Mi padre no me lee

Ese señor que lee. “Cuando yo era sólo un lector (más o menos lo que ahora soy), cuando sólo era un adolescente contrito y deseoso de cambiar las cosas, empecé a leer Triunfo. Hablo del año 1974, una fecha clave para un púber de quince años, pero también un momento decisivo de la historia reciente, de la historia vivida. El 25 de abril portugués me había sorprendido sin entender gran cosa de lo que aquello significaba y, más aún, la tromboflebitis de Franco había alterado el discurrir obvio, lo que se me antojaba inevitable: la duración mineral del dictador. Yo no sabía muy bien lo que nos esperaba, pero intuía que no podía, que no debía ser un franquismo sin Franco. Mi señor padre leía Sábado gráfico, con aquellas portadas comprometedoras…, y yo, distante del progenitor y pensándome más radical, comencé a leer Triunfo. Me había recomendado la publicación un profesor de Latín al que yo le tenía un gran aprecio: un docente que acudía a clase acarreando Cuadernos para el Diálogo y Triunfo. Recuerdo haberle preguntado cuál de las dos podía leer yo, con mi edad tan escasa y con mi desorientación…, dado que no quería leer lo que mi padre ya frecuentaba todas las semanas: Sábado gráfico“. Así empezaba un artículo que publiqué en El País en enero de 2006, un artículo de cuando yo aún remitía tribunas a la prensa diaria. La percha del texto era un hecho luctuoso: la muerte de Eduardo Haro Tecglen. Aprovechaba esa tribuna para rememorar mi experiencia adolescente como lector de prensa periódica, de Triunfo, por ejemplo. Pero aprovechaba la circunstancia para hablar de mi padre, de lo  que me distanciaba de él: de lo que yo leía por oposición a sus aficiones o inclinaciones.

Ha pasado el tiempo: dejé de publicar en El País y estuve año y pico como columnista de Levante-emv. Ahora, tras un acuerdo que a ambas partes contenta, regreso a El País inmediatamente, a partir del 1 de octubre. Gracias a las confianza que en mí han depositado vuelvo con día fijo, los miércoles en la nueva sección de la última página  de “Comunidad Valenciana”: semana, sí; semana, no. Creo que es razonable establecer esa periodicidad quincenal para un pluriempleado. Son múltiples las tareas que debo cumplir. Las enumero brevemente: 1. Atender a la familia (a los padres, por ejemplo); 2. Cumplir con las obligaciones académicas (con esos alumnos que son tan parecidos a mis hijos); 3. Mantener un blog actualizado (con el lector, ese crítico virtual: “You! Hypocrite lecteur! –mon semblable,– mon frère!, en palabras de T. S. Eliot y Baudelaire); 4. Holgazanear (con la lectura indisciplinada que es la que me inspira). Esas tareas, la verdad, me dejaban poco plazo para un artículo semanal. Cuando coincidió todo ello en Levante, cumplir me resultaba agotador y empeñoso. Ahora El País me fija –miércoles sí, miércoles no– para que escriba y me pronuncie. Están ustedes invitados a discutirme. Y no es formulismo ni mera cortesía: por expreso deseo de sus responsables quieren que el artículo conecte con mi blog, que disponga de un enlace que lleve a esta bitácora. Para así prolongar las discusiones, me han dicho.

No hace falta que insuflemos savia nueva a los “diálogos a menudo mayéuticos” y deliciosamente arcaicos que aquí se dan de cuando en cuando. Ustedes mismos admiten incluso su interés editorial. Hay vigor suficiente en las palabras que aquí se vierten. En todo caso, será interesante comprobar cómo funciona la experiencia. Me da mucha alegría regresar a la prensa diaria; me da mucha alegría regresar a El País. Quién me iba a decir hace treinta años que yo publicaría en dicho diario como un columnista habitual. Quién me iba a decir a mí que seguiría siendo un consumado lector de prensa y de volúmenes que me resultaban prohibitivos. Sólo la benemérita institución del libro de bolsillo me auguraba una dicha lectora. Treinta y tantos años después, las cosas han cambiado mucho para mí. Mucho: mi padre ha dejado de leer como leía, y eso es un síntoma  que me hace daño. Si alguna vez falto al compromiso no actualizando el post, si alguna vez me ven melancólico o irritable, ustedes me perdonarán. Tengan por seguro que es por mi padre. No está bien si no lee y ahora –lo digo con ternura– me da disgustos por haber perdido la afición y la afección lectora que le han formado y que yo orgullosamente homenajeé en otra pieza que algunos ya conocen, un artículo que publiqué también en El País.

Mi hijo no me come. Escribo lo anterior y recibo inmediatamente comentarios muy generosos. Me felicitan y yo me enorgullezco, claro. Es un honor lo que me dicen pero noto algo extraño en los elogios. Este episodio menor debería formar parte de la psicopatología de la vida cotidiana que empezó a documentar Sigmund Freud. Ya saben: los lapsus, los actos fallidos, etcétera. Releo lo primero que se me escribe en el post y me doy cuenta del malentendido que he provocado: me he expresado ambiguamente (que es lo peor que le puede pasar a un columnista o a un blogger) y, por tanto, enredo involuntariamente. Tiene su gracia, no obstante. Al titular este post “Mi padre no me lee” y al vincular el hecho al otro que les anunciaba –el inicio de una nueva colaboración en El País–, se ha dado por supuesto que lamento que mi padre no lea lo que yo escribo. Pero no, mi pena no es tan narcisista: mi padre ha sabido no leerme libros y libros para afearme involuntariamente la prosa académica que me gastaba. No, lo que sostengo en este post es otra cosa.

Digo que mi padre no me lee en el sentido que decimos “mi hijo no me come”. Es tu familiar, uno sobre los que tienes alguna responsabilidad, quien no se nutre, no se alimenta, y ese hecho cotidiano o trivial lo vives personalmente, como si te sucediera a ti. Mi hijo no me come: es decir, se me va enfermar. Qué curioso es todo lo que nos ocurre, incluso qué raro. Tiempo atrás, cuando empecé a publicar regularmente en la prensa de papel, el primer artículo que firmé yo solo en El País se titulaba: “Mi hijo no me lee“.

