Michael Jackson

ThrillerSupongo que no lo puedo evitar… Hay muertos, incontables y anónimos muertos, de quienes no escribo nada. Hay fallecidos ilustres de quienes tampoco me ocupo. Pero hay vivos  distantes que forman parte de tu vida.  Cuando mueren, es irremediable que te acuerdes de ti mismo. Eso me sucede con Michael Jackson. Cada pose o cada excentricidad  te son familiares. Cada logro, aquel logro, te devuelve a 1982.

Yo estaba acabando la mili en Sevilla y pernoctaba en un piso que habíamos alquilado varios soldados. Era hacia el final del servicio y nuestras relaciones se habían enfriado mucho. Prácticamente, cada uno de nosotros hacía vida independiente en su habitación, sin intercambiar palabra con su vecino más cercano. El inmueble, de principios del siglo XX, era enorme, con unas viviendas grandes, señoriales, de techos altísimos. En nuestro piso, las habitaciones eran desproporcionadas, aunque –eso sí– contábamos con una cocina increíblemente pequeña que casi no empleábamos. En cada cuarto, uno podía hacer la vida completa. Tenías tus libros, reunías unos pocos cassettes y disponías de lo necesario: las cosas de aseo, detergente, Mimosín, algo de comida y un transistor. Con la radio estabas permanentemente enchufado. Era nuestra conexión exterior.

Una de aquellas últimas tardes de diciembre de 1982, en un programa musical, escuché Thriller. Estaba producido por Quincy Jones. Yo ya conocía a Michael Jackson, principalmente por la serie televisiva que protagonizaban los Jackson Five y por los discos que los habían lanzado al estrellato. Pero, ah amigos, en 1982 estaba asistiendo al estreno radiofónico de aquel Long Play. Quedé muy impresionado. Siempre me habían gustado la música funky, los ritmos discotequeros y el pop, tan denostado por los rockeros puros y por los cantautores. Pero ese aprecio me lo reservaba para mí: lo padecía en silencio, con algo de vergüenza y de reparo, pues revelaba al tipo ordinario que yo era. Nada sofisticado.

Me fue imposible no quedar trastornado por el Thriller, de Michael Jackson. Te sacudía el cuerpo, obligándote a seguir sus ritmos poperos, a contonearte. Con increíble torpeza por mi parte, claro. Cuando regresé a Valencia, en 1983, su videoclip me impresionó aún más. En las discotecas que frecuenté (no diré con quién) se hacía el silencio cuando empezaba a sonar, pero sobre todo cuando empezaban a emitirse las primeras imágenes de aquella historia filmada por John Landis. Dejábamos de bailar: con aire reverencial nos disponíamos a ver una y otra vez aquel clip que iba a cambiar la historia de la música popular. No exagero ni un ápice. El género no lo inventó Jackson, desde luego. Pero fue a partir de su Thriller cuando se impuso el videoclip como recurso de creación y difusión, como reclamo, como arte de la composición.

La voz, los fraseos y la risa sardónica de Vincent Price, los zombis que recuerda Isabel Zarzuela, la historia de amor imposible, las tumbas humeantes de las que salían muertos vivientes envueltos en harapos. Michael Jackson capitaneaba la coreografía de aquellos zombis, ejecutando unos pasos que luego han sido imitados hasta la saciedad, como descoyuntados y deslizantes, inspirados en el baile callejero de los negros. ¿Recuerdan aquellos radiocassettes gigantescos? Ser portador de un aparato de estas medidas daba prestigio a su dueño. De sus entrañas salían músicas de baile, pero sobre todo salían los sones de Thriller.

Repaso las caras de los zombis y rememoro aquella risa final e inmediatamente recuerdo algunas de sus referencias. Por supuesto, La noche de los muertos vivientes (1968), de George A. Romero, y las versiones cinematográficas de Edgar Allan Poe protagonizadas por Vincent Price.

MJ_CVR_RMichael Jacson acaba de morir con cincuenta años. Yo estoy a punto de cumplirlos. Hace un par de temporadas, mis hijos me obsequiaron con el CD conmemorativo de Thriller, una nueva edición de lujo. ¿Su título? Thriller 25. Lleva como subtítulo la siguiente leyenda: The World’s Biggest Selling Album of All Time. Y, sin duda, lo es.

