14 de abril

catorcedeabrilUno. Qué curioso. En cierto sentido, ser historiador te enajena. Te hace revivir un pasado que no existe: no existe porque propiamente no puedes  residir en él. De ese tiempo pretérito sólo quedan restos materiales en la ciudad que pisas, en los textos que consultas, en las fotos que contemplas, en los libros que lees, en las transmisiones generacionales. Pero ese pasado no es tuyo y, por ello, si quieres ser riguroso intentas recrearlo documentada e cuidadosamente, con cierta aprensión, sin nostalgias reparadoras. Sientes que la sobresaturación histórica –al decir de Friedrich Nietzsche–, que la presencia de lo remoto, te agosta, te incapacita. Sientes, en fin, que no puedes exaltar retrospectivamente lo pretérito. No basta con proclamas ni con un pasado embellecido. ¿Entonces?

Dos. Debes contrastar el presente con el pasado. ¿En qué hemos mejorado? ¿Qué nos distancia? Cada vez que regreso a Madrid. El advenimiento de la República (1933) siento interés y malestar, una sensación ambivalente. Por un lado, envidio la prosa resuelta de Josep Pla, esa crónica hecha en tiempo presente de acontecimientos que son históricos y menudos: esa impresión de microhistoria, de relato  madrileño, cortesano y municipal. Pla describe, vaya si describe. Pero también testifica y enjuicia. Por otro lado, me molesta el tono sarcástico que es su estilo habitual, esa socarronería de quien cree ver mejor, de quien generaliza basándose en el detalle. Pla dictamina porque se sabe al final. O eso piensa. Cuando es joven, porque lo es; y cuando es viejo, porque lo es. Sus tajantes juicios son los propios de quien siempre cree estar en lo cierto. Tantea, pero es expeditivo.  

Después de un agitado día, anota el 14 de abril lo siguiente: “Me siento en un sillón del hall y no sé por qué razón, quizá por el propio cansancio, pienso en los libros que he leído sobre España, libros que, según me aventuraron, eran buenos, elaborados por los más agudos observadores nacionales y extranjeros de este país. En general, todos estos libros dicen lo mismo. España, dicen estos papeles, es una cosa inmóvil. La Monarquía es una situación eterna. La duración de esta monarquía está garantizada, primero, por el Ejército y la Marina, que es una llave intocable. Luego, por el latifundismo del sur, de Andalucía y Extremadura. Luego, por la Iglesia católica, apostólica y romana, por la que los españoles sienten una adoración viva, activa, pintoresca e indispensable. Luego, porque el dinero es monárquico. Luego, aún, porque la industrialización es incipiente, porque el orden público es fácil y porque la clase media es rabiosamente monáqrquica… Y gran parte del pueblo, también…

“Ahora bien, en el día de hoy, 14 de abril, todas las impresionantes columnas del templo inmóvil se han derrumbado. Me vienen tales ganas de reír que, si no estuviera tan cansado, si el día no hubiera sido tan ajetreado, estas ganas serían aún más abundantes. ¡Cómo han envejecido los observadores de España! El día de hoy los ha convertido en insoportables gagás. Los viejos –ya se sabe– son los más hiperbólicos, los que más mienten. Lo deben de hacer por tradición, ¡pues han mentido tanto! ¡Qué inseguridades más curiosas tiene la vida! De ahora en adelante, ¿qué vamos a leer sobre España?” Eso mismo. ¿Qué vamos a leer sobre España?, decía Pla el 14 de abril. Con suficiencia, con error.

Por pereza leo ahora la versión castellana que de este libro publicó Xavier Pericay. En general, es una traducción correcta, salvo algún catalanismo (que se le puede perdonar): “Ayuso es un federal de toda la vida que lleva capa en invierno y hace de profesor de griego”.  Se le puede disculpar, claro: es de una precisión finísima eso de “hacer de profesor…” Por otra parte, el propio Pla, ya maduro, llegó a catalanear con ostentación y desmesura cuando escribía en español. Como Joan Fuster. Punto y aparte. Regreso al 14 de abril.

“El nuevo régimen quiere hacer muchas cosas, probablemente porque se siente obligado a ello por las elecciones”, escribe Pla en mayo de 1932. “Yo, personalmente, siempre he creído que una cosa es la teoría, siempre hiperbólica, y otra la práctica –que siempre es difícil y requiere una gran vitalidad–. A pesar de mi extrema juventud”, añade con énfasis ostentoso, “he oído hablar en esta tierra –en cafés, academias, libros, etcétera– de tantas teorías que, para no molestar a los intelectuales, no voy a referirme al asco que estas elucubraciones han producido en mí. Yo soy un hombre que tiende a dar una importancia decisiva a la práctica”. Vaya.

Ése es el estilo del hombre, cierto. La descripción que hago, el detalle que destaco, el juicio que formulo y la calificación que aventuro –podríamos decir de Pla– son obra de un observador agudo e irónico que juega a ser cínico. El cinismo no es indiferencia ante la suerte de los demás; tampoco es irresponsabilidad ante los actos propios. Aquí, jugar a ser cínico es afectar una pose enfáticamente descreída para escribir y describir, si es que eso es posible. ¿Y Josep Pla y Francesc Cambó? ¿Por qué no nos habla de sus relaciones, del trabajo en La Veu de Catalunya? Cuando Pla observa esa República naciente, el periodista catalán no es un intelectual sin ataduras. Madrid, esa crónica en forma de dietario,  es un espléndido ejercicio de observación… sobre Jose Pla, sobre sus manías y sus reservas. A pesar de que aún es joven, escribe como un anciano escéptico, incrédulo, distante: sabiéndose con experiencia y generalizando sobre lo que ve o sobre lo que vive. Con sarcasmos dolidos.

Algún día habrá que examinar con precisión histórica y esmero filológico lo que Pla escribe sobre la República. Eso me iba diciendo. Estaba pensando en dichas cosas, justamente, cuando de repente veo Josep Pla y el viejo periodismo (2009), de Xavier Pericay. Qué casualidad. Estaba yo tratando este asunto en el blog  y, de repente, un nuevo libro de Pericay me obliga a repensar en ello, a  abordar estas cosas en otro post. Desde luego lo dejo para mejor ocasión: para un momento en que yo haya podido leer este texto y para un momento en que haya recobrado mayor lucidez. Ahora toy asfixiao. Habrá controversia en dicha obra. Ya oigo la voz de Xavier Pericay. Y la de Arcadi Espada al fondo…

Hemeroteca

Justo Serna, “Cirio pascual”, El País, 15 de abril de 2009.

57 comments

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  1. Isabel Zarzuela

    Y hablando de textos pertenecientes a tiempos pretéritos… No me digan que de éste no nos queda todavía mucho que aprender:

    Artículo 1º

    España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia.
    Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.
    La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones.
    La bandera de la República española es roja, amarilla y morada.

    Artículo 2º.

    Todos los españoles son iguales ante la ley.

    Artículo 3º.

    El Estado español no tiene religión oficial.

    Artículo 4º.

    El castellano es el idioma oficial de la República.
    Todo español tienen la obligación de saberlo y derecho a usarlo, sin perjuicio de los derechos que las leyes del Estado reconozcan a las lenguas de las provincias o regiones.
    Salvo lo que se disponga en leyes especiales a nadie se le podrá exigir el conocimiento ni el uso de ninguna lengua regional.

    Artículo 5º.

    La capitalidad de la República se fija en Madrid.

    Artículo 6º.

    España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.

