Viaje a Alemania

Sasbachwalden11. Alemania. El blog es un instrumento prodigioso: permite la comunicación instantánea y la escritura casi automática, la respuesta sucesiva. Un bla bla bla continuo: un hábito muy humano, cuya expresión nos singulariza. De repente tienes una idea (o dos) y te pones a escribir alegre y ufanamente, como si la pronunciaras en voz alta: creyendo, en fin, que lo que dices tal vez interese a algunos amables lectores. Pero el blog es también un medio agotador: redactas una entrada, un post, y tienes la impresión de que te repites, de que lo que dices ya lo dijiste mejor. En efecto, insisto: a veces tengo la impresión de que cuento batallitas mil veces referidas, como aquel ancianito de tebeo que atormentaba a su familia y a sus conocidos con lances antiguos. No sé… Por cierto, hablando de batallitas, se cumplen setenta años del inicio de la II Guerra Mundial.

sasbachwalden2Estuve en dicho país hace un año, el verano pasado. Fue un viaje a la Selva Negra. Visité Heidelberg, Friburgo, Baden Baden y otras ciudades menores. ¿Menores? En Alemania no hay rincón irrelevante: todo lugar está cargado de referencias. Siempre repetiría un viaje así, a un espacio que me desconcierta. En 2008, durante el tiempo que estuve allí residí en la Haus Rebblick de Sasbachwalden, un sitio impecable: un municipio inquietantemente ordenado, sin colillas en el suelo, sin papeles ni inmundicia, sin ruido ni estrépito. Únicamente las babosas se deslizaban cada noche por las calles desiertas de aquel pueblecito de ensueño.

Días atrás, Xavier Pericay celebraba el orden de la Europa septentrional en un artículo que le leí en Abc: “Usos y costumbres“. Frente al caos mediterráneo, frente a los malos modales de los meridionales, lo nórdico es felizmente previsible. No sé, no sé. Haga la prueba, señor Pericay: pase un invierno en Sasbachwalden… Quizá añore el Sur. Pero dejemos esto, que me pierdo, y regresemos a Alemania.

En efecto, a lo largo de este mes de agosto, he vuelto otra vez a dicho país. En esta ocasión, mi retorno es exclusivamente literario, una tarea que cumplo con periodicidad imprevisible: conforme me llegan novedades o cuando recupero obras que aún no he leído. Durante semanas he vivido en la época nazi, en aquel tiempo de exaltación y de dolor, de represión y de expectativa, de persecución y de  exterminio. He leído miles de páginas –digo bien, miles de páginas– en las que se detalla la Europa quebrada, hundida, de los años treinta y cuarenta, el hitlerismo. Hace setenta años comenzaba la Guerra Mundial. Lo he recordado ahora, estos días, cuando los mandatarios y la prensa han insistido en la fecha del 1 de septiembre. A primeros de agosto, cuando empezaba a leer las Memorias de Albert Speer (Pre-Textos), no tenía conciencia de lo que se avecinaba: simplemente había olvidado la fatalidad de los números redondos, esos setenta años que ahora se cumplen. De repente me doy cuenta de que he estado preparándome involuntariamente para esa efeméride con las páginas –muy conocidas– de Speer.

Bild 183-V00555-3Speer fue el arquitecto preferido del Führer, aquel que proyectó “Germania, capital del mundo”, una remodelación dórica de Berlín que no pudo consumarse: precisamente por la derrota del Eje en la contienda. Speer fue también el ministro de Armamento del Reich a partir de 1942, un eficaz organizador, un técnico entregado, un gerente de la maquinaria de guerra. Son datos muy conocidos.

Esta obra se concibió en la prisión de Spandau, mientras su autor cumplía la pena impuesta en Núremberg: veinte años. Simultánea o sucesivamente, he devorado otros textos que le son hermanos o parejos, libros que explican cómo escribió aquella autobiografía, quiénes le ayudaron a editarla tras su salida de la cárcel, quiénes le hicieron recortar el original, quiénes le obligaron a responder lo que Speer no había redactado u olvidado. Es un documento con numerosos paratextos: con obras que la circundan y que sirven para entender su elaboración.

En la confección del libro editado intervino decisivamente Joachim Fest, el gran historiador y periodista alemán, aquel que publicara la primera biografía de Hitler (Planeta) y aquel que acabara sus días escribiendo unas memorias conmovedoras e informativas: Yo no. El rechazo del nazismo como actitud moral (Taurus). Fest cuenta parte de su tarea con Speer en su libro Preguntas sin respuesta. Conversaciones con Albert Speer (Destino). Es un libro tardío (aparecido en Alemania en 2005), una elaboración o reelabofración de sus apuntes, de sus anotaciones, que se remontan a 1967. ¿Por qué tardó tanto tiempo en revelar el interesante y penoso trabajo de edición de las Memorias de Speer? Probablemente la aparición de una biografía del personaje le obligó a mostrar sus cartas. ¿A qué libro me refiero? Al de Gitta Sereny, Albert Speer, su lucha con la verdad (Javier Vergara Editor), un grueso volumen que me deslumbra.

