Columnismo habitual

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Justo Serna, “Desperta ferro“,

El País, 17 de febrero de 2010.

1. Diez años después. En 2010 cumplo diez años de colaboración ininterrumpida en la prensa. Empecé publicando tribunas libres en El País y ahora escribo columnas. He pasado del articulismo al columnismo. A cambio de la periodicidad fija me han rebajado los caracteres con espacios. Te obligan y te obligas a publicar regularmente y te fuerzas a escribir en pocas palabras.

¿Influyes? Te influye: el artículo de opinión es una lección,  una lección para quien lo escribe. Rebaja mucho los humos. Cuando tenemos una idea, si no la escribimos, nos juzgamos mejores de lo que somos realmente. Justo cuando la plasmas en el papel, en el momento en que la publicas, ya no hay vuelta atrás: a eso es a lo que llegas.

Mientras no escribes algo, corres el riesgo narcisista de sobrevalorarte. Cuando  ya está publicada, tu sintaxis  es siempre defectuosa.Tal vez por eso, el columnista habitual sigue publicando: para ver si da con la expresión irreprochable, con el asunto realmente importante, con la forma exacta. A lo mejor, al final le pagan más.

Los blogs tienen alguna de estas características o limitaciones y tienen la ventaja de la contestación inmediata, la de los lectores respondones. Se establece una red de amigos habituales que te examinan con benevolencia y con alacridad. La mayor parte de las bitácoras que hay en la Red se escriben sin recompensa: sin recompensa material, quiero decir.

Pero sirven para expresarse, para esmerarse, para exigirse, para dirigirse, para comunicarse. “Tu mejor entrada (en blog) está por llegar”, le dice alguien a David P. Montesinos. “Pero sin duda cada vez estás más cerca de convencer al repugnante y asqueroso lector cuya única obsesión es encontrar fallos en la consistencia del argumento”. Pues eso. Sabes que te leen –poco o mucho– y sabes que enjuicias con libertad.

Te aupas a una columna electrónica, nuestro Speaker’s Corner de Hyde Park, y peroras. Ya lo dije tiempo atrás y ahora insisto: te subes a la banqueta  inestable y desde allí, desde esa exigua elevación,  comienzas a hablar, a chillar, a declamar incluso, revelando opiniones, estupores y felicidades. Es probable que alguien te tome por excéntrico o por exhibicionista. Tal vez. Pero cerca del taburete vemos formarse ya un grupo pequeño de espectadores atentos y generalmente amables que también dicen la suya. Forman el círculo de quienes también peroran disputando y confesando sus propias lecturas. Subidos a la columna o a la banqueta…

La columna es un “artículo razonador, orientador, analítico, enjuiciativo, valorativo –según los casos– con una finalidad idéntica a las del editorial. Se diferencia básicamente en que el comentario es un artículo firmado y su responsabilidad se liga tan solo al autor del trabajo”. Eso decía José Luis Martínez Albertos en su Curso general de redacción periodística. Las columnas personales, añade este autor, “son guetos privilegiados del periodismo impreso”, dado que se reservan “para  escritores famosos”, pudiendo escribir de un tema  “absolutamente libre”: eso sí, “con la  única condición de que firmen sus trabajos”.

El 23 de diciembre de 2009, Lara Ferri me entrevistó. ¿Motivo? El columnismo que practico y su relación con el blog.  Con esa entrevista y con  su documentación escribió el ensayo que sigue. Le agradezco su amable aproximación. Tiene que ver con esto, con el columnismo habitual, con el hábito de escribir y publicar. Ya va uno cumpliendo años. Y eso se nota: en el aspecto y en las columnas.

2. La columna periodística: Justo Serna. Por Lara Ferri

Experiencia periodística

Justo Serna es profesor de Historia Contemporánea en la Universitat de València. Además, ejerce actualmente como columnista habitual en el periódico El País. Esta contribución al periodismo de opinión no es un hecho reciente, sino que comenzó hace 10 años al redactar el artículo colectivo titulado Ultimi barbarorum, publicado el 28 de octubre de 2000 en ese diario. Esta tribuna se escribió con el fin de expresar el apoyo del Departamento de Historia Contemporánea de la Universitat de València  a  José María Portillo, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco y víctima de las amenazas de la banda terrorista ETA por hacer uso de unos de los derechos fundamentales del ciudadano: “pensar cada uno lo que quiere y de decir lo que piensa”1. Esta muestra de solidaridad y apoyo –señala Serna- se la encargaron a él porque anteriormente sí que había escrito algún que otro artículo en medios impresos de manera esporádica. Pero fue a partir de ‘Ultimi barbarorum‘, cuando algunos de sus compañeros le alentaron a seguir escribiendo artículos de opinión.

Tras seis años colaborando en el periódico El País, Justo Serna recibió una invitación por parte de Juan Lagardera, jefe de opinión del periódico Levante-EMV por aquel entonces, para trabajar de forma periódica como columnista: “Era una colaboración semanal y se trataba de publicar una columna de opinión sobre temas preferentemente valencianos, aunque no exclusivamente”. Una condición temática que compara con los años previos de colaboración en El País: “Yo en El País entre 2000 y 2006 publiqué artículos sobre temas más o menos valencianos, pero trataba de salirme de la esfera local para abordar cuestiones de actualidad que podían ser leídas en Valencia y en cualquier otro ámbito”.

Durante el tiempo que estuvo en Levante-EMV, Serna tuvo una experiencia positiva que aportó mucho a sus columnas: “La experiencia duró hasta 2007 y fue muy fructífera porque la obligación semanal te forzaba a plantearte cuestiones de actualidad, evitando la tentación que yo en mis escritos intento sortear: la disquisición puramente literaria, sin contexto ni actualidad”. La periodicidad de las publicaciones junto con las características espaciales rígidas propias del formato periodístico definieron o amoldaron el estilo argumentativo y expositivo de Serna.

Finalmente, los responsables del periódico en el que inició su experiencia como columnista, El País, le invitaron de nuevo a participar con columnas de una periodicidad quincenal: “Empecé con textos más amplios y con una periodicidad no establecida. Luego, pocos meses después, se estableció una regularidad fija y periódica que felizmente no es semanal, porque cuando publicaba en Levante era un poco asfixiante escribir cada siete días un artículo”.

En el año 2005, Justo Serna creó un blog titulado Los archivos de Justo Serna. Esta bitácora –según sus propias palabras- es un “espacio de reflexión, de expresión sobre temas de actualidad que me motivan… pero donde uno no se ciñe a esas limitaciones que te impone la prensa. Por ello, tienes más libertad para ser tentativo, para ir más lentamente, para demorar el análisis”. Consecuentemente, el blog se complementa con su labor de columnista, permitiéndole tener un espacio propio donde plasmar las reflexiones personales que –citando a Joan Fuster- pueden ser “los esbozos de posibles ensayos futuros”.

El buen escritor

Después de haber hecho un seguimiento general de la trayectoria periodística de Justo Serna, sería un paso demasiado grande proceder a analizar su estilo como columnista. Tal como dijo Comte de Buffon, “el estilo hace al hombre”, y es por ello que nos vemos en la necesidad de conocer personalmente al escritor -en definitiva, al hombre- que está detrás de ese estilo periodístico, testigo directo de los rasgos más definitorios de Serna.

De este modo, fueron varias las cuestiones que nos interesaron desde un primer momento. En primer lugar, partimos desde la base del acto mismo de escribir: ¿qué experiencias le aporta escribir? Justo Serna le atribuye dos funciones esenciales a la escritura: por un lado, es un medio muy efectivo para descubrir aquellos aspectos o conocimientos que se desconocían hasta el momento: “Yo experimento una sensación muy agradable cuando escribo, en la medida en que, muchas veces, al hacerlo descubro cosas nuevas. Es decir, justamente al escribir y poner en orden tus ideas, puedes documentarte, buscar aquello que no sabes en ese momento”.

Por otro lado, la escritura te permite sacar a la luz tus reflexiones y pensamientos internos respecto a un tema, preferentemente de actualidad: “Lo que haces es exhumar, sacar de dentro de ti lecturas, referencias, viejos pensamientos que has tenido sobre ese hecho o hechos y que, de algún modo, habían permanecido sepultos hasta que algo los ha estimulado. Entonces, el hecho de escribir en sí es para mí una experiencia muy placentera, que está directamente relacionada con lo actual y que, por lo tanto, me ata y me conecta a mi propio presente”.