Ampliar horizontes. Cuando yo era un niño de cuatro años llegó la televisión a mi casa. La recuerdo aparatosa y central, dominando el espacio de convivencia familiar. Era un cacharro que encendíamos reverencialmente: se tapaba con un funda cuando la apagábamos y si tronaba desenchufábamos la antena para evitar los rayos. El horario de emisión era muy limitado y las horas que le dedicábamos eran pocas: que yo recuerde, entre semana no había televisión matinal y reservábamos nuestra atención al viernes, sábado y domingo. Aún puedo escuchar la voz potente y marcial de Ángel Losada, que capitaneaba un programa titulado Por Tierra, Mar y Aire , enteramente dedicado a los tres ejércitos. Aún puedo rememorar las series que nos entretenían. Seguramente, la primera que me influyó y de la que me costó desprenderme fue Diego de Acevedo, un emisión dedicada a la guerra de la Independencia protagonizada por Francisco Valladares, un héroe: como me cautivó también aquella otra emisión titulada Viaje al fondo del mar.

He tenido que leer mucho, después, para corregir la imagen de aquel conflicto antinapoléonico. He debido consultar muchas páginas para sacudirme aquella impresión que me causó el héroe antifrancés. No se me indujo ni se me forzó: la lectura era un modo acceder a un mundo más ancho que el que la televisión nos daba: incluso que el que nos daba Viaje al fondo del mar, siempre tan claustrofóbica. La ventaja que teníamos era nuestra principal desventaja. Las cosas costaban, costaban tiempo y dinero, y casi todo debía demorarse: la satisfacción, aunque también el esfuerzo se prolongaba. ¿Lo digo con nostalgia? No, lo digo como un dato de hecho.

Mis primeras suscripciones a revistas me las pagué yo mismo de mi peculio particular. Inicialmente procuré, claro, que mi padre me las sufragara, pero él me hizo repensar. Recuerdo que la primera publicación a la que intenté suscribirme fue Mundo negro. Traté de convencer a mi padre: aquella revista valía la pena, me ampliaba horizontes, me ensanchaba el mundo y me procuraba vistas e historias que la tele no me proporcionaba, le dije más o menos. Mi padre se negó rotundamente a pagarme aquella suscripción: una revista de misioneros no era, seguramente, lo más recomendable para el alma inocente de un muchacho de diez años. Años después de aquella frustración me convertí en lector habitual de Triunfo. Así he salido.    

Enlaces: El blog de Eduardo Laporte: su post ha inspirado el mío.

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AVISO:

No sé cuándo podré renovar el post, si el sábado o el domingo. Lo haré en cuanto pueda y en cuanto los deberes familiares me lo permitan. Ustedes me perdonarán.

55 comments

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  1. Juan Planas

    Enhorabuena por tu regreso al País. Y también por tener un padre al que, seguro, algún día lejano, acabarás viendo también en lo más profundo del espejo. Hace tiempo que ya se me aparece el mío y ahora hasta me parece guapo y, sobre todo, bueno e inolvidable.

  2. Pavlova

    ¡¡Por fin!! Ya iba siendo hora, hombrepordios

    Quién me iba a decir a mí que, por medio de éste aparato tan práctico, iba a conocer a personas magníficas como Justo y como el resto de los contertulios, tan distantes y tan próximos.

  3. Miguel Veyrat

    Enhorabuena por el merecido reconocimiento público. Tu dignidad al retirarte de la mezquina explotación a la que te sometían en “Levante” ha tenido compensación. Sólo te ruego que cuelgues el artículo en el blog, pues en Sevilla me resultará difícil conseguir la edición de El País en la Comunidad Valenciana (¿Cómo es por fin, Pais Valenciá, Regne de València, Catalunya Sud o qué?).

    Te comprendo y comparto contigo la misma emoción. Mi padre falleció prematuramente en el momento en que yo empezaba a sobresalir como periodista: siempre sentí hasta las lágrimas que no pudiese tener la alegría de leerme tras los disgustos que le di como adolescente airado, politizado y siempre ausente.

  4. David P.Montesinos

    Quizá su padre le lee a escondidas pero le da vergüenza reconocer que está muy orgulloso de su hijo. Me alegra enormemente la noticia. Demonios, ahora por su culpa tendré que volver a comprar El País…

  5. Miguel Veyrat

    Comparto la intuición de David. Los viejos padres somos así… seguro que te lee sin que tú lo sepas.

  6. Julia Puig

    Enhorabuena, Justo, merecidísimo reconocimiento público. Creo al igual que Miguel Veyrat, los padres están siempre cerquita y probablemente te lean si que tú lo sepas.

  7. Isabel Zarzuela

    ¡Felicidades D. Justo!
    A partir de ahora no compraré “El País” únicamente los sábados. “Público” podrá esperar los miercoles (semana sí; semana no, claro).

    ENHORABUENA

  8. jserna

    Muchas gracias. Vuelvo al post:

    “Escribo lo anterior y recibo inmediatamente comentarios muy generosos. Me felicitan y yo me enorgullezco, claro. Es un honor lo que me dicen pero noto algo extraño en los elogios…”

  9. Miguel Veyrat

    No te preocupes, Justo, la mente de tu padre seguro que se alimenta sola: ahora lee seguramente en su memoria. Y eso le trae paz y acaso, como a todos los humanos, el malestar de no haber hecho siempre lo que él cree que debería. Nos pasa a todos los viejos. Sí, “te come”, aunque no lo parezca o tu no te des cuenta. También lee de lo real que le circunda y el amor que le dais sus hijos y nietos.

  10. Pedro

    J. Serna: casi siempre leo sus escritos para cabrearme con ganas. Hay dias que no entiendo de que va. A ver si en los articulos se explica mejor. Saludos!

  11. Miguel Veyrat

    Merece pasar a la “Historia de la estupidez humana” escrita entre otros por Pedro Voltes Bou- Espasa Calpe o Tabori, Paul- Planeta Sedna: puede descargarse gratuitamente. Por lo demás, silencio…

  12. Paco Fuster

    Me sumo al sentimiento generalizado de alegría por la vuelta de Justo a “El País”. Lo leeremos y lo dicutiremos, aunque no he entendido muy bien el mecanismo ese de los enlaces al blog (supongo que en la edición digital del periódico habrá un enlace a este blog).

    A Miguel Veyrat decirle que la edición de “El País” en la Comunidad Valenciana se puede leer en Internet (ignoro si esa nueva sección específica estará disponible), sin necesidad de comprar la edición impresa. Bueno, creo que se puede: yo muchos artículos de Justo los leía a través de sus enlaces a la edición digital.

  13. Fuca

    Por fin puedo sentarme delante del ordenador para escribir; la culpa de no poderlo hacer antes se relaciona bastante con el tema de este post, mis padres no “me” leen. Pero antes de empezar, me gustaría mandaros un saludo cariñoso a todos los contertulios habituales y deciros que me alegra muchísimo que se hayan incorporado nuevos participantes que, con sus interesantes comentarios, ayudan al enriquecimiento y deleite de todos los que transitamos por aquí.

