Eurazos y detallazos

quinientos11Eurazos. En cierta ocasión  presencié una escena crematística y memorable: cierta persona blandía ostentosamente un billete de 500 euros. Me dejó muy impresionado. 

Era un día a la hora de la merienda en un Supermercado cercano a la Facultad en la que trabajo. Una abuelita adorable (¿y cuál no lo es?) se diponía a comprar un bollycao:  un tentempié para su nietecito, vaya. Eran casi las 17 horas, los chavales estaban a punto de salir de los colegios, y la anciana debía procurar algo de alimento a su querido muchacho. La recuerdo pasando por caja y desplegando un billete de los grandes. No llevaba más compra que ésa. La cajera, muy atenta y considerada, le preguntó si no tenía algo suelto o más pequeño. Eso le dijo. La anciana, airada, le respondió: “oiga, mire, esto es la merienda de mi nieto y tengo que llevársela. O sea que cóbrese”.

La empleada acudió inmediatamente a su superior, al jefe, para ver qué hacía: si aceptaba o rechazaba el billete. Se lo admitió. Al final, no sé si fue el espíritu fenicio del establecimiento o la cortesía de los dependientes, pero el caso es que tuvieron el detallazo de cobrarle como si tal cosa. No le dieron más vueltas. Mejor dicho, le dieron las vueltas: imaginen el sinfín de monedas y papeles. Quedé muy impresionado –ya digo– al comprobar que hay personas que llevan un billete de 500 eurazos en la cartera. ¡Y yo temiendo perder la calderilla suelta! 

Perdonen este lenguaje aumentativo, cacofónico, algo chusco, exhibicionista, de machotes: eurazos, detallazos. Si se fijan, antiguo o moderno es el lenguaje carpetovetónico del caballero don dinero. Punto y aparte.

Mudo estaba por mi dolencia faríngea pero más mudo me he quedado al leer en El País, que “Hacienda investigó al tesorero del PP por ingresar 330.000 euros en billetes de 500. Lo que me llama la atención no es la suma sino el manejo de billetes en efectivo. ¿Cuántos billetes de 500 euros han visto ustedes en su vida? Me refiero a eso: a verlos juntos o por separado. Creo haber tenido algunos en mis manos. Para operaciones menores. Pronto me he deshecho de ellos. ¿Por dispendio, por lujo o por ostentación? No, por miedo, por  pánico cerval a perder los billetitos. No me hago a la idea, claro. 

Extraviar ese papel moneda –un solo papel– es una desgracia. De ahí que me desprenda inmediatamente de la cantidad de la que pueda ser portador. ¿Ah, pero usted tiene ese dinero suelto?, me preguntará el lector. No es lo corriente, desde luego. Yo no soy como la abuelita del cuento. Cuando así ha ocurrido, cuando he tenido algunos billetes, era para hacer frente a algún pago contante y sonante (un coche o algo así): la entidad bancaria me había evitado tener que cargar con mucho papel o con una onerosa transferencia.

Pero yo nací y crecí en un mundo pobretón, en el mundo de las pesetas: en aquel tiempo remoto, los veinte duros aún eran de papel y un billete de mil era verde, gigantesco y duradero. Cuando en las películas oíamos “uno de los grandes”, esas sumas nos parecían calderilla fastuosa. Vivíamos siempre con el ay del billete extraviado.

Por esa razón, viniendo de ese mundo, comprenderán por qué me deja muy intranquilo tener un billete de 500 euros en las manos. No temo tanto que me lo roben, cuanto que se me vuele. Abro despreocupadamente la bolsa o el bolsillo y una ráfaga traicionera de viento dispersa todos los billetes que llevo encima. ¿Imaginan qué pesadilla? Al fin y al cabo, uno tiene una cierta experiencia cinematográfica y no puede dejar de recordar Atraco perfecto (The Killing, 1956), de Stanley Kubrick, un film en el que Sterling Hayden  perdía sus billetitos en el aeropuerto de Boston.

En fin, ya digo, mi manejo con papel de 500 euros ha sido ocasional, por no decir excepcional. Por eso aún recuerdo a la anciana del bollycao. Como recordaré siempre los 330 mil euros en billetes de 500 que el tesorero del partido popular hizo efectivos.  Estamos en la sociedad líquida, dice Zygmunt Bauman. Y tanto. Eso es liquidez  y lo demás son cuentos: los de la abuelita.

