Lecciones y maestros

Introducción. leccionesymaestros3Los escritores Antonio Muñoz Molina, Ángeles Mastretta y Luis Mateo Díez protagonizan la tercera edición de las jornadas Lecciones y maestros, que se celebran en Santillana del Mar (Cantabria) los días 22, 23 y 24 de junio.

Leo en la comunicación oficial que “esta cita internacional de la literatura iberoamericana ha reunido, en ediciones anteriores, algunas de las más destacadas figuras de nuestras letras: Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, José Saramago, Arturo Pérez-Reverte, Javier Marías y Mario Vargas Llosa. Tras el éxito y difusión alcanzados por las jornadas, esta nueva edición contará, una vez más, con invitados nacionales e internacionales, entre ellos catedráticos de literatura, críticos, editores, académicos, periodistas y personalidades del mundo de la cultura”.

Aparte de los protagonistas, ¿quiénes participan? Luis Miguel Aguilar, Nuria Amat, J. Ernesto Ayala-Dip, Álvaro Colomer, Álvaro Delgado-Gal, Soledad Foz Maura, Luis G. Martín, Ángel G. Loureiro, Luis Leante, Olga López-Valero, Joaquín Marco Revilla, José María Merino, Julio Ortega, Chritine Pérès, José María Pozuelo Yvancos, Patricio Pron, Domingo Ródenas de Moya, Dora Esthela Rodríguez, Manuel Rodríguez Rivero, Saïd Sabia, Santos Sanz Villanueva, William Sherzer, Michi Strausfeld, Fernando Valls y yo mismo.

Me han invitado a participar. No soy catedrático de literatura, no soy crítico, no soy editor, no soy académico, no soy periodista: tampoco eso que llaman una personalidad del mundo de la cultura. Me han invitado a participar para hablar de la obra de Antonio Muñoz Molina. Allí podré exponer una parte de las conclusiones a que llegué en mi libro Pasados ejemplares. Historia y narración en Antonio Muñoz Molina (Biblioteca Nueva, 2004). Y allí podré participar en las discusiones sobre la novela a partir de los casos de Luis Mateo Díez y de Ángeles Mastretta.

Leo algo más del comunicado oficial: “estas jornadas, organizadas por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y la Fundación Santillana, tienen lugar en la Torre de Don Borja, sede de la Fundación en Santillana del Mar, Cantabria, y forman parte de los cursos de verano de la UIMP. Aunque no constituyen una actividad abierta al público, se transmiten íntegramente a través de Internet. La sesión de clausura –con entrada libre hasta completar aforo– tiene lugar en Santander, en el Paraninfo de La Magdalena”.

Todas las sesiones podrán seguirse en directo en: elpais.com, fundacionsantillana.org, uimp.es, elboomeran.com y alfaguara.santillana.es.

luismateodiezLuis Mateo Díez. Primera sesión del encuentro Lecciones y maestros, en este caso dedicada a Luis Mateo Díez. En la sede de la Fundación Santillana, en un espacio organizado como un café literario, sin barreras, hemos tenido el encuentro con el escritor leonés. Ha sido un repaso por su obra, una creación que no es propiamente autobiográfica. Tampoco es autoficción, aunque incorpore experiencias del autor. Es una misteriosa y afortunada aleación de datos ciertos y fantasías verosímiles. La revisión que ha hecho José María Merino ha apuntado estas y otras cosas, ha subrayado la importacia del territorio de Celama y ha destacado el lugar de la Provincia como espacio propio de sus ficciones. Los invitados de la mesa redonda moderada por Fernando Valls han incidido en estos y en otros aspectos y el propio Luis Mateo Díez ha dado la réplica amistosa haciendo especial hincapié en el callejón –en los callejones— como epicentro de las relaciones  humanas, las de una demografía vasta e inventada. Interpreten esta palabra –callejón– en un sentido metafórico pero también real.

La cosa ha transcurrido severa y académicamente hasta que hemos topado con un dato característico de su obra, un dato irrepetible  que ha provocado coincidencia general y un buen humor creciente: la importancia que tienen los pirados en las novelas del autor. Digo bien: los pirados, los extraviados, esos individuos algo dementes que pululan por la provincia, por los callejones, por los negociados.  Son gentes capaces de no ver lo evidente o de atisbar con una clarividencia aplastante lo que está oculto, gentes de discurso tajante que vaticinan, gentes averiadas por la vida y aún esperanzadas.

No se le ha mencionado expresamente pero cuando se hablaba de estos tipos, yo estaba pensando en Alejandro Saelices Cordal, el poeta olvidado, el vate enterrado de El expediente del náufrago (1992). Es una novela antigua de Luis Mateo Díez pero su lectura o relectura actuales aún siguen conservando el encanto demente, humorístico y finalmente patético de la primera vez. ¿Alguien imagina a un versificador que decide enterrar entre legajos su obra poética? Trabaja en el Archivo –así, con mayúsculas– y allí, entre los expedientes de Actas –si no recuerdo mal– sepulta su obra. No les cuento más, claro. No sé por qué esta novela de Díez me cautivó especialmente: es probable que sea el espacio del Archivo, ese mundo de papel polvoriento en el que el tiempo arruina todo lo previsible, toda expectativa razonable. 

El Archivo es un depósito ordenado, un limbo, pero es también metáfora viva del caos real que la clasificación o la catalogación de los facultativos no pueden detener, un pozo de aguas estancadas. A la postre, muchos expedientes cuidadosamente guardados en lengajos que a su vez van a parar a secciones forman eso: un archivo. ¿Podemos hacer analogías con la vida? Es posible hacerlas porque en este negociado también habitan esos individuos pirados que sobreviven o mueren entre la rapiña polvorienta de los documentos. Los documentos no son toda la existencia, no registran toda la vida. Hay siempre un exceso y una falta, y entre el exceso y la falta están los sanos y los insanos que entre sí tienen tratos directos o vicarios.