    Artículo 7º.

    El Estado español acatará las normas universales del Derecho Internacional, incorporándolas a su derecho positivo.

    Sí, sí, no se equivocan. Se trata de las Disposiciones generales del Título Preliminar de la Constitución de la República Española de 1931. Bello texto, sin duda.

  2. Cipión de Villa Mahudes

    Aguardaba, Pumby amigo, con la prudencia de un viejo sabueso, tu grata recepción, pues no siempre bandera blanca alzada ante gatunos frentes dio buenos resultados. Pero he de decir que otra muy distinta enseña nos une en el día de hoy, al menos a los mamíferos conscientes de nuestra condición mal llamada “irracional” pero en plena disposición de los instintos en estado puro que lleva a los seres vivos a compartir las verdades de la naturaleza, y a quienes algunos desalmados teólogos y arbitristas aliados, atribuyeron la carencia de alma: es la enseña roja, roja y gualda añadido al púrpura violeta e inviolado pendón comunero, que alentó a la II República. Salud y Fraternidad en un nuevo 14 de Abril con la esperanza de una nueva Pascua Florida de libertades sin reglamentos castradores ni restricciones de conveniencia.¡Salud, Libertad, Igualdad, Fraternidad.
    Salud también a doña Ysabel Zarzuela, que a pesar de su patronímico y gentilicio no desmiente su militancia por la libertad. Bien traída su mención constitucional a la renuncia de la guerra como instrumento de acción política, que justifica el juicio a Aznar y sus mariachis. Y también a don Justo, que disipó los temores del buen Pumby, sin uñas por un día, y a todos ustedes y ustedas (como dicen las jóvenas cahorras) también, excepto siempre a los siameses y sietemesinos.

  3. Marisa Bou

    ¡Salud también a vuecé, maese Cipión de Villa Mahudes!
    Como también se la deseo a todos los contertulios, en este día de celebración.

    Doña Isabel, me encanta el artículo 3º, que debió incluirse en nuestra actual Constitución, lo que nos habría ahorrado más de un disgusto a algunos…

  4. Can Cerbero

    Válgame Plutón, perro traidor: ¿Pues qué maldito Alzheimer aqueja a nuestros perros, que se confunden ahora Constitución? Valga pues el comentario del ama Marisa, también de ilustre gentilicio mamífero, aunque bovino (una también ilustre rama canina se dedica a su cuidado, son los acreditados bullterriers en todas sus variantes genéticas y manipulaciones humanas que nos alejan cada vez más del padre lobo). Moralmente, vale para juzgar a Aznar y su mariachi emperegilado, pues condición natural es a todos los seres repudiar la violencia. Pero Vos, Cipión, mi más amado hijo, ¿son las noches de guardia en el Hospital pucelano las que le dieron reuma en el cerebro? ¿Por qué no pedir, ahora mismo que ese artículo humano de la Pepa, no figure con letras doradas en las normas de la Piel de Toro? Cuidaos de escribir sin reflexionar, amado sabueso.

  5. Can Cerbero

    Gracias, oh sampedro de las praderas infernales, guardián de las esencias caninas y Gran Maestre de la Venerable cofradía fundada por nuestro Venerado Padre don Miguel de Cervantes, gracias mil por vuestra corrección fraterna. Os pido también gracia para los ya vetustos huesos que albergan mi pequeño cerebro, y seguiré vuestros consejos. Saludad de mi parte al viejo sabueso Sultán, alcaide de los vertederos de Vila de Cans, con quien compartí alegres juegos de cachorro, y que ahora recorre los ardientes campos del más allá reconstruyendo la estirpe del lobo que algún día gobernará de nuevo nuestros destinos. ¡¡¡ III República, ya!!! Espero vuestro aullido aprobatorio, venerable Cerbero.

  6. Marisa Bou

    ¿No andan un poco liados los canes cervantinos? Diríase más bien un solo perro, aquejado de doble personalidad…;-)

    ¡Alerta, Can Cerbero! No hay que precipitarse a la hora de escribir, pues las prisas convierten fácilmente un diálogo en monólogo.

    O, como diría la Ratita Presumida, ¡juas, juas, juas!

  7. Cipión de Villa Mahudes

    Sí, ama Marisa, el gran Plutón confunde los espejos, y Cerbero y Cipión, como también Berganza y otros ilustres perros y perras duplican sus neuronas para servirles a ustedes, ratas y ratones humanoides. Cuentan con muchos siglos de vigencia en los espíritus y potencias infernales: el Aqueronte sin embargo puede movilizarse, como quería Virgilio, y Cerbero cayó en el vicio de la precipitación que reprochaba a su pupilo, tenía que salir a resolver un conflicto en la gatomaquia que le tendrá ocupado un tiempo. Ayayay o guauguauguau.

  8. La ratita presumida

    Triple, Sra. Bou, triple personalidad.

    Salud, Can Cervero. Salud, Buen Cipión. Salud, querida Marisa. Y para usted también, Don Justo, el Magíster de este blog.

    Juas, juas, juas ;-)

  9. Cipión de Villa Mahudes

    Viva siempre el impar número tres, oh Ratty. Tres de Tercera, claro, hablando de Repúblicas. Y de tercería en honor de Madre Celestina, la cual alimentaba un gozquecillo que le devolvía con amor fiel todos sus cuidados, desinteresados en ese caso. Hablaremos de ella y sus reencarnaciones a su debido tiempo. Entretanto, no vuelvan a reírse de los achaques de un viejo sabueso, que mi menda sólo hizo un favor a su ancestro que, ya dije, tuvo que abandonar su portería precipitadamente para resolver conflictos de la República animal, y encargó enviar su repuesta, cosa que se hizo evidentemente de modo inadecuado.

  10. Juan Antonio Millón

    El artículo con el que hoy nos deleita Savater en El País aporta una más que interesante idea que a mí me ilustra en la celebración de este 14 de Abril. Al hilo del libro de François Jullien, De l´universel, nos dice:

    “Distingue entre lo universal y lo uniforme, que para él es sólo una exigencia de la producción estándar de bienes elevada a categoría moral. Para evitar la hipóstasis de fetiches etnocéntricos, lo universalmente humano debe ser una aspiración y una exploración, no algo fijo de antemano según patrones excluyentes. Incluso los derechos humanos tienen más fuerza virtual como motivo de resistencia frente a atropellos que como código cerrado de una vez por todas. Un debate apasionante que sigue abierto… salvo para quienes se arrellanan en la poltrona de sus dogmas.”

    Este no tomar en dogma me parece altamente saludable. Así, creo, deberíamos tratar la idea de República y el periodo de la segunda República. No acepto esa escisión que se quiere imponer entre los procesos históricos de la República y la Transición, entendiéndolos como totalidades enfrentadas y excluyentes. Tanto tirios como troyanos así nos lo tratan de imponer. No lo veo así. Ambos procesos fueron proyectos encomiables de progreso democrático, de búsqueda de una superación de un pasado ominoso mediante estructuras políticas y legislativas encaminadas al mejoramiento personal y social. Ambas, como toda empresa humana, contienen elementos deleznables, actos fallidos, errores soslayables, e incluso aberrantes. Ambos son procesos sociales y políticos complejos que responden de forma dispar a una situación histórica dispar. Pero ambos nos presentan un espíritu superador, común, democrático, que me niego, en rotundo, a pensar como antítéticos.

