La doctrina del fascismo

franciscofrancoLa doctrina del fascismo. Las jornadas a las que he asistido en el TEA (Tenerife Espacio de Artes)  han sido interesantes y provechosas. Es una iniciativa bien pensada y mejor resuelta por sus responsables, Javier González de Durana y Emilio Ramal. Durante tres días hemos  reflexionado sobre lo que queda del Franquismo, sobre los vestigios urbanos y artísticos del Régimen. ¿Qué se puede hacer con las placas del callejero, con los rótulos del nomenclátor, con la estatuaria que aún ocupa el espacio público? ¿Cómo podemos cargar con todo ello? ¿Cómo ajustamos artes y cuentas? No les voy a transcribir mi conferencia, que sería algo académico y probablemente tedioso. Sólo les recordaré que era una pesquisa microhistórica, una indagación acerca del presente, de ciertos restos materiales del pasado que todavía subsisten. Lo que nos rodea dura, vaya si dura, y eso que nos circunda pregona lo que fue y ya no es: aparentemente ya no es. Debemos aprender a mirar y a establecer conexiones inesperadas entre los restos, entre los documentos y los monumentos. Pero fundamentando, eso sí, nuestra operación: documentándola. De esas relaciones quizá podamos obtener finalmente un conocimiento.

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Les proporcionaré algunas pistas. El título de las jornadas, ya saben, era Ajuste de Artes y Cuentas. En mi conferencia de apertura, en mi intervención inicial, ponía en relación dos objetos, dos artefactos materiales que en principio nada tienen que ver entre sí, un libro y una estatua: el ejemplar de un volumen italiano de 1935 (1932) y la copia de una estatua española de 1964. De un lado, La dottrina del fascismo, de Benito Mussolini, Milán, reedición de Ulrico Hoepli, 1935; de otro, la Estatua ecuestre del general Francisco Franco, reproducción de la obra de José Capuz, datada en 1964. ¿Hay algún camino que lleve de una a la otra? Son dos artefactos materiales distintos y distantes realizados en soportes diferentes, dos restos de un pasado que se hallan en Valencia. Ahora bien, puestos de consuno a partir de un indicio menor revelan mucho del franquismo.

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Leí por primera vez la obra de Mussolini en una edición distinta. Me dejé llevar por la comodidad: ya que en la Biblioteca de la Universidad había una edición en español del libro mussoliniano, quise enterarme primero en castellano. Leí  ese ejemplar, pues. Era también de 1935, publicado por Vallecchi Editore en Florencia: un ejemplar, repito,  en castellano.  Cuando me documenté sobre dicha obra, advertí varias cosas. La primera, obvia, la rareza de su edición española en Florencia, hecha sin duda para difundir las ideas del Duce. En la confrontación política del siglo no son extrañas estas publicaciones para extranjeros… La segunda cosa en la que reparé fue la simultánea publicación en otros sellos italianos: en Editore Ulrico Hoepli, de Milán, que me apresté a leer para confirmar o desmentir lo ya verificado en castellano. La obra del Duce no se editaba en exclusividad y en todo caso era una gracia que se concedía a distintos sellos afines. En 1935, Ulrico Hoepli se sentía muy orgullo de añadir este título a sus fondos: “Il primo volume della nuova ‘Collezione Hoepli’ è destinato al Fascismo ed è motivo d’orgoglio per l’editore il potervi ripubblicare lo scritto fondamentale del DUCE”, indicaba. “L’editore si augura di avere realizzato in questo volume, accessibile ai piú, il vademecum degli Italiani nuovi”.

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La tercera cosa que en su momento descubrí fue el origen de este opúsculo: el texto procedía de la voz “Fascismo” de la Enciclopedia Italiana, que comenzó a publicarse en 1932.  Los majestuosos volúmenes de esa enciclopedia se hallan también entre los fondos de la biblioteca de mi Universidad. Podía hacerme una idea cabal de sus contenidos sin necesidad de desplazarme. Un libro no es sólo un texto, sino un contexto y unos paratextos que dan sentido y circunstancia a lo que estamos leyendo.

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En principio, la doctrina del fascismo que aparece reflejada en las distintas ediciones –en ésta, en ésa o en aquella otra– no varía básicamente: no es más que un compendio de las concepciones mussolinianas, claro. Pero un compendio debido básicamente a Giovanni Gentile, el filósofo cortesano del Duce. Resume ideas de la primera etapa del fascismo, el régimen anterior a las leyes raciales de 1938, pues. Es un sistema en el que la raza carece de toda importancia. El Estado es el elemento constitutivo de lo real: el Estado es el principal artista, el genuino creador. Fascismo es doctrina política y es pensamiento, es obrar y es conocimiento: intuición, filosofía, construcción lógica y fe. En definitiva, una concepción orgánica del mundo que tiene el Estado como centro: la institución política pone orden, supera los conflictos y las luchas y crea propiamente la nación (cosa que no aceptará el ideario nazi).  La totalidad estatal es la que permite expresar al individuo y, por eso, el fascismo es contrario a toda forma de individualismo y a toda manifestación ilustrada, liberal, socialista o democrática. Son cosas archisabidas cuyo pormenor erudito les ahorro, pero que conviene retenerlas. Ya digo que tuve la suerte de poder leer estas distintas ediciones de La dottrina del fascismo sin moverme de mi ciudad.

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La estatua ecuestre del general Francisco Franco. Y ahora cierro el libro para preguntarme cómo es posible llegar a la estatua de Franco, esa misma a la que antes aludía. Permítanme un poco de historia menor. El 27 de abril de 1979, el Ayuntamiento de Valencia, presidido por su alcalde Ricard Pérez Casado, acordaba en pleno y por unanimidad retirar toda la simbología franquista aún existente en las calles de la población. Meses después, el 11 de enero de 1980, una moción aprobada por el consistorio ordenaba retirar “el conjunto escultural con estatua ecuestre del general Francisco Franco” de la Plaza principal de la ciudad (actual Plaza del Ayuntamiento, entonces Plaza del País Valencià, anteriormente Plaza del Caudillo). De entre los emplazamientos posibles se acordaba destinarla al Museo Histórico Municipal. La ejecución de esas decisiones se demoró durante varios años. En septiembre de 1983 era finalmente retirado el conjunto escultural para ubicarlo en el Patio de Armas de la Capitanía General de la III Región Militar: hoy, Claustro del Cuartel General de la Fuerza de Maniobra. Allí se encuentra en estos momentos, ajeno al discurrir cotidiano de la ciudad, invisible.

