Del blog a la literatura

La realidad y sus novelas. Días atrás, el filósofo José Luis Pardo publicaba en El País una tribuna titulada “Basado en hechos reales“. Discutía las mezclas de historia y ficción, de pasado y novela. Otra vez, sí. Con recursos polémicos, más o menos convincentes. Con razones más o menos endebles, con argumentos más o menos poderosos,  siempre debatibles.


José Luis Pardo mostraba cierto desdén hacia esas novelas que estando basadas en hechos reales, que empleando lo real como un valor añadido, simplifican los acontecimientos y su significado. Para el filósofo hay ficciones que nos ayudan a entendernos mejor, obligándonos a abordar las complejas situaciones de los individuos. Y hay otras que son desechables porque nos vacían lo real o porque utilizan los hechos para confirmarnos. Estas últimas novelas serían puramente consoladoras.

“Tanto el lector como el autor tienen perfectamente claro antes de empezar a leer y a escribir quiénes son los buenos y quiénes los malos, y la ficción no tiene otra pretensión que la de confirmar a ambos en ese saber previo, con el regusto de unos personajes y unas situaciones específicamente construidos para ese fin”, encerrados en “una empalagosa maquinaria narrativa que presenta la coherencia propia del relato (la del planteamiento, nudo y desenlace) como un espejo de la coherencia moral de nuestros valores”.

El planteamiento de Pardo es interesante y discutible, ya digo. Por un lado, aprueba las buenas ficciones, esas que nos ayudan a entender la complejidad social.  Por otro, condena las malas ficciones, esas que simplifican las cosas, el discurrir de lo humano. No me convence la presentación. Cómo no vamos a estar de acuerdo en valorar lo bueno y rechazar lo malo. Entiendo su diatriba, pero el asunto merece mayor examen.

Tomás Eloy Martínez. Los novelistas van siempre un paso adelante de la realidad”, escribe en su último artículo, publicado póstumamente en El País. “Hacia 1930, el argentino Roberto Arlt vislumbró en sus dos grandes novelas, Los siete locos y Los lanzallamas, la madeja fascista que se cernía sobre las naciones jóvenes del sur. Así también ahora la guerra contra las drogas y el narcotráfico impregna buena parte de la literatura, sobre todo en Colombia y México, donde la cultura narco se ha infiltrado en todos los aspectos de la vida”, añade. Tomás Eloy Martínez es un ejemplo sobresaliente de lo que es la literatura basada en hechos reales, unas obras de creación en la que la experiencia del periodismo, las noticias de la prensa, la información diaria sirven para pensar lo que realmente pudo pasar, para narrar lo que probablemente ocurrió. Aquí veo su retrato, que no sé quién firma: una fotografía que se distribuye por la Red y en la que atisbamos la sonrisa bondadosa e irónica de Martínez. Me habría gustado conocerlo en persona.

Por supuesto, no leemos las novelas de este escritor argentino para documentarnos fehacientemente: uno no lee sus ficciones para obtener el  dato concreto que te proporciona un periódico. Pero experimentamos una rara sensación con Santa Evita (1995) o La novela de Perón (1991). En ellas, el autor capta, comprende, averigua el problema real de Argentina, una Argentina ficticia y perfectamente verosímil, concebida a partir de una materia existente. Su lectura nos ayuda a entender las expectativas, los deseos, los temores que el peronismo ha provocado. Tomás Eloy Martínez se documentó  extensamente o trató con los personajes principales. Nos lo cuenta todo en novelas que son indagación y el proceso de indagación, novelas que tienen un modo de producción metanarrativo, es decir, que muestran al relator investigando y contando, acopiando datos e imaginando su conexión.

Leí  Santa Evita en 1995,  alertado por Mario Vargas Llosa: un artículo suyo en El País celebraba el logro  de Tomás Eloy Martínez. Poco tiempo después, un amigo argentino, Miguel Ángel Taroncher, me regaló La novela de Perón (1991), no editada en España. En ambas obras es pavorosa la radiografía que el escritor hace de su país: un retrato kitsch y desvaído, fantasmal y necrófilo. ¿Literatura fantástica? Por lo que hemos sabido después, lo sucedido en Argentina supera las expectativas espectrales y las peores pesadillas. La literatura basada en hechos históricos –como la que escribió Tomás Eloy Martínez con  prosa de reportero y descripciones de cronista demente– es el mejor examen de lo real. No sabemos, eso sí, si sus obras pertenecen al género de terror.

Debería volver sobre ellas. Cuando leí Santa Evita me pareció un experimento narrativo interesante. Incluso muy interesante. La novela no sólo es la historia de una primera dama. Es, además, el proceso de producción y escritura de la ficción, con el añadido de sus resultados. Alguien  llamado “Tomás Eloy Martínez” emprende una investigación biográfica: la de Evita Perón, a partir de la historia de su cadáver. Todo ello  a lo largo de muchos años. Eso da como resultado dos  relatos distintos: el del cadáver mismo y el de sus garantes o guardianes, particularmente el del militar que se ocupó de su cuidado hasta enloquecer fascinado por su amor necrófilo. Con razón deslumbró a Gabriel García Márquez. Parece, en efecto, una historia ocurrida en Macondo. Pero no: sucede, y sucede de verdad, en Argentina. ¿Es una historia de muertos? Sin duda, es la novela de un cadáver, literalmente hablando. Pero dicha historia no es más fantasmal que la que nos cuenta Martínez en La novela de Perón.  En vida, también Juan Domingo Perón fue un espectro. En su exilio en Puerta de Hierro, en Madrid, el general vivía sumido en sus añoranzas, cultivando su propio mito y el de Eva Duarte, rodeado y asistido por Isabelita y por Héctor J. Cámpora. Allí, en su retiro español, fue entrevistado por Tomás Eloy Martínez. En 1973, Perón pudo regresar a Argentina.

