Maridos y mujeres

casa0Lunes, 26 de enero. Cuando la vi tuve la impresión de asistir a un espectáculo sociológico. O, si se prefiere, a un análisis de rol: un estudio de los papeles que los personajes cumplen en función de su posición social. Viven en celdillas y con tareas asignadas de antemano: así distinguimos a individuos obligados por su circunstancia, forzados por la cultura en la que han sido educados, domesticados.  Desde el principio vemos a gentes de clase media, los integrantes de una familia ejemplar que vive en un barrio acomodado: un grupo humano que goza de bienestar material y expectativas de progreso, de ascenso. Cada uno de ellos encarna a un tipo reconocible.

Martes, 27 de enero. La fotografía que aquí vemos está deliberadamente recortada. Toscamente amputada. ¿Con qué fin? Con el propósito de crear esa incógnita de la que hablan Alejandro Lillo e Isabel Zarzuela en sus respectivos comentarios. En realidad, si dicho recorte estuviera hecho con arte, parecería un plano detalle. Pensemos que es así, que es un fotograma completo y aceptemos que el cámara nos ha querido mostrar sólo lo que ahora vemos. ¿Qué observamos? Estamos en una sala hogareña o, mejor, en una cocina. Exacto: al fondo distinguimos, algo desenfocados, unos muebles de cocina. Más cerca del espectador vemos una silla de diseño audaz, con respaldo funcional; vemos una botella de Johnny Walker Red Label, dos pimenteros, un cenicero y las  manos de dos personas sentadas frente a frente mientras se aferran a sus respectivos vasos. Adivinamos que están tomando tragos de whisky, una clase muy especial, remoto y joven a la vez, según leo en su página.  No parecen derribadas por el alcohol: todo está demasiado brillante y ordenado y no hay colillas humeantes o mal apagadas, restos que delatarían nerviosismo o tensión. En efecto, el brazo y el antebrazo que aún vemos aparecen flexionados, probablemente sujetando la cabeza con esa mano que está fuera de campo. Hemos de conjeturar, pues. Quizá ambas personas fueron sorprendidas por el cámara cuando charlaban amistosamente. ¿Se confiesan? Lo hemos confirmado una y otra vez en numerosas películas: el whisky desinhibe y facilita las revelaciones hechas en la intimidad. Pero no estamos en un ambiente nocturno o festivo. Todo parece diáfano, pulido y ordinario a un tiempo: lo cotidiano, vaya. Lo cotidiano. ¿Hay algo en este recorte que nos permita apreciar el miedo, el horror, el asco, la frustración? ¿O, por el contrario, lo que observamos muestra la paz diaria de un hogar bien avenido?

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Martes, 27 de enero. Ella lleva un reloj que adivinamos diminuto y preciso: un modelo que, por cierto, está de moda esta misma temporada. La esfera forma un todo metálico con la pulsera. Por la impresión o por lo visto, podríamos decir que la imagen es actual, bien actual. No hay nada que desmienta lo que hoy estaría de moda. Pero sigamos. Sin duda, quienes están frente a frente son  jóvenes y anglosajones: los brazos de ambos son blanquísimos y todavía permanecen tersos. Más aún:  en él, en el muchacho, distinguimos una sonrisa o el esbozo de una sonrisa. ¿Están bien? ¿Están satisfechos? ¿Han tenido sexo? ¿Están conformes con su vida?  

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Miércoles, 28 de enero. No sigamos con las conjeturas. Esos jóvenes que hemos entrevisto son los protagonistas de Revolutionary Road (2008), de Sam Mendes, una película inspirada en la novela homónima (1961) de Richard Yates. Dicha novela fue un éxito rotundo a comienzos de los sesenta. Retrataba y condensaba los sueños y malestares de esposas en tiempos de cambio, de cambio de modelo familiar y en tránsito hacia otra circunstancia existencial. Yates: un novelista que conmocionó a los norteamericanos de los sesenta, alguien que tiene mucho en común con John Updike y que, como éste, trató de la clase media. Updike lo hizo con mayor acidez y sorna. Yates, con dolor y un punto de desesperación. Pero no hemos venido aquí a hablar de novelas americanas, sino de ciertos personajes que, de algún modo, nos resultan reconocibles.

April y Frank Wheeler son una joven pareja a la que vemos en 1955, en la América próspera que crece y que pueblan gentes nacidas cuando el Baby Boom. Residen en Revolutionary Road, un calle ordenada, aireada, monísima, un sitio envidiable de los suburbios adinerados. Ella es una actriz que no ha seguido su carrera, alguien que ha debido reducir su existencia a una condición ancilar: la de ama de casa. Es un caso frecuente en aquella América optimista: numerosas mujeres se tintan el cabello de rubio, desean ser enfáticamente WASP, y destinan sus servicios a la familia ideal a la que todas deben aspirar. Pero no hay sueños que se cumplan: ni los de April, ni los de Frank, que trabaja en las mismas oficinas de la gran empresa en la que ya estuvo su padre. Él es un ejecutivo que, como tantos otros, acuden a su empleo tomando el tren cada día: abandonando, pues, esa urbanización idílica en la que viven. Su esposa permanece allí, cuidando de la propiedad, atendiendo a sus dos hijos, llevándolos al colegio. Disfrutan de bienestar económico y  de un porvenir prometedor, como era el futuro de aquel tiempo remoto. Pero April, angustiada e inquieta, despierta en el marido la necesidad de seguir soñando, de cumplir los propósitos de su primera juventud. Ambos deciden dejarlo todo para marchar a París, ese lugar en el que Frank había peleado cuando la guerra europea. 