2. Detallazos. Hemeroteca.

Justo Serna, “Detallazos”, El País,  29 de abril de 2009

28 comments

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  1. Alejandro Lillo

    Mire señor Serna, a mí me pasa exactamente lo mismo que a usted. No sería capaz de llevar un billete de quinientos en la cartera, y eso que yo no “nací ni crecí en un mundo pobretón”, sino en el de la democracia y en el desarrollo que propició la entrada en la Unión Europea. Así que esa no debe ser la razón de su miedo, pues ya le digo, a mí me sucede lo mismo. Bastante sufro con un billete de cincuenta en el monedero como para cargar con uno de cien, de doscientos o de quinientos, vamos. Será la falta de costumbre, como no manejo… Lo que si le puedo decir es que hay gente que sí maneja, y que lo hace con una desenvoltura que me deja patidifuso, sin saber muy bien que pensar. Si es que no se dan cuenta, si es que quieren hacer ostentación… Más de una vez han intentado pagar algo de 15 o 20 eurillos con un billete de quinientos o de doscientos. Claro, lo he tenido que rechazar. No por nada, sino porque materialmente no tengo para devolverles. Algunos incluso se molestan. Sin embargo hay algunos casos curiosos. Gente que se echa mano al bolsillo y no es que saque un billete de cien o de doscientos, es que saca un fajo, pero un fajo eh, de billetes de cincuenta y sólo Plutón sabe qué más. Y no lo llevan ni en la cartera, sino en el bolsillo (claro, en la cartera no les cabría). Yo es que no podría. Menuda paranoia. ¿Se imagina que se confunde de bolsillo, se lo palpa vacío y cree que se le han perdido?

    El artículo de El País me parece muy bueno. Creo que da usted en el clavo. A ver si la gente se da cuenta de lo que significan realmente esos “regalos” y esas confianzas. Esos “te quiero un montón” etc. Ya va siendo hora de que los medios de comunicación, los periodistas, los columnistas y demás expertos comiencen a interpretar y a explicar a la ciudadanía lo que puede haber detrás de los trajes y todas esas operaciones oscuras. Porque como la gente no tome conciencia de lo que pasa esto se quedará en agua de borrajas. Tras los trajes se esconde la arbitrariedad de los poderes públicos valencianos y una forma de hacer política basada en el chantaje y el caciquismo. Cualquiera (periodistas, políticos, empresarios, funcionarios, trabajadores, sindicalistas) que esté en contacto con la Generalitat lo sabe. Cualquiera que esté en contacto con el Ayuntamiento lo sabe. Cualquiera que esté en el ámbito de la educación lo sabe. ¿A qué esperamos, pues? ¿Qué tiene que pasar para que esto se venga abajo?

  2. jserna

    Sr. Lillo, le contesto afónicamente. Me raspa la garganta pero le contesto. Le veo muy peleón. Dice: “¿Qué tiene que pasar para que esto se venga abajo?”

    ¿A qué se refiere? ¿Al tenderete, al chiringuito, al tinglado?

    Desde luego, lo que está pasando aquí es de manual. De manual de sociología menesterosa: con patronos y petronios, con clientes y con conseguidores.

    Más:
    Las preguntas de Fernando Garea.

  3. Alejandro Lillo

    Sí, sí, señor Serna, me refiero al tenderete, al chiringuito y al tinglado. A esta mamonada que tienen montada aquí, a esta desvergonzonería chapucera y caciquil de la que todo el mundo chupa. Digo que a ver cuando se viene abajo porque lo veo como una especie de castillo de naipes. Tengo la esperanza de que al quitar laa carta clave todo se derrumbe.

    Y haga el favor de no hablar tanto, leñe.

  4. Marisa Bou

    Alejandro, es que el señor Serna está mudo, pero no manco. Y no le ha temblado el pulso al tener el detallazo de escribir sobre el ídem.

    En cuanto a que el chiringuito se venga a bajo, qué quiere que le diga. Aunque nadie lo desea más que yo -a lo sumo, igual- no tengo excesiva confianza en que eso pase. Vean, si no, el chistecito que está circulando hoy por la red. Como no sé ponerlo aquí, se lo voy a mandar a Justo y él, si lo tiene a bien, lo pondrá como colofón del post de hoy.

  5. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Billetes de quinientos!… regalitos… detallazos… y esa entrañable declaración de cariño sincero y varonil “amiguito del alma”… Algo huele a podrido en València. No por la apariencia pues, ¿qué hay de malo en esos billetes de curso legal? ¿acaso no pueden hacerse regalos y detalles? ¿no pueden amarse dos hombres?, si no por la ocultación, el engaño, la perversión de los valores democráticos de claridad, juego limpio, franqueza.

