Historia y vidas

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jewgeniananewitschchaldejSeiscientos mil. “Dresde era una joya del Renacimiento y del Barroco, que fue reducida a escombros hace 60 años”, leíamos en el editorial de El País del lunes 14 de febrero de 2005. “No fue el peor ataque de la aviación aliada sobre ciudades alemanas en la segunda mitad de la guerra, cuando Hitler ya había perdido la supremacía aérea. Pero se convirtió en el símbolo, por la inmolación de decenas de miles de residentes y refugiados, de una ofensiva que muchos consideraron innecesaria en las postrimerías del conflicto bélico y brutal por el desprecio hacia las víctimas, muertas por la atribución de una culpa colectiva a los alemanes y a una sed de venganza arrolladora”, añade el editorialista.
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En efecto, en febrero de 1945, la ciudad de Dresde fue casi completamente arrasada por los bombardeos de los Aliados. Como se sabe, durante tres largas noches casi ochocientos aviones británicos (Lancaster) y trescientos norteamericanos (Fortalezas Volantes) redujeron a escombros buena parte de los monumentos de la ciudad alemana, tan rica de historia, produciendo una mortandad de grandes dimensiones. “Al terminar la guerra”, dice W. G. Sebald en Sobre la historia natural de la destrucción, “había siete millones y medio de personas sin hogar y a cada habitante de Colonia le correspondieron 31,4 metros cúbicos de escombros, y a cada uno de Dresde 42, 8…, pero qué significa realmente todo ello no lo sabemos”. O sí. Sólo la Royal Air Force, añade Sebald, arrojó un millón de toneladas de bombas: 600 mil civiles murieron en la guerra aérea en Alemania. Punto y aparte.
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japonesesCuarenta. James Eagleton es un ciudadano corriente, un respetable abogado de Tulsa, Oklahoma. Fue Marine en la II Guerra Mundial. Allí, a Tulsa, esa pequeña ciudad americana, acude Laurence Rees para hacerle una entrevista. El testimonio de Eagleton y las acotaciones del periodista británico forman el capítulo séptimo de Their Darkest Hour, traducido como Los verdugos y las víctimas (2008). Es probablemente el mejor libro de historia de todos los que he leído a lo largo del año pasado. 
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La historia de Eagleton, una más de otras que Rees relata, es bien sencilla. Mató al menos a 40 japoneses que se le rindieron: 40 soldados que se acercaron con los brazos en alto. “¿Quiere decir que los mató usted?”, pregunta Rees. “Sí”, responde Eagleton. A lo que cuenta, no experimentó ni experimenta ahora remordimiento alguno: tal es el odio que sentía y aún siente hacia los japoneses. Por un lado, los orientales eran para él “combatientes temibles y por el otro eran subhumanos“. Rees se pregunta por esta insensibilidad que mutuamente se profesaban tantos combatientes de ambos bandos. Sólo puede deberse, dice, a la convicción “de que no mataban a seres humanos como ellos, sino a criaturas inferiores que probablemente no poseían la capacidad normal de sufrir”.
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Vaya. “¿Qué respondería usted como abogado a quien le preguntara si fue un crimen matar a soldados que se rendían?”, interroga Rees. “Supongo que le respondería que sí”, admite Eagleton. “No nos importaba matar japoneses. Si hubiéramos invadido Japón probablemente los habríamos matado a razón de mil por cada uno [de nosotros]. Pero los habríamos matado sin remordimientos”, concluye.
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Lamentablemente continuará…
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Las votaciones de nuestros críticos
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Rogelio López Blanco

1. Álvaro Lozano. La Alemania nazi, 1933-1945 (Marcial Pons)
2. Justo Serna. Héroes alfabéticos. Por qué hay que leer novelas (PUV)
3. Arcadi Espada. Periodismo práctico (Espasa)
4. Morales Moya. En el espacio público ( Universidad de Salamanca)
5. Juan José Sebreli. Comediantes y mártires (Debate)
6. Helena Béjar. La dejación de España (Katz)
7. Edurne Uriarte. Contra el feminismo (Espasa)
8. Ferran Gallego. El mito de la Transición (Crítica)
9. Anna Caballé. El bolso de Ana Karenina (Península)
10. Enrique Krauze. El poder y el delirio (Tusquets)

