Grand Guignol

1. TomSharpeDéjà vu. A falta de experiencia propiamente humana y directa, la historia, la literatura, el cine nos sirven para conocer a los individuos. Las personas nos revestimos con una máscara protectora, nuestro perfil o nuestro rostro más favorecedores, y en público ensayamos los ademanes que nos embellecen o nos mejoran. Al carecer de datos abundantes, tendemos a tipificar a nuestros contemporáneos según modelos reconocibles que proceden de las novelas, de las películas, de las biografías. Por los mass media circula un copioso muestrario de individuos a los que conocemos superficialmente. Por eso, nos valemos de esquemas narrativos en los que encajamos a esos protagonistas, egregias figuras y personajes folletinescos en situaciones corrientes o extremas.

Gracias a Alejandro Lillo leo a un autor japonés del que lo ignoraba todo. Es Yasutaka Tsutsui. Su libro Estoy desnudo (2009) es absolutamente descacharrante. Peca de ordinario, sí, pero qué quieren: es un lenitivo en mi estado. La verdad es que Tsutsui está entre el absurdo y el humor grueso, incluso muy grueso: apocalíptico y escatológico. Y no me refiero al fin del mundo o al cese de los tiempos: me refiero a los apretones de vientre que padece un yuppie en apuros o  las aventuras de un fotógrafo cosmopolita en una isla desierta. Los relatos se suceden como en un grand guignol de nuestros días. Y, así, lo que puede ir mal finalmente empeora. No sé por qué pero Tsutsui me ha hecho recordar una versión oriental de Tom Sharpe. En el autor inglés, el patoso Wilt y tantos otros de sus personajes se ven envueltos en situaciones totalmente ridículas y patéticas, en parte porque ellos mismos las han provocado…

FranciscoCampsromeria2. Mandamases trágicos. Me preguntaba en qué medida la literatura del absurdo nos sirve para entender lo que está pasando en la política local. ¿A qué personaje nos recuerda el President cuando entra en el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana? Minutos después, cuando sale del recinto repartiendo saludos y sonrisas, ¿en quién se ha convertido? No sé si es un héroe en horas bajas o un césar malherido que reúne a sus milicias. ¿O, acaso, es aquel héroe galo que se oponía a todo un imperio?

Pero dejemos de momento a los mandamases trágicos de otro tiempo, de las épocas remotas, para regresar al mundo ordinario. La ficción nos sirve, ya digo, para inspirarnos. Leyendo esta o aquella novela o viendo esta o aquella película, descubrimos personajes más o menos duraderos, caracteres que luego no olvidamos, ciertamente: tipos humanos que tienen un gran parecido a personas con quienes después nos tropiezamos o a quienes más tarde distinguimos veladamente. Con los restos,  con los tics, con los rasgos de aquellos personajes  damos sentido a los múltiples individuos con quienes tratamos superficialmente. Creemos reconocer aquel carácter o al menos ciertos elementos de su conducta.

Lo nuestro es un tanteo descriptivo, una forma de hallar calcos evidentes, remedos exactos o repeticiones cercanas. Y así vamos tirando. En buena medida, la vida se nos consume identificando lo caracteres que creemos ya conocer. Todos desempeñamos papeles variados, aunque alguno de ellos acabe teniendo una función primordial en nuestra vida: al final acoplamos nuestro comportamiento a ese rol principal que ejecutamos. Nos simplificamos, pues. Como simplificamos a nuestros contemporáneos, en quienes adivinamos partes o funciones que nos resultan bien sabidas. Eso es lo raro: que nadie conoce a nadie, que sólo atisbamos lo superficial, pero que hacemos como si la vida personal fuera algo claro, cognoscible.

TomasTrenor19093. ¿Quién es ese que aparece en la fotografía? Yo miro las fotografías así. ¿Qué sabemos de dicho individuo, justo en el momento en que fue inmortalizado…, precisamente en el momento en que su acción se detuvo? Miro la foto con el fin de atisbar lo que a simple vista se nos dice, la máscara y su información. ¿Y cómo miramos, justamente? 

