Historia de una enajenación

lanacionsecuestrada1. Preparativos. Estoy muy contento.  Acaba de aparecer La nación secuestrada, de Encarna García Monerris y Carmen García Monerris. Está editado por PUV. Sobre él, sobre dicho libro, acabo de publicar un artículo en El País. Procuro mostrar todo mi entusiasmo.

Este jueves, 5 de marzo,  se presenta La nación secuestrada. Intervendrán Marc Baldó Lacomba, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia; Pedro Ruiz Torres, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia. Y  las autoras, claro.  Es una obra excepcional. No falten a dicha cita. Es en La Casa del Libro, de Valencia, a las 19:30 horas.

Es una monografía histórica y es también el relato de una perturbación. Es una investigación académica y es también la narración de un delirio. Es un volumen que combina a la perfección la minucia del historiador y la clarividencia de un analista. Hay que ser historiador y analista para examinar y poder contar la experiencia de encierro en una prisión militar; hay que tener recursos suficientes para poder mostrarnos el trastorno de una personalidad que se va enajenando poco a poco. Es todo un ejercicio de microhistoria.

Un capitán general encerrado en su celda traba relación con el exterior valiéndose de unas cartas codificadas. En ellas cifra toda su esperanza, la posibilidad de su liberación y la eventual emancipación de España. Porque la nación está secuestrada, en efecto, dominada por unos antipatriotas que quieren cambiar el orden y las instituciones, la esencia eterna de una comunidad, los usos y las costumbres de un pueblo engañado. Él está secuestrado por sus propios compañeros de armas y, por tanto, aún más dolorosa le resulta esa experiencia.

El liberalismo ha comenzado a perturbar las evidencias de un mundo estable, las de un absolutismo secular… En efecto, como escribí tiempo atrás, hay  episodios en la vida y en la historia en que los asuntos dejan de funcionar del modo previsto, o por una catástrofe que todo lo trastorna o por la audacia de unos hombres que se obstinan en remover las cosas. Cuando este último caso se da nos hallamos ante auténticas epifanías del género humano: ya no hay augurio que anticipe lo que va a suceder ni expectativa que se cumpla.

Los doceañistas de la Constitución de Cádiz, por ejemplo, vaticinaban un porvenir distinto y se empeñaban en recrear a su manera la política, la sociedad y la vida, la idea misma de felicidad. “Todo ha de ser examinado, todo ha de ser reorganizado, sin excepción y sin miramientos”, había establecido Diderot y algunos de ellos, herederos del iluminismo, confianzudos, se obstinaron en deshacer el orden que habían recibido de sus mayores. Impugnaron la soberanía del monarca, propugnaron la separación de poderes, establecieron el principio de la igualdad jurídica, pensaron, en fin, un mundo de buenos burgueses.  Aquellos constitucionales no se dejaron amilanar por cataclismo alguno, no se dejaron derribar por sus reiterados fracasos, por la fiereza de sus enemigos o por los obstáculos que la Europa o la España de entonces les oponían.

La fiereza de sus enemigos, decía. El Capitán General Francisco Javier Elío fue su más firme opositor. Estamos en la España de 1820, la de los exaltados liberales, pero también la de la prisión de Elío. Los liberales persiguen, recluyen y ejecutan a los principiles responsables y autores de la represión feroz que han padecido. Elío, que le facilitó a Fernando VII el golpe absolutista que invalidaba la legislación constitucional, será encerrado en la Ciudadela, la cárcel militar de Valencia. 

