Marxismos

Mao. En Babelia (El País), de 6 de febrero de 2010, Antonio Muñoz Molina escribe sobre Mao y el maoísmo español de los años setenta. Escribe sobre el prestigio que el Gran Timonel llegó a tener en las filas de la izquierda más refinada, más intelectual,  de nuestro país.

No era simple adhesión al marxismo. Era simpatía concreta por la Revolución Cultural de los años sesenta, aquella que se extiende de 1966 a 1976.

Como hemos averiguado después, aquel fenómeno político, del que nada o prácticamente nada sabíamos, fue un horror de violencias sin fin, un ejercicio minucioso y cotidiano de totalitarismo doméstico. Fue también un laboratorio de ingeniería social saldado en gran medida con un fracaso.

¿Qué es un fracaso hablando de ingenería social? ¿Que los mandamases no consigan enderezar el fuste torcido de la humanidad? A esta paradoja, a esta constatación kantiana, Isaiah Berlin dedicó páginas luminosas. No me refiero al experimento chino, sino a la porfía totalitaria, al objetivo de crear un hombre nuevo. Pero la pregunta sigue en pie: ¿fracasó el maoísmo o, por el contrario, China enderezó el fuste torcido de sus nativos?

Antonio Muñoz Molina cita en su artículo una noticia que señala The New York Times: acaban de aparecer dieciséis volúmenes de documentos sobre dicho régimen. Algunas de las informaciones que precisa el diario son muy banales pero todas hacen referencia a la violencia. Con situaciones incluso terriblemente cómicas. Entre otras cosas nos enteramos, por ejemplo, de la producción literaria maoísta: entre 1966 y 1976 se crearon comités especiales, dice el escritor, “a fin de garantizar cada año la producción de las 13.000 toneladas de plástico necesarias para las tapas de todos los millones de ejemplares del Libro Rojo que se publicaban”.

Tengo en casa uno de esos ejemplares. No es el que compré en su momento. El que yo adquirí estaba editado en Barcelona en 1976 y la versión española se distribuía por Bruguera.  La mía era una edición de baratillo. Por el contrario, la que ahora cito tiene las tapas forradas de plástico rojo, muy chillón, un material que presuntamente ennoblece el volumen. En realidad se trata de un volumencito , un prontuario en el que encontrar solución intelectual y concreta a los asuntos cotidianos: el partido, el patriotismo, la disciplina, los jóvenes, la lucha de clases, etcétera.

Un día, no hace mucho, mi hijo apareció con ese ejemplar. No sé de dónde lo había sacado. “Me lo he encontrado. Estaba tirado”, me dijo. Por supuesto, le pareció algo pintoresco, una pieza a conservar. Qué casualidades. También este librito está publicado en la misma fecha que el que yo ya tenía: 1976. Leo en los créditos: Imprimé en République populaire de Chine. Efectivamente está en francés. Es la 2e Tirage.

Muñoz Molina describe algunas de las violencias de aquel régimen. Describe también la devoción santurrona que el Libro Rojo provocaba entre la gente de su generación, en él mismo. “A un maestro de origen burgués, para reeducarlo, sus alumnos lo fuerzan a ponerse a cuatro patas y arrancar las malas hierbas de un campo de cultivo. Y nosotros, mientras tanto, en Europa, leyendo con beata reverencia las máximas del presidente Mao”, se lamenta el escritor.

No me creo mejor ni más cínico, ni más sutil, pero a mí no me pasaba eso. En su momento, todo aquello me producía pavor y no entendía por qué a colegas míos les parecía prometedor aquel régimen. Me provocaban rechazo las oleadas unánimes de las masas chinas, las uniformidades de la Joven Guardia Roja y los lirismos cursis del Presidente Mao, esos pensamientos. Ya digo: no soy mejor ni tengo especial clarividencia.

Por eso me pregunto: ¿cómo es posible que el maoísmo despertara interés o entusiasmo en gentes tan dispares y perspicaces, desde Antonio Muñoz Molina hasta Federico Jiménez Losantos? ¿Por qué no me persuadieron las sentencias, las máximas, de Mao? Si no me equivoco, yo las leí cuando contaba diecisiete o dieciocho años. Era un muchachito impresionable, lleno de miedos. Luego, he vuelto a repasar el Libro Rojo y sus metáforas me siguen pareciendo cursis y afectadas. ¿Qué me pasa, doctor?, podría preguntarme. Sólo tengo una explicación, un diagnóstico: yo era un pequeño burgués.

La afección continúa.

¿Marx (sin ismos)? Vuelvo ahora a un artículo que  leí en su momento, un texto de Manuel Sacristán, el mayor especialista que ha habido en España en la obra de Karl Marx. La escritura data de febrero de 1983. Se publicaron dos versiones. La breve, recortada sin autorización del autor, apareció en El País (14 de marzo de 1983). Ésa es la versión que leí.  La completa se publicó en el número 16-17 (agosto-noviembre de 1983) de la revista mientras tanto, que entonces dirigía el propio Sacristán.

Digo que regreso a dicho artículo y al indicarlo así me expreso incorrectamente. Lo que ahora leo completo es el texto publicado en mientras tanto. Es, pues, una experiencia nueva.

¿Cuál es el título de dicha intervención? El epígrafe que Sacristán le dio es muy revelador: “¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?” Dice Sacristán: “En el siglo XXI se seguirá leyendo a Marx. Para entonces estará claro que el desprecio por Marx de los años setenta y ochenta [del siglo XX], nacido del hipermarxismo de 1968, fue sólo, como éste, otro despiste de la misma labilidad pequeñoburguesa. Estará claro, como lo está hoy, que Marx es un clásico. Se seguirá leyendo, si es que algo se lee: si no se produce antes la catástrofe cuyo presentimiento anda reprimiendo tanta gente”.

Empieza fuerte y empieza bien, con contundencia expresiva y con audacia, como solía hacer Manuel Sacristán. ¿Se lee a Marx hoy en día? Se le lee como Sacristán señaló: como un clásico.

Los clásicos no son autores olvidados ni obras arrinconadas en un almacén de trastos inservibles. No son cachivaches apartados ya inútiles. Tampoco son materiales inertes depositados en un museo. Antes al contrario, un clásico es un objeto vivo que envejece bien, una pieza ya gastada, incluso muy gastada, de la que descubrimos matices insospechados conforme volvemos a contemplarla o a usarla.

Los clásicos formulan las preguntas que nos acucian, las preguntas; y dan respuestas probablemente insuficientes, tentativas, incluso erróneas, pero en las que advertimos osadía, arrojo. Lees un clásico y las contestaciones que te proporciona no resuelven tus dudas o tus angustias. Sin embargo, aprecias la audacia del autor o de la obra, esa capacidad de aventurar respuestas.

Los clásicos –los auténticos, los que resisten el paso del tiempo– no repiten sin más lo que es propio de su época. Crean un lenguaje nuevo para designar las cosas de su tiempo, que suelen ser las cosas sin tiempo, las cosas que no se resuelven; rehacen verbalmente el mundo e inventan una descripción que parece adecuada, pertinente, reveladora. Parece, digo. En todo caso, esa descripción es nueva, una aportación original que se vale de materiales ya empleados.

Mao quiso ser original, quiso ser empeñosamente literario, y el resultado es soporífero. No es un clásico al que volver. El paso del tiempo ha arrinconado su prosa campanuda y esforzadamente simbólica, enfáticamente elevada, una sintaxis que quiere valerse de ecos populares y que acaba siendo un pastiche.

En cambio, Marx tiene capacidad para designar el mundo con vocablos nuevos. Tiene capacidad para describir el orden y el desorden con un lenguaje en el que hallamos resonancias mesiánicas e imágenes propiamente poéticas. En él se aprecian lecturas innumerables, la gran literatura que ahora confluye para expresar lo visible, el presente. Pero en Marx hay también la voluntad de decir lo que no se ve, lo que a simple vista, no detectamos.

Como en Goethe, dice literalmente Manuel Sacristán, hay también en Marx “poesía y verdad”. Y añade: “las páginas de Marx que pueden sobrevivir como clásicas ofrecen textos de varias clases: científicos sistemáticos, históricos, de análisis sociológico y político, de programa”. O, en otros términos, distintos a los empleados por Sacristán: en Marx hay ciencia, análisis profundo de la estructura, del funcionamiento de las cosas; y hay literatura, una voluntad de estilo expresivo que ha de servirle para nombrar los objetos que lo rodean. Lo hondo y lo superficial, pues. Lo invisible y lo visible. Lo ignorado y lo ya sabido.

Pero Sacristán hizo hincapié en el apocalipsis medioambiental, algo de lo que hay atisbos  en la obra de Marx cuando habla del desarrollo de las fuerzas productivas o cuando habla de la revolución científico-técnica.  ¿Cuáles son sus consecuencias? Sacristán escribe en 1983… Y el filósofo español subrayó también el estilo intelectual de su par: la voluntad de sistema que hay en el pensador alemán.

Le preocupó menos la vertiente propiamente literaria, aunque no le faltó sensibilidad para analizarla. “Ninguno de esos textos”, dice refiriéndose a la obra de Marx, ” es tan bueno literariamente como para perdurar por su sola perfección”. Sacristán introduce de inmediato alguna salvedad: “tal vez con la excepción del Manifiesto Comunista y de algunos trozos del Capital“. Es decir, que el Manifiesto y el Capital pueden ser leídos ahora, en el siglo XXI, como obras clásicas de la literatura. Justamente a lo que yo quería llegar.

Francisco Fernández Buey: releo ahora en la nueva edición que acaba de aparecer un libro suyo de 1998, una biografía intelectual: Marx (sin ismos). Lo publica en 2009 El Viejo Topo, la revista que se convirtió en editorial. Por razones que ignoro, los responsables no advierten al lector de que este libro de 2009 es una reimpresión del volumen que apareció en 1998. Tengo ambos ejemplares.

La primera edición tiene una cubierta en la que vemos a Karl y Jenny Marx. La última tiene como motivo  una fotografía de su efigie, un detalle escultórico: no es la figura que corona su tumba en el Cementerio de Highgate de Londres –como había pensado así, a bote pronto–, sino parte del monumento a Karl Marx y a Friedrich Engels que está en Berlín.

La obra que releo es una notable introducción al pensador alemán, escrita precisamente por un discípulo de Manuel Sacristán: Francisco Fernández Buey. Revisado ahora, el libro cobra una actualidad inusitada. No hace falta declararse marxista ni altermundista. Tampoco hace falta convenir enteramente con lo que dice el autor. Lo que sorprende favorablemente es la pasión con que lee o relee a Marx, la buena prosa con que lo trata y la calidad de sus reflexiones… de 1998.

Cuando Fernández Buey escribe esta obra, el nombre de Marx está prácticamente deshauciado. El contexto no facilita su recuperación. En aquel momento, el triunfo indiscutible del pensamiento liberal ha arrinconado al filósofo alemán, que es y se ve sobre todo como un pensador antiliberal precisamente. En aquel contexto, insisto, liberalismo y democracia parecen comunes. Y, sin embargo, no son sinónimos.

La democracia contemporánea nace como una corriente de oposición a los regímenes restrictivos del Ochocientos: contra el liberalismo censitario, por ejemplo. En los años cuarenta del siglo XIX, Marx comienza a escribir en la prensa. Lo hace  contra el liberalismo prusiano: contra la censura, contra la represión. Y lo hace con vehemencia, con furia, oponiéndose a las incongruencias del liberalismo. Cuando empieza no es un comunista: como otros, es un liberal desencantado que  acaba abrazando la democracia y el republicanismo.

Fernández Buey reconstruye ese avatar biográfico y, sobre todo, recupera para nosotros la genialidad particular de un joven que se enfrenta al mundo, a un mundo represor e incoherente que le disgusta.  En ese joven ya están el ilustrado racional y el romántico pasional. Están el pensador que confía en la ciencia y el escritor que se vale de recursos literarios para persuadir y combatir. Están el estudioso de gabinete y el polemista de prensa.

Prometeo. En las páginas que escribe Fernández Buey están, además, el filósofo del sistema y el intuitivo desordenado, el liberal desencantado y el comunista ardoroso. Están el analista del capitalismo y el  faro del socialismo.

Están el enamorado de Jenny y el amigo de Engels. Están el poeta vocacional y mediocre y el lector inagotable y creativo, aquel que salta de un libro a otro con vehemencia, con exaltación: páginas de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, William Shakespeare, Heinrich Heine, David Ricardo, etcétera. Un largo etcétera, sí, de autores: y de metáforas y de figuras míticas con Prometeo a la cabeza.

Están quien observa y quien describe, aquel que se vale de instrumentos prestados y reelaborados para designar de nuevo modo al protagonista presente e histórico: la burguesía.