rrMiércoles 28 de enero. No quiero seguir detallando lo que el espectador puede ver. Quiero concluir de otro modo. El mundo se desmorona y los personajes carecen de referentes en los que inspirarse. Si se fijan: esa familia que vemos en la foto del costado da miedo. Como tantas otras. Observen los ojos de todos ellos. El niño tiene un rostro travieso y extraviado. El padre nos lanza una mirada tierna y solicitante. La niña, que padece un leve estrabismo, está muerta de miedo: como pidiendo auxilio. Y la madre…, pues la madre afecta simpatía y bienestar. Miren sus ojos: parecen los de un avenado. ¿Y qué me dicen de su sonrisa? Produce estupor. Revolutionary Road es una novela escrita a comienzos de los sesenta ambientada –como decía– a mediados de  los cincuenta: en concreto, es un retrato del ama de casa insatisfecha. Es de Yates: no de John  Updike. Es de Yates, no de Betty Friedan. La mística de la feminidad es efectivamente posterior: de 1963, en concreto. Sobre ese clásico del feminismo escribió Francisco Fuster en fecha reciente.

Hacia 1960, muy pocas mujeres cuestionan el estereotipo del ama de casa y Jackie Kennedy, por ejemplo, será un referente atractivo e inquietante cuyo interés se multiplica: por un lado expresa rebelde insatisfacción y, por otro, es exactamente una modélica ama de casa. Es también en 196o cuando empieza la comercialización de la píldora…

Pero regresemos a 1955. Es en esa fecha cuando se estrena Rebelde sin causa, con James Dean. Los jóvenes se sublevan pero no saben por qué ni contra qué. Quieren realizar sus sueños y buscan una satisfacción desesperada: para esas fechas, el elvispropio Elvis Presley está a punto de publicar su primer álbum. Es un hijo de la clase obrera, un tipo al que le gusta cantar, alguien que ha educado su voz en el gospel y la música negra. Aparte de triunfar en la canción tiene algunas ambiciones: disponer de bienes materiales (una casa, un Cadillac, etcétera) y compartir su vida con una chica decente, casarse y formar una familia sin apreturas. ¿Pero qué vida es ésa?

Jueves, 29 de enero. La contestación no se dio en la década siguiente, sino que se sigue dando año tras año. ¿Qué es un buen marido? ¿Qué es una buena esposa?  La película clasifica en celdillas a sus personajes, los aprisiona para convertir en tragedia su inmovilidad social, su fatalidad. Creo que eso es perfectamente verosímil a comienzos de los años sesenta (que es cuando debió hacerse la adaptación cinematográfica); en 2008, es un ejercicio arqueológico o histórico fríamente realizado que nos permite ver el pasado con alivio, con distancia, con compensación. El dolor de April nos conmueve. El desconcierto de su esposo, también. Pero son seres de otro tiempo interpretados por bellos y famosos de hoy, personajes que intervienen con denuedo y con sobreesfuerzo, evocando quizá el método del Actor’s Studio. Salimos enteros de la sala y respiramos aliviados. Pero a pesar de todo, a pesar de que ya no vivimos igual, seguimos teniendo nuestras propias celdillas: nosotros aún no nos hemos librado, cosa que no nos dice el film. 

71 comments

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  1. Alejandro Lillo

    ¡Qué intriga! ¿Será la fotografía un dato? ¿Se trata de una serie, de una película, de un programa de entretenimiento? En el tema pone “Cine”, pero me aventuro: creo que se trata de lo primero, de una serie (podría serlo perfectamente). ¿Médico de familia, tal vez?

    A ver si el señor Serna nos da mas pistas.

  2. jserna

    Aparte de los comentarios de Alejandro e Isabel, he recibido e-mails en los que algunos amigos me hablan de esta pequeña intriga. Que para qué, me dicen. Hay alguien que me llega a acusar de manipulador: yo manipularía una imagen para jugar con los lectores. No. No se trata de jugar. Es algo más inocente o más grave, si quieren. Como dicen Alejandro e Isabel, efectivamente intento provocar algo de intriga hasta dar con el objeto de que se trata. Hay un tanteo visual y conjetural: igual que nos sucede en la vida, vemos las cosas a trozos y no cuando queremos. Este post in progress no está concebido de este modo para así jugar con los demás, sino para ofrecer datos fragmentarios que permitan acercarnos a lo que vemos parcialmente. Describiendo lo que atisbamos, anticipándonos a lo que no divisamos, prolongando lo que está fuera de campo. Cuando creamos haberlo visto todo, entonces el objeto presuntamente desvelado aún se nos resistirá. Les recuerdo que el título es ‘Maridos y mujeres’

  3. jserna

    El enigma no ha acabado. Me estoy refiriendo a una imagen que está creciendo. Falta por describir la segunda foto para llegar al final…

  4. David P.Montesinos

    No especulo ni hago pronósticos, no tengo ni idea de a donde va a parar esto. Pero me gusta esta manera de referirse a eso tan presuntamente banal y tan insignificante que llamamos la vida cotidiana, esa magia gris de lo no memorable donde uno encuentra claves para recomponer el rompecabezas de la vida, eso que no nos da ver al presidente del gobierno interrogado en la televisión o a Berlusconi diciendo memeces. Esta escena me recuerda a aquella del mejor Woody Allen: Stardust memories. El protagonista está confuso,no le ve sentido a la vida, no para de preguntarse para qué tantos esfuerzos. “De pronto una tarde tranquila la miré, sostuve la mirada sobre ella hasta que la suya y la mía se encontraron y me sonrió. Y no sé por qué, pero aquella tarde tan insignificante tuve la sensación de que todo tenía sentido.”

