Observar, contar

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0. Observar (27 de abril, 17:43)

Nuestra mirada puede cambiar el hecho mirado; el observador puede alterar la cosa observada; el enfoque puede modificar el objeto enfocado…

Todas estas afirmaciones, que parecen audaces, sólo son evidencias de sentido común: del sentido común que hoy domina, que hoy nos domina. Antes, todo parecía ser objetivo, impenetrable, universal. Dios o un narrador omnisciente contaban las cosas y no había problema en contarlas. Una mirada dominadora y un conocimiento general permitían relatar el antes y el después, lo externo y lo interno. Las cosas eran obvias y tenían una calificación incontrovertible. O eso se creía. Los datos eran los que eran y la descripción del objeto debía compartirse.

Hoy, sin embargo, discrepamos sobre el hecho, sobre el objeto, sobre la cosa; disentimos del enfoque y de la presentación, de la perspectiva, de lo que es relevante, justamente porque hacemos depender el hecho, el objeto y la cosa del juicio, de la posición. Hoy, todo parece reducirse a la versión, a la narración, a la opinión. Contamos y ese acto de habla crea propiamente lo observado. ¿Algo reprochable? Habiendo vivido épocas de lenguaje apodíctico y de moral restrictiva –épocas en las que la realidad era un dato inapelable–, que ahora todo se cuestione es… un alivio: un alivio mientras eso no nos paralice. Podría derrotarnos la pereza reflexiva, la duda analítica, sabedores de que sólo reunimos testimonios dudosos, documentos rebatibles, enfoque parciales.

Unas noticias abundantes, unos datos excesivos, nos detienen. Hay que atreverse a pensar con datos siempre exiguos. Los mass media y el dominio de Internet nos han impuesto la lógica del exceso informativo, con reparos crecientes sobre lo que podemos o no podemos saber. Es tal el efecto de los medios de comunicación que empezamos a interrogarnos sobre la posibilidad de llegar a consensos descriptivos, a significados compartidos. Hay miles de páginas sobre un mismo hecho y esas webs se nos ofrecen sin criterio.

En la enseñanza, por ejemplo, hay estudiantes que litigan con sus profesores porque creen que el examen es un repertorio de opiniones, porque creen que la rendición de cuentas es un juicio personal y no la descripción de ciertos hechos con sentido razonado. Ahora bien, aún quedan docentes que se obstinan en lo contrario. Oiga, joven: no hay más que esta presentación de los hechos; no hay más que este significado; cualquier discrepancia es, pues, un error.

Entre la demagogia vulgar que sostiene la equivalencia de todas las opiniones y la tiranía intelectual que elimina toda discrepancia significativa, hay desde luego un trecho transitable. Podemos compartir la voluntad objetiva  de encontrar certezas, de rastrear lo que todos esperamos o creemos ver; podemos hacer el esfuerzo de salir de la mera evidencia para fundamentar, para contrastar y para documentar nuestra opinión. Es más difícil describir que opinar, decía Josep Pla. Infinitamente más, añadía. Quizá por ello todo el mundo opina, concluía el ampurdanés. Creo que el escritor catalán nos planteaba una dicotomía confusa.

No está claro que sea más sencillo opinar que describir: creo que es más difícil opinar con datos que no se tergiversan que describir con evidencias que no se cuestionan. Sobre todo porque el juicio documentado nos obliga a salir de nosotros mismos, nos fuerza a buscar lo que no sabíamos, de modo que el dato nuevo altera la percepción. En cambio, podemos describir echando un mero vistazo a lo que veíamos de antemano, a lo que ya atisbábamos sin mayor esfuerzo. De hecho, Josep Pla, que fue un gran observador, tuvo que molestarse en viajar, en documentarse, en leer cosas dispares, en analizar libros distantes… para poder describir y, sobre todo, para poder pasarnos de matute opiniones muy, pero que muy, personales.

Leer cosas dispares, decía. Analizar libros distantes, añadía. Cosas y libros que, en principio, nada tienen que ver entre sí. No hay mayor placer intelectual que el de la pesquisa documentada, el del acierto insólito, el de la chiripa, incluso el de la serendipia: ese placer que se da cuando, por ejemplo, oímos ecos insospechados; o cuando hallamos informaciones variadas que nada tienen que ver entre sí y de las que esperamos algo. Hay que tener cuidado con los hallazgos: podemos mezclar cosas ciertamente insolubles. Pero hay que tener un punto de arrojo, de audacia intelectual. Y hay que tener un punto de vista: la convicción de que podemos dar los datos básicos, de que podemos describir, de que podemos razonar, de que podemos contar. No es preciso que todo eso fertilice inmediatamente. Podemos esperar años antes de que la suma, la adición de lo diverso, fermente.

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1. Contar (28 de abril) 

Leo Sobre la dificultad de contar, el discurso de ingreso en la Real Academia de Javier Marías.  Tiempo atrás ya nos hicimos eco… Me gusta leer discursos de ingreso, los propiamente literarios y los analíticos. Me parece un género apreciable, sintético, una representación: una forma de compendiar una obra siempre más extensa y previa; un modo de hacerse valer sometiéndose a un rito de paso. La candidatura de quien ingresa ha de ser presentada y avalada por académicos. Es un requisito antiguo, propio de otros tiempos quizá más exigentes, corporativos y suspicaces. Una vez aceptado, el nuevo miembro ha de escribir un discurso. Lo leerá preceptivamente en una ceremonia a la que asistirán las autoriades, sus iguales y el público invitado. Imagino Madrid un 27 de abril, a media tarde, con un sol ya declinante que ilumina increíblemente el Retiro y sus alrededores. Imagino la calle de la Academia, con la calzada impoluta y con las aceras aseadas…  

Entre los discursos literarios de ingreso en la institución, recuerdo textos memorables, como el de Max Aub o el de Antonio Muñoz Molinareleídos ahora en un único volumen sobre el que escribí. El de Aub es una invención, un discurso dolorosamente apócrifo; el de Antonio Muñoz Molina es un homenaje elegante y evocador, dedicado a la España vencida, a la España virtual, al pasado y a la tradición que un joven escritor tuvo que recrear sin rendirse al casticismo. Entre los discursos propiamente analíticos, recuerdo el de Carlos Castilla del Pino. El psiquiatra y memorialista tuvo conmigo un generoso detalle: me obsequió con un bello ejemplar de su discurso, expresamente dedicado, una reflexión profunda y liviana a la vez, justamente titulada Reflexión, reflexionar, reflexivo

Leo ahora las palabras de Marías, palabras que reverencian un género y que, al mismo tiempo, tienen su punto de guasa. Están dedicadas a la novela y a los novelistas, a la ficción. Dice  cosas que modestamente suscribo, que le recuerdo, que le apruebo como viejo lector suyo; y dice otras con las que he de mostrar mi desacuerdo. Aborda, exactamente aborda, algunas de las paradojas de la observación y algunos de los aprietos del observador que yo les anticipaba breve y modestamente en el primer apartado de este post (0. Observar). Entre otras cosas, Marías distingue:

-lo real (siempre simultáneo) y el relato (siempre sucesivo);

-los hechos (siempre contundentes) y las palabras (siempre metafóricas e igualmente contundentes, como subrayara Fernando Lázaro Carreter);

-el narrador (quien ordena de acuerdo con un punto de vista informado) y los testigos (quienes testimonian de acuerdo con un enfoque particular);

-lo relevante (“vaya al grano”, no se desvíe) y las digresiones (propiamente la literatura, es decir, remontarse, alejarse, extenderse);

-los personajes reales (siempre dependientes de un documento y de un historiador que les dé vida) y los personajes ficticios (criaturas del aire, recuerda Marías con Fernando Savater, capaces de ir más allá de lo que su creador concibió para ellos).

Frente a los historiadores o los cronistas, frente a los reporteros o los biógrafos, los novelistas desempeñan una tarea que tiene algo de pueril, añade Marías. Además es una ilusión: se pretende decir con palabras lo no sucedido. Los novelistas son, en el fondo, “los únicos que podemos contar sin atenernos a nada y sin objeciones ni cortapisas, o sin que nadie nunca nos enmiende la plana ni nos llame la atención y nos diga: «No, esto no fue así»“.