    También me alegro de que los de “El País” hayan despertado y se hayan dado cuenta del lujo que supone tener a nuestro querido Justo Serna entre sus colaboradores; verán cómo aumentan sus lectores, aunque muchos tengamos que recurrir al digital para poder leer una columna que sólo se publica en el País Valencià.

    Centrándome en lo tratado en este “post”, coincido con nuestro amigo Justo en las dos primeras tareas que debe cumplir: 1. Atender a la familia; 2. Cumplir con las obligaciones académicas. En la tercera es evidente que no coincidimos; nunca tuve un blog ni tengo intención de tenerlo, así que difícilmente lo puedo actualizar. 4. Holgazanear, estoy de acuerdo, pero yo con lectura disciplinada, ya no tengo edad para perder el tiempo con libros que en otras épocas leí; ahora empiezo a releer y a leer sólo aquello que me recomiendan personas en las que confío. Así este verano leí algunos libros que os recomiendo: “La voz de los poetas” de Miguel Veyrat, “Vida y destino” de Grossmann, “Conocimiento del infierno” de Lobo Antunes, “Trilogía de la memoria” de Sergio Pitol, “Cuentos imprescindibles” de Chéjov… No os canso con más títulos. También leí “Una lectora nada común” de Alan Bennett, novela de la que habló Justo Serna en un “post” anterior; no me gustó, no me aportó nada, no me hizo reír, no encontré parecidos entre este humor y el de Javier Marías, no, en estas lecturas menores no coincidimos. Sí compartimos, amigo Justo, nuestro aprecio por la obra de JM, por lo menos por la de ficción, quizá en la valoración de sus artículos periodísticos discreparíamos (el último no me gustó nada, confunde lo subjetivo con lo objetivo; para defender a Steiner y su metida de pata sobre la importancia de la literatura galega, se contradice y se equivoca “objetivamente”).

    El problema de los padres viejos es algo con lo que tenemos que convivir las personas que tenemos la suerte de tener unos padres que no mueran prematuramente; algunas veces te deprimes al ver cómo van perdiendo sus facultades, cómo dejan de leer, cómo les falla la memoria, cómo se van pareciendo a niños en muchas de sus reacciones; supongo que habrá excepciones, pero mis viejos padres van deteriorándose año tras año. Sin embargo, me alegro de tenerlos cerca, de intentar darles ahora algo de lo mucho que ellos nos dieron en otras épocas.

    Espero, a partir de ahora, poder seguir charlando con todos vosotros-as.

  14. David P.Montesinos

    Atendida la aclaración de Serna. Fíjese, a mí mi padre siempre me lee y me pone a caldo.

    No tiene mucho que ver con lo que dice Miguel, pero me viene a la memoria la Historia de universal de la infamia de Borges, y, menos conocida, Diccionario de la sinceridad de Pittigrilli… no se lo pierda si no lo conoce, aunque sospecho que sí puede haberlo leído. Hay también un Diccionario del demonio de Bergamín que le redescubrirá don Miguel sus vínculos infernales.

  15. Juan Planas

    Estimada Fuca, ahora que aparece por aquí recuerdo que quedé a la espera de aber si Calima había tenido a bien atender las peticiones de su librero. Si no es así, dígamelo y le pondré remedio propio y urgente. Saludos.

  16. Arnau Gómez

    D.Justo.Mi felicitacìón por su vuelta a El País.Este periódico ha ganado mucho con su presencia,aunque sea miercoles alternos.Prepárese, porque los que no somos como su padre, leeremos sus escritos,los meditaremos y (aunque no creo que ocurra) criticaremos lo que escriba.

  17. Miguel Veyrat

    Bienvenida de nuevo Fuca, y gracias por tu lectura. Sobre los padres, creo que sabemos todos ya a qué atenernos, y envidio de verdad a quienes aún los tienen consigo. Desgraciadamente marché muy temprano por esos mundos y me perdí gran parte de mi mida y la suya.
    Gracias David, conocía esa Historia Universal de la Infamia, y también el libro del gran Pitigrilli, ex colaborador de la Codorniz, por cierto. Desconocía el libro del Bergamín. Voy a buscarlo. Lo que quería decir es que tanto Paco como Paco-Pedro pertenecen a otra historia, la de la estupidez humana, que no es lo mismo: los infames raramente son estúpidos, saben muy bien lo que hacen y por qué.
    Salud a todos.

  18. David P.Montesinos

    No podía encontrarlo, Miguel, porque le di mal la referencia bibliográfica… hablé de memoria y metí la zarpita, pues cogí el libro de las estanterías de mi señor padre -viene al pelo por el post serniano de hoy- hace una eternidad. En realidad se trata de “La importancia del demonio”. El por algunos de ustedes detestado Savater se ha pasado media vida hablando de Bergamín. Salud, también para usted, querido.

  19. Miguel Veyrat

    Acabo de encontrarlo y pedirlo en Internet. Me interesa mucho ese viejo amigo de Bergamín y mío. Gracias, David

  20. Eduardo Laporte

    Me pregunto cómo sería un “Triunfo” -qué nunca conocí- en versión 2008. Una publicación con lectores que eran más que lectores. Veo ahora las revistas como publicaciones que no despiertan ese apego, esa afección. Hace surgió “Chesterton”, revista con aires liberales y otros tantos derechoides, pero que no tenía mala pinta del todo. Quizá falta hoy la Gran Revista. (Ahí está Claves, que sé que aquí tiene sus devotos, por ejemplo.)

    Ah, y gracias por el enlace!

  21. Kant

    Por más que reiterado, sumo mi verbo frondoso al de los contertulios que se felicitan, a la par que se felicitan, por su retorno al papel impreso… y ya que estamos pegándole vueltas a “Triunfo”… gracias al Dios de los Soviets.

    Debo apostillarle una cosa, no obstante, don Justo, y los contertulios creo que tiene derecho a saberlo: entre sus actividades – tal vez encuadrado en el capítulo dedicado a la holganza – está el trato entrañable y relajado que dispensa ud. a sus amigos. No precipita sus encuentros con ellos, charla relajado y permite la conversación explayada. Y eso, sr. Serna, es tiempo, un valor tan caro hoy día que difícilmente nadie puede comerciar con él si no es bajo el sometimiento, en cambio, con ud todavía es un regalo que recibimos sus amigos de su generosidad.

    Entrando a los temas del “post” vendré a coincidir (¡una vez más!) con el volteriano caballero Veyrat: seguro que esos padres “que no le leen”, lo hacen de amagado. Y algunos hijos, también.

