Menudo belén

papanoelChitón. Las Navidades, ¿bien o en familia?, se preguntaba aquél. Bien y en familia. Eso es lo que deseo: esperando, precisamente, que acabe la fiesta obligatoria y la celebración compulsiva. ¿Se imaginan una Navidad sin televisión?

Es probable que se atenuaran nuestras tentaciones… Consumiríamos menos, haríamos menos estrépito y, al final, nos sentiríamos igual de solidarios o de infames. Internet desempeña hoy muchas funciones: compite con los otros medios y, por tanto, amenaza a la propia televisión. Pero el tubo catódico –perdón, el plasma— sigue marcando las horas y el sentido de las reuniones familiares. El Discurso del Rey, las Maratones benéficas, el Anuncio de Coca Cola, las Campanadas de Fin de Año, el Concierto de Año Nuevo, los Saltos de Esquí, Qué bello es vivir. De verdad, ¿se imaginan unas fiestas sin tele, valiéndonos de nuestros propios vídeos o acudiendo al cine a ver películas ajenas al espíritu navideño. 

Modestamente es lo que hoy propongo en mi columna de El País. Sería una forma de contraprogramar la gran tontería con la que nos dejamos aturdir. Pero, una vez dicho eso, inmediatamente me muerdo la lengua. Cuando lamento el dominio de la televisión, en seguida me corrijo felicitándome por el triunfo del materialismo bobo que nos invade. La secularización televisiva daña la tiranía religiosa, la evidencia de que las cosas son como han sido durante siglos. Bienvenidas sean la vacación, la compra. La Iglesia deplora el estado de nuestros decaídas creencias y pide un refuerzo de lo confesional, una vuelta al belenismo, etcétera. Hablando de eso, de Estado, el Vaticano ha descubierto otra nueva patología española: la “estadolatría”. Sic. O como dijo expresamente Angelo Amato, prefecto de la Congregación Pontificia para las Causas de los Santos del Vaticano: “España está avanzando hacia la estadolatría, hacia la intromisión del Estado cada vez más en la vida de las personas“. Sic. Habría que pedirle chitón.

Yo me niego a visitar los Belenes que disponen los munícipes o los clérigos en las plazas de nuestras ciudades, ocupando un espacio público que es de todos. Y en mi casa no hay motivos religiosos, pues nadie acepta allí esa intromisión: ni siquiera un Belén menudo. Por eso, también me niego a regresar al Portal, como algunos amigos simpáticamente nos proponen. Yo sólo espero ingenuamente que los clérigos me dejen en paz, que hagan chitón. Qué ingenuidad.

Pásenlo bien y disfruten de la holganza. Aquí volveremos muy pronto a hacer ruido. Mientras tanto les dejo con Frank Sinatra, muy bien acompañado por Bing Crosby. Seguro que están en el Infierno.

 

marktwainReflexiones contra la religión (25 de diciembre de 2008). Así se titula el opúsculo de Mark Twain que Mario Muchnik tradujo hace un tiempo para la editorial Trama. Es un bello y manejable panfleto contra los clérigos, su poder desmedido y  sus falsos lenitivos. Es un manual de defensa frente a la religión y otras quimeras. Con inquina sarcástica, Twain arremete contra toda creencia, contra toda fe, contra todo embeleco. Quiere vivir sin esperanzas, sin la falsa ilusión de las compensaciones venideras. No desea el auxilio de los reverendos, de los intemediarios divinos. Dios. Con él es con  quiere hablar.

No hay pruebas, dice, de que Dios escuche o responda. Como tampoco hay datos que confirmen preocupación o cuidado, el respeto que debería tener por sus criaturas. Aceptemos la hipótesis de Dios, de ese Dios, dice Twain: éste nos arroja al mundo para luego desentenderse. ¿Qué nos parecería si un padre, si nuestro padre, hiciera eso? Cometería una grave irresponsabilidad. Pero no sólo esto es lo que podríamos reprocharle. ¿Qué nos parecería si nuestro padre nos educara infligiéndonos todo tipo de sevicias? Si las crueldades que padecemos los humanos son formativas y fortalecen el ánimo, según dicen los clérigos, entonces todos los individuos deberíamos adoptar esa pedagogía de la violencia con nuestros respectivos hijos: para así templar sus debilidades y para así educar su fuste muelle.

Twain amonesta a un Dios irresponsable que abandona a sus criaturas y sobre todo reprocha a quienes prolongan este embuste universal. Lamentablemente, el escritor olvida un asunto del que se valen los clérigos para justificar a Dios: la libertad. Dios nos hace libres para pecar o para ser buenos o para ser edificantes. O tal vez no es olvido: Twain no cree que el ser humano sea exactamente libre. Lo cree una máquina, un mecanismo que funciona más allá del libre albedrío, de sus propensiones conscientes, de sus decisiones justificables. Si esto es así, pretextar la libertad para justificar la presencia del mal o del dolor es un golpe bajo de los clérigos, claro. Twain se toma en serio su panfleto…

Entre las obras pías de mis fiestas navideñas, ha estado la lectura de este viejo opúsculo que compré en su momento, en 2001, y que aún no había disfrutado. Reflexiones contra la religión. Los muchos libros se me amontonan. Pero no me preocupa: a cada uno ya le llegará su momento. A Twain lo descubrí en la infancia, claro, y Las aventuras de Huckleberry Finn, concretamente, fue una de mis novelas inolvidables. Aparte de entretenimiento, el coraje adolescente y pícaro para enfrentarse a un mundo brutal fue la lección que aquel libro me transmitía. Ahora he leído con unción -con unción- estas páginas, que proceden de la autobiografía de Twain. Son unos pasajes deliciosos, párrafos que su hija censuró hasta 1963, fecha esta última en que permitió la publicación. Ahora, insisto, las he leído como un homenaje a Twain, de quien pronto, en unos meses, se cumplirá el primer centenario de su muerte. Volvemos a la muerte.

Supongo que el escritor estará en el Infierno. Por mucho que la hija ocultara ese ultraje contra la religión, Dios –que todo lo ve– conocía esas malas palabras de Twain incluso antes de 1963. Estoy seguro. Su condena ya no habrá tenido remedio, pues. Desde aquí, desde la Tierra, le mando un saludo fraternal y le deseo una buena estancia en compañía de otros impíos, pecadores y ateos allá donde esté. Decía E. M. Foster que imaginaba el Paraíso en compañía de sus escritores predilectos. No sé, no sé si allí habrá mucha gente de Letras. Imagino a Twain en el Infierno, cómodamente instalado, disfrutando del leve balanceo de su mecedora. Lo veo fumando un cigarro y departiendo. Ya nos lo advirtió el propio Twain: “el Paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía”.

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Hemeroteca

Nuevo artículo de JS: “Lágrimas navideñas“, El País, 24 de diciembre de 2008.

56 comments

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  1. J. Moreno

    Que aunque no se hayan cumplido las predicciones de Marx sobre la autoría de los ejecutores del Sistema, sí espero el hecho de que sus contradicciones internas le lleven al ostracismo más absoluto.

    Feliz fin de año a todos.

  2. jserna

    Feliz año J. Moreno, que nos leemos desde el blog de Espada… Felices fiestas a Juan Planas, a David P. Montesinos, nuevos amigos.

  3. Ana Serrano

    ¿La navidad sin tele, sin “Qué bello es vivir” y sin concierto de año nuevo? ¿Que si la imaginamos? ¡Claro! Las mías son así, pero es que, ni siquiera ponemos nuestros vídeos. La navidad son vacaciones, pero hace frío y apetece estar en casa; hay una sensación de que son cortas y casi duran un mes. En verano apetece ir a la calle y se hacen mil cosas absurdas vestidos de manera deplorable. Ahora no, ahora mis hijos están conmigo y salimos juntos, guisamos juntos, hablamos sin parar; vemos las fotos de cuando eran pequeños, recordamos y reímos. Nos escondemos para hacer los paquetes ¡No entres ahora, espera! ¿Te quedan a ti etiquetas de “Felicidades”? y hacemos exactamente las mismas cosas que cuando eran pequeños porque sabemos que no puede ser de otro modo, que la navidad es para los niños y no es religión ni tele, es magia. No nos lo queremos perder.

    En casa se pone un nacimiento con cuatro reyes magos: Magos. Todo es mágico ahora. Y recordamos la historia que les conté de los magos de Oriende que viajaron a ver a un niño pobre y la risa que nos daba, cuando eran pequeñitos, enlazada con la de Uliuses, no recordamos por qué y con la película Casablanca ¡Qué cosas! En casa no hay ningún sentimiento religioso desde hace tres generaciones, pero nos apropiamos todo aquello que suponga celebración, recuerdos, regalos, estar juntos y sonrisas. En casa hay Papá Noel, Tió y cuatro reyes magos (cuando a un hijo mío le sacan una muela del juicio viene el ratoncito Pérez). La historia de nuestro rey Voltaire y cómo lo creó mi laico padre, verlo colocado entre los otros en el belén de casa, es algo tierno, hermoso y sólo nuestro.