En realidad, todo esto que les cuento es erudición, más o menos interesante. Lo importante  es otra cosa. Por un lado, la cuestión moral en Speer: o la amoralidad o la inmoralidad. Es decir, ¿por qué un tipo educado, instruido, nacido en ambiente distinguido, fue seducido por el plebeyismo hitleriano? Por otro lado, no menos importante es el documento en sí, las Memorias. Esto es, ¿por qué un historiador ayuda a un testigo y protagonista del pasado nazi a reelaborar el recuerdo?

albertspeerandhitler22. Everybody’s darling. Por lo que sabemos, Speer fue un tipo normal, incluso un individuo atento, curioso, comprensivo y culto, muy culto. No es la suya la efigie del nazi bronco, amante de la violencia, sino la del técnico eficiente, la del experto preparado. 

Comienza a trabajar como arquitecto cuando Alemania está sumida en una crisis económica aguda: es decir, no tiene encargos ni proyectos, cosa que le obliga a vivir del padre, de la generosa asignación que su progenitor le pasa. Con ese dinero, Speer y su esposa llevan una existencia rumbosa. Pero vivir materialmente bien no significa tener los afectos cubiertos: las relaciones de padre e hijo siempre fueron distantes y su matrimonio con Margret empeora la circunstancia. Como sucede en tantos otros casos, el vástago decepciona y decepcionará al progenitor. Es un joven de gran agudeza, de excelentes capacidades, un as en matemáticas y en estadística, disciplinas en las que no se licencia. Cursa arquitectura para así complacer a sus mayores, siguiendo la tradición de la familia.  

Por lo que él cuenta y por lo que cuentan sus biógrafos, esa carencia emocional jamás se resolvió y todo, prácticamente todo, lo que Speer hizo a lo largo de su vida tuvo que ver con el padre, con lo que el padre podía esperar o aprobar, con lo que podría haber deseado.  La conducta de Speer siempre será la de un tipo que se hace querer, la de quien sabe cómo granjearse la admiración o la sorpresa de los otros, dispuestos a reconocerle sus méritos. O, como dijo expresamente Joachim Fest en Preguntas sin respuesta, “lo más llamativo en toda la vida de Speer era que siempre fue el everybody’s darling: fue el favorito de su maestro Tessenow, el de Hitler, de los jueces de Núremberg, del personal de la prisión de Spandau, y siempre así”. Con alguna salvedad, añade Fest en una anotación de 1967: “Al parecer, la única excepción fueron sus padres, cuya frialdad todavía lo atormenta”. Todavía: cuando ya sobrepasaba los sesenta años. “En cierto modo”, prosigue el historiador en Preguntas sin respuesta, “todavía hoy sigue siendo esa especie de darling. Esa circunstancia le concedió unas oportunidades enormes, que él supo aprovechar. Pero al mismo tiempo fue el problema de su vida, incluso su fatalidad”.

Cierto día, cuando es un joven prometedor y bien nutrido en una Alemania en crisis acude a un meeting de Adolf Hitler. Se desarrolla en la institución universitaria en la que Speer ejerce de profesor contratado. Pese a la fama pendenciera que le precede, el político se presenta como un honorable burgués, bien vestido, con ínfulas moderadas. La mesura y la teatralidad del futuro Führer le seducen y aturden. Pronto se conocerán: Speer seducirá Hitler.

albertspeerandadolfhitler3. La seducción. “Speer ha traído algunas fotografías que deben incluirse en el libro”, dice Joachim Fest en una página de Preguntas sin respuesta. El comentario data de octubre de 1967. “Muy sorprendentemente una de ellas”, dice Fest, “muestra a Hitler y a Speer sentados en un banco en el Obsersalzberg, claramente enfadados el uno con el otro. «Un riña de enamorados», he observado no sin cierta ironía. Speer me ha mirado con una arruga de disgusto en la frente. Entonces maticé: nadie diría que se trata de un líder y su seguidor entregado. Las dos personas que aparecen en la fotografía no lo eran, por lo menos no eran sólo eso. La fotografía revelaba una intimidad que no era imaginable entre Hitler y cualquier otro de sus paladines. «Se trata –añadí– de una pareja que está de morros. ¿Y se habría puesto de morros Hitler con Göring o Himmler? Simplemente nos habría echado a cajas destempladas. Ningún otro documento que yo conozca revela tan a las claras la posición excepcional que usted ocupaba en el entorno de Hitler y que en buena medida se explica por razones eróticas»…”

Sin duda, estas palabras resultan comprometedoras: el erotismo no es sólo el contacto estrictamente sexual, sino la expresión de una libido, la manifestación de un atracción. Adolf y Albert se quieren: no trivializo esa relación; es una descripción de un contacto viril. Se ofrecen mutuamente en un juego de emociones que confirma lo importante que es el uno para el otro. Les gusta sentirse  deseados, envidiados, confirmados. Los anhelos de triunfo de Speer eran desmedidos: y su incapacidad para frenar su egotismo, también. Sólo se recogía y se contenía ante Hitler. ¿Por miedo, por respeto? ¿Por amor?

