De qué escribir

Despedidas. “Cada día nos despedimos de alguien a quien no veremos más”, escribe Enrique Vila-Matas en Dietario voluble.

Escribe en su dietario, en efecto, llevando registro personal de sus inquietudes literarias, de lo que la literatura le presta, de las sugestiones del exterior. Escribe caprichosamente de lo que le apetece, de lo que le incomoda, de lo que quiere escribir y de lo que aún no ha encontrado su forma. Los diarios son anotaciones de interior, cierto: una escritura preferentemente individualista y burguesa, la propia de quien cree tener identidad o desea afirmarla, perfilarla o rellenarla a partir de las acometidas externas. Tienes un yo medianamente hecho, tienes tus escritos y, llegado un punto, necesitas decir que te despides. Escribes de las despedidas, pues. Siempre no estamos despidiendo.

“Como siempre estamos peligrosamente despidiéndonos, hay tardes en las que me despido de todo el mundo y, cuando me quedo solo, decido retardar mi regreso a casa para evitar que me ocurra lo de una amiga que se despidió y ya nunca la volvimos a ver. Voy entonces a lugares extraños y hablo con desconocidos y de todos luego me despido: “¡Adiós, señora O’Brian, ya no nos veremos más!´´ Son simples precauciones, vacunas para evitar que el vacío de cualquier desaparición, por ínfimo que sea, termine por agrandarse en cualquier momento, en la noche menos pensada”.

El vacío de cualquier desaparición…, en la noche menos pensada. La despedida de mi padre, que luchó bravamente para que los médicos le salvaran. No pudo ser. Pero yo no me despido aún.

“Un diario ¿para qué?”  Así se titulaba el artículo que Laura Freixas publicaba en Babelia el pasado día 4 de octubre. “¿Para qué se escribe un diario íntimo? Nos lo hemos preguntado este verano los ponentes del curso Escribir a solas: el diario íntimo en el siglo XXI, dirigido por Anna Caballé y Celia Fernández Prieto en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander”.

Efectivamente: pude asistir como ponente a dicho curso y esa pregunta fue la cuestión esencial que nos planteamos. ¿Qué rendimientos se obtienen de esa escritura privada que llamamos diario? En principio, un diario se escribe para uno mismo y lo íntimo se reserva como propio e intransferible. Podemos anotar nuestras ensoñaciones, nuestras frustraciones, nuestras figuraciones, pero raramente desearemos hacerlas públicas. Hay algo de embarazoso en la exhibición, en la publicación. Si no se transfieren esas intimidades, ¿entonces qué ganamos verbalizando nuestro mundo interior? “Y la respuesta no es fácil”, admite Laura Freixas. “Llevar un diario requiere tanto trabajo como escribir cuentos o novelas –no necesita, es cierto, imaginación, ni tampoco estructura, pero sí relato, descripciones, reflexión, caracterización de personajes… y muchas horas ante el papel o la pantalla– y sin embargo no sirve, a primera vista, para nada”.

No sé si estoy de acuerdo con dicho planteamiento. Si, de verdad, el diario es reservado, entonces no hay nada que sea obligado ni necesitado: podríamos escribir desordena y escuetamente, sin embellecimiento ni método. En realidad, si hay algo que fuerza a escribir con orden es el interlocutor real o fantaseado que lee dicho diario.  Cuando Robinson Crusoe se siente abandonado, cuando se siente hundido, se propone anotar sus industrias y sus indolencias, sus logros y sus fracasos. Se propone a sí mismo como interlocutor. Registrar por escrito esas intimidades es un modo de dar forma a su vida y de hacer balance de su azarosa supervivencia. En realidad, un diario íntimo es el relato de una azarosa supervivencia: ¿cómo es posible rehacerse a pesar de los ultrajes de la vida? Punto y aparte.