    En navidad llevamos flores tricolores a la tumba del abuelo y tocamos y cantamos villancicos, sí. Vamos a ver la cabalgata y el fin de año tengo que recoger corriendo las cosas de la cena porque lo celebran en casa un montón de mastuerzos. No sé si es un contrasentido que me guste esta época, pero sé que no enciendo la tele y hasta disfruto guisando platos y más platos que jamás probaré porque detesto el marisco, el cordero y la sopa de almendras, a la par que el besugo, pero a ellos les gusta, a mis dioses les gusta.

    Hoy, después de la opípara cena, con tarta y con velitas, nos hemos leído fragmentos de los libros que ha traído papá Noel y hemos estado oyendo los maravillosos discos.

    La navidad, para mí, es eso y me gusta, qué le vamos a hacer.

    Million Dollar Baby. Qué maravilla y que congoja, sí y después, Mar adentro ¿Qué quieren que les diga? Como El sexto sentido y Los otros. No hay que comparar, pero a veces resulta inevitable y lamentable.

    Con cine, tele, belén o no ¡¡Feliz navidad a todos!!

  4. Marisa Bou

    Les deseo a todos un feliz año 2010. Del 2009, tan amenazado de crisis, les deseo que pase rápido y sin hacer demasiado ruido, ni causar demasiado estropicio. ¡Que paguen ustedes sus hipotecas en paz, con el amor y compañía de sus seres queridos!

  5. jserna

    Feliz año 2010, dice Marisa Bou. En 2010, precisamente, es cuando se cumple el primer centenario de la muerte de Mark Twain (de quien hablo en la segunda parte del post). Habrá que festejarlo. Mientras tanto pasemos 2009 lo mejor posible.

  6. jserna

    ¿Pobrecito Twain, por ateo? No, oiga, sr. Planas, somos más complejos. Odiar no odio a nadie en concreto. Sólo en fiestas de guardar me acuerdo de Dios: cuando los clérigos nos obligan. Yo, el resto del tiempo, me olvido de Su Eminente Figura.

  7. David P.Montesinos

    Uf, Mark Twain… Pasé mi adolescencia discutiendo con mi amigo invisible si mi vida futura caminaría por los derroteros de Tom Sawyer o por los de Huckleberry Finn. El famoso episodio en que la Tía Polly le castiga a blanquear la valla… Pura genialidad, la tarea evidentemente fastidiosa se convierte ante los amigos en una gozada por pura sugestión…Tom canta fingiendo alegría y consigue que los otros chicos le cojan envidia y acaben sustituyendole en la tarea. Conclusión: la vida es un estado de ánimo, así de sencillo. Esto me sirve para replantearme seriamente el espíritu de las Navidades. A mí, al contrario que a los miembros destacados de la intelligentsia, me gusta, me gusta mucho. El problema es que siempre se fastidia: unas veces era mi mujer (ya ex-mujer) la que me enviaba a tomar viento, otras una faringitis que parecía haber metido a Alien en mi garganta, un antiguo amor adolescente que se largaba a Europa el día 24 para estar con su idiota novio berlínes, los miembros de mi familia poniéndose por turno enfermos… Soy conformista, ya lo ven: quiero una Navidad con regalos, televisión, Frank Capra edulcorándonos el alma reseca,el concierto de Año Nuevo, mi amigo Manolo presentandonos a su nueva novia, los Reyes que vienen y han puesto micrófonos para ver si nos portamos bien y no la cagamos a última hora, mis sobrinas sonriendo por los regalos… No sé, yo no lo veo tan mal: en todo caso es que casi nunca puedo disfrutarlo sin calamidades, es una especie de maldición familiar.
    Dejen que siga siendo cursi. Lo que echo de menos, por ejemplo, es que los vecinos te deseen Felices Pascuas, parece que sea de mal gusto o que el otro -puta corrección política metida en nuestras cabezas para castrar el pensamiento- vaya a decir que eso le ofende porque no es cristiano… y por ese tipo de sumideros se van deslizando normas tan imprescindibles como la jovialidad o la simple cortesía. Si ni Bakunin ni la canción protesta han conseguido que se intensifique la solidaridad entre los humanos, ¿por qué no darle la oportunidad a la Navidad para que lo haga?

    ¿Que es mentira la Navidad? Claro, ya lo sabemos todos, pero también es una ficción el amor o las películas y el jazz, pero esas ficciones nos hacen felices y terminan siendo nuestra vida, un poco como la de Faroni -el quijotesco protagonista de “Sueños de la edad tardía”-, llega un punto en que uno tiene que hacer como que se cree de verdad la propia leyenda que ha forjado. Quizá sea pasajera esa simpatía sobrevenida con la que me saludaban anoche los vecinos, pero es que después, con la cuesta de enero, no obtendré siquiera esa impostura, las aceras volverán a ser tan inhóspitas como antes y los corazones recuperarán su coraza. habitual.Mi madre anoche, durante la cena, dijo: “soy inmensamente feliz, estamos todos”.

    No creo en Dios y jamás pensé que aquel señor cuyo nacimiento celebramos hoy fuera quien dijo ser. Muy al contrario, creo que solo tenemos una vida y que no hay salvación posible. Acaso por eso mismo los dioses nos tengan envidia,pues cada momento es irrepetible, podemos vivirlo en toda su intensidad porque no sabemos si será el último, y eso es algo a lo que ellos -aburridos como monas- no pueden aspirar. “Todo, hijo mío, es mentira”, le dice un Papa Noel depresivo a un crío en el genial chiste de El Roto de hace un par de días -no se lo pierdan-, pero al menos esta mentira, la de la Navidad, extiende la ilusión entre los niños.

    Me voy a comprar regalos.

  8. Juan Planas

    Importa poco lo que creamos o no… y nunca se me ocurrió pensar en salvación alguna… Qué cosas. No obstante, el lenguaje es un universo en sí mismo -tan complejo y tan simple- y en todas sus oraciones hay sujeto, verbo y hasta predicado (como mínimo aunque, ahora, los gramáticos les den otros nombres) y en ese entramado se celebra toda nuestra existencia. ¿Toda? Ah, señores, no, no. NO.

    Pero hoy es Navidad. Feliz día para todos.

  9. Ventura

    “Si ni Bakunin ni la canción protesta han conseguido que se intensifique la solidaridad entre los humanos, ¿por qué no darle la oportunidad a la Navidad para que lo haga?”.
    Pues, a mi entender, señor Montesinos, porque la solidaridad entre los humanos no es el objetivo de la Navidad. A no ser que considere solidaridad la costumbre extendida de cargar el carro de la compra con miles de euros en productos banales destinados a nuestros acomodados familiares y allegados para luego depositar orgullosamente 50 céntimos en el bote de los de cáritas.
    En cuanto a la supuesta “unión familiar” que potencian estas fiestas, hombre, me parece que el tema sería digno de un monólogo cómico de Buenafuente o algo por el estilo. A mi madre, por ejemplo, estas fechas la deprimen. Y no es extraño si tenemos en cuenta el mensaje que nos da la televisión: “sé feliz ahora o serás condenado”. Es un mensaje amenazante, envuelto en turrones, anuncios de colonias con acentos extranjeros y catálogos de juguetes más caros que una nómina de mileurista.
    El espíritu de la Navidad es el consumismo elevado a la enésima potencia y la marginación de un sector de la población que no puede seguir esos hábitos. A partir de aquí, cada uno puede tratar de pasar estas fiestas lo mejor posible, pero si hay algo que no favorecen es la solidaridad.
    Eso sí, hay que reconocer que existe una cierta “magia” en la Navidad, porque si no no se puede explicar que en esta coyuntura de crisis tan grave y que según parece nos tiene con el agua al cuello a todos, estos últimos días las zonas comerciales estuvieran atestadas de clientes (tantos como otros años) gastando enormes cantidades de dinero.
    Ah, la magia…

  10. Arnau Gómez

    Deseo a todos y todas los que entran en este foro que cada día de lo que queda del 2008,todos los del 2009,2010 y todos los que les queden hasta la consumación de los siglos, sean felices.¿Que eso es imposible?.¡Pidamos lo imposible! ,aunque les pese a los que quisieran que el 68 nunca hubiera existido,pero el 68 existió,doy fe.Aprovechen cada minuto para conseguir esa felicidad que cada uno se proporciona,porque nadie le da su felicidad a los demás.Quizá algun iluminado pretende dar parte de lo cree su felicidad, a los demás¡Vano intento, siempre fallido o que, en el fondo, esconde la pretensión de acaparar la felicidad ajena con esa excusa!.
    Sean buenos,felices,sabios,inteligentes.Dios se lo premiaría, tal vez, en ese otro mundo del que nadie vuelve y del que nada se sabe.

