Actualidades

0. Actualidad… De principio a fin son cinco los puntos numerados que aquí trato. De la Actualidad del Periodismo a la Actualidad de Galdós. ¿Y qué tienen que ver todas esas cosas que abordo? Hay una misma noción que se impone en el discurso contemporáneo, la de la actualidad: esas novedades que nos cambian y que sería una lástima desconocer. La idea de actualidad nos ha transformado, en efecto; y, desde hace un par de siglos, los occidentales vivimos con las urgencias de lo novedoso, con la última mejora o con el penúltimo desastre.
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1. El periodismo se ha encargado de dar cuenta de esas novedades, de ceñirlas bajo la rúbrica de Actualidad. El reportero salía a la calle, buscaba sus fuentes, daba con el hecho o con los vestigios del hecho, se documentaba, contrastaba sus informaciones y después redactaba el cuerpo de la noticia, aquello que merecía ser conocido. De un tiempo a esta parte, indico en “1. Actualidad del Periodismo”, esa tarea decae viéndose frecuentemente reeemplazada por los gabinetes de prensa. La información discurre pero, como en las guerras, está controlada por la fuente emisora. Expongo un caso concreto a partir de mi artículo en El País.
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2. Internet es una vía de creación y de difusión. De rumores, pero también de noticias. De información que los periódicos no siempre contienen. La intercomunicación digital facilita un trasvase de datos como nunca antes habíamos soñado: nos cambia la percepción misma de lo cercano y de lo lejano; nos cambia la noción misma de fuente; nos cambia el sentido mismo de la producción informativa; nos cambia la idea misma de corresponsalía. ¿Quién es hoy el receptor de las noticias por vía digital? Hay blogs que crean opinión, pero sobre todo hay blogs que distribuyen información restringida. En el punto “2. Actualidad de Internet” se compara precisamente la llegada del primer convoy ferroviario con la irrupción de la Red. Las consecuencias son profundas: están cambiando nuestros marcos de referencia. Otro día volveremos, por ejemplo, sobre la wikipedia o sobre Google.
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3. El historiador, como el periodista, es un profesional que pone en orden un conjunto de datos y que jerarquiza las informaciones que reúne. Husmea en los archivos, pero rastrea también en el presente: busca y observa los numerosos vestigios materiales e inmateriales en los que se manifiesta lo que queda del tiempo pretérito. ¿Pero por qué es interés por el pasado? ¿Por exhumar algo distante que nos es completamente ajeno? No exactamente: en realidad, el historiador busca huellas o testimonios de otro tiempo para explicarse por qué somos distintos…, ahora. ¿Qué es lo que nos distancia de nuestros antepasados? Hasta la Roma clásica somos capaces de ir si esos vestigios supervivientes nos sirven para interrogarnos sobre nosotros mismos.
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4. y 5. En “4. Actualidad de Juan José Millás” y “5. Actualidad de Galdós” me pregunto sobre la ficción y la realidad, sobre la recreación que los novelistas hacen de lo sucedido. Pero me pregunto sobre todo por una razón: por cultivar el periodismo ambos novelistas, cada uno con sus méritos respectivos. Salvo cuando se abandona al expediente fácil, Millás domina como nadie la columna, que es la fuente de su imaginación breve y eficaz. Por su parte, Galdós fue, a su manera, un maestro del reporterismo (que José Luis Garci no consigue resucitar en su versión cinematográfica). ¿Un maestro del reporterismo? Ahora que lo pienso dediqué un pequeño artículo al Galdós periodista, a ese autor capaz de abordar con inteligencia e ironía el suceso, el acontecimiento: el crimen de la calle de Fuencarral, por ejemplo. Como ven, la actualidad es el hilo conductor. El resto lo ponen ustedes.——————
 1. Actualidad del periodismo.  Miércoles sí, miércoles no, aparece mi columna en El País. En esta ocasión trato de la prensa, del deterioro de la prensa y de su reemplazo por los gabinetes de comunicación. Hay numerosos ejemplos. He preferido centrarlo en un caso local. Mi artículo, titulado “Cromos repetidos“, dice así:

 

Hacia 1982, yo remitía notas de prensa desde la Capitanía General en la que estaba destinado. Como no era buen mecanógrafo me habían encargado labores de menor brillo: debía hacer de ordenanza, de oficinista y de reportero en aquella covachuela. Redactábamos, archivábamos y enviábamos escritos breves a los periódicos locales informando de juras de bandera, de paradas militares. ¿Cómo redactarlos si uno no había asistido a los actos de ésta o de aquella localidad? “Muy sencillo, soldados´´decían. Con imaginación. “Del archivo sacáis el expediente del acto que se celebró el año pasado en esa población. Copiáis la nota de prensa, modificáis dos palabras, los nombres propios y ya está”. Fantástico.

Se trataba de alterar la sintaxis con sinónimos: de darle a la expresión un tono levemente imaginativo y patriótico. Recuerdo haber mandado un bonito texto sobre la renovación de jura de bandera del pianista Campuzano en Dos Hermanas. Yo estaba contento como un niño. No habíamos asistido al acto pero, ah amigos, qué imaginación, qué exaltación, qué fantasía. No hacía falta personarse en la plaza para saber qué había ocurrido: los actos se repetían y el nuevo desfile era un remedo del anterior. ¿Un embuste? Yo no lo llamaría así. La realidad era un ritual que no debía alterarse, un espectáculo de retórica predecible y fantasiosa a la vez: como un relato infantil.Pero no es eso lo que quería decirles. En realidad, aquellas lecciones de periodismo modestísimo me sirvieron para constatar algo insólito: hay reporteros que, si pueden, no trabajan, gustosamente reemplazados por gabinetes de prensa más o menos eficaces. La sección en la que yo estaba destinado producía numerosas notas: notas que los periódicos repetían como si fueran de elaboración propia cuando, de hecho, no eran más que fantasías de soldados, prosa de archivo.
Regreso a 2008. Tengo la impresión de que ese periodismo ancilar se repite en algunos diarios, pero ahora con las fotografías. Llevo meses viendo instantáneas del consejero valenciano de Inmigración, Rafael Blasco, en distintos periódicos. La pose siempre es la misma: el político, jovial y solidario, mira el objetivo de la cámara rodeado de extranjeros o voluntarios, de inmigrantes o cooperantes. Dada su corpulencia física, el consejero domina la foto: hecho un cromo, como un pincel, Blasco se adueña de la imagen. La verdad es que durante meses pensé que esas instantáneas las mandaba algún empleado de su gabinete: una manera de adelantarles el trabajo a los periodistas comodones, incluso haraganes.
Días atrás, la impresión de artificio aumentó: en dos periódicos distintos, Abc y El Mundo, y en fechas diversas (7 y 10 de octubre) aparecía la misma foto, sin autor y con pies diferentes. En una se decía que Blasco estaba rodeado de estudiantes de la Universitat Jaume I; en otra se indicaba que quienes se fotografiaban eran representantes “de distintos colectivos de jóvenes de la Comunidad Valenciana”. ¿Un error? ¿Dos campañas diferentes? No sé. Lo que sí sé es que las personas retratadas parecían comparsas o figurantes de decorado: todos muy compuestos. Vistas ahora las fotografías de fechas anteriores, esas poses tienen también el mismo aire de campaña, de orquestación. No sé: imagino a periodistas de la consejería redactando aplicadamente ambas noticias, con empeño escolar, e imagino al retratista repartiendo provechosamente los cromos repetidos. ¿De verdad son como niños?”. Hasta aquí, mi artículo.
 
A lo que parece, la Consejería reparte cromos de Rafael Blasco y, como digo, las poses siempre son las mismas. Por ejemplo, echen un vistazo a esta fotografía de febrero de 2008.
Rafael Blasco aparece en la imagen superior rodeado de inmigrantes ucranianos. La foto se la hace el consejero de Inmigración y Ciudadanía con motivo de la reunión que en febrero de este mismo año tiene para la firma de un convenio de colaboración con una asociación ucraniana. Según el pie, dicha instantánea es responsabilidad de la Generalitat, o sea, que es la institución la que la distribuye. Reuniones de esa índole ha habido muchas y, por ello, ha habido motivos  para retratarse. ¿Razón suficiente para que el consejero esté orgulloso de su actividad? Lo que llama la atención es que toda firma de convenio, mayor pero también menor, toda reunión y toda promoción sea motivo de fotografía que se reparte a los periódicos con la leyenda íntegra de sus contenidos. Hay uno, dos, tres… periódicos que obedientemente reproducen esas notas de prensa, siempre justificadas con alguna imagen que a los periodistas les viene de perlas para ilustrar la noticia que ellos no acaban de dar.
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 2. Actualidad de Internet. “Imaginemos qué pudo suponer el tren para los europeos del siglo XIX, para aquellos que vieron por vez primera un convoy ferroviario, una máquina humeante, vagones que transitan por un camino de hierro. Jamás se había visto algo así. Por un lado era un gran avance que podía materializar esos sueños milenarios de libertad de movimientos, un adelanto que podía incrementar la interconexión, las relaciones de los distintos y extraños; por otro, precisamente, alteraba la seguridad de lo obvio, de lo heredado, una auténtica irrupción de lo externo en las ciudades históricas, frecuentemente amuralladas. Ya no hay barreras, decían los más optimistas; ya no hay confines, ya no espacio, por alejado que esté, que no se pueda franquear.   

