Roma y Cartago

Todos empezamos alguna vez como colegiales. Con el inicio del curso se repiten los temores y las expectativas. Aquí al lado, en un blog vecino –el de Berta Chulvi, que acabamos de descubrir, se detallan esos momentos que preceden a la primera clase, al primer día de lección.
Todos rememoramos esta o aquella circunstancia. Me recuerdo con diez años oliendo -o, mejor, olfateando- los libros escolares. Ilustrados, nuevos: sus páginas despedían un perfume que a mí me embriagaba. El milagro duraba un mes. Más o menos. Si los trasegaba mucho, el hechizo se desvanecía inmediatamente, pues los libros perdían su novedad, su olor: envejecían y me desengañaban. Era una contrariedad, desde luego, pero la promesa de un curso venidero me hacía confiar en la repetición de ese milagro aromático.
Todos atesoramos recuerdos escolares, esa infancia colegial en la que descubrimos las virtudes y las maldades humanas, la competencia y la camaradería, el miedo y el servilismo, las capacidades y las incapacidades. Las propias y las ajenas. Uno se hacía el firme propósito de empezar bien, de llevar las libretas al día, de colorear con lápices distintos las lecciones aprendidas. Pero siempre sucedía lo mismo: acababa incumpliendo mis planes, mis promesas, esas exigencias de orden a las que –y con las que– ceñirme. Transcurridas pocas semanas, los cantos de los cuadernos ya estaban algo desportillados, los libros habían perdido su lustre original y el filo de sus páginas estaba mugriento, con roña excesiva.

Todos recordamos a nuestros condiscípulos. Tan decepcionantes como los manuales eran los compañeros. Mi infancia escolar es la fatalidad de estudiantes repetidos según tipos o moldes y predecibles (yo mismo, entre ellos): cada cual parecía obligado a asumir un papel, a desempeñarlo. Estaban los fuertes, los musculosos, que eran quienes capitaneaban los inevitables equipos de fútbol; estaban los débiles, los patosos, que eran desechos atléticos; estaban los bordes, esos malasombras… Etcétera.

Todos podemos rememorar aquellos años de aprendizaje, pero no todos podemos relatarlos valiéndonos del arte, de la imaginación. No basta con tener esos recuerdos: puestos a contar literariamente ese pasado, hay que reelaborarlos para darles su cifra y su misterio, para extraer de ellos una lección: sin énfasis, con sutileza. Coincidiendo con el inicio de curso escolar he leído, por fin, El informe Stein, de José Carlos Llop. Digo por fin porque la novela tiene trece años y sólo ahora me hecho con un ejemplar: azares de un lector desordenado, qué quieren. La obra de Llop es ya un libro de culto, una nouvelle de aprendizaje, que ahora reedita RBA. Acaba de recibir un prestigioso galardón. Les recomiendo vivamente su lectura (o su relectura). Apenas sobrepasa las noventa páginas y eso, para mí, no es un mérito: detesto las novelas anémicas. Pero ésta no es una novela anémica: es un relato con las páginas que tiene que tener la rememoración de la infancia, de la primera pubertad. Contar la adolescencia en setecientas páginas es, seguramente, una ofensa que se le inflige al lector. Narrar esa etapa en un centenar es una cortesía. Pero no se engañen: El informe Stein no son unas memorias o una autobiografía. Es novela y, por tanto, el autor recrea experiencias propias de su etapa colegial hacia 1968 valiéndose de la imaginación, de la invención literal: sirviéndose también de una amplísima tradición que va de Robert Musil a Mario Vargas Llosa, de Marcel Proust a James Joyce.

Todos podemos contar el pasado escolar: por ejemplo, aquella competición que llamábamos Roma y Cartago, esas batallas que el profesor de Latín nos organizaba para acicatearnos. Todos podemos contar, ya digo, pero no todos podemos hacerlo con arte: menos aún sabiendo compendiar las grandes angustias a las que cada individuo debe hacer frente en esa edad. ¿A qué angustias me refiero? No voy a diagnosticar (no soy competente), pero me permitirán enumerar algunas, algunas muy frecuentes entre quienes fuimos escolares por esas fechas y en todo tiempo.

1. La rivalidad entre los condiscípulos, la organización académica de la competencia en un colegio religioso. Leo en esta novela: “Caballeros –el padre Ribas siempre nos llamaba caballero–, a mí me gustan las naumaquias (…). A lo largo del curso cada uno de ustedes tendrá una flota”.

2. El enigma de los nuevos (“Guillermo Stein llegó al colegio a mitad de curso…”), portadores de un pasado ignoto: “Mi padre fue amigo del conde Ciano y yo soy agente secreto de Su Santidad”.

3. La necesidad de aventura, las fantasías compensatorias: “Y Stein parecía darse cuenta de que yo quería vivir en un relato de Kipling cuando fuera mayor y a mí me daba la impresión (…) de que él ya vivía en un relato de Kipling o en un pasaje de Chesterton”.

4. Los sueños lascivos del adolescente, la carne vista o entrevista: “la cama olía a almendras amargas, no a meado de gato, y yo aún sentía entre mis dedos la piel de Paula Stein”.

5. La necesidad de ver y de conjeturar lo poco que se ve: “buscábamos paseantes con aspecto de sospechoso y les inventábamos una historia”.

6. El secreto, la novela familiar, la lejanía de de los padres, la falta o el despego (“Mis padres eran postales color ámbar”), la ignorancia.

La fotografía de la sobrecubierta es de Henri Cartier-Bresson. Es enigmática y a ella alude el narrador, Pablo Ridorsa. En la página 38 de esta novela se describe la escena de dicho retrato. Está fechado en Singapur y, por lo que parece, éstos que aquí vemos son los padres… del narrador. ¿Del narrador? Muerto de ganas, lleno de nostalgia, enfermo de ignorancia, Ridorsa habla de ellos. Nadie conoce a nadie. Lean esta novela y verán lo que es bueno. Si no pueden leerla,  si no pueden olfatearla, contemplen al menos su bellísima sobrecubierta, esa fotografía: “En ella mi padre llevaba un traje claro, de hilo, y una corbata desanudada sobre la camisa blanca. Estaba consultando un plano, con la cabeza gacha y el ceño fruncido. Mi madre, a su lado, llevaba un vestido flores…

La escasa información agrava las cosas, aumenta la cantidad exacta de lo que no se sabe y nos desconcierta. No es magra lección.

 

 

67 comments

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  1. Pedro

    Como vamos a comentar sin leer los libros de los que J. Serna escribe? El final del articulo:

    La escasa información agrava las cosas, aumenta la cantidad exacta de lo que no se sabe y nos desconcierta.

