Dos de Mayo, 2 de mayo

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0. Lo que la historia no es, 2 de mayo de 2008

Habrá que convenir en unas cuantas evidencias, unas pocas certidumbres acerca de lo que es la disciplina histórica, acerca de lo que los historiadores no hacen o no deberían hacer. Será el mejor modo de mostrar los excesos y la manipulación, el manejo de un pasado para fines actuales, la resignificación de lo pretérito para la política de hoy.

La historia no es nuestro calco; no es ese espejo en el que los contemporáneos nos contemplamos para ver reflejada nuestra efigie. No es un banco de analogías de las que servirnos para confirmar lo actual; no es ese depósito de imágenes ya obvias de las que nos valdríamos para corroborar lo presente. Tampoco es el embrión que se desarrolla y en el que se materializa lo que ya estaba prefigurado de antemano. Menos aún es el objeto del que hacer arrobo y literatura, una exaltación verbosa que se aprovecha de la ignorancia común. 

En otros términos, la historia no es un devenir que confirme lo que ya estaba en el origen. No es un relato ordenado y coherente en el que todo encaje para reconocimiento general. En efecto, la historia es conocer, no reconocer… La historia no es un fermento en el que el principio conduzca inexorablemente al fin, siguiendo un ascenso cronológico, sumando acontecimientos congruentes. No es memoria monumental que dé significado simbólico a lo ocurrido. Tampoco es un devenir que pudiéramos racionalizar ulteriormente para confortarnos o para darnos ánimo.

Sólo es posible regresar al pasado de manera metafórica, indirecta, vicaria, parcial, tentativa, buscando el significado que los hechos tuvieron para quienes los vivieron. Quienes protagonizaron esos acontecimientos no sabían cómo iban a andar las cosas; no sabían qué vendría después; no sabían qué hecho o circunstancia serían objeto de rememoración y con qué sentido posterior. La historia se hace con fuentes, con documentos, que son testimonios, versiones; con textos e imágenes, que son productos de su tiempo, productos que tienen su clave interpretativa en el contexto que los alumbró. Por eso, el historiador ha de mirar con cuidado, con respeto, sin forzar lo dicho o lo imaginado, sin sobreinterpretar lo escrito o pintado, sin hacer literatura, pésima literatura, fantaseando, rellenando y añadiendo lo que no está, presentando  como cierto lo que sólo es conjetura. ¿Puede conjeturar un historiador? Por supuesto: siempre que avise, siempre que lo diga expresamente. Lo que no puede es pensar hipotéticamente ocultando que lo dicho es mero tanteo, imaginación.  

Los hechos históricos son instantes del pasado, de significado no siempre evidente ni general, momentos cuyo sentido varía de acuerdo con lo que los relacionemos, pero esos otros hechos con los que los relacionamos no deben ser aquellos que los protagonistas no podían concebir o no podían ser o no podían hacer.  No podemos comparar lo incomparable ni atribuir semillas de democracia a actores históricos que carecían de todo sentido de la Democracia. Como tampoco podemos hablar de Liberalismo o de Nación para atribuírselo a amotinados que se levantaban por razones menos egregias, pero quizá más cercanas: un sentimiento de ultraje, una sucesión de manipulaciones, unas especies que circulan, unos rumores que encienden, unos hechos que no se toleran. 

La historia no es simple suma ni progresión; no es trayectoria ascendente ni generalización de lo minúsculo, esa operación en virtud de la cual se extienden ciertos rasgos para así simbolizar mejor, para así abreviar el esfuerzo intelectual. La historia no es sólo resultado, ese final cuyos hechos precedentes serán los únicos constatados: exclusivamente aquellos que muestren la consumación. Hay acontecimientos contradictorios, planes alternativos, protagonistas que desaparecieron o procesos que no cuajaron; políticos que quisieron elevarse y que finalmente fracasaron, mandatarios que anhelaron gobernar su partido y que a la postre fueron apartados; ambiciosos que desearon auparse y que vieron fracasar su proyecto presuntamente indiscutible.

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1. Guerra y memoria, 25 de abril… de 2006

Con frecuencia, los partidos y las instituciones políticas organizan actos de celebración que sirven para conmemorar el pasado. Con esos actos esperan sus responsables exhumar el ejemplo de nuestros antecesores, espejo en el que deberíamos mirarnos. En principio, todo agregado humano tiene derecho a festejar lo que considera gestas principales de tiempos pretéritos, un proceder que se fundamenta como memoria colectiva. Recuerda lo que hicieron tus ascendientes, se nos indica. Recuerda sus proezas, no olvides aquello que te une a ellos. Has de saber de dónde arrancas, has de conocer cuál es la procedencia y cuál es tu sangre, has de mantener su patrimonio. En otros casos, cuando el pasado es odioso, cuando de él emanan trastornos, cuando ese tiempo pretérito sólo refleja sevicias y perversidades, entonces su remembranza será edificante: quien desconoce lo que otros hicieron, quien olvida lo que sus antecesores perdieron, está condenado a repetirlo, a equivocarse otra vez, a ocasionar daños. En uno u otro caso, a la historia se la concibe como un cemento o como un restaurador que daría coherencia a lo que difícilmente la tiene o como una enseñanza que encauza y de la que se desprenderían ejemplos a seguir o a evitar. Pero, además, al pasado se le atribuirían valores comunitarios. Esto es, si volvemos sobre la historia, si hacemos ejercicios de memoria, es porque su evocación nos hace conscientes de nuestra herencia y de nuestra pertenencia, se nos dice. Así como el recuerdo individual nos confirma la filiación, la memoria colectiva nos ataría a una comunidad afirmando los lazos primarios, haciéndonos ver que no somos individuos condenados al presente, sino sucesores que no se pertenecen del todo.

Aunque podamos admitir que esa concepción de la historia tiene su virtud cívica, me permitirán que discrepe, harto de tanta exaltación rememorativa. Algunos historiadores tendemos a desconfiar de la celebración a que estaríamos obligados y que fue faena frecuente entre numerosos colegas, tan inclinados a facilitar provisiones patrióticas para la edificación de las naciones. Concebida así, la historia ha servido y seguiría sirviendo para rendir justicia y homenaje a nuestros muertos, pero sobre todo se emplearía para confirmar identidades. Ese pasado (en realidad, el espejo de los muertos) nos daría un retrato muy mejorado de nosotros mismos, amoldado a los perfiles de nuestra progenie, reafirmándonos frente a los adversarios. Algunos pensamos que la tarea pedagógica de la historia no puede confundirse con la justicia ni fundarse en la reminiscencia que afirma una supuesta continuidad, sino que, por el contrario, debería adentrarnos en lo extraño, en lo que nos separa de aquellos antepasados, en lo que nos incomoda, en lo que desestabiliza la identidad de hoy.

Estamos hechos de retales históricos, de trozos que no casan fácilmente: también de actos espantosos cometidos por los antepasados y de hazañas menores de antecesores humildes. No somos, en efecto, de una pieza y la exhumación de los tiempos pretéritos no nos devuelve una imagen aseada. Si hay dentro de mí algo aciago y sombrío, si dentro de mí anida también lo siniestro de mis mayores, decía Freud, si yo no me conozco bien, entonces la evocación de lo remoto no puede ser la mera y mendaz exaltación de la continuidad, la fábula que me ratifica, la remembranza que me repara. ¿Cuándo dejará la historia de ser materia de reconocimiento patriótico o de enfrentamiento colectivo?, se pregunta el lector inocente. ¿Cuándo será sólo una disciplina de conocimiento humano y de apaciguamiento común, un saber que no oculta la distancia que nos separa de los antecesores? Jamás… En las celebraciones históricas del pasado fue habitual el brío guerrero, la fiebre belicosa, ardor que llevó a la muerte generalizada con los horrores de la movilización patriótica. Para nuestra desgracia, aún seguimos en ello. «Tienen mucha suerte los caballos», leemos en el Viaje al fin de la noche de Céline, «ya que si bien padecen la guerra como nosotros, no se les pide que la suscriban, ni que tengan el aire de creer en ella». Nosotros tenemos muertos a los que se les debe justicia, cosa nada objetable; pero también tenemos creyentes que exaltan la épica de la guerra. No me pidan que la suscriba. 

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2. El ombligo de la nación, 3 de mayo de 2008

El texto inmediatamente superior apareció en Levante-EMV  el 25 de abril de 2006. La casualidad hizo que se publicara en fecha tan significativa. No estaba exactamente pensado para hablar de la Guerra de Sucesión. Estaba pensado para tratar este y aquel conflicto: porque no es raro que este o aquel conflicto se tomen como fermento patriótico o como munición nacionalista.  El 2 de mayo de 1808 se convirtió pronto, casi desde el principio, en el Dos de Mayo. Toda nación suele afirmarse con mitos unificadores y simbólicos, pero no todos los historiadores están dispuestos a administrar esos tóxicos o estupefacientes. Al menos, ahora, tras siglos de belicosidad nacionalista. 

