¿Me refiero a mi condición de profesor? Admiro el oficio de docente y desde pequeñito quise ser profesor. Me parecía y me parece prodigiosa la capacidad que tienen algunas personas para despertar el interés y la valía de un tercero. Ojalá yo haya conseguido estimular a alguien. Si no ha sido así, aún espero conseguir esa proeza. Lo mismo puedo decir de lo que escribo. Ojalá se vea en ellos la vergüenza torera: yo me arrimo. Me arrimo al menos en lo que creo hacer mejor: esto que escribo. Creo que me sale mejor un artículo de prensa o una entrada del blog que un extenso tratado doctrinal, labor esta última para la que no estoy dotado. Artículo de prensa y blog: de eso precisamente quería hablarles. Y del nivel de incompetencia. Pero antes de continuar, permítanme hacer un inciso.
Tachín, tachín
——————
1. Nuevo emplazamiento para Los archivos de Justo Serna
Los archivos de Justo Serna han cambiado de emplazamiento. A partir de ahora mismo tendrán una nueva dirección. Este sitio con un servidor distinto será el nuevo lugar en el que leer Los archivos de Justo Serna, tanto los posts anteriores como los que a partir de ahora iremos añadiendo. Les invito, pues, a abandonar la dirección antigua (blogs.epi.es/jserna o últimamente blog.levante-emv.com/jserna) para quedarse en el sitio en el que ahora están:
https://justoserna.wordpress.com/
Recuerden: https://justoserna.wordpress.com
————————–
2. ¿Y por qué este cambio radical?
Sin duda, debo una explicación. Yo fui colaborador de Levante-Emv desde marzo de 2006 hasta noviembre de 2007. En la colaboración había un compromiso que el director me pidió expresamente: reabrir mi blog para asociarlo a la Editorial Prensa Ibérica. Mi colaboración como columnista acabó en noviembre de 2007, insisto. A partir de esa fecha cesé a petición del director del periódico. ¿Censura política? ¿Presiones? La razón que se me dio era económica. La prensa en papel está atravesando un mal momento y la publicidad no llega como antes llegaba. ¿Es cierto? Por supuesto, los periódicos están pasando por una etapa de absoluto desconcierto: Levante-Emv, entre ellos. ¿Pero por qué la reordenación o el adelgazamiento de colaboradores de ese diario deben empezar por mí y acabar… por mí? Una razón general no sirve para explicar un caso particular si otros casos equivalentes no se ven afectados por aquélla. Un cese como el mío puede justificarse por otras causas, pero no por una genérica que no explica nada. Ah, responderá mi crítico, ¿es que, acaso, al director de este o de aquel periódico tiene que gustarle por fuerza tus artículos? No, por supuesto. Puede, incluso, lamentar mi estilo, los objetos que abordo y el tratamiento. Pero, entonces, la razón económica no basta o es mera excusa: justamente cuando la profunda remodelación que me comunicaron no la he visto por lado alguno. Entonces, ¿estás rencoroso?, me dirá mi crítico. Esta circunstancia, qué duda cabe, me produce desazón.
—————-
3. La prensa y su crisis
Pero, más allá de mi caso, ejemplos de esta índole confirman un agostamiento, un escoramiento, un alineamiento: que es lo que de unos años a esta parte observamos en numerosos diarios españoles. La pujanza de los periódicos gratuitos, el frecuente sectarismo partidista, la tomatización de la prensa, la incultura desacomplejada, la manipulación burda y sutil a un tiempo, las opiniones desbordantes, la mezcla de hecho y juicio, la mercantilización de las informaciones: todo ello y mucho más nos son fenómenos alarmantes. Hasta la banalidad se impone. Vean, por ejemplo, una primera plana de El Mundo: corresponde al miércoles 21 de mayo. No la reproduzco: la enlazo. Si no la conocen, verán qué sorpresa:
Ahora, que han regresado, pensarán: vaya fotografía, qué manera de informar. En un curso de periodismo o de comunicación, esa portada debería estudiarse. Pero no por la imagen, sino por el pie que en el periódico le ponen a la foto de Alberto Cuéllar: «Una mosca perturba al ‘lehendakari’ en plena rueda de prensa, ayer, en el Palacio de la Moncloa». ¿Una mosca perturba? ¿Es acaso un símbolo? No lo puedo creer. La tentación de hacer metáforas con hechos simples o banales, de rellenar con significado, con sobreinterpretaciones, lo que es pura causalidad, es algo que los periodistas no se pueden consentir. Pero no sólo ocurre esto cuando los cronistas se abandonan por manipulación o pereza. Sucede también cuando los columnistas o articulistas juegan con el exceso. Las muestras son abundantísimas, pero me ceñiré a un caso muy reciente. Por ejemplo, la tribuna que a Joan Garí le publicaron en El País el pasado 20 de mayo. Empezaba con una comparación tan desmesurada y detestable, que nada de lo que después pudiera decir era ya sensato. Lean, por favor, el primer párrafo.
Después de esa entrada, ¿que se puede añadir? Suelo leer los artículos de Garí con interés: y ello a pesar de que pueda discrepar. O precisamente por ello. Pero, después de comparar a la alcaldesa de Valencia con un serial killer o con Ceaucescu, sólo cabe el estupor: la extrañeza. Analogías arriesgadas o imágenes de inspirado o temerario simbolismo son un recurso del periodismo y del articulismo: las metáforas las carga el diablo. ¿Cuánta realidad estamos dispuestos a soportar? Es lo que me preguntaba precisamente meses atrás cuando leí unas palabras del señor arzobispo de Valencia. Se cumplía medio siglo desde la riada de 1957. Estaba ante las autoridades civiles y militares, ante la prensa, y justo en ese momento, llevado por la tentación, por la tentación literaria a la que son muy dados ciertos clérigos, Agustín García-Gasco pronunció unas palabras inauditas.
Hizo equivalentes una riada real, con muertos, con víctimas numerosas, y otra metafórica: la ola de relativismo, de increencia, de materialismo que nos llega y que amenaza con anegarnos. Escribí un artículo tocándole las metáforas al arzobispo. Al parecer sentó muy mal que un periódico tan piadoso como Levante-Emv, un periódico que reparte estampas de la Geperudeta entre sus promociones más apreciadas, publicara un texto tan disolvente como el mío. Días después, tras unos pocos artículos, fui apeado de mi columna: dejaba de colaborar en Levante-Emv. Cuando cesé por invitación del director del diario, se me dijo expresamente que no había censura política alguna. Crean lo que me confesó: no puedo negarlo sólo a partir de indicios; y ello a pesar de que sea muy sospechoso que yo ya no haya podido publicar artículo alguno en sus páginas desde noviembre de 2007. Lo dejo estar, pues: el post y ese periódico llamado Levante-Emv. No me toquen las metáforas…, que me irrito.
—————–
Blogosfera
Mi cese como columnista de Levante-Emv: lo que dije el 29 de noviembre de 2007
——————
Viernes 23 de mayo por la tarde, a poqueta nit, nuevo post:


Deja un comentario