«Yo creo en ti»

derkaufmanngeorggiszeEn las actividades mercantiles, el crédito del comerciante es lo principal. Una trayectoria lo avala. Es fiel cumplidor de las obligaciones contraídas, de la palabra dada, de los acuerdos firmados. El comerciante es un vendedor, alguien que tiene una mercancía que ofrecer. Ante el cliente es probable que exagere las virtudes de su producto; ante el comprador es posible que agrande las bondades de esos bienes que pone en el mercado. Eso es la publicidad, justamente: información y deseo, funciones e imaginación.

Pero el comerciante no puede engañar muchas veces ni hacer trampas continuamente. Si lo hace, perderá una clientela pronto escamada. Si vende un producto averiado o inútil o inservible, sólo le salvará la credulidad favorable, esforzada, voluntariosa, ciega, sentimental del consumidor: la fe de carbonero. Lo deseable, sin embargo, es ganarse la confianza de ese consumidor con la seriedad y el buen hacer.

Por eso,  aquel comerciante tiene crédito: la banca espera la devolución de los préstamos. Como tiene crédito cuando el cliente confía en que el comerciante cumpla. Las relaciones humanas se basan en eso, en la confianza. Y en la expectativa: esperamos con bastante certeza que cada uno cumpla sus tareas y en el orden y en el tiempo que le corresponden.

Las elecciones y, en general, la política son un sistema de mercado, un sistema de mercado basado en la concurrencia y en la suma cero: lo que yo gano tú lo pierdes (y al revés). Efectivamente es un mercado en el que pocos triunfan y muchos fracasan. Son pocos los clientes potenciales a ganar y las mercancías que se les ofrecen suelen ser intangibles, venideras, posibles. Pero es un sistema económico: hay que ganarse al cliente con la calidad de los productos.

Más aún: a ese cliente no se le puede pedir que crea en el comerciante. Crédito y creencia tiene una raíz común pero no significan lo mismo. El crédito es la reputación, la fama, la autoridad de que se vale alguien que ha probado su seriedad, alguien que cumple puntualmente sus compromisos. La creencia es un asentimiento por fe, por artículo de fe. Quien tiene crédito nos pide confianza, no creencia: nos los pide por experiencia.  

campsrajoyEn un mitin celebrado en Valencia días atrás, Mariano Rajoy le dijo a Francisco Camps: «Yo creo en ti». Y añadió: «creo en lo que haces y estaré a tu lado». Ignoro si Rajoy quería pronunciar esa palabra, creo, o si simplemente quería decir confío. En ese ambiente, la respuesta de Camps fue emocional y empeñosa, poco mercantil: «con vuestro cariño no hay obstáculo que no pueda ser salvado». Es decir, pedía una clientela amorosa: algo extraño en el mercado, algo que ningún dependiente o jefe de planta de El Corte Inglés reclamarían a sus compradores.

«Cada sonrisa vuestra», decía Camps, «cada abrazo vuestro, cada guiño vuestro, cada palabra vuestra me da la fuerza suficiente para salvar cualquier obstáculo que me pongan por delante, porque lo hago por Valencia y lo hago por España». Esta invocación no es nada mercantil: es un discurso populista, puramente emocional. La verdad, prefiero el lenguaje económico de la política, la expresión puramente material de quien se gana la confianza por experiencia, al sentimentalismo impostado de un mercader.

Pero, claro, aquello que yo prefiera no significa gran cosa, porque lo que Camps y los suyos esperan es “la credulidad favorable, esforzada, voluntariosa, ciega, sentimental del consumidor”. Habrá que preguntarse qué han hecho los otros comerciantes, los rivales, la competencia, vaya; habrá que preguntarse cuál es la confianza o el crédito que son capaces de suscitar…

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Blogosfera- Hemeroteca

-“Silvio Berlusconi“, Los archivos de JS, 26 de junio de 2008

 -“Francisco Camps“, Levante-Emv, 18 de mayo de 2007

-“La servidumbre voluntaria“, Levante-Emv, 13 de mayo de 2007

-“Inacabable Camps“, El País, 28 de mayo de 2005

-“Francisco Camps y la Jura“, El País, 22 de junio de 2003

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Votando… Estamos votando, pocos, pero votando. Lo ideal es ganar, cierto: para ambos partidos. Pero, si hay una fatal abstención, ésta beneficiará al PSOE (no al PP): a mayor porcentaje de abstencionistas, menos posibilidades tendrá el PP de sacar pecho, de pedir elecciones anticipadas, de convertir las Europeas en un plebiscito. ¿Quién puede exigir algo con un 40 por ciento de participación?

25 comments

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  1. Pumby de Villa Rabitos

    Bueno, Serna, que bella manera de describir el marketing político… Lo que pasa es que, a la postre, en éste, el intercambio – que eso es lo que significa marketing, “comercialización” = “El vendedor (A) le da un producto al comprador (B) y B paga por él a A lo que considera su valor material” – se produce de una forma más compleja que el mero intercambio mercantil al uso.

    Permíteme el didacticismo y perdónenme los que ya conocen lo que voy a introducir pero creo que vale la pena a la hora de analizar las suculentas conclusiones del magister del blog.

    El cosmos “marketiniano” se abre en dos universos: el marketing de productos (el de la producción) y el de intangibles (el de la servucción). El primero es el más conocido porque es cotidiano y nos incumbe a todos. Se intercambia algo palpable: A aporta un florero y B paga unos euros por ese florero. El segundo se restringe a las iniciativas que venden intangibles (la salud, la educación, la cultura, el ocio, el turismo…), generalmente empresas, que harían de elemento A. Pero aquí, el B, el comprador, no se lleva nada tangible por el precio que paga (nadie se lleva a su casa cuarto y mitad de un concierto, o siete litros de bienestar, o medio kilo de puesta de sol tras unas ruinas mayas). B compra percepciones que le son satisfactorias aunque evanescentes.

    Así como en el marketing de productos, lo vendido es lo que el comprador se quiere llevar a su casa, en el de servicios, lo vendido (materialmente; o sea, una entrada a un espectáculo, la estadía en un hospital, el billete de un tren…) es sólo un medio para alcanzar lo que quiere obtener por el dinero que B aporta en su compra. Y lo que se quiere llevar es intangible.

    En el caso de la política, el intercambio, decía al inicio, es más complejo pues combina ambos marketings. En primera instancia, el ciudadano se convierte en comprador-consumidor – en el B – porque paga unos impuestos con los que se nutre la Admón. Pública (es el contribuyente) y demanda unos bienes y servicios que satisfagan sus necesidades (es su cliente). El político actúa entonces como vendedor – A – al asegurarle, a través de la confianza, que él invertirá sus impuestos ciudadanos en los bienes y servicios que lo satisfarán. El intercambio entre ambos se producirá con el proceso electoral y se concretará en el voto que emita B (convertido en elector).

    La confianza es un intangible ¿no?… ¿en qué se basa ésta para reclamar ese voto?: en la exposición de un programa político. Y éste es una declaración de principios abstractos, un intangible, una percepción que se quiere transmitir, en resumen, nada. En cambio, el ciudadano, el comprador, está dispuesto a pagar mediante su voto, o sea, con algo concreto, tangible, reconvertible, sumable. Observad la primera perversión de la política: el comprador paga algo por nada.

    Pero hay una segunda instancia en el marketing político. La finalidad de los partidos es ostentar el poder el máximo tiempo posible (si pudieran eternizarse, lo harían). Para ello, para estar en el poder, requieren el refrendo electoral ciudadano. Y los ciudadanos (electores-contribuyentes-clientes) volverán a votarlos, o votarán a otros, según sus expectativas se hubiesen cumplido o no, si estuviesen o no, satisfechos con los bienes y servicios recibidos de la gestión pública de ese partido.