Esta reflexión sobre la escritura, como medio para expresar con palabras los pensamientos personales sobre un hecho determinado, nos remite directamente a la columna de opinión, de la cual Serna opina que es el género que, en contraste con la noticia, nos da el punto de vista crítico y reflexivo de los hechos de actualidad: “Yo estaré entre esos pocos que leen los artículos de opinión. Es decir, desde que yo empecé a leer prensa, los artículos de opinión me parecían ese momento de reflexión, de demora, en donde uno encontraba puntos de vista, perspectivas que, a lo mejor, en la propia exposición de la noticia, en la crónica o en el reportaje no había distinguido o no había visto. En cambio, desde el artículo lo que uno percibía era el enjuiciamiento de distintos hechos y, por tanto, la valoración”.

La carga interpretativa o reflexiva que el escritor aporta a sus columnas conlleva  que éste esboce la mejor manera de exposición argumentativa sobre un determinado hecho. La consecución de esta misma destreza conforma las características principales del estilo periodístico: claridad, concisión y orden. Pero, ¿cuál es el mejor método para crear los primeros esbozos de una argumentación en torno a un hecho actual y presente?

Tal y como decretó el escritor, científico y naturalista latino Cayo Plinio Cecilio Segundo (más conocido como Plinio el Viejo), el dogma principal que se ha de tener presente para desarrollar el arte de la escritura, es Nulla dies sine línea, es decir, no ha de pasar ni un solo día sin que escribamos una línea.

A este respecto, Serna aporta otra norma para el escritor: “No solamente hay que escribir algo todos los días, sino que hay que escribir algo todos los días como si eso fuese a ser leído por un millón de personas”. Un buen ejercicio para el columnista que publica su punto de vista sobre determinado hecho con el fin de que el público lector entienda su reflexión y su argumentación, esté o no esté de acuerdo con lo escrito, pero puede que influyendo en su visión de los hechos y convenciéndole de otros aspectos: “Publicar artículos de opinión es intentar intervenir, de algún modo, en lo que la gente piensa, lee o entiende acerca de determinado hecho. Provocas más o menos efecto, o nulo efecto. Pero, en todo caso, alguien te va a leer, alguien va a reafirmarse en sus opiniones, o alguien va a cambiarlas en función de lo que tú has señalado. Y, en todo caso, lo que dices tiene algún tipo de consecuencia”.

Efectivamente, las opiniones que se derivan de las columnas pueden tener consecuencias, positivas o negativas, en tu entorno real y directo. Es por ello, que Serna considera este precepto como esencial para formarse como columnista y buen argumentador. La transcripción inmediata y personal de las ideas repentinas que aparecen sin previo aviso en la mente de una persona puede llevar a que esa idea sea anotada sin ningún tipo de miramientos o reflexión. En cambio, si se imagina que el destinatario es amplio, desconocido y heterogéneo, la escritura inmediata de las ideas se vuelve pausada y reflexiva: “Puede que la idea misma te llegué a frenar o paralizar. Pero yo creo que es justamente todo lo contrario. Es decir, te esmeras más, tienes más cuidado. Tienes que utilizar los mejores recursos para poder expresarla, aunque sea muy brevemente. Por otro lado, te obliga a ser prudente en los análisis y a ser reflexivo”.

Así mismo, la escritura diaria ejerce otra función esencial, esto es, conforma un ejercicio de autocrítica: “Difícilmente vamos a tener una buena idea que no pueda expresarse. Pero el hecho de no escribir le deja a uno la impresión de que puede escribir mejor de lo que realmente escribe. Efectivamente, escribir te deja la impresión cierta, real y, a veces, decepcionante de que eso a lo que has llegado es justamente a lo que podías llegar. Es un ejercicio de modestia porque al escribir te das cuenta de que tus ideas no son tan originales”. No obstante, esto no debe ser un hecho desalentador para el escritor. A este respecto, Serna hace referencia a una cita del filósofo francés André Comte-Sponville, en la que decía que no hay que tener temor a escribir cosas o ideas que ya hayan sido expresadas previamente, porque si escribiéramos algo que nunca hubiera sido dicho o escrito, probablemente nuestra ‘novedosa’ idea sería, al fin y al cabo, una absoluta tontería. Por lo tanto –dice Serna- no hay que tener miedo a plasmar por escrito ideas previamente concebidas o expresadas.

Columnistas de influencia

El columnista también se forma mediante las aportaciones al género periodístico de otros columnistas destacados, bien por su larga y reconocida carrera, bien por su estilo o bien por otros rasgos que le han convertido en referencia única para determinado público. El columnista se puede servir de las aportaciones de ‘sus compañeros de trabajo’ para conformar un estilo propio, definir una temática concreta o formarse una opinión contraria a la expresada por el columnista o articulista de referencia. En efecto, este último punto es un aspecto que no se puede ignorar, ya que de los desacuerdos también nace el acuerdo con los argumentos y las reflexiones de uno mismo.

Uno de los rasgos de Justo Serna es que se declara lector leal de las columnas de opinión desde edad temprana y, aunque confiesa que todos o casi todos los articulistas que ha leído le han influido en mayor o menor medida, destaca a determinadas personalidades que por diversas razones han enriquecido su estilo. No obstante, también se muestra crítico con algún que otro columnista, ya que ha atisbado ciertos cambios estilísticos a lo largo del tiempo que lleva leyendo sus columnas o, simplemente, porque no está de acuerdo con sus planteamientos. Entre otros posibles, enumera a algunos según los diarios en los que publican.

En primer lugar, en el periódico El Mundo destaca a columnistas como Arcadi Espada, agudo e hiperbólico, cuyos argumentos -confiesa- le irritan frecuentemente; a Raúl del Pozo, cuya temática le puede aburrir, pero que en ocasiones acierta de una manera muy satisfactoria, y a Luis María Anson, uno de los articulistas clásicos del periodismo español, al cual encuentra irritante, incisivo o tedioso, dependiendo de sus argumentaciones.

En segundo lugar, se declara fiel lector de Fernando Savater desde que el periódico El País apareció: “Lo leí por primera vez en la revista Triunfo y ha sido para mí, y desde antiguo, un referente inexcusable. En Fernando Savater,  yo creo que se alían o se unen dos aspectos que a mí particularmente me gustan y que son los que yo, de alguna manera, traduzco en mis columnas: los anclajes culturales y la ironía”. Por lo tanto, vemos cómo se definen dos elementos imprescindibles en las columnas de Serna y que marcan su estilo al escribir y argumentar. El reconocimiento que profesa a Fernando Savater no excluye la crítica de su estilo, pues Serna considera que “el asunto monotemático en el que ha estado envuelto, que es la cuestión del País Vasco, le ha quitado ironía y algo del humor y de la guasa que eran frecuentísimos en Savater. En todo caso, es una ironía dolida lo que detecto hoy en día en él”.

Por otro lado, también se considera lector de Antonio Muñoz Molina: “Para mí es un autor muy importante, entre otras cosas porque me he ocupado de él. He analizado sus novelas en el libro Pasados Ejemplares. Además es uno de los escritores que más admiro: creo que es un excelente escritor de periódicos, y no sólo un escritor de novelas”. Considera que es un acierto que trate temas de actualidad al mismo tiempo que incluye una mirada cultural en sus escritos, característica que los enriquece positivamente. Por ejemplo, destaca sus aportaciones semanales en el suplemento Babelia, claro ejemplo de su marcado estilo como relator: “Suele ser una colaboración referida a eventos culturales de los que él es partícipe y los cuenta como si fuera auténticamente un relato. Creo que es un verdadero maestro del periodismo desde ese punto de vista”.

Finalmente, otro de sus referentes en El País es Javier Marías: “En ocasiones lo leo riéndome a mandíbula batiente y celebrando la enorme sorna que le pone a sus escritos. Me parece un articulista espléndido y un novelista superior”. No obstante, detecta un cierto fallo en la temática periodística de Marías, que Serna atribuye al tratamiento repetitivo de aquellos temas que suelen irritarle más: “Él mismo es consciente de esta reiteración de temas. Parece vivirlos como una especie de agravio monumental, como una especie de enfado descomunal. No es raro que generalice y exagere: el ruido, la gente que avasalla, los políticos desconsiderados, etcétera”. Pero, en definitiva, Serna celebra la ironía y el estilo en sus escritos.