¿Lo íntimo es impublicable? Laura Freixas enumera los autores de algunos de los diarios recientes más celebrados, desde José Carlos Llop hasta Andrés Trapiello. “Son textos, en algunos casos, literariamente muy valiosos, pero que se van pareciendo más y más a la columna periodística o al blog. Quizá porque lo verdaderamente íntimo es por definición impublicable”, reconoce Laura Freixas. Como se ve, en las palabras de la escritora hay un dictamen quizá tajante: si los textos íntimos se publican, entonces es posible que alcancen la excelencia literaria. El autor ha de ser cuidadoso. Pero si vigila su logro literario entonces perderá su auténtica intimidad.

No sé si acabo de estar de acuerdo con esta conclusión: lo íntimo no es necesariamente lo secreto, sino lo que pertenece al interior. Depende más del observador que del observado: depende más de la capacidad de mirar que de la voluntad de mostrar. Un lector atento puede rastrear las huellas más profundas de la intimidad en una escritura pública. De igual modo, una escritura íntima e incluso obscena puede ser una máscara que tapa lo que verdaderamente duele o conmueve. Días atrás, en una circunstancia personal bien dura, leí el Dietario voluble, de Enrique Vila-Matas. Ahora releo algunas de su entradas. Es un diario literario, un registro aparentemente pudoroso de las obsesiones particulares del escritor: sólo nos cuenta qué lecturas hace, qué personajes novelescos recuerda, qué citas o pasajes le vienen a la cabeza cuando vive esta o aquella situación. Sin embargo, en ese escrito poco íntimo, Vila-Matas se confiesa desnudamente: incluso con un dolor que no es exhibicionista, sino irónico. Podría ofrecerles pasajes de dicha obra, trozos divertidos, tristes, privadísimos incluso. Podría extraer botones de distintas muestras. Pero no lo haré. Es preferible que lean el Dietario voluble como una gavilla de textos personales en los que el autor interpela al mundo, se refleja en él (aunque sea de espaldas); es preferible que se regalen este diario velado. Pero velado no porque el autor se oculte, sino porque Vila-Matas se presenta así incluso para sí mismo: revestido de citas, enfermo de literatura, cargado con experiencias ajenas. Se hace personaje consciente y el humor le salva de la impostura o de la exhibición. Yo no me perdería un texto de estas características. Pero, sobre todo, yo no me perdería una figura hecha de retales literarios a la que se le ven las costuras. Más íntimo…, imposible.

Página de Enrique Vila-Matas (por mediación de El lamento de Portnoy)

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NUEVO POST, VIERNES 10 DE OCTUBRE, POR LA MAÑANA.

30 comments

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  1. Pavlova

    No se despida, Justo. Él tiene un acomodo en usted y no hay por qué despedise de quien permenece en nosotros para siempre y, aunque pueda parecerle mentira, dentro de muchos años, será sin dolor. Con gratitud, con melancolia, con una tristeza honda, casi hasta grata, pero seguirá ahí, en usted.

    No se despida, Justo, no.

  2. Ana Peris

    Hola Justo,
    Me alegra volverte a leer.
    Él siempre estará dentro de ti, siempre estará cuando lo necesites, de un modo u otro, aunque ya no estará físicamente, y eso es a lo que nunca nos acostumbramos.
    Yo, por suerte, todavía tengo a mis padres, ya en edad octogenaria y con sus achaques, pero ahí siguen.
    Este inexplicable destino que nos acompaña en la vida hizo que por desgracia el pasado año perdiese en pocas horas a alguien a quien adoraba (y adoro). Esa persona maravillosa era mi cuñado, que con 55 años se fue de nuestro lado. Aunque estuve con él hasta la llegada al hospital, no pude despedirme y decirle tantas cosas que me hubiera gustado.
    La relación con él era tan especial como la que tengo con mi padre, y desde aquel día en que lo perdimos, aunque ya no puedo volver a verlo, no dejo de seguir comentando con él mis inquietudes. Le cuento cosas de mi bebé (al que sólo pudo disfrutar 7 meses), le hablo de mis clases, de lo mal que llevo la distancia con mi marido, que está en China, etcétera.
    Yo noto que de un modo u otro él sigue con nosotros, y espero que cuando yo me vaya nos encontremos en algún lugar del universo; espero que dos motas de polvo se saluden y puedan seguir charlando como siempre.
    Y también espero q cuando tenga que irme pueda despedirme de mi hijo.. pero bueno, espero que sea dentro de muchos años y pueda verlo crecer cada día.
    Mucho ánimo Justo. Y quedáte con todo lo bueno, que seguro que es mucho.