 
  Todo un Continente se abría al tránsito y obligaba a los contemporáneos a cambiar sus modos de mirar la realidad. Es ya un tópico asociar el impresionismo y el ferrocarril: la velocidad que podía alcanzar la maquina de vapor aplicada al transporte no sólo era un logro material; era, particularmente, un cambio en la percepción del paisaje, en la idea misma del tiempo, de lo accesible, de lo distante. De algún modo, para nosotros, Internet tiene consecuencias tan profundas como las del ferrocarril para los europeos del siglo XIX. Nos altera la percepción y también nos modifica la idea del tiempo, de lo accesible, de lo distante”.
 
 
 
 
 Con estas y otras palabras empezamos Anaclet Pons y yo mismo la introducción al dossier que hemos dedicado a Internet, la cultura digital y los libros en  Pasajes. Revista de pensamiento contemporáneo (núm. 27, otoño de 2008). Si se fijan, no comparamos la red con la invención de la imprenta, que es el recurso habitual, sino con el tren como novedad técnica que revoluciona no sólo el transporte, sino también la comunicación humana, la recepción de lo extraño, la percepción de lo diferente. El ferrocarril es portador de bienes y mercanías, de pasajeros, pero sobre todo él mismo acarrera y difunde las novedades que a tantos deslumbran. El ingenio ferroviario conmociona y atemoriza, despierta expectativas de comunicación y apertura y, a al vez, amenaza. Con Internet estamos asistiendo a un trastorno de las evidencias, de los marcos de referencia y de las maneras de representarnos el presente y el pasado. La historia misma. ¿Qué es lo cercano, lo accesible, lo archivado, lo real, lo pretérito, lo actual?

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 3. Actualidad de la Historia. Por impartir una asignatura dedicada a la Historia del mundo actual, no podía dejar pasar una breve reflexión sobre esos conceptos que sirven de rótulo a una materia que a muchos les parecerá evidente. No lo es. Para empezar hay que desfamiliazarse. Lo obvio, mirado de cerca, con detenimiento, con detalle, empieza a ser extraño, revelador, significativo.

 ¿Qué conceptos son esos de Historia, mundo y actualidad, puestos en relación sin que su vínculo sea evidente? Convenimos en que la historia es rastreo del pasado, la exhumación de sus fuentes con el fin de documentar hechos que perduran y que aún nos intrigan o conmueven, que todavía nos afectan o influyen. Porque la historia bien fundada, en efecto, no es el seco interés erudito por un mundo cronológicamente desaparecido o geográficamente distante, algo lejano por lo que ya no tendríamos interés. Por ejemplo, Roma y su cultura, su organización y sus avances civilizados, siguen estando en el centro de nuestras preocupaciones. Roma, en fin, me sigue ocupando porque en sus historias apreciamos conductas que perduran, vestigios de lo que ahora somos. Les invito a visitar un blog, el de Isabel Barceló, en el que se rememora ese pasado romano con inspiración y conocimiento, con audacia creativa, acercando al presente lo que al presente mismo pertenece.  

O pueden leer un libro documentado y divertidísimo, de Terry Jones y Alan Ereira, titulado Roma y los bárbaros. En algún momento, sus autores se preguntan “qué aspecto habría tenido el mundo si, en vez de amamantar a Rómulo y Remo, la loba los hubiera devorado. ¿Cómo habría sido todo de no haber existido Roma? ¿Qué habría sucedido si únicamente hubiera habido bárbaros?” Los autores de esas preguntas, inspiradas en el humor de los Monty Python, se interrogan, se basan en la erudición para mejor entenderse. Se formulan desde la historia virtual pero su objeto es la historia comparativa. Lo virtual, lo comparativo. Así es: porque el objeto de la historia no es conocer lo distante, sino averiguar qué nos hace distintos, qué nos separa de los antiguos.

En realidad, los historiadores tratan sus objetos con el mayor interés, con la mayor cercanía. Es una estupidez pensar que abordamos el pasado desinteresadamente. Es necesario tratarlo con rigor, con esfuerzo documental, valiéndonos, sí, del ideal de la imparcialidad. Pero el mundo que estudian los historiadores es el entorno propiamente humano, intersubjetivo, ese espacio de relaciones, percepciones e intervenciones en el que los individuos nacen, crecen y maduran: esas relaciones, percepciones e intervenciones se dan en un espacio local o universal cuyos límites no siempre están claros. ¿Cuál es el contexto de las acciones humanas? Pensamos que lo cercano es la circunstancia, pero lo universal o lo distante influyen de modo diverso sobre lo local. Ahora, en el tiempo de la globalización, pero también en épocas anteriores: por ejemplo, en aquella Roma que conquistó el mundo en defensa propia… La actualidad, en términos aristotélicos, es aún una realidad que se materializa, que se convierte en acto. Aquello que estaba como posible, como probable, como meramente eventual, se consuma adoptando una forma que estaba por definir. Pero lo actual suele tomarse también como lo que está sucediendo o teniendo efectos. Roma es actual, la Revolución francesa es actual: o, como decía aquel mandatario de la China comunista al que le preguntaron sobre 1789, la Bastilla está demasiado cerca para hacer un balance definitivo de sus efectos. Más aún, no hay balances definitivos: cada generación, cada grupo humano, debe saldar cuentas con lo pasado porque esos efectos varían y lo presuntamente muerto regresa en acto para afectarnos nuevamente.

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 4. Actualidad de Juan José Millás. El autor de El mundo ha recibido el Premio Nacional de Narrativa. Esta novela es una de las últimas obras que leyó mi padre. Se la recomendé pensando en sus preferencias literarias. Le dije: trata de una infancia que no es la tuya pero recrea un mundo al que tú perteneciste; no es un volumen muy extenso y aborda con humor y ternura la vida urbana, la de barrio, en aquella posguerra inacabable. Los tipos humanos te serán reconocibles.

En dicho libro, Millás combina bien la autoficción con la soltura del columnista: esa habilidad tantas veces demostrada para recrear el ángulo exterior de la realidad inaprensible. El autor sabe hacerlo con datos materiales, con información contrastada, con pormenor verificable; pero también con los artificios de quien inventa historias llamadas novelas. 

No siempre me gusta el Millás columnista. Sin ir más lejos: días atrás, el autor perpretó un artículo contra Esteban González Pons. Se le fueron la mano, la ira y el rencor contra alguien que frecuentemente busca la bulla y la bronca, contra alguien que parece merecer los varapalos. No niego que el personaje puede hacerse antipático y sobre él ya me pronuncié, cuando el político popular tenía un blog. Pero el mejor Millás, el mejor observador, no necesita el vituperio. Eso, al menos, es lo que yo veo  cuando he leído sus textos más logrados:  como articulista y como novelista. Así lo creo (véase mi página dedicada a Juan José Millás).

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5. Actualidad de Galdós. En  el blog de Eduardo Laporte sigue el debate sobre José Luis Garci. Sobre la fidelidad y calidad de la adaptación que el cineasta hace de Pérez Galdós. En dicha bitácora, quien firma como Mario Moliner sostiene: ”Discrepo en extremo. Acabo de ver la peliculita de marras de José Luis Garci y me ha parecido una deliciosa adaptación -libérrima, diría alguno- de los textos de don Benito. Una película familiar, entrañable, que recuerda a don Carlos Dickens, con esas chicas guapetonas que alegran la vista de los ojos demasiado tristones y esas estupendas batallas que rememoran con fidedigna recreación las penas que sufrió nuestro pueblo madrileño en tan difícil tesitura: conservar la honra patria pero expulsar los aires de renovación, oh, cuán cruenta circunstancia. Recomiendo vivamente asistir al cinematógrafo a ver este magnífico filme”. No puedo estar en mayor desacuerdo.  