En tercer lugar, en el periódico ABC señala a Manuel Martín Ferrán, Valentí Puig y Jon Juaristi, columnistas que le interesan, ya que les reconoce virtudes literarias, pero que no compensan por el desacuerdo que siente hacia sus argumentaciones.  Por otro lado, remarca como referente fundamental al periodista Hermann Tertsch, no por la admiración de su estilo, sino por su total y absoluto desacuerdo con los argumentos que plantea: “Siempre lo leo porque los asuntos que trata me interesan, pero normalmente la lectura de sus artículos me irrita sumamente porque son de una agresividad verbal tremenda, sin un ápice de ironía sutil: lo que hay en él siempre es un sarcasmo dolido, dañado, enrabietado. Lo leo, simplemente, porque aprendes de personajes así”.

La temática y el estilo periodísticos

Llegados a este punto, es un hecho ineludible afirmar que el trabajo del columnista consiste en hacer una reflexión o una valoración crítica sobre un determinado hecho. Dependiendo de los criterios de selección que cada columnista posea, se escribirá sobre un tema u otro.

Precisamente, Justo Serna se basa en tres requisitos para que un acontecimiento sea el tema principal de su columna: que sea un hecho de actualidad, que sea un hecho experimentado personalmente o del que haya sido testigo y, sobre todo, que sea un hecho que pueda relacionar con referencias culturales: “Me gusta que el tema que voy a tratar me lleve a reflexionar con instrumentos culturales, con los propios libros, con las referencias que uno puede atesorar y reflexionar sobre hechos de actualidad. Por tanto, es el presente aquello que me motiva”. En efecto –insiste- siempre intenta no caer en la “disquisición puramente literaria”, que sólo se basa en las referencias personales sin que el propio escrito esté justificado por  un hecho de actualidad. Así pues, destacaremos un ejemplo de entre sus columnas que recoja estos tres requisitos, y que él mismo comentó en la entrevista.

En la columna titulada ‘Esperanza Aguirre’, publicada el 9 de diciembre de 2009 en El País, Serna trata un hecho de actualidad: la Presidenta de la Comunidad de Madrid publica un libro titulado Discursos para la libertad. Momentos que forjaron la civilización occidental. Por lo tanto, ya se aprecia la segunda condición para la selección de este tema: la referencia al libro escrito por Esperanza Aguirre. Así mismo, el tema a tratar se introduce con la descripción de una vivencia personal (tercer requisito) y que pertenece a la cotidianidad: las compras de Navidad (aunque la descripción de esta actividad comience a ser relatada en tercera persona, Serna se vuelve a referir a ésta en primera persona al final de la columna). De esta manera, ¿qué es lo que hace Serna en la columna? Lo explica de este modo: “Analizo ese libro y discuto el canon que ella establece, de qué manera lo establece y cómo ejerce de autora. Son elementos de análisis cultural, de análisis político y, en todo caso, vinculados al presente, en la medida que puedo”.

En los últimos meses, sus columnas han tenido como temática principal el escándalo político que protagoniza el Partido Popular valenciano con el conocido Caso Gürtel: “Desde luego el PP, no nos engañemos, en los últimos meses nos ha dado fabulosos momentos para entrar al trapo con ironía y, nunca mejor dicho, con los trapos; es decir, con los trajes”. En consecuencia, como hecho de actualidad que es podemos leer columnas como ‘Don Rafael Blasco’, ‘Don Ricardo Costa’, ‘El calvario de Camps’, ‘Abusos’ (entre otros), en los que Serna combina la reflexión y la crítica junto con toques de acidez y de ironía, que se sustentan con las referencias a citas de índole cultural, así como a referencias de su inmediato presente.

En efecto, parece que en las columnas que reúnen estas condiciones Serna repite la misma estructura de argumentación en el tratamiento de un tema. Generalmente, comienza con una introducción de referencia a su presente personal e inmediato; seguidamente, plantea el centro de su crítica, la cual sustentará con argumentos que se reforzarán con determinadas referencias culturales a lo largo de la columna (siempre que éstas estén justificadas y sean coherentes al argumento). Finalmente, concluye su crítica retomando el argumento central y finalizando con una frase que dé por zanjada su visión respecto al tema.

La columna titulada ‘Detallazos’, publicada el 29 de abril de 2009 en El País, es un claro ejemplo de esto. Al igual que con la columna titulada ‘Esperanza Aguirre’, en ‘Detallazos’ comienza con la festividad del Día de la madre, con la obligación impuesta por nuestra cultura consumista de comprar siempre un detalle en vistas a recibir en un futuro un obsequio equivalente en un acto recíproco. A continuación, hace una referencia a Marcel Mauss y su Ensayo sobre los dones, texto que teoriza sobre el motivo del cambio en las sociedades primitivas basado en un mecanismo de ‘doy para que me des’. Finalmente, enlaza esta argumentación con los supuestos regalos que Álvaro Pérez regaló a Francisco Camps.

Sin embargo, en muchas otras columnas, Serna comienza con la mención directa de un hecho de actualidad. Por ejemplo, en la columna titulada ‘Don Rafael Blasco’ (11/11/09, El País) comienza así: “Rafael Blasco llama ‘canallas’ a los dirigentes socialistas por presentar una querella contra Francisco Camps”. A partir de aquí, desarrolla su reflexión y sus distintos argumentos. En segundo lugar, también comienza sus columnas con una carga irónica que engancha al lector desde el primer momento: en ‘El bolso’ (22/07/09, El País) podemos leer en la primera línea: “Pienso en Rita Barberá e inmediatamente conjeturo sobre sus bolsos: sobre el continente y sobre el contenido. Qué quieren, la actualidad aprieta y apremia”. Así mismo, y por último, también comienza sus artículos con citas o referencias que le sirven de punto de partida para su argumentación. En la columna ‘Abusos’ (28/10/09, El País) parte de un cita de Mario Vargas Llosa que dice así: “Irak es el país más libre del mundo”, lo cual resulta también un atractivo interesante para que el lector sienta la necesidad de seguir leyendo.

También hay columnas en las que la balanza se posiciona más hacia los temas cotidianos y hacia la propia reflexión que puede derivar de ellos. Por ejemplo, en la columna titulada ‘La televisión’, publicada el 16 de septiembre de 2009 en El País, realiza una reflexión pausada sobre los contenidos masificados y el sinsentido que emite la televisión a un público que, tras un larga jornada de trabajo, solo quiere abandonarse al entretenimiento gratuito. En esta columna, confiesa que fue víctima por un momento de la ‘telebasura’, hecho que le sirvió para reflexionar sobre temas como el efecto de la televisión, la deformidad de la identidad del individuo como parte de un público vasto y diseminando, etc.

Por otro lado, también observamos en las columnas de Serna temas referidos a algún hecho cultural, como en la columna ‘1939’ (25/11/09, El País), o ‘Los burgueses’ (8/06/09, El País). En ambos hace referencia a dos exposiciones organizadas por la Universitat de València, al mismo tiempo que contextualiza la temática de estas exposiciones y enriquece su texto con multitud de referencias culturales que refuerzan la explicación de Serna. Justamente, una de sus últimas publicaciones, ‘La restauración de Sorolla’ (23/12/09, El País), reflexiona sobre la exposición Visión de España. Colección de la Hispanic Society of America. Concretamente, se cuestiona dónde quedará representada la verdadera España de esa época, lejos de montajes y representaciones pretendidas que sólo se realizaron para servir de imagen modelo al pintor valenciano. En definitiva, se pregunta dónde se ocultan las huellas pictóricas de la sociedad burguesa e industrial de principios del siglo XX.

En cuanto a los rasgos estilísticos de Serna en sus escritos, nos encontramos con un estilo consolidado mucho antes de que comenzara como columnista en el periódico El País. Su profesión como historiador le ha permitido escribir una serie de libros desde 1992, fecha en la que publicó uno de los primeros, titulado La ciudad extensa. Por lo tanto, podemos deducir que su estilo ha llegado a un nivel de madurez que le otorga una serie de características, tanto generales como precisas.

No obstante, su estilo en un primer momento sí que tuvo que amoldarse a las exigencias del formato periodístico: “La prensa tiene algo que en principio es lamentable para el escritor, pero yo creo que es todo un reto. Me refiero a la limitación espacial, a los caracteres con espacios a los que te tienes que ceñir para publicar una determinada columna en el periódico”. Lejos de que este aspecto resulte una circunstancia desfavorable para el escritor, Serna lo valora positivamente haciendo hincapié en los beneficios que puede aportar a nivel estilístico: “Esta limitación es algo que te ciñe, que te constriñe, pero también es muy positiva: evita los tiempos muertos, la reflexión gratuita y el desarrollo innecesario. Vas al grano, pero a la vez tienes que hacerlo de una manera persuasiva, atractiva para que el lector conecte directamente con lo que estás diciendo”. Este punto supone un desafío o un estímulo para quien lo afronta de manera que en la consecución del mismo se consiguen los rasgos previamente mentados sobre el buen estilo: claridad, concisión y orden. Tal y como expresa Álex Grijelmo en el libro El estilo del periodista, el edificio que el periodista construye con sus argumentos no puede presentar grietas ni vacíos. Debe asegurar, por un lado, la coherencia y, por otro, la progresión adecuada en el desarrollo de las ideas para evitar saltos incoherentes.