  5. jserna

    Decididamente, precisa el sr, Lillo. Con decisión sigo. No sé aún dónde llegaré. No sé lo que sé.

    “Esta escena me recuerda a aquella del mejor Woody Allen: Stardust memories”, añade el sr. Montesinos. Cierto. Pero puestos a recordar a Woody Allen por qué no mencionar aquella otra película suya que en España se tituló ‘Maridos y mujeres’…

  6. Paco Fuster

    Triste notícia la de Updike, sin duda. Acabo de leer por encima, la larga nota que le dedican en el obituario del NYTimes: http://www.nytimes.com/aponline/2009/01/27/books/AP-Obit-Updike.html?_r=1&hp

    Entre las cosas que leo, una referencia a su polémica con Norman Mailer que, por asociación de ideas, me trae a la memoria lo último que he leído sobre Updike: el capítulo -“John Updike: Conejolandia y Bechville”- que Martin Amis le dedica en “El infierno imbécil” (El Aleph, 2008).

    Supongo que mañana leeremos sobre él en la prensa; leeremos, inevitablemente, sobre su gloria literaria sobre el Nobel, sobre su no-Nobel.

  7. Alejandro Lillo

    De John Updike recuerdo un cuento, porque la seie del conejo no me gustó mucho (aunque también he de decirles que era muy joven cuando la leí). El relato es “A&P”. Recuerdo lo que me impactaron las descripciones de las chicas. Sólo lo he encontrado en inglés, así que por ahora no pongo enlace alguno.

    Buenas noches.

  8. jserna

    Fernando, a quien no conozco, tenía razón: hablaba de ‘Revolutionary Road’. Pero eso aún no aclara las cosas…

  9. Juan Planas

    En realidad todos los caminos se revolucionan cuando el tiempo empieza a rodar según debiera (la curiosa historia de Benjamin Button): Nacer ancianos y morir lactantes (y entremedias transcurre la vida:-)

    Ah, y saludos.

  10. David P.Montesinos

    “Maridos y mujeres” me parece uno de los films más desoladoramente brillantes de Allen… Si analizan con detenimiento, verán que esa es justamente la época del mejor Woody Allen, cuando rodó uno o dos años antes “Delitos y faltas”, a finales de los ochenta. Dos obras maestras. Me acabo de enterar también de la muerte de Updike. Mis últimas noticias de Updike me vienen del libro al que se refiere Fuster de Amis “El infierno imbécil. Leí “Corre, conejo” hace una eternidad y, francamente, me gustó, aunque no estoy seguro de haber sido capaz de entenderlo de verdad por aquel entonces. Releamos, pues, y como tantas otras veces, la muerte del autor es la siniestra excusa.

  11. Alejandro Lillo

    “Ella es una actriz que no ha seguido su carrera, alguien que ha debido reducir su existencia a una condición ancilar: la de ama de casa (…) Frank, que trabaja en las mismas oficinas de la gran empresa en la que ya estuvo su padre. Él es un ejecutivo que, como tantos otros, acuden a su empleo tomando el tren cada día: abandonando, pues, esa urbanización idílica en la que viven. Su esposa permanece allí, cuidando de la propiedad, atendiendo a sus dos hijos, llevándolos al colegio.”

    La imagen que tan bien nos muestra con palabras el señor Serna, a mí me turba. Me turba por los dos, pero en especial por la mujer, por la esposa. Ese rol me recuerda al, en mi opinión, extraordinario artículo de don Paco Fuster sobre la obra de Betty Friedan.

    Digo que me turba pero también que me rebela. Por eso, como dice don David, también regresaré a Updike.

  12. Paco Fuster

    Amigo Alejandro y compañía: este mediodía en la biblioteca he escrito un largo comentario pero al enviarlo me ha dado un mensaje de error. Al intentar volver atrás en la página ya se había borrado todo.

    Más o menos y resumido, decía que últimamente me acuerdo mucho del artículo sobre Betty Friedan, no porque sea muy bueno -que también-, sino porque me da la sensación de que la obra de esta mujer es, pese a sus años, muy actual. Es una pena que nadie la reedite en castellano porque mucha gente la compraría y la leería.

    En la edición digital de “El País” dicen de Updike que era un “cronista del desencanto vital de la América de clase media”. La obra de Friedan es otra crónica, excelente crónica, del desencanto de la ama de casa de clase media americana. Es un ejemplo más de que, muchas veces, sociología y literatura -como intentaré demostrar en mi tesis- son dos formas diferentes de acercarse a una misma realidad histórica. Pese a que Updike tenía fama de misógino, sería interesante un trabajo comparativo que estudiara la visión de la mujer americana en Friedan y en las novelas de Updike.

  13. Isabel Zarzuela

    Por no hablar de cómo agarra del hombro la madre a la niña.

    Me quedo sin habla. No sé adónde nos quiere llevar Don Justo… trrr

  14. Juan Planas

    Acabo de ver la película entre sensaciones contrapuestas: por una parte, el deseo y por la otra, la realidad; los sueños de la inmadurez y como contrapunto, la revelación del saldo final -en rojo- del balance… Nada nuevo. Excesivamente retórico. También doloroso. Pero todo el planteamiento es una monumental falacia. Si no se tiene talento uno no puede escapar a su destino. Si se tiene, tampoco.