    Y aquí los políticos se callan, como si el proceso hubiese concluido. Pero no lo ha hecho porque el intercambio no se ha consumado. En lo que llamamos primera instancia, está claro lo que A ofrece y lo que B pide y paga. Pero en esta sólo nos dicen lo que hace B: volver a votar. ¿Qué hace A? ¿qué gana A? Podría decirse que la mera continuidad en el poder. Si fuéramos cínicos diríamos que pretenden eso para disponer de más tiempo para corromper/se. Pero como no lo somos, aceptemos el libre juego democrático de manual en el que queremos vivir: el mantenimiento en el poder supone la posibilidad de introducir los valores ideológicos de ese partido. En otras palabras, que se confunda la gestión de la Admón. Pública con la ideología de quien (provisionalmente) la gestiona.

    El resultado no puede ser más decepcionante: ponemos en marcha un proceso al que, ufanos, llamamos democrático, pero que se fundamenta en una percepción (la confianza) por la cual se intercambia algo (el voto) por nada (un programa electoral) de donde devienen unos resultados (una legislatura) en la que el ciudadano (la Santísima Trinidad de la Sociedad o el Tres-en-Uno de ésta: elector-contribuyente-cliente) tiene que aceptar que su vida pública, e incluso privada, se conforme de una u otra forma mediante el intercambio torticero de una buena gestión de lo público (entiéndase, una gestión satisfactoria) por la aceptación de los valores ideológicos del sinvergüenza que, previamente, le ha vendido humo… y esos valores ideológicos entroncan con el marketing de intangibles: eso ya no es humo, eso es la venta de una cosmovisión.

    Si sobre todo este sistema de apariencias, simulacros e intangibles del que os habéis querido dotar – en Villa Rabitos vivimos en la anarquía felina total, los gatos somos muy nuestros – introducís en él una gestión de “pan y circo” (o “ladrillos para todos y Fórmula Uno para idiotas”, como en el caso valenciano) y un gestor, como es el caso, tipo el Tío Paco, alias El Curita, o por ser más cosmopolita, maese Berlusconi, alias Il Cavalieri, para administrarlo (= para introducir sus valores ideológicos), bien, pues yo, al menos, me plantearía muy seriamente si la política contemporánea atiende las cuestiones de la ciudad, de la res pública, o es una forma bastarda de enriquecimiento de unos gracias al candor iluso de otros.

  2. Angel Duarte

    Bien. Nada que objetar a don Pumby. Bueno, sí, una cosa.
    ¿Italia más cosmopolita? No se confunda. Comparado con Berlusconi, Camps es un señor. Un señor turiferario y corrupto, probablemente. Pero es lo que hay. El otro, el de Villa Certosa, ni eso. En todo caso, la diferencia, entre España e Italia, estaría en la izquierda. Allí todavía no hay un secretario de partido que se atreva a decir las cosas de la Pajín. Todo llegará. Si algo puede empeorar…

  3. Silvio

    Yo creo en Camps
    Yo creo en Camps
    Yo creo en Camps
    Yo creo en Camps
    Yo creo en Camps
    Yo creo en Camps
    Yo creo en Camps

  4. Marisa Bou

    Silvio (si es que te llamas así): aunque lo escribas quinientas veces, ni siquiera tú te vas a creer que crees.

    Pumby, aunque tu exposición es muy copiosa, creo que lo que haces es una simplificación de la política. Pero bueno, si esa es tu felina opinión, yo te doy mi humana comprensión. A un gato escaldado, no se le debe echar agua caliente.

    Me voy a seguir reflexionando…

  5. Pumby de Villa Rabitos

    Caramba, Ángel, no seamos tampoco cenizos; las “Leyes” de Murphy no deben de darse obligatoriamente… espero… deseo… creo…

    No, Marisa, no, no es una simplificación. Ya advertí a nuestros contertulios que me veía obligado a hacer uso de un cierto didacticismo, con obligada síntesis de lo que son los cimientos de marketing político. Describo un instrumento – que como todo instrumento es amoral – aunque, eso sí, lo pongo en relación a una clase política, ya en las derechas (que se obstinan en llamarse “centristas”), ya en las izquierdas (con el reloj del tiempo parado y el de la imaginación sin funcionar), ya en los que se empecinan en tildarse de izquierdas (cuando no pasan de un tibio centrismo progresista… y quien quiera que le ponga comillas), una clase política, decía, en la que su moral, incluso en relación a sus propios principios ideológicos, está altamente pervertida y su ética… bueno, si tomamos su ética… eso ya clama al cielo. Y ya que “clamé al cielo y no me oyó y puesto que sus puertas me cierra, de mis pasos en la tierra, responda el cielo, no yo”… hala, ancha es Castilla…

    Si lo consideras interesante, por favor, añade estos versillos a tu reflexión que mañana tenemos que ver a quien le adjudicamos 13.000 euros al mes los próximos cuatro años para… para… ¿para qué?… ¿para qué vamos a pagar tamaña cantidad a los políticos fracasados en la política doméstica? ¿para que compartan sus experiencias con otros fracasados de su misma grey? ¿para conseguir una sinergia poderosa en el Parlamento Europeo que acabe por demoler lo que aún no han destruido de la Unión Europea? Sí, hemos de reflexionar todos Marisa. Yo también. “O tempora, o mores”…

    Por cierto, el caso de Silvio es una perfecta demostración de lo que apuntaba Serna. Él, Silvio, sabe que Camps no tiene ningún crédito pero tiene una apasionada creencia por él. ¡Bárbaro! Es una suerte poder contar con especímenes en vivo para una observación empírica de primera mano. Gracias Silvio.

  6. Marisa Bou

    Nuestra buena amiga Isabel Barceló hace un aparte en su blog para copiarnos estas palabras de Fernando Manero:

    “No hay en el mundo, ni la habrá, estructura política o sistema de gestión de la “res pública“ que satisfaga plenamente los deseos de transparencia, democracia, honestidad, eficacia y solidaridad con que se concibe el modelo político ideal. Ni de lejos los cumple, como sería de desear, la Unión Europea, a la que se pueden hacer todas las críticas que se quieran y posiblemente todas ellas con fundamento.

    Sin embargo, como ciudadano de Castilla y León, de nacionalidad española y miembro de un Estado que desde 1986 pertenece a la Unión como miembro de pleno derecho, VOTARÉ en las elecciones al Parlamento Europeo, convocadas para el dia 7 de Junio de 2009. Y lo haré, convencido, por cinco razones fundamentales…”

    Yo no lo hubiera expresado mejor, aunque no sé si hubiera dado cinco razones. Claro está que mis razones son mías y a mí me bastan. No trato de convencer a nadie. La más importante es: no basta con lamentarse de lo mal que lo hacen los otros, lo que hay que hacer es intentar hacerlo mejor.

    Tal vez al lindo gatito le parece tan inútil como escupir a la luna. Pero creo que si seguimos escupiendo con fuerza, tal vez un día la alcancemos. Entre tanto, yo votaré. Los gatos, aunque sean europeos, no tienen reconocido el derecho al voto.

  7. jserna

    Comparto y no comparto el análisis de Pumby. Sí y no. Quizá mañana pueda desarrollar mi discrepancia. Pero creo que lo lleva a un punto en que convierte en fatalmente cínica la relación de votante-candidato. Prefiero la analogía del honrado mercader que se esfuerza por vender, dada la calidad de su producto.

    Yo también votaré. Como Isabel Barceló, como Marisa Bou. Me preocupan el deterioro de Europa, la irrupción de los antisistema, los extremistas, y el triunfo de la indiferencia. Me preocupan el ordenancismo y la distancia de una Unión Europea que –falsamente– los ciudadanos no ven en sus vidas. Los partidos nos lo ponen difícil con sus inercias y maquinarias, la chabacanería y el credencialismo (vota con los tuyos), con campañas muy ordinarias. Pero votaré, pensando en términos mercantiles, algo tangible… Y no votaré a los meapilas que me ofrecen una eternidad en compañía de los santos. Lo siento: pero no estoy por la restauración de los valores que la Cristiandad proclama. O sea: no quiero la vuelta a las rigideces atávicas. Tampoco votaré a esos partidos enanos que se presentan como adalides de la limpieza… hasta que toquen poder, hasta que el poder los ‘corrompa’, claro. Fíjense en ‘Ciudadanos’. Yo ya lo decía hace años.

    https://justoserna.wordpress.com/2006/07/12/azua-bodella-espada-y-rivera/

    Aunque el instrumento llamado Partido Político sea un medio muy imperfecto de representación política, votaré por una Europa digna, que otra vez describo transcurridos cinco años:

    …”Los ciudadanos europeos y sus políticos”, decía Gerhard Schröder, “tienen el deber de no dar ninguna oportunidad aquí ni en otros sitios a la guerra, a los crímenes de guerra y al terrorismo”. Por eso, “los cementerios militares y las cicatrices de las dos guerras mundiales imponen a todos los pueblos europeos, y en particular al pueblo alemán, el deber de oponerse al racismo, al antisemitismo y a las ideologías totalitarias”, añadió. “Los objetivos democráticos a los que aspiramos son la libertad, la justicia y una vida digna para todos, en la paz, sin odio religioso, sin arrogancia nacional ni ceguera política”.

