1. Hay que votar (16:50 horas, 6 de marzo)
Hay que votar para que esta democracia siga funcionando imperfecta y aceptablemente, como lo que es: un artificio humano, demasiado humano. Hay que votar para que el desánimo y el descrédito no se adueñen del electorado: para que el ruido mediático y colectivo no sustituya la intimidad del sufragio. Hay que votar para que la urna provoque efectos políticos y colectivos: por injusta que sea, la ley del número es preferible al decisionismo inspirado de unos pocos. Hay que votar para que cada uno reciba su justo merecido en pago, recompensa o castigo: el sufragio raspado o el respaldo mayoritario, los resultados mediocres o el triunfo revocable.
——————-
1. Las elecciones de Cracovia (16:50 horas, 6 de marzo)
Permítanme recordar una anécdota bien conocida. En El chiste y su relación con lo inconsciente (1905), Freud analizaba una historieta graciosísima. Es ese tipo de chiste hebreo que él clasificaba y tipificaba como escéptico. En un vagón ferroviario, dos judíos se encuentran. “¿Adónde vas?”, pregunta uno de ellos. “A Cracovia”, contesta el otro. Quien había preguntado inmediatamente responde: «Fíjate lo embustero que eres. Me dices que vas a Cracovia para que yo crea que vas a Lemberg. Pero sé muy bien que vas a Cracovia”. ¿El segundo miente cuando dice la verdad, y dice la verdad al pronunciar una mentira?, se preguntaba Freud. Desde luego es un contrasentido. Aparte de esta cuestión decisiva, el psicoanalista apostillaba algo importante sobre las condiciones de la verdad. ¿Realmente decimos la verdad sin preocuparnos del oyente o, por el contrario, buscamos su consenso? ¿Describimos tal como son las cosas según las vemos o, por el contrario, tenemos en cuenta a quien nos escucha hasta el punto de decirle lo que espera oír? En fin, un lío: un lío semejante al que enfrenta a los principales contendientes que concurren a las elecciones. O un contrasentido, ya digo. Una desconfianza radical. Tú me dices, yo no te creo. Tú me reprochas, yo no confío. Tú me criticas, yo no convengo: no convengo en lo básico, en el marco de referencia. Ésta es la circunstancia más incómoda de esta pasada legislatura: hagas lo que hagas, yo no aceptaré tu marco de referencia, con lo que… no habrá posibilidad alguna de entendimiento y, además, te supondré siempre guiado por la mala intención. Me dices una verdad que no puedo creer y cuando creo que me mientes sospecho que me estás diciendo la verdad. O en términos muy parecidos: creo que mientes cuando dices la verdad, y dices la verdad cuando creo que mientes.
———————–
2. La crispación (16:50 horas, 6 de marzo)
«Ha habido una táctica periodística de crispación sistemática y organizada. Desde el minuto uno de la legislatura el PP no asume la derrota electoral y se aferra a una teoría disparatada en la que le importan muy poco las víctimas, la convivencia o la verdad. Sólo le preocupa reclamar como un derecho lo qaue creía que le había arrebatado», dice José María Calleja en una entrevista concedida a El Plural. He leído el libro del periodista vasco que motiva dicha interviú. Se titula Cuatro años de crispación. ¿Cómo es posible que un periodista tan campechano, abierto y sensible se muestre a la vez tan irritado con el Partido Popular? Durante años, en su programa en Cnn+ ha dado cobertura a políticos vascos de todo el espectro. Facilitó incluso el entendimiento de constitucionalistas del PP y del PSOE para la discusión del monotema (como él mismo llama al problema del terrorismo). Le abrió las puertas a Jaime Mayor Oreja, a María San Gil, entre otros muchos. Hoy, sin embargo, el periodista lamenta la deriva de estos representantes y sobre todo deplora las actitudes políticas del PP, de una parte del PP.
—————
3. José María Calleja (9:20, 7 de marzo)
Resulta significativo que un periodista que ha destacado desde antiguo por su coraje antiterrorista (vive con escolta permanente desde 1995), por su sensibilidad hacia las víctimas, critique en los últimos tiempos a organizaciones o representantes a quienes él mismo respaldó en este tema: el PP o los dirigentes de la Asociación de Víctimas de Terrorismo. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Acaso Calleja ha cambiado de lugar? Seguramente, el periodista está en el mismo sitio, percibiendo los hechos con el mismo enfoque, juzgando las cosas con idéntica vara de medir. Entonces, ¿cuál ha sido el cambio? Respuesta: la estrategia seguida por estas organizaciones en los últimos años, en colaboración, connivencia o colusión contra el Gobierno. Desde el minuto uno, como dice Calleja, habrían adoptado la crítica apocalíptica y sistemática, hostigando al nuevo Gabinete socialista valiéndose de todos los instrumentos a mano: el del terrorismo entre ellos, pero sobre todo el de la agitación mediática.
Al PP, la experiencia les habría demostrado que «la única estrategia que tiene que llevar a cabo desde la oposición para ganar las siguientes elecciones consiste en desgastar de manera brutal al Gobierno, en minar su credibilidad». Aceptemos que esta lógica pueda darse, en efecto, cuando el PP está en la oposición. Entonces, ¿deberíamos concluir que si ganan las elecciones acabará el ruido mediático? Calleja se responde: «el Partido Popular parece tener, así, una doble personalidad: una moderada y razonable, que le acerca a un partido conservador europeo, y otra ultramontana, que se deja ver cuando está en la oposición». Por eso, añade Calleja, cuando el PP está en la oposición «no se ciñe a la agenda lógica de desgastar al Gobierno, de hacer ver que ellos lo harían mejor si gobernaran; no, ataca frontalmente en cuestiones tan trascendentales como el terrorismo. En ese ataque no le importa echar por tierra el discurso ganador de los demócratas y dar baza a los terroristas; es un ataque tan brutal que se lleva por delante los consensos, los logros que se hayan podido conseguir en la lucha contra el terrorismo, que manosea a las víctimas, que pisotea símbolos como el lazo azul… Todo es bueno para el convento de la crispación», concluye Calleja, esperando –como dijera Felipe González– que la posible vuelta al Gobierno atemperaría el ruido mediático.
Yo no creo que esto vaya a ser exactamente así. Quiero decir: la crispación es un instrumento de hostigamiento, pero el ruido mediático y militante y el partidismo de ciertos sectores del PP tienen un ciclo más largo: son herramientas de remoralización y renacionalización española y, en sus sectores más extremos, son mecanismos de recristianización política: algo que ya pudimos ver con los Gobiernos de Aznar. En el caso de llegar al Gobierno, ¿repetiría Mariano Rajoy aquella dinámica, contentaría a sus sectores más militantes?
————
4. Ha ocurrido (14:15 horas, 7 de marzo)
Lo que esperábamos… ha ocurrido. Un atentado mortal, en este caso de un antiguo concejal socialista. Esperamos, deseamos, que los partidos políticos tengan ahora un comportamiento ejemplar. Hace exactamente cuatro años, cuando estábamos a punto de elegir a nuestros representantes y vivíamos bajo el impacto del 11-M, escribí esto: hay «que conservar la calma, la cordura verbal, exigir transparencia informativa al Gabinete y votar el domingo lo que tuviéramos pensado votar antes de que los atentados agravaran el estado de la opinión». Vuelvo a repetirlo. Lamentablemente tengo que volver a repetirlo.
Continuará el día 9 de marzo de 2008…
—————–
Hemeroteca
A. Entrevistas. José Luis Rodríguez Zapatero: El País
B. Entrevistas. Mariano Rajoy: El País





Deja un comentario