  11. jserna

    “La vida es un estado de ánimo, así de sencillo”, dice David P. Montesinos. Coincido con él. Yo también creo que, una vez superado el umbral de necesidad o de supervivencia, todo depende del estado de ánimo. Yo tiendo a ser optimista. Por eso, no espero nada y procuro hacer las cosas con diversión e interés. No espero nada, insisto. Y menos de la ‘Natividad’ (como leí el otro día en el semanario católico ‘Alfa y Omega’, que se solazan con terminachos esforzadamente antiguos). Vaya. Y me gusta escribir periódicamente contra la tontería de la Navidad. Es un ejercicio de individualismo. “¿Ah, sí? Pues entonces sea coherente y renuncie a las celebraciones”, me dirá el creyente. Ah, no. No me pidan que renuncie a la holganza y a las vacaciones: eso es otra cosa.

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    Saludos, Ventura. Cuánto tiempo…

  12. Marisa Bou

    El señor Ventura tiene más razón que un santo. ¡Ups! Se me ha deslizado la palabra “santo”. La solidaridad es lo más alejado del espíritu navideño, basado en comer, beber y gastar en exceso, al tiempo que nos mostramos obligatoriamente alegres, aunque estemos sufriendo una dolorosa indigestión.

    Yo no “intento” ser feliz en esas fechas, sino que durante todo el año, mi mayor preocupación es no hacer infeliz a nadie, al menos conscientemente. Sí, don Arnau, somos dueños de nuestra propia felicidad, pero no podemos administrarla a nuestro antojo, ni repartirla con nadie. Cada cual tiene la suya. Eso sí, les deseo a todos ustedes que sean moderada y sensatamente felices.

    Don David, todos los que aquí escribimos (creo) estamos de acuerdo en la mentira de la navidad. Lo que nos molesta a algunos es que las iglesias traten de vendernos el buey y la mula como realidades celebrables, pues ahí radica la causa del consumismo salvaje en el que nos ahogamos, mientras los de siempre se siguen muriendo de hambre.

    ¡No me toquen la zambomba, hombresdedios!

  13. Paco Fuster

    Aún recuerdo que siendo un niño inocente leí “Las aventuras de Tom Sawyer”, en valenciano y en una versión adaptada, supongo. Luego siempre he querido leer más cosas de Twain porque es un autor desconocido para mi. Entre los círculos de la gente que se dedica a la historia del género y de la literatura feminista, Twain es bastante estudiado y querido porque dicen que de sus libros se desprende un delicioso y fino feminismo. Hay varios estudios -todos en inglés- sobre la visión del género en Twain, precisamente en obras como “Las aventuras de Huckelberry Finn” o las páginas autobiográficas de Twain. También es un autor clásico en los compendios de citas y aforismos.

    Las “Reflexiones contra la religión” no las he leído, pero el título y por lo que dice Justo, me remite a un libro que acaba de publicar RBA (“Por qué no podemos ser cristianos y menos católicos” de Piergiorgio Odifredi) sobre el ateísmo y el laicismo. Tema interesante y recurrente.

    Que acaben de pasar un buen dia de Navidad.

  14. David P.Montesinos

    No discrepo de nada de lo que dice Ventura, por más que mi intervención pueda sugerirlo, aunque tiene cierto tono provocativo que usted habrá detectado sin duda. Bueno, quizá me dejo llevar por cierta euforia, cuestión de estados de ánimo.
    A vueltas con lo que dice Paco Fuster sobre Twain, yo me quedo con una que creo que no se ha nombrado aquí, “Príncipe y mendigo”. Algo que me queda del último libro de Serna es que debemos saber evaluar la trascendencia de algunos textos que quizá no sean reconocidos por los expertos como obras maestras y no se estudian por ello en las universidades, y sin embargo son continuamente recordados, han pasado ya a formar parte del imaginario colectivo. Con esta novela pasa algo de esto, como con “Oliver Twist” o “Cuento de Navidad”, de Dickens, autor imprescindible con el que solemos reecontrarnos en estas fechas. “Príncipe y mendigo” es una fábula sobre la intercambiabilidad de los papeles. No soy un príncipe, desde luego -los príncipes son mas guapos y rubios- pero anoche, cuando volvía de la cena de Nochebuena en la casa paterna, vi a un desgraciado enterrado en harapos y trozos de cartón durmiendo sobre un banco y, no pude evitarlo, me pregunté ¿por qué es él mendigo y no yo? ¿Me merezco la comodidad en la que vivo o es simplemente producto de las circunstancias? Temo que la segunda opción es la correcta. Los roles que creemos haber obtenido por derecho divino o por nuestro mérito y que nos granjean el saludo respetuoso de nuestros vecinos son en realidad más frágiles de lo que pensamos, son el resultado de un cruce de muchos caminos que muy bien hubieran podido llevarnos a otro lado. No sé si ese poner en interrogantes el valor de la identidad tiene que ver con la teoría del género a la que se refiere Fuster, yo creo que sí.

  15. Miranda

    Me gustaría que se lo pasaran muy bien, recordando a los que se fueron, con la alegría de tener a los que están y la esperanza de los nuevos afectos que vendrán.

    Un abrazo enorme para todos los amigos de esta casa/blog.

    M.

  16. Marisa Bou

    Muchas gracias Miranda. Lo ha expresado usted muy bien, con gran economía de palabras. Pasado, presente y futuro son una misma cosa cuando se escriben. Un abrazo también para usted.

    A David le diría que no me cabe la menor duda: usted se ha ganado su puesto en la vida, incluso uno mejor. Sé que se dedica a su hermosa profesión de la enseñanza con el mayor de los empeños. No quiero decir que el mendigo haya merecido serlo. Pero no me negará usted que cualquier posibilidad podría darse, incluso la de que prefiera ser mendigo. Lo que pasa es que desconocemos las circunstancias que le han llevado a su situación. Pero que usted piense que las posiciones podrían ser intercambiables, no, me niego a reconocérselo. Y luego dicen que yo soy modesta… ¿Qué le pasa, don David? ¡Abandone ya el dichoso espíritu navideño, que no le sienta muy bien!

  17. jserna

    “¿Me merezco la comodidad en la que vivo o es simplemente producto de las circunstancias?”, dice David P. Montesinos.

    Esa pregunta, que es la pregunta, no tiene nada de religiosa ni de navideña. Es humana, propiamente humana…, como ocurre con las preguntas que nos hacemos viendo ‘Million Dollar Baby’. Tiene que ver con el dolor, con la felicidad. Etcétera.

    Saludos, Paco Fuster. Y enhorabuena (ya sabe por qué).

    Un abrazo, Miranda.

  18. Paco Fuster

    Muchas gracias, Justo. Iba a comentar una cosa (en parte relacionada con ese “ya sabe por qué”, en parte) en mi anterior intervención pero no quise inspirar lástima. Cuando he entrado antes al blog acababa de entrar en casa. Hoy he ido a trabajar de camarero, que es -a día de hoy- mi “categoría profesional” según leo en mis nóminas. Como todos los días de Navidad desde hace ocho años a las 9:30 pm invariablemente. El día de Nochevieja (con ésta van ocho) volveré a ir a trabajar. No me quejo para nada. Gano dinero (si no, no iría, evidentemente) y me lo paso bien (en mi empresa me aprecian mucho -o lo disimulan- y hay compañeros que son excelentes personas); dentro de lo bien que se lo puede pasar uno trabajando. También es verdad que tengo ganas de darme un respiro. Son casi 800 bodas (datos de mi vida laboral disponibles, nada de exageración) las que me he metido entre pecho y espalda, compaginándolas con la carrera, por supuesto. Me decía Rogelio López (Ojos de Papel) el otro día, que eso es una escuela para la vida y un aprendizaje de cultura popular. No lo sabe bien…

    Lo que uno ve en un salón de bodas cada fin de semana es una de esas famosas cosas que no se aprenden en los libros. Un día le podríamos dedicar un “post” al fenómeno de las bodas, al porqué la gente se casa tanto, se separan y luego se vuelven a casar. Por qué el día de Navidad hay que ponerse el traje y la corbata, el bisón y la trenca del niño para ir a comer con la família. Si es verdad eso que dice Eluard y que me gusta tanto -que “existen otro mundos pero que están en éste”- la hostelería y, concretamente, el sector de bodas, bautizos y comuniones es todo un mundo, un mundo que visto desde fuera parece una cosa pero que desde dentro cambia mucho, ya lo creo que cambia… Si tuviera tiempo -y alguien que lo editara- escribiría un libro sobre el tema, un libro de sociología de los banquetes nupciales y de los tipos humanos que allí se sufren.

