Rote Armee Fraktion

1. rafAcabo de ver RAF. Facción del ejército rojo (2008), de Uli Edel, con Martina Gedeck y Bruno Ganz,  entre otros. Es algo didáctica y prolija. Está bien interpretada, aunque los papeles son planos y previsibles: tal vez porque lo eran las personas en las que se inspiran estos personajes… Es larga, su metraje cansa, pero tiene un objetivo analítico, descriptivo, minucioso. Hay que ver cómo se forma y se inmola un grupo de clarividentes o de alucinados, según.

Fíjense en el título: facción o, mejor diríamos, fracción. Para quienes ignoren su resonancia diré que el film aborda la historia de una organización alemana, de sus primeros dirigentes: la denominada fracción del ejército rojo, un grupo guerrillero de la República Federal. La película se desarrolla entre 1967 y 1977. En los setenta, la República Federal se vio sacudida por los ataques, por las golpes de este grupo que se profesaba anticapitalista, antinorteamericano y contrario a las multinacionales. Comenzaron robando bancos, entidades suficientemente desprotegidas, y con dichas acciones querían constituirse como organización armada con recursos. Fue el suyo un izquierdismo extremo, según lo teorizaron Andreas Baader y Ulrike Meinhof: estaban dispuestos a acabar con  la arrogancia imperial de Estados Unidos. Eso decían. Se valían de un marxismo guerrillero, con golpes espectaculares, con secuestros de grandes directivos de la patronal, alimentando los focos de la revolución. Eso creían. La respuesta del Estado será implacable y aquí, en el film, ese Estado lo encarna Bruno Ganz. No les voy a contar la película, ni voy a revelar lo que quizá ya saben históricamente. Lo que quiero indicar es la particularidad del lenguaje y de la circunstancia.

2. Gentes con Baader y Meinhof tuvieron, durante un tiempo, inclinaciones guerrilleras. Decían vivir la lucha armada, con disciplina militar y algo de hippismo. No eran hijos pobretones de las clases subalternas, sino jóvenes perentorios, indignados, algo leídos, intoxicados por un discurso autosuficiente, poseedores de un lenguaje propio, específico. No hay nada que estimule más que expresarse en una jerga que separa, un vocabulario que define o que califica en otros términos. El lenguaje nos distingue del enemigo y nos aúna frente al oponente. En ese caso, el universo ideológico se reduce a unas cuantas verdades literales y contundentes. Inspirados por el ejemplo del Che, los dirigentes de la RAF pensaron que los ataques con comandos armados podían desarbolar la vigilancia policial o la defensa militar, el corazón del Estado o el núcleo del capital. Hablamos de los años de plomo, aquellos años setenta en los que una parte del izquierdismo optó por las armas, por la guerrilla. Cuando todo esto ocurría, yo era muy jovencito, pero aún pude documentarme. Me llamaban la atención sus embestidas, su temeridad, pero también la firmeza autosuficiente de ese lenguaje. Su jerga era remotamente leninista y explícitamente tercermundista, a pesar de desarrollarse como guerrilla urbana. Se veían como justicieros que atacaban el corazón de las instituciones, de un Estado policial –eso decían– vendido al imperialismo. El suyo era un léxico izquierdista y juvenil, aproximadamente trotskista o maoísta. 

Todo eso ocurría entre mediados de los sesenta y finales de los setenta en ciertos países europeos: democracias del bienestar que atravesaban una época de  autoritarismo,  que buscaban protegerse con comandos antiterroristas y con un sistema penitenciario penoso y extremo que imponía largas etapas de aislamiento y de malos tratos. Asfixian el sectarismo que la película retrata y la violencia de la Guerra Fría, los extremismos apocalípticos de ciertos jóvenes y la represión que práctican los sicarios “hijos de puta, nuestros hijos de puta”. 

Ustedes verán…

3. Yo la he visto –la película, me refiero– y he recordado algo de lo que entonces, en los setenta, descubría;  y he recordado también parte de lo que después he leído. Las revoluciones político-culturales de los sesenta y setenta alteraron la evidencia de las cosas, el orden patriarcal, la familia tradicional, la autoridad indiscutida. Logros positivos, sin duda, para quienes habíamos nacido en una sociedad obediente y autoritaria. Pero los sesenta también dieron salida a todos los malos humores de unos jóvenes desnortados. Una experiencia como la de la RAF es impensable sin el sesentayochismo que se apoderó de una parte de la izquierda, provocando violencias insoportables: que todo no era fiesta y hippismo. Vistas hoy, esas violencias verbales o reales nos escandalizan, nos aburren o nos asquean: la revolución de los bien nutridos, el Apocalipsis de clase media, la rebelión estética que siempre acaba siendo una excelente excusa para la represión contundente, extralegal o ilegal.