¿Qué puedo decir ahora que no haya dicho ya? ¿Qué puedo añadir que no haya sido dicho por otros? La respuesta me la da Fernández Buey, que no pretende ser original y acaba siéndolo. Glosa a Marx leyendo sus textos en su contexto, irritándose con él. Lo interpela para ver qué dice el filósofo y qué decían sus rivales o los autores a los que él tomó como rivales. No lo voy a resumir, claro. No voy a sintetizar el contenido unas páginas en las que expresa admiración y crítica, cercanía y distancia. Fernández Buey se siente sobrecogido y admirado ante el titanismo prometeico que anima a Marx, su decidida voluntad de cambio. Pero sabe de su exceso, de su genialidad herida, de su herida omnipotente. Fernandez Buey reproduce un poema de Marx, del Marx juvenil y enamorado de Jenny von Westphalen, una Jenny que critica su ampulosidad versificadora. Dice así:

Nunca más flotaré sosegado;
el alma profundamente emocionada,
nunca más descansará plácida.
Lucho sin descansar.

(…)

Me envuelve una fuerza perpetua,
un rugido y un ardor incesantes;
no me puedo conformar en la vida
ni andar con la corriente.

Quiero  comprender los cielos,
impregnarme de los mundos
y en el amor y el odio
vibrar y seguir creciendo.

Quiero alcanzarlo todo,
los favores de los Dioses,
adentrarme sin miedo en el saber,
comprender música y arte.

Los mundos inmóviles destruiré yo mismo
porque no los puedo recrear
porque no escuchan mi llamada,
enmudecidos por el conjuro.

¡Ay! los muertos y mudos miran

burlones nuestra hazañas.

Nos derrumbamos y nuestra labor también
y ellos siguen andando.

Pero no cambio mi destino por el suyo.


Hemeroteca

Pasajes de pensamiento contemporáneo, núm. 29 (2009).

DOSSIER. Marxismos: Wolfgang Fritz Haug, Sobre la actualidad filosófica de Karl Marx / Ciro Mesa, Crisis y capital en Marx / Alex Callinicos, El drama de la revolución y la reacción: la historia marxista y el siglo XX / Stathis Kouvelakis, Las crisis del marxismo y la transformación del capitalismo / Alberto Toscano, Marx y la crítica de la religión / Miguel Abensour, ¿Comprender o provocar la historia? / Patrice Bollon, El marxismo según, a pesar de, o sin Marx / Rossana Rossanda, Marx y el Estado. Otros artículos y más información (aquí).

76 comments

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  1. Alejandro Lillo

    Bueno, en primer lugar, ya que tengo el privilegio de encontrarme entre los archienemigos del maldito roedor, felicitarme porque el susodicho Pumby por fin a entrado en vereda: se ha convertido en seguidor -fan dirían algunos- de Slavoj Zizek, un freudiano-marxista en toda regla. Pero ojo, no un freudiano-marxista cualquiera, sino que encima es lacaniano. Lacaniano hasta la médula.

    Bueno, el número de pasajes no tiene nombre. Promete muchísimo.

    Tranquilo, señor Serna, eso de ser un pequeño burgués marca mucho, es cierto, pero por lo que sé, usted siempre ha sido algo alérgico a la masa (no al superhéroe, sino a aquello que se define como una gran aglomeración de gente). Me voy, que me reclaman.

  2. Marisa Bou

    ¡Hola a todos! Ya estoy de vuelta, aunque nunca me marché. He terminado la tarea que me había impuesto y de nuevo me incorporo al blog, aunque -la verdad sea dicha- el nivel está tan alto que (pobre de mí) no sé si voy a poder aportar algo a los debates.

    Para empezar, en los años en que el marxismo estuvo de moda (???) yo me ocupaba a tiempo completo de la crianza de mis vástagos, cosa que no era, ni mucho menos, moco de pavo: por el contrario, era una labor sumamente absorbente, aunque tenía sus gratificaciones. De no ser así, no la hubiera podido resistir.

    Voy a ver si leo algo al respecto, aunque sea en la red, para poder meter la cuchara en la sopa, aunque solo sea un poquito.

    Vaya, señor Lillo, vaya a atender a su niña, que paraz eso colaboró en su venida al mundo. No me deje usted a doña Isabelita sola ante el peligro.

  3. Pumby de Villa Rabitos

    Tiene usted la facultad, por otra parte, a mi modo de ver, virtuosa, don Justo, de impacientarme cuando interrumpe sus discursos. Estoy por meterlo en la gatera donde usted y sus secuaces, no ha mucho, pretendían enclaustrarme y no dejarlo salir hasta que no acabe el texto.

    Así que pequeñoburgués, eh… vaya, vaya… Perdóneme recurrir a Sócrates a estas alturas pero igual si definimos el concepto en el sentido que usted le quiere dar, su discurso, a partir de ese punto, pueda resultar más revelador porque todos entenderemos el mismo significado a la expresión. Lo digo porque considero que para darse cuenta que los maoístas estaban como un cencerro – un cariñoso saludo para los chicos/as del MC a los que quiero exculpar por simpatía, no por justicia – no hacía falta ni ser un liberal ni un pequeñoburgués.

    A ver, don Alejandro, reléame, por favor. Observe que a quien señalo como forofo de Zizek es a su compinche, Montesinos. Lejos de mi el propósito de depositar mi confianza en un lacaniano (mmm… estoy empezando a pensar en llamarlos “lacasitos”) pero no soy tan estúpido como para negarle ni a él, ni a nadie, la capacidad para enseñarme. El pintoresco señor Zizek, hasta con su discurso de carrusel, con sus estériles interpolaciones aludiendo a Lacan, las innecesarias citas a otros autores que no vienen al caso y su intento, tan ímprobo como inútil, de inventar palabros, supongo que por querer ser abstruso – condición imprescindible de todo pretencioso de discurso vacuo, cual es el caso de su maestro, el fumador Lacan – hasta así, decía, es capaz de ponerme las neuronas a funcionar. De él, sí, aprendí mucho. Especialmente, lo que no debo hacer nunca.

    Por cierto, don Justo, ¿ve usted lo que le decía?, don Alejandro hace el equilibrio de vincular un concepto nitezschiano (el superhumano), la fijación orteguiana con la masa social y su personal (de usted) y olímpico desprecio por el adocenamiento. Pongámonos, pues de acuerdo… ¿de qué pequeñoburgués hablamos? ¿el que nace? ¿el que se hace? ¿el que se imposta? ¿el que se adopta?…

    Doña Marisa, perdóneme usted que la dejara para el final pero opté por apostillar por orden de intervención. La verdad es que ya la echaba de menos. Bien reencontrada.

  4. R.S.R

    Yo, de momento, me quedo en el artículo que inspira el post. Cuando lo leí el pasado sábado me acorde – no sé si porque casualmente unos días antes había estado hablando de ella- de una novela de Antonio Muñoz Molina publicada en 1992 en la que aparece este mismo tema del artículo: El dueño del secreto, y en ella Ramonazo, que es un amigo del protagonista,(y el protagonista es un estudiante de provincias en el Madrid de 1974 como AMM )tiene una novia maoísta. Relata la misma anécdota del hotel Palace, y aparecen también otras similitudes con el artículo y me llamó la atención que apareciera en una novela de ficción del año 1992 y en un artículo periodístico del 2010. Sin embargo, he creído percibir en el artículo un tono de cierta amargura o condescendencia, y de contraponer una realidad sabida desde hoy al idealismo de entonces, de un joven de 18 años en una España franquista, y que en la novela se recoge muy bien. Aun cuando en la novela ya al protagonista le parece el maoísmo un loco fanatismo, los maoístas una panda de “recitadores del libro rojo” que atentarían contra la democracia burguesa por considerarla una traición a los intereses de la clase trabajadora, no se advierte ese tono que he creído percibir en su artículo de ahora, pero me pregunto por qué AMM vuelve a hablar de aquello, que ya quedo expuesto en 1992
    Entre líneas, yo creo que también en AMM esta ese mismo trasunto de ser “un pequeño burgués” solo que lo expresa no en un tono conciliador sino a modo de expiación.

    Sr.Pumby, yo sé el idioma que se habla en Villa Rabitos o en Vil•la cuetes porque lo dice en mi manual “Todo lo que hay que saber o se puede saber de los felinos de Villa Rabitos” me lo compré cuando le conocí. A veces, todo hay que decirlo, es bastante difuso, poco preciso y obvia cosas fundamentales pero…también me ha sacado algún apuro.

    Lo de la música ejem….bueno yo sé que le gusta Donizetti y claro cuando escuché esa magnifica voz interpretando el aria de la locura, pues bueno me acordé de usted ( que conste que me gusta mucho más Norma, que es la que sonaba en Los puentes…) Como le dice el Sr. Ozu a la Sra. Michel “espero que pueda tomar esto con naturalidad”.

    Le he dejado un saludo por ahí que el día menos pensado, si la memoria no le falla al mortal que se lo confié, se lo encontrará.

  5. Arnau Gómez

    Después de un larga temporada de ayuno intelectual,he podido tomarme un respiro y leer el post de hoy,sumamente interesante como todos.Pero éste, para mi, tiene un plus.
    Una de mis primeras discusiones políticas, cuando tenía 19 años, allá por los 60,tenía como tema el maoismo.¡No vean como me pusieron mis interlocutores porque les dije que a mi no me gustaba el maoísmo y que no quería ninguna dictadura, ni la del proletariado.Me dijeron ¿adivinen qué?.En efecto: pequeño burgués.
    Curiosamente,como los mencionados Muñoz Molina Y Federico Jimenez, el que me dijo tal cosa ha evolucionado desde el totalitarismo maoísta a la revolución incultural del aznarismo, aunque intenta disimularlo escondiéndose detrás de la evolución darwiniana.Un saludo a todos y no diré todas,porque la nueva edición de la Gramática de la Lengua Española publicada por la RAE de la Lengua considera que no es correcta esa forma de expresarse.

  6. jserna

    Bueno, hoy es un día de regresos, de felices regresos. Bienvenido otra vez, sr. Gómez. También a usted le llamaron pequeño burgués (o pequeñoburgués, que también se decía).

    Sra. R.S.R., para mi gusto ‘El dueño del secreto’ es una espléndida ‘nouvelle’ (permítanme esta pedantería) en la que se recrea admirablemente lo que en un artículo en ‘Claves de razón práctica’ llamé ‘El antifranquismo imaginario’. Es decir, las fantasías que algunos se hicieron retrospectivamente acerca de su oposición a Franco.

    No es broma: creo haberla leído cuatro veces. Volveré a leerla, por supuesto. Cada vez que la leo me río y descubro nuevos matices. Y entre sus personajes recuerdo vívamente a Ramonazo –a quien usted cita–, maoísta de pro. Quien la haya leído recordará que Ramonazo trabaja durante un tiempo en una pista de coches de choque. Qué setentero.

    Sr. De Villa Rabitos, me gusta impacientarle. Esto no es un post interruptus. Es –como casi siempre– un post in progress.

  7. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Hombre, don Arnau!… también lo echaba en falta a usted. Sus intervenciones siempre son un placer. Como le dije a la sra. Bou: bien reencontrado.

    Ay, don Justo, qué perverso es usted… En fin… Con todo yo le insisto en mi propuesta socrática. Creo que no es cuestión baladí. A mi, que en la década siguiente a la que cita el sr. Gómez, no estaba precisamente en el Partido Demócrata Popular, incluso estaba muy próximo a personas del MC – con quienes sigo manteniendo una excelente relación – las cuales, por cierto, jamás me vituperaron (¡como si eso fuera un vituperio!) con lo de “pequeñoburgués”, sufrí igualmente la misma descalificación que don Arnau por aquella patulea de iluminados del PT, JGR, ORT… y demás sopa de letras mesiánicas.

    La insuficiencia conceptual de los arquetipos del “obrero” y del “patrón”, que como sal gruesa son sólo útiles para condimentos bastos, y que podríamos considerar el punto de arranque de esta “qüestió de noms” condujeron a ir desgajando de esos dos conceptos básicos, otros más perfilados (aunque no menos arquetípicos), tipo “proletariado”, “lumpenproletariado”, “aristocracia del proletariado”, “burguesía”, “pequeña burguesía”, “gran burguesía”… con ellos los guisos podían refinarse. Mas, cuando la sociología entró a saco con estas cuestiones – y no es que me parezca mal, al revés – desde una perspectiva más empírica que ideológica, las matizaciones aún se hicieron más sutiles, lo cual era imprescindible y lógico pero, ay, también más contradictorias pues, al final, los sociólogos también son humanos y su enfoque empírico respondía a su propia ideología. Se llegaba, pues, a una especie de “punto bíblico”, o sea, que como en la Biblia, cualquiera puede encontrar la idea que le dé la gana para argumentar en su propio provecho, así que los conceptos han seguido rodando por ahí, desde el XIX, sin una total certeza de si, cuando utilizamos uno de ellos, todos estamos entendiendo lo mismo.

    Por otro lado, soy reacio a planteamientos demasiado dogmáticos, de ahí el que preguntase que, aun admitiendo ese arquetipo – pequeñoburgués – por favor, se especificara seguidamente, si hablábamos de algo sobrevenido como un fatum en el momento del nacimiento de esa persona, respondiendo a “condiciones objetivas” y, por ende, una marca indeleble de la que nadie se puede escapar y acompaña hasta el lecho final, o si, contrariamente, sólo refleja el estado que una persona, en un momento dado de su vida, por voluntad o porque circunstancialmente adopta. ¿Podría, pues, don Justo, seguir su “progress” por ahí, aunque sólo fuera una pequeña digresión a su discurso en el que Muñoz Molina parece piedra angular?

