Los romances de la prensa

RomancedeciegoUno. La actualidad periodística es algo moderno, una idea muy reciente. Antes, muchas cosas pasaban y no merecerían ser averiguadas, divulgadas, contadas. La prensa no inventó lo noticiable. Si me permiten decirlo así, los acontecimientos siempre han sucedido, pero no siempre se han difundido. O porque faltaban medios  o porque no se los juzgaba relevantes. Es más: los pocos hechos, contados por vía oral en los romances de ciego -por ejemplo-, no eran necesariamente actuales o presentes. Podían remontarse a otro tiempo, acontecimientos del pasado que ciertos relatores salmodiaban con versos cautivadores. Es más: esos hechos podían ser apócrifos, inventados, pero –eso sí– siempre aleccionadores. Dichos sucesos conservaban y divulgaban entre públicos diversos actos violentos, latrocinios, lances terribles, amores desgraciados.

El repertorio variaba pero su estructura era similar. Primero, el narrador convocaba al auditorio, apelaba al público e invocaba al algún patrón para mejor recitar. Se disculpaba por ser hombre de pocas letras para inmediatamente después exagerar los valores de la historia que se disponía a contar, a cantar. Contaba y cantaba, en efecto, acompañándose con algún instrumento musical: representaba, gesticulaba, entonaba con énfasis distintos, con esforzada dramaturgia. Para acabar, el romancista pedía disculpas por su rudeza, por su poco arte, y pasaba el platillo, esperando alguna gratificación. Por lo general, lo que acababa de rememorar era una historia de violencia, de atrocidad, de venganzas, hechos dignos de saberse que servían en todo caso para ilustrar, para edificar, para moralizar.

No digo nada nuevo si sostengo que la prensa contemporánea ha ejercido funciones semejantes. Los periodistas de ayer y de hoy no pasan el platillo, pero cuentan cosas con dramaturgia, exageran con énfasis y acompañan con música instrumental. Veamos algunos ejemplos.

SaranBaranDos. El sábado 19 de septiembre, la página de “Sociedad” de El País reunía tres noticias espantosas. De izquierda a derecha, los titulares rezaban así: “Detenido por la muerte de su esposa, que lo denunció por maltrato“; “Interpol busca a un cruel traficante de mujeres“; y, finalmente, “Cataluña dará inhibidores sexuales a los presos que lo soliciten“.

He esperado varios días. He querido ver si alguien se sorprendía como yo, animándose a comentar esas informaciones en algún blog o artículo. Si no me equivoco, nadie parece haber reparado en la construcción de esas noticias, en su hermanamiento, en el significado común. Pero no es eso lo sorprendente: las secciones de los periódicos aúnan hechos que nada tienen que ver entre sí, operación que da sentido, que enmarca las informaciones. No, lo llamativo, lo significativo es el adjetivo que aparece en el segundo títular: cruel.

Es un énfasis. ¿Es una descripción concreta? La fotografía que tienen a su derecha es la única imagen que ilustra las tres noticias. Pertenece a Saran Baran, el traficante de mujeres. Parece confirmar nuestras peores sospechas y, sobre todo, parece corroborar el adjetivo empleado. Me pregunto si ese rostro es un retrato policial (género del que ya hablé aquí) o si es su cara amable. Lean, por favor, la noticia que firma Isabel Ferrer (aquí). Los hechos relatados son simplemente espantosos y la catadura del penado no inspira confianza alguna, desde luego. Qué romance de ciego podría haber inspirado Saran Baran. Admitido. Pero me pregunto también si se puede ser traficante de mujeres sin ser cruel.

cacoTres. Denuncian a un vigilante del MUVIM por robar en la cafetería del museo . Leo en las páginas valencianas de Abc esa noticia: exactamente con ese titular. Firma I.R.T. En la edición impresa en papel, los responsables del periódico añaden: “También esta acusado de sustraer chicles, chocolatinas, patatas y dinero un limpiador”.  Hay que leer dos veces esa frase para deshacer la ambigüedad sintáctica. Pero no es esto lo que llama la atención. Sorprende la prosa, que es pésima. No me recuerda la que empleaban en El Caso: grandilocuente, tremebunda. Me recuerda su peor imitación. Aquí es  una prosa involuntariamente cómica. Pensaba apostillarla detenidamente: me contentaré con glosar su imprevisto ingenio, esta pieza tan divertida. I.R.T quería hacer un caso del pequeño suceso, una historia del hurto considerado como una de las modestas artes.