Ha pasado mucho tiempo desde entonces, desde el 2 de mayo de 1808. Ahora, dos siglos después, dicha fecha es motivo de una renacionalización, como hace Fernando García de Cortázar, presidente de la Fundación Dos de Mayo. Nación y Libertad. Es ésta una operación con la que se pretende fortalecer y hacer evidente el vínculo de la débil nación —una operación que ya le conocíamos–, un artificio político en el que se invocaría la Constitución como detente bala. Pero esa reivindicación es un anacronismo, como lo es la cantinela de los nacionalismos periféricos, que dicen fundarse en naciones igualmente milenarias. ¿Por qué razón? Primero, porque la nación es un producto contemporáneo. En su libro Naciones y nacionalismo, Ernest Gellner analizaba el mito del origen como discurso básico de todo nacionalista, siempre ocupado de rastrear su raíz originaria en el curso de la historia. En Nacionalismo, su última gran contribución al tema, Gellner volvía sobre el asunto: si nos remontamos tiempo atrás buscando el origen de la nación -decía-, es probable que lleguemos muy lejos, hasta Adán mismo. Adán no tenía ombligo y nadie, pues, le cortó el cordón umbilical. Entonces sensatamente cabría preguntarse con Gellner: ¿tienen ombligo las naciones? ¿Cortó alguien el cordón umbilical?  El anacronismo nos lleva al paraíso, ya ven…

Pero dejemos esos tiempos remotos para regresar a García de Cortázar. Decía que su operación renacionalizadora es también anacrónica porque mezcla el Dos de Mayo con la Constitución. La respuesta que podría darse a nuestro reproche parece evidente. ¿Acaso no hubo 1808? ¿Acaso no hubo una Constitución nacida del levantamiento del 2 de Mayo? Pues no. El constitucionalismo hispano no es un producto del Dos de Mayo. O es anterior (hay una cultura política constitucional anterior a la Constitución) o es posterior (cuando cristaliza en 1812). El levantamiento del 2 de mayo fue popular y emocional, manipulado y espontáneo a un tiempo, reivindicativo de lo propio y de la tradición, sin que el lenguaje constitucional de la libertad fuera el primero ni el decisivo. Darlo por hecho es hacer aleaciones nacionalistas. Cuando escribe o hace declaraciones, Fernando García de Cortázar no rastrea la continuidad y el cambio del constitucionalismo anterior o posterior al Dos de Mayo. Lo que hace es constatar y dar por evidente la Nación como si ésta ya existiese indiscutiblemente (sin ombligo, pues); y lo que hace es escribir con pompa y énfasis, con prosa campanuda, entre sonora y hueca, sirviéndose en ocasiones de analogías temerarias o simplemente insensatas. En ese caso, la erudición histórica le vale para colorear el presente a su antojo.

¿Una muestra? Valga como ejemplo aquel artículo en el que comparaba y mezclaba a Rodríguez Zapatero con Napoleón. ¿Puede alguien sostener seriamente una analogía tan disparatada? En la pasada legislatura, un antizapaterismo primario fue la enfermedad que se contagió entre ciertas elites intelectuales de la derecha. García de Cortázar cayó víctima del mismo padecimiento, sin que, de momento, se haya repuesto de su prosa altisonante y de su indisposición abiertamente antisocialista. No es un malestar reciente: como mínimo,  se le puede diagnosticar desde que publicara su Breve historia de España. Si no la recuerdan o no la han leído, échenle un vistazo y lo confirmarán: hay en sus páginas una sintaxis trabajosamente literaria, hay conjeturas y generalizaciones sin cuento, hay condenas y atribuciones, suposiciones. Y hay sobre todo una idea embrionaria de la nación, latente o manifiesta según los momentos. Qué pesadez.

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Hemeroteca y fonoteca del Dos de Mayo.

Lo que la historia no es

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Fotografía: Público

–“El Dos de Mayo no tendrá lugar”, artículo de Pedro J. Ramírez, El Mundo, 3 de mayo de 2008

–Declaraciones de Esperanza Aguirre ante el Dos de Mayo, Cadena Ser, 2 de mayo de 2008

–“Elogio del Dos de Mayo”, artículo de Mariano Rajoy, Abc, 2 de mayo de 2008

–“Mayo de España”, artículo de Fernando García de Cortázar, Abc, 1 de mayo de 2008

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Hemeroteca y blogosfera del blog…

–Francisco Fuster, “Barack Obama y tres precursores“, Claves de razón práctica, núm. 181, abril de 2008. Texto completo en pdf, aquí.

–“Éste no es otro artículo sobre el Dos de Mayo“, El náufrago digital. Blog de Eduardo Laporte

–“Martillo de infieles“, La grieta en el cristal. Blog de Small Blue Thing

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Convocatoria de Cursos de verano en Santander. Palacio de La Magdalena

Escribir a solas. El diario íntimo en el siglo XIX“, UIMP, 18-22/08/2008

Viernes 22, 9:30 horas:

Original burgués. Reflexiones sobre el diario en el siglo XIX

Ponencia de Justo Serna

57 comments

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  1. Marisa Bou

    ¿Qué pasa, Pedro?. Dice usted que ahora sí que entiende al señor Serna (menos mal), pero ¿No tiene ningún comentario que hacer al respecto? No sé si se habrá dado cuenta que un blog es una cosa que funciona en dos direcciones. Justo nos cuelga su post, lo leemos, lo comentamos…
    Vale que si no conoce el tema, o no le interesa, no diga nada. Pero, cuando por fín hay un tema que es de su interés ¿permanecerá usted mudo?

  2. Pavlova

    Marisa, no le riña, que debe estar esperando a que Justo termine. Yo, al menos, suelo esperar a que acabe. Hoy está positivo y eso es de agradecer.

    La Historia y sus manejos :-)

    Feliz puente a todos.

  3. J. Moreno

    Pués digo lo mismo que Pedro. Hoy sí entiendo el proceso tan tumultuoso de la Historia.
    A ese concepto sobre ella pocos vaticinios se le pueden hacer. Y no es precisamente lo que respetan la mayoría de los que se dedican a esa especialidad.

    Hace tiempo que llegué a la conclusión de que poco se parece la “raiz al fruto”.

    Sra. Pavlova hice unas fotografías de la manifestación en Cibeles el pasado día 19. Si tiene interés en recibir alguna no tiene más que decírmelo y se la envío por e-mail.

  4. Pavlova

    ¡¡¡Síííí!!! ¿Sabe? yo no pude ir, después de tanto anunciarlo. Estaba en Zaragoza. ¿Cómo hacemos? ¿Le pongo aquí mi correo? No me importa, tengo uno para estos menesteres.

    anafusa@terra.es

    Es usted amabilísimo. Muchísimas gracias.

  5. Lázaro

    Aquí un ejemplo de una politica metida a Historiadora. ¿ No hay quien le calle la boca?

    Esperanza Aguirre ::“La única respuesta capaz de explicar aquella rebelión popular es aceptar que los españoles de 1808 tenían plena conciencia de que España era una realidad histórica… de la que se sentían dueños”.

  6. David P.Montesinos

    Pues fíjese, amigo Lázaro, que yo crecí en un sistema educativo donde los primeros españoles autoconscientes eran Viriato, los tartesios y el Jabato (y eso que este es de ficción, “amada Iberia”, decía en su prisión en Roma el personaje de los tebeos). Españoles lucharon contra Cartago, a Fernando el Católico y su consorte les cabía España en la cabeza cuando se liaron a despanzurrar moros y expulsar judíos y eran nuevas glorias a España y no oro lo que buscaban quienes viajaron en las carabelas de Colón. Muy bonito todo, sí. En esa tesitura, las apropiaciones que se pueden hacer de ese presunto “nosotros” que se amotinó el dos de mayo son tantas como tendenciosidades partitocráticas existen, aunque ya sabe usted que la derecha es única repartiendo credencialidades de españolidad.

    Una cita.

    “Hasta fecha muy reciente, la casi totalidad de nuestros historiadores consideraban la Península Ibérica como un espacio abstracto, habitado, desde sus orígenes más remotos, por unos pobaldores que, dos mil años antes de la existencia histórica de España, milagrosamente, eran ya “españoles”: tartesios, íberos, celtas, celtíberos,. cuando fenicios, griegos, cartagineses y romanos desembarcan en ella, los invasores tropiezan con la obstinada resistencia de los autóctonos (Sagunto, Numancia) antes de españolizarse a su vez y devenir, sucesivamente, “españoles”: así, para Menéndez Pidal, Séneca y Marcial eran escritores españoles y Ortega y Gasset nos habla del “sevillano” emperador Trajano. Des este modo, España habría recibido, como el cauce de un río, el aporte de diferentes corrientes humanas que, siglo tras siglo, habrían engrosado y enriquecido su primitivo caudal, desde los fenicios a los visigodos. Cuando estos últimos sucumben antes los invasores africanos, la destrucción de su reino es ya la destrucción de España. Consecuentemente, la Reconquista incidada a partir del siglo VIII en las montañas astures es, ab ovo, la resistencia de España.”