La obra de Luis Mateo Díez es como un inmenso archivo con documentos varios, algunos hermanados entre sí y otros orgullosamente solos. En todo caso, necesitan ser leídos para comprender las intenciones de los individuos que las pueblan y para explicarse el mundo general que les rodea. Si, además, su lenguaje sabe captar registros antiguos y expresiones actuales, fórmulas arcaizantes y modismos de hoy, el resultado es el de una sintaxis espectacular. No es prosa sonajero, sino una lengua de recias resonancias, de ecos cervantinos, y con un poderoso dominio de la descripción, de la representación. ¿De qué? De lo fantaseado, entre la suma ingente de pirados que luchan por hacerse un hueco entre las páginas de las averías humanas.

Angelesmastretta1Ángeles Mastretta. Lo primero que llama la atención de Ángeles Mastretta es su simpatía, su expansiva humanidad, su dominio escénico. En este mundo, no es raro tropezar con el autor ensoberbecido o fatuo. En Mastretta hay humor, buen humor, y hay también seguridad en el habla, la propia de alguien que confía en sí misma y en sus propios logros.
 
Mastretta ha sobrevivido a la epilepsia, al miedo cierto y constante de una muerte aparente, de un ataque fulminante. Desde jovencita, esa dolencia la ha acompañado y a pesar de la medicación, algo queda del viejo temor ancestral, el que provoca un mal tan literario: de genios, según le dijo un amigo. Pero no es ésa la única barrera que ha debido saltar.
 
También ha sido una rémora su propia condición de novelista mujer…, como ha destacado en su presentación Nuria Amat. Mastretta ha triunfado en una cultura que suele menospreciar u olvidar a las novelistas. En un contexto de esta índole, ¿qué significa triunfar? En las letras hispánicas, en efecto, las mujeres no ocupan un lugar prestigioso. Tal vez porque el objeto frecuente que tratan es el amor, los sentimientos, las emociones, las pequeñas cosas que tantos varones –escritores o no– suelen ignorar.
 
En Mastretta, en las novelas de Mastretta, están la familia y el papel que los individuos juegan en su seno, a veces cargando con arquetipos que les vienen definidos de antemano.  Están los machos de su México natal, pero también los hombres muy hombres de la América hispana. Revisar esos roles, contándolo todo con fluir y dominio es  un ejercicio de esta autora.  La novelista echa mano de sus experiencias, de gentes que ella conoció, pero sobre todo de gentes que eran así en su país, en su entorno, en su circunstancia ambiental.
 
Echa mano también de la cultura popular, de esas músicas que configuran el mundo y las relaciones de los hispanos: desde el bolero al tango. Eso lo he podido constatar en la novela de la que mejor podría hablarles: Mal de amores (1995). Música y amores: ¿no estaremos ante folletines, ante melodramas? No: Mastretta se vale de esos géneros para mezclarlos con la novela histórica, con la novela familiar, sirviéndose de una prosa eficaz y precisa, la propia de una mujer que estudió periodismo.
 
Porque lo que le interesa es contar, relatar en un flujo inagotable de historias que son vidas alternativas o paralelas: justamente las que ella no ha tenido. Pluralidad de existencias es lo que la novela nos da, cierto: algo que sabemos, pero algo que no deja de ser verdadero. Si hay muchas existencias imaginarias que amplían la experiencia de la propia autora, entonces la escritura se convierte en un descubrimiento. En efecto, Mastreta escribe a tientas –ha confesado– sin saber exactamente a qué lugar o a qué estado va a llegar. Tiene la carpintería, dice; ahora hay que rellenar ese esbozo hasta hacer un mueble completo, una novela: por ejemplo,  Arráncame la vida (1992).
 
 AntonioMunozMolinaAntonio Muñoz Molina.  El homenajeado del día estuvo cariñoso y cercano con quienes estuvimos con él, con quienes debíamos glosar su obra. Dice Juan Cruz en su blog que “Muñoz Molina está dotado de una lupa muy especial; dijo Justo Serna que es la lupa del historiador del arte, capaz de asomarse a las profundidades de un detalle para agarrar de éste todo su poder de metáfora”.
 
Efectivamente, creo que lo que estuvo presente en todo momento es el poder de observación de que debe estar dotado un novelista. Este novelista, en concreto, está acostumbrado a mirar como historiador, como el historiador del arte que es. Quien mira así distingue cosas, personas, hechos. Toma ese repertorio interminable de objetos como las piezas sueltas de un museo o como los documentos que duermen en un archivo. Por sí solos, esos documentos y esas piezas transmiten información, pero son también un enigma: el observador no capta la totalidad de su significado, pues hay una parte de lo evidente que se ha perdido y además no siempre puede relacionar la pieza o el documento con otras u otros que son su contexto, ese que le da su coherencia final.
 
La mirada de Muñoz Molina es la del aturdido observador que va a la caza de lo grande y lo minúsculo para hallar su sentido y, sobre todo, para integrarlo en una narración: en un pequeño relato que luego publica bajo la forma de colaboración periodística o en una gran novela que más tarde colma las expectativas de sus muchos lectores. Si va a la caza de lo inesperado que debe ser integrado y parcialmente explicado, la materia de que se sirve es azarosa, como azaroso es también el resultado de la obra, el curso y la consumación de esa obra. La experiencia no garantiza el buen producto. La facilidad o el mucho hábito pueden arruinar una ficción, justamente por la creencia –tan difundida– de que lo ya sabido sirve para lo que está por venir. En ocasiones, un pequeño detalle sólo provoca una narración mucho tiempo después. Habrá que esperar, pues. Pongamos un ejemplo, que en mi intervención precisé brevemente.
 
