Examinando al Dr. Jones

0. Os recibimos, americanos, con alegría…  (23 de mayo)

  “Independientemente de toda opinión política, desde un simple punto de vista imaginativo, pienso que la mayoría de nosotros preferiría que fueran los americanos los primeros en llegar a la Luna. En efecto, a los americanos en la Luna nos los imaginamos”, decía Umberto Eco en un artículo de 1959, recogido después en Diario mínimo. ¿Que por qué nos los imaginábamos? Porque para aquellas fechas toda una literatura de ciencia-ficción había facilitado esa posibilidad aún pasmosa e irrealizable. ¿Y los rusos? También los soviéticos podían llegar a la Luna. Al fin y al cabo, el lanzamiento del Sputnik en 1957 había sido una proeza en plena Guerra Fría. ¿Un satélite artificial alrededor  de la Tierra? Aquello abatió a los norteamericanos, dicen: esa afrenta tecnológica dio origen al programa Explorer y, después, a la misión Apolo. ¿Recuerdan? Diez años después de que Umberto Eco escribiera ese artículo, los norteamericanos llegaban a la Luna. El Apolo 11 consumaba un sueño y sobre todo unas fantasías propiamente literarias. Recuerdo ahora el artículo que escribí sobre El viento de la Luna, la obra de Antonio Muñoz Molina: el novelista supo recrear con belleza y sofisticación esa hazaña que a tantos nos deslumbró.

 

Pero regresemos a 1959. ¿Y los rusos?, se preguntaba Umberto Eco. “Los rusos… Hay que hacer un esfuerzo para imaginárselos allí”, se respondía el ensayista italiano. Situémosnos. Estamos a finales de los años cincuenta. La literatura de la que habla Eco ha creado una experiencia de lo imaginario (la llegada a la Luna) y una expectativa de lo posible: el triunfo de los americanos en lucha contra la amenaza roja o contra el ataque exterior. O dicho en otros términos: las novelas –el cine y el curso histórico– han creado un espacio de experiencia y un horizonte de expectativas de lo que es probable, temido o deseado (por emplear expresiones de Reinhart Koselleck). Y en la ciencia o en la técnica también lo probable, temido o deseado, suele ser lo que ya creemos saber con las narraciones: nuestra imaginación alimentada por las novelas o el cine

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1. Esperando a Indiana Jones (23 de mayo)

 Años después, la última entrega de Indiana Jones, de Steven Spielberg, de Georges Lucas, de Harrison Ford, está ambientada en esa época, justamente en 1957, recreando la Guerra Fría. Como indican las crónicas, los villanos ya no son los nazis, sino unos temibles soviéticos. Leo en un despacho de la Agencia Efe que algunos comunistas de San Petersburgo han mostrado su indignación por la imagen que de Rusia se da en la película de Spielberg. “El film describe de forma caricaturesca y miserable la actuación de los soldados soviéticos, de nuestros agentes de inteligencia, liquidados cínica y despiadamente por el superhéroe americano Indiana Jones”, dicen esos militantes agraviados. Pero continúo.

“Semejantes mentiras fomentan en los rusos de las nuevas generaciones un estado de ánimo decadente, inseguridad en el poderío de su país y un sentimiento de idolatría por Estados Unidos”, añaden. “La película tiene como objetivo denigrar a los comunistas soviéticos, engendrar una nueva ola de antisovietismo y crear entre la juventud actual un concepto tergiversado de la política exterior de la URSS de los años 50 del siglo XX”, precisan. Pero, para acabar, los actuales comunistas rusos recuerdan a Spielberg que “en 1957 (año en que transcurre el film) la URSS no enviaba terroristas a Estados Unidos, sino que lanzó una cohete artificial al cosmos, lo cual provocó la admiración de todo el mundo”. Etcétera, etcétera.

 

Como comprenderán, con una polémica así, muchos espectadores arderán en deseos de ver la película. ¿Será tramposa, como dicen los comunistas de San Petersburgo? ¿Con qué criterios juzgan estos críticos? Estoy demorando la espera, aguardando el mejor momento de acudir al estreno. No por falta de interés, desde luego. He visto el tráiler, he visto las imágenes promocionales y he leído algunas críticas. ¿Recuerdan las primeras películas de la serie? Con Indiana Jones estamos, por supuesto, ante un relato característico de la literatura popular, un relato probablemente poco respetuoso con la historia real pero muy fiel al pasado fantasioso de héroes y villanos: alguien que lleva una vida de rutina tiene que sacar coraje para enfrentarse a malvados en una circunstancia excepcional. El personaje encarnado por Harrison Ford es, sin duda, nuestro arqueólogo favorito, imaginario, irreal: lo que quieran, pero atractivo, sobre todo porque hace parodia del heroísmo que él encarna. Es un profesor: es difícil imaginarse a un docente como un personaje de acción. Spielberg, Lucas y Ford lo lograron: desde luego no hay que tomarse muy en serio esas hazañas improbables.

 

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2. Nunca te enamores de tu propio zepelín (23 de mayo)

 

Tengo la impresión de que los comunistas de San Petersburgo dan mucha importancia a la ficción. Al idolatrar el pasado de la URSS han confundido el Sputnik con un dirigible. ¿Recuerdan  lo que ocurrió cuando se inventó dicho ingenio? “Qué cosa más maravillosa, pensó la gente, poder viajar por el aire como los pájaros. Y entonces se descubrió que el zepelín era un invento sin porvenir. El invento que sobrevivió fue el aeroplano. Cuando aparecieron los primeros dirigibles, la gente creyó que se produciría una progresión lineal a partir de ahí, un avance hacia modelos más refinados y más rápidos. Pero no fue así”, nos cuenta Umberto Eco, nuevamente, en una de las páginas de Predicciones, un libro colectivo que en España publicó Taurus. ¿Por qué razón? Porque lo más lógico no se cumplió: lo lógico era ser más ligero que el aire para poder surcar los cielos. En realidad, resultó que había que ser más pesado que el aire para volar mejor y más rápido. La sensata moraleja que extrae Eco es la de que en ciencia –pero también en filosofía y en historia– no hay que enamorarse del propio zepelín: en poco tiempo, ese ingenio puede ser quincalla o pieza de museo. Punto y aparte.

 

Incluso en una ficción está feo que los norteamericanos se mofen de los soviéticos o que los describan básicamente como villanos sanguinarios y temibles. Eso es generalizar: aunque, ahora que lo pienso, ya se sabe que en la cultura popular los malvados son siempre de una pieza: como los héroes. Antonio Gramsci tiene páginas memorables dedicadas a ello que harían bien en repasar los comunistas de San Petersburgo: quizá para que puedan tomarse a guasa lo que no puede tomarse en serio. Aunque peor que la literalidad es la melancolía: seguir enamorado del Sputnik en… 2008 es un grave error, una ficción. ¿Por qué? Es meláncolica, arcádica, la imagen que esos rusos tienen de dicha época y de los esplendores de la URSS hacia 1957. La melancolía es ese estado de añoranza por algo pasado que nos hace creer en cosas que realmente no sucedieron o, al menos, que no sucedieron tal como imaginamos.