    Obviamente, “España y los españoles”, Juan Goytisolo.

    En cuanto al texto de Serna, del que me siento más cerca que de otros anteriores, no dejo de acordarme de Michel Foucault:

    “(los historiógrafos) se equivocan al describir génesis lineales, al ordenar, por ejemplo, con la única preocupación de la utilidad, toda la historia de la moral, como si las palabras hubiesen guardado su sentido, los deseos su dirección, las ideas su lógica; como si este mundo de cosas dichas y queridas no hubiese conocido invasiones, luchas, rapiñas, disfraces, trampas. De aquí se deriva para la genealogía una tarea indispensable: percibir la singularidad de los sucesos, fuera de toda finalidad monótona; encontrarlos allí donde menos se espera y en aquello que pasa desapercibido por no tener nada de historia -los sentimientos, el amor, la conciencia, los instintos-; captar su retorno, pero en absoluto para trazar la curva lenta de una evolución, sino para reencontrar las diferentes escenas en las que han jugado diferentes papeles; deinir incluso el punto de su ausencia, el momento en que no han tenido lugar…”

    En el origen, solo el disparate de todos las cosas, en ningún caso la pureza. Foucault se marchó en 1984, a punto de completar su Historia de la sexualidad, un desastre aquella muerte.

  7. Pedro

    Señora Marisa me interesa el tema que trata Serna pero yo quiero esperar a ver el final. Esperanza Aguirre manipula la historia pero no es la única. La derecha ha utilizado la historia por ejemplo en el Franquismo. El señor P. Montesinos recuerda a Viriato. Yo también me acuerdo del heroe que era un pastor español. O era portugués? Los nacionalismos!!

  8. Marisa Bou

    De acuerdo, Pedro, no era mi intención reñirle, como dice Pavlova. Contenta como estaba de que a usted le interesara el tema, me lancé en picado sin pensarlo dos veces, intentando provocar su intervención.
    Claro que, si usted prefiere esperar a que Justo termine su post, sea ello para bien, esperaremos. Pero no nos enfademos, compañero, que éste es un lugar de amigos, aunque sean virtuales.

  9. Fuca

    Esperaremos a que nuestro amigo Justo Serna termine su comentario, me gustan sus reflexiones sobre la historia y sus manipulaciones.

    Sigo leyendo “Fronteras de lo Real” de nuestro querido Miguel Veyrat; en uno de los capítulos cita a Pedro Henríquez Ureña, un comparatista hispanoamericano desconocido para mí; en 1921 escribió: “El ideal de la civilización no es la unificación completa de todos los hombres y todos los países, sino la conservación de todas las diferencias dentro de una armonía”. Está claro que con actos como los celebrados en Madrid el dos de mayo nunca conseguiremos esta armonía.

  10. Marisa Bou

    Es evidente que todos tenemos ombligo. Y que a muchos les -nos- gusta contemplarlo. A mí mi ombligo me dice que provengo de otro ser, a quien amé en vida y recuerdo ahora sin nostalgia. La memoria me sirve para saber quiénes fueron mis antepasados, cómo vivieron y murieron.
    Pero la memoria no es ningún espejo, es un simple cuaderno en el que leer lo que nos dejaron escrito, su narración de los hechos (o sus diferentes interpretaciones de los hechos acaecidos).
    Si yo veo una película épica que, la cuente quien la cuente, siempre termina mal, yo puedo sentirme heredera de alguno de sus héroes, sentir un fuerte deseo de haber estado allí… Pero no para hacer lo que ellos hicieron, sino para tratar de hacerlo, no ya mejor (eso es subjetivo) sino de modo diferente, para tratar de alcanzar un final más acorde con los deseos de la mayoría, amén de los míos propios.
    Tengo un gran recuerdo de mis mayores, pero estoy segura de haberlos, en parte, idealizado. También mis hijos me recordarán bajo el prisma de sus propias vivencias. Pero cada uno de nosotros construye su propia historia, enraizada -o no- en la de sus ancestros, que debe ser siempre diferente, única, pues el tiempo que vivimos es único.
    La suma de todos los conocimientos del ser humano ha ido transformando la vida, ha ido quemando etapas, que nos llevan desde los primeros cazadores/recolectores, nómadas/sedentarios, industriosos/guerreros, solitarios/gregarios… en un enorme y desconocido mundo, que hoy se ha hecho pequeño y superpoblado, en el que las diferencias ya no deben separarnos. Somos árboles del gran Bosque, con distintas características, pero destinados a enraizar en la misma tierra, alimentarnos del sustrato formado por los que nos antecedieron.
    Concido plenamente con Justo cuando opina que la Historia no es reconocimiento, sino conocimiento, ese conocimiento que nos hace, si no sabios, al menos sí libres para saber.

  11. Paco

    No me mezclen con Pedro. SSSSSSSSOOOOOOOYYYYYYYYY Paco. Leo a serna y no me gusta. No me gustas serna. El PP es tu rollo continuo y la historia es algo espiritual que rechazas por ignorancia. I g n o r a n t e

  12. Pedro

    Hombre Paco, eso es insultar. Ignorante? La historia algo espiritual? Pero si usted es una persona religiosa y está aqui? Es dificil entender de què va!

  13. Lázaro

    Don Juan Carlos dice que la sublevación fue “una toma de conciencia de identidad nacional, de la nación basada en las ideas de libertad, unidad, igualdad y solidaridad”.

    Que cinismo hay que tener para soltar semejantes frases en boca de un descendiente del felón Fernando VII.

  14. Paco Fuster

    Ayer leí la primera parte de la entrada y ya me vinieron a la cabeza algunos comentarios, pero preferí esperar a que estuviera terminado. Hoy me han vuelto a venir esas reflexiones y he añadido algunas. Voy a intentar resumir, aunque se tratan muchos temas que me interesan y sobre los que quiero decir algo, así que ya les aviso.

    El primer apartado del “post” contiene – a mi juicio – las ideas básicas con las que se debería quedar el lector:

    a) la imposibilidad de conocer la historia en su totalidad. No sé pues de esos libros que dicen en su contraportada: “la verdadera historia de…”, “los hechos tal y como sucedieron”, “la historia que nadie ha contado. Yo en general les rehuyo, aunque hay algunos que son geniales para cursos de risoterapia, eso es cierto.
    b) la constante manipulación de la historia con fines políticos e ideológicos. Normalmente se suele recurrir como dice Justo a discursos prefabricados, adoptando una visión teleológica en la que todo encaja a la perfección y en la que el desenlace final se vende como algo inevitable y natural.

    Leyendo esta primera parte del texto, no he podido evitar (no sé si es una obsesión mia con este autor, que puede; o está muy relacionado lo que dice Justo como yo pienso) acordarme de Hayden White. He ido a mis libros para referendar mis ideas y he encontrado una cita que me puede servir para confirmar lo dicho en el post, tanto en el primer apartado, como también en las alusiones a García de Cortázar. Habla White de la manipulación de la historia, de la confusión entre historia-ideología y de cómo se pueden detectar estas manipulaciones:

    “…si los historiadores reconocieran los elementos ficcionales en sus narraciones, esto no significaría la degradación de la historiografía al estatus de ideológía o propaganda. De hecho, este reconocimiento serviría como un potente antídoto frente a la tendencia manifiesta de los historiadores a ser presa de presupuestos ideológicos que no reconocen como tales, sino que honran como la percepción «correcta» de «la forma en que las cosas «realmente» son. […] Siempre somos capaces de ver los elementos ficticios en aquellos historiadores con cuyas interpretaciones de un conjunto dado de acontecimientos estamos en desacuerdo; rara vez percibimos ese elemento en nuestra propia prosa”. (H.White, “El texto histórico como artefacto literario”, pp.138-139 en “El texto histórico…”, Ed.Paidós, 2003)

    El apartado de las conmemoraciones históricas daría para mucho también. El otro día hablabamos en una asignatura de este tema. Estabamos hablando de la relación historia-memoria, la memoria histórica y todo lo que conlleva. Decía la profesora una gran verdad. A los historiadores – a unos más que a otros – nos viene bien este fervor conmemorativo. A nadie se le escapa que muchos libros son reeditados en estas ocasiones y muchos temas enterrados vuelven a la actualidad. Eso por no hablar de los Congresos, Simposios y otros que se organizan en estas fechas. Ahora bien, dicho esto, no es menos cierto que también hablamos – en la misma clase – de los peligros (vid. P.Ricoeur, T.Todorov) que entraña esta obsesión por la memoria, esa saturación que nos invade por momentos y nos hace olvidarnos del presente.

