Televisión y deliberación

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1.Deliberación

Meses atrás, justamente cuando nos disponíamos a votar en las elecciones municipales y autonómicas publiqué un artículo en el que citaba al pensador estadounidense John Dewey. Ahora, cuando estamos tan cerca de otros comicios y cuando la experiencia americana de las Primarias nos hace redescubrir el valor deliberativo de la democracia, regreso a sus palabras, extraídas de una recopilación que pude leer años atrás: Liberalismo y acción social.   

John Dewey hablaba de democracia creativa para referirse a la deliberación ciudadana: el proceso de discusión, el procedimiento compartido y aceptado que nos permite debatir las ideas a partir de un marco común, exponiendo, argumentando, razonando. Seguramente no es preciso llamarla así: democracia creativa. Inquieta esa calificación. Lo creativo en política no siempre da buenos resultados: las ideaciones más audaces en lo público y lo colectivo se fundamentan en convicciones, y los principios están muy bien siempre que se acompañen de responsabilidad. Debemos calcular cuáles son las consecuencias de nuestros actos. Sin embargo, en Dewey, la democracia creativa no es mero utopismo: es la acción responsable de quien se implica, expone sus ideas y sus principios (políticos o incluso religiosos) esforzándose en argumentarlos. O, en los términos de Barack Obama, “lo que sí exige nuestra democracia deliberativa y plural es que los que están motivados por la religión”, o por otras creencias o fundamentos, “trasladen sus preocupaciones a unos valores universales en lugar de específicos. Se requiere que sus propuestas estén abiertas a debate y sean permeables a la razón”.

Por eso, deberíamos “desprendernos del hábito de concebir la democracia como algo institucional y externo”, había escrito Dewey en 1939. En efecto, deberíamos adquirir “el hábito de tratarla como un modo de vida personal”, insistía el norteamericano.  Leídas hoy y aquí, tal vez esas palabras nos resulten excesivas. En España, la implicación deliberativa de los ciudadanos no es algo relevante. A ello han contribuido, sin duda, los pésimos ejemplos que nos han dado algunos de nuestros representantes: la corrupción pública o los enriquecimientos escandalosos retraen a los ciudadanos políticamente honrados. Pero también desmotivan el estrépito mediático, la estigmatización del contrario, la destrucción semántica del rival: eso es algo bien distinto del debate civil.

“Me inclino a creer”, decía otra vez John Dewey, “que la base y la garantía última de la democracia se halla en las reuniones libres de vecinos en las esquinas de las calles, discutiendo y rediscutiendo las noticias del día leídas en publicaciones sin censura, y en las reuniones de amigos en los salones de sus casas, conversando libremente”, concluía John Dewey. Hace unos pocos días estuve con otras personas… en una reunión libre de vecinos. Nos congregamos unos sesenta comensales con el fin de discutir sobre la circunstancia política. Era una convocatoria hecha a través de Internet, por correo electrónico: en red, pues.  Tres ponentes debíamos iniciar las intervenciones con nuestra reflexión o crítica. Yo hablé de la manipulación, de la mentira, de la ganga oral que en campaña tan frecuentemente nos rodea. Tras los primeros parlamentos llegó el momento de la cena; después, la serie de preguntas y discusiones que completaban la velada. La tertulia en la que participé tenía algo de conspiración entrañablemente antigua y contradictoriamente liberal. Liberal, en la acepción de Dewey: comunitaria, republicana, progresista. Y liberal en el sentido propiamente español y decimonónico: el espacio público del primer Ochocientos comenzó con tertulias menesterosas en tabernas municipales en donde los ciudadanos hacían comensalismo y liberalismo.

Pero estamos en otro tiempo: estamos en  la época de la mediatización absoluta de la experiencia. Nada hay ya que no pase por la comunicación masiva y por la globalización, por la representación, por la televisión.