  15. jserna

    No estoy de acuerdo con Juan Planas a propósito de la la monumental falacia del planteamiento. Creo, más bien, que la película es extemporánea, una adaptación que debió hacerse en los años sesenta y no ahora: un ejercicio retrasado. ¿Se imaginan rodar ahora, justamente ahora, ‘Rebelde sin causa’? El problema no es la fidelidad de una adaptación cinematográfica, sino el contexto que la rodea: la historia de Yates es tremenda si la leemos en los años sesenta. ¿Imaginan la versión cinematográfica de ‘Revolutionary Road’ filmada en 1964, por ejemplo? Igualmente tremenda. A pesar de que la historia que nos cuenta sea dolorosa, hoy sólo es un producto finalmente esteticista y hasta inocuo.

  16. Angel Duarte

    En los años sesenta, querido Justo, el punto de vista desde el que se detectaba la falla tectónica de la familia, el horror del tsunami que se acercaba, no era la esposa (excepto en el mundo cerradísimo de un Bergman). Era ¡la juventud!
    Tengo presente el entusiasmo que me produjo, debía ser en 1974 o 75, la visión de Family Life en el barcelonés cine Balmes de arte y ensayo.
    ¿Recuerda?
    A young woman, Janice, is living with her restrictive and conservative parents, who lead a dull working-class life, and consider their daughter to be “misbehaving” whenever she’s trying to find her own way in life. When she becomes pregnant, they force her into abortion, and hypocritically blame her for “upsetting them” when she is unable cope with the emotional and mental effect this has on her. The film is depressing and excruciatingly painful and hard to watch, as Janice is subjected to brain-washing and reproach by her parents and shockingly self-righteous and ignorant doctors (could this have been only 25 years ago???). A masterpiece, a stark and painful portrait of a hypocritical society.
    Entonces tenía una cierta vena libertaria. Hoy también, pero… es tan cómoda la familia.

  17. jserna

    Sr. Duarte, era la juventud, como dice. Y era el papel de la esposa. Pero qué le voy a decir a un historiador que es experto en el período de la Guerra Fría. Le recomiendo vivamente el libro que aquí cité, que sin duda conocerá y que salió en español hace unos años: ‘Kennedy y el sueño de los sesenta’, de W. J. Rorabaugh. Si no lo ha leído le recomiendo que lea el capítulo “Las familias”.

    Los papeles de la esposa o del joven se cuestionaban en los sesenta –en los sesenta– en una revolución cultural que tenía vasos comunicantes. Sus efectos aún perduran.

  18. Angel Duarte

    Don Justo, éste es uno de aquellos casos en los que la distinción entre historia íntima e historia objetiva me parece menos operativo. Yo empecé a odiar la familia con Ken Loach (vamos que empecé a saber lo que me pasaba): no se lo he perdonado nunca.

    pd. Por cierto, rectifico una afirmación previa. El 19 de marzo estaré en Gerona. Como un Pepe.

  19. Ana Serrano

    Estoy asombradísima. No he visto la película, pero, por lo que cuentan… Esa situación de la mujer; los textos de Betty Friedan, América, años sesenta, clase media y alta. Feminismo, liberación de la mujer, concepto de familia. Todo como si de arquología habláramos; como si fuse en ese país y en esa época, como si no hubiera ocurrido antes y después, como si aquí no ocurriera. Y, lo más maravilloso de todo: estamos en un lugar, el blog de Justo, donde los hombres, todos los hombres, entienden el problema femenino; escriben, solidarios, sobre él, entienden todos los problemas enumerados, los comparten y participan en su solución. Loado sea mi santo Voltaire.

    Soy mayor que Justo, pero, de ninguna manera podría ser su madre; tengo cinco titulaciones superiores, todas artísticas, es decir, de creación cuya realización tuve que dejar al casarme para dedicarme a la casa, a mi marido y a mis hijos. Más del cincuenta por ciento de las mujeres de mi edad hicieron lo mismo. No sé quién lo ha tenido peor, si nosotras o las que continuaron trabajando fuera de casa; no sé quién a sufrido más, si los hijos de unas o de otras; no sé qué familias han sido más trites, pero sí sé que, frente a la clase obrera hemos sido privilegiadas y que las mujeres siguen muriendo como chinches, que las “emancipadas” lo han hecho muy mal y las que no también. Cuando yo me casé, en 1983, no podía abrir una cuenta sin la firma de mi marido (se cambió por la de mi padre), ni comprar ni vender una tierra mía sin su permiso. Sé que hoy los hombres que ganan menos que sus mujeres se duelen y que las cosas siguen muy, muy mal. Sé que me he quedado sola y sin ingresos porque, por un lado he sido una menor de edad, dependiente de mi marido y su salario y por otro y ahora, soy una mujer moderna, titulada y que puede ganarse la vida, aunque no se la gane y aunque se le haya ido ayudando a crecer a su familia.

    Pienso en María Moliner y en mi asistenta; en María Lejárraga, en mi madre, en Eulalia Galvarriato, en mí, en los hombres solidarios y en los que matan y siento una congoja infinita porque no era el camino, pero tampoco es el camino.

    Los hombres solidarios ¿Solidarios con quien? Entienden a Betty Friedan y lo que dice, se comportan acorde a ello con sus mujeres (quizás), pero ¿Con sus madres? ¿Entienden a mi asistenta que lo que más desearía es quedarse en casa con sus hijos? ¿Entienden a las personas masculinas y femeninas con las que viven?

    Todo queremos salir de la mediocridad, sí, lo malo es que somos mediocres y no lo podemos aceptar.

    Perdón, no debería haber dicho nada. Me he explicado muy mal y es todo demasiado complejo. Es difícil describir el sentimiento de que la vida, lo que decimos y lo que hacemos, tan distinto uno de otro, todo, todo es una gran mentira y todos somos víctimas.