    La alabanza de los beneficios de la República no puede suponer el ocultamiento de los errores y los actos infames cometidos en su proceso, pero éstos tampoco han de mitigar la feliz empresa humana -llevada a cabo en las más advesas condiciones-, leal con el espíritu cívico de iguladad, libertad y fraternidad. Esto, me parece, debe guiar nuestra celebración: el recuerdo de su virtud, de los denodados esfuerzos de aquellos españoles por sacar al país de su cerrazón y atraso, su ímpetu en la adquisición de una cultura democrática, y cómo no, su lealtad, su valor y su arrojo que a muchos de ellos les costó la vida, el exilio o la miseria.

  11. Cipión de Villa Mahudes

    Guau, amo Millón. Ezkerrik Asko por su comentario, ya que es partidario como yo mismo del diálogo entre culturas. Sólo que el respeto a los derechos humanos conseguidos con sangre y fuego, sí debe ser conservado bajo siete llaves, y abrir la bolsa únicamente para dejar entrar nuevos vientos de libertades, las que permanecen aún en otras bolsas como las de la intolerancia y la miseria. De eso los cánidos sabemos mucho más que la sabiduría atribuida habitualmente al Orden de los Primates del que su humanidad forma parte.

  12. Pumby de Villa Rabitos

    Me parece de lo más saludable la propuesta de Juan Antonio. Lo que pasa es que padezco una especie de autocontención que igual tiene algo de patológico. Si por mi fuera, me lanzaría como un poseso a sacar a la luz la parte obscura de lo que podríamos llamar “los proyectos democráticos fallidos” (que en el XX son la República y la Santa Transición pero que podríamos rastrear también en el XIX). Creo que es la mejor manera de evitarlos. Y sobre todo, de no engañarnos, autoengañarnos, y destapar las cartas para saber quién fue realmente quién en cada momento y no en reinterpretación justificativa “a posteriori”.

    Sin embargo, hay un tema reiterado en este “blog” que me contrapesa ese primer impulso, me refrena y no paso de críticas menores, incluso anecdóticas, cuando de la IIª República se trata. Me refiero a que esa imprescindible autocrítica pasa – o debería pasar – por la previa corrección a quienes barraron el paso a la democracia; los que la hicieron fracasar no por las propias contradicciones del sistema (imperfecto, como todo lo humano) sino por la fuerza bruta (que eso es lo que son, unos brutos). Ubicados en el único país del mundo que no ha condenado su asonada militar y posterior autocracia, con los insurrectos reconvertidos en “demócratas” y una penosísima Ley de Memoria Histórica que crispó a los asesinos y no satisfizo a las víctimas como único acto legal-formal en treinta y un años de monarquía constitucional… ¿cómo voy a enfrentarme al tema de la revisión crítica de la República si ello va a ser munición en contra de la democracia actual y justificación del cuartelazo de Mola, la guerra de Queipo y la dictadura de Franco?

    No se, que alguien me ilumine o me de una aspirina para ver si salgo de esta paradoja.

  13. Pumby de Villa Rabitos

    Jo, Felix, tu tienes el alzehimer suelto ¿no? La primera peli del “Felix the Cat” fue de 1919 ¡toda una modernidad!… a ver si el que se ha fugado del geriátrico eres tu…

  14. Cipión de Villa Mahudes

    Déjalo, Pumby, es un gringo trasnochado, ¿qué sabrá él? Se van acabando los tiempos de la Sacrosanta Juventud, como de la santa Transición la virginidad perdida ya y marchito el hymen (y más aún tras el libro de Javier Cercas, de lo que no cuenta y de lo que se podrá saber a partir de ahora).

  15. Marisa Bou

    Muy buen artículo, Justo. Me parece espléndido que no te dejes influir por tradiciones que, como yo, no compartes. Nada de cirios pascuales, pues. Si se puede descansar, bien está hacerlo leyendo un buen libro o viendo una buena película. Y si no, pues se trabaja. Que no es que el trabajo, por sí mismo, dignifique. Pero al menos, resulta dignamente entretenido.

    En cuanto a la República, me gustaría, antes de pronunciar esa frase lúcida que -parece ser- pronunciamos al final de nuestros días, ver en España instaurada la tercera. ¿Será posible?

  16. Juan Antonio Millón

    Aunque no comparta en su totalidad su artículo que publica hoy El País, Sr. Serna, admiro su clarificación y su valentía. Comprendo y comparto su actitud ante las procesiones, ante los actos litúrgicos en las vías y espacios públicos, comunitarios. Su nivel de exhibición y de ocupación del espacio y el tiempo cívicos, llenan de hartazgo, cuando no suponen un claro ataque a las conciencias y a las libertades. Aún al precio de ser tildado de luterano, de recogido o de quietista, he de reconocer mi renuencia al espectáculo de la fe, a veces rayano en lo obsceno, más allá de las meras tradiciones y de experiencias estéticas y culturales que admiro, por otra parte. Vivo la fe asumiendo contradicciones, en lucha conmigo mismo, agónicamente. Rechazo la púrpura y el poder en cuestiones de creencia, aunque no soy exactamente anticlerical. Me hallo cerca de algunos de los teólogos que han firmado un manifiesto que ha sido publicitado estos días, Ante la crisis eclesial (http://www.atrio.org/?p=1701) y del Manifiesto a propósito del aborto, redactado por la Iglesia de Base de Madrid (http://www.redescristianas.net/2009/04/07/a-proposito-del-abortoiglesia-de-base-de-madrid/). Hay otros cristianos, otros cristianismos, que deben hablar y ser escuchados.

  17. jserna

    No sabe cuánto aprecio su comentario, sr. Millón. Nunca quiero ser irrespetuoso con las personas creyentes (aunque pueda hacer broma o ironía), pero tampoco deseo que me impongan confesiones que no comparto y si eso implica invasión constante y cíclica del espacio público, entonces la sensación de asfixia es total. Como en las Fallas, lo siento. Como con el fútbol, que padezco en silencio. ¿Que no son comparables? La manifestación pública y multitudinaria de las creencias puede ser simpática, pero mi increencia no me permite más.

    Por cierto, un amigo me ha escrito para decirme que repito mucho la palabra postre y postrero en el artículo. Pues sí: es deliberado. Estamos en los postres de la Pascua…, en la postrera fase de la pasión. Por fin.

    Gracias otra vez, sr. Millón.

  18. Felix The Cat

    Este lugar parece un confesionario de ¡ateos! apóstatas. (Pero me conmueve la fe en la burocracia, ese último refugio de la dialéctica)

  19. David P.Montesinos

    No veo la contradicción a que se refiere Pumby. La izquierda es adicta a la revisión crítica de sus propias creencias y de sus empresas históricas. Y no lo es por defecto o manía, lo es por esencia, la izquierda se autointerroga continuamente porque en eso consiste justamente la Razón tal y como la definieron los ilustrados hace más de dos siglos. Entiendo la desazón: si desmitifico los excesos de la República, si dejo en evidencia a sus llorosos hagiógrafos ¿no estaré dando una satisfacción a quienes siguen afirmando jocosos que el franquismo fue lo que nos merecíamos? De acuerdo, pero elige a tus interlocutores. ¿Te diriges a quienes leen a Pío Moa o, por ejemplo a mí o a Marisa Bou, que soñamos con la Tercera República? Con los primeros no pierdas el tiempo, no van a escucharte. Yo sigo creyendo que aquella experiencia abortada no fracasó por sus indudables errores sino por la barbarie de sus poderosos enemigos, algunos de esos latifundistas y demás poderes fácticos a los que se refiere Josep Pla. La II República es lo más hermoso que ha ocurrido en España en siglos. Una vez un partidario acérrimo dels països catalans me dijo despectivamente si yo celebraba el 92… “No, amic meu, jo celebre el catorze d´abril”. Para mí, es como conmemorar el asesinato de un hombre justo -justo, pese a todo- a manos de los bárbaros. Me posiciono sin ambages y, a partir de ahí, escucho. Hablemos de “la parte obscura”, como tú la llamas, hagamos autocrítica. Que la República se autocuestione después de muerta, algo que sus enemigos jamás harían.