    Si quieren una muestra, les invito a visitar “Tiempo de historia” una excelente página de notícias sobre el mundo de la historia que visito a menudo y que últimamente, parece un monográfico sobre el 2 de mayo (libros, congresos, reediciones…):
    http://www.tiempodehistoria.com/

    Sobre García de Cortázar poco puedo decir porque no he leído ningún libro suyo. Me fio completamente del criterio de Justo. Desconozco este libro que cita – “Breve historia de España” – pero según leo en la web de una librería, en la contraportada del libro se lee: “De Breve Historia de España se ha dicho que es el best seller más importante de la historiografía española de los últimos años”. Ahí lo tienen: uno de esos reclamos de los que les decía que deben huir. Ya digo que no conozco en profudidad a García de Cortázar, pero lo tengo por autor de libros de divulgación con títulos rimbombantes (quien no recuerda su famoso “Historia de España: de Atapuerca al Euro”, luego convetido en “Historia de España: de Atapuerca al Estatut”) que venden mucho y se leen muy fácil. Vamos, lo que busca la gente que quiere saber algo. Nunca me ha gustado criticar estos libros y siempre he pensado que entre no tener ni idea de la historia de España y saber lo que dicen estos libros, es mejor lo segundo. Ahora bien, siempre que se sepa lo que se está leyendo, quien es el autor y cual es la intención del libro.

    Me gustaría extenderme más (hablar sobre Gellner que me parece lo mejor que he leído sobre nacionalismos o sobre E.Aguirre) pero no quiero abusar más. Yo creo que si han llegado a leer entero esto, ya es más que suficiente.

    PS: Una visión diferente y divertida del 2 de mayo en el blog de nuestro amigo E.Laporte. Serán seguro bienvenidos:
    http://blogs.periodistadigital.com/elnaufrago.php

  15. Paco Fuster

    Y otra cosa. El artículo sobre Obama que ha enlazado Justo, lo pueden leer entero en esa misma dirección. Debajo del texto que ven y pinchando en “Documento completo en pdf” (el archivo pdf que les sale se lo pueden imprimir o guardar como…):
    http://www.elboomeran.com/upload/ficheros/noticias/claves181_obama.pdf

    Aunque sea triste y doloroso, aprovecho para decir (con vuestro permiso) que tanto el artículo sobre Obama como el próximo texto que me publiquen (y espero que algo más trascendente que pueda hacer algún dia en esta vida), se lo dedico todo a la memoria de Lara: un niña de 13 años de mi pueblo (Alginet) que falleció tristemente la semana pasada en un trágico y terrible accidente de moto ocurrido aquí mismo en el pueblo. Aunque la vida sigue para todos y el pueblo va saliendo de su conmoción, quería dejar aquí constancia pública de que no nos hemos olvidado ni nos olvidaremos nunca de ella. Pues eso, para Lara y para su família.

  16. Paco Fuster

    Una corrección: en el tercer párrafo de mi primer comentario (apartado a), donde dice “no sé pues de esos libros”, debería decir, obviamente, “no se fien pues de esos libros…”.

  17. Marisa Bou

    Me encanta cuando Eduardo Laporte dice aquello de: “…hay que alejarde de la petulancia rimbombante del erudito ‘hidepu’, como decía Antonio Gala de ciertas lumbreras de mesa camilla empeñados en empañar la transparencia de los hechos…”
    No sé a cuenta de quien iba la frase de Gala, pero le viene que ni pintada a ese ¿historiador? -¿o historiero?- que se dedica a la loa de los “liberales” de 1808 (de los que Rajoy se ha auto-nombrado heredero), con tintes tan apocalípticos que más parece que los amotinados luchaban contra una turba luciferina que contra un rey francés, ilustrado como pocos, que traía algo de modernidad a este país de atrasados “patriotas”, a los que Laporte califica, muy acertadamente, de cerrados de mente, estrechos de miras, brutos infantiloides e inseguros -unos- y acaparadores de privilegios, curas oscuros (¿esto no es redundancia?), mamelucos de la razón, etc. otros…
    Ante tan castizo artículo de G. Cortázar, sólo se me ocurre una respuesta:
    -Anda y que te ondulen a la permanén
    y pa’ suavizarte que te den “cold crem”.

  18. Fuca

    Me parece interesante lo que escribió Justo Serna en este “post” y estoy de acuerdo con él en casi todo lo que dice, incluida su valoración de la “Breve historia de España” de García de Cortázar, ¡qué pesadez!, como todos los best seller.

    Una pequeña (o grande) discrepancia. Hablando de la nación como producto contemporáneo (no tengo por qué cuestionarlo, no soy historiadora), nuestro amigo Justo Serna escribe: “Esta reivindicación es un anacronismo, como lo es la cantinela de los nacionalismos periféricos, que dicen fundarse en naciones igualmente milenarias”. No me gusta la palabra cantinela referida a los llamados nacionalismos periféricos; supongo que utilizas la palabra en el sentido coloquial que recoge la RAE: “Repetición molesta e importuna de algo”, no en el otro sentido, en el de “cantar, copla, composición poética breve, hecha generalmente para que se cante”. No digo que no sea cierto que a algunos nacionalistas les gusta recordar los orígenes milenarios de estas naciones, pero no son la mayoría; hay otras muchas razones que nos hacen pensar y creer que nuestros países son naciones dentro de un Estado, sin que por ello seamos separatistas, independentistas; somos ciudadanos del mundo pero reivindicamos nuestra singularidad, nuestra lengua, nuestra historia, nuestra cultura…, nuestro carácter nacional. Estaría mucho mejor esa “cantinela” al lado de los nacionalistas españoles, esos que se rasgan las vestiduras porque aparezca la palabra nación en los Estatutos de nuestras naciones.

  19. jserna

    ¿Carácter nacional, dice? La búsqueda del origen –la afirmación del principio– como fuente de identidad, como elemento de continuidad, es una cantinela en el primer sentido: se repite constantemente el mito de origen como forma de afirmarse y como modo de darse continuidad. Se basa en la convicción de la identidad, de lo mismo, de lo repetido, de lo que se conserva a pesar de los cambios. Pero es un cantinela también en el segundo sentido: ha sido un cantar, una copla… que se canta colectivamente. Pero, más que cantinela, lo de las naciones milenarias es un tostonazo: aquí, en Toledo o en Santiago.

    Por otra parte, sra. Fuca, la ‘Breve historia de España’, de García de Cortázar, es una pesadez no porque sea un best seller, sino porque es fervorosamente españolista.

  20. siboney

    Sr. Serna, he leído la breve polémica que sostuvo usted con Pío Moa y, francamente, buen vapuleo le metió a usted Moa. Muy instructivo, créame.

  21. jserna

    Seguro…, Siboney. De hecho, loss libros de Moa deberían tomarse como ejemplos de quehacer metodológico, de procedimiento. Lo que no entiendo es por qué esos volúmenes no figuran en ningún programa de introducción a los estudios históricos, de metodología histórica. Nadie se instruye historiográficamente con sus libros. ¿Será porque la historiografía está dominada por los ‘progres’?

  22. Paco

    Pio Moa fue un rojo pero ahora es un gran historiador y periodista. Sr Siboney: serna no dice donde podemos encontrar esa polemica porque le da miedo pero yo tambien la lei y serna solo hablaba de lo de la historigrafia. No lo sacabas de ahí. Moa hablaba de Franco y de la recuperación espiritual de España y serna seguia y seguia con sus discursos y sus métodos, las fuentes y otros rollos. serna tiró la toalla!!

  23. jserna

    Paco dice. “serna no dice donde podemos encontrar esa polemica [con Pío Moa] porque le da miedo”. Paciencia.

    Cómo me va a dar miedo esa polémica si la tengo puesta en Internet. Repase usted (o Siboney) los términos historiográficos del debate. Los reproches que yo hacía hace unos años son prácticamente los mismos que ahora planteo cuando abordo la cuestión de lo que la historia no es. Es pura historiografía:

    http://www.uv.es/jserna/PioMoa

  24. Paco Fuster

    Amigo y tocayo Paco, ya sabemos todos quien es Pío Moa (Pío Mao en la versión de “Soldados de cerca…”) y que es usted un gran fan suyo. Le aseguro que me cae usted muy bien y reconozco que sus sintéticos y monotemáticos comentarios me han provocado no pocas sonrisas. Sin embargo, le animo a que abandone por un momento a Moa y a la recuperación espiritual de España. ¡Tómese un respiro hombre! Puede leerse el artículo enlazado arriba sobre ese nuevo político “useño” (me encanta ese original adjetivo, lo reconozco) llamado Obama. Habla de la recuperación espiritual de USA, compruébelo.

