Memoria y clérigos

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–“La riada como metáfora“, Levante-EMV, 22 de octubre de 2007

Artículo de JS sobre el arzobispo de Valencia Agustín García-Gasco

Susan Sontag publicó, años atrás, La enfermedad y sus metáforas y El sida y sus metáforas. Leí ambas obras con mucho interés: en la primera examinaba las analogías que del cáncer se han hecho para describir la sociedad “enferma”. ¿Por qué se establecen paralelismos entre el crecimiento desordenado de las células y los desarrollos de la vida humana? Las analogías patológicas sirven entre otras cosas para condenar “el cuerpo enfermo de la sociedad” y, de paso, para ofender voluntaria o involuntariamente a los enfermos. El organicismo se ha servido de estas metáforas, que en su versión confesional asocia pecado a enfermedad. El catolicismo, además, ha empleado anaologías procedentes de los libros bíblicos. Las plagas que caen sobre la tierra o, también, el diluvio universal que castiga a los descendientes de  Adán y Eva son relatos míticos que dan cuenta del mal, del origen y del castigo del mal. La riada que parece preocuparle a Agustín García-Gasco es un diluvio laico. Dios permitiría estos castigos de la naturaleza para hacernos reaccionar. Si el laicismo se infiltrara suave, blandamente, entonces el mal infectaría de manera irreparable. Gracias a que se manifiesta con estrépito lo distinguimos: como una riada bien visible que nos avisa de sus venideros destrozos. Hay señales. O se manifiesta también como una vacuna que haría reaccionar los anticuerpos. Digo esto y regreso, precisamente, a Sontag: a los malos usos de las metáforas que ella tan sabiamente diagnósticó. ¡Ay, Dios!

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–“En el fondo, los miembros de Eta son revolucionarios“, El País, 21 de octubre de 2007

Entrevista a José María Setién por José Luis Barbería.

He leído un par de veces esta entrevista y la verdad es que no me repongo. No me sorprende lo que afirma el prelado (ya conocía sus ideas de otras declaraciones): lo que me choca es que pueda decir lo que dice desde el cristianismo… No sé, tal vez yo tenga un concepto más piadoso de dicha religión, un sentido más compasivo: a pesar de mi increencia. ¿El amor a un individuo sólo puede materializarse en lo colectivo? Cristo predicaba un amor universal sin distingos, una caridad que no precisa de pertenencias colectivas… Decía Jorge Luis Borges: no creo en la Providencia, pero me interesa. A mí me pasa algo semejante: no creo en la caridad cristiana, pero me interesa. De ese concepto misericordioso viene la fraternidad laica. ¡Ay, Dios!

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4. Colofón. Recuerdos de un niño bajo el franquismo

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Historia, memoria y Fórmula 1. Ferrarismo y alonsismo

23 comments

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  1. Arnau Gómez

    Vaya por delante mi felicitación al Sr. Serna por su análisis de la clase política y sus perversiones (el sr. Serna les llama sus propios intereses).En concreto, el análisis de la persona política de D. Jaime Mayor es más que un análisis histórico de ese personaje, una aproximación histórico-social a una clase social que ha regido y rige (con otras formas) a los vascos y, en algún momento, al resto de los españoles.
    A esa clase social, el franquismo les resultó natural y normal,porque les permitía seguir con sus formas de vida,sus relaciones,sus negocios.Es obvio que no lo condene alguien que novió en ningún momento alterada su vida.
    En cualquier sistema totalitario hay dos bandos,porque el totalitalitarismo necesita de un bando que sea el gérmen del mal.El nazismo se invento un enemigo en el judaismo,porque el comunismo soviético era en aquellos momentos demasiado poderoso y bien organizado para confrontarse con él.

  2. Pedro

    No conocia el artículo de Justo Serna sobre Ferrari y Alonso. Describe la infancia y sus anhelos.A quien le guste el automovilismo le interesará.

    De todas maneras me preocupa más que el franquismo pueda recordarse con una época de extraordinaria placidez. No lo digo por Serna sino por Mayor. Aunque el asunto no es que este señor recuerde ahora sino que lo viviera asi con absoluta placidez mientras el régimen reprimia.

  3. Hemeroteca

    “Memorias históricas”

    Antonio Elorza, El País, 20/10/2007

    Hay que leer una, dos, tres, cinco veces el proyecto de ley llamado “de la memoria histórica” para encontrar algo que explique la enorme irritación que está produciendo en medios conservadores. Y tal vez la única causa se encuentre en el título del proyecto: “…por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución y violencia durante la Guerra Civil y la dictadura”. Es decir, se trata ante todo de una ley de reparación de una situación de inferioridad en que se encontraron durante décadas los que perdieron la guerra, y con la suficiente sensibilidad para no convertirla en una norma maniquea, ya que su campo de aplicación abarca a las víctimas franquistas. Sólo que en este caso su régimen ya les proporcionó cumplida satisfacción. Parte de la devastación, del dolor, y propone simplemente el reconocimiento de una injusticia.