 

Como nos recuerda Álvaro Lozano en La Guerra Fría, para el líder soviético de 1957, Nikita Kruschev, que el Sputnik hubiera sobrevolado el cielo de Norteamérica era la prueba o el vaticinio de la que la URSS vencería en la disputa bipolar. “No hacía falta ser un experto en cohetes para predecir cuál sería el paso siguiente: dotar a este tipo de misiles de cabezas nucleares capaces de alcanzar cualquier objetivo en territorio estadounidense en tan sólo media hora”, precisa por su parte John Lewis Gaddis en su clásico volumen dedicado al tema, también titulado La Guerra Fría. En todo caso, el optimismo de Kruschev era un error de perspectiva y, sin duda, el lanzamiento del satélite ruso provocó efectos contrarios a los deseados, pues fue un acicate para los estadounidenses. Como consecuencia de ello, el Gobierno norteamericano puso en marcha el programa National Defense Education Act , una misión no espacial, sino intelectual: de batalla intelectual. Y es en ese frente de la Guerra Fría cultural en donde los estadounidenses ganaban sobradamente: con Hollywood, con la televisión, con la literatura de ficción. Y eso es lo que no acaban de comprender los comunistas melancólicos, enamorados de su zepelín…  

 

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3. El héroe y sus sombras (24 y 25 de mayo)

 

Yo también caí rendido al contemplarlo. Pero dejemos momentáneamente los años cincuenta. Regresemos a una época más cercana. Un domingo de 1982, en Sevilla, yo también me enamoré… del Dr. Jones: no era mi zepelín; era el superhéroe, un calco, una ficción. Todo ello ocurría en una tarde inacabable, sin perspectivas de nada, sumido en tedio. Por casualidad había ido al cine. No tenía nada mejor que hacer. Estaba en la capital andaluza sirviendo al Rey y unos conmilitones algo toscos me dijeron que aquella película –de la que yo lo ignoraba todo– parecía entretenida. Cuando abandoné la sala notaba mi euforia reparadora, la compensación de una historia trepidante e irónica de buenos y malos. A aquellos soldados algo romos, sin ínfula intelectual alguna, sólo les podía estar agradecidos. Persecuciones, chicas empeñosas, villanos detestables y un héroe que rendía homenajes constantes a los personajes de antaño. En busca del Arca perdida (1981) la descubrí así, sin referencias, con ingenuidad de espectador antiguo. Nunca he olvidado cómo me consoló de mi tristeza y desarraigo.

 

Qué me quedó de aquel momento eufórico y solitario. La imagen de un héroe que sólo lo es a veces y la de unos malos siempre acechantes y taimados. ¿Un profesor de arqueología convertido en hombre de acción? ¿Unos nazis de tebeo, pérfidos y crédulos a la vez? La película admitía ese toque irónico pero –eso sí– cumpliendo con el precepto básico de todo film de aventuras: hay que entretener sin dejar que el espectador se apoltrone. La música de John Williams subrayaba admirablemente esa trepidación. Muchos años después, la cuarta entrega de Indiana Jones responde a los mismos criterios: ahora, además, con parodias cinematográficas más explícitas, con citas literales de la cultura popular, con autohomenajes del propio Spielberg. Como dijo hace unos años el propio Harrison Ford, “echaré de menor todo lo que significa el personaje. Para mí siempre fue un placer interpretarlo. Me encanta el sentido del humor de las películas. Me hace sentirme como un niño”.

 

Humor, en efecto: algo que me permitió reírme en 1982 y reírme ahora. La cuarta entrega es más preciosista, con una fotografía espléndida que reproduce muy bien las películas rodadas en los cincuenta. Pero… yo tengo veintiséis años más y soy un espectador más resabiado: aunque -eso sí- no he perdido las ganas de entretenerme con un producto eficaz, en ciertos momentos deslumbrante. No me descubre nada que no haya visto antes, pero me permite recrearme con lo que ya conocía siguiendo a un Dr. Jones talludito y solvente. En esta última película –como en toda la serie– cabe todo o casi todo, retales o trozos, reescrituras: como un centón en el que se borra y se reescribe para hacer del film una historia de la madurez y del aprendizaje, una ficción ya vista en la que un impetuoso joven se inicia y un experimentado abuelo se tienta. Juzguen la película así, admitiendo el puro goce del hedonismo impenitente: déjense llevar por su fotografía, por sus imágenes, inspiradas en parte en Norman Rockwell; déjense llevar por sus lances sabiendo que se basa en un guión imperfecto, a veces confuso, a veces resuelto; déjense llevar por el deleite sin culpa. Spielberg no abusa de los efectos digitales ni de la fantasía…, al menos hasta un determinado momento en que ciertas criaturas acuden en su auxilio. Ahora bien, las fantasmadas o las marcianadas han de ser verosímiles y congruentes, como los buenos cuentos. También en este caso, la historia de Indy es un cuento, en efecto. Pero que sea un arqueólogo empeñoso (o un hombre de acción) no le ahorra a nuestro héroe el esfuerzo baldío o los errores. Sabemos que ha tenido que rehacerse en varias ocasiones, que ha debido remendarse y recomponerse, dando muestras de arrojo, de audacia, pero también de camaradería y de humor socarrón. Tiene cicatrices, llega a la vejez y, a pesar de ello, aún se debe a su padre, que supo exigirle.  

 

Como en todo relato popular, hay, por supuesto, villanos: gentes que esperan robar un tesoro o que desean dominar el mundo. Los soviéticos son malos de tebeo o malvados de cuento. Históricamente increíbles, desde luego: pero tampoco el perfil que Spielberg trazaba de los nazis en las anteriores entregas era respetuoso con lo documentado, con lo cierto. Eran, insisto, villanos de escenografía: un héroe ha de probarse contra ellos; y hacia 1957 no había mejores malvados que los pérfidos soviéticos aún herederos de un Stalin muerto años atrás.  Contra ellos, el héroe envejecido emprende una lucha sin cuartel, pero con humor, sabiendo que le admitimos lo improbable de su fantástica proeza sólo por cariño y nostalgia. Cuenta con viejos y nuevos amigos y aliados, pero también con traidores a los que hacer frente. Siempre hay un traidor, un socio que no es tal. No revelo más, pero no se pierdan al agente del MI6. Como en todo cuento hay personajes fantásticos y hay corredores: corredores que le llevan a lo más profundo y por los que debe adentrarse como un nuevo profesor Lidenbrock. Por momentos parece que nos aventuramos al centro de la Tierra. Hay pasadizos, sí, que son la vía de acceso a lo ignoto, a ese objetivo que se ambiciona…

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 4. Colofón (26 de mayo) 

 

 Pero el objetivo que se ambiciona no es la posesión material: esas riquezas inauditas y finalmente inservibles. Frente al expansionismo rapaz que caracterizaba al protagonista de Las minas del rey Salomón, un clásico de aventuras; o frente a la caza arqueológica del joven Indy, ahora el Dr. Jones y sus amigos sólo desean restituir la pieza a su lugar, con una generosidad sobrevenida: para así acceder a lo ignoto. Y lo ignoto a lo que hay que llegar es el conocimiento o el reconocimiento de lo que somos y de nuestras identidades confusas, que es lo que los individuos de verdad añoran desde el nacimiento: ¿de quiénes somos hijos? Hay una inocencia original que hemos perdido, una época en que las cosas eran más simples (hasta los villanos): ese Edén al que sólo se puede regresar gracias a la ficción. Es la infancia de Spielberg, esos cincuenta que son los de la Guerra Fría. Pero son también los años del expansionismo yanqui, de la sociedad de consumo, de la cultura del rock. Hacia 1957, Spielberg tiene once añitos y para entonces ya han triunfado lo joven y los jóvenes, los rebeldes con mayor o menor causa, los muchachos más o menos airados. Pero, atención, siempre habrá un Indy casi anciano que resista bravamente, que no ceda el sombrero coqueto, elegante, protector: su Fedora.