  20. Angel Duarte

    Yo no, doña Ana, yo no las entiendo. Me inquietan. Aunque me pasa lo mismo con los hombres.

  21. jserna

    Ana, todo mi respeto.

    Si he dado a entender que el problema planteado por la película es algo del pasado me he expresado mal. Lo que quiero decir es que, en 1955 –en 1955–, aquella mujer de ‘Revolutionary Road’ vivía una tragedia absoluta: carecía de referentes. El volumen de Betty Friedan es posterior. No voy a ser yo quien se atreva a juzgar decisiones personales costosas. Yo me refería siempre, siempre, a un personaje de ficción que Yates alumbró y publicó en 1961.

  22. jserna

    Bienvenido, Ricardo. La verdad es que en este post no hablo del Partido Popular, sino de maridos y mujeres, de matrimonios, como usted dice. Cosa grave. Ah, por cierto, lean el artículo de F. Fuster sobre Friedan. Es informativo y analítico.

    De todos modos, la actualidad periodística casi impone seguir con el PP. Ya veremos.

  23. pumbydevillarabitos

    También soy recién llegado. Desde Villarabitos, concretamente. ¿Aquí todo el mundo se habla de usted?

  24. jserna

    ¿Pero esto qué es? ¿Villarabitos, con una erre sola?

    ¿Pumby? ¡Por los clavos de Cristo, qué recuerdos!

    Bienvenido, gato.

  25. Pumby de Villa Rabitos

    Pues sí. Soy de Villa Rabitos (con una sola erre) pero la nueva tecnología – materia infame donde las hubiese -me obligó a escribir mi filiación únicamente con minúsculas y, encima, a juntar palabras sin ton ni son. Y así salen las cosas, sin ton ni son. O tempora…

    Vale. Veré cómo corrijo el gazapo.

    Aunque, tampoco veo que por esta parte de la blogosfera las cosas vayan mejor, Serna. Que sí, que hay gente muy interesante participando pero, chico, también una tropa de gente seria… ¿dije seria?. No. Quería decir aburrida. Espero que este post no sea un mal presagio. Ya me encontré en él con algún tufillo de seriedad asnal, vamos de intelectualillo apesebrado pontificando ex cátedra. Espero equivocarme.

    Gracias por tu bienvenida, humano.

  26. jserna

    Mañana, nuevo post. Espero que les guste el tono: a los recién llegados y a los fieles de esta casa. De momento, mantengo este largo post de varios días. El más largo en plena temporada.

    ¿Ronronea y habla de asnos, gato? Repito: bienvenido.

  27. jserna

    Por cierto, he dejado sin contestar un comentario de Àngel Duarte en el que anuncia que el 19 de marzo estará en Gerona. “Como un Pepe”, añade. Bien: allí nos veremos ese día, sr. Duarte, en un Seminario de Historia y será un placer. Seguro.

  28. Marisa Bou

    ¡Hola a todos! Hace tiempo que no digo nada aquí, pero les he estado leyendo. Me encanta este tema, porque como Ana, aunque a otro nivel, me afecta personalmente.
    Yo me casé jovencísima, en ¡1967! nada menos. No tuve que renunciar a ejercer una carrera: simplemente no la estudié, porque ¿para que necesitaba estudiar una joven que iba a ser mantenida por un hombre, con el fin de que criara a su prole? Por lo visto, para esa carrera no hacía falta estudios. Y así nos iba. Porque los niños, ¡figúrense, señores! venían sin libro de instrucciones, y al procreante te lo “endiñaban” también sin desbastar.
    Prefiero no pensar en todo lo que me perdí; si alguna vez vuelvo la vista atrás es para comprobar que el camino fué árduo, pero lo recorrí con dignidad. Y al final, lo que queda es la sensación de no haberlo hecho mal del todo, según me dicen mis hijos. Que además son todos varones y entienden, comprenden, respetan y comparten con sus compañeras.
    Trataré de ver la película, por lo bien que me la pintan. No sé si se han fijado, pero últimamente hay mucho cine ambientado (y muy bien) en los años cincuenta y sesenta. Lo que implica que, para hacer historia, no hace falta remontarse al 2 de mayo ni a la masacre de los indios Arapahoes.

    P.E.: Bienvenidos los nuevos blogueros, Ricardo y Pumby de Villa Rabitos (¿podemos dejarlo sólo en Pumby?) al que quiero decir que aquí no hay gente seria y aburrida, que disfrutamos de un buen sentido del humor. Lo que ocurre es que lo del “usted”, precisamente por desusado, nos hace más gracia. En realidad, a la que nos descuidamos nos estamos tuteando. Incluso alguna vez salimos de copas.

  29. jserna

    Aún no puedo introducir el nuevo post. Me retraso unas horas.

    I m p o n d e r a b l e s.

    Ustedes me perdonarán.

  30. Ana Serrano

    “Y al final, lo que queda es la sensación de no haberlo hecho mal del todo, según me dicen mis hijos. Que además son todos varones”. Sí, Marisa, ese es mi caso exactamente, varones que me dicen que lo he hecho muy bien, pese a no tener folleto de instrucciones. Hay una sensación muy grata con respecto a ellos, pero, ¿en cuanto a nosotras? Si hubiéramos tenido una actividad fuera ¿Lo habríamos hecho igual de bien? pensar que no es el único consuelo que nos queda, pero ¿Por qué no lo habríamos podido hacer igual de bien si hubiéramos tenido un trabajo fuera de casa? ¿Por qué esa insatisfacción mientras estamos en plena tarea? ¿Por lo infravalorado de la nuestra labor? ¿Por lo excesivamente valorado de la labor del que sale a ganar el dinero de casa? ¿Por la dualidad de ser adultas que manejan un hogar y menores dependientes económicamente? ¿Por la mirada de desprecio de las que sí se “realizan”? He observado que las que trabajan fuera en el fondo, envidian a las que nos quedamos dentro y las de dentro ¡ah las de dentro! envidiamos en el fondo y en la forma a las de fuera. Nadie está satisfecho porque una de las características humanas y la que más hace avanzar es la insatisfacción, consustancial al ser humano.