En julio de 1969 llegaron los primeros hombres a la Luna. El muchacho llamado Antonio Muñoz Molina tenía trece años en esa fecha. Como otros contemporáneos suyos, muchos niños quedamos absolutamente hechizados por ese prodigio de la aeronáutica. Dicho acontecimiento permanecerá durante años y años… y ya para siempre como un suceso de significado incierto que nos perturbó, alimentando la imaginación. Transcurridas dos décadas, el artículista Muñoz Molina vuelve sobre ese acontecimiento en un artículo triste, emocionante, evocador titulado “Un verano en la Luna” (1990), luego incorporado en su libro Las apariencias (1995). Pasados muchos años, el novelista reelabora ese texto hasta hacer una novela de formación, El viento de la Luna (2006).
 
 
O, como también dice Juan Cruz, “un suceso de 1969, el viaje a la luna, tan distante de Úbeda, o de Mágina, dio de sí El viento de la luna, una memoria-ficción que rompe los moldes de los libros en los que los escritores cuentan la adolescencia, para contar una historia completa, la de los suyos cuando la época era aún más ruda y más opaca”. 
 
La capacidad de invención depende de la capacidad de observación, de las mezclas de lo material y lo inmaterial, de lo ocurrido y lo leído. Uno observa un minúsculo dato de lo real y lo toma como el detalle de un todo, pero no siempre ese entero es conocido, con lo que el detalle acaba siendo el fragmento de una totalidad que sólo podrá reconstruirse azarosamente. Muñoz Molina se vale de numerosos fragmentos del pasado y del presente, recogidos con avidez observadora, con la paciente escucha de quien atiende a los mayores.
 
Luego ese material es expresado, descrito, mostrado y narrado en sus relatos o en sus novelas, añadiéndoles el valor y la emoción que los objetos  provocan en sus personajes y en sus narradores. Muñoz Molina se desdobla en esos caracteres y, por tanto, recupera vivencias propias y ajenas que ordenan o desordenan el pasado y el presente.  
 
Colofón. ¿Y…? Espero volver sobre Luis Mateo Díez y sobre Ángeles Mastretta. Y volveré sobre Antonio Muñoz Molina, desde luego. Nos anuncia para el próximo mes de noviembre una nueva novela ambientada en 1935 y 1936: una obra de ochocientas páginas. Eso me confesó el autor. Será un un festín, seguro.
 
La estancia en Santillana del Mar –tan agradable, tan cuidadosamente organizada– te hace convivir durante tres apretadas jornadas con escritores, con críticos, con periodistas, con profesores. No es un Congreso de literatura; tampoco es una promoción editorial. Es un homenaje a tres autores que se han ganado el respeto y la admiración de muchos lectores. También se han granjeado la hostilidad fiel de otros tantos detractores. La importancia de un escritor no se mide únicamente por las ventas que tiene; tampoco sólo por los ditirambos que se le dedican. En realidad, la relevancia de un autor se calcula por las reacciones que es capaz de provocar: la de quienes lo leen incluso con arrobo y la de quienes lo detestan con obstinación leal.  En Santillana no se trata de medir estas reacciones, sino de homenajear a quienes son autores influyentes de las letras hispánicas, novelistas que son responsables de algunas de las obras más significativas de las últimas décadas.
 
Yo era de los pocos historiadores que estaba invitado a este encuentro. La amabilidad de Antonio Muñoz Molina me llevó hasta allí. He tenido la oportunidad de charlar, de discutir yde compartir mesa y mantel con colegas de otras disciplinas: por ejemplo, con nuevas amigas como Christine Pérès u Olga López-Valero. Han sido extraordinariamente amables conmigo. Como lo ha sido  una persona encantadora y experta, una leyenda de los estudios hispánicos: el norteamericano William Sherzer. Su sabiduría y su bonhomía las reparte a manos llenas. Otro festín.
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Apéndices
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Lecciones y maestros, edición 2008.
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La intervención de Javier Marías, aquí.
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 Nuevo artículo de Justo Serna en El País:
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41 comments

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  1. jserna

    Gracias. No me lo tome a mal; tampoco quiero ser desagradecido. Pero me hace mucha gracia que me desee “buena suerte”. ¡No voy a torear ni a correr una maratón!

    Gracias, insisto.

  2. Ana Serrano

    Me alegro, Justo, de que lo llamen a usted porque todo eso que dice que no es…¿Es que le es necesario? A mí me parece que no.

    Algo que siempre me deja perpleja es que jamás, jamás, jamás, llaman para participar en estas cosas a los más grandes “maestros” que tenemos en nuestro país; fundamentalmente Rafael Sánchez Ferlosio e, inmediatamente después, Juan Eduardo Zúñiga. ¿Influyen las modas? ¿Que no están en la “pomada”, como dice otro grande que se apolilla en casa, Manuel Longares?… Qué más da. Ello siguen escribiendo. Es lo único que importa.

  3. Lázaro

    El gato le estaba dando leña y decidió cambiar el paso con un nuevo tema, cortando las intervenciones magistrales de Pumby y Lillo.

    Nada lo que interesa es la vanidad, y la soberbia que produce el ser invitado a un acto literario de postín. ¡Muy interesante!

    Ahora se sucederan una serie de mensajes felicitando al Sr. Serna. ¡Al final reventará de vanidad!, Cuidadín¡

  4. Ana Serrano

    ¡Acuéstate, Lázaro!

    Nunca entenderé qué pintan por aquí estas personas a las que les cae tan mal el anfitrión.

  5. jserna

    Querida Ana, muchas gracias por tus palabras tan cariñosas.

    Lázaro me reprende y dice que he cortado las intervenciones de Pumby y Alejandro Lillo. Yo no corto nada. Ah, y no reviento de nada, y menos de vanidad. Suelo ser muy contenido.

  6. Ramón

    Don Justo: creo que su aportación despierta expectativa en personas como las que seguimos el blog, a las que seguramente nos resultará intelectualmente muy interesante (si finalmente podemos leerlo).

    Muñoz Molina me ha resultado interesante como novelista; aunque me ha defraudado bastante cuando decide intervenir en asuntos educativos e identitarios.