Speer amaba lo que le corroboraba y para él el éxito significaba plantearse retos que pudiera obtener. Hasta 1944, el Führer será la fuente de su autoestima, aquel que admiraba lo que hacía, que celebraba la eficacia de su ejecución, las audacias de su imaginación: en la arquitectura o en la producción de armamentos. Cuando Speer se hace cargo del Ministerio, de ese Ministerio de Armamentos, el joven arquitecto carece de conocimientos precisos sobre esta disciplina, pero él –precisamente– se somete a disciplina: sabe que lo puede conseguir y sabe que puede deslumbrar al Führer. Lo que nunca logró del padre, ese otro Speer tan desdeñoso. Albert, el hijo no admirado, fue un gerente y un alemán, dice Joachim Fest. Es decir, fue un técnico que supo trabajar pragmáticamente, ciñéndose a unas reglas y a unos recursos. Pero fue también un tipo romántico, alguien fácilmente impresionable con las ideaciones más extremas, más convulsas.

AlbertSpeerMemorias4. El hundimiento. Cuando la guerra ya estaba perdida, Speer se propuso salvar a Alemania del apocalipsis a que el Führer quería conducirla, evitando así la destrucción de la red de infraestructuras y de producción. “Si el pueblo alemán sucumbe en esta lucha, será que ha sido demasiado débil. En ese caso, no habrá superado su prueba ante la Historia y únicamente estará destinado al hundimiento”, dice Speer que dijo Hitler. Esa frase, atribuida al Führer, se reproduce en la página 707 de las Memorias. Según confiesa el autor, esa suerte de vandalismo le produce repugnancia. Con un lento, lentísimo examen Speer comienza a apartarse de la fuente de su erotismo. El resto de sus páginas son sobre todo esa epifanía, la caída del caballo, el desvelamiento: ofrece de sí mismo una imagen patética, por la dificultad de romper con la seducción; y ofrece también de sí mismo una imagen épica, por la gesta de salvar a Alemania del hundimiento…

Hemeroteca

J S, “El calvario de Camps”, El País, 2 de septiembre de 2009.

31 comments

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  1. Paco Fuster

    Al hilo del artículo de Pericay, un ejemplo muy indicativo. Hace unos días tuve un largo e intenso intercambio de correos una ex profesora mía de alemán – Irene – a la que tengo un gran aprecio. Ella lleva varios años afincada en España y estudiando nuestra cultura, de forma que conoce muy bien las diferencias entre la proverbial rectitud de la mentalidad alemana y el no menos célebre carácter disoluto y jovial del tipo hispánico-mditerráneo.

    Resulta que hace unos días uno de mis mejores amigos me hizo una oferta de trabajo tentadora: entrenar a un equipo de baloncesto de niños en Alcudia, cerca de mi pueblo. El horario no era malo y el sueldo era muy bueno para los tiempos que corren, pero sintiéndolo mucho, tuve que rechazar la proposición en beneficio de mis ocupaciones académicas e investigadoras.

    Como ella está al tanto de mis ocupaciones, me dijo que debía trabajar menos y reconsiderar lo del baloncesto. Según ella, en Alemania está muy bien visto que en tu CV figure el hecho de haber sido monitor de deportes o organizador de cualquier tipo de grupo humano. Sobre todo si quieres ser profesor, se supone que el haberte manejado con niños o jóvenes te acredita como persona capaz de manejar a un grupo de personas. Visto así, es algo totalmente lógico y plausible.

    Yo le dije que, lamentablemente, Alcudia queda un poco lejos de Alemania. Primero, que yo iba entrenar a ese grupo de niños sin ningún tipo de título o cualificación profesional y sin ningún contrato laboral. En esas condiciones, es difícil que te den un certificado oficial para demostrar que has hecho algo. De todas formas, le dije, en España la gente (siempre habrá excepciones) no se fija en eso. Para una oposición a profesor, sin ir más lejos, cuenta lo mismo hacer un cursillo – previo pago – del sindicato de turno, que tener un Master.

    Nunca he creído en eso de que todos los alemanes son la quintaesencia del orden y la disciplina, pero cuando hablas con gente como mi ex profesora, un persona culta e informada, ves que, para ciertas cosas, la diferencia es abismal.

    Un saludo de mi parte a todos los lectores de blog en esta nueva temporada.

  2. Ana Serrano

    Bienvenido, Justo. Voy a mandarle unas paginitas (no miles :-)) de mi impresión en un pueblo de Alemania.

    Que el nuevo curso le sea propicio.