                                                      

       Fin

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Variedades

 

-A. Día del Orgullo Friki. Acabó el Festival de Eurovisión. Un magno evento, sin duda, porque da dinero y porque lo retransmite en directo la televisión. De ese certamen algo decaído, ya escribí en febrero de este año: mi estadística me dice que tuve numerosas visitas en aquel momento. Tantas como votos le faltaron a Rodolfo Chikilicuatre para ser ganador. Obtuvo un honroso décimosexto puesto. En su actuación definitiva le vi nervioso. La canción es ingeniosa y pegadiza pero para poder disfrutarla le pasa lo que al reggaeton o al agua tónica: hace falta escucharla y bailarla varias veces, haciéndola propia, con desenfreno infantil. Será la bomba en las verbenas del mes de agosto. Dentro de unos meses, nadie se acordará de la musiquilla rusa que ganó el certamen, en cambio el himno de Chikilicuatre perdurará en la memoria sonora y gamberra de todos nosotros. Periodista Digital, que es un diario online muy serio, muy grave, muy severo, aún no se ha repuesto de nuestra representación eurovisiva: “Un ridículo continental“, resume. Vaya, ahora cuando salgamos a Inglaterra o Francia, los extranjeros nos dirán: “Perrea, perrea”. Y, claro, será un bochorno. Es verdad, qué razón tienen los vigías de Occidente… (25 de mayo)

 

 

-B. La France. Para mi gusto, la mejor canción del Festival –respetuosa con sus tradiciones canoras y sonoras, y con reminiscencias sesenteras– fue la pieza interpretada en representación de Francia. Divine, se titula y la canta Sébastien Tellier. Sólo tiene una pega: es breve, demasiado breve e intelectual para un certamen que premia hoy copias degradadas del modelo Abba. Tellier no oculta su frikismo consciente (y no involuntario como Rusia, Europa oriental o los países escandinavos), y tiene unos coros que le dan excepcionalmente la réplica: como si recreáramos en una nueva balada el tonillo de Rocky Sharpe & The Replays. Su look es inquietante y canta en inglés (25 de mayo).

 

 

-C. ¿Mariano Rajoy en el diván? Leo en El Mundo: “Una semana en el diván. El líder del PP padece el ‘efecto Crespi’. Consiste en la asimilación de la derrota convirtiéndola en victoria. Así interpreta el psiquiatra Adolf Tobeña la singladura de Rajoy, en la semana en la que Ortega Lara dio el portazo y a Eta se le vieron otras caras”. ¿Psiquiatrizar al candidato repudiado? ¡Cómo somos los universitarios! He de leer ese informe. Ya les cuento… Leo el artículo de Tobeña y compruebo que la precisión de esa entrada editorial (las palabras entrecomilladas) poco o nada tiene que ver con lo que el psiquiatra dice. Si nos fiáramos de la impresión, que es la que en El Mundo quieren provocar, deberíamos pensar que Rajoy es un tipo averiado, con serias dolencias psíquicas. El informe de Tobeña no confirma esas palabras: contrariamente al periódico que le ha encargado ese diagnóstico, le tiene simpatía. Pero lo curioso es que ese informe se haga a distancia. Es un psiquiatra que examina de lejos. Su diagnóstico se hace a partir de impresiones y de datos insuficientes, imprecisos: los que cualquier lector o espectador pueden obtener. Llama la atención que un experto pueda atreverse a eso sin un tratamiento del paciente. Más aún, carece de sentido el tópico  que emplea el periódico: ese diván que aquí no se ha utilizado: no hay escucha del analista ni hay verbalización del analizado. ¿El diván como metáfora? Ya estamos otra vez con los símbolos… Días atrás era una mosca posada en la nariz de Ibarretxe. Hoy es el diván en el que no se recuesta Rajoy (25 de mayo).

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Martes, 27 de mayo, a las 14 horas, nuevo post

 

33 comments

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  1. Paco Fuster

    El tema de la imagen que proyectan los Estados Unidos sobre el exterior es muy interesante de estudiar. Es interesante porque la percepción que se tiene en cada país del Imperio Amercino varía mucho.

    Después de la Segunda Guerra Mundial y antes de la Guerra Fría que trata Justo, el Plan Marshall dio a Estados Unidos el papel de protector de Europa, como refleja muy bien el primer epígrafe del post sacao de esa genial de García Berlanga, o esta representatica imagen que he encontrado:

    A quienes les interese este tema de la imagen que proyectan los Estados Unidos sobre el exterior y la percepción que se tiene desde el exterior de los americanos, les recomiendo un interesante libro. Su título está muy relacionado – de hecho me acordé de él al verla – con la primera imagen que pone Justo en el post. Se titula “La sombra del águila: porqué Estados Unidos suscita odios y pasiones en el mundo” y está escrito por el periodista americano Mark Herstgaard:
    http://www.libreriapaidos.com/libros/1/950125107.asp?TipoBusqueda=101

    El libro recoge las impresiones de los entrevistados por el autor en un viaje que hizo por Europa. Sostiene Herstgaars que Estados Unidos – hablamos de la gente común del pueblo, no evidentemente del gobierno – siempre ha sido un país cerrado sobre sí mismo, totalmente despreocupado por lo que ocurría allende sus fronteras. Sin embargo, el 11-S marca un antes y un después en está relación, de tal forma que, por ejemplo, después del atentado proliferó en el país la venta e libros sobre el Islam, cosa impensable tiempo atrás. En fin, lo recomiendo par este verano.

    Nada más. Me sumo con este comentario a esta nueva andadura del blog y aunque es cierto que me cuesta un poco asimilar el cambio de formato, supongo que con el tiempo nos haremos a él. Buen fin de semana a todos.

  2. J. Moreno

    “Tengo la impresión de que los comunistas de San Petersburgo dan mucha importancia a la ficción.”

    Creo Sr. Serna que los comunistas de “Leningrado” lo que le dan es importancia a la manipulación y el enorme efecto subliminal.

    Yo nunca estuve enamorado del Sputnik aunque sí del proyecto social de sus creadores.

    Desde el 80 al 86 hice varios viajes al Este: La URSS, Polonia, RDA, Hungría, Yugoslavia y Bulgaria… para vivir de cerca la “realidad”. En septiembre del 2006 he vuelto a Budapest y Praga.
    Siento nostalgia de aquella “ilusión” perdida.

  3. jserna

    Vamos a ver, señor Moreno. Yo creo que a la ficción hay que darle la importancia que tiene: que es mucha, sobre todo porque las películas o las series televisivas o los spots o las novelas conforman o confirman nuestro modo de ver el mundo. Ésa es una batalla que hay que librar en la cultura de masas. Lo que digo es que esos comunistas rusos siguen enamorados de su Sputnik, algo caduco y que no tuvo mayor desarrollo. La recreación de Spielberg atenderá a las claves de la cultura popular de héroes y villanos. Eso es lo que trataba de decir: de todos modos, aún no he visto la película, falta que voy a reparar en breve.