    ¿Existe mejor elección para Europa? Ahora que los comicios europeos sólo parecen despertar un insignificante interés, tal vez convenga recordarles a los escépticos, a los burgueses amodorrados en que nos hemos convertido, lo que se sigue cuando nos abandonamos a la indiferencia o al totalitarismo, cuando nos desentendemos de la libertad y de la responsabilidad y nos inquietamos sólo por el fútbol continental. No conmemoremos un pasado rehecho, retocado. Celebremos sólo la democracia por la que aún hay que porfiar”. (2004)

    Leer más: http://e-valencia.org/index.php?name=News&file=article&sid=5367

    La misma Europa que ahora Barack Obama visita para reivindicar los valores de la democracia:

    http://www.elpais.com/articulo/internacional/Obama

    El desinterés y la abulia que nuestros partidos nos provocan aumentan –qué duda cabe– la abstención. ¿Pero nos podemos permitir unas cámaras con escépticos, con extremistas, con cínicos o con ultras? Hay que votar con algo de entusiasmo, con sentido del equilibrio y con sensatez. De lo contrario, ese negocio llamado Europa –esa tienda– se nos llenará de indeseables. Cuando se grita contra la Europa de los mercaderes, yo me pongo tontorrón y me digo no, no: necesitamos una Europa de comerciantes fiables, de clientes medianamente satisfechos; necesitamos gentes laicas y razonablemente egoístas. No expulsemos a lo mercaderes del Templo.

  8. jserna

    Más Europa:

    1.-Jacques Chirac y el mayo francés (30/5/2005)

    Justo Serna

    Hace justamente un año, con motivo de las solemnidades de Normandía me preguntaba si los más jóvenes entenderían por qué conmemorar ese desembarco y, sobre todo, para qué celebrar una batalla tan mortífera, tan cruel. Hemos de aceptar que a toda institución o país les asiste el derecho de evocar los sucesos capitales de un tiempo pasado, porque la narración que los ordena sirve para trazar afinidades entre el presente y el ayer, entre nosotros mismos y nuestros precursores. Sobre esto hemos debatido suficientemente y el embarazoso asunto de la ‘memoria histórica’ no hace más que regresar a poco que la realidad nos exija examinar el presente.

    Vuelvo a Francia. El año pasado pudimos ver a Jacques Chirac celebrando Normandía como la puerta por la que Europa habría accedido a la libertad. Era una idea interesante, pero sólo parcialmente verdadera y por tanto en buena medida fantasiosa. El triunfo de los aliados en las playas de Normandía no se debió sólo al coraje guerrero, sino también a una circunstancia bélica muy particular que no siempre se recuerda con la debida generosidad. K.S. Karol lo mencionaba hace justamente diez años en ‘El País’. En medio de las celebraciones –decía Karol—, Bill Clinton y François Mitterrand se refirieron al mérito que correspondía a los valerosos combatientes del frente del Este, pero de una manera muy escueta, menguada, sin reconocer en toda su amplitud que “el desembarco sólo fue posible porque las mejores divisiones de la Wehrmacht se encontraban en el frente ruso. Si los alemanes las hubieran tenido en Francia, los aliados ni siquiera habrían pensado en lanzar su flota contra las playas normandas”, concluía.

    Si ciertos políticos manipulan tan abiertamente la realidad, el pasado, la historia, me pregunto qué deberíamos hacer los ciudadanos. ¿Echarlos a puntapiés para flirtear con el abismo? En Estados Unidos, su presidente ha podido idear campañas bélicas a partir de informaciones deficientes o simplemente engañosas. En Europa, nos las vemos frecuentemente con políticos encallecidos o cínicos que al invocar ideas dignas las arruinan antes de pronunciarlas. Merecen la suerte electoral que los ciudadanos les infligen, pero, atención, prefiero convivir con descreídos europeos a compartir la suerte con los entusiastas belicosos de nuestro Continente. O, como decía, E. M. Cioran en ‘Desgarradura’, “sólo es posible mantener charlas enjundiosas con los entusiastas que han dejado de serlo, con lo ex ingenuos… Serenados al fin, han dado, por gusto o por fuerza, el paso decisivo hacia el Conocimiento, esa versión de la decepción”. Punto y aparte.

    Releía este fin de semana un artículo antiguo y muy atendible de Ralf Dahrendorf, un texto que podría aplicarse a Jacques Chirac. Es una intervención que se publicó también en ‘El País’ hace diez años, un análisis titulado ‘En defensa de los políticos’. “Los políticos son los guardianes de las normas de la vida pública (aunque precisan la ayuda de abogados, incluso de jueces de, instrucción en ocasiones), y también son los que marcan el tono de una comunidad. (…). Si ya no se observan las normas, o se utiliza el tono equivocado, la sociedad entera sufre. Esto plantea de inmediato una pregunta: ¿cualquiera puede hacerlo mejor que los políticos?”

    Para cuando Dahrendorf escribía lo anterior se imponían o aparecían personajes dudosos. Silvio Berlusconi acabaría imponiéndose al invocar al pueblo a la voz de ‘Forza Italia’ y al presentarse como antipolítico. “Algunos de los antipolíticos se han convertido en políticos”, decía Dahrendorf, “y son objeto de las mismas dudas que la vieja clase política (…). Un buen político sabe lo que se puede hacer y lo que no. Puede intentar lo imposible y perder, pero si eso ocurre ha calculado el coste –y el beneficio– de la derrota”.

    Sin embargo, un antipolítico que cree saber lo que está bien intentará hacerlo pasar atacando las instituciones si no lo consigue o volviéndose al ‘pueblo’ a pedirle ayuda, que, si lo miramos bien, es incompetente técnicamente. “Mientras atravesamos el valle de la antipolítica, algunos pueden verse tentados a abrazar los programas antidemocráticos que están en oferta. ‘La política’ puede llegar a ser identificada, de nuevo, con ‘política democrática’, y la respuesta a las dudas de la gente con ‘autoridad’ y, pronto, con autoritarismo. Hay que esperar y desear que los que son tan críticos con la vieja –y democrática– clase política no abandonen su escepticismo, y su oposición, cuando surjan los demagogos e intenten llevamos a todos a un nuevo abismo de intolerancia”, concluía Dahrendorf.

    Me pregunto qué es Jacques Chirac. ¿Un político que se saltó las normas y por lo que es despreciado por muchos de sus compatriotas o un antipolítico que aprendió tiempo atrás a comportarse con escepticismo? Ah, la Francia del ‘Non’: la Francia de los entusiastas, desde Le Pen hasta los ‘Maos’.

    Vuelvo a Cioran: “Sólo es posible mantener charlas enjundiosas con los entusiastas que han dejado de serlo, con lo ex ingenuos… Serenados al fin, han dado, por gusto o por fuerza, el paso decisivo hacia el Conocimiento, esa versión de la decepción”. Otra vez será.

    2.-El voto de Tocqueville (31/5/2005)

    Justo Serna

    ¿Qué es Francia? Planteada así, la pregunta es desatinada, inconveniente, basada en un esquema ‘esencialista’, como si dicho país hubiera sido idéntico a sí mismo desde tiempo inmemorial. Ahora bien, los países arrastran un patrimonio de experiencias reales o fantaseadas que se transmiten de generación en generación, formas de enfrentarse al mundo, de solucionar o de agravar los problemas, de enfocar los retos, un imaginario colectivo que ejerce influencia entre los contemporáneos.