    Rosa Díez ha citado acertadamente el ejemplo de Carrillo y Fraga en el Club Siglo XXI, en 1977, el uno olvidando a Grimau y el otro a Paracuellos. Pero es que entonces había otras prioridades en una transición insegura. Ahora la concordia debe venir de reconocer que hubo Paracuellos y que hubo Grimau, y Andrés Nin, y Lluís Companys, y Juan Peiró. Sin olvidar al mismo tiempo que entre “los bandos” no cabe la simetría: la legalidad estaba inequívocamente del lado de la democracia republicana; quienes se sublevaron fueron los militares y, a la hora de comparar las represiones, la “operación quirúrgica” puesta en marcha por los generales alzados respondió a un propósito deliberado y tuvo en la guerra y más allá de la guerra una intensidad muy superior. Y sobre todo, en lo tocante a la ley, que hasta ese punto mantiene un encomiable equilibrio, cuidándose de no ser un texto de exaltación de la República, es justo que la misma insista en la situación de radical inferioridad sufrida por quienes perdieron la guerra y muchas veces la vida, aunque no fueran fusilados, en defensa de la democracia. Es una cuestión de hecho, a pesar de la derogación de leyes anteriores por la Constitución: hay suficientes sentencias que muestran la necesidad de esa declaración de ilegitimidad de unos órganos judiciales que tanto daño causaron. Y aunque pueda doler la no anulación de las sentencias, el camino queda abierto para su revisión.

    En el plano de los símbolos habrá sin duda problemas, pero al menos esperemos librarnos de las plazas de Arriba España, o de las que llevan nombre de generales y políticos implicados en la represión franquista, mientras siguen en la sombra, o en la penumbra, los grandes nombres de nuestra tradición republicana y socialista, de Pi i Margall y Manuel Azaña a Juan Negrín, Vicente Rojo o Dolores Ibarruri, sin olvidar a los pensadores “heterodoxos”. No es revancha: los prohombres conservadores ya están ahí, en los lugares de memoria.

    Es lo que no perciben deliberadamente los airados críticos del PP y aledaños. Evocar los aspectos positivos de la Segunda República o de la resistencia popular en la guerra y la clandestina durante el franquismo, reparar las injusticias sufridas por vencidos y perseguidos, no significa dar la vuelta al resultado de la Guerra Civil. Sólo descubrir la cara oculta de la luna, cosa que no se logra sólo acumulando libros de historia, sino haciendo además visible a toda la sociedad, con criterios de riguroso análisis y ponderación, el legado democrático y con él, porque existió y fue terrible, el legado de sufrimiento. Resulta lamentable que políticos templados como Mayor Oreja puedan hacer manifestaciones, en el marco de la campaña del PP, que les convierten en nostálgicos de la dictadura de Franco. Dar motivos para ser acusados de neofranquistas no es nada bueno para los populares.

    Análisis y ponderación son criterios aplicables también a la eterna polémica en torno al Che. Fue el último revolucionario romántico, dispuesto a jugarse la vida por un ideal de emancipación de la humanidad: nada de extraño, pues, que en medio de un bosque de sectarios, traidores o criminales de despacho, tipo Stalin, Guevara se convirtiera en el icono del Redentor. Pero su actuación represiva en 1959 y los desastres causados a la población cubana por su concepción voluntarista de la economía están ahí. La memoria histórica debe ser en este caso dual.

  4. Kant

    ¿Y los que no tuvieron una infancia plácida, qué?

    Los veo llegar a la conclusión de que los recuerdos de la infancia son hermosos. Bueno, los míos lo son, sin duda. Y cuando de adulto he sido consciente de las penurias por las que hubieron de atravesar mis padres con la sonrisa, que aún les recuerdo, en los labios, mayor valor le encuentro a aquellos años felices. Pero no lo convirtamos la excepción en norma ni el caso en un sarcasmo. Aquella “infancia feliz” podía serlo donde podía serlo. Podía darse en las islas de mayor desarrollo – desarrollo por comparación con la hecatómbica situación económica del resto de España, claro – siempre y cuando los progenitores contaran con amor de sobra y un pasado que no inquietara al poder represor.