  25. Marisa Bou

    Quiero decir a Paco Fuster (¿es que hay algún otro Paco en este blog?) que su artículo sobre Obama me ha parecido magnífico. Las comparaciones, aunque dicen que nunca son buenas, en este caso me parecen muy atinadas. Bueno sería que los EE.UU. volvieran a la democracia, tan abandonada en la era Bush, con la imagen amable de un presidente ¡por fin! negro, que se preocupara de las minorías, tanto raciales como sociales, y dejara de hacer la imperial puñeta por todo el mundo. Tal vez así podamos volver a mirar a ese país con algo de simpatía.

  26. Alejandro Lillo

    Estoy muy de acuerdo con lo que dice Justo sobre el nacionalismo (“lo de las naciones milenarias es un tostonazo: aquí, en Toledo o en Santiago”), pero yo aún voy a ir más lejos. El nacionalismo es la peor ideología creada por el hombre, ha sido el cáncer del siglo XX y, viendo cómo van las cosas, lo será del siglo XXI. Es un invento irracional y funesto – ni tostonazo ni cantinela -, generador de odios, muerte y violencia. Es un artefacto horrible en cuyo nombre se han conetido y se siguen cometiendo los más execrables y vomitivos crímenes. Y lo peor de todo: está completamente incrustado en nuestras vidas. Por mi parte, estoy harto del 2 de mayo, del fútbol y de los toros, de que aquí en Valencia los inmigrantes tengan que firmar documentos aceptando “nuestras costumbres”. Estoy harto de los nacionalismos y de los nacionalistas, de los periféricos y de los centrales. Harto de discursos vacíos y apelaciones a la patria. Harto de interpretaciones de la historia sesgadas y de la invención de mitos fundadores… penosa herencia ésta del romanticismo. Qué tragedia.

  27. Paco Fuster

    Muchas gracias, Marisa. Nunca he creído en eso de que las comparaciones sean odiosas. Es más, algunos de los mejores ensayos – como el de Borges – o análisis políticos que he leído, se han valido de la comparación como método. Evidentemente, hay cosas/personas tan distintas – y que aparecen en contextos y circunstancias tan distintas – que no se pueden comparar. No es ese el caso de Obama. Si lee su libro (sobre el que ya hemos hablado aquí), cosa que le recomiendo vivamente, verá como es el mismo quien se compara muchas veces y quien apela constantemente a otros presidentes de la historia para intentar copiar o mejorar lo que el considera bueno en su gestión y sobre todo en sus formas. Más que una comparación, es un intento de aplicar la óptica borgiana – presente en ese célebre ensayo sobre Kafka y la literatura – al caso de la política y la historia de los presidentes “useños”. Me alegro de que le haya gustado el artículo y de que lo hayan digitalizado. Mi bolsillo lo agradece por las fotocopias que me ahorro y mucha más gente tiene acceso a él.

  28. Kant

    Ya les dije en otro “post” que cometían un error, y no menor, metiendo en el mismo saco el nacionalismo político nacido con el tándem modernidad-romanticismo y el hecho antropológico de pertenencia a un grupo étnico, nacional, que reclama unos derechos democráticos. Veo que insisten en la confusión. Esperaba un poco más de sagacidad por parte de quienes están poniendo a caldo a la sra. Aguirre para rebatir sus opiniones simplistas con otras que no le van a la zaga en llanura argumental.

    El Estado moderno es un constructo artificial, contemporáneo y anacrónico, sobrepasado por el proceso de globalización, que se resiste a desaparecer (como todo aparato burocrático) cuando las condiciones socioeconómicas ya le han dado el finiquito. Es él – y no las etnias europeas – quien ha tenido que inventarse un “hecho fundacional” (preferentemente heroico) y unos símbolos totémicos con los que agrupar la población que engloba (de grado o por fuerza); él quién ha tenido que aplicar a rajatabla el principio orwellinao de “Quien tiene el presente, tiene el pasado. Quien tiene el pasado, tiene el futuro’; y, sobre todo, él, quien ha tenido que exterminar a los grupos humanos que cuestionaban, con su misma sola existencia, ese pasado inventado, ese presente siempre esplendido (que, indefectiblemente, alguien de fuera nos quiere robar o algún traidor de dentro nos quiere destruir… ¡todos nos envidian!) y ese futuro prometido y siempre prometedor… que nunca se alcanza. No creo que pueda decirse lo mismo de las etnias minorizadas por los estados modernos.

    Sí, es cansino tener que escuchar el sonsonete de la presunta modernidad de esas estructuras arcaicas que siguen moviéndose con los valores románticos del XIX ¡o del XVIII! (que a más, no han alcanzado), que se amparan en el capitalismo para justificar su avance social (merced a la unificación del mercado que comporta su aparición) y que, tildándose de progresista, continúa sin reconocerse responsable directa de las mayores atrocidades que ha visto la humanidad: las habidas los últimos doscientos años. Da igual que su obsolescencia sea evidente, que el mercado capitalista actual exija espacios comerciales de mayor envergadura y que una nueva sensibilidad, más próxima a la biodiversidad (incluida la humana), la interculturalidad (el 2008 es el Año Europeo del Diálogo Intercultural) y a las redes complejas de interacciones sociales (aún lastradas por las fronteras de las “naciones modernas”), deje fuera a esas estructuras burocráticas, hay quien se empeña en mantenerlas o exaltarlas con esas mismas características retrógradas: inequívoca señal de su fracaso.

    Yo, por otra parte, no dejo de comprenderles y compadecerme: hablar de un español hace mil años (o quinientos… o doscientos cincuenta) es un despropósito irrisorio si no fue hasta 1812 cuando se constituyó la nación (política) española pero como resulta que sí se puede hablar de un navarro, un aragonés o un catalán en el 1008 (y aún antes), la frustración del nacionalismo españolista se advierte y patentiza. Pero, más aún, les contaré un secreto… naciones, etnias, con más de mil años hay… ¡y un buen montón!… incluso fuera de la península: chinos y etíopes, persas y japoneses, beréberes y mapuches, yakutos y hotentotes… Encima, existen desde milenios… y mantienen sus culturas vivas y dúctiles para vivir nuestro presente… ¡jo, qué rabia!… vaya forma de oponerse al progreso. Espero que los ejércitos de la modernidad arrasen cuanto antes a toda esa chusma medieval, a ver si llevamos el argumento hasta su lógica final y conseguimos un único tipo genético para cubrir todo el globo con una sola cultura y una sola lengua. Así alcanzaremos el colmo de la modernidad y el progresismo: “un solo Pueblo, un solo Estado, un solo Führer”…

    “Post Scriptum”. Cuando la broma es tragedia: “los ejércitos de la modernidad arrasen cuanto antes a toda esa chusma medieval” es el argumento utilizado por la República Popular China para justificar la ocupación y “saneamiento” del Tibet. A ver si se deciden, algunos de ustedes, en qué parte del carro de combate se ponen.

  29. Miguel Veyrat

    Encuentro muy oportuna la intervención de Kant, y en ese sentido recomendaría la atenta lectura de la historia de la formación del “pueblo griego” con aportes culturales semíticos (sobre todo fenicios, padre de la “polis”, por cierto), Tracios, etc. etc. y el modo milagrosamente “atico” de autogenerarse. Si quieren un tratado breve, la edición “El culto a los dioses griegos” de David García Meca, de un curso de Nietzsche sobre el tema.
    Doña Fuca, gracias de nuevo por su atenta lectura: me alegro de que haya llamado su atención el desgraciadamente desconocido en los estudios filológicos “nacionales” y gran comparatista Henriquez Ureña.
    No creo oportuno intervenir por ahora, ya que me fascina escucharles, incluidos los sólitos rebuznos fascistas paquirriles. Pero eso sí, si desea alguien leer un prodigio, una joya en lugar de la tal “Breve Historia de España” no conozco otra mejor que la “Historia de España” de Pierre Vilar, que traducida por Tuñón de Lara publicó en numerosas ediciones la Librairie Espagnole del 72 de la rue de Seine en Paris, desgraciadamente cerrada el pasado año.
    Al jesuita García de Cortázar, director del departameto de Historia de la U. de Deusto y asesor áulico del PP de Esperanza Aguirre, habría que hacerle sólo una pregunta ante su reciente discurso mayero: ¿Quién, cuándo, por qué y con qué resultados, envió a España a los 100.000 Hijos de San Luis? Parece que “milagrosamente” todo el mundo ha olvidado este hecho fundamental para entender en su totalidad el período histórico que nos proponen. Más de un ardido patriota de estos día se atragantaría al intentar explicarlo.