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Desde entonces caminamos aliviados por la Plaza del Ayuntamiento: no tenemos que soportar la ignominia de su imagen, ese homenaje al dictador. ¿Qué fue lo que la sustituyó? Para no convertir ese lugar en santuario franquista o en lugar de memoria, las autoridades municipales dejaron un espacio vacío, un jardincillo. Era como una amputación, probablemente necesaria. Transcurrido un tiempo, los nuevos munícipes del Partido Popular decidieron rellenar ese espacio vacío con una nueva estatua de Francesc de Vinatea, héroe foral. De entrada parece una decisión sensata: un personaje del pasado que no molesta y del que sentirse orgullosos. Creo, sin embargo, que no es una decisión acertada: desde luego no defiendo una vuelta de Franco a su plaza, sino la edificación de un memorial que allí, justamente en el lugar en que estuvo la estatua, permita rememorar y saber. Probablemente ya es tarde porque los objetos se adueñan del espacio urbano perpetuándose. Vinatea ya forma parte de ese paisaje obvio de la plaza.

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No obstante, hemos de admitir que el traslado de Franco supuso una amputación que nos deja la conciencia tranquila. Pero… el espacio urbano ha de pregonar su pasado. Los monumentos han sido una obsesión moderna: desde el Ochocientos, el Estado-nación rinde homenaje a sus héroes para dotarse de legitimidad, de continuidad, de base, héroes que muy frecuentemente se relacionan con hechos de armas, con triunfos militares, con batallas.  Los jóvenes actuales pueden transitar por la actual Plaza del Ayuntamiento sin saber nada o sin sentirse molestos. A la larga, la retirada de la estatua y la nula alusión a Franco provocan un efecto de vacío, un espacio inocuo y sin referencias…

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Adolfo Rincón de Arellano fue alcalde de Valencia entre 1958 y 1969. Se convirtió en primera autoridad municipal después de la riada de Valencia de 1957 y tras los desacuerdos políticos entre el anterior alcalde (Tomás Trénor Azcárraga) y el Gobierno de Francisco Franco. Para entonces, Rincón de Arellano  era un médico prestigioso y ya maduro, un cardiólogo que había ampliado estudios en la Roma de los años treinta. Fue en ese momento, durante dicha estancia, cuando descubre el fascismo en todo su esplendor y convicción. Fue también, entonces, en 1933, cuando José Antonio Primo de Rivera lo nombra Jefe Regional de Falange Española en Valencia. En 1939, ya sin el Fundador, Franco lo confirma como Jefe  Provincial de FET de las JONS. Es camisa vieja, un azul. La designación de Rincón de Arellano como alcalde en 1958 da fuerzas al sector falangista, justamente en un momento en que España experimentaba una apertura levísima con el ascenso del Opus Dei, un sector político que Rincón de Arellano siempre observará con animadversión de viejo falangista.

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En 1964, el escultor valenciano José Capuz realiza una estatua ecuestre del general Francisco Franco, una obra que se depositará en los Nuevos Ministerios, en el Paseo de la Castellana (retirada en 2005). Copias de este conjunto escultórico se reclamarán y se sufragarán en distintas ciudades: una de ellas la de Valencia, gracias a su consistorio. Rincón de Arellano homenajeaba al Caudillo y de paso le agradecía lo que Valencia parecía reprochar al Generalísimo: la cicatería gubernamental tras la riada.

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17 de julio. Regreso a La dottrina del fascismo. El ejemplar que yo leí y que está entre los fondos de mi Universidad tiene una anotación sellada y manuscrita, un registro bibliotecario. Es un indicio muy revelador. Dice lo siguiente. “Donat per A. Rincón de Arellano. Data 17 de julio de 1995. Dpt. Història Contemporània 13091“. ¿Una casualidad? Nada es casual en un acto de esta índole. Rincón de Arellano dona sus volúmenes a una institución que le es distante ideológicamente, a un Departamento que tiene un sesgo político muy distinto del que el viejo azul representa. En 1995 han pasado ya sesenta años de la edición de La dottrina del fascismo. Pero, sobre todo, esa fecha de donación, el 17 de julio, no es azarosa: ahora queremos verla como un último o penúltimo sarcasmo del falangista. En aquel momento, quienes llevábamos las adquisiciones de libros y quienes recibíamos las donaciones de fondos bibliográficos éramos Anaclet Pons y yo mismo. Era frecuente que generosos lectores obsequiaran a la Universidad con esas entregas. Rincón de Arellano, el alcalde que agració a Valencia con una copia de la estatua de Franco también quiso donar otra copia, en este caso de La dottrina del fascismo. Un 17 de julio.

36 comments

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  1. jserna

    El peso del franquismo. ¿Qué hacer con sus vestigios?

    Parece sencillo dar una respuesta fácil a este lastre que nos queda, pero no es así. En un régimen democrático no debería quedar monumento que sirviera para homenajear a quienes protagonizaron una dictadura. Lo lógico, lo depurativo, sería eliminar esos vestigios que ofenden la sensibilidad democrática del ciudadano. Ya que no fueron concebidos ni ideados ni realizados para establecer recuerdos comunes, mejor eliminarlos del espacio público. Pongámos en Santa Cruz de Tenerife. ¿Por qué debería seguir dominando el final de la Rambla una estatua alegórica del viaje de Franco con el Dragon Rapide? ¿Porque la escultura de Juan de Ávalos es arte y, por ello, merecería ser conservada? ¿Porque el paso del tiempo ha hecho que nos acostumbremos a verla en su emplazamiento original? Si la quitamos sin más, amputamos el dolor que ocasiona el pasado. Si la dejamos, ultrajamos a las víctimas.

  2. Paco Fuster

    Lo de las estatuas y los monumentos público en Valencia es algo digno de estudio. Aún recuerdo cuando descubrí -hace muchos años- la estatua de Francesc de Vinatea a la que se refiere Justo. He ido varios años a estudiar a una academia por allí cerca y muchas veces me paraba delante de ella. Miraba a la gente que pasaba por allí, mucho turista alemán y japonés, y me preguntaba si alguno de ellos tenía la más mínima idea sobre quien era el personaje. En esa misma ruta que hacía todos los días, de la Facultad a la Plaza del Ayuntamiento, pasaba por la Plaza Rodrigo Botet, donde hay una restaurante llamado precisamente “Vinatea”. Los clientes de este selecto restaurante (normalmente huéspedes del hotel adyacente) tampoco creo que hayan reparado en el nombre y mucho menos en su porqué.

    Luego hay cosas curiosas como lo de la estatua de Jaume I en la Plaza de Alfons el Magnànim, contradicción que no he entendido todavía.