Sin embargo, el hecho de que se mantenga fiel a un estilo propio y previo al periodismo de opinión, ¿significa que ha caído en un bucle de repetición desde el punto de vista estilístico? Lejos de considerar esta posibilidad como un aspecto negativo, Serna responde lo siguiente: “Yo creo que ahora podría leer un artículo del año 2001, pongamos por caso, y un artículo mío de 2009 y podrían ser perfectamente intercambiables. ¿Eso es bueno o es malo? Bueno podría ser malo porque podría suponer que uno no avanza, no mejora y ya ha incurrido en un estilo que se le ha vuelto rutina. Pero podría ser bueno, en el sentido de que uno ha conformado un estilo personal y particular de abordar las cosas, más allá de la extensión que le concedan en el periódico”.

Definir un estilo conlleva el análisis de numerosos aspectos que difícilmente se pueden delimitar de una manera ordenada y clara. No obstante, siempre se pueden discernir normas o reglas generales por las que el columnista se rige a la hora de escribir. Ya no nos referimos a las reglas que uno pueda tener estilísticamente a la hora de poner en palabras el contenido de sus pensamientos, sino a las implicaciones éticas o morales que un columnista debe tener en cuenta permanentemente. De este modo, una de las normas principales en Justo Serna es la responsabilidad, en la medida en que el columnista debe medir el alcance de sus argumentaciones en el momento en que son publicadas: “Debes ser extraordinariamente responsable. Has de pensar que los temas son complejos, que las situaciones son difíciles y que las personas se ven en ocasiones sometidas a hechos que no pueden controlar enteramente. Por lo tanto, aquello que digas debes decirlo con cuidado, midiendo las palabras, sin correr el riesgo innecesario de responder ante los tribunales”.

Si bien, en el dominio expositivo de los argumentos es donde está la fuerza de la columna. Es decir, la cautela que un columnista ponga en sus escritos no discrimina automáticamente los temas comprometidos o polémicos: “En 10 años que llevo en los medios nunca me han llevado a los tribunales. ¿Quiere eso decir que soy un escritor muy blando, que no trato temas vidriosos o temas polémicos? Trato asuntos controvertidos, pero los abordo desde una perspectiva responsable en el sentido de que calculo, en la medida de lo posible, los efectos y las consecuencias de lo que digo. Por tanto, no afirmo lo que no conozco y si afirmo algo que no conozco por completo lo planteo en unos términos muy prudentes”.

Así pues, su estilo desde un primer momento está marcado por la contención, no en el sentido de evasión de determinado argumento o polémica, sino en el sentido de la responsabilidad a la hora de exponer de una manera coherente y sutil la opinión del que escribe. Es algo innegable que el material del columnista depende en gran medida de los hechos de actualidad, por lo que es algo ilógico evitar los temas noticiables cuando la función del columnista es exponer la visión crítica de esos hechos. También es obvio que en el enjuiciamiento de esos hechos están implicadas determinadas personalidades públicas, protagonistas de esos sucesos, y que inevitablemente no escaparán al ojo crítico del columnista.

Por lo tanto, ¿cuál es la mejor arma para expresar de una manera sutil aquellas opiniones sobre un hecho concreto o un personaje de la vida pública? Álex Grijelmo ya lo escribe claramente en El estilo del periodista: el estilo es la ironía, “esta figura retórica” que da “a entender lo contrario de lo que se dice, pero de modo que se dice mucho más de lo que se dice, muchísimo más que si se dijera exactamente lo que se quiere decir”2. La ironía va pareja con la burla, el engaño –ya que juega con el doble sentido de las frases y de las palabras-, y con la sorpresa. Además, es un buen escudo donde el columnista se puede esconder tras “la literalidad de lo expresado”3.

En las columnas de Justo Serna, la ironía es el ingrediente principal e indispensable. Es la marca de su estilo: “La ironía es un elemento imprescindible de la escritura periodística. No soporto a los columnistas o a los articulistas que no emplean ni un ápice de ironía. Es decir, para mí el mejor o los mejores textos son aquellos en donde  alguna vez en algún momento de ese texto lo que lees te despierta una leve sonrisa, o incluso la risa. Pero no una risa agresiva ante lo que se está contando, sino sobre todo la buena ocurrencia en el análisis y en la crítica de lo que se está diciendo”. En efecto, no se trata de una ironía gratuita y sin miramientos, sino de una ironía inteligente que muestre al lector la broma o la burla que hay implícita en la palabra o la frase. De este modo, se huye de la rigidez expositiva y se apela a la amenidad y, en ocasiones, a la reducción de los hechos a lo absurdo bajo el juicio del columnista. Eso sí, de manera siempre responsable. Por ejemplo, en la columna titulada ‘Doctor Aznar’ (21/01/09, El País), Serna recurre a la ironía de manera continua para exponer su crítica respecto al nombramiento de Aznar como Doctor Honoris Causa por parte de la Universidad CEU-Cardenal Herrera.

Otro de los rasgos estilísticos que caracterizan sus columnas son las referencias culturales y, consecuentemente, las citas. En toda columna que escribe siempre hay alguna referencia cultural a una personalidad destacada que puede servir de apoyo a las argumentaciones que está exponiendo: “La referencia cultural me sirve de contraste, de comparación; como esquema para una mejor interpretación de los hechos que estamos viviendo”.

Estas alusiones culturales no están estrechamente ligadas con la condición de historiador de Serna. Lejos del repertorio de conocimientos que la profesión de historiador le pudiera aportar, confiesa que estas referencias son en mayor parte resultado de una de las actividades que más practica, esto es, la lectura: “Yo vivo entre libros y entre lecturas. Soy básicamente lector y las referencias con las que me manejo son de origen libresco o de origen cultural. Si mi profesión fuera la de viajar, seguramente mis referencias y mis comparaciones siempre estarían en función de esos desplazamientos. Pero como resulta que soy una persona básicamente sedentaria y lectora, pues mis viajes se producen con los libros”. Condición que no significa en ningún momento –como señala- que las referencias que hace sean un acto de pedantería o de presunción del nivel cultural que posee. De hecho, se declara contrario a las columnas de aquellos que solo emplean las referencias o conocimientos culturales que posean para transmitir una imagen de inteligencia y superioridad. En resumen, las referencias no son un simple ornamento dentro de la estructura de la columna periodística.

Aunque este recurso estilístico no esté determinado por su profesión de historiador, sí que reconoce que ambas actividades –historiador y columnista- se complementan y, en cierta manera, se ven reflejadas en sus columnas: “La profesión de historiador y los conocimientos que uno ha podido adquirir como tal, efectivamente, de algo sirven. Por supuesto que de alguna manera siempre aparecen o reaparecen en las columnas porque forman parte de mi propia vida y de la percepción que yo tengo de las cosas”. Sin embargo, no se debe llevar a cabo un posicionamiento extremo que categorice el texto e incurra en una confusión de géneros: “El conocimiento académico del historiador, la referencia explícita que yo podría aportar, es siempre un riesgo porque podemos incurrir en un error: el del columnista profesoral, el del columnista que llena su texto de didactismos y que convierte su escrito en puro texto académico”.  Por lo tanto, hay que buscar ese equilibrio justo para dotar a la columna de un carácter dinámico, pero a la vez enriquecedor en su contenido.

En la búsqueda de este equilibrio entran en juego aspectos más precisos que analizaremos a continuación. En primer lugar, en las columnas de Serna podemos apreciar que cuenta con un léxico amplio. El estilo dependerá en la medida en que el columnista haga un uso correcto e inteligente de las posibilidades léxicas a su alcance. En consecuencia, también se dispondrá de mayores posibilidades a la hora de emplear recursos estilísticos como el humor o la ironía. Como ya se ha precisado anteriormente, Serna es un lector leal que en su tiempo libre no deja de adquirir nuevos conocimientos que, a la larga, resultan muy enriquecedores para el saber de un individuo. Consecuentemente, mediante el cultivo de la lectura también se gana en vocabulario y se posee una mayor capacidad expresiva.

