La plétora de Internet

O. El vertedero (10/06/08)

Anaclet Pons y yo estamos acabando de coordinar un nuevo dossier para Pasajes. Revista de pensamiento contemporáneo, una publicación que dirige Pedro Ruiz Torres. Se trata de un número que saldrá después del verano. El dossier lo dedicamos a Internet y allí reunimos artículos de expertos que tratan del desconcierto electrónico, del mundo virtual que nos envuelve. Hay que pensar Internet en términos culturales y no como mero soporte tecnológico: ¿qué significa lo que nos acaece? Les aseguro que será un número interesante. ¿Por lo sublime de los colaboradores? ¿Por la hondura de la reflexión?


Queremos pensar en la Red como el espacio sin limites: el espacio de la experimentación, de la sutileza. Pero Internet es también el lugar de la vergüenza, de lo ordinario, el lugar en el que la cantidad es un dolor o en el que la oferta es casi una ofensa: por el número de lo vertido y por lo vulgar de lo mostrado. YouTube, por ejemplo, es un hecho sociológico insoslayable, más allá del ultraje estético de tantos y tantos tantos vídeos que allí se comparten. Es un vertedero y es un expositor, el reino de lo trash y de los freakies, el lugar del excremento, el sumidero de la imaginación averiada y pobretona: también el espacio de la invención audaz.  Pero sobre todo ese sitio y otros en los que se comparten o se venden textos o películas, música y fotografías son un zoco multitudinario y caótico, un bazar con trastos de desigual valor. Como lo es Ebay, un mercadillo global de objetos nuevos, seminuevos o averiados. ¿Zoco? ¿Bazar? Estamos tan desconcertados que nombramos las cosas, las nuevas cosas que nos ocurren, sirviéndonos de metáforas quizá gastadas, incluso milenarias, creyendo tal vez que lo nuevo podremos cotejarlo con lo viejo: cotejarlo y contenerlo. Pero, bien pensado, lo nuevo no es tan insólito, pues las funciones que desempeñan muchos sitios de Internet no son radicalmente distintas a las que prestaban –y prestan– otros lugares del mundo físico (o imaginado o fantaseado). En La estructura ausente (1968) ya nos recordaba Umberto Eco que un nuevo medio no sustituye al anterior, sino que se añade a los otros, se suma a los precedentes: la función se divide y, por tanto, la cubren o la comparten varios soportes o  prodigios técnicos.


Lo que ahora hace diferente el fenómeno de Internet es el número,  el exceso, la sobreabundancia de datos que circulan. Precisamente eso, las metáforas de la Red, es lo que planteaba hace años Javier Echeverría en algunos de sus libros más conocidos: Telépolis (1994) y Cosmopolitas domésticos (1995). Echeverría, a quien entrevistamos para ese dossier de Pasajes, es un pionero que supo ver de antemano qué era eso de Internet y con qué debíamos compararlo. Partía de la metáfora espacial más próxima, la de la casa, para extenderla después a la ciudad. Hacia 1994, la telépolis de Echeverría era ya una urbe con barrios de mala nota, con lugares selectos, con calles intransitables, con espacios comunes de visita obligada, con zonas nada recomendables. Con vertederos, podríamos añadir ahora. En las ciudades reales, los basureros están fuera del recinto. En la urbe electrónica, la cochambre y la inmundicia están junto a los barrios distinguidos, junto a las ruinas y a las joyas. ¿Cómo orientarse en esa ciudad opulenta?


Las imágenes se multiplican, como se multiplican en la Red los microrrelatos, como se desborda la escritura electrónica. La plétora, la saturación: todo amenaza con desbordarse. ¿Cómo abordar esta revolución? Todas las revoluciones (incluidas las tecnológicas) tienen su lado eximio, trágico, selecto; y tienen su parte chocarrera, vulgar, masiva. Lo ordinario y lo grosero cambian el mundo porque los efectos de esa transformación se multiplican infinitesimalmente. Siempre ha sido así. ¿Creen que el mundo del Setecientos cambió porque los grandes ilustrados fueron los preceptores de sus contemporáneos? No. Como indica Robert Darnton (del que Anaclet Pons ha escrito varias veces en su blog), la revolución del pensamiento se dio frecuentemente en lo pequeño, en infinidad de creadores chiquitos, incluso vulgares, cuyas obras se editaban en imprentas menesterosas sorteando la censura y lo correcto, lo políticamente correcto, de aquel tiempo. Eran disolventes y muchas de ellas se han perdido. Cumplieron su papel, ese papel infinitesimal, y caducaron. Por eso, Darnton insiste en lo inestable de la información ahora y tiempo atrás. Los universitarios queremos pensar el mundo en términos de canon o de paradigma. Pero la realidad de la comunicación, de las obras y de las sobras es más imprevisible. La revolución la tenemos aquí mismo, alrededor y no siempre tiene su parte egregia, sublime.

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1. La plaza (10/06/08)

Como en una plaza pública en día de mercado, no hay posibilidad de someter a control dicho espacio y ello aunque ciertas normas acaben por imponerse. ¿Se logrará? No hay aún reglas generales que obliguen ni hay un recetario práctico que nos guíe en cualquier circunstancia. Somos una muchedumbre abigarrada en continuo movimiento, sin coacciones sociales evidentes, con máscaras numerosas, bajo el anonimato protector. Ejercemos el nomadismo individual, el de sujetos embozados o desconocidos que van de corro en corro en esa plaza enorme, de grandísimas dimensiones, observando a las gentes sensatas que allí se arraciman, pero también a los locos, a los posesos que de pronto aparecen. Sin embargo, la acción es igualmente colectiva y sólo a veces programada: hay grupos que enredan e imantan. Somos una mayoría peatonal que se mueve en gigantesca manifestación sin saberlo: un acto que provoca efectos aunque como muchedumbre diseminada no compartamos un único objeto o meta. Somos sensibles a las imágenes, a los rumores y últimas noticias, a las nuevas del comercio primario, reducido frecuentemente al chisme, al trueque, pero también al regateo. Cada uno cree disponer de su propio tenderete en el que exponer su plétora, existencias variadas, en ocasiones valiosas, útiles que podremos usar o simples baratijas: metáforas, incluso. Pero el espacio tiene unos límites difusos y es normal perder el campo visual, abigarramiento en el que algunos difunden especies interesadas.

