Salvemos el PP

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0. El Partido Popular está en crisis (12 de mayo)

Está en crisis… desde 2004. Ahora, una generación se aparta o se jubila o es tentada por la empresa privada; la nueva cohorte, al menos los rostros más conocidos que la forman, llega a los puestos de responsabilidad aupada por Mariano Rajoy en un momento de grave enfrentamiento. El Partido Popular corre el riesgo de eliminar las mesnadas de su propio recambio. ¿Y por qué debería preocuparme si el PP es una organización en la que no milito? Perdonen el didactismo: porque la democracia depende de los partidos que compiten, y los partidos son agregados generales de intereses contrapuestos, formas institucionales que se basan en expectativas personales, estructuras que se nutren de poder, el mismo tóxico que envenena las relaciones. ¿Pero es pensable un sistema político sin ese nutriente? Por supuesto es una ingenuidad creer que la forma partido puede ser reemplazada por algo distinto y mejor: por ejemplo, por una organización en la que no se dé un juego de suma cero. Pero los juegos políticos no son sólo lizas entre individuos con expectativas: son básicamente choques y alianzas entre coaliciones internas que compiten para adueñarse de la organización. Son formaciones en las que se milita. El lenguaje es evidentemente bélico y ello no es una casualidad. Pero en un ejército el conflicto no se da sólo hacia el exterior: contra ese enemigo que tratamos de reducir o eliminar. El conflicto se da también internamente: entre esos oficiales y clase tropa que esperan subir en el escalafón granjeándose el apoyo del mando. Por eso, en su seno, todo puede ser objeto de disputa, entre otras cosas porque se fundamentan en un recurso escaso: el poder y sus consecuencias.

Pero digo lo anterior y me corrijo. Un partido es algo bien distinto a un ejército. Salvo casos extremos, la jerarquía no se cuestiona entre la tropa. Las informaciones suben y las órdenes bajan. Pero en una formación política la ejecución de los planes no depende siempre de la anuencia colectiva, sino de los consensos.  Cada parte del partido, cada órgano de la organización, es un canal de influencia, un canal a través del cual fluye la capacidad de dirección, de cooptación, de asentimiento. Salvo que haya una fracción suficientemente poderosa, capaz de imponer su dominio y de repartir prebendas, el equilibrio es inestable. El poder institucional es un producto-milagro, un engrasante que suaviza. En principio, una pequeña cantidad sobra para lograr la consecuencia inmediata: para alcanzar una posición aseada. Pero, por lo que parece, el poder es también un narcótico cuyo efecto se disipa pronto porque su disfrute siempre escaso y revocable está amenazado.  Digo poder y pienso en Michel Foucault.

1. La sociedad cortesana (13 de mayo)

La única manera sensata de abordar qué sea el poder en un partido es hacerlo desde el pesimismo, desde la lucidez de quien carece de expectativas o desde la voluntad de quien no tiene ambición. Por no militar en partido alguno o por no desear poder institucional alguno, observo su funcionamiento desde el puro desapego. Frente al encanto y frente al engaño de los diagnósticos, hay que oponer el realismo político y el paganismo de las creencias: nada de fantasía o de expectativa o de sagrado. En un partido, como en todo lo humano, cualquier cosa es contrariedad ordinaria, un drama muy vulgar. Si los pensamos bien, es casi milagroso que sean pacíficas la mayor parte de nuestras relaciones: es sorprendente teniendo en cuenta que lo humano suele ser competitivo. Sólo la ingenuidad o la mala fe revisten la competición con la buena intención del altruismo, con la paz del todo que unos y otros aceptan. 

Pero un partido político es una Corte. Permítanme esta metáfora.   La organización tiene vida de palacio en torno al príncipe, esa vida de palacio es propiamente representación cortesana: una lucha generalmente incruenta entre  nobles (y no sólo guerreros) que disputan entre sí, que se retan buscando el apoyo, el favor, el consentimiento del monarca y de los restantes titulados. Es una nueva forma de batallar con ostentación, con amagos, con excesos; una nueva manera de refinar del combate originariamente bélico, decía Norbert Elias. Es un nuevo modo de civilizar y civilizarse, es decir, de hacer incruenta la liza, dado que disputan luciendo las mejores galas, persuadiendo al príncipe, atrayendo al pueblo, que observa lejano y atónito ese conflicto cortesano. Pero ese monarca no siempre consigue ser un rey absoluto, dueño manifiesto de todos los recursos y de todos los concursos, amo de la soberanía y de la jurisdicción, de la representación del poder y de sus instituciones. Es un primus inter pares.

Para empezar no puede deshacerse impunemente de quienes le acompañaron en las guerras que sostuvo con anterioridad. No se lo perdonarían. Siempre habrá nobles irredentos, nobles dispuestos a abandonar la vida muelle de palacio, la insignificancia que el futuro o el soberano les deparan: por vanidad, por orgullo, desearán disfrutar de los tesoros ganados o, mejor, desearán salir otra vez a batallar, a ensanchar los confines del Reino, a apropiarse de su parte del botín. Sin embargo, si ahora el rey espera beneficiar con títulos y empleos a los advenedizos que llegan, esa camarilla afín que desplaza a los rancios, es probable que la Corte de viejos guerreros se resienta, se levante. El monarca –tan legítimo, tan divino, tan lejano– está necesitado de apoyos y coaliciones: no puede reformar contra sus propios mantenedores ni contra los valedores que antaño ampliaron la superficie del Reino. Podría verse solo, desamparado, arrastrando con él y en su caída a quienes él mismo aupó. Se sacrificaría así a una nueva generación de nobles ambiciosos y jóvenes recién titulados. ¿Es pensable tal cosa? Quizá lo pensable o lo venidero sea la irrupción de un tercero, la salida de un inesperado representante de los valores dinásticos, una línea depuesta pero legítima o un linaje imprevisto pero aceptable: alguien en fin que reclame tradición y reformas, batallas que puedan calmar la sed de los guerreros y que puedan satisfacer las ambiciones de los nuevos, esa rivalidad ostentosa de quienes ya alardean en la Corte. Pero ese tercero no podrá ganar contra una parte del Reino. Mejor dicho, no podrá ganar contra una parte de la Corte.