    Coincido en la felicitación a Justo Serna por el artículo, el más cargado de mordacidad de los que le recuerdo en El País, dentro de esa resistencia a desatarse y volverse desafiante que caracteriza a su autor excepto en los momentos contadísimos en que se encoleriza (envidio su temple, dicho sea de paso, le hace fuerte, creo). Mi experiencia de la Semana Santa se asocia al pequeño pueblo donde trabajé durante una década. Allí se vivía durante los dos meses anteriores… Se dejaban sentir los tambores con fuerza más atronadora a medida que se acercaba el momento pasional. A mí me hace pensar en Buñuel y en Andalucía. En Granada viví el año pasado la procesión de los gitanos en el Albaycín. Cuando intentaban darle la vuelta a la enorme imagen por la cuesta de San Gregorio se detuvieron los cofrades y estalló una saeta de garganta gitana…No sé, a mí me pareció muy chulo.

    Una maldad: el domingo por la mañana me acerqué a la Semana Santa Marinera de Valencia. Como se celebra la Resurreción no hay penitencia, los desfilantes de los días anteriores caminan ufanos y relajados con el capirote en la mano. No hay noche,ni retumbar de tambores, ni dolor, ni máscara de la vergüenza y el dolor… Y de repente, me fijo bien y, vaya, si es Carmen Alborch. Bueno, hay que reconocer que la dama tiene su gracia. Besos cuaremasles.

  20. Miguel Veyrat

    Una vez más debo disentir cordialmente de mi querido Serna, pues de igual modo que condené no hace mucho la voluntaria confusión eclesiástica entre ética y religión, creo que no se debe tomar el telúrico y ancestral sentimiento de lo sagrado por su mezquina utilización político social de chamanes de toda laya, que lo convierten en normativa y práctica religiosa.

    En el caso que nos ocupa, consecuencia natural del comportamiento humano en el período revolucionario de la primavera, la invasión colectiva de espacios públicos es mayoritario y consensuado, amen de alegre pese a su apriencia grave, y también a pesar de posibles disidentes que de mejor o peor grado, se apartan o la combaten con sus medios (sea con la pluma, el sarcasmo o la ausencia, a veces como en el caso de la ya famosa “madrugá” de espanto, con la provocación violenta y cobarde), se trate de ritos sagrados, deportivos o festivos como las citadas fallas o partidos de fútbol que podrían considerarse invasivos de una sólo aparentemente contradictoria “intimidad” ciudadana, si no mediase, como he dicho un consenso explícito e implícito de los ciudadanos para que sus espacios públicos sean ocupados por tal desbordamiento emocional.

    La participación voluntaria en las mencionadas manifestaciones de ciudadanos de todo tipo, laya, condición, mentalidad e ideología, debería llevarnos a actitudes más consonantes con la tolerancia que con el desprecio, desconfiando siempre de este último cuando se manifieste desde actitudes minoritarias y reduccionistas. Todo esto dicho, como poeta, con el mayor respeto por las minorías, sobre todo por las “inmensas minorías” que acuden al abrevadero espiritual de la poesía para aliviarse del malestar de la creciente vulgarización de la vida social.

    Aparte de que, a aveces se pasa bien. Como pienso que lo pasó la ex ministra Alborch en la S. S. marinera de El Grao valenciano, o los costaleros de izquierda unida o de cualquiera de ellas, anarquistas, ateos, simples descreídos, inocentes, locos o tontos de remate, amén de fundamentalistas cristianos o fascistas, en su papel de portadores de la madre tierra hecha figuras de madera o barro, iluminadas por esperma de panal de abejas ardido en las noche de la Sevilla donde vivieron sus andanzas los perros Cipión y Berganza que nos acompañan estos días con sus cínicas impudicias o sentenciosas verdades. En Valladolid o Zamora, Salamanca o Avila, Valencia o Esparraguera…

    No puedo estar más acuerdo con usted, apreciado profesor P. Montesinos, en cuanto a los sentimientos republicanos y demás aportaciones suyas, incluso la última, aunque ¿le pareció de verdad sólo “muy chulo” ver cómo se arrancaba una saeta de dentro de la garganta, donde la tenía clavada, aquel gitano granadino, o se le agarrotó a usted también la suya por un segundo?

  21. jserna

    Agradezco a Miguel Veyrat su comprensión: que haya disentimiento es la prueba de que aquí no repartimos masajes; aquí discutimos cordialmente. Y agradezco a David P. Montesinos sus palabras cariñosas sobre mi artcíulo y, sin duda, pelín exageradas. Yo también creo que lo pasional es expresivamente “chulo”. No me pidan más… Seré banal, pero no me da para más. No me emociono ante una saeta. Perdonen mi increencia vulgar o mi falta de sensibilidad.

    Creo que todos coincidimos en que lo profundo, lo inefable (¿tarea del poeta?) son dimensiones quizá semejantes a lo religioso, a lo devoto o al propio éxtasis místico. Ya tratamos aquí las palabras de Heidegger sobre ‘Arte y poesía’, precisamente a propósito de la oscuridad que hay o no en la escritura de Miguel Veyrat, de Juan Planas, de José Carlos Llop y de Juan Antonio Millón.

    Ahora me permitirán que me retire por unas horas. Voy a airearme.

    Toy asfixiao

  22. Miguel Veyrat

    Niego la mayor, la poesía no es ni pretende ser semejante o equivalente, o aproximada a un hecho religioso, sino llanamente laico y terriblemente real. Simplemente, su tarea es crear otra dimensión de lo real con los materiales con que otros fabrican mitos sociales, políticos o religiosos. O como usted y otros, sarcasmos ante lo emocional comparando su escritura a lo inefable, lo devoto o el éxtasis místico. Lo emocional no es equivalente a lo religioso, querido amigo. Eso es jugar con cartas marcadas. El poeta, como el alquimista, convierte en luz lo oscuro, exactamente lo contrario que la lectura de Heideger le procura a usted. Que se alivie de la asfixia. Por mi parte, procuraré que no le afecte de nuevo. Es la segunda vez, y definitiva, que le digo adiós; le recuerdo que regresé a petición suya.