    Que en España, contertulios, ha habido una infancia, no, hasta cuatro infancias robadas por un régimen que destrozó familias y futuros con purgas indiscriminadas y asesinatos judiciales. Que ha habido infancias de hambre física y penuria real, infancias que no han contado con más juguete que aquel que alguien de su familia construyese con sus propias manos (como secretos Magos de Oriente) o que el propio niño elaborase (caja de zapatos + hilo de palomar = coche); infancias con trabajo hombres y horarios de sol a sol; infancias sin escolarizar, sin horizonte y sin sentido; infancias sin más ropa que la de la caridad del vecino, de los primos mayores o la simple mendicidad le permitían llevar. Y esto, contertulios, no era la excepción, ni en su duración temporal, ni en su distribución geográfica.

    Corta memoria es la que tendíamos si sólo pensáramos en los niños españoles nacidos tras el fin de las cartillas de racionamiento, olvidaríamos a esos niños de “patriótico plato único”, a los que el franquismo sustrajo su infancia, a los que alienó con su represión, su educación y sus miserias.

  5. Arnau Gómez

    Leo las refexiones del sr. Serna sobre el,llamemósle, escrito del neonato cardenal García-Gasco.No es asombroso que no produzca ninguna reacción ni a favor ni en contra. Los adictos,la aceptan con callada sumisión y a lo sumo, la comentan en sus minicírculos. Otros,la leen ,pero no hacen aprecio y se ahorran el trabajo de estrujarse las neuronas, contestándole.Los más,probablemente, ni la han leido,porque o no les interesa o están más pendientes de lo que le pasa a Fernando Alonso, en su lucha contra los ferraris o (lo más probable), contra los que le tenían que ayudar y no lo hacen porque es un “macho Alonso”,producto del “machismo mediterráneo” ,como dice “The Sun”.,el periódico inglés mas serio e imparcial del mundo mundial (es decir, angloparlante).
    Y el que está agradecido soy yo por su mención.

  6. David P.Montesinos

    Recientemente, un señor me dijo que estos son un tiempos tristes, “en los cuales uno parece que ha de pedir perdón por haber vivido feliz cuando Franco”. Completemos el argumento: “no se veían inmigrantes por todas partes, las mujeres no iban vestidas provocando, no había maricones -y si los habían no iban por ahí diciendo estar orgullosos-, la gente se cuadraba ante el himno nacional, los catalanes y los vascos se callaban la boquita, se respetaba a la autoridad competente…” ¿Para qué seguir? Escuchemos la canción de Joaquín Sabina “De purísima y oro” y entenderemos más cosas de aquellos cuarenta años de paz. A mi interlocutor se le olvidó el pequeño detalle de cómo se consiguió aquella paz que, por otra parte -mezclada con la pobreza y la humillación- no tuvo todo el mundo, como apunta el amigo Kant.

    Intentemos explicarlo. Dijo Cioran:”la constitución ideal debería incluir la posibilidad de eliminar a los que me fastidian”. Es pura ironía, pero atiende al deseo oculto de acabar con la viscosidad de los distintos, los que disienten, de los que en definitiva son refractarios a la uniformidad y a la servidumbre que caracteriza a las tiranías.

    “A mandar señorito, que para eso estamos”, esa es la consigna que atravesaba este páramo de paz del que habían sido eliminados los disidentes, fuera a través del asesinato, fuera mediante el exilio interior o exterior. La matanza no fue una tormenta de cólera vengativa desatada en medio de los vítores triunfales del 39, fue una metódica administración de la muerte, cuyo objetivo no era otro que el de asegurar que la República ya no se levantaría. No sólo fueron a por los soldados del otro bando, era fundamental acabar con las cabezas pensantes del país, de ahí esa sensación de mediocridad intelectual que en este país transmite la derecha. No es sorprendente que le hagan caso a personajes como Pío Moa; es lo que tienen, porque el pensamiento tiene la mala costumbre de escorarse del lado contrario al de las asonadas militares.

    Idílica España, la que entre sollozos despierta la melancolía de Mayor Oreja. Reconozcamosle la valentía, pese a todo, de haber dicho lo que muchos comparten pero callan: liberense, salgan del armario.

  7. Paco Fuster

    Sobre Mayor Oreja y sin entrar a valorar su opinión (porque creo que es sólo eso, una opinión personal que podemos compartir o no), estoy de acuerdo con David en que dice lo que muchos comparten. Eso si, debería saber que como político y representante de un partido, hay veces que es mejor reservarse la opinión, para evitar precisamente lo que ha ocurrido: que la gente aproveche la coyuntura para identificar su opinión personal con la visión del franquismo por parte de su partido, tomando una parte mínima por el todo (obviamente habrá gente del PP que piense lo mismo y gente que no). Por lo demás, me parece uno de los políticos españoles más sobrevalorados.

    Me parece muy interesante la descripción que hace Justo de la clase política. Sobre este tema del funcionamiento de la clase política, me recomienda últimamente la profesora T.Carnero (y si lo dice ella será por algo), el libro de J.M. Maravall “El control de los políticos” (Taurus, 2003), que yo no he leído todavía, pero supongo que Justo y alguno más de ustedes sí que conocen.