    Doña Erreserre, su última finta me desarmó. Tocado. Me merezco que comprara usted, del baratillo, ese “Todo lo que hay que…” aunque sólo fuera para que viese que los villarabitenses sólo valen la pena como constructo virtual y divertimento de la chiquillería informática. Desprendidos de esos oropeles, quedan en eso, gatos de callejón.

    ¡Mujer de la Diosa!, cómo no apreciar “Norma”, menudo monumento… ¡la de lagrimones que se me han escapado con ella!… ja, ja, ja… No, mi cita a Donizzetti (“la dona é un animale”… ja, ja, ja…) era dentro de un contexto de música para disfrutar, para volar.

    Puedo entender, atender y practicar la naturalidad de la que habla Ozu san, bien lo sabe.

    Ya pasé la página 225. Ojos de plato, por un lado, por el lado ético (el deseo) y total discrepancia por el estético (la naturaleza muerta). No se puede usted imaginar lo que me gustaría existir para poder hablarlo con usted…

    Esperaré al mensajero. Las cosas no se buscan, se encuentran.

  8. Sigue...

    “…¿Se lee a Marx hoy en día? Se le lee como Sacristán señaló: como un clásico.

    Los clásicos no son autores olvidados ni obras arrinconadas en un almacén de trastos inservibles. No son cachivaches apartados ya inútiles. Tampoco son materiales inertes depositados en un museo. Antes al contrario, un clásico es un objeto vivo que envejece bien, una pieza ya gastada, incluso muy gastada, de la que descubrimos matices insospechados conforme volvemos a contemplarla o a usarla.

    Los clásicos formulan las preguntas que nos acucian, las preguntas; y dan respuestas probablemente insuficientes, tentativas, incluso erróneas, pero en las que advertimos osadía, arrojo. Lees un clásico y las contestaciones que te proporciona no resuelven tus dudas o tus angustias. Sin embargo, aprecias la audacia del autor o de la obra, esa capacidad de aventurar respuestas.

    Los clásicos –los auténticos, los que resisten el paso del tiempo– no repiten sin más lo que es propio de su época. Crean un lenguaje nuevo para designar las cosas de su tiempo, que suelen ser las cosas sin tiempo, las cosas que no se resuelven; rehacen verbalmente el mundo e inventan una descripción que parece adecuada, pertinente, reveladora. Parece, digo. En todo caso, esa descripción es nueva, una aportación original que se vale de materiales ya empleados…”

  9. David P.Montesinos

    Y dale con Zizek… que no, que no, que soy el zizekista de este blog, a ver qué se han pensado. A mí me gusta leer a Zizek, pero me gusta leer cosas peores y ello no me convierte en correligionario. Tampoco soy compinche de Lillo, en todo caso admirador suyo y de su señora -póngame a los pies de su señora, dicho sea de paso, Alexander-.

    No haber sido marxista ni en mis tiempos mozos hace que me relaje mucho cuando hablo de él, cosa que no me pasa por cierto cuando se meten con Bakunin, que entonces sí me altero. Casi siempre era el más idiota de la clase el que te acusaba de pequeño-burgués (a mí también, señores, y encima me gustó: “individualista burgués, me llamó un tipo que por cierto se pasaba los días y las tardes lamiendo traseros en los departamentos de la facu a ver si le hacían un hueco) Recuerdo que, en una ocasión, los ínclitos pro-chinos que eran más pesados que una vaca en brazos y se jactaban de haber conseguido el referendum de la OTAN, me montaron una celada. Uno se me acercó y me intentó convencer de que la historia “es la lucha de clases”. Yo intenté hacerle ver que no todo en la vida se reducía a eso, pero entonces se me acercaron dos más con aire amedrentador y, cuando yo insistí en hacerles ver que aquel plantemiento, tal y como lo formulaban, resultaba simplista, me preguntaron con aire despectivo: “y entonces tú ¿en qué crees?” Es lo mismo que me decía mi abuela, fanática católica, por lo visto, o crees en los dogmas del religioso de turno o no crees en nada y eres un puto nihilista. Qué feliz viviría yo si tuviera siempre tan claro quienes son los buenos y quienes los malos… El problema es que las cosas son lo suficientemente complejas en este planeta como para, al menos, andarse con un poquito de prudencia y humildad intelectual.

    Los ortodoxos, en tiempos donde la ortodoxia es más parte del problema que de las soluciones, hacen daño siempre. Yo he visto a ortodoxos reventar huelgas en la universidad simplemente porque lo que planteaba la asamblea no se ajustaba a su proyecto de toma del palacio de invierno. Y eso por no hablar de aquellos que, como Cornelius Castoriadis o García Márquez, ya se preocuparon en los sesenta de viajar al telón de acero y avisaron de los crímenes del estalinismo. Al pobre de Castoriadis lo pusieron a parir en la universidad francesa: “revisionista”, “burgués” y todos los demás insultos que ahora producen sonrojo.

    Yo creo, dicho todo lo cual, que hay que reivindicar a Marx, y hay que hacerlo probablemente en la dirección opuesta a la de sus hijos autoproclamados ortodoxos. Una alumna me pregunta por qué estudiamos el Manifiesto en mi clase; “yo no soy comunista”, me dice,”yo en realidad soy capitalista”. No es una mala pregunta, pero la respuesta es sencilla: “yo tampoco soy comunista, como tampoco soy platonista ni descartesista, pero también los imparto, y además con sumo placer”.

    Explican ustedes sabiamente lo que es un clásico. A mí el Manifiesto, como el análisis del Anti-Duhring de Sacristán -también me ayudó don Manuel a entender a Marx- me sigue dando luces, me sigue ofreciendo respuestas que necesito. Es más, yo creo que, de alguna manera, todos somos marxistas. Cuando vi “La cinta blanca” pensé en los textos de Marx. Una estructura soci-económica produce durante siglos divisiones de trabajo, ajusta órdenes de mando y servidumbres, produce valores, determina los lugares desde los que discurre el juego del poder… Cuando ese orden ya no es capaz de contener las tensiones que ha ido albergando estalla y se desencadena un proceso revolucionario, lo que genera un nuevo orden y sus correspondientes ajustes, nuevas tensiones, nueva producción de ideología… ¿Para qué seguir?

    Es posible, como se advierte a partir por ejemplo de Adorno, que el marxismo haya fracasado como teoría de la emancipación. Pero las expectativas de la Internacional, como las de los primeros trade-unions son relativas a una coyuntura histórica determinada, lo cual no empece para que el impulso que da lugar al movimiento obrero en los tiempos de la Revolución Industrial puedan asistirnos en la actualidad todavía, dado que lo que no se ha agotado es la necesidad de articular la resistencia. Ciertamente, las formas de dominación han ido modificándose, por eso hemos de seguir estudiando y esforzándonos. Para mí sigue valiendo lo de la séptima de las Tesis contra Feuerbach: “hasta ahora los pensadores han interpretado el mundo, ahora deben transformarlo”

    Por otra parte, y más allá de propuestas de razón práctica -no otra cosa es tomar partido en la causa revolucionaria- creo que mi Marx explicado a los niños se puede entender con un razonamiento muy sencillo. Cuando estudié Historia en la escuela tenía una profesora de la Falange que nos hacía aprender los reyes godos y decía que los reyes católicos nos libraron del yugo musulmán y que la decadencia de España fue culpa de la debilidad de los últimos austrias, que no eran tan listos ni tan machos al parecer como los anteriores. Al llegar al instituto, un profe de Historia me hizo entender algo que me hizo cambiar para siempre mi visión de las cosas: son los pueblos los que hacen la historia. No sé si era marxista y no me importa, pero son pensadores como Marx los que nos han hecho entender que son las masas las verdaderas protagonistas del acontecer histórico. Y son igualmente ellas las que pueden transformar el mundo.

  10. jserna

    Muy bien, sr. Montesinos. Comparto con usted su interés por Žižek. Uno de los momentos más placenteros que he pasado leyendo a este autor fue con ‘La tetera prestada’ (a la que dediqué un post). Qué barbaridad, qué lucidez. Pero comparto con el sr. De Villa Rabitos la irritación que a veces me provocan su furia y su libertad de pensamiento que podemos ver como arbitrariedad intelectual.

    Siempre me ha fascinado y me ha irritado Marx. Su capacidad omnímoda y omnívora: saberse genio y fanáticamente convencido de su valía; saberse revolucionario y belicosamente polemista. Qué barbaridad.

  11. Sigue...

    “…Francisco Fernández Buey: releo ahora en la nueva edición que acaba de aparecer un libro suyo de 1998, una biografía intelectual: Marx (sin ismos). Lo publica en 2009 El Viejo Topo, la revista que se convirtió en editorial. Por razones que ignoro, los responsables no advierten al lector de que este libro de 2009 es una reimpresión del volumen que apareció en 1998. Tengo ambos ejemplares.

    La primera edición tiene una cubierta en la que vemos a Karl y Jenny Marx. La última tiene como motivo una fotografía de su efigie, un detalle escultórico: no es la figura que corona su tumba en el Cementerio de Highgate de Londres –como había pensado así, a bote pronto–, sino parte del monumento a Karl Marx y a Friedrich Engels que está en Berlín.

    La obra que releo es una notable introducción al pensador alemán, escrita precisamente por un discípulo de Manuel Sacristán: Francisco Fernández Buey. Revisado ahora, el libro cobra una actualidad inusitada. No hace falta declararse marxista ni altermundista. Tampoco hace falta convenir enteramente con lo que dice el autor. Lo que sorprende favorablemente es la pasión con que lee o relee a Marx, la buena prosa con que lo trata y la calidad de sus reflexiones… de 1998”.

  12. Sigue...

    “…Cuando Fernández Buey escribe esta obra, el nombre de Marx está prácticamente deshauciado. El contexto no facilita su recuperación. En aquel momento, el triunfo indiscutible del pensamiento liberal ha arrinconado al filósofo alemán, que es y se ve sobre todo como un pensador antiliberal precisamente. En aquel contexto, insisto, liberalismo y democracia parecen comunes. Y, sin embargo, no son sinónimos.

    La democracia contemporánea nace como una corriente de oposición a los regímenes restrictivos del Ochocientos: contra el liberalismo censitario, por ejemplo. En los años cuarenta del siglo XIX, Marx comienza a escribir en la prensa. Lo hace contra el liberalismo prusiano: contra la censura, contra la represión. Y lo hace con vehemencia, con furia, oponiéndose a las incongruencias del liberalismo. Cuando empieza no es un comunista: como otros, es un liberal desencantado que acaba abrazando la democracia y el republicanismo.

    Fernández Buey reconstruye ese avatar biográfico y, sobre todo, recupera para nosotros la genialidad particular de un joven que se enfrenta al mundo, a un mundo represor e incoherente que le disgusta. En ese joven ya están el ilustrado racional y el romántico pasional. Están el pensador que confía en la ciencia y el escritor que se vale de recursos literarios para persuadir y combatir. Están el estudioso de gabinete y el polemista de la prensa”.

  13. David P.Montesinos

    Pido disculpas por salirme del tema -aunque quizá no sean temas tan alejados-, pero RSR y Justo han tenido la amabilidad de opinar en mi blog sobre mi comentario acerca de “Invictus”. Veo que no solo coincidieron en la misma sala, sino que además tienen visiones bastante afines del film o, para ser más exacto, del espíritu con que Eastwood o, para ser más exactos, el autor del libro en que se inspira, John Carlin, proyecta su mirada sobre unos hechos determinados que, pese a su aparente insignificancia, son convertidos en símbolo de la nueva Sudáfrica que Mandela pretendió crear desde su llegada al poder.

    No tengo grandes elementos de controversia con ustedes, pero sí deseo hacer ver que mi visión del asunto no es idílico, como podría parecer. No tengo ninguna duda de que la realidad sudafricana es bastante menos amable de lo que el relato puede dar a entender. Nombro por ejemplo a Coetzee. Y podría añadir que el próximo mundial de futbol, que habrá de celebrarse justamente en ese país, es en gran medida una farsa montada por la FIFA para difundir ciertas ideas respecto al poder civilizador y modernizador de este tipo de eventos tan vacuos. Me gustan el fútbol y el rugby, pero no soy tonto. En la medida en que lo que se relata del mundial del 95 se intente hacer valer para el evento de este verano estaremos cayendo en la manipulación o en la ingenuidad.

