Fiestas Patrias, 2

Dos de Mayo.La producción es barata y, como el film de Kubrick, se desarrolla en interiores, en un plató adaptado incluso para simular exteriores. Pero hay una gran diferencia: el aspecto escenográfico de la película de Garci es menesteroso y el guión previsible sólo se sostiene por el papel de los actores. Viendo el film, con esos interiores de mesa camilla y brasero, con esas calles recreadas en plató, tenía la impresión de estar contemplando el capítulo de una teleserie de época”. Eso escribí tiempo atrás en mi blog. Y añadía: parece una teleserie “repleta de frases rotundas o de secuencias que acaban con cierre y moraleja. Garci es capaz de enfriar” toda tentación –reconocía– “gracias a que es la suya una película  muy hablada. Recuerdo Asignatura pendiente o Solos en la madrugada y veo la misma facundia que ahora tienen  los parlamentos”, insistía. ¿De qué películas hablaba? ¿Acaso cotejaba Sangre de Mayo (2008) y Barry Lyndon (1975), ambas históricas y guerreras? No. En realidad, las anteriores palabras eran fruto de una comparación más actual: una comparación de Ninette (2005) con Lolita (1962)

De Sangre de Mayo podríamos decir casi lo mismo: que es cine de mesa camilla y brasero, con estética de teleserie de época; y, sobre todo, que es película muy hablada. Hay una voz en off  que introduce y relata, como un narrador omnisciente: una voz verbosa y sobrante que describe el Madrid anterior al Dos de Mayo para ilustración del espectador ignorante. Es el propio Garci el encargado de retratar verbal y enciclopédicamente la Villa y Corte, con apuntes de libro de forasteros y con datos demográficos y sociológicos extraídos de guías. Mientras esa voz nos presenta un Madrid alegre, trabajador y confiado, vemos a unas gentes que marchan a cumplir diligentemente con sus menesteres; o vemos también a manolos, majos y chisperos aliviando con vino las obligaciones. Es un cuadro general pesadamente didáctico que amenaza, desde el principio, la película. Menos mal que, de repente, comienzan a salir los personajes principales. Como es habitual en el cine de Garci, también en este caso el film se sostiene por los actores, que han de cargar con un guión facundo: unos actores que encarnan personajes gárrulos que se saben filmados, unos actores que desempeñan unos papeles propios de obra teatral.

Comparado con el de Ninette, el presupuesto es ahora mayor: la Comunidad de Madrid ha subvencionado el film con 15 millones de euros, suficientes para recrear con mayor desahogo las estampas de época que se suceden. Porque eso son, estampas costumbristas del Madrid popular, explícita y enfáticamente goyesco y galdosiano: estampas separadas por unos fundidos en negro que al espectador le sirven para saber que se avecina otra escena en orden cronológico. En Garci, la película dura y dura gracias a que no hay elipsis suficientes, pues parece teatro filmado, y gracias a que el ente autonómico paga con liberalidad una parte sustancial de la producción. Hay secuencias monstruosamente alargadas. Alarma la generosidad presupuestaria, tan poco liberal, de la institución madrileña. Pero no sorprende tanto si tenemos en cuenta la necesidad que tiene la Presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, de insuflar nacionalismo a la conmemoración del Dos de Mayo.  

Garci dirige a sus actores y, cuando el cuadro colectivo lo merece, los enmarca con forzadas o esforzadas reproducciones de Goya: como esos Fusilamientos del 3 de Mayo que el cineasta se atreve a repetir, a copiar, a remedar. Garci les hace decir a sus actores largos parlamentos o frases rotundas que, lejanamente, se inspiran en Galdós, sí. Pero sobre todo les hace sentirse patriotas y religiosos, ajenos a todo conflicto social. Como debe ser. Poco a poco, la pequeña o gran historia de unos y otros, lo menesteroso o lo cortesano, acaba confirmando lo que nos temíamos desde el principio: que importa sobre todo ser español y creyente. ¿Ejemplos? Hay una escena en que asistimos al rezo colectivo del Padrenuestro de los condenados, previa a los fusilamientos. Esa escena enardece al católico que todo espectador lleva dentro. Seguro. Hasta los impíos o los ateos allí apresados regresan a la fe. ¿Más ejemplos? Hay también unos títulos de crédito finales que justifican las dos horas largas de película, unos créditos que son lo decisivo: vemos un Madrid nocturno y actual, una España motorizada, con el ajetreo de la modernidad tecnológica; vemos los interiores de los rascacielos, como si fuéramos nuevos diablos Cojuelos. El final de la historia no está en el relato cinematográfico inspirado en Galdós, en el texto; el final está en esas calles atestadas de tráfico, en ese Madrid de 2008: está en el paratexto.

“Juro por John Ford que he ido a filmar cada día con la misma alegría que iba al cine y al fútbol de pequeño”, decía Garci en “Mi abuelo Benito”, un artículo publicado por Abcd las artes y las letras el pasado 27 de septiembre. “Jamás se lo agradeceré suficientemente a Esperanza Aguirre”, admite. “Porque ella no supo” que con el encargo y la subvención “me obsequió, a la vez, con el regalo que recibí y no recibí de niño: el Fort Comanche de madera y la media docena de soldados y pieles rojas de goma, que me regalaron mis padres unas Navidades, y la bicicleta Orbea que nunca pudieron comprarme”, concluye. O sea que la película ha sido un juguete para él. ¿También para Esperanza Aguirre?

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Tráiler de Sangre de Mayo:


 

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Hemeroteca y Blogosfera:

-Eduardo Laporte, “Un final Made in Espe“, El náufrago digital, 13 de octubre de 2008.

-“Garci presume de vena patriótica en la COPE“, El Plural, 10 de octubre de 2008.

Antonio Muñoz Molina: “Más naciones“, El País, 4 de octubre de 2008.

-J.S., “Dos de Mayo, 2 de mayo“, Los archivos de Justo Serna, 2 de mayo de 2008.

Fonoteca:

Entrevista a Garci en La Tarde con Cristina

53 comments

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  1. David P.Montesinos

    Garci me pareció siempre un pelmazo. Buen tipo, seguramente, buen conversador y nobles sentimientos de amor al cine, quizá incluso un apreciable realizador cinematográfico, pero ser un buen creador…eso me parece otra cosa. Acaso valga ver “Las verdes praderas” para vislumbrar algunas líneas del imaginario del español de boina recién quitada que se dispuso a abrazar las libertades y la prosperidad sobrevenida con la Transición, aunque no sé si para ello puede valer lo mismo una película de Ozores. ¿Un Oscar y tres nominaciones? Sí, qué cosas…

    En relación al post anterior, difícil discrepar, y sin embargo, no puedo dejar de sentir que falta algo. Las afirmaciones que hace Mira son propias de un nacionalismo cínico, un poco como en aquella novela de ciencia-ficción de Asimov donde unos mandarines con espíritu científico inventaban la religión para conseguir la obediencia del pueblo y asegurar la cohesión social. Esa visión de “yo no necesito mitos pero la plebe sí, demosles”, me parece de una cutrez intelectual despreciable.

    Ahora bien, si desprecio la visión de Mira pero tampoco acabo de sentirme cómodo con la de Serna -que se me antoja fuertemente volteriana- es porque no estoy seguro de haber podido fijar mi visión del mundo sin mitos fundacionales. Es más, no sé si son justamente todos esos relatos y metáforas que se agolpan en mi mente desde crío los que ahora me permiten decir “yo”.

    Una comunidad debe ser el producto de una serie de convenios entre sujetos que deciden, libremente, asociar sus voluntades, delegando una serie de poderes y exigiendo la garantía de una serie de derechos.En ese sentido, cualquier exaltación colectiva tiende a provocarme las mismas sospechas que a usted, máxime cuando es tan profundamente impostada como ésta, pues dudo mucho que una derecha como la valenciana, curtida en la universidad del anticatalanismo, pueda de verdad amar al Rey conqueridor llegado del norte. Y sin embargo, son estos poderes los que articulan la celebración y parecen como Mira, convencidos de que es obligación del poder dotar a la plebe de una “identidad” nacional.

    En esto creo estar cerca de la visión del autor del blog, pero insisto, me falta algo. Quizá ese algo mítico e irracional le suene a usted a sans culottes buscando caballeros con alto linaje por los rincones de París para guillotinarlos, quizá a los nazis exaltando a la raza superior para lanzarse a la supermuerte de las razas inferiores… A mí me suena a las películas de John Ford, esa mirada que acude a la leyenda para recordarnos que antes de civilizar el mundo hemos tenido que armarnos de valor y matar a Liberty Valance… Y me suena a aquel film maravilloso -hablando de cine español no oscarizado- “La mitad del cielo”, donde se nos relata como una joven llegada de provincias va convirtiendose desde la pobreza de un puesto de casquería en un mercado va convirtiéndose en toda una señora de Madrid… pero sin que deje nunca de aparecérsele el espíritu de su abuela, esa bruja de las montañas asturianas que siempre, a lo mejor sin saberlo nosotros, está presente en el alma.