    Doña Francisca (Fuca para uds) es un inmenso placer volver a tenerla entre nosotros. La extrañaba. Espero – como espera ud – que sus aportaciones se normalicen como nos tenía acostumbrados.

    Me permitirá, sr. Laporte, una reflexión un poco escéptica. Y se la hago desde mi condición de lector de “Triunfo” de aquellos años que cita don Justo (por cierto, que las portadas dedicadas a Portugal eran, realmente, impactantes, conservo muy vívida en la memoria algunas de ellas): lo mejor que le pasó al semanario fue vivir, generar inteligencia y morir. Sobre todo, morir. El intento – hace bien pocos años – de “resucitar” “Ajoblanco” – otra de las revistas totémicas de los años transicionales – fue un completo desastre. La revista, es la sinergia de elementos que la componen intrínseca y extrínsecamente. Lograr reproducirlos en otro tiempo, generación, condiciones, economía, sociedad… sería, sencillamente, imposible. De la misma forma, aunque en proceso inverso, que un formato y una publicación como “Público” – que citaba doña Isabel más arriba – sería impensable (y habría sido una ruina editorial) si hubiésese publicado en aquellos procelosos años.

  22. Kant

    Tanta frondosidad… tanta frondosidad… donde dije “los contertulios que se felicitan, a la par que se felicitan” debe leerse porque debía haber escrito “los contertulios que se felicitan, a la par que le felicitan”

  23. Eduardo Laporte

    Kant, le diré, ahora que no nos oye nadie, que empiezo a valorar “Público” como algo parecido a una prensa que te aporta cosas de la realidad que otros te tapan, y que tiene algo de adictivo.

  24. Paco Fuster

    Hablando de revistas y de suscripciones, me llama mucho la atención la cantidad de revistas americanas que empiezan a editarse en España. Estoy leyendo a ratos “El infierno imbécil” de Martin Amis, una antologia de artículos sobre los Estados Unidos escritos por Amis en los ochenta. Leo un artículo muy divertido e irónico -tipo Amis- sobre el origen de la revista “Vanity Fair” en Estados Unidos, y me acuerdo de que justo hace unas semanas se empezó a editar en España esta prestigiosa revista en una edición española. Supongo que no tienen nada que ver con las revistas que cita Justo, pero si es verdad que estas revistas importadas -en España ya se editan de hace años “Rollling Stone” (por cierto Diego Manrique escribió en su día para “Triunfo” y ahora lo hace o lo hacía para esta revista) , “Vogue”, “Cosmopolitan”, “Maxim”, “FHM” y ahora “Vanity Fair”- cubren un espacio de crónica social-cultura popular, algo descuidado hasta hace poco.

    Me parece un fénomeno interesante ver cómo la gente compra estas revistas americanas, aunque supongo que la competencia que generan hace inviable la recuperación de otras de producción nacional.

  25. Eduardo Laporte

    Justo hace un año llegó a España la versión en español de “Squire!”, revista de tendencias orientada al mercado masculino. Bonito diseño, pero demasiado anuncio.

  26. Kant

    ¡Sapristi, don Eduardo!… a mí me pasa lo mismo con “Público”… mmm…

    Interesantísima la observación del sr. Fuster. No es cuestión baladí lo de la invasión de revistas estadounidenses… ¿por qué ahora?… ¿qué dicen que, presuntamente, despierta tanto interés?… ¿quién las compra?… ¿el “snob”, el moderno, el soplagiatas, el neoprogre el paleocarca…?

    Lo que sí me parece abismal es el cambio social, cultural y económico de la España de “Triunfo”, “Cuadernos para el Diálogo”, incluso de “Cambio 16” (que era el “Hola” de las revistas de información general) y ésta de “Squire!”, “Vanity Fair” o “GQ” que no sé si será gringa o de dónde (pertenece al grupo CondéNet International) pero, bueno, presentándose como “Moda para hombre, cosmética masculina, chicas, coches y motos” (sic) no deja de conmoverme tanta síntesis de imbecilidad.

    Aunque, claro, si aceptamos que el marketing no crea mercado sino que lo satisface, ello, trasladado a esto, se traduciría en una especie de radiografía de las demandas mayoritarias del mercado español contemporáneo, esto es, del nivel de exigencia, de prioridades de consumo e interés, de los lectores de revistas de la sociedad española actual… Y vaya prioridades…

  27. jserna

    Perdonen mi silencio y me retraso en concluir el post (ahora sí, ya acabado). Mi padre, precisamente, me ha apartado del mundo virtual y de sus intervenciones, tan interesantes. Ocuparme de él, quiero decir.

    El final de mi post no puede ser más decepcionante, supongo. Siendo niño o adolescente mi cosmopolitismo suscriptor fue muy limitado… A lo más que aspiré, como digo en el texto, fue ‘Mundo negro’.

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    AVISO:

    No sé cuándo podré renovar el post, si el sábado o el domingo. Lo haré en cuanto pueda y en cuanto los deberes familiares me lo permitan. Ustedes me perdonarán.

  28. Miguel Veyrat

    Justo Serna, sodalis, permíteme que te lo diga en viejo latín virgiliano, buen ánimo y la mirada clara como siempre, transparente, para ver a través del mundo que construimos día a día con esfuerzo, actos y emociones. Los vendavales no pueden con el hondo vuelo del águila serena en que te has convertido: desde allá arriba el mundo es blanco, y verde, vivo, feraz, lleno de savia, resucita a cada instante.

  29. miguel veyrat

    EXPLICATIO: TODO ESTO SON USTEDES PARA MI EN EL ILUSTRE APELATIVO QUE HE PODIDO RECUPERAR POR CASUALIDAD ENTRE MIS LECTURAS DESDE NUESTRO MÍTICO PASADO. HOY EN DESUSO EN TODOS SUS ASPECTOS:

    Sŏdālis , is (abl., regularly, sodali;

    I. sodale, Mart. 1, 86, 5 ; Plin. Ep. 2, 13, 6), comm. [cf. Sanscr. svadhā, will, power; Gr. ethos, custom; v. Curt. Gr. Etym. p. 251] .