Pues no. No es exactamente así. Me gustaría matizar, aunque sé que si lo hablara con él seguro que convendríamos en lo esencial. Los novelistas no se atienen sólo a una verdad interna, como dice Marías, pues sus obras no son únicamente textos. Son artefactos materiales: son libros cuyo significado final no depende exclusivamente del escritor, sino de un contexto, esa circuntancia mudable que inviste de sentido. Una crónica puede finalmente leerse como ficción: igual que una novela puede cobrar toda la fuerza o todo el mimetismo de un relato verídico. Dice Javier Marías que las narraciones referenciales fracasan irreparablemente, dado que la palabra traiciona, guste o no guste. Es posible que las cosas sean así, pero creo que podemos aceptar que algunas crónicas o algunas historias o algunas biografías son mejores que otras. Mejores porque relatan con mayor esmero y seducción, y mejores porque se atienen con mayor fidelidad al referente. O al menos a lo que su público conviene como referente. El problema es que, andando el tiempo, también cambia: cambia el dato externo, cambia la percepción y cambia su recreación interna. O sea su verosimilitud. Igual que hay novelas que en su momento fueron muy aceptadas y, andando el tiempo, se nos vuelven indigeribles: por inverosímiles.

Contrariamente a lo que espera Javier Marías, tampoco se sigue que los personajes irreales o reales que hay en las ficciones sean necesariamente superiores o ajenos a las criaturas del mundo referencial hasta el punto de suplantarlas. En ocasiones sucede. En otras no. Los caracteres de las novelas, su identidad y reconocimiento, dependen también de su uso, de su interpretación, cosa que varía con el paso de los años, con los contextos variados, con el registro que cada época le da a ciertos comportamientos. Hay personajes, como bien dice Marías, que cobran una dimensión imperecedera gracias a que un escritor se fijó en este o en aquel tipo histórico. Igual que hay criaturas ficticias que se agigantan hasta emanciparse de su creador. Pero eso depende de elementos muy variados y azarosos: no de la mágica intervención de un novelista.

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2. El efecto de realidad  (28 de abril)

Javier Marías cita expresamente a Arturo Pérez-Reverte, autor –dice– de “una vibrante novela sobre los acontecimientos del 2 de mayo de 1808 en Madrid, Un día de cólera. Estoy convencido de que gracias a sus retratos (…), sumados a los de Pérez Galdós en su ‘episodio nacional’  El 19 de marzo y el 2 de mayo, tendremos una imagen mucho más nítida y recordable de los militares Daoiz y Velarde y de cuantos paisanos intervinieron en aquel levantamiento”.

Me permito discrepar. La afirmación de Marías es amistosa, agradecida para con un colega. Pero es aventurada y, desde luego, ignora la suerte de los contextos. Entre otras cosas, no tiene en cuenta la circunstancia actual de patriotismo artificioso que él mismo combate: Marías no parece considerar el significado que el esperancismo le da a dicha conmemoración y de la que esta obra no escapa, voluntaria o involuntariamente: en este caso, Pérez-Reverte se deja querer por el político de turno… ¿quizá uno de esos felones que siempre acaba abandonando al pueblo? El esperancismo lo encarna, claro, la Presidenta Aguirre, pero lo difunde principalmente su historiador de guardia: Fernando García de Cortázar, del que ya hablé en otra ocasión. Hay coincidencias entre los objetivos de Esperanza Aguirre y la crónica que Pérez-Reverte ha publicado, pero no hay una identidad completa: mientras los esperancistas pintan de patriotismo hinchado la jornada del Dos de Mayo, el novelista la convierte en una revuelta extremada y popular de la que hacer crónica, en una intifada de navaja y macetazo. Así la califica en uno de sus artículos explicativos. ¿Algo nuevo, inaudito?

Un día de cólera destaca ahora por una clave intratextual archirrepetida (la del pueblo leal y la de los gobernantes felones), una clave que está en distintas novelas de Pérez-Reverte. Por otro lado, Javier Marías tampoco se plantea qué podrá ser de esta crónica cuando el Bicentenario de 2008 se enfríe, es decir, cuando Daoiz y Velarde o el bajo pueblo de Madrid vuelvan a ser olvidados sin épica alguna, como meros figurantes del autor o de un remotísimo Pérez Galdós. 

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3. La dificultad de contar  (28 de abril)

Perdonen que me repita. Decía más arriba que “no hay mayor placer intelectual que el de la pesquisa documentada, el del acierto insólito, el de la chiripa, incluso el de la serendipia: ese placer que se da cuando, por ejemplo, oímos ecos insospechados; o cuando hallamos informaciones variadas que nada tienen que ver entre sí y de las que esperamos algo. Hay que tener cuidado con los hallazgos: podemos mezclar cosas ciertamente insolubles. Pero hay que tener un punto de arrojo, de audacia intelectual. Y hay que tener un punto de vista: la convicción de que podemos dar los datos básicos, de que podemos describir, de que podemos razonar, de que podemos contar. No es preciso que todo eso fertilice inmediatamente. Podemos esperar años antes de que la suma, la adición de lo diverso, fermente”. Eso, exactamente eso, es lo que ocurre con el modo de novelar de Javier Marías, que difiere muchísimo de la crónica naturalista a la que aspira Pérez-Reverte en Un día de cólera. Eso es lo que yo vi en Tu rostro mañana: en las dos partes iniciales y en la final.

Pues eso: punto final.

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4. Colofón (29 de abril)

Hay hechos efectivamente ocurridos que, convertidos en materia de una novela, son inverosímiles. Hay personas  reales que, concebidas como personajes de una ficción, son increíbles. La actualidad, ese fenómeno que marea con novedades incesantes, nos aporta casos que podrían narrarse, con caracteres fuertes y sucesos vertiginosos: monstruos que no lo parecen, con vida privada y sentimientos comunes; caraduras que se enriquecen manipulando los sentidos de su público; diputados que trastean para su propio y exclusivo provecho; ex mandamases avispados que prosperan en la empresa privada. Si leyéramos novelas protagonizadas por gentes así nos parecería volver al siglo XIX: serían parte de La comedia humana actual. Son materia de la prensa, objeto de atención de los medios, pero no son, no pueden ser personajes de ficción. De serlo, el novelista de hoy debería hacer el inventario de vicios y virtudes. Debería “componer tipos mediante la fusión de rasgos de varios caracteres homogéneos”, según Balzac. ¿Estamos dispuestos a regresar al naturalismo? Leo la prensa, leo las últimas noticias y, aunque no quiero pensarlo, me parece estar en el Ochocientos, en uno de los novelones de aquel tiempo: husmeando, curioseando las vidas ajenas, “los hábitos, la indumentaria, el lenguaje, las viviendas de un príncipe, un banquero, un artista, un burgués…”, según añadía Balzac. No me pidan mayores reflexiones sobre la novela: vuelvo a hojear la prensa y las novedades me aturden. Todo me resulta irreal e increíble, difícil de contar…

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59 comments

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  1. Pedro

    Serna la verdad es que cuando se pone profundo no entiendo nada. Todo esto para qué lo dice?

  2. Kafeína

    Este Pedro nos está saliendo un Paco. ¿No será que se nos ha vuelto esquizofrénico? ¿También le da mal cuerpo el bueno de Justo?

  3. Marisa Bou

    Por favor, Pedro, un poquito de paciencia. Justo siempre se explica, y muy bien. Usted es que quiere que se lo den todo hecho, desde buen principio. Vuelva a leer el post y verá que, por lo pronto, le aconseja leer, documentarse, investigar, para poder después opinar, describir, contar… ¿le parece poco?

  4. Pavlova

    Yo había visto aquí un enlace al discurso de ingreso en la Academia de Javier Marías y ha desaparecido, pero me ha dado tiempo a leerlo.

    Gracias, Justo.

  5. jserna

    Pavlova, el enlace al discurso de Marías está en la parte del post que aún no ha acabado: por eso he hecho desaparecer este enlace. He querido reflexionar sobre sus palabras. ‘Post in progress’

  6. Alejandro Lillo

    Sobre el observador y lo observado una pregunta. Dejando de lado el historicismo, ese contar la historia como realmente fue, ¿no es con la llegada de la posmodernidad y su filosofía cuando el hecho, el hecho histórico, pierde la fuerza que hasta entonces tenía y se convierte en algo relativo y variable en función del observador? Está bien dudar de todo y cuestionarse lo dado pero, ¿y si no tenemos dónde agarrarnos?
    Por cierto ¿Habría forma de conseguir el discurso de Muñoz Molina?

  7. jserna

    Alejandro, no sé si ambos discursos están en la Red, como si están el de Carlos Castilla del Pino o el de Javier Marías. De todos modos, yo mismo le prestaré el libro que reúne los textos de Max Aub y Muñoz Molina.