Allí aguardará el fin de su reclusión, confiando en los conspiradores externos, en sus contactos exteriores: el principal, el soberano a quien tanto y tan ferozmente auxilió. Elío es símbolo del absolutismo y él lo sabe. La nación le debe su audacia militar, sus campañas aquí y allá. Pero sobre todo la  patria le adeuda ser parapeto, defensa o muralla frente a la ola de laicismo, de ilustración, de gentes descreídas, ateas. Las mejores páginas de este volumen son las que se dedican a examinar el deterioro de esa personalidad: cómo van minándose sus entendederas, cómo va extendiéndose su padecimiento furiosamente narcisista. Él, que todo lo fue; él, a quien el rey todo le debe; él, ante quien España entera se prosternaba; él, que era el héroe católico…  Ahora no entiende el mundo que le rodea y encarcela. Acabará ajusticiado a garrote vil.

casadellibro2. Presentación. La tarde del jueves ha sido la de la presentación de este volumen. Un acto festivo, con derroche de sabiduría. Y con sorpresa final. Han intervenido Marc Baldó, Pedro Ruiz Torres y las autoras. Todos han estado exactos y didácticos, reflexivos y generosos. Han repartido su saber a manos llenas, fijando la atención del público allí presente: atornillándonos, vaya.

Ha acudido un nutrido grupo de personas. De toda clase y condición: profesores, amigos, estudiantes, familiares, vecinos, curiosos y un simpático espontáneo del que luego hablaré. Todos asistían con interés a la revelación de este caso histórico. Menuda personalidad la de Elío, una figura de la reacción antiliberal. Un figura.

Que si el suyo es un modernismo reaccionario, una nueva forma de hacer valer el credo en una sociedad que comienza su secularización; que si es un personaje del Antiguo Régimen, un nostálgico, un rezagado que ha perdido la orientación y el sentido; que si es un militarote salvapatrias, un espadón que blande su arma confesional; que si es un hombre de acción resuelto, terminante, expeditivo; que si es un tipo obsesivo-compulsivo, aquejado de narcisismo averiado; que si es un meapilas convencido de su papel providencial, Dios entre nosotros; que si la suya fue una pasión comparable a la del Salvador, una entrega por los demás; que si fue idealizado como mártir de la España antiliberal, un ejemplo del que servirse para fines ultras. Todo eso ha estado muy bien.

Al final, cuando ya debíamos recoger, se ha producido  la intervención del espontáneo. ¿Simpático, he dicho? Alguien ataviado para la ocasión con un pantalón de chándal –quería sentirse cómodo en un acto tan distendido– ha dicho verdades como puños. O eso creía él. Durante cuarenta años hemos estado gobernados por un dictador que nos prohibía leer todo salvo el Catecismo, ha sentenciado. Uf, dijo él, sintiendo un punto de enajenación… El resto del público ha sonreído nerviosamente.  La prédica del señor amenazaba con prolongarse y no veíamos el momento de la picaeta. Repetía y repetía. A partir de esa evidencia incuestionable que probaría la maldad de la tiranía franquista, el señor espontáneo ha insistido en sus cosillas, que no hacían mal a nadie, salvo cansar con nonadas. Menos mal que, a la postre, una copa de cava ha refrescado el gaznate del público paciente.

Resumen de la faena. Las autoras han estado muy sueltas, dicharacheras y confianzudas, con dominio escénico y con guión aprendido. Además, se han permitido mostrar su animadversión hacia Elío, que se lo merece.  Ovación y saludo al respetable. No pidan orejas, que no hay suerte de matar. Felicidades.

No sé si alguno de los presentes querrá añadir  algo más. Yo, de momento, corto y cierro.

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Hemeroteca

-Justo Serna, “El general en la calle“, El País, 4 de marzo de 2009.

-Juan Antonio González Fuentes, Reseña de Héroes alfabéticos, en Ojos de Papel, marzo de 2009.

-Francisco Fuster, Reseña de La religión americana, de Harold Bloom, en Ojos de Papel, marzo de 2009.

32 comments

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  1. jserna

    Antes de decir cualquier otra cosa, quiero agradecer aquí, públicamente, las palabras tan elogiosas que Juan Antonio González Fuentes ha dedicado a mi libro en su reseña. Creo que son palabras exageradas, pero se las agradezco igual y enteramente.