    Sobre el tema de la relación entre memoria e historia y la mal llamada “memoria histórica”, la verdad es que últimamente ha proliferado la bibliografía y los intentos de establecer ese límite entre lo dos conceptos. De todo lo que he leído sobre el particular, lo que más me ha gustado es una entrevista del 2006 a Pierre Nora (autor que ha citado Justo en algún artículo suyo sobre el tema), en la que este historiador francés establece muy bien estos límites y llega a la conclusión de que son cosas distintas: “La memoria depende en gran parte de lo mágico y sólo acepta las informaciones que le convienen. La historia, por el contrario, es una operación puramente intelectual, laica, que exige un análisis y un discurso críticos”. Pongo el enlace por si a alguien le interesa la entrevista:
    http://www.lanacion.com.ar/archivo/IndexDia.asp?fecha=15/03/2006

    Leo el comentario de Kant y no puedo evitar reproducirles una cita (un poco larga pero vale la pena) de una mujer extraordinaria (en cuya vida y obra estoy empezando a trabajar y cuya obra recomiendo a nuestro amigo Kant – sé que comparte mi interés por la historia de la mujer – y a los demás también, por supuesto), en la cual esta autora hace referencia a esa infancia pobrísima que ella vivió en primera persona. Aunque habla de un período muy anterior al franquismo (las palabras se situan entre 1897-1907 aprox.), creo que lo interesante no es tanto esto, como la descrpción tristísima que hace: «Fui en mi juventud, de los veintitrés a los treinta y tres, maestra de escuela en uno de los barrios populares de Madrid y conocí a fondo, a través de su chiquillería, la miseria negra del proletariado madrileño de entonces. Recuerdo que una vez propuse a mis alumnas, chiquillas de siete a catorce años, el tema de composición siguiente: “¿Qué quisieras hacer tú durante un día entero para ser completamente feliz?” Y recuerdo también – y el corazón se me desgarra al recordarlo – que el setenta por ciento de las concursantes respondieron: “Yo iría al café y comería bisté con patatas”. Yo iría de merienda y comería filetes empanados, y merluza frita, y flan de postre”. “Yo comería jamón y tortilla y chuletas y muchos pasteles”. Aún aguardaba, cuando empezó la guerra civil española, los pliegos ya amarillentos de papel escolar en que , con mala letra y vacilante ortografía, la niñez madrileña había confesado su hambre , porque, ¿qué otra cosa sino hambre cotidiana y sin esperanza puede significar el que las imaginaciones infantiles identifiquen la soñada felicidad con un beefsteak, un filete o una chuleta?» (Maria Lejárraga, “Una mujer por caminos de España”, Castalia, 1989)

    Me parece un testimonio muy triste de una realidad que fue de la España pasada. En estas palabras de la autobiografia de Maria Lejárraga (feminista española y diputada socialista en la II República, olvidada por la historia hasta hace bien poco) se puede constatar que la infancia no en todo tiempo y lugar ha sido feliz, como bien dice Kant.

  8. marPoP

    No creo que Mayor Oreja sea un valiente por no callarse, simplemente está bastante respaldado como para “atreverse” a tales comentarios. Vale, el Franquismo es una etapa de la historia de España, pero ahí quedó, por favor, que se deje avanzar a la historia!!!Hace poco, y por casualidad, descurbí vía internet el libro “Francisco Franco, historia de un mesianismo”…sin comentarios, los dejo para aquellos que lo hayan descubierto, yo no sabría qué decir, bueno, sí, que esos encabezamientos en cada capítulo con citas de la vida de Cristo a modo de parangón….no tienen perdón de Dios!!!jajajaja (qué humor tengo esta mañana, oye…).
    Saludos PoP!

  9. Kant

    En efecto, señor Montesinos, su línea argumental es impecable. El “quid” de la cuestión está, creo, en que desde la segunda legislatura del señor Aznar y con la que llevamos del señor Rodríguez, la Iglesia Católica Romana y la derecha españolista han estado convergiendo para volver a su lugar natural, el nacional-catolicismo, o sea, la reacción española. Algo que las medidas del actual presidente del Gobierno, percibidas como timoratas, dubitativas y vacilantes por todos, salvo por los fieles acríticos del PSOE, y su voceo desde el catastrofismo nacionalista e integrista (irracional) del PP, las Diócesis y sus medios de comunicación afines, han creado las condiciones del descaro para que el franquismo sociológico (¿recuerdan la expresión…?) recupere su desvergüenza, tras más de un cuarto de siglo callando y acumulando bilis.