    Por cierto, soy muy de mi tierra, pero Jaume I fue un sádico violador que además mataba moritos por diversión con su lanza a caballo cuando ya estaban derrotados.

  2. jserna

    Seguramente, sr. Montesinos, compartimos casi todo lo que usted ha detallado tan bien y tan razonadamente. Es más: sé que no se puede vivir sin algunas convenciones colectivas que nos dan seguridad y certidumbre. Por eso, mi individualismo modesto sólo es una protesta contra el colectivismo homogéneo y vociferante. El colectivismo no es sólo la muchachada multitudinaria: es, también, el Estado que se dota de instituciones para garantizar la seguridad (o, en el peor de los casos, para destruir al disidente). O como decía Thomas Hobbes, su colega filósofo, la sociedad nace del miedo, del miedo que cada uno tiene en el estado de naturaleza: el temor a ser agredido y violentado por los otros. Cedo mi derecho natural a defenderme: lo cedo a la institución política separada que nace por encima de cada individuo.

    El colmo se da cuando esa institución abandona el garantismo. O cuando esa colectividad necesita justificarse con literatura estupefaciente: de ahí que la poesía, la historia, la religión o la identidad imaginada hayan aportado material mítico para fundamentar la coerción y el sometimiento colectivos. Que haya sido así en el pasado y en numerosas ocasiones no justifica que ahora deban seguir siéndolo para alcanzar el estatuto de país normal, que es lo que parece desear Joan Francesc Mira. Por otra parte, esa envidia del colectivismo simbólico también se da entre los españolistas. Aún recuerdo artículos de la pasada temporada, entre distintos columnistas de Abc, en que sus autores deploraban la cobardía de los políticos y, de paso, la historia española: cobardía e historia que impedirían una exhibición normal y enfática de la bandera española, por ejemplo. Lamentaban que eso aún sucediera.

    Bueno, la historia española es muy triste, en efecto. Pero la historia de la Corona española aún lo es más: ¿que la I y la II Repúblicas trajeron violencia? Vamos, hombre. En el siglo XIX y en el siglo XX, la virulencia castiza se materializó gracias a una Corona incapaz de modernizarse. Por ceñirnos al siglo XIX, Isabel II fue una reina desastrosa rodeada de una Corte que la destruyó: en cambio, la reina Victoria fue una institución muy interesante y beneficiosa para la Gran Bretaña. El padre de Isabel II, Fernando VII, es un personaje secundario en la película de Garci, pero su influjo nefasto es decisivo en la historia del Ochocientos. Yo le tengo mucha simpatía a Juan Carlos, que punto por punto parece haber aprendido la lección negativa de sus mayores. Pero, bien mirado y parafraseando a Montesquieu, el asunto debería ser: ¿cómo se puede ser monárquico?

    Pero qué digo: he de volver a Garci…

  3. Miguel Veyrat

    No, no, es mucho más interesante el debate de su última línea. ¿Para qué hablar de Garci? Todo lo que dicen ustedes era ya previsible conociendo al personaje, que no en vano es el ex de Ana Rosa Quintana, caramelo de fresa en palito.
    ¿Colectivismo simbólico? ¿Cómo se come ante la realidad actual? ¿Encogiéndonos en aldeas tribales? ¿No íbamos a “reconstruir Europa” con otros materiales? ¿No caminábamos hacia la globalización? ¿Qué será el colectivismo simbólico tras el fin del liberalismo neocon y su más que previsible encaminarse al encuentro de la “tercera vía” socialista, tras esta caída del Muro de la economía de libre mercado, como sucedió con la caída simbólica del comunismo con el Muro de Berlín? Sería demasiado obvio recordar que Wall Street es la calle del Muro, donde se han encontrado clamando por papá Estado sus enemigos acérrimos… Al tiempo. ¿Ustedes hablando de Garci, con el rey de España amurallándose para defenderse de la libertad de información?

  4. Alejandro Lillo

    Creo entender la disyuntiva que plantea David, así como lo que añade Justo y no creo que difieran tanto. Al hombre (ya ve que sigo en mis cinco, señor Kant)le llama el mito, le atrae, aunque estoy seguro que de eso sabrá más que yo el señor Veyrat. Sin embargo, crear mitos vinculados a una fuerza tan poderosa y peligrosa como es el nacionalismo, me parece de una gran irresponsabilidad, y no lo puedo entender, después de lo que ha sido el siglo XX y lo que nos viene en el XXI. Ahí si que hay algo que falla. El mito está para intentar explicar lo que se nos escapa, lo que no se puede decir de otra manera. Debe ser un punto de partida, un lugar desde donde comenzar a desentrañar la realidad, y no el objetivo último al que debe llegar una sociedad, para más inri, supuestamente “racional” y “científica” (exactamente como los mercados financieros, je, je).
    Por cierto, Garci me parece un buen e incluso puede que un gran crítico literario. Nada más.

  5. jserna

    Ay, sr. Veyrat, aquí estoy, hablando de Garci, mientras el mundo se derrumba. O eso parece, ¿no? Qué irresponsabilidad. O no. En el fondo, bien mirado, estoy hablando de Esperanza Aguirre, a la que siempre regreso. Eche un vistazo al post que sigue creciendo y lo comprobará: hablo de cómo mitificar con el cine. El problema de Garci y Aguirre es que esta película aburrirá a los jóvenes, ajenos por completo al discurso edificante de lo español que el cineasta y su mecenas quieren transmitir.

  6. J Moreno

    “No lo duden. Se impone el modelo chino de socialismo financiero y capitalismo productivo. Quién nos lo iba a decir. Una conclusión evidente de la que, sin embargo, nadie se ha hecho eco a día de hoy.”

    Frase entresacada del artículo de hoy en “El Confidencial” de S. MaCoy.

    Uff….la que se avecina…

  7. Alejandro Lillo

    ¡Sapristi! Dije que Garci puede ser un buen crítico literario. No se en que estaría pensando. Por supuesto quería decir “cinematográfico”. ¡Vaya con los lapsus freudianos!

  8. Juan Planas

    Y bueno, qué decir sobre el tema: Garci, casi, es un ejemplo aparte porque son mucho peores y más representativos -que es lo grave- Almodóvar y Amenábar y su troupe de abanderados- pero da igual, todos llaman ficción a la recreación de parte, y sólo bailan al compás de la SGAE (siempre) y del gobierno de turno (a veces)…

  9. Kant

    Uf… me perdonarán uds, pero el sr. Garci me resulta tan plomo que su nombre me resulta un inhibidor de la película que lo portare, así que no sólo no he visto ni pienso ver su obra, es que ni me planteo la más mínima reflexión con semejante personaje, gris, anodino y triste. Si al menos hubiese sido “feo, fuerte y formal”…

  10. jserna

    1. En el comentario de “Fiestas patrias, 1”, Kant dice –entre otras cosas– lo siguiente: “Esto de salir (o estar) en la calle o no salir (o no estar) tiene esas paradojas. Afortunadamente el peculiar comportamiento cívico de don Justo es un patrimonio personal suyo que lo define y caracteriza pues si se llegara a generalizar, me temo que los hijos de Fernando VII aquí, los de don Pepe Stalin allá y los de Jorge III acullá, seguirían mandando”. Los “hijos” políticos respectivos siguieron mandando. Eso es lo malo: que la acción pública y colectiva, que los levantamientos, que las matanzas, no siempre han servido para cambiar sustancialmente las cosas. Fíjese qué desastre político hubo después de Fernando VII. No había manera de que triunfara la razón. O, mejor aún, la sensatez.

    2. En el comentario de “Fiestas patrias, 1”, Kant habla –entre otras cosas– de la identidad y de los varapalos que recibe el discurso de la identidad. Yo, si me permite, prefiero hablar en plural. No sabe qué aburrimiento me provoca pensar en “mi identidad”, en singular. Ya sé que hay que tener una identidad para ser una cosa: hincha futbolístico, por ejemplo. Pero me admitirá que los hinchas vuelven a casa y hacen valer otras identidades. Y funciones y papeles…

    3. En el comentario de “Fiestas patrias, 1”, Kant dice –entre otras cosas– lo siguiente: “[Joan Francesc] Mira se empeña en ver la parte negativa de las cosas, no la positiva. Y la parte positiva valenciana es, precisamente, la heterogeneidad, la diversidad y la convivencia, algo que no tienen otros, más preocupados por la limpieza de sangre, la fe única y la lengua del Imperio”. Pues, precisamente, eso es lo que digo: que, hablando de identidades, la homogeneidad y lo claridad son un horror y un error. De acuerdo, pues.