    I. In gen., a mate, fellow, intimate, comrade, crony, boon-companion, etc. (freq.and class.; a favorite word with Plautus; cf.: socius, familiaris): tuos amicus et sodalis, Plaut. Merc. 2, 4, 7 : hic sodalis tuos amicus optimus, id. Cas. 3, 3, 18 ; so (with amicus) id. Bacch. 3, 3, 71: sodalem me esse scis gnato tuo, id. Most. 5, 2, 32 : sex sodales repperi, Vitam, amicitiam, etc., id. Merc. 5, 2, 4 : quid enim aut illo fidelius amico aut sodale jucundius? Plin. Ep. 2, 13, 6 : si frater aut sodalis esset, Ter. Ad. 4, 5, 74 : sodalis et familiarissimus Dolabellae, Lentul. ap. Cic. Fam. 12, 14, 7: primum habui semper sodales. Sodalitates autem me quaestore constitutae sunt sacris Idaeis … epulabar igitur cum sodalibus omnino modice, etc. (shortly after: coetu amicorum), Cic. Sen. 13, 45 : popularis et sodalis, id. Ac. 2, 37, 118 : meus sodalis, id. de Or. 2, 49, 200 : adulescentes aliquot, aequales sodalesque: adulescentium Tarquiniorum, Liv. 2, 3 : in urbem reversus sodalibus legi, Plin. Ep. 7, 4, 7 : Pompei meorum prime sodalium, Hor. C. 2, 7, 5 : gaudentem parvisque sodalibus et lare certo Et ludis, id. Ep. 1, 7, 58 : sodalis istius (Verris) in hoc morbo et cupiditate, Cic. Verr. 2, 1, 36, § 91 : veterem tutare sodalem, Ov. P. 2, 4, 33 : O jucunde sodalis, id. ib. 1, 8, 25 : dilectos inter sors prima sodalis, id. Tr. 4, 5, 1 .–

    b. In the poets, adject.: turba sodalis, the band of friends, Ov. R. Am. 586 .–Of things: Hebrus, Hor. C. 1, 25, 19 : cratera, id. ib. 3, 18, 6 .–

    II. In partic.

    A. A fellow or member of a corporation, society, fraternity, college, etc.: sodales sunt, qui ejusdem collegii sunt, quam Graeci hetairian vocant, Dig. 47, 12, 4.–Of the members of a college of priests: sodales in Lupercis, Cic. Cael. 11, 26 : Sodales Titii, Tac. A. 1, 54 : Augustales, id. ib. 3, 64 ; Suet. Claud. 6; id. Galb. 8; Inscr. Orell. 2364 sq.; 1588; 1593; 1611 et saep.–

    B. In a bad sense, a participator, accomplice in unlawful secret associations (esp. for buying votes, plotting against the State, etc.): quos tu si sodales vocas, officiosam amicitiam nomine inquinas criminoso, Cic. Planc. 19, 46 : tu in illis es decem sodalibus: Te in exsilium ire hinc oportet, Plaut. Pers. 4, 4, 12 .–

    2. A gallant, Mart. 9, 3, 8; Hier. adv. Juv. 1, 48.

    The National Endowment for the Humanities provided support for entering this text.

    This text is based on the following book(s):
    A Latin Dictionary. Founded on Andrews’ edition of Freund’s Latin dictionary. revised, enlarged, and in great part rewritten by. Charlton T. Lewis, Ph.D. and. Charles Short, LL.D. Oxford. Clarendon Press. 1879.
    ISBN: 0198642016

    PUES ESO. Y EL MÁS GRANDE DE LOS ABRAZOS.

  30. Alejandro Lillo

    Los elogios y felicitaciones nunca cansan, así que Justo, te reitero las mias. Espero que fructifique tu nueva relación con El País.

    Preocupado me tiene, don Justo, por su silencio, vinculado, por lo que puedo adivinar, con la salud de su padre. Déjeme expresarle, también, mis ánimos y apoyo para todo lo que necesite.

    Dicho esto, añadir que comparto al cien por cien, si se me permite, la opinión del señor Kant acerca de su generosidad para con los amigos: “entre sus actividades – tal vez encuadrado en el capítulo dedicado a la holganza – está el trato entrañable y relajado que dispensa ud. a sus amigos. No precipita sus encuentros con ellos, charla relajado y permite la conversación explayada. Y eso, sr. Serna, es tiempo, un valor tan caro hoy día que difícilmente nadie puede comerciar con él si no es bajo el sometimiento, en cambio, con ud todavía es un regalo que recibimos sus amigos de su generosidad.”. Permítame, sólo, extenderla también a doña Encarna.

    Don Miguel, bellas y aladas palabras las suyas…

  31. Miguel Veyrat

    Sólo quería decir, aunque ya sé que se trata de una metáfora desafortunada, como todas las de los clérigos, que el mundo dista mucho de ser negro, sobre todo por las etnias y miserables de todo todo tipo (de miseria, pobreza, no como cualidad moral), sobre todo si se mira desde muy arriba: es lógico, que previsor, el padre de nuestro amigo haya procurado que fuese lo que ahora él es para nosotros —su “turba sodalis— y que tan bellamente ha descrito Misser Kant, alguien distante y distinto de todo tipo de sectarismo.

    Alguien que sobrevolando ese mundo poblado de miserables de verdad, pudiera ver el mundo tal como es, inmenso y sin embargo abarcable. Un compañero, término que nada describe mejor que la vieja interpretación latina de quien es el “sodalis”, a no ser la de quien comparte el pan, castellanísima apelación, tan eminente como camarada, compañero de cama, empleado noblemente por Walt Whitman enre otros en su “Canto a mi mismo”.

    Se darán cuenta de que si seguimos hablando como si tal cosa es para que Justo, si cae por aquí, sin agobiar, como dice KAnt, se dé cuenta de que seguimos adelante, sobre todo para darle ánimos. Porque, “quid enim aut illo fidelius amico aut sodale jucundius?”

  32. Angel Duarte

    Dios mío, Justo, no se le puede dejar sólo. Me he pasado unos días encerrado en uno de esos aquelarres académicos -cada vez más lo evito, a no ser que me llame un amigo y me ponga en un compromiso- a los que les dan los nombres de jornadas, congresos, …. y resulta que no sólo cuelga un post nuevo sino que anuncia su condición de hijo pródigo y el retorno a El País. Sepa que no pienso volver a El País ni siquiera ese día. No por nada, es que, como bien sabe, no vivo en esa hermosa comunidad de vecinos que lleva el nombre de valenciana. Lo mío son las naciones, las de verdad!!!
    El post magnífico. Me ha llenado la tarde, la ha impregnado de melancolía. Ese mundo de revistas era el mío. Quizás con el añadido de Destino. Me refiero al Destino final, aquél en el que, por ejemplo, un joven y atrabiliario Baltasar Porcel daba cuenta de la China maoísta. No sé porqué… quizás por sus orígenes, quizás porque incluso en sus momentos finales nunca fue exactamente de izquierdas, Destino suele faltar en esas enumeraciones.
    Por lo demás, Viaje al fondo del mar era, en mi caso, la serie que veía recién duchado (¿puede ser que de jovencitos nos duchásemos una vez a la semana? ando algo confundido con los recuerdos), con el pijama puesto y un batín reconfortante. O quizás esté confundido. Quizás lo que veía en pijama era Cesta y Puntos.
    En fin, que mi padre dejó de leerme el día que empecé a escribir cosas que no le gustaban. ¿Cree don Justo que algún día, como le ha pasado a usted con El País, llegará la reconciliación?