  4. Marisa Bou

    Me encanta el cine. Adoro a Indiana Jones y sus aventuras.
    Lejos de mi ánimo y de mis posibildades hacer crítica cinematográfica, máxime cuando aún no he visto la película.
    Pero al salir el tema de la susceptibildad de la URSS (inexistente ya, por cierto) me ha venido a la mente una gran película (lo siento, no recuerdo el año) titulada “Un, dos, tres” en la que Horts Bucholz (?) interpretaba al furibundo comunista enamorado de ¡nada menos! que la heredera del Imperio Coca Cola. Como es costumbre en el cine americano, la crítica despiadada funciona en ambos sentidos. La genial parodia del joven comunista no es mayor que el histrionismo acelerado del imperialista ejecutivo de Coca Cola (el añorado James Cagney, gran actor de la época dorada de Holliwood), que debe solucionar el asunto a gusto de todos y sin crear un conflicto internacional…
    Lo trepidante, casi espasmódico, de la acción, no oculta, sino que realza la crítica social y política que contiene el film en altísimas dosis.
    Pues bien, yo diría que lo de Indiana Jones (que pienso ver en cuanto pueda) es bastante coherente, dentro de la fantasía de Spilberg, por cuanto incorpora problemas que, aún siendo ficción absoluta, se corresponden bastante con los que se daban realmente en la época en la que se ambienta cada entrega.
    Lo que me parece absurdo es llevar la discusión al terreno real, cuando todos estamos de acuerdo en catalogar la obra como de “ciencia-ficción”, o ficción pseudocentífica.

  5. J. Moreno

    Marisa: Trae Ud a este blog el recuerdo de una de la películas más irónicas que se han filmado sobre la Guerra Fría.
    Claro que en mi particular opinión, entre el popular Spielberg y el gran maestro Bily Wilder hay todo un….

  6. David P.Montesinos

    … todo un mundo, sí, señor Moreno, creo que es lo que acaba de decir. Mejor no comparar. Spielberg es divertido y a veces, como en “Munich” brillante y sorprendente, un grandísimo profesional del cine… pero Wilder, señores, Wilder está en el centro del cielo porque, como dijo Trueba, Wilder es Dios. Tiene razón, Marisa, “Uno, dos, tres” nos da lo que se le debe pedir a una comedia, nos permite, como débiles e indefensos sujetos expuestos a los vientos, ver lo ridículo de una guerra -fría o no- entre dos enormes potencias que, al final, terminan pareciéndose entre sí más de lo que ellas mismas se imaginan.

  7. jserna

    Y, sí. Suscribo lo que tan sensatamente dice el señor Montesinos. Creo que es interesante tratar de la Guerra Fría…, y en la película ‘Indiana Jones 4’, que ya he visto, el conflicto entre las superpotencias es mero recurso de escenografía. Son malvados bien característicos y sobre todo así eran percibidos por una parte de los norteamericanos: con la sensación, además, de que se infiltraban en territorio nacional. Spielberg debía poner unos villanos dos décadas después, y poco más, poco papel les concede más allá de ser enemigos malos malísimos. Pero de esto escribiré en unas horas…

  8. Miguel Veyrat

    ¿Recuerdan ustedes “The Ugly American”?. En 1958, William Lederer y Eugene Burdick publicaron “El americano feo”, que vendió varios millones de ejemplares y describía la arrogancia e incompetencia americana en el sureste asiático. La película cuya ficha no recuerdo ahora, triunfaría del mismo modo. Los americanos, de una manera u otra, siempre han realizado al fin y al cabo su propia autocrítica. Coppola con Conrad de guionista es un ejemplo inmejorable. Ahora bien, ¿Se imaginan la que se hubiera armado en cualquier San Petersburgo yanki, Atlanta, por ejemplo, si un Siberia Ivanovich, profesor de mecánica cuántica o astrofísica fuese por ahí liquidando agentes de la CIA sorprendidos atentando contra jefes de Estado como Fidel, dando golpes de Estado y colocando Pinochets, organizando regímenes títeres en Vietnam, Juntas militares en Argentina, invasiones en Granada, entrenando golpistas en Panamá, etc. etc. etc.? Hay americanos feos, feísimos, como Bush ahora mismo. Quizá algún día alguien, en un mundo de ficción, claro, le torture del mismo modo que hicieron sus soldaditos psicópatas en Abu Graib o hacen todavía en Guantánamo…

  9. Alejandro Lillo

    Indiana Jones es aventura en estado puro, es un entretenimiento inteligente que no desprecia al espectador (y no como la mayoría de las películas de ese tipo que se ruedan en la actualidad). Aunque no he visto la nueva entrega (supongo que esperaré a que se vacíen un poco las salas), en mi retina permanecen grabadas las peripecias de Indi y compañía, así como el tipo de héroe que es, ese héroe que todos hemos querido ser alguna vez.
    Sobre las críticas ideológicas o de cualquier tipo que se puedan hacer sobre la película, decirles, señores, que al doctor Jones yo se lo perdono todo.

  10. Arnau Gómez

    Confieso que vi el festival de Frikivisión.Verán ustedes.No quería que me contarán si el “chiqui,chiqui” hizo el ridículo,si las votaciones fueran injustas,si hubo mejores canciones o simplemente si había muchos frikis,que además se tomaban en serio el asunto.
    Pues hubo de todo un poco.Mucho friki que se tomaba en serio su frikidez.Escasez de talento en ¿compositores? e intérpretes.Las votaciones,otro cachondeo ( con perdón).Yo te voto a ti y tu me votas a mi.El comentarista acertaba una y otra vez para quien y hasta cuantos puntos se iban a dar.
    Lo más serio, la actuación del representante de TVE,Rodolfo Chikiliquatre,que ni es cantante,ni toca la guitarra,ni sus bailarinas bailan, ni el “chiqui,chiqui” es una canción.Pero todo eso a sabiendas y no enmascarado con stradivarius,folkloricas orientales,patinaje artístico,angelitos buenos.Por lo menos no se intentó engañar a nadie.

  11. jserna

    Tiene toda la razón, Sr. Gómez: expresa con todas las letras lo mismo que yo vengo sintiendo por la frikidez. Recuerde, sin embargo, que nuestro representante obtuvo 12 puntos de Andorra y 10 puntos de Portugal, cosa que me pareció desoladora: para Chikilicuatre hubiera preferido un lento goteo de votos, una lluvia fina, de los países eslavos y escandinavos: no ese “yo te voto a ti y tú me votas a mí” que usted sabiamente denuncia.

  12. Arnau Gómez

    Lo de Portugal es histórico.Lo de Andorra,como es más contemporánea (novata, más bien) fue una novedad.Está claro que se están delimitando varios bloques.El bloque eslavo,el bloque escandinavo-báltico,el bloque anglosajón,mientras que el bloque mediterráneo-ibérico no se acaba de consolidar.Y esto no solo se da en la Frikivisión,sino en muchos otros campos.
    Resultó llamativo que se usará muy mayoritariamente el inglés (lengua de la nación menos europea de toda Europa) y que solo Francia (que cantó en inglés) y Andorra, utilizaran el francés.Ni Alemania,ni Rusia,ni la anfitriona Serbia hablaron en sus lenguas.