  3. Juan Antonio Millón

    Feliz entrada, Sr. Justo, en estas postrimerías del verano, en donde un prometedor otoño se columbra a lo lejos. Feliz y preñada de ese abismo, de esa raíz de mal que llevó a una letal locura y que debió de ser cercenada nada más despuntar su veneno. Esa indagación en los límites de la razón, en las razones no sólo de Speer, sino en las del historiador que le auxilia, promete ser una gran y aleccionadora experiencia.
    Doña Ana, leí su entrañable texto dedicado a Mario Merlino en El País. Preciosa y delicada memoria de un amigo que merecería ser más conocido. Yo disfruté con alguna de sus traducciones de Nelida Piñón y Lobo Antunes y con su poesía irónica, arriesgada, valiente, como la de Missa pedestris.
    Un saludo, amigos.

  4. Ana Serrano

    Gracias Don Juan Antonio. Todo lo relacionado con Mario Merlino tiene que ser de ese modo porque era un ser extraordinario. Su amistad era un privilegio y su repentina muerte nos ha dejado desgarrados y perplejos. Los autores que han perdido su voz en español al irse Mario están casi tan desolados como los amigos que nos hemos quedado sin él. Es difícil encontrar un traductor como Mario Merlino, pero es más difícil aún encontrar una persona tan maravillosa como él.

  5. David P.Montesinos

    ¿Y por qué no? A fin de cuentas es un historiador… De alguna manera, y aunque se trató de un trabajo completamente distinto y no pretendo mezclar cosas, Arendt buscó algo así con la anámnesis de Eichmann. Me parece bastante más interesante -aunque, claro, vende menos- que asuntos como aquel de Farías sacando a la luz que Heidegger era poco menos que novio de Adolf Hitler.

    A mí me fascinó Berlín, sospecho que en gran parte porque me la enseñó a fondo una española con cuarenta años de vida en la ciudad. Ella se crió en Kasseln, que quizá tiene más que ver con ese tipo de localidad previsible de la que habla Justo. “Berlin es muy poco Alemania” solía decir.

    Me alegra mucho “verle” de nuevo, Mr Serna, y a todos los demás.

  6. jserna

    Éste es el enlace a la nota necrológica de Mario Merlino escrita por Ana Serrano:
    http://www.elpais.com

    No dejen de leerla.

    David, tiene toda la razón. ¿Y por qué no? La producción de un documento histórico por el propio historiador es un sueño. No se trata de que lo ahorme y lo adapte a lo que quiere decir, sino que el protagonista responda y escriba sobre aquello que no quería recordar. El problema en Speer-Fest es que el original de Spandau (que es lo que principalmente analiza Gitta Sereny) es la memoria del arquitecto-ministro sin depurar. Bueno, depurada ya estaba: Speer siempre quiso ser el primero de la clase. Se sabía listo, culto, inteligente, de buena familia y con un padre que no le quiso. Un caso muy psicoanalítico… Volveré.

  7. Pío Nono

    Serna maleducado. Te di la bienvenida. Vamos a empezar bien. Silencio. A eso se le llama mala educación!! Y te pones luego a decir tonterías sobre moral. El desastre es abandonar la moral que Dios nos ha dado y la buena educación!!

  8. R.S.R.

    Dice que :”El blog es un instrumento prodigioso: permite la comunicación instantánea y la escritura casi automática…”;En cambio a mí me ha traído recuerdos de una época en la que los blogs y las redes sociales quedaban muy lejos. Su forma de escribir en el blog, esa estupenda vena literaria que tiene y que le aparece-no sé si de manera deliberada o no- también en sus artículos periodísticos, me ha recordado la novela por entregas. No, no soy tan mayor, pero sí recuerdo cuando en el Sur, en un pueblo de la serranía de Málaga, en las tardes calurosísimas de verano las mujeres se sentaban a coser en el patio, a la sosmbra, y contaban con cuanta expectación e impaciencia esperaba a alguien apodado “el gorrión” que traía cada semana el cuadernillo y que por entonces costaba 30 céntimos . A mí aquello me parecía incomprensible.No entendía que uno quisiese seguir leyendo y no pudiese.Había que esperar a la próxima entrega. Usted inicia sus comentarios con las Memorias de Albert Speer y aquí me tiene: esperando la próxima “entrega”.

    Escribe que lo importante es la amoralidad o inmoralidad de por qué un tipo educado , instruido… queda seducido por el proyecto nazi. Este año leí un libro interesante de Peter Frizsche ” Vida y muerte en el Tercer Reich”- que seguramente conoce- y en el que el autor descubre y argumenta por qué una sociedad como la alemana se conviertió en nazi y cómo estaba más integrada en el proyecto nazi de lo que suele pensarse.

    También plantea por qué un historiador ayuda a reelaborar ese recuerdo. Bueno, usted que algo de Psicoanálisis sabe, podrá darnos una respuesta. En definitiva, y sin haber leíado el libro, solo el hecho de permitir y ayudar a reelaborar su historia fué un acto de humanidad por parte del historiador ¿no cree?

    R.S.R.

  9. jserna

    R.S.R. y Alex, se me han adelantado y les agradezco la agudeza: yo pensaba acabar el post hablando precisamente de eso que señalan…

    Luego me pongo.