Es el mismo disco, pero no lo es. En principio, a Michael Jackson no lo vemos pálido, en su último estado (según nos recuerda Juan Planas). Lo vemos rotundamente negro: en la contracubierta se reproduce la portada original, en la que, si se fijan, ya estaba fuertemente iluminado, con un traje blanco que parecía desvanecerse.  Mi primer Thriller lo adquirí como cassette. Si no me equivoco, era algo más económico que el vinilo. Tenía, además, la ventaja de ser verdaderamente portátil: te lo podías llevar en tu radiocassette más chiquito. Pero la cinta tenía la desventaja de su corta y pésima duración. Tras haberlo escuchado cientos o miles de veces, no sé, mis canciones tenían sonidos extraños y opacos, resonancias imprevistas que se añadían a los aullidos de los zombis, por ejemplo. Thriller 25 tiene los cortes originales y otras nuevas versiones para justificar su precio verdaderamente lujoso.

Pero tiene, además, una seria advertencia: “Contains moderate horror“. Y el anónimo redactor añade: “Suitable only for persons of 15 years and over. Not to be supplied to any person below that age“. ¡Ah, la corrección política! En efecto, el DVD que completa la carpeta o disco-libro tiene las imágenes de aquel videoclip y, sin duda, nuestros jovencitos impresionables pueden quedar seriamente acongojados por la coreografía de aquellos muertos. Como le pasó a Isabel Zarzuela. Pero ahora imaginen, imaginen que nos ponemos ordenancistas y prohibimos esas imágenes a los muchachos menores de 15 años: ¿llegarán algún día a amar las películas de zombis?

Dejémonos de bobadas y regresemos al muerto real. Michael Jackson ha fallecido y yo siento más cerca el aliento de la Parca. Pobre Michael. En los próximos días voy a revivirlo, a recrearlo, a exhumarlo, escuchando sus animosas canciones, sus viejas canciones, algunas de las cuales me seguirán acompañando hasta el final de mis días.

37 comments

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  1. Isabel Zarzuela

    Todavía recuerdo cuando ví el videoclip de ‘Thriller’ por primera vez. Fue tal el impacto que me produjo, que estuve muchísimo tiempo durmiendo aterrorizada por las noches. Lo más curioso de todo es que desde entonces, me encantan las películas de zombies.

  2. Alejandro Lillo

    Me deja impresionado la muerte de Michael Jackson. Algo misteriosa, por lo que parece. Yo también recuerdo ver y escuchar Thriller embobado y, desde luego, con menos de 15 años. Aunque a mí no me produjo insomnio, como a doña Isabel, sino una alucinante fascinación. ¿El resultado? Creo que el mismo que ella: me encantan desde entonces las películas de zombies. Pero desde entonces, tambien, disfruto mucho con las películas musicales y sus coreografías de grupo.

    Nunca me cansaba de ver Thriller, una historia completa en apenas 15 minutos. Desde luego que me marcó, vaya si lo hizo. Para mí Michael Jackson siempre será aquel jovencito agraciado y ágil de Thriller. Desde entonces -e incluso antes- disfrutó de una vida plagada de éxitos, pero también de miserias e, imagino, que de infelicidad.

    Coincido con Serna: pobre Michael, mi admirado/lastimoso/desgraciado/enfermo/extraordinario/pobre Michael Jackson.

  3. Alejandro Lillo

    Pido disculpas por anticipado, pero por aportar un punto de frikismo y en homenaje al propio de Jackson:

  4. jserna

    No pida disculpas, Alejandro. No me considero un friki, pero el frikismo emocional es necesario en ocasiones. Qué pena siento. Yo crecí con Michael Jackson. Lo que no sé es si el cantante creció…

  5. Paco

    joder serna que mal!!! te consideras mejor que michael jakcson. tu has crecido y jakcson no???