  13. Marisa Bou

    Parece ser que Rodolfo y su Chiki-Chiki han elevado el índice de audiencia de TVE a cotas insospechadas. Yo no veía el frikifestival de frikieurovisión desde hace, por lo menos, veinte años. Y ahora, me confieso votante de nuestro gran intérprete Chikilicuatre desde la primera vez que nos ofreció su actuación. Pero creo que será la última vez que lo vea, no puedo con tanta ración de frikismo (de los que ignoran patéticamente ser frikis) y tanta horterada con música (por decir algo) de unos pseudocantantes ni, sobre todo, ese trasiego de votos digno de mejores causas.
    Coincído con Justo en que la única canción que yo hubiera premiado es la francesa, me pareció genial. Y a Rodolfo y su Disco-Gráfica les daría el Goya a la mejor actuación. Son unos artistas como la copa de un pino y Buenafuente el tío más inteligente que ha pisado un plató de televisión.

  14. Ana Serrano

    Buenafuente, si, pero sobre todo Emilio Aragón, Marisa. Ese sí que es un genio, ésta vez en la sombra. Todo lo que toca lo convierte, no diré ya en dinero, que también, en algo divertido, distinto, inteligente.

  15. Hemeroteca

    La Vanguardia, 26 de mayo de 2008.

    Editorial:

    La parodia contra el kitsch

    Nacida como una sana gamberrada mediática de la factoría El Terrat, la operación Chikilicuatre llegó el pasado sábado a su objetivo. El Festival de Eurovisión, quintaesencia del kitsch musical y residuo de una época en que las televisiones nacionales tenían el monopolio del entretenimiento, ha sido puesto contra las cuerdas de su propia obsolescencia a través del personaje que representaba a España y otros artistas que, como el de Francia, jugaban abiertamente a darle la vuelta irónica al acontecimiento. No obstante, el ataque de la parodia contra el kitsch se saldó en tablas, pues todavía son mayoría las cadenas públicas que se toman en serio este periclitado certamen. En este sentido, el mensaje amablemente crítico de Rodolfo Chikilicuatre se diluyó en parte, finalmente, cuando apareció como una actuación más dentro de la competición.

    Como experimento jocoso sobre los límites de la estética de los cánones televisivos al uso, no hay duda de que la irrupción del esforzado e insuperable vocalista permite muchas reflexiones acerca de la capacidad de regeneración de nuestro imaginario popular. Al margen de su virtualidad lúdico-subversiva en el mercado de la televisión, no hay duda de que el paródico cantante y su singular tema se han convertido en un fenómeno social que, muy probablemente, acabará destinado a ocupar el lugar inefable de la canción del verano. Como toda criatura nacida en las zonas resbaladizas de la parodia televisiva, los efectos de la ola Chikilicuatre ya no pueden ser enteramente controlados por quienes la idearon. El público que lo jalea e imita lo siente como algo propio, niños y mayores, consumidores todos de un nuevo icono. La parodia de lo freak pone de relieve el kitsch que damos por descontado y, a su vez, nos hace partícipes de su misma exaltación, he aquí la paradoja desconcertante.

    La televisión, medio de información y entretenimiento que vive ahora una transformación radical y acelerada en su misma concepción, es para las nuevas generaciones, las que frecuentan YouTube y usan profusamente el teléfono móvil para todo, un espacio que ha perdido credibilidad y prestigio, y que se ha convertido en un escenario susceptible de ser tomado al asalto bajo cualquier pretexto.

    En definitiva, la operación Chikilicuatre, dentro del tópico y adocenado Festival de Eurovisión, expresa también esta nueva mirada irreverente, joven y creativa sobre la pequeña pantalla, más allá de los viejos códigos que marcaban una frontera rígida y sagrada entre géneros y entre ficción y realismo

  16. Hemeroteca

    El Mundo, 26 de mayo de 2008

    Primeras declaraciones de Rodolfo Chikilicuatre

    EUROVISIÓN

    Chikilicuatre: “Hemos triunfado bastante”

    Rusia ganó la 53 edición del festival, en el que España quedó decimosexta

    VICENTE RUIZ (enviado especial)
    BELGRADO.- Apenas habían transcurrido unos segundos desde que las votaciones habían proclamado rotunda vencedora de Eurovisión 2008 a Rusia. El nombre de España se leía en el decimosexto puesto. 55 puntos para el ‘Chiki-chiki’. Y sólo una breve entrevista concedida por su intérprete para conocer su reacción a través de La 1 de TVE: “Hemos triunfado bastante“, se consolaba Rodolfo Chikilicuatre.

    El resultado de los que comenzó como una broma -Chikilicuatre es un personaje creado por la factoria Buenafuente con letra y música para la ocasión-, terminó también con buen humor en la delegación española. “Bueno, hemos llegado a la final, que siempre nos quedamos en cuartos”, sonreía el rey del ‘perreo’ ante la cámara, flanqueado por sus bailarinas.

    Yo creo que el nuestro es un puesto muy digno“, ratificaba el respresentante español en Eurovisión. “Incluso estamos por encima de Francia, que era mi favorita. Esto es muy marciano“.

    “Quiero dar las gracias por el apoyo de toda España”, insistía Chikilicuatre. “Gracias al apoyo de la gente que ha sabido entender que era una canción con buen humor porque otra cosa son las votaciones, que se sabían desde antesdeayer”.

    Lo cierto es que el ‘Chiki-chiki’ no ganó, pero mejora la clasificación de D’Nash, que el año pasado quedaron vigésimos, así como las de Las Ketchup en 2006 y Son de Sol en 2005, ambas en el vigesimoprimero.

    Clasificación final de la 53ª edición de Eurovisión
    1. Rusia 272 puntos
    2. Ucrania 230
    3. Grecia 218
    4. Armenia 199
    5. Noruega 182
    6. Serbia 160
    7. Turquía 138
    8. Azerbaiyán 132
    9. Israel 124
    10. Bosnia-Herzegovina 110
    11. Georgia 83
    12. Letonia 83
    13. Portugal 69
    14. Islandia 64
    15. Dinamarca 60
    16. España 55
    17. Albania 55
    18. Suecia 47
    19. Francia 47
    20. Rumanía 45
    21. Croacia 44
    22. Finlandia 35
    23. Alemania 14
    24. Polonia 14
    25. Reino Unido14

  17. Kant

    Ya saben que tengo aficiones pintorescas. Creo que no les hablé por mi pasión sobre la aeronáutica y cosmonáutica, pero la tengo.. Si me lo permiten, les comentaré algo al respecto por si es de su interés a colación de los textos del sr. Umberto Eco que nos cita don Justo.