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2. Televisión

Acaba de hacerse público un Manifiesto… en el que se critica la manipulación, el mal uso de ciertos medios públicos: concretamente, en la televisión valenciana. Un manifiesto: nos fuerzan a volver al primer liberalismo, a los inicios del liberalismo revolucionario, cuando los ciudadanos levantiscos vejados debían publicar hojas volantes para denunciar el mal gobierno del absolutismo. En fin… Pero regreso a la actualidad. Cuando tuve conocimiento de que se estaba elaborando dicho texto, lo firmé sin rechistar. Desde luego, siempre hay aspectos con los que no estás exactamente de acuerdo o que habrías expresado de otro modo. Ahora bien, es tan insoportable esa manipulación (que ya se prolonga muchos años, prácticamente desde sus inicios), que me he guardado mis pequeños reparos. No suelo firmar manifiestos, pero el escándalo de Canal 9, de sus programas informativos, supera lo visto en cualquier televisión pública. Ya escribí sobre este asunto años atrás: como otros muchos, que se han pronunciado sobre las manipulaciones de la tele valenciana. Sin ningún resultado, claro, y con un creciente escepticismo: la prueba de que los artículos que uno publica no sirven para gran cosa es que el motivo de las críticas sigue vigente mucho tiempo después: pero ahora peor. ¿Tiene remedio la televisión? Punto y aparte.

Para quienes impartimos clase en la Universidad; para quienes hablamos en público; para quienes escribimos en prensa o en Internet, la intervención deliberativa supone siempre un esfuerzo: un esfuerzo de razonamiento, de contención, de moderación… en una reunión libre de vecinos o en las aulas. Hoy mismo me lo reprochaba un alumno que cursa estudios de Comunicación Audiovisual: “es usted muy moderado, parece que no se moja”, me decía. ¿Que no me implico? Una cosa es la cortesía, la formalidad, que nunca han de perderse; y otra distinta es la reflexión crítica, que también ha de hacerse con toda la sutileza de la que seamos capaces. Desde luego, uno no siempre consigue hacerse entender, pero tampoco se trata de abandonarse a la agitación o a la intoxicación: como tampoco se trata de sumar adhesiones pronunciándonos sectariamente. Hay que argumentar, trasladando preocupaciones particulares y legítimas a unos valores que puedan universalizarse, que puedan ser discutidos por quienes no comparten nuestros juicios. Eso es el espacio público democrático, el lugar en el que el disidente es respetado.

Por eso  no puedo sino condenar los ataques sufridos por María San Gil, por Dolors Nadal, por Rosa Díez en distintos recintos universitarios. En distintos recintos universitarios. En una democracia no hay derecho alguno a reventar actos legales, a amenazar. Jamás me ha parecido bien que unos vándalos puedan impedir actos de expresión, de reflexión: convengamos o no con lo que allí se expone. Por otra parte, como estamos en la sociedad mediática que todo lo retransmite, la violencia y la intimidación de unos cuantos gritones o matones son muy apetecidas por las televisiones… hasta que las próximas amenazas reactiven o actualicen el deplorable espectáculo. Parece inevitable: la televisión y el periodismo dan cobertura informativa a quien con estrépito agrede.

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3. El primer debate televisivo. Pizarro vs. Solbes (jueves, 22 de febrero)

A las 21 horas, Pedro Piqueras entrevista a José Luis Rodríguez Zapatero en Tele 5. Se inicia oficialmente la campaña electoral y los candidatos van a multiplicarse concediendo interviús y enfrentándose en debates. Corremos el riesgo de la saturación: el peligro de quedar anegados por el exceso. ¿Hay alguien que todavía precise más datos y más información? Al parecer, las cadenas de televisión, los periódicos, las emisoras de radio necesitan alimentarse con este material previsible: los espectadores nos congregamos y subimos las audiencias. Por otra parte, quizá el empate que registran los sondeos pueda romperse según cómo queden los candidatos, en entrevistas y en debates.  Pero lo que da bien en televisión no es necesariamente la argumentación. O la verdad o la deliberación: lo que da bien en tele es un efecto de representación (que no es necesariamente falso). ¿Cuál es ese efecto?