José Luis Rodríguez Zapatero fue el tercero en disputa en unas primarias socialistas (primus inter pares), alguien que supo obtener sus triunfos sin apear a toda una generación, aportando –eso sí– gente nueva con ambiciones no menores. Se trataba de reunir apoyos de los viejos para dar paso a los advenedizos, operación que encabezó un joven hombre del aparato y de la estructura parlamentaria del partido. Con aparente ingenuidad y con resuelto maquiavelismo, Rodríguez Zapatero ha sabido representar su acto como si de una narración épica se tratara, como un nuevo Arturo. Suso de Toro, escritor áulico del actual presidente, lo glosaba rememorando el mito: “El mito es bien conocido: a la muerte de Uther, el soberano, el reino se había sumido en el desconcierto y el desgobierno; los nobles se disputaban el trono, pero sólo aquel que arrancase la espada de la piedra sería el elegido. Pero no fue ninguno de los barones, sino Arturo, un muchacho de origen incierto, quien arrancó limpiamente la espada”. Eso leemos en Madera de Zapatero, aquel volumen electoral que aquí analizamos y que les invito a repasar. Desde luego no fue exactamente así, de ese modo prístino, original, adánico que sus oponentes le reprochan. Hay que leer más y creo que muchos de los que opinan en la prensa no leen suficientemente o, al menos, se dejan llevar por la impresión no madurada.

Por ejemplo, estoy seguro de que muchos de los que los que le son hostiles no han leído el Examen a Zapatero, de Philip Pettit. En unas declaraciones que en sus páginas se recogen, el actual presidente habla de las relaciones internacionales y dice: “Los intereses de nuestro país están mejor servidos con una labor discreta y constructiva que permita ir ganando aliados que con confrontaciones estériles con las que se acaba alienando a socios que antes o después vas a necesitar”. Por favor, olviden las relaciones internacionales y lean en clave personal y maquiavélica el texto que les he reproducido. Rodríguez Zapatero se presenta como un político sagaz que sabe lo que se juega: su éxito no dependería sólo de sí mismo, sino de las coaliciones que fuera capaz de organizar, de las colusiones que pueda orquestar, de los potenciales aliados que pueda reunir.

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Blogosfera 

Àngel Duarte, “Dejen de devorarse a ustedes mismos, por favor“, El tinglado de Santa Eufemia, 13 de mayo de 2008

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Miércoles 14 de mayo, nuevo post a poqueta nit

36 comments

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  1. David P.Montesinos

    Perdón por el unplugged justo en el peor momento, pero Begout me concierne especialmente. Gracias por cierto a A. Lillo y a Paco Fuster por recordarme, sois excepcionales ambos. Dije que “Zerópolis” era una obra maestra y, Anagrama no tardó ni un año en sacar “Lugar común.El motel americano”. Síntoma de impacto fuerte teniendo en cuenta que se trata de un ensayista de menos de cuarenta años, y eso es ser muy joven. Begout está abriendo nuevos caminos al análisis de la cultura, lo creo firmemente. El primer libro es deslumbrante, poético y profundo -y a la vez superficial, porque se trata justamente de una visión de lo banal como destino-, un ejercicio de poesía en un sentido que me atrevo a comparar -Serna ya lo ha hecho- con el “América” o “Cool memories” de Baudrillard o con el del español Miguel Morey, “Deseo de ser piel roja”, libro fascinante que todos deberíamos buscar (Recuerdo por cierto a Serna coincidiendo con Morey en una tesis sobre Foucault, interesante encuentro teniendo en cuenta también a Jiménez y a Sevilla, fascinante mañana en la Facultad de Filosofía que me salió gratis hace como un lustro) Pero el siguiente es mejor, me atrevo a decir, menos luminoso, pero más poderoso, mas autoconsciente, más cerca de construir un discurso elaborado sobre como habérselas con la cultura contemporánea. Encontrar lo profundo en la pura insignificancia de lo cotidiano, lo mágico en lo que se repite cada mañana como si nada, el miedo que todos tenemos en esas huidas a los moteles que terminan volviéndose tan inhóspitos… algo así como una psicopatología de la vida cotidiana pero sin el inconsciente de Freud, más bien la desconexión con la que hemos confundido la libertad, el movilismo obsesivo como si todos fueramos muy circunspectos a alguna parte cuando tan solo huimos de un otro con el que ya no nos atrevemos a relacionarnos. El motel, ese no-lugar, ese fin del arraigo en el espacio en la era de internet y la velocidad, el motel como punto desde el que reconstruir el sentido de una nueva civilización…Los enigmáticos relatos de Carver -en los que nada parece ocurrir y todo es a la vez tan enigmático-… los cuadros de Hopper y de Register, falsamente realistas, porque están llenos de connotaciones desde las que la razón encuentra sus líneas de fuga… Estoy juvenilmente entusiasmado. Lillo lo compara con mi libro, ya me gustaría, querido.

  2. David P.Montesinos

    Que no se me olvide. Las traducciones de Anagrama son magníficas siempre. Es una editorial admirable, lo digo como lo siento y porque es de justicia, de bellísima factura sus textos, por cierto. No sé si Paco Fuster, hablando de traducciones, sabe que la mayoría de ensayos de Baudrillard en Anagrama fueron traducidos nada menos que por Joaquín Jordà, personaje muy relevante en el mundillo cinematográfico español, en especial en el mundo del documental (recordar “Numax presenta”)

    Perdón porque acaba de entrar Serna con el PP y yo aquí con Begout, pero lo he pillado ahora y no me resisto.

  3. jserna

    Leyendo a David P. Montesinos me dan ganas de eliminar mi nuevo post,. Me dan ganas de regresar al post anterior y leer su generoso comentario allí. Me dan ganas de llevar sus palabras al lugar que le corresponden. ¿Qué hago? ¿Elimino este ‘Salvem el PP’? Me entran unas ganas enormes de leer el texto de Bégout sobre el Motel.

  4. Paco Fuster

    Eso digo yo. Iba a responder a todo lo que me pregunta David (por cierto fui yo quien comparo “Zerópolis” con algunos pasajes de “La juventud domesticada”, y lo mantengo): a lo de Bégout, a lo de mi opinión sobre Anagrama – que la tengo – y a lo del traductor de Baudrillard. Se lo ia comentar todo por via interna a través de su correo, porque ya estamos con la crisis – he escuchado hace un rato a G. de Arístegui – del PP. Depende de lo que haga Justo, haré yo también. Tampoco voy a decir grandes cosas pero si que quiero hablar con David, causante último de todo este debate en torno a Bégout.