El declive fue imparable. El declive, ¿de quién o de qué?

Colofón:

1. Me tomo unos días de descanso. Es una expansión que me permito. Necesito descansar. Ustedes me entenderán. El lunes 8 de febrero estaré de vuelta con un nuevo post.

2. Escribí lo anterior y me fui a Bilbao unos días. Estando allí pude leer el comentario de un lector argentino, Horacio, que me indica muy amistosamente el error que he cometido al confundir a Héctor J. Cámpora con José López Rega. Por supuesto, le agradezco la precisión. Efectivamente: he confundido a Cámpora con López Rega y por eso, en este colofón, lo indico claramente. Cámpora ganó las elecciones que permitieron, de alguna manera, la vuelta de Juan Domingo Perón. López Rega desempeñaba otras funciones: era una suerte de asistente y nigromante al servicio de Perón. Por lo que parece fue un personaje siniestro: sería, además, inverosímil en una novela que lo hubiera inventado.

Muchas gracias.

Hemeroteca  y videoteca. Blog y literatura

1. Ojos de Papel. Nuevo número de Ojos de Papel, con autores u obras habituales de este blog y con asuntos que tienen que ver con lo que tratamos en este post. Índice:

-Miguel Veyrat, Razón del mirlo, por Víctor Claudín

Alejandro Lillo, Providence, de Juan Francisco Ferré

Francisco Fuster, Modernas y vanguardistas, de Mercedes Gómez Blesa

Eduardo Laporte, Londres es de cartón, de Unai Elorriaga

Justo Serna, Invisible, de Paul Auster

2. Mercurio. Nuevo número de Mercurio, mes de febrero, dedicado a la Novela histórica. Índice. Con artículo de cabecera de JS:

Justo Serna, “Las huellas de un pasado”, Mercurio, núm. 118 (febrero de 2010), págs. 8-10

3. El blog. Unas reflexiones. Mesa redonda Trazos de la comunicación digital en la Comunidad Valenciana. De la web 1.0 a la 2.0. Primer Congreso de Comunicación Digital en la Comunidad Valenciana (18 y 19 de noviembre de 2009):

Justo Serna: Mesa redonda. Minuto 40:46

4. Nuevo artículo de JS en El País:

“De quién es la culpa”, El País, 3 de febrero de 2010

34 comments

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  1. el náuGrafo

    Estimado Justo, me has ‘pisado’ el post. Quería escribir algo al respecto y al final lo he ido dejando y te me has adelantado. Me hacen gracia estas casualidades.

    Leí ayer con atención el artículo de Pardo, un tipo cuyo perfil me atrae, por las referencias que me han llegado de él, pero lo cierto es que no me convenció el artículo. No me convenció esa defensa de la ficción en su acepción más convencional, es decir, la que elabora un tipo desde su casa, desde su escritorio, con las herramientas del pensamiento abstracto, especulativo e imaginativo. Vamos, lo que se conoce como inventar historias. Y todo ello como con un desdén hacia lo experimentado, lo real, lo mamado/asimilado/filtrado por el autor. Estoy en desacuerdo. Me irrita ese desdén, me irritan las novelas, las obras de arte, que parten de esa premisa ‘imaginativa’ y cada vez creo, con más convicción, que nos hacen perder el tiempo a todos.

    Será loable crear un universo ficcional rico, basado en a saber qué hechos reales, pero siempre será una barata copia de la realidad.

    Bravo el tema elegido, Justo (y de paso me apunto un minipunto secreto para mi también, jojo).

    Un abrazo basado en hechos reales,
    E

  2. Pumby de Villa Rabitos

    Ya veremos cómo sigue, pero, desde luego, por ahora coincido plenamente con el sr. náuGrafo y eso que usted sabe, don Justo, que soy forofo de los géneros repletos de imaginación.

  3. isabelbarcelo

    Tampoco yo quedé bien impresionada por el artículo de José Luis Pardo. Me pareció un tanto sesgado y, si me apuran, incluso un poco agresivo. ¿De dónde se saca la materia literaria, sino de lo real, aunque sea lo real imaginado? ¿Y se cumple inexorablemente su afirmación de que nos enseña más sobre el género humano una ficción completamente inventada (si es que eso es posible, claro), que una ficción basada en hechos acontecidos? No sé, no sé, me dejó la sensación de que había mezclado demasiadas cosas, primando la ficción por la ficción y devaluando la reconstrucción ficticia de los acontecimientos, todo ello a priori, como si no existiesen malas ficciones y excelentes recreaciones. Supongo que esto dará pie a un interesante debate en esta página que tendré que leer ya la próxima semana, porque lo que queda de ésta desaparezco de la circulación por una buena causa: las fiestas de Sax, mi pueblo, que al ser de moros y cristianos no voy a decirle cuánto tienen de ficción y cuánto de realidad.
    Por cierto, quiero agradecerle que haya citado la novela Dido reina de Cartago en su magnífico artículo de la revista Mercurio. Esta cita ha dado lugar, a su vez, a que se incluya en la revista una reseña de la novela, así que el efecto no ha podido ser más positivo.
    Un cordial saludo.

  4. jserna

    Isabel, me alegro mucho de que haya ocurrido lo que dice: que a raíz de la cita hayan encargado una reseña de su libro. Espléndido. Aquí pueden leerla.