    Aunque la cita no sea una corrida toros (¡qué horror!) ni una maratón (¡qué cansancio!) permítame desearle suerte también, porque todos tenemos días más o menos brillantes. Espero que sea de los mejores para usted en esta ocasión.

  7. Antiguo Alumno

    SR. Serna: fue profesor mío hace unos años y nunca nos dijo nada de Muñoz Molina en clase. Se lo tenía muy guardado. Es como si las novelas no tuvieran que ver con las clases de historia. ¿Era así o era que sus investigaciones no las exponía en su asignatura por culpa del programa?

  8. José Luis

    Hace tiempo dije aqui que leyeran cosas de provecho. Veo que no se corrigen. Y saben de qué la cosa.

  9. Isabel Zarzuela

    Don Justo, esta mañana (6:30) anunciaban en la SER la tercera edición de las jornadas “Lecciones y maestros” en la ronda informativa que hacen de cada CCAA. No dude que seguiremos su intervención a través de internet. Quedamos a la espera de sus noticias.

  10. Pumby de Villa Rabitos

    Lázaro, hombre, tómate estas cosas con calma. Serna no ha cortado nada. Ambos habíamos expuesto nuestras razones sobre el Dahrendorf – así como Alejandro o David – y, la lógica indicaba que íbamos a continuar el debate más centrados en el liberalismo (o los liberalismos) que en el autor que nos servía de coartada para adentrarnos en él.

    Entiendo y entono el “mea culpa” que, con mi digresión, no dio tiempo para adentrarnos en el asunto de fondo. Estoy seguro que Serna volverá a él en otro momento. Ahora, marchando a Cantabria, sería absurdo e injusto continuarlo.

    De que te sientas identificado con las opiniones de Alejando o de las mías propias, no puedes colegir que sean “magistrales” y, por ende, que las de Serna se vieran conmovidas por ellas. Al mismo tiempo, es cierto que, en mi caso, adopto una posición bufonesca para expresar mis ideas mientras que Serna, que es una persona adusta, se muestra, comedido y elegante para enunciarlas. Tampoco eso me da a mi más razón que a él.

    Aquí, el juego está en que puesta sobre la palestra la querella ante unos contertulios que todos presuponemos inteligentes, éstos, intrigados por la disputa, si conocen al autor o la idea, se refirmarán en lo suyo, variarán sus ideas al respecto o propondrán sus opiniones al resto; si lo/la desconocen, ello les impelerá a leer, investigar, debatir, charlar… con otras personas, en otros foros, sobre lo que aquí se trata. La inteligencia, pues, se difunde.

    ¿Quién gana el juego?… Lo ganan todos, salvo quien lo pierde. Y sólo lo perderá quien no sea consciente de que lo que se trata es de pensar, reflexionar, obtener, para uno, el suave vértigo de la ductilidad de las ideas; de saber que no hay verdades absolutas, ni sabidurías infalibles. Yo creo, Lázaro, que tu estás entre los ganadores. Estoy seguro de que no sólo puedes discrepar con Serna si no que, además, puede mirarte hacia ti y ser consciente de que, como todos, te quedan – nos quedan – cosas por aprender, ideas que pulir, opiniones que matizar. Sería terrible que el mundo se viera en blanco y negro cuando tenemos un arco iris para captar con nuestros sentidos y nuestra razón.

  11. jserna

    Buenos días. Veo que han estado muy activos. Ojalá pudiera contestarles uno a uno. Ahora les voy a dejar.

    Tengo la posibilidad de darles cuenta de las jornadas a través del blog. Es decir, puedo estar conectado y dentro de unas horas quizá pueda decir algo sobre esta primera sesión. Las jornadas se desarrollan por la mañana y quien quiera puede acceder a través de los enlaces que les he puesto arriba.

  12. Alejandro Lillo

    Hombre, Lázaro, magistrales, magistrales, casi que no, al menos por mi parte.

    Por lo demás, me gusta la filosofía de Pumby.

    Ya veremos como la ha ido la jornada al señor Serna…

  13. La ratita presumida

    Sr. Serna, estoy leyendo el programa de ‘Lecciones y maestros’, y veo que las conferencias se celebran por la mañana, salvo la clausura de las jornadas que tendrá lugar el próximo miércoles por la tarde. Claro que, para todos aquellos que trabajamos por las mañanas, nos es imposible poder seguir sus intervenciones en directo. ¿Sabe si existe la posibilidad de seguir esta edición en diferido?

  14. jserna

    Pues la verdad es que no lo sé. Creo que no. Luego, en el Boomeran(g) irán sacando resúmenes. Eso tengo entendido.

    Un servidor interviene el miércoles a partir de las 11:30.

    Gracias por su interés.

  15. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Vaya paliza te estás pegando, Serna! Total, para tenernos informados al minuto. No nos malcries, haz “sociales” con esa gente y ya nos contarás a la vuelta la experiencia.

    ¿O estás haciendo un ejercicio de “retorcimiento” de las aplicaciones de las nuevas tecnologías – en este caso, el blog – a través de revisar a su luz (y no “revisitar”, como dice algún lelo radiofónico de la SER, “experto” en ¡literatura!) un acto tan antiguo como el de reunirse personas e intercambiar historias?

    En cualquier caso, esta situación tuya de ponente-cronista-blogero me está dando vértigo…

  16. jserna

    Gracias, gato Pumby. Resumo arbitrariamente y sobre todo escribo a partir de las sugerencias que los hechos me provocan y sobre todo las viejas lecturas.

    No ejerzo de cronista comme il faut, porque si así lo hiciera debería contar, además, las reacciones del público o los actos con que nos agasajan: por ejemplo, la visita al Museo de Altamira. Es una cortesía de su director, que nos hizo de guía generoso a la neocueva. Una persona audaz en sus juicios y en sus conjeturas, alguien sabedor que le puso mucho entusiasmo y teatro a su exposición.