  3. Alejandro Lillo

    “Pero hay un verso…, un grandioso. Creo que es de lo mejor que he leído nunca.
    ¿Cuál?, me pregunta, volviéndose hacia mí.
    Mientras el peregrino mundo sigue girando.
    Miriam esboza otra gran sonrisa.
    Lo sabía, afirma. Cuando estaba copiando la cita, me dije: Esto le va a gustar. Podrían haberlo escrito para él.
    El peregrino mundo sigue girando, Miriam.
    Muleta en mano, vuelve junto a la cama y se sienta a mi lado.
    Sí, papá, me dice, estudiando a su hija con una sombra de preocupación en la mirada, el peregrino mundo sigue girando.”

  4. Fuca

    Me alegra que nuestro amigo Justo vuelva a escribir, él sabe que siento mucho lo que le ha pasado pero, como dice Alejandro Lillo en su cita, “el peregrino mundo sigue girando” y escribir es una forma de recordar a nuestros seres queridos.

    No sé si sabéis que acaban de concederle el Premio “Nacional” de Poesía al escritor catalán Joan Margarit. Leí hace varios años su “Poesía amorosa completa”; en este libro hay dos poesías que le dedica a su padre; os copio una de ellas.

    PISCINA

    No le temía al agua, sino a ti,
    era tu miedo lo que yo temía,
    y este lugar profundo
    donde desaparecen las baldosas.
    Me arrastraste hacia allí, recuerdo aún
    la fuerza de tus brazos obligándome,
    mientras trataba de abrazarme a ti.
    Aprendí a nadar, pero más tarde,
    y olvidé muchos años aquel día.
    Ahora ya nunca nadarás,
    veo a mis pies el agua azul, inmóvil.
    Comprendo que eras tú quien me abrazaba
    a mí para cruzar aquellos días.

    Graciñas, Justo, por seguir deleitándonos y enseñándonos con tus palabras. Un abrazo.

  5. Ana Serrano

    Los amigos celebran, celebramos que vuelvas a escribir, a contarnos tus cosas; la prueba inequívoca de que te importamos cuando vienes aquí. Te ponen poemas, te cuentan cosas… en fin tratan, tratamos de mostrarte el cariño tan grande que sentimos por ti. Yo lo escribo bajito, pero quiero ponerte aquí la despedida que le hice a mi padre, cuando aún creía que había que despedirse y le preguntaba que a dónde había ido sin mí. El dolor no me dejaba ver que no había ido a ningún lado, que la falta de su presencia era atroz, pero que estaba en mí. Cuando te llegue eso, que espero que sea pronto, verás como el dolor se hace blando y hasta dulce.

    Otra abrazo enorme.

    A mi padre

    Escúchame bajito, no te lo he dicho nunca, pero por fin ya sí. El mundo entero existe porque yo estoy en él y tú en él me pusiste.

    Con la vida me diste el sol y las estrellas, el frío del invierno, los cálidos olores, las caricias, los besos, las flores verdirrojas, el dolor y el amor.

    Mi cerebro, mis manos, mis ojos y mi pecho, todo vibra por ti y en mi sangre, tu sangre, y en mis hijos, tu vida.

    Las muertes y la guerra, la justicia, el honor, la música callada y la callada noche de lectura solemne, me recuerdan tu vida, me recuerdan a ti, pero tú ya no estás para guiar mis pasos, para querer mis yerros, para darle sentido al mundo que me diste y a mi vida sin Dios.

    Nada queda de ti y el Universo es tuyo porque soy tuya yo. Tú nos creaste juntos. ¿Dónde has ido sin mí?

