Sentimientos oceánicos

juramento1. Visto lo visto. Ayer,  20 de enero, no me rendí ante el acontecimiento universal. ¿Por rebeldía, por esnobismo? No: yo no profeso el izquierdismo o el antiprogresismo… Digo que no me rendí porque la emisión de imágenes, la multiplicación de informaciones sobre detalles, la competencia televisiva provocaban  pasividad en el espectador. Yo, sin embargo, quería analizarlo con frialdad, sin ese sentimiento de alegría que a millones embargaba. ¿Es que, acaso, era una pasión política innoble? En absoluto. Simplemente me había propuesto examinarlo y para ello había que poner cierta distancia. Pues esa distancia es la que hoy me tomo. Poco a poco iré desarrollando el post.

Hay veces en que un evento multitudinario y televisado  me imanta, me hace estar quieto, atento a la pantalla: para distinguir los rostros de la muchedumbre, para examinar las caras de los protagonistas, para experimentar indirectamente lo que allí gozan o padecen, para abandonarme  –incluso–  a  los sentimientos colectivos. Los partidos de la pasada Eurocopa de Fútbol los viví así. Pero los viví protegido: en casa. Demasiada cercanía me asfixia…

La expresión de la multitud siempre es muy interesante y tendencialmente peligrosa: puede derivar en arrobo, en frustración, en violencia, en acto destructivo. ¿Recuerdan Las ménades, de Julio Cortázar? En aquel cuento, un circunspecto publico de música orquestal acababa manifestando el más puro desenfreno. Genial Cortázar. ¿Recuerdan la muerte del Papa Wojtyla? Un arrobo místico  fue prácticamente lo que se produjo cuando la lenta agonía de Juan Pablo II dilataba las horas de televisión y de espera: allí, en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, y aquí, de este lado. Tuve oportunidad de analizar aquel singular fenómeno en el blog, en su primera etapa. Lo titulé El papa catódico. Sí, catódico.

Ahora, echando un primer vistazo a lo sucedido en el Mall de Washington, veo una circunstancia muy distinta y, a la vez, muy semejante. Alguien provoca deseos colectivos y sobre él se vierten expectativas. Es un objeto de transferencia al que se convierte en símbolo o en mito. No son lo mismo, pero ahora no me detengo en distingos. Símbolo o mito, pues. Lo curioso es que ese símbolo se ha gestado con la vida personal, con historia concreta, de Barack Obama. Antes, los mitos  –nos dijo Jean Baudrillard— funcionaban como un signo al que se le desprendía su significado concreto para rellenarlo con una abstracción. El 20 de enero, Obama era un recipiente sobre el que hacer innumerables transferencias personales. Pero ese depósito no estaba vacío:  tiene una biografía que él mismo se ha encargado de divulgar, de proyectar, para que los demás se identifiquen con una parte o con el todo.

Todos. “Muchedumbres ordenadas”, me recuerda Àngel Duarte: lo que el 20 de enero vimos eran muchedumbres ordenadas. Cierto: vimos multitudes que con orden y concierto –y nunca mejor dicho– celebraban lo insólito, algo insólito aunque previsto. Vimos un sinnúmero de gentes allí congregadas coreando a un político improbable. Porque, como él mismo no se cansa de repetir en sus discursos, Barack Obama es un caso verdaderamente improbable. Pero lo que todos sabíamos era que la muchedumbre ordenada era un pálido reflejo de la atención mundial: de esos millones de telespectadores que en directo o en diferido contemplábamos un acontecimiento que se dijo catalizador.

Allí había un hombre prestando juramento sobre una Biblia añosa, enfática y sencillamente simbólica; allí había alguien que se dirigía a sus compatriotas y al mundo. Lo escuché en diferido y, después, leí detenidamente el discurso. Como admite Juan Antonio Millón, ese texto puede alcanzar momentos exultantes pero nos deja fríos –o escépticos– por los tributos que paga al pasado y al presente, a esta o a aquella tradición: por tan heterogéneos aderezos. Cierto, pero un discurso de investidura no es más, no es mucho más que una pieza oratoria que ha de persuadir a los distintos con recursos asimilables y con referencias reconocibles.