El que se logra con el dominio de la escena, con la seguridad expositiva, con el sosiego, con la mesura. Son las 23:30 horas del jueves 21 de febrero. En el debate que he seguido en Antena 3, como espectador he tenido la sensación de que Pedro Solbes manifestaba equilibrio y contención, un control de las cifras y de los datos realmente imbatible. Es la impresión, insisto. Tanto es así, que Manuel Pizarro ha debido adaptarse a los términos de una discusión que siempre ha marcado el candidato del Partido Socialista. No me pregunten por la materia económica, de la que tengo pocos conocimientos. No me pregunten por grandes cifras, cuyas magnitudes frecuentemente ignoro. Pregúntenme por los términos de la representación televisiva. Cuando el contendiente debe acoplarse a lo que tú dices, entonces es que llevas la delantera. A un inquieto Pizarro, Solbes le ha dado lecciones de serenidad. La prueba es que la contundencia o el ataque del candidato popular sólo han asomado en dos ocasiones y más bien parecían una rabieta o malestar ante el bastión inconmovible de Solbes. A la postre, el debate ha discurrido con cortesía y con poca verbosidad. ¿Cómo lo percibirán los espectadores?  

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4. Las reacciones (viernes, 22 de febrero)

Según la encuesta de Antena 3, el 47,4 % de los espectadores da la victoria a Pedro Solbes frente a un  37,1 %.

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5. Hemeroteca-Biblioteca

El bosque de la información, por Anaclet Pons, miércoles, 20 de febrero de 2008.

16 comments

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  1. jserna

    Muchas gracias, Sr. Lázaro, por ese enlace que, desde luego, nos muestra en diferido, en vivo y en directo (todo a la vez) una manipulación que abochorna.

  2. Miguel Veyrat

    La cosa empezó con el interesado cambio de nombre, impulsado por profesores “neoliberales”, de las Facultades de Ciencias de la Información (¿Ciencias?) por el de Ciencias (¿Ciencias?? de la Comunicación. La información ha desaparecido, dejando de ser el sujeto primordial del periodismo. Ahora “se comunica”, se leen comunicados, a menudo no escritos por auténticos periodistas, sino por “comunicadores”, editorialistas publicitarios a sueldo de partidos e instituciones, cuyos representantes cada vez más —empieza a ser costumbre— se niegan a contestar preguntas en las “ruedas de prensa”, que más bien parecen “ruedas de presos”. El primer bochornoso ejemplo lo dio la APM, Asociación de la Prensa de Madrid, cuando recibió en su sede a los presidentes y consejeros de las Cadenas privadas de televisión, que abandonaron posteriormente el local sin responder a una sola pregunta tras leer su “comunicado”. Y sin que la APM lo condenase. No, Justo, “el periodismo” no da cobertura “informativa” a quien con estrépito agrede. Se limita a comunicarlo a la audiencia. Previo estipendio, eso sí.
    Y variando el tercio, yo también condeno los abucheos que Rosa Díez y María San Gil, como auténticas pasionarias de la derecha más rancia, propinaron en su día, por ejemplo, a Josu Jon Imaz et alii. Hay pruebas gráficas de sus agresiones con estrépito.