    Cuando paseo por la ciudad descubro bustos y estatuas dedicadas a personajes cuyos méritos ignoro. Ayer mismo descubrí en la GV Fernando el Católico una imponente figura sedente dedicada a Salvador Giner, afamado compositor valenciano cuya existencia desconocía por completo. Retuve el nombre y por la tarde entré en Google para paliar minímamente mi ignorancia. En esas descubrí una web muy interesante sobre la escultura pública en la ciudad de Valencia que les enlazo:

    http://www.jdiezarnal.com/valenciaesculturapublica.html

    En esta misma web he descubierto que en Valencia hay bustos dedicados a Nino Bravo, Concha Piquer o Luis Sánchez Polack, entre otros. Sé que no es el tema del post y que se desvía del fascismo, pero la reflexión sobre la estatua de Franco me sugería esto.

  3. jserna

    Metales comunes e ingenios mecánicos (2007)

    Anaclet Pons y Justo Serna

    “…Y un momento significativo lo fue, sin duda, cuando La Maquinista Valenciana fabricaba la estatua del rey Jaime I. El acontecimiento habría de servir para que la empresa se convirtiera en uno de los lugares más visitados por autoridades y fuerzas vivas, para que muchos la descubrieran, para que fuera un foco constante de noticias, a la espera de que el monumento pudiera ser instalado definitivamente. Metal e historia, pasado heroico del Reino, la fantasía cristiana del origen que otorga sentido común y monumental a una población distante y distinta a lo largo de los siglos. Fue necesario fundir para ello el bronce de seis cañones cedidos por el Ejército para conseguir parte de los quince mil kilogramos necesarios, además de varios meses de trabajo y un sonado retraso. La gesta pretérita y conquistadora se evoca con los metales bélicos del presente. Ahora bien, como relataba Las Provincias el 18 de abril de 1890, los agoreros “no contaban con el empuje y el legítimo amor propio de don francisco Climent, peritísimo propietario y director de La Maquinista Valenciana, cuyo valencianismo no podía consentir que se encargase fuera de nuestra ciudad aquel trabajo”. Los ocho meses previstos inicialmente se habían duplicado, pero finalmente “rugía ya el hirviente metal en un nuevo horno de fundición” y los invitados asistieron al vertido del bronce en los moldes, en plena noche cerrada y con diez lámparas eléctricas iluminando el local. Imaginamos la escena: reunidos, con cierto aire recogido y festivo, los presentes se saben testigos de un pasado monumental. Los cronistas lo detallan. El proceso finalmente se cumplía a satisfacción de la concurrencia, que celebró con “un ¡hurra! [que] resonó en aquel instante”. Era admiración y la satisfacción del portento realizado y, por eso, al regocijo verbal “pronto le sucedió un nutrido aplauso”. Por supuesto, la satisfacción no alcanzó a todos de igual manera. Eran tiempos de asociaciones obreras y de huelgas, de reivindicaciones laborales y salariales: era la Valencia convulsa de las clases peligrosas. De hecho, en las semanas siguientes La Maquinista tuvo que parar sus máquinas en algunos momentos de especial tensión y cuando finalmente pudo reemprender los trabajos lo hizo bajo la protección de la Guardia Civil.

    La estatua ecuestre siguió dando que hablar. Hubo un fastuoso banquete de celebración en noviembre de 1890 para festejar la definitiva terminación, un convite muy francés cuyo menú ocupaba varias líneas. Para la ocasión, las viandas servidas fueron: bisque d’écrevisses, poisson sauce hollandaise, filete de boeuf à la maréchale, petits pois, dindes truffées, glaces panachées y otros muchos manjares regados con chablis, bordeaux, bourgogne y champagne. Pero la apoteosis llegaría el 31 de diciembre de aquel año con el traslado. El Ayuntamiento había adquirido para la ocasión un rulo de vapor, un artefacto fabricado por cierta empresa británica que había costado 16 mil pesetas de entonces. Con este ingenio mecánico debería procederse a ese traslado: habría que remolcar la estatua, habría que escoltarla por un piquete de caballería, habría que iluminar el recorrido con las hachas de viento de los peones camineros, habría que contener al gentío con números de la Guardia Civil y municipal. Así sucedió, según relatan los cronistas. Fue un costoso paseo de cuatro horas, entre las nueve de la noche y la una de la madrugada, luchando contra el lodo que se acumulaba en algunas zonas, pero todo ello verificado bajo los aplausos de los curiosos y aclamaciones de júbilo. No sólo se materializaba un proyecto: también su consumación devenía espectáculo y ejemplo de la epopeya de la voluntad humana y valenciana. Quince minutos antes de las dos terminaba la operación y doce días después se colocaba en su pedestal. La inauguración oficial se demoró mucho más, no realizándose hasta el 20 de julio de 1891, en el marco de la Feria que solía celebrarse durante aquel mes veraniego. Quedaba así expuesta una estatua ecuestre a mayor gloria del rey Conquistador y cristiano, aquel que, por encima de todo, había librado a valencia del yugo musulmán, según reza la leyenda que adorna uno de los laterales del pedestal… Mientras tanto, La Maquinista Valenciana asociaba su joven historia a una imagen de gran valor simbólico. Hoy, como un ritual civil de obligatoria celebración, un gentío más o menos tumultuoso se reúne cada 9 de octubre para rendir homenaje al fundador, un modo de hacer historia monumental aplicando la razón retrospectiva, ulterior”.

  4. Juan Antonio Millón

    La escultura pública ha formado parte innegable de la conformación del relato nacional identitario, de la construcción del “imaginario colectivo”. Eregir, mantener y derruir esta iconografía pública es una constante que podemos rastrear a lo largo de la historia. Lo mismo podríamos aducir para la toponimia urbana: los callejeros muestran en sus huellas el paso significativo de diversas ideologías y mentalidades,en un continuo fluir de nominaciones de signo contrario. Pero no todo es lo mismo, habría que indagar en quiénes promueven esa erección, quienes y cómo la ejecutan y durante cuánto tiempo perduran, así como las adhesiones o confrontaciones que generan. Admitir esto, que la imagen pública del poder es una constante, así como su cuestionamiento y su destrucción, es una premisa que debería regir nuestra reflexión. Quiero decir, no debe extrañarnos esto a que estamos asistiendo, puesto que es signo histórico de una constancia, y signo también de nuestro tiempo. Al que habría que añadir una diferencia cualitativa: aquella que emana de una legislación democrática.

  5. Juan Antonio Millón

    Don Justo, perdone usted mi desconsideración por no haberle dicho antes que me felicito de su vuelta. Por cierto, el texto -¡qué extraordinario!-, Metales comunes e ingenios mecánicos, ¿dónde está publicado?