Así mismo, el vocabulario es tan importante para el escritor como para el lector. El vocabulario que posea un lector facilitará en mayor o menor grado la comprensión de la lectura, así como el significado y el sentido del texto. No obstante, no hay que subestimar la capacidad lectora del receptor e incurrir en lo que señalábamos antes, es decir, el texto periodístico convertido en texto académico. Tal y como recomienda Álex Grijelmo, “esto no debe llevarnos a un vocabulario incomprensible para la gran mayoría de nuestros lectores. Cuando empleemos una palabra poco común, el contexto debe explicar su significado” (2007:312). Justo Serna tiene muy presentes estas consideraciones hacia el lector a la hora de elaborar sus columnas, ya no solo en el empleo de determinado léxico, sino también en la contextualización del tema a tratar: “En la columna hay que proporcionar un mínimo de recursos para entender de qué se está tratando. Procuro utilizar los menos supuestos posibles, de modo que el lector pueda incluso entender qué es lo que estoy abordando sin hacer referencia a la noticia o a los hechos externos que de algún modo motivan mi columna”.

En segundo lugar, el estilo también viene determinado por el ritmo. Cada palabra posee un acento propio que, combinado con otra serie de palabras, conforma oraciones con una melodía característica. Álex Grijelmo lo expresa de esta manera en El estilo del periodista: “Toda oración tiene un acento predominante que se superpone en la melodía de los acentos de las demás palabras que acompañan en la oración (…) Para dominar el ritmo, debemos conocer, pues, la música de las oraciones, saber dónde está la carga de cada compás”4. De esta manera, siempre nos encontraremos con oraciones de distinto valor rítmico que nos permitan identificarlas o categorizarlas como largas o cortas, también según expresen o transmitan determinado sentimiento: melancolía o vivacidad.

En las columnas de Justo Serna encontramos un ritmo ágil, vivaz, con frases cortas que pocas veces presentan una oración subordinada. Una muestra de este ritmo al escribir sus columnas es el empleo casi continuo de los dos puntos. Este signo ortográfico supone un ahorro de tiempo y de palabras, condición muy beneficiosa a la hora de enfrentarse a la limitación espacial a la que antes hacíamos mención. Los dos puntos sustituyen, en efecto, expresiones introductorias que reiteran cualquier idea que se halla mencionado anteriormente. Así pues, ‘es decir’, ‘esto es’, ‘o sea’, ‘por tanto’ son sustituidos, otorgando, en consecuencia, más dinamismo al texto y más facilidad de lectura.

En este aspecto, también contribuye la inclusión de preguntas breves que suponen una pausa en la argumentación y que sirven como introducción a una explicación más detallada o precisa sobre determinando aspecto. Así mismo, este recurso sirve como una forma de apelación hacia el lector, quien es probable que, llegado a un determinado punto de la lectura, también se formule la misma pregunta.

Dentro del apartado del ritmo, no debemos olvidar un detalle fundamental en el estilo de Serna: la frase concluyente. En sus columnas, la última frase debe recoger la intención de su argumentación, en tanto que expresa la resolución de su planteamiento o su pensamiento final, sustentado por los argumentos que ha ido exponiendo a lo largo de la columna: “Yo procuro que en mis columnas la última frase sea decisiva. Si hay algún tipo de incógnita o de enigma, si hay algún tipo de cuestión planteada, no se resuelve hasta el final. Por tanto, sería en la frase final cuando el lector tuviera una cierta noción completa de lo que quiero decir”. Por tanto, el guiño, broma o sentencia final que el columnista emplee para zanjar su argumentación constituirá el momento más importante, donde el lector podrá hacer una valoración de conjunto y quedarse con un buen sabor de boca, ya que a nadie le agrada la sensación de vacío que transmite un escrito con final abierto o sin la conclusión adecuada. A este respecto destacamos columnas como ‘Detallazos’ (29/04/09, El País), que concluye de la siguiente manera: “La pregunta es qué tipo de relaciones tienes que tener con alguien para que esa persona se atreva a comprometerte con su liberalidad: con sus detallitos o con sus detallazos”.

Por último, además de la importancia del orden expositivo de la argumentación en la columna, también es esencial presentar un orden dentro de las oraciones expresadas. La escritura periodística debe tender siempre a la claridad. En efecto, en ocasiones se dan situaciones donde una mínima alteración del orden de las palabras pueda servir al columnista de recurso estilístico con el fin de resaltar, por ejemplo, determinada expresión. No obstante, el empleo del hipérbaton no debe llegar a límites de desorden oracional, sino limitarse a la búsqueda del efecto expresivo deseado. Generalmente, Serna mantiene en sus oraciones un orden claro (sujeto-verbo-complementos), que rara vez se da a alteraciones expresivas. El hecho de que emplee frases cortas también dificulta la alteración del orden de las palabras. Más bien, Serna busca el efecto expresivo mediante otros recursos estilísticos mencionados anteriormente como, por ejemplo, la ironía.

En resumen, tal y como expresa Justo Serna, la huella estilística del autor debe ser reconocible en todos sus escritos, evitando cambiar de estilo de una columna a otra, hecho que sólo llevaría al desvanecimiento de la figura del columnista: “debe verse una continuidad y un estilo en la forma de abordar las cosas”.

Polémicas

Muchas veces, por el hecho de publicar los juicios o las reflexiones propias en un medio de difusión masiva, el columnista se arriesga a que los sujetos de su crítica hagan uso del derecho a replicar sus argumentaciones y decir lo que piensan, esto es, a entrar en polémicas.

Como se ha resaltado anteriormente, Serna no se declara un columnista ‘blandito’ por evitar temas comprometidos que puedan derivar en controversia. Muy al contrario, la responsabilidad y la cautela son armas importantes para exponer de la manera más educada las opiniones personales que uno se puede formar al respecto: “No he tenido nunca la sensación de que haya tenido que pedir perdón por algo que haya dicho. Nunca he creído ser tan agresivo o tan falto a la verdad como para tener que corregirme completamente”.

En efecto, ha tenido alguna que otra polémica con personajes públicos que han sido protagonistas de sus columnas. Sin ir más lejos, don Rafael Blasco (mismo nombre que da título a una de sus columnas) tuvo una controversia con Serna. ¿Qué hacer en estos casos? Está claro, por una parte, que cualquier juicio emitido se ha hecho desde la responsabilidad absoluta. Por lo tanto, se ha de responder ante las posibles réplicas que surjan en consecuencia. Como dijo Serna en la entrevista, un columnista no debe escribir una cosa y después declarar que lo que en realidad pretendía expresar era todo lo contrario. Lo escrito, escrito queda y no debe haber vuelta atrás cuando se ha tenido tiempo suficiente para considerar los efectos o consecuencias de determinadas opiniones.

Si las declaraciones de un columnista provocan una polémica o un enfrentamiento, siempre pacífico, y sin llegar a los tribunales –como insiste Serna-, con el sujeto de la crítica, ¿el columnista debería retirar lo dicho anteriormente y rectificar? Todo lo contrario: “Yo no he tenido nunca que rectificar. En todo caso, lo que he hecho ha sido aclarar mis argumentos y utilizar mejor mis razonamientos para enfrentarme (por supuesto, de una manera amistosa) al polemista”. Tal y como defendía Serna en su primer artículo publicado en El País, ‘Ultimi barbarorum’, cada individuo tiene el derecho reconocido de pensar y decir aquello que quiera. Por lo tanto, tanto crítico como criticado están en su derecho.

Otro polemista muy conocido por Justo Serna es Hermann Tertsch. Desde que Serna escribiera una entrada en su blog Los archivos de Justo Serna (espacio que trataremos más adelante) el 13 de julio de 2005, Tertsch ha sido uno de los fieles de Serna en cuanto a polémica se refiere. En efecto, en una entrada reciente del blog (publicada el 14 de noviembre de 2009) podemos ver la reproducción de las acusaciones del periodista a Serna. Citamos textualmente: “tonto perfecto. Y tiene la proverbial mala baba de los tontos”. Seguidamente, se cita: “Justo Serna (…) debía quitarse de la cabeza que descalificarme a mí puede ser una forma de aliviar sus frustraciones. Aunque hoy me atropellara un tren de mercancías, puede dar por seguro que él sería el último en beneficiarse”.

El insulto, la descalificación moral o las palabras despectivas no son la manera más correcta para refutar un argumento con el que no se está de acuerdo. De hecho, cuando un individuo recurre al insulto demuestra que ya no tiene ningún argumento para contradecir al oponente. En este caso, el insulto suele desacreditar más al que lo dice que al que es receptor del mismo. La descalificación del adversario se puede llevar a cabo mediante otros recursos expresivos que apelan al respeto y a la dialéctica.