  6. Marisa Bou

    No había leído yo este “Elogio del padre”. Y su lectura, ahora mismo, me deja perpleja.

    Cuando Justo habla de ese freudiano descubrimiento del padre en el espejo, parece hablar desde la dimensión masculina del tema (es decir padre/hijo).

    Yo, que nunca supe quién ni cómo era mi padre, a pesar de no haberme sentido jamás huérfana -pues tenía un universo entero de madres que suplían al padre- me sorprendo muchas veces espiando mis rasgos en el espejo, en busca de qué se yo qué parecidos, pensando que quizá sean más acusados ahora, con la edad.

    Creí que era simple curiosidad, acrecentada por la falta de mi madre (ella sí, murió hace unos años), pero también es posible que, dentro de la curiosidad, aliente el deseo, ignorado, de haber conocido a esa figura de autoridad y cariño que mis madres me dieron, sí, pero no es lo mismo ¿verdad?

    La cuestión es que ahora, si se presentara ante mí (cosa harto improbable) yo no sabría que decirle, ni qué podría decirme él a mí…

  7. Miguel Veyrat

    Hay alguien que ha decidido de qué escribir: escribir, por ejemplo, del segundo aniversario del asesinato de Anna Politovskaia: http://lamiradaaleste.wordpress.com/

    Una auténtica heroína de nuestro tiempo en ese desconocido Gulag que se va llenando de sombras antes nuestra indiferencia.

  8. Miguel Veyrat

    Pero tras la despedida fraternal que por periodista y demócrata hicimos a Ana Pilitovskaia, a quien no veremos más, quiero enviar este poema inédito, del libro que escribo ahora, a Justo en justa esperanza de un seguro reencuentro en la energía que proporciona a diario el aliento preñado de amor que es la memoria, ya que como muy dijo el viejo sabio Arnau hace un par de días, la verdadera muerte es el olvido.

    Acantilado

    Mas recuerda triste alma cansada
    que aún
    puedes trocar —como pidió Montale,
    en himno
    la elegía. Sentir un loco urgir
    de voces
    entre perfumes y vientos:
    Renacer
    en el sol que te inviste —Oh acantilados
    abruptos
    que roen las mareas, agonía que jadea
    en cada ser:
    Una urgente floración de cardo y trébol
    rojo —árida
    luz bajo el delirio de la tierra, que aún
    te llama.
    O el salvaje espliego entre retamas
    olorosas
    a esperma renovada que te acosa. Tiende
    la mano
    hasta ellas —Oh sumergida vida, sólo tuya
    por ahora:
    El viaje no termina en estas playas
    mientras
    alguien que amaste un día aguarde
    en el viento —roto
    de esperanza, sobre otro acantilado.

  9. jserna

    “El viaje no termina en estas playas
    mientras
    alguien que amaste un día aguarde
    en el viento -roto
    de esperanza, sobre otro acantilado”.

    Gracias, Miguel.

    Y gracias a Pavlova, a Isabel, a Ana Peris, a Alejandro, a Fuca, a Ana Serrano, a Marisa Bou y a “Ex alumna”.

    Y a todos. Pero no sigan.

  10. Kant

    Saludos tenga ud. doña Francisca (Fuca para uds), dichosos los ojos que la vuelven a leer…

    Perdón. Entro en tema. Sepan que desoiré sus recomendaciones sobre lecturas adustas. No es el momento. En realidad, cada vez veo menos momentos para tenerlas, pero, bueno, esto ya es otro asunto. Les decía, divago, que no les haré demasiado caso y, con mi templado acero en la mano, rasgaré algún velo… “Memorias de un amante sarnoso”: he ahí un monumento literario a la autobiografía. ¿Quieren mayor intimidad desnuda, expuesta al ojo del lector y a la sonrisa de su cerebro, que quién se identifica a si mismos con semejante descripción? Debía ser texto de obligada lectura en clases de “citizenship”. Tal vez, aunque sólo fuera, para descubrir lo difícil que es sonreír cuando se tiene como virtud la seriedad del asno y lo fundamental que resulta en la Ciudad, adquirir una prudente distancia entre el yo y los otros, sin creerse demasiado ni a los otros ni a uno mismo. Y, al final, reír.