    Por ejemplo, en Francia, hay, como tantos han destacado, un narcisismo ‘revolucionario’ que se alimenta con las conmociones del 89, del 30, del 48, con la Comuna, con la convicción arraigada de que los obstáculos se resuelven a golpes de violencia creadora o de ingenio popular. Por eso, allí la época contemporánea se basaría en supuestos y en procesos muy distintos a los de Gran Bretaña. El esquema es quizá demasiado simple, pero ha funcionado como compendio de lo que los ciudadanos de los respectivos países han querido pensar de sí mismos.

    El ‘inglés nacido libre’ cree resolver sus problemas a fuerza de ingenio individual, esperando que el Gobierno interfiera en su vida lo menos posible (o sea: respetando lo que en ciencia política se llama su ‘libertad negativa’). El francés, por el contrario, confía en el intervencionismo estatal y, sobre todo, confía en el papel de la política, en los beneficios que se derivan de esa ‘libertad positiva’ que permite a las organizaciones reducir los males sociales, las barreras de clase, los impedimentos que la realidad opone. Son, en efecto, dos modelos que, con las salvedades que se quieran, corresponden a los dos procesos contemporáneos del capitalismo atlántico y continental.

    Pero, en relación con el esquema anterior, Francia sería también la energía creadora y expresiva de la Revolución, un acto ‘realizativo’ de quienes son capaces de rivalizar con Dios, una fiesta paradójica en la que se hacen presentes y explícitos los malos humores: la convicción de que todo puede ser removido gracias a la interpelación (frecuentemente retórica) de las clases populares, cueste lo que cueste; el propósito de que la fatalidad no está dada de una vez para siempre. Por el contrario, Gran Bretaña sería el país de la ‘middle class’, de los gustos atemperados, de la reforma paulatina, de la adaptación sin estridencias, del conservadurismo moral, de la prudencia puritana y severa que ahoga.

    “Sentados sobre un volcán”, “Después de nosotros el diluvio”, “La tempestad se acerca” son expresiones que fueron célebres en otro tiempo y en otras sociedades, pero que bien podrían servir para describir cierto ánimo presente entre los radicales franceses. No me refiero a la masa de votantes soberanistas, conservadores, desdeñosos con Europa, incluso a esos trabajadores franceses que temen al ‘intruso’ que viene del Este, dispuesto a emplearse por menor estipendio. Me refiero a ciertos dirigentes políticos que han hecho bandera del radicalismo antigaullista y, por extensión, antieuropeo y antiglobalizador. Los radicales creen que otro mundo es posible, que otra Europa es posible; los radicales de los que hablo son herederos del sesentayochismo, de aquel izquierdismo imaginativo, trotsquista o maoísta o ácrata que conmocionó al poder gaullista, que exigía otra forma de vida y que, lejos de extinguirse, conservan paradójicamente gran vigor y suficiente lozanía tras la renovación e incorporaciones de los más jóvenes. Son hijos bien nutridos de aquellos sesentayochistas, de la sociedad de consumo, de la sociedad del bienestar, unos herederos que se suman a las filas de Attac, que leen ‘Le Monde Diplomatique’. Se les pudo ver en la Plaza de la Bastilla la noche del 29 de mayo. Bien vestidos o con el ‘dirty chic’ de los antiglobalizadores, son los seguidores de Ignacio Ramonet (director de ‘Le Monde Diplomatique’ y presidente de honor de Attac-Francia), de José Bové, de Pierre Bourdieu y de otros líderes intelectuales que han hecho de la causa antimundialista su último gesto heroico de oposición al capitalismo.

    Resulta extraño todo lo que está pasando y es casi cierto que otra Europa sea posible, pero, con toda probabilidad, será una Europa muy distinta de la que avizoran los antiglobalizadores, esos que alienta Ramonet en sus editoriales o esos que crecieron leyendo los libros de un Bourdieu que ejercía de último maestro pensador. Probablemente, la crisis de la Europa institucional se deba al mal francés. Pero no a causa de lo ocurrido, sino a la copia, a la imitación y al ejemplo ordenancista y centralizador del intervencionismo que tan arraigado está en la cultura política francesa. No ha habido un auténtico proceso constituyente en Europa y sólo después ciertos países se han propuesto ratificarlo con consultas a la ciudadanía. ¿Y qué hacer si ese referéndum rechaza el Tratado?

    “Un demócrata francés es, por lo general, un hombre que quiere colocar la dirección exclusiva de la Sociedad no en todo el pueblo, sino en una cierta porción de ese pueblo y que, para llegar a ese resultado, no concibe claramente sino el empleo de la fuerza material”, la imposición administrativa. Eso le revelaba Alexis de Tocqueville a John Stuart Mill en junio de 1835, algo que podría predicarse no sólo de Francia, sino también de otros países continentales. En cambio, a pesar de su estrechez de miras –añadía Tocqueville–, la meta que persiguen los demócratas insulares “es el fin verdadero que los amigos de la Democracia deben tener. Su objetivo final me parece ser, en realidad, poner a la mayoría de sus ciudadanos en capacidad de gobernar y de hacerlos capaces de ser gobernados. Fieles a sus principios no pretenden forzar al pueblo a ser feliz de la manera que ellos juzguen la más conveniente, sino que tenga capacidad de discernirlo, y una vez discernido, aceptarlo. Yo soy demócrata en tal sentido”.

    Si hubiera sido convocado a las urnas, si una longevidad imposible le hubiera permitido asistir a la consulta del 29 de mayo, me pregunto cuál podría haber sido el voto de Alexis de Tocqueville.

  9. David P.Montesinos

    Fascinante debate el que sostienen, caballeros. Creo, como Serna, que la indiferencia es el peor de nuestros enemigos, y no adelantamos mucho cuando nos topamos en el otro extremo con ese radicalismo tan fácil que ve el mundo en términos de víctimas y verdugos y termina recluyéndonos en la comodidad del “no hay nada que yo pueda hacer, todo el pescado está vendido”. No creo que se deje de ser activo por dejar de votor -de hecho, creo que se puede predicar un activismo político abstencionista-, pero entiendo que, pese a todo, el cinismo no es solución, y no nos hace ni más sabios ni más dignos. Sin embargo, en estas elecciones hay algunos detalles que me huelen demasiado a engaño. Veamos:

    1. Si es verdad, y no tengo duda de ello, que la política económica -lo cual es decir casi toda la política- no se dirime en los foros domésticos, sino en los países centrales, entonces es que habríamos de estar más atentos a procesos como el de este domingo que a nuestras propias elecciones locales, que empezarían a parecerse casi a las de los ayuntamientos. Y, sin embargo, es al revés, la gente cree que esto es un plebíscito para ZP y una prueba de fuerza para Rajoy, a ver si siembra para tomar el gobierno en tres años… Y los partidos se encargan de fomentar este imaginario. Prueba de ese carácter subsidiario de estos comicios es la costumbre de presentar a Europa candidatos claramente ya amortizados en la política doméstica. Que alguien me lo aclare.

    2. Europa nos gobierna, no tengo duda de eso, pero ¿nos gobierna asambleariamente Bruselas o más bien el Banco Alemán y el eje París-Bonn? En este segundo caso, no me extraña que haya pasotismo, pues se deduce que la cuota de influencia sobre la realidad de un candidato electo al Parlamento europeo es tanta como ninguna. ¿No será que todos, políticos y electores, sin decirlo claramente,barruntamos eso mismo?