  33. Juan Planas

    Lo del baño semanal, no de jovencitos, sino, más bien, de niños… era también una institución en mi familia. Luego vino la ducha diaria y hasta la doble y tiple ducha cuando las circunstancias lo requerían:-)

    Por cierto, nunca me gustó Porcel. Y El País dejé de leerlo, diariamente, en los años ochenta y pocos. Ahora no leo nunca ningún diario por devoción. He olvidado qué era eso:-)

  34. David P.Montesinos

    La intervención de Mr Fuster me ha recordado algo. Hace ya como unos veinticinco años que entró en mi casa “Cosmopolitan”, supongo que la primera revista “femenina” procedente de los USA que adoptó versión local. Hasta entonces, una publicación para mujeres eran el Hola o el Semana, y una para hombres Interviú -tetas de Marisol o Rocío Jurado- o Penthouse. El concepto Cosmo era más ambiguo, perfectamente definido en el contexto sociocultural norteamericano, pero mucho más difuso aquí. Para mí fue sorprendente que regalaran un poster de Miguel Bosé desnudo -aunque no se le veía nada excepto la raya del bronceado, muy de aquella época-, pues tiernamente pensaba yo entonces que las mujeres no se regocijaban con esas cosas. Mucho tiempo después Cosmopolitan es un concepto perfectamente asentado y que no ha variado en lo sustancial: sigue siendo una revista para “la mujer de hoy”, que habla sin reservas de la mujer independiente y sexualmente activa y hasta promiscua y en la siguiente página te clava publicidad de ropa de marca, faldas muy femeninas y diseñadores que te recuerdan que si eres fea eres una mierda. La cadena televisiva Cosmopolitan tiene justamente Sex in the city como su gran producto estandarte, prueba de que se puede jugar a progresista y moderno y en el fondo ser profundamente reaccionario. El mito pop de Madonna, que tiene obnubilados a dos o tres de mis mejores amigos -y más después de su actuación en Valencia- me parece la encarnación de ese simulacro de la Nueva Mujer o de la Segunda Revolución Sexual que requiere un análisis crítico profundo, pues su influjo, su capacidad de creación de opinión y de tendencias ideológicas es brutal.

    Otra revista americana que entró tempranamente en mi vida fue el inefable Reader´s digest. En aquel momento, como yo me declaraba prosoviético -es lo que tiene ser adolescente-, me parecía la encarnación del enemigo en estado puro, pues no solo se trataba de una revista yanqui, sino que además cada dos por tres nos recordaban que Stalin había asesinado a millones de personas o que en China uno tenía que pensárselo para darle un beso a su novia porque los agentes maoístas te podían declarar enemigo de la Revolución Cultura y llevarte a ser reeducado. Todo aquello me parece ahora trivial -a fin de cuentas era verdad lo de Stalin y Mao-, y ni siquiera me irrita como entonces que no contaran las bestialidades que los USA habían estado haciendo en Vietnam (yo lo supe por “Crímenes de guerra en Vietnam”, de Bertrand Russell, hay que volver a este texto, que no es solo un libro “coyuntural”)o ya por aquel entonces en Nicaragua o El Salvador… No, la verdadera gran impostura del Reader´s la encuentro cuando recuerdo la estúpida sonrisa que se dibujaba en la cara del facha de mi compañero de pupitre cuando acababa de leer alguno de sus reportajes. Salvo para denunciar de vez en cuando la maldad del comunismo, lo que verdaderamente convirtió el Reader´s en la revista más leída del mundo era que presentaba el mundo de color de rosa. Uno podía leer cualquiera de sus números y luego echarse una siesta seguro de que la pobreza estaba en vías de remediarse, que en las guerras solo morían los malos, que los minusválidos eran tipos felices y que las lesbianas no existían. Reader´s digest era la gran encarnación ideológica de la pax americana.

    Y bien, Mr Fuster, a propósito del último debate sobre las elecciones a Presidente del Planeta, tengo un mal pálpito con su amigo Obama… Ya se lo cuento cuando lo madure, pero lo dejo caer para ir fastidiando de momento un poco.

  35. Miguel Veyrat

    La entrada de David ha activado mi memoria. También en mi casa entraba la acaso la única revista extranjera permitida por la censura de los años cuarenta y cincuenta. El famoso “Seleciones”, con el subtítulo “del Reader’s Digest”, que me producía el mismo desasosiego antiyanki que a don David. Pero mi memoria se activa para contarles un dato histórico que pocos saben y al que yo a accedí por mi condición de periodista y amigo ocasional de Luis Rosales, el poeta tan mentado estos días con ocasión del memorial de García Lorca. Luis Rosales fue su director mientras duró su publicación, y utilizaba el seudónimo de Blanca Álvarez para firmar las cartas animando a los lectores suscribirse. Nada más, sólo un dato para la microhistoria. Era la única lectura realmente entretenida de la época, al menos la mía, superados los tebeos de Roberto Alcázar y Pedrín, el Guerrero del antifaz, el Jabato etc. etc. Pero de esto quien más sabe por aquí es Misser KAnt, muy callado por estos días.

  36. Pavlova

    Estaba esperando, pero nadie la menciona. En casa se leía, no siempre, que era cara, la Gaceta Ilustrada. Mi padre decía que tenía estupendos colaboradores y a mí, lo que me fascina desde la mirada actual es que el crítico de cine fuera Julian Marías. Mi hermana guardó todas aquellas críticas, con las que no solía estar de acuerdo, pero que estaban escitas… como escribía Julián Marías, claro y para señoras: AMA, la revista del ama de casa. Una cosa inconcebible que mi madre compraba a veces porque traía patrones para hacerse ropa.

    Mientras les leo y escribo, me llegan sabores y olores muy añejos y me estoy empezando a compungir.

    Justo, espero que haya sido otro susto. Un abrazo muy, muy fuerte.

  37. Kant

    Don Alejandro, no sólo le admito que añada a mis palabras sobre don Justo a su esposa, doña Encarnación, sino que aplaudo su oportunidad a la vez que maldigo mi imperdonable olvido.

    Tiene ud razón, don Miguel, ando muy callado últimamente. La verdad es que pensé que don Paco Vila iba a tomar mi relevo mientras trato de resolver mis asuntos financieros pero me temo que también él comenzó el otoño anegado por quehaceres homéricos.