  11. Juan Planas

    Justo, la vez que di en mi blog una noticia funesta eliminé, en ese post, la posibilidad de comentarios. Las buenas intenciones y mejores deseos -me refiero a su exhibición pública- son un calvario… aunque íntimamente se agradezcan, cómo no;-)

  12. jserna

    1. Sr. Kant: la primera vez que leí a Groucho fue gracias a usted, ‘cuando éramos felices e indocumentados’: me prestó ‘Groucho y yo’. Aún no los he olvidado: el libro y el gesto.

    2. No sé, Juan. No sé. Entiendo que se tome como un calvario la condolencia. Supongo que todo pasará. Mi post de hoy arranca de un estado de ánimo y me lleva al diario como género.

  13. Mabel Fuentes

    Usted no lo sabe, pero yo le sigo. Sus publicaciones y sus libros, curioseo por estanterías y así empiezo. Llevo poco tiempo en ello y lo saboreo y exprimo, este cosmos se me advierte infinito. Usted no lo sabía, pero yo le persigo las palabras. Esta tarde llegué a su blog, leí todas sus últimas entradas y de entre algunas líneas me brotaban las lágrimas, de mil colores, de mil olores.
    Percibo lo entrañable en todo ello y me entran ganas de un día, subir a su despacho y darle un abrazo.
    Por todo esto yo tampoco me despido :)

  14. Pau Gómez

    Hola Justo, mi nombre es Pau Gómez, y fui alumno suyo en la asignatura “Historia del mundo contemporáneo” hará ya unos 2 años, en 1º de Comunicación Audiovisual.

    Respecto a los diarios personales, la verdad, no es que me considere un gran aficionado, pero sí que valoro cómo a nivel literario muchas grandes obras han hecho uso de ellos como herramienta para su relato,siendo de otra forma totalmente inconcebibles, porque más allá de su éxito como obras literarias,cabe preguntarse la base que animó al escritor a la hora de elegir ese formato en concreto.

    Un placer reecontrarme con usted.

  15. Eduardo Laporte

    Me engancho un segundo a internet, con la idea de hacer un sondeo rápido e irme a la cama y me encuentro con tres posts sobre diarios íntimos y Vila-Matas y su “Dietario Voluble”, que voy leyendo a ratos desde hace días, paladeando las páginas, algunas más que otras.

    Lo hago días después de presentar mi tesina sobre los diarios íntimos de José Luis García Martin y tras una sobreabundancia de reflexiones sobre el diario íntimo, tema tan simple y complejo como simple es la vida. ¿Qué aportar? Pues que el diario de V-M quizá no sea tan íntimo como de Trapiello, Sánchez-Ostiz, Llop (no los conozco aún pero los intuyo) o el de García Martín. Como dices, hay mucha cita literaria y una desnudez que yo, en cambio, no he conseguido apreciar del todo.

    Tiene V-M un aire siempre alerta de sana impostura irónica, pero que acaba por resultar algo anti-natural, como ese toniquete de Umbral, tan recurrente sobre su propia prosa.

    Me alegra el debate que está despertando Vila-Matas. En Francia se publican y cultivan diarios desde hace 200 años, pero aquí aún parece que nos pilla como de nuevos. Intuyo que no hay una gran cultura lectora sobre diarios y cuando uno habla de diarios, de diarios íntimos, la reacción es pensar en Ana Frank o en cuadernitos de adolescencia.

