Arcadi Espada

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Leo el último volumen de Arcadi Espada, en este caso dedicado a El terrorismo y sus etiquetas. Hay en sus páginas pensamiento urgente, entradas de diccionario compuestas con trozos de su blog y algún apéndice. Es interesante la operación de rescate: hay que dar forma y permanencia a la prisa por diagnosticar, a la premura por evaluar.  Se nota que Espada aún rinde pleitesía al libro, al formato libro. Lo electrónico no dura o se hace desaparecer: como así ocurre en su bitácora. En las páginas del volumen hay una sintaxis nerviosa, unas palabras que expresan tajantemente para así evacuar lo que excede, lo que sobra, lo que abulta. Es el día a día más perentorio frente a la bomba o a la extorsión o al secuestro o a la amenaza. Está bien mostrar tu indignación moral y política…, siempre que evalúes los efectos: siempre que sepas que te presentas como ídolo de la colectividad. Escribir así, desde una posición admirablemente irredenta, te hace atendible: piensas como expectoras y, en principio, no tienes por qué calcular o medir las consecuencias de tus diagnósticos. No me lo tomen como crítica. Es pura envidia: ojalá yo supiera expectorar tan rápido como Espada piensa. Ya me gustaría hacer lo que AE hace: no tengo capacidad ni posibilidades de disparar tan rápido. Mi prosa es digresiva, lenta; la de Espada saja. Que, además, en esas páginas podamos encontrar un pensamiento es de agradecer: al fin y a la postre, apreciamos el esfuerzo titánico de pensar, de decir algo imprevisto o insólito. En su blog, Arcadi Espada lleva tres años y pico intentándolo. Digo, esforzándose por incomodar: como Albert Boadella, cuando trata de escandalizarnos con tanques amenazantes… Espada lleva una varias temporadas examinando lo que nos acaece desde posiciones inauditas o desde presupuestos imprevisibles. Sobre todo: lleva tres años incomodando al periódico socialdemócrata. Adivinen cuál.

No sé. O tal vez me equivoque; tal vez, Arcadi Espada sea predecible: por estar acosado por los nacionalistas (que hacen valer el  colectivismo que les aúna), el periodista catalán se piensa como indispensable, corrosivo y demoledor. Y en cierto modo lo es. ¿Ustedes se imaginan una Cataluña sin Espada? Sería más aburrida y más nacionalista (más de lo que ya es). Pero quizá el problema de nuestro autor –añade alguien– sea confundir lo analítico e imprescindible con el narcisismo: eso es lo que dicen de Espada sus enemigos.  Yo no creo que la habilidad de Arcadi Espada pueda explicarse enteramente con el narcisimo (ojalá ése fuera el problema): la cuestión está en que la excepción nacionalista y la tontería colectivista hacen decisivos a quienes sólo son interlocutores interesantes. Yo cometí un error: creer que era un escritor equiparable a Josep Pla. Si pudiéramos hablar ahora (como lo hicimos en el pasado), sin duda Espada me sacaría del error: el periodista catalán no se siente tan y tan ufano. Sabe que no es el nuevo Pla. Es más: Espada opina e interpreta (como hago aquí, aunque yo menestorosamente), mientas que el ampurdanés describía. No es fácil describir. Años atrás leí la edición en castellano  de los Dietarios de Pla. La habían preparado Xavier Pericay y Arcadi Espada: creí ver en sus páginas una lección para el nuevo curso. Pla escribe admirablemente; Pericay y Espada lo editan impecablemente, pero hay páginas que enervan: en el ampurdanés hay  diagnósticos expeditivos que son tan tajantes como los de Camilo José Cela (generacionalmente próximo); como también hay conservadurismos equiparables a los de su amigo Joan Fuster. No sé: quizá Pericay y Espada convirtieron a Pla en un campo de batalla.

Pero no es eso lo que hay en el último libro de AE. El objeto es distinto. Dedicado al terrorismo, lo catalán se desvanece. En realidad, sus páginas tienen como principal motivo el de arremeter contra aquellos que sostienen que el terrorismo tiene causas. Decir esto… es para Espada como decir que hay alguna razón legítima que lo justifica. Parece una simplificación, ¿no? Aquí, en este blog, hemos tratado dicho asunto y no parece que la condena del terrorismo en todas sus formas nos obligue a descartar las causas. La guerra es odiosa, pero tiene causas… El asunto está en que Espada etiqueta (como reza su título): esto es, designa y marca, separa y descarta de acuerdo con la fórmula del diccionario. El pensamiento actual funciona con etiquetas, es decir, con procedimientos propios de vocabulario o de página web. Yo soy partidario de demorar el análisis, de alargarlo: el expediente diccionario sirve para acotar, para ordenar alfabéticamente (nada que objetar a esta fórmula, incluso cuando me disgustan los resultados), pero si además adoptamos el aforismo o el pensamiento escueto, entonces la brillantez  adelgaza el razonamiento.