  3. Fuca

    Como el comentario de nuestro amigo Justo Serna aún está incompleto, entresaco algunas ideas que me llaman la atención. En primer lugar las palabras del alumno que Justo ve como un reproche pero que, en sí, no tienen por qué serlo: “Es usted muy moderado, parece que no se moja”. Coincido con la primera parte de la oración, también a mí me parece Justo Serna moderado, nunca le leí opiniones radicales ni comunistas ni nacionalistas. Con la segunda no estaría de acuerdo si el alumno afirmara, pero no afirma, dice que parece que no se moja, no que no se moje. Al ser Justo Serna tan cortés, tan educado, tan formal, alguna persona podría confundir estas formas con la falta de compromiso y ahí es donde discreparíamos; a mí Justo Serna me parece un ser comprometido, crítico, culto…, lo demuestra diariamente en su blog. Si “no se mojara”, tal vez seguiría colaborando con el “Levante” y recibiría abundantes ofertas para colaborar con otros medios informativos. Moderado y crítico, educado y razonador, defensor de sus ideas pero sin rechazar las voces discrepantes y aprendiendo de ellas, así es como yo veo al autor de este blog, por ello estoy aquí, escribiendo poco pero leyéndoos siempre y aprendiendo de vosotros.

    Variando de tercio, como escribe nuestro querido Miguel Veyrat, tampoco a mí me gustan los abucheos a las representantes de la derecha extrema, pero muchas veces son ellas las provocadoras. No creo que en la época en la que yo estudiaba en la Universidad de Santiago se atreviera María San Gil a darnos una charla sobre la mujer en la sociedad actual. La Universidad debería ser un lugar para aprender, para razonar, para reflexionar; no creo que lo que defiende esta señora ayude a nada de lo anterior.

  4. Kant

    Yo no se uds. pero un servidor ya se ha sumado al Manifiesto cuyo “link” nos facilita el sr. Serna a los contertulios y que a mi me llegó – ¡bendito sea el Dios de Silicio! – gracias a las conexiones que nos permite el Internet nuestro de cada día. Y es que, esto, como en el caso de TeleMadrid, no es cuestión de izquierdas o derechas, tal o cual partido, es cuestión de decencia, de defender la libertad de expresión o de estar con una panda de sinvergüenzas.

    Por lo demás, me instaba el sr. Veyrat a no abandonar los medios durante el periodo electoral y… la verdad… no sé si podré. Mi opción electoral está decidida. Obviamente votaré aunque, siguiendo el consejo del sr. Montesinos, con las pinzas puestas en la nariz. Claro está, mi papeleta no será como la de él, pero votaré. Así que verle la cara a los pretendientes no me seduce demasiado. Escucharle sus memeces, menos. Me entretienen las martingalas publicitarias (comunicativas) de los partidos pero, en estas elecciones, el PP ha optado por lo más chabacano que se ha visto en esta monarquía desde que existe: una ofensa a la inteligencia más mediana y una alegría para lo más zote del país. Así que no parece agradable este plato en esta mesa. Lamentaré no satisfacerlo, don Miguel, pero mi ataraxia puede padecer ante tamaña recua de energúmenos vomitando groserías. Si casos como el que don Lázaro nos aporta – muchas gracias, don Lázaro – son lo cotidiano en la autonómica valenciana ¡imagínense uds cuando reconocen que están en campaña!

    Sumando los elementos que apunta don Justo – deliberación y televisión – y don Miguel – información y comunicación – el resultado viene a incidir sobre el papanatismo en el que se ha sumergido la intelectualidad española y los aspirantes – sobre todo, los aspirantes – a formar parte del selecto ramillete de pensadores. Considero, con el sr. Veyrat, muy acertado señalar la Facultad de Ciencias de la Comunicación como uno de los núcleos que generan la incompatibilidad actual entre deliberar e informar. El mismo enunciado del centro académico ya delata sus pretensiones vacuas. (a) Facultad. Que un oficio honrosísimo se convierta en una profesión apesebrada a través de la bendición universitaria ya nos habla de los promotores de la iniciativa desde el campo de la antigua Escuela, de sus auspiciadotes universitarios y del medio social papanatas en el que se dio. De pena.