Garci aparenta ser un retratista antiguo, aunque en el fondo altere y retoque para fines actuales. Y así lo he hecho constar y aquí añado… ¿Es Sangre de Mayo “una deliciosa adaptación”? En todo momento tenemos la impresión de estar asistiendo a teatro filmado, sin movimiento, con declamación enfática. Pero podemos convenir en que la factura técnica de la película no es exactamente reprochable. Como dijimos aquí, los actores salvan el film y la dirección de actores es lo menos criticable. Pero la ideología y el punto de vista estropean grandemente la película. Y ahora añado algo más. La novela está narrada en primera persona, con un tono zumbón, por Gabriel de Araceli. Los avatares nos los relata, ya anciano, hacia 1873, con gran escepticismo y su punto de tristeza, claro. En cambio, la película de Garci está contada en tercera persona con la perspectiva de Gabrielillo, un Gabrielillo que muere fusilado en Moncloa por las tropas napoleónicas para así dar realce patriótico a la historia: cualquier atisbo de ironía –que hay en Galdós, por supuesto– ha desaparecido en Garci. ¿Una deliciosa adaptación?

47 comments

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  1. Eduardo Laporte

    Apunto la recomendación sobre El mundo. Hablando de Millás, hay que reconocer que se trabaja la columna, casi con cincel a lo Fidias. De sus columnas se ha hecho incluso un espectáculo teatral. Hay que reconocer su meritoria torsión intelectual hasta sorprender a sus muchos lectores y admiradores. Hay muchas muy buenas. Pero otras, y a veces parece que son mayoría, vuelven con insistencia sobre ciertos personajes: Rouco Varela, la COPE, Acebes, Zaplana, Esperanza Aguirre y, como apuntas, Esteban Glez. Pons, quien parece el nuevo abonado a esos dardos columnísticos. Esas fobias insistentes pueden tener su gracia pero denotan un odio visceral que quizá en El mundo se explique. Algún conflicto de tipo personal con algún cura del colegio, profesores reaccionarios o, simplemente, que su vivencia del franquismo se le estomagó enormemente.

  2. jserna

    La crítica política se le da muy mal a Juan José Millás. No es que no tenga razón en muchas de sus invectivas: es que no encuentra la forma mesurada y elegante de alancear al adversario. En cambio, cuando se pone en clave personal, kafkiana, cortazariana, es espléndido. Eso sí: siempre que sea de período corto: sus ‘articuentos’ son el mejor ejemplo. Si la novela se le alarga, Millás parece perder la chaveta (en el mejor sentido) y la estructura narrativa (en el peor sentido).

  3. Eduardo Laporte

    Hay escenas -como la de del interior de la tasca justo cuando se fragua la pelea- que chirrían por su estética de teleserie de sobremesa. Se valora ahí la profesionalidad de los actores para intentar hacer verosimil una escena que tiene, como dices, mucho de teatro filmado. Igual a algun nostálgico como Moliner eso le ponga, cada uno con sus filias. Tiene un aire sí, no sé si de Dickens, pero sí de serie inglesa en plan “Arriba y abajo”, series por cierto con presupuestos mucho más recortados que los que aquí había.

    Son bonitos en cambio los paisajes de exteriores, el San Lorenzo del Escorial, con unos filtros que dan cierto toque añejo a la película. El resto es una estética en la que Gil Parrondo se esmera, pero que no puede evitar ese sabor a telefilm de sábado por la tarde, a película de los ochenta o noventa, que pasa por alto innovaciones en el cine de acción como las que trajo “Salvar al soldado Ryan” o “La delgada línea roja”, por ejemplo. Quizá Garci es de otra escuela, vale, pero no podemos dejar de señalar su desfase.

  4. Kant

    Un inciso, por favor: sra Chulvi, sr Montesinos: unas brevísimas observaciones mías con mis disculpas en el “post” anterior. Gracias.

  5. Eduardo Laporte

    Y por cierto que con esta peli me pasó como con “La isla del desierto”. ¡La acción llega demasiado tarde! Va uno preparado para ver desgarradoras batallas callejeras (el título ya predispone), con manolos enarbolando navajas y degollando franceses (no diré gabachos, que lo soy a medias), pero resulta que solo un 10% de la peli retoma eso. Pensé que la cosa iría más en la linea de Pérez Reverte y su “Día de cólera” pero, en cambio, nos encontramos con subtramas palaciegas y toda la historia del Gabriel-criado (¿es necesaria?) que dilatan y retrasan el avance de la historia. Y la historia del ávaro Requejo (o Requena, no recuerda) que interpreta con gracia Miguel Rellán?? Qué tiene que ver todo eso con el Dos de Mayo, con la Guerra de la Independencia? Se mezcla el folletín con la recreación histórica y, la verdad, queda un resultado, como ya se ha dicho más de una vez, de mesa camilla. De Barrio de Salamanca. De señoraza que compra merengues en Mallorca de Serrano. Y paro que estoy desvariando y perdiendo la moderación afrancesada. Bonjour.

  6. David P.Montesinos

    No, no, Kant, no entendí que usted dijera que debíamos desembarazarnos de las identidades, al contrario, mi post pretendía suscribir su intervención, aunque dudaba de haberle entendido exactamente. Hecho el inciso, sigan con Millás… nos interesa leerles.

  7. Arnau Gómez

    Juan José Millas es un escritor que justifica sus carencias con su sorna y sus alanceamientos, de los que no sé salva nadie,salvo los que le caen simpáticos, que deben ser pocos.Claro que cuando el personaje que lleva dos rejones en todo lo alto no nos cae simpatico, celebramos el rejoneo con aplausos y salida a los medios con las dos orejas.Así de sectaria es la crítica política.¿El premio que le han dado?.Tal que así como el Nobel,que tampoco sabemos porque a ese escritor concreto.Siento comunicarles que del último Nobel de Literatura no conozco nada,ni su nombre me sonaba (Jean-Marie Gustave Le Clézio).Tampoco me sonaba Orhan Pamuk. Leí “Estambul” y me aburrió,cosa que no suele ocurrirme con este tipo de estilo literario.No se irriten conmigo demasiado por mis desconocimientos y mis aburrimientos.Tampoco soy un experto. Lo mío es ayudar a que el cerebro no se deteriore o,al menos, que su deterioro no sea irreversible.Desgraciadamente, no siempre lo consigo.
    Lo que no entiendo del premio y su noticia, es porque a Millas se le califica de “valenciano”,que no tiene nada que ver con sus capacidades literarias.¿O sí?

  8. Kant

    Aclarado queda, don David.

    Una vez leída la cita de don Mario Moliner en el “post” de don Justo sobre la adaptación cinematográfica hecha por el sr, Garci de la obra de don Benito casi, casi, fui a corroborarlo. No hablo de oídas. Pero me contuve. Confío más en la opinión de don Justo que en darle una oportunidad a este tristísimo director.

    Digo esto – y me ratifico cuantas veces fuere necesario – a colación de la última intervención de don Arnau en la que pareciera que no le estaba permitido aburrirse con algún ladrillo laureado o que dudaba a la hora de expresar su disgusto, al menos parcial, con algún escritor nacido en València. ¡Por todos los soviets!, en el mercado de intangibles – del que entiende el marketing de servicios, actividad comercial de la cual alguna vez les he hablado (y discutido con doña Francisca… Fuca para uds.) – la calidad estriba en la percepción subjetiva del consumidor. Y si hablamos de cine y/o de literatura qué mejor campo intangible para potenciar y regodearse en el propio gusto, el de nuestra subjetividad.

    Supongo que, por ejemplo, a don Jean-Marie Gustave Le Clézio lo conocerá el sr. Veyrat – yo tampoco, desde luego, sr. Gómez – y probablemente, llegado el momento, nos podrá hacer una amenísima disquisición sobre el fondo y la forma – si las hubiese – del artista, pero don Miguel, prudente, no saldría del campo académico, no entraría en el del consumo. Creo que lo que nosotros, los aficionados, podemos disfrutar de una obra lo hacemos – salvo en contadas ocasiones que incidimos por esa parte académica, erudita, y que la verdad sea dicha, interesa sólo a los iniciados, no al público general – desde esa posición de ser quienes pagan un dinero por un libro, un CD, una entrada y desean gozar con lo que reciben. Así pues, a mi el sr. Graci me parece un gaznápiro y no hay razón humana que me objetive lo contrario, es “mi” percepción. Y eso vale para cualquiera que entre en un mercado y ofrezca sus obras para ser adquiridas (aquello del “ars gratia artis” quedó para orlar a un león y poco más) porque al hacerlo, cada uno de los compradores potenciales evalúa la rentabilidad de su gasto. “Homo oeconomicus” decía de nuestra especie y por ahí va la cosa.

  9. Eduardo Laporte

    Me fascinó y aturdió la columna que dedicó Luis Maria Ánson a don LeClézio justo el día después en que le concedieron el Nobel. En “El Mundo” de Pedrojota. No recuerdo si llegaba a decir que había leído libros suyos (los pocos publicados en España) pero desde luego hablaba con una propiedad y un conocimiento sobre los gustos sobre los pueblos primitivos e indígenas de LeClézio que quitaba el hipo. Lo peor de todo es que hasta lo conocía, y no iba de farol.