  30. Marisa Bou

    Que cada uno de nosotros pertenece a una determinada etnia, antropológicamente hablando, con un pasado cultural más o menos milenario, según los casos, es una verdad incontrovertible. Como lo es que sería muy de apreciar que todos conociéramos esa cultura a la que pertenecemos, al menos, un poco mejor que las demás.
    Ya es harina de otro costal reconocer la pertenencia a un Estado, hecho éste totalmente artificial, coyuntural, cambiante y voluntarista.
    En nuestro Estado conviven diferentes nacionalidades autóctonas, aunque no se lleven muy bien, tal como deberíann aprender a convivir con otras nacionalidades foráneas, siendo tolerantes con esas otras culturas, aunque sólo fuera por mostrar empatía, por una cuestión de buena vecindad.
    Ahora bien, conocer una cultura (la propia o las otras) no siempre significa amarlas en su totalidad. Yo amo algunas cosas de mi nacionalidad antropológica y otras las odio. Y lo mismo me sucede con las demás. Pero eso ya es una cuestión personal.

  31. Marisa Bou

    Por cierto, señores Fuster y Veyrat… y más: no hago otra cosa que tomar nota de sus recomendaciones de lectura (Obama, los dioses griegos), hoy y cada día que les leo. Intento, contra toda lógica, ponerme “al corriente”, vano intento por varias razones: ustedes me llevan mucha ventaja, el tiempo me gana también y mi economía no se acomoda a tanto dispendio.
    Pero, claro está, moriré en el intento…

  32. Kant

    Ah, don Miguel, gracias por su información bibliográfica – yo también soy forofo de don Pierre Vilar – pero, sobre todo, gracias por devolverme a uno de los temas del “post”. No quiero dejar sin subrayar un aspecto de la cuestión que nos propone don Justo. El hecho histórico en si. El miércoles 30 de abril apuntaba doña Beatriz Labrador, desde el diario “Público”, sección Historia, artículo: ‘Afrancesados: los patriotas ilustrados acusados de traición’, un asunto fundamental. Vean…

    Independientemente de esa fea costumbre que tiene el ultramontano nativo de acusar de traición a quien se limita a defender el orden institucional, legal y establecido (“verbi gratia”, el delito de “traición” aplicado a los militares, policías y funcionarios que permanecieron fieles a la República en 1936, por los golpistas sublevados y perjuros), es interesante el dato – al menos para mi, que lo ignoraba – del precio que pagó Napoleón para conseguir el trono de Castilla, (reciclado en de España): cuatro millones de reales al año y un castillo para el niño, Fernando, y treinta millones anuales, más asilo en Francia, para el padre, Carlos.

    Cuando los libros de historia españolista, los panfletos políticos de la actualidad y las soflamas monárquicas de siempre – las lance el ciudadano Borbón o cualquier cortesano de pro – nos hablan de 1808 como el “rapto” de la Casa Real por Napoleón, la abnegación borbónica para “resistir” al “opresor”, la patriótica entrega de los soberanos (¡los soberanos!) a su pueblo, bien valdría recordar estos precios y esas negociaciones. Los dos Borbón implicados no tenían el menor interés por España, ni por los españoles ni, mucho menos, por la “soberanía nacional”. En cuanto pudieron, a través de “El Deseado” (que eso de “El Felón” sólo vendría después), acabaron con el Estatuto de Bayona y con la Constitución de Cádiz, y enarbolaron el blasón del “vivan las cadenas” encabezando la masa oprobiosa del populacho más soez e ignorante, la clerecía más reaccionaria, el ejército más corrupto y lo más nutrido del Antiguo Régimen, una gentuza que había vivido a sus anchas durante todo el periodo borbónico (eso de la “modernización” del XVIII, vamos a dejarlo en paz por el momento que salvo los ímprobos esfuerzos de los ministros de Fernando VI y de Carlos III, ya me explicarán…).

    Como ya dije en su momento, en otro “post”, sigo dudando de los incidentes del 2 de mayo como hecho espontáneo. Creo que todo apunta a un complot de las fuerzas más reaccionarias de la Corte para no verse abandonadas (y, por ende, para no perder sus prebendas) al producirse un cambio dinástico. Complot que se plasmó en un motín de corte populachero (no era el primero que armaban) que, finalmente, se les fue de las manos pues de aquel caos surgió lo que ellos querían (que los Borbón se quedaran en el trono) y lo que no (la irrupción liberal en la vida pública). Se lo dejo como hipótesis de trabajo para quien estuviere interesado en hacer las averiguaciones pertinentes. Les daré una pista: si consiguen acceder al archivo de alguno de estos tres ducados: Medina Sidonia, Alba y Medinaceli, posiblemente encontrarán lo que llevan doscientos años ocultando.

  33. Kant

    ¡¡En efecto, doña Marisa!! ese es el asunto: tener conciencia de que “qui perd els origens perd identitat” (“quien pierde los orígenes, pierde identidad”) como nos cantaba Raimon, esto es, que la gente no nace de un guindo sino con una carga cultural dada por su socialización (independientemente, claro, de su otra carga implícita, la genética) pero, no por eso, obnubilarnos en un mundo en dos colores, en dos partidos, en dos “naciones”: “nosotros” y “ellos”, eso sería perder la racionalidad y con semejante pérdida, dejar de ser críticos. Y ya sabe, sin capacidad crítica engendramos monstruos, convivimos con ellos y nos acaban devorando.

    Por eso no hay que ser clemente, precisamente con la propia identidad colectiva de cada uno, al revés, es donde más exigente se debe ser. Aunque esa autocrítica, en ningún caso, debe transformarse en odio hacia uno mismo (¡auténtico pasto freudiano!) pues, negarse a uno sólo es el recurso desesperado de los enfermos más angustiados. Y nosotros, como habrá visto por otras intervenciones y otros temas, estamos por la vida, la alegría y la libertad. Lo nuestro está en la convivencia, la interculturalidad. La amargura, el capirote penitencial, el dolor insuperable, el castigo constante, la represión permanente y la verdad única y absoluta, es cosa de otros. De los de la seriedad del asno.

    Pero, por favor, doña Marisa, no se nos muera atiborrada de lecturas. Esto ha de ser un placer no una obligación. Disfrute de a poquitos, lo saboreará más, ya verá.

    Por cierto, don Miguel. Preguntaba ud por los 100.000 Hijos de San Luís (los 100.000 Hijos de… como eran conocidos en mi casa). Le contaré una anécdota. Merced a su intervención los telares de mi familia fueron arrasados, quedó en la miseria más absoluta y tuvo que emigrar, toda ella, de su Bajo Aragón natal al País Valenciano. La siguiente generación – y hasta hoy – nunca olvidó aquel origen aragonés y, sin embargo, cambió su lengua y adoptó la catalana como propia. Viejas raíces, vida nueva, culturas entrelazadas, diversidad enriquecedora… Fue, pues mi familia, laboratorio personal mío (y de mis mayores) para aprender tanto a respetar a los pueblos, como aborrecer a los estados, a descubrir la racionalidad de lo irracional y a huir de la racionalidad irracional.

  34. jserna

    Kant dice: “Ya les dije en otro “post” que cometían un error, y no menor, metiendo en el mismo saco el nacionalismo político nacido con el tándem modernidad-romanticismo y el hecho antropológico de pertenencia a un grupo étnico, nacional, que reclama unos derechos democráticos”. No sé a quién se refiere. En cualquier caso, lo siento pero la nación y sus gestas modernas y antiguas me producen un tedio grande, muy grande. Y los grupos de pertenencia, también. Lo que no significa que no me interese por las raíces históricas de los grupos humanos. Pero… se empieza invocando los grupos de pertenencia y es frecuente que se acabe exaltando la nación imaginada.

    Los grupos de pertenencia. Háblenle a Nietzsche de la fidelidad nacional. ¿Un grupo étnico, nacional… que se remonta a cuándo?

    ¿Cataluña era una comunidad nacional en el siglo XIII? La “nació catalana” de Ausiàs March no tiene nada que ver con la nación política del Ochocientos, la que crea e idealiza el nacionalismo. Es como el burgués medieval o la burguesía de Marx. ¿Y quién confunde una cosa con la otra?

    Lo siento, pero me sigue pareciendo un tostonazo constatar la existencia de grupos de pertenencia para después afirmar el grupo cantando la nación. Lo siento, me aburre. No conseguirán divertirme.

  35. Marisa Bou

    Quede tranquilo, amigo Kant. Como hace tiempo que decidí tratar de llegar (en relativamente buen estado), al menos hasta los 125, me queda media vida por delante para leer, no es necesario que me “atiborre”. Pero sí querría acercarme, someramente, al compendio de conocimentos de ustedesm porque me dan mucha envidia… sana.

  36. Paco Fuster

    Buenas noches, Marisa. Entiendo perfectamente tu postura, tanto en lo que se refiere al tiempo (yo he entrado hace una hora en casa después de meterme “entre pecho y espalda” doce horitas en Valencia, de clases y biblioteca), como en lo que se refiere al dinero (el comentario que puse el domingo a las 8:54, lo puse porque media hora después entraba a trabajar, si domingo de 9:30 a 18:30, para pagarme los libros y otros “caprichos”).