    Eduardo: hay que discutir lo que dice José Luis Pardo. De hecho, pienso seguir planteándome cuáles son las consecuencias de lo que sostiene.

    Como dice el sr. De Villa Rabitos, uno puede ser partidario de los “géneros repletos de imaginación”. No entiendo por qué eso debe ser incompatible con la literatura basada en hechos reales. Pardo se mofa de esa literatura que enfáticamente dice estar basada en lo real: se mofa si eso es excusa para presentar tramas narrativas simplonas o para ejercitar poco la imaginación, la imaginación moral.

    Y quién no va a estar de acuerdo con eso, repito. Ésta no es la cuestión, creo. La cuestión es saber discernir la buena de la mala literatura, tener criterios para separar lo simple de lo complejo: una tarea que no compete al autor sino al lector. El escritor que escriba lo que quiera que los destinatarios ya distinguiremos. Pero para eso hay que ser lector contumaz y exigente. Darse raciones de literatura fantástica y adminsitrarse dosis de ‘relatos reales’, como decía Javier Cercas en su libro homónimo.

    Por cierto, sobre la imaginación moral –esa fórmula que emplea Pardo– escribí años atrás un artículo que, retocado, ha ido a parar a ‘Héroes alfabéticos’.
    Es éste:

    http://www.elpais.com/imaginacion/moral

    Volveré.

  5. Pumby de Villa Rabitos

    Bueno, don Justo, es que en eso también coincido con usted, cuando dice: “El escritor que escriba lo que quiera que los destinatarios ya distinguiremos”. Mi periplo por la literatura “fuera de la ley”, “los subgéneros”, lo hice con tranquilidad y sin vergüenza precisamente por ese principio.

    Me desconcertó lo que leí del argentino y el sr. Laporte me dio la clave para entender qué era: el desdén del autor. En efecto, si de literatura hablamos, no llego a entender los posicionamientos extremos, o ficción o realidad, precisamente cuando la literatura es, o así la considero, la heredera de la narración oral engullida por el universo Guttemberg ¿y qué hay de verdadero y de falso en lo que cuenta un narrador errante al amor de un fuego encendido bajo las estrellas?…

    Saben – porque son unos cotillas y leen escabrosamente mis comentarios a doña Erreserre, que son incorregibles – que estoy leyendo ahora “La elegancia del erizo”. A ella le preocupaba que el planteamiento fantasioso de la autora no me agradara, y no, no era eso. Una portera ilustrada, muy ilustrada, extraordinariamente ilustrada; una niña superdotada, látigo inmisericorde de la “gauche divine”; y un delicado anciano japonés que lleva su cultura a cuestas como un caracol su casa, viviendo e interactuando en el mismo edificio, en pleno centro burgués parisino, en nuestros días, me parece una idea soberbia. La pena – para mi – fue que el bocado fue demasiado grande para la autora. La cosa, pues, no es lo que se cuenta, es cómo se cuenta.

    Y, a guisa de apéndice, sobre el artículo de Tomás Eloy Martínez, hay un par de puntos que me dejan atónito, dada la calidad del periodista y lo quisquilloso que me pongo a veces…

    El primer párrafo me resulta contradictorio. Afirmar que “los novelistas van siempre por delante de la realidad”, hombre (o mujer) como frase literaria queda muy bien, impactas, pero nada más. Para confirmarlo dice: “Hacia 1930, el argentino Roberto Arlt vislumbró en sus dos grandes novelas, “Los siete locos” y “Los lanzallamas”, la madeja fascista que se cernía sobre las naciones jóvenes del sur”. ¿Y donde está la clarividencia?. Si desde el 22 hay fascismo institucional en una Italia y a lo largo de la década se convierte en un fenómeno mundial ¿cómo no va a afectar a Argentina en los 30? Lo vislumbraría si lo hubiera planteado en los años 10 pero ¿en los 30?… Y aun reitera: “Así también ahora la guerra contra las drogas y el narcotráfico impregna buena parte de la literatura, sobre todo en Colombia y México, donde la cultura narco se ha infiltrado en todos los aspectos de la vida”. Parece, pues, lógico pensar que ese tipo de novelistas lo que está haciendo es narrar su presente o su pasado más inmediato, no va por delante de la realidad, está en la realidad, cómo él demuestra contradiciendo su primera aseveración.

    En su penúltimo párrafo hay una frase que me deja estupefacto, aunque ésta ya no por su vertiente literaria si no por la meramente histórica que debiera ser más que exigible, ya fuera por ser periodista, ya escritor, más reuniendo ambas condiciones. Dice: “En Estados Unidos no se acabaron los borrachos, pero desaparecieron los Al Capone”. Otra frase impactante… y falsa. Para nadie es un secreto que tras Al Capone, las Cinco Familias de Nueva York siguieron con el negocio y lo incrementaron hasta niveles estratosféricos sin que la policía, ni la publicidad, acabaran con ellos. El caso de la puesta en libertad del hijo de Gotti – el nuevo “capo di tutti capi” –, ocurrida hace unas semanas porque, tras cuatro juicios con diferentes fiscales, no encontraron ningún tribunal que lo condenase a nada, es una buena señal de que, en efecto, ni los borrachos acabaron, ni la Cosa Nostra dejó de crecer y multiplicarse, en fin, que goza de una envidiable salud aunque se haya vuelto más discreta, algo que un periodista-escritor debería saber, creo yo.