    4. En el comentario de “Fiestas patrias, 1”, Kant habla –entre otras cosas– de los mitos que crea y cree el pueblo. No lo niego, pero –sin hacer proselitismo– me admitirá el enorme hastío que me provocan los mitos populares, las fiestas populares y los regocijos populares. Como decía Thomas Mann (a través de su personaje Serenus Zeitblom), “para todo amigo de la ilustración, la palabra ‘pueblo’ y su concepto mismo conservan algo de primitivo que causa aprensión y es porque se sabe que basta tratar de pueblo a la multitud para predisponerla a actos de regresiva maldad”. Permítame compartir esa misma aprensión.

    5. En el comentario de “Fiestas patrias, 2”, Kant dice que Garci es un plomo y dice sentir inhibición ante lo que él haga. No soy entusiasta de Garci. Tampoco lo soy de Almodóvar, sr. Planas, cuyo éxito me resulta todo un misterio: desearía que alguien me explicara cuáles son los mecanismos con los que seduce a su público. Vi la última película que interpretó Penélope Cruz y aún me pregunto qué es lo que tanto maravilló a los almodovarianos. En cambio, sr. Planas, prefiero al Amenábar gótico, no el humanista…

    6. El lapsus de Alejandro es simplemente genial y preciso: Garci es “un buen crítico literario”. Lo suscribo: es precisamente eso. O, como dijo Guillermo Cabrera Infante, un almodovariano que extrañamente admiro: siendo niño nadie pensó en dedicarse a la crítica… literaria o cinematográfica. Nadie espera ser un gran crítico. Me imagino que Garci sí.

  11. David P.Montesinos

    Leo con atención lo que contesta a Serna a mi intervención. Me gusta más que la mía. La figura del Rey Juan Carlos -y más la de su padre- me parecen dignas de análisis más serios de los que estamos habituados a leer y escuchar. Me hizo pensar mucho lo que me dijo una alemana residente en la costa alicantina desde hace quince años: “creo que los españoles no sabéis valorar los méritos de este señor”. Bien, no soy monárquico, pero lo que yo sea es insignificante. Abren usted y mi amiga alemana una línea de debate interesante y digna de dura polémica. Hablemos del Borbón si Garci les parece un plomo, como dice Kant.

  12. jserna

    No sé si Garci es un plomo, o un antiguo, pero en el caso de que lo sea mi opinión también cuenta poco. Como dice David P. Montesinos, también mi punto de vista es insignificante. En todo caso, que esa pesadez o arcaísmo de Garci no sean excusas para no leer a Galdós, en el que dice inspirarse. Desde luego se inspira en él (y así lo reconoce en el artículo suyo que cito en el post: “Mi abuelo Benito”). Pero Galdós es inconmensurable: en el siglo XIX y… leído ahora. En cambio, con las películas de Garci, uno tiene la impresión de regresar inapelablemente al Ochocientos, la centuria más desdichada de los Borbones.

  13. Paco Fuster

    Desde que leí en su día “Trafalgar” (me impresionaron mucho sus extraordinarias descripciones), soy un entuasiasta admirador de Galdós. Pese a esto, no creo que reúna tiempo y ganas para ver la película de Garci.

    Las películas de Garcia nunca me han interesado mucho (confieso que de “Ninette” solo he visto -y varias veces- el minuto y medio en que sale Elsa Pataky semidesnuda). Pero también digo que Garci me parece un muy buen crítico de cine. Las tertulias que mantenía con E.Torres Dulce y otros críticos en su programa “!qué grande es el cine!” eran de un nivel más que aceptable. En ese programa descubrí algunas películas extraordinarias y seguí con mucha atención las tertulias posteriores de Garci y sus invitados.

    Ya que ha salido el tema de Almodóvar, aprovecho para decir que en el número de la revista “Pasajes” que acaba de salir (esta mañana he leído casi todo el monográfico sobre Internet coordinado por Justo y Anaclet), viene la reseña que escribí hace meses sobre un director de cine -el mallorquín Agustí Villaronga- totalmente opuesto a Almodóvar (a quien cito en mi reseña y no precisamente para alabarlo) y -evidentemente- a Garci. Dejo el enlace:
    http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=2712

    En esa reseña digo que el cine de Almodóvar es repetitivo. En su comentario dice Justo: “Tampoco lo soy de Almodóvar, sr. Planas, cuyo éxito me resulta todo un misterio: desearía que alguien me explicara cuáles son los mecanismos con los que seduce a su público.” Yo tampoco, sinceramente. Entiendo el éxito que tuvo en su día con sus primeras películas. Cuando estrenó sus primeros filmes (“Pepi, Luci, Bom”, “¿Qué he ehcho yo para merecer esto?, “La ley del deseo”), triunfo su imagen de ruptura con el franquismo: esa combinacion de sexo (con un componente de homosexualidad y travestido nunca visto en España con esa naturalidad), ambientes marginales y destrucción de tópicos, cumplió a la perfección su finalidad que no era otra que epatar a la burgesia española, escandalizar y provocar. Esa fórmula, meritoria en el ambiente de una incipiente Movida madrileña que tuvo al propio Almodóvar como abanderado, le dio un éxito que, con todo pronóstico, no le ha abandonado. Es muy interesante el fenómeno de este director y más aún, su innegable éxito en Estados Unidos. Me fascina ver como películas que en España no pasan de ser -“la última del Almodóvar”- en Estados Unidos son aplaudidas y celebradas.

  14. Miguel Veyrat

    A mi también, como a David, la clave del éxito de Almodóvar, aquí y afuera sobre todo, me lo dio una persona extranjera. “Almodóvar retrata con toda fidelidad lo que son los españoles”. La respuesta, si conocen bien el cine de A. no deja de tener mucha enjundia, aunque yo añadiría que representa sobre todo el lado más cutre de los españoles, quizá el que nosotros nos resistimos a ver, y a reconocer . Algunos.

  15. jserna

    Comparto por entero las palabras de Paco Fuster sobre Almodóvar. El primer Almodóvar, el que no sabía prácticamente hacer cine, era rompedor. Yo asistía al estreno de ‘Laberinto de pasiones’ en Sevilla, hacia 1982. Era un disparate, claro. Era una ruptura escuchar a Almodóvar y McNamara cantando Gran Ganga, que aquí pueden ver y oír:

    El kitsch de su cine, la mezcla posmoderna de lo viejo y de lo nuevo, de lo paleto y lo chic, de lo gay y de lo castizo, me cansa. Pero me cansa más cuando Almodóvar se pone grave y severo en sus películas serias.

    En cuanto a las tertulias de Garci, qué quiere que le diga. Procuraba evitarlas. Al menos a mí me parecían una reunión de sabihondos con conocimientos enciclopédicos sin pizca de humor: no solían aplicarse la ironía a sí mismos. Se trataba de largar con énfasis y con pesadísima erudición. ¿Lo mismo que hacemos aquí? Quizá alguien nos lea como si fuéramos un remedo pobre de Garci & Friends, quién sabe.

    Trafalgar es una novela espléndida no sólo en su contexto: también ahora sorprende por su vigor narrativo; por la excelencia de sus descripciones (ccomo dice Paco Fuster); por el dominio de la representación; por la administración del suspense y de la intriga. Galdós es superior a sus sedicentes discípulos, José Luis Garci o Arturo Pérez-Reverte, por ejemplo: esos discípulos que lo recrean con un cierto retraso, rezagadamente, y sin mejorarlo. Las andanzas de Gabriel de Araceli en la batalla de Trafalgar y los lances sucesivos de la Primera Serie de los Episodios Nacionales son una delicia narrativa. Son textos que, además, sirvieron para ‘la nacionalización de España’, para la socialización política, cosa a la que José Álvarez Junco dedica un capítulo muy interesante de su libro Mater dolorosa. Como comprenderán, yo leo esas cosas -a Galdós- con entusiasmo de historiador, con interés de mero lector, con deleite y con distancia.