    El problema mayor es que, quien debía entender, compartir, valorar y caminar a nuestro lado, suele pasar delante y dejarnos detrás con la prole, es la falta de amor, como en todo y él pasa delante y tú estás destrozada porque ninguno de los dos tenía vocación de hacer lo que hace; porque ambos, generalmente, están donde están porque hay que estar ahí, porque es lo que hay que hacer y lo que la sociedad espera de uno, pero ninguno de los dos está preparado.

    Yo habría querido seguir creando, comunicarme con gente como yo, seguir en el mundo y hablar con mayores de tres años, pero no me dejaron. Habría querido que en las tareas de la casa, en todo lo que no fueran los hijos, alguien me hubiera ayudado y digo que en lo que no son los hijos porque estoy convencida de que ellos deben estar con la madre. Los humanos somos unos de los seres que nacemos peor, menos “hechos”, debemos seguir en la bolsa marsupial años y esa bolsa sólo la tiene la madre ¿Lo sabemos cuando decidimos tener hijos? no.

    Es muy, muy complicado porque sólo hay una solución: el amor, el no soportar que quien vive a tu lado esté sufriendo y haciendo solamente lo más duro y menos valorado y eso no existe. Y seguimos considerando egoísta a la que decide no tener hijos, a la que decide no tener pareja; y seguimos pensando en Alma Mahler, que se supo cuidar y defender como en una bruja, porque hacen falta siglos para que aprendamos a no considerar a la más sacrificada, abnegada y desgraciada la más buena y para que los hombres dejen de ser hombres para pasar a ser personas; pero ni los siglos nos harán entender que sólo el amor puede arreglar las cosas y son las mujeres quienes, hasta ahora, han puesto más amor en este mundo. Eso está terminando y el amor no se reparte, desaparece. Los niños están solos, las mujeres con muy mala conciencia y los hombres… acaban, como siempre, marchándose con otra.

    :-) Acabo de simplificar las cosas de un modo inadmisible, pero el espacio, el lugar y lo complejo del asunto, quizás mis limitadas neuronas, no me permiten más.

    Pumby… tengo la colección completa de sus historias encuadernada. Fue un buen compañero de infancia.

  31. Pumby de Villarabitos

    Uy, perdón, le di con la zarpa a este ingenio diabólico y salió esa “B” viuda que debía dar pie (o mejor, pata) a mi intervención. Quería haber comenzado la anterior diciéndole “bueno” a Marisa, de ahí esa be díscola.

    Vale, Marisa, voy a confiar en tus palabras y en las de otros que me han hablado positivamente de este blog… pero seguiré atento al nuevo post (gato precavido). Y es que los gatos no consideramos que lo contrario de lo divertido sea lo serio, sino lo aburrido, cosa que, entre los humanos, no está tan clara.

    Desde luego, Marisa, puedes llamarme Pumby. Y si me lo permites, no te voy a hablar de usted… me huele a naftalina.

    Gracias de nuevo por tu recibimiento, Serna. Sí, ronroneo, olfateo… y araño, claro.

  32. Pumby de Villarabitos

    Marisa y Ana, me quito el cascabel ante vuestra intervenciones. Sólo un “pero”, Ana, cuando concluyes “y los hombres… acaban, como siempre, marchándose con otra” creo que es injusto por su rotundidad. No todos lo hacen. No todos.

  33. Pumby de Villarabitos

    Sí, Serna, hay heridas y reproches justificados. Las/los tienen algunas mujeres y las/los tienen algunos hombres. Hasta algunos gatos. Pero no extrememos las opiniones. Ese “como siempre” le niega a los varones – a todo su género, a la mitad de la humanidad – una dignidad que posee. Y eso no niega el triste reconocimiento de la realidad (especialmente doliente para los varones): cuantitativamente, entre ellos, es superior el número de botarates que de personas.

  34. Alejandro Lillo

    ¡Saludos, Pumby de Villarabitos! Te he leído mucho de pequeño y, no sé por qué, desde el principio me caíste simpático.

    Doña Marisa y doña Ana, creo que saben que tienen todo mi respeto y admiración. Abrazos.

  35. Ana Serrano

    “Ana, cuando concluyes “y los hombres… acaban, como siempre, marchándose con otra” creo que es injusto por su rotundidad. No todos lo hacen. No todos.”

    Completamente de acuerdo, Pumby, completamente. Incluso los hay que se van con razón y las hay que se van, también, sin ella. Aunque, cuando alguien se va… Puede haber razones que la razón no entiende.
    Perdón por la rotundidad, es una licencia literaria, pero sólo literaria que no se atiene totalmene a la verdad, pero lo di por hecho, indebidamente. Perdón de nuevo :-)

    Gracias Justo. No tengo palabras para su constante amabilidad y comprensión, pero las heridas se deben reprochar a quien las infiere. Tiene razón Pumby y acato.

    Gracias, también, Alejandro; sabe que es recíproco.