    3. No he seguido los debates televisivos, pero no veo que los candidatos expliquen qué Europa quieren. La vergonzosa actitud de la alcadesa de Valencia ayer en el Aeropuerto, recordando el 13-M para excusarse por el truco de hacer solapada campaña el día de reflexión, es solo el último coletazo de dos semanas en las que la exposición de ideas ha consistido en recordarnos, unos, que ZP debe irse, y -los otros- que la derecha nos quiere a todos pobres y parados. Lo que creo que se transmite a la gente es que el mejor candidato es el que defiende con más fuerza “nuestros intereses” en Bruselas. Curioso, justo aquello de lo que acusamos a nacionalistas catalanes o vascos en el Parlamento español es lo que hacemos como españoles en el Europeo. ¿Es Bruselas un foro para defender intereses locales? Yo pensaba que se trataba más bien de construir entre todos un espacio común de gobernabilidad, que Europa era, en suma, el producto de muchas voluntades heterogéneas unidas y que habría de construirse día a día, sin condiciones a priori. Se trataba en suma de crear una res pública en el viejo continente para protegernos juntos de algunos de los peores riesgos del torbellino de la globalización y asumir una posición común ante los conflictos internacionales. Si se trata solo de que “nos defiendan en Europa”, ¿no será que lo que nos falta es una cultura de ciudadanía europea? ¿y no será que nos falta porque a los padres de la patria les interesa que no la tengamos, no sea que advirtamos que en realidad nuestros gobernantes locales no son quienes verdaderamente gobiernan nuestros destinos?

    No sé si voy a votar hoy, pero tengo demasiadas dudas sobre las cartas del tablero como para entusiasmarme y aconsejar a los demás sobre qué deben hacer.

  10. Fuca

    Coincido con nuestro contertulio David Montesinos, yo también tengo demasiadas dudas sobre estas elecciones europeas y me resulta difícil entusiasmarme y aconsejar a los demás sobre qué deben hacer. Sin embargo, yo sí sé que voy a votar hoy, pero aún estoy reflexionando sobre a quién voy a votar. Dudo entre si ser leal a los que voté siempre, a partidos minoritarios nacionalistas de izquierda (supongo, Justo, que no será a estos partidos a los que calificas de “enanos”), o decantarme por los “extremistas” de izquierda (esos que Justo llama “indeseables”), personas a las que con “nuestras” leyes se quiere eliminar del mapa político. Estoy en contra de la violencia, del terrorismo, pero no de aquellas personas que creen (que creemos) que sólo con el diálogo, con la negociación política, podremos acabar algún día con todo tipo de violencia. Una sociedad que quiere eliminar de su seno a todos aquellos que no piensan como la mayoría no puede llamarse democrática. Tenemos derecho a discrepar pacíficamente, a manifestar nuestras ideas y votar por ellas; vivimos en un Estado en el que parece que sólo hay una derecha y una izquierda, no es así, espero que esto se refleje en estas elecciones europeas.

  11. Pumby de Villa Rabitos

    A ver, a ver, me parece que se induce de mis palabras algo que no pretendí que se entendiera de esa forma: mis dudas sobre estas elecciones NO son si se ha de votar, al revés, sólo dudo por quién he de votar. Villa Rabitos es un estado libre asociado a la Unión Europea y, por lo tanto, sus gatos pueden, si quieren, votar en sus elecciones. En mi caso (no tengo ni idea de qué hará Blanquita o el Profesor Chivete) ya he votado. Con una pinza en las narices, es cierto, pero he votado.

    Comentario social: presentaba la plaza un tendido de sombra repleto de acicaladas damas del PP, con su voto en la boca, haciendo gala y algarada del sentido de su escrutinio en la misma puerta donde se alojan las dos urnas de mi colegio electoral. Destácase que alguacilillo alguno tuvo a bien no afearles el acto y los interventores de los tres partidos allí presentes guardaron un riguroso silencio. Votose, eso sí, bajo un crucifijo cristiano, católico, nada confesional, que lucía el lugar presidiendo aula infantil del centro público de enseñanza donde se instaló el aparato civil de votación.

    He de irme ahora, las intervenciones de Fuca, Serna y David son demasiado suculentas como para que las despache en un periquete, atolondradamente, así que prometo volver para subrayar coincidencias y presentar discrepancias.

    Buen día de libertad democrática.

  12. Alejandro Lillo

    Yo también voy a ir a votar. Seamos lo críticos que seamos, estemos lo desencantados que estemos o creamos que tenemos poco margen de maniobra, pensemos lo que pensemos de los dos grandes partidos europeos, nunca va a ser lo mismo que en Europa haya mayoría de conservadores o mayoría de progresistas. Ciñéndonos a la realidad de cada uno, no es lo mismo: y más en una Europa machacada por una crisis histórica, una Europa en la que en los países recientemente ingresados, con una economía mucho más pobre y poca tradición democrática, la derecha populista campa prácticamente a sus anchas. Tal vez haya quien piense que es lo mismo, que todos los políticos están cortados por el mismo patrón y que nada va a cambiar sustancialmente. Yo no lo creo así, porque, sencillamente, Mayor Oreja no es López Aguilar. Dicho esto, subrayaría la intervención de don Justo, que recalca David y que hemos comentado en otras ocasiones: ¿a quién beneficia la indiferencia? Ya les contesto yo: a los enemigos de la política. ¿Y quiénes son los enemigos de la política? Entre otros, esos amantes del marketing de los que habla Pumby y que pretenden anular el significado de la palabra política, que pretenden despojar de todo sentido al concepto de ciudadanía, vaciándolo de todo contenido que no tenga que ver con el consumo, la creación de necesidades y la superficialidad.

    De marketing y publicidad podemos hablar más adelante, así como de sus definiciones, sus usos y objetivos. Lo que les digo desde ya es que tanto en la postura de Justo (el voto como una actividad mercantil, los políticos como comerciantes), como en la de Pumby (esa descripción descarnada sobre el voto) hay algo que me desagrada. No sé si porque no estoy de acuerdo o porque enuncian una verdad que me hace daño. Debo pensar sobre eso. En cualquier caso, la intervención posterior de Justo introduce varios matices muy interesantes y con los que estoy de acuerdo:

    “Me preocupan el ordenancismo y la distancia de una Unión Europea que –falsamente– los ciudadanos no ven en sus vidas. Los partidos nos lo ponen difícil con sus inercias y maquinarias, la chabacanería y el credencialismo (vota con los tuyos), con campañas muy ordinarias. Pero votaré…”

    “Aunque el instrumento llamado Partido Político sea un medio muy imperfecto de representación política, votaré por una Europa digna…”

    “Tal vez convenga recordarles a los escépticos, a los burgueses amodorrados en que nos hemos convertido, lo que se sigue cuando nos abandonamos a la indiferencia o al totalitarismo, cuando nos desentendemos de la libertad y de la responsabilidad y nos inquietamos sólo por el fútbol continental.”

    “El desinterés y la abulia que nuestros partidos nos provocan aumentan –qué duda cabe– la abstención. ¿Pero nos podemos permitir unas cámaras con escépticos, con extremistas, con cínicos o con ultras? Hay que votar con algo de entusiasmo, con sentido del equilibrio y con sensatez. De lo contrario, ese negocio llamado Europa –esa tienda– se nos llenará de indeseables.”

    Insisto: pensemos en la indiferencia, pensemos a quién beneficia.

    PD. La intervención de David P. Montesinos es de “chapeau”. Como parece que la cosa está animada, si le parece, haré alguna referencia a su comentario más adelante.

  13. Paco

    todos estos rollos y reflexiones de serna para votar al psoe. menos rollos y dilo ya!!

    y los demàs que si voto a los nacionalistas que si me abstengo.

    os va a correr el pp. elecciones anticipadas ya!!!!!!

  14. David P.Montesinos

    Acaso lo que yo le preguntaría a quienes, por ejemplo, voten por Mayor Oreja, es si les ha explicado qué tipo de Europa quiere. Hasta el último momento, Rajoy nos ha pedido que votemos pensando en lo que “aquí está pasando”. Claro, también podríamos darle la vuelta a la tortilla y especular con si el PSOE habría articulado su campaña desde la misma perspectiva localista en el caso de que el ejecutivo fuera popular y las cifras del paro y la conflictividad social fueran tan negativas como lo son ahora mismo. Con independencia de lo que cada uno haga en conciencia -votar o no votar, y votar a quien- no creo que estemos planteándonos la pregunta correcta: ¿hacia dónde va la Unión Europea? Estas elecciones eran una buena oportunidad para ese debate, pero sospecho que la hemos perdido. Y si me lo permiten,una recomendación: “El nuevo espacio público” (Madrid, Espasa, 2006) Creo que pone todo este asunto de la democracia deliberativa trasladada a espacios internacionales en su lugar preciso.