  6. jserna

    Gracias, sr. Millón, por esas palabras. “Metales comunes e ingenios mecánicos” fue nuestra contribución a la Exposición que hubo en 2007 sobre la industrialización valenciana en el Muvim. Si le interesa, hágamelo saber…

    http://www.exposicion.iicv.net/

  7. David P.Montesinos

    Me sumo a la felicitación del señor Millón a Justo por el artículo -por éste y por el “oficial” del blog, sin olvidarme de El País, por supuesto- y me congratulo de su regreso y de la energía renovada con la que parece haber vuelto. (Últimamente, todo sea dicho, se le advertía algo apagado, pero igual es simple impresión mía).

    Felicito también a Paco Fuster por la eficacia con la que consigue que determinados fenómenos más o menos cotidianos o considerados usualmente banales -como las estatuas de anónimos parques urbanos- encuentren su valor simbólico y su significación en un discurso trascendente como el que propone. Hay talento y sobre todo disciplina en su línea de análisis y creo escuchar algún eco de las enseñanzas de Serna y Pons tras sus palabras, aunque eso lo sabrá usted mejor que yo. Le agradezco también públicamente la brillante conferencia que pronunció el pasado martes entre mis alumnos. Le aseguro que ha suscitado controversia en los días posteriores.

    Me dejo de elogios, que esto ya parece los putos Ingalls de la Casa de la Pradera. A lo largo de mi vida profesional me ha tocado inaugurar dos institutos. En ambos casos se nos consultó a los profesores en plantilla sobre el nombre del centro. En el primero -enclavado en una pequeña localidad- la neurótica manía de instalarse en la corrección política hizo que cada propuesta de nombre suscitara en quienes viven paralizados por el miedo la respuesta de que tal nombre molestaría a tal o cual gente. No piensen que alguno propuso el nombre de IES Adolfo Hitler o IES Ku Kux Klan…No, no, eran nombres bonitos y entrañables. Pero claro, si se nombraba tal accidente geográfico del pueblo se cabrearían los del barrio que quedaba más alejado, si nombrábamos a cierto político que hizo fortuna en Madrid se enfadarían los del otro partido…El estúpido miedo al que dirán hizo que al final alguien propusiese referirse a un héroe del pueblo vecino -lo que obviamente también se rechazó- o que incluso -ya exhaustos- se propusiera el nombre mismo del pueblo para el Instituto, o que yo, en un arrebato de surrealismo, le quisiera poner IES Sin Nombre. Al final se decidió el nombre de un viejo maestro vinculado a la República, algunas personas del pueblo se enfadaron y a todos nos la refanfinfló, que es lo que termina pasando siempre porque así es la vida, señores, y es de cobardes y de débiles vivir permanentemente atemorizados por el miedo.

    Suscribo la propuesta de Serna de hacer constar algún tipo de memorial no monumental u honorífico sino testimonial en lugar de estatuas como la de Franco a caballo. Habríamos de plantearnos si tal cosa solo afecta a figuras “recientes”, suponiendo que acordemos qué entendemos por “recientes”. Lo digo porque, por ejemplo, el insigne Conqueridor Jaume I tiene bajo las patas de sus caballos muchas carnicerías de infieles irredentos, y les aseguró que en Mallorca -donde perpetró una verdadera carnicería- la luminaria de su imagen histórica está bastante difuminada. Sospecho que a los partidarios de la idea de que todos los males los han hecho los “españolistas” no les gustará la idea de que hay tantas razones para poner cabeza abajo la estatua del conqueridor como para hacer tal cosa con la del Rey Borbón, tal y como, con toda la razón, hicieron los setabenses con el lienzo que representa al criminal que los “socarró”.

    Otra anécdota del pueblo al que fui a servir durante ocho años de mi vida. En una ocasión aparecieron en el centro tres personajes muy influyentes en la localidad. Portaban un busto que había esculpido uno de ellos y que al parecer representaba al personaje al que se dedicó el nombre del centro. Su intención era que dicho busto se quedará para siempre en el centro e incluso nos sugirieron cuál sería su mejor ubicación y que debíamos ser muy observantes los profesores para que los niños no lo estropeasen. Obviamente la dirección del centro les dijo que regresaran con dios y con el busto a su casa y que si el centro necesitaba algún busto ya se lo solicitaríamos. Aquello suscitó polémica, eran personas influyentes y, por lo visto, acostumbraban a hacer con el pueblo lo que les apetecía y por sus santos huevos.

    No es banal, no, todo esto de los monumentos. Podríamos por cierto hacerle uno on line y virtual en el blog a Veyrat y a Kant a ver si vuelven.

  8. Juan Planas

    Sr. Montesinos, pese a la, en efecto, deteriorada y más que dudosa, por sanguinaria, luminaria del Conqueridor lo cierto es que nunca como ahora -el 2008, aquí en Baleares, fue su Any- Jaume I había sido objeto de tanto homenaje político de relumbrón. Una vergonya.

    Pero en Valencia lo que habría de verdad que estudiar es la imparable ascensión patológica y monumental de Calatrava;-)

  9. jserna

    1. Gracias, sr. Montesinos. ¡Glup! Me había prometido escribir en su blog sobre ‘La clase’ y sobre la historia y, ya ve, sigo sin hacerlo: una descortesía que sólo se justifica por el mucho trabajo que he tenido estas dos últimas semanas. Ahora veo que habla de la convivencia. Tremendo. Lean allí lo que nuestro amigo dice.

    http://lacuevadelgigante.blogspot.com/2009/02/convivencia-vivi-durante-ano-y-medio.html

    2. Veo, sr. Montesinos, que coincidimos en lo que usted dice acerca de los monumentos, que habría que distinguir, ciertamente, de los documentos (como quería Michel Foucault). Pero documento y monumento no son objetos en sí, datos materiales de la existencia con los que nos tropezamos: son artefactos que consienten distintos usos. Un monumento funciona como documento si la mirada del observador sabe extraer la información que pregonan su pedestal, sus placas, sus esculturas. Así nos lo planteamos Anaclet y yo cada vez que reflexionamos sobre esa lápida que está a los pies de Jaume I: esa que proclama que nos liberó del yugo musulmán. Así me lo planteaba cuando exponía en Tenerife mis reflexiones. Un monumento: todo lo que puede ser captado por los sentidos pueder ser tomado a la vez como soporte testimonial. De igual modo, no es raro que un documento se convierta en monumento, erigido en un pedestal para recordatorio de las generaciones futuras. Así sucede con los textos fundacionales que figuran en vitrinas, en museos, expuestos a la mirada que celebra…

    3. ¿Erigir un monumento a Veyrat y a Kant? Ja, ja. Bueno, Kant anunció en público y en privado las razones de su despedida, que yo respeto, claro. No crean que no les lee. Recluido en algún cenobio, su nicho tecnológico le permite acceso a Internet. Lo sé positivamente. Por otra parte, hay aquí nuevos amigos cuyas intervenciones son un prodigio de reflexión.