    La Transición, tan comprensiblemente alabada por el señor Mayor al exculpar a delincuentes, represores, torturadores y asesinos de la II dictadura, obró un milagro difícilmente creíble: que la llegada de la Democracia era cual bálsamo de Fierabrás que todo lo curaba. España, mágicamente, amanecía reconciliada y en paz. Los más osados llegaban a reconocer que ello, en realidad, se conseguía gracias a que se consolidaba por ley lo que era un atropello de cuarenta años, a la par que las víctimas renunciaban a su propia dignidad en aras de un bien superior, el nuevo régimen. Y por si quedara algún hiilllo suelto, la socialdemocracia, cumpliendo su secular misión, desarmó y desmovilizó cuanto hubiese de vindicativo (asociaciones de vecinos y de mujeres, movimiento obrero y juvenil, medios de comunicación discrepantes…) para serenar los ánimos.

    Pero sabemos que ni la magia, ni los milagros, ni el Bálsamos de Fierabrás existen. Sabemos que los hechos son tozudos. Y la reacción ha hecho una lectura muy suya de las circunstancias y ha interpretado los últimos hechos de nuestra vida pública como una oportunidad de volver a la vida (a su vida). Al fin y al cabo ¿por qué no? ¿acaso es “culpa” suya que los hechos se construyan de esa manera?

    No, no es culpa de la reacción el que nuestro sistema de educación haya sido incapaz en treinta años de sacar una sola generación crítica, de que la única cultura que se ha generado sea la devenida de una postmodernidad que no escapa de la “cultura como espectáculo”, de que la sociedad se construyera, durante ese periodo, en el gusto por el dinero – Steiner lo decía antesdeayer mismo en la conferencia que dio en Barcelona – y lo que ello comporta: alabanza del sinvergüenza, hedonismo de macaco, descrédito de los valores fuertes, aprecio por el pensamiento débil, pusilanimidad social… Educación, cultura, sociedad… todo eso se lo han dado hecho a los reaccionarios.

    Pero aquí nadie entona el “mea culpa” Y quién lo hace, en mera declaración lo deja. La izquierda española ha sido incapaz de renovarse, sigue jacobina, dogmática e inflexible; la socialdemocracia continua tan espesa como siempre, defraudando a los propios e irritando a extraños; y el liberalismo, la gran “esperanza blanca” de la derecha española (y de España), ha optado o por una resignación a las directrices de FAES/Conferencia Episcopal Católica que los denigra o por un silencio que los envilece. El señor Mayor, en efecto, es uno de los primeros en salir del armario pero no será el último, ya verán, su irrupción delata la fantasmagoría de la Transición. Y a la vez explica la aparición paralela del republicanismo y de las fuerzas centrífugas del Estado en el otro extremo del arco político.

    Esto no es flor de un día. Viene de atrás, del origen, de la raíz de nuestro actual sistema. Por eso les insistía en la Transición. Cuando hubo de elegirse entre “reforma” o “ruptura” se eligió “reforma”, bien, comienzan a recogerse la cosecha de los Pactos de la Moncloa… ¿o creían que de aquella siembra no iba a fructificar nada más que las ensoñaciones de los firmantes? Cualquier cosa que se cierra en falso, no se cierra. Y en ello estamos.

  10. Julia Puig

    Como siempre, es un verdadero disfrute leer las reflexiones que Justo nos ofrece.

    Cuando le preguntan a Jaime Mayor Oreja: “¿por qué le cuesta al PP condenar al franquismo? Su contestación no puede ser otra: “Porque eso forma parte de la historia de España” “elogio y alabo la transición democrática”; una respuesta cómoda y fácil que unida a su forma particular de hacer frente a los terroristas, hace a mi juicio, como dice Justo, que despierte simpatía entre ciudadanos que no son del partido. La otra opción, la de defenderse con el escudo de la transición.

    Mayor Oreja, como otros, son hijos de la herencia franquista, nunca ofrecerán nada al tema. Esa herencia hace que se siga sintiendo señalada cuando los trabajos históricos sobre la represión franquista y la recuperación de la Historia a través de estudios serios y bien documentados, y no sólo en la “memoria”, revelan contradicciones. Coincido con el profesor Espinosa, en que nuestro proceso político de la transición tuvo también sus fallos; ese “pacto de silencio” del que habla Francisco Espinosa, existió. Se actuó “como si la República no hubiese existido, o lo que es aún peor, como si no hubiera debido existir”. Se impidió que hubiera un momento claro de ruptura con el franquismo, por lo que la derecha española aún no ha construido un discurso ideológico propio a partir de la transición.