    PS. Muy bueno su artículo en “El País”, don Justo. Otro trocito de la ciudad que nos destrozan…

  6. jserna

    1. Gracias, sr. De Villa Rabitos, por sus palabras sobre mi artículo en El País. Usted sabe que en mi tesis doctoral, hace ya muchos años, traté de las cárceles en la Valencia del siglo XIX. Imagine el estupor que me ocasiona la rehabilitación invasiva que padece hoy el edificio de la Modelo.

    2. Que los novelistas van por delante de la realidad es, sin duda, una frase sugerente y discutible. Creo que hay que entenderla en el sentido de que la novela no es necesariamente copia o reflejo de lo que ya ocurre, sino de lo que potencialmente puede verificarse, de lo que eventualmente podría suceder. Ese sentido virtual de las ficciones, de lo imaginado, es -creo- el significado que Tomás Eloy Martínez da su afirmación. En la Argentina de los años treinta no hay fascismo en el poder. Imaginar un país así es aventurar una realidad potencial y, quizá, venidera.

  7. aleskander62

    Os voy a recomendar una novela de Daniel Arenas, Bajo los árboles azules, donde la realidad o el recuerdo de la realidad histórica se funde en un texto fragmentado y poético que narra hechos de la guerra civil española.

  8. R.S.R

    He leído el artículo de José Luis Pardo y creo que plantea cuestiones muy interesantes, si bien no coincido con las conclusiones a las que llega. Pero de entrada, el que se plantee de donde viene la credibilidad o el descrédito de una ficción, y donde radica la autonomía de la misma creo que es un asunto que suscitará debate.
    Me parece que su conclusión es sesgada y simplista como si estos temas fueran unívocos como si la credibilidad de la ficción dependiese de un solo aspecto que él además lo cifra en la capacidad de trasmitir unas emociones universales. Lo que nos convence o lo que nos aprisiona de cualquier obra literaria es mucho más complejo de lo que este señor plantea. Por otra parte, me parece que no argumenta bien por qué para él una novela auxiliada en hechos reales es una novela desacreditada.

    Sr. Pumby puesto que hemos cambiado de post contesto aquí a su pregunta : SI, pero el realizarla le pone en evidencia. En los Puentes… hice alusión a ello como causa de mi arrebato y por otra parte, sí que debió quedar “desarmado” como usted dice, puesto que dada su agilidad mental y rapidez, la primera pregunta que esperaba no era esa sino por qué sabía yo que en Villa Rabitos se hablaba catalán. Ayyy….que me está perdiendo facultades
    ¿Ha llegado a la página 225? Me tiene en ascuas. No debí expresarme bien- a veces me pasa- lo que me preocupaba y de lo que me gustaría hablar con usted es de qué es lo que atrapa de la historia y creo que precisamente, como usted señaló, tiene que ver con la verosimilitud que va ganando.Bueno …esperemos a que termine.

  9. Isabel Zarzuela

    Por fin encuentro un huequito para entrar en este blog. Cuánto tiempo sin escribir aquí; de hecho el ‘mono’ que tengo de ‘Los archivos’ me está resultando muy difícil sobrellevar. Bueno, hoy ya he conseguido mi dosis 

    He podido leer la reseña que don Justo publica en Ojos de Papel sobre la última novela de Paul Auster: ‘Invisible’.
    Qué capacidad tiene usted, Sr. Serna, para profundizar en la psicología de los personajes (no olvidemos a los ‘Héroes alfabéticos’). Y con ‘Invisible’, esa capacidad la desarrolla con maestría, no sólo por lo que cuenta de cada uno de los protagonistas de la novela o cómo lo cuenta, sino porque consigue que quien le lea encuentre en sus reflexiones parte de uno mismo. Me encantó leer esa reseña: te dice algo sobre ti, te dice algo de los demás, y te cuenta lo justo para salir corriendo a comprar el libro.

    Y para que vean que no exagero, les transcribo una de las reflexiones del Sr. Serna que más me gustaron. Se trata de ese tipo de pensamientos que una lee en un libro, la subraya y la copia en una libretita para no olvidarla nunca:

    “El olvido de lo doloroso ayuda a vivir, a superar el recuerdo vivido de lo insoportable. Pero el olvido de lo que nos atormenta también puede ser una esclavitud, una dependencia insuperable, inmadura”.

    También leí “De quién es la culpa”, el artículo de don Justo que publica hoy El País. Bueno, aparte de la paradoja que le surge al Sr. Serna –y que comparto plenamente- con la rehabilitación de la Cárcel Modelo de Valencia, a mí se me genera otra: “lo que en principio fue concebido para divisarlo todo, para inspeccionarlo todo con un simple golpe de vista” (o sea a los presos), ahora, con esa nueva construcción, no podemos saber lo que se oculta tras los nuevos pabellones (o sea la Generalitat); no podemos saber qué hace o qué no hace, qué maquina…

    Me pongo a leer las otras reseñas (si mi niña me deja).

    Un saludo a tod@s

  10. Paco Fuster

    He leído parte del monográfico de la revista “Mercurio” sobre la novela histórica: los artículos de Justo, de José Marí Merino y del otro Justo, de Justo Navarro. Aunque se repiten algunas ideas en los tres, cada uno aporta una visión interesante. Estoy de acuerdo en casi todo lo que se dice, excepto en algo que dice Merino y que no acabo de entender muy bien.

    Dice que la novela histórica es como un lugar de encuentro entre la historia y la ficción, pero dejando claro la diferencia entre la historia que “tiene que ser verdad” y la novela, que “tiene que parecerlo”. Hasta ahí, nada nuevo. Luego lo que no entiendo, si lo he leído bien, es que culpa a cierto tipo de novela histórica (pone el ejemplo de “El código da Vinci”) de inventar la historia o fasificarla, como si su autor quisiese engñar conscientemente al lector, haciendo pasar por cierto algo que no lo es.