La historia de Baader y Meinhoff ha sido contada muchas veces. Entre los últimos que se han ocupado de ella está Michael Burleigh. Burleigh es un historiador minucioso y también prolijo, conservador y muy sarcástico: sus volúmenes suelen ser larguísimos, irritantes y entretenidos. En su libro Sangre y rabia. Una historia cultural del terrorismo (taurus, 2008) ha vuelto a contar de manera detallada ese viaje a ninguna parte. Hay un capítulo que titula “Jóvenes blancos y culpables”: una parte de dichas páginas está dedicada a la Banda Baader-Meinhof, que es como también se conocía al grupo original de la RAF. Si no se dejan confundir por el tono sarcástico de Burleigh, hallarán una descripción bastante completa y compleja de esa peripecia. ¿Cuáles son esos factores? Sin ánimo de ser exhaustivos y con una narración entretenida, son éstos:

–el papel de Berlín en el germen del terrorismo, la ciudad que atraía a estudiantes provincianos y deseosos de experiencias, estudiantes que allí se liberaban de las restricciones paternas;

–el factor belicista de la Guerra Fría, los frentes abiertos, Alemania como espacio de choque, y la imagen de unos Estados Unidos como potencia militar arrogante;

–el papel de los jóvenes alemanes, una parte de los cuales se avergüenza culpablemente de lo hecho por la generación anterior, pero también de la sociedad de consumo: lectores o admiradores del marxismo más extremo;

–la violencia como factor expresivo y funcional, como droga: presunto modo y supuesto medio de derribar el capital y la autoridad, a imitación del ejemplo guerrillero;

–la represión, con Estados de Derecho que traspasan el orden legal, defendiéndose con puniciones extremas, en un contexto de endurecimiento de la Guerra Fría con Vietnam como fondo;

–etcétera.

Al final, tras aquella violencia –con cócteles Molotov, con dinamita y con escopetas de cañones recortados– quedan sólo las muertes ocasionadas o padecidas y un logo. El de un Kalashnikov AK-47 con el rótulo RAF grabado sobre el arma con un fondo reconocible: el de una estrella roja de cinco puntas [No es así, según me indica muy oportunamente un amable lector de este blog y yo, desde luego, lo admito y me corrijo. Pero, además, apostillo]. Este emblema forma parte del Extreme Chic o del Radical Chic y ya ha sido visto en alguna exposición en el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres. La RAF convertida, pues, en objeto inocuo y consumista, estético y banal.

Nada más.

—————-

Enlaces:

http://www.baader-meinhof.com

Prada-Meinhof

32 comments

Add Yours
  1. Portnoy

    Recuerdo vagamente la película de Fassbinder Die Dritte Generation (La tercera generación), en la que se empleaba a modo de contraseña entre los terroristas la frase de Shopenhauer El mundo como voluntad y representación. Tal vez la ficción de Fassbinder se acercase más a la realidad que la misma realidad… la cual no debe ser nunca tomada como base para una realización cinematográfica. Es siempre un error.
    La verdad siempre está por debajo de la realidad y por mucho que intentemos captarla se nos escapará (ya sé, soy un pelmazo siempre hablando de lo mismo)
    La cuestión es cuanto hay de impulso individual en nuestras acciones cuando pertenecemos a un grupo con unas exigencias dogmáticas. Cuántos de los actos que realizan los miembros de una banda terrorista (ya que este es el caso) se realizan por voluntad propia y cuántas por exigencias de acuerdos colectivos o de principios fundacionales.
    Y ésto hay que trasladarlo a cualquier campo en el que los miembros se organizan corporativamente, tanto terroristas como partidos políticos como organizaciones empresariales.
    ¿Dónde queda la libertad individual?
    En fin… supongo que no tiene nada que ver con la película.

  2. jserna

    Sí, sí. Todas estas cuestiones tienen que ver con la película: desde el esfuerzo de verismo y el exceso de realidad hasta –propiamente– el asunto de la libertad individual.

  3. Juan Antonio Millón

    Don Justo otra vez, al igual que me pasó con Gran Torino, me coge usted con pie acompasado -lo que en mí, como usted sabe, es físicamente previsible- con este película que aún no he visto y que luce ser interesante.