    Una curiosidad. El chico árabe al que le compro frutas me ha preguntado hoy si había votado, y me lo ha preguntado con cierta amargura, creo, porque él obviamente no puede votar. Me ha hablado de la moneda única, del antieuropeísmo de los ingleses, de por qué Suiza no ha estado nunca… Me ha parecido que tenía una visión de las cosas mucho menos aldeana que cualquiera de nosotros. Quizá deberíamos hacérnoslo mirar. No demando voto, sino reflexión con conocimiento de causa. Por cínicos que nos pongamos, Europa es todavía objeto de deseo y admiración para millones de habitantes del mundo. Berlusconi es odioso y los reglamentos anti-inmigración suenan por todas partes a insolidaridad mezquina, pero esta pequeña península de Asia ha logrado el único modelo de Estado de Bienestar, o lo que es lo mismo, de sociedad dignamente cohesionada, que ha podido existir hasta hoy en nuestro planeta. No sé a quien hay que votar, pero me da miedo que dejemos escapar logros históricos por pura indolencia.

    Y permítanme una alusión a la mitología siguiendo a Zygmunt Bauman. Si no recuerdo mal, Europa es la bella mujer de la que Zeus se enamora y a la que secuestra disfrazado de toro. El hermano, Cadmo, viaja por tierras extrañas a las que va dando nombre. Lo que el mito de Europa designa es la aventura permanentemente inacabada, la búsqueda perpetua. Al contrario que otras tribus, que dieron por intocables todas las verdades sagradas de su origen, los pueblos que se instalaron en el Mediterráneo crearon una civilización basada en el interrogante, la autocrítica, la reflexión, la continua pregunta sobre la legitimidad de nuestros principios y nuestros actos. Solo en Europa pudieron nacer la Academia platónica, el ideal isonómico de la democracia, el Derecho, el ideal de ciudadanía… Sólo Europa fue capaz de disociar razón y fe para alumbrar la ilustración y, en definitiva, eso a lo que llamamos modernidad. Ayer hoy decir a alguien que Europa “me la trae floja”… A mí no: Europa todavía me erotiza. Y además, burlense si quieren, soy de los que se alzan ante La Marsellesa. Europa no me es indiferente, “ni de bon tros”.

  15. David P.Montesinos

    Me he emocionado con los enfants de la patrie -en mi casa han sido siempre un poco afrancesados- y se me ha olvidado que el autor del libro recomendado es Daniel Innerarity, del que ya he leído algo en este blog a Alejandro Lillo, si no recuerdo mal.

  16. David P.Montesinos

    Y ya les dejo en paz, pero quise decir “ayer oí decir”, y no la burrada que he puesto… Luego les echo broncas a mis alumnos investido de solemne dignidad…

  17. Pumby de Villa Rabitos

    Bueno, Serna, esperaré tus discrepancias pero, ya te digo yo, que de lo que te he leído puedo apreciar la diferencia de forma, no de fondo, entre ambos. Dado que parto del punto de que todo en esta vida es intercambio – se intercambian sentimientos, esfuerzos, renuncias, sacrificios, alegrías, esperanzas… – y ese intercambio lo hace, indefectiblemente, un “homo aeconomicus”, entender la vida cotidiana fuera de un razonamiento de mercado, me parece estéril. Todos intercambian de todo y todos esperan obtener, con ese intercambio, una satisfacción mayor que el esfuerzo que le supondrá adquirir el objeto de su deseo. Lo que no se ciñe a esto es la excepción que confirma la regla. Yo no quiero, pues, expulsar a los mercaderes del templo, el templo es nuestra vida y en ella, todos comerciamos, todos somos mercaderes y todos somos compradores.

    El problema, pues, no viene con ello – algo que venimos practicando, al menos, desde el mesolítico, o sea, que ya son años… – el problema viene cuando hay un mercader al que delegamos nuestra propia responsabilidad comercial y resulta ser un sinvergüenza; el problema viene, también, cuando el cliente se conforma, se satisface, con un simulacro, cuando acepta la estafa y, encima la aplaude y felicita y se congratula de los beneficios del impostor, del estafador. No me preocupa la Europa de los mercaderes, me preocupa la Europa de los idiotas.

    La posterior intervención de Serna – 7 de junio a las 9h 10’ – creo que conforma con la que le sigue de David un todo que, a la postre, sobre la idea de las elecciones europeas, mira bajo ella y, entre otras cosa, proponen una reflexión sobre el propio papel del político coetáneo. ¿Quién es ese individuo necesitado de un equipo áulico para tomar decisiones? ¿se imagina alguien a Maura, a Alcalá Zamora o a Suárez con “asesores” a sueldo de la Administración Pública para asumir la responsabilidad que el pueblo soberano ha delegado en ellos? ¿Y que saberes los avala? cuando voy a un médico tengo ante mí un licenciado en medicina, cuando llamo al fontanero a un técnico de FP, cuando un basurero pasa por mi calle se que es una persona que ha recibido un cursillo de capacitación… ¿y los políticos, los políticos de ahora, qué?… ¿baja el espíritu Santo democrático y les insufla Sapientia Summa sobre todo lo divino y humano? ¡ningún campo le es ajenos a estos políticos que de todo saben! ¿cómo lo logran? ¿se forman en los cursillos de verano de su partido, a la orilla del mar, ciegos de langostinos? ¿entonces como es que llegan a la Institución para la que han sido elegidos y no saben que es una comisión de gobierno, por ejemplo? La Ley 30 la desconocen con fiereza, la 7 ni les suena, pero el cobro por asistencia a comisiones, vaya, esto sí lo llevan aprendido.

    Bajemos, bajemos, bajemos al suelo. Raseemos. Estupendas las grandes ideas, los grandes principios, las grandes teorías sobre los políticos y su papel en instituciones ideales, pero descendamos a lo común, a lo cotidiano, a lo percibido por el ciudadano de a pie que quiere reclamar por un mal servicio y no encuentra un solo político en ninguna administración (como no sea un ayuntamiento de menos de 1000 habitantes) que dé la cara ante el ciudadano. Políticos ausentes. Políticos sin responsabilidad de gestión. Políticos multifunción (aprendices de todo y maestros de nada). Políticos absentistas. Políticos profesionalizados (que no profesionales). Políticos amorales, pancistas, cuneros… Los políticos reales que el común del ciudadano percibe y con el que juzga a esos y al conjunto, a ellos y a las instituciones que representan. ¿Y os extraña el absentismo?

    Coincido, pues, con David en ese cuestionamiento a partir del mundo concreto. Ya dije que voté y, en eso, conecto con Fuca y disiento de Alejandro. Los dos “grandes partidos europeos” sí son lo mismo. Y la última vez que nos lo demostraron fue con lo de las 68 horas semanales. ¿O ya no nos acordamos? Sus discrepancias son para el escenario y la pantomima, para la anécdota y la galería: cuando hay temas de enjundia como pueda ser la pérdida de derechos sociales y laborales de los ciudadanos, el descontrol democrático de las grandes instituciones financieras, la repotenciación de los intereses estatales en contra de los ciudadanos y los regionales, la castración de las grandes iniciativas soberanistas europeas (ejército común, policía común, marco legal común…), la presión para facilitar la privatización de la salud y los seguros… entonces, ¡que contrariedad! (¿o debía decir, “casualidad”?) el PP Europeo y el PS Europeo, votan lo mismo. Y llegan ha hacerlo hasta con la rechifla del Grupo Liberal-Demócrata Europeo que, como en tiempos de Suárez, ve como ellos, liberales de toda la vida, sobrepasan al PS por la izquierda.

    La diferencia de Europa no nos la va a dar Mayor Oreja o López Aguilar, esos tipos van a votar lo que les digan sus planas mayores sitas en Madrid. Y a ellos se lo van a decir las “recomendaciones” del BCE, la OMC y el FMI, instituciones ajenas a cualquier control público, creadas bajo el auspicio de la Escuela de Chicago y los principales responsables institucionales de la desregulación de los mercados financieros. Si queremos otra Europa, deberemos votar a otros europeos, no a los que torcieron el devenir de la Unión con el Tratado de Maastrich, ni a los que tratan de retorcerlo, aún más, con un Tratado de Lisboa aprobado sin consulta directa a los ciudadanos. Se les llena la boca con la ciudadanía pero, a la hora de la verdad, la niegan. ¿Quienes? Pues da la casualidad que son los mismo, el PSE y el PPE.