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2. Forma y contenidos. Los juicios expeditivos, esos que se ganan el aplauso de los ciudadanos soliviantados, presentan el terrorismo y los actores implicados con la apariencia y con la ventaja de la brevedad: el juez-escritor acusa como un savonarola irascible dotado de razones. Si uno está del lado bueno, el mal sólo puede ser uno; el método que se pretende combatir es único; y, en fin, la solución que se le da, también. Hay una perfecta congruencia entre  el diagnóstico del mal,  la seleción coherente de los procedimientos y la respuesta que hay que arbitrar. Esta manera de concebir las cosas es una supertición occidental a la que habitualmente recurren ciertos políticos y autores influyentes, justo cuando la realidad desmiente y contradice la sencillez de sus dictámenes y pronósticos. Ya está bien, añaden. Amoldemos los hechos. En El fuste torcido de la humanidad, Isaiah Berlin detectó esta avería razonadora tan frecuente…, que en los peores casos te hace recaer en el sectarismo o en el determinismo científico o en el absolutismo doctrinal. ¿A quiénes se acusa si nos basamos en estos métodos? A los que  obran con dejación, obstrucción y culpa. Arcadi Espada incurre en algunas  simplificaciones en ciertas páginas y, por eso, con su prosa expeditiva (tiene prisa), juzga a sus adversarios como izquierdistas acomplejados que no se revisten con la enseña del liberalismo y como periodistas amodorrados que se dejan llevar por las inercias y por las cegueras profesionales. Como un severo preceptor nos amonesta sin que siempre quede claro cuál es el desliz cometido, seguramente, un disentimiento: una evidencia que nosotros aún no hemos abrazado o la posición que él ha abrazado. Por eso, una parte de su discurso apela sin más al coraje moral que hay que tener para aceptar las evidencias, de las que para él son evidencias: un mismo problema, un mismo método, una misma respuesta. Como esa actitud crea amigos, disidentes, afines, hostiles y, en fin, enemigos. Las figuras del  héroe y del guardián de las palabras–que se encarnan en el observador que se sabe perspicaz– aparecen implícita o explícitamente entre sus líneas: ejemplifican lo que los lectores o los seguidores deberían realizar.  

Lo que él hace suya es una revelación ardua, aislada y con pocas recompensas materiales o simbólicas, una revelación que habría suscitado la ira, el menosprecio y la irritación del medio académico o de los hostiles. Si Ludwig Wittgenstein  arremetía contra el empleo confuso del idioma, Espada arremete contra el uso indolente o mixtificador del periodismo. Wittgenstein criticaba el lenguaje absurdo de lo que es inefable o de lo que no se admite como juego de lenguaje, el Wittgenstein debelador de las pseudodisciplinas pertrechadas con lenguajes presuntamente científicos. Espada crítica también lo que juzga pseudociencias y erige el neodarwnismo –nada menos– como exclusiva referencia de la que ha de servirse para depurar las vaguedades del lenguaje periodístico. Leyéndolo, uno tiene la impresión de que AE tiene la nostalgia de la solución única que explicaría el terrorismo de una vez para siempre, esa solución que los reporteros –tan ignorantes– desconocen: al igual que hubo un gen egoísta, ¿por qué no va a haber un gen terrorista? Como hombre de letras que es, Espada se abandona con irreprimible envidia a los logros incuestionables o divulgadores de los cientítificos. En ese caso, una obra nueva de Steven Pinker, por ejemplo, pasa a ser su principal nutriente (en espera, supongo, del libro venidero o del investigador definitivo que aclaren el comportamiento humano). Mientras tanto, sin embargo,  Arcadi Espada sorprendentemente continúa...

18 comments

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  1. Paco

    Serna siempre vas a parar a tí mismo. Acabas hablando de tus artículos y tus cosillas. ¿Narcisismo el de Espada? Ja!

  2. J. Moreno

    Casi toda mi intervención en el blog del Arcadio, -nunca escribí Arcadi para zaherirle-, fué con la intención de ser más impertinente que él.
    Tanto es así que escogí el “nick” de “charnego impertinente” por dicho motivo.
    Hice innumerables defensas numantinas de Catalunya y recibí insultos de toda índole por ello.
    Alguna vez me sumaba con sorna a las alabanzas masivas hacia él, para importunar a la tripulación.