    Por cierto, también tengo enormes ganas de leer “Lugar común. El motel americano”. Mañana iré a ver si lo encuentro en la librería, aunque ya lo busqué el otro día y no estaba.

  5. Miguel Veyrat

    Su entusiasmo me ha contagiado, mi paseo matinal pasa por delante de la FNAC y tengo que comprar el último diccionario etimológico del francés publicado por Le Robert. Aprovechará para aprovisionarme de los dos Bégout. Coincido con David, Jordá, a quien conocí bien durante mis años universitarios en Barcelona, además de ser un extraordinario cineasta, pionero del mejor cine español (mal llamado “de arte y ensayo” cuando los filiesteos culturales no lo entienden) era una gran traductor. Y sí, Anagrama cuida sus traducciones. Como Trotta, por ejemplo

  6. Miguel Veyrat

    Por entrar en el tema propuesto, pienso que Justo desborda de razón al apuntar a una nueva generación. No tan nueva. De pronto, los estratos medios de ese partido se han dado cuenta de dos cosas: todos ellos, nacidos en democracia o casi, y al borde de la cuarentena, sienten que en su casa no la tienen. El gran dedo nombrador fraguiano y después aznárico, a imitación de su modelo Francisco Franco, ha suplido hasta ahora. No puede actuarse en un marco democrático sin ser a su vez elegido democráticamente. La democracia es sobre todo una praxis. Y esto supone una contradicción grave. Por otra parte, llaman también a la puerta pidiendo mayores responsabilidades. “Se les puede pasar el arroz” hablando en román paladino, si aguardan a 2012 con los veteranos anclados en sus puestos.
    Otrosí, pienso que existe una conspiración, conjura más bien, interna, del ala más radical, Acebes, Zaplana, Mayor, la propia San Gil, Botella, Aguirre, por nombrar sólo los más representativos, etc. por mantener al PP en la misma línea seguida desde 2004. Es decir, con la movilización continua en torno al “España se rompe” que precisamente el buen sentido práctico galaico de Rajoy deseaba modificar para romper la solitaria jibarización del PP. Precisamente San Gil, la más radical en cuanto a la apertura hacia el mundo nacionalista, ha sufrido una sensible pérdida de votos, tanto en las últimas elecciones autonómicas como en las generales. Quienes piensan que les irá mejor siguiendo las consignas de JLS y Pio Moa y pensando que los tiempos de crisis económica propician la radicalización de las clases medias, van en contra de la historia y de la voluntad del pueblo español.

  7. Kafeína

    ¿El “tapado” o “tercero en cuestión” no sería la propia San Gil a quien tanto dicen venerar tanto tirios como troyanos, y no sólo los dirigentes más radicales del PP? Creo que Aguirre ha quedado fuera de la batalla. Camps también dada la pleitesía desaforada rendida a su Mariano adorado y que hará que si no se aparta, “lo aparten”. ¿Habrá que esperar, don Justo, a que JLS y Moa, como dice el señor Veyrat más arriba dictaminen?

  8. Kant

    En algún otro momento ya miramos al PP, a sus entrañas, para descubrir que bajo la cáscara de la “refundación” aznariana latían las viejas familias de aquella UCD de la Transición (salvo, claro, la rama socialdemócrata que por lógica aplastante, entró en el PSOE cuando la Unión se desunió). Más allá de las corrientes propias de cada partido, la derecha española ha albergado en el seno de sus proyectos monopartidistas auténticos partidos, incluso antagónicos. Recordemos el caso “ucedeo”: comprendía la ultraderecha (franco-falangistas, tradicionalistas e intransigentes de todo pelo), los conservadores (franquistas y nacional-católicos), los democristianos (aunque su ala izquierda también engrosó las filas del PSOE, en el caso valenciano es que incluso la UDPV pasó prácticamente en bloque al PSOE), los liberales (salvo los que tras los sucesivos fracasos del PL, PRD y CDS prefirieron quedarse en su casa antes que renunciar a sus convicciones) y los socialdemócratas del sr. Fernández Ordoñez cuyo caso ya vimos al principio. Del colapso de la UCD nació el nuevo PP, el cual, restados sus caudillismos y reduciendo los grupúsculos ideológicos a sus familias naturales, nos daría un mínimo de cuatro agrupaciones políticas, con personalidad propia, marchando bajo el mismo palio. Las mismas que la UCD salvo los socialdemócratas. O el palio es muy grande, o allí no caben todos. Y el palio no lo es.

    ¿Cómo se mantienen, pues, reunidos bajo las mismas siglas? En nuestra experiencia democrática, desde luego, no por el liderazgo (véase la traición trapera que le propinaron los suyos al sr. Suárez o la recibida por el sr. Rajoy) sino porque la maquinaria burocrática del partido tiene capacidad para repartir puestos públicos. El poder del nombramiento y de la toma de decisiones. Ese es el baluarte del poder: la capacidad para actuar “motu proprio”. Lo tuvo la UCD y lo tuvo el PP. El problema le viene a estos (pseudo) partidos (auténticas coaliciones) cuando pierden el poder. Su actuación se ve limitada. Ya no tienen capacidad de libre reparto. En ese momento, cada cual – individualmente – y cada una de las familias – en grupo o por sectas – trata, por un lado, de ser el beneficiario primero de lo poco que aún se puede obtener y por otro, de encontrar una solución a medio plazo para si. Todo lo que les agregaba – los intereses, que no las ideas – ahora es lo que les disgrega.

    El ciudadano Aznar prometió a la derecha española que, puesto que el PSOE llegó al poder de forma “fraudulenta” en 2004 y dado que él tenía un plan infalible para recuperar el poder (la intervención goebeliana como oposición), en las elecciones del 08, el PP volvía al poder. Pero al electorado español el aventurismo goebeliano inquieta, atemoriza y al final, retrae. El sr. Rajoy (y otros, claro) lo vio claro, el sr. Aznar (y su súper familia cobijada en FAES), no. El primero optó por el “mejor perder que más perder” + ”rectificar es de sabios”, el segundo por el “erralla y no enmendalla”. Ambos quieren recuperar el poder pero las vías son incompatibles: o liberalismo rajoyaiano o goebelismo aznariano.