    Si lo desean, pueden hacerme preguntas sobre el desarrollo de las jornadas…

  17. Marisa Bou

    Acabo de echar una miradita a lo que está sucediendo en este momento en las jornadas. Veo un público muy atento, tomando notas diligentemente, y veo a Serna, sentado solo a un velador de café, con su terno oscuro impecable y su gesto serio y atento.

    Lo que nos ha de contar, amigo Justo, son sus impresiones personales acerca de estos maestros de la literatura y de quienes intervienen con sus comentarios, que no supongo menos maestros. Trataré de ver el acto de clausura en la Magdalena, que como no es en horario de trabajo, me lo puedo permitir.

  18. Alex

    Gracias por la crónica. No he podido visionar más que un trozo del video de Mastretta. Trataremos de ver el de Munoz Molina.

  19. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Vaya pasada de artículo, Serna!… ja, ja, ja… Excelente propuesta…

    Bueno, volviendo al encuentro donde estás… el listado de participantes que citas es abrumador, algunos nombres son muy conocidos, otros no tanto… lo cual me trae a la cabeza la cuestión cuantitativa. Al hablar de Mastretta destacabas, citando a Amat, su difícil situación como escritora por su condición de mujer. No pasa lo mismo en el ámbito anglosajón. No es que estén curados de machismo pero no parece que les importe tanto el género como la capacidad del autor para comunicar con los lectores. O sea, lo que se evalúa objetivamente con las ventas. Sin embargo, en el hispánico, las anécdotas biológicas, cual pueda ser el nacer hombre o mujer, o los convenios de conventillos intelectuales (pongamos de críticos literarios y círculos académicos, especialmente), dan alas a unos que por mayor aplauso “experto” que tengan no consiguen vender una tirada mediana y silencian a otros que no llegan ni a la imprenta.

    En esas jornadas cántabras, en algún momento, en algún sitio, en algún informe, ¿se dice qué índice de ventas tienen, al menos, los protagonistas del evento: Mateo, Mastretta y Muñoz? Creo que sería interesante, a la hora de analizar la obra de alguien, conocer su poder de seducción para el lector. Siempre, claro, que se considere al lector un elemento del proceso de comunicación de una obra literaria.

  20. Arnau Gómez

    ¡Por las furias del Averno!.Mi querido D. Justo he leído su artículo en El País.Tiene mucha retranca. Y eso es lo que me precoucupa,porque nuestro pueblo,soberano sin corona y sin enterarse que lo es, se lo puede tomar al pie de la letra y pedirle al Mucho Honorable una versión subtitulada al chino de “Alo presidente” (“Alo president”, para los autóctonos).¡Lo que nos faltaba para ser y parecer, un remedo de república banarera, ladrillera más bien, aunque en otros tiempos podría haber sido naranjera, pero de esa fruta ya no queda.
    Me imagino otro tipo de programa, que se podía titualr “Gloria in excelsis Francisco”,que comenzaría con unos motetes, cantados por la escolanía del Santo Oficio, seguidos por una misa cantada. Durante la misa y antes de Credo, surgiría el Mucho Honorable de una bruma de incienso, mientras la escolanía cantaría, acompañada de órganos de toda la comunidad, el “Allelujha”.
    El Mucho Honorable hablaría del mal (Gobierno central, Zapatero, Fernández de la Vega,Rafael Rubio y esos gilipollas que digüen “aleshores” y “gairebé”).. A continuación hablaría de lo muy bien que lo hacen, pagando unos milloncetes de nada por NO traer la Fórmula 1 ni la America’s Cup,por culpa de ZP; lo mucho que cuesta sostener el turismo de sol y playa, que sol lo hay, pero playa ya casi no queda, por culpa de la Dirección de Costas.
    Para terminar,después del tiempo que considere oportuno su asesor,hablaría de él mismo, de lo bueno que es, del buen tipo que tiene hasta el punto que todos los tarjes le sientan divinamente; de los muchos amiguitos que consigue con su dulce política,que hace que le regalen muchos trajes y otras bagatelas, que no vale la pena comentar.Acabaría el programa con el rezo colectivo de una plegaria, que la comunidad que reza unida con su Mucho Honorable,permanerá unido y ni los poderes del infierno,prevalecerán contra ella.
    Díganme hasta donde puede llegar la señal del Canal “Nodo” 9,para poder buscar ese lugar, en cuanto empiecen las emisiones, que, habría que añadir,serían de obligado cumplimiento escucharlas.
    ¡Páselo bien en Cantanbria!.

  21. Arnau Gómez

    “Hasta donde no puede llegar la señal de Canal….”, Y es Cantabria.¡Este calor!

  22. David P.Montesinos

    El tema Canal 9 es tan escandaloso que creo que es un error refugiarse en aquello -que oigo mucho desde hace años- de “yo, simplemente, no la veo”. Yo soy partidario de verla, tiene un valor semiótico sumamente aprovechable. Me estoy refiriendo al artículo de Serna en El País, que, como dice Arnau, tiene retranca, más carga de ironía de lo que es habitual en nuestro amigo. Pero solo es una fantasía, no hace falta un “Aló president” más o menos estrambótico y bananero porque Canal 9 ya es todo él un “Aló president”. Creo haberlo contado ya en este blog, pero un antiguo alumno que fue becario en el ente me contó que, tras haber sido arrinconados los funcionarios de la empresa por falta de afinidad ideológica y porque no les debía gustar hacer de palmeros, quedaron la mayoría arrinconados en el pudridero de Punt Dos, la segunda cadena, a la que desde entonces llaman los iniciados “Guantánamo”. Curioso, “Guantánamo” es lo único que de vez en cuando merece la pena ver de la televisión autonómica.

  23. jserna

    Gracias a Pumby, Arnau y David, por sus palabras dedicadas a mi artículo y a lo que irónicamente denuncia. Es un escándalo, sí, la situación de Canal 9 y adyacentes: un escándalo lo que vemos, lo mediático. ¿Qué serán sus interioridades profesionales, ese ‘Guantánamo’ al que confinan a los irredentos? Habrá que volver.