    Con todo, si nos planteamos cuando caerá “esto”… la voz de la tradición ya nos indica que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Ni más ni menos. Los valencianos no se merecen más, los españoles, menos. Pero igual, lo leéis al revés y resulta lo mismo. Aquí hay corrupción para dar y regalar porque el ciudadano lo permite: él pone y remueve cargos. Luego que no se queje, tiene lo que quiere.

    ¿Camps hasta el 2050?… no lo querrá Zaplana. Otras instancias formales fallarán pero la de “Zaplaneitor” no lo creo. Llegará su hora, la de uno y la de otro. Y la de ambos estará vinculada.

  6. Arnau Gómez

    Mis queridos amig@s. Un cordial saludo.
    Después de este obligado cumplimiento, producto de mi esmerada educación aprendida a cachete puro y duro, les pido permiso para relatarles el siguiente acaecido.
    Estaba en una caja de un gran y céntrico almacén para pagar. Delante de mí un señor de pelo moreno y aceitoso, con traje a rayas blancas y negras. Los pies calzados con unos zapatos con la punta fina y de charol blanco.Una corbata roja, sobre una camisa negra. A su alrededor varios infantes y una mujer, gruesa y con el pelo recogido en un moño. La cajera le pregunta al señor: ¿Con tarjeta o con dinero?.El hombre le contesta desabridamente.”¡Con dinero!.¿Qué me ve cara de pobre?” Y saca del bolsillo un gran fajo de billetes de dos mil pesetas. Paga y su familia recoge los numerosos paquetes y se van todos cantando por bulerías.Sin comentarios.
    Desde entonces no me quedo con la boca abierta cuando veo a alguien sacar un mazo de billetes. Es lo normal,porque en este país hay gente rica,muy rica, que se permite hacerles regalos a sus amiguitos (antes era a sus amiguitas y quizá ahora también), regalos fastuosos, sin pestañear. Les recuerdo que en Valencia había lo que se busca ahora desesperadamente,liquidez, sobre todo en las zonas de naranjo. Los naranjeros cobraban en efectivo y y eso suponía un buen fajo de billetes, que luego exhibian en sitios como el City Bar o el Hollywood, ambos en la calle Ribera o en el Bataclan. También se hacía ostentación en el Royalty Bar, donde tocaban dos genios de la música: Pascual Camps y Abel Mus,pianista y violinista respectivamente. No sé si Camps era familia de nuestro Mucho Honorable. Abel Mus era nacido en Burriana y criado musicalmente en Paris.Si vivieran, les contarían como corrían de mano en mano los billetes, mientras tocaban a Chopin.Y si no, pregunten a los apostadores del trinquete de Pelayo, sobre todo a los viejos.Un val i trenta se podía pagar mil a ú. Cuenten y verán cuantos billetes se sacaba de la faja el perdedor.
    Gracias y hasta otra.

  7. David P.Montesinos

    “Pesetas”, cómo cambian los tiempos. Ya hace cuatro o cinco años, es decir, que no había pasando tanto desde la implantación del euro, que dije en clase que tal cosa había costado no sé cuántos millones de pesetas. Una alumna boliviana y su compañera argentina me hicieron ver que no entendían a qué me refería. “¿No sabéis contar en pesetas?” Pregunté… “No”, “es que no sabemos que significa pesetas”, contestaron.

    Mi abuela, por ejemplo, decía antes del cambio. “Ya veréis, cuando venga el neuro -digo bien-, seremos más ricos, pues cada uno vale mucho más que una peseta.”

    Anécdotas aparte, yo no sé si la gente entiende, hablando del tesorero del PP, que más allá de unos trajes de Armani, una boda fastuosa y algún evento para pijos, lo que hay aquí en juego es la limpieza del sistema. Si el cohecho -y no otra cosa es la corrupción- forma parte de la lógica cotidiana de gobiernos nacionales, autonómicos y consistoriales… si los procesos de selección solo simulan su legalidad pero están hechos para que se beneficien determinadas tramas corruptas, ¿por qué entonces somos tan ingenuos de creer que la democracia garantiza los derechos de la ciudadanía? Pero tranquilos, Canal Nou nos preserva de la verdad… y todos más tranquilos.

  8. Angel Duarte

    Don Justo y don Alejandro, el tinglado ya se ha ido al garete. Un respeto para con el difunto y sus deudos.