    Confieso que no he leído “El código da Vinci”, pero mi opinión – repetida ya en varios lugares y momentos – es que si aceptamos que lo que leemos es una novela, no podemos pedirle al autor que nos dé datos históricos fiables y exactos. ¿Qué sentido tiene? Si no los da y eso contribuye a hacer más verosímil la historia, mejor para nosotros, pero esa exigencia de respetar la historia como se supone que sucedió no la entiendo, sinceramente. Dice Merino: “La novela histórica puede ser torpe, puede equivocarse o puede no tener información. Lo malo es cuando empieza a surgir como una expresa manipulación del pasado, porque el problema que estamos sufriendo es el de la propia formación de los lectores”. O sea que si una novela que se dice histórica está equivocada en los datos o los omite, no pasa nada, pero si el autor los altera deliberadamente nos está intentando engañar. No lo creo así. Además, si este tipo de novelas tienen éxito, digo que será precisamente por lo contrario, porque el autor logra dotar de verosimilitud a la historia, atrapando con ello al lector.

    Dice Merino que el lector de novelas del siglo XIX sabía que leía novelas, pero el lector de hoy, debido a su baja formación, “queda mucho más inerme frente a las manipulaciones de la novela histórica”. De ser así, cosa muy difícil de saber (tendríamos que preguntar a ambos lectores), digo yo que la culpa sería del lector actual y no del autor de la novela. Si me compro una novela histórica, tipo “Dido. Reina de Cartago”, y me creo todo lo que allí se me cuenta con pelos y señales, el responsable soy yo por dar validez y certeza a algo que ya se me vende como una novela, como una ficción.

    Pues eso era lo que quería decir.

    Ah, y enhorabuena a todo el mundo por sus respectivas reseñas. Las iremos leyendo poco a poco.

  11. Pumby de Villa Rabitos

    No, don Justo, no se merecen. Precisamente recordando su tesis doctoral conseguí un mayor enfurecimiento con la barrabasada pepera… y con la pachorra ciudadana. Por cierto, cuánto aprendimos del coronel Montesinos y su modelo panóptico de prisión todos cuantos estábamos a su alrededor. Hablaba el otro día con Manel, que ya está muy recuperado y parlanchín, sobre la terrorífica (y moderna) idea de castigar a una persona privándola del tiempo para vivir la vida, sumirlo en la monotonía de la rutina, destruirle el alma confinándolo en una institución “modélica” (racional, limpia, moderna).

    Soy yo el que le agradece – y aquí no hay reparto de flores, recuerde que ya estoy en plena campaña de diatribas contra el Universo Mundo – las puntualizaciones sobre Tomás Eloy Martínez, con lo que dice, ahora lo veo más claro. Sin embargo, la señora RSR plantea algunas cuestiones sobre las que, creo, habría que incidir. Lo que pasa es que si lo sugiero yo parecerá que le estoy haciendo la rosca a la dama… mmm… como parece que lo pelotee a usted. Rayos de Júpiter Tonante, ni lo uno ni lo otro. “O tempora, o mores”, que la sinceridad es recompensada con la duda socarrona…

    ¡Doña Isabel!… Dichosos los ojos-e que la vuelven a ver. La suponía abducida por su heredera, de espartano nombre. A ver si ogaño se prodiga otra vez, como antaño. Por cierto, salió un cuadrito en su intervención, al final de su primer párrafo, que me tiene fascinado ¿cómo lo hace?

  12. Pumby de Villa Rabitos

    Apartadillo para doña Erreserre (Perdón al respetable)

    Con ésta, señora mía, hacemos un “thriller” (y perdón por el barbarismo): “todo es un misterio…”, como decía la canción. Nuestro encuentro en Madison – esto no lo puede decir todo el mundo – no me permitió captar la evidencia; más aún, es que no lo recuerdo… aunque sí recuerde su apellido. Sí, sé qué significa esa ese. Usted misma lo dijo, aunque fuera antes de que recorriésemos aquellos puentes.

    Donde me mete una estocada hasta el fondo es cuando me vuelve a revelar otra evidencia ¿cómo sabía usted que en Villa Rabitos se habla en catalán?… Bueno, sé que escribo mal en español y se me escurren “catalanadas”: construcciones anómalas en castellano, giros absurdos para un ponentino, ortografía equivocada… así que igual por ahí… ¿O me delató Serna? ¿o alguno de sus conmilitones, Pons, Vila…?

    Y sí, estoy perdiendo facultades, lo sé: cada día más calvo, más gordo, más ciego, más olvidadizo y más lelo. Me miro y no me reconozco. Antes estaba peor.

    ¿La página 225?… no creo, con este virus que no me quito ni a tiros y el palizón del laboratorio, me da para leer sólo en el metro y “La elegancia…” no me cabe en el bolsillo; la leo por la noche. A mi también me gustaría hablar con usted de eso pero a estas señoras y señores que nos leen ahora mismo, no creo que les importe ni un rábano nuestras cosas, con lo que salvo ráfagas furtivas interpoladas en nuestras intervenciones, me temo que poco más podremos hablar, recuerde que yo no existo fuera del “blog” de don Justo.

  13. jserna

    Sra. Zarzuela, una alegría tenerla por aquí. Un saludo.

    A uno le pasa a veces como al sr. De Villa Rabitos: que se le pierden los perfiles. A mí, concretamente, se me habían perdido las palabras, algunas, en el apartado que dedico a Tomás Eloy Martínez. Creo que ahora, al reconstruirlo, ha quedado mejor.