  16. Juan Planas

    El éxito de Almódovar es el de la fascinación por la vulgaridad, y por su voluntario exhibicionismo, más bien. Alguien ha citado más arriba la movida madrileña, pues sí… precisamente yo en esa época dejé yo de escribir y me retiré a mis cuarteles poéticos-durante casi diez años- hastiado de tanto alboroto superfluo, tanto tópico y tanto revuelo seudoprogresista (ese mayo del 68, aunque tardío y también algo tergiversado, lo viví yo en la Universidad, años 74 a 79. Lo que vino después fue ridículo:-)

  17. jserna

    Hombre, la movida y el rescoldo del 68 no fueron cosas ridículas. Fíjese, sr. Planas, que el sesentayochismo tuvo efectos muy positivos en el cambio cultural de los setenta y ochenta. En algunos casos, fue un exceso, es cierto: piénsese en la crítica a la familia como instancia exclusivamente opresiva. No es exclusivamente opresiva, pero la familia oprimía, sí. Existía eso que tantos antifeministas critican: la familia patriarcal. En otros casos, el sesentayochismo tuvo también efectos desastrosos en algunos países: una parte del terrorismo de los setenta se explica por el izquierdismo desaforado de aquellas fechas, basado en la utopía y el deseo. Piense en Giangiacomo Feltrinelli, refinadísimo editor, cuya biografía Senior Service retrata muy bien aquellos años de deriva intelectual hacia el terrorismo. Pero piense en los maos franceses, los maoístas, que por arte de magia (no sé) pudieron y supieron frenar dicha deriva: en Francia, el izquierdismo más extremo no adoptó las vías terroristas. Al sesenta y ocho se le achaca la pérdida de la responsabilidad: la infantilización de la sociedad, eso que Pascal Bruckner llamó “la tentación de la inocencia”. Impugnarlo todo o casi todo trae consecuencias liberadoras, pero trae también efectos indeseables, entre los cuales puede estar el exceso antisocial, antinormativo, antimoral incluso. Pero fíjese también que, gracias al sesenta y ocho, Almodóvar ha podido hacer el cine que hace sin que nadie se escandalice.

  18. Juan Planas

    Me expresé mal… el rescoldo del 68 -ya dije, a partir de la agonía y muerte del dictador- fue magnífico y liberalizador, al menos en ámbito universitario y esos años no los cambiaría por nada del mundo… Lo malo, a mi juicio, fue la posterior frivolización a cargo de la llamada movida madrileña. Saludos

  19. Miguel Veyrat

    Justo, ¿podrías quitar cuanto antes el “careto” de Garci de ahí arriba? Me da dolor de muelas cada vez que entro en la página.

  20. David P.Montesinos

    Sigo con ustedes dado que la lluvia hace poco recomendable el paseo dominguero y que Rajoy me ha convencido de que el desfile militar es un “coñazo”, con lo que a mí me gustaba antes…

    Me siento cerca de todo lo que dice Paco Fuster, aunque el tema de Almodóvar me parece matizable. Galdós es un autor clave, si bien en “Trafalgar” y en los “Episodios nacionales” advierto la omnipresencia de un “nosotros” patrio incuestionado que me incomoda profundamente. Me quedaría con “Fortunata y Jacinta”, la misma maestría del contador de historias dotado de un brutal dominio de la técnica novelística, sí, pero orientado a un estudio de personajes y un tratamiento de escenas, diálogos y pasajes sociales con los que empatizo como lector mucho más que con la épica de los “Episodios”.

    Con el cine de Garci no puedo, lo siento, ni siquiera fui a verlo por la Pataky, que me parece una tontuela… Es más, creo que es nefasto que aparezcan por todas partes obras tan bien sufragadas económicamente cuando hay, sé por qué lo digo, docenas de jóvenes y no tan jóvenes creadores que tienen muchísimo más que decir que este ilustre pelmazo y no encuentran la oportunidad de hacerlo. Y aquí es donde enlazo con Villaronga. Hace una eternidad ya intuí que, como dice Fuster, films como “Tras el cristal” eran algo así como las antípodas de lo que, ya entonces, estaba haciendo Almodóvar. “El niño de la luna” o “El mar” son acaso películas discutibles, pero encarnan una propuesta que merece, y mucho, la pena cuanto menos analizar. Curiosamente, la suya es una mirada fuertemente cargada de homosexualidad, como la almodovariana, pero en las antípodas, claro… Diría que Villaronga es a Almodóvar como Alien a Star wars, quizá entienda la metáfora.

    El otro día me referí a “La mitad del cielo”… creo que hay vida más allá de la “comedia burguesa” con la que tiende a identificarse el cine español desde los ochenta. Hay cine de habla hispana ahora mismo más interesante que el de Almodóvar, empezando por Aristaraín y Campanella, si me limito a Argentina. Ahora bien, que Almodóvar haya terminado por cansarme y que su propuesta me parezca agotada, sustentada ahora más que nunca en el star system y en una Penélope Cruz que me parece un absoluto bluff, no invalida una trayectoria que considero más densa e inteligente de lo que creo que piensan algunos de ustedes. Estimo que ha filmado tres o cuatro verdaderas obras maestras y que no hay uno solo de sus films que no merezca la pena ver, y eso es mucho decir para una trayectoria tan larga, con el mérito que a veces olvidamos de que El deseo ha producido durante décadas sin ningún tipo de ayuda, con todo lo que supone liberarse de la cultura de la subvención, seguramente tan necesaria como peligrosa en la esfera de la producción cultural.

    Almodóvar se ha aprovechado de un clima de tolerancia moral que, tampoco lo obviemos, él ha contribuido valientemente a crear. Ha sido capaz de jugar con referentes clásicos de la baja comedia y los ha reciclado hacia un lenguaje estético novedoso. Ha conseguido, además, quitarle varias capas de polvo a un discurso cinematográfico que llevada décadas refugiado en las guaridas de una trascendencia sospechosa… mucha España profunda, mucha posguerra y poca mirada atenta a una vida social que empezaba a requerir otro tipo de mirada inteligentemente irónica. Uno ve películas de Almodóvar por la misma razón que ve Los soprano o lee a Martin Amis: quiere que le alguien le traduzca lo que está pasando, que se lo muestre, se lo explique y se lo haga entender… y en eso el cine de Almodóvar ha tenido un gran poder civilizador en este país que, no lo olvidemos, hace tres décadas le daba palizas por la calle a los mariquitas.

    A partir de aquí hay un detalle que no se nos puede pasar desapercibido. Como en tantos otros casos de leyendas de la cultura pop, Almodóvar ha hecho fortuna por su capacidad transgresora, ha sido vanguardia, ha osado poner en solfa lo que la cultura creía sagrado… el pequeño problema es que ahora es ÉL el stablishment. Almodóvar, como Alaska –ahora en nómina de la COPE- se negaron a seguir la corriente, y lo hicieron para crear otra nueva. Siguiendo la instrucción de Warhol, autor esencial al que todos estos le deben tanto, se negaron a aceptar la moda para ser ELLOS la moda. La paradoja llega entonces: pretendieron que les siguiéramos y lo hemos hecho, luego ahora la vanguardia y la transgresión consiste justamente en olvidarlos. Imaginen un estreno de don Pedro en Nueva York, ancianas de pelo lacado riéndole las gracias al españolito y diciendo lo guapa que es la morena esa que siempre saca…

    Gran Ganga queda muy lejos… se puede morir de éxito.

    pdta:Miguel, es usted un malvado.

  21. Miguel Veyrat

    No, ¿por qué? Coincido punto por punto con la entrada que acaba usted de redactar y publicar. Sé que puede ser algo racista mi observación, pero hay rostros que me recuerdan excesivamente la leyenda de Dorian Gray, magistralmente narrada por Oscar Wilde. O al contenido de “La evolución de las especies”.

  22. Kant

    ¡Cáspita, don Justo! Si me equipara el gobierno liberal de doña Isabel II – con todo su liberalismo insuficiente – al despotismo fernandino, la apertura autocrítica de don Nikita Jruschov al salvajismo estalinista y considera que don Jorge Washington es hijo político del rey y elector Jorge, pues sí, fue inútil cualquier acción popular. Lo cual, claro, nos conduce a una peculiar situación de pasividad pública que, realmente, no alcanzo a vincular con lo que es la lucha por la libertad y más bien veo entendida por la “Voluntad de Dios”, que es todo sensatez.

    Obviamente que le permito hablar en plural cuando trata de las identidades. De hecho, es un plural etnológico. Y desde luego, coincido plenamente con ud. con que la cuestión personal – cual es “mi” identidad – corresponde a otros ámbitos del saber y la reflexión.

    Cierto, comparto también el distanciamiento más que prudente de las actividades lúdicas de las masas. Ahí sí que aborrezco profundamente el adocenamiento. Pero no por eso dejo de ser consciente que ese mismo populacho es al que le cambiamos de nombre, le llamamos pueblo (y hasta Pueblo) y revestimos de gala cada cuatro años para recordarle que él es el soberano y le toca representar otro acto de masas, las elecciones. Así que cuando leo a Serenus Zeitblom – el personaje del sr. Mann – no puedo dejar de pensar en Susanita – el personaje del sr. Quino – cuando afirma: “Amo a la humanidad, lo que me revienta es la gente”.