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2. Delete (11/06/08)

La gente más inquieta se pregunta sobre Internet. Los videos subidos a YouTube o los blogs y fotologs alojados en distintos servidores se caracterizan por su inestabilidad, por su provisionalidad, por su caducidad. Se crean miles de bitácoras que expresan seguramente una urgencia personal: tienen incluso una función terapéutica o se conciben como espacios de intervención. Pero esos tenderetes no siempre arraigan y, si dependen de un público generalmente escaso y voluble, de esos corros que avanzan y giran por la plaza, entonces el expositor puede quedar vacío. Si no hay que renovar el puesto, si la mesa sólo tiene un objeto que queda para uso de interesados ocasionales (en YouTube, por ejemplo), entonces la mercancía gratuita seguirá al alcance. Pero si ese escaparate de existencias ha de actualizarse frecuentemente, entonces no será raro que el responsable se canse: no obtiene gran recompensa por acudir a la plaza si resulta que esos corros se desplazan como público volátil o si resulta que otras mesas exponen lo mismo. Es más, su decepción puede que sea mayor si descubre que, en efecto, hay esos manipuladores que, como decía, enredan e imantan a la clientela.


Júcaro, por ejemplo, que es un blogger muy interesante y contumaz parece interrogarse sobre la continuidad de su casa: la mayor parte de lo que decimos los bloggers es prescindible, precisa. Nada cambia sustancialmente si un día esta o aquella bitácora dejan de actualizarse, añade. Una pena. Pero lo escrito en la Red puede ser copiado, duplicado, multiplicado y, por tanto, esa plétora sobrante y, a la postre, prescindible puede permanecer más allá de la voluntad del autor y ser como una ganga gigantesca o como una materia viscosa. Ya sabemos que los periódicos sirven al día siguiente para envolver el pescado y los libros, transcurrido un tiempo, se descatalogan, se relegan o se guillotinan. ¿Pero qué pasa con lo escrito y publicado en la Red, eso de lo que el autor se desprendió y quiso olvidar? Puede, desde luego, destruirlo. Yo mismo eliminé cada una de las entradas de la primera etapa de este blog. ¿Pero qué sucede con esas páginas o comentarios denigrantes en donde se nos veja, esos que circulan por ahí y que no podemos borrar? A pesar de la tecla del, la plétora crece.

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3. Cardenio virtual (11/06/08)

Y todas estas reflexiones –triviales, seguro– me las provoca el medio en el que estamos, el soporte de que nos valemos, el expositor de que nos servimos, el dossier que estamos preparando para Pasajes: pero, sobre todo, a estas ideas sobrevenidas llego tras la lectura del último libro de Roger Chartier: Escuchar a los muertos con los ojos (Katz, 2008). En otro blog muy interesante, Grafosfera, también se da noticia de este pequeño volumen, que recoge su lección inaugural en el Collège de France, en octubre de 2007.  ¿Qué es lo que trata Chartier que tenga que ver con lo virtual? Este gran historiador francés es un sutil erudito, un brillante analista: pero, más allá de esto,  Chartier idolatra a Jorge Luis Borges e, incentivado por su lectura, investiga sobre las nociones de autor, de texto y de obra, sobre la creación y sobre el artefacto material llamado libro. Se pregunta sobre el Quijote, sobre Cardenio. Toda la obrita de Chartier gira en torno al célebre personaje de Cervantes: el loco Cardenio. Este bien pronto se independiza de la novela cervantina hasta convertirse en protagonista de obras teatrales representadas, por ejemplo, en Inglaterra hacia 1613: el Cardenio, de John Fletcher y William Shakespeare. Pero esa comedia como tal no se publicará, al menos no en 1653, que es cuando estaba prevista su edición: es decir,  habiendo sido llevada a las tablas no podrá leerse…. Como un Pierre Ménard redivivo, Chartier emprende una búsqueda borgiana: “escribir un ensayo sobre una obra que no existe”. Pero sobre todo Chartier se pregunta a lo largo de sus páginas por la inestabilidad de lo escrito (de Cervantes a Shakespeare); se pregunta por su materialidad, por las variaciones accidentales de los textos, que son el producto final que nos llega; se pregunta por los personajes que se emancipan de sus creadores, flotando en un mundo virtual del que otros autores se apropian como mayor o menor acierto en libros posteriores.

Lo inestable, lo efímero, lo valioso o lo caduco estaban ya en la gran literatura, que era a la vez  parte sofisticada de lo popular. Si en la alta cultura ya se daban estas desapariciones o presencias viscosas, qué no pasará en lo electrónico y perecedero. Creemos que lo digitalizado dura y reemplaza lo material y antiguo. Chartier defiende el mantenimiento de lo pasado y arcaico en su propia materialidad. Los incunables no desaparecerán, admite, “pero no ocurre lo mismo con las más humildes y recientes publicaciones sean o no periódicas”, con los libros de bolsillo, con los volúmenes populares, la morralla y lo pulp. Esas obritas son artefactos que fueron editados, comprados, usados. Su sustitución por una biblioteca virtual y borgiana, presuntamente infinita, sería una pérdida.

Cuando Don Quijote está en Sierra Morena con Cardenio, le ofrece su biblioteca: “quiera vuestra merced ser servido de venirse conmigo a mi aldea, que allí le podré dar más de trescientos libros que son el regalo de mi alma y el entretenimiento de mi vida; aunque tengo para mí que ya no tengo ninguno, merced a la malicia de los malos y envidiosos encantadores”. Eso leemos en el capítulo XXIII de la Primera Parte del Quijote. ¿Trescientos libros? ¿Qué queda? Muchos de esos volúmenes fueron importantes y hoy son insignificantes. Y al revés: muchos que fueron irrelevantes luego alcanzaron la dignidad del canon. Qué raro es todo esto. Internet nos hace soñar con lo importante y con la biblioteca universal: en ella también debería quedar la plétora de lo prescindible, esas mercancías nuestras cultural y materialmente significativas, históricas: lo que existe o lo que creemos que no existe

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4. Colofón (12/06/08)

Príncipe de Asturias.