  2. Isabel Zarzuela

    Recuerdo el dia que llegué al colegio por primera vez. Estaba nublado. Nunca antes me había separado de mi madre. Recuerdo el aroma que desprendia la mezcla de colonias de todos los críos, el griterío, el nudo en el estómago, el miedo a lo desconocido, la soledad que experimentaba a pesar de estar rodeada de tanta gente…
    Después de superar (creo) este trauma, la llegada de cada curso me llenaba de ilusión. Yo también, Justo, me hacía mis buenos propósitos: llevar todo al día y ser ordenada. Sin embargo, los libros siempre se mantenían perfectos. No porque no los trabajara, sino porque no me gustaba (ni me gusta)que los libros se ensuciaran, se doblaran sus esquinas,en fin, que se desgastaran. A lo mejor no quería que pasara el tiempo…

    Jamás empiezo cada año el 1 de enero. Mis “años nuevos” comienzan el 1 de septiembre.

    Justo, felicidades nuevamente por tu blog

  3. Juan Planas

    Vaya, don Justo, no sabe usted cuánto me enorgullece su buen criterio respecto a mi viejo amigo y compañero de generación José Carlos Llop.

    Y si quiere leer algo suyo prodigioso le recomiendo el poema Elegía, de su último libro en verso, La Avenida de la Luz (Lumen, 2007)

  4. Miguel Veyrat

    Prodigiosa la incorporación del elemento “olor” que menciona nuestra nueva amiga Isabel. Los olores de las cosas y las personas nos acompañan siempre y en ocasiones brindan odios o amores insospechados a través de la delicada función.
    Juan, ¿por qué no nos reproduces el poema “Elegía” aquí abajo? A muchos nos encantaría leerlo y quizás sirva para que alguien se acerca a la planta de librería de su almacén favorito. Gracias.

  5. Miguel Veyrat

    Sólo una addenda al post anterior: Me consta que don Angel Duarte no es un criptofascista, sólo está influído por sus muchas y variadas lecturas de diarios y blogs que sí lo son :
    “finalmente, respecto de las fosas: el conocimiento de lugares, hechos, nombres… a mí no me parece nada mal, al contrario, siempre que sea por iniciativa de las familias o de las amistades. Las causas generales siempre me han producido aversión. Y, el uso del tema para reabrir la casuística de las dos Españas, me parece lamentable.”
    Pues resulta, querido profesor Duarte, que el tema de la supuesta “Causa General” agitada como bandera por los neofascistas españoles, que crecen como hongos por cierto, resultaría imposible desde el Decreto de Amnistía que hizo posible, entre otras medidas, lo que usted y muchos consideramos el engaño de la Transición.
    Precisamente la acción del juez Garzón tan detestado por tirios y troyanos, se dirige a hacer posible esa petición de las familias y deudos de los asesinados, no durante la guerra, sino en la atroz venganza que duró muchos años más que ella, de que se abran los “cementerios bajo la luna” que denunciara el escritor católico Bernanos, y aparezcan los restos dispersos en ellos para que puedan recibir digna sepultura. Las familias se ven desbordadas y no reciben ninguna ayuda oficial: Sólo quieren que los ministerios y entidades “competentes” como Iglesia Católica, apostólica y romana, Falange Española, las JONS, Comunión Tradicionalista, etc.etc. etc. faciliten la apertura de sus archivos con ello las siniestras listas de ejecutados sumaria y subrepticiamente en la mayoría de los casos. Y sólo la ley puede obligarles, porque voluntad, lo que es voluntad de abrirlos, no tienen. Aparte de que muchos de ellos, los más importantes, fueron ya destruídos por el antiguo falangista y sindicalista vertical Martín Villa, que para ello fue designado Ministro del Interior durante la primera fase de la transición… ¿O no? Salud y fraternidad, amigos míos.

  6. jserna

    Isabel, muchas gracias por esas palabras sobre los olores (como dice atinadamente Miguel Veyrat). Describe admirablemente cuáles son esos aromas de primer día de curso.

    Buscaré el poema de José Carlos Llop.

  7. J. Moreno

    Acabo de llegar a casa, aquí en Aguilas. He ido a ver “Los girasoles ciegos”.

    La escena del abatimiento y desespero del autorecluso que vé como el franquismo se consolida, ha hecho que mi ira estuviese a punto de estallar.

    Al salir una señora ha dicho: ¡Lástima que se hayan ido sin que se les pidiera responsabilidades!
    No he podido aguantar y le he dicho: ¡Señora, yo nunca los perdonaré!.

    ¡ Es que fueron represores desde el 1939 hasta el 1975 y me castraron de por vida!

  8. Pavlova

    España entera fue castrada, J.Moreno. El páramo intelectual y aterrado en que lo convirtieron lo pagamos todos y se sigue pagando por el retraso enorme que supuso aquello. Tampoco me parece necesario haber sufrido en propia carne el dolor para entenderlo, para ser solidario, para sentir vergüenza, simplemente como ser humano.

  9. Angel Duarte

    A mi me pasa como a don Juan, que soy del 57 y todavía tengo las cosas en su sitio. Vamos, creo. De hecho, hace días que no sé nada de ellas.
    La ausencia del gimnasio… esa es la gran ausencia, también en materia de olores y sudores.

  10. Berta Chulvi

    “Todavía tengo las cosas en su sitio. Vamos, creo…” (jajaja) Don Angel Duarte, me ha hecho usted reir… que no es poco en una noche como ésta.

    Querido Justo gracias por citar tan amablemente mi blog. Yo acudo al suyo (vuestro) a despejarme un poco atraída por su entrada en el mio. Y descubro leyendo su post que me siento esta noche como una colegiala, desorientada y novata, mientras redacto enmiendas para la Asamblea que celebrará mañana en la Agrupación Local de PSPV-PSOE de Botánico-Ciutat Vella.

    La ponencia marco que ha presentado mi partido (en el que llevo tan sólo 2 años y al que acudí, como no, atraída por un libro de José María Maravall que lleva por título “El Control de los Políticos”) es infumable. La ponencia digo, porque el libro es magnífico. Tan infumable como era el colegio Domus (Godella) en el que cursé la EGB. Como entonces, hoy me siento totalmente ajena a la organización, pero también como entonces sé que tengo que jugar con sus reglas si quiero transformar algo. No sé si fue allí, en ese colegio repleto de niñas pijas donde entendí que algo no funcionaba bien cuando la vida se desnaturalizaba y se convertía en una mera pose. Es curioso, caigo ahora en la cuenta que esa sensación de extrañamiento que me causó el colegio se ha repetido muchas veces a lo largo de mi vida. Fui una extraña en el CEU San Pablo, donde realicé esa aburrida licenciatura en periodismo porque trabajaba y estudiaba a la vez. Fui una extraña en la Universitat de València, mientras hacía el Doctorado en Psicología Social, porque yo no era psicóloga sino periodista. Quizás, Justo recuerde que la primera vez que nos conocimos fue porque yo acudí a su despacho con la pretensión de que formara parte de mi tribunal de tesis, atraída por un magnífico artículo que usted había publicado EL PAIS sobre el miedo al extraño, al extranjero. No pudo ser. Usted tenía una operación en ciernes y además recuerdo que se sintió ajeno, extraño, ante al aparato metodológico de una tesis basada en la experimentación psicosocial. Y fijénse lo que son las cosas. Yo leí la tesis y el trago me pareció un rito de iniciación de lo más brutal, y seguimos aquí, extrañando en el seno de las organizaciones, con la bata de escolares disimulada debajo de la ropa.