  2. Alejandro Lillo

    La reseña de Héroes… me parece justa, así como la de Paco Fuster, que continúa magnífico. Sobre Elío y el artículo de El País, estoy plenamente de acuerdo con la apreciación de Gramsci. Además, aquí en la CV no hay ningún mal, todo va como la seda. Nuestros representantes del PP – elegidos democráticamente – conocen mejor que nadie los deseos y necesidades de los valencianos y son meros intermediarios transparentes e inocentes. Quien no esté de acuerdo con eso es un antivalencianista. Todos los males provienen del PSOE, que parece que desea lo peor para la CV. Si dejaran al PP tranquilo convertirían Valencia en el mejor lugar del mundo. A ver si de una puñetera vez lleán aquí los liberales.

  3. Alejandro Lillo

    En la intervención anterior, que ya se me había borrado, me ha desaparecido de nuevo un párrafo, así que la cosa va a quedar algo chapucera porque no tengo ningunas ganas de rehacerlo todo :-).

    Lo que quería decir es que con mismo que le pasa a Elío sucede aquí en Valencia. A lo apuntado por el señor Serna se suma que estos individuos se creen dueños absolutos de la verdad y que por tanto son los únicos capacitados para diagnosticar cuáles son los males de la sociedad y cuáles no. Evidentemente ellos también son los únicos capaces de solucionarlos.

  4. Pumby de Villarabitos

    Ay, Alejandro… ¡que tiempos aquellos en los que los liberales eran la izquierda! Si los actuales que como tal se tildan supieran, aunque sólo fuera remotamente, lo que significaron sus mayores en la historia de España, les daba un ataque. Esa es la suerte de ser tan zotes, son incapaces hasta de saber de donde provienen. Una lástima. Nos podría ir mejor a todos.

  5. Alejandro Lillo

    En efecto, Pumby, en efecto. Esto es como lo de la República Democrática Alemana, el Partido de la Libertad de Austria o las Ayudas al Desarrollo, eufemismos veciados de su significado original que sólo sirven para maquillar una realidad contraria a lo que esos mismos nombres evocan.

  6. Marisa Bou

    Deseando estoy asistir a la presentación de mañana. El artículo de Justo en el país lleva incluída la promesa de una lectura muy interesante.

    La reseña de González Fuentes exquisita, tanto como la obra de Justo. Un verdadero placer.

    Y ¿qué decir de nuestro amigo Paco Fuster? La rotundidad de sus opiniones y el buen estilo de su escritura, podrían hacer pensar que las escribe un lector mucho más maduro de lo que es en realidad. Maduro en cuanto a edad, porque su inteligencia sí está bien desarrollada, no cabe duda. ¡Felicidades, Paco!

    Alejandro, le veo a usted muy socarrón últimamente. Ja, ja, ja.

  7. David P.Montesinos

    Sí que anda socarrón el amigo Lillo, sí, y yo que llegué a considerarle buena gente.

    La cosa promete, o sea, que nos vemos mañana. Espero que Lillo se porte bien.

  8. Pumby de Villarabitos

    Marisa, yo también iré. Las escusas que te presenté en mi última intervención del pasado post te las haré personalmente, o gatunamente.

  9. Alejandro Lillo

    Pero David (música celestial), si yo soy bueeeeeeno. Es la sociedad la que me corrompe.

    Ahora bien, doña Marisa, don David, vigilen esta tarde-noche sus espaldas, que ya les he echado el ojo. Les aviso para que empiecen a temblar ya. Tal vez al principio no me detecten, tal vez crean que no estoy allí, pero les estaré observando. Cuidadín.

  10. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Con las ganas que tenía de veros las caras! (la mía ya sabéis cual es). Lo siento Serna, contertulios, especialmente tu, Marisa, no voy a poder asistir. Espero que lo paséis bien. Que alguien haga una croniquilla del evento, por favor. Miau.