    Comenzaré por reconocerles que me encanta apostillar al sr. Eco. Me divierte. Sobre todo desde que escribió El nombre de la rosa, un libro de misterio, basado en la singular disposición de un edificio gótico… que no supo dibujar. Así que me permití enviar al autor italiano, personalmente, el plano correcto del edificio siguiendo su propia descripción. Desconcertante ¿no?. Es uno de los individuos que puede aportar las ideas más interesantes – de hecho, me las ha aportado, innegablemente – y defender los disparates más inconcebibles. El hombre se parece a su obra literaria: novelas absolutamente arrebatadoras e intensas entreveradas con cataplasmas literarias pesadas e indigeribles. No les negaré que, en más de una ocasión dude sobre la autoría propia de la totalidad de su obra. Pero, en fin, esto sería otro tema. Discúlpenme pero con la edad, me disperso. Vuelvo al tema.

    Les decía esto de don Umberto porque viene muy a cuento por el asunto de “…que fueran los americanos los primeros en llegar a la Luna” vinculado a la maquinaria propagandística estadounidense que asocia el Pentágono con Hollywood – hace pocos meses Canal Odisea nos deleitó con un documental que así lo demostraba más allá de “conspiranoias” – pues su eficacia, la propagandística, está más que probada. Como es el caso.

    Supongo que a alguno de uds les extrañará pero he de desvelarse que “los primeros” en llegar a la Luna fueron los soviéticos (que no rusos). En concreto, la nave “Luna 2” alcanzó nuestro satélite en 1959. Sí, 59. Alunizó y al hacerlo lanzó sobre su superficie un “gallardete esférico” que demuestra su presencia en el satélite en dicho momento. El susodicho instrumento es una especie de pelota metálica que explota y lanza sus fragmentos en ángulo de 360º. Esos trozos son placas regulares provistas de hoces y martillos, en fin, que no ofrecen duda. Por si esto pareciera cuestión menor, sepan también que el primer vehículo lunar que se posó suavemente sobre su superficie y la exploró fue el navío soviético “Luna 9” en 1966. Por consiguiente, también previo a la arribada de los astronautas estadounidenses.

    ¿Había que hacer un esfuerzo para imaginar a los cosmonautas soviéticos en la Luna antes que los americanos? Sólo quien lo ignora todo de la cosmonáutica. La “carrera a la Luna” tuvo un parangón previo en la que se vivió para alcanzar el Polo Sur entre Scout y Amundsen. El primero quería ser el primero en llegar a ese destino dentro de una misión científica colectiva, el segundo quería ser el primero en llegar por un afán personalista y propagandístico, simplemente, por ser el primero. Ganó el segundo. ¿Y?. El valor de lo conseguido por Amundsen nunca superó la anécdota. Hoy día, por más inverosímil que les pueda parecer, especialmente por las lamentables condiciones en que aún se encuentra la ciencia y la tecnología rusa, la cosmonáutica soviética continúa siendo ampliamente superior a la astronáutica estadounidense en muchísimos campos pues, “conquistada la Luna”, la NASA dejó de interesar al gobierno de los EE.UU. de A. Así, la base orbital internacional se está construyendo sobre la base de las naves soviéticas “mir”; toda, toda, toda la tecnología para las estancias prolongadas en el espacio tiene patente soviética; los trajes espaciales rusos (ex soviéticos) son autosuficientes, es decir, el propio cosmonauta depende de si para su uso, los de los estadounidenses requieren, siempre, ayuda externa; ah, y el traje de vuelo – ese con el que vemos a los astronautas dar cabriolas por en el interior de su nave – es de origen igualmente soviético (algo que hasta la propia NASA reconoce); el cohete Vostok, hoy día, sigue dejando como un enano al Titán estadounidense; y podríamos seguir con las herramientas de titanio, los experimentos con animales, los satélites Elektron, o incluso el sistema de encendido de los cohetes mediante una llave, como si fuera un auto. No, lo asombroso – y así les costó en dólares – es que los EE.UU. de A. llegaran antes… como Amundsen.

    No los aburriré más con estos asuntos, sólo añadir que las interpretaciones de don Umberto sobre los dirigibles tienen igual carencia de conocimientos técnicos y la misma respuesta a planteamientos propagandísticos. Los dirigibles dejaron de producirse por el choque de intereses que se produjo entre un desarrollo extraordinario de este medio por parte de la Alemania nazi con un interés evidente y convergente de las petroleras e industria de la aviación norteamericana. De hecho, hoy día, cuando la crisis del petróleo comienza a hacerse insoportable, oh, milagro, comienzan a (re)descubrirse las excelencias de ese medio, se encuentran soluciones a sus problemas técnicos (los que justificaban su inviabilidad) y ya se emplean de forma intensiva como soporte para retransmisiones deportivas (por cierto, en València tienen una compañía de dirigibles dedicada a ello y, les aseguro, que no les va nada mal).

    En otras palabras, sr. Eco, dedíquese ud a lo suyo y busque parangones que lo inspiren en otros campos que no sean los de la aeronáutica y la cosmonáutica que, evidentemente, no conoce mas que a través de la propaganda estadounidense más bastarda

    Seguiré más adelante con otros aspectos de este post tan interesante.

    Por cierto, sr. Izquierdo, Leningrado ya no existe, cambió su nombre por el que indica don Justo. Eso sí, el Distrito Federal del Noroeste en la que se inscribe y capitaliza dicha ciudad, continúa existiendo el “Óblast de Lenin”, pues Lenin sigue siendo una figura presente en la San Petersburgo actual, cuestión ésta que también se soslaya en Occidente cuando las estatuas derribadas volvieron a su pedestal con el aplauso de la población… ¡cáspita y tampoco lo sacaron nuestros “informativos”!

  18. Kant

    Y regreso sólo un instante para matizar la noticia de El Mundo que me antecede: el Chiki-chiki quedó en decimosexto lugar de cuarenta y dos participantes, no de veinticinco.

  19. Edurne

    Sr. Kant, una matización a su matización.
    El chikilicuatre estuvo en la final de Eurovisión porque no tuvo que pasar por la criba previa de las semifinales, que si no ya hubiéramos visto si llegaba.
    Así que creo que se puede decir justamente que quedó el 16 de 25.

  20. jserna

    I want to believe: en los rusos (por eso obtienen un gran triunfo en Eurovisión: me muero de envidia y de rencor); en los soviéticos (responsables del Sputnik: me muero de envidia y de rencor); en los marcianos (obvio, hablando de Spielberg y de aquellos Encuentros en la Tercera Fase); en los norteamericanos (lo normal, hablando con Eco de la cultura de masas), en los dirigibles (evidente, si recuerdan una entrega anterior de Indiana…); en el Concorde (no sé por qué; sólo sé que era un ingenio de la aeronáutica de futuro prometedor; no sé qué fue de él). Lo dicho:

    ¿Recuerdan Roswell, 1947, Nuevo México?

    Spielberg… Y hasta aquí puedo leer.

    Más allá de precisiones aeronáuticas, el dirigible es una metáfora en la prosa de Eco. Sigo pensando con él que no hay que enamorarse del último ingenio técnico: puede que la disputa comercial lo eche para atrás. ¿Recuerdan en sistema Beta de Sony? El dirigible, qué interesante…

  21. Kant

    ¡Ah doña Edurne!… en el mundo competitivo que nos señalan los EE.UU. de A. esa matización suya – que yo le agradezco, pues lo ignoraba – carece de valor: sólo vale el resultado final en relación al punto de partida. Ya lo vimos con la carrera espacial y con la conquista del Polo Sur. Lo sabemos por las típicas teleseries y las obras “jolibudienses” pretenciosas: el tipo que saliendo de la nada triunfa… ¡triunfa!… el típico discurso estadounidenses: el “vencedor” y el “perdedor”. Desde esa perspectiva, el sr. Chikilicuatre partió frente a cuarenta y un competidores más y llegó el decimosexto… ¿el resto?, las matizaciones, denuncias, trampas, esfuerzos, objetivos, inmoralidades, la carencia de la más mínima ética en una competición adulterada… ¿qué más da?. La experiencia de introducir a don Rodolfo en esta edición del Festival es, como ven, más suculenta de lo que aparentemente se refleja.