  10. jserna

    1. Le confieso, sr. Gómez: yo no he leído a Le Clézio. No deberíamos lamentarnos por ello: el plan de lecturas me lo marco yo, no la Academia sueca. Yo he leído insistente y frecuentemente ‘casi’ todo Borges y la Academia olvidó premiarlo. Hay que leer lo que nos mejora o aquello que, siendo malo, nos hace más inteligentes. O, como nos recordaba Enrique Vila-Matas citando a Jules Renard, “hay grandes escritores y escritores buenos. ¡Seamos de los buenos!” Yo prefiero leer a los buenos (dejo los grandes para las grandes ocasiones, precisamente). Prefiero leer lo que es bueno. Pero, como tengo estómago,no le hago ascos al ‘fast food’ intelectual. Aquí hemos comentado libros horrorosos con los que hemos disfrutado. Así, a bote proto, recuerdo uno de Curry Valenzuela: ‘100 personajes que hunden España’. Aunque, ahora que lo pienso, sí que acabó indigestándoseme.

    https://justoserna.wordpress.com/2007/07/09/lecturas-indigestas/

    2. Le confieso, sr. Kant, que me empiezan a preocupar nuestras coincidencias. Estoy de acuerdo con su último comentario en un 97% de lo dicho.

    3. El sr. Laporte dice a propósito de ‘Sangre de Mayo’: “toda la historia del Gabriel-criado (¿es necesaria?) que dilatan y retrasan el avance de la historia”. Es que, como usted bien dice, la inspiración en Galdós no puede dar el mismo resultado que en Pérez-Reverte. La dilatación de la trama está en Galdós.

    Últimas noticias: mañana, más Actualidades en este blog a partir de mi artículo en El País

  11. Miguel Veyrat

    Sólo dos apuntes, por alusiones el primero: No he leído a Le Clézio, ni creo que lo haga. Creo haber dicho hartas veces que no leo ya narrativa, por falta de interés y de tiempo. Sólo poesía y ensayo me hacen disfrutar y aprender. Y sobre los pueblos primitivos prefiero leer a los antropólogos culturales. En cuanto a Millás, muchacho con buena pluma y mejores padrinos, siempre me ha parecido un artista fallero. Eso sí, bastante bueno en la caricaturización de sus objetivos, absolutamente subjetivos empero. Dejé de leerlo en los periódicos por hartura de la exhibición patológica de sus vísceras.

    A doña Berta y don Kant —y a todos ustedes, por supuesto— recomiendo que se hagan enseguida con la bellísima publicación (y sin embargo barata) del que fue catedrático de psicología de La Sorbona Daniel Lagache, titulada “El Psicoanálisis”, que acaba de sacar el psicoanalista y editor sevillano afincado en Mallorca José Luis Reina en la colección de ensayos de “La Lucerna”.Fundó Lagache con Lacan en 1953 la “Societé Française de Psychanalyse” que se disolvió pronto por falta de acuerdo. Presidió después y hasta su muerte la Asociación Psicoanalítica de Francia. El libro de este gran clínico destaca sobre todo por su objetividad, rigor científico y claridad expositiva en su recorrido por la historia y principios del Psicoanálisis, al que que considera sobre todo “un arte que se esfuerza en comprender y modificar fenómenos irracionales, pero que es un arte racional, fundado en conocimientos positivos”. Imprescindible en los escarceos de debate mantenidos hasta ahora, como base para futuros encuentros…

    Considero apasionante la interpretación de Justo y Anaclet Pons sobre Internet como elemento colonizador al modo que fueron en su tiempo las calzadas romanas y más tarde el ferrocarril. En ese convoy viaja ahora posiblemente el único elemento válido para preservar la libertad de información que nos queda. Ya hablaremos.
    Tengan ustedes muy buenos días ;-)

  12. jserna

    El sentido de ‘Actualidades’

    Ahora, si me permiten, doy por acabado el post y les invito nuevamente a discrepar. De principio a fin son cinco los puntos numerados. De la Actualidad del Periodismo a la Actualidad de Galdós. ¿Y qué tienen que ver todas esas cosas que trato? Hay una misma noción que se impone en el discurso contemporáneo, la de la actualidad: esas novedades que nos cambian y que sería una lástima desconocer. La idea de actualidad nos ha transformado, en efecto; y, desde hace un par de siglos, los occidentales vivimos con las urgencias de lo novedoso, con la última mejora o con el penúltimo desastre.

    1. El periodismo se ha encargado de dar cuenta de esas novedades, de ceñirlas bajo la rúbrica de Actualidad. El reportero salía a la calle, buscaba sus fuentes, daba con el hecho o con los vestigios del hecho, se documentaba, contrastaba sus informaciones y después redactaba el cuerpo de la noticia, aquello que merecía ser conocido. De un tiempo a esta parte, indico en “1. Actualidad del Periodismo”, esa tarea decae viéndose frecuentemente reeemplazada por los gabinetes de prensa. La información discurre pero, como en las guerras, está controlada por la fuente emisora. Expongo un caso concreto a partir de mi artículo en ‘El País’.

    2. Internet es una vía de creación y de difusión. De rumores, pero también de noticias. De información que los periódicos no siempre contienen. La intercomunicación digital facilita un trasvase de datos como nunca antes habíamos soñado: nos cambia la percepción misma de lo cercano y de lo lejano; nos cambia la noción misma de fuente; nos cambia el sentido mismo de la producción informativa; nos cambia la idea misma de corresponsalía. ¿Quién es hoy el receptor de las noticias por vía digital? Hay blogs que crean opinión, pero sobre todo hay blogs que distribuyen información restringida. En el punto “2. Actualidad de Internet” se compara precisamente la llegada del primer convoy ferroviario con la irrupción de la Red. Las consecuencias son profundas: están cambiando nuestros marcos de referencia. Otro día volveremos, por ejemplo, sobre la wikipedia o sobre Google.

    3. El historiador, como el periodista, es un profesional que pone en orden un conjunto de datos y que jerarquiza las informaciones que reúne. Husmea en los archivos, pero rastrea también en el presente: busca y observa los numerosos vestigios materiales e inmateriales en los que se manifiesta lo que queda del tiempo pretérito. ¿Pero por qué es interés por el pasado? ¿Por exhumar algo distante que nos es completamente ajeno? No exactamente: en realidad, el historiador busca huellas o testimonios de otro tiempo para explicarse por qué somos distintos…, ahora. ¿Qué es lo que nos distancia de nuestros antepasados? Hasta la Roma clásica somos capaces de ir si esos vestigios supervivientes nos sirven para interrogarnos sobre nosotros mismos.

    4. y 5. En “4. Actualidad de Juan José Millás” y “5. Actualidad de Galdós” me pregunto sobre la ficción y la realidad, sobre la recreación que los novelistas hacen de lo sucedido. Pero me pregunto sobre todo por una razón: por cultivar el periodismo ambos novelistas, cada uno con sus méritos respectivos. Salvo cuando se abandona al expediente fácil, Millás domina como nadie la columna, que es la fuente de su imaginación breve y eficaz. Por su parte, Galdós fue, a su manera, un maestro del reporterismo (que José Luis Garci no consigue resucitar en su versión cinematográfica). ¿Un maestro del reporterismo? Ahora que lo pienso dediqué un pequeño artículo al Galdós periodista, a ese autor capaz de abordar con inteligencia e ironía el suceso, el acontecimiento: el crimen de la calle de Fuencarral, por ejemplo.

    Como ven, la actualidad es el hilo conductor. El resto lo ponen ustedes.

  13. jserna

    Ah, por cierto, dedicaremos pronto una sesión (nunca mejor dicho) al Psicoanálisis, ya que tanto debate genera aquí. Lo digo para que no se me vayan ahora por esta vía. Leeré el libro que cita Miguel Veyrat (publciado por Ediciones La Lucerna). Lo tengo en mi poder: organizaremos una controversia sobre el freudismo y su influencia… Ya les avisaré.