  19. Paco Fuster

    A las 9:30 a.m. quise decir. Están todos tan dormidos después de la Nochebuena de fiesta que ya no saben ni en que franja horaria están. Pero se entiende.

  20. Juan Planas

    Para cultura popular vigente ya está la TV. Sobre bodas sé más bien poco (a la única que no debería haber ido, fuí, qué error:-). Pero qué importa ahora eso. Todo se entiende más tarde o temprano, se explica, se simplifica, se digiere. Sobre eso hablo mañana en mi columna. Ahora simplemente divago tras un ataque compulsivo de hambre y amor satisfechos… Me remuerde el colesterol, pero eso es sólo una parábola judeo-cristiana. Culpa y arrepentimiento. ¿No hay salvación fuera de ese círculo vicioso? ¿Qué regimen me pondrá a salvo y de qué? Hablaré con mis médicos y con los de otros (¿tal vez con Freud y Marx?;-)

    Personalmente nunca he pensado en Dios ni cuando los clérigos me lo convocaron como en un aquelarre (la noche aquella de ejercicios espirituales en la sierra de Mallorca sí que pensé en la muerte: ese fue el único Dios que se me apareció. Poca cosa hasta para el colegial que era yo entonces). Pero hay más.

    Todavía no he despertado de algunos versos antiguos de Hölderlin, de Goethe, de Milton, del Génesis y del Apocalipsis. No obstante, ahora, algo insomne pero somnoliento, sigo el camino de Lady Shalott en su barcaza río arriba. O abajo. Canta Lorenna Mckennitt. Bona nit.

  21. jserna

    Paco, su experiencia en el ramo de la hostelería -sector “sector de bodas, bautizos y comuniones”– es algo que debería rentabilizar. Efectivamente, no debería desaprovechar esa ‘observación participante’. Dice usted: “si tuviera tiempo -y alguien que lo editara- escribiría un libro sobre el tema, un libro de sociología de los banquetes nupciales y de los tipos humanos que allí se sufren”.

    Oiga, por favor, hágalo. Sabe que yo confío en su trabajo. Usted me ha obsequiado con un volumen muy interesante y clásico: ‘Muerte a la americana. El negocio de la pompa fúnebre en Estados Unidos’, de Jessica Mitford. Usted podría escribir un libro que fuera algo equivalente (muy serio y muy divertido a la vez): ‘Hostelería a la valenciana. El negocio de las bodas, bautizos y comuniones en España’. Dígale negocio, dígale sociología.

    Lo estoy diciendo muy en serio.

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    La última experiencia en convites nupciales que fuera verdaderamente felliniana o berlanguiana la tuve hace veintidós años. Era una boda alcoyana en el ‘Hotel Reconquista’, creo que se llamaba así. Fue allí pero podría haber sido en Valencia. Al novio le cortaron preceptivamente la corbata; a la novia, las bragas. Luego no recuerdo si subastaban los cachitos o los vendían a precio fijo entre los invitados y restantes parroquianos.

    Como con la religión o como con Dios: ver para creer. ¿O era al revés? Creer para ver.

  22. Isabel Zarzuela

    “La vida es un estado de ánimo…”. Sí. También estoy de acuerdo.

    En relación a lo que “imaginaba” E. M. Foster, les reproduzco aquí lo que imaginaba Virginia Woolf:

    He soñado a veces que cuando amanezca el día del juicio, y los grandes conquistadores y abogados y juristas y gobernantes se acerquen para recibir su recompensa, el Todopoderoso, al vernos llegar con nuestros libros bajo el brazo, se volverá hacia Pedro y dirá, no sin cierta envidia: “Míralos; esos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles. Les gustaba leer”.

    Pues eso, a leer :-)

    Feliz 2009 a todos los amig@s bloguer@s.

  23. Paco Fuster

    Señor Planas, mejor que no sepa. Supongo que usted se refiere, más que a la boda en sí (cuando digo boda, me refiero en mi caso al banquete), a las consecuencias de la boda. Eso otro tema amigo Juan. Lo que ocurre es que a veces, una cosa lleva a la otra. Se lo digo porque, Jesús, un maître de donde trabajo, lleva casi 40 años en el negocio. Tiene anécdotas para pasar tardes y tardes riéndote sin parar, entre ellas, la de un buen hombre que se ha casado tres veces (con diferentes mujeres, se entiende) y las tres lo ha celebrado allí. Yo, no es por fastidiar (parecerá que estoy fomentando los divorcios, nada más lejos), pero hay una cita -de estas típicamente apócrifas- normalmente atribuida a Woody Allen, que dice lo siguiente: “Hay matrimonios que acaban bien; otros duran toda la vida”. Pero bueno, mejor no entrar en casuísticas personales…

    Gracias por tu confianza Justo. Aunque suene a coña, yo tampoco lo decía en broma. Es una idea recurrente en mi cabeza y, es más, yo me atrevería a decir -así sin comprobarlo- que debe de haber algún precedente o algo de bibliografía sobre el tema. En mi caso, el problema es la falta de tiempo para hacer algo bien hecho. Yo ahora podría escribir cuatro ocurrencias, más o menos graciosas, pero no me refiero a eso. Quiero decir un libro bien hecho, documentado y razonado, aunque no por ello largo y pesado. Un libro de sociología, con humor pero serio, con categorías de clientes o comensales definidas, con estudios psicológicos -en la medida de mis posibilidades, claro- y con ejemplos concretos. Un libro que estudiara la lógica interna que tienen esos comportamientos aparentemente irracionales que llevo viendo desde hace años. Estoy pensando por ejemplo, en aquel libro titulado “Soldados de cerca de un tal Salamina”, aquel en el que había una breve introducción sobre los tipos de librero y los tipos de clientes que van a una librería. Por mi casa debe andar un completo dossier de un curso que hice de hostelería en el que, además de las recetas de unos cien cócteles, hay un extenso capítulo sobre la tipología de los clientes de un restaurante según su psicología. El profesor que tuvimos nos decía que el camarero debe tener una paciencia infinita y ser como un buen psicólogo: con una mirada y un primer intercambio de palabras, ya debe saber si el cliente le va a hacer las cosas más fáciles o todo lo contrario.

    En la primera parte del libro de Mitford (no la leí entera pero la ojeé) explica la autora que lo suyo empezó así: de un artículo que iba a pasar desapercibido, se armó tal revuelo que le propusieron lo del libro; luego se convirtió en un clásico, divertido pero a la vez mordaz, que pone el dedo en la llaga. Prometo documentarme este verano sobre el tema y valorarlo con la calma que merece. El tema es más serio de lo que parece. Es una industria que mueve cantadades ingentes de dinero y en la que todo tiene su porqué, aunque a veces no lo parezca.

    Hablando de banquetes, me dijé a mi mismo que si todo salía bien, os invitaría a ti (Justo) y a Anaclet a una buena cena como muestra de agradecimiento y para celebrar lo que ya sabes, aquí en Alginet o donde querais (que no sea “El Bulli” vamos, más que nada porque no hay fechas; si hay que ir se va). Os lo quería haber dicho antes , pero da igual; me comprometó aquí “públicamente”: invitados estáis. Ya hablaremos…

  24. Juan Planas

    Sí, Don Paco, por ahí me deslizaba yo, sí;-) En cuanto a la literatura yo también le animó a seguir adelante con sus proyectos. No hay que olvidar que la realidad no es sólo el punto final, el objetivo y el argumento casi único de toda creación literaria; es, también, su punto de partida.

    Un abrazo.

    PD. Ah, y por cierto, mi enhorabuena más efusiva y cordial por eso que ustedes saben…;-)

  25. jserna

    Eso que nosotros sabemos es los más altos logros académicos. Con financiación incluida.

    Paco, yo creo que puede escribrir ese libro. Y, sí, hay toda una sociología sobre el comensalismo y la cortesía. Escribo sin pensar… Por ejemplo, Norbert Elias sería el pionero. Sobre la boda y otros acontecimiento sociales desde el punto de vista del ritual, Edmund Leach, ‘Cultura y comunicación’ y Victor Turner, ‘El proceso ritual’. Etcétera, etcétera. Sobre el gasto ostensible, Marcel Mauss, ‘Ensayo sobre el don’ o Veblen, ‘Teoría de la clase ociosa’. Pero no nos extendamos. Ya hablaremos. Perdón por este rollo.

    Y, hombre, muy agradecido por esa invitación, Paco.