  36. Marisa Bou

    Por una vez, Ana, me siento en ventaja. Porque yo tuve un día una especie de “fogonazo” que me hizo ver la realidad cruda: si mi pareja no quería caminar conmigo, yo tenía que emprender mi camino sola. Y dicho y hecho, preparé oposiciones. Cuando tuve un puesto de trabajo, me separé. El más pequeño de mis hijos tenía ya 15 años, y eso me permitía salir a trabajar sin desatenderlos.

    Hoy en día, aunque vivo sola, tengo una vida plena, un trabajo que me satisface, un montón de amigos (físicos y virtuales) y unos hijos que me adoran. ¿Se puede pedir más?

    Sólo lamento no haber podido cursar estudios. Pero incluso eso, trato de remediarlo leyendo mucho y relacionándome con gentes sabias (como las de este blog) para que “se me pegue algo”.

    Gracias, Pumby. Claro que puedes tutearme. Y te diré que los gatos son mis animalillos preferidos. Te quieren, aunque sólo sea porque les dás de comer, pero no te absorben la energía -como en algunos libros y películas se ha dicho- y les encanta jugar, como a mí.

    Ay, Alejandrillo. Deberías estar enfadado conmigo, porque siempre digo que te voy a ir a ver a la libería, pero nunca voy. Espero remediarlo pronto. Besos.

  37. Fuca

    Me parece “bien” que se le critique a Ana que generalice y, sin embargo, nadie dice nada del título de este post de Justo Serna, “Maridos y mujeres”. ¡Curioso, muy curioso! Hay hombres y maridos, el resto sólo mujeres. No parece que hayan pasado tantos años desde la publicación de la obra de Richard Yates.

  38. Marisa Bou

    ¡Caramba, Fuca, cuánto tiempo! Y tienes toda la razón. Yo no había caído en el detalle. ¿Para cuándo la revisión del lenguaje? Está claro que lo inventaron los hombres… o se atribuyeron el invento y después lo masculinizaron. ¡Ja, ja, ja!

  39. Ana Serrano

    “Por una vez, Ana, me siento en ventaja.” En ventaja con respecto a mí es fácil estar, Marisa :-)

    “Hoy en día, aunque vivo sola, tengo una vida plena, un trabajo que me satisface, un montón de amigos (físicos y virtuales) y unos hijos que me adoran. ¿Se puede pedir más?” Salvo en lo del trabajo, estamos igual, pero es que a la edad en que yo tuve esa especie de “fogonazo”, ya no era posible y sí, sí se puede pedir más: no tener que sentir ese fogonazo para vivir la vida con normalidad; no tener que luchar el doble que un varón para lo mismo. Hoy Obama ha decidido que las mujeres deben cobrar lo mismo que los hombres por el mismo trabajo realizado ¡¡hoy!! a mí eso es lo que me importa, no cómo se denominen las cosas.

  40. jserna

    La quinta acepción del Dicionario de la RAE admite que uno de los significados de “Mujer” es “mujer casada, con relación al marido”. Lo digo no porque crea que la RAE me lo permite o porque este hábito semántico me guste, sino porque efectivamente es uno de los usos aún habituales. Ante un tercero yo puedo presentar a mi esposa como “mi mujer”. No creo que se sienta ofendida ni ultrajada. Pero a mi esposa no se le ocurriría presentarme como “mi hombre”. Yo sí que me sentiría una suerte de macho o algo así. He empleado el rótulo Maridos y mujeres porque remite directamente al título que se le dio en España a una película de Woody Allen: no es raro, por tanto, que David P. Montesinos se hiciera eco de esta alusión al mencionar al cineasta, como así hizo en uno de los primeros comentarios. Yo quería llevar esa referencia al terreno que la he llevado. Nada más. O nada menos.

  41. Fuca

    No, Aniña, la lengua no es neutral; mientras seamos para los hombres (aquí debería cambiar el artículo por “algunos” para que no me hagan la misma crítica que te hicieron a ti, pero, como tú muy bien dices, es una licencia literaria que todos o casi todos entendemos) sus mujeres, su propiedad, nunca llegaremos a esa sociedad igualitaria por la que tanto luchamos. Un saludo para Marisa y para ti.

  42. jserna

    Francamente, Fuca, no veo relación entre una cosa y la otra.

    En valencià es diu “la meua dona” i “la meua esposa”: se pueden emplear indistintamente y no creo que nadie se sienta ofendido por ello. Sólo que… “esposa” tiene un registro más culto.

    Y, ahora, una broma. No se me ofendan…

  43. Marisa Bou

    ¿Cómo vamos a ofendernos, Justo? Ësa es una canción maravillosa, que hace muchísimo no escuchaba.

    El problema no está en la dicotomía hombre/mujer, sino en marido/mujer. Y habrá que convenir en que, como siempre, la culpa es de las convenciones sociales absurdas. En este caso el contrato matrimonial. Si nos limitáramos a ser compañeros, qué hermoso sería presentarnos como compañero/compañera, pues me parece que es la palabra que mejor expresa la idea de compartir la vida dos personas, tanto sean hombre/mujer, hombre/hombre o mujer/mujer ¿no creen ustedes?

  44. Fuca

    Estoy de acuerdo contigo, amiga Marisa. Podríamos ir cambiando nuestro vocabulario y dejar a un lado maridos y mujeres para hablar de compañeros o de pareja, mucho más neutral. También dejar a un lado el genérico hombres y sustituirlo por personas o seres humanos, como nos aconsejaba nuestro añorado Kant. La lengua es un reflejo de la sociedad en la que vivimos e irá cambiando al mismo ritmo que la sociedad; el día en que mujeres y hombres tengamos los mismos derechos y deberes, el día en que mujeres y hombres participemos por igual en todos los organismos, incluida la RAE, ese día la lengua cambiará y aparecerán nuevas acepciones de palabras y otras desaparecerán.