    Los diarios íntimos son literatura y se escriben con tensión literaria. Quizá más relajada que ante la novela, como obra con ambiciones mayores que el diario, pero no deja de ser un género literario con sus normas y su arte. Una literatura que permite conocer, no obstante, ciertas complejidades del ser humano con, en ocasiones, más éxito que la novela. Con menos artificio, desde luego.

    abrazos,

  16. Miguel Veyrat

    Querido Juan, cada uno ha vivido “al padre” de forma tan distinta como distintos somos los humanos unos de otros. Por lo tanto, de ahí el duelo o el calvario. Yo, por ejemplo, tuve una pésima relación con mi padre… hasta que murió sin desear despedirse de mi, ausente a miles de kilómetros, aunque quizás no pudiera ya ni hablar, pienso, y sin que yo supiera que había muerto hasta después del hecho porque nadie me avisó sin pensar que yo hubiese cruzado océanos para ir a darle el último beso. Desde entonces no dejo de llorarle. O quizás llore sobre mí mismo. Y sobre mi incapacidad para entenderle y acercarme hasta él, hasta el sitio que ocupaba y ya no ocupa salvo en mi atormentada memoria. Sí, puede ser calvario o simple duelo. Sano duelo, diría, como en el caso de Justo.

    En efecto, Eduardo, toda literatura se escribe para ser leída, y un diario cuando se publica, deja de ser “íntimo”. Por lo que no puede ser sino impostado. Y a menudo embustero.

  17. Kant

    ¿Sabe, don Justo?, con el paso de los años la obra marxista – la de don Groucho, claro – ha adquirido en mi interior unos tintes muy diferentes a los de aquellos lejanísimos años, cuando vivíamos en Macondo. Las que entonces fueron lágrimas de risa vertidas con la lectura de sus textos – siempre biográficos – han dejado paso, durante las relecturas, a una sonrisa permanente y complacida externa a la par que otra interna, no exenta de carcajadas íntimas incontenibles (¡y ni falta que hace contenerse!). Lo que antaño sólo fue algo externo a mí como lector, pasó a pertenecer a mi dualidad interna-externa, una dinámica que se agradece. Especialmente porque, por un lado, conlleva un nivel personal de moderación y, por ende, mejor paladeo del texto y, por otro, por mantener incólume el elixir de la vida: la visión divertida del mundo y de uno mismo en él. El aplastante poder de no tomarse nada – nada – en serio o, dicho de otro modo si tomamos a don Federico Nietzsche, “la seriedad del niño al jugar”.

    Y cambiando de tercio, verá, sr. Laporta, entiendo – o creo entender – en qué sentido utiliza ud. el caso del “Diario” de Ana Frank, así que, aplaudiendo su intervención – coincido con sus apreciaciones sin por ello desmentir a don Miguel… naturalmente, todo lo escrito, es falso… hasta los documentos notariales – ubicando, por eso, su cita en el contexto que le da y, desde luego, sin tener la más mínima intención de desviar la atención del “post”, sí querría, aunque fuese a guisa de “ex-curso”, introducir una puntualización, no menor, sobre ese caso concreto.

    En ocasiones, tener el viento en contra es la mejor manera de marear. Paradojas de la navegación y de la literatura. Tanto empeño ha puesto la extrema derecha europea y el integrismo islámico en vituperar el “Diario” de Frank que parece que desde la derecha liberal, progresando hacia su izquierda hasta alcanzar las más altas (o bajas) cotas de su extremismo, amén del anarquismo militante, se les ha olvidado lo que es el análisis crítico de los textos y las obras. Ésta, en concreto, es más que probable que la escribiese el sr. Otto Frank, padre de la niña, con el concurso censor de la madre. De hecho, de eso vivieron el resto de sus días. “Detalles” del tipo de letra utilizado – compárese con los textos escolares de la misma niña en el mismo año en que empieza su emboscamiento (real o ficticio) – del lenguaje y estilo literario del autor – compárese con los niños neerlandeses de su misma edad y condición – y las correcciones e interpolaciones que aparecen en el original ¡¡hechas a bolígrafo!! cuando el sr. Biró aún no había inventado el adminículo.