    Yo creo que Obama es más digerible que Nietzsche para empezar, aunque sean cosas muy distintas. Se lo digo porque yo tengo los dos libros, el de Obama y el de Nietzsche (“El culto griego a los dioses”, Aldebarán, 1999) que cité aquí hace unos días. El de Obama se lo ofrecía esta mañana por a una profesora de filología a la que le ha gustado el artículo, pero como creo que prefiere leerlo en inglés, si le interesan, le puedo dejar mis ejemplares.

  37. Lázaro

    Estoy de acuerdo con el Sr. Serna. Estoy también harto de los grupos de pertenencia. Me parecen una majadería.

    En este caso las contradicciones las tiene el Sr. Kant. Por una parte, demoniza el nacionalismo “español” y por otra ensalza un nacionalismo catalán inexistente en el 1008. Lo siento, pero cualquier reinvindicación nacionalista, antropologica o política, me parece no peligrosa, sino una tontería.

    Pregunta: ¿Esas raices catalanas del siglo XI, permitirían que una comarca del Principado reinvindicara su propia singularidad cultural y exigiera su independencia política de Cataluña, argumentando la existencia de un nacionalismo antropologico del siglo V a.C.?

  38. Lázaro

    Sr. Kant tiene usted suerte de que sus ancestros hayan arraigado durante doscientos años en una misma comarca y quizás eso le ayude a sentirse identificado con determinada cultura.

    Pero, ¿Qué me dice usted, de aquel que sus antepasados son de raíces andaluzas, nacido en Valencia, criado en Palma de Mallorca, asentado en la Comunidad de Aragón y finalmente en Castilla? ¿Este que debe reivindicar? ¿A que sentimiento antropólogico se agarra?

    Lo dicho paparruchadas.

  39. Marisa Bou

    Gracias, Paco, por tan generosa oferta. Desde luego que me gustaría que me los prestaras. Soy muy respetuosa con los libros, sobre todo si no son míos. Como veo que tú estás mucho más ocupado que yo, ya me dirás cómo ponernos de acuerdo. Mi mail: marisa.bou@gmail.com.

  40. Miguel Veyrat

    Recordaba que Paco Fuster recomendó El culto Griego a los Dioses hace unos días, pero lo recordé tarde, sin citar su excelente entrada y equivocando el título pues citaba de memoria, ya que lo tengo actualmente en una biblioteca de mi casa de vacaciones: es en efecto ese texto primitivo de Nietzsche, escrito como critica a la filologia alemana creadora de un “buenismo”, como se dice ahora, hacia lo ático, una excelente iniciación no solamente al prodigio de la asimilación de distintas culturas y civilizaciones por un pueblo que supo crear la identidad más potente de la historia, sino al peculiar y apasionante mundo del gran filósofo alemán, afortunadamente recuperado en los últimos tiempos. Hace bien en aceptar Marisa la generosa oferta de Paco Fuster. Por cierto, sólo es generoso con lo suyo aquél a quien le ha costado ganar lo que tiene, como demuestra el esfuerzo suplementario de trabajo y tiempo que hace Fuster para adquirir sus libros. A propósito, y para terminar el elogio “ad Fuster”: su artículo en Claves es un modelo del mejor periodismo de opinión.

  41. Miguel Veyrat

    ¡Ah! se me olvidaba, amigo Lázaro, para ver que no son paparruchas a lo que se refiere, tome ejemplo, si quiere, de la actual ministra de Defensa del Estado español, oriunda de Andalucía y diputada por Cataluña.

  42. Pedro

    Estoy de acuerdo con Serna. En lo de que aburre la nación. Creo que Kant mezcla la comunidad historica con la necesidad de hacer política y estado de esa comunidad étnica sacando el origen. Viva mi etnia! De ahi pasamos a la “historia espiritual” que Paco pide. Pero en la “historia espiritual” de las comunidades hay muchas paparruchadas. O no señor Lázaro?

  43. Paco Fuster

    Hombre Miguel, muchas gracias por todo. Como tu dices, tengo libros en mi casa que me han costado mucho de conseguir, bien por su elevado precio (a veces me quedo mirando mi estantería de libros y me asusta de ver el dinero que he invertido, sobre todo en algunas reliquias de segunda mano), bien por la odisea que me ha supuesto el conseguirlos. También me precio de tener muchos ejemplares firmados por los autores (incluidos los tuyos), muchos de ellos gracias a profesores de toda la geografía universitaria española (ahora estoy esperando uno de Barcelona para terminar un trabajo) que se han portado muy bien conmigo (también yo les envio cosas a ellos, todo hay que decirlo) y a los que siempre estaré agradecido.
    Me complace mucho que te haya gustado lo de Obama. La verdad es que me costó mucho de escribir, pero yo creo que el resultado es bastante aceptable.

  44. Alejandro Lillo

    El Estado moderno es el resultado de un largo proceso histórico que ha pasado por diferentes fases y que en la actualidad se lo reconoce con el nombre de estado-nación. No creo que el estado moderno sea exactamente igual que el estado-nación, como tampoco creo que aquél sea anacrónico. Más bien sucede al contrario. Por un lado el Estado resulta más necesario que nunca; por otro, lo verdaderamente anacrónico es el concepto de nación. Parece increíble que en este mundo globalizado y en esta Europa que pretende unirse entre otras cosas para no repetir su pasado, siga fermentando tanto nacionalismo. Lo que se intenta es construir un gran estado europeo dejando de lado (o superando) las diferencias nacionales. Es una gran paradoja sólo explicable, cómo no, por el capitalismo. Lo triste de toda esta historia es que no hayamos encontrado otra manera de cohesionarnos colectiva e identitariamente más que por lo que nos separa del Otro, en vez de por lo que nos une. Pero lo cierto es que el nacionalismo (una cosa es la etnia, otra la nación, aunque sea utilizada en su sentido antiguo de “lugar en el que uno nace”) ha demostrado poseer una fuerza arrolladora.
    Un catalán o un aragónes del año mil no se sentía catalán ni aragonés, no se definía así, sino más bien como cristiano, o como vasallo o siervo de Conde de Barcelona o de quien fuera.
    Una cosa es la cultura y la identidad de cada uno, que puede estar asociada a la lengua, a la religión o a lo que a cada uno le venga en gana. Todo eso forma parte de la riqueza de la humanidad, es un valor que hay que conservar y apreciar en su justa medida. Lo que no entiendo es qué tiene que ver todo eso con la nación y los nacionalismos que utilizan la idea de la cultura, de la etnia, de la lengua o de la religión con unos fines muy particulares, totalmente nocivos para la humanidad entera y en contra de lo que ellos pretenden defender. Y para que no haya dudas, cuando hablo de nacionalismo pongan al español en el primer lugar de la lista.

  45. siboney

    Señor Serna, si su famosa metodología le lleva a decir tantas tonterías como dice, es que la metodología no es buena. Moa le ha dejado a usted en evidencia. Bueno, también ha dejado mal a otros mejores que usted, desde R. Carr o Preston a Santos Juliá, así que tampoco debe sentirse usted demasiado mal

  46. siboney

    Por cierto, Moa explicaba muy bien lo de la nación y los nacionalismos en “Una historia chocante. Los nacionalismos catalán y vasco en la España contemporánea”. Se la recomiendo, señor Serna, le abrirá los ojos.

  47. Miguel Veyrat

    No creo que Justo Serna necesite que nadie le abra los ojos, y mucho menos que los acólitos del tardofascista Moa, en salto mortal desde la dirección los sospechosos Grapo.
    Paco Fuster: Reflexionando sobre lo que yo creí un fallo de mi memoria, pienso que no fue sino un acto fallido, que diría Freud: Verá, creo que el título apropiado para los apuntes de Nietzsche sobre su ciclo de conferencias acerca de los orígenes de los dioses griegos, hubiese sido el de mi “error invountario”. Más que ·El Culto a los Dioses Griegos”, las notas nietzscheanas tratan de la creación de dioses a su imagen y semejanza, y no a la inversa como hicieron los semitas y posteriormente los cristianos. La gran virtud del resultando pueblo y cultura griegos que hoy admiramos y muchos tomamos como modelo, fue una sabia combinación elaborada durante siglos, del aporte de estratos étnicos y culturales (teológicos también, sobre todo, claro) que resultó en la creación de un Olimpo donde el poder de lo único sagrado, la Naturaleza, se repartía entre varios titulares a quienes se podía exigir y tratar de tú y si me apura, de igual a igual, cuando intervenían en los asuntos de los “mortales”, etc. etc. No voy a dar yo ahora una conferencia. El culto apropiado llegó después y constituye, por supuesto, un modelo exclusivo inimitable e inimitado. Luego el título apropiado del valioso volumen de referencia sería “El culto griego a los dioses”. Y no es por “tener razón”. Vaya dicho sin desdoro de mejor opinión en contra.