26 comments

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  1. Juan Antonio Millón

    Estimado Justo, aunque no conozco cuáles fueron los discursos de justificación que emitieron los aliados, no sería extraordinario leer en los mismos expresiones tales como “el precio que había de ser pagado”, “el sacrificio necesario”, etc. Esta idea tan “humana” (demasiado humana, tal vez) del “sacrificio” y del “chivo expiatorio”, no dejan de golpearnos una y otra vez. He recordado unas páginas del viejo sabio Rafael Sánchez Ferlosio, que quisiera traerles aquí: “En el principio no fueron, ciertamente, los dioses en los cielos los que impusieron sacrificios a los hombres de la tierra, sino los sacrificios de los hombres de la tierra los que pusieron dioses en el cielo. Por consiguiente, no es que el sacrificio haya sobrevivido al cambio de los antiguos dioses, sino que es la perpetuación del sacrificio lo que demuestra que los dioses no han cambiado….Siguen siendo los viejos dioses carroñeros, vestidos de paisano, con los nombres de Historia o Revolución, de Progreso o de Futuro, de Desarrollo o de Tecnología. Los mismos perros sangrientos con distintos aunque no menos ensangrentados collares. Mas valía haber dejado en paz los dioses en sus cielos y quebrantado, en cambio, la mítica conexión del sacrificio, que era la fuerza que los sustentaba; ya ellos solos se habrían venido abajo desde las alturas, en vez de reflorecer y renovar sobre nosotros su cruento señorío. La Historia Universal no es sino el nombre, el disfraz y el maquillaje, tan pudorosa como fraudulentamente laicos, con que el arcaico y sangriento Yavé-Señor-de-los-Ejércitos, iam senex sed deo uiridisque senectus, circula y se las bandea hoy en día impunemente, como un viejo verde, por los salones de moda del agnosticismo”.
    Perdonen la larga cita, pero lo he creido necesario para meditar sobre Dresde y todos los Dresde que ha habido, hay y habrá en la historia. ¿Para qué el sacrificio…se vista éste del ropaje que sea?

  2. jserna

    Juan Antonio, gracias por ese pasaje lúcido de Sánchez Ferlosio. Y no es larga cita: es exacta precisión.

  3. Marisa Bou

    No quiero llegar a creer que necesitemos un holocausto para empezar de nuevo. Y no lo quiero creer, sobre todo, porque estoy segura de que volveríamos a hacer las mismas salvajadas, porque eso es lo que somos. No hay civilización (?) que no se devore a sí misma. Y las excusas -prueba de su culpabilidad- que utiliza son cada vez más ridículas.

    Todo ello a pesar de los Sanchez Ferlosio, de los Baremboin y de todos los sabios que, en sus distintas versiones y épocas, nos hayan advertido y recriminado.

    Lo que no podemos negar es que todos somos culpables. Porque los que odiamos la violencia somos -además- cobardes. Nos refugiamos en lugares como éste, donde sabemos que vamos a encontrarnos con quienes creen en las mismas cosas, y aquí nos lamentamos de lo que está pasando. Pero ¿hacemos algo al respecto? Quiero decir, algo más que firmar todos los manifiestos anti-bélicos que nos llegan.

    Por favor, ¿alguno de ustedes puede decirme qué más podemos hacer?

  4. jserna

    Empezamos el año con la angustia de no hacer lo suficiente para remediar lo que ocurre. Creo que debemos luchar para no empeorar el estado del mundo. Coraje, prudencia y sentido de la realidad. Yo no sé más.