    Si me permiten y como hoy quiero acabar mi crónica subjetiva de las jornadas de Santillana, regresaré al tema central que nos ocupa: es decir, a los tres autores que nos han reunido allí. No a Mateo, Mastretta y Muñoz, que dice Pumby, sino a Díez, Mastretta y Muñoz Molina, que son sus apellidos por los que son conocidos. La pregunta que formula el gato es interesante, la de las ventas. Las ventas no están directamente relacionadas con el poder de seducción que la obra de un autor ejerza sobre un lector. Por supuesto que el destinatario es un elemento del proceso de comunicación de una obra literaria: es más, completa ese proceso. Pero la seducción no es equivalente a ventas. Los tres autores mencionados venden bien incluso mucho, pero las virtudes lierarias de sus respectivas prosas y tramas es lo que atrae: hablando de una novela, la seducción es un proceso individual, aunque es cierto que la recepción de una obra está rodeada de campañas y de paratextos que refuerzan la llegada del texto. Podemos razonarlo.

    Por otra parte, quiero acabar en el texto del post la parte correspondiente a Antonio Muñoz Molina: estuve en la mesa redonda que discutió sobre su obra, una mesa que fue sobre todo un homenaje. Juan Cruz hace una crónica subjetiva e interesante de esta última jornada:

    http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2009/06/ardor-guerrero.html

    Con detalle, A. Castilla y J. Ruiz Mantilla, resumen parte de la intervención de Muñoz Molina:

    http://www.elpais.com/articulo/cultura/Munoz/Molina/defiende/inspiracion/actitud/escritor/principiante/elpepucul/20090625elpepicul_5/Tes

    Y quiero poner un colofón sobre mi estancia en Santillana del Mar.

  24. Pumby de Villa Rabitos

    Bueno, Serna, yo creo que con los comentarios de Arnau y de David abundando en tu artículo deberías considerar dedicar algún “post” al Canal 9. Recuerdo hace muchos, muchos años, cuando el PSOE ganó sus primera elecciones generales que uno de los timbres de gloria de su triunfo fue el de haberlo conseguido “a pesar” de que TVE ejerció una fuerte campaña centrista (o sea, a favor de la hoy extinta UCD) ¿Por qué no lo logra ahora? ¿tiene tanto peso la Autonómica Valenciana, o la Madrileña, como todo eso? ¿es tan fácil, dominando una TV, dominar un electorado?… bueno, en el aire lo dejo.

    Volviendo a tus comentarios sobre las jornadas, no deja de causarme una cierta gracia la “denominación oficial” de los escritores. Es un detalle nimio pero significativo.

    Soy un gato ordenado. Me gustan las cosas claras. Retened la idea, voy a dar un rodeo. Una de las excelencias que tiene la cultura española es que ha impuesto, en el nombre de sus ciudadanos, el uso del apellido del padre y de la madre. Incluso, tras la última modificación legal, el uso en indistinta posición de uno y otro. Creo que es un logro para este trozo de humanidad machista en el que vivimos que a uno se le reconozca por igual tanto por su raíz paterna como por la materna. No ocurre eso en el resto del mundo occidental donde sólo se usa el apellido paterno (y ya no entro en aquellos casos denigrantes en que una mujer llega hasta perder el de su propio padre en favor del tipo con el que se ha casado y del que, en unos años, se divorciará… probablemente). Parecería lógico, pues, que en España la gente se reconociese por sus dos apellidos, “verbi gratia”, Muñoz Molina. Y volvemos al caso de mi orden. Si Mestretta sólo tiene el apellido de su padre, por tratarse de una mexicana, me parece lógico usar, entonces, por cortesía, el primer apellido, de ahí que cite a Muñoz Molina como, simplemente, Muñoz. ¿Qué pasa entonces con Luis Mateo Díez? Pues que usa, como nombre comercial, el de su madre. ¿Porqué? Él sabrá. Y no tiene porqué saberlo nadie más. Si se presenta en sociedad como Mateo Díez, es Mateo Díez, y si estamos hablando exclusivamente de apellidos paternos, el suyo es Mateo, no Díez. Y, dado que yo hablaba para la sociedad en general, no para aquel grupo social que sabe porqué motivo a un autor se le ocurrió ser conocido por este u otro apellido, preferí usar esta fórmula de sólo el primer apellido.

    ¿Dónde está lo significativo de la observación?… en una viejísima tradición literaria española… las capillitas, los conventillos, los circulitos endogámicos… Luego viene el anglosajón/a de turno a vender su traducción al castellano de su último éxito en Nebraska… ¿y dice que les revienta el mercado?… ja, ja, ja… no, hombre, no, no les revienta nada, es que no les conoce nadie… fuera de su circulillo, claro.

    Se abre un campo mucho más amplio cuando Serna apunta la idea: “Las ventas no están directamente relacionadas con el poder de seducción que la obra de un autor ejerza sobre un lector” (sic). Sí, como propone nuestro amable anfitrión, tendremos que razonarlo. Porque, si en efecto, coincidiendo también con él, la seducción es un acto individual. Es, precisamente, la seducción por un producto lo que hace que el comprador individual decida su adquisición. Independientemente de sus valores objetivos (el caso de los video es paradigmático, se impuso el VHS, el peor, tras desbancar, primero al mejor, el Euro2000, y luego al Beta). Y un libro, es un producto. Luego, su relación con las personas funcionará como la de todos los productos: a más individuos seducidos, más ventas realizadas. Vale para el jabón y vale para la novela.

