Dos de Mayo. «La producción es barata y, como el film de Kubrick, se desarrolla en interiores, en un plató adaptado incluso para simular exteriores. Pero hay una gran diferencia: el aspecto escenográfico de la película de Garci es menesteroso y el guión previsible sólo se sostiene por el papel de los actores. Viendo el film, con esos interiores de mesa camilla y brasero, con esas calles recreadas en plató, tenía la impresión de estar contemplando el capítulo de una teleserie de época». Eso escribí tiempo atrás en mi blog. Y añadía: parece una teleserie «repleta de frases rotundas o de secuencias que acaban con cierre y moraleja. Garci es capaz de enfriar» toda tentación –reconocía– «gracias a que es la suya una película muy hablada. Recuerdo Asignatura pendiente o Solos en la madrugada y veo la misma facundia que ahora tienen los parlamentos», insistía. ¿De qué películas hablaba? ¿Acaso cotejaba Sangre de Mayo (2008) y Barry Lyndon (1975), ambas históricas y guerreras? No. En realidad, las anteriores palabras eran fruto de una comparación más actual: una comparación de Ninette (2005) con Lolita (1962).
De Sangre de Mayo podríamos decir casi lo mismo: que es cine de mesa camilla y brasero, con estética de teleserie de época; y, sobre todo, que es película muy hablada. Hay una voz en off que introduce y relata, como un narrador omnisciente: una voz verbosa y sobrante que describe el Madrid anterior al Dos de Mayo para ilustración del espectador ignorante. Es el propio Garci el encargado de retratar verbal y enciclopédicamente la Villa y Corte, con apuntes de libro de forasteros y con datos demográficos y sociológicos extraídos de guías. Mientras esa voz nos presenta un Madrid alegre, trabajador y confiado, vemos a unas gentes que marchan a cumplir diligentemente con sus menesteres; o vemos también a manolos, majos y chisperos aliviando con vino las obligaciones. Es un cuadro general pesadamente didáctico que amenaza, desde el principio, la película. Menos mal que, de repente, comienzan a salir los personajes principales. Como es habitual en el cine de Garci, también en este caso el film se sostiene por los actores, que han de cargar con un guión facundo: unos actores que encarnan personajes gárrulos que se saben filmados, unos actores que desempeñan unos papeles propios de obra teatral.
Comparado con el de Ninette, el presupuesto es ahora mayor: la Comunidad de Madrid ha subvencionado el film con 15 millones de euros, suficientes para recrear con mayor desahogo las estampas de época que se suceden. Porque eso son, estampas costumbristas del Madrid popular, explícita y enfáticamente goyesco y galdosiano: estampas separadas por unos fundidos en negro que al espectador le sirven para saber que se avecina otra escena en orden cronológico. En Garci, la película dura y dura gracias a que no hay elipsis suficientes, pues parece teatro filmado, y gracias a que el ente autonómico paga con liberalidad una parte sustancial de la producción. Hay secuencias monstruosamente alargadas. Alarma la generosidad presupuestaria, tan poco liberal, de la institución madrileña. Pero no sorprende tanto si tenemos en cuenta la necesidad que tiene la Presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, de insuflar nacionalismo a la conmemoración del Dos de Mayo.
Garci dirige a sus actores y, cuando el cuadro colectivo lo merece, los enmarca con forzadas o esforzadas reproducciones de Goya: como esos Fusilamientos del 3 de Mayo que el cineasta se atreve a repetir, a copiar, a remedar. Garci les hace decir a sus actores largos parlamentos o frases rotundas que, lejanamente, se inspiran en Galdós, sí. Pero sobre todo les hace sentirse patriotas y religiosos, ajenos a todo conflicto social. Como debe ser. Poco a poco, la pequeña o gran historia de unos y otros, lo menesteroso o lo cortesano, acaba confirmando lo que nos temíamos desde el principio: que importa sobre todo ser español y creyente. ¿Ejemplos? Hay una escena en que asistimos al rezo colectivo del Padrenuestro de los condenados, previa a los fusilamientos. Esa escena enardece al católico que todo espectador lleva dentro. Seguro. Hasta los impíos o los ateos allí apresados regresan a la fe. ¿Más ejemplos? Hay también unos títulos de crédito finales que justifican las dos horas largas de película, unos créditos que son lo decisivo: vemos un Madrid nocturno y actual, una España motorizada, con el ajetreo de la modernidad tecnológica; vemos los interiores de los rascacielos, como si fuéramos nuevos diablos Cojuelos. El final de la historia no está en el relato cinematográfico inspirado en Galdós, en el texto; el final está en esas calles atestadas de tráfico, en ese Madrid de 2008: está en el paratexto.
«Juro por John Ford que he ido a filmar cada día con la misma alegría que iba al cine y al fútbol de pequeño», decía Garci en «Mi abuelo Benito», un artículo publicado por Abcd las artes y las letras el pasado 27 de septiembre. «Jamás se lo agradeceré suficientemente a Esperanza Aguirre», admite. «Porque ella no supo» que con el encargo y la subvención «me obsequió, a la vez, con el regalo que recibí y no recibí de niño: el Fort Comanche de madera y la media docena de soldados y pieles rojas de goma, que me regalaron mis padres unas Navidades, y la bicicleta Orbea que nunca pudieron comprarme», concluye. O sea que la película ha sido un juguete para él. ¿También para Esperanza Aguirre?
————
Tráiler de Sangre de Mayo:
———–
Hemeroteca y Blogosfera:
-Eduardo Laporte, «Un final Made in Espe«, El náufrago digital, 13 de octubre de 2008.
-«Garci presume de vena patriótica en la COPE«, El Plural, 10 de octubre de 2008.
–Antonio Muñoz Molina: «Más naciones«, El País, 4 de octubre de 2008.
-J.S., «Dos de Mayo, 2 de mayo«, Los archivos de Justo Serna, 2 de mayo de 2008.
Fonoteca:


Deja un comentario