  14. Miguel Veyrat

    Un apunte, sólo para añadir un fleco al excelente análisis del post ya completo acerca dle poder creciente de los gabinetes. Hace unos días, charlando con Justo sobre este tema le conté el momento en que se institucionalizó —valga el palabro— para mí el malestar que la deriva del periodismo más contemporáneo me producía.
    Resulta que los presidentes de la Televisiones privadas de este mísero país convocaron una “Conferencia de Prensa” para dar a conocer su malestar acerca de la Televisión de Estado que sigue siendo RTVE para quien la transición no ha despojado de su servilismo al poder. La convocaron en la mismísima sede de la Asociación de la Prensa de Madrid. Pues bien, tal fue su descaro en la propia casa de los periodistas, que tras mandar leer con voz campanuda un comunicado a un fiel locutor de sus propias cuadras, prohibieron toda clase de preguntas. Dóciles, mis compañeros se levantaron y se fueron a publicar “el papelito” que les habían entregado. Yo pensé para mi capote, tras comunicar mi furia a Fernando González Urbaneja como presidente de la APM, que habíamos vuelto a lo que en el franquismo se denominaba “Ruedas de prensa” y que practicaban similar comportamiento. Ruedas de presos, las llamaba yo entonces. La historia siempre se repite como tragicomedia… en frase que parodia a Marx.

    Bienvenido el debate a partir de Lagache. Y enhorabuena por la calidad y profundidad del post de hoy. Me alegro, la vida sigue.

  15. Marisa Bou

    En efecto, don Miguel, la vida sigue. Y tenemos la suerte, los aquí “reunidos”, de contar con el más claro ejemplo de que ásí sucede. Don Justo ha sabido combinar, en su medida exacta, la ternura filial, la humana entereza y (me parece a mí) un gran aprecio por los que aquí le leemos. Porque los debates que nos montamos tras la lectura de sus excelentes exposiciones, son el resultado que él persigue con su publicación: contemplar, desde la barrera de su blog, cómo la vida sigue, bajando a la arena de tanto en tanto, para halagarnos o para reconvenirnos, según se tercie, como buen profesor que es.

    Para mí, ésta es la parte más amena de ese invento moderno llamado internet. He conocido a más -y más interesantes- personas a través de sus intangibles hilos de las que nunca hubiera podido imaginar.

    ¡Viva la modernidad!

  16. Kant

    Cáspita, don Justo, no podemos permitirnos tal concordancia ¡hemos de buscar la divergencia in-me-dia-ta-men-te!

    Con todo, me parece excelente – por propio egoísmo – el apunte que le hace al sr. Laporte sobre el autor que dilata oportuna o inoportunamente la obra. Creo que ese es un espléndido yunque donde templar el hierro del autor: si comenzamos a ver personajes superfluos, descubrimos situaciones innecesarias, apreciamos demasiada historial colateral… malo, el autor nos está engordando una vaca famélica con fines bastardos pero ¡qué diferencia cuando todos los personajes nos parecen imprescindibles, las situaciones apropiada y las historias paralelas oportunísimas. Mi padre y mi abuela materna (lectores voraces) aborrecían esas características, en cambio, se bebían al sr. Dostoyevski como si fuera agua… y no será por el alud de personajes, situaciones y escenarios que metía don Fíodor en sus narraciones. En fin, que yo insisto con mi placer con don Benito, autor, por cierto, sin premio Nobel – como el sr. Borges – gracias al interés que hubo en las fuerzas vivas españolas para zapar su candidatura.

    Aunque, eso sí, considero que el sr. Pérez Galdós y el sr. Pérez-Reverte no son comparables. Juegan en diferentes ligas. Inciden en diferentes segmentos de mercado, si muy marketinianos nos ponemos. El primero es un novelista clásico, el segundo un autor de novelas de aventuras, al estilo Dumas padre. Sus planteamientos son, pues, por fuerza, diferentes. Ya les dije en otra ocasión que yo al sr. Pérez-Reverte le ponía muchos “peros” pero no puedo negarle su sinceridad al reivindicar abiertamente este tipo de literatura que, por otro lado, es la que alcanza a mayores públicos lectores.

    Ud. perdone, don Miguel, pero, mi desconocimiento del sr. Le Clézio es tan abrumador que creí que se trataba de un poeta. Gracias por la recomendación sobre el psicoanálisis, deberé leerlo atentamente porque lo último que leí sobre la materia fue la obra de un periodista alemán cuyo nombre ahora mismo no recuerdo (ya lo diré cuando encuentre el volumen) titulado “Falacias del psicoanálisis”. El propósito del escrito es desbaratar las ingentes cantidades de dinero que se gastaba la Administración Pública alemana en psicoanálisis descuidando otras materias más tangibles de sanidad pública. Fue un éxito de ventas allá y en el ámbito centroeuropeo. Acá pasó sin pena ni gloria.

    Jo, jo, jo… no, no soy Papá Noel (odioso borracho, mórbido obseso, y confeso paidófilo), son mis risotadas al enterarme de la última actualidad de la sra. Aguirre. Permítanme que lance este pequeño tronco a la hoguera de las actualidades, emparentado, por demás, con lo que estuvimos hablando del cine: la sra. Presidenta no quiere que el cartel de una película (¿será también ella productora y todo se tratará de una artimaña comercial?), “Diario de una ninfómana”, se publicite desde las paradas de autobús. El cartel – casto hasta la gazmoñería – no representa ninguna imagen grosera que espantara las almas sensibles y los ojos pudibundos, no, el problema está en su título: la palabra “ninfómana” es… ¡indecente!… ¿Se lo pueden creer?… jo, jo, jo… una palabra… ¡¡“indecente”!!. Qué cotas de analfabetismo funcional más elevadas o, como diría Miguelito, el personaje del sr. Quino, “¡qué analfabestias!”. Bienvenidos a “la libertad censurada” ya en los cines de Madrid.

    Bueno y otro estreno, pero de muy distinto matiz y mucha polémica, lo último de don Oliver Stone (sólo su nombre ya es polémico): “W”, la vida y milagros de don Jorge W. Matojo (George W. Bush para los no iniciados). Por lo visto en los promocionales de Internet, para troncharse, le pega hasta a su padre, Jorge Matojo (sin be baja, o corta, doble).

    Es curioso pero esos temas tan concretos se entreveran y no poco con la propuesta del sr. Serna. Los espacios de la historia, la comunicación, la información y el espectáculo, antaño perfectamente discernibles, hogaño se mixturan de una forma inextricable, tanto en su facies pública – lo que nos llega a nosotros, ciudadanitos de a pie – como en su trastienda política, económica e ideológica – lo que se cuece a nuestras espaldas – y eso, les aseguro que me da vértigo. El historiador y el periodista que, antes sí, ponían en orden datos de los que extraían sus consecuencias, críticas o informativas, ahora… ¿el primero prepara guiones cinematográficos para transmitir por Internet infundios que crispen y conviertan en escándalo lo que el segundo “tomatizado” va a repetir por el circo mediático de cadenas de TV bazofia y prensa rosamarillenta?… Siempre me sedujo la idea del sr. Wittgenstein: “Lo esencial es llevar a cabo animosamente la actividad de aclarar… Todo está en orden mientras quede completamente claro” y, ahora mismo, todo aparece ante mi confuso, como en la queja de don Carlos Marx.

  17. Miguel Veyrat

    Por mi puede llamarme Miguelito, Kant, me identifico por completo con el personaje de Quino. Me ha encantado el cartel del “Diario de una ninfómana” y la nada casta actitud de su mano dispuesta al autoplacer que antaño reblandecía la médula, según la S.I.R., pero que la doña Aguirre debe seguir practicando con gran provecho. Iba a decir que como todo el mundo…

    En cuanto al noble propósito de Wittgenstein, de quien me costó lo suyo y lo mío descifrar, eso sí con gran provecho, sus magníficos Tractatus y otras piezas, le contaré el reverso de la medalla: Me contaba Nucella Castillejo, hija de Fernández Csstillejos, político conservador cordobés del pasado siglo, y cuyo nombre latino le endosaron los Hermanos Machado, pues Pepita les parecía vulgar para tan preclara mujer… Pues decía, ya ven que me pierdo en batallitas…que Nucella, que había sido secretaria particular de Eugenio d’Ors, “reina” fascista de la cataluña de Franco en su día, que cuando le terminaba de dictar un capítulo del “Glosari” o un artículo para el diario “Arriba” del que era asiduo colaborador, le preguntaba: ¿Usted lo ha entendido, Nucella? Perfectamente, maestro. Pues ozcurezcámoslo… contestaba el maestro con su gracioso y aristocrático ceceo (eso creía él).Para él, todo estaba en orden mientras quedase completamente oscuro, ya ve.

  18. Kant

    Sí, es una actitud muy típica de quien tiene poco que decir, o lo que dice no pasa de lo perogrullesco, pero que necesita la adulación de los necios – los únicos que adulan son los necios – para sentirse alguien. En fin, pasto de las pseudociencias.

    Por cierto, hablando de “ciencias ocultas”, ya tengo embalado el libro del periodista alemán citado “up supra” (me dispongo a atacar Ámbar de nuevo… y ahora con todos mis pertrechos en “combat a tota ultrança”, como nos decía don Joanot Martorell). Lo siento, no puedo darle la referencia, igual el sr. Lillo tiene la amabilidad de hacerlo mirando en sus fuentes bibliográficas.