    Por lo que hace referencia al papelito de marras, pues yo sí, yo los he visto y los he llegado a tocar. Tienen la misma textura que los otros. Pero, valen más. De ahí su eficacia cuando de mover grandes cantidades, con cierta discreción, se trata.

    Aquí lo que único que se va a hundir es el optimismo por una temporada. Pero nada más.

    Efectivamente, cada pueblo tiene el gobierno que se merece: el valenciano, el andaluz, el catalán, el gallego y hasta, puestos a aplicar el refrán, el español.

    ¡Ay la sabiduría popular! Sirve para casi todo. Es decir, para casi nada.

    Cuídese la garganta don Justo.

  9. Marisa Bou

    Respecto a los billetes de 500€, debo decir -sin que se interprete como presunción de riqueza- que los he manejado. Como dice Justo, fué cuando tuve que pagar a los albañiles, proveedores, etc., cuando reformé mi piso. Y fué una gozada tenerlos conmigo un tiempo. Salvo porque ahora, que los he de devolver al banco que me los prestó, me tiene completamente esquilmado el sueldo la dichosa hipoteca.

    En cuanto a que tengamos el gobierno que nos merecemos, yo diría que eso es una simplificación que no nos lleva a ninguna parte. Me explico: si la inmensa mayoría no estamos de acuerdo con lo que tenemos, ¿porqué lo tenemos? ¿porque lo hemos elegido, tal vez? Yo no lo elegí, me lo impusieron los que pensaban distinto y fueron a votar y los que pensaban lo mismo, pero se quedaron tranquilamente en casa. Así que yo no creo merecerlo.

    Y tampoco me parece de recibo que digan que la democracia no garantiza realmente que no haya corrupción. Pienso que se puede evitar si todos, repito, todos los ciudadanos nos implicamos más en la política y hacemos oír nuestras voces de protesta ante el panorama que tenemos. Y mucho más los que están realmente preparados para gobernar, que -en lugar de intentarlo, para evitar que gobierne gente mediocre y corrupta, se limitan a criticar a los políticos desde el sofá de casa.

    Me viene ahora al pensamiento la actitud de los mormones en este sentido. Todos ellos, de todos los niveles sociales, dedican unos años de su vida a servir a la comunidad, bien sea predicando su religión, bien sea ocupando cargos políticos que les acerquen al ciudadano. De esta forma, todos se sienten útiles y nadie se “quema”. Yo no digo que la democracia deba considerarse una religión, pero creo que merecería la pena que todos nos esforzáramos un poquito más por ella. Porque, que yo sepa, no tenemos una forma mejor de gobierno, mientras que hay muchas formas peores. Digo yo.

  10. Juan Antonio Millón

    Sobre el tema de la corrupción recuerdo un interesante artículo de Enrique Gil-Calvo sobre las “democracias latinas”. En él partía de la distinción hecha por el politólogo argentino Guillermo O´Donell, entre dos tipos de democracias: democracias plenamente consolidadas y democracias delegativas. A las primeras pertenecerían las democracias noroccidentales, protestantes; y a las segundas, aquellas procedentes de regímenes autoritarios y que coinciden con paises del área cultural latina.

    Las primeras vendrían caracterizadas por “el universalismo (seguridad jurídica, respeto a los derechos e igualdad ante la ley), por la separación entre lo público y lo privado, y por la accountability, o exigencia civil de responsabilidades a los gobernantes”.

    Utilizando estudios de Diego Gambetta, Varela Ortega, Pérez Díaz y Massimo La Torre, establece las características de las “democracias latinas”: particularismo, ilegalidad, cinismo, impunidad, clientelismo, doble moral, populismo,
    corrupción, cesarismo, culto a la fortuna, teatralidad retórica, esteticismo formalista y escenografía pomposa.
    Estas características vendrían definidas históricamente por diversas instituciones, la primera de las cuales sería el “evergetismo” romano -estudiado por Paul Veyne- (“El evergeta es el magistrado que adquiere su autoridad pública como un donante magnánimo que regala al pueblo panem et circenses: subvenciones gratuitas que satisfacen los intereses materiales de los ciudadanos y juegos públicos que halagan el entusiasmo colectivo de los espectadores”. A esta primera institución se le sumarían, en el decurso histórico, la pompa barroca -con la alianza del altar y el trono-, el clientelismo y las organizaciones mafiosas.

    Ante todo esto, una exigencia en la aplicación estricta de la ley, es prioritaria, pero no suficiente. Es necesario un cambio en la cultura política, en la organización del sistema de los partidos políticos. Y, evidentemente, la acción ciudadana, que nos pide Marisa, y la disposición de mecanismos participativos que permitan regular las conductas lesivas de la democracia.