    Creo sin embargo que la fascinación que destila sobre el personaje de Mandela, sobre su valor como símbolo, es cuanto menos sugerente. No me considero demasiado informado sobre los claroscuros del personaje, seguro que los tiene. Pero creo que hay algo en lo que propone la visión de Carlin que merece mucho la pena. ¿Es Mandela el fundador de un impulso civilizador y modernizador en el África subsahariana? Solo se puede contestar que sí desde un optimismo bastante pueril, de acuerdo. Y sin embargo, sostengo lo que he dicho en mi blog. Mandela tuvo una visión de campo lo suficientemente profunda para darse cuenta de que si “vengaba” tantos años de tropelías de los afrikaners sobre los negros y empezaba por relegarlos de cualquier instancia de poder no solo estaría poniéndose al nivel de los opresores sino además sembrando nuevas vías de discordia, cuando su propósito como estadista debía ser la reconciliación. ¿Sigue habiendo privilegios y miseria en Sudáfrica? Nadie lo duda. Pero había que abrir un camino, incluso en contra de la opinión de todos los que le llevaron al poder y se decepcionaron al ver que Mandela se enfundaba la odiosa camiseta springbok de los opresores. Mandela intentaba decir a su gente que Sudáfrica debía ser una nación, y no un laberinto de etnias enfrentadas entre sí. Su objetivo, convirtiendo aquel éxito deportivo en su propia victoria, -precisamente él, que siempre deseó desde su celda la derrota de los springboks ante cualquier rival- era evitar el caos, generar el sentimiento de que la paz era posible si, empezando por él mismo, se renunciaba al odio y la venganza.

    A veces tengo la sensación de que tienen mala prensa ciertos mensajes esperanzados. Me gusta Coetzee, quizá lo hayan leído o hayan visto ustedes “Desgracia”, basada en una de sus mejores novelas y recientemente estrenada en cine. Pero no creo que la única opción honesta sea la de mostrarnos un mundo en ruinas. Incluso aunque hablemos de Sudáfrica.

  14. jserna

    Pues veo, sr. Montesinos, que coincidimos también en los matices e incluso en la referencia que da de Coetzee y su ‘Desgracia’, que en su momento leí sobrecogido y diciéndome para aliviarme lo mismo que usted: no todo tiene por qué ser horrible.

    Salvando las distancias, es lo que usted dice del tema del post y su comentario: no están tan lejos. Yo siempre he leído a Marx diciéndome que es muy persuasivo lo que señala pero que no todo tiene por qué ser tan desastroso. Habla un pequeño burgués.

    Por cierto, el título de Coetzee está mal traducido : ‘Disgrace’ (en el original) no es ‘Desgracia’, sino ‘Deshonra’.

    Perdonen, ahora después vuelvo…

  15. R.S.R

    Sr.Montesinos, entiendo su reivindicación y la comparto. Muy bien traído Coetzee ,se ha ido al otro polo, a una visión horrible sin matices. Coetzee casi siempre es un valor seguro pero de una dureza…

    Bueno como he oído-de casualidad- que hoy hace 20 años de la liberación de Mandela ahí va mi homenaje, los que vieron la película saben lo que es y a los que no, no les revelo nada.

    En la noche que me envuelve
    negra como un pozo abominable
    yo agradezco al dios que fuere
    por mi espíritu inconquistable.

    Atrapado en este circunstancial lugar
    yo he gemido pero no he llorado
    ante las puñaladas que me deparó el azar
    mi cabeza sangra, pero no me he postrado.

    Mas allá de este lugar de furia y de lágrimas
    me acosan las sombras con terror.
    Pero tantos años de amenazas
    me encuentran sin temor

    Ya no importa cuál fue mi camino
    ni cuántas culpas he acumulado.
    Soy el dueño de mi destino
    Y mi alma yo mismo he guiado

    (William Ernest Henley )

    http://www.goear.com/listen/55d237a/nkosi-sikelelel-africa-(god-bless-africa)-soweto-string-quartet

    (No sé por qué no se pone en azul)

  16. R.S.R

    ah, pues sí que se pone.Vaya
    Sr. Pumby, sí a todo lo que dice de la página 225.Ya le voy a decir algo… que hay a quién no le hacen falta fintas para desarmar al “adversario” .

  17. jserna

    R.S.R: un detallazo para todos el poema de ‘Invictus’, de William Ernest Henley.

    Sólo una cosa, no sé quién ha hecho la traducción. En castellano, al leerla, suena mucho el original inglés: me causó la misma impresión cuando escuché ese poema en la versión doblada. ¿Ejemplo? “Por mi espíritu inconquistable”. “Inconquistable” parece una traducción literal.

    Aun así, en castellano, también es un poema que conmueve.

    Saludos.

  18. jserna

    Por cierto, una cosa más. Estoy pensando en que debo ir acabando el post dedicado a los ‘Marxismos’. No parece que despierte mucho interés: como me temía parece un anacronismo o algo completamente extemporáneo. Además me ha salido un post largo (y más que lo alargaré con el colofón). Ahora bien, eso no es nada si lo comparamos con lo que el tema merece, con lo que uno aprende leyendo o releyendo a este volcánico filósofo de gesto airado y pensamiento urgente.

  19. Alejandro Lillo

    ¿Cómo que no despierta interés? Espere, hombrededios, espere. Que me muero por soltar una parrafada. Tenga misericordia de unos pobres padres primerizos.

  20. jserna

    Le haré caso, sr. Lillo. Me apiado de unos pobres padres primerizos y dejaré el post para exprimir algo más el asunto de Marx. Actualidad, sí que tiene. Por cierto, sr. Lillo, salude a su señora hija de mi parte.

  21. Pumby de Villa Rabitos

    Bueno, señora mía, la que en conversación privada se agobió tanto cuando señalé su condición pequeñoburguesa, ya ve, se quedará sin conocer qué interpretación se daba en éste “post” al ¿insulto? ¿descripción? de ¿una condición natural? ¿adquirida? ¿sobrevenida?… ante la que el marxismo trata de sobreponerse.

    Mientras don Alejandro prepara su filípica, ya que estamos en familia, les voy a proponer un juego. Yo les propongo un texto y ustedes tratan de averiguar a quien se refiere el autor ¿vale?. La gracia está en que no diré quién es éste ni la fecha en la que lo escribió. Evidentemente, si lo buscan con Google desvelarán la autoría a la primera pero comprendan que eso no tiene gracia, es como hacer un solitario y hacerse trampas, vamos, una idiotez. Por lo tanto, a la espera de la aportación del “neo pater familias”, les paso el texto. Ah, por cierto, le falta una línea que retiré para no desvelar la respuesta. Hala, ¡a jugar!

    (Usted no, don David)

    “Una parte de la burguesía desea mitigar las injusticias sociales, para de este modo garantizar la perduración de la sociedad burguesa.

    Se encuentran en este bando los economistas, los filántropos, los humanitarios, los que aspiran a mejorar la situación de las clases obreras, los organizadores de actos de beneficencia, las sociedades protectoras de animales, los promotores de campañas contra el alcoholismo, los predicadores y reformadores sociales de toda laya.

    Pero, además, de este socialismo burgués han salido verdaderos sistemas doctrinales. (…)

    Los burgueses socialistas considerarían ideales las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los peligros que encierran. Su ideal es la sociedad existente, depurada de los elementos que la corroen y revolucionan: la burguesía sin el proletariado. Es natural que la burguesía se represente el mundo en que gobierna como el mejor de los mundos posibles. El socialismo burgués eleva esta idea consoladora a sistema o semisistema. Y al invitar al proletariado a que lo realice, tomando posesión de la nueva Jerusalén, lo que en realidad exige de él es que se avenga para siempre al actual sistema de sociedad, pero desterrando la deplorable idea que de él se forma.

    Una segunda modalidad, aunque menos sistemática bastante más práctica, de socialismo, pretende ahuyentar a la clase obrera de todo movimiento revolucionario haciéndole ver que lo que a ella le interesa no son tales o cuales cambios políticos, sino simplemente determinadas mejoras en las condiciones materiales, económicas, de su vida. Claro está que este socialismo se cuida de no incluir entre los cambios que afectan a las “condiciones materiales de vida” la abolición del régimen burgués de producción, que sólo puede alcanzarse por la vía revolucionaria; sus aspiraciones se contraen a esas reformas administrativas que son conciliables con el actual régimen de producción y que, por tanto, no tocan para nada a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, sirviendo sólo -en el mejor de los casos- para abaratar a la burguesía las costas de su reinado y sanearle el presupuesto.

    Este socialismo burgués a que nos referimos, sólo encuentra expresión adecuada allí donde se convierte en mera figura retórica.

    ¡Pedimos el librecambio en interés de la clase obrera! ¡En interés de la clase obrera pedimos aranceles protectores! ¡Pedimos prisiones celulares en interés de la clase trabajadora! Hemos dado, por fin, con la suprema y única seria aspiración del socialismo burgués.

    Todo el socialismo de la burguesía se reduce, en efecto, a una tesis y es que los burgueses lo son y deben seguir siéndolo… en interés de la clase trabajadora”.

  22. Pumby de Villa Rabitos

    El mensajero me trasladó su mensaje. Cumplió. Se puede confiar en él.

    ¿Ve?… nuestra primera discrepancia, la estética: la 225 es una declaración de naturaleza muerta, en cambio yo sólo la concibo viva. Vida. Creo, en este caso, que como Ozu san.

    Precioso el poema de Henley que nos regaló a todos. Gracias.

  23. Pumby de Villa Rabitos

    Me dice el Profesor Chivete que, igual, podría darles una pista. Vaaaale, biennnn, bueeeeno… El texto no habla de Tony Blair. ¿Les parece poca pista!

    También me riñe por no dejar participar al sr. Montesinos… ¡venga, pues que juegue también! Qué barbaridad, qué contubernio conspira contra mi…

  24. R.S.R

    De nada, ustedes merecen ese “detallazo”
    Sr. Pumby como no dé más pistas yo no tengo ni idea, esta pregunta es de examen. ¿Cuántas oportunidades tenemos?

    De momento no hemos discrepado le dije sí a todo lo que usted decía incluido el lamento por su inexistencia.
    Como veo que le gusta la poesía, con el permiso de los contertulios, en exclusiva para usted.
    En uno de Villa Rabitos debió estar pensando el autor cuando escribió estos versos, (esto es mucho más fácil que lo suyo, seguro que sabe de quién es).

    “No son más silenciosos los espejos ni más furtiva el alba aventurera;
    eres, bajo la luna, esa pantera que nos es dado divisar desde lejos.

    (…)En otro tiempo estás. Eres el dueño de un ámbito cerrado como un sueño.

    Muchas gracias al mensajero, ya sabía yo que había ido a “buen puerto”.

  25. Isabel Zarzuela

    Venga, don David, no haga caso a Pumby (es que en Villa Rabitos tienen muy mala leche) y participe.

  26. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Don David, no me haga usted esto! Que luego me persiguen con la gatera y yo ya no estoy para ir brincando por las terrazas…

    Doña Isabel, gracias por sus generosas palabras. Que es usted muy generosa.

    Doña R.S.R. ¿más pistas?… mmm… Es anterior a Tony Blair y todo aquello de “la tercera vía” que brotó en los 90… Bueno, otra: tampoco es de los 80, ni de Felipe González y su “ser socialista sin ser marxista”… Oh no, no, “dios” – como le llamaban sus afines más íntimos ¿recuerdan? – no quería decir que se podía ser también anarquista, líbrenos la IIª Internacional, quería decir que para ser socialista no hacía falta tener ninguna ideología definida (supongo que de ahí viene eso de ser “sociata”). Es algo anterior. Muy anterior.

    Pero no se lo tome usted como un examen, es para jugar. Usted léalo y aplique el principio marketiniano de “mire, compare y si encuentra algo mejor…”. ¿Oportunidades? ¡cuántas se quieran! Lo importante no es acertar, lo importante es aprehender el texto. Lo importante es descubrir el simulacro – algo de lo que don David, si no se hubiera enfurruñado con el gato, nos podría contar mucho mejor que yo – ser conscientes de que el texto, aun habiendo sido escrito hace mucho, pero mucho, tiempo (y es una tercera pista), mantiene una de las condiciones de texto clásico que don Justo nos comentaba el otro día: su utilidad, su actualidad, a pesar del paso del tiempo.

    ¿Cómo agradecerle su deferencia por el poema?… pero es excesivo. Ese gato borgiano no puedo ser el de Villa Rabitos, aunque esté más allá del Ganges y de poniente, aunque sea mía la soledad y el secreto, es la luna caprichosa la que crea la ilusión de la pantera sobre un pobre micifuz de tejados y callejones.

  27. Alejandro Lillo

    Quienes caemos rendidos a sus pies, don David, somos mi señora a yo. La admiración es mutua, señor Montesinos, y ahora que ambos somos archienemigos del minino tal vez hasta podamos llevarnos bien.

    Bueno, pues yo nunca he sido marxista –no me hubiera dado tiempo-, pero sí que me considero marxiano. Es una expresión algo rara, lo reconozco, pero evita con bastante elegancia ese “ismo”, de dogmáticas referencias. Marxiano en el sentido de que me atengo al pensamiento de Marx, no a lo que otros han interpretado o interpretan de él. Abogo por la vuelta a Marx y lo he defendido siempre porque lo que nunca me ha convencido no ha sido el maoísmo, ni el leninismo, ni cosas por el estilo, tan alejadas de nuestra realidad; lo que no me ha convencido nunca ha sido el neoliberalismo, que no es más que el liberalismo llevado al extremo. Ese ansia (viva) de acaparar más dinero, de aumentar siempre las ganancias, conduce a un callejón sin salida. Ante ese panorama, el liberalismo tal cual no conocemos actualmente es insostenible, es un sinsentido. Es una cosa tan de perogrullo que se hace difícil explicar tanta ceguera.