    Coincidiendo plenamente con la última intervención de David, el peligro para la Unión radica, precisamente en perder nuestro pequeño éxito ideológico, una Ilustración que lleva paralizada por el poder y esclerotizada por los políticos desde su misma cuna cuando aquel descubrió el poder telúrico de la democracia. Y así estamos, jibarizándola, por demasiado liberal, por demasiado social, por demasiado participativa, por demasiado descentralizada… A poco que rasquemos, de nuevo las siglas PSE-PPE son las responsables de ello. Su mayoría aplastante – nunca mejor dicho – no deja lugar a dudas.

  18. jserna

    Fernando Garea:
    “Lo más obvio es que el PP le ha ganado al PSOE. Que Rajoy ha ganado a Zapatero, ya que competían por persona interpuesta.

    Ahora se va a debatir durante semanas si 3,5 puntos es suficiente o no. Si cuatro millones de parados se traducen sólo en eso o si el PP no ha aprovechado en las urnas el terremoto social de la crisis y el desempleo.

    Nadie sabe si esa ventaja le serviría al PP para ganar unas generales en las que sí se decide un Gobierno y hay más movilización. Si sirven precedentes como el de 1994 cuando Aznar le ganó a Zapatero por nueve puntos y dos años después se quedaron en la mitad.

    La ventaja está en el límite del éxito claro y no parece suficiente para plantearse una moción de censura simbólica.

    Pero Rajoy ha ganado las elecciones y, sobre todo, ha ganado tiempo. Los que le discuten todos los días se callarán. Se abre otro debate sobre si este impulso le sirve para llegar hasta las generales de 2012…”

    Leer más:

    http://lacomunidad.elpais.com/el-patio-del-congreso/2009/6/7/una-seria-advertencia

  19. jserna

    1. “…Pero, claro, aquello que yo prefiera no significa gran cosa, porque lo que Camps y los suyos esperan es ”la credulidad favorable, esforzada, voluntariosa, ciega, sentimental del consumidor”. Habrá que preguntarse qué han hecho los otros comerciantes, los rivales, la competencia, vaya; habrá que preguntarse cuál es la confianza o el crédito que son capaces de suscitar…”

    2. Por favor, aunque me tomen por un pesado. Relean mi post sobre Berlusconi escrito hace un año. Su modelo de política es el que triunfa:

    https://justoserna.wordpress.com/2008/06/26/silvio-berlusconi/

    3.-“En esta ocasión no quisiera sino averiguar cómo es posible que tantos hombres, tantas ciudades, tantas naciones aguanten a veces a un tirano solo, que no tiene capacidad de dañarlos sino en cuanto ellos tienen capacidad de aguantarlo, que no podría hacerles mal alguno sino en cuanto ellos prefieren tolerarlo a contradecirlo (…), encantados y hechizados por el nombre de uno solo”, Étienne de La Boétie, Discurso sobre la servidumbre voluntaria.

  20. Alejandro Lillo

    Pumby, más allá de la diferencia entre el PP y el PSOE, sobre la que podemos discrepar, coincidimos, creo, en algo más importante y que ha apuntado ya, con su buen ojo, David: el contexto europeo y su dirección. Vayamos por partes.

    En la Comunidad Valenciana han votado en torno al 53%, unos 7 puntos más que en el resto de España, y que el PP ha sacado el 52% de los votos, lo que significa que la gente se ha movilizado para apoyar a Camps, que, ante esos resultados, aún tiene el coraje de exigir la dimisión de Rodríguez Zapatero y la convocatoria de elecciones. Me asusta esa absoluta falta de escrúpulos, esa ausencia del más mínimo sentido de la vergüenza, esa perversión tan tremenda de valores, pues el propio Camps habla en sus declaraciones del comienzo del fin de las mentiras y de la manipulación y de una vuelta a la política.

    Pero más allá de esto, y más allá de la debacle de la izquierda europea, de su falta de ideas y su total inmovilismo –del que en otras ocasiones hemos hablado-, más allá de su fracaso en Alemania, Francia, Italia y no digamos Inglaterra, más allá de todo eso, que ya de por sí daría lugar a un panorama bastante preocupante, estas elecciones y su resultado, al inscribirse en un contexto de profunda crisis económica, convierten todo este asunto en algo muy serio y muy grave. No querría parecer alarmista. Simplemente pretendo plantear el asunto tal y como lo veo, lo más pegado a la realidad que pueda.

    David lo ha dicho mejor de lo que soy capaz de hacerlo yo: “Prueba de ese carácter subsidiario de estos comicios es la costumbre de presentar a Europa candidatos claramente ya amortizados en la política doméstica.”. Los primeros que no ponen toda la carne en el asador en las elecciones europeas son los propios partidos. Aún así, y siendo eso cierto, en mi opinión López Aguilar no ha sido un candidato al uso. En las intervenciones que he podido verle/escucharle y en sus discursos, se ha esforzado por nadar contracorriente, desentenderse de la política nacional y hablar de Europa. Primera conclusión: los partidos políticos utilizan Europa en clave nacional. Segunda conclusión: los ciudadanos criticarán esa forma de hacer política, pero evidentemente Europa también se la trae al pairo.

    Es cierto, como apuntan David y Pumby, que el europarlamentario tiene poco margen de maniobra, aunque yo subrayaría no el poco o mucho margen que tiene, sino el hecho real de que lo tiene. Con esto lo que quiero decir es que, en efecto, el G-9, el FMI y BC toman decisiones fundamentales en nuestra vida que son completamente ajenas al circuito democrático. Pero eso también sucede con el Banco Europeo, y con todos y cada uno de los Bancos Nacionales de la Unión, incluido el Banco de España. El neoliberalismo exige la “independencia” política a esos bancos centrales nacionales. Es decir, se les exige el alejamiento, la desvinculación de las decisiones económicas de cualquier control o disposición de carácter democrático. Lo que pone de manifiesto cuando por ejemplo el PSOE y el PP apoyan al mismo candidato (Barroso) para presi de la UE, es que en Europa todavía no hay espacio para la política; entre otras cosas porque ésta no tiene el mando sobre la economía, sino que sucede al revés. Creo que esa es la primera tarea que deberíamos exigir a los políticos. Y creo que Pumby acierta en lo fundamental cuando dice: “Si queremos otra Europa, deberemos votar a otros europeos”. Yo creo que dentro de los políticos actuales hay gente que quiere trabajar por otra Europa. Porque claro, y ahora entro en la cuestión fundamental: en un contexto de crisis económica sin precedentes, que de hecho se trata del hundimiento literal del sistema financiero mundial, un acontecimiento histórico de envergadura y alcance por ahora inimaginable, tenemos un gobierno europeo abrumadoramente conservador y neoliberal. Que los dioses inmortales nos pillen bien comidos y aseados. Porque claro, si para construir otra Europa tenemos que votar a otros políticos, para sanear y cambiar algo del funcionamiento del mercado debemos cambiar a los líderes económicos que nos han conducido a esta situación. Me parece indignante, inconcebible e incomprensible que no se le haya pedido ninguna responsabilidad a nadie por lo sucedido. No me quiero dispersar porque estoy muy indignado, muy disgustado y preocupado por la deriva que, me temo, van a tomar los acontecimientos, pero permítanme: el sistema, hasta ahora, funcionaba, grosso modo, así: se daban créditos para consumir, el consumo aumentaba la producción, y al aumentar la producción se pedían más créditos, lo cual volvía a revertir en el consumo etc. etc. Ahora la situación es la misma solo que al contrario: hemos pasado de una espiral gloriosa a una perversa: como no hay créditos no se consume, como no se consume, la producción baja, y como la producción baja, aumenta la morosidad y por tanto no se dan créditos.
    Lo más triste del asunto es que esta espiral edénica (que ha demostrado ser en realidad perversa), no se va a detener hasta que no haya recuperación económica: es decir, que los bancos no van a dar créditos hasta que no aumente la producción. La recuperación económica NO va a venir del crédito, eso es una ilusión. El crédito llegará cuando haya recuperación. ¿Entienden? Eso sólo puede significar una cosa: neokeynesianismo. No hay más margen (digo que no hay más margen porque el neokeynesianismo plantea una serie de dudas acerca de su eficacia brutales, pero bueno, no hay ninguna otra alternativa). Y aquí es donde deben actuar los políticos, donde los ciudadanos debemos exigirles responsabilidades: volvamos al margen de maniobra que tienen: ¿Quién está mas convencido de aplicar el neokeynesianismo en Europa, Mayor Oreja? ¿Los hermanos polacos esos? ¿Berlusconi? Si hay un momento para cambiar las cosas es este, y nos encontramos con una Europa abrumadoramente neoliberal. El primer paso debería ser despedir, detener y encarcelar a todos los sinvergüenzas e incompetentes que han provocado todo este desaguisado (incluyendo sí, muchos políticos), y no inyectar dinero público a las empresas de toda esa gentuza, que es vergonzoso. Hay una corriente de pensamiento llamada “darwinismo económico” que bebe directamente de la escuela económica austríaca de Hayek, que piensa que la crisis sólo se superará permitiendo que la economía caiga en una gravísima recesión, en la que se eliminará la deuda, los bancos quebrarán y las empresas menos competitivas se irán a hacer puñetas. Tras la debacle, el sistema volverá a ponerse él solito en marcha y comenzará un nuevo ciclo que concluirá con otra grave crisis. Esta idea brutal tiene bastantes adeptos dentro del neoliberalismo (y Aznar no debe estar muy alejado de esas posturas). Esto es una barbaridad, pero también parece absurdo pensar que una crisis de estas dimensiones (repito: el hundimiento absoluto del sistema financiero mundial) se va remontar por las buenas, sin la pérdida de buena parte de la capacidad productiva que existe en la actualidad. Algunos “expertos” hablan de una crisis en forma de “V”, otros prefieren la “U”, pero yo, sintiéndolo en el alma, me quedo con una “L” proooolongada y que, dados los resultado electorales y la dinámica de la política, nos va a conducir al desastre.