De las palabras de Obama, lo que más me llamó la atención no fue su contenido -bien armado, con sus metáforas previsibles y con sus aleaciones políticas-, sino la  reacción de la prensa española. Divertidísimo contraste. De todos los medios, me permitirán que me ciña a los tres que compro y leo habitualmente.

1. En primer lugar, El País tituló al día siguiente: Obama promete una nueva era.

2. Por su parte, El Mundo rotuló ese mismo día: ‘Trabajo duro y honradez, valor y juego limpio, lealtad y patriotismo’.

3. Finalmente, Abc llevó este titular a su primera plana: Obama presidente ‘Estamos en crisis y en guerra’.

Si se fijan, uno se expresaba en estilo indirecto y los otros dos en estilo directo. Uno decía que Obama prometía y los otros dos reproducían palabras entrecomilladas. En realidad, esos titulares de primera eran un retrato de Obama, sí, pero el retrato del nuevo presidente que prefiere cada uno de los rotativos. Como fondo, estaba la fotografía del juramento. La sonrisa del político norteamericano inunda la imagen. Hay algo de extraño en ese gesto. Parece una sonrisa abierta, franca, cordial, relajada incluso: tal vez poco acorde con la severidad del acto. Parece una sonrisa divertida, incluso chistosa: quizá inadecuada para la gravedad del momento. O quizá simplemente con ese gesto Obama quiere hacer manifiesto que  tiene una dicha incontenible. La imagen está en los tres periódicos pero, leídos los tres titulares, la sonrisa es más o menos incongruente.

¿Gestos incongruentes, digo? En realidad, las imágenes fotográficas no dicen nada sin un pie, sin una circunstancia. Los periódicos recortan, seleccionan, enfocan y contextualizan. De ese modo captamos su sentido. Pero con pompa, con prosa y con circunstancia, las imágenes no son más que instantes congelados y, por tanto, secuencias interrumpidas de significado dudoso o sólo probable, manipulable. Para la portada de Abc del jueves 22 de enero, sus responsables han seleccionado una fotografía de José Luis Rodríguez Zapatero, debida a Ignacio Gil.  Cautivado por la “muy pura socialdemocracia” de Obama, leo en el pie de dicha imagen. ¿Una elección azarosa, real? ¿O una maldad? No, por favor, no hay maldad alguna en esa forma de presentar al mandatario español: es la pura realidad que los periodistas registran… Ésa es la cara de arrobo que pone –seguro– desde que supo que Obama había llegado a la Presidencia. Así, sin parar. Los responsables del periódico no desean manipular. No qué va: sólo quieren mostrar con gran verismo y con énfasis mayor qué son los sentimientos transoceánicos.

Bien, una vez dicho lo anterior, relean esa leyenda y ahora miren otra vez la fotografía.

abczapatero

.

AntiZapatero, 11 de febrero de 2008:

…¿Y de Obama qué preocupa? ¿Qué le reprochan [Ignacio] Camacho o [Pedro J.] Ramírez? Su adanismo, dice el primero. O su condición de bambi, añade el segundo. Es decir, un político sin asideros firmes o un reformista que rebasa los límites o los atavismos del propio partido. Un Obama más después de tantos y tantos como habría tenido el Partido Demócrata. “Atractivos Obamas que se quedaron por el camino”, añade Ramírez. ¿Quiénes? “John Edwards, Howard Dean, Bill Bradley, Gary Hart, Eugene Mc Carthy, Jesse Jackson o -aunque su caso fuera distinto- el malogrado Robert Kennedy, tal vez el más parecido al novato senador de Illinois en su ardiente retórica y capacidad de movilizar a los jóvenes”.

El nuevo adán sería alguien que empieza creyendo que inaugura lo que ya estaba o alguien que peca de candidez, presto a ser devorado por las fieras. Como dice Pedro J. Ramírez,  “no es aventurado pensar que su desconocimiento de la mayoría de los asuntos importantes, sus contradicciones ideológicas, su ascendencia musulmana e incluso sus coqueteos juveniles con el incendiario predicador negro Jeremiah Wright le harán presa fácil de la máquina de picar carne republicana”. 