  23. David P.Montesinos

    Bueno, lo de que me pareció “chulo” es una licencia macarra que me permito porque en esta tertulia la seriedad se adereza normalmente de cierta informalidad. Sí, querido Miguel, a mí también se me hizo el nudo en la garganta. Me pasa a veces con el cante flamenco, por más que no soy nada entendido en estos temas. Verán, yo no he sentido la fe ni un solo instante en toda mi vida. Puedo estar resentido contra la iglesia o contra el sumsum corda por razones políticas, pero ese “dolor de estómago llamado Dios que de vez en cuando regresa” -Cioran dixit- yo, la verdad, no lo he tenido nunca. Quizá por eso en este tipo de rituales tan asociados al mundo católico me resulta tan fácil quitarme de encima el prejuicio de que a quien se canta es a Dios. (¿Y qué es ese “Dios” del que tanto hablan? ¿Cómo se atreven a definirlo como si tuvieran la medida de en qué consiste esa cosa que a mí me parece tan rara, tan impensable, tan inabordable?) Yo lo que veo en todo ese culto a las imágenes y las máscaras es mucho carnaval, pero en un sentido sobre el que no ironizo, porque tiene más que ver con todo aquello de las fiestas antiguas de que hablan Bajtin y otros que con la simple hipocresía de cuatro meapilas. Decía Baudrillard que prefería al iconólatra que al iconoclasta, pues el primero, en el fondo, sabía que sin imágenes no había dioses, que estos en realidad no eran sino sus propias representaciones, pues todo lo que quedaba fuera de esos límites de lo percibible y lo expresable se volvía impensable. El “capucho” ama la imagen, el teatro, la escena, el ritmo pausado de quienes caminan marcialmente al ritmo del tambor para ser mirados y producir un cierto temor. Hay algo muy pagano en ese culto a un fetiche de la cofradía que, al final, no representa al Hijo de Dios de los Evangelios universales ni a la Virgen, sino a la propia cofradía, a los que la fundaron y ya murieron, a lo que significa un barrio al que uno se siente vinculado por razones que van más allá de la razón… el fetiche solo se representa en realidad a sí mismo, si entendemos que ese “sí mismo” no es otra cosa que la aventura misma de vivir.

    No creo en Dios ni en lo sobrenatural porque -como dijo Joseph Conrad- la vida me parece ya de por sí suficiente sortilegio. Hay algo misterioso e indefinible en la saeta y en las miradas de amor a la Virgen. No es a Dios a quien yo veo en la Pietà de Miguel Angel, es al hombre -o al superhombre, diría Nietzsche-, en las cimas de su poder para expresar su emoción, su dolor, su amor y su angustia.

    Eso es lo que me pareció muy chulo del canto del Albaycín. Y por favor, no me confundan con las tontadas del New Age, que no voy por ahí.

  24. Alejandro Lillo

    Don Miguel, creo que se confunde. Leyendo al señor Serna entiendo que la asfixia a la que se refiere nada tiene que ver con la poesía ni con lo dicho por él en el párrafo anterior. Y mucho menos con su poesía, don Miguel, que ya sabe cuánto nos agrada, así como su presencia en este blog. Me consta que don Justo lleva muchas horas frente al ordenador atendiendo distintos asuntos urgentes e importantes. Le aseguro que su asfixia nada tiene que ver con usted ni con ningún asunto relacionado con este blog. Saludos.

  25. David P.Montesinos

    Según envío mi post aparece el de Miguel y se me quitan las ganas de broma. O soy muy tonto y algo se me escapa en la intervención de Justo, o se la ha tomado usted desproporcionadamente a malas. No creo que diga sentirse “asfixiao” aludiendo a usted ni me parece que hubiera una consideración despectiva hacia su poesía. En cualquier caso, si se harta usted del señor Serna, siempre debe pensar que somos muchos los que leemos el blog y leemos, con especial atención, las intervenciones que usted realiza, de manera que sus discrepancias con él no tendrían porque desencadenar de nuevo su desaparición. (Yo a usted dándole lecciones y diciéndole lo que tiene que hacer, tiene narices… no se le ocurra consentírmelo)

  26. Isabel Zarzuela

    Sr. Veyrat, no se me enfade, que aquí todos admiramos su obra (eso lo sabe vd de sobra), y especialmente Don Justo Serna. Que por cierto, está “asfixiao” porque está trabajando mucho, está sometido a plazos y eso, créame, asfixia a cualquiera.

  27. Juan Antonio Millón

    Sr. Veyrat aunque aún no he podido departir con usted alguna palabra cruzada en este blog, quiero que sepa que le tengo en alta estima, como así le muestran los demás contertulios de este blog. Conozco su poesía desde hace tiempo y la admiro. No sé muy bien qué ha podido ocurrir y, a no ser que haya algo bajo la línea de flotación, no alcanzo a ver en las palabras de Justo algún desaire. Son pareceres distintos y su puntualización de lo poético creo que también la compartirá el Sr. Serna. A veces, y ante un estado de cansancio como el que muestra el Sr. Serna, se teclea sin matizaciones y es posible que eso lleve a engaño. No sé. Yo también voto por su presencia, en espera de compartir con usted este espacio de connivencias, recordando ahora algunos versos suyos que tengo delante de mí y quisiera compartir:

    Di lo que el fuego
    No se atreve a decir
    Que mi carne es la vela
    que violenta hasta el viento
    Que hora es de ser tú la torre
    Cazador de ti mismo
    Llaga violenta frontera perdida
    Y mudo volcán.

    Desde el abismo que avanza
    Llega la humedad primera.

  28. Pumby de Villa Rabitos

    En ocasiones se nos suelen entreverar temas. En este “blog” la IIª República fue nimbada por las procesiones cristianas. Extraña mezcla. Yo, con aspirina o sin ella, aún alentado por las palabras de David y las esperanzas (compartidas) con otros contertulios de una Tercera (“a la tercera va la vencida”, me sumo al acervo popular que nos recuerda Ramón), sigo sin salir de mi perplejidad con la Segunda. Me temo, que aún la llevamos en andas, como en procesión, cuando lo que deberíamos hacer es dejarla en tierra y mirarla de frente. Lo sabemos. Hipotetizamos con ello. Pero, en la práctica, no lo hacemos. Se siguen silenciando barbaridades como Casas Viejas o justificando las atrocidades cometidas contra republicanos revolucionarios y anarquistas por las fuerzas republicanas burguesas y estalinistas (¡otra abracadabrante alianza!). No se trata de satisfacer el revisionismo histórico de los revanchistas de la carcunda, claro, se trata, como dije en su momento, de que hechos, personas, organizaciones e intereses socioeconómicos de aquel periodo se muestren como fueron. Y no lo hacen. Sin que eso pase, no entenderemos lo que ocurrió, seguiremos con la República en andas, tan venerada como lastrada para ensayar una nueva.

    Mi habitual coincidencia con Juan Antonio patina con el asunto cristiano. Coincido, indudablemente, y te aplaudo tu actitud de posicionarte dentro de ese “otro” cristianismo. Porque, sí, cristianos hay muchos y es encomiable encontrar entre ellos actitudes autocríticas y liberadoras. Lo que (me) pasa, es que todos los cristianismos son igual de abrahámico-mosaicos, hasta los heréticos; todos son mesiánicos, de lo contrario no creerían que aquel carpintero fuera el mesías de los judíos; y, todos provienen de la misma tradición, obviamente. En consecuencia, todos parten de las mismas fábulas míticas e indocumentadas; todos son igual de cismáticos del judaísmo; y todos están impregnados por las mismas manchas de sangre y ceniza de las vidas que segaron y las bibliotecas que quemaron. Todos. Llegados a este punto, ¡qué le vamos a hacer!, me creo muy poco las lágrimas de cocodrilo y el propósito de la enmienda que arguyen los que no comulgan con los desatinos vaticanos. Desde el siglo IV al XXI creo que ya ha habido tiempo suficiente como para demostrar “urbi et orbi” que una cosa es lo que dicen, otra lo que escriben y otra lo que hacen. Una cosa cuando disponen del poder y otra cuando quedan fuera de él. Demasiado tiempo de mentiras y violencia como para creer ahora a “Pedro” que viene el lobo.