    Me ha gustado especialmente el artículo de los “Juguetes Payá”; aunque nunca jugué con un Ferrari, mis hermanos sí lo hicieron. Yo sentí la misma emoción por mi muñeca Nancy, ¡qué cosas! Leer este artículo me ha transportado a toda aquella época; está claro que nuestra infancia no fue la de la playstation, pero fue la que nos tocó vivir. Mis recuerdos sobre mi infancia franquista también me llevan a mi barrio de Barcelona que poco tiene que ver con la actualidad

  11. Kant

    Cáspita, permítame un ex curso al margen del tema que nos ocupa para ofrecerle un reconocimiento a doña Julia: el de su preferencia por “la Nancy”. Por aquel tiempo mi hija – una niña entonces, obvio – ya nos contaba apasionadamente, a su madre y a mi, las excelencias de su muñeca frente a la (re)invasión de “Barby” que, por aquellos años, experimentaba un relanzamiento comercial. En fin, lo dicho, discúlpenme este arrebato de añoranza, a la postre también soy humano (aunque a veces me vean con la máscara de dinamitero)

  12. Paco Fuster

    Escribí ayer un largo comentario a las 22:35 (hora del blog), justo después del de mi amigo David, que por motivos que desconozco, no aparece aquí (lo extranyo es que a mi, en mi pantalla si que me salía). Supongo que sería algún fallo en la conexión del ordenador de mi casa (ahora mismo escribo desde la biblioteca). Como no es la primera vez que me pasa, tomé la precaución de guardar el texto, pero no podré volverlo a enviar hasta que llegue a casa esta noche (y espero que esta vez si funcione, porque si ocurre lo mismo que ayer, no podré enviarlo tampoco hoy). Lo digo por si alguién me echa en falta (cosa que dudo), que sepa que no es dejadez. Pese al lio tremendo del congreso de esta semana (estoy de voluntario), he leído el variado “post” de Justo y los interesantes comentarios de ustedes.

  13. Paco Fuster

    Perdón por ese “extranyo” que daña la vista (es lo que tiene pensar en valenciano y escribir en castellano). Quise decir, obviamente, “extraño”.

  14. Paco Fuster

    A ver si ahora sale por fin.

    Sobre Mayor Oreja y sin entrar a valorar su opinión (porque creo que es sólo eso, una opinión personal que podemos compartir o no), estoy de acuerdo con David en que dice lo que muchos comparten. Eso si, debería saber que como político y representante de un partido, hay veces que es mejor reservarse la opinión, para evitar precisamente lo que ha ocurrido: que la gente aproveche la coyuntura para identificar su opinión personal con la visión del franquismo por parte de su partido, tomando una parte mínima por el todo (obviamente habrá gente del PP que piense lo mismo y gente que no). Por lo demás, me parece uno de los políticos españoles más sobrevalorados.
    Me parece muy interesante la descripción que hace Justo de la clase política. Sobre este tema del funcionamiento de la clase política, me recomienda últimamente la profesora T.Carnero (y si lo dice ella será por algo), el libro de J.M. Maravall “El control de los políticos” (Taurus, 2003), que yo no he leído todavía, pero supongo que Justo y alguno más de ustedes sí que conocen.
    Sobre el tema de la relación entre memoria e historia y la mal llamada “memoria histórica”, la verdad es que últimamente ha proliferado la bibliografía y los intentos de establecer ese límite entre lo dos conceptos. De todo lo que he leído sobre el particular, lo que más me ha gustado es una entrevista del 2006 a Pierre Nora (autor que ha citado Justo en algún artículo suyo sobre el tema), en la que este historiador francés establece muy bien estos límites y llega a la conclusión de que son cosas distintas: “La memoria depende en gran parte de lo mágico y sólo acepta las informaciones que le convienen. La historia, por el contrario, es una operación puramente intelectual, laica, que exige un análisis y un discurso críticos”. Pongo el enlace por si a alguien le interesa la entrevista:
    http://www.lanacion.com.ar/archivo/IndexDia.asp?fecha=15/03/2006
    Leo el comentario de Kant y no puedo evitar reproducirles una cita (un poco larga pero vale la pena) de una mujer extraordinaria (en cuya vida y obra estoy empezando a trabajar y cuya obra recomiendo a nuestro amigo Kant – sé que comparte mi interés por la historia de la mujer – y a los demás también, por supuesto), en la cual esta autora hace referencia a esa infancia pobrísima que ella vivió en primera persona. Aunque habla de un período muy anterior al franquismo (las palabras se situan entre 1897-1907 aprox.), creo que lo interesante no es tanto esto, como la descrpción tristísima que hace: «Fui en mi juventud, de los veintitrés a los treinta y tres, maestra de escuela en uno de los barrios populares de Madrid y conocí a fondo, a través de su chiquillería, la miseria negra del proletariado madrileño de entonces. Recuerdo que una vez propuse a mis alumnas, chiquillas de siete a catorce años, el tema de composición siguiente: “¿Qué quisieras hacer tú durante un día entero para ser completamente feliz?” Y recuerdo también – y el corazón se me desgarra al recordarlo – que el setenta por ciento de las concursantes respondieron: “Yo iría al café y comería bisté con patatas”. Yo iría de merienda y comería filetes empanados, y merluza frita, y flan de postre”. “Yo comería jamón y tortilla y chuletas y muchos pasteles”. Aún aguardaba, cuando empezó la guerra civil española, los pliegos ya amarillentos de papel escolar en que , con mala letra y vacilante ortografía, la niñez madrileña había confesado su hambre , porque, ¿qué otra cosa sino hambre cotidiana y sin esperanza puede significar el que las imaginaciones infantiles identifiquen la soñada felicidad con un beefsteak, un filete o una chuleta?» (Maria Lejárraga, “Una mujer por caminos de España”, Castalia, 1989)
    Me parece un testimonio muy triste de una realidad que fue de la España pasada. En estas palabras de la autobiografia de Maria Lejárraga (feminista española y diputada socialista en la II República, olvidada por la historia hasta hace bien poco) se puede constatar que la infancia no en todo tiempo y lugar ha sido feliz, como bien dice Kant.