    LO que dice Portnoy me parece muy lúcido. A mí también me intriga el entramado humano del grupo terrorista, cómo se toman las decisiones y cuáles son las cuotas de rebeldía y traición a uno mismo. Recuerdo a este respecto la inquietante obra de Sartre, Las manos sucias, ese conflicto doloroso y crucial: “A ti te interesa mucho la pureza, ¿no? Bueno, pues, La pureza es el ideal del faquir y del monje. Vosotros, los intelectuales, los anarquistas burgueses, utilizáis la pureza como pretexto para no hacer nada. No hacer nada, permanecer inmóvil, apretar los puños, llevar guantes. Yo tengo las manos sucias. hasta los codos. Las he hundido en el excremento y en la sangre. ¿Y qué? ¿Piensas que se puede gobernar limpiamente?(…) Tú no quieres a los hombres; tú sólo amas los principios.”

    La locura de los principios, la traición de los héroes, la fragilidad humana, la duda que amenaza. Pienso en Ulrike Meinhof, aquella “Pajarraca”, recuerdo el duelo y el espanto que sentí cuando muy joven vi Alemania en Otoño -¡qué estupenda!-: Fassbinder, Antígona…un ambiente gélido en el corazón.

  4. La ratita presumida

    Resulta curioso cómo son los hijos de las clases medias o acomodadas los que se organizan y se presentan como los liberadores y salvadores de las clases oprimidas o más desfavorecidas. Sin ser ellos, pues, los más oprimidos con respecto al Estado, ¿contra quién o contra qué se estaban rebelando? ¿Realmente son las injusticias del capitalismo las que les hacen movilizarse hasta el punto de desarrollar un “marxismo guerrillero”, dando “golpes espectaculares, con secuestros de grandes directivos de la patronal, alimentando los focos de la revolución”? Resulta curiosa también la perversión ideológica de este grupo guerrillero, en el que se mezcla la lucha armada y el hippismo (¿paz?). Todas estas preguntas me surgen al no encontrar, en principio, un nexo de unión entre la situación en la que se encuentran estos jóvenes y las medidas que adoptaron para conseguir algo. No puedo decir lo mismo de un palestino en la actualidad que, después de haber sido bombardeado su pueblo, siendo asesinada toda su familia, y llegado el punto en el que su vida ha perdido todo el sentido para él, sea capaz de colocarse un chaleco bomba, entrar en un autobús y matar a un montón de israelíes inocentes. Insisto, entiendo esta última situación, no la justifico. Veo una causa efecto que conduce de una situación a otra, que en el caso de estos jóvenes alemanes no veo por ningún sitio. A ver, sé que estoy entrando en un tema un poco resbaladizo, por eso quiero que se me entienda bien, que no se malinterpreten mis palabras.
    Así, me llama poderosamente la atención el uso del lenguaje; un lenguaje que se tiene como propio y que es capaz de aislar y convencer a ese grupo de jóvenes alemanes que están legitimados para tomar las armas. ¿Es el mal uso de los conceptos y la manipulación que ese lenguaje ejerce sobre ellos lo que les conduce a realizar ese tipo de actos violentos? ¿El lenguaje puede llegar a tener tanto poder de persuasión? Sin tener grandes conocimientos de las actividades del RAF y de la época en la que actuaron, no encuentro otra explicación.

    Y haciendo uso del estilo serniano, digo: ¿Lenguaje perverso? No. Perversión en el uso del lenguaje.

  5. Pumby de Villa Rabitos

    Dejé en el anterior post una nota sobre el “A vivir que son dos días” de hoy. Creo que os puede interesar el tema para redondear lo que se hablaba en él.

    Alejandro, Juan Antonio, también hay un pequeño comentario para vosotros.

    Y entrando en este, me parecen muy interesantes las dos aportaciones – Portnoy y Juan Antonio – que ya hay colgadas. Sólo querría hacer una referencia al título de la película, algo que Serna señala pero en lo que no ha insistido. Tal vez no sea muy importante lo que me chocó pero me parece sintomático, bien del viejo adagio, “tradutore, traitore”, bien de una intencionalidad ideológica del responsable de la distribución en España de esa película, la traducción que se ha hecho de su título. Me refiero, en concreto a la traducción de la palabra “Fraktion”.

    Inicialmente, no parece presentar ningún problema su vertido al castellano pues la palabra es de origen latino (fractio, -onis), no germánico. Así que, lo lógico hubiese sido titularla “FAR. Fracción del…”. Sin embargo, quien fuere, por torpeza o conscientemente, usó la palabra “facción”, así, la película en España se llama “FAR. Facción del…” ¿algo inocente, en cualquier caso? Creo que no. Creo que es una forma de acostumbrarnos al viejo principio aznariano de “no importa el porqué del terrorismo, todos son iguales”. Y sí que importa, vaya si importa. Especialmente cuando para unos países determinados grupos armados son “movimientos de liberación” y, esos mismos, para otros, son “terroristas”.