  11. Marisa Bou

    Querida Berta: No sé si he hecho bien en introducirte en este blog de mis amores. Te has venido a sumar a los ya muchos contertulios que me apabullaban con su escritura, y con ello vuelven mis complejos de falta de méritos para estar aquí.

    Fuera de bromas, sigue haciéndolo, cariño, porque así puedo leerte a tí (cosa que me compace mucho) junto a mis otros queridos amigos, que hacen mis delicias cada día con sus intervenciones.

    Habrás comprobado que no te exageraba nada cuando te hablaba de las bondades de este blog y de su creador.

    Bienvenida, amiga Berta.

    Y no me olvido, no. Un afectuoso saludo para los amigos de siempre: Pavova, Veyrat, Fuster, Kant, Planas, Gómez, Duarte, Montesinos, Miranda… perdón si me olvido de alguno.

    En cuanto a tema del post, mis recuerdos del colegio (Academia Carles) son muy placenteros. Los mejores años de mi vida, dedicada en cuerpo y alma a los libros (ese aroma del papel recién salido de imprenta, delicioso) aunque también algo acosada por los más desenvueltos, yo retraidilla, pero al final me los gané, a ellos pasándoles las traducciones de francés y latin, y a ellas haciéndolas protagonistas de mis novelas… ¡Ay!

  12. Marisa Bou

    Este ordenador pierde algunas “l” por el camino. Ejemplo: compLace, PavLova, aL… ¿qué le voy a hacer? Es lo que hay.

  13. Miguel Veyrat

    Amigo Juan y colega poeta. Yo pienso no necesitar tu permiso de autor para reproducir este párrafo, que confirma tu actitud ante el tema de aquél enfrentamiento no precisamente entre romanos y cartagineses del 36, pero tan brutal, seguramente como aquél. Es de dominio público pues lo publicaste el lunes en tu columna habitual de un diario que hace años dejé de leer, pero que ojeo de vez en cuando en busca de perlas como la tuya (he de decir que esta vez con sorpresa). Comprenderás que no dé el título de su mancheta, aunque lo haré si lo exiges, para no hacer más propaganda a su director, uno de los seres más viles que ha dado el periodismo español. Dices así, y conviene quizás que nuestros contertulios lo conozcan:

    “Con los muertos no se juega. Es lógico que la gente quiera recuperar los huesos de los suyos y darles sepultura. Se descansa mejor con la familia reunida. Lo extraño, tras tantos años de tregua, es el rabioso resurgir del afán arqueológico, la parodia de Indiana Jones por parte de Garzón en su viaje al centro del pasado o la proliferación de asociaciones sobre el tema:
    sabía de ARMH, pero ahora descubro la AGEMHA y los Represaliados de la Guerra Civil, qué cosas. Igual falta trabajo en España y hay que buscarlo bajo las piedras, aun a riesgo de alterar el sabio descanso de los muertos y atropellarnos a todos con una lluvia radioactiva de medias verdades, sangre reseca y culpas añejas, bajo el peso visceral de una dialéctica, muy simple, de vencedores y vencidos. Pero sólo vence la muerte”.

    No sabría qué apreciar más, si tu suave ironía sobre la paz failiar con los muertos reunidos en un cenotafio, o tu evidente y buena voluntad de ayudar al ministro Corbacho a resolver el dilema entre si dar trabajo a parados españoles o a emigrantes para evitar esfuerzos a los familiares de los asesinados por los fascistas españoles hace setenta años. Yo nací en el 38, y aunque conservo en activo mis testes, la castración moral y psicológica de los años pasados bajo el peso del miedo y la educación nacionalcatólica aún me duran. Y me angustian. ¡Ah! y muy bueno lo de comparar a Garzón con Indiana Jones.

  14. jserna

    Miguel, esa referencia a Juan Planas y lo que defendía irónicamente en ‘El Mundo’ no es nueva aquí: yo mismo hice alusión a su columna, poniendo un enlace. Podía leerse en el primer párrafo de mi entrada: aquí.

  15. Alejandro Lillo

    Saludos post-vacacionales. No saben cómo me alegra volver a leerles. Veo que ya se han metido en harina, que Justo no ha perdido la forma tras la pausa estival y que, cómo no, a mí no me da tiempo a leerles tanto como me gustaría… ya verán, ya, cuando me ponga internet en casa.
    Saludos a Berta Chulvi y a Isabel Zarzuela (preciosas palabras las tuyas, Isabel, me han encantado), espero disfrutar de vuestros comentarios por mucho tiempo en este blog. Saludos también a Marisa Bou, Paco Fuster, David P. Montesinos y Arnau Gómez. ¿Qué tal don Miguel? Su libro de poemas (Instrucciones para amanecer) siempre lo tengo a mano. Señor Kant, espero haya disfrutado por tierras germanas, ¿o eran rusas?

    Justo, como siempre, un placer.

    Mis recuerdos del primer día de cole son extraños, como gran parte de mi infancia. Lágrimas contenidas y olor a nuevo (¡ah, los olores! ¡cúanta fuerza poseen, con qué ímpetu nos devuelven a tiempos pasados! ¡Qué gran misterio ese!). Un mundo por descubrir y siempre, siempre, los mejores propósitos que, poco a poco, con el paso de los días, se iban deshinchando.
    Muchos saludos

  16. Miguel Veyrat

    Me alegro de que sea ironía. Gracias, Justo por la aclaración. Me pareció soprendente, sobre todo a la luz de otars entradas suyas acerca del tema.

  17. Miguel Veyrat

    Alejandro: gracias por su fidelidad de lector, sobre todo a un autor tan poco mediático como yo, casi de la “poesía secreta”. Usted y orros pocos son los que me empujan a seguir escribiendo en lo que me queda de aliento.
    Marisa y Berta, que todavía conserváis la fe, suerte en esa guerra deselal de la llamada “democracia interna” de los partidos. Comparto del desengaño de Arnáu pues estamos ya desgastados por los años perdidos en estas lides.