    Creo recordar que en el libro que cita don Justo “Marx (sin ismos)”, Fernández Buey da una de las claves que por sí solas justifican atender al pensamiento del de Tréveris. Lo que Marx demuestra con su análisis es que bajo la libertad económica y de mercado, lo que en principio es una pluralidad de empresas, de ofertas y de precios, acaba convirtiéndose en un monopolio privado. Esto está sucediendo en nuestros días y cualquiera lo puede ver, así que no insistiré más.

    En lo que sí que se insiste es en todo en lo que se equivocó Marx, no en sus aciertos. Porque nadie como él ha sido capaz de destripar con tanta brillantez el funcionamiento del capitalismo. Con independencia de que en un momento dado sus deseos se confundieran con sus rigurosos e implacables análisis, quien quiera conocer cómo funciona nuestro sistema económico (bien para combatirlo, bien para aprovecharse de él) debe leer a Marx.

    Como no me quiero extender mucho, sólo apuntaré una cosa más. Si se tercia podremos seguir hablando. Su faceta como periodista en la Gaceta renana es fascinante, y me gusta que el señor Serna la rescate y la resalte. No quiero entrar en la cansina discusión sobre si existe ruptura entre el joven Marx y le que posteriormente redactará “El Capital”. Simplemente quiero incidir en esas convicciones democráticas y republicanas de las que hace gala en ese período, convicciones que nunca le abandonarán, y en una serie de artículos que escribe en la prensa sobre el robo de leña en los bosques. Creo que en ese artículo Marx descubre la relación que existe entre el derecho y los intereses de clase, cambiando radicalmente su concepción de la función del Estado. Hasta entonces se le puede considerar un hegeliano de izquierdas de corte liberal-radical con una concepción hegeliana del Estado. Cuando la Dieta renana acusa a los campesinos, pobres y famélicos, de robar leña cuando en realidad lo único que están haciendo es recogerla de un bosque comunal, creo que se da cuenta de todo el engranaje que sustenta y legitima a la burguesía-nobleza dominante y cómo los mecanismos del Estado se movilizan y actúan para defender los intereses de esa clase y, si es posible, incrementarlos. El Estado se transforma ante su atónita mirada en opresor de los desfavorecidos. Un artículo decisivo, por tanto, para comprender la deriva que va a tomar el pensamiento del joven Marx.

    Con respecto al juego de Pumby, no tengo ni idea del autor de la cita, aunque la considero muy interesante y acerada. Ya nos dirá de quien se trata, que tengo ganas de saberlo. Pero no querría terminar mi intervención sin recordarles que reciente fallecimiento de Howard Zinn. Me enteré tarde de su muerte y no me he podido resistir a comentarlo aquí. Un historiador incómodo y admirable que hay que leer y que les recomiendo vivamente, es especial dos de sus libros: “La otra historia de Estados Unidos”, y, para los amantes de el mundo clásico, “El asesinato de Julio César”. No les dejarán indiferentes, se lo aseguro.

    Don Justo, gracias por su consideración. En mi opinión Marx nunca ha perdido actualidad. Helena les manda saludos en forma de gruñiditos.

  28. Alejandro Lillo

    Mucho cachondeo veo yo con lo del mensajero. Tengan ciudado con provocarme, que Valencia es ciudad costera y aquí arriba mucho tunante.

    Conociendo a Pumby, seguro que es de Lenin.

  29. Sigue...

    “…Los burgueses. En las páginas que escribe Fernández Buey están, además, el filósofo del sistema y el intuitivo desordenado, el liberal desencantado y el comunista ardoroso. Están el analista del capitalismo y el faro del socialismo.

    Están el enamorado de Jenny y el amigo de Engels. Están el poeta vocacional y mediocre y el lector inagotable y creativo, aquel que salta de un libro a otro con vehemencia, con exaltación: páginas de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, William Shakespeare, Heinrich Heine, David Ricardo, etcétera. Un largo etcétera, sí, de autores: y de metáforas y de figuras míticas con Prometeo a la cabeza.

    Están quien observa y quien describe, aquel que se vale de instrumentos prestados y reelaborados para designar de nuevo modo al protagonista presente e histórico: la burguesía”.

  30. Marisa Bou

    ¡Bueno, bueno, bueno!

    Me lamentaba yo, al principio de esta sarta de comentarios, de que el nivel de las discusiones había subido demasiado (para mis escasos méritos, claro) y -para más inri- va y don gato nos pone un exámen.

    No Pumby, yo ya estoy mayor para exámenes, y mucho más para prepararlos como para nota. Me permitirá, querido amigo, que no participe en ese juego. Ya me enteraré del resultado (que me interesa, y mucho) cuando lo publique. Debo añadir, sin embargo, que la redacción del texto me suena, en efecto, a antiguo: ¿finales del XIX o principios del XX? Y me trae un regusto a familiar, tal vez porque las expresiones del orador recuerdan bastante a sus opiniones -las de Pumby, digo- sobre el socialismo.

    Pero, repito, no me presento a este exámen.

    Gruñiditos y besitos también para usted, dona Helena. Mire a ver si sus papás quieren traernos aquí alguna foto más reciente de usted, queridísima.

  31. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Y dale, doña Marisa! que no es un examen, que es una adivinanza.

    Bueno, don Alejandro hace una propuesta – maliciosa – atribuyendo el texto al beato Lenin. Pues va ser que no.
    Y eso es otra pista…

    Me apunto lo del sr. Zinn, no lo conocía. Leeremos algo de él, confío en su criterio… a veces…

    ¿La solución al acertijo?… Dado que mi hermano y yo nos vamos mañana a Latveria, al despuntar el alba, y que sigo confiando en la experiencia profesional de don David (¡vaya aprieto, eh, sr. Montesinos!… ja, ja, ja…), les daré la respuesta el lunes, Dioses mediantes.

  32. Alejandro Lillo

    Ya le digo, señor Pumby, que “La otra historia de Estados Unidos” le va a encantar. “El asesinato de Julio César”… creo que menos.

    Si de los que se trata es de dejarnos con la miel en los labios, voy a dejarle un par de perlas.

    Sobre el primero:

    c. 1756: “Para gobernar, dichas castas dirigentes necesitaban hacer concesiones a la clase media sin comprometer su propia riqueza ni su propio poder (…) La estrategia era la de comprar su lealtad. Y para fijar esa lealtad con algo todavía más poderoso que el beneficio material, entre 1760 y 1780 la casta dirigente encontró una artimaña tremendamente útil. Esa artimaña era el lenguaje de la libertad y de la igualdad: así podía reunir a los blancos suficientes como para afrontar una revolución contra Inglaterra sin acabar ni con la esclavitud ni con la desigualdad”.

    Sobre las luchas raciales de 1960 (circa):

    “Se empezaron a hacer intentos para hacer con los negros lo que históricamente se había hecho con los blancos: atraer a un pequeño número de ellos al sistema con cebo económico. Se hablaba de “capitalismo negro” (…) Hubo pocos cambios y mucha publicidad. Había más caras negras en los periódicos y en la televisión. Esto creaba una sensación de cambio y, poco a poco, iba introduciendo en la corriente dominante a un pequeño -pero significativo- número de líderes negros”.

    Sobre Julio César:

    “Al igual que otros poderes imperiales antes y después del suyo, el imperio romano supuso una inmensa riqueza para su clase dirigente e impuso pesadas cargas a su ciudadanía común (…) La guerra ofrecía posibilidades de saquear el tesoro de otros países (…) Muchos pequeños propietarios de tierras, principal sostén de la infantería romana, cayeron en las batallas. Muchos más tuvieron que servir en el ejército durante largo tiempo, lo que les incapacitó para atender sus granjas. Los inversores ricos compraron esas propiedades por una miseria…”.

  33. jserna

    Perdonen que haya estado mudo y que no me haya pronunciado sobre el acertijo-examen que el severo Gato nos propone. En efecto, como indica Marisa, el sr. De Villa Rabitos nos presenta ese texto con truco y con perversa intención. ¿Qué es sino una andanada contra los”socialistas”? Leído fuera de contexto, parece una crítica profunda y acre de la socialdemocracia. Parece un reproche de sus blanduras, de su falta de fuelle revolucionario. Sin embargo, ese texto presentado así está descontextualizado porque los socialistas de los que habla el autor no son los socialistas de hoy. ¿Más blandos? Menos mal… Las palabras tienen historia, una historia conceptual detrás que hay que considerar para saber si hablamos o no hablamos de lo mismo. El texto –no diré a quién corresponde– es típico de su autor en la parte polémica de su obra, fanáticamente polémica. Toma de sus rivales los nutrientes con los que abastecerse para así combatir y crearse su propia concepción. Trituró a sus oponentes, trituró a sus precedentes, pero lo hizo con el afán de crear algo nuevo. ¿Acaso porque era un genio? Cuando de sus lecturas voraces extrae una síntesis nueva, basada en parte en los rivales que combate, el resultado es atractivo. Pero sus palabras polémicas, sus palabras rotundas, contundentes, de oposición doctrinal, suelen ser sectarias y generalmente han sobrevivido mal.

  34. David P.Montesinos

    Es cierto, han sobrevivido mal. En “La ideología alemana” se burla continuamente de “filósofos” burgueses a algunos de los cuales, sin embargo, merece mucho la pena conocer. En cuanto al “mísero” Proudhon, cuánta injusticia se le hace. El llamado socialismo científico contiene expectativas de emancipación que debemos valorar, pero -por ciertas derivas autoritarias que no le son ajenas al padre de la criatura y que se perciben en muchos textos- completamente inocente de algunas de las praxis más discutibles que se llevaron a cabo en la posteridad. Insisto, es un modelo de análisis imprescindible, un método diagnóstico de los juegos de poder del que no deberíamos desembarazarnos, tanto como no deberíamos hacerlo de algunos de sus enemigos que, como insinúa Serna, son metabolizados posteriormente por él mismo, verbi gratia Hegel o David Ricardo. Sí, soy un pequeño burgués, qué le vamos a hacer.

  35. jserna

    La actualidad del marxismo

    He quedado muy impresionado por la audacia de Alain Badiou y por la glosa sutil, sutilísima, de Arcadi Espada.

    El periodista tiene la osadía de mandar al filósofo francés (marxista, puaj) a la sección cordial de su periódico. Lo que no nos dice es que El Mundo del sábado debería ser enteramente rosa. O marxista, no sé.

    He quedado muy im… presionado, ya digo.

    Ahora lo entiendo todo: el marxismo, fase superior de erotismo.

    http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elmundopordentro/2010/02/13/el-psicocomunista.html#comentarios

    No hace falta que lo diga: si me dan a elegir entre Marx y Badiou, prefiero a Espada. Si me dan a elegir entre El País y El Mundo, no hay duda: prefiero la Gaceta renana.

  36. David P.Montesinos

    No conozco tanto como usted al señor Espada, me pasa lo mismo que con Moa, Albiach y algún otro de ese jaez. Solo voy a tener una vida y no voy a desperdiciar mi tiempo leyendo exabruptos de gente amargada. Espada es un profesional de la literatura periodística, la empresa que le paga es El Mundo y los “lectores profundos” de este diario,los que puede que lleguen a consultar sus colaboraciones, solo esperan oír de un antiguo militante de izquierda lo malos que son los rojos. Y ya se sabe, ese estilo de descalificaciones sin argumentos que Serna ha analizado y criticado tantas veces -acaso demasiadas veces, empiezo a pensar-. Esos adjetivos malolientes que destilan frustraciones inconfesables… Yo creo que a este caballero ha aprendido a asumir su propia mediocridad rodeándose de lectores holligans que le pagan por oírle emitir insultos más o menos floridos a personajes a cuyas suelas él no llegara jamás. Olvídenle, olvidense de El Mundo y de toda esta gente de una vez, no aportan nada al debate, solo pretenden colapsar el tráfico de ideas y seguir teniendo un pesebre facilón de lectores. No cliquen donde Serna ha colocado el enlace… y si lo hacen, les aconsejo, perdonen la inmodestia, que hagan como yo, tengan la ocurrencia de recuperar el interés por Alan Badiou.

  37. David P.Montesinos

    Disculpe el autor del blog mi cabreo pero creo que he madrugado en exceso y va y me topo con la mamarrachada esa.

    Bueno, no conozco a Badiou como alguno de ustedes. La tradición de pensamiento francés que me interesa, qué vamos a hacerle, se aleja bastante de su campo de afinidades. No obstante, hay algo que me suscita interés, y es que Badiou está entre aquellos pensadores criados en la marxología que han sido capaces de ir evolucionando su línea de análisis al hilo de los acontecimientos que han ido reconfigurando -y despedazando, si se quiere- la razón revolucionaria.

    Ni en sus momentos de maoísmo presuntamente rotundo dejó Badiou de problematizar las bases desde las que las posiciones a las que era afín se enfrentaban a las nuevas formas del capitalismo. Si su intención era criticar el terrorismo desde “el lado de la emancipación” -decía él-, entonces es que era a los ojos de la gente como Espada un partidario de la violencia… cuando en realidad de lo que se trataba era de ofrecer una visión de la violencia y el terror ajena al discurso convencional de las democracias neoliberales.