    La palabra “fracción” en castellano reproduce la voluntad fundacional del grupo armado. Sus tres primeras acepciones del DRAE no dejan lugar a dudas. Por resumir, “fracción” = “parte”. En efecto, se suponía que había o habría un Ejercito Rojo Universal y ellos eran sólo una parte de ese hipotético todo. Por su lado la palabra “facción” viene del latín “factio”, “-onis”, o sea, que, de entrada, ya es diferente (1) al título original de la película y (2) al de la organización armada. Pero es que su significado también es distinto; volvamos al DRAE: “Parcialidad de gente amotinada o rebelada” y “Bando, pandilla, parcialidad o partido violentos o desaforados en sus procederes o sus designios”. Por eso, durante la Guerra del 36 del pasado siglo, los medios de la República empleaban indistintamente los conceptos “fascista” (del fascio) y “faccioso” (rebelde armado”). ¿A que viene esta ceremonia de confusión? ¿porqué se intitula como se hace la película en España y no se respeta el original?

    Se me ocurren algunas respuestas pero, de entre todas, la idea aznariana de “total todos son iguales” es la que más me resuena, no tanto por su eco en la derecha, ya que es una de sus célebres coletillas (aplíquese a cualquier colectivo “analizado” por un conservador español y se verá: ¿los políticos?… bah, todos son iguales… ¿los sindicalistas?… bah, todos son iguales… ¿los catalanes?… bah, son todos iguales… ¿los papirofléxicos?… bah, todos son iguales… y así hasta la extenuación grupal) sino por el eco que comienza a tener en esa izquierda avergonzada de su condición que, en su momento, se lanzó en brazos del neoliberalismo y en ellos se quedó. Bueno, igual son sólo manías de gato…

  6. Pumby de Villa Rabitos

    También es muy interesante lo que nos dejó La Ratita Presumida pero no lo vi hasta que no colgué el mío, perdona, chica.

  7. Alfons Alvarez Garcia

    En primer lugar, confieso que no he visto aún la película RAF, Facción del Ejército Rojo. Sí que he visto otras películas sobre “las rebeliones” juveniles que anticiparon o siguieron a “los mayos del 68”, empezando por “Prima della rivoluzione” de Bertolucci (1964) y “Cina è vicina” (1967) de Marco Belocchio. También he visto gran parte de la producción que Jean Luc Godard realizó como miembro del Grupo Dziga Vertov (1968-1974), y algunas de las obras de Fassbinder influidas por el ambiente de la época. Reflexiones culturales que se producen en una Europa de renovado resurgir económico (el llamado milagro alemán), pero dividida por la Guerra Fría, y en la que aún permanecían abiertas algunas de las heridas de la 2ªGuerra Mundial. Una Europa que se siente de izquierdas, pero es gobernada por la derecha, con la consiguiente frustración e impotencia. En ese contexto, especialmente en ambientes universitarios, irrumpieron con fuerza las ideas del Che (transmitidas por el intelectual francés Regis Debray en su “Revolución en la revolución” de 1967) y la revolución cultural china de la que se silencieron, en su momento, los aspectos más crueles. Sartre será uno de los muchos intelectuales “comprometidos” europeos que abrazarán la renovación del discurso de la izquierda que suponen estas dos influencias en el campo de las ideas y que contribuyeron a conformar el nacimiento de lo que se llamó “la nueva izquierda”. Ese sería el contexto, pero detrás de esas rebeliones podría haber también elementos que no escaparían al psicoanálisis, como la distancia entre la moral dominante y los deseos juveniles de romper las barreras de lo “políticamente correcto” o lo “sexualmente prohibido”. Tal vez, el inconformismo juvenil y de izquierdas de esas décadas (años 60 y 70) tuviese mucho que ver con la incapacidad de las democracias occidentales para adaptarse al espíritu de los tiempos y para “asimilar” a unos jovenes con mayor poder adquisitivo, más formados, con un buen nivel cultural y con muchas ganas de cambiar un mundo que no les gustaba y del que se sentían marginados. Bueno, tan sólo pretendo que sean unos apuntes para la necesaria reflexión.

  8. Marisa Bou

    Interesante tema, si señores. La banda Baader y Meinhof. Justo llama a aquelloa años los años de plomo. Para mí también lo fueron. Si no de plomo de bala, sí de plomo de aburrimiento. Por mi escasa comunicación con el mundo exterior -el que había más allá de los muros de mi casa- que se limitaba al escaso contacto con los profesores de mis hijos.