  10. Marisa Bou

    Queridos todos: No saben cómo me alegro de tenerles aquí de nuevo. Éste ha sido para mí -y creo que también para don Justo- absolutamente atípico. Porque el resfriado (común, no se me A-larmen) no me ha abandonado, probablemente compadecido de mi soledad. ¡Malditos sean los aires acondicionados de temperatura polar y regulación imposible! No volveré a pasar el mes de agosto en el trabajo.

    Nuestro anfitrión, como suele, ha estado acertado en la elección de tema, tanto con el nazi solitario de Spandau de este post, como con el nazareno y su “viacrucis” en El País. Espero que los continúe los dos.

    Además de la bienvenida general, un tierno abrazo a nuestra Ana para suavizar el dolor de su pérdida.

    Una pregunta: Doña Isabel, don Alejandro ¿cómo va esa aventura de ser padres? ¡Téngannos al corriente, porfa! Que estamos en tensión.

    Al inefable David P., decirle que nunca había leído una descripción de un hecho deportivo tan enternecedora como la suya. Ni a un filósofo tan versado en la materia. ¡Felicidades!

    Mención aparte para don Juan Antonio Millón. Imagino que se habrá formado una pobre opinión de mí. No hay excusas plausibles para mi desatención. Pero le debo una explicación, y se la voy a dar, aunque ésta agrave la mala impresión que le he dado: sencillamente, he perdido el papel donde anoté su dirección de correo electrónico. Si le parece bien, ¿me la puede hacer llegar a través del señor Serna? Se lo agradecería mucho. Y discúlpeme.

  11. jserna

    …2. Everybody’s darling. Por lo que sabemos, Speer fue un tipo normal, incluso un individuo atento, curioso, comprensivo y culto, muy culto. No es la suya la efigie del nazi bronco, amante de la violencia, sino la del técnico eficiente, la del experto preparado.

    Comienza a trabajar como arquitecto cuando Alemania está sumida en una crisis económica aguda: es decir, no tiene encargos ni proyectos, cosa que le obliga a vivir del padre, de la generosa asignación que su progenitor le pasa. Con ese dinero, Speer y su esposa llevan una existencia rumbosa. Pero vivir materialmente bien no significa tener los afectos cubiertos: las relaciones de padre e hijo siempre fueron distantes y su matrimonio con Margret empeora la circunstancia. Como sucede en tantos otros casos, el vástago decepciona y decepcionará al progenitor. Es un joven de gran agudeza, de excelentes capacidades, un as en matemáticas y en estadística, disciplinas en las que no se licencia. Cursa arquitectura para así complacer a sus mayores, siguiendo la tradición de la familia.

    Por lo que él cuenta y por lo que cuentan sus biógrafos, esa carencia emocional jamás se resolvió y todo, prácticamente todo, lo que Speer hizo a lo largo de su vida tuvo que ver con el padre, con lo que el padre podía esperar o aprobar, con lo que podría haber deseado. La conducta de Speer siempre será la de un tipo que se hace querer, la de quien sabe cómo granjearse la admiración o la sorpresa de los otros, dispuestos a reconocerle sus méritos. O, como dijo expresamente Joachim Fest en Preguntas sin respuesta, “lo más llamativo en toda la vida de Speer era que siempre fue el everybody’s darling: fue el favorito de su maestro Tessenow, el de Hitler, de los jueces de Núremberg, del personal de la prisión de Spandau, y siempre así”. Con alguna salvedad, añade Fest en una anotación de 1967: “Al parecer, la única excepción fueron sus padres, cuya frialdad todavía lo atormenta”. Todavía: cuando ya sobrepasaba los sesenta años. “En cierto modo”, prosigue el historiador en Preguntas sin respuesta, “todavía hoy sigue siendo esa especie de darling. Esa circunstancia le concedió unas oportunidades enormes, que él supo aprovechar. Pero al mismo tiempo fue el problema de su vida, incluso su fatalidad”.

    Cierto día, cuando es un joven prometedor y bien nutrido en una Alemania en crisis acude a un meeting de Adolf Hitler. Se desarrolla en la institución universitaria en la que Speer ejerce de profesor contratado. Pese a la fama pendenciera que le precede, el político se presenta como un honorable burgués, bien vestido, con ínfulas moderadas. La mesura y la teatralidad del futuro Führer le seducen y aturden. Pronto se conocerán: Speer seducirá Hitler.