He leído el volumen de Barack Obama, La audacia de la esperanza, y en su autor no creo ver a un indigente intelectual que profesa el adanismo. Tampoco veo al ingenuo politico que retrata Pedro Jota. Si así fuera, un simple inexperto habría seducido a sus numerosos lectores y a los votantes que en las Primarias están apostando por él. Obama fue un profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Chicago y su solidez académica no está reñida con el realismo político. He vuelto a releer pasajes de dicho libro para comprobar si su perfil se acomoda al retrato de Camacho y Ramírez. Tengo la impresión de que con Obama sucede lo mismo que con Rodríguez Zapatero: que con él se puede hacer un objeto de transferencia (perdonen el vocablo psicoanalítico).

Permítanme este didactismo. Tomémoslo como una metáfora operativa. En el proceso de transferencia, el paciente convierte al analista en un objeto vacío: sabe tan poco de él que puede modelarlo a su antojo, según le dictan sus miedos o expectativas. El terapeuta se deja manipular o modelar o rellenar, claro: así facilita la exhumación de lo oculto, de lo olvidado, de lo doloroso, de lo deseado. La transferencia es ese proceso en virtud del cual las fantasías, las frustraciones inconscientes se actualizan. ¿Cómo? El paciente vierte lo que anhela o repudia, tomando al otro como figura vacía: rellenándola, en fin, con experiencias o vivencias propias, con aquello que le angustia o le excita. El terapeuta es así una especie de vertedero.

Salvando las distancias y aceptando que utilizo la transferencia como hipótesis operativa, podemos decir que el columnismo conservador emplea a Obama como esa figura vacía a rellenar. Es sólo un perfil del que poco parecen saber. Mejor así: la analogía funcionará sin contradicción. Obama se convierte en un personaje a quien estigmatizan con las marcas que ellos mismos han trazado para desdibujar a Rodríguez Zapatero. El presidente español ha sido ese adán y taimado, ese ingenuo y cínico; Obama lleva camino de serlo…

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Hemeroteca

Justo Serna, “Doctor Aznar”, El País, 21 de enero de 2009.

22 comments

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  1. Paco Fuster

    Ayer por la noche puse un comentario (lo envié dos veces) en la anterior entrada. A saber por donde para…

    Vine a decir, más o menos, algo relacionado con el artículo de Justo hoy sobre Aznar. Decía que ayer por la noche leí el discurso íntegro de Obama (tampoco seguí la ceremonia) y que, luego, como contraste me fui a buscar las reacciones al otro evento del día: la investidura de Aznar. Buen contraste litúrgico. Impagable la imagen de Aznar con la capa, el birrete y esa melena que se gasta últimamente:
    http://es.youtube.com/watch?v=LwnbVFHsoP4

  2. Angel Duarte

    Ah, las muchedumbres oceánicas.
    Hay una diferencia funcional que deriva, probablemente, de las presiones exteriores tanto como del background que éstas soportan. Hay muchedumbres ordenadas. Éstas son las que permiten al observador prestarles una atención calma y rigurosa. Hay muchedumbres en tropel. En esas circunstancias es mejor salir corriendo.
    ¿Sería imaginable, en Washington, con la venerable Biblia de Lincoln de por medio, una avalancha como la de la Meca? Probablemente se verá un día de éstos. Pero por entonces las palabras incendiarias de algún clérigo negro harán uso de la Biblia como garrote y tea.
    Entiende, don Justo, porque hay quien se interesa por reivindicar las raíces cristianas de Europa. Efectivamente, para evitar, en la medida de lo posible, las avalanchas de las multitudes en tropel. Y para que, cuando sea inevitable la misma, lo haga en la dirección adecuada.
    El acto/representación de ayer, orienta y conforta al auditorio -todos nosotros- al tiempo que da brillo y esplendor al poder; el de siempre, claro, afortunadamente.
    Hoy estoy por ponerme el nick de Diógenes.
    Saludos

  3. jserna

    …Alguien provoca deseos colectivos y sobre él se vierten expectativas. Es un objeto de transferencia al que se convierte en símbolo o en mito. No son lo mismo, pero ahora no me detengo en distingos. Símbolo o mito, pues. Lo curioso es que ese símbolo se ha gestado con la vida personal, con historia concreta, de Barack Obama. Antes, los mitos –nos dijo Jean Baudrillard– funcionaban como un signo al que se le desprendía su significado concreto para rellenarlo con una abstracción. El 20 de enero, Obama era un recipiente sobre el que hacer innumerables transferencias personales. Pero ese depósito no estaba vacío: tiene una biografía que él mismo se ha encargado de divulgar, de proyectar, para que los demás se identifiquen con una parte o con el todo.