    (b) Ciencias. Miren esto ya es una cuestión vieja, sólo un limitado confunde rigor con ciencia. Cualquier actividad puede y debe ser rigurosa – hasta la vagancia – pero no por eso se convierte en científica. La ciencia sólo, sólo, incumbe a las actividades objetivables que a partir de una hipótesis son capaces de generar principios generales, comprobados empíricamente y convertidos en ley cuando aquellos se confirman en un 100%. El resto son pretensiones ridículas de unas humanidades desacreditadas por, precisamente, no saber vindicar su papel académico al margen del papel científico. Ciencias humanas es un oxímoron o si lo prefieren una imbecilidad. Podrán tener todo el rigor que les plazca pero nunca, nunca, podrán ni ser objetivas ni plantear ninguna ley universal… por eso son humanidades…

    (c) Comunicación. Este es el núcleo del conflicto como señala don Miguel. Arrecio, pues, en ello. Si atendemos a su significado castellano (DRAE), comunicar e informar son sinónimos. Con lo cual, si es lo mismo ¿para qué cambiarlo?, “ergo”, no debe ser lo mismo ¿verdad?. Entonces… si comunicar no es hacer comunicados, tampoco es tomar al dictado o leer comunicaciones, ni mucho menos ir de palafreneros de los “comunicadores” (si algo de dignidad les queda a los periodistas)… ¿de donde demonios sale ese concepto?…

    … Pues del “marketing-mix”. La cuarta P de McCarthy – “Promotion” – se traduce al castellano como “Comunicación”. Es un elemento fundamental para el proceso comercializador de un producto y una superación ostensible de las tradicionales campañas publicitarias. Éstas son informativas: se le transmite al consumidor una información sobre el producto en venta. En ese sentido, es unidireccional. Pero al aplicar la dinámica de comunicación, la información pasa a ser retroalimentaria: la empresa lanza una información pero, a la vez, analiza su impacto en su mercado-meta para optimar su impacto en futuras campañas. Y hasta ahí, lo sensato. El problema viene en esta España de tunantes cuando el/los vividor/es de turno quieren “epatar” al personal con “lo más rabiosamente moderno” y puestos a destrozar la Escuela de Periodismo ¿cómo no hacerlo en nombre de la modernidad? así que ¿qué es lo más moderno ahora mismo, el “marketing”? pues, hala, a usar terminología de “marketing”… aunque no se tenga ni puñetera idea de qué se está hablando, ni lo que significa el concepto que se está empleando… pero qué moderno queda…

    Lo trágico de esto es que si, prescindiendo de las ínfulas “científicas” y de “modernidades” – en fin, de simulacros – el periodismo hubiese leído el concepto marketiniano de comunicación en la clave deliberativa de la que nos habla el sr. Serna, podía haber desarrollado una nueva, diferente y democrática relación con su lector; no para venderle noticias sino para optimar el impacto de su información. Obviamente, no ha sido así.

    Volveré en otro momento, creo que doña Francisca (Fuca para uds) ha introducido algunos aspectos muy interesantes para el “post” y para las elecciones subyacentes.

    Por cierto, al sr. presidente del Gobierno ya lo han abucheado en un par de mítines y aquí nadie dice nada… (?)

  5. Miguel Veyrat

    Por cierto, ¡qué magnífico profesor se han perdido quienes quisieran recuperar el oficio de periodista —que no es más que eso, tarea de artesanos pero que saben que están construyendo una catedral, no tallando una mera piedra de granito! ¡Kant, cada vez me asombra más, no el uso sus vastísimos conocimientos, sino su asombrosa lucidez!

  6. Kant

    Pero hombre, don Miguel, ¡cómo me dice ud eso! Ya le dije a doña Francisca en el anterior “post” que yo no “profeso” en nada, sólo tengo maestros, estoy incapacitado para más, peor, peco de didactista, me enrollo como las persianas, tengo una expresión anacrónico-forense que tumba de espaldas, soy presto al arrebato, propicio a la provocación y… y no sigo porque me estoy dando un asco tal que acabaré tomándome manía. Bueno y de lucidez la que me da la Ilustración, algo al alcance de cualquiera que tenga interés en pulirse. Así que mejor si dejamos estas alusiones personales y nos diluimos en el tema, tema en el que, al menos el sr. Serna y ud me sobrepasan abrumadoramente en conocimientos… y no deben ser los únicos, si tenemos alumnos de periodismo en el “blog”, como mínimo ellos ya están en mejores condiciones que yo, amén de otra legión de aficionados al tema.