  18. Kant

    Verán, a mi me llamó más la atención del texto de don Justo el apartado que dedica a la obsolescencia del libro de texto: toda una promesa y descubrimiento en sus primeras semanas y una rápida decrepitud apenas pasado un mes de curso. Pasaba con los libros. Pasaba con las personas. El profesor nuevo venía precedido de su cierta leyenda labrada en otros cursos: el duro, el bobo, con el que aprendes, con el que te aburres, al que se le teme, al que se le quiere. Ocurría en el colegio y ocurre, sin ir más lejos, en este mismo “blog”.

    Obvio, dada nuestra condición de copartícipes en él y respetando la figura del “magister” de su promotor, don Justo, la comunidad de contertulios se parece (tal vez demasiado) a los condiscípulos de un mismo curso. Por ende, también entre nosotros se dan las propias leyendas personales que surgen entre los compañeros de clase cuando comienza un nuevo año académico. Permítanme prescindir de las cuestiones de género, por favor, para revivir el ansia por redescubrir a nuestros pares de los que hemos estado separados durante el verano. Ahí vuelve a estar el paleto, el empollón, el alegre, el bruto, el divertido, el amigo del alma, el enemigo acérrimo… También el nuevo. El compañero nuevo, sin embargo, no es como el profesor nuevo. Viene de fuera, carece de su propia leyenda, hay que conocerlo. Así, parece antes poseer la misma condición del libro de texto que la de los nuevos profesores: cuando lo conocemos – salvo desgraciado encontronazo – nos parece alguien espléndido. Solemos adornarlo con las gracias que nos gustaría encontrar en él. Luego, pasa el tiempo. Luego, los nuevos, como esos libros, demuestran su valía. Libros/personas que valen la pena; libros/personas que defraudan, incluso que repugnan.

    Es duro ese descubrimiento. Estás enfrascado en un apasionante partido en el patio. Corres la banda dejándote el alma, le lanzas el balón. Sólo tiene que empujarlo dentro. Y el nuevo, pega un zapatazo y encala la pelota. Sudas la gota gorda en el examen. Te van a cargar si no recibes urgentemente ayuda. Le golpeas la espalda suavemente, ya sabe lo que debe hacer, sólo aparatarse un poco para que le puedas copiar. Y el nuevo, se levanta de hombros y cubre aun más su examen. Caramba con el nuevo. Lleva tu mismo guardapolvo, es de tu misma clase pero es un maldito hideputa bellaco. Qué cosas… como en el “blog”, como en la vida.

    Don Miguel, como siempre, me exime usted de hacer más acotación sobre el tema del anterior “post”. Les dejé en él un postrera intervención mía al respecto cuando el presente ya estaba abierto aunque sin entrar en la materia como ud. tan certera como amablemente hace. En aquella mía me limitaba a pedir argumentos porque, la verdad, ya estoy un poco (bastante) hasta la coronilla de estos presuntos progres melancólicos de posicionamientos antes estéticos que éticos que se limitan a jugar a la “boutade” o a justificar lo injustificable con palabrería hueca. Me irrita, especialmente, ya lo he dicho en alguna otra ocasión, quien equipara al verdugo y a la victima, simplemente porque ambos están sobre el mismo catafalco. No es lo mismo, no es lo mismo. Y entre majaderos desmemoriados y pusilánimes que quieren hacernos olvidar (incluso haciendo gala de su desfachatez) la traición, el oprobio y el asesinato, parece que se quiere transmitir la idea, peregrina, de que la resignación es la mejor solución para perpetuar… la injusticia.

    Sra Pavlova, sr. Moreno, mi especial saludo.

    Estoy leyendo “Operación Masacre” del periodista y escrito argentino Rodolfo Walsh. me gustaría conocer su opinión al respecto, sr. Veyrat (aunque sea en correo aparte). Para quien no conozca la obra – en realidad es un reportaje periodístico – se la recomiendo. De cómo “los olvidos” del 57 trajeron las masacres del 77.

    Doña Marisa, un placer el reencuentro, ya me habló el sr. Vila de ud., ya. Don Alejandro, estuve en tierras alemanas y ucranianas. Y sí, las disfruté.

    Perdóneme, doña Berta, por no haberla saludado antes. Un descuido lamentable el mío. Le deseo la mejor de las suertes en la labor que se ha impuesto para orear al partido socialdemócrata que pace satisfecho a la sombra benefactora del conservadurismo valenciano más rancio.

  19. Juan Planas

    Pero -y sigo contigo, querido Miguel, el párrafo de mi citado artículo en el que más a gusto me dejo desdibujar, es este:

    “Sentirse parte de algo –lo que sea- excita las neuronas de muchos. Me alegran esas fructuosas flatulencias aunque no las coleccione y me pillen fuera de juego todos los motines neuronales, su entramado de genes, su corte de quimeras, su posible faz de cíbolos en miniatura. Jamás he bebido –y ya es tarde para calmar la sed- ese cóctel de morbo, frente común, colectividad en marcha, autoayuda compartida y fondo de pensiones donde se acaban cobrando los ilustres intereses de una identidad propia y, a la vez, común, con bandera, lengua, territorio, usura, mundo microscópico, inventario de necedades y apología final con algún motivo de unidad de destino en lo universal. O más allá.”

    Abrazos

  20. jserna

    Regreso a la poesía. La de Veyrat me acompaña y me inquieta. Cierto. Regreso a ella. Esta mañana hojeando nuevamente las ‘Investigaciones filosóficas’, de Wittgenstein: los poemas de Veyrat no hay que leermos con Heidegger, sino con Wittgenstein. El primer Wittgenstein y el segundo. Perdonen que me muestre tan críptico.

    Tengo ahora, en mi poder, el volumen de Llop que nos ha recomendado Juan Planas: ‘La avenida de la luz’, de José Carlos Llop. He de averiguar por qué ese título. Leo…

  21. Alejandro Lillo

    Por cierto, Daniel Pennac acaba de sacar nuevo libro. ¿Saben sobre qué versa? Sobre el fracaso en la escuela. Si les interesa, ya les contaré más.

  22. Arnau Gómez

    Mis queridos amigos del blog de D. Justo.Siento bajarles desde el cielo de la sabiduría,la ciencia,la poesía,la belleza al infierno (que existe, como explicaré) de lo cotidiano,de lo ruín,de lo infame,de lo esperpéntico.
    Muchos de ustedes son docentes,algunos discentes,todos inteligentes y todos demócratas.Por eso no pueden, no podemos permitir esa burla estúpida de la enseñanza de la Educación para la Ciudadanía que quiere implantar con el más puro estilo hitleriano el médico,forense eso si,Sr. Fontdemora.Una cosa es que estemos,estén de acuerdo con esa asignatura.Puede que no le estén y es muy respetable desde el punto de vista democrático.Pero hacer payasadas con leyes emanadas del Parlamento,donde estamos representados todos los demócratas y algunos que no lo son, es denunciable y rechazable.
    Por eso propongo que firmemos un escrito al viejo estilo:”los abajo firmantes…” en el que le digamos al sr. Fontdemora que mejor se dedica a lo suyo,que es diseccionar cadáveres, que a organizar la enseñanza de nuestros hijos,en mi caso nietos si los tuviera.
    ¿Han visto como el infierno existe y Satán tiene nombre actual?