El público

El lector es una pieza fundamental en la escritura periodística, sobre todo en el periodismo de opinión. El público receptor de las columnas de Serna no sólo es destinatario directo de sus impresiones y argumentaciones, sino que también constituye el factor determinante a la hora de escribir una columna: “Desde el título hasta la última línea uno tiene que estar pensando inmediatamente en el tipo de lector que puede llegar a tu artículo. Puede estar o no estar interesado por el tema, pero de alguna manera lo tienes que captar y lo tienes que llevar dentro del artículo hasta ese final; que no te abandone”.

De esta manera, Serna establece dos supuestos a la hora de dirigirse a un público específico: en primer lugar, da por supuesto que el lector hacia el que se va a dirigir no está interesado en el tema que va a tratar. Consecuentemente, el reto consiste en captar su atención desde el primer momento hasta el último. En segundo lugar, da por supuesto que el lector al que se dirige no sabe todo lo que hay que saber sobre el tema a tratar. Por lo tanto, su objetivo es proporcionar todos los datos necesarios que hay que saber sobre dicho asunto.

Pero, ¿cuál sería el público ideal de Justo Serna? Lejos de caer en convencionalismos y pensar que se dirige a un determinado grupo social, con un determinado posicionamiento político, Serna piensa en un público ideal que es imposible definir de una manera concreta: “Este público pienso que no es un público académico, de políticos o de gente cultísima. Intentaría encontrar un término medio entre todo eso. Es decir, sería un público de procedencias muy distintas, pero que, interesados finalmente por el tema que estoy tratando, me hicieran la cortesía de leer el artículo o la columna hasta el final”.

Si bien Serna ha sido columnista de periódicos con una línea editorial de izquierdas, no considera que el lector venga determinado por este factor: “Yo creo que a nadie le interesa la posición ideológica que yo tenga. Lo que sí interesa es la crítica que haga desde la observación”. Y si llegamos a la situación de que ni siquiera sus argumentos sean objeto de interés, señala: “al menos el asunto que estoy abordando sí que interesa”.

Los archivos de Justo Serna

En el año 2005, cinco años después de empezar como columnista, Serna creó un blog que, como él define, es “un espacio de reflexión y de expresión sobre temas de actualidad que me motivan, pero donde uno no se ciñe a las limitaciones de la prensa, con lo cual tienes más libertad para ser tentativo, para ir más lentamente, para demorar el análisis, etcétera”. Efectivamente, Serna habla de un espacio separado, pero a la vez ligado a su actividad como columnista.

En el año 2008, escribió para la revista Pasajes: revista de pensamiento contemporáneo un artículo titulado El pensamiento ordinario. La experiencia del blog. En esta publicación trataba de analizar desde un punto de vista más académico qué son los blogs, cómo ha empleado personalmente el blog y de qué manera lo ha abarcado. Para Serna, el blog supone una especie de dietario donde poder crear “ensayos de escrituras que si los completamos, los corregimos y los anotamos pueden llegar a convertirse en un artículo incluso académico, de investigación o de reflexión”. Es decir, un espacio propio donde poder expresar de manera pausada y ordenada las reflexiones propias del autor.

La bitácora, como fue concebida, lleva implícita la concepción de un espacio personal e íntimo. Tal y como expresa Serna en su artículo, “[ofrece] la posibilidad de enunciar y de enunciarse, de enjuiciar y de enjuiciarse, de contradecirse, así, a bote pronto, al calor de la actualidad, según el instante mismo en que nos ocurren las cosas y en que las observamos”.

En efecto, un blog necesita dedicación y tiempo, es un espacio de evasión del usuario y el contenido publicado siempre estará sujeto a las apetencias de éste. Por lo que en muchas de sus entradas la propia vida del autor se puede ver reflejada. Sin embargo, Serna realiza una aclaración conceptual en torno a la intimidad: “Hay una parte fundamental de mi vida que se expresa a través del blog, como se expresa a través de los artículos de opinión. Sería un error por nuestra parte pensar que lo íntimo solo está en lo doméstico y que no se muestra en espacio o soportes de este tipo. Lo íntimo camina con uno mismo y, por tanto, uno puede saber muchísimas cosas de alguien leyendo cosas que, aparentemente, son textos sobre temas públicos y que no están relacionados con el autor”.

La temática no varía de la columna, aunque si ofrece más posibilidades de desarrollo de los distintos temas que quiere tratar. Por ejemplo, muchos de los temas tratados en las columnas también se publican en su blog, pero de una manera más desarrollada y más pausada. Así pues, el análisis que hacía Serna del libro publicado por Esperanza Aguirre se amplía en el blog.

En la mayoría de las ocasiones, vemos reforzados algunos rasgos de Serna, como las referencias culturales, la reflexión sobre temas de actualidad, sobre las vivencias personales o sobre la crítica de algún libro que se acaba de publicar: “procuro que mis entradas tengan algo que ver con los problemas que me y nos acucian. Deseo que mis comentarios tengan una inspiración intelectual, tratando a la vez de evitar la pesadez propiamente académica, dándole un tono periodístico”5.

La absoluta libertad que ofrece un blog también cambia o modifica la manera con la que abordar un tema determinado: “Cuando yo empiezo un post sé vagamente de qué quiero tratar, cómo lo voy a desarrollar y cuál va a ser su colofón”. No obstante, hace hincapié en un rasgo fundamental que guiará sus escritos, esto es, la coherencia: “En el momento en que yo me he planteado algo y ha aparecido por primera vez, lo que después añada a ese post completará y desarrollará mi argumentación, pero tratando de ser coherente con lo que estoy diciendo para que no sea una mera suma de trozos sin conexión”. En definitiva, para que el lector o usuario que lea el blog también tenga una visión de conjunto.  Es lo que Serna llama el ‘post in progress’, es decir, entradas que se van construyendo poco a poco dependiendo de varios factores: la información que el autor quiera añadir, los hechos actuales que sean de interés o la respuesta de los usuarios a las distintas publicaciones en el blog.

En efecto, en el espacio virtual, el público adquiere otro papel. Autor y lector inician una comunicación donde emisor y receptor tienen las mismas posibilidades de interacción: “El blog posibilita la interacción inmediata y eso es un elemento muy positivo porque ves hasta qué punto provoca o no provoca el argumento que estás publicando”. Esto tiene consecuencias así mismo positivas ya que, según afirma Serna, dependiendo de la respuesta de los internautas, uno puede afinar mejor sus argumentos. Las críticas también enriquecen el estilo.

No obstante, muchos de estos usuarios se ocultan bajo nicks que esconden su identidad, lo que en ocasiones puede derivar en un aspecto negativo: “Al adoptar determinados alias, las palabras corren anónimamente y eso permite una gran libertad de opinión, exorciza los miedos, pero facilita también la irresponsabilidad”6. Un hecho que Serna ha podido comprobar en sus diferentes publicaciones, sobre todo, con los comentarios irrespetuosos y faltos de lógica de usuarios como Pío Nono o Paco, que en alguna ocasión han irritado no sólo a los demás lectores, sino también a Justo Serna.

Aunque el blog suponga una mayor libertad de expresión, la responsabilidad es un factor muy importante que nunca abandona el estilo de Serna a la hora de publicar sus reflexiones: “Nunca he tenido que arrepentirme de lo que he escrito porque me guía la misma prudencia y cautela que en la columna periodística. Al fin y al cabo te estás exponiendo, estás mostrando tus ideas y, por tanto, se te pueden reprochar o se te puede afear la conducta por lo que acabas de decir o por lo que dijiste hace dos años”.

Llevar un blog es una responsabilidad satisfactoria, pero al mismo tiempo fatigosa. Sin embargo, Serna se siente muy orgulloso de esta experiencia. Nos gustaría concluir de la misma manera que él hizo en su artículo: citando las palabras de John Stuart Mill acerca de su diario personal.

“Aparte de cualquier otra cosa que pueda lograr, [este diario] servirá para ejemplificar, al menos en el caso del autor, qué efecto se produce en la mente cuando uno se obliga a tener por lo menos un pensamiento cada día, que merezca ponerse por escrito (…) Para este propósito no puede contar como pensamiento el mero especialismo, ya sea de ciencia o de práctica”7.

La bitácora no debe dedicarse a los conocimientos determinados propios de alguna ciencia, sino a la vida misma y a la reflexión de ésta. “Por lo tanto”, nos declara Serna, “yo me conformaría con que algún pensamiento hubiera salido de todo ese montón de entradas o posts que se han ido publicando a lo largo de estos años”.