    Ante esa disyuntiva, con el liderazgo ya desacreditado y camino de un congreso (un congreso que puede ser en falso habiendo otro a año y medio de las próximas elecciones), personas, facciones y familias ideológicas deben reagruparse según su convicción. La ultraderecha y los conservadores parece que lo tienen claro pues nunca salieron de la sombra de FAES, los liberales (los de verdad, no esa estupidez de la sra. Aguirre proclamándose como tal) también. El dilema lo tienen lo que en el PP se llama (y, desde luego, despectivamente) “los cristianos”. La democracia cristiana rediviva y promocionada desde el Vaticano – como debe ser – pero con una Curia insatisfecha con los Legionarios de Cristo, desconfiada del Opus Dei y con la Compañía de Jesús en franca – y silente – recuperación, asiste con una fortísima tensión interna a su (re)ubicación en ese conflicto.

    El PP está jugando con nitroglicerina y la opción de que reviente parece cada vez más propicia. Claves para su congreso: aceptación de la nueva generación (y paralela jubilación de la anterior) de políticos populistas; liderazgo férreo e incuestionado, aceptación por la mayoría real de una nueva estrategia; y cambio radical en su praxis política como oposición. Si no es así, mal le va a ir al PP.

  9. Miguel Veyrat

    Espléndido análisis micer Kant. Sólo que pienso que “los cristianos” constituyen hoy por hoy el ala ultraderecha fascistoide o goebelsiana como usted la llama, y bien llamada, renacida de sus cenizas prefraguistas (AP) en los últimos años, mas unos pocos, poquísimos liberales ” de verdad”, si acaso el ingenuo señor Lassalle, que mejor haría en pasarse al PSOE de su esposa, aunque “de verdad” pienso que ninguno (recuerde que los liberales del XIX fueron los “rojos” pre-marxistas), y ningún socialdemócrata por supuesto, al menos que merezca tal nombre por los que observados desde fuera. Y pare de contar, ¿subfamilias definidas por el apetito de poder? Miríada.
    Déjeme que insista en que el cambio radical no debería ser sólo en su modo de oposición (la mayoría sigue pensando que es la adecuada, excepto Rajoy y algunos amigos suyos) sino en su falta de praxis democrática interna: Eso es lo que les impide, sobre todo “entender” lo que les pasa.

  10. Miranda

    Dos cosas que me han llamado la atención.
    A Suarez no le traicionaron, le volvieron a su lugar con una gran patada.
    A Suarez le puso el Rey para que articulara la Democracia NO para que hiciera un partido político. Ahí fraguó su destino.

    Considerando el poderío que las fuerzas católicas tienen dentro del PP, creo que el apoyo de Rouco y del resto de la curia les ha hecho flaco favor.
    Este país no es ortodoxo. El meapilismo asusta y creo que el primero que lo tiene claro es el propio Rouco.
    Observar que mientras están los ciudadanos con el boli en la mano para marcar la casilla está más que callado desaparecido. Sabe bien que si habla la reacción puede ser peligrosa, lo ha comprobado.

    Respecto al PP, es Laoconte devorando sus propios hijos.
    No pueden controlar el monstruo que han creado.
    No hay disciplina de partido, ni hay ideología, es el chantaje, y la ley del más fuerte.

    Cabe la posibilidad de que finalmente se disgreguen en las distintas familias de origen.
    No estaría mal…

    M.

  11. Pedro

    Tanta atención al PP y la izquierda de mal en peor en Europa. ¿Alguien del blog lo ha pensado? Pronto los socialistas españoles tendrán problemas. Zapatero no será la solución!

  12. Marisa Bou

    Lo siento, queridos míos. No quería intervenir en este post, porque no puedo ser imparcial. Me importa un pimiento que el PP reviente. Y esto es así porque NO PUEDO SOPORTAR las caras de tahúr del Mississipi que ponen cuando mienten (siempre), NO PUEDO SOPORTAR las puñaladas traperas de enemigo en retaguardia, en vez de oponente de cara, NO PUEDO SOPORTAR la hipocresía monjil de estos seguidores de Escrivá de Balaguer, NO PUEDO… seguir así, por lo que me vuelvo con Obama, que lo estoy pasando en grande. Ya volveré cuando Justo cambie el post.

  13. Kant

    Lamento, doña Marisa su decisión, creo que hubiera valido la pena escuchar su opinión también en este caso. No creo que su sentimiento se aleje, por ejemplo, del de los contertulios que han intervenido antes que ud. pero advierta que ellos, a pesar de todo, hacen su personal aportación. Considere, para las circunstancias, que ese partido representa a una cantidad realmente importante de españoles y su salud – la de ese partido – es tan vital para la democracia como la de cualquier otro, sólo que agigantada por su peso electoral. El PP en manos (más) necias que las actuales es un mono con navaja, si me permite la expresión. La estabilidad, el fortalecimiento democrático, la convivencia equilibrada, el progreso de la modernización, incluso el respeto a las minorías, pasa por tener partidos mayoritarios fiables. En estos momentos, el PP es una auténtica carga explosiva apunto de reventar provocando, con ello, unos resultados inciertos, no sólo para la derecha si no para todo el sistema de la monarquía parlamentaria. Le ruego, pues, que reconsidere su postura.

    Es cierto lo que dice, don Pedro, la izquierda – toda la izquierda – también está adentrándose en sendas procelosas. Admitiéndole la hipótesis de que el PSOE es un partido de izquierda, es innegable que el “bonismo” crece en su interior – y ahí tiene ud al sr. Pujalte ofreciéndole el ingreso en el PP – pero, me temo, que en otros barrios la cosa aún está peor: léase el despropósito de IU, con la resurrección del sr. Anguita, la desorientación del sr. Llamazares (¡cuánto me recuerda al sr. Rajoy!) y el tenebrismo de los paleocomunistas. O, léase, la izquierda nacionalista, desconcertada con la crisis de ERC, el frenazo de Aralar y la lamentable imagen del BNG en el gobierno gallego. Pero, ahora, nuestro tema es el otro. No dudo que don Justo, en algún momento, traerá a colación ese asunto aunque ahora, lo inmediato, lo que ocupa a la opinión pública y los medios es el deterioro, progresivo y rapidísimo del PP, con un ala razonable en franca minoría, una montaraz muy crecida y las dudas jesuíticas de los demás (si en un mes – ya antes de la “espantà” de la ciudadana Gil – el 10%, con otro mes, el congreso del PP obtendría un mínimo de un 20% de votos en blancos… ya me explicarán que credibilidad tendría ese proyecto político).