    Sr. Fuster, muy pertinentes sus indicaciones. Yo sí he leído ‘El código da Vinci’. Como suena.

  14. Sigue...

    …Cuando leí Santa Evita me pareció un experimento narrativo interesante. Incluso muy interesante. La novela no sólo es la historia de una primera dama. Es, además, el proceso de producción y escritura de la ficción, con el añadido de sus resultados. Alguien llamado “Tomás Eloy Martínez” emprende una investigación biográfica: la de Evita Perón, a partir de la historia de su cadáver. Todo ello a lo largo de muchos años. Eso da como resultado dos relatos distintos: el del cadáver mismo y el de sus garantes o guardianes, particularmente el del militar que se ocupó de su cuidado hasta enloquecer fascinado por su amor necrófilo. Con razón deslumbró a Gabriel García Márquez. Parece, en efecto, una historia ocurrida en Macondo. Pero no: sucede, y sucede de verdad, en Argentina. ¿Es una historia de muertos? Sin duda, es la novela de un cadáver, literalmente hablando. Pero dicha historia no es más fantasmal que la que nos cuenta Martínez en La novela de Perón. En vida, también Juan Domingo Perón fue un espectro. En su exilio en Puerta de Hierro, en Madrid, el general vivía sumido en sus añoranzas, cultivando su propio mito y el de Eva Duarte, rodeado y asistido por Isabelita y por Héctor J. Cámpora. Allí, en su retiro español, fue entrevistado por Tomás Eloy Martínez. En 1973, Perón pudo regresar a Argentina.

    El declive fue imparable. El declive, ¿de quién o de qué?

  15. Paco Fuster

    Yo lo he querido leer – “El código da Vinci” – varias veces, por pura curiosidad y porque lo he tenido muy a mano en varias ocasiones: mi madre es lectora de best-sellers (pilares, erizos, etc.) y alguna vez me lo ha sugerido. Me digo a mi mismo que sí, pero luego es que no. Acostumbrado a Baroja, casi todo se me hace muy pesado, muy poco natural. Supongo que será el contraste porque no deben ser malos libros.

  16. Ana Serrano

    ¡Isabel, que alegría!, un abrazo enorme.

    Con su permiso: El cuadradito que aparece al final de su primer párrafo, Pumby (¿Un gato calvo? ¡Gensanta!(1)), es producto de no escribir directamente aquí; Isabel lo ha hecho aparte y ha puesto dos puntos, guión y paréntesis de cierre, es decir, lo que aparece, al editarlo, como un emoticón sonriente. Al pasar el escrito así, no lo reconoce y aparece ese cuadradito con números.

    De nada, soy así de ilustrada (gesto altivo).

    Me ha emocionado su artículo, Justo. Algún día le contaré por qué.

    (1) No se puede figurar las cosas que me está diciendo mi corrector ortográfico por lo de gensanta. Un día me va a decir, directamente, “¡Burra!”

  17. Alejandro Lillo

    Vayamos por partes, como dice Pumby que diría Jack el Destripador.

    Muchas gracias, don Justo, por su enlace de la reseña de Providence a Ojos de Papel, es usted muy amable.

    Tal vez no esté al tanto de la polémica, sea ésta cual sea, pero del artículo del señor Pardo no he entendido nada, y no puedo sino coincidir con nuestro náuGrafo (tendría usted que conocer a cierto marinerito, querido, harían buena pareja). No entiendo ese ataque a los “hechos reales”. ¿De dónde viene la ficción sino de la propia experiencia pasada por el filtro de la imaginación? Como decía Oscar Wilde y creo que ha comentado el señor Serna, los libros están bien o mal escritos, nada más, las demás discusiones, a mí personalmente y hasta que alguien no me demuestre lo contrario, me interesan bastante poco. Como veo que el señor Pardo, al principio del artículo, cita otros aparecidos con anterioridad, pienso que me he perdido algo de toda esta polémica.

    Por cierto, señor Laporte, aunque no le haya dicho nada siempre que puedo leo las divertidas, inteligentes y más que correctas entradas de su blog, así como algunas de sus reseñas. Últimamente, aparte de enterarme por usted de cierta desvergüenza con las entradas de un concierto y su curioso (re)encuentro con algún conocido de la cola (no sé si me entiende); últimamente, le decía, me ha interesado mucho la reseña sobre el ganador del Herralde, esa novela de Gutiérrez Aragón, creo. Como yo he reseñado al finalista… Me da la sensación, por su reseña y la mía (y aún deseando que tengamos gustos distintos aunque parecida sensibilidad), que“Providence” tiene más calidad literaria que “La vida entes de marzo”. Me parece un tema interesante que, si se tercia, podríamos comentar, tal vez en su propia casa.

    Fin de la primera parte.

  18. Alejandro Lillo

    Dos. Estoy leyendo la nueva novela de Paul Auster atraído por la reseña del señor Serna. Coincido con doña Isabel en sus aprecioaciones, pero es que además la novela de Auster está muy bien. La primera parte es una verdadera delicia, una lección de cómo se puede escribir, de cómo caracterizar, hacer creíbles y bien visibles unos personajes, sobre todo al tal Rudolf. Una muestra más de cómo no es tan importante lo que se cuenta sino cómo se cuenta. Desde luego son 70 páginas de las que se puede aprender mucho. Poco antes de empezar con “Invisible”, leía el principio de una novela recién premiada y editada por Siruela. El principio de esa novela llama la atención por lo que dice, no por cómo lo dice. Ese interés es relativamente fácil de conseguir y a la larga es efímero (vaya contradicción acabo de soltar), cuando ya no te interesa que que tiene que decirte te aburres. En cambio Auster genera interés por su propia prosa, por su peculiar manera de contar las cosas. La diferencia, a mi modo de ver, es abismal. De momento lo dejo aquí. Seguiré.