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Variedades

-De YouTube a MySpace. “…la enorme difusión que supone para los artistas noveles, el uso de diferentes canales de Internet, entre los que destacan sin duda, Youtube (como principal reproductor de vídeos en línea) y MySpace.com (un portal web de interacción social que incluye redes de amigos, blogs, fotos, música). El caso de Youtube es tan paradigmático, que nadie duda ya en nuestros días de su potencial como un medio de promoción…”. Leer más.

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-Generación Me. “De entrada es falso que los jóvenes españoles sean más inteligentes. Es mejor su alimentación, disponen de más medios de todo tipo -no solo de comunicación- y están creciendo con una capacidad de acceso a las fuentes de información que nos hace pensar a los que tan solo hemos alcanzado los cuarenta años que crecimos en el neolítico. Y sin embargo, nosotros fuimos tan tecnológicamente mutantes como ellos, pues nada hasta el PC ha transformado tanto las líneas de convivencia en los hogares y los referentes del conocimiento como en su momento lo hizo la televisión, que por cierto lleva como quien dice cuatro días entre nosotros… aunque no lo parezca”. Leer más.

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44 comments

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  1. Angel Duarte

    ¿Cómo orientarse? Mediante el instinto. Como siempre. En este orden de cosas, no hay otro método (previo). ¿o si?

  2. Miguel Veyrat

    Por supuesto, Àngel, es el “uso” lo que crea la bondad o maldad de los instrumentos. Y la red es sólo eso, la Calle Mayor donde hay de todo, y la libertad de exponerse a la mala vida o entrar a rezar en una iglesia cualquiera.Instinto pero también cultura, que es una forma de “usar” bien el instrumento del instinto.

  3. Angel Duarte

    En realidad lo de instinto era un tanteo, para no mentar la bicha: intuición. Te has topado con un pos-jungiano (no se lo digas a Reina). Si es que eso existe. Intuiting is a kind of perception that works outside of the usual conscious processes. It is irrational or perceptual, like sensing, but comes from the complex integration of large amounts of information, rather than simple seeing or hearing. “It was like seeing around corners”, Jung said. Ese ‘ver alrededor de las esquinas’ puede resultar fundamental para no perderse, más de la cuenta, en un territorio tan perturbador como Internet. La clave está en integrar eficazmente esas grandes cantidades de información.

  4. Kant

    ¿Le importaría, sr. Duarte, usar la lengua de Cervantes en sus intervenciones? No sólo es que yo, personalmente, no hablo lenguas bárbaras, es que dudo que el sr. Jung escribiera en lengua de ingleses cuando él era de alemana expresión.

    No advierto en ud falta de consideración o pedantería por ello, más bien, falta de información. Sepa, por lo tanto, que, quien más quien menos de los contertulios, ha decidio participar en el amable “blog” de don Justo admitiendo como lengua vehicular la castellana e introduciendo la raducción pertinente cuando ello viene dado.

    Supongo que entenderá el caso. Gracias.

  5. Angel Duarte

    Por libre:

    La intuición es un modelo de percepción que funciona fuera de los procesos conscientes típicos. Es irracional o perceptiva como la sensación, pero surge de una integración bastante más compleja de grandes cantidades de información. No procede, o no es, una simple visión o escucha. La imagen que utilizaba Jung podría traducirse por ese “ver alrededor de las esquinas”.

    Efectivamente, Jung no escribía en inglés, pero los centros de referencia para el análisis del universo jungiano se encuentran, básicamente, en los Estados Unidos. Siento el malentendido. Pero yendo a la cuestión, me parecía que en éste -el de internet-, como en tantos otros terrenos, hay que contemplar esa vía de conocimiento y aprehensión de las informaciones.
    Un saludo

  6. Miguel Veyrat

    No le riña vuecencia, Kant, lo importante de la frase,tomada de una traducción al inglés, está traducido, es en ese alrededor de las esquinas donde los sentidos olfatean, otean, acaparan grandes cantidades de información y deciden si correr o no el peligro, fuera de los normales procesos de la consciencia. Vos sois también junguiano, abandonad la dignidad herida y el profesor Duarte (no es frecuente todavía que nuestros miembros de la academia hablen lenguas bárbaras,aunque la alemana lengua, bien sabéis que es la madre de todas ellas. ¡Una idea, podéis hablar en catalán, esa germanía del provenzal! Ambos lo conicéis a la perfección… pero se quejarán los castellanos, gallegos y vascos.

  7. Miguel Veyrat

    Querido Angel Duarte, otra nota que ya le proporcioné en su día al amigo Kant. Trotta está publicando la Obra Completa de Jung en unas excelentes traducciones al castellano realizadas y anotadas por psiquiatras de prestigio. No han salido todos los tomos, van haciéndolo con cuentagotas y en entregas alternas, sin orden predeterminado aunque cada tomo lleva su numeración, pero sé que este año salen uno o dos nuevos. Habla con tu librero.
    ¿Y si ahora volvemos a la Main Street de Internet? Esta mañana le decía por email a Justo Serna, en una larga conversación privada, el bien que me había hecho a mí encontrarle, a su bitácora y a sus contertulios entre los que creo haber creado relaciones de amistad e incluso fraternales, en ocasiones.

  8. jserna

    “…en ese alrededor de las esquinas donde los sentidos olfatean, otean, acaparan grandes cantidades de información y deciden si correr o no el peligro, fuera de los normales procesos de la consciencia”.

    Esas palabras de Veyrat son la plaza. Descrita aquí como Internet: ya Javier Echeverría planteaba metáforas semejantes. Aunque me he inspirado en Makbara, de Juan Goytisolo. En particular, en el último capítulo de dicho libro (“Lectura del espacio en Xemaá-El-Fná”), leído por primera vez cuando el señor Kant y yo éramos unos universitarios felices e indocumentados.