    En cuanto a Miguel Veyrat, ignoro a qué se debe su silencio. Es evidente que tiene algo o mucho que reprocharme y es evidente que no tiene por qué manifestármelo. Es hasta probable que tenga buenas y fundadas razones para obrar así. Pero no me pregunten a qué se debe su marcha. Durante meses, qué digo meses, durante años estuvo entre nosotros congraciándose o enemistándose, ejerciendo en fin su libertad de juicio o de sentimiento. Estuvo dialogando conmigo y con un selecto comité de lectura. Aprendimos mucho. Ahora ha decidido alejarse. ¿Ustedes saben por qué? Yo tampoco.

  10. Marisa Bou

    Me sumo alegremente a las bienvenidas y a las alabanzas para el señor Serna, que demuestra, una vez más, ser esa persona sabia, que nunca defrauda a sus alumnos, considerándome yo como tal, aunque sólo sea en este blog.

    El tema de este blog es sumamente interesante. Los que hemos vivido largo tiempo, hemos visto -no sin estupor- los sucesivos cambios de nomenclaturas y de símbolos, a veces difíciles de seguir. Por ejemplo, a las floristas de la actual Plaza del Ayuntamiento, los del gremio las siguen llamando hoy “las caudilleras”. No porque fueran adictas al personaje, que en algún caso también, sino por la ubicación de sus puestos en la plaza y por su peculiar y uniforme estilo de trabajo.

    Al IES de Rascanya se le quiso dar el nombre de Antonio Cañuelo, recientemente fallecido luchador vecinal, y puesto que algunos se oponían, se le dejaron los dos nombres y cada cual lo llama por el que prefiere.

    Los ejemplos son innúmeros, pero el colofón sería, siguiendo la argumentación del señor Planas, colocar en medio de esa ciudad de cemento blanco, dentro de nuestra ciudad, una gran estatua de Calatrava, si no ecuestre, al menos sedente ante una gran mesa de dibujo… a ver si así, con el premio definitivo de su efigie, nos deja en paz de una vez y deja que otros arquitectos no menos meritorios trabajen un poquito por estos pagos.

    Por cierto, Justo, espero que nuestro común amigo Fran se mejore pronto y nos organize una de esas cenas-coloquio que estoy echando ya en falta.

  11. Marisa Bou

    La segunda vez que dije “blog” quería decir “post”. No acabo yo de interiorizar esta nueva nomenclatura cibernética…;-)

  12. jserna

    Deseo lo mejor para Fran. Que se recupere completamente.

    ¿Las cenas-coloquio? Mire, sra. Bou, yo estoy para servir si los amigos me piden que hable, pero lo que peor llevo es lo mal que oigo: en las reuniones multitudinarias hay ruido y ese murmullo me impide escuchar como es debido. No saben cómo me tortura.

  13. Alejandro Lillo

    Señor Planas, sin que sirva de precedente :-), estoy de acuerdo con usted. Lo de Calatrava es una fijación que comienza a ser ya patológica.

    Para que vean la ignoracia, los diferentes usos y abusos, y la distinta percepción que los seres humanos tenemos de los acontecimientos y de los personajes históricos, les contaré una anécdota: en un viaje a Praga tuve acasión de fotografiar un cartel con una fotografía de Franco en la que ponía, en inglés, “orgulloso de ser anticomunista”. Ya ven.

  14. Paco Fuster

    Agradezco al amigo Montesinos sus palabras. Lo de las estatuas es muy interesante. Yo no soy de Valencia y, pese a que camino mucho por la ciudad y llevo años pasando más horas allí que en mi pueblo, siempre me sorprendo cuando descubro estos homenajes póstumos. Luego la ironía de la vida también me ofrece oportunidades extrañas. En Blasco Ibáñez hay un monumento dedicado a Manuel Broseta que yo descubrí hace no mucho tiempo. Cuando ya había pasado por allí muchas veces, un día me paré a leer la leyenda inscrita. No sabía a ciencia cierta quien era. Luego me documenté. Este año y por pura coincidencia, comparto algunas clases con un dicípulo de Broseta, un profesor de derecho, Hemos trabado cierta amistad y a veces incluso hemos hablado de Broseta y de su vida, del porqué de ese monumento y de su emplazamiento.

    Lo de escuchar ecos de las enseñanzas de Justo y Anaclet, no lo sé, aunque seguramente. Buena señal sería. Precisamente esta tarde estoy ultimando una reseña de un libro de Harold Bloom que acaban de traducir al castellano. Lo digo porque Bloom tiene una teoría muy interesante (lo que el llama “ansiedad de la influencia”) para explicar estos ecos de otros autores, la influencia de los precursores -que diría Borges- en la obra de los poetas menores.

    Lo de la conferencia en tu instituto va camino de convertirse en un clásico. Me gusta hablar con tus alumnos, aunque siempre me falte tiempo y me quede con la duda sobre lo inteligible de mi mensaje. Si dices que ha suscitado reacciones, me alegro. De eso se trataba.

    Y como la cosa va de institutos, me sumo al banquete. Tuve el honor (¿?) de participar en el Consejo Escolar de mi instituto en mi último año allí. Decidimos el nombre de un insituto nuevo (el actual de Alginet) que yo no llegué a disfrutar. Se plantearon varios nombres de alginetenses ilustres, pero al final triunfo la opción más prágmatica: como el antiguo no tenía nombre pero todos los llamaban “Hort de Feliu” (por estar situado al lado de donde se supone que una vez hubo una huerta de un tal Feliu), el nuevo pasó a llamarse tal cual, “IES Hort de Feliu”. Media hora de propuestas y de negociación para acabar así, apelando a la geografía.

    Es interesante también lo de los nombres de las calles. Para el caso de Valencia, les recomiendo un poema de Estellés -“Cos mortal”-, luego llevado al cine, que es toda una lección de historia contemporánea a través de simples nombres, nombres de calles de Valencia que el Franquismo transmutó.

  15. Ramón

    Yo he leído hace años “La doctrina del Fascismo” en Acción Española. Accción Española la publicó por entregas, firmada por B. Mussolini, creo que en el año 1934 (no tengo a mano la edición para corroborarlo). Está todavía pendiente una completa investigación sobre la reorganización de la derecha antirrepublicana hasta 1936, que cristalizó en la sublevación de 1936, con aportaciones de diversa procedencia. Acción Española acogió aportaciones bastante variadas (monárquicas, fascistas, carlistas, falangistas…).