  8. Kant

    Me disculparán uds que no entre en materia pero pasé el fin de semana en una expedición arqueológica por los agrestes roquedales del País Valenciano y no pude contestar a quienes de alguna forma me dirigieron sus amables palabras. Es por eso que me permito hacer esta intervención para indicarles a doña María, doña Marisa, don Alejandro y don Pedro que, en orden inverso a como aquí los cito, les hice una reseña. Si a alguno le interesara, dejé mis apreciaciones en el anterior “post” para no cortar el tema tratado en este, pueden consultarlas en él. Gracias.

  9. Alejandro Lillo

    Muchas gracias don Justo. Lo cierto es que lo he buscado en la web y no lo he encontrado, aunque soy muy torpe en esos asuntos. Antonio Muñoz Molina es un escritor que ya de por sí me interesa, pero se encima usted tilda su discurso de memorable… imagínese.

  10. Alejandro Lillo

    Por cierto don Justo, la foto de las gafas, preciosa.

    Señor Kant, en el mismo lugar donde usted lo dejó, encontrará una apostilla a su apostilla.

  11. Kant

    Perdónenme de nuevo todos, pero hago esteos asaltos por no distraerles la atención del presente “post”.

    Apostillé, la apostilla de su apostilla, don Alejandro. Y me descubrí ante ud, don Justo, de nuevo en el anterior “post”.

  12. Alejandro Lillo

    … el desapostillador que lo desapostille… ya sabe a donde acudir, señor Kant, ya sabe.

  13. Fuca

    Parece que los que amamos la literatura estamos de suerte; pasamos de hablar de la poesía de nuestro gran poeta, Miguel Veyrat, a analizar ahora el discurso de un magnífico narrador, Javier Marías. Estuve este fin de semana de viaje y aún no tuve tiempo de leer entero el discurso de JM, sólo los resúmenes que aparecen en los periódicos de hoy; espero leerlo para comentarlo.

    Me gusta cuando critica a las autoridades académicas por no darle la importancia que merece a la asignatura de Historia: “no parece importarle a casi nadie, empezando por las desastrosas autoridades educativas de nuestros países occidentales”, dice JM. Mañana, los institutos de Enseñanzas Medias de Galiza estamos en huelga y una de nuestras reivindicaciones es que no eliminen una hora de Historia en 2º de Bachillerato para dársela a religión; pedimos que desaparezca la religión o religiones del currículum escolar, a ver si tenemos suerte y lo conseguimos.

  14. Marisa Bou

    Le deseo mucha suerte a mi amiga Fuca en esas sus reivindicaciones. Falta le va a hacer. Lo que parece increíble es que en el siglo XXI hayamos de estar reclamando más Historia y menos (o mejor, ninguna) religión. ¡Esto clama al cielo!
    Todavía no he leído el discurso de Marías, pero claro que lo leeré.
    Quiero comentar a don Justo que he lído esta semana el libro de Talens y el de Mendoza. Ha sido una gozada. De La Cinta de Moebius me ha gustado, sobre todo, el final (la re-creación) y de Pomponio Flato, qué le puedo decir… flato el que a mi me ha dado de tanto reírme. Pero tenía razón (creo que fué doña Fuca quien lo dijo -o fué Pavlova) éste es un Mendoza muy distinto del que conocíamos. Con la edad, ha ganado mucho en sentido del humor y yo creo que eso es bueno.

  15. jserna

    Había decidido acabar el post sin escribir más. Me corrijo: corrijo y amplío algo mis argumentos de estos apartados: 1. Contar, etc. Por eso he quitado la hora del epígrafe, que no el día: corresponde al día de hoy. Además, incluiré un epílogo… En fin, no sé si me explico.

  16. Miguel Veyrat

    “Los caracteres de las novelas, su identidad y reconocimiento, dependen también de su uso, de su interpretación, cosa que varía con el paso de los años, con los contextos variados, con el registro que cada época le da a ciertos comportamientos”, dice Justo más arriba.
    La excelente novela de la vida de Jesús de Nazareth, escogida en cuatro versiones entre unos pocos centenares por unos santos padres, en determinado momento histórico de la brutal conquista de la romanidad por los bárbaros y dadas como “reales” desde entonces por toda la cristiandad, fue reescrita por José Saramago en “El Evangelio según Jesucristo”. En esa nueva versión, basado en los datos supuestamente “históricos” y “ciertos” narrados por los evangelios “verdaderos”, se narra el episodio de los Santos Inocentes preguntándose el neocronista por qué José el carpintero, en lugar de alertar a grandes gritos a todos los padres de la localidad de Belén de que Herodes planeaba matar a todos los niños nacidos allí, según el “chivatazo” de un ángel, tomó su burra del ronzal, montó en ella a su esposa y al recién nacido y salió huyendo hacia Egipto. Saramago nos deja la triste impresión de estar ante el primer “esquirol” y traidor insolidario del que la historia novelada tenga noticia.
    También Homero nos regala interpretaciones de una supuesta vida de la Grecia anterior al Siglo VIII transmitiéndonos una ideología agradable a la paideia que precisaba el poder de su época y que agradaba a sus oyentes, exaltando las virtudes de una aristocracia guerrera.
    En fin, ¿disgresiones inútiles? No lo creo, y pienso que acaso lo único útil del fatuo discurso del hijo de Julián Marías, acusado con razón, a mi juicio, de haber comenzado en tono humilde y terminado en una explosión de soberbia por el Académico Manuel Rico, haya sido dar lugar a los temas por los que tan sabiamente discurre nuestro anfitrión.
    Por último una pregunta inocente: Dante, al igual que Plotino, quien creía que el ojo no podría ver el sol si no fuera el propio sol —y viceversa—, anotaba en su Canzoniere que no puede pintar una figura quien lo desee sino quien previamente se convierte en ella. ¿Es la novela, en ese sentido, “creación”? Y si lo es, tendremos quizá una base más para discutir buscando la exquisita confusión reinante en las fronteras de lo real.

  17. Marisa Bou

    Hace un rato termné la lectura del discurso de JM. Y no me había atrevido a comentarlo porque pensé que tal vez estaba equivocada. Y es que se da el caso de que a mí también me pareció que empezaba con modestia (incluso pensé, desvergonzadamente: luego dicen mis amigos que yo soy modesta) pero que va tomando un vuelo cada vez más alto, hasta hacerte dudar de qué cosa es más real, si la “sucedida” o la “inventada”.
    Claro que a quienes somos, no sé si afortunadamente o no, “noveleros”, es decir, que amamos la invención, seguramente porque lo real nos parece muy prosaico, el discurso se nos ha subido un poco a la cabeza: mareados, pero con alegría.

  18. Miguel Veyrat

    ¡Qué hermoso concepto, serendipia, Justo! que probablemente Jung habría llamado de “mutua causalidad”, o “sintonía”. Vale la pena que lean ustedes el viejo cuento persa de los tres príncipes de Serendip, del que Walpole tomó ejemplo para crear el neologismo inglés de “Serendipity”, un acontecimiento casual o mágico, pero menos si tenemos en cuenta, como le gustaría decir a Kant, el principio de incertidumbre de Heisenberg…

  19. Fuca

    Todos sabéis lo mucho que me gusta la literatura de Javier Marías y, sin embargo, acabo de leer su discurso y me ha dejado medio mareada de tanto dar vueltas a la misma idea. Prefiero leer a mi amigo Portnoy (os recomiendo su blog: “El lamento de Portnoy”) escribiendo sobre narradores infidentes o releer el “Tristram Shandy” de Sterne, obra traducida por JM y que cita en su discurso académico.

    No me gustan los discursos, no me gustan los hombres vestidos con frac y pajarita, no acudo a eventos sociales, así que no soy objetiva en este tema. El único discurso que me gustó fue el que leyó un amigo real cuando, hace unos años, entró en la RAG, un texto reivindicativo sobre el exilio y los exiliados.

    Sobre la respuesta de Francisco Rico, intuyo que está animando a JM a escribir una serie novelesca sobre los académicos, me parece que tiene ganas de que le dé un papel más importante que el que le dio en alguna de sus novelas.

  20. Kant

    Uf, sí que se han dado uds prisa e desarrollar y proponer sus ideas, lo celebro pero me van a matar… ¡no llego!… Dada mi coincidencia general con el planteamiento de don Justo – nada muy original por mi parte, desde luego – me gustaría eso sí hacer alguna apreciación sobre lo que comenta alguno de uds.