    Vale que la UE se ha mostrado ineficaz a la hora de afrontar la crisis, vale que cada Estado-nación ha actuado más bien por su cuenta, pero en un mundo globalizado la recuperación y el impulso debe ser general, debe ser también colectivo. Estoy convencido de que si la socialdemocracia hubiera ganado las elecciones la cosa estaría un poquito menos negra. La diferencia seguro que no sería muy grande, pero estaría menos negra. Ahora, ¿cuánto tiempo va a pasar hasta que nuestros líderes europeos decidan intervenir con valentía y riesgo en la economía? ¿Cuánto tiempo va a pasar hasta que reconozcan que el paradigma ha cambiado, que el sistema se ha venido abajo? Pero sobre esas dudas, sobre esa incertidumbre, planea una pregunta aún más importante, decisiva, que nos afecta a todos los hombres y mujeres, a todos los ciudadanos: ¿cuánto tiempo nos queda para tomar esas decisiones antes de que todo esto se colapse?

  21. Pumby de Villa Rabitos

    Considero muy interesante los links que nos ha pasado Serna y, en especial, la cita de La Boétie. Es un punto de reflexión muy bueno, tal vez, incluso para recuperar la visión crítica que tenían racionalistas y novatores del pueblo antes que el idealismo ilustrado y los utopistas (libertarios y marxistas… sí, he dicho marxistas… sí y los he ubicado como unos utópicos más, sí) lo santificaran, convirtiéndolo en portador del don de la infalibilidad. Igual convendría releer a los clásicos del XVII.

    Al respecto…¡qué gran ejemplo de votante del PP tenemos en el blog! Paco debía hacer reflexionar a más de uno. Esa es la España que ha triunfado en las europeas, la que ganó en Vasconia para que el PSOE se desgaste y el que ganó en Galicia mandando a freír espárragos al PSOE. Gracias, Paco.

    En fin, a lo que iba. Primera revisión (subjetivísima) de resultados…

    No se hasta qué punto ha salido bien parado Rajoy – en clave interna de su partido – Aseguró una victoria aplastante: no la ha tenido. Aseguró, luego, más humildemente, que iba a sacar 25 diputados, no los logró. Los medios se empeñan en asegurar que Rajoy ha silenciado las voces discrepantes del PP, bueno, pues a poco que se escuchara a Espe, parecía haber sido ella la que hubiese ganado las elecciones. ¿De verdad Rajoy tiene su silla asegurada?…

    Lamentablemente, el PSOE no se ha descalabrado. Y digo lamentablemente no porque le tenga especial inquina a dicho partido sino porque es la única forma que va a tener para entender que ha de cambiar. Gordon Brown, igual, ahora, sí lo entiende. El PSOE, ya en tiempos de Felipe, se agarró con fe carbonaria a su socialismo descafeinado. ¿Os acordáis cuando una y otra vez perdía votos en sucesivas lecciones y decía, como para disculparse, como para asegurar que la cosa la reenderezaba partir de mañana – un mañana que siempre era al día siguiente – “ahora zí lo he entendido, ahora zí”… “ahora zí” pero él a lo suyo y el PSOE a perder. ZP está en las mismas. Debe ser el “virus monclovítico”

    ¿Y los otros? Mientras en Europa, Los Verdes comienzan a consolidar su alternativa a la socialdemocracia decadente, en España están de campo y playa. Tan inútiles y reñidos como cualquier buen cocido de grupúsculos regidos por el personalismo de iluminados. Por su lado, la izquierda tradicional-inmovilista no ofrece mejor guiso: permanece aferrada a su esclerosis y a su lenta agonía, ¡aquí no cambia nadie! No, no morirán con las botas puestas, morirán con el ridículo por montera. El nacionalismo no españolista – vaya, por el Dios de los Soviets, qué contrariedad – tanto en su vertiente liberal-democristiana (Coalición por Europa) como en su vertiente de izquierda alternativa (Europa de los Pueblos) no sólo se mantiene sino que araña votos… uy, uy, uy… cómo va a sudar ZP sus maniobras ¿puedo calificarlas de bastardas o lo dejo en florentinas, florentinas de comedia bufa? en Cataluña y Vasconia. Y cómo lo puede/lo va a purgar. Y ahí queda lo de Iniciativa Internacionalista… qué interés del nacionalismo españolista por acallar voces discrepantes en vez de dejar que el soberano hable. Hala, ya está y ahí están sus resultados: el que quiera entender que entienda. En la extrema derecha, sin embargo, el erial. Lógico, ¿para que va ha hacer falta si “los suyos” ya están en el PP?

    A la postre, fuera de juegos domésticos que poco o nada significarán para las elecciones generales de aquí a un par de años, la clave de estas elecciones – por lo que se ha votado – está, como apunta Alejandro, en quién gestionará la salida de la crisis en la Unión. ¿Quién le va a poner el cascabel al gato? ¿Quién mete en cintura a las instituciones financieras ademocráticas? ¿Quién encuentra la sintonía, ahora, con unos EEUU obamizados? El PPE, desde luego no, pero no seamos cándidos, el PSE tampoco, al menos un PSE como el actual, dispuesto a votar – antes de conocer los resultados – al sr. Barroso como presidente de esa cosa inextricable que es la UE ¿o también hemos olvidado eso?

    Los clientes españoles, satisfechos con los fastos y los robos, con la inoperancia pública y las prebendas privadas, han hablado. Ya tienen lo que quieren. Es lo que han comprado con su voto. Después, por favor, eso sí, cuando abran el paquete y vean lo que han adquirido, que vengan llorados de casa, resulta tedioso e irritante escuchar la milonga de “si lo llego a saber…”

  22. Sarah Vagha

    Yo creo en tí era una canción (sacropop) que nos hacían cantar las monjas en el cole en 1972. Podría muy bien tratarse además de alguna frasecita fetiche de Escrivá de Balaguer … Si el Estado de Derecho se fundamenta en la fé, muy mal estamos.

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