  23. Miguel Veyrat

    ¿Ve usted por qué le quiero, Kant? Pero olvidó en su recuento nostálgico junto al amigo del alma, también al chivato, al envidioso y al traidor… tan españoles ellos.
    Volviendo al tema de romanos y cartagineses, diré a Juan Planas, que me honra con su confianza y amistad, que mal veo yo cómo puede tratarse un tema como el que le ocupa en su artículo del pasado lunes, con ironía y mucho menos con sarcasmo.
    Gracias por sguir leyéndome Justo, usted también me saca del ananonimato junto a la leal constancia de Alejandro. Hacen vivir dentro de si lo que un día me hizo vibrar a mi y romper en canto (la poesía es siempre, siempre celebración, incluso de los abismos de la nada); en una suerte de fraternidad. Y tiene razón, el Tractatus influyó en mi mucho más que cualquier refexión contemporánea, sobre todo por su brutal sinceridad. Y permítame seguir en esto la senda de lo críptico: poco a poco iremos desvelando, quizás, que el lenguaje no es sino una ficción, una traducción sin original…
    Kant, conozco bien a Rodolfo Walsh, uno de los grandes escritores demócratas argentinos, aunque desgraciadamente no he leído el libro que menciona, pero la sentencia que trae usted a cuento suele cumplirse y de los polvos mal llovidos surgen los lodos de zulla donde luego todos nos hundimos y embarramos. Como en este lamentable episodio de nuestros muertos sin sepultura.

  24. Juan Planas

    Más bien, querido don Miguel, quisiera yo saber cómo un tema sobre romanos y cartagineses, extrapolados en el tiempo y huérfanos de toda cultura, puede no tratarse sino con ironía y hasta, definitivamente, con sarcasmo… No obstante, por deferencia al amigo y al poeta, aceptaré tu mal ver de muy buen grado.

  25. Miguel Veyrat

    Es que no eran romanos ni cartagineses extrapolados en el tiempo y huérfanos de toda cultura, eran españoles que pensaban distinto y fueron asesinados por las huestes de un general felón que se apoderó de España en nombre de una bandera que traicionó, para provecho propio y de sus secuaces, sembrando la muerte y el odio entre sus compatriotas de modo más cruel del que se trata a un ejército extranjero. Como tantos y tantos heterodoxos a lo largo de la historia de este triste país, a lo mejor algunos antepasados suyos. ¿Está más claro ahora, deferente don Juan? ¿Hay que explicar las metáforas a estas alturas? Claro que no cabe sarcasmo con los muertos, ni con los suyos ni con los nuestros. Y no necesirto para nada su aceptación de buen o de mal grado.

  26. Juan Planas

    No sé por qué me viene a la cabeza la vieja anécdota del general Ferdinand Foch cuando, en plena batalla del Marne, tuvo que pensar con rapidez: «Me acosan duramente por la derecha. Mi centro sucumbe. Imposible maniobrar. Situación excelente, ¡ataco!»

    :-)

  27. jserna

    Arnau, tiene toda la razón. Esto es intolerable y es, desde luego, un sarcasmo paleto. Me refiero a que obliguen a nuestros estudiantes a cursar ‘Eduqueison for Ciudadany’. Algo habría que hacer para impedir la majadería. O, mejor, no es un majadería o una payasada (como usted la califica). Es filibusterismo extraparlamentario.

    En lo que no estoy de acuerdo con usted, Arnau, es que por hablar de literatura estemos en el cielo…

  28. jserna

    Ya, ya. Estar en el cielo es algo semejante a estar en las nubes o estar en la luna. Un poco sí que estamos, sí. Yo, de hecho, he interrumpido mi lectura de Llop para venir aquí un momentito.

  29. Arnau Gómez

    Pues no.Para mi,no.Estar en el cielo es estar en el mundo del placer supremo,por encima de todo displacer.En modo alguno considero que estar en el cielo es estar en las nubes.Al contrario.Las nubes ocultan la miseria humana a las personas indiferentes,o sea las que están en el limbo,su submundo.
    Y si los que leen estuviesen en la luna,Dña Rita sería la persona más leedora de Valencia y ya sabe usted……

  30. Miguel Veyrat

    Ataca, Juan, ataca, que nadie sabe lo que puede suceder. Pero como tú mismo dijiste (y vuelvo al tuteo aunque me llames “don”) a Justo no hace mucho, no es bueno salirse de la poesía, sobre todo para andar con las botas embarradas. Por mi, ni siquiera miro por si viene el enemigo… Y como “boutades” militares prefiero la respuesta de Cambronne cuando el inglés le invitó a rendirse: Merde.

  31. jserna

    Aceptado, pues, sr. Gómez.

    Aprovecho para agradecer las palabras tan generosas que Àngel Duarte dedica a mi blog y al post en que hablo de “Compromiso y distancia”. De momento no añadiré nada más, dado que quiero leer detenidamente su post, dedicado a las “Fosas y exhumaciones”, así como las páginas de ‘El Cultural’ que cita. Mañana viernes espero tener una idea cabal.

  32. Miguel Veyrat

    Don Arnáu, estimado compañero, repudio con la misma fuerza que usted el ridículo intento de las autoridades neocon valencianas de alejar lo más posible la “educación para la ciudadanía” de los niños valencianos devotos al catecismo de San Pío V, pero resulta que las leyes permiten impartir, a criterio de las autoridades escolares, determinado número de asignaturas en inglés, a fin de fomentar el bilingüismo (ese sí) en la “lingua franca” actual del globo: Podría haber sido la de matemáticas, y no variaría en absoluto nuestra posición en el ránking mundial empezando por la cola en materia de educación, o calquier otra, Física, Historia… Se han hecho los graciosos imitando a la lideresa madrileña Aguirre que cree que sabe inglés, pero les saldrá el tiro por la culata. Menos de un 1% de escolares españoles, según estadística que publica hoy toda la prensa, rechaza la controvertida y útil asignatura.

  33. Arnau Gómez

    Lo que me dice me preocupa,porque el Gobierno de España (según sus propios “slogans”) legisla dejando huecos legislativos por los que se escurren sus propias leyes.
    Me preocupa también, que nuestros infantes aprendan a ser ciudadanos de este país y sus países a través de un idioma que no es el suyo,ni el de sus padres o el de sus abuelos.Puestos, que inicien el proceso de adhesión a alguno de los dos países angloparlantes más importantes.Con un poco de suerte, hasta nos admiten,como han admitido a los “hispanos” en el gran Imperio.