    Continuará…

  12. Juan Antonio Millón

    Pues no , Marisa, no me he formado una opinión pobre de ti. Aunque, en principio, estuve esperando tus noticias un tiempo, al ver la tardanza pensé que habría “alguna razón” -no importa cuál- que te impedía escribirme. También podría haber hecho algo yo por saber de ti y ver qué podría ocurrir. En mi caso, las vacaciones, las diversas tareas que me lleva la presidencia del Centre d´Estudis de nuestra comarca (andamos envueltos en varios proyectos), la escritura, los trabajos de investigación pendientes, las ocupaciones familiares varias, etc; todo ello se acumula y son pocos los resquicios de tiempo de los que disponemos…y el tiempo pasa. O sencillamente, las cosas tienen su tiempo propio y aún no le ha llegado el suyo a la tarea que queremos emprender. No sé. Todos acarreamos asignaturas pendientes para septiembre y los vientos del otoño, después de los veranillos de San Martín y San Miguel, nos darán nuevos bríos.
    La metáfora del calvario, dice Justo, le vinene a Camps por su “entorno piadoso”. Bueno, bueno, deberíamos ser más escrupulosos en la utilización de ese concepto que no sólo es que sea importante y requiera un trato cuidadoso, sino que conlleva unas obligaciones y responsabilidades tan exigentes, que no las atisbo, precisamente, en esos “entornos”. Nada más alejado de la piedad que esa bravuconería, esa exhibibición impúdica del éxito, esa exculpación contínua, ese ataque exacerbado al contrario, al contrincante o al otro, esa falta de mesura. No sé qué Kempis leen, la verdad, no sé a qué llaman piedad. “Calvario” no sólo es una palabra preñada de un simbolismo atroz que no requiere medias tintas, sino que los verdaderos “calvarios” que tenemos y vemos a nuestro alrededor, deberían de llenar de verguenza a nuestros dirigentes. A veces una metáfora es una pura indecencia.

  13. Juan Antonio Millón

    Estos días he podido acceder a un artículo -a través de la Hemeroteca Digital del rotativo madrileño- que el poeta José Ángel Valente escribió, alla por el 1997, en el diario ABC, “Ginebra y el calor del verano”. Lo he leído para saber la opinión de este autor -a quien considero guía poético y espiritual- sobre la novela de la autora canadiense, Anne Michaels, Piezas en fuga, cuya lectura ha ocupado parte de mi viaje a Atenas, este Agosto pasado. Una excelente obra donde el pulso narrativo se ve impregnado de un excelente aliento poético y de una información científica al servicio de la narración y la poesía. Es la historia de Jakob Beer, un niño salvado de los nazis por el arqueólogo griego, Athos Roussos, en el fango de Biskupin, ciudad polaca anegada por el agua por el grupo arqueológico de las SS dirigidos por Himmler. No voy a contarles la novela, pero sepan que está compuesta de un variopinto caleidoscopio que contiene unas reflexiones impresionantes sobre la condición humana, la víctimas y el mal, en el contexto de Biskupin, las islas griegas de Zakinthos e Idhra, Atenas y Toronto.
    En su artículo recoge Valente la actitud de Suiza -de ahí su título- en la mosntruosidad hitleriana: “Suiza aceptó el oro nazi, cualquiera que fuese su procedencia. Rechazar el oro de un solo país estaría en contradicción con su amoral idea de la neutralidad. Como fruto de esa tan peculiar ética política y económica, treinta mil judíos fueron rechazados en la frontera de la Confederación a sabiendas de que se los destinaba a los hornos crematorios. Allí eran despojados de alianzas, coronas dentarias, relojes de oro, pendientes y joyas de todo tipo, que la administración de las SS depositaba en la Reichbank y ésta las fundía en lingotes a los que oponía el sello de contraste del Reich para enviarlos a la Banca Nacional Suiza. Por supuesto, desde 1941 los banqueros de Zurich y Berna sabían perfectamente cómo se obtenía ese oro.”
    La voz de Speer enmudece a mis oídos y sólo oigo el silencio de las víctimas, ese del que habla el libro de Anne Michaels: “Incluso si un acto pudiera perdonarse, nadie podría soportar ser responsable de perdonar en nombre de los muertos (…) Cuando el que podría perdonar ya no tiene palabras, queda sólo el silencio”.

  14. jserna

    Juan Antonio, las metáforas las carga el diablo, sin duda. Así a bote pronto y en el entorno piadoso de mi infancia, un calvario era ese lugar del pueblo físicamente destinado a rememorar y representar la crucifixión. ¿Ha padecido Camps una crucifixión?

    La voz de Speer, Juan Antonio, es muy interesante: precisamente porque no vio a las víctimas, porque no quiso verlas. Y no era un monstruo. ¿Cómo explica eso?

  15. Juan Antonio Millón

    Eso, precisamente, Justo, es lo que he querido mostrar cuando he expuesto las palabras de José Ángel Valente. La neutral y democrática Suiza contribuyó -y de qué manera- al exterminio. Desde la “sanitaria” moral de la neutralidad y la “blanqueante” política económica colaboraron a la deshumanzación. Los rostros del mal visten cómodamente “apariencias” de bondad.

  16. Alejandro Lillo

    Saludos post-vacacionales a todos todos. Hemos vuelto fuertes, ¿eh? Pues al tajo.

    Todo lo que rodea a la 2ªGM me parece fascinante. En primer lugar por la magnitud del acontecimiento y por las fuerzas que entraron en liza, pero también por la tergiversación y la escasa e incorrecta información que muchas veces tenemos de aquellos terribles acontecimientos, un servidor el primero. R.S.R, Millón y Serna, hablan del comportamiento moral de un personaje tan interesante como Speer, cosa cierta pero, ¿qué hay de la moralidad/inmoralidad del comportamiento de los aliados antes, durante y después de la segunda guerra mundial? Siendo el tema de Speer fascinante, ¿qué idea de la 2ªGM y del papel jugado por los aliados tienen hoy en día los ciudadanos occidentales? ¿Cuál es la historia que se les ha contado?