    Respecto a lo que apunta sobre el sr. Suárez, doña Miranda, discrepo de su primera afirmación y me ratifico en mi opinión: don Adolfo fue traicionado (en otro momento, si sale el tema, le doy nombres) y estoy de acuerdo con la segunda, en efecto, hubo una confusión entre traer la democracia y crear un partido político. Por lo demás, en trazos generales, también vengo a coincidir con ud, aunque subrayando que la situación entre “los cristianos” no es tan clara ni está tan definida como aparenta: hay mucho mar de fondo entre ellos y ya sabe que no hay peor enemigo de un cristiano que otro.

    Esto me lleva a don Miguel – gracias por sus elogios que acepto por nuestra amistad no porque crea merecerlos – y a decirle sí y no sobre la cuestión de “los cristianos”. Sí, entre ellos están los peores reaccionarios, sin duda alguna, pero también puedo asegurarle que hay personas de una derecha sensata que hacen lo que pueden en el único partido del que ahora mismo disponen. En el resto, claro, coincidimos: los liberales del PP, en realidad, en su abrumadora mayoría, lo son por oposición a la rusticidad ideológica y práctica de los conservadores “et alii”, no porque tengan ni idea de quién es el sr. Blanco-White. Y sí, por supuesto, su carencia de democracia interna es uno de los más poderosos instrumentos para explicar porqué han perdido contacto con la realidad, tanto en los aspecto que apuntaba doña Miranda, como en los que aporté yo en mi anterior intervención.

    A la postre, peligro. El PP se tambalea víctima de sus propios errores, las frustración en la derecha es creciente, las alternativas del próximo congreso, una incertidumbre más.

  14. Kant

    Uf, disculpenme, pare que me comí una frase.

    Cuando hablo de los votos en blanco previstos en el próximo congreso del PP debiera haber escrito:

    “(si en un mes -ya antes de la “espantà” de la ciudadana Gil – el 10% de los compromisarios pensaban votar en blanco, con otro mes, el congreso del PP obtendría un mínimo de un 20% de votos en blanco… ya me explicarán qué credibilidad tendría ese proyecto político)”.

  15. jserna

    Leía la divertida frase del señor Kant [“El PP en manos (más) necias que las actuales es un mono con navaja, si me permite la expresión”] y pensaba en eso: en un mono con navaja. Qué imagen más inquietante. Salvando las distancias, porque son metáforas distintas, pensaba en aquella otra que les proponía yo mismo aquí cuando hablaba de ‘El barrito del elefante’ para referirme a los partidos en período poselectoral.

    http://blogs.epi.es/jserna/2008/02/01/el-barrito-del-elefante/

    Un mono con navaja. Vaya, qué inquietante.

  16. jserna

    Sra. Bou, admitirá que a los adversarios políticos hay que soportarlos, ¿no? No está obligada, desde luego, pero yo quiero tomarme en serio las dificultades cortesanas del PP. Y las del PSPV, ni te cuento…

  17. Miguel Veyrat

    Inquietante, sí, Justo Serna y Kant, pero más peligroso que mono con navaja, pienso que sería un tonto con una tiza… Eso sí que tiene peligro, y me temo que estemos ante el caso.
    De todas formas, a medida que abundan en declaraciones quienes han impulsado a la perdedora señora Sangil hacia las cumbres del cariño imprescindible dentro del partido, al tiempo que ensangrentaban con nuevas víctimas el campo de batalla, me reafirmo en mi convicción ya expresada más arriba de que todo el tema forma parte de una conjura urdida y preprada con mimo desde el siguiente día de las elecciones por quienes han ido calculando y graduando los tiempos de los golpes que asestaban en la mandíbula de cristal del también perdedor Rajoy.
    A propósito de Sangil y sin querer ser cruel —y por favor no me acusen de machismo la pregunta—, ¿dejan efectos colaterales y/o mentales no deseados las quimioterapias aplicadas en la curación de un cáncer de mama? Tal parece que la doña perdió el sentido de la realidad y es una auténtica marioneta de guiñol en manos de Mayor Oreja, uno de los muñidores en la sombra de la conjura. No parece muy lógica su espantada tras consensuar la polémica ponencia política como han afirmado públicamente el resto de redactores y portavoces.

  18. Miranda

    Hace un rato dejaba en un foro que paseo esto sobre esa doña.
    “Les ha crecido una Rosa Díez de parecida calaña.
    Una trepa, sin más cualidades (su fracaso traducido en una considerable pérdida de votos del PP en el PV estas últimas elecciones ha sido estruendoso y debería descalificarla para seguir representando el partido) que haber estado presente cuando mataron a Ordoñez, cargada de ira, de odio, y…de ambición, ataca.

    Lo que algunos comentaristas están, o estamos (en ptit. comité), haciendo al hablar de los problemas del PP como un confilcto político es dignificar política y humanamente lo que no es más que un conflicto de intereses de S.L.

    Son trileros peleando por el botín ahora escaso; no hay bastantes sillas ni privilegios para tanta ambición y egos.”

    Esa pregunta médica que hace Veyrat sobre Sangil me la he hecho en otras ocasiones sobre otros casos, algunos públicos (no puedo olvidar aquellos ojos de loca bajo aquella mantilla visitando al Papa), otros privados.

    Y hablando de características. Tres ejemplos de dignidad, sentido político, y lealtad, gritando asesino y otras lindezas a Josu Jon Imaz. (pena que no esté en el tube para escuchar sus empastadas voces)

    ELLAS

    M.