  11. Alejandro Lillo

    Juan Antonio, me parece muy interesante la distinción que plantea entre democracias consolidadas plenamente y democracias delegativas. Puede ser un buen punto de partida, un lugar desde el que comenzar a analizar el origen y la evolución de la democracia a lo largo de los últimos doscientos años –cosa que resultaría muy interesante e instructiva-, pero no creo que sirva para analizar la situación actual de las democracias occidentales.
    El tema -como tantos otros, ¿verdad?- es fascinante y muy complejo. Yo creo, sin embargo, que no se puede analizar el funcionamiento de los sistemas democráticos actuales –ni pasados-, si no se tiene en cuenta el sistema económico en el que se insertan. En este caso, el sistema de libre mercado, el liberalismo o neoliberalismo, como quiera llamarse. Porque claro, resulta que el neoliberalismo y la democracia no son socios naturales, nunca se han entendido bien y, de hecho, chocan en varios aspectos fundamentales. Uno de ellos (nada, pecata minuta) es que históricamente el liberalismo se manifiesta con la fórmula “un dólar, un voto”, mientras que en democracia hablamos de “una persona, un voto”. Democracia y (neo)liberalismo deben adaptarse, por tanto, el uno al otro, deben ajustar sus mecanismos para poder convivir, pero se encuentran en constante tensión, pues uno y otro defienden filosofías contrapuestas. Y ahora, la pregunta del euromillón: ¿alguien sabe cuál de las dos está ganando la batalla?

    ¿Cuál es la táctica elegida por el neoliberalismo para neutralizar la democracia? Hace cien o ciento cincuenta años podían atacarla –y de hecho lo hacían- abiertamente; pero en la actualidad no pueden denostar públicamente a la democracia. ¿Qué opción eligen, entonces? Desacreditar y desprestigiar la política en general. Se busca des-po-li-ti-zar a la ciudadanía. Aquí ya hemos analizado mucho esos variadísimos procesos de despolitización, así que ya saben que cuando hablo de política lo hago en su sentido amplio, el más amplio posible. Me refiero al interés de los ciudadanos de a pie en los asuntos públicos; a la disposición y el compromiso de periodistas y medios de comunicación para con la libertad, la veracidad en la información y la democracia; hablo de la actitud de los políticos profesionales, de las instituciones públicas y privadas, del sistema educativo, y de todo aquello que se les pueda ocurrir y que tenga que ver con la cosa pública.

    Neutralizar la política, ese es el objetivo del neoliberalismo y de los neoliberales: todos los políticos son iguales, protestar no sirve de nada, da igual lo que digamos, no nos van a hacer caso… Es cierto que la situación política y democrática no funciona como a nosotros nos gustaría, que hay mucho incompetente, mucho aprovechado, mucho interesado, mucho sinvergüenza, en definitiva. Es cierto. Hay cosas que apestan. Pero no nos queda otra. Hay que convencer al ciudadano de que vuelva a la política, que se implique de alguna manera en los asuntos públicos, que luche por hacer oír su voz frente a las enormes corporaciones y a las tremendas fuerzas del mercado. Eso es algo dificilísimo de lograr, los intereses de los seres humanos son variados, nadie quiere complicarse la vida, el mundo occidental nos empuja una y otra vez hacia la dirección contraria. Está claro. Es muy jodido nadar contracorriente, y es imposible hacerlo constantemente, pero cuando nuestras fuerzas nos lo permitan creo que hay que intentarlo. Vale que no es fácil, pero repito, no hay otra. Vale que está el FMI y la OMC que, por cierto, no se caracterizan por su funcionamiento democrático, pero si nos quedamos cruzados de brazos van a hacer un guiso con nosotros y se nos van a comer con patatas. Y tal vez nos den a elegir si queremos añadirle al guiso pimienta y sal o si sólo queremos un poco de perejil y pimentón, pero guisarnos, nos van a guisar de todas formas, eso no va a ser elección nuestra.

    Tal vez no consigamos nada, tal ver seamos unos estúpidos pretendiendo cambiar las cosas, tal vez este mundo no tenga solución y estemos luchando contra molinos de viento. Recuerdo que cuando salí a manifestarme contra la guerra de Irak, algunos amigos míos me dijeron que para qué iba, que Aznar iba a enviar las tropas de todos modos. Yo les contesté que lo sabía, pero que iba a acudir a aquel acto para dejar constancia de que en mi nombre no. Que yo, públicamente, me rebelaba indignado contra aquello. Que en mi nombre no. Lo único que me quedaba, lo único que nos quedaba a los millones de ciudadanos que salimos a la calle en aquella ocasión era el honor. Como sólo honor les queda a aquellos que en sus vidas custodian y defienden las Termópilas.