  6. marpop

    Pues yo recuerdo sobre todo el vídeo de Bad, yo tendría unos 4 ó 5 años por aquel entonces, y eso impacta a cualquiera.
    Después, con el tiempo, no he dejado de escuchar a los Jackson 5, y me pregunto qué le ha ido pasando a este hombre por la cabeza para llegar a ser lo que fue, lo que ha sido. Lástima que haya muerto, pero el pobre hombre se rompía ya, en el sentido más literal.
    Lo peor? toda la prensa sensacionalista que va a aprovechar el momento para tirar de información sucia sobre su persona y no sobre él como artista…
    Saludos POP

  7. Marisa Bou

    A mí también me ha impresionado la muerte de Michel Jackson. Era un desgraciado ejemplo de lo que puede hacer la fama con una persona, sobre todo cuando, como en este caso, llega demasiado pronto y demasiado rápido. Un niño de cinco años tiene que vivir la infancia, ha de jugar, no estar de gira constante. El pobre hombre, buscaba en los niños aquello que no pudo tener él. ¿Cómo se puede pasar de grande a patético casi sin transición? Recordémosle en sus mejores momentos.

    Esta muerte, junto a la de Farra Faucet Majors (¡ah, aquellos Angeles de Charlie!) componen una inequívoca señal del fín de una época. ¿Qué nos deparará el futuro? ¡Chi lo sá!

    Por cierto, señor Serna, algo pasa -no con Mary- sino con los vídeos de Jackson que con tanta dedicación nos ha indexado: cuando intentas verlos, sale un cartelito que dice: “Inserción desactivada por solicitud”. Lo que no ocurre con los vídeos “frikis”. ¿Forma esto parte del misterio de su muerte?

  8. jplanas

    De todas formas, me dejé algo o mucho en el tintero. Michael Jackson jamás formó parte de la B.S.O. de mi vida y siempre me pareció un desperdicio propio de los 80 y posteriores: un ente de discoteca y farmacia, un juguete roto en manos ajenas -¡y propias!…

    Podría seguir descargando adjetivos pero ante la muerte -¡y la vida!- hay que ser pudorosos. Descanse en paz.

  9. jserna

    De mi banda sonora original, sí que formó parte. ¿Un desperdicio de propio de los 80? ¿Un ente de discoteca? Yo creí levitar con algunas de sus canciones.

  10. David P.Montesinos

    El misterio de la muerte de Michael a la que se refiere Lillo no está, como ya empieza a insinuarse, en la impericia de un médico que le infló de medicamentos de forma irresponsable. Imagino todo el entorno de chupópteros que se ocuparon durante años de propagar las excentricidades del cantante para alimentar una leyenda frankensteniana y que, ahora, la empresa ya arruinada, le metieron toda la caña del mundo para que regresara a los escenarios como un Mesías y los salvara a todos. Pero la salud física y mental de Michael no daba para tanto.

    Jackson me pareció siempre un artista maravilloso, sin las imposturas ni la falsa provocación de Madonna o productos similares. Por suerte o por desgracia, el “personaje” ha terminado comiéndose al chico creativo que danzaba como los ángeles. Jackson me terminó pareciendo una especie de personaje “post”: transgenérico, ni hombre ni mujer, más allá de la raza, en hibridación continua. Hay algo profético en toda esa histeria de no envejecer, de no cargar con los rasgos de una raza o de un sexo. No sabemos si asociarlo a toda aquella metafísica que desde Baudelaire o Nietzsche habla de la obligación del sujeto de forjarse una identidad, o con las campañas falsamente antirracistas de Benetton -recuerden el vídeo de Black or white, parece hecho por Benetton- o las clínicas de cirugía estética.

    Jackson encarna la fantasía de un mundo sin edad, de un Neverland donde el tiempo se detiene y los niños son niños para siempre. Pero solo es eso: una fantasía infantil… y tras la puerta de la casita de chocolate está un mundo inhóspito repleto de ogros sedientos de dinero y de negocios. Se nos ha dicho que quedó traumatizado por los abusos de su padre, que lo explotó hasta el punto de robarle la infancia, lo que le dejó marcado para siempre. Pero Jackson fue hasta el final un niño explotado: su muerte antes de iniciar los conciertos en Londres me lo insinúan. Da igual, se forrarán ahora vendiendo discos y merchandising a manta… Y además no van a tardar en decir que lo ha matado el Pentágono y los servicios secretos.

    Yo también lo siento.