  11. jserna

    Le hemos echado en falta, sr. Planas. También a David P. Montesinos, que ha venido y, al parecer, no ha podido quedarse a la ‘picaeta’.

    De todos los que ustedes conocen han estado Isabel Zarzuela, Marisa Bou, Alejandro Lillo, Paco Fuster, Paco Vila, Anaclet Pons. Y un extensa nómina de amigos. Algunos de los que frecuentan este blog y que ya son amigos de esta casa se han disculpado por correo electrónico.

    No ha venido la maldita roedora. ¿Y el lindo gatito? Se ha oído maullar. Con poco arte, todo sea dicho. Se notaba a la legua que era un anciano disfrazado.

    Esperaba mayor esmero en el afeite, eh, Pumby.

  12. Marisa Bou

    Eso de excusarse para no venir, y así no tener que disculparse (in person), no me parece ni medio bien. El gato habrá maullado, Justo, pero no se ha disculpado, tal vez porque no quería que le rascara el lomo. En fín, él se lo pierde.

    Y a David, quiero decirle que interpreté su saludo como un hola,no como un adiós. Y luego le echamos en falta.

    Algunos de nosotros hemos sido más trasnochadores, hemos pasado una agradable velada, con una copa, sentados a la mesa de un café, en animada cháchara. Ahora tengo que irme a dormir. Mañana más.

  13. Pavlova

    ¡Cómo se lo pasan! Y yo aquí, ah mísera de mi…

    Voy a tener que alquilar un pisín por esas tierras.

    Aissss.

  14. jserna

    2. Presentación. La tarde del jueves ha sido la de la presentación de este volumen. Un acto festivo, con derroche de sabiduría. Y con sorpresa final. Han intervenido Marc Baldó, Pedro Ruiz Torres y las autoras. Todos han estado exactos y didácticos, reflexivos y generosos. Han repartido su saber a manos llenas, fijando la atención del público allí presente: atornillándonos, vaya.

    Ha acudido un nutrido grupo de personas. De toda clase y condición: profesores, amigos, estudiantes, familiares, vecinos, curiosos y un simpático espontáneo del que luego hablaré. Todos asistían con interés a la revelación de este caso histórico. Menuda personalidad la de Elío, una figura de la reacción antiliberal. Un figura.

    Que si el suyo es un modernismo reaccionario, una nueva forma de hacer valer el credo en una sociedad que comienza su secularización; que si es un personaje del Antiguo Régimen, un nostálgico, un rezagado que ha perdido la orientación y el sentido; que si es un militarote salvapatrias, un espadón que blande su arma confesional; que si es un hombre de acción resuelto, terminante, expeditivo; que si es un tipo obsesivo-compulsivo, aquejado de narcisismo averiado; que si es un meapilas convencido de su papel providencial, Dios entre nosotros; que si la suya fue una pasión comparable a la del Salvador, una entrega por los demás; que si fue idealizado como mártir de la España antiliberal, un ejemplo del que servirse para fines ultras. Todo eso ha estado muy bien.

    Al final, cuando ya debíamos recoger, se ha producido la intervención del espontáneo. ¿Simpático, he dicho? Alguien ataviado para la ocasión con un pantalón de chándal –quería sentirse cómodo en un acto tan distendido– ha dicho verdades como puños. O eso creía él. Durante cuarenta años hemos estado gobernados por un dictador que nos prohibía leer todo salvo el Catecismo, ha sentenciado. Uf, dijo él, sintiendo un punto de enajenación… El resto del público ha sonreído nerviosamente. La prédica del señor amenazaba con prolongarse y no veíamos el momento de la picaeta. Repetía y repetía. A partir de esa evidencia incuestionable que probaría la maldad de la tiranía franquista, el señor espontáneo ha insistido en sus cosillas, que no hacían mal a nadie, salvo cansar con nonadas. Menos mal que, a la postre, una copa de cava ha refrescado el gaznate del público paciente.