    En la actualidad, Badiou, activamente implicado en la causa de los inmigrantes en Francia, trata de hacer lo que, con más o menos acierto, intenta cualquier pensador alineado de alguna manera dentro de la filosofía crítica: describir los trazos del nuevo sujeto revolucionario que está configurándose en nuestro tiempo. Es un sujeto múltiple, alejado del trazo grueso del viejo proletario o de la condición nacional… un sujeto que está naciendo con expectativas de acción emancipada nuevas porque ya no va a ser dirigido por ningún tipo de clase burguesa nacional, como en otros tiempos. Esto es lo que, de una u otra forma, se está haciendo desde los nuevos marxismos, las teorías del género, los estudios críticos de semiótica y semiología… qué sé yo, da igual porque solo son etiquetas. Mejor no usarlas mucho porque dan espacio a la burla fácil de aquel cuya misión es convencer a la parroquia de que con leerle a él ya tienen bastante.

    Habla Badiou por cierto del nuevo “sujeto reactivo” que surge desde la caída del Muro y que se ha alimentado de la idea de que los movimientos de emancipación se han desacreditado por violentos, tiránicos e incapaces de otorgar bienestar. Es en ese punto donde yo creo que debemos situarnos para saber como teorizar la resistencia.

    No experimento grandes dosis de afecto por la escritura de Badiou, pero me parece que hay que entrar en diálogo con él. Lo fácil es hablar de su “saya eyaculada”. Qué vida sexual tan triste debe tener por cierto el caballero cuando se expresa en esos términos, pero bueno, hace ya muchos años que me dí cuenta de lo que es este periódico. Olvídenlo, lean a Badiou, sobre todo el “Manifiesto por la filosofía”

  38. David P.Montesinos

    Última cosa, me refiero al “sujeto reactivo” precisamente porque define a la perfección al señor Espada… aunque dudo mucho de que Badiou pensara en él al alumbrar dicha categoría.

  39. jserna

    Sr. Montesinos, dice muchas cosas que me interesan. Sus análisis los plantea siempre desde la claridad, que es –como sabe– la cortesía del filósofo. Dice usted que me he ocupado de Espada, Moa, etcétera. Cierto, cierto. Dice, sr. Montesinos, que los he “analizado y criticado tantas veces -acaso demasiadas veces, empiezo a pensar-“. Cierto, cierto. Por lo que veo, le hartan: esos personajes que analizo y mi insistencia en analizarlos. Algunos de ellos están alojados en ‘El Mundo’. Por eso, sr. Montesinos, nos invita a olvidarnos de dicho periódico.

    No estoy de acuerdo: no hay que dejar de analizar lo que nos incomoda, es una tarea edificante, formadora. Incluso cuando los argumentos toscos o las descalificaciones soeces retratan a quien los profiere más que a quien se le destinan. Me lo paso bomba con la lectura de los agitadores actuales. Observen los estilos: son retratos morales. Dicen mucho del estado del periodismo en España.

    Hago una generalización sobre prensa y educación. Al columnismo le falta mayor cultura; y a la academia le falta mayor soltura. Muchos columnistas son todólogos, pues sólo tienen conocimientos bastos, superficiales, de lo importante. Muchos académicos son eruditos de una cosa, pues sólo tienen conocimientos vastos de lo ínfimo.

    Y así vamos, leyendo a unos y a otros, que parecen malos borradores, para ver si sacamos algo en limpio. Marx no fue un excelso publicista ni tampoco un académico ordenado. Pero tuvo la valentía de enfrentarse a lo nuevo con mirada histórica, erudita, urgente. Tuvo la osadía de leerlo todo para entender. Hay que leer ‘El Mundo’, sr. Montesinos. También su sección rosa: “La otra crónica”.

  40. Alejandro Lillo

    No conozco a Badiou y no he podido acceder a la entrevista a la que hace referencia Arcadi Espada, pues sale una página en la que se me pide suscribirme a “El Mundo”. Hoy no lo haré. Tal vez mañana. Sin embargo, me sorprende la virulencia del señor Espada. Es de muy mal gusto lo que dice. Indigno, creo, de un profesor de Periodismo en una Universidad, concretamente la “Pompeu Fabra”. Lo que no sé es lo que significa “scrambled”.

    Sobre las ideas Marx coincido con la opinión de don David. Es un instrumento imprescindible para moverse e intentar comprender algo por estos mundos de Dios. No olvidemos que al fin y al cabo Europa es un oasis, que la situación de bienestar que hemos alcanzado es la excepción, no la regla, y que si algo parece meridianamente claro en estos tiempos procelosos es el retroceso inexorable de todos los privilegios con los que contamos los ciudadanos europeos.

    Lo que sucede con el marxismo y otras ideologías afines es que constantemente son sometidas a unos ataques y a unos vituperios tan injustos e injustificados que invitan –por lo menos a mí- a posicionarme de su lado. El ejemplo de Espada es una buena muestra de ello, y huelga decir que no es ajeno a toda la deriva ideológica de la que hablo en el párrafo anterior, esa que nos está devolviendo al capitalismo puro y duro. Marx golpea con eficacia al sistema porque lo destripa, saca sus miserias a la luz y éstas, en contacto con el aire y como sucede con estas cosas, apestan. Espada es un representante más de la corriente de pensamiento dominante en nuestros días, la misma, en el fondo, que habla de reducir el déficit de los Estados (en concreto de España).

    Desde Europa y desde las instituciones internacionales se pide a los gobiernos que reduzcan su déficit y sus gastos; toda la prensa lo recalca y repite una y otra vez, como si fueran papagayos: moderación presupuestaria, corean, menos gasto público, reducir los cuerpos de funcionarios etc., etc. Pero nadie, repito, nadie hace ni la más mínima mención a la sobriedad de las empresas privadas. Nadie reivindica las ganancias moderadas, la responsabilidad que también habría que exigirle al ámbito privado. La Caixa ha reducido sus beneficios en un 16´2%, es decir, que en 2009, una vez remunerados sus empleados y cubierto el coste del mantenimiento de sus instalaciones, “sólo” han ganado 1710 millones de euros (1510 según otros), lo que traducido a pesetas son unos 285 mil millones de pesetas. Ford, por ejemplo, parece que ha obtenido 2.700 millones de euros de beneficios. Podríamos seguir. ¿Por qué nadie exige a estas empresas y a otras muchas que moderen sus beneficios? En vez de despedir a trabajadores o cobrar diez céntimos por respirar dentro de un cajero, podrían aliviar fácilmente la carga que actualmente soportan los ciudadanos. Creo que a esos grandes directivos no les pasará nada por estar unos años sin ganar tanto dinero. Seguramente podrían ya vivir de rentas.

    Sin embargo se le exige al Estado –y los Estados los hacen- que adelgace, que se debilite, que reduzca sus atribuciones con las consecuencias que eso traerá para los ciudadanos. Mientras tanto, las empresas y multinacionales en vez de colaborar para salir de la crisis siguen acumulando una cantidad indecente de dinero. ¿Por qué nadie les dice nada? ¿A qué estamos jugando? Cada vez que oigo que España va a reducir sus gastos y que los bancos (muy responsables de la crisis en la que estamos y a los que muchos Estados les han salvado el culo) no hacen más que ganar y ganar dinero, me entra una indignación que nadie lo sabe. Porque es que está sucediendo en nuestras narices.

    Marx, en efecto, era una persona excesiva, con numerosas caras. La del reformador y la del revolucionario, la del agitador y la del fino analista. Pero qué quieren que les diga, es un grano en el culo del capitalismo. Cuando está tan olvidado, cuando se lo desprecia tanto, cuando someten a los que reivindican su herencia crítica y analítica a un acoso y derribo tan brutal e injustificado como el que parece que efectúa el propio Espada, yo respondo leyéndolo y releyéndolo, pensándolo y repensándolo, asintiendo y discutiendo con él, y en cuanto puedo, lo saco a colación. Ya está bien, hombre, ya está bien.

  41. Alejandro Lillo

    Una cosa más. Cuando el señor Serna afirma que “…liberalismo y democracia parecen comunes. Y, sin embargo, no son sinónimos”. Acierta plenamente. Y habría que repetirlo hasta la sacisedad. Liberalismo y democracia no son lo mismo, aunque nos quieran hacer creer lo contrario. Hay que desentrañar la madeja y analizar hoy en día qué debemos a qué. En la actualidad parece que apostamos por más liberalismo y menos democracia. ¿Qué pasaría si aplicáramos la consigna contraria? ¿Si apostáramos por más democracia y menos liberalismo?

  42. jserna

    Marx o menos

    Sr. Montesinos. Amigos. Vuelvo sobre gente furiosa con declaraciones tremendas.

    Hermann Tertsch ha sido galardonado por Federación de Clubes Liberales de España. Leo en ‘Abc’: “se declaraba ayer «emocionado» por recibir un galardón que aboga «por la idea liberal y por la visión del individuo en un país donde hemos vuelto al canibalismo sectario, al totalitarismo»…” (http://www.abc.es/20100213/radio-television-radio-television/hermann-tertsch-premio-libertad-20100213.html)

    A ver, leamos otra vez. “Hemos vuelto al canibalismo sectario, al totalitarismo”.

    Hemos vuelto a Marx. O menos. (https://justoserna.wordpress.com/2007/03/14/por-que-hay-que-leer-a-karl-marx/)

  43. David P.Montesinos

    Comparto la atinada intervención de nuestro amigo Alejandro. En cuanto a lo que me dice Justo… Reflexiono pasado el mal humor. La primera vez que escuché el término “todólogos” fue a Carlos Taibo. Tiene por cierto un artículo en Rebelión.org llamado “De nuevo los todólogos”, que recomiendo. Entiendo el razonamiento respecto a los reyes del agit-prop reaccionario, pero no puedo por menos que envidiarle que reaccione con humor ante ellos, a mí, como diría mi abuelo, “em fan gargois”. De manera que voy a seguir sin leer El Mundo, pues para tebeos prefiero otros. Quizá es que estoy un poco revenido. Yo hice cierto caso a Ramírez en los tiempos del sumario Gal, el señor X y todas aquellas historias. Llegué a creer que se habían convertido en un legítimo contrapoder. Cuando terminé dándome cuenta lo que eran ellos y la Cope opté por olvidarlos para siempre. Ya solo me parecen personajes para el programa de Wyoming de la Sexta. Y conste que no soy refractario a las posturas opuestas a las mías, muy al contrario… Creo que hay que leer a quienes no piensan como uno, pero siempre que sean, de alguna manera, “serios”.

  44. Pumby de Villa Rabitos

    Es lunes y cumplo. La respuesta al acertijo que les propuse es, como en efecto sugieren con modestia los srs. Serna y Montesinos – sin citar la autoría –, don Carlos Enrique Marx. El texto corresponde a lo que en el ámbito hispano se conoce como “El Manifiesto Comunista”.

    Obviamente, ni había truco ni perversa intención. Saben que me encanta jugar y a eso les invité. El texto, se advirtió, estaba específicamente descontextualizado y recortado. Se le sacó la línea en la que cita explícitamente a Proudhon y se dejó en ese anonimato con el propósito de no condicionar su lectura. Me interesaba que sólo leyesen un texto. Que se quitaran sus gafas de colores apriorísticos y sólo leyeran. Que se atrevieran a leer.

    ¿Un ataque furibundo a los sociatas? ¿algo del pasado? ¿un texto sectario?… Decidan ustedes mismos… Sólo les recomiendo algo: lean el periódico de estos días. Lean qué van diciendo últimamente, sin tapujos, los miembros del gobierno – cáspita, de un gobierno sociata, qué contrariedad – y compárenlo con el texto de Marx. Así que se rebajan los derechos sociales, recortan progresos de los trabajadores, presiona con impuestos indirectos a los ciudadanos… por el bien de la ciudadanía, la clase obrera y la sociedad. ¿Les suena? Pero ¿han leído por algún sitio que el problema de la viabilidad de las pensiones o la productividad del trabajo radique en la plusvalía del capital o de la tecnología? Para eso amnesia. De eso no hablan, ni los tirios del PP ni los teucros del PSOE.

    Contextualicemos el texto, pues. “El Manifiesto del Partido Comunista” – que ese es su título en alemán – es un panfleto. Por lo tanto, no le pidan ustedes sutilezas. Sin embargo, está lo suficientemente bien escrito como para no ser un exabrupto intelectual aunque, como ya comentaron los srs. anteriormente citados, y precisamente por esa condición descarnada, presenta la cara humana – imperfecta – de Marx. Eso, precisamente, lo revalúa. No hablamos de un profeta, ni de un divo, hablamos de una persona capaz de equivocarse… y capaz de profundizar y delatar las perversiones del sistema capitalista con una sagacidad que hasta ese momento nadie había percibido, especialmente en lo referido a la Teoría del Valor y su impacto sobre la sociedad y las personas.

    El texto en cuestión se encuentra en la III parte del “Manifiesto…”, en su capítulo titulado “Literatura socialista y comunista”, artículo 2 “El socialismo burgués o conservador” que le atribuye al pobre, maltratado, Proudhon. Y no es al único, también tiene para el Socialismo Reaccionario, con sus dos familias, el Feudal y el Pequeñoburgués que ahí se encuentran los pequeñoburgueses, el que despacha con “el de la cobarde modorra”… que apropiada definición ¿no?. También para Socialismo Alemán o “Verdadero” y para los Socialismos y Comunismos Utópicos. Hay donde elegir. Y reflexionar.