  12. Angel Duarte

    No son ganas de provocar, pero reclamo el derecho a la abstención y, apreciada Marisa y querido Alejandro, al sofá. Las grandes reflexiones críticas, o simplemente inteligibles, sobre el pasado y el presente se han elaborado, precisamente, ahí.
    La calle suele ser un lugar inhóspito.
    Por cierto, decía ayer Manuel de Lope: “La corrupción es aceite espeso y oscuro que engrasa la sociedad”. Habra que leer ‘Otras islas’

  13. jserna

    Les agradezco un montón la reflexión que hacen. Imprescindible.

    Yo sigo con mis afonías. Como no puedo hablar ni cantar, me he puesto a escuchar la hermosa canción cuyo enlace les reproduzco más abajo. Me la ha mandado un amigo que tiene mucha guasa: me dice que intente tararearla y, sobre todo, que capte bien la letra. Es un homenaje a lo propio, al emblema que nos identifica. Francisco Camps no debería desoír el mensaje que la canción oculta.

  14. Alejandro Lillo

    Se le reconoce ese derecho, don Ángel, se le reconoce. Ahora bien, la calle puede ser un lugar inhóspito o maravilloso, ya sabe…

  15. Cipión de Villa Mahudes

    Dioses, don Justo, ese vídeo es la mejor definición de la vergüenza ajena. Aquello que Eugenio d’Ors definió como alípori. Decía Xenius con su parla ceceante que alípori (que otros llaman “líporis” derivándolo también del vocablo latino que designa a la liebre) es aquello que se siente cuando en un teatro londinense se ve aparecer a un ezpañol calziajuztado marcándose un pasadoble con airozo taconeo. Tiene razón, don Camps debe aprenderse la letra: debe tener unas ganas “locas” a estas horas…

  16. Juan Antonio Millón

    Es curioso, Alejandro, que digas: “pero no creo que sirva para analizar la situación actual de las democracias occidentales.” El artículo que cité de Gil Calvo es del año 2001 y trataba de explicar el “caso” Berlusconi. ¿Verdaderamente no le parecen actuales y bien próximas las prácticas del clientelismo, las actuaciones mafiosas, la unión del “altar y el trono”, la escenografía pomposa, el populismo, etc., al que se alude? Si quiere le hago mención de casos particulares y precisos que se corresponden a cada una de esas prácticas, pero creo que me lo puedo ahorrar, ¿no? El texto de Gil Calvo busca respuestas en prácticas del pasado que se han enquistado y son una rémora para la sufriente ciudadanía. Él la aplicaba a Italia de Berlusconi; yo encuentro parangones con nuestro País Valenciano y sus gobernantes.

  17. jserna

    Juan Antonio, creo que tiene mucho interés el asunto que ha ido planteando, el de la corrupción que se da en democracia. Y, como dije tiempo atrás, convengo con usted en que el ‘caso Berlusconi’ es la auténtica clave de la antipolítica en democracia liberal de hoy. Vivimos en democracias liberales cuyos fundamentos teóricos son los derechos jurídicos, políticos y sociales; son también los marcos que separan lo público de lo privado, los poderes. “Y, sin embargo”, como usted dice, “las prácticas del clientelismo, las actuaciones mafiosas, la unión del ‘altar y el trono’, la escenografía pomposa, el populismo” son males crecientes del sistema. Berlusconi es un caso paradigmático, pero no el único…

  18. Paco Fuster

    Hablando de billetes y de detalles, on enlazo un documento. Alfons Rus ha tenido el detallazo de llamar “gilipolles” a algunos profesores de la ESO y de decir -al hilo del caso que citaba Montesinos el otro día, sobre las fotos de Font de Mora colgadas boca abajo- que va a rematarlos. También ha tenido el detallazo de decir que la gente de la Universidad (supongo que se refiere algunos profesores) cobra 800 “papelorios” al mes.

  19. jserna

    Vuit-cents papers? Vuit-cents “papelorios”?

    Rus es, entre otras cosas, esto: el abandono lingüístico (en la curiosa campaña que podríamos titular ‘destrossem la nostra llengua’); el favor como práctica y como prebenda, como dádiva y como obligación que el agraciado contrae; el antiintelectualismo como orgullo del populista chabacano… ¿Seguimos?

