Fotografía: Marga Ferrer, Levante-EMV
1. Proclamación de Mariano Rajoy
En Valencia, el 27 de octubre, ante varios miles de personas, Mariano Rajoy no ha sido proclamado candidato para los próximos comicios. ¿Proclamado candidato? Que sepamos, desde septiembre pasado, es el candidato oficial. ¿Entonces? En realidad, el sábado 27 de octubre tuvo lugar otro acto bien distinto, según la crónica de Abc. Aquella reunión fue «un mitin de confirmación como candidato popular a la presidencia del Gobierno». Confirmación: una interesante palabra llena de resonancias católicas, de refrendo religioso. Es necesario confirmarlo, reafirmarlo, corroborarlo. Es imprescindible hacerlo explícito por aclamación y con énfasis: precisamente porque hay serias dudas de que su liderazgo pueda resistir, de que su persona pueda aguantar la acometida de sus próximos más ambiciosos. Por eso, hay que repetirlo y proclamarlo.
«Gane o pierda, Mariano Rajoy es la apuesta de futuro inmediato», dice José Antonio Zarzalejos en Abc. ¿Por qué razón? «Porque reúne un conjunto de requisitos que le hacen idóneo para administrar el poder y, alternativamente, para evitar la implosión en su propio partido, un riesgo que, hoy por hoy, no está conjurado. Los conspiradores -no demasiados, pero sí poderosos- cuentan con que el gallego haga mutis por el foro si la suerte electoral le es adversa. Y con ellos, llegarían la división y el enfrentamiento. Por eso, Rajoy, sí o sí», concluye Zarzalejos. Abc y El Mundo lleva a primera plana el acto de confirmación. El primero titula: «Rajoy, discurso de presidente«. El segundo rotula: «Rajoy ofrece ‘consenso y cordura’ contra la ‘subasta de soberanismo’ «.
El periodismo parece ser cada vez más un instrumento de los gabinetes de prensa o, si se quiere, un altavoz de este o de aquel partido, necesitado de mostrar una imagen, de representar una posición, de afirmar una decisión. De lo que se trata es de hacer declaraciones, de decir cosas que puedan atraer la atención de los medios. El País ha evitado hacer el principal titular de ese acto de proclamación-confirmación: es un acto previsible de partido…, un acontecimiento montado a tal efecto, organizado para ocupar espacio noticiero. ¿Tanto como para hacerlo desaparecer de la primera plana? Bien mirado, es algo extraño. O no. En su portada no hay vestigio de Rajoy pero sí, en cambio, hay rastro de Rato, de Rodrigo Rato: justificado como un breve con foto que remite a su sección de «Domingo». El País dedica, pues, más interés y espacio a la vuelta de Rodrigo Rato, una amenaza más o menos evidente para el liderazgo de Rajoy, que al acto de proclamación-confirmación del candidato popular: o al acto de «consagración» (según la palabra exacta empleada por el reportero Carlos E. Cué en la crónica que hace para dicho periódico). El País, en fin, dedica más relevancia a los veinticinco años del triunfo de Felipe González: en la primera plana, en el centro mismo de la página, una fotonoticia da cuenta de este hecho, en particular del éxito que salieron a celebrar los líderes socialistas a aquella ventana del Hotel Palace de Madrid. La imagen es de ahora y el punto de vista, que es el de González, nos da una perspectiva inversa.
Digo González y aún me sorprende el comentario que El Mundo le dedica a esos veinticinco años. En este caso, la perspectiva editorial también es… inversa. «28-0: Una victoria malograda» es el título de dicho texto. El repaso crítico es extraordinariamente duro, inmisericorde. Hacia el final, cuando llegamos al último párrafo, leemos: «sería injusto, a la hora de hacer este balance, negar que González hizo cosas bien». ¿Cuáles?, nos preguntamos, escépticos y sorprendidos, tras el balance editorial. «Por ejemplo, jamás puso en cuestión el modelo de Estado ni reabrió heridas del pasado. Pero su actuación quedó manchada por la guerra sucia, el nepotismo y la corrupción, que jamás intentó combatir en serio». ¿Cómo interpretar lo anterior? Para El Mundo, el único balance posible y positivo de lo que se hiciera bajo González es, precisamente, lo que aquél y sus Gobiernos no hicieron. Según esa lógica, a FG se le recordará (o ahora se le recuerda) por lo que no tocó, no acometió, no realizó. «Su actuación quedó manchada» por esos baldones «que jamás intentó combatir en serio» y que el editorialista cita: es decir, también en esto González fue pasivo, aunque para mal. La pregunta inmediata es si desde 1982 algo de lo que sí se hizo se hizo bien. ¿Hubo alguna decisión gubernamental positiva? ¿Hubo alguna gestión aceptable? No parece que el periódico recuerde nada: ni la reorganización del ejército, ni la negociación para el ingreso en las Comunidades Europeas, ni la modernización de ciertas instituciones del Estado, ni…
La memoria no es la historia, ciertamente. El Mundo hace memoria y, para mayor énfasis, en sus páginas interiores encarga a un antiguo amigo de Felipe González, José Luis Gutiérrez, la evocación de aquellos años. Este reportero, que dice recordar muy bien aquellos años de camaradería, ya no tiene trato con el socialista y, por tanto, por afección o desafección es probablemente el menos indicado para hacer esa crónica del pasado. «No hay que confundir memoria con historia», nos insiste continuamente Pierre Nora (y que ahora podemos releer en este enlace que me proporcionó Francisco Fuster). “La memoria depende en gran parte de lo mágico y sólo acepta las informaciones que le convienen. La historia, por el contrario, es una operación puramente intelectual, laica, que exige un análisis y un discurso críticos”. Ése es el trato que El Mundo dispensa a su poderoso amigo: sólo acepta las informaciones que le convienen confundiendo su evocación con el análisis y el discurso crítico de unos Gobiernos que algo bueno debieron de realizar. Frente a su editorial esforzadamente antifelipista, este periódico exalta la solvencia de Rajoy: quizá más incluso que el propio Abc, que no oculta los errores que el propio líder popular ha cometido al dejarse llevar por sus extremistas o al dejar de actuar cuando debía hacerlo. No oculta los errores: es decir, advierte entrelíneas de que Rajoy se la juega y no hay ya demoras posibles. Lo dice y lo repite Zarzalejos (tal como me recuerda Miguel Veyrat apelando a Enric Sopena), pero este dictamen ya es antiguo: hace casi tres años publiqué un artículo titulado «Elogios de Rajoy» en donde mostraba en qué se basa el apoyo condicional que de los medios próximos recibe el líder popular. Ahora, el esfuerzo del director de Abc por sostener al candidato es la confirmación de esos riesgos afines, de ese fuego amigo.
—————-
2. Hemeroteca de hoy
-«Violencias«, Levante-EMV, 29 de octubre de 2007. He procurado no hacer sociologismo del agresor de Barcelona. Me alegra ver que mi admirado Eduardo Mendoza proclama lo mismo (véase en la sección de comentarios de este blog).
—————–
3. Hemeroteca JS sobre Mariano Rajoy
-«Presentes populares«, e-barcelona-org, 24 de marzo de 2004
-«Elogios de Rajoy«, El País, 2 de diciembre de 2004
-«¿Mariano Rajoy es Gary Cooper?«, Los archivos de Justo Serna, 7 de noviembre de 2005
-«Ofender para qué«, Levante-EMV, 19 de enero de 2007
-«Rajoy«, Los archivos de Justo Serna, 2007
————–
Hoy, miércoles 31 de octubre, nuevo post al mediodía


Deja un comentario