    Resumen de la faena. Las autoras han estado muy sueltas, dicharacheras y confianzudas, con dominio escénico y con guión aprendido. Además, se han permitido mostrar su animadversión hacia Elío, que se lo merece. Ovación y saludo al respetable. No pidan orejas, que no hay suerte de matar. Felicidades.

    No sé si alguno de los presentes querrá añadir algo más. Yo, de momento, corto y cierro.

  15. David P.Montesinos

    Ah, pero yo creía que Pumby era el caballero que habló al final en contra del genocida. En fin.

    Muy a vuelapluma, y teniendo en cuenta lo rápido que ha sido Serna en hacer la crónica. Realmente sabía muy poco del General Elío. La calle dedicada a tan insigne personaje en Valencia me recuerda la vieja polémica que hemos tenido aquí sobre calles y estatuas. Decía un chistoso de Woody Allen que “humor es igual a tragedia más tiempo”. Quizá de Franco y sus adláteres no ha pasado el suficiente tiempo; por contra, de sentirnos insultados por el nombre de la calle del General Elío parece que solo nos preserva el tiempo y la ignorancia, esa ignorancia de la cual algunos empezamos a salir anoche gracias a las autoras y a los demás interlocutores.

    Yo creo que España es una nación trágica, trágica en el sentido mas nietzschano de la palabra. Cada vez que hombres valerosos e ilustrados han intentado empujar a los españoles lejos de todas las formas que históricamente ha ido tomando el feudalismo, la reacción ha encontrado siempre la manera de reunir fuerzas para ahogar el esfuerzo modernizador. Entiendo que Elío -y a ello no es ajeno su porte de iluminado y megalómano- es solo una más de esas figuras siniestras con fusil al hombro y vozarrón de sargento chusquero que las élites eternas del país han ido haciendo valer para sostener una práctica social estamentaria y unas instituciones opresoras.

    ¡Qué interesante la idea expuesta por las autoras! : el General llamaba “republicanos” siempre a los liberales, la reacción ha asociado siempre “república” con cualquier cosa que tuviera sombra de soberanía popular. Si no lo entiendo mal, el esfuerzo ingente de escarbar en los archivos -admirable rigor, cuyos méritos son humildemente eludidos por las autoras- se articula desde un transfondo que asume -¿por qué no decirlo?- un compromiso ideológico. Hay un hilo conductor en la historia de España que enlaza al preso de la ciudadela con el General Franco y, no lo perdamos de vista, con el Teniente Coronel Fernando Tejero. Siempre los mismos fantasmas, las mismas fobias… Liberales, masones, laicos, comunistas… Seguimos encontrando todo este culto idiotista a los demonios de un imaginario de nación
    con destino glorioso y que ha adorado a golpistas, tiranuelos, cruzados, curas trabucaires y señoritos…Siempre la misma ralea de enemigos de la libertad… Las mismas llamadas matinales al odio de los almuacines en las cadenas radiofónicas que pone el taxista a todo trapo, los mismos indeseables que piden cadenas perpetuas manipulando a las víctimas, los mismos que -con los primeros problemas- nos recuerdan al oído que con Franco no pasaba esto, los mismos que sin tener ni puta idea de historia homenajean una y otra vez a Fernando el Católico y piden la expulsión de no sé qué “falsos españoles”… Sí, señores, hay Generales Elío por todas partes, acaso todos llevemos uno dentro. Creo que hay que agradecer que personas de bien entreguen su esfuerzo a un trabajo de tanto rigor -no se lleva esto, anda pasado de moda en la literatura historiográfica que convierte a muchos en “expertos” en historia de España- porque es preciso dar cuenta de cómo va gestándose paso a paso a lo largo de los siglos un imaginario que pervive todavía en el alma de muchos ciudadanos, muchos que no asumen todavía que solo hay convivencia donde se asume el ideal de ciudadanía y no se empieza por ahogar en sangre a los disidentes.