David P. Montesinos precisa con gran finura lo que yo simplemente apuntaba: “¿Quién es ese que aparece en la fotografía? No lo sabemos. Pero tampoco sé quien es quien vive conmigo, prueba de lo cual es que personas con las que he convivido años y años han sido capaces de dejarme perplejo hasta límites inimaginables. ¿Y quién soy yo? Tampoco estoy seguro. Por eso, he dejado de fijarme en lo que escribo o las ideas que expreso cuando hablo con la gente. Ahora, si realmente quiero saber algo de mí, miro fotos. Se trata, creo, de mirar, pero de mirar de otra manera, y entonces advertimos algo de aquello que había se había escapado mientras escuchábamos los discursos y sucumbíamos al fragor del combate dialéctico?”

Si realmente quiero saber algo de mí, miro fotos, dice Montesinos. ¿Acaso porque la instantánea revela de algún modo la autenticidad de nuestro yo más recóndito? ¿Acaso porque destapa el gesto inadvertido, imprevisto, ese que malamente nos reprimimos? Las fotografías son sobre todo pose, acomodo, retoque y recuperación de ademanes ya ensayados por nosotros o por otros. Es decir, no nos mostramos con gesto espontáneo, ni siquiera cuando afectamos naturalidad: después siempre podrá identificarse el cuadro del que ese ademán procede.

Pero cuando observamos nuestras instantáneas solemos descubrir en la escena algo incoherente o feo o desordenado, algo que nos choca hoy, que nos desagrada, que nos incomoda. Es como cuando leemos una carta escrita muchos años atrás. Recuperamos ese documento nuestro, lo repasamos y nos preguntamos: ¿así era yo? El olvido nos estiliza, nos mejora y nos adapta al yo actual. Echar un vistazo a la imagen antigua nos muestra algo de lo que no queremos  acordarnos: o, incluso, algo de lo que disponíamos orgullosamente y ahora hemos perdido. Te miras y no te acabas de reconocer: ves la pose, la gestualidad, la máscara que adoptas.

Ves a aquellos antepasados, tan cercanos, tan distantes. Otro mundo. Como antes me preguntaba: ¿qué sabemos de ese individuo, justo en el momento en que fue inmortalizado…, precisamente en el momento en que su acción se detuvo? Por sugestión, por asociación, se me mezclan instantáneas actuales con fotografías de la Exposición que estamos a punto de inaugurar. Y todo cobra un sentido remoto, extraño y a la vez familiar. Miro las fotos y sigo mirando. Veo escenas y hasta… ficción. Decía Montesinos: “vuelvo al tema que motiva el post y que me parece sumamente interesante, aunque parece bosquejarse entre ciertos titubeos”. Titubeo, claro. Porque el pasado y el presente, el esquema y la pose, la escena vista y el personaje ya conocido…  se me entreveran en un teatro próximo y hasta absurdo. Grand Guignol, pues.

15 comments

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  1. Alejandro Lillo

    Si quiere que le diga la verdad, don Justo, estoy impresionado con Yasutaka Tsutsui. Es una barbaridad. Un disparate tras otro; cada situación más surrealista y desternillante que la anterior, violentas y absurdas hasta la médula. Cada vez más violentas, cada vez más absurdas. No tiene piedad alguna, ni con sus personajes, ni con el lector, ni con la sociedad que describre (que también es la nuestra). Me he reído leyéndolo como pocas veces en mi vida, pero es una risa que deja poso, que impacta e impresiona, es una risa amarga en el fondo, desesperada, creo. Tremenda. Utiliza la risa, el humor, para ir a la raíz y hurgar allí en todas direcciones, removiendo el lodo de nuestra condición y de nuestro mundo. Imprescindible.

  2. Pumby de Villa Rabitos

    Poca traza de Vercingetorix le veo yo a “El Curita” – como es conocido nuestro Molt Honorable (algún malintencionado de verbo rastrero, y al que me apresuro a afear su conducta, ya habla del Molt Orinable) – pero, sí, es tan tentador hablar de máscaras para él. Las que le pondríamos, las que le ponen y las que se pone. Y aun más divertido, adivinar que clase de Mago de Oz se oculta tras su veladura. Qué clase de enano, quiero decir. Literariamente hablando. Ya sabéis que la última moda es buscar en Goggle “Francisco Camps homosexual”. Da que pensar.