  19. Alejandro Lillo

    Señor Kant, sus deseos son órdenes, pero lamento comunicarle que por el título “Falacias del psicoanálisis” nada me aparece. Es extraño… como si no hubiera ninguna. Je, je. Bromas aparte, ¿no será “Falacias de la psicología”, de Rolf Degen?

    Pd. Ya ven que les sigo de cerca, no crean. Lástima que no pueda intervenir, pero ya, ya, ya llegará mi momento. Por cierto, recordando ese 97% de acuerdo entre Justo y Kant, ¿no sienten curiosidad por conocer algo más acerca de ese 3% restante?

  20. jserna

    Sr. Lillo, resulta que acabo de leer el post en que el sr. Kant habla de echar un “pequeño tronco a la hoguera de las actualidades”. Se refiere a ciertas decisiones de Esperanza Aguirre: ciertos arbirtrios y ciertas arbitrariedades. Echar un “pequeño tronco a la hoguera de las actualidades”. Me parece un espléndido hallazgo verbal. Una vez leído lo anterior, mi desacuerdo con el sr. Kant se reduce hasta el 1% y, sin duda, mi resistencia tiene que ver con el desdén que manifiesta hacia el psicoanálisis. Ese repudio es muy aristocrático, incluso premoderno (aunque él lo revista de nietzscheanismo): muy propio de quien sueña con regresar a antiguos esplendores. Nunca he entendido por qué nuestro común amigo se hace llamar Kant. ¿Kant? En realidad, tras ese disfraz ilustrado, hay un tipo huraño, un misántropo que sueña con lo sublime. Su tocayo Kant (el auténtico) trató justamente eso, lo sublime, pero nuestro Kant apócrifo aspira a no leer, no sufrir, no escribir, no pagar deudas y vivir como un noble arruinado entre las ruinas de su inteligencia. Son palabras de Jaime Gil de Biedma: no de Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, emparentada también con la aristocracia. En realidad, el sueño del sr. Kant sería, ya digo, regresar a un mundo preilustrado en el que Freud sería imposible. Yo, como soy hijo del mundo burgués, aún me afilio MODERADAMENTE a la perspectiva freudiana. Pero no quiero adelantar nada. En los próximos días, me voy a aplicar para cumplir con la recomendación del sr. Veyrat: tras la lectura provechosa de ‘El psicoanálisis’, de Daniel Lagache (Ediciones La Lucerna), ya me oirá el sr. Kant.

  21. Fuca

    A mí me pasa lo mismo que a nuestro amigo Alejandro Lillo, os sigo de cerca pero no puedo intervenir, me falta tiempo y el blog es un formato que va demasiado deprisa; cuando voy a escribir algún comentario sobre la reflexión que nos propone Justo Serna, pasó el momento y ya está otro tema en la palestra. Espero que, a partir de la próxima semana, vuelva a tener tiempo para participar en esta tertulia.

    No leí “El mundo” de Millás pero sí muchas de sus novelas; creo que no es justo que le hayan dado el Premio “Nacional” (¿por qué le llamarán nacional?) de Narrativa, deberían habérselo dado a Javier Marías por “Tu rostro mañana”.

    Interesante lo que nos cuenta Justo sobre nuestro amigo Kant; veremos cómo sale airoso en la próxima tertulia sobre el psicoanálisis. También a mí me parece un espléndido hallazgo verbal ese echar un “pequeño tronco a la hoguera de las actualidades”, este chico debería escribir, sería un excelente escritor.

  22. Kant

    Sí, don Alejandro, me equivoqué, en efecto es “Falacias de la psicología” lo que pasa es que el autor carga sus tintas contra los interminables tratamientos psicoanalíticos, de más que dudosos resultados.

    ¡Don Justo, que le saco a Popper! :-)

    Maldita sea, cómo me conoce. Llevo mi apellido, Cantarell, con la sombra de su término familiar, Cant, de donde viene este vínculo con el profesor prusiano, Kant, pero no, ya dije en alguna ocasión que mi máscara era más próxima a Scaramouche, con la alegría por todo patrimonio y con un fino acero dispuesto contra los patanes.

    Miro el jardincillo – ahora en penumbras – desde el ventanal de mi cenobio escuchando, absorto, el pesado tic-tac del carillón de la sala. Pienso en Roma… mi amada Roma (la Flavia, preferentemente)… pienso en aquella Europa de las ciudades del XV… Si regresar a un mundo preilustrado me permitiese, por mi mano, evitar la barbarie cristiana con el triunfo de la intransigencia y su obscuridad mental que nos llegó con el fin del Imperio o, tal vez – si ello hubiera sido inevitable – si con mi aliento hubiese podido insuflar a aquella Europa optimista del “Quatrocento” un viento vivificador que arrasase el pasado medieval y permitiese un auténtico Renacimiento, sí, volvería.

    En mi locura, caballero Serna, sueño. Si pudiera torcer la historia conforme a mi propio albedrío en cualquiera de esos dos momentos históricos, sepa que la Ilustración ya no sería necesaria. Mis congéneres, libres de las tinieblas intelectuales de la Reacción monoteísta, hace siglos que serían lo que nunca debieron dejar de ser, sus propios Dioses. Y yo seguiría aquí, mirando el jardincillo pero con el alma menos apesadumbrada.

  23. Kant

    ¡Doña Francisca (Fuca para uds) , por favor, no se burle de mí!… Son sólo mis arrebatos, mi propia locura, no es cualidad escriptórica.

  24. jserna

    “Mis congéneres, libres de las tinieblas intelectuales de la Reacción monoteísta, hace siglos que serían lo que nunca debieron dejar de ser, sus propios Dioses”.

    “…sus propios Dioses”. Lo que yo les decía, el sr. Kant sueña con involucionar (ojo, es verbo correcto y reconocido, aunque feo): involucionar, justificándose con ramalazos presuntamente nietzscheanos. Y añade:

    “Miro el jardincillo – ahora en penumbras – desde el ventanal de mi cenobio escuchando, absorto, el pesado tic-tac del carillón de la sala”. Sea sincero. No hay tictac alguno: su reloj se detuvo varios siglos atrás. Usted es un superviviente de la Europa feudal, alguien que jamás aceptó el feliz desorden burgués. Repase, repase el ‘Manifiesto comunista’, de Marx y Engels. Podrá ver cuál es el destino de las viejas aristocracias: la lánguida decadencia. Insisto, con Gil de Biedma (Jaime, no Esperanza): su sueño personal es no leer, no sufrir, no escribir, no pagar deudas y vivir como un noble arruinado entre las ruinas de su inteligencia.

    ¿Jardincillo, dice? Aún recuerdo aquella visita mía. Me recibió en el invernadero que tiene al costado de su mansión. Con el desdén propio de quien atiende al servicio…

  25. Marisa Bou

    ¿Cómo puede decir nuestro ilustrado señor Kant que no es cualidad escriptórica la forma armónica en que junta las palabras? ¿Cómo puede llamar locura al derroche de imaginación del que hace gala para mantener ante nosotros esa máscara, que no es sólo un antifaz, sino una personalidad completa y compleja tras la que se oculta?

    Perdóneme, amigo mío, pero creo que compone usted una novela alrededor de sus intervenciones, siempre justas y pertinentes, siguiendo el tema que Justo nos propone, siempre bien documentadas y sabias, pero ¡ay! lujosamente rodeadas por los detalles de ese personaje aristocrático (qué razón tiene, Justo) que nos impide conocerle tal como es.

    El caso es que estamos tan acostumbrados ya a ese misterioso caballero enmascarado que, aunque un día se nos presentara tal cual es, ni aunque adjuntara una fotocopia de su carnet de identidad le reconoceríamos.

  26. Kant

    Doña Marisa, gracias por sus inmerecidísimas palabras (ya le diré a los sra Serna y Vila, cuando la vean que tiene el café pagado).

    Don Justo, de nuevo, sí, lánguida decadencia en estos muros hinchados de humedad, lo sabe. Sí, visión nebulosa del exterior desde dentro de este invernadero de vidrios descascarillados por anacrónicos desde donde escribo con mi wi-fi. Aunque también paseo por su abigarrada floresta, sometido a su calor excesivo y leo: “Mirémonos a la cara. Nosotros somos hiperbóreos, -sabemos muy bien cuán aparte vivimos. Ni por tierra ni por agua encontrarás el camino que conduce a los hiperbóreos; ya Píndaro supo esto de nosotros. Más allá del norte, del hielo, de la muerte – nuestra vida, nuestra felicidad… Nosotros hemos descubierto la felicidad, nosotros sabemos el camino, nosotros encontramos la salida de milenios enteros de laberinto. ¿Qué otro la ha encontrado? – Acaso el hombre moderno? Yo no sé qué hacer; yo soy todo eso que no sabe qué hacer – suspira el hombre moderno. De esa modernidad hemos estado enfermos, – de paz ambigua, de compromiso cobarde, de toda la virtuosa suciedad propia del sí y el no modernos”. Por eso envidio a los Príncipes de Ámbar.