    Bueno, como previne, regresé porque la intervención de doña Francisca incidía en otros aspectos interesantes. El primero, precisamente, por alusiones personales, en este caso a don Justo. Coincidiendo totalmente en lo que dice sobre su visión de él; sólo le haré un pequeño matiz respecto a una de mis palabras-fetiche, “radical”. Que don Justo no enfoque su radicalidad hacia opiniones comunistas o nacionalistas no indica que no ejerza una labor crítica dirigida a la raíz de las cuestiones. No creo que nunca nadie – bueno, tal vez Paco sí – lo hubiese acusado de superficial. Lo que el sr. Serna no hace es tener una militancia carbonaria en tal o cual partido, en tal o cual frente, aunque sí se ubique en una perspectiva progresista de las cosas. Lo cual, a él lo libera de servidumbres intelectuales sin por ello embozar sus intenciones y a nosotros nos permite poder leerlo y reflexionar sobre ello de manera enriquecedora. ¿No le parece a ud?

    Respecto a los incidentes con las señoras de la derecha militante o la de la “in pectore”, he de sumarme al rechazo general. He de recordar la nefasta experiencia en la Universitat de València con décadas, décadas, aguantando a “Paquita la Rebentaplenaris” (una vieja especializada en comandar una banda compuesta por jubilados meapilas y jóvenes fascistas provincianos) y a todo el “blaverismo” local (el regionalismo españolista en pie de guerra) boicoteando las actividades culturales de la Institución y, cómo no, traer a la memoria las agresiones miserables del mismo tipo que sufrieron los srs. González y Carrillo en la respectiva de Madrid. O las que ya ha sufrido el sr. Zapatero en esta misma semana. No es eso.

    Una cosa es la bulla estudiantil reacia a la presencia de alguien en algún sitio y más o menos alocada y otra es la agresión directa – cuando no es respuesta a una precedente, caso de la sra. San Gil, visto diafanamente por TV – y, peor, la amenaza pistoleril. Al respecto, aun le digo más, abundando en el extremismo: los caballeros intransigentes no amenazan, se limitan a hacer uso de su acero. Sin más. “Facta, non verba”. Sólo los niñatos adoptan esa postura infantiloide de rabieta inmadura. Así pues, como no queremos, ni tirios ni troyanos, que esto vaya a más, sería de agradecer que no se hicieran actos de fanfarrón impotente y, precisamente por ser universitarios, se aplicaran más en trabajar por consolidar un mensaje radicalmente… moderado y de Luces. A una de malas, a tiempo de partirnos la cara siempre estamos pero, una vez abierta esa Caja de Pandora… sra. mía… ¿quién la cierra?…

    Una última… ya me contarán uds qué pasa en el Solbes “adversus” Pizarro porque s.s.s. ya avisa que no lo verá. Mi ataraxia, ya les dije…

  7. Paco

    Solves? Mire Kant: Solves aburrió pero Serna dice que dio lecciones y que estuvo “””imbatible”””. Jajajjajajajajajjaja Le puede el cariño a este serna! Vota solvente!

  8. Fuca

    Estoy de acuerdo contigo, amigo Kant, en lo que escribes sobre Justo Serna, también yo creo que ejerce “una labor crítica dirigida a la raíz de las cuestiones”, pero sabes que no utilizamos el concepto “radical” en el mismo sentido, como ya discutimos en comentarios anteriores.