    Por otra parte, me resultaba tan entrañable leerles traer a colación aquellas revistas y las vivencias de cada uno, prendidas entre sus páginas, que, en este caso, me contenté con ello. Con todo, la manía lectora de mi familia, ya por obra de mi madre – lectora voraz e hija de voraces lectores – ya por la estirpe masculina – padre y abuelo, impresor y corrector, militantes convencidos de las Artes Gráficas – hizo que desde la prensa y los tebeos, pasando, claro, por las revistas de información y especializadas (especializadas en las manías de cada miembro de la familia) y concluyendo en todo tipo de libro, y por tanto, todo tipo de estilo literario (por ejemplo, mi madre, además de lo común – novela y poesía – leía teatro, cosa que le resultaba inaudita a sus amigas y a mi, de chico, de lo más raro…), esta manía, decía, hacía que se acumulasen los títulos que se citan y algunos más de procedencia no tan noble y que ahora preferiría olvidar (bueno, les revelo uno solo y cayo: el “Boletín Informativo de la Unión Sudafricana” un delirante libelo sobre las excelencia del régimen racista, asombrosamente parecido a una hoja parroquial por tamaño y maquetación que, por algún motivo que ignoro, también se dejaba caer por casa con cierta frecuencia. Así que cayo y les leo.

    Me resulta chocante, no obstante, en alguna de las últimas intervenciones, la cuestión de higiene personal e higiene audiovisual que los srs. Duarte y Planas. Me preocupa seriamente mi coincidencia con ellos. Nada más lejos de mi propósito, pero, vaya, es así.

    Respecto a la primera cuestión, desde luego, en los 60, la “ducha semanal” era una pequeña tradición… que no todos los hogares compartían. En los barrios periféricos de las ciudades receptoras de emigración, como el que yo viví entre los siete y los catorce años, la España real se precipitaba sobre la “modernidad” urbana con unas carencias escalofriantes. Recuerdo a mi madre – que regentaba un pequeño establecimiento (una Paquetería-Perfumería) – instruyendo a mujeres ponentinas sobre los rudimentos de “higiene femenina (sobre la que nunca se me ocultó nada) más inconcebibles, por lo elementales, y que ellas desconocían. O en el colegio, a don Ricardo, el profesor de historia, a grito pelado en clase: “¡aquí huele a tigre… aquí huele a tigre… mañana todos duchados!” o al capitán Guillén, el de gimnasia, obligando a la ducha tras el ejercicio físico, pues muchos, muchísimos condiscípulos no lo hacían. Aquella España, no sólo era en blanco y negro, como la tele, era también gris, como los uniformes de la policía y la urbanidad cívica.

    Respecto a la segunda, los seriales televisivos, precisamente en blanco y negro, a las series citadas por los antedichos caballeros, cabría añadir de mi cosecha y memoria: “El Llanero Solitario” – la primera serie que me cautivó – “El túnel del tiempo”, “Los invasores”, “El hombre del maletín”, “Jhonny Juman, el rebelde”, “Daniel Boone”, “Bonanza”, “El Virginiano”, “Caravana”, “El prisionero”, “Los Agentes de la CIPOL”, “Hong Kong”, “Los Vengadores de Némesis”, “Perdidos en el Espacio”, “Dos tontos en apuros”, “La isla de Guilligan”, “Jim West” “Los nuevos ricos”, “La conquista del espacio” (los cito con los nombres españoles)… ¡Dioses! y aún me acuerdo de más, pero ya no sus títulos… Da que pensar que las series de los 70 iniciaron una suave decrepitud, las de los 80 una saludable decadencia, en los 90 era difícil seguir serie alguna y hoy en día se pueden contar con los dedos de una mano las que algún ser humano es capaz de aguantar sin desfallecer (eso sí, las buenas actuales son muy, muy buenas… pero siempre ocurrió con las singularidades).

    Lo curioso del caso, para mí, es que aquella plétora televisiva coincidía con la conmoción de los nuevos tiempos que eclosionaban en el mundo y en España. Aquí fue la primera generación que no había padecido las cartillas de racionamiento, ni la leche USA, ni la carne en lata argentina; los nuevos periodistas y escritores iniciaban sus andaduras y sus obras primeras; aparecían nuevas revistas substancialmente diferentes (“Gorg” en el caso valenciano), o las viejas (algunas) se remozaban o en trance de ello estaban (recordemos que “Triunfo” comenzó siendo una revista de cine editada en València)… En fin, un nuevo medio social, el audiovisual, para una sociedad que descubría una nueva higiene personal y unas nuevas lecturas. Un nuevo mundo.

  38. Kant

    ¡¡¡¡Sapristi!!!! Callar con elle, o doble ele, o como bien le quieran llamar. ¡No sé qué estaba pensando cuando escribí ese horrísono “cayo”!

  39. Berta Chulvi

    Magnífíco post Justo. Me resulta extremadamente sugerente escucharle a usted hablar de su familia y de sus obligaciones en ese tono tan próximo, sentido y personal. Y me permitirá que le diga que me resulta sugerente por su condición de varón. El mundo está cambiando para mejor: ustedes, los formales académicos comparten ya estas cosas. Avanzamos. Desde aquí mi reconocimiento más intenso por todo el tiempo que sea usted capaz de dedicarle a su padre. Piense que en realidad la suerte es que usted ya ha superado ese episodio vital que nos obliga a centrarnos casi de forma exclusiva en nuestros retoños. En su nuevo tiempo se puede permitir el gran lujo de “volver al padre”. Cuídelo y disfrute de sus sentimientos, con independencia de que estos sea alegres o tristes…Eso es lo que tenemos.

    Cuando fui madre por primera y única vez pensé que la filiación era una estado no compatible. Aquello me pareció un hallazgo para la psicología social de la familia, o de la representación del yo. La idea es sencilla: hasta que eres padre o madre eres hijo, y sólo dejas de serlo al alumbrar una nueva vida. Leyéndole y pensando en la extraordinaria vinculación que yo tengo con mi madre (mi padre también vive, pero básicamente nos dedicamos él y yo a la lucha libre…afable pero lucha al fin y al cabo) me he dado cuenta de que hay un regreso al padre o a la madre a partir de que nuestros hijos se independizan y nos toca a nosotros asumir el cuidado de nuestros progenitores: la vuelta al padre para confrontación freudiana da mucho de sí, porque es al mismo tiempo un reencuentro con nuestra historia personal justo en el momento en el que esa tarea empieza a tener todo su sentido. Y aquí me quedo, afortunado Justo.