    Por eso era tan importante – independientemente de mi cuestión con una dama – saber, cuando usamos el término “pequeñoburgués”, a qué nos estamos refiriendo. Especialmente, si conociendo el significado que le da Marx, se acepta, si se abraza con convicción. O, al revés, se confunde con una mera descripción social y se luce sin tener consciencia de que se está manteniendo una actitud sociopolítica que le está haciendo el juego, desde la posición inconsciente del “estúpido útil”, a quien lo explota a él mismo.

    Cuando, con intención, ésta sí, maliciosa, la periodista de la SER preguntaba el sábado por la mañana a Marcos Ana si seguía siendo comunista, el ex comisario del Partido, le respondía “mutans mutandis” con una cita del “Manifiesto” que la pardilla no le pilló: “Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros”, algo que, evidentemente el PSOE no comprende, IU no entiende y el PCE ha deformado hasta la caricatura más abominable. Sin embargo, en el “Manifiesto” sigue vivo y claro para quien lo quiera leer, sea comunista o pequeñoburgués. Igual es tiempo de volver a leer “El Manifiesto”. Igual no es tan anacrónico si se tiene inteligencia para leerlo. Igual sigue señalando a ese cabrón que quiere acabar con un sistema universal de alienación y explotación de las personas. Reléanlo sin partido ni Partido, reléanlo leyendo a un pensador, no a un profeta, reléanlo desde la crítica y “sapere aude”.

  45. Scriptorium

    “…En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política, y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social…”

    Karl Marx, Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859)

  46. jserna

    Hola. He recibido algunos correos de amigos que suelen leer este blog preguntándome que qué me pasa, que no cambio el post. Agradezco el interés por este blog. No me pasa nada: simplemente que he querido solazarme con un asunto –la mayor o menor actualidad de Marx– durante días y días. Añadan a eso mucho trabajo.

    Pronto, mañana, nuevo post.

    Por cierto, divertida y contenida la Gala de los Goya. Álex de la Iglesia, Andreu Buenafuente…: muy bien.

  47. Blogosfera

    Por qué gusta Andreu Buenafuente” (2005), en Los archivos de Justo Serna (2005)

    Gusta porque es irónico, mordaz. Porque se burla de sí mismo, de sus defectos y limitaciones. Porque mezcla el catalán y el castellano sin pudor y sin rubor, más allá de las precisiones y de las objeciones de los gramáticos y demás valedores del idioma. Porque se carcajea del envaramiento y de la gravedad enfática, tan característica esta última de esos personajes irrisorios que pueblan el mundo de las estrellas. Porque imita bien, a los tontos y a los listos, sus tonos de voz, sus inflexiones, sus impostaciones incluso, con virtuosismo, como cuando remeda, por ejemplo, a ese Robert de Niro de mentirijillas, a ese Robert de Niro del doblaje español que nos ha quedado en la memoria auditiva. Porque es un catalán cáustico que se ríe de lo suyo, lejos del tópico cenizo que se atribuye a las gentes del Principado. Porque interpreta verosímilmente un papel que parece el suyo, el de un tipo corriente que no oculta sus carencias culturales (ay, ese inglés…), que no se pavonea de lo que sabe o de lo que cree saber y que cuando lo hace, cuando se jacta de manera ostentosa de sus logros o virtudes, siempre acabará burlándose de eso mismo, justamente porque encuentra y muestra una falta o una falla o una ignorancia que lo estropea. “Qué le vamos a hacer”, parece decirse y decirnos. “Miren: yo no soy malo, es que me hicieron así”, podría añadir parafraseando de otro modo a aquella Jessica Rabbit de agradable recuerdo.

    Pero gusta sobre todo porque se arropa de un equipo eficaz, ‘El Terrat’, en el que hay guionistas, actores y propiamente productores, una factoría, en el mejor sentido de la expresión, en la que se manufacturan las ideas, se ponen en práctica las ocurrencias, las ‘collonades’, una forma de trabajar muy bien adaptada al universo multimedia: televisión, radio, Internet, libros. Pues eso: libros, por ejemplo, que reproducen y resumen lo que Buenafuente dice en sus programas, esos monólogos de sociología urgente, escritos por otros, esos ‘negros’ no ocultos, y esas ‘boutades’ de su propia cosecha que él mismo confiesa. Bien mirado, es el suyo un modo de hacer muy sacerdotal: como un capellán lee en el ‘telepronter’ –supongo– la palabra… de otros y con ello nos sermonea y se burla de la prédica misma. Hacer explícito este hecho (que Buenafuente se preste como emisor de una voz colectiva y zumbona que denuncia lo que nos pasa) tiene, pues, otra parte chistosa: hasta el cómico que cuenta chistes es un farsante, un impostor y lo que dice son palabras de otros, pero esos otros tampoco son los dueños de esa cháchara pues compendia con guasa lo que mucha gente piensa o lamenta o deplora.

    Tiempo atrás leí algún libro de Buenafuente (o mejor, firmado por él y por sus guionistas). Me dispongo a leer ahora el último editado por la factoría de ‘El Terrat’: el que lleva por título Com va la vida. Buenafuente Greatest Hits [2005], una antología de los cinco volúmenes anteriores. Es allí en donde los prologuistas-guionistas (por cierto, guionistas fantasmagóricos e igualmente impostores que firman como “Ana Rosa Quintana” pregonando un plagio), es allí, digo, en donde se resumen los rasgos que definen el éxito de los monólogos: cuatro comparaciones, unas referencias a la actualidad, algo de costumbrismo, dos exageraciones, algún trasvase lingüístico, lo que él mismo improvisa rubricado con “éste es mío”… Y ya está, concluyen. ¿Algo más? Por supuesto: saber contar chistes. Para contarlos hay que establecer relaciones inesperadas entre hechos o contenidos alejados y distintos, desplazando un asunto esencial a otro insignificante mediante la analogía. Pero lo que de verdad se necesita es la reunión de tres personas: el que lo cuenta, el que se ríe y el tercero que es objeto del chiste. Justamente, en Buenafuente, el placer de sus chistes se produce por encarnar él mismo las tres personas, lo que produce un efecto irresistible y, con ello, sus espectadores o lectores, nosotros mismos, nos abandonamos a su comicidad, suspendemos nuestra gravedad, nos desinhibimos, nos aliviamos, nos descargamos, afirmándonos, en fin, por encima de la miseria cotidiana: son así como se cumplen las funciones del chiste que detallara Freud.

    “Cada día se publican más libros”, decía Josep Pla en sus Notas dispersas: “Es fabuloso. Afortunadamente, los libros los publican en su mayor parte los escritores, y la gran mayoría, al ser puros ejercicios verbales, no aguantan nada y se olvidan. El día en que se obispos, jueces, abogados, médicos, políticos, ingenieros, procuradores, veterinarios, banqueros, industriales, etc., se pongan a escribir y a publicar libros de manera sistemática, como los escritores, la confusión será tan espantosa que ya no tendrá remedio. La gente se llevará las manos a la cabeza, como si estuviera ante un fenómeno de mal agüero, como si fuera presa de una enorme, personal y peligrosa perturbación”, concluía. No sé si han cumplido los pronósticos de Josep Pla o si nuestro tiempo los ha empeorado incluso. Ya no son los obispos, los jueces, los abogados, los médicos, los políticos, los ingenieros, los procuradores, los veterinarios, los banqueros, los industriales, quienes ahora escriben libros: son los bufones. Fantástico, admitiría Pla: que Buenafuente y los suyos sigan publicando libros para producir en todos nosotros general perturbación.

  48. Isabel Zarzuela

    Magnífica su intervención, Pumby. Y fíjese que no quiero ser muy generosa con usted, pero me parece que ha hecho una exposición soberbia (ojo, 3ª acepción del DRAE).

    Don Justo, a mí me extrañaba también que no hubiera renovado el post… ¿y tendremos que esperar a mañana?… ¿y no nos puede dar una pistilla?

  49. Pumby de Villa Rabitos

    Otras cosas.

    Gracias, don Alejandro por las perlas que me/nos dejó; sí, quedé con la miel en los labios. ¿Le llamó la atención Badiou? pues sepa que si la parte olvidable de Zizek es su “laconismo” innecesario, el uso que hace de aquel es, por el contrario, de lo más oportuno. Le insisto con el polémico “En defensa de la intolerancia”, que si no lo encuentra en el kiosco publicado por “Publico” (le costará 2 euros si lo encarga), lo tendrá por menos de 9 (creo yo) en Ediciones Sequitur, la editorial que les recomendé no hace mucho (vean su página web).

    Un gran sí a esa reflexión que nos hace sobre el carácter excepcional, de oasis, burbuja o como se le quiera llamar, de Europa. Ahora ¿podemos llamar “privilegios” a los “derechos”? ¿hemos de aceptar como un fatum inexorable su pérdida?… La Europa calma socialdemócrata-liberal de la postguerra mundial está siendo peligrosamente agitada por los mismos que se refugiaron debajo de la cama cuando el comunismo los atemorizaba. Ahora, sin la URSS y con la IIª Internacional – un tigre de papel –, parece que han perdido la vergüenza, secuestrado conceptos liberales y recuperado su valor… Veremos donde conduce esa vía pseudoliberal que recorre Europa… Los casos concretos que usted maneja (“facta, non verba”) son buenos ejemplos de cómo se baliza el camino hacia un conflicto social de proporciones considerables. Ya sabe que cuando la razón duerme, los monstruos se yerguen.

    Comulgo con las opiniones de don David, encrespado, cuando del asunto de Espada, El Mundo y toda esa patulea trata. No dan para más. O para menos.

    Por otra parte, yo, don Justo, si me lo permite, prescindiré de su invitación a leerlos. Usted se lo pasa bomba, con su bisturí, troceándolos, diseccionándolos, pero yo soy incapaz de creerme destinado a aventuras intelectuales del fuste de don Carlos Marx o la de usted mismo. Sólo soy un gato. Prefiero pasármelo mejor leyéndolo, congratulado de que me libre del suplicio de tener que leerlos y del titánico esfuerzo de tratar de entender tanta miseria en el pensamiento y tanta mediocridad en la exposición. Mi hedonismo me puede. Donde esté una buena raspa de pescado… que se quiten esos “liberales” de opereta bufa.

    Qué curioso, don Justo, a mi me han comentado lo contrario. Se congratulaban de que les diese tiempo a la lectura y la reflexión. ¿Quién se impacienta?… ¿”qui tem el roig”?…

    Ah y excelente lo de Buenafuente. Y significativa la película ganadora.

  50. Pumby de Villa Rabitos

    Perdónnnnn… pone “laconismo” cuando quise decir “lacanismo” (igual ha sido el autocorrector, que no se ha enterado de tan magno individuo)

  51. David P.Montesinos

    La vigencia de los textos de Marx, creo que ese es el tema en torno al cual reflexionamos, sana reflexión a mi entender, al menos si se lleva a cabo desde la advertencia del propio autor en uno de los tramos del Manifiesto que algunos de ustedes remedan. En concreto, cuando se refiere al socialismo alemán, autodenominado “verdadero socialismo”. y dice:

    “Filósofos, semifilósofos y personas de ingenio alemanes se apoderaron ávidamente de esta literatura y solo olvidaron que con la inmigración de estos escritos desde Francia no habían inmigrado también a alemania las condiciones de vida francesas”.

    ¿Qué intenta decir? Que cuando los intelectuales operan la “traducción” de ideas surgidas de una praxis histórica localizada como es la francesa, se corre el riesgo de convertirlas en retórica falsamente revolucionaria y, en consecuencia, inoperante, pura “ideología”, es decir, forma de conciencia invertida en tanto que no extrae dichas ideas de una praxis conocida, sino de lo que, mal asimilado, ya solo es literatura. Este planteamiento es discutible en una sociedad del conocimiento globalizada como la nuestra, pero tiene algo que ofrecernos, nos previene del riesgo de intentar confundir planos contextuales, refiriéndome en este caso a planos temporales. En otras palabras: no debemos trasladar a la actualidad el mensaje del Manifiesto como si el tiempo no hubiera pasado. Vaya si ha pasado: las formas de la dominación han mutado y, por tanto, no tenemos más remedio que volver a teorizar las formas de resistencia, lo cual no es óbice para que los viejos textos nos iluminen, los de Marx y los que no son de Marx, incluso los de aquellos a los que Marx detestaba.

  52. David P.Montesinos

    Comparto la reflexión en torno al éxito de Buenafuente, aunque no dejo de advertir que, en televisión, todo aquel que tiene talento parece que ha de ser irremediablemente hacia las horas inhóspitas de emisión, como le sucede actualmente en la Sexta y le pasó ya en Antena Tres, como le ha pasado a otros muchos, y me viene ahora mismo a la cabeza el “desaparecido” Máximo Pradera. Por cierto, soy fanático de “Muchachada nui”, el programa de humor friki-manchego que pasa la Dos la noche de los miércoles, muy tarde desde luego, supongo que por ser un espacio “de culto” y su minoría de fanáticos está dispuesto a verlo a la hora que sea. Luego se quejan de que las cosas se las descargue la gente por internet. Hablando de humor catalán y de televisión, hay un programa desternillante en TV3: “APM”, a veces me han hecho llorar de la risa, aunque claro, es de los invasores catalanes, mejor vean las crónicas de la apasionante America´s Cup en la tele de Camps.