  26. David P.Montesinos

    Justo me lo ha quitado de la boca, no tenga ninguna duda Paco en llevar a cabo el proyecto al que se refiere. Si quiere vender muchos libros a una editorial idiota titúlelo algo así como “mil y una anécdotas de bodas”, pero si es algo que de verdad le sale de dentro aproveche usted su experiencia y haga un buen estudio al modo de los antropólogos, y por cierto la lista de textos a que se refiere Serna es impagable. El complemento a sus ingentes conocimientos empíricos sobre el asunto podría ser el de mis hermanas, consumadas expertas en divorcios… Usted no imagina -bueno, por lo que oigo, a lo mejor sí lo imagina- a qué extremos de mezquindad e iniquidad moral pueden llegar los seres humanos. Tan imbéciles y tan mierdas somos al casarnos como al divorciarnos, por lo visto. Cuando yo tenía su edad me pasó varias veces que perdí la amistad -a cualquier cosa le llamo amistad- de tipos y tipas muy anarquistas y muy progres simplemente por qué al invitarme a su boda yo hice profesión de sinceridad y dije “no”, “¿por qué no?”, preguntaba el consorte votante de Izquierda Unida, “¿y por qué sí?”, replicaba yo… Y por ese desagüe fueron escapándose amigos del colegio y de la universidad. Estaría bien hacerse una pregunta: cuando en una boda hay cientos de invitados, ¿es que todos ellos quieren a los casaderos? Lo digo por qué yo, que estoy en un momento dulce en amistades y afectos, creo que si me casara mañana tendría como para llenar dos mesas de a cuatro. Otra pregunta, ¿cuantos de los que están deseaban de verdad ser invitados? Lo diré de otra manera. Se casa alguien y me invita a su boda. Esa persona apenas trata conmigo porque no le gusto, cosa muy razonable, pero -ante mi perplejidad- me inscribe en la lista. Estoy obligado a ir y en la hortera carta de invitación me dice el número de cuenta donde tengo que poner pasta para que su novio y ella se compren una tele de plasma o se vayan a tomar mojitos a Punta Cana. Voy a aburrirme como una ostra viendo las gilipolleces que usted, Paco, ve continuamente en su restaurante… Voy a tener que desear felicidad al hatajo de subnormales que se emocionan cuando entran los novios y suena el himno de España… No sigo por qué si nos convencemos de que somos gilipollas le vamos a reventar el negocio al jefe de Paco, pero ¿cuál es la diferencia entre que me inviten a una boda y que me den una patada en los testículos? No creo que cualquier ritual sea execrable, pero el matrimonial lo hemos convertido en algo tan mezquino y despreciable como ese consumista correr al Corte Inglés que muchos de ustedes asocian -acertadamente- con el espíritu navideño. Escriba el libro, y no hable más de ello, que las buenas ideas no tienen copyright

  27. Isabel Zarzuela

    Estoy completamente de acuerdo con lo que apunta el Sr. Montesinos en su última intervención. Esto del negocio y la hipocresía de las bodas está llegando a límites insospechados.

    Hace ocho años, 5 primos hermanos míos (por parte de madre) decidieron casarse el mismo año. Imagínense el gasto de dinero que todo ello supuso para toda una misma familia: vestidos, peluquería, regalo de los novios… Claro, se trataban de ceremonias religiosas (sin ser ninguno de ellos especialmente religioso, por no decir nada…), y se tenían que celebrar como dios manda, o como el consumismo manda, o como la cara dura manda.
    Bien, pues sólo uno de esos 5 primos sigue casado hoy en día. El resto se divorciaron a los 2 años. Uno de éstos se volvió a casar hace cuatro años, ¿creen ustedes que hizo una celebración más modesta? Pues no. La hizo exactamente igual de absurda, salvo que la ceremonia fue civil.

    Hace tres años se casaron por la iglesia unos amigos; hace dos lo hicieron otros civilmente. Pues bien, debo decirles que pese a las intenciones de salirse de lo “común” los segundos (los de la boda civil), el resultado final, fue exactamente el mismo: que si tienes que pedir cita con dos años de antelación, que si el traje cuesta un dineral, que si el viaje de novios otro tanto, que si con 300 invitados cómo distribuimos las mesas, que si la tarta, que si el fotógrafo (lo del fotógrafo no tiene nombre).

    Pero lo más hipócrita, lo que más me pone a parir, es la cara tan dura de los novios: invitan a personas que no ven en años diciendo que les hace mucha ilusión que asistan a su boda, les exigen que como mínimo les paguen el cubierto (si no es así, ya no les hace ilusión que asistas o te ponen a caldo), y bueno, lo de la cuenta bancaria en la tarjeta de invitación… eso, … eso, …eso es una falta de respeto.

    Me estoy planteando seriamente no acudir a determinadas bodas. Todo a su tiempo.

    Sr. Fuster, enhorabuena por sus altos logros académicos, con financiación incluida.

  28. Alejandro Lillo

    Uno se despista un par de días y ya pierde el hilo. ¡Qué barbaridad!
    Lo que dice el señor Ventura sobre la Navidad es cierto, pero yo diría, abundando en cierto modo en lo dicho por David que, joder, pa´ una cosa entrañable, agradable y bonita que tiene el capitalismo no nos la carguemos la primera, coño. Dejemos la desaparición de la Navidad para lo último :-) Quien quiera comprar que compre y quien quiera disfrutarlo en la intimidad de la familia – estilo Ana Serrano (¡qué envidia!) – pues que lo haga.

    A Paco decirle que se deje de zarandajas y que se ponga a escribir. Cómprese una libretita – le recomiendo las moleskine – y, entre plato y plato, observe, reflexione y escriba aquellas frases e ideas que le dicte su experiencia y buen sentido. Con todo ese material, cuando tenga tiempo, podrá producir el libro.

    “¿Me merezco la comodidad en la que vivo o es simplemente producto de las circunstancias?”, dice David P. Montesinos. Yo también creo que esa es LA pregunta. También dice Justo Serna que esa pregunta “es humana, propiamente humana…, como ocurre con las preguntas que nos hacemos viendo ‘Million Dollar Baby’. Tiene que ver con el dolor, con la felicidad.”

    Tanto la pregunta de David como las que nos genera Million Dólar Baby, nos impacta y nos conmociona por su carácter trágico. Million Dollar Baby es una tragedia, como posiblemente lo sea la vida del mendigo con el que se encuentra David. Ojo, no es un drama, sino una tragedia: nos puede pasar a todos. Y no necesariamente tenemos que hacer algo mal para que nos pase. Esa es la esencia de la tragedia. Por eso nos emociona y nos aflige, porque además, sabemos que no hay redención posible, no hay “pecado” que purgar. Es una “delgada línea roja” que establece una distancia insalvable entre unos y otros. Una delgada línea roja que, al cruzarla involuntariamente, destruye tu vida y la convierte en tragedia.

    No sé. Yo he optado por las lágrimas navideñas propiamente humanas. Ayer fui a ver “El intercambio”, de Clint Eastwood. Es una de esas raras películas de las que – por los sentimientos que me generan, por lo que me remueven – soy incapaz de hablar al acabar de verlas. Necesito tiempo para que su mensaje repose en mis entrañas. Tal vez en otro momento opine sobre las bodas de hoy en día y la soledad hopperiana que rezuma la película. Tal vez la distancia no sea tan grande como parece. Pero ahora, como la vida es un estado de ánimo, mi cuerpo – o mi espíritu – tan solo me pide silencio.

  29. Arnau Gómez

    Los españoles tenemos la costumbre de celebrar cualquier cosa con una monumental comida.En tierras castellanas,sobre todo en las aldeas,había una costumbre que a mi me parecía extraña.En un entierro se servía a los asistentes al mismo,un caldo y posteriormente,lque habían estado en el sepelio, se comían el cocido.Excepto los familiares muy directos del muerto, todo el resto de la familia se dedicaba a matar pollos, conejos y en aquellos casos que lo merecía, se mataba un ternero.Luego se condimentaba un cocido.En nuestras tierras la costumbre consistía en unas pastas de anís, coca cristina y mistela o anís , para las mujeres y coñac o absenta para los hombres.
    La costumbre tiene su explicación,sobre todo la castellana. Las familias se desparramaban por muchos pueblos, que estaban muy distantes, a varias horas, a lomos de caballerías,por lo que se necesitaban dos días para ir al funeral.Los asistentes tenían que comer y beber y no se iban a traer las vituallas.Esa costumbre ha permanecido en los tiempos de los coches, de las autopistas y del AVE, porque hay un refrán qude las bodas pueden tener un origen semejante.

  30. jserna

    A propósito de los convites, les largo un bla-bla-bla antropológico.