    Lo de los sentimientos irracionales que afloran ante hechos culturales de la tradición es algo, también indudable. Lo admitía Juan Antonio y lo comentaban David y Miguel con sus propias experiencias. Lo afirmo desde mi experiencia. He de declarar que yo también he tenido ese tipo de vivencia. La primera vez que escuché la llamada a la primera oración del día, con un cielo violáceo, con la Luna aún en el cielo y el Sol pugnando por salir entre un mar de tejados tunecinos, la espalda se me erizó, la emoción me embargó y, casi, casi, caí de rodillas, con la cerviz gacha y los brazos abiertos, implorantes, para suplicar a Alá que me acogiese entre la grey de los verdaderos creyentes. Luego, alguien enchufó la radio, comenzaron a dar las primeras noticias del día y el encanto se evaporó. Volví a la vida real. Sin dios y con amo.

    Apunta Serna una idea a la que me sumo: eso del uso sesgado de la vía pública para usos privados. Me sumo y radicalizo. Deberíamos recaer en si la ciudad es el espacio de los ciudadanos o puede mediatizarse por los intereses privados de parte de la sociedad. Se citaban las procesiones cristianas, el fútbol y las fallas (como cualquier otra fiesta de semejante corte). Se dejaban de lado las ostentaciones militares, a todas luces innecesaria (¿se imagina alguien un desfile de fontaneros, cajeros de supermercado o taxidermistas?); la prioridad del vehículo privado sobre el peatón (incluso sobre el vehículo público) y la algarada intempestiva de reivindicación anecdótica (o criminal). Habría que ponerlas en lista. Incluso incrementar el listado. ¿Un uso consensuado de la calle? En ningún caso. Y los resultados así lo indican. Caso: la consulta sobre los festejos taurinos en la calle (“bous al carrer”) que se hizo en un pueblito de L’Horta que ahora no recuerdo el nombre. El “sentido común” que se argumentó, la “tradición” que se invocó, no valieron de nada cuando los vecinos votaron en secreto. Se acabaron los toros. Estaban hartos de los inconvenientes y no alcanzaban a percibir las ventajas. No había consenso, había imposición de las asociaciones festeras que actúan como agentes de opinión para los políticos municipales y de los propietarios de bares (otro centro generador de opinión). La ciudad para el ciudadano y respeto entre todos los ciudadanos; luego veremos qué consensuamos.

    Sí, Félix, sí, ateos. Bueno, con algún cristiano dialogante añadido. Lo que no puede ser es eso de apóstata. Por más que uno trata de serlo, los católicos romanos no te dejan salirte: como la secta que son, claro.

    Querido Miguel… me perdí… no entiendo la despedida. Se quejaba Juan Moreno y Fuca en el pasado “post” de la tendencia al consenso entre los contertulios. Yo disentí de ellos. A mi me puede emocionar una saeta, contradiciendo abiertamente a Serna, o repatearme el cristianismo, confrontándome totalmente con Juan Antonio, pero no por eso dejamos de contrastar pareceres. Si el verbo ya lo dice: contrastar. No creo que encontremos entre los habituales del “blog” quien se postule como portador de Verdad Absoluta. Cada cual tiene la suya, acertada o no. Y la expone y contrapone; se asiente o disiente. Y de esos intercambios, a veces con chanza, otros con erudición, siempre con interés, aprendemos todos. No hay insultos, no hay desprecios. Luego… ¿la despedida?…

  29. Isabel Zarzuela

    Todo podría ser de nuevo claro
    como canto que se tensa
    y dispara y vibra nuevo
    si la luz fuese un hilo sólo – sin fin
    y sin origen, de mañanas sucesivas…

    -¡Consigue, Maestro cantor,
    que nadie pueda
    describir en versos
    una lágrima o un latido!

  30. Cipión de Villa Mahudes

    Guau, grrrr…mmm….aúuuuuuuuuuuuu, grrrrrrmguau. ¡Cuidado, que escucho sus pasos! Se lo diré, descuiden, se va a emocionar con esa auténtica Antología que están armando… Además, él tiene sus prontos, yo soy un viejo sabueso también y lo sé… cascarrabias que es uno.

  31. Juan Antonio Millón

    Pero, ¡quién es Cipión de Villa Mahudes, por Dios? Por qué me llamó “amo” cuando soy sólo “servus cordis”. Y ya que gusta de antologías, vaya como prenda este vuelo veyratiano de alcotán:

    POESÍA, metáfora
    del silencio
    que canta
    cuando Dios calla:

    Canta rompe
    acantilados
    de bruma. Ah
    renace rezando

    Mi propia voz.
    Ocúpame
    con tus palabras
    ¡Por Dios canta!

    O sólo habrá
    sonidos puros
    sin sed
    ni saga ni sentido.

  32. Marisa Bou

    Me he despistado un poco y, para mi sorpresaa, les encuentro a todos convertidos en poetas. ¡Bien! Eso me gusta. Y más si tiene la intención de convencer a nuestro querido poeta para que no nos vuelva a dejar. ¡Miguel, no hubo mala intención en las palabras de Justo! Y le necesitamos, como muy bien explica Pumby, para contrastar (que viene de trasto) pareceres. Ya ve usted que, aquí, hay gran variedad de opiniones y -sobre todo- respeto por las del prójimo.

    Además, si todos coincidiéramos ¡qué horror! esto sería aburridísimo.

    Por ejemplo: yo soy visceralmente anticlerical, por razones que no vienen al caso. Odio las fiestas invasivas, no me gusta “festejar” por obligación. No soporto el fútbol. En cambio, acepto la religiosidad de los demás cuando es sincera y no avasalla. Algunas fiestas me gustan, siempre con moderación. Incluso recuerdo haber visto (de niña, tanto tiempo atrás) las procesiones de la Semana Santa Marinera con arrobo, no por lo religioso, sino por lo estético del espectáculo de masas, estilo superproducción de Hollywood. Me gusta el baloncesto, las carreras -de formula 1 y de moto GP- y el tenis…

    Y, sobre todo, me gusta su poesía, señor Veyrat. Sabe usted que tengo una que es mi preferida. Y ya que los demás nos han obsequiado con rimas, yo también la traigo a colación:

    ¡Sólo
    por navegar
    zarpamos
    ignorando las estrellas!

    Pues aquí
    jamas sabremos
    en dónde está el orto
    ni en dónde
    el ocaso…

    Siempre buscarás
    el instante
    en que te creíste
    vivo todavía:

    Guarida
    de larvas donde
    el único tiempo
    posible
    ha sido “ahora”…

    P.S. Las pasadas Navidades asistí a una cena, en la que cada uno tenía que presentar una breve actuación. Pues bien, yo recité este poema y tuve aplausos a rabiar. ¡Para que vea, don Miguel, lo que por aquí se le quiere!

  33. Cipión de Villa Mahudes

    ¡Guau! Hablé con él un minuto, pues anda por no sé qué pradera recogiendo hierbecillas para no sé qué cocimiento extraño que le ha pedido alguien que conoce en la Plaza del Pan, donde anduvieron Rinconete y Cortadillo en tiempos del otro don Miguel, y donde yo me gano algún tierno mendrugo todavía. Está contento y piensa que quizás se ha precipitado, también don Justo, que todos deberíamos, sobre todo él, no ser tan impulsivos, no juzgar severamente a los demás y que esta discusión ya la tuvimos el pasado año con argumentos exactos aunque formulados con talante más distendido. Agradece todo su afecto, le conmueve que lo hayan leído tan atentamente y le parece increíble, saluda a los nuevos cofrades como el entrañable señor Millón que cree en el encuentro entre culturas, en fin… más en un minuto imposible. Pumby, no sea duro con él que luego la paga conmigo: no hay Verdad Absoluta, ni siquiera verdad que valga, dice que diga. Parece que va a nombrarme portavoz…

  34. jserna

    Vamos a ver. Si mi intervención ha provocado un malentendido, pues lo siento. Estoy asfixiao de trabajo: incorporando unas correcciones a un original que debo entregar mañana, ya sin demora. Son unas correcciones que unos amigos muy amigos (algunos habituales de este blog) me han hecho el inmenso favor de indicarme a partir de su lectura. También las que yo mismo estoy viendo. Nunca les agradeceré suficientemente el detallazo que están teniendo conmigo. Pero, bueno, nada tiene que ver con el blog.