  5. Juan Antonio Millón

    No Marisa, no hay refugio posible para las desgracias. Podría agradecer que el mal, que la catástrofe no me alcance, ni a mí, ni a mi familia, ni a mi país, porque le aseguro que sería muy difícil entonces siquiera reflexionar sobre lo que ocurre; pero tampoco estamos a salvo de que ese mal visite nuestra existencia, recuerde usted el año 1987 (Hipercor, Barcelona), o el más cercano año 2004 (Madrid). La intemperie nos ronda, aunque nuestra comodidad relativa nos diga lo contrario. ¿Qué hacer?, se pregunta. El compromiso aquí es la decisión íntima y radical de cada uno de nosotros…intransferible. Respóndase, con serenidad, sin crearse falsas expectativas, ¿qué puedo ofrecer? ¿qué cabe esperar?…Y no quite peso a las decisiones: una meditación, una palabra, una firma, una carta, un grito en la calle, una lágrima…son aquella parte de nosotros que se interroga y ofrece respuestas a su medida, cada cuál la suya. Ojalá nuestro refugio, fuese también el de ellos.

  6. Ana Serrano

    Marisa, le he contestado en el post anterior.

    Sí, que sabio siempre Sánchez Ferlosio.

    Dice nuestro nuevo amigo Juan Antonio: “Y no quite peso a las decisiones: una meditación, una palabra, una firma, una carta, un grito en la calle, una lágrima…son aquella parte de nosotros que se interroga y ofrece respuestas a su medida, cada cuál la suya.” Si me lo permite, yo añado un voto y, de nuevo, la música y hablar a nuestros hijos, a quienes nos rodean, tratar de convencerlos; intentar, no cejar con nuestras pobres fuerzas como si pudiéramos, como si fuéramos a poder.

  7. Ana Serrano

    ¡¡Enhorabuena, Justo, por lo de Rogelio López Blanco!!, no lo había visto. A veces hay un pequeño respiro, una cosa dulce y agradable. Me alegro.

  8. jserna

    Los amigos nos quieren, a pesar de nuestros defectos. No tiene otra explicación el cariño que me profesa RLB.

  9. Isabel Zarzuela

    ¡Vaya! ¡Enhorabuena, Don Justo! Tampoco había visto ‘El Cultural’ de El Mundo.
    No esperaba menos de tus ‘Héroes’, la verdad.

    Un abrazo

  10. David P.Montesinos

    Ursula tiene ahora setenta años. Es una rubia con pinta de nibelunga, pero se casó con un inmigrante moreno y bajito que llegó de España en el cincuenta y nueve y se fue a vivir a Berlin, donde continúan en la actualidad. Ursula me contó que Hassel, su ciudad natal, fue bombardeada en los ataques aliados finales. Ella tenía siete años y su hermana ocho. Tras la primera oleada de bombas, el resultado eran miles y miles de muertos de la zona central urbana en apenas media hora. El apocalipsis, me dijo Ursula con su acento germánico. En unas horas, la segunda oleada. Cómo vería de cerca la muerte su padre que cogió a las dos niñas y se las llevó campo a través. La escena parece de una película de Angelopoulos: un adulto y dos crías -turnándo para subir en la bici- cruzaron de noche toda Alemania durante cinco días a campo través… Así hasta que llegaron a una ciudad del sur donde les albergó un familiar. El padre volvió a Hassel bici en mano. Encontró la ciudad en que había nacido y vivido absolutamente devastada. Ya no tenía casa, sus amigos y familiares habían muerto o huido. Pensó, me dijo Úrsula, incluso en los vecinos que no le caían bien… Qué desastre, incluso a ellos los echaba de menos.

    Hassel fue una broma comparado con Dresden. Y todo ¿por qué? ¿Evitar que el Reich pudiera levantarse de entre las cenizas como tras la Gran Guerra? Me parece tan probable dicha hipótesis como la de que se trataba de exhibir cual desfile de modas el último grito en innovaciones destructivas desde el aire. ¿Que eso es más propio de Hitler que de los aliados? Sí, pero como decía el médico interpretado por Alan Alda en la serie “Mash”, cuando su compañero mostraba perplejidad porque los marines habían atacado una aldea indefensa en Corea: “No pongas esa cara, hombre, nosotros somos los buenos, podemos hacer todas las marranadas que nos parezca”

  11. Marisa Bou

    ¡Me siento tremendamente orgullosa de poder decir que formo parte de este selecto grupo de amigos!