    Otros pequeños apuntes, y ya les dejo a ustedes, pues soy completamente lego en estos temas y me temo que hay mucho historiador a la espera de opinar con más criterio que yo.

    1. Creo que es importante que los libros no sean excesivamente caros y que tengan una presentación atractiva, este cumple los dos aspectos y eso es envidiable desde el punto de vista editorial. Entre otras cosas me facilita poder recomendarlo a mis allegados.
    2. Creo que algunas presentaciones de libros se alargan en exceso. Los cuatro intervinientes hubieran podido estar tan acertados como estuvieron si hubieran acortado brevemente sus parlamentos. Hay bastante gente que en estos casos pasa todo el tiempo de pie, y hablamos de cerca de hora y media. (Delante de mí había un señor que se pasó el tiempo balanceándose para que le circulara la sangre por las piernas)
    3. Faltó debate por premura de tiempo. El caballero tan simpático que habló al final -con prisa, porque tenía que ir al cabaret- hizo exactamente la misma alocución que una semana antes, durante la presentación de un libro de filosofía que no tenía absolutamente nada que ver con el de ayer. Aquella noche tuvo más tiempo, se irritó mucho cuando le interrumpían y le dio tiempo a llorar emocionado por sus propias palabras. “El genocida”, así llama a Franco, es el referente de su particular cruzada contra el mal -también aparece mucho el Opus Dei-. Muy divertido, sí, pero estoy empezando a perder el sentido del humor y la cuota de esperpentos ya nos la suministra la tele. El problema es que por eso se quedó gente interesante por hablar, y la había en la sala.
    4. Ayer lo comenté en un rincón con Lillo. Les parecerá una pijada, pero me sorprende lo bien que se llevan los historiógrafos en Valencia. Ya sé, ya sé, la aseveración es generalista y seguro que hay rivalidades y demás, pero les aseguro que, en mi especialidad, casi nadie va a la presentación del libro de otro, y si van a tu entierro es para asegurarse que has muerto. Me quedo con el detalle como en alguna otra presentación de libros de Serna: ayer la sala estaba llena de gente vinculada a la Facultad de Historia… Tienen buen rollo ustedes, no saben la de esfuerzos inútiles que se ahorran ustedes no odiándose.
    5. Volver a las dos a casa, debería darles vergüenza…

  16. Marisa Bou

    A usted le debería dar vergüenza, David. Retirarse tempranito, como un anciano achacoso. Una, que casi lo es, no tiene ningún temor de prolongar una velada, sobre todo en tan grata compañía. Y si no fué mas larga, es porque todos teníamos hoy que trabajar -inconvenientes de no ser millonarios- y nos fuimos a regañadientes.

    ¿Qué podemos añadir, Justo, a tu magnífica reseña del acto? Lo único, contar que el tema de conversación en la re-velada copera (nadie lo adivinaría) fueron los libros. Una, tan poco leída, no puede menos que admirarse del enorme bagaje cultural de don Paco Vila y su amenísima e ilustrativa conversación. Pero no le andan muy a la zaga, pese a su juventud, nuestros queridos Isabel Zarzuela y Alejandro Lillo, pareja encantadora donde las haya. ¿Cómo iba a importarme perder unas horas (pocas, en realidad, para mi gusto) de sueño? Porque, lo que el sueño repara, es el cuerpo; pero la mente necesita de estos incentivos para repararse, máxime cuando está tan “averiada” como la mía.

    Por cierto, Isabel: ¿cómo que juas, juas, juas, a esas horas intempestivas?