  11. jserna

    Me ha gustado mucho la reflexión de David P. Montesinos, polémica, incitadora. La que aquí ha escrito y la que ha dejado reflejada en su propio blog:

    http://lacuevadelgigante.blogspot.com/2009/06/michael-jackson-y-neverland-la-idea-muy.html

    Reconocemos a un genio de la música y el baile, a un genio de la cultura popular que supo cambiar lo que parecía inamovible. Y reconocemos al muchacho seríamente condicionado por su pasado, por las esperanzas que él mismo alimentó, por sus propios logros, por las exigencias de quienes le rodeaban. Tenemos varios problemas con la muerte de Michael Jackson, problemas inevitables ya. ¿Cuáles son? Son el de convertir su fallecimiento en un símbolo y el de transformar su figura en un mito. Estas conversiones y transformaciones son –ya digo– inevitables gracias a los medios y gracias a la demanda folletinesca del gran público. Hombres que mueren jóvenes por causas enigmáticas; hombres que no tuvieron infancia y de cuya carencia no se repusieron; hombres que supieron estar por encima de las expectativas para después hundirse; hombres que parecían niños, que tenían vocecillas angelicales cuando ya sobrepasaban la edad tardía; hombres que cuando bailaban parecían levitar, como ajenos al mundo real. Hay un peligro, ciertamente, y es el de convertir a Michael Jackson en metáfora de todo un siglo. Eso es lo que hizo ayer el editorialista de El Mundo: “Podría decirse metafóricamente que el siglo pasado se acaba con la muerte de un artista que llevó la lógica del espectáculo hasta sus últimas consecuencias: hacer de su persona la más fascinante de sus creaciones”.

    http://www.elmundo.es/elmundo/2009/06/27/opinion/16654846.html

    Resulta pesadísima y mendaz esta prosa que hace del gesto inadvertido o del hecho fortuito o del acto deliberado la expresión de todo un siglo, el siglo XX. Los periodistas haciendo metáforas generalizadoras son una especie peligrosísima, una fuente de contaminación, de confusión mundial. En el futuro, algún historiador estudiará nuestras creencias colectivas, nuestras representaciones colectivas, nuestro trato con la muerte, nuestra relación con lo mágico. March Bloch lo hizo con los medievales. ¿Por qué no lo va a hacer un investigador venidero?

    Jackson es un mito –mito en el sentido de Roland Barthes– pero como tal es un signo al que se le ha quitado el significado concreto: dejamos su significante y lo rellenamos con restos de folletín, de personaje previsible. ¿Por qué así fue su historia, su vida? Hacemos un caso de su existencia cuando la muerte parece confirmar una derrota y un derrotero fatal, inevitable. Pero Jackson bien pudo no morirse a los cincuenta. Jackson bien pudo envejecer. Lo que parece la fatalidad o la condena son los nutrientes del melodrama que los medios precisan. Y nosotros lo demandamos. Algún día, en un tiempo venidero, un historiador estudiará nuestras creencias…

    Yo, mientras tanto, seguiré escuchando la música de Michael Jackson. Le hago un homenaje y me hago un homenaje: hoy, domingo, cumplo 50 años…

  12. Alfons Àlvarez

    Michael Jackson,…Otro juguete roto. Y digo “juguete” en su acepción más amplia. Pienso en cómo ciertos iconos de la música pop, por ejemplo, se convierten en iconos mediáticos en un mundo cada día más globalizado. Pero también pienso en la fragilidad del ser humano, incapaz de gestionar su propia vida cuando ha dejado, en parte, de ser suya.

  13. Pío Nono

    Serna Los viejos poperos nunca mueren??

    Esto es una reunión de viejos con el abuelo Serna el viejo verde.

    La juventud es un regalo de Dios. Aprendelo!!

  14. David P.Montesinos

    Gracias, Justo, y enhorabuena por su aniversario, ya solo le quedan diez años para la que considero edad perfecta de un hombre, los sesenta, edad a la cual Platón entendió de qué iban las cosas de este mundo.