    Todos. “Muchedumbres ordenadas”, me recuerda Àngel Duarte: lo que el 20 de enero vimos eran muchedumbres ordenadas. Cierto: vimos multitudes que con orden y concierto –y nunca mejor dicho– celebraban lo insólito, algo insólito aunque previsto. Vimos un sinúmero de gentes allí congregadas coreando a un político improbable. Porque, como él mismo no se cansa de repetir en sus discursos, Barack Obama es un caso verdaderamente improbable. Pero lo que todos sabíamos era que la muchedumbre ordenada era un pálido reflejo de la atención mundial: de esos millones de telespectadores que en directo o en diferido contemplábamos un acontecimiento que se dijo catalizador…

  4. jserna

    Ah, por cierto, Paco, ese comentario suyo anterior ya está recuperado: estaba en el limbo de wordpress. ¿Por qué? No lo sé, pero ya está en su sitio.

  5. Marisa Bou

    Ha recuperado Justo su actividad, lo que significa que se ha aliviado ya de su resfriado, espero que enteramente. Como lo demuestra este nuevo post (esperaremos a que avance más) y su artículo de El País.

    Vale, usted nos dá algunas claves para entender la razón de un hecho que me parece, cuando menos, absurdo. Lo siento, no consigo verlo de otra manera. Y suerte que no me acabó de amargar el día, pues no me tropecé -por los pelos- con el personajillo y su santa, cuando me dirigía al salón del Meliá Palace donde Jorge Alarte daba una conferencia.

    A nuestro nuevo Diógenes, quiero decirle que me parece muy bien traído lo de las avalanchas de la Meca y las que podría producir el guardián de las raíces cristianas, pero en este caso serían “avalanchitas”, porque mientras que el islam crece (desgraciadamente) el cristianismo decrece, por fortuna.

    Paco: Si le llora el ojo izquierdo es porque éste, como todo lo que se encuentra a la izquierda, trabaja mucho más y se resiente antes…;-)

  6. Juan Antonio Millón

    Cuando ayer oí el discurso de Obama me sentí contrariado, y esa primera sensación, después de leer el texto, vuelvo a cerciorarla hoy. Veo una amalgama -muy bien aderezada- de apelaciones a valores cuasieternos, grandilocuentes, junto a imágenes familiares, cotidianas, cercanas al cidadano. Una apuesta por la disidencia, la pluralidad, pero al mismo tiempo un discurso de afirmación de la nacionalidad, excesivamente categórico, arrogándose un papel cuasiplenipotenciario. Esta ambivalencia la encontramos ya en los primeros párrafos: después de afirmar la fuerte convicción de que los americanos han salido airosos de los momentos más difíciles (“Nosotros, el Pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antepasados y a nuestros documentos fundacionales”), corresponsabiliza a todos de la crisis económica (“consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era”). Obama cifra la solución en la resistencia -después dirá, responsabilidad- y el anuncio de una nueva era (“Pero el periodo del inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables ha terminado; a partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos”). Un mesianismo impregnado al mismo tiempo de pragmatismo (“La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si sirve de algo: si ayuda a las familias a encontrar trabajo con un sueldo decente, una sanidad que puedan pagar, una jubilación digna. En los programas en los que la respuesta sea sí, seguiremos adelante. En los que la respuesta sea no, los programas se cancelarán. Y los que manejemos el dinero público tendremos que responder de ello -gastar con prudencia, cambiar malos hábitos y hacer nuestro trabajo a la luz del día-, porque sólo entonces podremos restablecer la crucial confianza entre el pueblo y su gobierno”).

    Ciertamente en el apartado del apóstrofe al mundo (aquí es curiosa también la amalgama: se dirige a los musulmanes; a los que siembran el conflicto; a los poderes corruptos; a los paises pobres; y -menos mal- a los que gozan de una relativa riqueza), es interesante esa crítica de la intolerancia, de las injusticias económicas y ecológicas, y esa apuesta por la cooperación desde el respeto.