    No, no, en este caso no es escatología ni sal gruesa. Tampoco una aventura disparata y desternillante de Tom Sharp (me pasa como a Serna pero no conozco personalmente a Alejandro que me asesore: no tengo ni idea de quién es Yasutaka Tsutsui. Pensé que era un vendedor de shushi a domicilio. Perdón), es otra muestra de esa costumbre arraigada y antropológicamente señera de la cultura occidental: la doblez, la hipocresía de la que hablábamos en el anterior post. Por cierto, y hablando de criptogays, qué gran ejemplo nos han dado los irlandeses desenmascarando las actividades paidófilas de la Iglesia en la que comulga este señor durante décadas, sobre miles de niños. Perdón por el ex-curso.

    Sigo. ¿Lo difamo? No, por favor, dudo. ¿Es esa una máscara grotesca que le imponen sus más acérrimos enemigos, envidiosos de sus virtudes y del respeto que levanta su rumbosa figura al pasar? O… ay… ¿es una práctica vergonzante, secreta, reiterada en él, que la considera indecente, punible y, contradictoriamente, enfermiza?… Oh, qué grandes tensiones internas debería sufrir en este caso el pobre hombre ¿no? Siempre rodeado de angelicales efebos y de viriles muchachotes de gimnasio – ¡Dios, y qué apetecibles, son! – ante los que sólo puede compartir groserías o conmisericordias para los homosexuales sin poder expresarles libremente su sentir. Eso es sufrir y no lo del Gürtel. Claro, que si fuera el anterior caso… ¡qué maricones son sus enemigos!. Lo dicho, lo de “El Curita”, es un sufrimiento en vida. Se está ganado el Cielo a pulso. El Cielo católico, claro. Vaya, pues mira por donde, me ha dado otro nuevo motivo para prescindir de llevar ninguna de mis siete vidas a semejante tugurio, donde dejan entrar a gentuza de ese calibre. Prefiero el Infierno, o los Campos Elíseos, que viene a ser lo mismo, allí, por lo menos, la sexualidad no es una vergüenza ni da para ponerse máscara alguna.

  3. Paco Fuster

    Hablando de fototecas, he buzeado por Google Images buscando una foto que resuma la semana de mi tocayo Camps. Ya saben que al bueno de Obama le han robado su eslógan, y que el nuevo grito de guerra en Facebook de “Nuevas Generaciones” es el ya célebre: “Yes, we Camps”.

  4. David P.Montesinos

    Tuve a Francisco Camps a medio metro una vez, en medio de una protesta de cientos de personas que logramos colarnos en Conselleria y montar una trifulca cuando estaban a punto de echarnos del curro. Era entonces conseller, tuvo el coraje de bajar para oficiar de apagafuegos. Rodeado de personas muy enfadadas y en una situación de estrés, mostró algo que envidio porque carezco de ello: mucha sangre fría. Adoptó esa distancia y ese aire un tanto chulesco tan de los líderes de su partido, pero algo intuí en cómo afrontó aquella situación que le situaba como un sucesor futurible para el zaplanismo. No me pareció una buena persona, me pareció más bien lo contrario, pero creo que los líderes políticos en nuestra democracia partidocrática se forjan de la materia de la que está hecho Camps. No sé qué será de él y, sinceramente, me da lo mismo, pues creo que su proyecto político es una amenaza para el País Valenciano y que está haciendo daño a mucha gente. Sigo pensando que las alusiones a la identidad sexual de tal o cual personaje o incluso el mediáticamente suculento asunto de los trajes sirven para esquivar la cuestión esencial: ¿qué País Valenciano queremos?, o -trasladado a la política- ¿cómo hacer una sociedad más justa y menos sometida a la creciente brecha social desde las instituciones?