  20. Alejandro Lillo

    Sí, Juan Antonio, está claro que el populismo, el clientelismo y las actuaciones mafiosas pueden encontrarse en la Italia de Berlusconi, en el gobierno de Camps e incluso en bastantes países sudamericanos. Es éste un tema de rabiosa actualidad y que debe ser analizado desde distintas perspectivas y ensayando diferentes teorías. Pero no es eso lo que yo pongo en duda, una duda, por otro lado, que planteo no como convicción firme sino como una especie de tanteo.

    Lo que no me convence en el planteamiento del politólogo argentino Guillermo O´Donell y desde el que parece ser que parte Enrique Gil-Calvo es en esa separación entre las democracias plenamente consolidadas y las democracias delegativas. Es una separación que, según entiendo, obedece a criterios culturales: según eso la cultura protestante estaría mejor preparada para albergar en su seno la democracia y las culturas latinas no lo estarían tanto. Este punto de partida me parece muy problemático, no sólo por la dificultad en definir lo que es una cultura (¿Cuáles son los rasgos de la cultura latina? ¿Es Francia un país latino?), sino por el reduccionismo de tal proposición. Es tal la generalidad del argumento que me parece que no aclara nada, no arroja mucha luz sobre el objeto del estudio, más bien al contrario, justifica distintos tipos de democracia en función de una cultura abstracta y generalizadora. Porque veamos, la corrupción sabe que no es específica de esa llamada democracia latina. Existe corrupción en Alemania, en Inglaterra, en Estados Unidos y en todos los países democráticos y por democratizar. Y lo mismo se puede decir del populismo (¿O acaso Sara Pallin no es populista? ¿Putin no era populista? ¿Y Ronald Reagan?) Hablemos de Regímenes autoritarios, ¿puede considerarse Rusia un país latino? ¿La cultura política alemana no proviene de una tradición autoritaria?

    Si le digo la verdad, el particularismo, la ilegalidad, el cinismo, la impunidad, el clientelismo, la doble moral, el populismo, no lo veo solo en el ámbito latino (insisto, ¿en qué consiste la cultura latina? ¿Son igual de latinos los gallegos que los andaluces, los argentinos de la Pampa que los catalanes?), digo que no sólo lo veo en el ámbito latino sino en todas las democracias occidentales. ¿No hay cesarismo, culto a la fortuna, escenografía pomposa y teatralidad retórica en las elecciones de EE.UU? Por cierto, se trata de una democracia consolidada hasta tal punto que hasta 1965 no concedió el derecho de voto a los negros. ¿En cuál de los dos tipos de democracia podemos enclavar a Suiza? Bueno, pues ese país no concedió el voto a la mujer hasta 1971, y en algunos de sus cantones (Appenzell Rodas Exteriores y Appenzell Rodas Interiores) hasta 1989 y 1991 respectivamente. De hecho podríamos utilizar el argumento contrario, es decir, seguro que se pueden encontrar rasgos de la “cultura latina” que avalen la tesis de la mejor preparación de estos países para la democracia, al fin y al cabo su origen está en la Grecia Antigua.

    Por eso decía que esa teoría no me acababa de convencer, aunque me parece una tesis interesante desde la que comenzar a analizar el origen y la evolución de las democracias occidentales. Sin embargo, creo que en la actualidad todas ellas están cortadas por un patrón parecido, y que la corrupción, el populismo, el clientelismo, la impunidad etc, etc no obedecen tanto a criterios culturales como, entre otros muchos, al sistema económico en el que se insertan. Insisto, es un tema muy conplejo, y sólo pretendo tantear, pero yo, como dije anteriormente, partiría, antes que de esa división entre democracias consolidadas y democracias delegativas, del análisis del sistema económico y de las relaciones que se establecen entre éste y la democracia, para intentar comprender la deriva negativa en la que está cayendo este último sistema político.

  21. Juan Antonio Millón

    Es una verdadera lástima que el propio O´Donell no le pueda responder, ya que se trata de su propuesta e imagino que le daría cumplida respuesta a algo sobre lo que ha meditado durante mucho tiempo y al que ha dedicado diversos libros e investigaciones.

    De todas formas su distinción viene dada por la consolidación de esas democracias y por diferencias en sus “culturas políticas”, partiendo su análisis de aquellos paises cuya democracia es producto de una “transición” desde un régimes autoritario, añadiendo que su estudio se centra en paises amreicanos y en la historia contemporánea.