    En fin, que en vez de estirarse de los pelos por lo que afirmo, igual haría falta menos aspavientos, menos apriorismos y dogmas y más una revisión crítica a fondo del texto para reconocer la auténtica autoría del “Diario” y reubicarlo en las estanterías, bien en la sección de grandes estafas de la literatura – que a doña Ana Rosa Quintana no fue a la primera que se le ocurrió, ya saben cómo empezó a escribir don Vicente Blasco Ibáñez y tampoco fue él fue el primero – bien en la de biografías ficticias, un subgénero que, bien llevado, puede resultar de provecho y placer para el lector, sobre todo, porque el autor no lo estafa, no le miente, crea “una” verdad literaria, la imaginaria (no le da la suya personal y subjetiva, que, a la postre, es lo que hace una biografía), y se la ofrece al lector limpiamente. Claro que esta segunda opción sólo está al alcance de los autores honestos, no parece que sea el caso de pseudo Ana Frank.

  18. Eduardo Laporte

    Miguel, permíteme que discrepe. El hecho de que vaya a ser lanzado a la res pública no significa que necesariamente sea impostado y que el autor ponga lo mejor de sí mismo, su mejor lado, para enseñarlo a los demás. El verdadero diario incluse la exhibición de las miserias, y el verdadero diarista se confiesa en público y, a menudo, comparte sus bajezas con sus lectores. Hay un pacto de no traición con el lector y el diarista lo conoce. Claro que habrá impostura, pero no siempre voluntaria, y perdonad la ingenuidad. No serán iguales a los que alguien (Tolstoi) escribe para desahogarse, para sí mismo. Pero el diario íntimo, como el de Gide, se escribe para los demás, mostrando lo íntimo (que es lo interior, no siempre lo secreto), como las verdaderas amistades son íntimas y se cimetan con la confesión de las dudas, miedos, alegrías y dificultades de la vida.

  19. Miguel Veyrat

    Sí, Eduardo, querido amigo, y además ¿qué voy a discutir yo, si tú acabas de leer una tesis sobre el diario íntimo? No sé si me expliqué bien, pero es posible que sí porque Kant ha dado con ello. Mi intención era subrayar el hecho de que difícilmente quien escribe sobre sí mismo, sus hechos, sus actos, sus pensamientos íntimos sobre esto y aquello, resiste a la tentación (¡Oh, a veces involuntaria, por supuesto!) de retocar la historia. Lo que los psicoanalistas (los de verdad) han dado en llamar “la novela familiar”, serán en ese caso los capítulos coincidentes con el propio papel positivo jugado en ella. Aunque a veces incluso “quedar mal” satisface unas pulsiones sadomasoquistas incontenibles… Es tan rico a veces ser el malo de la película…

    En cualquier caso, espero ver publicada algún día tu tesis, y comprarla en la FNAC.

  20. Fuca

    No he leído el “Dietario voluble” de Vila-Matas ni creo que lo vaya a leer. Nos dice Justo Serna que “es un diario literario, un registro aparentemente pudoroso de las obsesiones particulares del escritor: sólo nos cuenta qué lecturas hace, qué personajes novelescos recuerda, qué citas o pasajes le vienen a la cabeza cuando vive esta o aquella situación”. Esto mismo hace en novelas como “El mal de Montano”, “París no se acaba nunca”, “Bartleby y compañía”…; demasiado repetitivo, tal vez sea mejor utilizar el tiempo leyendo los libros que recomienda.

    Acabo de terminar la “Trilogía de la Memoria” de Sergio Pitol; no sé si es una autobiografía, un diario o una novela, no hay fronteras entre los géneros. También Pitol nos habla de sus obsesiones, de las obras que marcaron su vida, de sus amigos, en concreto de Vila-Matas. Algunas partes son interesantes, pero otras llegan a cansar.

    Quizá lo más parecido al diario sean los epistolarios; leí algunos interesantes. También los blogs tienen su parte de diarios; si somos buenos lectores, somos capaces de rastrear huellas de la intimidad del escribiente o de los comentaristas. Nunca escribí un diario, nunca tuve un blog, así que no estoy demasiado capacitada para hablar sobre este tema.