    Vuelvo al tema que motiva el post y que me parece sumamente interesante, aunque parece bosquejarse entre ciertos titubeos. Yo he podido ver a cocción lenta cómo se fabrica un líder. Un tipo aparentemente normal, que puede haber sido compañero de pupitre o incluso de piso alquilado… No parece ser sustancialmente diferente a usted o a mí. Incluso, cuando empieza de verdad el éxito y “toca” poder, parece esforzarse en recordarnos las viejas francachelas y que sigue siendo el mismo tipo jovial de antes. Pero de pronto un día presenciamos su actuación pública en un momento donde más que nunca, ha de ejercer como “profesional” del Poder. Y entonces, más que nunca, advertimos la impostura del papel perfectamente aprendido, de la metodología en que ha sido adiestrado. Cuando pasa el peligro nos llama, se sonríe -fíjate, lo que he tenido que decirles-, y nos invita a una cerveza… pero intuimos que esa impostura no es fingida: se ha creído de verdad su personaje, empieza de verdad a estar envenenado por el poder. Se cree ya de alguna manera invulnerable, y eso le va a permitir resistir en un parlamento cualquier debate, cualquier censura sin descomponer la figura, ni temblarle la voz ni traicionarse con una palabra que no debía haber dicho.

    Creo que toda esta gente está terriblemente contaminada por los verdaderos gestores en la sombra de la democracia catódica: los asesores de imagen. Aznar dejó de parecer un ser humano cuando estos empezaron de verdad a mandar de él. Camps ya era un producto de esa trama el día que llegó al Palau de la Generalitat.

    ¿Quien es ese que aparece en la fotografía? No lo sabemos. Pero tampoco sé quien es quien vive conmigo, prueba de lo cual es que personas con las que he convivido años y años han sido capaces de dejarme perplejo hasta límites inimaginables. ¿Y quien soy yo? Tampoco estoy seguro. Por eso, he dejado de fijarme en lo que escribo o las ideas que expreso cuando hablo con la gente. Ahora, si realmente quiero saber algo de mí, miro fotos. Se trata, creo, de mirar, pero de mirar “de otra manera”, y entonces advertimos algo de aquello que había se había escapado mientras escuchábamos los discursos y sucumbíamos al fragor del combate dialéctico.

    “Historia del ojo”. La primera obra importante de Bataille es esa novela, el post me la ha recordado.

  5. Fuca

    En primer lugar, espero que nuestro amigo Justo ya esté casi recuperado y que aprenda a tomarse la vida con más calma (¿con más filosofía?).

    Tengo poco tiempo para escribir; los profesores en estas épocas estamos bastante acelerados (y más reestrenando gobierno del PP, con anuncio de cambios en la enseñanza espeluznantes –segregación de alumnos por la lengua que utilicen, agrupamiento de alumnado de distintos cursos cuando no se llegue a veinte alumnos por aula…) pero me aplico el cuento anterior y trato de llevar el final de curso relajadamente.

    Coincido en muchas ideas expuestas en este post pero sólo voy a hablar de las discrepancias. Dice Justo que “la historia, la literatura, el cine nos sirven para conocer a los individuos”, estoy de acuerdo; pero después escribe: “Las personas nos revestimos con una máscara protectora, nuestro perfil o nuestro rostro más favorecedores”, en esto discrepo, no en las máscaras con las que nos disfrazamos sino en que escojamos las más favorecedoras; las máscaras dependen del momento y de las personas que tengamos alrededor; a mí me ha dado muy buen resultado ir por la vida con la máscara de persona dura e invulnerable, no se meten conmigo y me permiten hacer lo que me da la gana.

    Otra discrepancia. Escribe Justo: “Es lo raro: que nadie conoce a nadie, que sólo atisbamos lo superficial, pero que hacemos como si la vida personal fuera algo claro, cognoscible”. Claro que conocemos a las personas que queremos conocer, claro que conocemos a nuestros amigos, claro que ellos nos conocen a nosotros. Nunca ningún amigo me decepcionó, nunca esperé que actuaran de forma distinta a cómo lo hacen; los conozco, con sus cualidades y sus miserias, y ellos me conocen a mí; nos respetamos y nos aceptamos, precisamente porque nos conocemos. No sé si a lo que os referís, Justo y David, es a las personas que nos rodean y que no son nuestros amigos; a mí me resulta bastante fácil conocerlos, pero puedo equivocarme, ahí ya no sería tan contundente como en mi aseveración anterior.