    Me permitirán que recomiende a don Alejandro un título que en otras ocasiones les he citado aunque antes de que él interviniese en nuestro “blog”, me refiero a “Imposturas Intelectuales” de Sokal y Bricmont (en Paidós) La importancia del texto está en que ambos físicos participan activamente en la creación de la pantomima de la postmodernidad… hasta que desvelan su auténtico propósito, el de destapar la impostura de quienes toman elementos de la ciencia exacta como base para unas especulaciones filosóficas que son perfectamente vacuas dado el desconocimiento atronador de la ciencia más elemental – la del bachiller – de los intelectuales implicados. Especial “éxito” tuvo entre los postmodernos, como señala el sr. Veyrat, el Principio de Incertidumbre. Se maneja con la misma facilidad y peligro que un mono una navaja (y no la de Occam, precisamente) y, desde luego, la distancia que hay entre relativizar la historia y la observación relativa de un fenómeno físico, especialmente si es subatómico, es tan abrumador como la diferencia entre una pulga y un elefante. Nada tienen que ver, salvo la cháchara de los sinvergüenzas.

    En este sentido, las palabras de don Justo son muy esclarecedoras y aplicables, no solo a la historia sino, también, a la antropología (otro de los caballos de batalla de la postmodernidad). En la justa medida entre el descrédito de la realidad y la Verdad Absoluta (que ya saben que aborrezco con igual encono) existe el camino del conocimiento. Líbrenos los Dioses Inmortales de ambos extremos.

    Precisamente, hablando de relativismo y antropología, me atrevería a sugerirle a doña Francisca (Fuca para uds) que propusiera en el foro adecuado un nuevo planteamiento ante el callejón sin salida en el que nos adentramos con la propuesta “religión sí, religión no”. Lo primero sería aclarar conceptos, no nos dejemos arrastrar por el “total da igual” porque “total, no da igual”. La asignatura en debate no es ‘religión’, es ‘doctrina católica’. Desde ese punto, segunda cuestión, es inmoral (e ilegal) favorecer a unos españoles (los católicos romanos) frente al resto de españoles (que no lo son), por lo tanto, si se quiere estudiar religión, estúdiese, no es cuestión menor, pero, tercer punto, deberá estudiarse como parte de la antropología una rama de las humanidades que nuestro modelo educativo desprecia sistemáticamente. Una asignatura impartida por antropólogos en la que la religión ocupa un lugar muy claro y definido, apto para todos los españoles y, desde luego, desprendido de toda doctrina.

    Sra. Bou: coincido plenamente con ud en su apreciación del sr. Mendoza.

    A ver, don Miguel, que casi me da un soponcio leyéndole. Sabe, quien me conoce, que en cuanto encuentro en una librería un libro con la “biografía” del carpintero galileo aquel, me abalanzo sobre el texto para mirar sus fuentes: ¡¡NI UN SOLO LIBRO TRAE DOCUMENTO COETANEO ALGUNO!! Y no es de extrañar, Emmanuel – ese que se empeñan en llamar Jesús de Nazaret – no consta en documento alguno de su propio tiempo. ¿Cómo escribir la biografía de nadie sin fuentes primarias? ¿En qué se diferencia su biografía de la de Hércules, por Hércules?… No me vuelvan a poner semejante ejemplo que ni al sr. Saramago salvo. A ver si vamos tomando nota: no hay prueba documental, ni arqueológica alguna de la existencia de ese personaje que imaginó el telepredicador – “avant la lettre” – Saulo de Tarso. (Y quien me cite a Flavio Josefa, lo fustigaré con un calcetín sudado, como recomendaba Maxwell Smart)

    Por cierto, sr. Veyrat, yo creo que el sr. Jung hablaría de ‘sincronicidad’ un concepto que, mire ud. por donde, procedente de la especulación jungiana, sí ha sido corroborado por las ciencias exactas (no como otros…) que le han mantenido el nombre y el reconocimiento al psiquiatra alemán. Como sé que le gusta el tema, le recomiendo “Sincronicidad” de F. David Peat, en Kairós, un texto divulgativo de mecánica cuántica que permite el acceso a este novedoso concepto que, por cierto, también cantaron en su día “Police”…

    Respecto a la serendepia, el marketing y la innovación, tantas veces y tan injustamente, denostado el primero y tan desconocida la segunda, hacen uso de ella para desarrollar ideas creativas, ahora que otras fuentes parecen secas. Debería ser algo a tener en cuenta porque cuando hablo de ella en exposiciones públicas suelo ver rostros de pez y silencios en vez de caras de sorpresa y hambre por saber.

  21. Pavlova

    Nos escribe Justo: “Nuestra mirada puede cambiar el hecho mirado; el observador puede alterar la cosa observada; el enfoque puede modificar el objeto enfocado…”

    Sí, claro que sí. Siempre he sentido una infinita pena y una especie de simpatía por Judas, sí, por ese Judas de ficción. Esa pobre criatura, condenada de ante mano por (ahí es nada) Dios, o su hijo, que parece ser que para el caso es lo mismo, en su infinita cruldad a traicionarle, a ser para siempre el ejemplo del traidor y eso lo relata como nadie un autor que no está nada de moda, todo lo contrario: Gabriel Miró en sus “Figuras de la pasión del Señor”, (¿será porque es ficción?) en ese libro maravilloso, esas figuras son de una belleza y de un lirismo excepcionales y la de Judas está tratada con una comprensión, con un amor que, sólo por ella, merece la pena leerlo, aunque a Miró no lo lee nadie ahora.

    El beso de Judas, pura ficción, sí. Me parece que merece la pena que les copie unos parrafitos de Judas, que a mí me gusta compartir mis entusiasmos.

    “Entonces, una moza blanca, de ojos de dulce pereza, de dientes de nardo, de pechos de palomas asustadas, alzóse gloriosamente, y todo lo que la rodeaba parecía penetrado de su hermosura. El Hombre de los cabellos rojos (Judas) se estremeció mirándola, y tuvo que encorvarse para ocultar las brasas de sus pupilas”

    Tras decirle Jesús que él le traicionará, se lamenta Judas que “caminaba siempre solo y zaguero”.

    “A mí nunca me llama el Rabbí a su lado. ¿Me desprecia por mi oficio? ¡Pues él me lo confió; y yo me cuido de su desnudez, de sus hambres y de su acomodo; y por mi pueden darse al goce de sus pensamientos y quimeras! ¿Por ventura no ha dicho El mismo que el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, y a un mercader que busca buenas perlas? Pues esas comparanzas arrancadas parecen de mi codicia. ¡Qué tengo yo en mi sangre para que me aborrezcan! Las mujeres alaban y miran a Juan, y en él nada es amable, porque su gentileza tiene un afeminamiento pagano, y sus ademanes y palabras son pobres remedos del Rabbí. Las mujeres atienden a Simón Kefa, y es rudo como los peñascos, como el nombre que el Maestro le puso. Con todos hablan y de mi huyen. María de Magdala me mira como si yo fuese uno de los demonios que salieron de su cuerpo. Las hermanas de Lázaro me dan lo más ruin de su mesa…”

    Tras recibir los treinta siclós, regresa aterrado y de noche:

    “Empujó la puerta cautelosamente. Y el frio del miedo penetró en sus entrañas. Una sombra rígida vino hacia él. Y estremecióse Judas bajo la mirada de unos ojos profundos y amargos; y dijo en su alma:¡Nunca duerme la Madre del Rabbí!”

    Y se ahorcó, se ahorcó por un beso que llenó de gloria a su Señor, de gloria y de dolor, pero de gloria para todos los siglos y a él de la peor de las miserias.

    Un beso peor que el del que besa pensando en otros labios, el peor de los besos de toda la historia descrito con toda la fantasía y toda la ternura; con “la otra mirada” de miró. Pobrecito Judas.

    Sí, Fuca, apoyo tu lucha. Lo malo es que, mientras estamos en eso, se nos cuelan los curas en las clínicas decidiendo si podemos paliar nuestro dolor o no. No tenemos arreglo.

    – No me fustigue con el calcetín, Kant –

  22. Fuca

    Sí, Aniña Pavlova (¡qué alegría volver a leerte!), los curas se cuelan en todas partes y no creo que seamos capaces de mandarlos para sus iglesias. Ayer ya perdimos la votación en el Consello Escolar de Galiza, 19 votos a favor de que siga adelante el Anteproxecto de Bacharelato (ese que incorpora por 1ª vez la religión –católica, evangelista, mormona…- a 2º de Bachillerato) frente a los 8 en contra y 6 abstenciones. ¡Así no vamos a ninguna parte!