    Aún con ello, conocí algo de las andanzas de esta banda. Querida Ratita, estas organizaciones “salvíficas” nacían siempre en el seno de -o en los márgenes de- las Universidades. Los marginados, pobrecillos, bastante tenían con currar, a tope de horas extras (o, en algún caso, emigrar) para ganar su sustento. Los universitarios, más leídos, más guiados por la intelectualidad, con los gastos pagados -la universidad no era tan “universal” como ahora- y con una fuerte dosis de hastío existencial, disponían de más tiempo para formarse (o desinformarse en algunos casos) políticamente y tomar en sus manos la defensa de los explotados. ¡Contra el capitalismo y más allá!

    Yo he conocido a muchos “hijos de papá” (en aquellos años) que, a menudo, se plantaban ante el coche de su padre, amparados en el grupo, y le llamaban “capitalista”. Por supuesto, ese capitalista pagó sus carreras, y hoy son aún más capitalistas que sus padres.

    Su lenguaje era orgánico y uniformador, porque a la libertad sólo podía accederse a través del grupo organizado. El individualismo es cosa de hoy en día. Al contrario que entonces, hoy lo difícil es actuar en nombre, no ya de la mayoría, tampoco de una minoría mayoritaria, menos aún del interés general. Cuando lo haces, no tardan en surgir voces que te acusan de buscar un interés particular. Incongruente, ¿no?

  9. La ratita presumida

    Pumby, usted sí que dice cosas interesantes… Y no tengo nada que perdonarle, ¡por Ferrándiz! Estas cosas suelen pasar en el ciberespacio.

    Ahora bien, le rogaría que no me llamara chica, pues soy ratita o roedora. Tengamos la fiesta en paz y los conceptos en su sitio.

  10. Pumby de Villa Rabitos

    Vale, vale, lo siento otra vez, Ratita, nada de humanos…

    Gracias Marisa por la interesantísima información que nos facilitas en el anterior post sobre la Plataforma en Defensa del Periodismo.

    En cuanto a los pequeños detalles de la película, creo que también es interesante la época en la que transcurre la narración: entre 1967 y 1977. Vaya década.

    1967 delimita el mundo salido de la Segunda Guerra Mundial, su colapso. Los socialdemócratas habían llevado la “perversión keynesiana” a su límite asegurando la inviabilidad del Estado del Bienestar a largo plazo y los conservadores no querían oír hablar ni de Keynes ni del Estado de Bienestar si no era con su abogado delante (como siempre, estos van a piñón fijo).

    1977, simbólicamente, podría considerarse cuando el colapso se convirtió en óbito, básicamente porque albergó en su década la crisis social del 68, una explosión de “rebeldes sin causa” que entreveraban el idealismo hippy con el estalinismo más rancio (¿es posible mayor inconsistencia?); y la crisis económica del 73, la que advirtió a Occidente que en el mundo comenzaban a correr otros aires, aunque Occidente no se enteró demasiado, la verdad.

    Tiempos turbulentos, caóticos. De esa década podía salir casi cualquier cosa. Para mí, lo más evidente de ella fue el plomo y el desconcierto. En ese ámbito, la Fracción del Ejército Rojo era perfectamente coherente, hijo de su tiempo y sus circunstancias. Así que con el vendaval que tumbó lo que quedaba del Occidente de postguerra, cayó no sólo lo viejo – si Gramsci me lo permite – sino también lo nuevo. Y es que lo nuevo era inconsistente, contradictorio y hasta absurdo en su mismo planteamiento idealista, romántico. Una pataleta irracional de niños malcriados por la opulencia de la postguerra que, en casos como el alemán, tiene el agravante de tratarse de hijos de papá jugando a la “revolución” y, para hacerla, haberse llevado por delante vidas de personas que tuvieron la desgracia de encontrarse con el descerebrado de turno.

    En fin, que salvo por deshacernos de las dictaduras en Grecia, Portugal y España, poco más dio de si la cosa en Europa que, del resto del mundo, casi que ni mentarlo: eclosión de dictaduras en Latinoamérica, hundimiento de África con neocolonialismo salvaje, Asia en el abismo de la guerra y el nacimiento de los fundamentalismos…

    La década progresó entre el despropósito de unos y el anacronismo de otros hasta alcanzar un espléndido callejón sin salida. En el 79 Lyotard publicaba “La Condición Postmoderna” y Margaret Tatcher ganaba las elecciones británicas: se abría otro capítulo cuyo primero artículo era “Ronald Reagan, presidente de los USA (1981)”.