  34. Pavlova

    Juan Planas Says:
    Septiembre 11, 2008 at 2:12 pm

    Uno no debería salirse nunca de la poesía, don Justo:-)
    _______________

    En algunos casos, evidentemente

    Mi saludo de reencuentro para Don Alejandro Lillo aunque me ignore.

    Mi agradecimiento al Señor Kant por su saludo especial.

    Los olores para mí son fundamentales (saludos para Isabel Zarzuela), hasta tengo escrito un cuento que se llama “Olores” (los de mis hijos niños) pero no conservo esos que a ustedes les unen, por desgracia, por terrible desgracia. Yo no fui al colegio, aunque sí he conocido en la vida todo ese grupo de variantes humanas a las qe se refieren los Señores Kant y Veyrat; ya disimulados por los años y la educación (cultura y jardinería, lo llamaba mi maestra), pero “el paleto, el empollón, el alegre, el bruto, el divertido, el amigo del alma, el enemigo acérrimo”. “el chivato, el envidioso y el traidor…”, me han acompañado.

    Felicidades, Justo, le veo en forma, animado, inspirado y activo como siempre. Es un regalo para todos nosotros.

  35. Miguel Veyrat

    Querida Pavlova, aunque generosamente no lo dice, yo tampoco la había saludado especialmente, por inadvertencia, mas no ignorado, como se deduce por mi acuerdo incondicional con su postura en el tema central que nos ocupa.
    Y sí, no sé por qué el señor maestro nos mostró al principio este rostro como derrotado, cuando está en plena forma, como todos constatamos, pidiendo más y más… ¿Será que interpretamos mal la instantánea tomada por Monigote, y lo que marcaba sus arrugas era la preocupación ante la que se nos avecina? Y no me refiero sólo la crisis económico social que ya nos envuelve a todos como brazos de Gorgona, sino a la otra Gorgona que amenaza con gafas de diseño con alzarse con la medalla de oro y la dinamita de la lucha de Argameddon que iniciara Reagan del bien contra el mal: cuatro años más de receta imperial neocon que influirá como todo lo que toca el imperio en las políticas locales de las colonias, como ya lo ha hecho, de modo nefasto en sus economías.
    Salud, pues, Pavlova, su tutu gira limpio y grácil que diría Kant, y recién plachado por el Levante que a buen seguro lo ha perfumado este verano en su entrañable retiro murciano. Se nota también en sus ánimos y en su prosa, regalo también paa todos.

  36. Alejandro Lillo

    Saludos, estimada Pavlova. Nada hay más lejos de mis intenciones que ignorarla, le aseguro que más bien sucede al contrario. Ni a usted y a ninguno de los contertulios de este blog, así que entono el mea culpa. Disfruto como el que más leyendo sus intervenciones y sus siempre interesantes opiniones, es solo mi despiste, que parece infinito. Espero sabrá disculparme.

  37. Isabel Zarzuela

    Ruego me disculpen por no haberme presentado anteriormente, pues en estos momentos únicamente puedo participar en el blog desde el trabajo, y aquí la verdad, no tengo mucho tiempo.
    Me llamo Isabel Zarzuela y soy fiel lectora de “Los archivos de Justo Serna” y sus colaboradores.
    Mi más afectuoso saludo para: D. Arnau, Sr. Montesinos, Paco (el bueno), Sr. Vila, Dña. Marisa, Sr. Kant, Sra. Pavlova, Sr. Veyrat, Dña. Fuca, Sr. Planas, Sr. Duarte, D. Alejandro.
    Sigo con el trabajo, hasta otra.

  38. Miguel Veyrat

    A causa de su sensibilidad pituitaria, le deseo doña Isabel que no dispongan de “ambientador” en su trabajo…

  39. Pavlova

    Ya sé que no me ignora, Señor Veyrat, como no le ignoro yo, aunque hagamos como que sí; estemos de acuerdo o no, pero entre usted y yo es distinto. Hay una complicidad, buena o mala, según ocasiones, de cascarrabias, con mejor o peor baba. Lo siento por los dos, pero es que es como si fuéramos, un poco, los abuelos del blog, pero que conste que aún falta mucho para que, si nos miran la planta del pie (¿Será ahí donde la tenemos los humanos o detrás de la oreja?) nuestra fecha esté caducada. Usted no me saluda como yo no le saludo a usted y, ya puesta en este plan reblandecido (que si lee mi enlace entenderá) y hasta un poco ga ga, le diré que su poesía sigue siendo lo mismo para mí que siempre, que yo separo bien el culo de las témporas. Pero le diré que mi tu tu no se ha perfumado, está húmedo de lágrimas. Sin mirarnos, casi siempre, ignorándonos con la nariz muy alta yo se que sabe y que entiende, por eso le pongo aquí un enlace:

    http://www.emboscados.com/foro/misc.php?action=downloadfile&FileID=191

    Salud, pues, Veyrat.

    Sí, la Gorgona (¿Creerá tener así más votos? ¡Virgen santa!) Amenaza ahora con declarar la guerra a Rusia. Da verdadero miedo pensar en las manos que estamos.

    Y lo de Justo yo creo que es coquetería, un mohín y un puchero para que le hagamos mimitos, pero está estupendamente. Como una rosa, que decimos las añosas. Doy fe y la doy, que lo he comprobado con “mis propios ojos” ¿Con qué ojos va a ser? Lo de mis propios ojos es algo que me encrespa.

    Un mohín como el mío, un tantico coqueto y de “¡Eh, eh, que estoy aquí!” a Don Alejandro Lillo, que ya, ya sé que es un despiste, no se preocupe usted que ya nos conocemos mucho todos, pero gracias.

    Buen día a todos.

  40. Miguel Veyrat

    Gracias Ana, por tu confianza y tu cariño al confiarme esos últimos días de tu Polka, de quien tanto hablamos, casi a diario, cuando hace algunos años la llevabas y traías del parque del Retiro (El Reti, sí) sabiendo ya que un día deberías tomar la decisión de llevarla a que le pusieran “la inyección”. No ha sido así. Ha muerto en tus brazos. Sé qué cerca has estado toda tu vida de la muerte. Un aroma de violetas seguramente te acompaña ahora. Y, sí, el buen viento de Levante, que lo limpia todo y todo lo seca, hará lo mismo con las lágrimas del tutu. En una danza que no será triste al repercutir las zapatillas sobre la misma tierra de la que estamos todos hechos, imitando el origen de la danza y de la música misma, y que nos devuelve el eco de la fecha de caducidad que llevamos todos ya impresa en la huella en el mismo momento de nacer.
    No sé qué más decirte, no quiero pasarme. Sólo repito que entiendo tu estado de ánimo, y que escucho en tu honor y el de Polka la suite número 6 de Bach. No por Yo Yo Ma sino Pau Casals. Hasta siempre, lo sabes tú muy bien. Un beso.