  23. Miguel Veyrat

    Me temo Kant, don Emmanuel, que todavía cegado por la belleza de los roquedales que atravesó el fin de semana, no ha podido leer atentamente mi texto en el que se llama “novela” o hechos supuestos que han sido mantenidos como históricos durante siglos por los creyentes, a sangre y fuego, la vida de Jesús de Nazareth, no de Emmanuel, que significa “Dios con nosotros” en hebreo y que supone una etapa superior y religiosa.
    Pretendía tan sólo poner un ejemplo, al aducir la distinta interpretación de hechos novelados en la antiguedad realizada por autores contemporáneos, como muy bien alega más arriba doña Pavlova en su alusión a Miró, algo medular que se explicita en el discurso del novelista Marías, íntimamente conocido aquí por sus admiradores como JM. Creo que ese es el debate que merece la pena, pues muchos hechos “históricos”, establecidos como verdades absolutas por los vencedores que las dictaban a sus bardos personales, cuando no existían instrumentos científicos adecuados para establecer datos o supuestos fiables, han pasado a ser “ciertos” mediante la ley del “asentimiento universal”.
    Otrosí, conozco perfectamente el concepto de “sincronicidad” junguiano, equivalente en todo a las distintas formas de llamarlo que he empleado. A propósito, no sé si sabe que están ya a la venta los tomos de la sus Obras Completas, editadas por Trotta, Mysterum Coiungtionis( 12) y Psicología y Alquimia (14), de gram interés para usted, lector de “El Tao y la Física”. No quiero resultarle pedante pero no preciso de manuales divulgativos sobre el tema. Sólo quería abundar en mi contento de que la palabra Serendipia hubiese pasado al castellano, a pesar de su evidente fealdad: suena mejor en inglés, y más lógica pue sprocede de la magia desprendida de la historia del Reino de Serendip.
    Y perdonen que ahonde en el tema de hoy sólo para aclarar algo en materia personal: no me gusta opinar de compañeros escritores sino de ideas y tendencias literarias. Siento que se haya deslizado en mi texto anterior algún comentario hiriente hacia la personalidad del joven Marías, ya que siento un inmenso respeto por todo aquél que se atreve a tomar la pluma y publicar sus “descripciones” y “opiniones”, a menudo confundidas, y sobre todo por quienes le siguen y admiran en la alta tarea de leer para entender el mundo, que son legión en nuestra pequeña comunidad cada vez menos virtual.
    Salud a todos. Fuca, cuéntenos cómo ha ido esa jornada de lucha, que no de cólera, please.

  24. Miguel Veyrat

    Perdón, el título exacto de una de las obra citadas de Jung es Mysterium Coniunctionis. No sé por qué se ha puesto de moda en las editoriales publicar las Obras Completas en orden aleatorio. Hace tiemo que espero la aparición de otros tomos, como los Volúmenes 18/1 y 18/, LA VIDA SIMBÓLICA. Son muy varos y extensos, cerca de 800 pags. cada uno y difíciles de leer y obtener por su precio, aviso a navegantes, pero merecen la pena, al menos a mi.

  25. Kant

    Sra. Pavlova… la extrañaba. Me preocupó su ausencia. No nos dé estos sustos… En orden a su bienhallado regreso, la obedezco y me contengo con el calcetín, pero lo hago con los ojos desorbitados e inyectado de sangre, el brazo tembloroso, el pelo revuelto y encrespado, el sudor frío, la respiración entrecortada y la voluntad contenida difícilmente… De verdad que no me entra en la cabeza cómo, con la cantidad de narraciones hermosísimas que durante milenios se han alumbrado a orillas del Mediterráneo, tenemos todavía, a estas alturas, con el descrédito intelectual que suman, esa fijación con los cuentos simplones que inventaron sórdidos personajes para implantar el obscurantismo y la represión en nuestra cultura y sociedad. En fin… todo sea por volver a tenerla entre nosotros.

    ¿Y esa es la Galiza del gobierno bipartito “de progreso”, doña Francisca?… ¿tener que llegar a semejante votación?… ¡perder semejante votación!… Poca diferencia le veo con el gobierno popular que asola las tierras valencianas (entre el aplauso del pueblo). El embrutecimiento educativo, lejos de menguar, arremete y crece… el social no puede correr mejor suerte… el cultural… bah, ¿para que entrar en ello?

    Pues va a ser eso, don Miguel, que lo leí apresurado por el torrente de intervenciones que hubo mientras yo aún estaba respondiendo en el anterior “post” y no lo capté en su integridad. Obviamente, coincido con ud en todo… o casi.

    Es muy interesante – y aquí el papel del observador es privilegiado para interpretar lo que se deja por escrito – el asunto del nombre propio del carpintero galileo. El pseudo Mateo es explícito, en su capítulo I, versículos 20 al 23, dice:

    Así lo tenía planeado [José], cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. (21) Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. (22) Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: (23) “Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel”, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’.

    ¿Está claro, no? si le ponía Jesús, como le dijo el ángel, incumplía con el profeta del Antiguo Testamento; si le ponía Emmanuel, incumplía el mandato angelical del Nuevo. Ergo, tomase la decisión que tomase, incumplía con su dios y negaba credibilidad al libro que no obedeciese… ¡vaya secta!

    Le agradezco especialmente su dato bibliográfico, no tenía confianza en las traducciones sudamericanas que había leído del sr. Jung (algunas de ellas especializadas en temas “misteriosos”) pero, en efecto, recomendándome ud Trotta lo tomaré en consideración. Y también la de su precio, que no es cuestión baladí en un país donde los precios de los libros son de los más (desproporcionadamente) elevados de la Unión Europea.

    Respecto a la que le facilité yo, ud perdone, ignoraba que pudiera leer textos de física cuántica sin apoyatura de palabras. Yo requiero de ellas pues mis conocimientos matemáticos no me alcanzan para leer sobre ecuaciones, de ahí que estos libros divulgativos me resulten tan útiles. Creo que el resto de contertulios interesados en el tema pero que no dispongan de su bagaje científico los preferirán.

  26. Marisa Bou

    He intentado imaginarme al señor Kant tal y como se describe más… y lo veo tal cual (aunque sin cara, puesto que no le conozco…) y en el trance de llevarse el calcetín sudado a la boca para no fustigar con él a doña Pavlova.
    Creo que es usted demasiado contenido a la hora de castigar al prójimo, si bien su actuación sobre el papel ha sido de lo más histriónico. ¡Cuánto me he reído al leerlo! ¿Seguro que no es usted actor de teatro

  27. Fuca

    Tienes razón, amigo Kant, el gobierno galego bipartito no lo está haciendo mejor que el del PP, por lo menos en materia educativa. Introducen una nueva asignatura en Bachillerato, “Ciencias para el mundo contemporáneo”, y las tres horas que le asignan se las restan a Historia, Filosofía y Educación Física, porque dicen que la religión es intocable. Huelga de la mayoría del profesorado, miles de manifestantes en Santiago, protestas de los alumnos, miles de firmas en contra, nada les vale, el decreto sigue adelante y, dentro de un mes, lo tendremos aprobado. ¡Y dicen que vivimos en un país laico! ¡No se lo cree nadie! Espero que el dinero que nos van a retener por estar en huelga no sirva para subvencionar actividades religiosas. Paso página y releo el discurso de JM y lo que comenta nuestro amigo Justo Serna.

  28. Miguel Veyrat

    Buen, querido Kant, el precio tampoco es para desesperarse dada la calidad de las traducciones, realizadas no sólo por conocedores profundos del alemán sino que son tamién psiquiatras de gran reputación, añadido a la fiabilidad de los textos, anotados muy correcta y abundantemente y con bioblografía exhaustiva. Olvídese de “La Vida Simbólica” por ahora, sólo quedan disponibles los mencionados en mi texto anterior, y según me informa mi enlace (que me manda los libros a Sevilla con el descuento de viejo profe) en la Librería de la UAM, sólo ha aparecido posteriormente el volumen 9.1: “Los Arquetipos y lo Inconsciente Colectivo”. El número 11 “Acerca de la Psicología de la Religión Occidental comparada con las Religiones Orientales” saldrá a lo largo de 2008. Los Tomos, en rústica, pues existen también encuadernados en piel, no pasan de todas formas de 35 a 40 euros, más o menos, que bien mirado, con la que está cayendo, tampoco es para morirse.
    Gracias por su gentil lectura. Espero el veredicto de Justo en el prometido colofón, pues su criterio crítico me merece el mayor de los respetos, aunque disienta a veces cordialmente de algunas de sus opiniones y descripciones.
    No se asuste por determinadas ausencias, amigo, son lógicas a la luz del Evangelio y pueden estar causadas por una excesiva presencia de otras personas en determinadas ocasiones.
    Doña Marisa, usted especialmente, amiga mía, a la que tuve el placer de abrazar personalmente en Valencia y cuyo carácter conozco bien, no se imagine a Kant, es como lo que parece ser: una persona que acumula tal cantidad de conocimientos, que además los tiene tan bien asimilados, digeridos, que ya resultan útiles para abonar la tierra y las conciencias ajenas: es un cachondo integral.