    Pero, basta.

    No soy la actualidad. Atendamos a nuestra hoguera y olvidémonos de mi.

  27. Miguel Veyrat

    No actualidad, sino incertidumbre: recto camino a la melancolía. No hay príncipes en Ámbar, Kant. Y no sabemos el camino. Aquí, la memoria. Más allá el olvido y aves y bestias que aspiran y beben disueltos en luz el polvo de millones de huesos masacrados moral o físicamente por los poderes que alimentan las hogueras.

  28. Miguel Veyrat

    El poeta

    Unificó el poeta
    el mundo
    que en cada uno
    se dispersa
    o aniquila —oculto
    hasta la gloria
    de la noche
    final,
    celebrada
    ruina o simetría. Halló
    también
    la lengua donde
    terminan
    todos
    los lenguajes —en
    la vertiente
    oculta,
    inhabitable del aire.

  29. Kant

    Soberbio, sr. Veyrat… mas, melancólico, ¿no? Tal vez demasiado melancólico. Hermosísimo en la república de las ideas, hiriente en el mundo de las personas. Tiempos de incertidumbres. Actualidad de incertidumbres. Necesito, necesito, creer en Ámbar. Don Justo nos ha abierto en este “post” hasta cinco vías de reflexión sobre este momento. Es cierto, son vías que – siguiendo el discurso nietzschiano – para mí ponen en tela de juicio el éxito real de la Modernidad y desacreditan, por completo, la Postmodernidad. Los Tiempos Modernos no han creado certezas, han sembrado dudas sin respuestas, no han implantado “presencias reales” en la vida de las personas (don George Steiner, “dixit”), han diluido certidumbres para dejar el lodazal de lo periclitado que no acaba de morir y que en su agonía asfixia eso nuevo que no acaba de nacer (si me permiten ahora hacer uso de don Antonio Gramsci). Sin embargo, hay que persistir, hay que persistir…

    Actualidad y persistencia: don David Montesinos nos hablaba no ha mucho del creciente rechazo a la memez académica valenciana de disponer de dos profesores al alimón para impartir una única asignatura, Educación para la ciudadanía. Hoy, aquello, se concreta en movilizaciones concretas y crecientes… de estudiantes – vía Internet, por cierto – que han entrado en contacto con los de otros centros gracias a esa nueva tecnología y se suman al rechazo de padres y profesores. Hace sólo un año, cuando comenzó a rodar la majadería nadie daba un ochavo por enfrentarse a la Conselleria d’Educació, hoy parece más que probable. Triste la sociedad que debe recurrir a eso para resolver sus discrepancias – a la postre, es incrementar las incertidumbres – pero bendita si la juventud valenciana – permítanme que dude del valor comparado de lo hecho por padres y profesores, insuficiente y tardío – sacude la sociedad mientras el periodista ha sido timidísimo, cuando no un ciego-sordo, observador de los hechos. Esos chicos son la persistencia, don Miguel, hay lucha, hay vida.

  30. Alejandro Lillo

    Bueno señor Kant, ya ve cómo el señor Serna le (psico)analiza, y no debe ir desencaminado, no, si no no le amenazaría con Popper. La idea que da Justo parece acertada y muy divertida.
    ¿Así que pre-moderno eh? Permítame que improvise un poco. Será rápido. Me lo imagino en su alta torre de piedra (la luna cubierta por una nube rasgada) envuelto en un manto de armiño, insomne, ora leyendo sosegado en un sofá junto a la lumbre, ora moviéndose agitado por la estancia con el cabello revuelto, rodeado de alambiques, recipientes de mil formas y tamaños y de un montón de libros apilados sobre una robusta y polvorienta mesa de madera; en algunos momentos acude raudo a consultar algún misterioso volumen en las oscuras estanterías que rodean su estudio y que parecen no tener fin; en otros instantes su cuerpo se estremece, como sacudido por una descarga, y busca ansionso, apartando pergaminos y cubetas burbujeantes, papel y lápiz para apuntar, frenético, mordiéndose la lengua con la excitación de un niño, alguna nueva fórmula, alguna nueva idea que se le ha ocurrido y desea experimentar, alguna pista que le permita conocer la ubiación de Ambar. El amanecer le encuentra exhausto. Todavía no ha encontrado la tierra de los Príncipes, pero lo conseguirá, de eso no le cabe duda. Con las primeras luces del alba se dirige hacia su alcoba arrastrando los pies, la mirada nublada pero satisfecho consigo mismo. Allí le espera su santa y paciente esposa dispuesta a acogerlo en su regazo. Allí, por fin, podrá descansar. :-)

  31. Miguel Veyrat

    Exacto, Paulo Coelho puro: el Alquimista. ¿O Hamlet trasvestido? Dios mío, Alejandro, está haciendo feliz a Kant. Sólo faltaba que lo mitificásemos. Atentos a lo que dice, no lo que quiere que le hagamos decir y aparentar.
    :-), qué remedio….

  32. Fuca

    La verdad es que preferimos hablar de Kant antes de meternos en la dura actualidad; además, tenemos la suerte de tener entre los tertulianos personas que escriben maravillosamente. Es una pena que yo no esté en el jurado que decide a quién dar los Premios Nacionales, aunque algunos años sí han estado personas muy cercanas; seguro que Miguel Veyrat recibiría el Nacional de Poesía, me gustan más sus versos que los de Joan Margarit.

    Ya tenemos a Savater con su Planeta, a los valencianos relacionados con la educación en pie de guerra contra las insensateces de sus dirigentes, a los galegos de luto por la muerte de un buen poeta, Ramiro Fonte, a los 51 años, ¡qué injusticia!

    Centrándome en Educación, coincido con lo escrito por David Montesinos en mensajes anteriores; están intentando acabar con la Enseñanza Pública. En el País Valenciano con la Ciudadanía en inglés, en Galiza subvencionando a centros concertados que separan al alumnado por sexo, en mi IES confundiendo riñas entre adolescentes con acosos escolares (los “periodistas” de todas las cadenas de TV, y de algunos periódicos, acudieron presurosos a entrevistar a los alumnos sobre una agresión que se produjo fuera del centro escolar entre dos adolescentes de 14 años; querían saber si había sido premeditada la pelea, si había videos…; esto nunca lo harían en un centro privado, forma parte de la campaña de desprestigio a que estamos sometidos los que trabajamos en la Enseñanza Pública).

    Mejor dejar la actualidad y esas “aves y bestias que aspiran y beben disueltos en luz el polvo de millones de huesos masacrados moral o físicamente por los poderes que alimentan las hogueras” (hermosas palabras de Miguel Veyrat) y regresar a nuestro Kant y su Ámbar.

  33. Miguel Veyrat

    ¡Doña Francisca! ¡Salud! Y que Ramiro Fonte pise ahora la estrella que tenía reservada en el monte Olimpo, al pie de Atenea.

  34. Miguel Veyrat

    ¡Ah! Margarit fue compañero mío del ya famoso Colegio Mayor San Jorge, de Barcelona. El estudiaba arquitectura y yo Económicas. Nada hacía presagiar… Pero es un estupendo poeta, heredero del gran Foix, que dignifica la lengua catalana. Me alegro de que tenga un premio “nacional”… Ya sé que usted me lo daría a mi, pero yo nunca haré nada para que eso pudiera suceder. Yo, como Espriu, en el:

    Galop del cavall flac,
    per tristos anys, per aspres
    camins de Sepharad.

    La pell de Brau, IV

  35. Kant

    A don Miguel no hay forma de pegársela, eh, don Alejandro… atienda a lo que él dice de mi… atiéndalo. Lo cual no desmerece su descripción de mi humilde polichinela, a la que sólo me queda por apostillarle al respecto que sí, que a mí también me gusta don H. P. Lovecraft – es todo tan ominoso… – que, no, que no hay cabello que enmarañar porque una lustrosa alopecia adorna con singular brillo y relumbre mi proporcionado cráneo y, otro no, no hay sra. de Cantarell que acoja al viejo chiflado cuando se retira. Pobre mujer, si la hubiera, tener que aguantar semejante zopilote…

    Doña Francisca (Fuca para uds), me llena de (más) inquietud. Me preguntaba a qué este huir de la actualidad para centrarnos en mi intangible figura y su propuesta de “miedo a la realidad” – permítame que haga uso de esa expresión para compendiar su participación – me conmociona. Imagino, de pronto, una escalera que circulase de la luz a la tiniebla – valga la metáfora lovecraftiana – en la que hubiéramos dejado atrás el escalón del “miedo a la libertad” (obvio, de don Erich Fromm) en sentido contrario al resplandor, o sea, descendiendo a la tiniebla y, en el nuevo escalón donde nos encontramos estuviésemos experimentando esa huida de lo real. Como dice don Gran Wyoming “ya conocemos las noticias, ahora les contaremos la verdad”.