  48. Kafeína

    Mire usted por donde, señor Veyrat, el director de El Plural (Sí, el mismo que le echó a usted de TVE para colocar en su puesto a un amigo y correligionario, a las órdenes del corrupto Calviño) le contesta a la pregunta que lanzó usted a los contertulios. Ha tenido la mismaidea. No reproduzco el artículo entero que abunda en ideas ya explicitadas estos últimos días sobre el 2 de Mayo, pero aclara la expedición de los “Cien mil hijos de p…”:
    “La incursión armada de Napoleón fue en sí misma condenable, aunque en aquellos tiempos este tipo de comportamientos eran frecuentes en Europa. Y lo continuaron siendo, por cierto, hasta bien entrado el siglo XX. Pero si la irrupción en España del Ejército bonapartista, generó una reacción que condujo a la guerra, ganada finalmente por los españoles –con el apoyo militar de Inglaterra-, cabe preguntarse por qué la siguiente invasión, la del año 1823, fue bastante aceptada y apenas nadie la rememora.

    Stendhal y José Bonaparte
    Me refiero a la expedición colonial de los llamados “Cien Mil Hijos de San Luís”. Comandaba este ejército el duque de Angulema, Luís Antonio de Borbón, príncipe y general francés. La Santa Alianza, destinada a destruir la herencia de la Revolución de 1789, ordenó esa acción militar -asimismo ominosa- con el único fin de desterrar de España el liberalismo y de devolver el poder absoluto a Fernando VII. Consiguieron con facilidad el objetivo y España -a punta de bayoneta- regresó a lo peor de su atormentada historia. Por eso, estos días, reconforta recordar con gratitud a los afrancesados y rendir homenaje a los intentos reformistas de José Bonaparte. De él escribió Stendhal: “Fue muy superior, en todos los aspectos, a los demás reyes contemporáneos suyos”.

    Enric Sopena es director de El Plural

  49. Kant

    Uds perdonen, no había leído algunas de sus intervenciones en las que se me cita. Saben que siempre les respondo, así que perdonen el retraso, ahora lo hago.

    No responderé a don Justo, se aburrió con la cuestión y no voy a incordiarlo con el asunto. Por lo demás, hay para todos.

    Don Lázaro no se aburrió, a ver si se lo puedo explicar a él. Traté de darles otra óptica para ver si podían aproximarse a un asunto antropológico sin los apriorismos a los que obliga el catón jacobino que regalan cuando uno se apunta a la izquierda española. Es evidente que no lo he conseguido.

    El tema, que tanto les molesta, veo que además, lo/s crispa. No me extraña tampoco. Cuando se niegan las evidencias científicas (si considera que la antropología no lo es, claro, eso ya es otro asunto), se actúa con doble rasero (la argumentación marroquí es la misma, la misma, atienda, que la española para impedir la independencia saharaui, tal como la española impide la vasca… pero, oh, prodigio, se nos lleva la boca hablando maravillas del pueblo saharaui e improperios del vasco, se rechaza la actitud marroquí, pero se defiende la española… es de una coherencia que tumba) y, cuando surge el conflicto se espera que se resuelva solo, es lógico que el asunto incomode, que se huya de él.

    Y hablando de contradicciones, no son estas, precisamente, las mías. Otra cosa es que mi exposición fuera deficiente o que sus entendederas no dieran para más pero contradictorio, no por favor. Yo ya les dije que si su modernidad es la de los tanques chinos, prefiero el medievalismo tibetano. Así que vamos a ver que le preocupa de mis presuntas contradicciones:

    Ni demonizo el nacionalismo español, ni hablo de nacionalismo catalán en el año 1008, ni lo que estamos tratando es una tontería pues, si lo fuera debería sumarse al grupo de los tontos ya que le veo preocupado con el asunto y ud no es idota, ¿no?. Bien, pues para su información, le diré que lo que apuntaba era que en el 1008 ya existía el gentilicio navarro, aragonés y catalán y no existía el español. Por otro lado, lo que le digo es que el nacionalismo político español apareció en 1812 con la Pepa. ¿Le queda claro ahora?

    Su incapacidad – y no sólo la suya – para entender que una cultura es un intangible que se adapta a las situaciones socioeconómicas de cada momento histórico parece que es el motivo por el cual me hace una cuestión cuando menos, pintoresca, especialmente porque el actual Estatuto Catalán contempla la situación singular de la Comarca de La Val d’Aran, que, mire ud, resulta que no es catalana sino occitana. Y como le veo muy conocedor de estos asuntos no tendré que explicarle lo que es la cultura de Oc ¿verdad?

    Pasando a sus paparruchadas – así las define ud – parece que se le olvida que los seres humanos nacen libres y con criterio para elegir. Si le dije que mi parte familiar aragonesa, en un momento dado eligió la cultura catalana y que, no por eso, negamos la primera, vea que, como mínimo, en mi casa se tuvo acceso a tres culturas, la española ¡naturalmente!, la aragonesa y la catalana. El español, el incapaz de entender que en la pluralidad está el enriquecimiento, sólo partirá de una: la suya, la que niega las demás. Sí, es cierto, qué bien lo definió: paparruchadas de la inteligencia, sobre todo eso de negar la diversidad.

    Respecto a lo que apunta don Pedro… verá, mi propósito era justo el contrario al que me atribuye. Lo que les estoy diciendo es que quien tiene que inventarse un pasado heroico y milenario es quien NO lo tiene, o sea, el estado-nación, no el que lo posee, las naciones étnicas. Éstas, ni siquiera necesitan revindicarlo y de hecho, no lo reivindican, si no se da un caso de agresión a su colectividad a través de un proceso que se llama aculturación… no sé si lo conocen, que los veo muy verdes en antropología… y que igual que lo encuentran estupendamente criticable cuando una democracia como Brasil lo ejerce sobre sus nativos amazónicos, callan la boca cuando eso ocurre en Europa. Vaya coherencia. En fin, que quien está dando la barra todo el día con la Nación – así, con mayúscula – y la bandera – y vaya trapo se han puesto en la plaza de Colón – la Patria – más mayúsculas – los Héroes y demás tramoya, caballero, son los que se inventaron el engendro en el XIX, los otros, en todo caso, se defienden.

    Don Alejandro, el estado-nación que aparece en el siglo XV es el que fragua como estado moderno en el XIX y el que queda obsoleto en el XXI a causa de la globalización. Los quinientos años que ha sido porque respondió a las condiciones económicas que requería la creación de mercados de amplio alcance – los “nacionales” –, cuando aquellas exigen una dimensión transnacional, el soporte burocrático en el que se apoyaban aquellos queda obsoleto. Se llama globalización y la resistencia a ese cambio es lo que caracteriza el anacronismo de esas maquinarias estatales.

    Lamento contradecirle con su apreciación sobre lo que sentía un aragonés o un catalán durante el medievo pero con que se lea la “Crónica de Ramón Muntaner” verá que estos y los navarros tenían una idea clarísima del grupo nacional al que pertenecían. Y como les dije más arriba: no es un hecho extraordinario, ni anecdótico, se ha dado siempre desde que tenemos noticias históricas en todo el planeta, le aseguro que un egipcio o un sumerio sabían muy bien a qué grupo étnico pertenecían. Lo que no debe hacerse es tratar de aplicárselo a los nacionalismos inventados por el romanticismo pues ahí, obviamente, no lo encontrará ¿cómo va a encontrar “españoles” luchando contra romanos?.

    Me he extendido más de la cuenta y lo lamento pues sé que es un esfuerzo baldío. He observado que la izquierda jacobina desarrolla la misma animadversión hacia las reivindicaciones nacionales que la derecha hacia el comunismo. Ese antinacionalismo es el “alter ego” del anticomunismo, presenta los mismos síntomas de cerrazón, obcecación e intransigencia y yo, cuando no se quiere pensar, en serio, no me esfuerzo.

    Sólo espero que llegue el día en que (1) entiendan que defender la integridad cultural de una nación minorizada por el aparato burocrático de los estados capitalistas es una cosa y las fantochadas de esos estados, disfrazados de naciones otra bien distinta… (2) que la condición de nuestra especie comporta la identificación grupal de sus individuos, algo que la genética y la antropología les demuestras y (3) que se dejen de catones apolillados de un liberalismo decimonónico y piensen por si mismos… “Sapere aude!”

  50. Eduardo Laporte

    Amigos Justo, Paco y Marisa Bou, gracias por las simpáticas y agradables alusiones a mi no-artículo sobre el Dos de Mayo. Gracias también Justo por incluirmo en el blog-roll y dejarme un hueco en aquesta apartada orilla. Traduzco mi gratitud con lecturas -con lo caras que salen ultimamente-, eso sí, en el improbable modo de impresión mediante. Me imprimí este post (Dos de mayo, 2 de mayo), y el ensayo de Paco Fuster sobre Obama. Os felicito a los dos, habéis sublimado mis viajes en metro. Y como diría cierto presidente de cierto medio imparcial en el que trabajo: canela fina. abrazos

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