    P.S Les he echado de menos inmersa hasta la cejas en el XI Congreso del PSPV-PSOE, que es mi primer congreso. Las cosas se ven distintas cuando eres una militante. Pero no les voy aburrir aquí con eso: lo nuestro hemos sufrido Marisa y Yo y como pueden leer en mi blog yo ya he encontrado el reto intelectual que me saca del enorme atolladero que supone trabajar en con el nuevo equipo. Un saludo también enorme a todos los contertulios. Enhorabuena por su vuelta al diario de referencia en la época en la que más falta hace.

  40. Juan Planas

    Realmente preocupantes, sí, nuestras coincidencias, Sr. Kant, pero la vida es una sucesión de encuentros y desencuentros. No es nada raro:-)

    Por cierto, de las series que cita, “El túnel del tiempo”, “Los invasores”, “Daniel Boone” y “Bonanza”, tambien me son entrañablemente familiares. Y me olvidé de “El Fugitivo”, qué gozada.

    De las actuales, sin embargo, sería incapaz de citar una sola. No las veo ni haciendo zapping. Saludos

  41. Kant

    Ay, sr. Planas, qué razón tiene ud… y cuanto siento tener que volver a dársela… :-) Por cierto, añada a la nómina de teleseriales “Los Monster”.

    Doña Berta o doña Marisa, aprovechando el pequeño lapsus en el trepidante trotar del “blog” de don Justo, me permitirán sugerirles que, aunque fuera brevemente, en calidad de “ex cursus” y con independencia que navegáramos por el “blog” de la sra. Chulvi – la de fornido brazo “cachístico” – nos apuntaran uds. sus percepciones subjetivas sobre el congreso socialdemócrata valenciano. Fuentes generalmente bien informadas – por no hablar de “enanos infiltrados” – me comunican que no fue precisamente la alternativa que ganó – por veinte votos (en un total de casi veintiséis mil militantes) – la que a uds. más entusiasmaba, así que suponiéndolas de criterio libre, su opinión resultará valiosa para los contertulios. La noticia, creo, sobrepasa el ámbito local, especialmente si lo ponemos en relación al primer estudio demoscópico de la presente Legislatura en el que el PP se pone por delante al PSOE en intención de voto (vean “Público” hoy); en Francia, socialdemócratas, comunistas (del PC) y verdes hacen una santa alianza con el crecimiento abrumador del neotroskismo; en Austria, SPO sufre un considerable batacazo (sólo asumible por el batacazo y medio de los conservadores) asistiendo impotentes al reverdecimiento de la extrema derecha; y en Baviera, la derrota socialcristiana no fue aprovechada ni por el SPO ni por Los Verdes a pesar de su encono por atacar… a Die Linke (La Izquierda) que, en efecto, quedó fuera del Parlamento aunque sólo por unas décimas en el híper conservador “lander”. ¿No les parece que algo huele a podrido en la socialdemocracia europea? Obviamente, si prefieren declinar la invitación lo entenderé.

  42. Berta Chulvi

    Querido Kant

    Hay duelos privados, cuyos contenidos sólo deben salir a flote una vez ordenados para enriquecer el debate político del proyecto político. Esto es, de aquí cuatro años, en el nuevo escenario que se haya producido.

    Una promesa hago: Mantendré en secreto sumarísimo esa visión subjetiva que le prometo que he estado compartiendo abiertamente en cafeterías, pasillos y halls del Congreso con todo el/la que ha querido escucharme. Esa es mi única arma para conseguir que se incremente la militancia. Hacia dentro quedan esos debates y serán muy bienvenidos quienes deseen como hice yo, taparse la nariz y dar el salto… En esta sociedad “hiperopinática” que nos seduce y apasiona algunas cosas se han de guardar entre las paredes del Café Gijón…De otro modo hay morbo en apuntarse y que se apunte gente, aunque sea sólo para escuchar y votar es lo que necesitamos…que faltan nos hacen esos votos en cada una de las agrupaciones. Asi que….”Benvinguts, paseu-paseu, a les tristors els farem fum…la casa meva es casa vostra si és que hi ha cases d’algú….

    P.S: Disculpen las erratas en Valencià, mi hijo sabrá escribir la lengua de Salvat Papasseit, pero su madre sólo la domina en la oralidad y la lectura

  43. Berta Chulvi

    ¡¡Sapristi!!!, como dice usted, quería decir “no hay morbo en apuntarse” y he dicho “hay morbo en apuntarse”, en realidad, el significante “morbo es tan potente…

  44. Kant

    Como, desde estas mismas páginas virtuales, he abominado el pensamiento mágico de don Sigmund Freud (¡perdóneme, don Arnau!), no haré leña de ese sabrosísimo “lapsus linguae” que ha tenido, doña Berta, al tratar el asunto del morbo o no morbo de la militancia. Tomo, pues, sus palabras y sus promesas tal como me las plantea y esperaré pacientemente esos cuatro años para ver los resultados de esa su decisión colectiva. Aunque, ojo, no hará falta tanto para ver por donde marina el nuevo PSOE en el PV: en junio del año próximo tenemos cita con el Parlamento Europeo. Será interesante apreciar si se ha acertado el rumbo o, como dice el poeta:

    “Passen els núvols talment com antics vaixells
    i miren les dones i els homes
    barquetes sense timó ni orça.

    Por otra parte, por más que me interese su subjetividad y la de su camarada, la sra. Bou, agradeciéndole, lógicamente, su propuesta de compartir sus ideas en otro foro de corte más tangible, lamento tener que desistir de su invitación para asistir con ud/uds a una charla reposada al abrigo de un café. Son las cosas de mi sino como habitante enmascarado de este lejano cenobio.

  45. Arnau Gómez

    Mi apreciado D. Kant. ¿De que tengo que perdonarle?.D. Sigmund no está entre mis ídolos.Mi terreno de juego es mucho más material y cercano, nada esotérico.Por estar tan próximo a esa víscera, hace años que no pruebo los buñuelos que se frien con la pasta de la misma.Por ese lado, nada tengo que temer del mal de las vacas locas.Pero ¡cuidado con el rabo de toro!.Por ahí me puede atacar.

  46. Berta Chulvi

    Querido Kant…

    No era mi intención invitarle a abandonar el anonimato. En realidad mi reclamo era mucho más feroz y terrible: El Café Gijón era una metáfora del compromiso: hay información sólo para quienes bajan a la Era a tragar el polvo que supone afiliarse a un partido político. Lo siento, pero haré campaña de ahora en adelante. Hay información reservada sólo para los iniciados… Dudo que atienda mis demandas, pero si lo hace puede usted afiliarse en nombre propio y no decirnos nada. Jamás sabremos quién es.

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