    Felicidades, Justo, por esa merecida crítica. Y por este foro que aquí mantienes, y que diriges como lo harían Baremboin o Dudamel con una orquesta: tu pasión por las letras no tiene nada que envidar a su pasión por la música. Permítame doña Ana esta transgresión.

    Gracias por los enlaces, que me han hecho olvidar cualquier otra tarea que tuviera pendiente. Ver dirigir a Gustavo Dudamel me hace volver a creer en la Humanidad.

    Os pongo aquí un abrazo muy fuerte, estrujante, para manifestaros mi amor por todos vosotros, mis amigos. Y, ahora sí, ¡feliz 2009!

  12. Mary Wollstonecraft

    Nada de transgresión, Marisa, tiene toda la razón; Justo es nuestro Dudamel particular :-), solo que con un poquito menos de pelo (perdón Justo por la bromita).

    Yo sí que estoy orgullosa de mi “bloque valenciano”.

    Abrazos para todos.

  13. Alejandro Lillo

    Pot mucho que hablemos, creo que nunca – ojalá – sabremos qué es lo que se siente cuando sobre tu cabeza y la de tus seres queridos no paran de caer bombas. Debe ser una situación de horror y de impotencia que no logro imaginar. Y no se si la gente que las tiraba y que las sigue tirando conocen ese sentimiento. Lo que sí sé es que la primera regla de una guerra es deshumanizar al adversario. Matar ratas siempre es más llevadero que asesinar seres humanos con familia e hijos. Basta ver “La chaqueta metálica” o “Platonn”, basta recordar las palabras de aquel piloto alemán que hace un par de años reconoció haber derribado el avión en el que iba Saint-Exupéry. Afirmó que si llega a conocer la identidad de quien pilotaba aquel avión no lo hubiera derribado. Deshumanizar, por tanto, al adversario.

    Pero a la psique no se le engaña tan fácilmente, y esa deshumanización del adversario acaba por deshumanizar también al ejecutor, como le sucede a James Eagleton entrevistado por Rees. ¿Qué diferencia hay, que distancia existe entre los seiscientos mil de Dresde y los cuarenta de Eagleton? Son dos cifras tan absurdas, tan carentes de sentido, tan incapaces de representar el horror de la realidad que evocan… que no sé.

  14. Ana Serrano

    No me explico como, ni en qué momento, pero “Te acostumbras; llega un momento en que te acostumbras y automatizas todos los gestos que has de hacer cuando te bombardean a diario, cuando suenan las sirenas”, decía mi madre, pero también decía que la alegría, la euforia que te produce el término de la guerra, aunque sea Franco el que la gana, son indescriptibles y el terror que te queda para siempre, siempre.

    Un militar que conocían mis padre y que había bombardeado ciudades durante nuestra última guerra, decía que él sería incapaz de matar a alguien frente a frente, “A mano” ¡decía!, que, al bombardear no estaba matando, que estaba luchando. La gente es muy limitada, me parece.

  15. Alejandro Lillo

    Doña Ana, no sé. Tal vez te acostumbres cuando tienes algún sitio donde esconderte, algún refugio antiaéreo o algo así. Entonces tal vez sí automatizas los movimientos y sabes lo que toca hacer. Tal vez esté en mi imaginario, pero qué desesperación la de estar en tu casa, abrazado a los tuyos, mientras alrededor caen las bombas, qué desesperación la del civil y qué desesperación la del soldado. Es la que cuenta de Úrsula el señor Montesinos.