    El artículo de El Mundo me parece algo anodino y contiene un cierto tufo moralizante, además de que -esto en dicho diario constituye todo un sello de identidad- acusa con enorme gravedad sin probar lo que dice. (No estaría mal, por cierto, que los padres de los niños que iban a jugar a Neverland nos explicaran alguna vez en qué estaban pensando cuando se les ocurrió dejar a sus hijos en aquel lugar que parece sacado de una película de Tim Burton) Lo que no me parece mal es que se adviertan en el mito -Serna cita el sentido barthesiano del concepto- aspectos con “valor de signo”. Muchas de las conductas de Jackson nos parecen estrambóticas, caprichosas y monstruosas, pero sin las analizamos con cierta distancia, tienen una repercusión decisiva en comportamientos sociales que se han convertido en hábito y que ahora parecen “naturales”. Tengo alumnas de doce años que están totalmente convencidas de que sus “defectos” físicos serán modificados por la cirugía el día en que dispongan del dinero para ello. Ayer me refería al clip que parece diseñado por Benetton. NO es Jackson, obviamente, quien ha patentado la filosofía que Benetton ha conseguido que asociemos a la marca y que alude a la hibridación, la mezcla de colores, la indistición sexual…, pero es toda esa tramoya de lo intercambiable, del mutante en transformación permanente, de ese cuerpo proteico que evoluciona a través de múltiples identidades lo que se nos está vendiendo hoy en día como ideología emancipadora a través de esos nuevos dioses paganos que son las marcas. Michael es una marca, como Benetton, y su destino es crear sentidos e inocular mapas morales. ¿Impostura consumista? Claro que sí ¿quien lo niega?, pero el imaginario que gobierna nuestros actos se estructura a partir de estas metáforas.

    El personaje se comió al artista -a un gran artista, desde luego-, pero ya no tiene remedio.

  15. Cristina Velazquez

    Mi nombre es Cristina Velázquez y soy Profesora de Informática, de Ciencias Exactas y capacitadora de docentes en TIC.
    Quiero invitarlo a participar de una de mis iniciativas denominada “Tu Blog en mi Blog”
    http://www.tublogenmiblog.blogspot.com/
    Para que comprenda mejor de qué se trata, puede leer la presentación en
    http://tublogenmiblog.blogspot.com/2009/02/presentacion.html

    Si desea saber más sobre mi puede visitar mis otros blogs:
    http://www.capacitechbsas.blogspot.com/
    http://www.aprendiendocolaborativamente.blogspot.com/
    http://www.forodocentesinnovadores.blogspot.com/

    Espero que le interese la propuesta de contarnos, a través de una entrada, acerca su Blog.
    Cordialmente
    Prof. Cristina Velásquez
    cristinavdls@gmail.com

  16. Pumby de Villa Rabitos

    Sumarme a las palabras de David ya parece ocioso, pero, bueno, es así. Como la dijo él ¿para qué iba a insistir yo? pero, en fin, hay algo que me ha chocado… A pesar de su encuadramiento en la música pop – ya sabéis que lo mío es el rock – tal vez por conocerlo desde niño – ay, aquellas series de cuando vivía Su Excelencia… yo también veía a Los Jackson Five y a Los Monkees… qué prodigio, los sustantivos en ingles y los artículos en castellano… – no pude por menos que reconocer la prodigiosa madurez artística del chico. Indudablemente, un pilar maestro de la música moderna. No obstante, me resulta chocante que con tanto loor al cadáver, se hubiera pasado como de puntillas por su turbia paidofilia. Y ya no sólo aquí, en general, ha sido un asunto soslayado universalmente. O se sigue la costumbre romana de no hablar mal de un muerto u Occidente está alcanzando las cotas más altas de su mítica doblez.

  17. Marinero de los Mares del Destino

    En 1959 Miles Davis sacaba un disco, Kind of Blue. Ese mismo año, el gran Elvis hacía lo propio.