    Decía Marcel Mauss en su ‘Ensayo sobre el don’ que el regalo no es una institución gratuita, sino una sistema de obligaciones. Si regalas, esperas que el agraciado acepte el presente. Si no lo aceptara, la relación se rompería. Por eso, cuando queremos seguir manteniendo las amistades, recibimos el obsequio. ¿Y qué sucede entonces? Pues que estás obligado a “devolver” el regalo con otro presente que pueda ser equivalente: si obsequias con algo menos valioso, entonces la relación peligra. Por eso, quien acepta un regalo está obligado: ha entrado en ese sistema de prestaciones y contraprestaciones. ¿Y un obsequio es poca cosa? No: es un intercambio de bienes materiales de gran importancia económica y de enorme repercusión emocional y simbólica.

    Ah, por cierto: a mí me gusta regalar y que me regalen. Buenas tardes.

  31. Arnau Gomez

    Les cuento un acaecido.En una ciudad de la costa, cuyo nombre me cuesta acordarme, una chica bien, aborigen, se casó con un chico bien, aborigen tambien.Durante el viaje de bodas,la chica aborígen se encontró ¡oh casualidades de la vida! con un ex-novio no aborigen que tuvo la chica antes del actual casacantano.La chica y el no aborígen estrecharon nuevamente los lazos, al tiempo que se aflojaba el lazo indisoluble que los había ligado en la capilla de la Virgen.El lazo se estrechó tanto , que a la vuelta del viaje, la novia le dijo al marido que le gustaba más el exnovio y que se iba con él.Así ocurrió y los desencantados amigos de los novios le exigieron al que se había quedado, que les devolviera los regalos que les habían hecho.El novio abandonado,sin inmutarse les dijo: “Devolvedme lo que os comisteís en el convite de la boda”. Y los amigos, más inmutables que el novio, se metieron los dedos en la garganta.El final en el próximo número.

  32. Paco Fuster

    Muchas gracias, Juan e Isabel. Las buenas notícias y los reconocimientos oficiales siempre saben mejor cuando se comparten con gente cercana. Al margen de la financiación, que -para que lo voy a negar- es fundamental (de ahí la relación con mi trabajo), no hay como una palmadita en la espalda.

    Agradezco los ánimos de David, Alejandro y Ramón con el tema del libro. Mejor lo dejamos de momento. A corto/medio plazo es bastante improbable. Como decía Virginia Woolf en “Una habitación propia”, para poder escribir se necesita independecia económica y un cuarto porpio. Yo de momento -a ver esa financiación lo que tarda- no tengo ni una cosa ni la otra. El otro día hablaba con una amigo que no acababa de entender cómo me he metido ahora en un Master y no he ido de cabeza a las oposiciones: “Primum vivere, deinde philosophare” me decía. En fin, que nos queda la idea para un futuro.

    Esa cita de Marcel Mauss que reproduce Justo ya se la había leído, a Mauss y a Justo quiero decir. La idea es interesante, pero la práctica la contradice totalmente, al menos en mi caso. A mi siempre me ha gustado más regalar, pero también digo que, si me tuvieran que “devolver” todos los regalos que he hecho (muchos de ellos libros carísimos y otras cosas que voluntariamente he olvidado), más de una amiga me cubriría con regalos. Pero me temo que mis amigas no han leído mucho a Mauss. Va a ser que no.

  33. Ana Serrano

    Palmadita también mía y enhorabuena grande, de mi parte, Paco. Coincido con usted: me gusta infinitamente más regalar que recibir regalos, que me llenan de vergüenza; además, hay regalos que más que eso son una agresión, un exigir, no sólo la reciprocidad de otro regalo, la amistad más íntima y una dedicación plena. Hay otro tipo de regalos que las mujeres de mi época conocemos bien: un ramo de flores despampanante enviado por alguien que no recuerda jamás tu cumpleaños es, cuanto menos, sospechoso y, si es una joya, es fácil que esté próximo el divorcio.

    Yo estuve en un boda, la segunda civil que se celebró en Madrid (se lo digo para su colección, para cuando escriba el libro que todos deseamos leer ya, que tenga una excepción para confirmar la regla), entre dos personas solteras, es decir, fue civil por convicción, no por necesidad, a la que asistieron los contrayentes y los padres y hermanos de ambos. Doce personas en total. De ante mano y por si acaso (había un “gracioso” entre los hermanos) se prohibió tirar arroz, aplaudir, gritar ¡vivan los novios! y pretender siquiera cortar y sortear ninguna prenda. Se hizo por todo lo alto; celebrada en un magnífico restaurante, los contrayentes fueron a hacerse fotos de estudio al mejor de los fotógrafos y se escogió un menú exquisito. Se envió a amigos y familiares un tarjetón comunicando el enlace y el nuevo domicilio de ambos, adjuntando, a los más próximos, una foto del día y añadiendo que no se admitían regalos. Fue la boda más divertida y agradable a la que he asistido y todos los invitados aún, tras 26 años, la recuerdan así. Pero (aquí el pero), la madre del novio decidió no comprarse un vestido nuevo porque era una boda civil y preguntó, varias veces, tímidamente, si la novia estaba embarazada como explicación a una boda tan rara, pero lo mejor fue el escándalo del maître del restaurante. Sintió un desprecio absoluto por una boda semejante, aunque, al finalizar, vino a decir que, aunque muchas así serían su ruina, había sido la más agradable que recordaba. Así la recuerdo yo también, pese a haberse roto la pareja hace seis años. Así me casé yo y así entiendo esos actos, con la asistencia única de las personas a las que les importa realmente lo que ocurre. He sentido después no ampliar un poquito la cosa a tíos y primos, pero habría habido alguno que se pasara y queríamos estar bien. Después los invitamos por grupos familiares a comer a casa ¡y trajeron regalos!, pero creo que los compraron más contentos.

    Ya ve, Paco, yo he pensado muchas veces escribir un libro parecido al suyo, pero sobre defunciones. Si trabajara en pompas fúnebres no dude que ya lo habría escrito. Un entierro es algo muy parecido a una boda, pero sin regalos ni alcohol -a veces-, la gente va menos a regañadientes. Es una convocatoria multitudinaria a un acto íntimo en que la gente gasta lo que no tiene. Desgraciadamente soy una experta en organizar entierros y las conversaciones con los empleados de los tanatorios y de los cementerios son más para una antología del disparate que otra cosa. La seriedad impostada del empleado, con el catálogo de cajas y ornamentos a todo color en sus manos: “¿Su señora tía es alta o baja?” “Pues le aconsejo esta caja más recogidita” “¡No quiere flores!” (Cara de asco y peor trato), o: “Éste nicho tiene muchas mejores vistas ¿? Y es mejor tercer piso que segundo para que no se manche cuando llueve” “¿Que no va a poner ningún comentario como “Tus hijos no te olvidan”?, pues le advierto que no sube tanto” (cara de asco y peor trato).

    En fin, que los humanos somos raros y hacemos lo que todos, que es mucho más cómodo y no le choca a nadie. Si nos decidimos a hacer lo que nos apetece, lo más seguro es que acaben llamándonos snobs.

  34. Isabel Zarzuela

    Sra. Serrano, esa boda que usted describe celebrada hace 26 años me parece preciosa, para nada impostada (como la mayoría de las ceremonias a las que yo he asistido en los últimos 8 años). Una boda “por convicción”. Sí señor.

    Ah! y a mí también me gusta mucho hacer regalos( y todo el proceso que conlleva: ideación, búsqueda, envoltorio…); también me gusta que me hagan, claro.

  35. Paco Fuster

    Gracias a usted también Ana. A mi espalda le vienen bien las palmaditas. Durante estos últimos seis años de carrera, le hubieran venido bien algunos masajes, la verdad. Entre las horas que hacía entre semana sentado en la biblioteca o en ese potro de tortura que son -para una persona de mi estatura- las sillas de las aulas de mi facultad y luego las horas que hacía trabajando y cargando pilas de platos, más de un lunes hice verdaderos esfuerzos para levantarme e ir a clase. Eso sí, siempre me levanté, siempre fui a clase.

    El libro que usted dice sobre los entierros también tiene precedentes. En un comentario de Justo en esta entrada, cita un libro que le regalé hace unos días de Jessica Mitford. Su titulo original es “The American Way of Death” y si le gusta el tema este se lo recomiendo vivamente. Yo no lo he podido leer, pero las referencias son inmejorables. Más que sobre los entierros en sí, el libro analiza el negocio de la industria funeraria en los Estados Unidos de los años sesenta y setenta, un negocio que movía cantidades ingentes de dinero. Es un libro de humor negro, pero también quiere ser un reportaje de investigación serio. Supongo que Justo hablará de él algun día, pero si puede hacerse con él, le gustará. Lo acaba de publicar la editorial catalana Global Rythm.