    ¿Niega ello las virtudes literarias de una obra? En absoluto. Releía el otro día al pobre François Villon – delincuente, asesino, ladrón, pendenciero, desaparecido… – al que nadie le hizo puñetero caso en su siglo, el XV, pero que desde el XVI está considerado el mejor poeta francés de su tiempo. Es un caso notable de obra sublime perfectamente invendible en su momento. En esos casos extremos – Franco Maria Ricci tiene una buena colección de obras de este tipo – el argumento es válido. ¿Lo es cuando un autor lleva años, décadas, en el mercado y sus tiradas son de…? ¿de…? En España, un sepulcral silencio se cierne sobre nuestros “grandes autores” cuando se trata este asunto. Claro, que pasa lo mismo con “las grandes tiradas” de las editoriales. He tenido el placer de relacionarme con escritores británicos y norteamericanos afincados en La Marina, en Altea, preferentemente, y un motivo de guasa habitual eran esas cifras. En Londres hay editoriales locales que tienen tiradas más amplias, sólo para la ciudad, que las españolas que cubren todo el ámbito hispano, esos centenares de millones de hispanoparlantes que siguen prefiriendo una traducción anglosajona – hasta pésima – antes que adquirir una novela de uno de esos “consagrados” por los cenáculos de “expertos”. Pasa que unos logran seducir al lector, hasta invitan a leer a quien nunca lo hizo (caso de Joanne Kathleen Rowling, Ken Folleto, Stefen King o, ya el colmo, Dan Brown, un pésimo escritorzuelo de disparates). Pasa que los otros, no (y precisamente, Mestretta y Muñoz son de los más presentables en el ámbito hispano). “Ergo” unos seducen, otros no; unos venden y otros no.

  25. jserna

    Pumby, ahora después regreso con otras cuestiones que plantea.

    De momento insisto en la cuestión de nombres: llamar Mateo a Luis Mateo Díez es incorrecto, pues el nombre con que se presenta en sociedad es Luis Mateo Díez. Su primer apellido es Díez. Por su parte, Muñoz no se presenta nunca a sí mismo como Muñoz o Antonio Muñoz, sino como Muñoz Molina o como Antonio Muñoz Molina. Tiene derecho. En cambio, Mastretta sí que se presenta así o como Ángeles Mastretta.

    Queremos que respeten los apellidos que usamos en sociedad. Como queremos que a Josep Lluís se le llame Josep Lluís aquí y en la China popular.

  26. Paco Fuster

    Ayer seguí íntegramente la mesa redonda sobre Muñoz Molina. Escuché parte de la presentación de Ángel G. Loureiro pero no pude escuchar la réplica de Muñoz Molina.

    De la mesa redonda hubo cosas que me gustaron y otras que no. Aunque lo mejor sería analizarlo con calma y matizarlo, apunto ahora cuatro ideas.

    Lo que más me gusto fueron las réplicas de Muñoz Molina. La ironía que usó y esa naturalidad contando anécdotas (aquella de la foto con el sombrero de paja fue muy buena) con ese acento andaluz me provocaron más de una risa. Y también me gustaron sus reflexiones sobre la literatura y el carácter de los españoles. Aquello que dijo de que: “En España si no eres arrogante, se creen que eres tonto”. Muy interesante.

    Luego hubieron varias cosas que, no digo que estuvieran mal, pero no me encajaban mucho con lo que se supone que era el acto y lo que el moderador dijo que iba a ser.

    Para empezar, no me acaba de gustar la propia escenografia del acto. Entiendo que el hecho de usar esas mesitas redondas y esas sillas de madera (las mismas, si no me equivoco, que usaba el público) es para dar una sensación de mayor cercanía del escritor homenajeado respecto a su público, para evitar la distancia y el respeto que impone la típica tarima elevada, aparentando que todos los presentes están allí en un plano de igualdad y cercanía. Por las posturas de algunos de los hablaron, parecían estar un poco incómodos.

    Luego tampoco me gustó mucho la intervención de Rodriguez Rivero. Aparte de algunos despistes con los nombres y los datos, que pueden ser entendibles, no me gustó la distribución de tiempos. Me parece que los miembros de la mesa (en especial Justo) hablaron muy poco tiempo. Dijo que iba a haber una conversación fluida con varias intervenciones, pero no es eso lo que yo vi. Hubo gente (de la mesa digo) como Justo y la mujer que habló detrás que hicieron una primera intervención y luego ya no hablaron más. También me parece que Muñoz Molina alargó un poco su intervención (él mismo se daba cuenta). Y luego lo que tampoco és normal (bajo mi punto de vista) es que la gente del público que intervino tuviera más tiempo la palabra que la gente de la mesa. Supongo que no lo harían a drede y entiendo que se buscaba esa implicación del público, pero no parece lógico.

    Nada más. Eso es lo que yo vi. En resumen, se trataron temas interesantes (algunos de ellos – la diferencia ficción-realidad – se repitieron bastante) pero fue una hora y media entretenida. No había oído nunca hablar a Muñoz Molina y me sorprendió. Viéndolo desde fuera parece un tipo muy serio y distante (quizá la barba y esas gafas), pero luego habló como una persona humilde y cercana. Me quedo con una idea que lanzó ayer (citó de memoria): “Hay que hablar menos y hacer más. Si usted dice que sabe hacer algo, no lo diga y hágalo. Que lo haga hable por usted”.

  27. jserna

    Podemos hablar de la organización, desde luego. Las jornadas están pensada como homenaje. Por tanto, es normal que los demás estemos como partes o piezas de lo realmente importante: el escritor homenajeado. La sesión se desarrolló –ustedes no lo sabían– con la angustia de que debía terminar pronto, incluso antes que las de días precedentes. A las 15 horas, ya comidos (es un decir), debíamos dirigirnos al aeropuerto. Imaginen el estrés en la mesa, entre el público y entre todos…

    Pero, Paco, te hago una precisión: yo intervine dos veces. Dos. La primera para soltar mi breve speach (así estaba pactado) y después para exhumar 1969 como fecha clave de dos novelas de Muñoz Molina: ‘Beatus ille’ y ‘El viento de la Luna’. Lo que yo dije es lo que se vio, pero detrás de esas palabras había tres días de conversaciones inagotables y muy entretenidas con los otros comparecientes, con Muñoz Molina y con Rodríguez Rivero.