  16. Angel Duarte

    Bravo por el post. Por el tema y la perspectiva analítica adoptada. Nada más. Bueno… sí. Calatrava está por todas partes -el último de sus puentes que ví estaba en Las Palmas de Gran Canaria- y todo él es reiterativo y redundante. Lo suyo ha dejado de ser un estilo para pasar a ser una “maniera”. Casi, casi, como las estatas ecuestres del Caudillo.

  17. Pumby de Villarabitos

    El link que nos dejó Paco sobre esculturas de calle en la ciudad de València creo que es muy interesante. Los textos tienen unos cuantos errores pero, vaya, buen curro se dio el autor. Es de agradecer que alguien se preocupe por esta ciudad dejada de la mano del demonio y tomada por la de dios. Dios es de derechas, ya sabéis. Con todo, gracias al autor del trabajo y a Paco por mostrárnoslo.

    Pedro ¿aun te da miedo ese señor?…

    Eso del callejero tiene una buena solución en la ciudad de Toledo ¿la visitasteis?… Dado que la solución más sensata – numerar las vías públicas y “punt i pilota” – nunca fue de buen recibo – los políticos no tendrían qué inaugurar que fuera gratis – y, paradójicamente, bautizarlas es habitual piedra de escándalo – como demuestran los tantos ejemplos jugosos con los que nos habéis divertido con vuestras aportaciones – optaron por hacer una especie de “summa”. Así, la calle toledana mantiene su nombre más antiguo, pongamos, “Calle del Aguador”, y luego, discretamente, se añade… “dedicada a don Práxedes Mateo Sagasta en 1902, al general Mola en 1939, a Don Adolfo Suárez en 1985”. El caso no es real pero ejemplifica el sistema de esa ciudad para mantener la memoria histórica y, a la vez, contentar al político banal del momento sin que por ello recaiga en las arcas públicas el cambio de placas y su consiguiente lío de direcciones postales para los ciudadanos.

    Lo que no tiene solución es la distorsión de la observación de los hechos históricos por sus propios coetáneos. ¿De verdad vais a poner en el mismo caso a Jaime I y a Franco?… Sois incorregibles… ¿De verdad pensáis que las cuatro décadas del segundo dictador del siglo XX (ah, ¿pero hubo otro antes?) van a tener el mismo recuerdo y consecuencias para la sociedad que tuvo el papel del rey catalán?… ¡A ver, despertad!… El primero conquistó – insisto, conquistó ¿vale? – para Occidente el Este de la Península Ibérica y aledaños insulares (naturalmente, a sangre y fuego, míster, que estamos en el siglo XIII ¿o lo tenía que ocupar las tierras musulmanas mediante la “deliberación”? ¡venga, hombre!, qué él no hizo nada que no hubieran hecho ellos antes con el mismo procedimiento: sangre y fuego) pero el otro petardo… si a los treinta años de su sangrienta autocracia difícilmente lo conocen los menores de esa misma edad. Un poco de medida…

    ¿Qué decir de Calatrava?… No me lo sobredimensionéis, ¡qué manía!. Es sólo un megalómano (véanse los volúmenes desproporcionados de sus obras), redomado ignorante (por no saber, no sabe ni lo que es un museo, como demuestra su “Príncipe Felipe”) y adicto al dinero (recuérdese su curriculum de pesetero o “eurero”, mejor dicho) que se ha limitado a resaltar con su obra el carácter sinvergüenza de la clase política conservadora valenciana. Lo suyo, lo de esta gente, no pasa por el valor ideológico ni estético de la obra de Calatrava. Éste es su arquitecto de guardia no porque sea el Speer del PP valenciano (¡qué más quisiera el pobre inútil que no acierta ni con sus propios planos! ¿o ya no recordamos que tuvo que hacer las salidas de emergencia del “Príncipe Felipe” después de su segunda o tercera inauguración porque se le había olvidado esa “menudencia”?) Es más pedestre lo de los políticos valencianos. Lo quieren por su facilidad para meter metros cúbicos de hormigón. Y el quiera entender, que entienda.

    Creo que las alusiones de Marisa y la aportación de Ramón nos tendría que volver a hacer fijar la atención en el tema central del “post”. Ya sabéis que los gatos y las palomas – amen de cualquier otro bípedo pluma que se precie – utilizamos las esculturas callejeras para depositar en ellas nuestras deposiciones orgánicas. Es, por lo tanto, muy curiosa esta finalidad ideológica de la que ahora habláis y le atribuís. ¿Qué tal si volvemos a ellos, dejamos al pavo de Calatrava haciendo caja, a Jaime I en su tumba y a Franquito olvidado como está? Contadme más de la Doctrina Fascista, por favor.

  18. jserna

    Ramón, yo hablo de las ediciones ‘La doctrina del fascismo’ fechadas en 1935, tomadas de la Encilopedia italiana de 1932. Son las que me llevan a Rincón de Arellano. Sobre la derecha de los años treinta y su acercamiento al fascismo, recomiendo un libro que ya he citado alguna vez y que es bastante conocido. Es mejorable (como todas las obras). Es ‘La falange teórica’. No trata sólo de los falangistas, sino de todo el espectro español próximo al fascismo mussoliniano.

    Àngel, muchas gracias por sus palabras.

    Pumby, usted como gatito de origen valenciano sabrá lo que es la procesión cívica del 9 de octubre. Es un paseo que lleva la señera de la ciudad desde su emplazamiento hasta la estatua de Jaime I, sita en el parterre. Esa estatua se erigió en memoria del rey conquistador, un peaje historicista que pagan los pueblos. Este y los restantes. No comparo a Franco con aquel soberano catalán. Lo que señalo es la pesadez de sus seguidores: nos quieren hacer copartícipes de su regocijo público. Detesto la monumentalidad política. Prefiero las alegorías cursis. Pero, una vez que tenemos que cargar con las esculturas políticas, lo mejor es emplearlas para hacer historia crítica.

    Por cierto, lo dije en el primero comentario: en Santa Cruz de Tenerife hay todavía una famosísima estatua dedicada a Franco que no es de José Capuz, sino de Juan de Ávalos, un conjunto alegórico del viaje del Dragon Rapide.

  19. David P.Montesinos

    Amigo, Pumby. No pretendo comparar a Franco con Jaume I, lo que planteo es la conveniencia de señalar dónde paramos el rebobinado del tiempo para determinar que cierto agravio histórico ya no nos escuece. Los setabenses tienen puesto al revés el cuadro de Felipe V, y sin embargo hace ya siglos de la monstruosidad que perpetraron sus huestes.