  21. Alejandro Lillo

    Saludos, Fuca, una alegría encontrarla de nuevo entre nosotros.
    Nunca he leído un diario, aunque sí libros de memorias y autobiográficos (¿alguien podría explicarme la diferencia, si es que existe?) y me encantan. Seguramente pronto le hincaré el diente al de Vila-Matas. Algunos de sus libros me han gustado y otros no (sólo por Bartleby y compañía a este hombre deberían hacerle un monumento). Leer un diario imagino que también me gustará (como siempre todo depende de quien lo escriba), aunque claro, no debe ser lo mismo, qué se yo, leer el diario de Tolstoi o de Kafka, que el de alguien que lo escribe para publicarlo, ¿no?

  22. Fuca

    Hola, Alejandro. Es difícil marcar las fronteras entre la autobiografía y las memorias; la autobiografía hace hincapié en la narración y descripción de la vida privada del autor (o del personaje, si es una autobiografía ficticia), mientras que en las memorias se presta especial atención a los acontecimientos y al contexto social, político, cultural… en el que se ha desenvuelto la vida del autor. En los diarios, el autor deja constancia de los acontecimientos, relativos a su persona y a su entorno, ocurridos en cada jornada, a lo largo de un determinado periodo de su vida. También existen autorretratos, confesiones…

    En “El arte de fuga”, Pitol dibuja su posible autorretrato: “Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas”. Me gusta este retrato del ser humano.

  23. Julia Puig

    Cuando escribimos siempre desprendemos algo de nosotros mismos, quizás, el diario sea una brillante forma de escribir nuestra propia esencia, llegando a esos retales literarios que comenta Justo, no sé. La escritura captura el pensamiento, la acción y el sentimiento. “La palabra es el hombre mismo. El hombre es un ser de palabras” decía Octavio Paz, y con la escritura reflexiona el ser humano. No importa donde se escriba, ni la forma ni el lugar, qué más nos da, pongamos como dice Mario Benedetti pongamos una botella repleta de palabras, de poesía y que el mar las arrastre para que alguien pueda encontrarlas y leerlas.

    http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras?portal=0&Ref=2800&audio=0

    Mucho ánimo, Justo.

  24. d_yanera

    Sr. Serna:
    Soy una alumna suya de Periodismo y su asignatura de Historia del mundo me parece muy interesante, se nota que siente pasión por su trabajo y lo demuestra en cada explicación. Gracias.
    Quería, en primer lugar, darle mi más sentido pésame por la dolorosa pérdida de su padre (me lo comunicó mi compañera, pues había visto la esquela en El País, con una bonita despedida, por cierto).
    Me gustaría, por otro lado, felicitarle por este post, me ha encantado, y estoy deacuerdo con usted sobre todo cuando dice que lo íntimo no tiene por qué ser necesariamente secreto sino simplemente interior. En mi caso, soy precisamente de esas personas que necesita tener a alguien al lado a quien contarle mis sentimientos, no podría guardármelos. Por esa misma razón he empezado la casa por el tejado, pues nunca he escrito ningún diario, ya que no me gratificaría tanto como escribir en un blog y contar a los demás lo que pienso, mis reflexiones u opiniones y poder compartirlas con otros. Eso sí, por encima de todo, no hay nada que sustituya a una buena conversación, cara a cara, alguien a quien quieras y te quiera y comprenda, que te escuche, y con el que poder sincerarse.
    Unha aperta,
    d_yanera

  25. Pedro

    Serna siempre acaba hablando de lo mismo. Que si escribir. Que si leer. Oiga que la crisis está ahi fuera. Buenas noches.

  26. Berta Chulvi

    Querido Justo

    Yo me iba a la cama. Pero llueve a mares sobre la ciudad y es reconfortante pensar que esa lluvia está azotando las calles hasta limpiar la última gota de polvo. Y es reconfortante volver a leer un post suyo. Tiene que llover a cántaros sobre la ciudad para convencernos de que la pena es como la alegría, un estado pasajero. Buenas noches y buena suerte.

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