    No me extraña la afirmación de ese militar. Es incomparablemente más fácil matar apretando un botón que una garganta. Cuando pienso en estos temas siempre comparo nuestros combates con los de la antigüedad: creo que en ninguno de los dos hay gloria, pero en los antigüos sí había un respeto: por la vida y por la muerte, y por el adversario, que no era un monstruo, sino un igual. Hay una escena en la película “La delgada línea roja”. Véan esa película, no les defraudará. 2ª guerra mundial. Un coronel le está ordenando por teléfono al capitán de la compañía que tome una colina fuertemente defendida por el ejército japonés. El capitán, viendo la masacre que se está produciendo, se niega. El conorel, enfadado, le insiste y le amenaza, pero el capitán persiste en su negativa. Finalmente, el coronel, decide destituir del mando al rebelde y le explica lo importante que es para él, para su carrera, para el desenlace de la guerra, que antes del anochecer esa colina está tomada. El capitán le contesta con la siguiente pregunta: ¿Ha muerto alguna vez un hombre en sus brazos? El coronel calla.

    Ése es el mismo silencio, exactamente el mismo silencio, que tras de sí dejan las bombas.

  16. Ana Serrano

    Yo tampoco lo sé, Don Alejandro, lo que sí sé es que mis padres murieron a los 80 años y seguían con miedo, pese a esa “costumbre” que decían. El metro, el metro era su refugio antiaéreo.

  17. jserna

    1. “Una vez desencadenada, la guerra no sigue un curso previsible, sino que, como ha podido confirmarse una y otra vez, éste depende de factores absolutamente imprevisibles. Por otra parte, la planificación de una guerra nunca es racional en el sentido de que sea el medio más eficaz para alcanzar el fin deseado, sino que esa planificación responde más bien a los intereses de unas clases o de unos grupos determinados (…). Las estrategias militares suelen ser una mezcla de prejuicios y de exigencias de diferentes lobbies, por lo que hacen lo posible para desatender todas aquellas realidades que contradicen los intereses de los poderosos. Por eso no es extraño que planes extremadamente peligrosos, e incluso absurdos, no sólo sean considerados plausibles, sino hasta incuestionables, y fundamentar racionalmente lo absurdo tampoco es tan difícil”. Gabriel Kolko, El siglo de las guerras.

    2. Leo en El País: “La operación militar durará ‘numerosos días’, según el Ejército israelí, que moviliza a miles de reservistas”. Leo en el mismo medio las declaraciones de un portavoz de Hamás en respuesta a la invasión: “Gaza será para vosotros una tumba”. Releo lo que escribí en Shakespeare en Gaza: “…presuntas guerras cortas que se prolongaron, presuntas guerras-relámpago que se perpetuaron, presuntas guerras de un solo frente que se desdoblaron, presuntas guerras cuerpo a cuerpo en la época del maquinismo y de los cohetes”.

  18. Juan Antonio Millón

    Estimado Justo, mis más sinceras felicitaciones por las consideraciones de la crítica a su libro. En estos momentos me encuentro pasando unos días en Mallorca, en la Tramuntana, y desde un locutorio de Pollença les escribo. Rodeado de felices magrebíes leo lo que dice de las declaraciones de los políticos palestinos e israelíes. ¡Qué miseria! Por qué no nos dejarán en paz, cuando es infinita la alegría, la dádiva y la esperanza. Desde esta convivencia inmediata, desde este deseo de compartir culturas y pareceres, se vé todo distinto. Pienso que ésta es otra manera de combatir tanta barbárie, estar junto a los hermanos musulmanes, compartiendo con ellos espacio y vida. Habibi.

  19. Marisa Bou

    Me acaba de llegar una convocatoria de concentración para HOY a las 12:00 frente al Ayuntamiento. ¿Cómo vamos a conseguir nada, si no somos capaces de organizar bien una concentración? Los israelíes invadiendo Gaza y yo, en casa, haciendo los preparativos para hacer una paella para mis hijos. ¿Cómo es posible ésto?

    Desgraciadamente, habrá más concentraciones a las que asistiré, porque al menos nadie nos podrá quitar el derecho al pataleo. ¡Digamos NO a la invasión de Palestina!

  20. jserna

    ¿Podremos soportar las imágenes de la muerte?