    A todo ello aporta Gil Calvo elementos de historia política y sociológicos que explican el fenómeno populista de Berlusconi. En definitiva, hemos de contextualizar tanto la propuesta de O´Donell como el artículo de Gil Calvo.

    En términos generales, de todas formas, hay varios aspectos sobre los que las “prácticas políticas” de las democracias que O´Donell denomina “consolidadas” y las “delegativas”, si divergen. Yo llamaría la atención sobre la “accontability”. La responsabilidad política ante hechos de corrupción e ilegalidad es una práctica más común en los primeros países. Aquí, y hay casos sangrantes, cercanos y evidentísimos, no está normalizada esa asunción de responsabilidad y su consiguiente corolario, la dimisión. Han de mediar instancias superiores y presiones externas para que el político admita esa resposabilidad y actúe en consecuencia. No es una “cuestión económica”, es una práctica política y un imperativo ético.

  22. Alejandro Lillo

    Perdóneme, Juan Antonio, pero no lo veo claro. Por ejemplo, el PSOE en España toma medidas drásticas contra cualquier concejal o miembro de su partido implicado en asuntos de corrupción. El PP es evidente que no hace lo mismo. En ambos casos estamos en ese contexto de supuestas “democracias delegativas”. Vayamos a EE.UU, una supuesta “democracia consolidada”. Que yo sepa, Dick Cheney fue acusado de un delito de fraude en Halliburton que no le impidió ser Vicepresidente de los EE.UU. No tengo noticias de que alguien haya pagado coste político ni de ningún tipo por las Torturas de Abu Ghraib, ni por todas las mentiras e irregularidades de Irak. Nixon nunca hubiera dimitido si no hubieran mediado “instancias superiores y presiones externas”, como usted dice. Estoy seguro que podría seguir, aunque con esto no crea que pretendo llevarle la contraria, sino exponer mis dudas acerca de esos presupuestos. No pretendo despreciar la teoría de O´Donell, teoría que, por cierto, desconozco. Pero desde luego para mí no es un asunto cultural ni de “cultura política”.
    Tapoco es una cuestión puramente económica, aunque para mí sea fundamental esa vertiente. Como dije en mi primera intervención creo que es una asunto muy complejo. No dudo que esa tesis de O´Donell y la de Gil Calvo pueda arrojar luz sobre Berlusconi y el País Valenciano, pero lo que sirve para ellos también debería servir para EE.UU, Alemania o Inglaterra.

  23. Juan Antonio Millón

    No niego que podamos encontrar casos en uno u otro sentido que puedan aducirse.¿Invalidan la tesis general? Presentan matices, desde luego.

    Puede invalidar la tesis general, bien desde presupuestos teóricos distintos a los de O´Donell y Gil Calvo, o mostrar, después de un estudio histórico, sociológico y estadístico, que abarque un amplio espacio de tiempo y diversas democracias de diverso origen geográfico y cultural, para poder establecer una nueva tesis. Le invito a que opte por alguno de esos caminos, más allá del “tanteo”.

  24. Alejandro Lillo

    Ciertamente desconozco la tesis general, tanto la de O´Donell como la de Gil Calvo. Sólo he expresado mi opinión sobre el tema y las dudas que me genera esa base cultural sobre la que dicha teoría se asienta, teoría que no conozco más que por lo que usted ha dicho, de ahí el tanteo. De todos modos creo que he argumentado mi punto de vista, y que eso es suficiente para efectuar una crítica a la mencionada tesis sin necesidad de construir otra nueva.

  25. Juan Antonio Millón

    Permita, Alejandro, que le corrija, pero la base de la teoría de O´Donell no es “cultural”, sino política y sociológica, aunque creo que ha debido de “despistarle” el término “latino” que ha usado Gil Calvo, con cierta ligereza. Y una puntualización, el comienzo de toda esta excursión del post fue la exposición de un artículo que exponía unas ideas, unas teorías, que pensé que podrían abrir perspectivas sobre el tema de la corrupción política, ya que ofrece elementos de historia y teoría política interesantes. En ningún momento mi intención fue la de exponer, sistematicamente, la teoría de O´Donell. Lo mejor, para realizar una crítica, sería ir a la fuente, no a una ocasional recensión, aunque, eso sí, nos llevase a un esfuerzo mayor, pero, sin lugar a dudas, más fructífero y más acertado, ¿no cree?

  26. Alejandro Lillo

    Por favor, señor Millón, corríjame siempre que lo considere. No hay ningún problema. Leeré la interesante teoría de O´Donell y ya le comentaré que me parece. Y sí, ando algo despistado últimamente. Saludos.

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