    Es curioso, Justo, el ejemplo del valencià. En galego sí existe “o meu home” y “a miña dona”, en lugar de “mi marido” y “mi mujer”; aun así, sigue sin convencerme esa terminología. Y no me ofendo ni con la canción ni con nada de lo que escribes, sólo manifiesto mi discrepancia.

  45. Ana Serrano

    Quería decir que si a mí mi pareja me tratara como a una igual y yo me sintiera así, me daría casi igual (y digo casi) si me presentara como a, pongamos por caso, su esclava (exagero, exagero…), pero por mucho que se refiera a mí como su compañera, si me trata como a una cosa me da igual.

    He entendido desde el principio el nombre del artículo como cita a la película.

    Gracias, Fuca. Mi cariño para ti.

    Llamo a Fuca de tu porque es amiga desde hace muchos años, Pumby, y porque a ella le gusta. Je, je.

  46. Marisa Bou

    Creo que Justo se ha olvidado antes de señalar que, en valencià, también existe la acepción “el meu home”. Mi abuela la empleaba siempre, y mi abuelo jamás se ofendió por ello. “El meu home”/”La meua dona”. ¿A que suena apasionado?

  47. jserna

    Hay más puntos de acuerdo que de desacuerdo, por supuesto. Tenía pensado publicar ya mi nuevo post (que será igualmente ‘in progress’). Pero me sabe mal cortar esta discusión tan interesante que no acabaremos… ¿Qué hago? ¿Lo publico ya o espero hasta mañana? Ya me dicen.

    ——

    En efecto, Marisa, existe “el meu home” y nadie se ofende. Pensemos ahora en castellano con una mala traducción falsamente equivalente: “mi hombre”. ¡Dios mío!

  48. Fuca

    Nuestro amigo Alejandro decía que Pumby le caía simpático; a mí también; quizás sea por su reivindicación del tuteo o por su llamamiento a la diversión; estoy de acuerdo con él cuando dice que lo contrario de lo divertido no es lo serio sino lo aburrido. Espero que esté con nosotros mucho tiempo y que nos deleite con sus ronroneos pero sin olvidar los arañazos.

    Creo, amigo Justo, que deberías publicar tu nuevo post. No creo que sean muchas nuestras discrepancias en este tema, tienes razón, hay muchos más puntos de acuerdo que de desacuerdo. Un saludo.

  49. Marisa Bou

    ¿Y porqué no “mi hombre” y sí “mi mujer”? ¿No será porque los hombres tienen, en el fondo, la idea de la mujer como posesión? ¡También a nosotras nos gusta “poseer” a nuestro hombre! Y no debería causar rechazo, sino orgullo. Recuerdo que, cuando “mi hombre” me presentaba diciendo: “mi mujer”, yo le atajaba respondiendo:”tuya, cuando la compres”. Es que siempre he sido muy respondona.

    Estoy de acuerdo en que esta conversación podría hacerse eterna, porque eterno es el tema que en ella tratamos. Pero, si los demás no se oponen, no veo mal cambiar de tema, pues no será conversando aquí, entre nosotros, sino en otros foros más concurridos (sobre todo de hombres) donde podamos intentar que la situación se arregle.

  50. Pumby de Villa Rabitos

    Saludos, Alejandro. Veo que eres una persona con criterio: esa lectura infantil – que compartes con Ana y, sospecho, con Serna – es inequívoca señal de un gusto exquisito y apropiado. De hecho, yo también me caí muy simpático apenas conocerme.
    Hola y “touché”, Fuca. Me alegra que te guste el tuteo – eso asegura Ana – Tienes razón con lo del lenguaje y lo que conlleva en la práctica. Nosotros, los félidos, no tenemos ese problema. Sencillamente, no nos casamos. Ni esposas, ni esposos. Villa Rabitos podría considerarse un lupanar para algunos humanos sin embargo, con ello, evitamos el conflicto que genera el obligar a alguien a vivir nuestra vida, en vez de que esa persona viva la suya con nosotros… mmm… muy gatuno… y la consecuencia es peligrosísima: somos felices.

    Marisa, Ana: me reitero en mi admiración por vuestra trayectoria vital. Pocos pueden decir “he vivido”, vosotras, ya, sí.

  51. Alejandro Lillo

    Me alegra que le guste mi criterio, Pumby. Usted me perdonará, pero cada vez que leo lo de Villa Rabitos me entra una risa incontenible. Pero sí, sí, le leía de pequeño, y debo confesarle que lo tenía prácticamente olvidado. Me ha dado una alegría, la verdad.

  52. Marisa Bou

    ¡Oye, Pumby, que yo también te leía, no vayas a pensar que no! Y gracias por tus palabras. Ana y yo “hemos vivido”, sí. Pero aún pensamos vivir mucho más, ¿verdad Ana?

    El nuevo post de Justo, da para mucho pensar, y ahora tengo que salir (¡çe la vie!). Mañana “nos vemos”.

  53. Marisa Bou

    ¡Qué pasada! Por querer “epatar” he puesto “çe”, cuando debía haber puesto “c’est”. Ustedes perdonen.

  54. Ana Serrano

    Sí, sí, Marisa, pienso vivir mucho más. Por unas cosas o por otras, mi vida se ha limitado a lo que comprende de los 25 a los 30 años y ya ahora. Tampoco es que sea para tirar cohetes, pero es lo que hay y lo aprovecho.

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