  19. Marisa Bou

    ¡Vale, vale, señor Kant, señor Serna! Admito humildemente la reprimenda, reconozco que fué una salida de tono completamente visceral y lejos de mi estilo. Pero, compréndanme, yo estaba tan feliz leyendo a Obama, cuyas opiniones, hasta el momento leído, rubrico y aplaudo, cuando entro en el blog (pues cuando no entro les añoro mucho) y me encuentro con las penurias del PP, que no es que me alegren, entiendo que tiene que haber grandes partidos en esta nuestra situación parlamentaria, y que éstos han de defender las diferentes posiciones de la ciudadanía que les elije. Pero a veces me salta un resorte en la cabeza que me hace desbarrar, lo admito.
    La imagen del mono con navaja es merecedora de figurar en el post de “El horror, el horror”, casi tanto como en el de “El humor, el humor”.
    Pero, creo yo, que doctores tiene la PPIglesia con más merecimientos que todos estos personajes que están protagonizando una estampida digna de una manada de elefantes. No seré yo quien los cite, pero me consta que hay gente inteligente y moderada en sus filas, del mismo modo que sé que hay algún que otro impresentable en las filas de la Izquierda, dicha así con mayúscula para incluir a todas las “sensibilidades”.
    Y, tras prometer que controlaré mejor mi “resorte”, me vuelvo a la lectura de Obama, que no quiero abusar del préstamo de Paco Fuster. Pero ¡volveré!

  20. Arnau Gómez

    He estado apartado del mundanal ruido.Cosas que les ocurre a nuestros débiles cuerpos.Les saludo y deseo me acojan con su habitual benevolencia.
    ¿Salvar al P.P.?¿De quién? ¿De ellos mismos?. Que quieren que les diga,pero no estoy por la labor,aunque pienso que en una democracia se necesitan organizaciones capaces de canalizar las ideas y las ambiciones de la ciudadanía.
    La derecha postfranquista ha estado refundándose permanentemente desde la muerte del general.Y permanentemente ha habido dos concepciones de un partido de derechas,enfrentadas cuando no tenían todo el poder y unidas en cuanto lo detentaban. Ustedes recuerdan a Suárez,del que dicen que le pegaron la patada sus mismos conmilitones.Estoy de acuerdo,pero convendrán conmigo que Areilza,Ricardo de la Cierva (¡Error, que gran error!) y sobre todo y para no hacerlo largo, Manuel Fraga, golpearon duramente las posaderas del Duque,clamando por la gran derecha,que solo un personaje tan mediocre como Aznar pudo aglutinar,aprovechando los escándalos del gobierno de Felipe González y la labor de captación y coordinación que realizó Rodolfo Marín Villa, de muchos cargos del movimiento nacional ,que andaban dispersos por los pueblos de España.Muchos ostentaban su condición de alcaldes designados y que vieron como sus convecinos les elegían en las elecciones que ellos tanto despreciaban.
    Los cristianos no es un grupo unido,ni política ni ideológicamente.La Curia, y el Vaticano en último término, han apoyado a los movimientos más ultras (opusdeos,legionarios..) y han rechazado y aplastado a los jesuíticos(teoría de la liberación,democristianos veros….), con un talante más democrático.Y en esto no hacen más que seguir los pasos de su verdadero paladín, Franco, que arrasó a los democristianos y se apoyó en los ultracatólicos.
    De todo este amasijo surgió A.P. y la UCD y más tarde el P.P.No es extraño,que una vez más,las fuerzas de la ultraderecha se enfrenten con la derecha moderada para conseguir,de nuevo, mandar en España.Y fíjense bien que digo España,es decir Castilla,León,La Mancha,La Rioja,el Reino de Valencia (el nombre no es mío, lo ponen ellos), el Reino de Murcia (idem) y algunas zonas andaluzas,gallegas,asturianas, en las que la fuerza y el control social de los caciques (fenómeno no extinguido, sino vivo y coleando) y los clérigos,consiguen que el P.P. o cualquier partido que le substituya, tenga fuerza e implantación.Los países periféricos (Catalunya,Euskadi) molestan como mínimo.No los quieren fuera de su España,pero no los quieren dentro de sus centros de poder y decisión.
    El P.P. solo está digiriendo el 9-M,tomando ímpetu y preparándose para que sus gaviotas vuelen con más fuerza.¡Cuidado con esos pájaros,que son carnívoros!

  21. Arnau Gómez

    Quiero añadir que los tratamientos actuales de esas enfermedades que se llaman de larga duración (eufemismo que incluye muchas patologías,pero que se refiere al cáncer),no producen alteriaciones intelectuales y el que es tonto sigue igual y el que es inteligente no ve disminuido su bagaje intelectual.Lo digo por experiencia profesional.

  22. Miguel Veyrat

    No, Justo, yo no usaba una enfermedad para atacar a nadie, sino para destacar que el cambio brusco sufrido por una persona sometida a uno de esos tremebundos cócteles terapéuticos que alteran la sesera al más equilibrado, suele ser habitual, y en un político/a puede tener los efectos destructivos que está teniendo en el seno de su partido: ¿Le parece a usted lógico que tras consensuar y redactar la ponencia política de una espantada de ese calibre si no es por un ataque de demencia cuasi-religiosa de veneración al líder-santón Mayor Oreja?.
    De Mayor Oreja solamente he escuchado hablar de su afición a empinar el codo, cosa que yo no criticaría pues es afición que he compartido, ¡ay! hace años y me la veta ahora mi hechicero. Pero si el vino dictara sus dicterios políticos, su comportamiento parlamentario, pienso que sí sería criticable. ¿Recuerdan las cervecitas de Busch atragantándose con schnitzel,
    la guerra que dieron? Y no me refiero a la de Irak, que también, sino a la mediática. No seamos puritanos. La salud de Pompidou o de Mitterrand, por ejemplo fueron los secretos a voces mejor guardados del Elíseo, porque precisamente podrían alterar su sentido de la realidad al ser los depositarios del botón rojo y desencadenar una guerra nuclear… ¡Por favor!

  23. Arnau Gómez

    ¡Muchas gracias D. Justo!. Es usted muy amable conmigo.

    A D. MIguel:Lo que produce alteraciones mentales no es el cóctel terapeútico que se inyecta a un enfermo de cáncer,sino el conocimiento de su enfermedad,la consciencia de su gravedad y la certeza de una muerte que consideran inevitable.Logicamente,cuando les haces ver que la muerte es inevitable en cualquier caso y en cualquier circunstancia,se estabilizan,sobre todo cuando ven que su enfermdad se puede controlar y ven que se controla.