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Notas:

1Serna, J. (2000): “Ultimi barbarorum”. En El País, 28/10/2000.

2Grijelmo, A.: El estilo del periodista (2007). Ed. Taurus, Madrid.

3Íbid.

4Íbid.

5Serna, J. (2008): “El pensamiento ordinario. La experiencia del blog”. En Pasajes: revista de pensamiento contemporáneo, nº27, págs. 45-53.

6Íbid.

7Íbid.

30 comments

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  1. David P.Montesinos

    Ayer dijo algo Manuel Vicent que cito de memoria: “El escritor “normal” escribe desde el alba, cómodamente sentado, desde la lucidez y el sosiego que propician una obra seria; el escritor de periódicos escribe de algo que no sabe, de noche, borracho, y encima tiene que escribir rápido.” Bueno, viniendo de quien viene, tiene mucho de broma, pero también contiene algo de verdad. Lo irónico es que ese carácter urgente y taciturno de la columna periodística no la convierte en ese género despreciable que creen algunos academicistas de los que en el gremio universitario hay a patadas. Esto me hace pensar en lo que dice Justo de que algo, cuando no se escribe, parece genial, prístino, no tiene defectos… Quizá por eso hay que escribir todos los días. No dejo, por otra parte, de darle vueltas a lo que hablamos aquí hace un par de días al hilo de Badiou y su desacuerdo conmigo respecto a mi presunción de que hay que olvidar a determinada gente y a los medios en que escriben. Nombra usted en la entrevista a personajes por los que siente admiración y afecto, otros que le provocan reacciones encontradas (también me pasa con Savater y Marías, por cierto) y otros cuyos escritos solo le despiertan hostilidad e irritación, o al menos es lo que le despiertan habitualmente. Y, sin embargo, cuando los califica, la debilidad parece achacarla usted casi más a sí mismo -a las bajas pasiones que le generan- que de la agresividad, la incoherencia, la engolada ignorancia o el mal estilo que suele asistir a dichos escritores. Entiendo la escritura como un ejercicio de, entre otras cosas, refutación… Vale, puedo aceptar que convenga trabajar muchas horas sobre todo ello, es a fin de cuentas la manera en que todos vamos construyendo nuestra visión del mundo, sabiendo no solo a quien creemos sino cómo opinan aquellos a los que no deseamos parecernos. Pero, ¿sabe?, la mayoría de los personajes que nombra, cuando me topo con ellos, no consiguen hacerme mejor, no tengo la sensación de que aumenten mis conocimientos… Y lo peor de todo, no consiguen hacerme gracia. Ya ni siquiera me divierten. Casi creo que aprendo más viendo en la tele a Belén Esteban. No se trata, insisto en esto, de desoir al que discrepa con uno, pocas sensaciones son tan intensas como la que me produce aquel que es capaz de darme algo que yo no tenía, de hacerme ver que las cosas no eran como yo las creí, que estaba mal informado, que fui injusto, que me precipité al juzgar… Pero es que tales cosas, que me pasan por ejemplo frecuentemente con mis alumnos no me pasan jamás con Tersch, con Esperanza Aguirre, con Aznar, con Ansón…

    Por cierto, usted que tiene influencias: ¿puede hacer algo para que me insulte Hermann Tersch a mí también? Es que ya no me conformo con que me insulte Pumby.

  2. David P.Montesinos

    Por cierto, he de decirlo aunque no venga mucho a cuenta. Hoy he experimentado una sensación muy extraña, dolorosa en cierto modo pero también hermosa: mis alumnos, aunque de manera atropellada, sin orden y sin encontrar a veces las palabras adecuadas, han sido capaces de hacerme entender que, en muchas ocasiones, son los profesores los que los maltratan -algunos de ellos al menos- que no siempre son ellos los que crean los conflictos, por más que lo más burocráticamente cómodo sea pensar que sí, que son ellos los culpables, que son indolentes y que no conocen el respeto ni la formalidad ni todas esas estupideces de las que tanto les hablan algunos adultos sin aplicarse el cuento, como si solo los jóvenes hubieran de sentirse obligados a ofrecer el respeto que no les dan a ellos.

    Esto va por ellos, a modo de homenaje en el blog de Justo Serna.

  3. santi

    He escuchado/leído de varios columnistas la dificultad del género, sobre todo por los plazos, pero un buen columnista es impagable. Personalmente me gustan mucho Josep Ramoneda y Miguel Angel Aguilar, por la ironía que demuestran al analizar la realidad. saludos.

  4. Pumby de Villa Rabitos

    Que conste, don David, que para mi es un placer vituperarlo. E incluso un honor recibir sus invectivas.

  5. FC

    Serna porqué haces esa comparación entre Francisco Camps y los Almogávares? Ya son ganas de retorcer las cosas!

  6. Alejandro Lillo

    ¡Menudo análisis de las columnas de Serna! Concienzudo trabajo el de Lara Ferri, vaya que sí. Felicitaciones a la ensayista.

    Bueno, yo también resaltaría la misma idea que don David: “Mientras no escribes algo, corres el riesgo narcisista de sobrevalorarte (…) Justo cuando la plasmas en el papel, en el momento en que la publicas, ya no hay vuelta atrás: a eso es a lo que llegas”.

    Eso es una gran verdad. Por eso escribir es un ejercicio tan saludable. Yo también pienso que cuando más se aprende es escribiendo, ensayando la plasmación de tus ideas frente a un papel en blanco. Ese es el momento en el que verdaderamente adviertes lo que sabes, pero donde también descubres la cantidad de cosas que ignoras, la dificultad que entraña decir exactamente lo que quieres y no otra cosa, la frustración que te invade cuando va pasando el tiempo y no consigues que te satisfaga mínimamente lo escrito. A partir de ahí, adquirir un estilo propio son palabras mayores. El señor Serna ha nombrado a Muñoz Molina y a Javier Marías. Coincido en la admiración como articulistas y novelistas, aunque a mi lista particular añadiría a Juan José Millás, que me parece soberbio y, en otro plano, a José Vidal Beneyto.

    Con respecto a la velocidad de las entradas del blog de don Justo, ya saben que soy partidario de la tranquilidad. Cada tema es distinto y unos generan más polémica o interés que otros y por tanto el ritmo no puede ser idéntico para todos, pero es cierto que en ocasiones uno no da abasto. Creo que fue Walter Benjamin quien lo dijo y seguramente tendrá razón. En un mundo tan veloz, que tiene tantas prisas por llegar a ningún sitio, acaso la verdadera praxis revolucionaria sea reivindicar la lentitud, ¿recuerdan?

  7. Alejandro Lillo

    Ah, se me olvidaba. Esa capacidad de la que hablaba en mi anterior intervención, la de plasmar las ideas en el papel con tanto acierto y claridad, es una cualidad que admiro enormemente. La persona que más me ha impactado en ese sentido no es ninguno de los autores citados anteriormente, sino don David P. Montesinos.

  8. R.S.R

    “(…) Cuando tenemos una idea, si no la escribimos, nos juzgamos mejores de lo que somos realmente. Justo cuando la plasmas en el papel, en el momento en que la publicas, ya no hay vuelta atrás: a eso es a lo que llegas.” El límite que impone la realidad, creo que de eso se trata. El psiquismo humano es así, tiene esa peculiaridad, es un espacio sideral, un espacio galáctico en el que todo cabe nos pensamos sin quererlo omniscientes y omnipotentes ¿quién le pone límites a ese espacio? Sin embargo, la realidad constriñe y el texto escrito aún más, por sí eso fuera poco está sujeto a normas y leyes gramaticales…
    El papel en blanco a veces hace de espejo y claro, el espejo nunca devuelve una imagen de perfección, le confronta a uno con lo que uno es capaz de escribir como dice el post, “a eso es a lo que llegas”.

    Habla usted en la entrevista de “El buen escritor” de las dos funciones esenciales que tiene la escritura, la de escribir como forma de aprender y la de la escritura como un instrumento que a modo de revulsivo saca a la luz lo que está escondido u olvidado. Sin embargo, pienso que debe haber en el que escribe un impulso, un motor, una necesidad de comunicar y compartir y eso hay que hacerlo compatible con ser “reflexivo y prudente en los análisis”, realmente la escritura es un ejercicio de contención y “vence a la palabra”.
    Dice usted que la escritura es una actividad muy placentera, y además siempre escribe como si fuese a ser leído por un millón de personas- eso dice Eco, que hay que escribir para la humanidad-.Una vez el Sr, Montesinos a vueltas con su queja de poca participación en un Post, dijo algo que me gustó, que hay gente que se siente más cómodo en la lectura que en la escritura, no voy a preguntarle, por supuesto, dónde se siente usted más cómodo pero tengo la impresión, tal vez equivocada ,de que lee más que escribe.