    Y sobre las bodas, me permitirán que me abstenga ya. Leo todos sus comentarios, pero no quiero pasarme con el tema. Solo les digo, por mi propia experiencia, que la realidad -como siempre- supera la ficción.

  36. jserna

    Vamos a ver, sr. Fuster. Mire que llevamos dos días reconduciendo el post desde la Navidad y sus obligaciones, hasta la boda y sus regalos. No he puesto nuevo post porque esta discusión sobre su trabajo es mucho más interesante que la diatriba de Twain contra la religión. Fíjese, hablo de Twain. Y ahora, cuando podría usted escribirnos una primera aproximación al convite nupcial entre divertido y sociológico, nos deja con la miel en los labios. ¿Imaginan un post –el esbozo de un ensayo futuro– sobre el convite de boda? Serían unos párrafos estupendos, sr. Fuster.

    Fíjese lo que ha hecho. Primero nos revela cuál es su dedicación laboral de fin de semana, un trabajo que le ha permitido observar etnográficamente el comportamiento humano. Y luego nos dice que se calla. Usted sabe que puede estudiarse la Pelea de Gallos en Bali, como hizo Clifford Geertz; y puede estudiarse el convite como comensalismo y fraternidad y gasto. O despilfarro fastuoso. Decía Lévi-Strauss que entre los primitivos una forma de generosidad es la destrucción de riqueza: de generosidad, pero también de ostentación. Entre nosotros, el convite es algo de eso y mucho más que usted sabe.

    Si le apetece… describamos esa realidad que -como siempre- supera la ficción.

    Y, si no le apetece o no puede, pues lo dejamos estar.

    Buenos días.

  37. Alejandro Lillo

    Don Arnau, vaya historia la que nos cuenta. Ninguno de los personajes tiene desperdicio, ja, ja, ja.

    Yo creo que la cita de Mauss es apropiada porque permanece vigente, y en algunos casos demasiado vigente: si en vez de regalos entre amigos (la amistad, como el amor, es solo eso, regalar sin esperar nada a cambio) pensamos en favores políticos, la cosa adquiere otra perspectiva, y si a eso le sumamos, por ejemplo, el visionado de películas como El padrino, pues ya nos vamos haciendo una idea bastante clara de como funcionan las cosas en determinadas esferas.

    Doña Ana, por lo que cuenta tuvieron que ser ustedes muy valientes para tomar esa decisión hace 26 años. No debió resultarles fácil, no. Me alegra que lo consiguieran.

    Las bodas y los entierros, pero también los bautizos y las comuniones, las cenas de empresa, las despedidas de soltero/soltera, etcétera, etcétera, son espacios fecundos para el análisis antropológico y social, y de ellos se pueden extraer conclusiones no sólo útiles y valiosas, sino también muy divertidas. ¡Paco, por Tutatis, saque provecho de su experiencia, collons!

  38. Arnau Gómez

    Dña Ana.En primer lugar desearle esa vulgaridad que se desea estos días para todos los del año 2009:que sea feliz (como si solo tuviesemos la necesidad de desearle la felicidad a los demás estos días).
    Le quiero contar otro evento.Estuve hace menos de un mes en una boda por lo religioso (los novios vivían 5 años juntos,pero por si acaso…).El marco era impresionante.Los motetes fueron interpretados por una joven soprano de un gran porvenir, acompañada por un joven organista,excelente. El oficiante religioso (el cura,vamos) nos arengó con una homilía ininteligible,producto de la situación real de los contrayentes que,por supuesto, el cura conocía.
    Unas treinta personas en la ceremonia, que luego fueron a comer (no cenar), .Como notas a destacar, ni una sola vez se pidió estentóreamente, que “Se besen,que se besen”.tampoco hubo “striptease” de la novia, ni corte de corbata del novio.Tampoco hubo brindis final, ni se bailó ningún vals, ni tan siquiera un fandango.En fin, nada que la asemejara a una boda al uso.¿Será que aún queda gente con buen gusto y sentido del ridículo?.
    Don Alejandro,¡por Tutankamon, que la historia es real!.

  39. Paco Fuster

    Visto lo visto, y como dice Justo, a la gente le interesa más el tema nupcial que la obra de Mark Twain.
    Dónde vamos a llegar…

    Debo decir, antes que nada, que el tema de publicar el libro ya se complica definitivamente: acabo de recibir un correo de César Vidal, diciéndome que nos había leído en el blog y que me desistiera en mi hipotético intento. Me decía que hoy mismo entraba a la imprenta un libro suyo sobre la cultura popular y las bodas. “Enimgas sobre las bodas al descubierto” dice que lo ha titulado. Próximamente en la Editorial Planeta me confirma. Ah, y dice que me enviará un ejemplar para la reseña y para que lo comente en “La linterna”. Eso me pasa por pardillo.

    En fin, que al margen del frustrado libro, esta noche intentaré escribir -intentaré, repito- no sobre las bodas (sería imposible de abarcar), sino sobre mi propia experiencia como camarero de bodas. Dentro de un rato me voy a trabajar (me espera una tarde larga con mi amigo Jesús el maître, preparando la distribución de las mesas para la noche del 31), pero cuando vuelva intento hacer algo. No prometo nada, y menos nada bueno u original.

    Debo decir -eso sí- que yo las bodas las vivo siempre desde la barrera, o sea, desde el punto de vista de alguien que está trabajando cuando todos los que le rodean están de fiesta. Casualidades de la vida -o no-, desde que trabajo en bodas no he ido de invitado a ninguna.

  40. Marisa Bou

    A esas palmaditas en la espalda de Paco Fuster, me uno de mil amores, porsupuestísimo. Se lo merece de verdad.

    Pero veamos: hace dos días estábamos con el espíritu navideño y quien lo inventó, tema que me mantenía apartada a fuer de desagradable. Y ahora vuelvo y me los encuentro en medio de una divertida competición de anécdotas de boda, procedentes tanto de la observación personal como del “oficio alimenticio” de nuestro amigo Paco Fuster.

    Pues bien, añadiré una, que me cóntó justamente la noche del 24 mi hijo mayor. Asistía hace poco a la boda de dos amigos gays, oficiada por un concejal del PP en Madrid (gran nivel económico y profesional de los invitados:empresarios, profesores universitarios, actores, etc.) cuando al oficiante se le ocurre soltar una perorata sobre la importancia de la fidelidad en la duración del matrimonio.

    No sé bien dónde se inició la gran risotada, aunque lo sospecho, pero aquello acabó convirtiéndose en uno de esos ataques de risa contagiosa, de la que no se salvó nadie más que el concejal pepero, que permaneció hasta el fin de las risas con la cara desencajada y sin saber a dónde mirar.

    Les aseguro que la historia fué lo único capaz de divertirme en la consabida “noche de paz”. No se pueden imaginar cómo eran las fotos del evento. ¿O sí?

  41. jserna

    Bien, sr. Fuster. Quedamos a la espera. Si me manda el adjunto, esta noche o mañana mismo por la mañana publicamos su experiencia, una experiencia antropológica y divertida. Pese a la modestia con que nos lo anuncia, seguro que su post será bueno y original (por emplear sus mismas palabras). Simplemente relate su experiencia y cuéntela con la ironía que le conocemos. Un regalo que nos hará.

    ———–

    Mientras tanto les dejó con la reseña que publicó Francisco Fuster sobre Russian Red en Ojos de Papel. El crack sonoro del año. Nunca escucharán música así en un convite nupcial.

    http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=2798

  42. Ana Serrano

    Gracias, Paco Fuster. Compraré el libro. Permítame que le felicite, por encima de cualquier otra cosa, por poseer la voluntad y el tesón de, pese a todo, levantarse cada lunes e ir a clase. Me siento verdaderamente orgullosa y emocionada de tener un amigo virtual como usted. Y no crea que he olvidado que tengo un regalo suyo en la pantalla de mi ordenador, sin leer aún, lo que deseo vivamente, pero que la situación por la que he pasado no me ha permitido hacerlo con la pausa e interés que requiere. Está pendiente. No olvide poner en su currículo que le ha escrito César Vidal. Yo lo haría, no lo dude.

    Señor Lillo, no fuimos valientes, es que, de otro modo, no lo habríamos hecho y permítame que siga con el bla, bla, bla que dice Justo. Entonces no había salones de bodas en los juzgados y, mientras nos leyeron lo que nos tenían que leer, que dura minuto y medio, con nuestros padres y hermanos, resplandecientes y felices, sentados en unos bancos de madera, al fondo de la sala había una oficial, sentada a una mesita con máquina de escribir (como la de Marías :-) y una señora de pie, muy nerviosa, que decía en voz alta (se la oía más que al juez que nos casó): “Una bandeja de plata; dos anillos de oro, una televisión…”. Estaba dando la lista y el parte de un robo en su casa, en la misma sala y al mismo tiempo en que yo me casaba. Un conserje nos avisó de que, si teníamos anillos o fotógrafo, debíamos intercambiarlos y hacer las fotos en un aparte porque “Don Bernardino (el juez que nos casó) no es partidario de las bodas civiles y quiere acabar cuanto antes”. No pueden suponerse el motivo de risa y de conversación que nos dieron todas estas cosas. Al fin y al cabo, casarse, como decía mi padre, es como hacer el contrato del butano. Je, je.