    Felicidades

  18. David P.Montesinos

    Es una simple opinión personal y absolutamente improbable, pero siempre me pareció que había algo turbio en el juicio por paidofilia. ¿En qué pensaban los padres de los niños que iban a pasar semanas enteras en Neverland? Su parte de irresponsabilidad no justificaría nada, obviamente, pero yo creo que las emociones tan intensas que a Jackson le proporcionaba la proximidad de los niños no eran exactamente genitales. Hay algo oscuro en aquella necesidad de dormir junto a ellos, de tocarlos, como un vampiro, como si quisiera, de alguna forma, robar algo de sus almas. Michael estaba obsesionado con el fin de la infancia, con la pesadilla de convertirse en adulto, de envejecer y morir. No sé, sinceramente, si cometió los delitos por los que le juzgaron y no tengo particular interés en defenderle de ellos. (Bastante estúpido me pareció ya lo de las fans histéricas a las puertas de la Corte -“Michael not guilty “) Ya hace muchos años que se convirtió en un enfermo, un juguete roto como tantos. Me lo imagino un poco como aquella Norma Desmond encerrada en su mansión de Hollywood haciendo locuras y creyéndose todavía reina del mundo en Sunset Bulevard, aquel film maravilloso de Wilder. Encuentro mucha más suciedad en su entorno. Imagino a tipos muy cerebrales planificando cada una de las apariciones del mito, cada gesto caprichoso y estúpido para epatar a la prensa, cada intervención estética. ¿Quien aprobaba que tomara morfina a morteradas para eludir la depresión en el momento en que iba a volver a actuar? ¿Estaba realmente en condiciones de volver a hacer el animal sobre un escenario aquel chico patéticamente oculto tras su mascarilla antibacterias o había que exprimir el negocio hasta el final? Fíjese Pumby en lo que se nos viene encima ahora. Si hubiera un Vaticano para el pop lo canonizarían, haría milagros, le pondrían un panteón para que los fieles le adoraran y el negocio duraría así por secula seculorum. Le cuento una cosa -yo también soy más del rock,por cierto-. Hace un par de años, poco después de la muerte de George Harrison, asistí por casualidad a un encuentro de beatlemaniacos. A la entrada del recinto había una mesa con la imagen del músico, una serie de fetiches budistas destinados a rituales funerarios y la posibilidad de pagar por encenderle una vela.

    Creo haberlo contado alguna vez. Hay alguna web dedicada a honrar la memoria de Elvis que recibe miles de visitas y defiende la vieja leyenda urbana de que el Rey está vivo y que su muerte fue un contubernio de la Cia, la Kgb y el Unicornio de Marte. Esta web incluye un apartado de “avistamientos”. Personas que afirman haberle visto dan datos sobre lugares, vestimentas, aspectos… Circula la foto de un viejales que dicen podría ser Elvis y, joder, resulta que se parece un montón.

    ¿De verdad están agotadas las religiones?

  19. j.planas

    He esperado pacientemente y, salvo un apunte en tercera persona, no acabo de encontrar, aquí, a nadie que sienta repulsión por un personaje que encarna, plenamente y con todo lujo de detalles, lo peor de la peor basura moral -la escoria ética, estética, clínica y patética personalizadas, banalizadas, endiosadas y hasta caricaturizadas- de la sociedad bla bla bla en que vivimos. En fin.

  20. jserna

    Insisto: es probable que Michael Jackson llevara una vida deaastrosa. Es más: es posible que todas sus decisiones personales fueran calamitosas (o algo peor). Pero lo que nosotros hemos visto es un personaje mediático caracterizado para posar ante las cámaras. Alguien puede decir que eso era lo malo, que nunca dejaba de posar, que siempre aparecía caracterizado. Como decía Montesinos: al igual que aquella Gloria Swanson en ‘Sunset Boulevard’. Pero para llegar a ese desvarío hace falta la contribución interesada de los medios. Aparte de las responsabilidades personales, los medios de comunicación han construido un mito y han destruido al hombre. ¿Que fue su padre el último responsable por no haberle dado una infancia normal, por haberle impedido ser niño? La deriva final de Elvis fue semejante (por lo autodestructiva) y, sin embargo, había tenido una infancia feliz. Por cierto, ahora recuerdo la biografía suya que leí el verano pasado: demasiado prolija y puntillosa, exhaustiva, pero valiosa. Tiene dos volúmenes y dos títulos: ‘Elvis. La construcción del mito’; ‘Elvis. la destrucción del hombre’ (Global Rhythm). Pues eso.

  21. David P.Montesinos

    Está establecido que lo que los monstruos han de transmitirnos es repulsión, como dice nuestro amigo Juan Planas. Pero yo creo que el personaje es solo la punta del iceberg mediático de una serie de corrientes que están entre todos nosotros y a las que nos hemos acostumbrado como si fueran naturales.

