La malicia del periódico que malicia (10:23, 9 de marzo)
«No sabemos qué va a suceder el domingo, pero si los resultados difieren de los pronósticos de las escuestas, la polémica va a estar servida. En cualquier caso, la democracia española debería tener mecanismos para aplazar unas elecciones en caso de atentados terroristas que pretendieran alterar la voluntad de los ciudadanos expresada libremente. Y no decimos que el de ayer [por el atentado del viernes 7 en Mondragón] sea el caso. ¿Pero qué hubiera ocurrido si la víctima hubiera sido uno de los candidatos?», leo en el editorial de El Mundo del sábado 8 de marzo.
Es un párrafo inquietante, escrito con toda la malicia de quien malicia, un párrafo aparentemente descriptivo, unas frases que constatan hechos a partir de un atentado: lo que puede ocurrir si las previsiones electorales no se atienen a los pronósticos de los sondeos y lo que podría ocurrir si, en el extremo, un atentado se cometiera contra uno de los candidatos. Todo está dicho en condicional, en un condicional en principio técnicamente irreprochable: el de quien queriendo anticiparse piensa escenarios hipotéticos.
Pero todo está dicho con un futurible insidioso que provoca efectos: habrá polémica si los resultados desbordan lo previsto por las encuestas. ¿Habrá polémica por parte de quién? Si es una descripción objetiva de la conducta política, entonces el periódico debería contrarrestar ese mal comportamiento simplemente exigiendo responsabilidad a los partidos. En realidad, el enunciado no es descriptivo ni constata algo que pueda verificarse antes de que ocurra: simplemente contribuye a que ocurra al enunciarlo. En Cómo hacer cosas con palabras, John Austin calificaba de realizativos estos enunciados, auténticos actos de habla, dado que anticipan algo que, al decirse, ya está ocurriendo: la polémica está servida simplemente porque se está alentando a no aceptar los resultados.
Si gana el Partido Socialista con amplio margen, entonces habrá polémica entre los sectores militantes que, como El Mundo, han apostado por Mariano Rajoy. Eso nos anuncia el editorialista. Si gana el candidato popular con mayoría suficiente, ¿entonces también habrá polémica entre quienes, como El Mundo, han rechazado expresamente a José Luis Rodríguez Zapatero? En este caso, si ocurriera eso, me apuesto doble contra sencillo a que el periódico admitirá la sensatez del juicio electoral. En realidad, el editorialista expresa lo que desea que pase y, por tanto, es la suya una hipótesis realizativa expresada con toda la malicia. En la ilustración que escogido y que reproduzco más arriba puede leerse: «Los que se apoderan de lo ajeno ni se corrigen ni se enmiendan«. Parece la moraleja de la amenaza electoral lanzada por el editorialista. Amenaza basada, ¿en qué? ¿En el efecto emocional que pueda provocar el atentado de Mondragón?


Deja un comentario