  6. jserna

    Gracias, Fuca. Reproduce usted una afirmación mía: “Es lo raro: que nadie conoce a nadie, que sólo atisbamos lo superficial, pero que hacemos como si la vida personal fuera algo claro, cognoscible”. Y polemiza usted: “Claro que conocemos a las personas que queremos conocer, claro que conocemos a nuestros amigos, claro que ellos nos conocen a nosotros. Nunca ningún amigo me decepcionó, nunca esperé que actuaran de forma distinta a cómo lo hacen; los conozco, con sus cualidades y sus miserias, y ellos me conocen a mí; nos respetamos y nos aceptamos, precisamente porque nos conocemos”.

    Insisto. Nadie conoce a nadie…

    https://justoserna.wordpress.com/2006/10/13/nadie-conoce-a-nadie/

  7. Fuca

    Mira que eres “testán”, amigo Justo. Las personas no somos tan complicadas y es fácil conocernos o que nos conozcan si dedicamos tiempo y esfuerzo a esta labor. El cine o la literatura nos pueden ayudar pero no es suficiente, se necesita mucha intuición y reflexión para llegar al interior de las personas.

    Insisto. Alguien conoce a alguien…

    Te podría dar la razón (no lo tengo demasiado claro) si te refieres a los amigos conocidos en la distancia, a través de las ondas; en tu artículo de hace casi tres años, escribías sobre ellos: “No ves el rostro (…), sólo un nombre propio o un nick que sirven para identificar y para ocultar (…). Pero entre esa voz que no oyes, entre esa expresión escrita y tú hay un abismo infranqueable”. Es difícil conocer a una persona sin ver sus ojos, sin contemplar sus gestos, sin oír su voz, pero creo que no es imposible; ahora bien, no pondría la mano en el fuego por mis amigos virtuales, por los reales sí, no tengo la menor duda, los conozco y me conocen.

    Escribías en 2006: “No hay amistad asegurada, hay riesgo y hay fantasmas que emergen…”. Discrepo, sí hay amistades aseguradas, a pesar de los riesgos y los fantasmas (estos últimos se los dejo a Poe, de quien estoy leyendo los “Cuentos completos”, traducidos por Cortázar. Poe es un magnífico escritor pero a mí no me gustan los cuentos de miedo ni de fantasmas, no me dan miedo).

  8. Marisa Bou

    Es curioso. Dicen ustedes que “nadie conoce a nadie” (Justo) y que “alguien conoce a alguien” (Fuca). Los dos tienen razón. Yo conozco bien a mis amigos -los reales- y un poco menos bien a los virtuales, aunque por la forma en que se expresan se puede adivinar cómo son en realidad.

    A quien menos conozco, a pesar de vivir tanto tiempo en su compañía, es a mí misma. Sé quién soy. Sé cómo soy. Pero cuando me miro en el espejo no me reconozco. Ése ser real que se refleja en su pulida superficie no se corresponde demasiado con el ser que vive dentro de mí, en mi imaginación. A veces, necesito mirarme en la opinión que de mí tienen quienes me rodean, para saber más a ciencia cierta cómo soy. Sí, creo que soy más como me ven que comome pienso.

    En lo que le doy toda la razón a Fuca, es en que los amigos de verdad son, exactamente, lo que esperamos de ellos. No te puede decepcionar aquello que no esperas que ocurra. Por el contrario, si esperas demasiado, seguramente te vas a decepcionar.

    David, hace usted un retrato de los políticos bastante acertado. Por desgracia. Porque los políticos son -o deberían ser- únicamente seres humanos como los demás. Sólo así pueden saber qué necesitan el resto de los seres humanos, para tratar de proporcionárselo desde la política. El otro día, en la fiesta de inicio de campaña de las europeas, se lo decía yo a un posible candidato al cambio en la política valenciana: para que la política cumpla su función, se tiene que ejercer desde la más absoluta normalidad. Tenemos que acercar la política al ciudadano para que éste sepa que está a su servicio, y no al contrario. Para que entiendan que cada uno tenemos un papel que representar en la vida en común. Para que crean en quienes les representan, porque éstos sólo quieren representarles, sin esperar por ello ningún beneficio especial.