  41. Miguel Veyrat

    ¡Ah! y que conste que respeto tus criterios acerca de los endecasílabos bien medidos en un soneto… Creo que está claro, ¿verdad? Animo.

  42. Pavlova

    La sexta suite de Bach, desafinada, resoplada, pero mucho más “sentida” en las manos de ese genio que fue Casals que en las del otro intérprete genial, tan distinto, que es Yo-yo ma. La misma obra en distintas manos ¡tan distinta!, como la vida misma vista por distintos ojos. Por eso yo trato de recordar los momentos alegres, bonitos y todo lo que me regaló mi Polka, como tú dices, aunque todo el entorno desprenda siempre ese olor a violetas. Ahora apetece más la ternura de Casals que la portentosa técnica de Yo-yo ma, es verdad.

    Gracias, Miguel.

  43. Pavlova

    Miguel Veyrat Says:
    Septiembre 12, 2008 at 6:33 pm

    ¡Ah! y que conste que respeto tus criterios acerca de los endecasílabos bien medidos en un soneto… Creo que está claro, ¿verdad? Animo.
    ____________________

    ¿No me digas que aún estamos ahí? A ver; eso fue una falta de entendimiento y yo sólo quería ayudar, en el fondo lo sabes, pero no querría volver sobre eso, por favor, del mismo modo en que sólo quiero recordar lo hermoso de mi Polka. Todo lo demás fue demasiado duro y prefiero fomentar mi memoria de pez que la de elefante.Como dicen los chicos ¿Vale? Por mí vale.

  44. Pavlova

    De todos modos, y ahora que lo pienso, no me digas que no es hasta bonito que dos amigos rompan violentamente y que uno insulte al otro públicamente por disparidad de criterios poéticos, si es que fue por eso realmente, pero ya digo que es mejor continuar con lo que une que con lo que separa ¡Hay tanto de uno y tan poco de lo otro!

    Pido perdón al resto de la concurrencia por la charla al margen del Señor Veyrat y mía. Son desmanes propios de la edad :-)

  45. jserna

    Están estupendos y generosos.

    Y las personas nuevas que se incorporan: pues…, otra vez bienvenidos, los nuevos amigos. Como diría Borges, ‘les saludo enteramente’.

    ———————-

    Mañana, sábado 13 de septiembre, por la mañana, nuevo post.

  46. Miguel Veyrat

    Vale. (pero vale de aquí, a la española, porque el “Vale” del viejo latín clásico del que venimos quería decir “adiós” ¿o quizá hasta pronto?)

  47. Pavlova

    No vamos a discutir por un quítame allá ese vale, que somos capaces: Vale=hasta pronto o, casi mejor de acuerdo :-)

  48. David P.Montesinos

    Hay que ver cómo se lo pasan ustedes, queridos.
    Reconozco que Serna ha conseguido que me entren ganas de leer el libro, que es más o menos lo contrario de lo que me suele pasar con las disuasorias reseñas de Babelia y similares. Yo fui un alumno nefasto hasta casi la mayoría de edad, cuando decidí parecer un estudiante y dejar de hacer el gilipollas. Antes me dediqué a odiar la escuela y, en ocasiones, a hacerme odiar por ella. Todo, en aquel colegio de curas donde me críe me parecía el culto al resentimiento, la competitividad, el miedo a la jerarquía, el servilismo. No piensen que me postulo como rebelde, no, no, yo lo que pasa es que era idiota, como el idiota de Félix de Azúa. No entendía qué pintaba aquella señora diciendo que el sol se llamaba Lorenzo, que tenía luz propia y que la luna Catalina y no sé qué más… No es que estuviera en contra ni fuera un contestatario, no, no llegaba a tanto, es que no entendía por qué tenía que estar ahí sentado con gente que se reía de mí cuando me preguntaba la seño y yo no tenía ni idea cuando yo lo que quería era irme a jugar con Manolico, que era un niño pobre que no iba a escuela porque su padre era un borracho. Para colmo, le tenía tanto miedo a la maestra y era un tímido tan patológico que un día me cagué encima -lo siento Serna, es así, qué quiere que diga-, por no pedir permiso para ir al lavabo, a donde tampoco me atrevía a ir por lo que pudiera pasarme dentro.

    En esa línea, si me lo permiten, no hay que perderse “Estambul. Ciudad y recuerdos”. Me lo pasé como Dios leyéndolo el pasado invierno, todo un personaje Orhan Pamuk, por cierto.

    Saludos a todos, en especial por devolución a Mister Lillo. Buen inicio de curso, y si tienen necesidad pidan a la seño ir al lavabo, no pasen por lo que pasé yo.

  49. Marisa Bou

    Querida Pavlova, no tiene que pedir perdón por su “conversación” con Miguel. Para mí ha sido pura emoción seguirla. No sólo por los sentimientos que la inspiraban ni por sus bellas palabras. El hecho es que yo pasé, hace casi veinte años, por un dolor como el suyo, sólo que el mío (qué extrañas son las coincidencias) se llamaba Tango. Y, por desgracia, no conservo ninguna foto -que quedaron en poder de la “otra parte” tras la ruptura- y tengo que hacer uso de mi flaca memoria visual, que parece envejecer igual que la vista, para recordar sus perfectas facciones, su mirada siempre atenta a la seguridad de los niños, el dulce calor de su cuerpo cuando se enroscaba sobre mis pies…

    Pero lo dejo ya, no quiero comparar mi dolor al suyo, porque los años lo vuelven más suave. ¡Animo, Ana! Un beso.

  50. Marisa Bou

    ¡Hola, David! Siguiendo con las casualidades, yo acabo de terminar (ni diez minutos hace) la lectura de otra obra de Orhan Pamuk: “La vida nueva”. Estoy aún impresionada y no sé qué decir sobre ella. Creo que, de haber sido yo turca, no hubiera entendido ni acompañado con más interés las extrañas aventuras de un apasionado lector, ni la sensación de pérdida de un oriental desposeído por la invasión de occidente. Ahora, después de habérmela “comido”, he de hacer la digestión.

    ¡Ah! Y dudo mucho que usted haya sido nunca un idiota, ni siquiera en aquél tan cómico del desliz fisiológico. ¡Bienvenido al nuevo curso!

  51. Pavlova

    Mil gracias, Marisa. Dolores así yo he tenido muchos porque toda mi vida ha transcurrido junto a animalitos, mis únicos amigos de la infancia, pero mi vida antes era muy movida; salía, entraba, iba a clase o trabajaba. El caso de mi última perrilla es distinto, porque yo siempre estoy en casa. Eran 24 horas al día junto a ella y los dos últimos años muy enferma, lo que me hacía estar pendiente a toda hora. Antes los echaba de menos, me deshacía en llanto y todos han quedado grabados en mí, pero ahora es la soledad y el darme cuenta de que, cada cosa que yo hacía estaba relacionada con ella y son cosas que se han automatizado y que repito sin sentido ya. Es decir, que la echo de menos como creo que nunca he echado de menos a nadie, porque jamás he estado tantas horas con nadie.