    El resto ya lo conocemos: la postmodernidad; el pensamiento único; el pensamiento débil; la cultura como espectáculo; la corrección política; la desregulación de los mercados; la privatización de los bienes públicos; los integrismos religiosos; el neoliberalismo; los neocons; la tercera vía socialdemócrata; la impotencia de la izquierda para ofrecer un discurso moderno y realista a una sociedad abotargada por el consumismo y el endeudamiento… buena cosecha…

    Así que no, no voy a ir a verla. Ya me la contáis vosotros. Gracias.

  11. jserna

    Perdonen mi silencio: que no conteste más o menos sus comentarios y que no acabe el post. No puedo. Llámenle agotamiento o llámenle “pájara”. Mañana lunes espero completarlo.

  12. Marisa Bou

    Don Justo, siento que se vea afectado por la astenia primaveral. Eso sólo indica que es usted lo suficientemente jóven como para padecerla. Otros tenemos,durante todo el año, una especie de astenia invernal…;-)

  13. Isabel Zarzuela

    Vaya, Don Justo, espero que recupere pronto el ánimo o la energía. Yo creo que la primavera nos está afectando a todos. Y a mí, especialmente, las fallas. Si pudiera escaparme… ay!

  14. jserna

    Gracias, Isabel. Como no podía ser de otra manera, precisamente en mi artículo para El País del próximo miércoles recupero mi desdén fallero que ustedes ya me conocen. Eso sí, con corrección.

  15. Juan Antonio Millón

    Serna, su síntesis del libro de Burleigh y los enlaces que inserta son excelentes. Una lección. También, como las compañeras del blog, espero que se reponga de su agotamiento. Sepa descansar.

    Sabe, fue precisamente con un artículo suyo de hace unos nueve o diez años, publicado en Levante, con el que comencé con mis alumnos de segundo de Bachillerato a menudear sus artículos, como ejemplos de argumentación y disertación ensayística y periodística. Fue una agradable experiencia, de la que, creo, aprendieron bastante. Me alegrará ver cuál es su punto de vista y cómo resuelve estilisticamente el texto. Aunque como propio del rito, de las fallas y de su crítica o consideración, no se espera nada nuevo, de su escritura siempre es previsible algún tipo de sorpresa.

  16. Pumby de Villarabitos

    Está visto que estoy por los detalles nimios, lo siento. En este caso, como en los dos anteriores, creo que vale la pena reparar en ello pues la anécdota nos vuelve a enviar a la categoría. Ahora se trata del logotipo de la Fracción del Ejército Rojo.

    El arma que aparece en el logo de las RAF es la ametralladora MP5 de 9 mm. Es interesante el detalle porque es el arma por excelencia de los cuerpos de élite de las fuerzas policiales de aquella época, un arma de fabricación alemana (1966) que, sin embargo la propia policía alemana no usó ya que la suya reglamentaria fue la Uzi judía ¿qué curioso, no? Tal vez lo más lógico para la RAF hubiera sido usar el fusil de asalto AK 47 soviética – el “arma de los pobres” – sin embargo, eligieron el arma “crême de la crême”, sólo al alcance de unos pocos.

    Y ya que estamos en ellos, si me permitís un ex-curso sobre la importancia del reconocimiento del arma en cuestión, os invito a ir – si no habéis ido aún – a la exposición que está en las salas del Museu Valencià d’Etnologia titulada “Mons tribals / Mundos tribales” Es espectacular descubrir cómo en las remotísimas islas de Papúa Nueva Guinea, posiblemente el lugar extenso más lejano de la cultura occidental, el AK 47 aparece en tres formatos: como juguete de niño, en madera, pequeñín, de un par de palmos; como reproducción artesanal, a escala 1:1, pero, claro, como digo, hecha a mano por los aborígenes para su autoconsumo; y como elemento integrado en los rituales masculinos de madurez vinculados con la práctica del pastoreo. En serio, para verlo y no creerlo esto del Kalashnikov.

    Yo no creo que Serna esté asténico, la verdad, al revés, a mi me parece que se está pegando un palizón de cuidado para alcanzar satisfactoriamente todos los frentes que tiene abiertos y que no son pocos. ¡Serna modérate!

  17. jserna

    1. Juan Antonio, otra vez muchas gracias por su amable empujón. Me complace mucho eso que me dice de un artículo mío empleado en clase. Si fue hace nuevo años o así, no pudo ser en Levante, sino El País. Es el colmo de lo que uno puede esperar cuando escribe alguna tribuna o columna. En cuanto a mi artículo de Fallas…, pues es, retocado, el que no mandé el año último a El País: meses después de abandonar Levante y cuando estaba regresando a El País, aún sin periodicidad fija. No me animé a remitirlo. Ahora, con un poso irónico y derrotado, hablo de Fallas. No espere mucho.