  9. Miguel Veyrat

    Es inenarrable la experiencia directa, sensorial, de la Jmáa-Al-Fná. La tengo aún viva casi en forma de feromonas no sólo olfativas,de mis años de corresponsal en Marruecos. No hay otro lugar sobre la tierra donde el relato del mundo permanezca vivo como allí, donde todo es posible… Exactamente lectura del espacio allí donde podría encontarse con el tiempo si ello fuera posible. Recuerdo también Makbara, que no sé por donde anda en mi dispersa biblioteca. Juan Goytisolo tiene casa allí, en Marrakech, cerca de la plaza, y le vi con frecuencia aunque siempre tuve que discutir su personal complacencia con quien yo llamaba el Sultán Hassan II, y el simplemente El Malik, el Rey. Pero ambos sabemos que era una bestia sanguinaria. A mi me expulsó del hermoso país que asuela su dinastía bárbara, pretendidamente descendiente del profeta, junto al corresponsal de Le Monde. Nuestro delito: haber informado del fusilamiento sumario al amanecer de un fundamentalista
    islámico que hacía arrojar por la ventana los televisores a los habitantes de Fez. En la mente paralítica de los fundamentalistas, ver la TV era idolatría, pues Mohammed prohíbe, en nombre de Alá, la reproducción de la figura humana: Quizás porque Hassan II era el protagonista único de la TV marroquí, el pobre ulema desquiciado lo creyó un idolo más. Y lo pagó con su vida en una hora temprana en la que hasta nos hacían gracia esos locos rapados.
    Vaya ya me fuí por las ramas… Volvamos a la plaza mayor.

  10. Kant

    Gracias don Ángel, es ud. muy amable.

    Don Miguel, habrá de lidiar ud. como jungiano de pro pues yo, provisionalmente, me retiro. (Don Paco, digo provisionalmente). Como habrá observado, en el anterior “post” ya no intervine, en éste sólo para protestar y en los próximos, al menos en un par de semana, les daré descanso de mi ominosa presencia. Altos menesteres me retienen por las inciertas fronteras que hay más allá de Latveria y más acá de Rivendel. Digo esto especialmente por doña Marisa Bou que, en su día, se interesó por el asunto y ahora la tenemos postrada con su dolor. Y es que, si nada se tuerce – y en este mundo donde las Moiras tejen con tanto desdén ello no es imposible – encontraré el camino que me lleve a Ámbar. Volveré a Ámbar.

    Mientras mi periplo dura y me enfrento a mil desmanes sin cuento, bestias varias de jornada completa y aberraciones de las profundidades más siniestras, les leeré, por supuesto. Aunque me temo que salvo algún exabrupto intempestivo que no me pueda contener, airado por algún arrebato, poco me verán uds escribirles en este plazo.

    Don Justo, con su permiso. Apreciados contertulios… ¡Salud!

  11. Paco Fuster

    Como Justo sabe, soy un enamorado del Youtube. No tanto como usuario directo, sino más bien como defensor a ultranza de las enormes ventajas que proporciona en comparación con los pocos problemas que genera. Youtube es una herramienta como cualquier otra: si la usas con unos fines fieles al espíritu que ha animado su invención, creo que es una herramienta de primera magnitud; pero claro, si perviertes esos fines y la empleas con ligereza o mala intención se puede hacer mucho daño. Vamos, como ocurre con todas las herramientas, ni más ni menos.

    No quiero extenderme mucho porque es un tema que me gusta tanto, que excedería la peciencia de quien se atreva a leerme. Mi idea – de momento no digo utopía – es poder escribir un día sobre Youtube, un texto largo y documentado, pero a la vez que me haga recrear las tardes que he pasado disfrutando con Youtube – viendo videoclips sobre todo – visionando un video tras otro, enlazando una cosa con otra hasta terminar viendo cosas nuevas, descubriendo cosas que nada tenían que ver con lo que buscabas en origen cuando entraste en la página.
    Hablaría también de lo apunta Justo en esa cita (gracias) de mi crítica musical: la importancia capital que han tenido herramientas como Youtube o MySpace en la transformación de la industrial musical, revolucionando sus formatos y nuestro acceso a esos contenidos. En fin, que espero poder hacerlo algún día.

    El otro día en el blog de Anaclet puse un enlace con un ejemplo perfecto de las bondades infinitas de Youtube. Diganme ustedes en que otro lugar puede encontrar alguien, una entrevista que le hicieron en 1964 a Hannah Arendt en la televisión alemana. Media hora escuchando de viva voz a esta mujer, viendo sus gestos, sus reacciones y además, con el texto subtitulado en castellano (aunque también digo que para los que sabemos algo -muy poco- de alemán es una gozada escucharla en su lengua). A mi me parece un maravilla. Si yo fuera profesor y quisiera explicar a mis alumnos quien es esta mujer, antes que leer cualquier artículo sobre lo que otros dicen que dijo, enchufaría el proyector y les diría que ella misma les iba a explicar quien era, a qué se dedicaba o porque pensaba de una forma o de otra. Ya sé que el post es sobre Youtube y no sobre Arendt, pero creo que como ejemplo sirve:
    http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/video12.html

    En ese mismo comentario, le enlazaba a Anaclet el texto de la revista americana “Time” en donde se explica por qué Yotube fue elegido por esta publicación (que no es poca cosa, precisamente) como el mejor invento del año 2006:
    http://www.time.com/time/2006/techguide/bestinventions/inventions/youtube.html

    Es un tema – el del impacto socio-cultural de Youtube – digno de una tesis doctoral, de análisis pormenorizado. Si alguien se anima, ya lo sabe. De momento, nos conformamos con discutir aquí que ya es bastante. Tengo ganas también de poder leer con calma ese número de “Pasajes”. Espero que se le de la promoción merecida (supongo que lo volveremos a decir llegado el día) y que la gente lo reciba bien y lo lea con el interés que merecen los temas tratados y sus autores.

    PS: “El vertedero”, término que -como se puede deducir por mi intervención- yo nunca aplicaría a Youtube (aunque entiendo perfectamente la metáfora que se ha empleado), es el título de un libro de relatos de Djuna Barnes. Es pura coincidencia pero me ha llamado la atención.

  12. Miguel Veyrat

    Animo pues, Kantarell, ojalá mates a todos los dragones que te aguardan en la sima antes de cruzar los puentes entre latveria y Rivendel. Y en todo caso, sigue siempre el camino de baldosas amarillas.No lo olvides, al fin no aguarda el Grial sino un enano disfrazado de blanco y con bonete.
    Paco Fuster, gracias por esa joya que pasa inmediatamente a mi baúl de tesoros desenterrados del tiempo.

  13. Marisa Bou

    Salud, querido Kant. Yo sigo aquí, asomada a la ventana de mi alta torre de escayola, tañendo la lira con una sóla mano, aguardando que algún caballero trepe por mis largas trenzas y me libere de mi cautiverio. Según mi méedico, falta aún un més para que llegue. Pero, como usted, seguiré ojo avizor.