    Sobre los jóvenes universitarios y su necesidad de consolidar mensajes radicalmente moderados, discrepamos; a los veinte años no se debe ser moderado, hay que ser radical (ya sabes en que sentido utilizo este término). El ser radical no implica violencia ni amenazas, pero sí protestas ante actos contrarios a la inteligencia y a la razón.

    De Solbes “adversus” Pizarro, algo cuenta Justo Serna en su comentario; empecé a ver el debate, pero me cansó (demasiado corteses los contrincantes) y apagué la televisión, leeré un resumen en la prensa.

  9. Kant

    Leí a don Justo, claro, sobre el debate Solbes “adv” Pizarro. Tomé nota de lo que aportó don Paco y doña Francisca. También de los datos obtenidos por Antena3. ¿Alguien me puede dar más perspectivas?…

    Vea qué paradójico, doña Francisca, supongo que conoce ud ese diabólico dicho de que “hay que ser revolucionario a los veinte para poder ser conservador a los cuarenta”. Ha sido una de las cruces más dolorosas que he padecido. No en carne propia, como puede suponer, pero si en mis alrededores. Parece el mismo efecto de la necesaria e imprescindible alegría la Noche de Fin de Año. Y mire, ni en uno ni en otro caso, le veo la necesidad. No llego a entender porqué no se puede llegar, en la juventud, a una radicalidad – como la que yo defiendo – cargada de argumentos, capaz de desarmar al más sagaz de los oponentes y de expresarlo con templanza. ¿Por qué la algarada, el grito, cuando con la palabra basta? ¿gritar más es tener más razón? ¿la razón estriba en las cuerdas bucales y la capacidad pulmonar antes que en el cerebro?… ¡dudo que opine ud lo contrario!

    Pongámonos en lo peor. Un caso extremo, trágico: la razón es perseguida, la palabra silenciada, el pensamiento acosado… ¿de qué vale, entonces, el grito? Sigue sin tener valor. Si se ejerce la violencia – la violencia siempre es intolerable – contra la sensatez, sólo le quedan dos vías de resistencia, o la pasiva, inspirada por Gandhi, o la activa, que debe ser armada, por mor de eficiencia. Y en ninguna de las dos fórmulas el griterío es lo apropiado. O se deja matar en silencio resignado o se muere matando en su silencio asesino. ¿Ve? no le encuentro acomodo a la algarada.

    No por ello la considero inexplicable. Tiene su lugar en un hecho puntual, pasional y espontáneo, impremeditado, propio de la sangre más caliente que tiene la juventud que del escepticismo maduro y más lógico entre jóvenes con estudios limitados que en universitarios. Ahí, así, la entiendo. Pero ¿orquestarla?, ¿planificarla?, ¿hacerlo desde la Universidad?, ¿pensar que con ello se va a laguna parte?, ¿qué quiere? no lo veo. Considero que el joven, es joven, un ser humano desarrollado y perfectamente dotado para razonar y expresarse con el apasionamiento que se quiera pero con la contención apropiada, no es un salvaje en proceso de civilización, es una persona. Y a las personas hay que tratarlas como tales si queremos recibir de ellas igual trato. Cuanto más pronto lo aprenda el niño, antes tendremos un joven de pensamiento radical y formas corteses. Capaz de argumentar desde Sócrates, o de resignarse con Séneca, o de vivir como Lucrecio o de hundir su acero hasta la empuñadura como Alejandro. Ninguno de ellos, fuera joven o no, hubiera elegido una vía u otra, gritaba (por norma).