    Yo para vivir necesito estar ilusionada. Si nada me ilusiona, nada me interesa vivir. Y paramí, no hay ilusión más grande que conseguir hacer realidad las ilusiones de los demás.

    Yo confío. Yo espero. Cuando ésto no sea así, me despediré de todos.

  9. Ana Serrano

    Ilusionada, con pasión, sí Marisa es que lo otro ¿Es estar vivo? Le regalo un Benedetti que he repasado en estos días tristes.

    NO TE SALVES

    No te quedes inmóvil
    al borde del camino
    no congeles el júbilo
    no quieras con desgana
    no te salves ahora
    ni nunca
    no te salves
    no te llenes de calma

    no reserves del mundo
    sólo un rincón tranquilo
    no dejes caer los párpados
    pesados como juicios

    no te quedes sin labios
    no te duermas sin sueño
    no te pienses sin sangre
    no te juzgues sin tiempo

    pero si
    pese a todo
    no puedes evitarlo
    y congelas el júbilo
    y quieres con desgana

    y te salvas ahora
    y te llenas de calma
    y reservas del mundo
    sólo un rincón tranquilo
    y dejas caer los párpados
    pesados como juicios
    y te secas sin labios
    y te duermes sin sueño
    y te piensas sin sangre
    y te juzgas sin tiempo
    y te quedas inmóvil
    al borde del camino
    y te salvas
    entonces
    no te quedes conmigo.

    Mario Benedetti

    No creo ser más tonta, más confiada o menos que Fuca, que Justo, pero me parece que nuestra Fuca ha tenido mucha suerte. Si nosotros mismos nos sorprendemos con nuestras propias reacciones; si, como dice Marisa, no nos conocemos a nosotros mismos; si nadie es sólo bueno o sólo malo y hasta tener bajo el potasio puede producir irritabilidad ¿Cómo conocer a nadie, aunque no intente ocultarse, por su propia condición humana?

    Los mejores amigos pueden dejar de serlo; los peores enemigos pueden tener gestos de generosidad. Todos podemos ser ángeles o demonios y nadie conoce a nadie; todos estamos solos. Me dan miedo tu manos, queridísima Fuca: se te van a quemar en un mal dia.

    Beso

  10. David P.Montesinos

    No le acuso de titubear, más bien presiento que había algo en el escrito -antes de continuarlo- que quedaba incompleto… Como si la torta hubiera salido del horno a medio cocer, cosa por otra parte nada recusable en una bitácora, por el tipo de medio de que se trata. Simplemente intenté empujarle a definir mejor los primeros trazos de un cuadro ciertamente prometedor.

    No suelo mirarme en el espejo de casa, pero irremediablemente lo hago en el espejo del ascensor. Se va a sorprender, pero el tipo al que descubro es el hijo de su padre y de su madre, a cincuenta por ciento. Mi corriente mental es mía e intransferible, pero miro bien y veo al hombre que fue mi padre en la época más crítica de su vida y algo de ceño de mi madre cuando se cargaba de bebés que lloraban y a los que había que sacar adelante en una España que se asomaba a la prosperidad. Yo no soy ese, pienso,yo soy otro, pero la imagen dice de mí cosas que no “veo” normalmente.

    Las fotografías de grupo -como las que vamos a empezar a ver el martes- tienen mucho que decirnos. En fotos de familia, de esas que todos conservamos, la gente pone “cara de retrato”… Intentamos ser el que no somos, aquel que querríamos ser o que creemos que la sociedad acepta ver en nosotros. No hay mejor manera de conocer a alguien que preguntarle “quién” es ese que desea ser, antes incluso que pillarle en el water o en un descuido como hacen los paparazzi con los famosos, donde presuntamente la gente muestra lo que “verdaderamente” es. La persona puede explicarlo con palabras, pero el retrato crea un peculiar goteo de sentido, deja escapar signos del cuerpo que, como las arrugas, uno no es capaz de controlar.