  29. Kafeína

    Bueno, pertenece quizás a una especie evolucionada del prototipo de neanderthal “Paco”, don Pedro, pero más o menos tan pelma y obtrusa como la suya.
    Es absolutamente legal “pasar” del contenido y discusión de determinada entrada en la bitácora serniana si no le complace, pero por favor no lo “obligue” a escribir de lo que a usted le apetece, aunque le de “mal cuerpo”: Y si se lo da, se va usted (¿sabe ya ir solito?) al lavabo más próximo, y allí evacua usted lo que sea menester.

  30. Kant

    Y yo le agradezco su risa, doña Marisa. Se la agradezco más que cualquier otro halago de los inmerecidos que me ha regalado. En cambio, con ella, ya ve, sólo percibir esa alegría y ya me doy por bien pagado… Ah, y no, nos soy actor de teatro… lo fui hace unos cuarenta y tres años, pero eso ya es otra historia…

    Doña Francisca… esa descripción suya del “gobierno de progreso” me deja tan compungido como estupefacto. Esperemos que la ciudadanía guarde memoria de estos hechos… ¡hechos, hechos y no palabras!… y vaya hechos…

    Me quita ud. un peso de encima, don Miguel, esos precios de los que habla son más asequibles de lo que me temía dentro del disloque de precios de este país. Ha tenido la oportunidad, mi hijo y su compañera, de pasar unos días, este año, en Dublín y Ámsterdam y, aunque él es ingeniero industrial, le tiran como a ella – diseñadora gráfica – los libros y, a cada viaje, suelen dedicar, al menos un día completo, a “ir de librerías”. Obvio: es de ira, más que de rabia, ver el mismo libro, de la misma editorial, de nuestro mundo presuntamente globalizado, allí a cinco, seis y hasta siete ¡y nueve! euros, lo que aquí no baja de los veinte, se encarama a los treinta en cuanto nos descuidamos y, si nos toma desprevenidos, supera los cuarenta. Luego resulta que no se lee…

  31. Hemeroteca

    Eduardo Zaplana deja la política y ficha por Telefónica

    MADRID (AFP) — El ex portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, ha fichado como “delegado para Europa” por Telefónica, anunció la compañía española este martes, por lo que Zaplana se despide, al menos de momento, de la política.

    Zaplana, que desde las elecciones del pasado 9 de marzo había decidido ocupar sin más su escaño de diputado en el Congreso, estará a partir de ahora encargado de “representar” al grupo de telecomunicaciones a nivel europeo, sobre todo de cara a instituciones y Gobiernos, indicó a AFP un portavoz de Telefónica.

    En palabras recogidas por la emisora Radio Nacional de España (RNE), el presidente del PP, Mariano Rajoy, dijo que Zaplana “ha sido un extraordinario portavoz” al que ha dado las gracias por su labor.

    Su sucesora como portavoz parlamentaria del Grupo Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, afirmó que le van a echar “mucho de menos”.

  32. jserna

    …La actualidad, ese fenómeno que marea con novedades incesantes, nos aporta casos que podrían narrarse, con caracteres fuertes y sucesos vertiginosos: monstruos que no lo parecen, con vida privada y sentimientos comunes; caraduras que se enriquecen manipulando los sentidos de su público; diputados que trastean para su propio y exclusivo provecho; ex mandamases avispados que prosperan en la empresa privada. Si leyéramos novelas protagonizadas por gentes así nos parecería volver al siglo XIX…

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    Hemeroteca Eduardo Zaplana Hernández-Soro

    -“Todo un personaje“, El País, 25 de enero de 2008

    -“La retirada de Zaplana“, Levante-Emv, 19 de noviembre de 2007

    -“Zaplana“, Levante-Emv, 4 de mayo de 2007

    -“Route Zaplana“, Levante-Emv, 29 de agosto de 2006

    -“Eduardo Zaplana, ficción y dicción“, El País, 9 de abril de 2004

    -“El portavoz“, El País, 23 de diciembre de 2003

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    “…«Me daría por muy contento pudiendo descansar un poco a los 47 años, desengancharme por un tiempo de la vida política y ganarme honradamente la vida como abogado, con mi despacho abierto. O ser simplemente un diputado de a pie», respondía. No había reparo, pues: tenía suficientes arrestos para abandonar la política. Las cosas, sin embargo, no han andado así: han pasado doce años de aquella promesa y Eduardo Zaplana no ha podido ganarse la vida honradamente como abogado. Abandonó, sí, la Presidencia de la Generalitat, pero por un empleo de ministro, que finalmente se esfumó. Fue nombrado portavoz del grupo popular en el Congreso, cargo del que será próximamente apeado y ahora, por lo que dicen, lo vemos lidiando para hacerse con un puesto que le permita repetir como parlamentario. Quién sabe, a lo mejor ya ha llegado el tiempo de su retirada: no sé si como diputado o, tal vez, como abogado con despacho abierto. Desde luego hace tiempo que parece circular en dirección contraria”.

  33. jserna

    “…Yo no creo que Eduardo Zaplana sea un remedo de dichos personajes, al final siempre condenados. Tengo la impresión de que estamos intoxicados por el recuerdo de la literatura, razón por la cual aún vemos a algunos de nuestros contemporáneos con los perfiles de esos trepas, esos desgraciados que a la postre recibían su merecido. Seguramente, la vida se nos ha vuelto más simple y ordinaria, menos novelesca; y, por tanto, políticos como Eduardo Zaplana se parecen más a ciertos personajes televisivos que siempre triunfan. ¿A cuál de ellos podría encarnar el ex presidente? ¿Encarnar? Ahora que lo pienso, él es un personaje televisivo, alguien que ejerce un papel, su papel; alguien que siempre sabe mostrarse ante las cámaras representándose a sí mismo: a ver si adivinan en qué culebrón de éxito”.

    Todo un personaje“, El País, 25 de enero de 2008

  34. Marisa Bou

    No, al señor Zaplana no se le puede buscar parecido con nadie, ni real ni imaginario. Es de esos seres a los que hay que echarles de comer aparte.
    Y para todos aquellos que usamos, de una u otra forma, los servicios de Telefónica, ahí va mi desesperado grito de alerta: ¡Sálvese quien pueda!
    Habrá que pasarse a Ono, o a cualquier otra. Y confiar en que gane lo suficiente para que no se le ocurra volver a la política (por favor, por favor). Vale más que venda las acciones de Telefónica que no que nos venda el país…

  35. Pavlova

    Señor Kant: voy a tener que faltar más. Gracias por su largo y atento párrafo; gracias por haberse preocupado por mi ausencia (gracias a mi Fuquiña también) y gracias, sobre todo, por ese sacrificio que hace en celebración de mi regreso. Y voy a tener que faltar más no sólo por esa cariñosa preocupación, por lo que le ha inspirado mi notita. Sí, también yo me he tronchado de risa ante ese ataque que nos describe con tanto humor (lo del brazo tembloroso y el pelo revuelto y encrespado es genial) y del que no sé qué opinaría House. Lo que lamento mucho es que no pueda disfrutar del lirismo de mi buen Gabriel Miró, ya hemos dicho reiteradamente lo de los gustos. Qué le vamos a hacer.

    Faltaré con frecuencia y no se me preocupe (me emociona, Kant, a qué negarlo). Las dos razones de mi vida residen ahora en Zaragoza y paso largas temporadas allí. Casi desde Semana Santa hasta ayer, con pequeños viajes a Madrid, he estado en tierras mañas escribiendo, leyendo, preparando un proyecto y asistiendo feliz a conciertos de mis hijos, todo ello sin ordenador. En el de un amigo de mis hijos he seguido leyéndoles a ustedes cuando me lo prestaba para colgar en mi foro las cosas que suelo colgar semanalmente, pero tampoco era cosa de acaparárselo al chico. Todo ha sido placidez y buenas cosas ¡al fin parece que ya toca!, actividad frenética y, cada día, noticias mejores que el anterior. Véase si no: Zaplana deja la política ¿Se puede pedir más para terminar el día?