  15. Julia Puig

    Sr. Kant, a mí particularmente me encanta, como usted dice, su “estilo dinamitero”. Estoy totalmente de acuerdo cuando comenta que “hasta cuatro infancias robadas por un régimen que destrozó familias y futuros con purgas indiscriminadas y asesinatos judiciales.” Efectivamente, el régimen dejó mella en generaciones. Hace tiempo estuve estudiando la historia del Hogar Provincial de mi ciudad (anteriormente conocido como Hogar de José Antonio), son estas instituciones, alejadas de las miradas de la gente, donde el Régimen dejó constancia incluso escrita de que la Dictadura tuvo otros presos de los que no se habla normalmente: los niños, las víctimas inocentes que habían cometido el delito de ser hijos de rojos.

    Hoy tratamos de analizar el pensamiento de un político como Jaime Mayor Oreja que su mejor respuesta frente a la pregunta: “¿no considera pertinente condenar el franquismo?” es “no, por muchas razones”… En fin, está claro que hubo diferentes infancias, podríamos hablar muchas horas de ello.

  16. Tobías

    Esa presunta mitad de españoles que se adhirió al glorioso Movimiento se vio directamente implicada en el estado de terror que creó el franquismo para consolidar su dominio. En ese terror permanente amplios sectores urbanos y rurales adeptos fueron movilizados para llevar a cabo la “justicia serena del Caudillo. Quienes acusaron y señalaron con el dedo a “rojos” y “masones” se sentían pertenecientes al grupo de los vencedores y, desde luego, estaban orgullosos de ello. Al participar en la represión, que excluía a los malos españoles, se sintieron partícipes del régimen victorioso, los integrados frente a los excluidos. El nacionalcatolicismo fue el referente intelectual adecuado para efectuar una limpieza sin precedentes y la opción ideológica garantizada por la Iglesia justificaba los actos a posteriori. Es tan repugnante como esto: el catolicismo reaccionario a ultranza convirtió el exterminio en ejercicio de combate contra los “enemigos de España”, hizo de la barbarie un acto legítimo y convenció a sus ejecutores de que estaba regenerando España frente a los responsables de la degeneración.

    A lo mejor es por esto que molesta tanto la recuperación de la memoria. En “Más allá de la culpa y la expiación” Jean Amery escribió algo que nuestra derecha presuntamente democrática debería entender de una vez: la memoria de la ofensa es una condición esencial para restablecer la justicia. El olvido engulle el pasado sin cuestionarlo, acepta la injusticia y convierte a ésta en una lacra permanente de la sociedad. Solo la memoria puede redimir los crímenes pero, desgraciadamente, la Transición en España se hizo metiendo la mierda debajo de la alfombra. Y ya huele.

  17. Kant

    Gracias por sus generosas palabras, doña Julia. Señor Fuster, gracias a ud también por el enlace con “La Nación” que nos facilita; ciertamente es muy interesante (y discutible) lo que dice el señor Pierre Nora. No entraremos ahora en sus opiniones pero sí me gustaría insistirle a los estudiantes de historia, a los aficionados a la materia y a los propios licenciados con un cierto espíritu amplio y autocrítico, que no limitaran su actividad intelectual y curiosidad a su estricto mundo y ampliaran su campo de visión, por lo menos, el estudio de la sociología y de la antropología (dando por hecho que la cultura y la economía ya se consideran partes consubstanciales de la historia), obtendrían una visión más completa, poliédrica y compleja de las cosas que adornarían con algo de humildad a más de un galopín pretencioso de la materia.