    Insisto en la fascinación que me produce el tema. Por cierto, tengo en mi poder un libro realmente raro. Es una colección de los retratos de Alison Jackson. Esta señora se dedica a presentar fotos de dobles de famosos que, si no se nos descubre el truco, parecen los personajes en cuestión. Lo que hace interesante esta recopilación no es el increíble parecido, sino el imaginario colectivo al que apuntan las escenas que las fotos presentan. En cada una de ellas -como esa en la que “Michael Jackson” con la boca tapada con un pañuelo pinta los labios a un bebé que llora o aquella en que Angelina golpea con un látigo a Brad encadenado- juegan con la proyección de deseos de la gente y su enfermiza obsesión por las celebridades. Todo un viaje por los senderos tenebrosos del alma, todo un psicoanálisis colectivo.

  11. Pumby de Villa Rabitos

    Hay una cuestión que querría dejar diáfanamente clara: la cuestión sexual del “Tío Paco”, otro de los alias por el que es conocido el afamado presidente. Si se ha sacado a colación su condición sexual y si, de hecho, circula por ahí, especialmente en los locales donde era conocido, muy conocido, profundamente conocido, hasta en su época de conseller (y muchísimo más antes), no es por su práctica en si, si no por su ocultamiento. Por el embozo. Es algo que también ocurre con la alcaldesa. Incluso con Rajoy. El problema no está en su sexualidad sino en su engaño con ella.

    Pasa un poco como lo de las facturas de sus trajes. La mujer del César no sólo ha de ser virtuosa, ha de parecerlo. Si las tiene, muéstralas y acállense los rumores. Si no las tiene, se digno, incluso en tu condición de delincuente, y dimite. Pero no. Para el caso, sabemos que el matrimonio con hijos – y entre los implicados del caso Gürtel-Valencia hay, al menos, otro caso – no es una factura de recibo, se puede falsificar con demasiada facilidad, que sólo se cambia de práctica sexual, no de género. Así que, por su condición pública de delegados ciudadanos elegidos por una ideología concreta, se les exigiría una mayor contundencia en sus respuestas en vez de jugar a los silencios.

    Os contaré la respuesta que dio Hugh Jackman – el actor que encarna Lobezno – cuando corrió el rumor por el pueblo de Hollywood sobre su presunta homosexualidad. El hombre se limitó a contestar a la pregunta de si era gay: “Me gustaría decirle que no, porque no lo soy, pero eso equivaldría a considerar la homosexualidad algo negativo, así que no voy a responderle” Mira tu qué fácil. Y ya nadie más ha dudado de Jackman.

    En lo que nos importa, el problema que arrastran los líderes del PP con su sexualidad es que pertenecen a un partido que hace gala pública de su rechazo a la misma. ¡Y no me vengan con milongas por peperos gays, que vergüenza les debía dar! La rechazan con la misma convicción y prepotencia como defiende la honorabilidad de sus miembros (caso de Trillo), su decencia (caso de Fabra), su integridad (caso de Camps) o su coherencia ideológica (caso de Rajoy).

    Y todos ellos, agrupados, reunidos y bendecidos por dos pilares sobre los que construyen su moral pública: el catolicismo (el nacional catolicismo, vaya, que luego los católico progres se me mosqueán… a pesar del oxímoron) y el conservadurismo (entendido como su propio partido). O sea, con la máxima intromisión en la vida privada de los individuos. Esto es, la antítesis del Liberalismo, del que se dicen deudores, herederos y actuales portadores de su antorcha. Ese es el problema de sus máscaras, que no son las de una carnavalesca Venecia, máscaras elegantes, inteligentes y bellas. Sus máscaras son zafias, de criminales asilvestrados, de hipócritas redomados y de engañabobos.

    No deja de venir a cuento la polvareda que ha levantado el anuncio del PSOE en estas europeas: cuando les quitas la máscara, cuando los muestras como son, los bobos, los idiotas útiles, no se sienten reflejados en esos valores pues, mayoritariamente, los rechazan. Eso no es Liberalismo, eso es Fascismo puro y duro. O peor, que al menos esos regímenes totalitarios no admitían ni el paro, ni el descontrol de precios, ni la falta de cobertura social.