    No quiero discutir. No me apetece discutir. No quiero polemizar. Si molestan mis juicios sobre la poesía, si estoy tremendamente equivocado, si el arrobo y lo inefable nada tienen que ver con la poesía, si mi lectura de Heidegger (‘Arte y poesía’) es totalmente equivocada, pues bien: qué le vamos a hacer. Quien me conozca sabe que no suelo tocarle las narices a nadie. No me gusta incordiar. Tampoco me gusta sentar cátedra: simplemente soy un lector. Leo y me compongo con esos retales. Nada más. Nada menos.

    Ustedes comprenderán que me exprese con mala hostia.

  35. Pumby de Villa Rabitos

    Me daría por gritar “ténganse ya vuesas mercedes y serénense” pero vamos, en mi boca, más que a añejo, os sonaría a rancio que yo no tengo el gracejo del can Cipión. Esto se parece cada vez más al Retablo de las Maravillas, entremés o farsa de enredo, embustes y verdades confundidas, tan enrevesadas entre si que, bueno, son eso, una maravilla: damas, fulleros, poetas, lectores, contertulios parcos y otros parlanchines, embozos y caretas, monstruos y diletantes, perros cervantinos y hasta un gato de historieta… ¡qué cuadro, compañeros!… parece el apunte para una nueva versión ¿del Jardín de las Delicias?… Por cierto, Alejandro, ¿no tenías una aspirina para mí?…

  36. Alejandro Lillo

    Tengo una caja entera, una caja entera Pumby. La verdad es que con el feliz regreso de don Miguel nos hemos reunido aquí una buena fauna. Ahora solo falta la flora… y que no nos crezcan los enanos. Ja, ja, ja.

  37. Cipión de Villa Mahudes

    Pues si sigue usted de mala hostia, aparte de una vulgaridad malsonante, no creo que arregle nada, pues autoriza a los otros a hacer lo mesmo. Item más, no se puede ser maestro en todo porque se acaba siendo aprendiz de todo y maestro en nada; y a más, lector que sienta cátedra: Téngase pues, señor amo, como dice el prudente felino, que tiene él más gracejo de lo que se barrunta. À chacun son metier, como decía el caniche de una condesita a cuyo patio salía acudir en busca de sustento, o acabará diciendo que el buen bardo Shakespeare está sobrevalorado, y desde ahí al foso…
    Bienvenida sería la flora, amo Alejandro, aunque no estaría de más un loro. ¿O lo tenemos?
    Mordisquillos, Pumby, grrr. Me recuerda a un cachorro de gato, tártaro anaranjado, con el que me crié.

  38. David P.Montesinos

    Justo me recuerda a mí en ciertas tardes surrealistas con mis queridos niños de 1º de la ESO, ármese de paciencia, querido. Sólo un pequeño apunte, Pumby. Mientras le leo recuerdo largas noches en el garito de los veteranos de la CNT, que insistían una y otra vez en cómo se había malversado la labor de los anarcosindicalistas en la guerra y, en general, en el movimiento obrero. Y recuerdo también “Tierra y libertad”, de Ken Loach. Hay una izquierda muy vinculada al padrecito Stalin que hizo muchísimo daño, aunque creo que esto es materia de otro post. Cuando llegue les cuento cómo un admirable pensador como Cornelius Castoriadis se llevó improperios y amenazas de todo tipo de la intelligentsia francesa cuando, al regresar del Telón de Acero, se le ocurrió decir que Stalin era un criminal y que la Unión Soviética no tenía nada que ver con la praxis inspirada en los textos de Marx y los demás fundadores de la revolución proletaria. “Revisionista” fue lo más blando que le dijeron, aunque les aseguro que entonces era un insulto.

  39. jserna

    Uno. Cipión, gracias por su lección de urbanidad. Hay veces en que uno necesita un severo correctivo, dada la vulgaridad mal reprimida. ¿Quizá una educación insuficiente? No me castigue. Yo mismo me impongo penitencia. Penitencia (ya que estamos en fechas tan señaladas).

    No diré vulgaridades malsonantes

    No diré vulgaridades malsonantes

    No diré vulgaridades malsonantes

    No diré vulgaridades malsonantes

    Ejem… Continuará…

    Dos. Otra cosa. Volviendo al Cirio pascual al que aludía en mi artículo, leo en Alfa y Omega (ya saben: el semanario católico de informaicón que se reparte los jueves con Abc una breve nota editorial que empieza del siguiente modo:

    “Así, como una luz que se pasa de una vela a otra, hemos vivido, un año más, la Vigilia Pascual. Porque la fe que no se da, se pierde, y es que el paso de Dios por la vida de los demás no puede menos que alimentar nuestra propia fe. Al final, todo viene de Cristo, de Quien es imagen el cirio pascual que ilumina la Noche Santa en todos los rincones del mundo”.

    http://www.alfayomega.es/Revista/2009/637/01_enportada1.html

    ¿De poesía hablamos? ¿De Heidegger? No. Ustedes perdonarán: hablamos de metáforas gastadas.

  40. Cipión de Villa Mahudes

    Gracias, David, sé que el consejo no iba para mi mentor, aunque le agradece que le compare a un alumno de primero de ESO, los viejos se vuelven a veces como niños, pero él se ha tomado en cualquier caso una aspirina y se niega a volver a aclarar la diferencia entre lo sagrado y lo religioso, amen de la torticera confusión entre poesía y blandura mística o mistificante (los auténticos místicos, creyentes o ateos, nada tienen de melifluos, sino todo lo contrario). La diferencia entre la disposición espiritual entre un chupacirios y un costalero es abismal. A menos que a “mala hostia” se confunda también lo espiritual con lo religioso. Sí, me parece que alguien tiene desgastadas, no las metáforas sino las entendederas. Y hecho un sucio enredo entre el culo y las témporas. Dizque —mi mentor humano— por él, la cosa se acaba aquí ya que “lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible”, dicho en paremia de un ilustre matador de toros. ¿El qué es imposible para las personas honestas? La confusión entre cultura e impostura.

  41. jserna

    David, no sé si puedo cometer la incorreción de dirigirme a usted para pedirle un recado. Ya que le toman de intermediario dígale al sr. Cipión que le diga a su mentor que no hay nadie que deba darnos lecciones. Aquí no confundimos la poesía con la blandura mística o mistificante. Dígale también que no hace falta que nos aclare la diferencia entre lo sagrado y lo religioso.

    Si incurrimos en esa confusión, que nos explique en qué términos hay que cambiar esta reseña:

    http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=2737

    O si es mejor retirarla, no sea que esta glosa ofenda: la escribió alguien que, entonces como ahora, es lector y tiene mala hostia; es humano, que no un personaje de ficción.