  17. Isabel Zarzuela

    Sí, Pavlova, tiene que comprarse un pisito por aquí. Así podría acompañarnos a las encantadoras veladas que pasamos cada vez que nos vemos los amigos de este blog. Fíjese, como ya ha dicho Marisa, ayer acabamos Alejandro Lillo, Paco Vila, Marisa Bou y yo en un pub irlandés (creo que era irlandés, porque los recuerdos son vagos:-)charlando de temas interesantísimos alrededor de cervecitas y carajillos, hmmm. Lástima que tuviéramos toque de queda, pues al día siguiente teníamos que madrugar todos…
    La cena, como siempre, jugosa y animada junto a Anaclet, Justo, Mónica, Concha, Encarna y Carmen… Nos acordamos especialmente de David P. y de Paco Fuster, que siempre va con prisas y nunca se queda a cenar :-), ay, ay.

    Encarna y Carmen: gracias por querer que os acompañáramos a la presentación de vuestro libro ‘La nación secuestrada’ y por invitarnos a ‘la picaeta’ de después. Para mí fue un honor. Desde luego, fue todo un descubrimiento para mí: ¡menudo carácter el de Elío!

    El minino, como era de esperar, no plantó los pies por allí. Aunque te digo una cosa, Justo, para mí que Pumby era el señor mayor del público que habló tan efusivamente al final de la presentación del libro, pero tuvo los santos bemoles de no decir ni miau.

    Perdona, Marisa, pero creo que te has confundido…;-)

  18. jserna

    1. Gracias por esas palabras: a Marisa, a Isabel. Espero que lo pasaran bien, efectivamente. Lamento que David y Paco Fuster no pudieran quedarse. Otra vez será, puñetas.

    2. Las noticias de última hora son muy preocupantes para ciertos responsables públicos…

    Hablando de jueces y persecuciones, de populismo, en este artículo que les enlazo y que publiqué tiempo atrás –hace tres años– hay coincidencias asombrosas: quiten y cambien los nombres propios y verán qué pasa.

    http://www.uv.es/jserna/Levanteberlusconiyelpopulismo.htm

  19. Marisa Bou

    Está muy bien traído, Justo. De rabiosísima actualidad. Pero Berlusconi sigue ahí. Y no estoy muy segura de que el pueblo consiga derribar al líder populista local. Ya sé que alguien dirá: “pues sí que confía usted en los suyos”. Pues bien, así están las cosas y así se las cuento.

    Pues claro que lo pasamos bien, como siempre que estamos juntos. Lástima que no funcione todavía el “teletransporte”, para que podamos reunirmos verdaderamente todos.

    Transmite a Encarna y a Carmen el gran placer que me produjo escucharlas, a ellas a sus brillantes presentadores. Y mi enhorabuena por el feliz parto. Me propongo echar una primera ojeada a la criatura esta misma noche. Es decir, ya.

  20. Alejandro Lillo

    Vaya, don David, con las ganas que tenía que charlar con usted tranquilamente… bueno, otra vez será.

    Realmente todo fue a las mil maravillas, como no podía ser menos dada la compañía. Tras la presentación y la picaeta, algunos insensatos aún nos fuimos a tomar una última copa. Acudimos a una taberna irlandesa a hablar de Joyce y de su Ulises, de lo divino y de lo humano. No acabamos a mamporros de milagro :-) No, en serio, magnífica conversación. Lástima que nos cerraran el garito. Daban ganas que quedarse conversando y bebiendo pintas hasta el amanecer…

    Don Justo, el artículo que ha recuperado me parece excelente. No sólo por el análisis, aplicable al cien por cien a lo que está sucediendo aquí, sino porque a pesar de todo da motivos para confiar en futuro. Le prometo que al leerlo mi corazón se ha ensanchado.

  21. Juan Antonio Millón

    Estimados contertulios, cuánto me hubiera gustado aistir a la presentación del libro y poder, además, conocerles personalmente. Ya le comenté a Serna mi imposibilidad de poder estar allí, y cuánto lo lamento, después de leer lo que dicen. Espero que pronto se vuelva a producir algo similar y podamos vernos y charlar.