    Cinematográficamente, coincido con su distinción y apreciación entre los directores: ni el sr. Garci (en ningún caso) ni el sr. Almodóvar (sólo me gusta contextualizado en los 80, en ello coincido con don David) me placen. Y sí al sr. Amenábar aunque con su mismo “pero”. A renglón de este caso, debo advertir una cosa: existe en España el mito de la “independencia del director de cine” tratando de asimilar la cinematografía propia con la europea. Y no. En España el productor – sin llegar a los extremos del estadounidense – tiene unas cuotas de decisión y responsabilidad en la obra final que, en más de una ocasión (y de mil), para bien y para mal – también es cierto – ha corregido la obra del guionista (otro de los grandes olvidados en la cinefilia hispana) y del director sin temblarle el pulso. Aquí, está claro que “quien paga, manda” y al final, las “rutilantes” estrellas y los “afamados” directores, pasan por las horcas claudinas de unos srs. mediocres y grises de los que, generalmente, no se sabe ni el nombre, pero que son los que acaban por dar “su toque final” a una obra que atribuimos a otros. Bueno, pues estos personajes le tienen una devoción a la ñoñez y el humanismo de vía estrecha que son para hecerles una tesis.

    No sé, don David, hasta qué punto podemos hablar del ciudadano Borbón y su familia. Independientemente de tener la espada de Damocles de la legislación vigente sobre nuestras cabezas con una nutrida variedad de tipologías delictivas con las que agredirnos si acaso se sospecha cualquier “atentado a la Casa Real”, creo que al declararnos republicanos se desacredita cuanto fuéramos a decir fuera, claro, de los planteamientos generales que ya hemos expresado en este mismo “blog”. Los intentos de algunos periodistas por sacar a la luz los negocios poco claros (los claros, claro, claros son) en los que están implicados los miembros de la familia del jefe del Estado no han llegado a buen puerto. Se han silenciado. Y sabemos lo que sabemos de ellos merced a francotiradores de Internet y al rumor popular. Malo, cuando esos son los canales. Libertad de expresión para todos, para todo, ¿menos para esos ciudadanos, para eso?… ¿Todos iguales pero hay unos más iguales que otros?…

    Ay, ¡por favor!… y gracias por la general coincidencia con don Benito Pérez, es gratificante.

    Por cierto, don Justo, me sumo al dolor visual de don Miguel. Nos aplica ud. la triste, tristísima, facies del sr. Garci por partida doble ¿No sería benevolente con nosotros y desplazaría la primera foto, por ejemplo, a lugar inferior para inaugurar el “post” – tal vez, sugiero – con algún fotograma de la película? Al sr. Garci no le molestará, el/la productor/a de la película (¿doña Esperanza Aguirre?) aplaudirá la publicidad gratuita y nosotros podremos abrir su “blog” sin la miraba fofa y sonrisa patética del creador.

  23. Angel Duarte

    Garci, con perdón por el retraso, destroza Galdós. A éste no se le hubiese ocurrido que un mosén pudiera dar el visto bueno a un par de jovenzuelos en plena tarea jocunda y dionisíaca. Sabía mucho más del pelaje del personal que Garci, un inane. Por lo demás, me sumo a don Juan, sin que sirva de precedente… qué fácil es alancear moro muerto – o sea, Garci- habiendo como hay algunos majaderos que han llevado al cine español a las más altas cotas de la estulticia entre el aplauso general!
    Por lo demás, no se metan mucho con doña Esperanza, que viendo cómo están las cosas puede mandarnos parar en menos de tres años. ¿Una cena?

  24. David P.Montesinos

    Nada que objetar al amigo Kant sobre su antipatía por la Corona.Cuando escuché aquella afirmación de mi amiga alemana sobre Juan Carlos entendí que debía dejar por un momento arrinconado mi convicción republicana -¿a quien le importa lo que yo sea o deje de ser?-… trataba de ver si, a ojos exteriores, el borbón había jugado después de todo un papel más valiente y valioso del que yo le he atribuido. Quizá me marea un poco la atracción morbosa que siempre he tenido por su padre, Don Juan, quien con ese corpachón y esa cara de malas pulgas siempre me dio la impresión de que al Caudillo le producía un miedo casi físico. En fin, menudencias.

    Es interesante lo que apunta sobre la falacia de la independencia del creador en el cine europeo, que pretende arrogarse una superioridad moral con respecto al norteamericano que no siempre está en condiciones de sostener. Pero acaso esa reflexión vaya en favor de Almodovar, ya que la productora El deseo la constituyen justamente él y su hermano Agustín. La independencia es un lujo del que pocos gozan, pero algunos se lo han ganado.

    pdta. no quite el careto, no lo quite, Serna, que se fastidien.

  25. jserna

    No quito la cara de Garci. De hacerles caso, sería lo más parecido a la censura. Por Dios. Mañana cambiamos de post y ya está: cualquiera diría que les hecho padecer… Vaya, qué sensibilidad.

    Si se fijan, la primera es una instantánea de ‘Hola’; la segunda es una foto de ‘El Mundo’. Adviertan cuál es la diferencia fundamental entre una y otra. Y adviertan otra cosa: no he puesto fotografía del cartel de la película. ¿Por qué?, se preguntará mi crítico hostil.

  26. Kant

    Sí, don David, tiene ud toda la razón: El Deseo ha obtenido el derecho a hacer las películas que le dé la gana porque se juega los cuartos… ¿se los juega?… Cuando don Justo haga algún “post” sobre la industria del cine ya le diré yo cómo se hace en España una película sin arriesgar ni medio euro. Aquí, lamentablemente, no se sale del amiguismo, cambalache y negociete, de tal forma que o se tiene una chiripa considerable como el sr. Amenabar – que fue a caerle bien al sr. Cuerda (un caballero excepcional en el panorama cinematográfico español) – o por más joven y brillante que se sea, no se despunta. Las condiciones que dictó don Juan Antonio Bardem en sus “Conversaciones de Salamanca” siguen lamentablemente vivas y presentes en el cine español.

    Vale, venga, bien, bueno… me trago la cara del sr. Garci… ahora, habrán advertido que no pedí que se retirara el retrato del director de cine, me limité a sugerir que se lo reubicase. Admitiré que es una censurilla, si, pero, en efecto, mis ojos, sensibles tanto a la belleza como a la fealdad, se conmueven con su visión. Soy débil.

    No sé su crítico hostil, don Justo, pero yo sí me pregunto lo que ud. espera que aquel le pregunte y por eso lo hago, ¿por qué ninguna alusión gráfica a la película en cuestión? Me tiene en ascuas.

    ;-)

  27. Berta Chulvi

    Me pilla cansada el debate pero me sorprende la equivalencia que se hace de forma poco consciente entre el totem y el mito. ¿O es que a mito le ponemos el adjetivo de “fundacional” y ya con eso lo asimilamos a la idea y función del totem como aglutinador de un grupo? ¿Es que tienen algo que ver los mitos griegos y el uso que aquella sociedad hizo de esos relatos con el uso que el nacionalismo ha venido haciendo de la historia como laboratorio en el que se construyen las esencias patrias?

    Son preguntas retóricas que no pretenden iniciar un debate (Sr. Kant….no me dispare…). Para ese debate yo necesitaría hacer relecturas y reflexiones de las que la vida me priva en estos momento: Es absurdo pensar en una sociedad sin grupos pero los principios organizadores de los grupos no tienen porque estar basados en la identidad. Ahí diría yo que radica la diferencia entre “la ciudadanía” y “los valencianos”. La condición de ciudadano se la gana uno (con perdón de los “sin papeles” que nos recuerdan día a día nuestra desverguenza) y la puede perder, se ejerce o no se ejerce, la de valenciano se nace y pum, pam, pin….ya está.

    El problema es que la identidad se convirtió en el gran tema del XIX, siguió siéndolo en el XX y ya veremos que pasa en el XXI. Creo que es una tarea crucial la de visualizar que otra sociedad es posible tejiendo otro tipo de relaciones intragrupo e intergrupos…y concibiendo la pertenencia a dichos grupos como algo totalmente ajeno a la identidad…. pero a la derecha no le interesa, y Joan Fracesc Mira me defrauda con esa postura que por otro lado ya le conocía, pues de ella he hablado con nuestro amigo común Ignasi Mora… A quien también conoce Don Justo.

    Es sólo una intuición pero creo que como sociedad nos va la vida en la tarea de buscar la argamasa anti-indentitaria que haga funcionar a los grupos humanos… no me alargo que me supone un gran esfuerzo…qué le vamos hacer…Yo nací en marzo del 68, y desde entonces, para informarse hay que ir contra corriente, contra la cuenta corriente…quería decir. Buenas noches y saludos….

    Don Justo: A mi no me recuerdan ustedes a las tertulias de Garci porque yo esas tampoco las vi pero… sigan ustedes… que la pasión por la tertulia es contagiosa… y no hay muchos escenarios hoy para el aprendizaje significativo de un hábito tan saludable.

  28. jserna

    ¿Que por qué no he reproducido el cartel de la película en el post?

    Bueno, venga, echen un vistazo:

    ¿Qué me dicen? ¿Se han fijado en la pareja protagonista? ¿Y en las llamas que todo lo incendian?

  29. Miguel Veyrat

    Excelente reflexión de don Eduardo Laporte, y exacta su comparación entre el cine sociético y el parafascista en su empleo como instrumento de propaganda.