    No sé por qué, estas palabras (“Éste es el precio y la promesa de la ciudadanía. Ésta es la fuente de nuestra confianza; la seguridad de que Dios nos pide que dejemos huella en un destino incierto”), me producen desazón. Sé que se trata de una pieza de oratoria, ya, medida y desde la ideología americana que todos conocemos, pero…No sé, quizá sea el genio europeo del escepticismo que no me deja tranquilo.

  7. Angel Duarte

    Marisa, no me tiente con lo de Diógenes que llevo toda la tarde dándole vueltas a eso de pasar a la clandestinidad.
    Mi temor a los tropeles aumenta a medida que me voy haciendo mayor y noto que las fuerzas flaquean. Debe ser algo físico.
    Saludos cordiales

  8. Alejandro Lillo

    Bueno, en primer lugar decir que me ha encantado el artículo que don Justo ha escrito hoy en El País, ¡que ya está bien, bomre, que ya está bien!

    En segundo lugar, como decía anoche el Gran Wyoming, decir que estoy de Obama hasta los mismísimos, y eso que apenas lleva 24 horas como “superpresi”.

    En tercer lugar: me ha sorprendido eso de la muchedumbre ordenada. ¿Dónde se ha visto eso? No he visto las imágenes, así que puedo pecar en este asunto, pero en todo caso será reprimida, digo, pues no creo que su estado natural (el de la muchedumbre) esté del lado del orden.

  9. Ana Serrano

    Cuídese, Justo. Con leche, con miel, con ron o Aspirinas, le va a durar lo que le tenga que durar, pero no debe salir hasta que no esté bien porque lo malo es mal curarse. Al menos, ya estornuda menos y está tan lúcido como para escribir ese estupendo artículo del hombrecillo que trata de hacer gracia midiendo sus genitales ¿Ya nadie se acuerda de aquello?

    Yo no sé cuánto se va a equivocar Obama. Hay tantas expectativas puestas en él que seguro que tenemos la sensación de que mucho, pero parte de unas premisas tan esperanzadoras que no acabo de entender por qué tanta reticencia ¿Si hubiera ganado “el otro”? De cualquier modo y, haga lo que haga, el mundo no volverá a ser el mismo y yo estoy muy contenta, aunque me llamen simple, y pese a lo rematadamente beato que es.

    Alejandro, la muchedumbre ordenada es algo que puede verse en multitud en ocasiones. La muchedumbre que nos manifestamos contra la Eta con nuestras manos blancas, fuimos ordenados y también la muchedumbre que nos fuimos a la calle a gritar que no a la guerra.

  10. Mary Wollstonecraft

    La muchedumbre no tiene estado natural. La muchedumbre soy yo rodeada de otros que, como yo han decidido, al mismo tiempo que yo, que es necesaria su presencia en la calle para algo, o tiene tanta alegría o tanta tristeza que compartir que no les basta su cueva para manifestarlo; o tienen mucha curiosidad por algo y quieren verlo de cerca. A veces esa curiosidad mueve a millones de personas. Hay otras muchedumbres, claro. Por eso no hay un estado natural para ellas.

    A mí, de todos modos, me aterra la muchedumbre y prefiero las sombras y el silencio.

  11. jserna

    Gracias a todos otra vez por sus amistosas palabras. Creo que el personaje que encarna Aznar es el ideal al que quiere parecerse. Y, por Tutatis, que pone empeño en ser su calco. Le agradezco, Alejandro, sus palabras sobre mi artículo. Como le agradezco a Ana Serrano su mención cariñosa. Entiendo, por otra parte, el escepticismo que a Juan Antonio Millón le provoca el discurso de toma de posesión de Obama. En la continuación de mi post, trato de pensar en ello desde la pura reacción del espectador-lector.

    …Allí había un hombre prestando juramento sobre una Biblia añosa,, enfática y sencillamente simbólica; allí había alguien que se dirigía a sus compatriotas y al mundo. Lo escuché en diferido y, después, leí detenidamente el discurso. Como admite Juan Antonio Millón, ese texto puede alcanzar momentos exultantes pero nos deja fríos –o escépticos– por los tributos que paga al pasado y al presente, a esta o a aquella tradición: por tan heterogéneos aderezos…

  12. Marisa Bou

    Fíjese, amigo Angel: yo me siento más Diógenes en medio de una multitud, pues es allí donde puedo apreciar mi poquedad. En cambio, sola en mi casa, que es mi castillo, me siento como una reina. Cuando esto ocurre, me pongo en contacto con ustedes, o con otros grupos menos virtuales, para no perder de vista mi verdadera condición.