    Sr. Pumby, me alegro de que haya disfrutado con esa bonita historia, yo he disfrutado de comentarla con usted. Espero volver a tener ese placer.

  9. R.S.R

    Ah, no había visto la intervención del Sr. Alejandro, además de otras cosas con las que coincido, yo también reivindico “la lentitud”, (que no hay manera de seguir este ritmo)

  10. Pumby de Villa Rabitos

    Qué interesante imagen la que ha puesto usted en su “post”, don Justo… habla del columnismo periodístico y lo ilustra con un par de columnas arquitectónicas, dóricas, supongo, que las veo sin basa. Precisamente la imagen que representa a la historia y los museos cuando se usan como icono. ¿Periodismo / Historia / Museística?… mmm…

    Desde luego, la sra. Ferri se ha trabajado un texto abrumador por lo meticuloso y bien documentado. Que, además, cite a un romano, me emociona. Especialmente porque la cita de Plinio el Viejo fue usada por la Editorial Sopena antes de la bobada de “¡Vale la pena tener un Sopena!” y, claro, en este caso, el “Nulle dies sine linea” no se refería a la promoción de la escritura si no de la de la lectura. Leer-y-escribir-y-leer la vía de Serna al gozo intelectual. Y, a todo esto, fue su señor padre de usted, en Bétera, don Justo, quien me descubrió el lema de la editorial, algo que me había pasado desapercibido a pesar de llevar años leyendo libros de esa editorial, favorita de mi abuelo. Me impactó ese descubrimiento y atesoré hasta hoy aquella su imagen y su consejo, de hecho, no paso día sin leer.

    Ah, y su artículo… Pensaba… por puro tedio… que no hubiera estado mal una “historia contrafactual” (un “what if” para los pérfidos anglófilos) en la que el pimpollo de canela que tenemos como M. H. President hubiese coincidido en el tiempo, el espacio y las circunstancias con un almogávar. Tanta finura bizantina en nuestro emperifollado mandatario, creo que se hubiera resuelto de una forma contundente ante el rijoso mercenario. No dudo que lo hubiera destripado a su primer acaramelamiento… amiguito-del-alma-te-quiero-un-huevo… “Coll tallat i a la sèquia” (“Cuello cortado y a la acequia” para los hispanolectores) era una de sus divisas, o eso me contaban en casa.

    Igual deseo es el mio, doña Erreserre.

  11. aleskander62

    Todos voceamos como en el Speaker’s Corner. Intentamos hablar, expresarnos, escribir. Nos gusta hacer artículos (tengo algunos comentarios sobre libros en http://www.casadellibro.com) y que hablen de nuestros libros.
    Es un intercambio cultural. Enhorabuena por la trayectoria en EL PAÍS.
    También me gusta el cultural del ABC. El ABCD las letras. Los sábados.

  12. Pumby de Villa Rabitos

    Un inciso, una curiosidad absolutamente personal que me ha venido a la cabeza tras leer a don Alesknder62, ¿alguien podría informarme de porqué el tradicional, hasta casi me atrevería a decir secular, suplemento del “ABC”, el “Blanco y Negro” que tan prestigioso fue, haya sido substituido por otras publicaciones de menor enjundia?

  13. David P.Montesinos

    Yo también les quiero, Pumby and Lillo (el “and” es para fastidiar a Pumby, of course)

  14. David P.Montesinos

    Respecto a la columna de Serna en El País, yo también llevo algún tiempo “pasmao” con esta vena foralista y almogavar que toma cuerpo en el discurso del Muy Honorable. A veces creo que les falta poco para poner boca abajo el cuadro de Zp, quien ocuparía así el lugar del pirómano borbónico, dispuesto a arrasar a sangre y fuego cualquier plaza valenciana que se resista a sus ansias de conquista y sometimiento. Lo de Zp es curioso. A ojos de la oposición, tan pronto se pasa el día obsesionado con su odio a Valencia como resulta que lo que sucede es que no tiene olvidados.

    En cuanto al Muy Honorable, yo creía que lo del cantonalismo era cosa de los rojos… y ahora resulta que es la derecha otrora españolista la que se echa al monte y cualquier día convoca un referendum de autodeterminación y nos libera al fin del yugo castellano. Y por cierto, pero ¿no eran Eliseu Climent y los enemigos del norte los independentistas? O yo soy muy corto de entendederas y por eso ando un poco confuso o es que esto es un carnaval y aquí cada uno se pone según convenga la máscara que le viene bien ese día. El problema de los carnavales es que están bien un par de días al año, precisamente ese es su sentido, tomarse vacaciones por unas horas de lo que uno es y está cansado de ser. El problema de esta tramoya de fingimientos que es la alta política es que los actores convierten en banal cualquier idea. Visiones del mundo, concepciones que tardan una eternidad en cuajar se convierten si escuchamos a esta gente en puros signos flotantes sin ningún peso, de manera que pueden intercambiarse y circular por todas partes sin significar apenas nada, pura retórica, camisa de serpiente que uno se puede poner y quitar a placer. Nunca fui nacionalista, pero, demonios, sobre el cantonalismo podré discutir con quien, como Climent, se ha pasado la vida reivindicando la necesidad de superar el marco del Estado español… Pues va y resulta que ahora son los fachas los que se vuelven más papistas que el Papa. Me viene a la cabeza cuando el brillante ex-conseller de Medio Ambiente, ahora en Madrid -vaya, qué cosas- el señor Gzlez Pons, denostaba a la vicepresidenta del gobierno comparandola con Franco. Qué desfachatez, cuando Garzón está a punto de ser inhabilitado por perseguir los crímenes impunes del franquismo.

    A veces tengo la sensación de que en la derecha hay un subconsciente que se autoavergüenza de lo rancio de su tradición ideológica. Como si en el fondo siempre hubieran anhelado abrazar las tesis del enemigo, no sé si porque piensan que siendo rojo se liga más. Estaría bien que empezaran a preocuparse por los males del centralismo, los delitos ecológicos o la explotación del trabajador, pero sospecho que es de mentirijillas. No sé si recuerdan aquello de un personaje femenino de Woody Allen que se enamora del héroe de una película. “He conocido a un hombre maravilloso… Es de ficción, pero, chica, no se puede tener todo”. Pues eso, que Camps no es maulet, solo se lo hace. Si no, yo le votaba, palabra.

  15. jserna

    Me permitirán que conteste al Sr. De Villa Rabitos expresamente.

    Dice usted: “la cita de Plinio el Viejo fue usada por la Editorial Sopena antes de la bobada de “¡Vale la pena tener un Sopena!” y, claro, en este caso, el “Nulle dies sine linea” no se refería a la promoción de la escritura si no de la de la lectura. Leer-y-escribir-y-leer la vía de Serna al gozo intelectual. Y, a todo esto, fue su señor padre de usted, en Bétera, don Justo, quien me descubrió el lema de la editorial”.

    Mi señor padre… Me ha llegado con eso que dice, sr. De Villa Rabitos: me ha llegado. Los demás contertulios no saben a qué situación se refiere usted, allí, en Bétera, que era en donde yo vivía en 1976. Hablando de aforismos latinos, fíjese que en aquel momento usted y yo estábamos con los latines. Que si Tácito, que si Tito Livio, que si César.

    O tempora, o mores.

  16. Pumby de Villa Rabitos

    Me permito enviarle un abrazo… latino, por aquellos tiempos de incertidumbres y esperanzas, don Justo. Y por aquellos recuerdos imborrables.

  17. jserna

    Santi, le agradezco la deferencia, la cortesía de entresacar esa cita de mis palabras. Un saludo cordial.

  18. jserna

    Sr. FC: ¿por qué me da lecciones? Creo ser cortés con los contertulios y no arremeto contra las opiniones que no me gustan. Manifestaré mi oposición si disiento pero guardando las formas. Durante meses o años, algún lector de este blog me insultó y no dije nada ofensivo. No repitamos lo mismo.

    Un saludo.

  19. R.S.R

    Desde luego es una buena noticia, pero no quiero ni pensar lo que nos quedará que oír. Ya verán la que se va a organizar.

  20. Marisa Bou

    Me sumo, desde el hospital, a la alegría por el fallo (acierto, diría yo) del Constitucional.

    Espero salir de aquí mañana, ya les cuento.

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