    Del general Elío guardan los anales saguntinos una terrible huella. Aquí implantó en el Castillo un Tribunal inquisidor donde se torturó y asesinó a liberales. Así lo recogió nuestro cronista decimonónico Antonio Chabret: “Todavía recuerdan con horror algunos ancianos de Murviedro los lamentos que exhalaban aquellos desgraciados en el tormento y que se oían á larga distancia á través de las estrechas ventanas de su encierro….En los calabozos del castillo de Murviedro renovó Elío los tormentos prohibidos por las leyes, arrancando con la fuerza del dolor delaciones falsas, que servían para condenar á ciudadanos tranquilos que descansaban en la inocencia”. ¡Qué infamia!

    Salud, amigos.

  22. jserna

    Si no fuera por el horror que provoca, podría decir que es bellísima la cita de Antonio Chabret. A cambio, para quitarnos el estremecimiento, le regalo –les regalo– un pasaje que nos dice justamente lo contrario. El período histórico es prácticamente el mismo. No diré de dónde procede la cita, pero con google es fácil averiguar el autor. Al volver ahora sobre esas palabras que conmueven, admito que el escritor abusa del énfasis: se vale de una retórica atronadora. Pero cuando leí dicho texto por primera vez, siendo un jovencito, se me ensanchaba el corazón. Me latía con el protagonista…

    Como señalo, la escena es justamente la contaria de la que nos reproduce Juan Antonio Millón:

    “¡Y oí un discordante clamoreo de voces humanas! ¡Resonó poderoso un toque de trompetas! ¡Escuché un áspero chirriar semejante al de mi truenos! ¡Las terribles paredes retrocedieron! Una mano tendida sujetó mil brazo en el instante en que, desmayado, me precipitaba al abismo. Era la del general Lasalle. El ejército francés acababa de entrar en Toledo. La Inquisición estaba en poder de sus enemigos”.

    Salud, Juan Antonio.

  23. Marisa Bou

    A ver, señor Serna. ¿Podría ser parte de “El péndulo y el pozo”, de Edgar Allan Poe? Es un autor que siempre abusó del énfasis…

  24. Alfons Alvarez

    Reconozco que tras asistir a la presentación del libro sobre Elío de las hermanas García Monerris, he tenido que enterrar los muchos prejuicios con los que acogí, unos días antes, el artículo de Justo en El País. Hasta la historia de cómo llegaron a los legajos/cartas codificadas de Elío me pareció digno de una novela. También me pareció interesante la consideración que hizo Pedro Ruiz de Elío como un militar reaccionario, pero moderno. A veces tendemos a pensar que la modernidad sólo está al lado de los liberales, sin tener en cuenta las profundas transformaciones sociales que produjeron la revolución francesa y las guerras napoleónicas. De todos modos, sigo considerando a Elío como un ejemplo de protogolpismo reaccionario cuya destacada presencia en el callejero valenciano deja más patente, si cabe, el déficit de nombres de liberales y demócratas en las calles de la ciudad.

  25. jserna

    1. Pues sí, señora Bou. Es ‘El pozo y el péndulo’, de Poe. Abusa del énfasis, pero, ah amiga, qué placer la primera vez que se lee esa historia del último preso de la Inquisición.

    2. Sr. Álvarez, dice usted: “Reconozco que tras asistir a la presentación del libro sobre Elío de las hermanas García Monerris, he tenido que enterrar los muchos prejuicios con los que acogí, unos días antes, el artículo de Justo en El País”. La verdad no sé por qué le pudo provocar tantos prejuicios un modesto artículo en ‘El País’. En todo caso me felicito de que la presentación le despejara las dudas…

  26. Marisa Bou

    Algún día le prestaré un CD que tengo, con ese maravilloso/espeluznante cuento, en traducción de Julio Cortázar y leído por Constantino Romero. Ya sé que no es lo mismo escucharlo que leerlo, pero le aseguro que vale la pena.

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