    “¿Black or white?, don´t mind”, no significa acabar con el racismo, o en todo caso es un antirracismo light e impostado a partir de la sugestión buenista de la publicidad… La filosofía que en realidad incorpora es mucho más profunda: cualquier designio con el que fortuitamente nacemos es reversible, no tienes por qué cargar con él para siempre. Yo creo que sí importa ser negro o blanco -vaya si importa-, pero la función de la ideología es justamente esa: sublimar las contradicciones reales de la sociedad -la discriminación racial, por ejemplo- mediante formas de conciencia deformada. Conozco infinidad de jóvenes y no tan jóvenes que aspiran a ser estrellas, más guapos, más altos, menos oscuros de piel… y hasta menos melancólicos y que parecen creer que en la farmacia o en las clínicas de cirugía estética van a encontrar la llave para salir de la crisálida. ¿Por qué ser el que soy si la tecnociencia puede transformarme en el que deseo? Hay todo un gran dispositivo de poder -biopoder diría en sentido foucaultiano- detrás de este tipo de fetiches del pop. Lo repulsivo, más que el propio Jackson, es la naturalidad con la que aceptamos los mecanismos de una filosofía basada en la propagación del autoodio y la disolución de la voluntad política en la tiranía de la belleza y la insustancialidad del “look”.

    Hay mucho Michael Jackson en todo eso, claro. Sin embargo, y a vueltas con la última reflexión de Justo, creo que es gratuito debatir sobre la perversidad de ese individuo. ¿Víctima o culpable?: me resulta difícil opinar puesto que los elementos que nos proporcionan una definición del concepto de responsabilidad moral están aquí en suspenso. No es solo el síndrome de Peter Pan y otras formas de neurosis -las personas enloquecen y no es ninguna broma, por cierto-, hay demasiada gente alrededor entregada a hacer negocio con el fetiche como para dejar que éste fuera auténtico dómine de su propia vida. Como aquel niño burbuja de los años setenta, Michael vivía en una cámara sellada, aislado de la maldad del mundo, preservado de la infección de las calles y la promiscuidad del trato con los otros…algo no muy distinto de lo que muchos padres que conozco hacen con sus niños, convirtiéndolos definitivamente en monstruos.

    No sé, es complejo todo esto, a lo mejor es que sigue emocionándome en “Billie Jean”. Cuando le veo ahí, en su mejor época, esa sincronía tan mágica de la gestualidad corporal, la perfecta combinación entre todas las partes del cuerpo, la adecuación al ritmo. Luego veo a la tontaina de Beyoncé y solo encuentro violencia en el gesto, fitness falsamente rítmico y adiestramiento de cadera… O Madonna, vaya timo, por el que alguno de mis allegados gays bebe los vientos. No sé, quizá todo sea cuestión de afinidades electivas.

  22. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Qué pesadez!… David quería acabar conmigo y va a lograrlo: se me adelante permanentemente… ¡pero si hasta saca la excelente imagen de “El crepúsculo de los Dioses” de Billy Wilder (1950)!…

    Tampoco es cuestión baladí el asunto de la santificación de Michael Jackson que igualmente aporta David. Tal vez nos desvía un poco de la figura individual del artista negro emblanquinado pero nos señala un fenómeno creciente en Occidente. Elvis Presley – el pionero – cuenta con, al menos, una decena de iglesias – y lo escribo sin comilla alguna, totalmente consciente del concepto “iglesia” – de las cuales, dos, tienen ya una consistencia organizativa y una extensión de feligresía realmente importantes. La Iglesia Maradoniana, que rinde culto a Maradona, obvio, podría sumarse perfectamente a estos casos. Es otro signo de los tiempos… cuando un imperio se derrumba aparecen extraños profetas, cultos absurdos y creencias abracadabrantes… en ello estamos… con el milenarismo a cuestas… algo huele a podrido en Occidente…