  3. Pedro

    Me interesa el análisis que hace J.Serna sobre el estilo Espada y sobre la sombra de Pla, pero no se aun cuál es el contenido de este libro sobre terrorismo. ¿Vale la pena o no?

  4. Kant

    A mi me van a disculpar uds en este “post”. Me resulta tan cansino el autor y tan vacua su obra que no me da para hojearlo. Ni siquiera para ojearlo. Y el tema… ¡¡¡¡qué tema para tratarlo quien lo trata!!!!… Encima, según nos indica don Justo, tratado por desde la pintoresquísima perspectiva aznariana de que el terrorismo carece de causas, debe ser pues el Motor Primero del Universo, si escolásticos nos ponemos. En fin, lo dicho, un memo el autor y una memez su obra. A más ver, queridos contertulios.

  5. papagena

    “Hice innumerables defensas numantinas de Catalunya y recibí insultos de toda índole por ello”
    ¿Qué quiere decir defender a Cataluña, charneguín? ¿defender a sus poderes fácticos? ¿defender a los que componen los partidos en el poder? ¿defender a los que componen los partidos en la oposición? ¿defender a los abstencionistas? ¿a los sin papeles que allí viven? ¿a los creyentes? ¿a los ateos?
    Sinceramente no entiendo qué es eso de defender a Cataluña.
    Sólo tendría cierto sentido para mí esa frase si, por ejemplo, se desencadenara en Cataluña un gran incendio -como el de estos días en California- y yo la escuchara decir a alguien que llevara días y noches luchando contra el fuego: Estoy defendiendo Cataluña.
    Bueno. Podría pasar. Esa persona está luchando contra la destrucción y está en Cataluña. Quizá tendría, entonces y sólo entonces, sentido decir eso que escribes.

  6. winst

    “La guerra es odiosa, pero tiene causas…”

    Lo que es odiosa es su equiparación. La guerra tiene causas pero también puede tener, a veces, justificaciones (contra el nazismo por ejemplo).

    El terrorismo efectivamente tiene causas, pero no en el mismo sentido, porque entre otras cosas nunca puede materializarse en una ‘causa’, por muy en serio que debamos tomarnos las palabras de un terrorista cuando declara abiertamente lo que pretende. Es como intentar explicar las motivaciones para ser nihilista: para ser nihilista no es necesario carecer de propósitos declarados, es suficiente con adular la violencia como purificadora en sí misma.

    Por otro lado, el terrorismo no es exactamente nuevo: es sólo una forma de violencia nihilista, la cual siempre ha existido y se ha manifestado en guerras, conflictos civiles, etc. descrita por ejemplo por Walter Scott.

  7. M.P.

    Hace tiempo entraba en este blog un nick llamado Cazón en Adobo cuya ocupación favorita era zaherir a don Justo Serna. A las pocas semanas fue expulsado para siempre.

    Pues bien: ese mismo nick ha entrado y entra en el blog de Arcadi Espada con asiduidad, y le zahiere cuando le viene en gana, sin que al anfitrión zaherido se le haya pasado jamás por la cabeza pedir su expulsión. Sí, parece claro que hay notables diferencias entre Serna y Espada.

  8. Kant

    Miren, les había dicho que me iba a abstener de hacer más comentarios sobre la obra que cita este “post” del señor Serna y me ratifico en ello, han convertido, lo que debería ser una cuestión de intercambio de ideas, en un tema personal entre el don Arcadi y don Justo y, yo, ante semejante acto de hinchada arrabalera, desisto.

    No obstante, un par de personas han hecho sendas aportaciones, al margen de ese encono faccioso, que considero interesantes y sobre las que sí querría decir algo. Al señor Enciclopedia, agradecerle el “link” que nos lleva a la abundante información de la Wikipedia sobre el concepto “Troll”: muchísimas gracias por ello.

    Por otra parte, al señor Winst querría hacerle una reflexión. No traía a colación, más arriba, yo, el tema escolástico en plan de sorna. El sistema de pensamiento cristiano – que eso es la Escolástica para quien no lo supiere – descansa sobre el Principio de Causalidad. Dicho Principio entiende que todo efecto viene, irremediablemente, de una causa. Salvo dios. La deidad sería el único efecto carente de causa dada su condición eterna como ente no creado. Perdone la digresión pero su aplicación al mundo cotidiano y mortal es evidente. El terrorismo es un efecto, así que deberá tener una causa; si careciese de ella es que sería eterno, increado, y por tanto, dios.