El resultado es chusco. Es un romance de cacos que no habrían firmado Rafael AzconaLuis García Berlanga. O, más bien, esta historia parece una tira cómica de Carpanta, aquel personaje siempre hambriento de nuestros tebeos. Al decir del periódico, el vigilante presuntamente habría sustraído “patatas fritas, chocolatinas, bollería, refrescos, chicles, alguna que otra pieza de la vajilla y de la cubertería y dinero de la caja registradora. Cada día faltaban entre 5 y 15 euros”. Tacita a tacita…, quién sabe: quizá le haya dado tiempo a llenar la despensa con chucherías; quizá haya acumulado un capital cuyo monto ignoramos. Por su parte, también el limpiador es sospechoso. Si se demuestra su acto, su condición de caco –gracias a una cámara de videovigilancia–, entonces podremos verificar los ardides que ambos empleaban. Al parecer, “en la grabación se ve como el vigilante y el limpiador aprovechan las horas en las que el museo está cerrado al público para entrar en el bar; acceder al otro lado del mostrador y apoderarse de dinero y género de estanterías y despensas”.

No está claro esto último. Hay versiones que contradicen las acusaciones de que son objeto ambos protagonistas. Los presuntos villanos no niegan ciertos hechos ocurridos en el bar, pero sus deposiciones quitan hierro a las faltas cometidas. “El vigilante ha reconocido que una vez cogió una caja de pastillas”, precisa el diario. No sabemos de qué y para qué. Por su parte, el limpiador admite haber franqueado una barrera que para él debería haber sido insuperable: el mostrador. Este sujeto “dice que entraba al bar para humedecer la balleta”. ¿No tenía Cristasol?

Este cuento se ha publicado en un diario importante, en un periódico de referencia, en las páginas que dedica a la Comunidad Valenciana. No es ficción. Es una anécdota ascendida a categoría, quizá una metáfora del declive moral: con Abc nunca se sabe. Lamentablemente no hay imagen que ilustre la noticia, pues el rostro avieso del vigilante o la cara sospechosa del limpiador no se nos muestran. En la edición impresa en papel, la única fotografía que hay en la página está justamente encima del extraño caso del MUVIM. Es, cómo no, un retrato de grupo con Rafael Blasco, ese referente perpetuo de la ilustración gráfica de Abc. Meses atrás, escribí sobre ello en un artículo que titulé “Cromos repetidos“. Ya ven, seguimos con lo mismo, dale que te pego: completando los huecos vacíos de la realidad con casos tremendos o ridículos o ilustrando los hechos con efigies de héroes y villanos. En fin, romances de pillerías y de platillos, historias de cacos menesterosos. Lo de siempre.  Como Blasco.

Unos instantes de gloria local

Political T-Shirt en Buenafuente:

Hagan click sobre las fotografías…

BuenafuenteRitaBuenafuenteCamps

29 comments

Add Yours
  1. Alejandro Lillo

    Bueno, señor Serna, eso de que la prensa contemporánea no pasa el platillo…

    Por cierto, vaya patillas que nos gasta el cantautor del grabado.

  2. jserna

    El platillo y las patillas.

    En otro tiempo, al ‘platillo’ de los periodistas se le llamó ‘fondo de reptiles’.

    En cuanto a las patillas del “cantautor”, he de decirle que esa masculinidad enfática era cosa de las clases populares y de las gentes refinadas. En el Ochocientos, la moda varones distinguidos es simplemente espantosa. Perdone la autocita: dije hace tiempo que los burgueses solían vestir “levitas oscuras, tristísimas, cuellos almidonados”. Así, “vemos a petimetres envejecerse deliberadamente hasta convertirse en adultos obesos con barbas hirsutas, con patillas descomunales y con bigotes retorcidos; vemos a damiselas ceñidas por la armadura de unas telas que agigantan los pechos al tiempo que los cobijan; vemos a familias de recta presencia, de patriarcal postura, rodeando al severísimo padre, centro y tutela de la progenie y de la esposa”.