    Respecto al Concord, don Justo, qué bien traído: fue la respuesta occidental al Tupolev 144, el primer avión supersónico comercial que voló en el mundo, sapristi, y también era soviético; y no, no fue al revés. La diferencia estuvo en que la Unión Soviética advirtió de inmediato el despropósito de un aparato de tal enjundia, tal como se apercibieron los estadounidenses (dejando en el cajón su Boeing 2707) pero el consorcio francobritánico se empeñó en su proyecto hasta el 2003, año en que fue definitivamente retirado… mmm… y, por cierto… me inquieta ud con sus alusiones a Roswell… ¿la verdad está ahí fuera?…

    Por cierto, el tema de la cosmonáutica tiene una visión un pelín diferente en la actual Rusia a lo que los nostálgicos del PCURSS parecen lamentar. La nueva Rusia no se lamenta, ni teme declararse heredera de la URSS y, en la medida que el binomio Putin-Medvedev ha ido haciéndose con el control del Estado, los “asuntos pendientes” que quedaron de su anterior esplendor, lejos de olvidarse, se retoman. Entre ellos, la carrera espacial. Les paso un par de articulitos de prensa para que vean como va la cosa mientras en los EE.UU. de A. se afanan en desarrollar “armas inteligentes” e industria bélica de ciencia ficción:

    http://www.neoteo.com/china-y-rusia-juntos-a-marte-en-el-2009.neo
    http://www.elmundo.es/elmundo/2008/04/28/ciencia/1209374214.html

    (Siento las referencia-longaniza pero olvidé cómo nos indicó doña Miranda que debía hacerlo para que fueran referencias más breves)

    Lamento, igualmente, estar tan soso con estos rollos de globos, aviones y cohetes… porque, a la postre, mi coincidencia con el sr. Serna (y con don Alejandro) al respecto de las películas de Indiana Jones no puede ser más calcada. Ciertamente, sin haber ido a ver todavía la cuarta entrega pero con un espíritu previo que en todo es igual al de ambos. Con todos sus absurdos en los guiones, su planteamiento infantil (o, precisamente, por eso), su mirada desviada de la realidad, me lo paso en grande con don Harrison, su látigo y su sombrero. Sólo… sólo… hay un aspecto en el que tal vez el tiempo sí ha sido implacable y es que, como metáfora, lo de “nuestro arqueólogo favorito”, el dr. Jones, me vale pero, me da a mí, sr. Serna, que las nuevas generaciones estarán más con Lara Croft, arqueóloga de pro.

    Y como regresé parlanchín de mi estancia en Madrid – donde fui para ver la exposición “Los tesoros de Alejandría” (fatalmente expuesta pero abrumadoramente impresionante) – ya continuaré otro rato con temas de este “post”

  22. Indefinido

    Señor Serna:

    ¿Encuentra alguna analogía entre el Doctor Jones y Corto Maltés?

    Muchas Gracias

  23. jserna

    Si me permite, no les veo mucho parecido: más allá de que ambos personajes encarnan la pasión y la nostalgia de la aventura. ¡Qué casualidad! ¿Conoce el prólogo de Umberto Eco a la obra de Hugo Pratt? Aunque las referencias y lecturas de Pratt son múltiples (como las de Spielberg o Lucas), yo quiero ver concomitancias de Maltés con los personajes de Joseph Conrad.

  24. Indefinido

    Sí conozco el prólogo de Eco a la “Balada del Mar Salado”. Pero no he leído la “Balada del viejo marinero” , por lo que creo que ese prólogo lo entendí a medias. Y a medias tomaron su fuente primaria Hugo Pratt y el director del “Lago Azul”.

    Hace unos cuantos años dieron por televisión una serie titulada “Las aventuras del joven Indiana Jones”(auqnue puede que se no fuese el título exacto). La época en la que transcurrían eran, si no recuerdo mal, las dos primeras décadas del siglo XX. El India adolescente recorría las zonas calientes del globo: Mexico durante la revolución para servir al ejercito de Pancho Villa. Petrogrado en 1905 colaborando con los revolucionarios. Bélgica en 1914 alistado como voluntario al sevicio de los aliados.

    Corto Maltés también recorre paisajes y situaciones similares: Port Arthur, el Pacífico Sur, Vladivostok, Samarcanda … El corazón de las tinieblas como usted ha dicho.

    Quizá el joven Indiana pasase por allí, como Spielberg, como una aventura de fin de semana, que se puede volver a repetir.

  25. Alejandro Lillo

    ¡Vaya, doña Marisa! No he visto la película de la que habla (“Un, dos, tres”)- la ignorancia es infinita-, pero no se preocupe que la ficho, y más aún dada la unanimidad de criterios entre los contertulios.

    Señor Veyrat, querría yo comentarle una cosas sobre las traducciones, aunque intentaré plantearle la cuestión cuando Justo trate un tema similar. Se lo comento porque no quiero que se me olvide. Como no tengo otro modo de comunicarme con usted…

    Estimado señor Kant, es usted una caja de sorpresas… ¿también entiende de aeronáutica y cosmonáutica? Asombroso.

  26. Alejandro Lillo

    Don Miguel: he leído mi anterior intervención y como pienso que las palabras que le dirijo pueden llevar a error debido a las prisas con las que casi siempre escribo (no me gusta nada eso de “como no tengo otro modo de comunicarme con usted…”), pues le planteo la cuestión arriba apuntada directamente, aún a riesgo de actuar con impertinencia por no respetar el post de Justo. Pero como el mal ya está hecho…
    Hace poco descubrí que “Un mundo sin fin”, la última novela de Ken Follet, había sido traducida por una especie de empresa o asociación compuesta, al menos, por cinco personas (basta mirar los créditos del libro para comprobarlo), la pregunta es la siguiente: ¿se puede traducir “bien” un texto dividiéndolo entre tantas personas? ¿No se corre el riesgo de “falsear” en demasía la obra del escritor en cuestión?

  27. Paco

    serna habla del chiquichiqui y de los marcianos de Roswell en New México. Pero de qué va este tio? serna ya ha visto a los marcianos!

  28. Angel Duarte

    Lo ví, lo ví. Como todo español de bien, y bastantes de los otros. Sentado en el sofá, atónito, estupefacto… ante el espectáculo y ante el despliegue de sarcasmo dolorido de Uribarri. Está en su derecho. Tanto años al servicio de una idea y que acabe como ha acabado.
    Sébastien Tellier… el único que me interesó y además consiguió que, mi señora y yo, moviésemos los hombros. Es que somos muy sesenteros. Y algo afrancesados. Sólo un poco, no sea que en el año en que estamos nos reprendan.
    De Indy opinaré cuando me acerque a verla. Y sí don Miguel, estoy seguro que algún dia veremos a los soldaditos de Abu Graib en la gran pantalla. ¿o habrán salido ya?

