Despedidas. «Cada día nos despedimos de alguien a quien no veremos más», escribe Enrique Vila-Matas en Dietario voluble.
Escribe en su dietario, en efecto, llevando registro personal de sus inquietudes literarias, de lo que la literatura le presta, de las sugestiones del exterior. Escribe caprichosamente de lo que le apetece, de lo que le incomoda, de lo que quiere escribir y de lo que aún no ha encontrado su forma. Los diarios son anotaciones de interior, cierto: una escritura preferentemente individualista y burguesa, la propia de quien cree tener identidad o desea afirmarla, perfilarla o rellenarla a partir de las acometidas externas. Tienes un yo medianamente hecho, tienes tus escritos y, llegado un punto, necesitas decir que te despides. Escribes de las despedidas, pues. Siempre no estamos despidiendo.
«Como siempre estamos peligrosamente despidiéndonos, hay tardes en las que me despido de todo el mundo y, cuando me quedo solo, decido retardar mi regreso a casa para evitar que me ocurra lo de una amiga que se despidió y ya nunca la volvimos a ver. Voy entonces a lugares extraños y hablo con desconocidos y de todos luego me despido: «¡Adiós, señora O’Brian, ya no nos veremos más!´´ Son simples precauciones, vacunas para evitar que el vacío de cualquier desaparición, por ínfimo que sea, termine por agrandarse en cualquier momento, en la noche menos pensada».
El vacío de cualquier desaparición…, en la noche menos pensada. La despedida de mi padre, que luchó bravamente para que los médicos le salvaran. No pudo ser. Pero yo no me despido aún.
«Un diario ¿para qué?» Así se titulaba el artículo que Laura Freixas publicaba en Babelia el pasado día 4 de octubre. «¿Para qué se escribe un diario íntimo? Nos lo hemos preguntado este verano los ponentes del curso Escribir a solas: el diario íntimo en el siglo XXI, dirigido por Anna Caballé y Celia Fernández Prieto en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander».
Efectivamente: pude asistir como ponente a dicho curso y esa pregunta fue la cuestión esencial que nos planteamos. ¿Qué rendimientos se obtienen de esa escritura privada que llamamos diario? En principio, un diario se escribe para uno mismo y lo íntimo se reserva como propio e intransferible. Podemos anotar nuestras ensoñaciones, nuestras frustraciones, nuestras figuraciones, pero raramente desearemos hacerlas públicas. Hay algo de embarazoso en la exhibición, en la publicación. Si no se transfieren esas intimidades, ¿entonces qué ganamos verbalizando nuestro mundo interior? «Y la respuesta no es fácil», admite Laura Freixas. «Llevar un diario requiere tanto trabajo como escribir cuentos o novelas –no necesita, es cierto, imaginación, ni tampoco estructura, pero sí relato, descripciones, reflexión, caracterización de personajes… y muchas horas ante el papel o la pantalla– y sin embargo no sirve, a primera vista, para nada».
No sé si estoy de acuerdo con dicho planteamiento. Si, de verdad, el diario es reservado, entonces no hay nada que sea obligado ni necesitado: podríamos escribir desordena y escuetamente, sin embellecimiento ni método. En realidad, si hay algo que fuerza a escribir con orden es el interlocutor real o fantaseado que lee dicho diario. Cuando Robinson Crusoe se siente abandonado, cuando se siente hundido, se propone anotar sus industrias y sus indolencias, sus logros y sus fracasos. Se propone a sí mismo como interlocutor. Registrar por escrito esas intimidades es un modo de dar forma a su vida y de hacer balance de su azarosa supervivencia. En realidad, un diario íntimo es el relato de una azarosa supervivencia: ¿cómo es posible rehacerse a pesar de los ultrajes de la vida? Punto y aparte.
¿Lo íntimo es impublicable? Laura Freixas enumera los autores de algunos de los diarios recientes más celebrados, desde José Carlos Llop hasta Andrés Trapiello. «Son textos, en algunos casos, literariamente muy valiosos, pero que se van pareciendo más y más a la columna periodística o al blog. Quizá porque lo verdaderamente íntimo es por definición impublicable», reconoce Laura Freixas. Como se ve, en las palabras de la escritora hay un dictamen quizá tajante: si los textos íntimos se publican, entonces es posible que alcancen la excelencia literaria. El autor ha de ser cuidadoso. Pero si vigila su logro literario entonces perderá su auténtica intimidad.
No sé si acabo de estar de acuerdo con esta conclusión: lo íntimo no es necesariamente lo secreto, sino lo que pertenece al interior. Depende más del observador que del observado: depende más de la capacidad de mirar que de la voluntad de mostrar. Un lector atento puede rastrear las huellas más profundas de la intimidad en una escritura pública. De igual modo, una escritura íntima e incluso obscena puede ser una máscara que tapa lo que verdaderamente duele o conmueve. Días atrás, en una circunstancia personal bien dura, leí el Dietario voluble, de Enrique Vila-Matas. Ahora releo algunas de su entradas. Es un diario literario, un registro aparentemente pudoroso de las obsesiones particulares del escritor: sólo nos cuenta qué lecturas hace, qué personajes novelescos recuerda, qué citas o pasajes le vienen a la cabeza cuando vive esta o aquella situación. Sin embargo, en ese escrito poco íntimo, Vila-Matas se confiesa desnudamente: incluso con un dolor que no es exhibicionista, sino irónico. Podría ofrecerles pasajes de dicha obra, trozos divertidos, tristes, privadísimos incluso. Podría extraer botones de distintas muestras. Pero no lo haré. Es preferible que lean el Dietario voluble como una gavilla de textos personales en los que el autor interpela al mundo, se refleja en él (aunque sea de espaldas); es preferible que se regalen este diario velado. Pero velado no porque el autor se oculte, sino porque Vila-Matas se presenta así incluso para sí mismo: revestido de citas, enfermo de literatura, cargado con experiencias ajenas. Se hace personaje consciente y el humor le salva de la impostura o de la exhibición. Yo no me perdería un texto de estas características. Pero, sobre todo, yo no me perdería una figura hecha de retales literarios a la que se le ven las costuras. Más íntimo…, imposible.
Página de Enrique Vila-Matas (por mediación de El lamento de Portnoy)
—————–
NUEVO POST, VIERNES 10 DE OCTUBRE, POR LA MAÑANA.

Deja un comentario