  23. Alejandro Lillo

    Brillante, la intervención de don David. En un momento determinado dice: ”La filosofía que en realidad incorpora es mucho más profunda: cualquier designio con el que fortuitamente nacemos es reversible, no tienes por qué cargar con él para siempre. Yo creo que sí importa ser negro o blanco -vaya si importa-, pero la función de la ideología es justamente esa: sublimar las contradicciones reales de la sociedad -la discriminación racial, por ejemplo- mediante formas de conciencia deformada”. No puedo evitarlo, pero esa afirmación me recuerda tanto al consumismo en el que habitamos, a la eliminación de la conciencia de lo que cada uno somos… el joven que trabaja en la obra puede, tranquilamente, comprarse de deportivo y creerse el rey del mambo, el obrero de la cadena de montaje puede ir un mes de viaje a la Argentina y vivir a cuerpo de rey comiendo chuletones de ternera y bailando tangos… Se trata de transformarse en lo que cada uno desea sin dejar de ser el mismo pringao de siempre. Todos queremos ser ricos, no dejar de ser pobres; todos queremos ser como los ricos, no que los ricos sean como nosotros. Cuando hojeamos las revistas del corazón y el famoso de turno nos enseña su mansión de 50 habitaciones y 75 cuartos de baño, no pensamos cómo ha conseguido amasar tamaña fortuna, de qué mecanismos se ha valido para lograrlo, no. Tan sólo pensamos: yo quiero una como esa. La idea es conseguir lo que ellos tienen sin preguntarnos cómo lo han logrado, sin preguntarnos cuánta plusvalía han tenido que acumular o por encima de cuántos han tenido que pasar y aprovecharse para conseguir lo que poseen. Ciertamente, mirándolas con otros ojos, las revistas de cotilleo podrían ser el germen de la revolución.

  24. Pumby de Villa Rabitos

    Pues sí, negro emblanquinado, y es que, David, estoy más allá de mis bigotes de esta estupidez de la “corrección política” que machaca el castellano – y por extensión a las lenguas románicas – adoptando modismos propios de la insuficiencia anglosajona y que no pasa de ser una sucesión de eufemismos absurdos e incoherencias.

    Por ejemplo, tu y yo somos blancos, ¿no?, vale, “cap problema”. Pero, ojo, no se te ocurra llamar a un negro, negro. ¿Por…? ¡Ah, la corrección política… ¿? Corrección que conduce a llamar a un negro “subsahariano” . Aceptémoslo, pero ¿y si el negro es natural de Túnez cómo le llamamos “suprasahariano”? ¿Y si nació en el Sahara, sahariano?… ¿entonces como llamamos a los saharianos blancos? ¿y un sudafricano blanco, entonces, no es subsahariano?… Claro que – variación sobre el mismo tema – si nació en los Estados Unidos, hemos de llamarlo “afroamericano”… ¿Y si el tal “afroamericano” nació en Ámsterdam, como ya nació su recontratatarabuelo y desde entonces toda su familia? ¿le llamamos afronerlandés?… ¿Y como llamamos a los negros de Melanesia?… ¿Y a los asiáticos?… ¿Y qué adscripción le damos a las cabecitas de cerámica o plástico del Domund?, ¿“afrodomundés”?… ¡¡NEGRO!!, por amor de dos, negro como nosotros somos blancos y los otros son amarillos.

    Entiendo que “piel de cerdo” para denominar a un blanco o “cara de mono” para denominar a un negro son insultos mondos y lirondos. Eso no es ni considerable. Contra ese racismo verbal, evidentemente, me opongo ¿pero llamar a cada uno por lo que la lengua lleva siglos reconociendo…?

    Dejémonos de zarandajas, que los calvos son calvos, no “alopécicos”; y los ciegos, ciegos, no “invidentes”; y las cosas no “se ponen en valor”, se revalorizan; y el aborto, es el aborto, no la “interrupción del embarazo”; y el despido libre es el despido libre, no la “flexibilización del mercado laboral”; y un ladrón es un ladrón, no un “partícipe en actividades corruptas”, tal como un basurero es un basurero, no un “empleado público experto en la retirada de excedentes urbanos de uso infrecuente o deteriorados con fines de reciclado o eliminación total, amén señor”.

    Conclusión, Michael Jackson (¡estuve a punto de escribir, Landon… señor, qué verano!) fue un negro que trató de decolorar su piel para conseguir semejar a un blanco, o sea, se emblanquinó la piel, pues eso: un negro emblanquinado.

  25. Pumby de Villa Rabitos

    Ay… ¡Señor Dios de los Soviets!… que diría Sixto Cámara en estos casos. El listado podría hacerse interminable. Si el padre Feijoo levantara la cabeza…

  26. Alejandro Lillo

    Yo tengo otra, yo tengo otra: “países de baja tributación” para referirse a los paraísos fiscales. Aunque también reciben el nombre de “centros financieros extraterritoriales” o, ya sin tapujos, “refugios de alta rentabilidad frente al Estado depredador de las fortunas individuales”

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