    Amén.

  3. Alejandro Lillo

    Realmente es impresionante. Parece que tenga sendos puercoespines recorriéndole las mejillas. Esa moda burguesa de la que usted tan bien habla, esa tan propia de los distinguidos varones del Ochocientos, la hemos heredado nosotros añadiéndole toques propios, característicos de nuestras propias neurosis, nada escasas, por cierto. Nuestra forma de vestir es gris y monótona, con tonos más bien mortecinos. Un mundo opulento, lleno de lujos y de objetos de consumo que, sin embargo, viste de forma oscura y triste. Seguro que todos nos hemos topado, paseando por la calle, con algunos viandantes que, provinientes de África, lucen unos trajes preciosos, llenos de color y luminosidad. Resulta sorprendente el contraste entre ellos y nosotros. Dicen que los ojos son el reflejo del alma. Yo me pregunto si no lo serán también los trajes.

  4. Marisa Bou

    ¡Ánimo, Alejandro! Espero verte pronto con uno de esos preciosos vestidos africanos: no me cabe duda de que te quedará fantástico. ¿Por qué los hombres no os atrevéis con el color? Nosotras -yo, al menos- sí usamos los colores en nuestra vestimenta. Y no sólo como signo de “moda”, sino como expresión externa de nuestro estado de ánimo. Quienes me conocéis, sabéis discernir al primer vistazo cual es mi humor un día, por la viveza -o falta de ella- de colores de mi atuendo. ¿No sería bueno que todos hiciéramos lo mismo? ¿O me váis a decir que soy demasiado previsible?

  5. Marisa Bou

    P.S.: Me ha faltado añadir que ese detalle podría evitarnos algún que otro “mal rollo”, porque ¿quién se atrevería a provocar a quien anuncia con su presencia que se encuentra de mal humor?

  6. Alejandro Lillo

    Doña Marisa, tiene usted toda la razón. Si algo necesitamos es más color.

    ¡Ay!, señor Serna. ¡Cómo nos gusta jugar con las palabras!

    ¿Se imagina a Camps tocando la guitarra con las patillas y el platillo?

  7. David P.Montesinos

    El espanto debe generar una especial fascinación. No sé si recuerdan ustedes El caso, un tema perfecto para una película o un ensayo… ¿qué se cocería en la redacción de aquella publicación tan siniestra? Hoy no hace falta, incluso los diarios más serios nos ofrecen una buena dosis diaria de horror show. Conozco personas que ya han dejado de ver telediarios -o se limitan a ir cambiando para ver qué canal está en el tiempo o los deportes- porque cuando los ve se convence de que el mundo camina a velocidad vertiginosa hacia la catástrofe y que el demonio anda suelto por todas partes. Viví un tiempo en Castilla en una pensión cuya jefa veía en la tele con delectación todas las historias de crímenes horrendos. Algunas de aquellas tardes mientras yo preparaba oposiciones llegaban a mis oídos toda suerte de atrocidades domésticas, desde abusos sexuales hasta envenenamientos, troceamientos y todos los horrores que a ustedes puedan ocurrírsele. Había un periodista, un tal Marlasca que aparecía para contar toda aquella crónica negra como un verdadero especialista :”desgraciadamente, debemos entrar en algunos detalles para que los telespectadores conozcan el caso”, decía el tío con traje negro y pinta de cenizo… y hala que corra la sangre. Luego la señora veía series de policías y aullaba de placer cuando Harry Callahan mataba al malo, que siempre tenía especial cara de sádico y daba mucho gusto que se lo cargaran aplastándolo con un container o haciéndole caer desde lo alto del edificio para que se trinchara en unos hierros puntiagudos. Lo curioso es que se irritaba mucho y apagaba la tele en las escenas de cama o cuando alguien hacía alguna alusión al placer sexual, especialmente si era mujer: “estas de la tele son todas putas”,me decía.