    Ah, claro, Don Arnau, en mi boda tampoco hubo el “¡que se besen!”, ni vals… brindis sí; mi suegro si no brinda no considera que ha comido, sólo fue un discreto “¡Por los chicos!” Pero, snifff, eso sí que lo sentí, tampoco música, pese a ser ambos músicos. Yo tenía previsto, en los 25 años, volvernos a casar para que tocaran mis hijos. El divorcio ha sido un pequeño impedimento para ello. Qué pena lo del fandango ¡con lo preciosos que son!, eso sí que me hubiera gustado bailarlo. También yo le deseo todo lo mejor para el 2009 y para siempre. A usted y a todos con un regalito alegórico :-) En él baila el fandango uno de mis dioses.

  43. Ana Serrano

    Ya puesta, sin permiso de Justo y aún a riesgo de que me eche de aquí, de que me retire el saludo definitivamente y de que me corra a gorrazos, acabaré de contar lo que rodeó a aquella boda de hace 26 años, porque me parece que da para unas risas y eso, reír es un ejercicio sano (ni he bebido, ni he comenzado yo con las bodas, que conste).

    Los padres del novio consideraban que una boda, pese a lo cutre y hereje que les parecía, debía atenerse a unas normas y una de ellas era la de la petición. El día antes de la boda se fueron a “pedirme” a casa de mis padres donde merendaron tan a gusto, creo. Digo creo porque los contrayentes teníamos un compromiso anterior y no pudimos asistir a la “pedida”: Ser jurado en un concurso de composición de marchas fúnebres, convocado por la “Academia de educación sentimental Agúndez-Palacios” (El Palacios que ahora masacra Radio Clásica). Así no hay boda ni celebración que resista, pero recuerdo aquellos días como algo divertidísimo. Si yo hubiese llevado liga y se hubiese sorteado, creo que no sería así.

    Marisa, no acabo de entender muy bien las risas de esa boda gay a la que asistió su hijo. Sí me imagino las fotos porque he ido a varias; el 90% de mis amigos son gays. Supongo que los contrayentes no serían fieles y lo sabría todo el mundo, pero no creo que el no serlo vaya unido a la condición de homosexual y menos la duración breve de los matrimonios. Entre mis amigos los hay fieles (la mayoría) y no, y, algunos de ellos son pareja desde hace treinta años y otros, los menos, se han separado, como todo el mundo.

    La primera pareja homosexual de amigos míos que se casó, la del maravilloso traductor y poeta Mario Merlino y su pareja, invitó a Rodríguez Zapatero, que les escribió una nota cariñosa en que se lamentaba por no poder ir al haber sido avisado con muy poco tiempo. Los novios estaban guapísimos, tanto que una viejecita que pasaba por la calle comentó: “El novio está muy guapo, lo que no veo es a la novia” :-). Fue una boda preciosa, elegante y discreta. Claro que no había nadie del PP. Je, je.

  44. Ana Serrano

    Otra vez gracias a Francisco Fuster y a Justo por traerlo aquí. Pese a ser su artículo de mayo pasado no lo había visto. No conocía a Lourdes Hernández y es un verdadero descubriiento para mí.

  45. Arnau Gómez

    Dña Ana: Su dios bailaor fue tamién uno de mis dioses.Tuve la inmensa suerte de poderlo ver en vivo y en directo en un lugar solemne:el teatro romano de Sagunto,bailando “El amor brujo”. Todavía se me eriza la piel solo con recordarlo.

  46. Ramón

    Un compañero mío de hace ya muchos años me contó que había asistido a una boda en un pueblo de ¿Cuenca? ¿Gadalajara? tal vez ¿Teruel? (no recuerdo bien). Asistió sorprendido a la siguiente tradición local. Al acabar la comida se levantó un señor mayor, que no era de la familia, y en voz muy alta preguntó “¿Habeis bien comidooooo…?”. Síiii… (respondieron a coro los presentes). “¿Habeis bien bebidooooo…?”. Síiii… , volvieron a responder. Y acontinuación la tercera pregunta: “¿Y por cuánto creeis que habeis comido?” Y los presentes empezaron a gritar en voz alta cifras “mil pesetas” decía uno, “mil quinientas…” (otro) y después de una discusión acalorada pero festiva, fijaron una cantidad que el señor mayor se encargó en recoger de cada uno de los presentes y de hacerle entrega a la pareja.

    Si es que sobre bodas…

  47. Paco Fuster

    Acabo de llegar. Voy a reflexionar a ver qué sale. Una cosa antes: lo de Russian Red es un fenómeno insólito. Eso si que merece un libro. Cuando yo la descubrí y escribí sobre ella, actuaba en garitos del circuito alternativo. Yo mismo la esuché en directo en una sala de Valencia. Ahora está por todas partes: “El País”, “El Mundo”, Buenafuente, Pablo Motos… De los garitos “underground” madrileños en los que se crítica la música comercial y el negocio de las multinacionales, a los medios del Grupo Prisa; vaya ironías que tiene la vida. Bromas aparte, ya dije en su momento que está chica era buena, muy buena.

  48. Marisa Bou

    No, doña Ana. Las risas no implicaban la fidelidad de la pareja, que llevavan juntos muchos años en perfecta armonía. Lo que ocurrió es que resultó un tanto incongruente, tanto para los novios como para los invitados, escuchar a aquel circunspecto edil de derechas, aconsejando a una pareja gay que se guardaran fidelidad de por vida, cuando no hace tanto tiempo que les hubiera mandado a ver a algún discípulo de Freud, o incluso a un frenopático.

    Y, ya que estamos de recuerdos de boda, yo sólo recuerdo de la mía que, debido a que no quise llevar mis gafas de pasta negra con el vestido blanco (¡ah, la virginidad!) sucedió que no veía yo ni siquiera al cura que nos estaba casando. Los invitados me hacían gestos cariñosos, desde la lejanía, que yo devolvía sin perder la sonrisa, aunque no supiera a quién saludaba.

    Ahora pienso que debí ponerme las gafas…;-)

  49. Ana Serrano

    ¡Ah! Ya me chocaba, pero ellos son así “adaptables”. Se oponen como fieras a estas marranadas de rojos y luego son los que más se divorcian, más bodas homosexuales celebran…

    Por cierto, y hablando de Reflexiones contra la religión de Mark Twain, ejem. Es un texto que me parece magnífico y la traducción de Mario Muchnik (un tipo genial Muchnik) estupenda. Esa reflexión sobre Dios, como padre desatento y hasta malvado, me la hacía yo mucho en mis dudas adolescentes. Yo también me creo el “panfleto” ¿Panfleto? de Twain. Ojalá haya infierno, al que iré, sin duda. También yo lo prefiero por la compañía :-)

    Y, al hilo de lo anterior, en cuanto a la censura de la pía y diligente hija de Twain, quiero decir algo de lo que cada vez estoy más convencida. Del mismo modo que se hereda una tierra, una casa, un cuadro o una joya, mientras haya propiedad privada me parece que la propiedad intelectual de una obra musical o literaria, debía permanecer en manos de los herederos, mientras los hubiera, sin pasar jamás a “dominio público”, con más motivo aún que la tierra, pero eso sí; salvo que demostraran un criterio aceptable, jamás, jamás, jamás, se les debería permitir ni siquiera opinar sobre qué hacer y cómo con las obras de sus padres, abuelos, etc. Salvo rarísimas excepciones, la labor de los herederos es lo más nefasto que darse pueda. Debería haber un consejo de “sabios” que decidiera qué hacer con las cosas de los grandes, porque, si hay algo evidente es que el talento no se hereda ¿Qué derecho tenía esa imbécil a censurar la obra de su padre? Es que podía haberla destruido, como ha pasado en muchas ocasiones ¿Que derecho tiene la heredera de Juan Ramón Jiménez a tener más de la mitad de la obra de su tío sin publicar y a felicitar las pascuas con inéditos? ¿Y la heredera de Cortázar a utilizar su voz grabada recitando para el anuncio de un reloj? Los de Valle Inclán no autorizan la representación de muchas de sus obras. Los de muchos músicos permiten versiones detestables que les van a generar más derechos que la propia obra desgraciada… También el dominio público debería ser cuidado. Esa carita de Mozart en el forro de los famosos bombones clama al cielo, o al infierno.

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