  19. jserna

    Sr. Lillo, tenga cuidado con la novela de Auster. Esas setenta primeras páginas son, en efecto, excepcionales para crear interés, para provocar el enigma. No pensemos que, conforme avanzamos en la lectura, la cosa se aclara. Los giros de la narración son constantes (o varios), según las partes y los narradores precisamente. Las sorpresas –no necesariamente satisfactorias–, también.

  20. Pumby de Villa Rabitos

    Da igual, doña Ana, aunque usted se me adelante a las “denadas” yo le doy las gracias igualmente, aunque sólo sea para verla con su gesto altivo… ¡me encanta!

    No,no,no,no,no… don Alejandro, quien suele decir eso es don Justo, yo lo que digo es: “como nunca dijo Jack, centrémonos”. Por cierto, me dice mi hermano que le diga que la última andanada de libros de la que lo proveyó, y de la que alguna pedrea me tocó, son aún más interesantes en casa, ojeados con más reposo. Desde luego, si los que me vendió a mi sirven de ejemplo, sólo puedo darle la razón a él y las gracias a usted… y eso que también es de mis enemigos más acérrimos.

  21. jserna

    Por supuesto he contestado a Ana Serrano en correo aparte agradeciéndole la revelación que me hace a propósito de mi artículo sobre la Cárcel Modelo. Lo digo aquí para que no parezca que soy descortés con ella.

  22. jserna

    Colofón. Me tomo unos días de descanso. Es una expansión que me permito. Necesito descansar. Ustedes me entenderán. El lunes 8 de febrero estaré de vuelta con un nuevo post.

    Muchas gracias.

  23. Pumby de Villa Rabitos

    Y muy bien que hace, don Justo. Descanse usted, rellene pilas ¡y a por este febrerillo loco! que tras el “jueves negro” que tuvimos ayer (y la cantidad de sandeces que se están diciendo en los medios) parece que es un punto de inflexión de gran calado (suicidio del ZP republicano, insurgencia en las filas de los mandos del PSOE, conmoción sindical, oleada neoliberal en el modelo económico español, inexplicable silencio en el PP acompañado de fuertes dosis de cainismo y un congreso a meses vista, desaparición generalizada de opiniones críticas sobre la salida de la crisis en los medios, ¿casual? unanimidad de estos en el enfoque de los acontecimientos que vivimos estas dos última semanas). Entre estos días y las Fallas-Pascuas, España se va a jugar la vida de los españoles del próximo medio siglo, así que debe estar usted en plena forma. Lo esperaré desde mi tejado (salvo que doña Erreserre me convoque, que tal poder ejerce sobre mi tan misteriosa dama andaluza). Hala, a más ver.

  24. Alejandro Lillo

    De acuerdo Pumby, de acuerdo, me queda claro lo de Jack. Me sumo a sus parabienes hacia don Justo.

    Señor Fuster, su crítica al artículo de Merino está justificada. ¿Sabe lo que creo que le ha pasado? Pues que ha planteado un tema complejo que posiblemente necesitaría más espacio para desarrollarse. Al limitarse a ese pequeño artículo creo que no ha terminado de explicarse bien. Creo entender por dónde va la crítica de Merino, pero le falta espacio y mejores argumentos para explicarlo convincentemente.

  25. David P.Montesinos

    A vueltas con el artículo de El País, Foucault habla profusamente del modelo panóptico como algo más que el simple diseño de un establecimiento penitenciario que, por mor de la “eficacia”, se basaría en el principio de la absoluta visibilidad. Se trataría en realidad de un paradigma de pensamiento, la forma ideal de un modelo de sociedad en la que la vigilancia puede alcanzar su sueño totalitario precisamente porque obliga porque todos estamos obligados a ser visibles. Desaparición del secreto, fin de la intimidad, cámaras por todas partes, autodisuasión… No estoy seguro de que la desaparición de este tipo de prisiones bentamianas se produzca sin más. Probablemente su función original, constituirse en laboratorios de lo que terminará exportándose a la sociedad entera, han termina penetrando por capilaridad en el exterior del recinto. Es como en el chiste, el preso dice a otro preso al mirar tras los barrotes que los que caminan por la calle no saben que están encerrados tras dichos barrotes. ¿Orwell? Sí, aunque en un sentido menos estalinistas, es un orwellismo de hipotecas asfixiantes, cámaras de seguridad, registros antiterroristas infernales… Y acaso todos asumimos ese miedo a no tener el control sobre todo aquello que sucede a nuestro alrededor. Con frecuencia me descubro a mí mismo preguntando a un alumno que deambula por el instituto ¿tú a donde vas? Su sitio debería ser un aula, o el patio si es el recreo… Nos acostumbraremos a que sea raro que alguien pasee sus huesos por donde le dé la gana y nos sentiremos forzados a interrogarle, pues notaremos “algo raro” en él. Creo que, superados Auschwitz y el Gulag, es esta la jaula de hierro de la que hablaban Weber y Adorno.

    Ah, y Kafka, claro, al que remeda Serna sin decirlo cuando dice haber soñado con el encarcelamiento. Yo he soñado en ocasiones con algo peor, que cometo un asesinato, automáticamente paso del lado de la “Ley” al del proscrito. Con ello, creo que mi subconsciente expresa un miedo. ¿A qué? Quizá a ser libre, a dejar de estar bajo el cuidado -o acaso la vigilancia- de las instituciones.