    No sé si saben que hay tesis doctorales sobre el tratamiento mediático que, empezando por la ínclita Nieves Herrero o el también ínclito Pepe Navarro, se hizo sobre el caso Alcasser. Aquel asunto fue como para hacérnoslo mirar, la verdad.

  8. jserna

    En los quioscos de mi infancia y adolescencia, El Caso era un periódico habitual y muy apreciado… No me convencían sus fotografías hiperrrrrrealistas. Como tampoco me gustaban los docudramas escritos de las Selecciones del Reader’s Digest, publicación que recibimos durante un año entero gracias a la suscripción con la que un paciente agradecido obsequió a mi padre. El Caso, Selecciones: eran periódicos eruditos que no me entusiasmaban, ya digo. Por la misma época, en mi casa también se compraba Pronto, una revista que por entonces acababa de salir al mercado. Y no sigo: todo lo que cito son publicaciones morbosas. Conseguí quitarme de todo ello. O eso creo.

  9. jserna

    Últimas noticias

    Hoy martes, en Buenafuente (La Sexta), al final del programa salen las camisetas que aquí anunciamos meses atrás en el post titulado Political T-Shirt: las de Rita y Camps. El autor de las camisetas y un amigo han acudido al programa. Como otros espectadores, han entregado unos presentes al responsable del programa. Y Andreu Buenafuente, al final, dice que unos valencianos irónicos le han regalado esas camisetas (talla XL, eso sí), mostrándolas a la cámara. Si no cortan la grabación, si respetan el montaje, salen esos diseños… Yo ya tengo el VHS (sí, el VHS) preparado.

  10. Alejandro Lillo

    El tratamiento que hacen de los sucesos y/o demás imágenes morobosas los periódicos es tremendo, y cada vez va a más. Yo no he conocido “El Caso”, aunque viendo las noticias de Telecinco o Antena 3 me lo puedo imaginar. Desde luego, tenemos un problema bastante gordo con la información (incluida la deportiva). También con el morbo, como apunta don David. Hace algunos días hablábamos del nazismo y de cómo pudo fascinar y enganchar a tanta y tal variedad de gente. Salvando las distancias, evidentemente (no creo que sea necesario aquí matizar más), creo que hay algún elemento común entre aquello que sucedió en Alemania y otros países, y lo que sucede aquí con todos los programas de violencia y morbo, con todas las imágenes innecesarias y vergonzosas que cada días aparecen en la prensa y en la TV. ¿Cómo explicar que la audiencia en televisión aumente proporcionalmente según el nivel de insultos, agresividad y violencia que se despliega? Existe una fascinación, claramente perversa, en la visualización de ese tipo de escenas. ¿Disfrutamos viendo sufrir a los demás? Pero resulta que los protagonistas de esas historias parece que también disfrutan contanto sus intimidades, sus desgracias y sus miserias sin ningún rubor ni vergüenza. Desde lo que apunta David de Alcasser la deriva es brutal. Y cada vez nos escoramos más. Lo que hace unos años nos parecía imposible hoy lo vemos como algo normal. De todos modos el tema es complejo y amplio, mucho más de lo que yo puedo abarcar. Pero es muy preocupante.

    Señor Serna, ¿sabe si hay manera de ver por internet ese momento mágico de Buenafuente?

  11. jserna

    Sr. Lillo, gracias por su interés. Pronto podré colgar en este espacio ese “momento mágico” de Buenafuente, cuando el showman muestra y glosa ante la cámara las camisetas de Rita y Camps. Son breves instantes pero un éxito mediático para el autor de los diseños: ese momento de gloria al que se refiriera Andy Warhol años atrás. En cuanto esté disponible el enlace, lo pongo aquí.

  12. Arnau Gómez

    Buenos días.Me ha gustado esa proposión de Aña Marisa.La de vestirnos de colores y así poder expresar nuestro estado de ánimo.Pero habrá que establecer una convención de colores y sentimientos,porque para algunos el negro es un color fúnebre mientras para otros lo es el blanco.El rojo es un color sangriento para algunos y pasional para otros.El amarillo es el color de la santidad y de los sindicatos patronales. Y así.
    Le digo que mi color es el rojo,con sus matices, que van del rojo cardenal primado al rojo vinagre.