  36. Kant

    Doña Ana, exíjale a sus hijos el inmediato e irrevocable abandono del pedernal neolítico y la consiguiente reintegración en la tecnología del siglo XXI (a ser posible con ONO, claro, por lo que aduce doña Marisa), la necesitamos con mayor frecuencia. Por otra parte, me alegro que le gustaran mis astracanadas.

    Otrosí. Para todos. La noticia-terremoto (tan finamente tratada por Thais Villas en “El Intermedio” del Gran Wayoming) del señor Zaplana, me requiere de un pequeño ex-curso al respecto. Ya hemos hablado de él abundantemente en este blog. Y no me retracto de nada de lo que les dije últimamente sobre él. Puntualizo con aquello y con la novedad: [1] don Eduardo hace un movimiento estratégico de retirada para ganar (1.1) tiempo (no desea verse abducido por las miserias provincianas de un diputado en Madrid) (1.2) dinero (recordemos que él mismo nos reconoció estar en política para forrarse (1.3) libertad (especialmente para sus actividades relacionadas con el intercambio de ideas con agradables señoritas al margen de indiscretas cámaras periodísticas) [2] don Eduardo es un animal político. Lo seguirá siendo las veinticuatro horas al día hasta el día que muera (no obstante, si don Manuel Fraga es “el fragasaurio”, don Eduardo Zaplana es “zaplaneitor”… “vox populi, vox diis”) así, tal como el punto 1.3 será para el goce de sus sentidos y el 1.2 para compensar sus frustraciones de muerto de hambre convertido en “alguien” merced a lo que el pueblo bajo y vil describe como “braguetazo”, el 1.1, el tiempo, lo utilizará para seguir haciendo política, y [3] don Eduardo sólo hace política para su beneficio propio. Desengáñese el panoli que creyó en él como liberal, neocristiano, aznarista, conservador… nada de eso fue nunca, él sólo trabajó y trabaja para si mismo y, en sus trabajos y sus horas, les insisto, su única debilidad personal: el sr. Camps, dispondrá de especial atención. Don Eduardo, no perdona. La incapacidad del sr. Camps para “matarlo” fue su peor error. Con tiempo por delante – los tres próximos años le serán una bendición – con satisfacción económica y carnal, con un trabajo de lo que a él le encanta (figurar, reunirse, cenar, conocer gente, armar chanchullos…), gozará de un espléndido optimismo para asestar a don Francisco el golpe de gracia que lo hundirá para siempre. Es algo personal, pasional. Lo verán… cuando ya nadie recuerde mis vaticinios.

    Por otro lado, también para todos, en vísperas de la Fiesta del Trabajo, les comunico que la celebraré en tierras latverianas, así que no podré estar en el inicio del nuevo post de don Justo. Disfruten uds de él y pasen unos felices días de asueto y memoria de las gentes que lucharon y sufrieron para que nosotros podamos haraganear en los próximos.

  37. Miguel Veyrat

    “…políticos como Eduardo Zaplana se parecen más a ciertos personajes televisivos que siempre triunfan. ¿A cuál de ellos podría encarnar el ex presidente? ¿Encarnar? Ahora que lo pienso, él es un personaje televisivo, alguien que ejerce un papel, su papel; alguien que siempre sabe mostrarse ante las cámaras representándose a sí mismo: a ver si adivinan en qué culebrón de éxito”, dice Justo.
    Pues verán, a la luz de esta pregunta, y de otras reflexiones aquí expresadas le diré que he asistido hace un par de noches a una extraordinaria representación del “Don Giovanni” de Mozart en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Les ahorro a ustedes la descripción de la extraordinaria calidad de la interpretación de orquesta, cantantes y director respectivo. Iré al grano: La escenografía y dirección de Mario Gas contenía una variante que hizo las delicias de un sector del público, provocando el desagrado del crítico de ABC, como pudo leerse, y de la mayoría del público conservador que llenaba la sala:
    Quien se vuelve derechito al infierno en esta opera (la única TV de la época), solamente es el comendador, que cae en el hoyo con un espantoso alarido tras la cena, dejándose vivito y coleando a su matador: Yo no sé cómo se las arreglan Leporello y otros criados de don Juan, pero resulta ser en esta versión, mientras que en los momentos finales, al terminar el prodigioso sexteto que anuncia que todo malvado tiene su castigo y que ellos terminan siempre tal como vivieron, el asesino, traidor, burlador, engañador don Juan de Mañara logra evadir la mano ardiente de venganza del padre de doña Ana, y se pasea al fondo de la escena tranquilo y sonriente haciendo un guiño al público.
    No sé por qué pero a la mañana siguiente, al recordar dicha variante muy de nuestra época, me desayuné con la noticia de la “Fuga” interpretada por don Zaplanone. Claro que él no es un asesino, no es falso, malo, engañador, y quizás no haya burlado ni violado a ninguna moza ni cuenta corriente ajena en su larga vida dedicada a hacerse rico, pero la verdad es que como el don Giovanni del cuento se pasea tranquilo, silbando una alegre melodía mientras sigue haciéndose rico. ¡Ah, qué perfecto personaje de nuestra historia! hasta tiene el “tipín” adecuado, con su cinturita y sus trajes de alpaca de tres mil euros y 200 gramos de peso.

  38. Kafeína

    Amado Kant, me decepciona un tanto que no haya entrado en el debate de fondo (como casi ningún otro contertulio: he echado mucho de menos a don David Montesinos y don Paco Fuster) planteado por el discurso de Javier Marías y las preguntas de don Justo. Tampoco el esperado colofón serniano ha llenado mis esperanzas por despejar el embarullado cajón de sastre que dejó el mozo en la Academia.

  39. jserna

    Banda ancha

    Como comprenderá, sra. Kafeína, mi colofón no podía más que decepcionar. Es más: escribir en un blog es decepcionar a quienes te leen, justamente porque nunca dirás lo que los demás esperan leerte. Por eso, hay intervenciones: te apostillan. Escribí ese colofón reprimiéndome la emoción, en una circunstancia nada propicia: poco después de asistir a una comida de trabajo (una comida en la que recibí un sms de mi hijo comunicándome la dimisión de Eduardo Zaplana). Escribí, ya digo, bajo un gran impacto emocional, del que todavía no me he repuesto. ¿Qué podré escribir en el nuevo post? No sé, ando desconcertado y con una desorientación que no me conocía.

    No me resigno. No me resigno a la retirada política (¿provisional?) de don Eduardo Zaplana. No se puede permitir que gigantes de la cosa pública sean secuestrados por empresas que sólo buscan el provecho privado. ¿Que Telefónica necesita a Eduardo Zaplana para ensanchar sus relaciones e influencia en Polonia, en Austria o en Latveria? Eso sería aprovechar un tesoro inmaterial, un patrimonio que pertenece a una figura irrepetible de la política española. No podemos aceptar que Telefónica se valga de grandes de lo público para ampliar su banda ancha.

    Cuando escribí ese colofón, estaba, pues, algo indispuesto. No es bueno expresarte cuando no eres dueño de tus sentimientos, cuando alguien que has observado y del que tanto has contado, desaparece de la escena. En el blog, alguien dijo en cierta ocasión que Zaplana era mi obsesión. Paco, creo que era. Pues si un personaje tan inalcanzable se te convierte en motivo de inspiración, entonces su cese político te deja huérfano, propiamente aturdido. Con una punzada de tristeza. Escribir sobre las novelas, sobre la dificultad de contar, sobre la sugestiva y discutible reflexión de Javier Marías (del ‘Joven Marías’, no del ‘mozo’) y enterarte a la vez de la desaparición de Eduardo Zaplana te obliga a plantearte qué es la ficción y qué es el teatro. Quizá todo esto tenga algo de calderoniano. No sé. No me resigno.