    A raíz del post del señor Serna he estado ojeando mi ejemplar de las memorias de Speer. Aunque lo leí hace algún tiempo, está lleno de anotaciones y, de hecho, lo recuerdo como un libro fascinante que devoré de un tirón. Ahora descubro que la literatura que rodea la escritura de Speer se presenta igual de interesante –si no más- que su propia autobiografía.

    El tema de la educación y los nazis es una cosa que sigue llamando la atención. Como apunte, quisiera recordar que en la reunión en la que se concretó en qué iba a consistir la “solución final” (si no recuerdo mal), de los trece o catorce miembros que acudieron, más de la mitad tenían el título de doctor universitario o equivalente. Por eso creo que la clave del nazismo estuvo en su capacidad de absorberlo todo. Algunos jerarcas nazis, algunos de los jefes de los campos de concentración y extermino, algunos de sus guardianes, eran monstruos, sádicos y criminales en potencia, que vieron en el nazismo el mejor modo de dar rienda suelta a sus instintos. Si el nazismo sólo hubiera captado a éstos, seguramente habría sido rápidamente aplastado, pero el núcleo del nazismo pretende aparecer como “civilizado”, como perversamente civilizado. No son bárbaros, ni animales. Hacen lo que tienen que hacer para edificar una civilización superior, no aparecen como monstruos, sino como sacrificados conciudadanos. Muchos son como Speer, o parecidos a él: sofisticados, cultos e inteligentes. Es gente que trabaja en los despachos y que efectivamente no quieren ver, no les interesa. La perversión de la maquinaria nazi permitía llevar a cabo los planes de exterminio así, con una comodidad pasmosa, que apenas inquietaba la conciencia de los cultos y educados intelectuales nazis, supuestamente más sensibles a esas atrocidades. Supuestamente. Lawrence Rees lo explica muy bien en sus libros. Quitando a los más destacados oficiales, apenas se condenó a nadie, a ningún SS que hubiera trabajado en Auschwitz y demás campos. A casi nadie (porcentualmente) se le consideró culpable, y muchos de ellos volvieron a sus casas y, en la posguerra, siguieron haciendo su vida como si nada hubiera ocurrido. Nadie apretaba el gatillo, nadie hacía nada, nadie sabía nada. La responsabilidad diluida en la masa, en la estructura, en el limbo de la tecnología. Es tremendo, horriblemente tremendo.

    Es cierto lo que dice el señor Millón sobre la actitud de Suiza, pero creo que en Europa no se libra nadie, exceptuando Dinamarca. ¿Qué me dicen de la actitud de Francia deportando a judíos a mansalva? ¿Y los bombardeos sobre Dresde? ¿Y el abandono de Polonia a su suerte? ¿Y los asesinatos absolutamente incontrolado de los comandos judíos/israelíes durante la guerra? ¿Hiroshima? ¿Nagasaki? ¿El casi absoluto silencio sobre el papel de la URSS en el conflicto? ¿y papel de ucranianos, húngaros y demás naciones del este? Hay mucho que rascar, mucho, pero como escuece…

    Es curioso, don David, que una conocida mía también me comentó hace poco que Berlín era una ciudad muy poco Alemana.

    Doña Marisa, el asunto va viento en popa, ya le comentaré los detalles.

    Saludos a todos, Es un placer poder leerles de nuevo.

  17. jserna

    Sr. Planas, bienvenido al blog. Yo me acabo de incorporar, por lo que puede ver. Las intervenciones son densas, reflexivas y muy informadas. Entre otras podemos fijarnos en el comentario de Alejandro Lillo. ‘Em lleve el barret’.

    Lo que yo escriba en el post, aquello con lo que concluya sólo es una parte infinitesimal de las cuestiones relacionadas con la Guerra o con el nazismo. Speer sólo es un caso, pero qué caso. Echen un vistazo a la foto que les pongo más arriba. Son, otra vez, Adolf Hitler y Albert Speer en las inmediaciones del Berghof, en el verano de 1939. Esa imagen es la foto de cubierta de ‘Preguntas sin respuesta’. La glosa que hace Joachim Fest es simplemente documentada, precisa e imaginativa. La reproduciré en el post.

  18. Eleonor Ritby

    Estimado Justo:

    Algunos que le aprecian mucho y que, en cierta manera, se parecen a usted, me recomendaron pasearme por su riconcito virtual.

    Dichas personas me evocan admiración, me encienden la chispa del querer saber, y me contagian ese espíritu crítico que necesito para crecer. Ese que otros no dejan madurar.

    Le agradezco su “cerrado por vacaciones”, porque he podido ponerme (casi) al día con su blog. Pero me alegro aún más de su primera entrada de “este nuevo curso”. Una, se crea unas expectativas. Y, entre un@s y otr@s, el listón estaba bien alto.