    Jaume I, usted tiene razón, fue un guerrero de la Edad Media. La imputación de crueldad parece difícil efectuarla antes de ciertos aprioris éticos que se asocian históricamente con la Ilustración, por más que figuras como Fray Bartolomé de las Casas (Ver “Brevísima crónica de la destrucción de las Indias”)ya se adelantaron unos centenios a la obligación de censurar las consecuencias más sangrientas del derecho de conquista. En realidad no me preocupa Jaume I, sino la apropiación de la figura del héroe que se realiza en el presente y que produce réditos políticos y partidistas, a veces -el caso de Jaume, venerado por tirios y troyanos es ejemplar- muy sospechosos. No propongo derribar su estatua, simplemente creo que es necesario revisar lo que las verdades establecidas respecto a la construcción de la identidad colectiva tienden a ocultar. Y Jaume era cualquier cosa menos el héroe que nos presentan. Por otra parte hay muchas cosas que la memoria colectiva de los valencianos tiende a no tener en cuenta respecto al crepúsculo de la dominación árabe y a la posterior experiencia morisca en nuestras tierras.

  20. Juan Antonio Millón

    Creo que no vivimos tiempos de monumentos, entendidos estos como iconos del poder, manifestación simbólica de identidades nacionales. A pesar de la constancia del poder por manifestarse alrededor de ellos, no son mas que comparsa protocolaria, vacuidad. Los soportamos como documentos, pero su carga simbólica nos abruma o nos repele.

  21. Pumby de Villa Rabitos

    Vale, Serna, me precipité. Pero me indispuso que el tema de la doctrina fascista comenzara a escurrirse hacia cuestiones ecuestres, más anecdóticas (o así las veo yo) que ideológicas, categóricas, planteadas en el libro en cuestión y aplicadas sin reparo en la España franquista… que no cesa (especialmente, en el País Valenciano, Las Castillas y Madrid)

    En ese sentido, me interesaba mucho más lo que comentaba David del miedo – el “estúpido miedo” decía muy adecuadamente – y la autocensura que aún perdura, no ya en situaciones extremas – por ejemplo, la exhumación de cadáveres de personas asesinadas por el fascismo patrio –sino en las tan cotidianas y aparentemente inocuas como pueda ser darle nombre a un instituto.

    Por lo demás, ya os indiqué para qué me sirven a mi las esculturas. Es verdad que soy más benigno con las decimonónicas por su coherencia con el momento social romántico en las que se colocaron, no porque las considere más oportunas, pero me muestro abiertamente intolerante con las del siglo pasado, pensadas, diseñadas, esculpidas y ubicadas con una finalidad irracionalista, atontadora, que, tras la Primera Guerra Mundial, no tiene cabida dentro de una sociedad humana mentalmente sana. Y así os va.

    Un tema que se debería tocar en algún momento es, desde luego, el papel carnicero o no de los monarcas cristianos del medievo. Que, al final, de tan justos, ecuánimes y sensatos que queremos ser, nos pasamos de rosca y se nos olvida cómo cayó el Imperio Romano de Oriente a manos de la salvaje morisma del desierto y porqué, hoy, la Península Ibérica alberga dos estados de la OTAN y no diversos emiratos de la Liga Árabe. Aunque eso, ya es otra historia, sin duda. Volvamos al fascismo cotidiano, insisto.

  22. jserna

    ¿El fascismo cotidiano? Glub, sr. Pumby de Villa Rabitos. Me da miedo pensar que vivimos con eso: con fascismo ordinario.

    Hoy, algo atontado por un día agotador, no he conseguido aclararme qué está pasando en el Partido Popular y qué ocurre con los efectos mediáticos de todo ello. He aguantado bien otras elecciones. De hecho, en las pasadas, tuve el blog en permanente estado de alerta. En cambio, ahora, el espectáculo de la política en víspera de estas nuevas elecciones me produce mareo.

  23. Juan Antonio Millón

    Sr. Pumby, el miedo o la temperancia de los casos que han citado, me suenan a mi a mediocridad. Más que autocensura -que ya es decir- es llanamente idiotez. La merma o pobreza de espíritu campa po doquier y los claustros de enseñanza son un hervidero de melindres y chocheces. ¡Dios nos asista!, que diría Larra.

  24. Ana Serrano

    Que conste, por si alguien se pregunta por mi, que no me pasa nada y que los leo. Tengo una racha muy agobiada, eso es todo, pero no estoy enfadada con nadie ni nada similar.

    Felicidades, Justo, por sus últimas cosas. Me asombra su capacidad y la alegría y disposición con que acomete todo.

    Saludos para todos.

    Pavlova me encarga que les mande sus cariños.

  25. jserna

    Ana, transmita mis saludos a Pavlova. Nos veremos pronto en Madrid. Deseo ver la Expo sobre la sombra en el Thyssen. Qué original. Y deseo ver en el Prado a Bacon. Lo descubrí hace años, cuando ‘El último tango en París’. Tan inculto…

    Esta tarde a última hora, si el mundo no se hunde, nuevo post.

  26. Marisa Bou

    Saludos a Ana y Pavlova. Ya imaginaba yo que estabas ocupada. Los enfados son más bien cosa de hombres.

    Justo, no tengo noticias de que se vaya a hundir el mundo. Aunque las circunstancias, a veces, se empeñan en hacerlo necesario…;-)

  27. Pumby de Villarabitos

    Esto que apunta Juan Antonio de más allá de la autocensura – la pusilanimidad, la mediocridad – y que avanza hacia una especial pobreza de espíritu personal es lo que concreta ese fascismo cotidiano del que no me retraigo en afirmar su existencia. Es que, Serna, sí, da miedo. Nos debería dar miedo. Aunque no lo parece.

    A la torpeza de un fascismo militante, público, torpe y violento ha sucedido uno más inteligente (sí, inteligente, léase de Thomas de Quincey “Del asesinato considerado como una de las bellas artes” y se me entenderá) que prescinde del uniforme y los correajes – lo visible, lo tangible, lo manifiesto – para ahondar en sus aspectos intangibles, inducidos, inconscientes. Por eso me interesaba tanto el debate sobre “La Doctrina del Fascismo” y tan poco el de las estatuas. Éstas pertenecen a lo torpe, aquella a lo sutil.

    Claustros de profesores convertidos en conventillos; trabajadores serviles apabullados por sus disparatadas hipotecas; silencios sociales vergonzosos ante lacerantes actos de prepotencia e imposición ideológica reaccionaria; temor a expresar públicamente ideas diferentes, distintas, alternativas a las “políticamente correctas”; asunción de progresos sociales conservadores como inevitables; militancias acobardadas, pasivas, expectantes, inmóviles… son trazos en un cuadro de derrota social de la izquierda, del progresismo y de la ilustración.