    Estamos ante un miedo mucho más sutil, difuso y asumible por la población que no algo tan “sonoro” como “la libertad” (sea esta lo que quiera ser). Es un nuevo miedo este de a la realidad que, empaquetado en esta “sociedad del espectáculo” que la Postmodernidad nos ha regalado, es fácilmente inoculable y asumible por la población. Todo se disuelve en incertidumbres… de ahí mi esperanza en el futuro… Derrota tras derrota hasta la victoria final.

  36. jserna

    Ruina o simetría, dice Miguel Veyrat. ¿Cómo escapar de dicha antítesis? Por un lado, la pulsión de muerte o el abismo. Por otro, como diría José Lezama Lima, “la elemental y grosera ley de simetría”. Incertidumbre, caos. U orden, sistema. Tarea del poeta es unificar lo insoluble, sí. Arriesgando, claro. Aún no le he leído a Miguel Veyrat un poema rutinario.

    Perdonen que no haya intervenido. Una pruebas médicas (sin mayor importancia) me han impedido leerles.

    Viernes 17 de octubre por la mañana, nuevo post.

  37. Marisa Bou

    ¿Alguien puede decirme porqué “arriba” está la luz y “abajo” las tinieblas? ¿Porqué la “libertad” está en un escalón intermedio, que es preciso dejar atrás, tanto si subes como si bajas?

    Ya me imagino que, a estas horas, nadie va a contestarme. Así pues, buenas noches y buena suerte.

  38. Mary Wollstonecraft

    Mucho más tarde aún.

    Ni la luz está arriba ni la tiniebla abajo. Dante te lo ha contado, lo has leído, pero es falso: la luz eres tú y la tiniebla está en ti. Depende sólo de ti y de que no pongas la libertad en un lugar, de que dejes que te envuelva y sea parte de ti, que predomine la luz o la tiniebla. Cuando tú ya no estés, no habrá luz ni libertad ni tiniebla, todo eso eres sólo tú; no te mires de lejos, no tengas tanto miedo.

    Buenas noches.

  39. Marisa Bou

    Después de una noche de insomnio y unas pocas horas mal dormidas, vuelvo a leerles, y sólo puedo decir: ¡gracias por estar ahí!

  40. Kant

    Vaya… y yo era el misántropo. ¡Denle alegría a sus cuerpos, “macarenas”! Si no compensamos esta pesadumbre de incertidumbres – valga la redundancia – que nos envuelve en este tiempo con una potente ración de optimismo (en la lucha, en el cambio, la mejora, en uno mismo, con nuestro entorno…), estamos más perdido que Carracuca. Luz, sí, luz pero no la del agónico sr. Goethe, la de la vida.

    Respondiendo a doña Marisa, sobre su curiosidad al respecto del “arriba”, como lugar de lo bueno, la luz y lo positivo (el cielo) y “abajo”, como el lugar de lo malo, la obscuridad y lo negativo (el abismo), hemos de buscar su origen en el antiguo Egipto. Constituida su religión dinástica (o sea, el periodo faraónico) como religión estelar (que no solar, ni mucho menos lunar, aunque tanto Re, el Sol, como Isis, la Luna, no eran precisamente dioses menores) vinculada al culto a los muertos, esa conexión despliega una creencia por la cual, el faraón muerto renace en el cielo en forma de estrella (con el paso del tiempo serían los aristócratas los que experimentarían la misma “ascensión a los cielos” y, finalmente, hasta la llegada del monoteísmo, incluso “ascendió” la clase media, vaya, el que se lo podía pagar. Sacerdotes…). En el extremo opuesto, era en lo profundo de la tierra donde se operaba el arraigo a lo perentorio, el sufrimiento y la muerte (entendida sin “vida eterna” que era lo que se conseguía al convertirse en estrella).

    Todo esto que muy sumaria(e insuficiente)mente le he contado, alimentó la ideología de los sectarios cristianos radicados en Egipto. Gentes incultas, analfabetas, brutales, fanáticos, con una formación escasísima (los “Padres de la Iglesia” eran unos zotes ajenos a todos los círculos intelectuales de los siglos I-IV) captaron para su propio discurso – especialmente a partir del siglo II cuando tratan desesperadamente de diferenciarse de su iglesia matriz, la hebrea – lo que conocían sólo de oídas. Así veremos toda la parafernalia de los jóvenes dioses solares (Horus, en este caso) aplicadas al carpintero galileo aquel; maravillas y prodigios de aquella religión (una virgen pariendo es Isis, un resucitado de entre los muertos es Osiris… y podríamos seguir hasta el aburrimiento) puestas en la secta cristiana sin orden, concierto, lógica o explicación plausible. La torpeza cristiana es de tal magnitud que ni siquiera tuvieron de original plagiar a los egipcios: sus progenitores judíos llevaban haciéndolo desde hacía milenios.

    Una vez instituido el despropósito, la patrística se limitó a tratar de hacer coherente el batiburrillo de religión que se habían inventado por adición de partes tan dispares y contrapuestas como su hebraísmo sectario, los robos a los mitraicos, préstamos neoplatónicos, copias descaradas del paganismo y… teología egipcia clásica. El resultado fue que acabaron fabulando (y creyendo su propia mentira hasta convertirla en su dogma y ortodoxia) que “la luz” – como imagen egipcia del bien – estaba entre las estrellas, en el firmamento, o sea, el cielo, “arriba” y la “la obscuridad” – como imagen egipcia de lo malo (y no le digo el mal, porque ese absoluto sólo llega con los monoteístas) – en el suelo o más abajo, o sea, en la tierra, “abajo”. De ahí el principio hermético de “como es arriba es abajo”, pero, bueno, eso ya es otra historia.

    Total, que los cristianos perpetuaron la religión egipcia clásica incluso sin ser conscientes de ello y de ella imbuyeron el Renacimiento, en su ánimo de no perder su presencia ideológica en la nueva sociedad que surgía en el XV (la Modernidad). Dado que los nuevos intelectuales laicos o levemente creyentes europeos se formaron con textos cristianos hasta bien entrado el XIX (no hay ni un ilustrado que no se formara en latines cristianos), el mito del arriba-positivo “adversus” abajo-negativo, se transmitió a la cultura laica.

    Esa plasmación la encuentra usted en la obra del citado autor, don H. P. Lovecraft. Indefectiblemente todos sus protagonistas deben “descender” por una ominosa y húmeda escalera – como en mi cenobio – para adentrarse en el abismo donde habita algún tipo de monstruo o monstruosidad maligna y enfrentarse a ella como cualquier joven dios solar: para luchar contra el mal provisto, como arma, de la luz (adquiera ésta la forma que se quiera).

    La libertad, entonces, se encuentra en ese punto medio de la figurada escalera. Sus escalones son los temores humanos. Si dejamos atrás el escalón del miedo a la libertad “ascendiendo” es que dejamos de temerla, pero si descendemos es que interiorizamos ese temor. Mientras que ascender supondría que cada vez quedan menos escalones, cada vez quedan menos miedos, cada vez se es mas libre hasta llegar a arriba, a la luz, a la Ilustración, a la Libertad del Ser Humano, Autónomo e Íntegro. Por el contrario, cuanto más se baja, más miedos se acumulan, más “desciende” al abismo, a la obscuridad, al obscurantismo, cada vez nos aproximamos más a ser un Esclavo, un Ser Humano Creyente, Dependiente y Sumiso.

    Esa fue la explicación y el propósito de la metáfora de la escalera.

  41. Pavlova

    Dice Kant “los “Padres de la Iglesia” eran unos zotes ajenos a todos los círculos intelectuales de los siglos I-IV”. ¿De los siglos I-IV nada más? :-) :-) = Carcajada.

    Ánimo, Marisa. No dormir aja el cutis y eso ya, no nos lo podemos permitir. Un abrazo apretujado.

    ¿Mas perdidos que carracuca, Kant? Yo creo que usted se crió en mi casa y yo, como soy muy despistada y siempre voy corriendo a todos sitios, no me fijé.

    Feliz día.

  42. Kant

    No le digo yo que no, doña Ana, que vaya ud. a saber de dónde me sacaron mis padres cuando me cambiaron por un botijo.

    Feliz día ;-)

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