    La sexualidad de Camps, los trajes, los regalos que se pasan “veinte pueblos”, la defensa numantina de Rajoy a dos impresentables como Trillo y el propio “Curita”, los silencios de los aznarianos, los dislates de Aznar… son indicios más que justificados del gigantesco engaño que el PP está perpetrando contra el electorado de derechas español. Y, con eso, quiero insistir en otra cuestión vinculada que ya dije en otro post: espero que las máscaras grotescas no estén también contaminando la Justicia. La confianza aplomada de Camps puede ser por una sociopática tranquilidad, sin duda, pero también parece la confianza del ladrón que sabe que el juez no lo condenará. Me preocupa, especialmente, la confianza que Camps le ha trasladado al mismo Rajoy que con el acto del domingo en Alacant ha vinculado, como dice La Vanguardia, su destino al de Camps. ¿Cómo puede estar tan seguro Rajoy? ¿cómo lo ha convencido Camps cuando ni el propio Aznar se fía?

    Máscaras, engaños, secretos, corrupción… y en el PV, la inoperancia de unos, los de la oposición (aunque quiero salvar de la quema a Mónica Oltra y los miembros de Iniciativa pel País Valencià – IPV – que están haciendo una labor parlamentaria que los de siempre (PSOE y IU), como siempre, no hacen. Y no, no soy de IPV), y el descaro más cínico de otros, el gobierno autonómico, muestran un paisaje realmente decepcionante. Ya veremos si la Justicia – que por fin actuó con sensatez en el caso de Iniciativa Internacionalista – comienza a reenderezar esta monarquía o se suma a la mascarada. Sí, Serna… “le grand guignol!”

  12. Marinero de los Mares del Destino

    Cuando me miro al espejo
    no se a quien veo;
    esa cara no refleja
    las dudas, los miedos, los deseos, las esperanzas
    que me impulsan y
    me atan, que me encogen y me pierden.
    Hay
    cicatrices y risas, muecas y gestos que me delatan sí,
    pero el amor y el odio, la alegría y la pena
    se cuecen a fuego lento en mis entrañas,
    y nosotros sólo vemos
    -en la pose forzada o la mueca altiva, en la sonrisa perfecta o el gesto sombrío –
    un atisbo de lo que fue, de lo que es.
    Nada más.
    Nada menos.
    ¿La realidad? Que soy hermético a mí mismo.
    No hay espejo que valga ni remedio posible.
    Nada puedo hacer
    para escapar de mí mismo,
    de este destino cruel plagado de ignorancia
    y resquemor,
    nada para evitar
    verme reflejado a cada instante en los demás.
    ¿Quién soy yo? o mejor,
    ¿qué soy?:
    lo que los demás ven de sí mismos en mí;
    lo que veo de mí mismo en ellos.
    Así me construyo,
    con las palabras de otros,
    con los actos de los otros,
    con las reacciones de los otros;
    no existe nada mas que el otro.
    Yo me formo y conformo
    a su imagen y semejanza.
    A su imagen y semejanza.
    Yo no soy nada. Una alcachofa, una cebolla,
    un laberinto inextricable
    con el corazón de piedra.
    Yo no soy yo. Yo es otro.
    La máscara tras la máscara de la máscara.
    ¿Cómo pretender conocer a alguien
    si lo ignoramos todo de nosotros mismos?
    Tan solo
    sombras, eso es lo que somos,
    sombras susurrantes que serpentean,
    que serpentean por mares
    inciertos y peligrosos
    en busca de un lugar que ya no existe,
    mares profundos y oscuros
    que solo hacen que recordarnos
    de dónde provenimos y adónde no llegaremos nunca.

  13. Pumby de Villa Rabitos

    Bravo, Marinero. Mejor eso que perseguir quimeras.

    Te paso uno de Ausiàs March:

    “so qui so, que no so io
    puix d’amor mudat me so”

    Y el resto, para mí, es, como decía Felipe Neri, “vanità, tutto vanità”

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