    Si una de las habilidades ideológicas del fascismo es convertir lo irracional en lógico, la excepcionalidad en lo cotidiano y la sumisión del pensamiento individual y crítico a otro, ajeno, presuntamente colectivo y “revelado” a un líder, ya me diréis que tenéis ante vosotros, especialmente en Madrid y el País Valenciano.

    ¿Qué está pasando en el PP?… No lo sé pero te/os propongo este ángulo de visión: ¿qué tal aquello de que las mentiras políticas se pagan políticamente?. Perdido el poder – que era lo único que los aglutinaba – las realidades ideológicas de componentes del PP, salieron a la luz y entraron en conflicto. Ahora se ve que los “liberales” son sólo unos chorizos sin escrúpulos; los “democristianos”, lo más rancio del nacional-catolicismo antiguo (Opus Dei) y moderno (Regnum Christi); los “conservadores”, franquistas sin reciclar y el resto, la extrema derecha española pura y dura, o sea, los de siempre. ¿Se puede construir así un gran partido de centro derecha democrático?… No parece muy viable: todos mienten. Y los que no mienten, o no figuran en las listas del PP o están en su casa haciendo calceta. Luego… Luego entiendo perfectamente tu dolor de cabeza, Serna. Rajoy trata de gobernar lo ingobernable porque el PP se ha levantado sobre dos bases suicidas: la mentira (no tiene nada de “centristas”, al revés, tiene un sesgo inequívoco de derecha reaccionaria) y el interés (el enriquecimiento a través de la instrumentalización de la Administración Pública en beneficio privado). Así les va.

    Saludos también para ti, Ana. Bueno y para tu amiga Pavlova con la que nunca he coincidido pero que, sólo por su nombre, su detalle de mandar saludos para todos y la alegría de Marisa por saber de ella, ya me cae simpática.

  28. Marisa Bou

    Dice Pumby: “todos mienten. Y los que no mienten, o no figuran en las listas del PP o están en su casa haciendo calceta”

    Aquí os adjunto algunas “perlas” que demuestran bien a las claras la calaña de esta gente.

    “Según una de las grabaciones que obran en poder del juez Garzón, a cuya trascripción ha tenido acceso la Cadena SER, una de las empresas de la trama pagó facturas por valor de 30.000 euros para trajes de una conocida tienda que vestía a miembros del gobierno valenciano, que preside Francisco Camps. La Generalitat se ha puesto en contacto con la SER para negar rotundamente estas afirmaciones y asegura que se querellará contra quienes lo afirman”.

    Una de las empresarias detenidas el pasado viernes, Isabel Jordán, dice textualmente en una de estas grabaciones que “incluso he pagado una factura de 30.000 euros de una tienda que se llama Milano para pagarle los trajes al presidente Camps. Tengo yo la factura, yo lo he pagado”.

    “El caso de corrupción salta así a Valencia, mientras que también según estas grabaciones hay un nuevo implicado en el PP de Madrid. Y no es cualquiera: es el recién nombrado presidente de la Comisión de Investigación del espionaje, Benjamín Martín Vasco”.

    “La misma Isabel Jordán dice en otra grabación que a Benjamín Martín Vasco le han dado su dinero después de que amenazara con hablar de los negocios inmobiliarios en Arganda”.

    “Los detenidos aseguran también que el hoy dimitido consejero de Deportes de la Comunidad de Madrid, Alberto López Viejo, recibía un 10% de todas las facturaciones que realizaba la consejería”.

    Y esta otra:

    Antonio J. Santos. 24.05.2007

    “El presidente de la Comunidad y candidato a la reelección por el PP, Ramón Luis Valcárcel, prometió que dimitiría si se demostraba que su familia tenía ocho empresas de promoción inmobiliaria y el PSOE demostró ayer que no son ocho, sino diez”.

    “El órdago lo lanzó el presidente en un debate electoral en Canal 6 con el candidato del PSOE a la presidencia de Murcia, Pedro Saura. Ayer, los socialistas enseñaron las notas del Registro Mercantil de sociedades en las que figuran dos hermanas de Valcárcel y el cónyuge de una de ellas, el hermano del presidente y su esposa, y un cuñado del presidente, hermano de su mujer”.

    “Todas ellas fueron creadas a partir del año 2000, con el inicio del boom inmobiliario en la Región de Murcia”.

    «Si lo demuestra, yo automáticamente dejo la política; si no, la deja usted», amenazó Valcárcel a Saura, por lo que ayer José Ramón Jara, portavoz del PSOE, aseguró que «si Valcárcel no quiere mentir también en esto, está obligado a abandonar la política. Si no lo hace, demostrará una vez más que su palabra no tiene ningún valor».

    En fín, para qué mas…

  29. Jorge

    Gracias a este post descubro Los Archivos de Justo Serna, blog que me ha sorprendido gratamente.

    Volveré para ponerme al día.
    Y sí, el 17 no fué casual, puedes estar seguro.

    Un saludo.

  30. El yugo musulmán « Los archivos de Justo Serna

    […] El yugo musulmán. Retengamos esto. Como todos los años, cíclicamente, regresa la festividad del 9 de Octubre. O el 9 d’Octubre. Otra vez, la fiesta que conmemora la fundación del Reino de Valencia. Hace unos meses, en una sesión municipal dedicada a conmemoraciones y monumentos, el representante del grupo socialista, Juan Soto, pidió “la retirada de la placa” que está en la estatua del rey conquistador, esa lápida que reza: “Entró el vencedor en Valencia librándola del yugo musulmán”. Esta frase, decía Soto, ”es ofensiva para los musulmanes, vejatoria y humillante, sin rastro de la Valencia plural y tolerante hacia la que deberíamos caminar”, añadió. ¿Qué deberíamos pensar de esa iniciativa? Entiendo la incomodidad de ese dictamen (el yugo musulmán), pero por supuesto me opongo a que se retire esa placa.  Por lo que es, precisamente: todo un documento ofensivo, de ofensa guerrera, ciertamente; todo un testimonio de orgullo…, varios siglos después. Así eran los antecesores. Es un monumento de guerra, pues nos advierte sobre lo que fue la fundación del Reino de Valencia, pero es también es un documento: nos enseña lo que pensaban nuestros antepasados de 1890. Como historiador, me opongo a asear el espacio público, a neutralizarlo, a esterilizarlo. Prefiero que las leyendas ofensivas se contrarresten con memoriales históricos. Lo propuse en un artículo sobre la estatua ecuestre del General Franco que publiqué en El País. Y lo propuse también en una entrada de este blog que titulé La doctrina del fascismo. […]

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