    Y, en una época en la que me apetece ser “esponja” creo que no me he (no se han) equivocado al dejarme caer por este océano suyo.

    Un Saludo.

  19. Juan Antonio Millón

    Leo lo siguiente: “Algunos jerarcas nazis, algunos de los jefes de los campos de concentración y extermino, algunos de sus guardianes, eran monstruos, sádicos y criminales en potencia, que vieron en el nazismo el mejor modo de dar rienda suelta a sus instintos. Si el nazismo sólo hubiera captado a éstos, seguramente habría sido rápidamente aplastado, pero el núcleo del nazismo pretende aparecer como “civilizado”, como perversamente civilizado. No son bárbaros, ni animales. Hacen lo que tienen que hacer para edificar una civilización superior, no aparecen como monstruos, sino como sacrificados conciudadanos”. Mi pregunta es la siguiente: ¿Se trata sólo de la cantidad (“algunos”) o de su apariencia (“pretenden aparecer” o “sacrificados conciudadanos”), lo que vuelve repulsivo, perverso el universo nazi¿ O, más bien, ¿fue la realidad construida (los campos de concentración), su discurso autoritario, ultranacionalista y las políticas de represión y exterminio, lo que deviene “monstruoso”?

  20. Isabel Zarzuela

    Saludos cuasi-otoñales a todos los contertulios. Me alegra leerles de nuevo, y especialmente me alegra leerle a usted, Don Justo.

    Veo que la nueva temporada del blog viene pisando fuerte, como no podía ser de otro modo.

    Sr. Millón, contestando a la pregunta que plantea, yo no entiendo en términos de “cantidad” lo que transcribe de la intervención del Sr. Lillo. Más bien lo entiendo como una realidad terrible y perversa que sin duda alimentaba al sistema nazi. Fíjese, Don Juan Antonio, no creo que ese “discurso autoritario, ultranacionalista” y esas “políticas de represión y exterminio” monstruosas, se hubieran podido sostener sin esa otra realidad terrible a la que apunta Don Alejandro.

    Doña Marisa ¿recuerda que usted y yo tenemos algo pendiente? ;-) Le envío un correito. Besos.

  21. jserna

    Muchas gracias, Isabel. Un placer leerla a usted. El asunto que nos ocupa es terriblemente complicado y tiene múltiples vertientes. Aunque acabe este post, volveremos sobre este tema…

  22. Juan Antonio Millón

    Creo que no se trata de que hubiera más o menos “monstruos”, creo que el quid reside en esa ideología, en esos discursos y en esas prácticas totalizantes y represivas que sí cabe denomnarlas “mosntruosas”, las que la alimentaron la perversión. Trato de trasladar la focalidad: mas que de individuos -bárbaros o civilizados- hablo del lugar que ocupó la ideología y el sistema nazi que sustentó, encubrió, posibilitó toda esa “monstruosidad”.

  23. jserna

    Saludo con afecto el empeño que Paco Fuster pone en su nuevo blog, que tuvo la osadía de mantener abierto en pleno mes de agosto. Quiero, sin embargo, hacerle unas amistosas puntualizaciones. Con polémicas correctas se enriquece la blogosfera. He puesto este comentario en su bitácora:

    ¿A qué llamamos incultura?

    Paco, es usted un observador agudo, despierto. Me hacen gracia esas puntualizaciones que hace en su blog. Le animo a seguir. Hay, sin embargo, algunos reparos que debo hacerle. En primer lugar, algo que me desagrada en el aspecto externo de su blog: ¿qué hace ahí ese logo del Ministerio de Cultura convertido en Ministerio de Incultura? ¿Le vamos a atribuir a los responsables del organismo la “incultura” del público municipal y espeso? Supongo que no es su intención.

    Creo, además, que hay que ser muy cuidadoso con el examen de lo que usted llama incultura. ¿Qué es? ¿La bronca, la rudeza, el vandalismo, la chulería, el grito, el habla ordinaria, el comportamiento retador? Si es así, podríamos decir que nunca antes ha habido mayor nivel de instrucción y de educación. Cuando yo era jovencito, en los autobuses, en los trolebuses y en los tranvías había carteles que decía “Prohibido escupir”. Sin duda, hemos mejorado…

    En las explicaciones de este blog dice usted literalmente: “…constatar el nivel de incultura que se ha enseñoreado de buena parte de la sociedad española…” Eso, Paco, es una generalización que supone, además, la suposición de que tal vez hubo un tiempo en que la incultura no se había enseñoreado de buena parte de la sociedad española. Creo que debemos ser muy cuidadosos con las generalizaciones. A mí, particularmente, me ponen enfermo. Ya sé que de cuando en cuando nos las consentimos, pero hay que precisar. Como nos recordaba Carlo Ginzburg citando a Aby Warburg: Dios está en lo particular.

    Ánimo. Fdo.: Justo Serna

    http://malestarencultura.blogspot.com

    Domingo, 5 de septiembre, nuevo post en “Los archivos de JS”

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