  29. Kant

    Me perdonarán uds el rollazo que les lancé ayer sobre la aviación y cosmonáutica soviética. Ya les advertí que, a veces, me disperso. Especialmente si les ofrecí una imagen de “experto”. No don Alejandro, no soy experto en esa materia, sólo aficionadillo. Creo que soy aprendiz de mucho y maestro de nada: me puede la curiosidad y no puedo con la tergiversación.

    Aprovecho el “mea culpa” para disculparme ante doña Marisa: veo que somos de la misma opinión cinematográfica pero cuando cité a don Justo y a don Alejandro por la misma coincidencia, no la menté a ud. Incomprensiblemente no había leído su aportación pero al leer la del sr. Lillo, en la que la cita, me di cuenta de mi falta. Lo siento, sra. Bou. Si me lo permite, para resarcirme – y de paso, orientar a otros contertulios con ganas de buen cine – le paso una ficha referencial de “Un, dos, tres”: es de 1961, dirigida por Billy Wilder y contó con un extraordinario elenco de actores encabezado por un magnífico James Cagney (por cierto un estadounidense apasionado de la República española) al que le acompañan en papeles estelares las actrices Pamela Tiffin y Arlene Francis y el actor alemán Horst Buchholz. ¡No se la puede perder, don Alejandro! (y, no, tampoco soy experto en cine).

    Ya que en esto estamos, don Miguel, preguntaba ud. por la ficha técnica de “El Americano Feo” (¡qué razón tiene en cuanto dice!) y nada me cuesta adjuntársela. La dirigió George Englund en 1963 – sólo cinco años después de la publicación de la novela – con guión de Stewart Stern y una interpretación brutal (cómo no) de Marlon Brandon como protagonista y Eiji Okada, Pat Hingle, Sandra Church y Arthur Hill que en nada le desmerecen.

    Desde esa afición – que no afección – es desde donde, coincidiendo con los srs. Izquierdo y Montesinos, a la vez que discrepo, sobre su visión antagónica de los sra. Wilder y Spilberg. Igual se me nota mucho que soy de ciencias pero, por favor, no me comparen uds. peras y manzanas – la ciudadana Botella lo hizo y ya ven uds que lamentable resultado – en fin que el sr. Spilberg hace un determinado tipo de cine y el sr. Wilder hace otro. Ambos impresionantes porque ambos responden al objetivo perseguido. Lo dije para la literatura y se lo digo para el cine (o para la canción… o la frikicanción): los intangibles responden a criterios subjetivos de consumo cultural, su percepción y valoración es individual, personal e intransferible y por ende, son opiniones de todo punto respetables, no son argumentos ni mucho menos, leyes.

    Observo una cierta tendencia – general, no me refiero a ninguno de uds en concreto – a determinar la consideración de “buena” para una obra cultural en la medida que puede equiparase a “seria” (y para adultos) y por el contrario se aplica “mala” cuando es “divertida” (y para niños). El razonamiento es peligrosísimo y simplista. Hablando de don Umberto Eco, es una actitud que nos pone en el camino de Jorge de Burgos, el asesino de “El nombre de la rosa”, que temía porque la risa acabara con el orden establecido. A la postre, temía la verdad del bufón. Y ya sabemos que esas son las verdades más certeras, ácidas y descarnadas, las que se dicen cuando todos las callan, las que señalan sin vergüenza, con descaro, los problemas reales, las angustias presentes. Por lo tanto, yo les rogaría un poco de contención a la hora de desacreditar o minusvalorar una obra sólo por el hecho de provocarnos la carcajada y, al revés, no sobrevalorar ni la seriedad de la vaca al pastar ni la solemnidad del asno ramoneando.

    Apunta el sr. Gómez un aspecto interesantísimo: el uso del inglés en Eurovisión… todo un tema, todo un tema, don Arnau…

    Me sumo a la opinión de la sra. Serrano: sí, es don Emilio Aragón quien ganó.

    Por último, don Indefinido, aplaudo también su observación sobre la relación entre Corto e Indiana, aunque si me lo permite, me gustaría añadir algo a lo que don Justo ya le ha indicado. Para mí, independientemente de los marcos geográficos comunes – en tiempo y espacio – de esos héroes, sus puntos de partida para la aventura y los referentes que les mueven al viaje son diametralmente opuestos. El primero es un hombre sin rumbo, un marino mediterráneo que navega en todos los mares (aun cuando atraviese los territorios más inhóspitos y secos) sin más patria que la libertad ni más cultura nacional que la gitano-maltesa… ¿es posible mayor mixtura?… Lo veo como un libertario. El segundo es un asalariado de una universidad que se mueve por una motivación (pseudo)arqueológica arrastrando, con ella, su patriotismo estadounidense y su cultura anglosajona bienpensante. Lo considero un liberal. En ese sentido, sería lo libertario “adversus” lo liberal. Y no por eso ambos dejan de ser héroes, claro, y “buenos”, por supuesto.

  30. Hemeroteca

    Desde Marte con amor

    El País, 28 de mayo de 2008

    “Gran júbilo causó en la NASA la confirmación de que la sonda espacial Phoenix aterrizó con éxito cerca del polo norte de Marte durante la madrugada del lunes. Aunque ha desaparecido gran parte de la complicidad aventurera que acompañó la llegada del hombre a la Luna y, en menor medida, los viajes de los Challenger, todavía provoca un hormigueo especial la existencia de una frontera hoy inalcanzable, el afán por descubrir y una cierta autocomplacencia en organizar técnicas extremadamente complejas. Lo mejor de los seres humanos hay que buscarlo en una atracción atávica hacia lo desconocido. Queremos saber cómo es Marte de cerca -y después Venus, y después Saturno, y después Io, y después…- aunque el planeta se haya soñado mil veces gracias a las Crónicas marcianas de Ray Bradbury o al ciclo de John Carter escrito por Edgar Rice Burroughs. En Marte anida el terror infantil hacia los marcianos de La guerra de los mundos y, ahora, la esperanza en nuevos conocimientos sobre el universo. O eso dicen los científicos.

    “La sonda Phoenix tiene como misión perforar superficialmente la piel marciana en busca de agua y quizá de vida. Sorprende la insistencia de la NASA en encontrar vida marciana; los repetidos fracasos no han conseguido disolver esa idea fija. Es posible que la idea de las bacterias en Marte sea tan sólo un señuelo para proseguir en la carrera de la colonización -recalificación de terrenos, diría un alcalde de la costa española- del sistema solar. Tampoco debe descartarse la inercia burocrática; hay que cumplir con el programa de inversiones de la NASA, sin más finalidad ni entusiasmo añadido. Si se tiene en cuenta el exangüe espíritu investigador de la administración de Bush, la última explicación parece la más probable.

    “Woody Allen explicó, con uno de sus chistes a lo Bob Hope, que es posible que exista vida inteligente en algún lugar remoto de la galaxia y en algunas partes de EE UU. Si finalmente se encuentra vida en Marte, tranquilizaría saber qué tratamiento se le quiere dar. ¿La investigación antropológica? ¿La manipulación genética? ¿Alguna otra idea?”

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