    “Alguien tiene desgastadas, no las metáforas sino las entendederas. Y hecho un sucio enredo entre el culo y las témporas”. Vaya.

  42. David P.Montesinos

    Mi crónico despiste me hace que se habla aquí en claves que desconozco. No sé quien es el señor Cipión ni quien es su mentor, de manera que -a no ser que alguien me aclare de qué va esto- disipo yo dudas respecto a lo que he dicho antes. Hay ocasiones en que intento dar una clase y los alumnos se me rebotan “en cadena”. Reacciono, intento ser comprensivo y no me funciona… si intento poner orden o me meto con alguien va y resulta que ofendo al de al lado, con el que nada iba, o va y le digo a alguien que no haga el tonto y me dice que le he insultado y que a sus padres voy… y etc, etc… todo muy hermanos Marx. Este blog es sumamente respirable, pero a veces, cuando estallan los malentendidos y los sarcasmos presuntamente mordaces se parece un poco a mis clases surrealistas de los jueves por la tarde.

    Siento gran respeto por el Señor Veyrat. Por eso, si creo que se equivoca, se lo digo… Lo contrario es darle a alguien la razón como a los tontos.

  43. jserna

    Desde luego, sr. Montesinos, mejor será dejar esta pelotera, que amenaza con hacerse más críptica y más agria. Para el señor Veyrat confundo lo sagrado con lo religioso, la poesía con la blandura mística o mistificante, los chupacirios con los costaleros, la cultura con la impostura. ¿Sigo?

    Ya está.

  44. Cipión de Villa Mahudes

    El culo con las témporas. La opinión con la demagogia. La razón con la psicagogia. ¿Seguimos? No lo sé, está usted lleno de contradicciones, estimado señor, dice que abandona la tal pelotera que amenaza (¿quién?) con hacerse más críptica y agria. Y luego arremete contra mi mentor. Si no quiere que algo siga, lo deja y ya está, pero no, quiere tener razón, la razón, en todo y a costa de todo, incluso de su honestidad intelectual y de su equilibrio nervioso. Siga el sabio consejo del profesor Montesinos, diga en qué se equivoca quien se equivoque, y ya está. Pero intente demostrarlo.

    A propósito de honestidad intelectual, gracias a don David por recuperar la injustamente relegada figura del gran Cornelius Castoriadis, un ejemplo, por cierto muy dignamente editado por los servicios de la Universidad valenciana, lo que demuestra que si se quiere, se puede, al contrario de los horrores perpetrados en algunas publicaciones recientes. Será la crisis.

  45. Cipión de Villa Mahudes

    Se me olvidaba, intentar “cobrarse” un artículo elogioso, o “refregarlo” como argumento (por utilizar el lenguaje barriobajero que últimamente le agrada tanto, señor) es difícil de calificar solamente como deshonestidad intelectual. ¿Seguimos? ¿Ya está? ¿Qué se debe? Cuando quiera responder a algo, hágalo claramente, distinguido profesor, no desviando la cuestión.

  46. Alejandro Lillo

    No sabe, don Cipión, lo mal que me suena la palabra amo junto a mi nombre. Ese “amo” expresa, para mi, dominio y control, cosa que no deseo ejercer sobre nadie. Y menos sobre un can tan letrado como usted y, para que negarlo, con un poquito de mala leche. Usted –eso ya lo sabe- me parece una pluma privilegiada, un poeta impresionante. Sus versos, de una forma que no acierto a comprender, impactan en mi conciencia, en mi espíritu, con una intensidad nunca antes experimentada. Su poesía, el genio de su poesía, está unido a su personalidad. Estoy convencido de ello, aunque no le conozca personalmente. Tal vez me equivoco, pero creo que la una no puede ir sin la otra, y la otra no podría ser sin la una. Dicho esto, si no he entendido mal, el problema ha surgido cuando para intentar expresar el sentimiento de honda conmoción que produce la poesía –y la suya, como ya le he dicho lo provoca en grado sumo- se ha dicho que “quizá” sea algo comparado con el sentimiento que produce en los creyentes lo religioso o el éxtasis místico. “Quizá”. Yo no soy nada religioso, pero no me parece una mala comparación. Se puede estar más o menos de acuerdo, considerarla más o menos acertada, pero me parece un buen punto de partida, al menos para comenzar un debate, un intercambio de pareceres. No veo nadas más, no veo juicio severo, ni ataque personal, ni mala intención alguna. A partir de ahí la cosa sólo puede ir a peor, enredándolo todo más y más, llegando a tocar temas personales con el único objetivo de hacer daño. Tal vez no debiera meterme en este asunto, pero ha habido otras discusiones recientes en este blog que no me han gustado nada por su tono y, aunque sólo sea por solidaridad con el señor Montesinos, al que le ha pillado en medio la “balasera” :-), no me da la gana que ahora suceda lo mismo. Se lo dije al principio de la discusión, don Miguel, creo que se confunde. También creo que es usted quien tiene que hablar, no su emisario. Creo que el señor Serna, cuando habló de asfixia no se refería a usted ni a nada relacionado con el blog. Que usted lo entendió mal, y que cuando los demás se lo explicamos -que el señor Serna lleva muchos días con mucho trabajo y sometido a una gran presión y que a eso se refería con lo de la asfixia-, no ha querido zanjar el asunto. Y que cuando él le ha contestado no ha querido comprender sus circunstancias. Y que luego su reacción ha sido, a mi modo de ver, desproporcionada. Luego, es cierto que el señor Serna hace un comentario sobre una glosa que escribió sobre usted (glosa en la que a mi modo de ver muestra la admiración y el reconocimiento que siente por su obra) y que eso le puede ofender, pero después de todo él tiene derecho a defenderse, ¿no cree? Perdone si le molestan mis palabras. Pero me siento en la obligación de transmitírselas, aunque no me guste hacerlo. Sabe que le tengo en muy alta estima. Y que sea lo que Dios quiera.

  47. jserna

    Podría ser interesante volver a Pla y a ese viejo periodismo del que habla Pericay. Lo que significaba escribir. Dice Pericay: “El escritor era escritor al margen del periodismo: sus trabajos en prensa, aun cuando pudiera reunirlos un día en volumen, no constituían por lo general su sustento literario”.

    Este asunto hoy ha cambiado. Pero, claro, acabo de plantearlo y pienso: mejor dejamos esos hechos y esa interpretación para otra ocasión… A pesar de todo, Pla merece un tratamiento detenido. Volveremos, pues.

    Mañana sábado nuevo post con diferente tema.

  48. David P.Montesinos

    Me alegra mucho no ser el único lector de Castoriadis. A su lado, Habermas, por ejemplo, suele parecerme un pelmazo. Un apunte, interesantísimo artículo hoy en El País el del ex-alcalde de Valencia, Pérez Casado. Mis alumnos no habían nacido cuando llegó Rita al poder, pero hubo una Valencia en los ochenta que no pensaba en hacer el mejor estadio de Europa ni en demoler barrios y jardines… Quizá fracasó Pérez Casado -objeto de un injusto olvido a mi parecer- pero intuyo en él una filosofía de ciudad para la gente y para la participación ciudadana que nada tiene que ver con esta VLC de los especuladores en que la veo convertida. Hacen falta muchas más líneas sobre el tema de las ciudades y los ayuntamientos y su papel en la construcción de un Estado democrático que ha terminado postergando toda aquella ilusión de los ochenta de la que tan poco parece haber quedado. Lean el artículo, entenderán a qué me refiero.

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