    2. Pumby tiene toda la razón en cuanto al arma del logo. Al escribir, yo me dejé llevar por el atavismo con el que siempre he identificado el logo de la Baader-Meinhof. No corregiré en el texto mi recuerdo erróneo, para escarnio de mi memoria. Pero admitamos que en el tercermundismo ideológico de la época un AK 47 era lo lógico. Yo me dejé llevar por ese recuerdo, ya digo, recuerdo reforzado por las imágenes recientes del film.

    3. Me cuidaré, me moderaré, aunque no sé cómo: he de estar en un Congreso en los próximos días hablando de Historia, memoria y literatura. Por lo menos me escaparé.

    Mañana les cuento.

  18. Isabel Zarzuela

    ¡Qué barbaridad! ¡Cuánta precisión en su lenguaje! Incluso para hablar de ametralladoras… ja, ja. Cada día me sorprenden más.

    Ah, por cierto, gracias Pumby, por recomendarnos la visita a la exposición ‘Mundos Tribales’ en el Museo de Etnología. Me acaba de arreglar la tarde de mañana para huir de las fallas :-)

  19. Pavlova

    ¿Y el dedo? Hemos olvidad el dedo de nuestro patrocinador ¿Cómo sigue su dedito, Justo?

    Pues acaban de decir en las noticias de la 4 que los tres dueños de un local de copas, por primera vez en la historia, van a ir a la cárcel por el ruido que armaban de 9 de la tarde tres de la madrugada (creo que han dicho que 700 decibelios) ¡Alabado sea Voltaire! ¿No se podría hacer lo mismo con los responsables de fallas? No, me parec que no Snifff.

    Pumby, qué poderío, qué sapiencia y que dominio en armas de fuego; me deslumbra.

  20. jserna

    Un lapsus freudiano, sí, de interesante averiguación

    Al responder a Pumby, había quedado ciertamente insatisfecho con el lapsus de mi memoria y el descuido con que había observado el logo de la RAF (imperdonable en quien hace de lo micro su objetivo y del detalle o del fragmento su meta en este blog. Creo que es mi primer error perceptivo grave). Efectivamente, Pumby y amigos, no es un Kalashnikov Ak 47.

    De repente he recordado qué podía haber inducido al error y al descuido, o qué podía haber reforzado mi falso recuerdo, una inercia ideológica y perceptiva. Fíjense que es un error, un descuido y un falso recuerdo. Demasiadas coincidencias. “No fui yo, que fue el maldito cariñena que se apoderó de mí”, podría escribir parafraseando al clásico. Es decir, la causa puede deberse a la borrachera verbal que me provocó la lectura copiosa de Michael Burleigh. Hace unos meses de esto. Su libro llega casi a las seiscientas páginas y el capítulo dedicado a la RAF no es el más extenso pero sí uno de los más significativos. He ido cerrando el círculo de mi error. Como dice Burleigh en la página 319 –allí he regresado a para confirmar la fuente de mi error reciente– “un artista gráfico del grupo ideó el logo de un Kalashnikov aK-47, con el rótulo grabado bajo el arma”.

    Yo había puesto al final de mi post: “al final, tras aquella violencia –con cócteles Molotov, con dinamita y con escopetas de cañones recortados– quedan sólo las muertes ocasionadas o padecidas y un logo. El de un Kalashnikov AK-47 con el rótulo RAF grabado sobre el arma con un fondo reconocible: el de una estrella roja de cinco puntas“.

    Ajaja. Cuando leí hace meses a Burleigh me quedó esa imagen y ahora me reaparece retocada, como el peso de una lectura que deja su efecto implícito. Salvo que él también haya cometido un error, Burleigh debe de referirse a un primer logo con un auténtico Ak-47: con un rótulo “grabado bajo el arma” sin aludir a la estrella internacionalista. Pero yo había dicho: “grabado sobre el arma con un fondo reconocible: el de una estrella roja de cinco puntas”.

    Qué curioso dato y qué tentadora contradicción. Primero, yo lo achacaba a mi atavismo con el Kalashnikov Ak 47. Es lo obvio. Ahora creo que esa primera impresión se debe a parte de lo que nos muestra el film, cuando en algunos momentos vemos a los alemanes disparando sus Kalashnikov con orgía balística; y se debe también a lo leído en Burgleih.