    Por cierto, una ingenua curiosidad. Me cuentan que hoy en la biblioteca pública de Valencia han quitado la calefacción a las diez, de manera que al cabo de un rato todo el mundo iba con gorros y guantes y se podía escuchar música coral de castañeteo de dientes. Por lo visto la calefacción en días gélidos es un lujo prescindible. Tanto como que, por ejemplo, la baja de una profesora a un mes de dar a luz no sea cubierta por Conselleria, con lo que mis queridos alumnos quedan un día tras otro sin profesor en el aula. Llámenme demagogo -esto es muy “buenafuente”- pero mola mucho que se gasten la pasta en la America´s cup, que dice canal nou que ha sido un éxito, aunque yo no conozco a nadie que haya ido al puerto a verla, pero es que yo ando un poco desinformado, claro.

    El humor catalán tiene por cierto dos referentes literarios altamente recomendables: los relatos de Quim Monzó y, muy especialmente, mi querido Pere Calders, un auténtico talento al que no se terminó nunca de hacer justicia.

  53. jserna

    En esto de retrasar las entradas del blog, en esto de no actualizar constantemente, he aprendido de David P. Montesinos. Yo, sin embargo, le añado lo del ‘post in progress’: el mismo tema, añadiéndole desarrollos.

    Agradezco al sr. De Villa Rabitos su comprensión por mi lentitud bloguera… Y me alegra de que le digan que mejor así.

    El blog del sr. Montesinos es un remanso de reflexión semanal –o así–. Eso permite que los visitantes lean o relean lo que, sin duda, tiene interés. Quizá se obtengan unas estadísticas menos espectaculares pero también se acaba teniendo más hondura. Yo no prometo nada. No sé cuál es la periodicidad de mi blog. Quizá haya semanas venideras en que cambie el post con frecuencia u otras en que, como esta última, deje el blog más tranquilo. De hecho, voy a cambiar mañana el post sabiendo, como dice el sr. Montesinos, que aún habría mucho que tratar acerca de “la vigencia de los textos de Marx (…), sana reflexión a mi entender”.

    Me pide Isabel Zarzuela de qué va el nuevo post. Pues tiene que ver con esto que estoy tratando ahora. Pronto, muy pronto lo verá. Ahora bien, no espere mucho, que se decepcionará.

  54. Marisa Bou

    No es que me queje, porque problemas tenemos todos. Pero en estos últimos tiempos, yo tengo más de los que mi escasa paciencia puede sobrellevar. En esta ocasión, mi hijo pequeño -a quien algunos de ustedes conocen- ha sufrido un accidente que, aunque leve, requiere cirugía. Y eso se me ha llevado parte del tiempo que les dedico.

    Aún así, no quiero dejar de felicitarles a todos por sus lucidísimas (de lucidez) intervenciones, que sirven a mis necesidades nutricias de la manera más agradable.

    También quiero unirme al coro de alabanzas a Buenafuente, que me parece un catalán inteligente, dos términos que no son, ni mucho menos, contrapuestos, valga también el ejemplo de Qim Monzó, a quien admiro. Por cierto, ¿alguien se ha dado cuenta de que Buena no deja, ni un sólo día de su programa, de hacer su correspondiente mención a la señá Rita? Es sorprendente cómo le tiene cogida la medida a la doña…

    Y una recomendación: el Calígula, de Camus,

  55. Marisa Bou

    ¡Ups! Se me cortó el rollo. Continúo:

    en el Talía, por la compañía L’Om-Imprebís, dirigida por Santiago Sánchez, e interpretada genialmente, a mi parecer, por Sandro Cordero. Creo que estará hasta el 28. El tema, como saben, es intemporal: la loca soledad del poder.

  56. Ana Serrano

    Marisa, ne deje de tenernos al tanto de la evolución de su hijo. Por muy leve que haya sido la consecuencia de su accidente, una operación siempre asusta. Ojalá todo salga como le deseo, de la mejor manera posible.

  57. Isabel Zarzuela

    Precisamente porque sé que no me decepcionará espero impaciente su nuevo post, Sr. Serna.

    Marisa, reciba un abrazo muy fuerte.

  58. David P.Montesinos

    Ánimo, Marisa, acepto el consejo sobre Calígula, ya me lo había planteado, de manera que ya no tengo dudas.

  59. David P.Montesinos

    Hay, señor Serna, todo un movimiento global denominado Slow life. Al principio me lo tomé un poco broma, pero no, es toda una filosofía de la vida sin chorradas new age.

  60. Ana Serrano

    Se me había pasado y, además, nada tiene que ver con el asunto del que tratan, pero ¿Sabe, Marisa? le voy a contar una curiosidad. Ha podido ver usted ese Calígula a Sandro Cordero porque han muerto dos personas: la viuda de Camus y José María Rodero. Él montó la obra y la sometió al juicio de la viuda de Camús; ella se quedó tan fascinada que le dio a Rodero el permiso para interpretarlo en España, pero exclusivamente él. Yo se la vi. Era una niña y fue tal la impresión que me produjo que, como cuando uno tiene miedo de volver a un lugar del que guarda un recuerdo luminoso, por si ha cambiado o le decepciona, no creo que se lo pueda ver a otro.

  61. Marisa Bou

    Gracias a todos por sus ánimos. Van a ponerle una plaquita en un tobillo para reducir una fractura. Él ya tiene experiencia, pues lleva desde hace años una en el antebrazo, por otro accidente, y no le causa ningún problema. Pero sí, las operaciones asustan un poco, o un mucho vaya.

    Doña Ana, nunca se me ocurriría comparar a Cordero con el gran José María Rodero, al que sólo pude ver en TVE, no tuve su suerte. De ese tipo de actor, entran pocos en una docena. Pero la obra me ha impactado mucho, el texto es tan maravilloso que me hizo contener el aliento casi hasta desfallecer. Por supuesto, lo he colocado en primer lugar en mi lista de pendientes.

    Don David, espero que me de su opinión, si se decide a ir. Ya comentaremos.

  62. Pumby de Villa Rabitos

    Sra Bou, ha de ser para usted mi abrazo más urgente con mi total solidaridad. Y que la Divina Fortuna les lleve con bien, a su hijo y a usted.

    Ejem… ¿doña Erreserre?… La echo en falta… Se me ha llenado la casa de camelias y música de Purcell por culpa de un erizo.

    Y hasta aquí, mi humanidad. Ahora… ¡a protestar!… iracundo, visigótico, desgarrado y desalmado.

    En fin…

    Les hago una previa, antes de precipitarme a mis furores, para contarles una anécdota. En los 80, en el túnel de la Gran Via de Les Germanies, en la ciudad de València, un “red skin” hizo una pintada contra la Señá Rita. Aquel pasaje urbano estaba a reventar de pintadas de todo tipo desde hacía décadas y nunca nadie osó borrar ni una sola, mas, ay, algún probo – y pelota – edil debía vivir por la contornada ya que aquella, la del “cabeza rapada rojo”, fue fulminada en un par de días. Sólo esa. Lamentablemente, no la recuerdo, sólo a quién iba dirigida y su firma “SHARP” (para los no iniciados: “Skinheads contra los Prejuicios Raciales”). El muchacho, al día siguiente, la repitió. Pero a mayor tamaño. Y el concejal, de nuevo, y ahora con prontitud, en 24 horas, ordenó su tachadura. Por tercera ocasión, la pintada apareció con su consiguiente incremento de tamaño y, por lo que se vio, el munícipe decidió pasar a mayores. En vez de tacharla, ordenó pintar sobre ella una superficie lisa y ¡blanca! que cubría una buena parte de esa sección del túnel. Era una provocación. ¿Una trampa para atrapar al “pelat”? Como fuere, el chico aceptó el reto y puntualmente, al día siguiente, su pintada reapareció de un tamaño colosal; tenía varios metros de larga con unas letras que no bajaban del metro de altas. Finalmente, toda la mitad del túnel que albergaba la lucha de pintadas, fue repintada de un blanco verdoso. Y como una maldición del Infierno, triunfante, apareció el siguiente texto del chaval, que sí recuerdo perfectamente: “vuestra insistencia justifica mi persistencia”.

    Contaba esta batallita, independientemente de por mi selecta edad, que a uno le da por contar chorradas, por la idea de perseverante constancia que trasladaba aquel “cabeza rapada”. Tomo su pintada por bandera y ante la insistencia social por enaltecer el inglés en detrimento del castellano, sin que nada justifique tan innecesaria humillación, ni llegue a entender el papanatismo de quien así actúa, persistiré en mi cruzada lingüística a favor de las lenguas románicas, así sea yo solo “contra mundum”.

    A ver, detengámonos un poco a reflexionar. ¿Qué valor añadido aporta la expresión “slow life” que el castellano no pueda asumir? ¿qué parte conceptual encierra semejante expresión que el castellano está impedido para desarrollarla? ¿en qué parte falla la lengua de Cervantes o Borges, el Arcipreste de Hita o García Márquez, Lope o Neruda?… ¡¡por todos los Demonios!!…

    Perdón… Respiración… Serenidad…

    “Vida lenta”… al final de la carrera, “show life” es, sencillamente, “Vida serena” ¿no?…

    ¡Pues vaya novedad nos traen los inventores de filosofías pedestres para el consumo de moda!… ¡Hala, vuelvan a leerse a Luis de León que desde el XVI, como mínimo, ya lo sabíamos (algunos)!

    Y si encuentran al agustino insuficiente para sus aspiraciones intelectuales, traten de adentrarse en el budismo zen o en el sufismo, a ver si tienen neuronas para ello. Pero, ¡por santa María Egipciaca y todas sus arrecogías! déjense de sandeces sacadas de la sección de autoayuda de El Corte Inglés.

    Con profunda irritación: yo.

  63. R.S.R

    Doña Marisa, espero que todo vaya bien. Ánimo.

    Estupendas e interesantes las intervenciones del marxismo.

    No lo puedo evitar, veo “doña erreserre” -madre mía qué difícil de escribir- y aquí estoy. Gracias por esa “humanidad”.
    Me alegro que se le haya llenado su casa de camelias, por lo que leo es una flor que luce en todo su esplendor durante la mala temporada, seguro que es una buena compañía. Veo que sigue disfrutando del erizo.
    Nos vemos en el nuevo post

  64. Alejandro Lillo

    Marisa, muchos besos y ánimos.

    Descuide Pumby, que leeré a Zizek. Lo haré como usted me pide, ignorando sus referencias “laconianas”, ¡ja, ja, ja! Con respecto a lo de los privilevios-derechos, lo que quería decir es que si bien para nosotros son derechos fundamentales, la dinámica que llevamos, más que a ampliarlos a otras personas del planeta (veremos qué consigue Obama), parece ir en la dirección contraria, en arrebatárselos a quienes los tienen.

    Don David, muy interesante su mención a esas líneas del Manifiesto. Coincidimos de nuevo.

    Unos breves apuntes. Así como la burguesía y los pequeñoburgueses han mutado, no son los mismos, tampoco lo son los proletarios. Hobsbawm incide en una magnífica obra (“Trabajadores”, creo que era) sobre la aristocracia obrera y las enormes diferencias que había -de todo tipo- entre los propios trabajadores. Esa aristocracia obrera, dicho sea de paso, sigue existiendo hoy.

    Tampoco combiene olvidar que las ideas de Marx son prácticamente desconocidas hasta finales del XIX y principios del XX. Por tanto, el fenómeno del marxismo, su fracaso o no, y la deriva que toma en adelante, creo que no puede entenderse y analizarse adecuadamente sin ponerlo en relación con el auge del nacionalismo y lo que toda esa ideología simboliza.

  65. Alejandro Lillo

    ¡Por todo los dioses! ¡Me he quedado tuerto! Por favor, “conviene, conviene, conviene”. Prometo escribirlo mil veces.

  66. Pumby de Villa Rabitos

    Don Alejandro, me deja usted asombrado con su último párrafo, el que aparece como escrito a las 2’32, cuando aún no son las 2’30. Ya me informará en otro momento de donde se sacó usted semejantes ideas.

    Me permitirá, doña Erreserre (no puedo llamarla “Sánchez”, pensaría en un cabo furriel antes que en una dama), apurar mi estadía en éste “post”, aunque sólo fuera para indicarle que ya acabé con el libro. Tenía usted razón en las observaciones que me hizo sobre su desarrollo – un valioso “crescendo” – definitivamente, me gustó, aunque me dejase un cierto regusto de almendra amarga, pero no por la obra, por la vida y sus caprichos.

  67. ¿Seré breve? «

    […] leí varios libros. Una obra absolutamente recomendable es Marx(sin)ismos (1998), que glosé en el blog.  Fernández-Buey subrayaba la dimensión trágica, romántica, literaria de Marx. Sin duda es la […]

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