    Lo absurdo de la conclusión es lo que la niega. Luego, si el terrorismo no es eterno y si alguien lo ha creado, es que debe haber una causa que lo generase. Un razonamiento sencillo y contundente que parece que algunos – que para más “inri” portan la bandera de su cristiandad como permanente pabellón a los vientos – parecen olvidar. Porqué si lo quieren olvidar, es que son unos sinvergüenzas.

    No es casualidad que el Principio de Causalidad sea el fundamento de la Ciencia. Lo fue siglos antes de que apareciese el cristianismo. Su razonamiento, desde su perspectiva, es el mismo que el del creyente, aunque sin entrar en la metafísica: todo efecto deviene de una causa. Así que tenga usted un pensamiento de credulidad cristiana o de certezas científicas, no va a poder desprenderse de ese Principio. Negarlo lo colocaría a ud y a quien así lo hiciese, en un difícil plano intelectual de tan complicada justificación que sólo podría explicarse debido a un grave acceso de irracionalidad producido por un dolor muy grande, una frustración muy poderosa, una ignorancia superlativa… En fin, sus causas pueden ser muchas y yo, la suya personal, claro, no la conozco ni siquiera me atrevo a especular con algo tan sensible. Lo importante aquí es que una argumentación basada en una irracionalidad tan grande sólo puede conducir a la misma desesperación a la que llega el que elige la vía de la violencia para resolver sus conflictos.

    Y una última cuestión, contra el nazismo, o sea, contra el régimen legalmente constituido en Alemania entre 1933 y 1945, también se usó el terrorismo, tanto el de Estado (el de los Estados con los que mantuvo una guerra) como el guerrillero (el de los pueblos ocupados tras su acción invasora) ¿en este caso no es reprochable el terrorismo? Sáqueme de la duda, por favor.

  9. Paco Fuster

    Me uno al primer comentario de Kant en su intención de no opinar sobre Arcadi Espada, aunque por razones muy distintas a las que él cita. No puedo decir que el autor es “cansino”, porque no le conozco de nada; y tampoco que su obra es “vacua”, porque no he leído ni una sola página. Así que el motivo de mi ausencia en el debate es que más allá de lo que ha escrito Justo en este blog y de la entrevista que le hizo en su dia, no conozco a este hombre, cuyo famoso blog he visitado muy esporádicamente.

    Dicho esto, aprovecho con permiso de ustedes este foro, para felicitar personal y públicamente a la profesora y colega de Justo en la Universidad de Valencia, Isabel Morant, a la que le acaban de conceder el Premio a la Promoción de la Igualdad en el Conocimiento que otorga la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología. Sirva esto como reconocimiento a una persona que ha tenido conmigo siempre un trato exquisito y que, como sucede con tantos otros profesores, ha sido – y esto es una impresión personal – más valorada fuera de nuestra Universidad (donde Isabel es reconocida como un referente a nivel nacional en el ámbito de la historia de la mujer en época moderna), que dentro de ella. Les dejo el enlace a la notícia por si a alguien le interesa:
    http://actualidad.terra.es/ciencia/articulo/isabel_morant_promocion_igualdad_conocimiento_1959168.htm

  10. Fan de Espada

    JSerna escribe bla bla, pero no sabemos què piensa del terrorismo según Espada. No se moja Serna!

  11. David P.Montesinos

    Pero ese Arcadio Espada, ¿no era un personaje de “Cien años de soledad”? Es que no me aclaro.

  12. Tobías

    Como su propio nombre indica debe vivir feliz en un mundo en el que los buenos y los malos están tan claramente establecidos.

    Me interesa el comentario de Serna cuando sugiere que Espada, además de otros comentaristas y políticos escorados a la derecha, se niega a analizar las causas del terrorismo puesto que en ello hay un cierto ejercicio de comprensión. Tal vez comprender las razones del otro pueda llevarnos a políticas para solucionar el problema terrorista que a algunos le parecen claudicaciones inaceptables.

  13. Miguel Veyrat

    Gracias, David P. Montesinos, me ha hecho partir usted de risa, y a fe que me hacía falta, visto el panorama de involución al que estamos asistiendo. Este País, cuya Santa Transición fue otrora ejemplo, Fabio, ay dolor, de sano restablecimiento de praxis democrática, cada vez se parece más a cualquiera de los recién rescatados de las garras del estalinismo más reciente desde la caída del muro. Da pena. Parecemos una tribu de neandertales buscando aparearnos con primates llegados de más allá. Como el tal Espada.

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