  14. Miguel Veyrat

    Salud, Marisa, nunca mejor dicho. Cuidate. ¿Puedes al menos sostener un libro cuando dejas la lira?

  15. Marisa Bou

    No, si el volumen es muy grueso. Pero voy a comprarme un atril, así sólo tendré que pasar las páginas. Si no puedo escribir, ¿qué sería de mí si no pudiera leer?
    Gracias por interesarte, amigo. Y gracias a todos ustedes por estar ahí, aliviando las angustias de mi prisón.

  16. Paco Fuster

    Hablando de Chartier y de “El Quijote”, casi la mitad del curso magistral que impartirá en Valencia el mes que viene, está dedicado, precisamente, a la obra de Cervantes que tanto le gusta. Bueno, seguro que en la otra mitad también hablará de esa obra, de Quevedo y – cómo no – de su querido Borges. La verdad es que si lo hace razonablemente ameno (y contando con el aire acondicionado) puede ser una buena experiencia. Si leer a Chartier siempre es un placer, escucharle hablar y aprender de su erudición no es lo menos.

  17. Júcaro

    D. Justo,cambio el hilo del debate para agradecerle la referencia en el post, el magnífico comentario que me regaló en el blog que administro y, si me perdona la osadía, para discrepar de su predisposición a borrar, llegado el caso, entradas o el propio blog.

    Entiendo que al publicar un post lo ponemos a disposición de quien llegue hasta él. En el mismo momento que alguien accede a su contenido, éste deja de ser “nuestro” porque el hipotético lector, de alguna manera, ya lo hizo suyo. Lo de borrar, no lo comparto. Mire, su blog es apasionante de leer; sus entradas son magnificas y cuenta usted con un grupo muy selecto de comentaristas que le aportan valor añadido. Precisamente por eso, si un día nos priva usted de la posibilidad de seguir aprendiendo en estos post que ya publicó, sería una decepción y le diría que se tomó usted una libertad que ya no es sólo suya.

    Dice usted que lo publicado en la Red puede ser copiado, ¿cuál es el problema? También se copia lo no publicado en la Red. Escribía, si no me equivoco, su admirado Antonio Muñoz Molina, algo así como que “nadie contempla con más atenta pasión la obra de un artista que el impostor empeñado en falsificarla”. Que algo sea digno de ser copiado, que alguien llegue a identificarse tanto con algo que hemos escrito debe ser motivo de orgullo más que de resquemor. Podría comprender la preocupación en quien “vive de esto” pero no del resto. Publicamos para expresar nuestra opinión o percepción de algunas cosas y, a parte de lo vanidoso del acto en sí, ¿no pretendemos acaso hacer copartícipes de nuestros puntos de vistas a quien pueda leer lo que publicamos? Entonces, lo interesante no es que nos identifiquen como autores sino que la idea expresada se transmita, se comparta y se multiplique.

  18. jserna

    Júcaro, ha equivocado el enlace a su blog, de modo que no se puede acceder pinchando sobre su nombre en el comentario anterior. ¿Todo un lapsus? Ja, ja, ja. Un error significativo, teniendo en cuenta que involuntariamente bloquea el acceso a su blog. Tómeselo a broma. Paso a poner el enlace correcto para todos nuestros lectores:

    http://14deabril.wordpress.com/

    Lo de borrar las huellas. Salvo catástrofe, ahora no volvería a hacer lo que hice en la primera etapa de este blog: eliminar sus contenidos cuando lo cerré. Aunque, a decir verdad, quedé tan exhausto (aquel blog tenía una extensión en Periodista Digital que crearon sus responsables por voluntad propia) que opté por hacerme desaparecer (que diría Juan Planas), por borrar las huellas: cosa de todo punto imposible, claro.

    Lo hice entonces, pero hoy pienso de otro modo: mire cómo acabo el post. Perdone la repetición: ‘Internet nos hace soñar con lo importante y con la biblioteca universal: en ella también debería quedar la plétora de lo prescindible, esas mercancías nuestras cultural y materialmente significativas, históricas’. O sea que estoy a favor de mantener nuestra plétora, lo sobrante, lo excedente. No sé si me he expresado mal o no me he hecho entender. Pero admítame que en ocasiones a uno le pueda pasar por la cabeza lo de borrar sus propias huellas. Le agradezco las palabras generosas que dedica a este blog y que paso a reproducir, pero me gustaría que nos fijáramos en el juicio general que hace. Tiene toda la razón cuando dice usted: “Entiendo que al publicar un post lo ponemos a disposición de quien llegue hasta él. En el mismo momento que alguien accede a su contenido, éste deja de ser “nuestro” porque el hipotético lector, de alguna manera, ya lo hizo suyo. Lo de borrar, no lo comparto. Mire, su blog es apasionante de leer; sus entradas son magnificas y cuenta usted con un grupo muy selecto de comentaristas que le aportan valor añadido. Precisamente por eso, si un día nos priva usted de la posibilidad de seguir aprendiendo en estos post que ya publicó, sería una decepción y le diría que se tomó usted una libertad que ya no es sólo suya”.

    Admítame que si entonces me tomé esa libertad es porque quería enterrarme. Eso: enterrarme, cosa bastante difícil, por otra parte, porque en la Red es raro lo que desaparece del todo.