  28. jserna

    Jornadas como éstas sirven no para examinar académicamente una obra, sino para mostrar la cocina del escritor, para reflejar algunos de sus rasgos dominantes, para acercar la obra al público conocido o nuevo. Esto no es un Congreso. Algún compareciente del día anterior confundió totalmente su papel, creyendo que estaba allí para entregar a manos llenas su saber académico. No era nuestro papel. Debíamos ser chispa o acicate. Ya era suficiente, ya.

  29. Paco Fuster

    Rectifico, Justo. Confieso que tu segunda intervención no la escuché o no la recuerdo ahora. Yo me refería sobre todo al primer turno. Ese breve y primer “speech” fue demasiado extenso (para mi gusto, siempre) en algún caso. De todas formas, imagino que lo mejor habrán sido esas largas y provechosas conversaciones durante los tres días (también me gustó lo que dijo Muñoz Molina sobre la persona que os hizo de guía en la neocueva, todo un detalle por su parte). Lo que pasa es que eso la gente no le ve.

    A mi la idea de las jornadas me parece muy buena, pero el formato no es desde luego el que yo elegiría. Aunque lo de retransmitirlo por Internet es una buena idea, pienso que se debería de potenciar más la asistencia de gente (ya sé que eso implicaría cambiar de espacio físico también). No tengo nada en contra de prisa y de la organización (gracias a Basilio Baltasar me digitalizaron los artículos de “Claves”), pero yo me replantería algunas cosas.

  30. jserna

    Gracias, Paco, por sus precisiones. Ésa es la diferencia entre una persona sensata y documentada, como usted, y mis queridos enemigos…, tan previsibles.

    Mi speech inicial, sí, fue corto, el que corresponde a un peón de Prisa, según Lluís, que está equivocado. Un peón es un lector de El País o un oyente de la Ser. Como lo soy yo mismo. Cuando leo o escucho ese periódico o esa cadena, soy un peón. Supongo que Lluís no podrá dejar de leer El País: para su propia formación, digo. Es importante desasnarse… Yo lo leo desde 1976 y he conseguido crecer. Aunque la verdad es que también leo El Mundo y Abc: para chutarme una dosis de subjetividad añadida.

    Perdóneme, Paco, que no me extienda sobre sus palabras: suscribo lo que usted dice. Aunque, ahora que lo pienso, quizá convenga volver sobre la neocueva de Altamira en otro momento.

    Volvamos, con Lluís. Dice que soy peón de Prisa. No. Cuando acudo a Santillana del Mar, lo hago en calidad de Brigada de Infantería. Ahora espero ascender a Subteniente. Supongo que Lluís permanecerá en la clase de tropa, con los reclutas. Lea ‘Ardor guerrero’, de Muñoz Molina. Le hará bien.

  31. jserna

    Por cierto, Ana, Ana Serrano. Hablamos con Antonio Muñoz Molina sobre Juan Iturralde, sobre su importancia y olvido, injusto olvido. En noviembre voy a presentar una breve ponencia en la que abordo ‘Días de llamas’, de Juan Iturralde, en un coloquio sobre la Guerra Civil. La mesa trata de cine y literatura. Mi aportación arranca de Iturralde. Ana, nunca podré agradecerle suficientemente que me descubriera esa obra. Y que me la regalara.

  32. Pumby de Villa Rabitos

    ¡No te preocupes por mis chorradas, Serna! Dale caña al asunto central que nos ocupa, que para debatir sobre lo otro siempre hay tiempo.

  33. Ana Serrano

    No voy enumerar mis males porque ni de eso tengo tiempo, querido Justo, sólo les diré que se multiplican de un modo inconcebible. Sigo leyéndolos, pero ni siquiera puedo con detalle; me ha encantado su artículo, aunque el no ser valenciana, ni vivir tan de cerca sus problemas, seguro que me quita disfrute, con ser mucho el que me proporciona su lectura.

    Sí quiero abundar en el “encanto”, la sencillez sin aspavientos de Muñoz Molina. Mis editores están dedicando el año a homenajear a Onetti en su centenario y tienen junto a ellos siempre a la maravillosa viuda, a la par que estupenda violinista, Dolly. Muñoz Molina abrió el homenaje con una charla sobre Onetti tan sencilla y tan, tan hermosa que ninguno de nosotros queríamos que acabara, comenzando por Dolly. Me encanta la persona que parece ser MM.

    Y me alegro de que le sirva el libro de José María Pérez Prat, a. Juan Iturralde ¿Dónde es la ponencia? Ahí sí que no es que quiera, es que necesito ir. José María es una de las personas que le han dado alegría y sentido a mi vida; un abuelito adoptivo al que quise como a muy pocas personas y al que leo con devoción y me permito recordarle, porque seguro que lo sabe, que una de las personas que lo entrevistó y que lo admiraba profundamente es Manuel Longares, con el que puedo ponerle en contacto y que uno de sus hijos, el menor, está dedicando gran parte de su vida a dar a conocer la obra de su padre. También puedo acercarle a él si no lo está ya.

    Me hace muy feliz que, precisamente usted, vaya a hablar sobre ese ser maravilloso que fue José María Pérez Prat y ese extraordinario escritor que era Juan Iturralde. En la agonía que vivo estos días, una noticia así me devuelve un poquito la sonrisa.

    Con mi única neurona, que, además es patinadora, no recuerdo si le envié lo que escribí sobre Juan Iturralde seguro que si porque a mí a plasta nadie me gana. Por si acaso y por si le sirve lo que hay ahí, le pongo los enlaces a mi foro en que sehabló de él (y de Zúñiga. Otro escritor extraordinario y otra maravillosa persona).

    http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=875&page=0#7544

    http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=963&page=0#8232

    http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=1471&page=0#11666

    Gracias.

  34. jserna

    Ana, aprovecharé estos enlaces que me manda sobre Iturralde. Deseo que pase esta mala racha, Ana.

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