    Doña Berta, compañera, no busque usted antifreudianos. El pensamiento de Freud, uno de los grandes creadores del XX, se ha dado, como se dice ahora y como los blogs de Justo, “in progress”, y así ha dado en ser fraccionado en sectas o iglesias como les ocurrió a los autores de los evangelios con los que se edificó el penamiento y las hoy distintas religiones cristianas. Mi consejo, no pedido y por tanto prescindible, sería que lea usted a Jung, el mayor y más grande de los disidentes entre los primeros discípulos de herr Sigmund. Creo que se le abrirá a usted un nuevo mundo mental apasionante y abierto: con puertas y ventanas, respirable. ‘sactamente lo contrario que ocurre con las abruptas cámaras de gas lacanianas.

  30. Pedro

    El problema no es Garci sino todas las peliculas históricas que tienen que decir mucho en hora y media. Tanta tertulia y no lo ven? Si lees “Guerra y Paz” tienes la sensación de que toda la historia esta allí. Lo que dicen de Garci se podria decir de otros directores. Y se que Garci es simpatizante de los “populares”.

  31. Eduardo Laporte

    Gracias, Miguel. Intento ver películas por el mero placer de verlas, pero en más de un pasaje de la peli en cuestión me dije ayer: “coño, carne de blog”. Pero fue ese final, paradigmático final, el que me removió de mi butaca. Y eso que, lo diré sin pudor, hay películas de Garci que me han gustado. Me gustó “El abuelo”, por supuesto, y me gustó esa peli rara -y permisiva y edulcorante con el franquismo, pero bueno, no siempre hay que estar atizando- Tío Vivo, 1950.

    Tiene Garci, en esa Tío Vivo y en buena parte de Sangre de mayo gran habilidad para retratar lo que creo que Justo Serna quiere decir cuando se habla de microhistoria, si no lo he pillado mal. La conjunción de detalles particulares para obtener una imagen general. Se ve que eso le importa, y que trata de colarlo en sus películas. Como hacía, precisamente en las tertulias de Qué grande…, con esos datos que a más de uno chocaban de “en 1959 el Madrid gana la Liga, Torrente Ballester publica Los gozos y las sombras, Sara Montiel regresa de Hollywood, Isabel Preysler lee un libro…”

  32. Miguel Veyrat

    Berta, le pido perdón por la aliteración: “se le abrirá a usted un mundo abierto”, pero bien visto, no está mal, a veces lo que se abre son más sombras si nuestra vista no está clara y bien dispuesta. Jung, desde su teorización de los arquetipos me ayudó, al menos ami, a entender y admirar aún más a Freud. Pero sobre todo, el mundo que descubre Jung se basa en la magnífica diversidad del espíritu humano para crear.

    Eduardo, no hay de qué avergonzarse, uno de los autores más complacientes con el fascismo, fascinado por sus fuegos artificiales pero a quien más admiro, y no sólo porque T.S. Eliot, uno de mis padres poéticos, le admirase también tanto como para dedicarle su opera magna, “The Waste Land”, adornandolo con las palabras virgilianas de “Il miglior fabbro”, es Ezra Pound, el genial autor de los Cantos Pisanos. También deberíamos hablar de los futuristas italianos, con Marinetti a la cabeza, y de tantos otros como el falangista Giménez Caballero o el primer Miguel Hernández, fiel discípulo del falangista Ramón Sijé a quien dedicó su famosa Oda. Lo que importa es la obra final, su belleza y coherencia, no su ideología pues el arte no debe tenerla, y en el caso de que se utilice para su transmisión, se debe leer acuciosa y sabiamente para no dejarse contaminar y aislar lo que de grande pueda tener. ¿Invalida la poesía de Machado su poema a Líster, equiparando su propia pluma “a su pistola de capitán”? Los cantos a Stalin de Alberti o Neruda? ¿Empaña la obra del más grande de todos los poetas en lengua española del siglo, el peruano César Vallejo, su fidelidad hasta “morir en Paris con aguacero” sin dejar de abrazar el comunismo libertario?

    Y dicho esto, a mi —que no soy un gran referente— el cine de Garci me parece mediocre, oportunista, impostor y básico. Eso sí, con excelente factura técnica pues directores de fotografía y de arte, buenos actores se pagan con un buen PG de producción. En cuanto a su saber enciclopédico sobre cine —que le permite imitar al mejor cine americano de los 60— eso, se estudia, como hacía mientras despachaba letras de cambio en el banco en que trabajó mientras alimentaba los sueños de su esposa de entonces, Ana Rosa Quintana. Otra que tal baila.

  33. Kant

    Sra. mía, doña Berta, yo no disparo. Matar “a máquina” – como decía el gaucho Martín Fierro – es de una ordinariez absoluta. Así que lo mío es el fino acero si el rival lo merece, o el simple tajo de hacha, destinado al patán. En su caso, ni un arma, ni la otra. Que discrepemos no nos ubica en campos rivales, sencillamente en posiciones distintas, así que descuide que no es mi intención agredirle.

    Aunque le parezca paradójico, lo que llevo tratando de transmitir desde hace tiempo en este “blog” – evidentemente sin mucho éxito, no tengo el lustre de otros superiores a mí – es precisamente eso, que una cosa es la ciudadanía y otra la nacionalidad. Que en algunos casos se entreveran, que en otros se diferencian, que en unos países se vive de una manera – que brillante caso el helvético – y en otros se acaba a tiros – que lamentable caso el yugoslavo – que no existen fórmulas mágicas. Pero la tentación es grande. Y ahí – lo dejaremos para desarrollar en otra ocasión – el mito hace sucumbir a la razón. Aunque el mito sea el de la propia razón.

    Lo que hoy sabemos del cerebro humano, del pensamiento mágico y del racional, dista mucho, muchísimo, de la paupérrima intuición que podían tener en el XVIII los filósofos ilustrados sobre sus funciones y necesidades. Lamentablemente, hoy, desde más de un foro, se sigue argumentando con posicionamientos presuntamente “racionales” que conllevan la denostación de los también presuntos “irracionales”. Es evidente que son foros en los que el amplio espectro que va desde la ciencia médica a la antropología no se atienden. En consecuencia, se repiten y repiten las mismas especulaciones dieciochescas – admitidas ya como argumentos incontestables – sin darse cuenta que ya estamos en el XXI y que muchas “obviedades” de la ilustración, de la izquierda y del progresismo, igual requerían una revisión más que profunda. A guisa de ejemplo le diré que el racismo es un producto puro y neto de la ilustración, que en su momento y hasta el siglo XX incluso se defendió desde buena parte de la sociedad más progresista y que sólo, tras la abominación nazi, se rechazó abiertamente. Así que tomémonos la cosa con tila.

    Dice “los principios organizadores de los grupos no tienen porque estar basados en la identidad”. No, claro, tiene ud. razón pero considere que en el mismo momento en que un grupo de personas se constituye como grupo, lo que hace es diferenciarse del resto y al diferenciarse crea su propia identidad. Ergo, es consubstancial con el grupo diferenciado la existencia de una identidad diferenciadora. Por eso les decía que me da igual que hablemos de los aborígenes yanomami de la Amazonia o de la asociación papirofléxica de Zamora, todos tienen su identidad y se reconocerán con ella, da igual que sean unas plumas, un carnet, una lengua o una postura ideológica: es su identidad, es lo que los convierte en grupo diferenciado.

    Con todo, tampoco crea que la condición de ciudadano uno “se la gana”, mientras que ser valenciano, o corso, griego, beluchistaní, kemer, micronesio, boliviano, cafre, sudanés, hebreo, italiano o castellano “se nace”. Las únicas ciudadanías las “ganan” los emigrantes que quieren cambiar la propia porque, por el hecho de nacer en cualquier país, obtienes su ciudadanía (con unas excepciones jurídicas que ahora no trataremos y que son la excepción que confirma la regla), las identidades grupales no, el hecho de nacer en València no convierte a uno en valenciano. Aprovechemos a Tomás de Aquino, tomemos el argumento a contrario. Trate ud de deshacerse de la ciudadanía: no podrá, el Estado se lo va a impedir, hasta con una Alta Traición el Estado la fusilará pero no perderá su ciudadanía. Trate ud. ahora de dejar de ser valenciana: está chupado, deje de ofrecer públicamente los elementos con los que se identifica a los valencianos y nadie la considerará tal. ¿Sabe? He mantenido relaciones intensas con varios países en mi vida (Países Bajos, Túnez, Rusia y Argentina). Cuando se adquirió alguna confianza conmigo en todos ellos el comentario fue “pues no pareces español” Y es que mi comportamiento no respondía a la idea de “identidad española” que los españoles a propagado por el mundo. En fin, que esto no es tan fácil como parece. El ser humano es bastante más complejo de lo que algún simplismo llega a entender.