  24. Miranda

    Siento contradecirle, Don Arnau, pero cuando por circunstancias familiares comprobé dichas secuelas y pregunté a científicos que respeto, la respuesta que obtuve es precisamente la contraria a la que usted proporciona.
    Más tarde, al comprobar que en otros casos (amigas, conocidos) se producían episodios peculiares no pude sino confirmar lo que ya hacía tiempo me habían dicho.

    Y casualmente, hace poco, hablaban de ello en los periódicos, lo que comentan no es más que una pequeña referencia, pero tengo entendido que ha habido otros artículos más específicos en Science. La referencia resumida es esta.

    Me alegra mucho leerle.
    También me regocija leer y estar siempre de acuerdo con el Sr. Veyrat.

    M.

  25. Mur

    Don Justo,

    No entiendo por qué le dedica tanto tiempo al facherío nacional. Si el PP está agonizante, pues mejor que mejor. Esa crispación que nos ahorramos.

    Lo que es yo, ni mirar un instante para esos agoreros peperos que nos vaticinaban una crisis económica, un Estado quebrado en autonomías insaciables y no sé cuántas más catástrofes horribles que al final se han quedado en nada.

    Basta ya de PP. Toca un descanso. Disfrutemos sin más de estos cuatro años dulces de Gobierno Progresista. Nos lo hemos ganado.

    Un saludo cordial.

  26. Miguel Veyrat

    Gracias, Miranda, por sus datos. Pero quiero aclarar que ese no era el fondo de la cuestión, sino tratar de explicarme la facilidad con la que esta mujer, “pilar de fortaleza” del PP y referente sobre todo en los últimos cuatro años de firmeza frente a la política antizapaterista, y no sólo frente a ETA, ha podido ser manipulada tan fácilmente por los jefes de la conjura urdida contra Mariano Rajoy, cada vez más aislado como puede comprobarse. Se me ocurrió la que expresé anteriormente, aunque quizás me equivoque y sea pura maldad la que le ha llevado a traicionar de ese modo y a última hora a su ex-adorado jefe político. Peor para ella y para ellos. A mí también me repugna el tema, como a Mur y Marisa Bou y seguramente a muchos otros de nuestros amigos, pero no considero, como tampoco Justo Serna, que sea una pérdida de tiempo el análisis del fenómeno que podría llevar al PP a convertirse en un gran partido conservador, democrático en sus usos internos, conjugando políticamente sus bazas externas con sus diferentes familias y conquistando de nuevo el poder de gobernar con medios legítimos. Y sobre todo siendo útil al equilibrio democrático de nuestro sistema parlamentario, que tampoco nos gustará, pero es el que tenemos. Desgraciadamente, creo que seguramente ya es tarde y que camina hacia su autodestrucción. Y no se ve en lontananza a nadie con prestigio intelectual, humano y político suficiente para reconstruirlo.

  27. J. Moreno

    Observo las arrancadas de algunos contertulios para enjuiciar posturas ajenas que no comprenden, que vistas desde lo lejano son recíprocas.

    La desazón que producen las enfermedades asintómaticas hay que neutralizarlas con muchas dosis de autocontrol.

  28. Kant

    ¡Hombre, don Arnau!, desde su petición – oportunísima – de “Grândola” en “La ventana”, no había vuelto a saber de ud, ya lo extrañaba. Como al sr. Moreno, que se nos fue de vacaciones y ahí perdí su pista. Bienhallados sean.

    Me permitirán que aproveche una noticia local, valenciana, de hoy mismo para ilustrar el desastre que se nos puede venir encima a todos con un PP disuelto hasta un límite superior a lo tolerable. El ciudadano Fabra, a la sazón presidente de la Diputació de Castelló y probo caballero incapaz de encontrar un juez que lo juzgue por delitos varios y lo libere de las maledicencias que las lenguas viperinas vierten sobre él (pobrecito, él), dice: “Yo soy de Fabra y haré lo que crea que es mejor para la provincia y el partido”

    La traducción de sus palabras a román paladino (“lengua con la que cada vecino suele fablar con su vecino”) es:”mire, joven [al periodista impertinente que lo interroga sobre su actitud ante el congreso pepista] yo sólo actúo movido por mis intereses personales, así que haré lo que me dé mi realísima gana siempre que con ella pueda seguir forrándome, controlar caciquilmente la provincia y tener la cobertura de un partido que me permita continuar en mis negocios”. Puede verse la noticia completa en http://www.levante-emv.com/secciones/noticia.jsp?pRef=2008051400_19_446118__COMUNITAT-VALENCIANA-Fabra-Fabra-hare-crea-mejor-para-provincia-partido

    Obviamente, el sr. Fabra está ninguneando al sr. Camps – paradójicamente, su protector político (está mordiendo a la mano que le da de comer) – tras alardear, éste, que “todo” el PP valenciano estaba con don Mariano; está traicionando al sr. Rajoy – a quién le prometió su apoyo y a él se comprometió – y se está ofreciendo al mejor postor pepista para captar sus delegados – los que él controla – a cambio de un reino taifa: el de la provincia de Castelló. En otras palabras, el ciudadano Fabra quiere volver al XIX reverdeciendo tanto el sistema administrativo caciquil, como su paralelo político (¿recuerdan esos partidos amparados sólo en el nombre de sus líderes: silvelistas, romanonistas, casarramistas…?). Creo que con esa declaración “fabrista” se advierte como una disolución excesiva del PP afectaría a la joven democracia española. Sería un paso atrás que diez millones de votantes iban a dar. Con ello, la sociedad española – toda – se impregnaría de un tufo irrespirable a reacción y disolución, por tanto, de radicalización derechista y con ello de crispación social y desetabilización institucional.