  19. David P.Montesinos

    Como diría alguno de sus enemigos, ¡vaya entrada, Serna! Del laberinto de You Tube a Chartier pasando por Marrakech, no está mal, aunque antes de criticarle por exceso de dispersión me pasa por la cabeza que a lo mejor hay una hilazón entre la configuración “urbana” de la Red y el laberinto callejero de la Medina. Temo sin embargo que el crecimiento de la Red camina incontrolado, lo cual no solo es fuente de delitos o conductas más o menos reprobables, sino que supone una seria amenaza de indigestión. A mí a veces Google me parece un basurero, una especie de contenedor donde la información circula hemorrágicamente. ¿Como en un tablón de anuncios, donde uno busca y se centra en lo que quiere? Sí, pero el criterio que determina la existencia en el tablón es espacial, y el que determina nuestra atención tiene que ver con la capacidad de la percepción visual para encontrar la figura que quiere destacar de un cierto fondo. El problema de la Red es que la abundancia de información es tan excesiva, que quienes como mis alumnos están cuajando con ella creen equivocadamente ser perfectamente hábiles para navegar en ese océano. “Comprender”, “saber”… son términos diferentes para ellos que para usted o yo. Fíjese. Una alumna me hizo una exposición sobre el aborto. Ofreció toda una serie de informes donde claramente se mezclaban informaciones con valoraciones con sesgo claramente “pro-vida” y similares, siempre bajo la idea de que el aborto es una asesinato, etc… Muchos datos, muchos detalles sobre el feto, las técnicas abortivas, etc… mezclados con las acusaciones y la reprobación moral, incluyendo el libertinaje sexual de las jóvenes, pero cuando le pregunté si estaba dando su opinión me dijo que no, que no eran opiniones lo que ella explicaba, que “son hechos”. ¿Y quien es el autor de esos informes que nos has traído, querida?, le pregunté. “Es de Internet”, me contestó. Como no creo que internet sea un señor, me fui a buscar la web en cuestión, y descubrí lo que ya intuía, que las webs antiaborto ofrecen información más digestiva y profusa sobre el tema.

    El medio es el mensaje, dijo McLuhan, y éste es un medio donde las ideas, a fuerza de chorrear “líquidas” por el ágora, tienden a parecer que designan realidades igualmente líquidas. O aprendemos a estructurar las mentes de nuestros jóvenes, o corremos el riesgo de convertir la saturación de información en un problema todavía mayor que, en su momento, fue su ausencia.

    Estuve en Jmáa-Al-Fná hace una eternidad, con la cabeza limpia y el corazón en los huesos porque mi mujer de entonces acababa de dejarme por otro -hizo bien-, de manera que fui con el ansia de aventura propia del Guerrero del Antifaz. Tenía dos intenciones:

    1. Tomar café con Goytisolo
    2. Ligarme a Carmina Ordóñez

    Fracasé en ambos propósitos. Pero les aseguro que jamás he sido tan feliz saliendo todas las noches seguidas durante una semana entera. Lo de aquella plaza si es espectáculo nocturno. Curiosidad, yo crecí obsesionado por las mil y una noches. Estaba tomando té de noche, en mitad de la plaza, de pronto un bastón, me volví, un anciano ciego, con las cuencas vacías, turbante, chilaba blanca… pedía paso mientras mirábamos al encantador de serpientes. No estaba Carmina Ordóñez pero Marruecos, pese al Sahara y otros asuntos, es un país fascinante… Y no se conoce bien por You tube, se lo aseguro.

  20. jserna

    Escribe el sr. Montesinos: “Como diría alguno de sus enemigos, ¡vaya entrada, Serna! Del laberinto de You Tube a Chartier pasando por Marrakech, no está mal, aunque antes de criticarle por exceso de dispersión me pasa por la cabeza que a lo mejor hay una hilazón entre la configuración “urbana” de la Red y el laberinto callejero de la Medina”. La hay. Hay esa hilazón: el bazar, el zoco, el mercadillo, el exceso, el contacto, la proxemia, lo valioso, lo averiado, la pieza única, la copia, la oferta y el regateo, la mezcla o la suma de historias (como en el Quijote), los objetos perdidos que allí reaparecen. Etcétera. Imagínese habiendo crecido en el centro de esa plaza: no como turista ocasional que visita Marruecos para departir con Goytiloso u Ordóñez, no. Repito: imagínese habiendo crecido con esa perspectiva, con esas referencias dispersas y con los corros que mudan a su alrededor, usted mismo formando parte de los corros, usted mismo animándose a visitar una y otra vez distintos tenderetes con variadas y caóticas existencias, entre ellas libros viejos o relatos orales como la ‘Historia de Cardenio’. La plaza es el mercado informe pero es también el vertedero al que se arrojan las inmundicias que nadie quiere. ¿Qué es Internet?

  21. Alejandro Lillo

    Estimado señor Kant: los Reinos Jóvenes resulta un lugar peligroso donde todo es posible. No tema a dragones ni a las bestias surgidas de las profundidades, pues ellas también son criaturas de dios, y no tienen la culpa de haber nacido tan feas y horripilantes. En su periplo yo le aconsejaría que vigilara sus espaldas, pues muchas veces las verdedaras bestias adoptan poses civilizadas y atractivas para que bajemos la guardia, así que no se fie de esa tabernera rolliza, de generoso escote y rizados cabellos, ni de su sonrisa picarona y sus ojos brillantes. No beba su copa y sigua adelante, siempre avanzando por caminos secundarios, la mirada puesta en el horizonte, marchando hacia el sol, más allá de las montañas. Sin olvidar nunca Ámbar. Sin olvidar, nunca, Ámbar. ¡Ah! Y si pierde el norte o las garras de los malignos lo cercan en un valle, no desespere. Busque a un viejo de cabello cano que camina encorvado apoyado en un bastón nudoso y pídale que le cuente la historia de aquel viajero que quería volver a Ítaca. Así encontrará el camino.

    Veo Internet en la línea que expresa Miguel Veyrat, como un instrumento. Sin embargo, no lo considero un instrumento cualquiera, pues posee un potencial y unas posibilidades que lo separan de otros “objetos de uso”. Se trata de un mundo “virtual” aparentemente infinito, con muy poco control y en el que, como bien se ha dicho, se puede encontrar de todo. Ventajas: innumerables, y en función de la propia capacidad e intereses de cada “internauta”. Peligros: destacaría dos, y en esto estoy don David P. Montesinos. Primero,lo que se cierne sobre la juventud. Segundo, que nos acabe gustando más este mundo virtual que el real. Entonces sí estaremos jodidos. (Con perdón).

    Marisa, no desesperes y recupera bien el brazo. Más vale estar parada ahora que tener dolores constantes más adelante.

  22. Pavlova

    Lo que sería preocupante, Alejandro, es que no se emocionase. Cada vez que lo oigo, cada vez que, sobre todo, lo veo, pienso en justicia poética, en verdad. Se podría escribir un tratado completo sobre el contraste del hombre de verdad, en cada gesto de verdad y los tres miembros del jurado, tan sofisticados, tan “por encima” y tan desarmados por esa verdad del portentoso “pobrecito hombre”.