    Tan complejo es que su petición de una “argamasa anti-identitaria” lo que está haciendo es crear una identidad, la antiidentitaria. El problema, creo, no está en las identidades, está en quienes las niegan y en quienes las santifican. Dos rostros de la misma moneda, la de la intransigencia. El ser humano es un animal dinámico, mutable y convivencial. Aprende por si y por el intercambio con los otros… pero para eso ha de encontrar a los “otros”, ha de mirarse en ellos para saberse uno (autoestima), para aprender, para enseñar, para compartir. No hay pesadilla más tremenda que una humanidad uniforme, indiferenciada y amorfa. La biodiversidad no es sólo para las plantas y “los otros” animales, es para “todos” los animales, y ahí estamos nosotros, en nuestra especie la biodiversidad se llama identidad.

  34. Arnau Gómez

    Y a mi que Garci me recuerda las películas españolas de mi infancia:”Alba de América”,”Balarrasa”,Locura de amor” y un etc,producidas por la valenciana CIFESA (valenciana de capital y sede).Garci,salvo mejor opinión es el Juan de Orduña actual. Lo que no sé, es si hace películas al dictado o las hace por inspiración divina, que tanto da. Almodóvar es otra cosa.Es un cineasta manchego,que arremete contra aspas de molino. Lo que no sé es si cree que son gigantes y él, un caballero andante, salvador de doncellos y doncellas.A lo mejor cambia de personaje y se cree Dulcineo.
    Amenábar es el más cercano al prototipo de cineasta a la americana,pero sin duda el que hace películas más de mi gusto.
    No voy a entrar en debate sobre Joan Frances Mira,(Quico para los amigos).Pero aprovechando el premio otorgado a Juan José Millás, que ejerce poco de valencianao pero mucho de escritor, nos marcamos un buen debate sobre la literatura de autores nacidos en Valencia y alrededores.

  35. Kant

    Don Justo, perdone que no me refiriese a ud en mi anterior participación – que le dediqué en exclusiva a la sra. Chulvi. Se me fue la pinza, palabra. La edad, ya sabe… En fin, evidentemente, entré a ver el cartel que nos facilitó y desde luego encontré en su flamígera base un “nosequé” de Atlanta (o, mas bien Navalcarnero) en llamas que estuvo más por darme una carcajada que un ataque de furia. Donde naufrago es en la pareja protagonista que ocupa y define la imagen de la película que anuncia… disculpe… no siempre estoy inspirado… ¿qué pasa con ellos?. Le/s reconoceré que ella me parece una actriz de la nueva hornada salida de la TV pero ignoro su nombre, de él, lo siento, ni conozco el nombre ni lo reconozco por su efigie; la postura de ambos, eso sí, la veo más próxima a un novelón rosa, herencia de doña Corín Tellado, que a una narración épica, pero, bueno, el desafortunado cartel lo que anuncia es una desafortunada película, así que lo veo bastante coherente. Ensáñese ud. con él, venga, y enséñenos a los demás a verlo con sus ojos.

    Ah, por cierto, doña Berta, me sumo a la sugerencia del sr. Veyrat. Déjese al embaucador del sr. Lacan y adéntrese en el sr. Jung.

    ¡Hombre, don Pedro! Yo creo que en la tertulia sí se es consciente de que la diferencia de formatos – literario y cinematográfico – exige diferentes narraciones y, por ende, en una película (mediatizada por el tiempo) no “cabe” lo que cabe en una novela. La gracia del director de una versión cinematográfica de una novela (especialmente si es “gorda”) está, precisamente, en poder transmitir si no “el todo” del novelista, sí su “esencia”. Y, evidentemente, el sr. Garci no parece el más adecuado para trasladarnos al sr. Pérez Galdós. ¿Por sus simpatías políticas?… no lo creo, más bien por sus limitaciones profesionales. Es difícil que una escritura sanamente abrumadora, como la de don Benito, pueda compendiarse en manos de una mediocridad cinematográfica como el oscarizado director. Por otra parte, el sr. Garci hoy se postra como una alfombra ante la sra. Aguirre porque es doña Esperanza quien manda. Cuando manden otros, a otros pies se arrojará. Al tiempo.

    ¡Qué oportuno, don Arnau!… y qué acertado. Sí, coincido con ud en que don José Luis Garci es el trasunto de don Juan de Orduña en nuestros días.

  36. Alejandro Lillo

    Como en esta ocasión no he logrado seguirles, opinaré sobre lo único que puedo en estos momentos. Esto va para el cachondo de don Miguel (me he reído mucho con sus apreciaciones sobre Garci), para nuestro señor Kant, el gran David P. Montesinos, don Justo Serna y su gran, grandísimo debate sobre la ubicación de don Jose Luis en este post. Para mi la foto de Garci es terrorífica. Simplemente genial. Saludos.

  37. jserna

    Es evidente que hoy no he podido cambiar el post. Simplemente no he tenido tiempo material (¿qué será el tiempo inmaterial?). El martes por la mañana actualizo el blog como es debido.

  38. Arnau Gómez

    Tiempo inmaterial es, según mis asesores, la intuición a priori de la sensiblidad humana.¡Ya nos vale!

  39. jserna

    1. Dice el sr. Kant: “entré a ver el cartel que nos facilitó y desde luego encontré en su flamígera base un “nosequé” de Atlanta (o, mas bien Navalcarnero) en llamas que estuvo más por darme una carcajada que un ataque de furia. Donde naufrago es en la pareja protagonista que ocupa y define la imagen de la película que anuncia… disculpe… no siempre estoy inspirado… ¿qué pasa con ellos?. Le/s reconoceré que ella me parece una actriz de la nueva hornada salida de la TV pero ignoro su nombre, de él, lo siento, ni conozco el nombre ni lo reconozco por su efigie; la postura de ambos, eso sí, la veo más próxima a un novelón rosa, herencia de doña Corín Tellado, que a una narración épica, pero, bueno, el desafortunado cartel lo que anuncia es una desafortunada película, así que lo veo bastante coherente. Ensáñese ud. con él, venga, y enséñenos a los demás a verlo con sus ojos”.

    Le doy casi completamente la razón. La muerte filmada por José Luis Garci y las llamas que todo lo carbonizan repiten planos generales que, en efecto, son una cita explícita de Atlanta, o sea, de ‘Lo que el viento se llevó’. Y, sí, la pose de los protagonistas es un fotograma de inspiración ‘romántica’, es decir, de Corin Tellado: en general, de aquellas fotonovelas que leían mis primas cuando éramos niños. Con aquellas poses forzadas, con aquel énfasis: era como una película a la que le hubieran amputado planos y el metraje discurriese a saltos.

    2. Dice Arnau Gómez: “Tiempo inmaterial es, según mis asesores, la intuición a priori de la sensiblidad humana. ¡Ya nos vale!”. Muchas gracias por esta fina precisión.

  40. David P.Montesinos

    Yo sí creo que Kant consigue hacerse entender, otra cosa es que yo esté entre los que interpretan correctamente su discurso. La identidad no es, si le entiendo, necesariamente algo de lo que hayamos de desembarazarnos. Se habla de lo “identitario”, de “nacionalismos identitarios” y cosas por el estilo como si fuera necesariamente negativo participar de algún tipo de identidad colectiva. Lo realmente negativo son las identidades asesinas, es decir, aquellas que -sigo aquí la conceptualización de Amin Maloouf- llevan a los hombres a matarse por cuestiones de etnia, religión o patria. Creo además que tenemos razones para sospechar de los procedimientos de construcción de identidad colectiva, en la medida en que se articulan como tecnologías de poder destinadas a fabricar subjetividades domesticadas. El asunto que nos ha hecho reír en los últimos días -lo de Rajoy y el “coñazo” del desfile- puede ponernos sobre la pista de la impostura que significan himnos, banderas y selecciones nacionales… el hecho es que ni sus principales adalides se las creen, las alimentan porque les son útiles, pero ni ellos se las tragan seriamente. Las identidades no pueden construirse, se construyen solas, pero eso no significa que haya que descomponerlas. A veces creo que ahí el remedio es peor que la enfermedad. La uniformización que propone el colonialismo norteamericano, por ejemplo, se basa en ese principio, que todo es traducible a una lengua común de hamburguesas y películas de Van Damme, de tal manera que, ante ello, cualquier “rasgo cultural”, desde las vacas sagradas hasta el Ramadán o el cante jondo son obstáculos que hay que saltar. Tengo una alumna argentina a la que siempre hago leer en público. Un día se me acercó y me dijo que no le insistiera más en ello, que le daba vergüenza y que la gente se reía porque sus elles eras “eshes”… Le contesté que le hacía leer porque su acento me hacía soñar con Buenos Aires y con la Maga de Cortazar. Creo que la biodiversidad de la que habla Kant es un factor de inmunidad al virus de la uniformidad globalizada en la que cada vez estamos más inmersos. La diferencia es un desafío que nos inquieta, sí, pero el Otro -en tanto que se me resiste- es lo que hace fascinante mi vida. Como dijo Baudrillard, el Otro impide que haga proliferar mi Yo hasta la catástrofe. No, no creo que la identidad sea algo de lo que haya que liberarse, en todo caso hay que vigilar el uso que se le da y los discursos que en torno a ella terminan haciendo violencia.