    ¿Se da cuenta de la cantidad de personalidades actuales del PP que militaron en la extrema izquierda en los 70? ¿cuantos de aquellos que iban a incinerar el sistema son hoy probos funcionarios? ¿recuerda a quienes en la misma época te escupían por “revisionista” y hoy son unos peleles socialdemócratas?… ¿Para qué sirvieron sus gritos, sus protestas, su irritación?… tigres de papel, tigres de papel… ellos son los auténticos tigres de papel. Mejor les/nos hubiera ido si en vez de dedicarse a ello hubieran estado aprendiendo el arte de razonar, especialmente – y con agravante, como ya indiqué – por ser universitarios. Se lo deben a los hijos de los trabajadores que pagaron sus estudios para poder tener una sociedad más justa. Y ya ve lo que hemos recibido a cambio…

    En fin, no trato de indisponerme con ud – aunque parezca lo contrario – pero es que el tema de la juventud es otro asunto que me apasiona y al que creo que se le da un trato algo frívolo (¡¡y no lo digo por ud, por favor!!). Como siempre, nos escapamos del guión del “post” ¿le parece si me da su respuesta y cerramos el asunto para fijarnos en la propuesta de diálogo sobre el tema que nos hace el sr. Serna?

  10. Fuca

    Esta vez no estamos muy desencaminados del tema propuesto por Justo, él habló y condenó los actos violentos contra políticos de derechas. No estoy de acuerdo con lo que expones, amigo Kant; creo que tus ideas servirían en otra sociedad distinta a esta en la que vivimos. Aquí y ahora la palabra moderada, razonadora, por desgracia, no basta. Gritar más no es tener más razón, pero algunas veces se necesita gritar o dar un zapatazo (aún me acuerdo de la repercusión que tuvo el de Beiras en el Parlamento Galego) para que te dejen exponer tus argumentos.

    También discrepo en que sólo haya dos alternativas ante la represión, callar o emplear las armas; está la voz, el grito de las multitudes (¿o es que en las manifestaciones se va hablando?), también puede ayudar a recuperar las libertades. Entre lo que tú expones, dejarse matar en silencio o morir matando, está mi postura, morir protestando, gritando, nunca en silencio.

    Estoy de acuerdo en cerrar el asunto y centrarnos en otros aspectos del comentario de Justo Serna.

  11. Kant

    Yo mismo hice la propuesta, entiendo con ello que di mi palabra y la cumpliré, faltaría más. Más cuando ud misma me acepta el cerrar el tema. Así sea, doña Francisca.

    El caso de cómo ha derivado nuestra conversación, a partir de la idea inicial de don Justo, sin embargo, “per se”, no deja de ser significativa de las trabas que encuentra el proceso deliberante. Si dos personas, aparentemente, posicionadas en un mismo segmento ideológico son capaces, en tan poco tiempo y espacio, de llegar a este punto de discrepancia en un asunto tan delicado, si – al menos yo – aprecio mis argumentos o mal interpretados o mal expuestos… ¿qué no ocurrirá cuando los segmentos sean opuestos?…

    La comunicación, la deliberación, requieren de vías de intercambio de ideas sometidas a la menor cantidad posible de “ruidos” para que las ideas (1) le lleguen al otro (cosa que, sorprendentemente, no siempre pasa entre dos agentes intercomunicados), (2) no le alcancen distorsionadas (ahí estaría nuestro caso), y (3) no se le de al receptor – si no es amigo – la oportunidad de que, voluntaria y cicateramente, las pueda reelaborar (que es la permanente torpeza del PSOE en esta legislatura).

    Tenemos demasiados fabricantes de “ruidos” trabajando en el punto (3), retorcedores de mensajes, les podríamos llamar (el gran filón político-laboral del PP), como para manejar la hipótesis de que si se incrementa ese tipo de actividad en la parte afectada negativamente, el problema se va a resolver. Yo creo que se agravaría. El mensaje acabaría convertido en un único “ruido”, desaparecería, los papeles de receptor y emisor – intercambiables por la retroactividad del diálogo – dejarían de tener sentido y la comunicación no existiría. La deliberación, entonces, es imposible.

    “Ergo”… ¿podemos tener una sociedad democrática sin deliberación, sin comunicación, sin información libre?… ¿o nos contentamos con tener una democracia de televisión?… Creo que en los “ruidos” hay una buena parte de respuesta.

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