    Entro en lo que llamamos en casa Yo tuve desde sus inicios y raro es el día en que no lo hago, en que mis hijos no me enseñan algo o yo a ellos ahí. Jamás he tenido sensación de vertedero ni he visto una sola página que me haya hecho cuestionar esa portentosa herramienta. Supongo que será cuestión de quien la utiliza y para qué, como dicen arriba. No hay duda de que todo tiene un componente negativo, pero para mí Internet ha sido algo deslumbrante y colosal. Lo demás son tributos que hay que pagar por no estar fosilizado, enclaustrado, aterrado.

    Ánimo, Marisa, ya queda menos. Un abrazo.

  23. jserna

    Espléndido, Alejandro. Si no fuera porque desafinamos deberíamos cantar todos:

    Nessun dorma! Nessun dorma!
    Tu pure, o Principessa,
    Nella tua fredda stanza
    Guardi le stelle
    Che tremano d’amore e di speranza.
    Ma il mio mistero è chiuso in me,
    Il nome mio nessun saprà!, no, no
    Sulla tua bocca lo dirò!…
    (Puccini: Quando la luce splenderà!)
    Solo quando la luce splenderà,
    (Puccini:No,no,Sulla tua bocca lo dirò)
    Ed il mio bacio scioglierà il silenzio
    Che ti fa mia!…

    Voci di donne

    Il nome suo nessun saprà…
    E noi dovremo, ahimè, morir, morir!…

    Il principe ignoto

    Dilegua, o notte!… Tramontate, stelle! Tramontate, stelle!…
    All’alba vincerò!
    vincerò! vincerò!

    YouTube es un vertedero. Como lo es Internet. Como lo es la Televisión. Como lo es el mundo de los libros. Como lo son los blogs. Lean las tres acepciones del diccionario de la RAE:

    1. m. Lugar adonde o por donde se vierte algo.

    2. m. Lugar donde se vierten basuras o escombros.

    3. m. Conducto por el que se arrojan a un depósito situado a nivel inferior basuras, desechos, ropa sucia, etc.

    Yo creo que esos soportes son vertederos en los que arrojamos lo bueno y lo malo. Pero son también los sitios en que echamos lo sobrante o lo que sobresale. Lo escribimos para que no nos torture, para desprendernos. Lamento repetirme:

    “… según le confesaba Sherlock Holmes a Watson en Estudio en escarlata, nuestro interior es como un pequeño ático de pocas piezas, un ático vacío en el que hemos de meter el mobiliario necesario: las gentes necias, continuaba el detective, amontonan sin criterio, dejando poco lugar para los enseres precisos o anulando el espacio mismo, convertido de ese modo en un ámbito impracticable o inhabitable. Hay, pues, muchas obsesiones que vendrían a ocupar indebidamente el espacio reservado para uno mismo.

    Por eso, lo mejor es, en efecto, escribir en un cuaderno, al modo de Cioran, o ahora en una bitácora aquello que siendo sobrante no es estrictamente desechable, una bitácora en la que ensayar sobre las propias ideas con el fin de que no ocupen nuestro ático ya repleto de experiencias. Por eso, también es útil publicar esas cavilaciones pues, como el propio ensayista admitía, cuando publicamos, esas especulaciones se nos hacen exteriores. “Se desprende uno de todo lo que ama y sobre todo de todo lo que detesta de uno mismo”, añadía.

    Por tanto, frente a lo que puedan pretextar tantos bloggers (que el ámbito y el hábito de bitácora nada tienen que ver con el narcisismo, con las obsesiones, con las cavilaciones), el acto de escribir anotaciones es una suerte de terapéutica. Idéntico a lo que admitió, otra vez, Emil Cioran: ése “es el sentido profundo de todo lo que he escrito (…), pues para mí escribir es exactamente eso, es atenuar como una presión interior debilitarla: por tanto, una terapéutica”. Lo expresado se vuelve efectivamente externo, al menos en parte, y se asemeja a la operación estricta de expectorar, nada menos.

    Además, cuando anotas inevitablemente simplificas, te rebajas a expresarte y las palabras enunciadas y registradas en el cuaderno pierden ese brillo probable que tenían antes de materializarse”.

    http://www.elpais.com/articulo/elpepiautval/20050328elpval_7/Tes/La%20bit%C3%A1cora%20o%20el%20laboratorio%20personal

  24. Miguel Veyrat

    Gracias, Justo, por tu atención, mi orgullo de padre queda pleno al ver el trabajo de mi hijo pequeño en primera página de elpais.com, donde pena todavía como becario… pero sale a flote con una inmensa vocación profesional. Fue, recordamos algunos, un contribuyente fino de este blog en su día, a ver si lo recuperamos.
    Conocer y comprender… preocupación socrática por excelencia, queda reflejada en la anécdota penosa de la alumna de David, al enlazarse con la misma disyuntiva ética —”resuelta” no hace mucho por el representante mayor del pensamiento ultramontano JLS como imposible—, de distinguir entre opinión e información. La alumna tomaba como verdades lo que sólo eran opiniones, y las creía a pies juntillas porque creía también en “el medio”. ¿Y cómo no creer en él? si para millones de personas en el mundo es el “único” medio —disminuyendo de modo alarmante la básica libertad de elegir— a mano para informarse, de creer conocer sin comprender? Si el pluralismo desaparece porque los servidores, tan premiados últimamente con principescos premios, no contribuyen a enlazar las distintas opciones en lo opinable, si no operan como “masters” prudentes, como “consejo de ancianos” diría casi, la red no será nunca, no podrá ser, en mi opinión, un instrumento eficaz. Si no educa, si no enseña a pensar, inducirá a error, y lo está haciendo, como demuestra la anécdota de la alumna convertida ya desgraciadamente en paradigma.
    Pavlova y sus hijos, sí, saben escoger. Cuando acuden al mercado ya sabe lo que quieren, están educados y son difíciles de engañar: pueden ejercer la libertad de elegir sin problema. Por eso es tan importante, como decíamos hace unos dias, la función de educar, de enseñar a “leer” correctamente los medios, asignatura que sería ya imprescindible en todas las escuelas.

  25. Alejandro Lillo

    Comparto su visión, señora Pavlova, se trata precisamente de eso, de “justicia poética, de verdad”. Completamente de acuerdo.