    Las lecturas –y no sólo las armas– las cargas el diablo. Pavlova, como decía un familiar extremeño, mi ‘deo’ va mejor, dispuesto para meterlo en el gatillo.

    Gracias por su cortesía.

  21. Jack

    Serna no queria meterme pero el tema si que me duele. Lo ha sacado Pumbi pero yo con gatos no hablo. Serna: no se ha de discutir asi de armas para matar a seres humanos. ¡Y su corazón! Todo lo de Alemania fue por una joventud sin Dios. Un pais trabajador con jóvenes que habian perdido los valores. ¡Y usted hablando de armas!

  22. jserna

    Oiga, Jack, yo no hablo de armas, que podría. Hablo de una religión política a la que se adhirieron con fanatismo jóvenes que cambiaron la fe protestante por la fe secular. Ya ve: al final, yo también pienso que esto tiene que ver con la secularización, con el paso de la creencia absoluta a otra creencia absoluta. Eso sí, bajo determinadas condiciones que arriba enumeraba. Buenos días.

  23. Pumby de Villa Rabitos

    Un placer, Isabel, aunque, eso sí, te advierto que para alcanzar la puerta del edificio tendrás que atravesar, literalmente, una falla (la del Carrer de la Corona) que por más progre que se presente, no deja de ser tan “petardera” como cualquier otra.

    Pavlova, lo mío con las armas es producto de la lectura reiterada del “Compendio Abreviado de las Obras Completas de Sara Connors” (por Sara Connors, publicado por AEIOU, Agrupación de Ediciones Intrascendentes y Obsoletas Universales, en 1984). Cuando las máquinas se rebelen, estés pegando tiros en la barricada de la Cuesta de san Vicente y se te encasquille el M16 de baratillo que compraste, atolondradamente, en el Rastro, ya te acordarás de mí, ya y te dirás… “ay, si hubiera sido más mala en esta vida y hubiese tenido peores lecturas…”

    Uf, Serna, me apabullas con tu “lapsus freudiano”, ya se ve que tu dedo vuelve a estar en plena forma, ya.

    Y, por mis bigotes, como estoy de un tiquismiquis que no me aguanto (¿serán las fallas, que descubren mi lado “wild cat”?), aún haré otra aclaración, pero esta vez no a Serna, ahora, con mucho cariño, a Jack el-que-no-habla-con gatos.

    Verás Jack, yo tampoco hablo con humanos que confunden mórulas con personas y linces con niños, así que no va a ser posible que nos tiremos unas risas hablando de dios sabe qué pero, chico, por lo menos escribe bien mi nombre. En castellano, las terminaciones en la vocal i se escriben con i griega, “y”. Por eso decimos reino, con i latina, y rey, con la griega. Digo esto último a guisa de ejemplo e información complementaria para tu conocimiento y buen gobierno. Bueno, que me llamo Pumby, no Pumbi (so pena que hubiese catalanizado mi nombre, claro).

    A título de inventario, aprovecho y persisto en otra cuestión relacionada con la anterior. Mi pueblo, por más que se empeñe esta máquina infernal en la que escribimos, es Villa Rabitos, no Villarabitos como tozuda y aleatoriamente insiste el bicho.

    A mandar. Miau.

  24. Pavlova

    ¡Me has calado, Pumby. Esa soy yo!

    Y me has quitado de la boca lo de la ortografía de tu nombre, aunque tampoco es que fuera a contestar, que yo no me hablo con iletrados, beatos que desprecian a esos seres maravillosos que son los gatos.

    Pa selectiva yo, ea.

  25. Isabel Zarzuela

    Qué cosas, Sra. Pavlova. Tengo en casa pendiente de enmarcar varias reproducciones de la serie de grabados ‘Los desastres de la guerra’ de Goya. Quería encontrar el rinconcito perfecto para homenajear a estas mujeres, a todas las mujeres, vaya. Me fascinaban los titulados ‘Qué valor’ (bellísimo), ‘Y son fieras’ (mujeres con garrochas y piedras luchando contra los franceses con sus hijos en brazos, uf! me encanta) o ‘¡Madre infeliz! (triste, pero real). Ahora, cada vez que mire a Catalina de Aragón en la pared de mi salón me acordaré de usted, ja, ja.

    Por cierto, Pumby, tenía usted razón: he tenido que atravesar una falla. Una falla petardera. Pero mereció la pena.

  26. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Otro “lapsus”!… qué barbaridad, Isabel, qué forma de empeñarnos por escribir en este post lo que no pensamos en la vida. Me alegro que te gustase la expo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s