    Hay algo “monumental” en la Modelo de Valencia. Mi padre cuenta que, de niño, acudía con sus amigos en los años de hierro para ver a los presos políticos que se llevaban en coche para fusilarlos en el paredón de Paterna. Un lugar triste, sí, por más que Berlanga le diera un poco de folklore al asunto…

  26. R.S.R

    Muchas Gracias Sr.Pumby, ¿está ya mejor de su virus?.
    Aunque no voy a reclamarle, no le quepa duda de que pensaré en usted: esta vez será la música la que nos aproxime.

  27. Paco Fuster

    Puede ser, Alejandro. Está claro que el espacio es muy poco. De todas formas, se lía el hombre solo. Si te fijas los tres artículos que yo citaba repiten muchas ideas y coinciden en lo fundamental: la novela es ficción y la historia no lo es; o al menos intentamos que no lo sea. En el fondo, entiendo a Merino y estoy de acuerdo con él en algo: el lector de novelas del siglo XIX puede ser que estuviera mejor formado en el saber histórico que el actual (Baroja sin ir más lejos leía una muchísimos libros de historia para documentarse antes de escribir). Eso no lo discuto; lo que no comparto es lo que Dan Brown es culpable de que aprendamos mal la historia porque la tergiversa y nos quiere engañar. Bueno, pues cuando vayamos a la librería, en vez de pedir una novela, pidamos un libro de Historia de la Iglesia en el Renacimiento, que lo habrá seguro; o pidamos los dos y así contrastamos. Lo que no podemos hacer es sólo comprar la novela y querer que nos sirva como manual de historia; para eso ya está el manual.

    Es un tema para discutir mucho…

  28. horacio

    Sigo su blog,de manera habitual,en nota de 2/2/10, hay un error.
    No fue Hector Campora quien estaba con Perón e Isabel
    MArtinez en Puerta de Hierro, sino Jose Lopez Rega, secretario personal de Perón e Individuo siniestro y pa
    tético. A cuyo cargo estaba la Triple A.(Organizacion
    de comandos parapoliciales de Ultraderecha, la cual fue responsable de asesinatos de enemigos políticos).Esto ya, durante el gobierno de Perón,y tras su muerte, de Isabel Perón

  29. jserna

    Horacio, le agradezco la precisión. Efectivamente: he confundido a Cámpora con López Rega. Cuando regrese, pondré en el colofón lo que me dice. Agradezco las palabras de los amigos. Saludos

  30. el náuGrafo

    Estimado Alejandro Lillo, muchísimas gracias por las palabras que me dedica y por confesarse visitante y lector de mi blog. Un honor.
    Tengo ganas de leer ‘Providence’ porque, como dice, parece destilar bastante más calidad que la novela premiada… En fin, estas cosas.

    Un saludo muy cordial,
    E_laporte

  31. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Maldita sea! De nuevo coincidiendo plenamente con los gatófobos Montesinos y Lillo… qué pesadumbre y qué pesadez.

    Aunque, una pequeña advertencia para don David. Esos sueños, los que don Justo o usted confiesan, pueden tener esa lectura, claro, u otras. Sabe usted de mi absoluto rechazo al psicoanálisis freudiano como actividad científica (lo de Lacan ya lo dejo por absurdo y burdo, por más que sea lo que lastra a Zizec, que lo del fumador francés – ¿por qué lleva siempre el pene freudiano en la boca ese señor? – no es que sea abstruso, es que o son evidencias engoladas de azucarillo de cafetería o un despliegue indecente de cara dura). Para desenmascararlo, obvio, algo he tenido que leer, así que bien podrían hacerse algunas otras interpretaciones… mmm… más bien maliciosas.

    Doña Erreserre, en Villa Rabitos no tenemos clemencia con los virus: o ellos o nosotros. Esta vez fuimos nosotros. Me encuentro, pues, de nuevo en plena forma, muchas gracias. Aunque es usted quien me deja de nuevo sumido en una (agradable) incertidumbre, primero fue “la página 225” – que no he querido mirar hasta no llegar a ella y aun no he llegado – ahora esa música misteriosa y mágica… en fin… “los dioses proponen, los humanos disponen, los gatos descomponen y el Destino – ante quien nadie da talla – decide”. Ya veremos… Ejem, por cierto, no me ha dicho (confesado / delatado) porqué sabe que Villa Rabitos, que en realidad se llama Vil•la Cuetes, todos los gatos hablamos catalán… ¿otro misterio!

  32. Sigue... y acaba

    Colofón:

    1. Me tomo unos días de descanso. Es una expansión que me permito. Necesito descansar. Ustedes me entenderán. El lunes 8 de febrero estaré de vuelta con un nuevo post.

    2. Escribí lo anterior y me fui a Bilbao unos días. Estando allí pude leer el comentario de un lector argentino, Horacio, que me indica muy amistosamente el error que he cometido al confundir a Héctor J. Cámpora con José López Rega. Por supuesto, le agradezco la precisión. Efectivamente: he confundido a Cámpora con López Rega y por eso, en este colofón, lo indico claramente. Cámpora ganó las elecciones que permitieron, de alguna manera, la vuelta de Juan Domingo Perón. López Rega desempeñaba otras funciones: era una suerte de asistente y nigromante al servicio de Perón. Por lo que parece fue un personaje siniestro: sería, además, inverosímil en una novela que lo hubiera inventado.

    Muchas gracias.

  33. jserna

    Nuevo post

    Me reincorporo.

    Hoy lunes 8 de febrero, antes de que acabe el día, nuevo post. Gracias por su atención.

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