    Es decir, camino entre las gentes metidita en mi barril, que disimula a la perfección mis fallos y me proteje de los fallos de los demás…;-)

  13. Paco Fuster

    Entre ayer y hoy he releído un par de veces el discurso de Obama. Correcto y predecible. No es para nada su mejor discurso. El que pronunció en 2004 en Boston (luego llamado “La audacia de la esperanza”) es bastante mejor. Como he escuchado a alguien, tengo la impresión de que el propio Obama ha querido ser más sobrio que grandilocuente, como si quisiera quitarse esa imagen de orador consumado pero falto de sentido de la realidad que algunos le han adjudicado. Quizá no es mala idea: si uno de los ejes del discurso fue la crisis, una imagen de prudencia era lo más aconsejable. En resumen, me parece un discurso hecho para marcar un tránsito de las palabras a los hechos, de una campaña electoral sin precedentes a una cruda realidad en la que lo que cuento son los hechos y no las buenas intenciones.

    La comparación con el discurso de Kennedy es en este caso, al menos para mí, odiosa. De ese célebre discurso se dijo que olvidaba la política interior y que todo eran referencias al extranjero (América Latina, Europa, la URSS..). También se le pusieron pegas, pero a nivel retórico no hay color. Quizá las expectativas eran demasiadas, pero confieso que, como alguien ha dicho ya aquí, a mi el de Obama me deja frío, cosa que no me sucede con el de JFK.

  14. Juan Antonio Millón

    Estimada Ana, no guardo reticencias especiales hacia Obama, sólo he evidenciado elementos censurables, propios de la “idiosincrasia” americana, en su discurso, que me parecen cuanto menos dudosos. He podido comprobar que esta lectura de la “amalgama”, de la “mezcolanza” del discurso de Obama -que a mí me produce desazón-, ha sido reseñada por el analista de The Washington Post, Michael Gerson,en su artículo “Un conservador revolucionario”, que hoy publica, en español, El Mundo. Por cierto, dice allí Gerson: “Muchos esperaban que su discurso fuera retóricamente diestro, pero quizá ideológicamente hueco.Pero escuchamos un discurso retóricamente corriente y sustantivamente interesante”.

    Sr. Fuster, coincido con usted cuando dice: “…me parece un discurso hecho para marcar un tránsito de las palabras a los hechos, de una campaña electoral sin precedentes a una cruda realidad en la que lo que cuenta son los hechos y no las buenas intenciones”. El paso del candidato al presidente. Aunque las primeras mediadas van en una dirección esperanzadora, esperemos que nuestras “reticencias”, no sean mas que malas pasadas de nuestro tenaz escepticismo.

  15. Isabel Zarzuela

    Me ha encantado el artículo del sr. Serna publicado ayer en El País, ‘Doctor Aznar’. Conforme vas avanzando en su lectura, más te va gustando… y más vas sonriendo. Porque es especialmente gracioso y muy muy agudo. Felicidades.

    Sr. Fuster, también coincido con usted. Ahora habla el presidente Obama, no el candidato.

  16. Paco

    hola he vuelto para jorobarte serna. dices “”no me rendí ante el acontecimiento universal””.

    que no? llevas meses dando la vara con obama!!

  17. jserna

    No me joroba, Paco. Por mí puede hacer lo que quiera.
    Lo que me fastidia es el resfriado.

    Aprovecho para decir que retraso el post hasta mañana sábado. Mi estado físico no me permite…

  18. Isabel Zarzuela

    Pues entonces… esperaremos impacientes hasta mañana.

    Ay, ay, ay, Don Justo, háganos caso y tómese el vaso de leche calentita con miel (o con lo que quiera)antes de irse a dormir, que le reconfortará.

  19. Carlos V

    Buenas Justo, sencillamente felicitarle por su blog, lo visito de tarde en tarde, cuando le leo en prensa y me acuerdo de sus magnificas reflexiones. Hoy querría felicitarle por su articulo sobre JM.Aznar, excepcional. Si tiene un rato libre le ruego se pase por mi blog y lea “La tarea más ingrata”. Sin más, un cordial saludo

    http://charlifuster.blogspot.com/

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