    Conocí un Tango precioso; el bóxer de Haro Tecglen. Todos son preciosos y la verdad es que es un privilegio haber tenido a alguno de ellos a nuestro lado.

    Mil gracias, Marisa. Otro beso para usted.

  52. jserna

    Pavlova, la vida son automatismos, ¿no?, y los automatismos tienen muy mala prensa: que si la rutina, que si la repetición. Yo creo, sin embargo, que el automatismo nos alivia: no tenemos que reiventar cada mañana el mundo, las relaciones, los pasos que damos.

    Leer libros y cuidar un perro son el colmo de la civilización predecible.

    Justamente, los mejores perros son guías previsibles: en cambio, a los humanos canallas no siempre los vemos venir. Los libros son saber ya consumado, logrado: en cambio, la idea inaudita, inédita, jamás dicha o publicada, esa ocurrencia de un individuo, tiene mucha probabilidades de ser una estupidez.

    Hay una boutade de Groucho que dice más o menos así: “el libro es el mejor amigo del hombre, fuera del perro. Dentro del perro se lee muy mal”.

    No es un aserto demente. Es una verdad apabullante. La vida consiste –decía Isaiah Berlin– en sumar cosas que apreciamos y que son contradictorias e, incluso, incompatibles: cosas que querríamos hacer juntas o simultáneamente o dentro de una o de la otra. Fuera de querer; fuera de ganarse la ojeriza de los odiosos, leer y amar un perro es, problemente, lo mejor que una persona puede hacer por sí misma y para sí misma. Esos verbos definen todo un concepto de humanidad que nos eleva.

    Yo no tengo perro por pereza. ¡Y se nota, se me nota! Nunca he comprendido ese egoísmo mío.

  53. Pavlova

    Sí, Justo, los automatismos dan… no sé cómo decir, seguridad y son no ya necesarios, absolutamente imprescindibles para vivir. Sería imposible andar, conducir y hacer las cosas ágilmente si no estuvieran automatizadas en su mayoría. Una casa es la tuya cuando puedes caminar a obscuras por ella, cuando puedes colocar la compra automáticamente porque sabes el sitio de cada cosa, cuando enciendes la luz sin buscar el interruptor, cuando te sueñas en ella. Eso facilita la vida y un perro es parte de tu vida cuando escondes los recortes de la carne en el fondo del cubo, porque parece que es que tiene que ser así, cuando en realidad es porque tu perro los saca si no los escondes bien; cuando te vas corriendo de un lugar para sacar al perro porque su necesidad es parte de tu rutina y te compensa.

    Libros y perros sí, son valores seguros y previsibles. Un perro siempre te ama como nadie te ha amado, pero es que hay que responder y eso, a veces, es duro. Por eso yo no volveré a tener perro. Ya no estoy capacitada para recibir un amor así sin sentirme culpable. Tener un perro es asumir que se va a ser amado como si uno fuera dios, aunque no haga nada, absolutamente nada para merecerlo y eso es tremendamente difícil. No es egoísmo, Justo, es saber estar solo. Lo egoísta es tener un perro. Hay que ser muy fuerte, sentirse muy querido o aceptar que nunca lo va a ser para no tener perro.

    El libro, me parece, es un sucedáneo de la vida que uno nunca vivirá y el perro lo es del amor que jamás te dará una persona, pero el perro está vivo.

  54. Miguel Veyrat

    Creo que Pavlova lo ha dicho todo con la frase de “sentirse amado como si uno fuera un dios”. No hay más ni menos que pueda recibirse de un ser vivo que no espera nada a cambio de todo lo que da (¿la comida? Es capaz de buscársela) sino una mirada, una caricia, acaso una orden para cumplirla alegremente con un ladrido.
    Les recomiendo, si no lo conocen ya, un precioso libro del etólogo y premio Nobel Konrad Lorenz, titulado “Cuando el hombre encontró al perro”. Lo publicó hace años Tusquets en sus “Cuadernos mínimos” y deben quedar ejemplares dispersos por ahí, porque creo que yo nos los agoté todos comprandolos para regalárselos a amigos. Es la historia hasta nuestros días de ese encuentro histórico, pacto de cooperación y (amor, por qué no, que es lo que sucedió al cabo) entre dos especies, sucedida en tiempos del Neolítico. Una joya, no se lo pierdan.
    Una palabra sobre la automatización, que Pavlova llama rutina seguramente porque no ha pensado, aunque es muy capaz de ello pero está paralizada por el dolor, que existe una función espiritual que eleva la rutina a Rito. Y lo ritual sí que es importante, al menos para nuestra especie evolucionada, “del orden de los primates”, como ponía bajo su nombre en su tarjeta de visita Silvestre Paradox.

  55. El poeta y el historiador « Los archivos de Justo Serna

    […] Por recomendación de Juan Planas, leo La avenida de la luz (2007), de José Carlos Llop, un bellísimo libro de poemas. El poeta es aquí de expresión diáfana: no oscurece el decir del sentimiento primero: lo que hace es nombrar sus tesoros y su desorden, las faltas y lo que soñó y ya no es, el repertorio de un individuo que recuerda. Escribe el recuerdo borroso y líquido: fluye su vida como el tiempo y fluye en la pantalla de cristal líquido, también llena de espectros, esos “fantasmas sin nombre”. Todo es tiempo y palabras, incluso en las lenguas muertas, “No como latín, arameo o griego: / nada de ellos, casi, se ha perdido”, ya que todos los días los pronunciamos. No: son otras las lenguas muertas: las babélicas con que la gente “se amó y odió, hizo la guerra, / se traicionó y puso nombre a las cosas, tomó ciudades, / construyó imperios y le habló a Dios”. Lo babélico, otra vez, que ya examinamos con Miguel Veyrat. […]

  56. Pavlova

    Totalmente de acuerdo con todo lo que dice, Señor Veyrat, sobre todo con la recomendación de “Cuando el hombre encontró al perro” (Tusquets), que leí hace años por su consejo, como los cuentitos con tantos fox terrier como protagonistas de Horacio Quiroga, asombroso, entre otras cosas por su lenguaje actualísimo, pero no nos desmandemos y vayamos a la poesía, como nos propone Justo.

    Gracias.

  57. Pau

    Compré la novela por una curiosa razón, me llamo igual que el protagonista Pablo Ridorsa, bastante raro que es mi apellido como para que cuadre tambien el nombre,ahora voy a ponerme a leer a ver que tal!!! saludos!

  58. jserna

    Sr. Ridorsa, seguro que disfrutará esta novela de José Carlos Llop. Es un relato tierno y desasosegante.

    Un saludo.

  59. psoriasis

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