    Don Tobías, si me lo permite, quisiera hacerle una pequeña puntualización, aunque no por ello menos substancial. Se la hago a ud porqué es ud quien aporta el dato pero, en general, quisiera que tomara nota de ello quién lo usare, el dato, sin demasiada consciencia de ello. Y no son pocos los que lo hacen de buena fe – como entiendo que es el caso de don Tobías – aunque no menos los que lo hacen de forma interesada y torticera.

    Me refiero a ese lugar común que es, para referirse al desgarro civil del 36, equiparar la idea de “las dos Españas” al de “las dos mitades de España” Y no es lo mismo. Cualitativamente, en efecto, hubo (hay), dos Españas pero cuantitativamente, aquella fractura no fue equitativa. La masa social española estuvo con el régimen democrático mientras una minoría, no ínfima, desde luego, pero no comparable con la mayoría, actuó en contra de la democracia. Piénsese que partidos de derecha declarada (en el caso valenciano, la Dreta Regional Valenciana, miembro de la CEDA, en el vasco el PNV, en el catalán el nacionalismo de entonces…) o extraordinariamente moderados (Izquierda Republicana, Unión Republicana…) estuvieron con la República. Y si nos atenemos a los votos concretos obtenidos por Falange Española y de las JONS más el universo de partidillos carlistas (jaimistas, requetés…), en las elecciones inmediatamente previas al golpe de Estado, el resultado ya es mareante. Cito ambos partidos por ser las bases ideológicas del Movimiento Nacional encarnado en ese absurdo partido único que fue FET y de las JONS (un auténtico insulto a la inteligencia de carlistas y falangistas). Así que, “dos Españas” sí, pero “dos mitades de España”, no, de ninguna manera.

  18. jserna

    Sr. Tobías es un usted una importante incorporación a este blog (le estoy muy agradecido), como otras personas habituales o que intervienen esporádicamente: Julia, David, Arnau, Paco Fuster y… el señor Kant, con quien no hay manera de ponerme de acuerdo cuando hablamos de la transición política. Es más: su estilo siempre agudo, exigente y mordaz quizá le impida ser más ecuánime con los principios y los resultados de esta democracia imperfecta, desde luego; una democracia que ojalá hubieran visto quienes no pudieron disfrutarla por culpa de una dictadura tan larga, de duración mineral.

  19. Tobías

    Agradezco la aclaración de Kant que comparto. Utilicé esa expresión porque es lo que parece deducirse de las declaraciones de Mayor Oreja y porque últimamente los olvidadizos conservadores españoles liderados por Moa y demás suelen insistir en ello. Es por eso que digo “presunta mitad”. Solo una cuestión respecto a la Derecha Regional Valenciana: el único que manifestó su lealtad a la República fue Luis Lucia, fundador y presidente del Partido. Cosa que por cierto, le costó cara. Fue traicionado por su lugarteniente, Maldonado, que con armas y bagages se sumó al Alzamiento. Curiosamente durante el franquismo el tal Maldonado fue una de las figuras referente de los intentos aperturistas desde dentro del sistema.

  20. luis quiñones cervantes

    Estimados amigos: me resultará difícil aportar hoy mi grano de arena (casi siempre inútil), pero el tema que aborda hoy Justo me obsesiona como una pesadilla recurrente: interés más que revanchismo.

    ¿Transición hacia dónde? Siempre que se transita implícitamente se va de un lado a otro. Y esta afirmación más lingüística que machadiana viene a refutar un no-hecho, un algo no sucedido, porque parece evidente que la polémica suscitada a raíz de la ley que está elaborando el gobierno destapa la no-transición, o la transición hacia ningún lado, porque después de leer la entrevista a Mayor Oreja uno tiene la sensación que efectivamente la transición nos haya hecho transitar hacia una democracia real, en la que las vinculaciones con el franquismo se abandonasen definitivamente. Pero lo peor de todo no es que esto mismo lo piense sólo algún miembro de la clase política (sobre la que tan bien ha reflexionado Justo), sino que forma parte de un ideario del que una buena parte de la población no ha sabido desprenderse. Por tanto, lo que consiguió la transición institucionalmente no lo ha podido conseguir socialmente. Si buena parte de la izquierda sí ha abandonado su republicanismo y su marxismo, la derecha parece seguir anclada en un mundo abstracto de ideas emanadas del 18 de julio. Triste, pero a tenor de las declaraciones sobre la memoria histórica de muchos dirigentes del PP, no cabe otra explicación, pues no han sabido adherirse a las víctimas, sentir compasión por ellas ni sumarse al homenaje democrático de los cadáveres enterrados en las cunetas, como buenos cristianos.
    Por el contrario, se sigue beatificando y recordando la memoria de quienes la han tenido dignificada desde hace mucho tiempo.

    En conclusión: la transición ha dado visos de democracia a lo que todavía en el ideario colectivo de muchos resulta nostálgico. Pero es que España no es Alemania.

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