    Pienso en la Primera Guerra Mundial, en las cosas que sobre ese conflicto he leído. Pienso en el entusiasmo de la movilización general: en el ardor nacionalista. Antes, cuando había guerras, las gentes asumían con fatalidad la muerte y la destrucción. Había un sentido de la finitud, de lo frágil que era todo. La vida valía poco o valía menos… que ahora. Y había una propaganda que agitaba, que movilizaba: según algunos teóricos y analistas, los mensajes podían atravesar a los individuos como una bala mágica o como una infiltración de aguja hipodérmica. Los medios de masas estaban empezando y por ello la comunicación no encontraba resistencia.

    Ahora, la sociedad opulenta de Europa nos llena de gratificaciones reales o fantaseadas: por eso, vivimos con la impresión de que todo dura y de que no hay sacrificio bélico que valga la pena. ¿Por egoísmo material? Por ética indolora, que diría Gilles Lipovetsky: la ética indolora de la sociedad del bienestar. Pero también por repudio de la muerte: hemos apartado la muerte de la vivencia cotidiana. Nos parece gratuita, injustificada, absurda. No la vemos. No soportamos la sangre y el fuego. Precisamente leo en una primera plana del domingo 4 de enero de 2009 (El País): “Israel invade Gaza a sangre y fuego”.

    Y ahora estamos viendo las imágenes de la muerte: nos producen estupor e impotencia. Cuando comenzó la invasión, el Gobierno israelí anunció que esta operación –Plomo sólido– va a durar. Es probable que no dure mucho tiempo, pero cuando acabe sentiremos alivio: tanto horror nos habrá producido. Pensaremos que más vale un final con horror que un horror sin final.

  21. Alejandro Lillo

    No se, Justo. Lo que dice me parece cierto, pero hay más. Las guerras siempre son muerte y destrucción. Lo que varía es el enfoque que le dan los hombres que acuden a ella. Tal vez la guerra no nos guste, pero hoy, a nuestro alrededor, hay muchísima violencia (no sé si más o menos que en otras épocas, pero mucha violencia). En un mundo de subterfugios, rechazamos la guerra porque es violencia sin control, en estado puro, demasiado evidente para nuestras delicadas conciencias, una violencia “a cara descubierta”, de la que no podemos hacer como que no nos enteramos. Sin embargo, somos capaces de soportar grandes dosis de violencia – digamos – difusa.

    Lo que desde luego no aceptamos, lo que no queremos ver de ningún modo es la muerte, pero la muerte entendida como algo distinto a la violencia. Suena extraño, ¿verdad? Yo creo que es la “ética indolora” pero también inmortal de una sociedad que nos trata como a dioses en tanto en cuanto consumidores, pero que nos olvida y nos abandona cuando nos invaden problemas propiamente humanos.

    Hoy mismo pensaba palabras muy duras con respecto a Europa. Pensaba lo bien que le viene a la UE la posición pro-israelí de los EE.UU.
    Pensaba también que los USA, al menos, defienden sus creencias con convicción y asumiendo todas sus consecuencias.
    Europa, en este sentido, es un erial.

  22. Marisa Bou

    Acabo de leer “La casa de los encuentros”, de Amis. Es terrible ver la degradación del ser humano cuando se le priva de las condiciones inherentes a su humanidad. Pero lo traigo a colación porque me ha recordado que el antisemitismo ruso no tuvo nada que envidiar al alemán. Quiero decir con ello que los judíos llevan mucho sufrido. Pero creo que ahora están utilzando la culpa ajena como patente de corso y eso es intolerable.

    Hoy no he podido acudir a la convocatoria de protesta, pero estoy dispuesta a acudir a cuantas se organicen, Hay que parar esto. Si no somos capaces de hacerlo tendremos que “tragarnos” sin protestar todas las imágenes de violencia que nos lleguen, porque eso es lo que tiene la comunicación actual: no podemos ignorarla. De una u otra forma, nos avasalla, nos invade. Y aún así…

  23. jserna

    Por razones de causa mayor, se retrasa la publicación del nuevo ‘post’ por unas horas. Perdonen las molestias.

    Finalmente, se retrasa la publicación del nuevo post al martes 6 de enero. Causa mayor…

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