    Tendríamos que cantarlo, Justo, sin duda alguna, para llenar nuestros pulmones de gozo.
    Sobre lo del pescado en Madrid y la huelga, ayer mismo pensaba en lo frágil que en el fondo es nuestro mundo. La fábrica Ford, por ejemplo, ha cerrado, sus operarios no trabajan. En el capitalismo de hoy no hay sitio para el stock, no parece haber lugar para las mercancías… salvo en casa del consumidor. Cuando alguna pieza del engranaje falla (y el transporte es una pieza muy importante), parece que todo se desmonta y se va al garete. Resulta increíble que a los dos días las fábricas y las empresas tengan que cerrar por falta de material. ¡En las empresas lácteas solo tienen bidones para almecenar la leche un par de días, al tercero no les cabe más y la tienen que tirar! ¡Vaya mundo avanzado en el que vivimos! Esta huelga ha mostrado lo vaporoso que es nuestra sociedad. Bajo esa apariencia de seguridad, de tenerlo todo controlado y de tecnología, no hay nada, todo se desmorona como un castillo de naipes. ¿Qué hubiera pasado si la huelga hubiera durado quince días? Un cataclismo.

  26. Alejandro Lillo

    Mi mensaje se ha cruzado con el suyo, don Miguel. Ya decía yo que ese apellido de El País me sonaba. Felicidades por la parte que le toca, y un saludo desde aquí para Pablo.

  27. Pavlova

    “Si no fuera porque desafinamos deberíamos cantar todos:”

    Desafinamos, fundamentalmente, porque no cantamos, Justo, y el miedo a hacerlo mal nos agarrota. Para todo es necesario práctica y estar relajado. Antes se cantaba mucho y por los patios de las casas de vecindad, se oían cosas preciosas. Es otra cosa ue se ha perdido. Otro tributo.

    Las tres acepciones del diccionario de la RAE… sí, pero todos utilizamos vertedero en la 2ª, creo y es así como nunca lo ha sido para mí (Internet), quizás sea por lo que dice el señor Veyrat; seguramente; pero en eso también tengo un criterio distinto, que no voy a exponer porque no creo que haga ya al caso.

    Enhorabuena a Pablo Veyrat (y a sus padres), fundamentalmente por ser feliz en su trabajo. Es tan difícil encontrar el camino para los chicos y nos hace tan felices a los padres verlos en el camino sonriendo.

  28. Marisa Bou

    Para cantar, pueden contar conmigo, porque a mí no me importa desafinar y tengo una máxima que siempre sigo: Cuando hay que cantar, se canta. Sobre todo si tu canto puede animar a cantar a los que no se atreven, o las penas se lo impiden.
    Respiro hondo, me trago las lágrimas, carraspeo un poquito para aclarararme la voz, y entono:
    All’alba vincerò!

  29. J. Moreno

    España lleva 4 días de huelga de transporte y la sociedad está al borde de la histeria.

    Imagínense como estaría la ciudad de Belgrado en el corazón de la vieja Europa, bombardeada por la aviación española, francesa, inglesa….hace tan solo unos meses.

    ¡¡Nunca olvidaré esa ignominia!!

  30. David P.Montesinos

    Todos tienen razón, y me uno a las felicitaciones a la entrada genial de Lillo. Un placer conocer, de otro lado, al hijo de Mr Veyrat…Becario, uf, tengo fobia a esa palabra, pero mejor dejarlo. Le cuento otra Veyrat, para que vean que no me cebo con lo del vertedero internáutico. No puedo evitar pensar cómo serían nuestras vidas sin internet… mejor dicho, cómo eran, porque de este asunto solo hace tres días. Creo que la función del pensador crítico no es negarse encabezonadamente al fluir, ya inevitable, de la corriente… pero si sigo la interpretación de los pensadores francfurtianos que me enseñó Sergio Sevilla, diría que en todo caso hay que acordarse de que es lo que perdemos, que es lo que nos dejamos atrás con cada presunto avance… porque a lo mejor después de todo merece la pena todavía intentar recuperarlo. Y yo insisto en que no todas las turbulencias que están sufriendo las relaciones humanas son enriquecedoras… Pensar en ello no nos hace retrógrados -si no qué demonios hago yo “aquí” con ustedes-, solo nos ayuda a saber donde estamos…(Por cierto, “aquí”, ¿qué estoy diciendo cuando utilizo dicho vocablo en un foro internáutico? Leamos a Virilio, sugiero) Me fastidia, y es un simple ejemplo, que algún allegado me hable de haberse enamorado a través de internet y,sobre todo, que diga que “he hecho el amor varias veces con ella”. ¿Con quien, merluzo?, “ella” -con web cam, me da igual- no es nada, su cuerpo no huele como huele un cuerpo, su voz no suena como suena una voz, no hay compromiso, no hay riesgo, no hay nada “real” porque no hay verdadero contacto, solo hay simulacro. Me parece bien internet cuando se concibe como un medio, pero ya sabemos que el medio es el mensaje, y por todas partes descubro “usos” que creen serlo, pero es la red la que nos usa muchas veces a nosotros. Hablando de mitificar los medios y de la democracia catódica. Hace algunos años un ciudadano que parecía una grave dolencia de corazón aceptó que su trasplante -a vida o muerte, claro- fuera retransmitido en directo por la televisión, un reality a lo bestia, vamos. Cuando un periodista inoportuno le explicó por qué lo hacía, dado que no era por dinero, dijo que estaba aterrado por la posibilidad de morirse, de manera que la retransmisión televisiva le tranquilizaba, le parecía que la operación no podía salir mal precisamente porque formaba parte de un programa televisivo. No viene mucho a cuento, pero quiero hacer ver que no soy apocalíptico sino crítico.

  31. miguel veyrat

    Terrorífica anécdota la que nos recuerda David. La realidad virtual sustituyendo a la “palpable”, aunque no sé si me niego a decir “la auténtica”. ¿Pero si la realidad literaria, o artística en todos sentidos, cuadro, escultura, música, etc. es otra realidad distinta a la que la inspiró, al realizarse la obra de forma tangible, y empezar a vivir en las mentes de otros, por qué no la “virtual”, la electrónica, la televisiva, la… ? “Reality show” está muy bien inventado, estaba a punto de decir, “muy bien engañado”. Me interesa mucho el punto de vista de nuestro filósofo.

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