  40. Miguel Veyrat

    La verdad, no sé si su post-colofón es simplemente irónico… También yo recibí la noticia en el desayuno y me hizo pensar en la broma de Mario Gas con su “Don Giovanni”; no en Calderón, por supuesto, y si al Siglo de Oro nos referimos más se parece el don a uno de sus pícaros, Buscón, Rinconete o Guzmán de Alfarache que a otros personajes del teatro. Y conozco muy bien a Zaplana, pues cuando el PP iba de azañista y liberal (no de la Escuela de Chicago) intentó captarme como director de la Oficina de la Comunidad Valenciana en Madrid, para dar una cierta imagen de izquierdas al macro retablo de Maese Pedro que preparaban, aprovechando la vil caída de Felipe Conzález en el terrorismo asociado a la corrupción de Estado. No prosperó el engaño y lo rechacé tajantemente.
    Pero… a usted, lúcido amigo mío, ¿Tanto le afectó la previsible fuga hacia el dinero de ese neo-tío Gilito? ¿Es él un monstruo de la política o del engaño? Iba en el cuarto lugar de la lista del PP. Ha engañado esta vez a diez millones de españoles de buena fe que lo votaron, además de a sus pares políticos. No, del engaño no puede ser un monstruo, ya lo anunció hace años cuando reveló que estaba en la política para forrarse, y el que avisa no es traidor. Pero de la política, tampoco, pocas veces, excepto en Berlusconi o en su émulo francés, marido de Carla Bruni, hase visto un descaro mayor, una “desenvoltura” tan frescachona en la confusión entre lo público y lo privado… Me niego a aceptar, al menos todavía, que la política sea esto.
    Digamos que Zaplana es simplemente un sinvergüenza. Y con ello, me parece que basta. Resígnese, aún le quedará inspiración pues este payasito burlón no ha terminado de dar brincos: además, otros muchos le van a sustituir y darán alimento a su pluma…

  41. Paco Fuster

    Sra. Kafeína, gracias por acordarse de mi (aprovecho para decirle que me alegro mucho de su vuelta al blog). Leo el blog a diario y como usted, también echo de menos a David Montesinos.

  42. jserna

    “La verdad, no sé si su post-colofón es simplemente irónico…”, dice Miguel Veyrat refiriéndose a mi comentario último sobre Zaplana. Ironía o no, el caso es que estoy muy cansado, cosa que a don Eduardo jamás se le nota. Necesito reponerme: el cuerpo me pide seguir hablando de Zaplana o de Berlusconi o del próximo alcalde de Roma que saluda… a la romana. Pero creo que debo callar al menos un par de días. Ustedes me comprenderán.

  43. Miguel Veyrat

    Si ganase usted en un año de dar clases, lo que gana Zaplanone en diez minutos poniendo en contacto a dos empresas para un joint-venture financiada con fondos públicos, no andaría usted tan cansado. Erró usted el camino, querido amigo, como yo y otros tantos que somos legión. En otra vida será… con otra conciencia. Hace cinco años, cuando en mi novela “Paulino y la joven muerte” tachaba a estos golfos de posfranquistas, notablemente a la caudillesa Esperanza, a punto de conquistar madrid gracias a otros golfos de signo distinto, me llamaron exagerado y fanático. Ahora, el propio El País llama posfascistas a los seguidores de Berlusconi que dicen ser las nuevas Falanges de Roma… Lo malo es que todo esto será en “esta” vida, al menos la suya y la de mis hijos, aunue quizás me toque todavía algo. En el 36 se fusilaron viejos como yo… ¿Hasta cuándo seguiremos llamando “centro derecha” a esa ralea?

  44. jserna

    Ficciones

    ¿Telefónica necesita a don Eduardo Zaplana Hernández-Soro para ampliar su negocio en Italia? Dicho así, no resulta creíble. Desde el punto de vista empresarial parece una ficción inverosímil: una novelería de otro tiempo. Desde el punto de vista de Zaplana, no: es la conquista efectiva, la consumación real de una expectativa. Y un retiro la mar de saneado. Desde los años cincuenta, el análisis de red (Network Analysis) es una práctica en las ciencias sociales. En toda comunidad circulan los bienes económicos, pero también circula algo inmaterial: la influencia, la capacidad para movilizar recursos, para condicionar las conductas, para reunir consensos. Hay individuos que son el núcleo de una red, el punto de confluencia de esa influencia, pues. Si parto de un ‘ego’ (que así se llama en el NetWork Analysis) podré reconstruir esos flujos que se dan en la esfera política, económica, etcétera. Cuanto más reducida es la comunidad, mayor coincidencia hay: el influyente –el ego– será el mismo en distintos puestos (económicos, políticos, etcétera). Uno de los libros más conocidos de este análisis es el de Jeremy Boissevain, titulado ‘Friends of Friends’. Estudiaba el caso de una comunidad rural, en Malta. En Malta. También se ha aplicado este esquema analítico en el Mezzogiorno italiano…

    En el caso de don Eduardo Zaplana y de Telefónica, las cosas parecen distintas. De entrada. En principio estamos hablando de la Europa urbana e industrial, de la Europa de los servicios y la tecnología; estamos hablando de una empresa multinacional. ¿Seguro que es tan distinto? Con políticos que se pasan al sector privado para hacer valer su ‘ego’ influyente parece como si regresáramos a los modos y maneras de la vieja comunidad rural, de la Malta atrasada o del Mezzogiorno precapitalista y…

  45. Miguel Veyrat

    Siga, por favor, de eso precisamente estamos hablando. ¿Se acuerda de Vilallonga? ¿Será del todo ajeno a su compinche y paisano? ¿Y el yerno de Aznar, el tal Agag? ¿No estaba tan próximo a Berlusconi? ¿No “medió” para “conseguir” al amigo Camps el circuito de Fórmula 1? Habla usted de Network, pero se pasa de análisis: esto es ejecutivo. Reparto. O cobro de dividendos de pasados favores. Al tiempo.

  46. Kafeína

    ¿Quién se ha ido con un par? Una cobarde fuga hacia el oro fácil, es tener un par… O tempora.
    Gracias don Paco, un brillante analista como usted nos haría mucha falta ahora para desenredar urdimbres.

  47. Alejandro Lillo

    ¡Madre mía! Apenas me da tiempo a leer sus interesantes comentarios y ya está Justo a punto de colgar un nuevo Post.

    A la señora Pavlova dercirle que me han gustado mucho los fragmentos de Gabriel Miró, y que me han recordado a la famosa novela de Robert Graves “Rey Jesús”, en la que Judas desempeñaba un papel muy especial, no se si lo recuerdan.
    Mi mas firme apoyo a las reivindicaciones de la señora Fuca. pero permítanme decirles algo. No olviden q

  48. Alejandro Lillo

    Veo que he introducido el comentario a medias (mi maña es probervial). Pido humildemente perdón (las prisas son malas consejeras).

    ¡Madre mía! Apenas me da tiempo a leer sus interesantes comentarios y ya está Justo a punto de colgar un nuevo Post.

    A la señora Pavlova dercirle que me han gustado mucho los fragmentos de Gabriel Miró, y que me han recordado a la famosa novela de Robert Graves “Rey Jesús”, en la que Judas desempeñaba un papel muy especial, no se si lo recuerdan.
    Mi mas firme apoyo a las reivindicaciones de la señora Fuca. Pero permítanme decirles algo. No olviden que quitando a Italia – por razones obvias – España es el país en el que el catolicismo tiene y ha tenido más fuerza. Eso no se puede cambiar de un día para otro. Esa estructura, la del catolicismo, está tan incrustada en nuestra sociedad, en nuestra mentalidad, que va a resultar un proceso árduo y lleno de impedimentos eliminarlo. Evidentemente hay que combatirlo, pero sin olvidar que los cambios deberán ser paulatinos. Si no recuerdo mal, y corríganme si me equivoco, en nuestra Constitución se habla de estado no confesional, no de estado laico. La lucha será larga, y más viendo cómo la religión se está apoderando del mundo y de la política.

    Dicho esto y volviendo a la política, dos cosas. 1- A Zaplana le queda cuerda para rato, esté o no en política (por cierto, me recuerda tanto a Agag…) 2- ¿Alguien puede explicarme qué demonios pasa en Italia? La verdad, no entiendo nada.

  49. Alejandro Lillo

    ¡Santo Dios! Y encima ahora cambio la “b” y la “v” de proverbial. Eso es Zapalana. que me pone a mil.

  50. Marisa Bou

    ¡Don Justo, anímese hombre!. Este heterogéneo grupo de seguidores suyos estamos necesitando un nuevo post.
    No entramos al tema con Javier Marías (tal vez porque a todos nos pareció un poco farragoso el discurso), el de Zaplanone (muy acertado el nombre, Veyrat) nos da un poco de grima y el que se ha insinuado varias veces a lo largo del post, el estado laico, es un tema de demasiada envergadura para tratarlo al final de un post prácticamente agotado.
    Así que, espero que pasen todos ustedes un buen día del Trabajo, que descansen bien y que preparen sus estilográficas virtuales para el próximo motivo de discusión.
    ¡Salud, compañeros!

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