  13. Pumby de Villa Rabitos

    Ja, ja, ja… mis felicidades para Víctor… ¡Veis lo fácil que es crear acción contra el PP!… Tan fácil como ser inteligente.

  14. Alfons Àlvarez

    Estimado Justo y demás contertulios, hablando de Andy Warhol y “el momento de gloria” acabo de ver una buena película que en su estreno me pasó desapercibida. Se trata de “Factory girl”, una pequeña biografía de Edie Sedgwick, una de las musas del pintor y creo que su primera “gran estrella”. Visionando la película se tiene una idea muy precisa de qué entendia Warhol por “momento de gloria”.

    Este es uno de los muchos links en los que se puede obtener información sobre este interesante film: http://www.filmaffinity.com/es/film421984.html

    De Buenafuente, nada que decir. Ya se sabe que el humor y la risa son buenas palancas para mover el mundo.

  15. David P.Montesinos

    Enhorabuena también por mi parte,aunque mi preferida sigue siendo la del chino de Tiananmen, las cajeras del Mercadona me la escrutan con envidia.

  16. jserna

    Muchas gracias por los parabienes, que transmitiré al afortunado autor de los diseños. Ahora, como decimos en Valencia, a fardar: no estoy en casa y les escribo con mi móvil touch obtenido con puntos orange. ¿Puntos? ¿He dicho puntos?. Qué cosa, la recnología punta: precisamente para escribir me valgo de un puntero. Buenas noches.

  17. Paco Fuster

    Lo mismo digo: mi enhorabuena a Victor. Ayer cuando llegué a casa la mía de Tiananmen la tenía puesta mi padre (dice que él las coge sin mirar de quien son). Me cabreé un poco, pero pensé que igual me venía incluso bien. Me venía un poco ajustada de talla y ahora habrá prestado lo suficiente.

  18. Isabel Zarzuela

    Felicidades para Víctor. También a Don Justo por la parte que le toca. Ya sabía yo que esas camisetas iban a ser todo un éxito… ja, ja, ja.

  19. R.S.R.

    ja,ja,ja…no sé qué es esto de las camisetas, pero son un “puntazo”.Mis felicitaciones a su autor.

    R.S.R.

  20. Marisa Bou

    En primer lugar, mis felicitaciones para el nuevo empresario de la moda, al que -sin sus rastas- apenas pude reconocer. Me pareció genial que Buenafuente glosara el talento y la ironía de los valencianos. De algunos, añadiría yo; porque hay otros…

    También debo decir que yo era una ávida lectora de “El Caso”, pues era inevitable que el morbo de que allí se contaban, para los que disfrutábamos de una vida sencilla y sin sobresaltos, nos pusiera en contacto con ese otro mundo, que por mas gore que resultara, no dejaba de ser real. Y también, téngase en cuenta, entonces íbamos poco al cine (al menos los “económicamente débiles”) y el poco que veíamos, o era extranjero o español de posguerra, es decir, nada que ver con la vida real de este país.

    Tiene razón Justo cuando afirma que la prosa de aquellos periodistas de sucesos era muy pulida -si bien un poco alambicada- y no como la jerga que hoy se emplea en todo tipo de prensa, que parece creada a propósito para destrozar el lenguaje. No sabría decir si estos periodistas de ahora son analfabetos, o es que piensan que escriben para analfabetosw. Al menos, aquellos añorados escritores de “El Caso”, independientemente del tema que trataran, podían servir a los lectores más incipientes como ejercicios de estilo. ¿Existen ahora los ejercicios de estilo? ¿O lo que se estila es no ejercitarse en nada?

  21. jserna

    ¿Sois la leche? ¿Quiénes?
    ¿Monigote and Friends?
    ¿Los amigos de este blog?
    ¿La gente de producción?

    Por cierto, hablando de producción, ya puede verse en Youtube el momento culminante de Buenafuente con “Santa Rita y Camps” (Monigote dixit, a quien se ve alzando los brazos en señal de triunfo mediático). Éste es el enlace (hacia el minuto 1…):

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s