  41. David P.Montesinos

    Que no se me olvide, querido Arnau, a Cifesa le tocó vivir una época dura, como usted bien sabe, pero la suya es una historia hermosa y, en algún caso, incluso heroica. Conozco a un anciano que trabajó durante dos décadas en Cifesa como guionista. Hay un trozo de nuestro pasado en aquella productora que merece la pena conocer, se lo aseguro. Hace dos años, un cortometraje dedicado a antiguos artistas vinculados a cifesa ganó un premio en la ciudad de Valencia. Me hizo llorar escuchar a ese hombre y a otro viejo actor, internado en un geriátrico, hablar sobre sus batallas de los años cincuenta y sesenta. Y esa gente amaba el cine como los Amenabar y compañía de ahora no sabrán jamás.

  42. Berta Chulvi

    Querido Sr. Kant y Sr. Veyrat

    Gracias por sus recomendaciones. Durante el tiempo en que viví en Ginebra (podríamo hablar largo y tendido de la ciudadanía helvética que admira el Sr. Kant…) me interesó Jung y su teoría de los arquetipos. Lo que ocurre es que entonces yo hacía mi tesis sobre le racismo hacia los gitanos (Sr. Kant sobre le racismo científico de la ilustración también podríamos hablar alguna cosa…) y la Teoría de las Representaciones Sociales de Serge Moscovici, el marco en el que yo trabajé, es, en el fondo una evolución más interesante – porque integra una descripción de los procesos de construcción social del pensamiento colectivo- que la de los arquetipos jungianos. Recientemente este psicológo social incorporó el concepto de “themata” que todavía tiene una conexión más clara con el de arquetipo de Jung, y que me sigue resultando más interesante. De todas formas si el tiempo lo permite volveré algún día sobre eso… Respecto al funcionamiento de los grupos y mi defensa – según el Sr. Kant- de una nueva identidad “antiidentitaria” no he debido de explicarme bien. Quizás algún día haga el esfuerzo de volver sobre estos temas en mi blog, pero de momento tienen demasiado coste personal: 10 años reflexionando sobre las relaciones intergrupales son demasiados ¿no creen?. Mis disculpas por el abandono, Sr. Kant.

  43. Juan Planas

    La tribu humana siempre ha sido una y sólo una. Lo demás son zarandajas de mucho peso y todavía más inercia, que no merece la pena intentar explicar aunque sí, tal vez, comprender. No resulta muy difícil simplificar un tema con tantas líneas de fuga. Obviaré, pues, el rosario de inclemencias que nos han sucedido -y las que nos aguardan- a lo largo del tiempo, y muy especialmente con las transformaciones -ah, la supervivencia, esa exigencia matriz, es decir, animal o biológica- que fueron debilitando el nomadismo inicial hasta hacerlo desaparecer en aras de la edificación de fronteras y, de inmediato, el establecimiento de leyes locales, de costumbres, de creencias y de mitos, es decir, a la mi(x)tificación de las etnias y demás estulticia social. La vida reducida a un contrato… ¡Qué gusto da prenderle fuego a ese pergamino!

    No es el actual, creo yo, un mal momento -ya puestos, según parece, en plena globalización- para reivindicar el nomadismo perdido…

    PD.- Por supuesto yo nunca me he sentido mallorquín, ni valenciano ni español, más allá de mi voluntad intrascendente y aleatoria de querer serlo o dejar de serlo. Y hablo en serio:-)

    Pero sigo, y ya deslizándome, aunque de refilón, sobre el hecho literario, quizás uno de los mayores esfuerzos para plasmar este fenómeno, en toda su dimensión épica, lo hizo Pound -sobre quién no hace falta extenderse aquí mucho- en su poema de poemas “Los Cantos” -que ya citó, con su acostumbrado acierto, don Miguel- remedando la aparente pluralidad y diversificación del hombre (o de la tribu humana, no sea que don Kant nos agasaje o avasalle con su modesta cruzada personal:-) con un texto único y singular que, con vocación enciclopédica, se atreve a reproducir, consiguiéndolo, la aparente pluralidad y diversidad del conocimiento humano en la lengua original en que fue concebido y, después, plasmado. Ese puzzle –inteligible y así, socialmente peligroso- es, con exactitud, lo que somos, pero me refiero al todo completo y no, desde luego, a la parte que nos pueda parecer más pertinente y próxima y afín y hasta quizá “nuestra”.

    Nuestra única propiedad es saber que, robemos lo que robemos, lo acabaremos perdiendo todo. Qué bien. Buenas noches.

  44. Kant

    Me sobrevalora ud, don David. Como ve, me expresé con la suficiente incorrección como para confundirlo. Su discurso lo comparto por completo, si acaso, debiera matizarle su inicio no sin antes disculparme por haberme expresado incorrectamente en mi anterior intervención. No quise decir que la identidad deba ser algo de lo que nos debamos desembarazar, me refería a que si una persona quiere desembarazarse de una identidad, puede hacerlo, vamos, por decirlo apresuradamente: que la identidad no es inmanente a nadie. Salvo por eso, sí, suscribo cuanto apunta, sr. Montesinos.

    Doña Berta, sólo un matiz sin importancia sobre el sr. Jung con el que estoy convencido que el sr. Veyrat coincidirá conmigo: don Carl Gustav abre bastante más su ángulo de visión y curiosidad que la parte que dedica a los arquetipos, tal vez lo más conocido (y peor tratado por terceros) de su obra. Piérdase en él, en esa parte no tan conocida de su obra, y seguro que lo disfrutará. Por mi parte, le agradezco profundamente su información sobre los trabajos del sr. Moscovici, los desconocía. Los tendré en cuenta y estudiaré, muchas gracias, es muy interesante lo que nos adelanta de él. Otrosí, mi conocimiento de Suiza me temo que es muy perentorio, se limita a un largo y tormentoso – aunque innegablemente divertido – noviazgo con una joven ginebrina que me transmitió, y pude ver “in situ”, durante más de dos años una visión de la Confederación; y, si me lo permite, con todas sus imperfecciones – obra humana es – me sigue pareciendo un modelo más sensato que, ayer, Yugoslavia y hoy Bélgica (por no entrar en la lección que le dió a la humanidad entera la antigua República de Chescoslovaquia). Ítem más, sin duda tendré un inmenso placer en hablar con ud. sobre el racismo científico ilustrado, di mis primeros pasitos en el tema en la Anne Frank Stichting de Ámsterdam y la acertada maestría de don Floreal Palanca Vinué completó mis estudios en la materia. ¡Ah! y un error mío: habrá leído “ut supra” en mis palabras a don David que no siempre logramos escribir lo que pensamos ni leer lo que el otro escribió, así que cuando le leí a ud: “Es sólo una intuición pero creo que como sociedad nos va la vida en la tarea de buscar la argamasa anti-indentitaria que haga funcionar a los grupos humanos” interpreté que su propuesta era la de la identidad antiidentitaria (que no sé si es lo que nos dice el sr, Planas… igual también me equivoco), en fin, disculpe mi precipitación. Con todo y por último, creo que en algún momento expresé que entendía la participación en el “blog” de don Justo como una experiencia gratificante para los contertulios; que ello no negaba las divergencias e incluso las controversias, ojo, pero que, a la postre, era un lugar donde poder intercambiar ideas y experiencias obteniendo de ello algún beneficio – ¿o los humanos no somos “oeconomicus”? – así pues considero que ningún esfuerzo debe acometer que no le suponga una gratificación y si se considera harta de la cuestión de las relaciones intergrupales, señora, no se preocupe en absoluto, yo nada le voy a tener que disculpar porque soy el primero al que le repugna el displacer gratuito, por ende no considero que abandone el campo. Cuando le apetezca, y no antes, tomamos la cuestión. A su disposición, entonces.

  45. ¡Aúpa Murat1

    En mayo de 1808 la roja y amarilla era sólo el pabellón de la Armada y de las defensas costeras. Madrid se halla a cierta distancia del litoral más cercano, para decirlo finamente. ¿Me podría explicar alguien qué puñetas hacen los alzados madrileños de mayo de 1808-más por Fernando VII que por el liberalismo de postal que jalean ciertos palmeros aúlicos de espe Aguirre, me temo- ondeando banderas rojas y amarillas? Es de risa. ¿O es que la tradicional escarapela roja española de la época le parecía demasiado rojeras a la “liberal” Espe Aguirre?

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