    No les negaré, claro, que así, lanzado, estaría con gran parte de las opiniones que explícita o implícitamente aplauden uds sobre la desintegración total del PP. Pero si me paro a pensarlo, que el PP derive hacia una derecha civilizada (cosas más raras se han visto, por ejemplo, un partido socialista y obrero devenido en tibio liberal), o que se fraccione en dos o tres partidos más nítidamente agrupados por una ideología definible (no este conglomerado indefinible de derechones), creo que es más interesante para el sistema democrático a que, sobrepasados esos límites, se convirtiera en una galaxia de partidillos personalistas y caciquiles, de difusa ideología nacional-católica y una práctica corrupta como sistema habitual. Abrimos la espita del obscurantismo, del retroceso, la fanatización y la intransigencia. No me gusta el PP pero él (o un par o tres de hijos suyos), renovado, bajado de la Montaña, salido de la Cueva, receptáculo sensato de la derecha (y, por lo tanto, domeñador de ella) creo que nos hacen falta a todos.

    Por último, me parece estupenda la última intervención del sr. Serna sobre el sr. Zapatero, ese es el político que siempre he dicho que es: el más inteligente que ha tenido el PSOE hasta ahora. Y, como saben, tampoco comparto su ideología pero considero innegable que presenta las virtudes de un digno rival. Sus oponentes deberán estar, como mínimo, a su altura. Ese es el reto que se abre para los otros partidos a su derecha y a su izquierda y para las camarillas de su interior.

  29. jserna

    “El único problema de la llamada de Serna, y vuelvo al principio, es que se parece en demasía al ¡Salvemos las ballenas! Ese lema que alude a una especie en extinción y que tan descaradamente se saltan los arponeros, sean japoneses, o no”, dice Àngel Duarte en su blog.

    Efectivamente cuando pensé en el título (sin admiraciones, es un signo que me desagrada), lo hice por analogía a ‘Salvem el Cabanyal’, una llamada de la que tantas veces ha hecho mofa el propio PP, aquí en la Comunidad Valenciana. O lo hice también (por qué no) por analogía a ‘Salvemos las ballenas’. Una especie en extinción, ciertamente. Los movimientos titulados así (Salvemos, Salvem, etcétera) frecuentemente han merecido la rechifla de los ‘populares’ valencianos: como si sólo fueran grupos de gentes desnortadas que luchan por mantener vivo lo que merece justa muerte o una pronta desaparición. A pesar de no militar en dicha organización creo que debemos hacer esfuerzos (aunque sean irónicos) para que no desaparezca un partido de derechas que sea o llegue a ser integrador y razonable. O no. Depende de los arponeros.

  30. Miranda

    Les dejo un tag para enlazar direcciones sin tener que pegarlas en forma de chistorra..
    A veces son tan largas que pueden escacharrar la casa del anfitrión.
    No es el caso de Don Justo, que tiene tabulado el espacio de los mensajes y no cambian de tamaño según los enlaces, pero sí puede pasar en otros lugares.

    <a href=”xxx”> yyy </a>

    Tienen que substituir las xxx por la dirección, y las yyy por la palabra a pinchar para ir al enlace. No se olviden de cerrar el tag si van a seguir escribiendo (</a>) o les pasará lo que a mi y se quedará todo el resto del texto en forma de enlace.

    Besos.

    M.

  31. Fuca

    Cómo no voy a decir nada de interés, escojo esta hora cercana a nuestro “entre lusco e fusco” (vuestra “poqueta nit”) para intervenir en este “post” titulado “Salvemos el PP”, así, sin preposición, sin personalizar, eso me parece bien. Cuando lo leí, me recordó al título de un vídeo de mis amigos galaico-valencianos, “Salvem el Botànic”, parece que es frecuente en esas latitudes el “Salvem”. Sin embargo, eché de menos, querido Justo Serna, que no hayas puesto el enunciado entre interrogaciones; no sería mejor ¿Salvemos el PP? Porque ahí sí intervendría para decir mi opinión. No me interesa salvar el PP.

    Casi todos insistís en la necesidad de un partido de derechas moderado, civilizado, integrador; pero ¿para qué se necesita, para consolidar el bipartidismo actual? Yo no quiero bipartidismos, no quiero mayorías absolutas, no quiero una oposición frente al partido gobernante; quiero pluralismo en el gobierno, quiero oposiciones distintas; por lo tanto, si el PP se desintegra, peor para ellos, más difícil lo van a tener si aspiran a gobernar algún día España. La derecha moderada (la que queda dentro de PP) migrará hacia otros partidos (PSOE, BNG…) y la extrema derecha pasará a ser eso, una derecha extrema, sin engaños ni disimulos. Allá ellos y sus chanchullos, su crisis no entra dentro de mis preocupaciones.

  32. Kant

    Evidentemente, doña Francisca (Fuca para uds) el propósito no es consolidar el bipartidismo sino lo contrario. Con un añadido: higienizar la vida pública española llamando a las cosas por su nombre y el que sea liberal – por decir algo – que sepa, realmente, donde está la alternativa liberal: ni aplastada por el conservadurismo nacional-católico ni disfrazada de socialdemócrata. Un PP civilizado supondría la salida – por imposible cohabitación – de la derecha montaraz (y la extrema derecha que lleva adherida) y, precisamente, por esa fractura en el gran partido de la derecha, quedaba en jaque la izquierda.

    Sobre el tapete quedaba, entonces, saber (1) si el PSOE es un partido en el que cabe desde el más rancio españolismo “bonista” hasta los que son socialistas convencidos, pasando por liberales despistados que allí han recalado y los socialdemócratas de toda la vida… ¿Ve? de nuevo, poco palio para demasiados feligreses pero ahora aplicado al PSOE y (2) si no le toca a la izquierda replantearse de una vez qué piensa hacer en el siglo XXI, si continuar en el XIX o espabilarse ofrecer una alternativa coetánea y atractiva de cara orientada al futuro.

    Así que sí, a mí sí que me interesa salvar al PP, a ese PP, porque el Estado tendría una oportunidad magnífica de oxigenar un cuerpo político que se está quedando obsoleto e insatisfactorio muy rápidamente para los ciudadanos, cada vez más desconfiados con sus representantes políticos. Un Parlamento de cuatro partidos medianos, necesitados de la moderación, la contención y el pacto para gobernar es bastante mejor que otro con dos tentados permanentemente a actuar como rodillo – cuando la oportunidad lo permite – o a bloquear la gobernabilidad del gobierno – cuando así se diera el resultado electoral – en fin, de concretar un sistema de “ellos” y “nosotros” (“malos” y “buenos”), el fundamento de un conflicto civil.

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