Algo que decir

Uno. Sábado, 8 de mayo de 2010.

“No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo”.

Eso señaló Oscar Wilde en un célebre aforismo.

De momento no tengo nada que decir. ¿Por fin una crisis tras casi cuatro años ininterrumpidos?

No, supongo que es algo menos grandioso: una fatiga, una simple astenia primaveral.


27 comments

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  1. Ines Climent

    Los finales de curso son terribles. El trabajo no nos deja vivir. De hecho me he desvelado pensando en todo el trabajo que debo hacer este fin de semana y abro el blog y me encuentro con este “Algo que decir”.
    No sé, esta época del año siempre es muy dura. Todo se ha de terminar, se ha de zanjar o cerrar, hacer exámenes, decidir notas, finiquitar el curso. Además del trabajo también hay que resolver todos los líos en los que nos metemos.
    Bueno, no se preocupe, descanse, y cuando sienta la necesidad de decir algo pues lo dice.
    La verdad es que llevo leyendo los últimos tres o cuatro temas últimos y quería escribir pero estaba demasiado cansada para hacerlo. Debo decirle que me gustó mucho el que le dedica a la biografía de Camen Laforet. Hace unos días comentaba un poco la vida de esta escritora con una compañera profesora de literatura. Por cierto, no nos ha contado nada de la presentación.
    Respecto al nacionalismo y la polémica en la facultad, coincido con usted en que la facultad debe estar abierta al diálogo y a todas las tendencias, aunque yo no hubiera ido a oír el mensaje victimista de siempre. Nunca me he encontrado cómoda con este discurso. He trabajado en Cataluña, en las Islas Baleares y en Albacete y no me he sentido mejor en un sitio que en otro. En los tres he encontrado gente que me mostró lo mejor de sus costumbres, tradiciones, de su lenguaje, diferente en cada lugar, a veces más cerca y otras más lejos del nuestro; y lo peor, la intolerancia y la falta de respeto al otro, el miedo a lo diferente. Aunque admito que el nacionalismo y mis amigos nacionalistas me han enseñado a valorar y a prestar más atención no sólo a lo nuestro sino a lo de los demás. Es realmente fascinante estar a una hora y media de tren y poder disfrutar de otra cultura, y además comprobar que hay palabras que traspasan las fronteras físicas y que muestran, más allá de los prejuicios, la relación, la comunicación, la cercanía.

    Sólo una cosa más, la próxima vez que vaya a Villarrobledo asómese a la plaza mayor y tómese una caña en el bar de la esquina y disfrute del paisaje, puro renacimiento castellano, y del viento seco de La Mancha y de los campos de trigo verde salpicados de amapolas y de las encinas y de las nubes bajas y, como no, del vino.

  2. Ana Serrano Velasco

    Descanse, Justo. El final de curso es siempre matador, pero me ha dado el pie para escribir aquí (más bien pegar) alqo que estaba deseando contar, pero para lo que aún no tenía permiso, pero mañana ya va a aparecer en El País y puedo.

    Borges sí tenía algo que decir y lo dijo; dijo algo que aparece ahora y que es un portento, como siempre él, como todo él y mis amigos y editores, tienen el privilegio de la primicia. Es un comienzo de novela ¡novela de Borges!, pero es un cuento de los suyos, un maravilloso cuento. Lo presentan (lo presentamos) el día 25.

    http://www.elpais.com/articulo/cultura/novela/Borges/escribio/elpepicul/20100508elpepicul_1/Tes

  3. jserna

    Siempre hay cosas que decir si uno se pone: motivos que te provocan y te sugieren. ¿Una novela de Borges? ¿Cómo no va uno a escribir sobre ese prodigio nonato? Hoy he recogido ‘2001’, de Stanely Kubrick: a un euro con El País. ¿Cuántas veces he visto esa película? ¿Cuántas copias en DVD he comprado desde el VHS que presté y perdí? No sé. ¿Quizá tres? Tengo tan devoción a esa película rimbombante y preciosa que no me duele comprarme copias y copias…

    Les agradezco mucho sus comentarios, precisamente hoy que no escribo nada de interés. Me han emocionado mucho sus observaciones, sra. Climent. ¿La biografía de Carmen Laforet? La obra de Anna Caballé e Israel Rolón la presento el miércoles 12 de mayo.

    Continuaré…

  4. Marisa Bou

    No le veo yo a usted sin nada que decir, permítame la duda. Es solo que, algunas veces, le vencen a uno las ganas de callar. Pero estoy segura de que será un silencio fructífero, además de breve. Un saludo afectuoso, entre tanto.

  5. jserna

    Sra. Bou, estoy acabando el libro que Anna Caballé e Israel Rolón dedican a Carmen Laforet. Tendría que ver mi ejemplar: lleno de subrayados y anotaciones. Mi silencio aquí es en parte desbordamiento y en parte lectura recogida y admirada, crítica y productiva. Eso espero.

    Un abrazo.

  6. David P.Montesinos

    Llevo unos cuantos años asistiendo en este blog a una situación recurrente: personas a las que por visto no cae bien, desconozco si es una sola persona con distintos seudónimos, le piden, a veces incluso le suplican, que calle usted para siempre. “Retírese, Serna”, “Cierre ya su blog”… algo así como lo de “váyase, señor González”, pero en bloggista. Hoy les deja usted desconcertados. Reconoce que, en un momento concreto -el actual- no tiene nada que decir. El silencio -que suponemos transitorio, pero que nunca podemos garantizar que no sea definitivo, como sucede en estos personajes bartlebystas de Vila Matas- es una de nuestras alternativas, pero, lejos de una insuficiencia, a veces es una tentación. La fatiga física o intelectual, las múltiples ocupaciones… son motivos que nos distraen del verdadero problema: ¿y si guardáramos silencio para siempre? ¿No será también la desaparición una de las bellas artes? El silencio es lo que Baudrillard llamaría una “experiencia extrema”, al menos lo es para el escritor. Habituado como está a relacionarse con los sucesos del mundo construyendo discursos, debe llegar a un punto en que, siquiera como posibilidad, deje pasar la posibilidad de “pronunciarse”. Nada desconcertará más a quien está esperando que usted opine para elogiarle o para esbozar es típico rictus de hastío: “ya está este tipo como siempre”. Ese gesto de omisión recuerda al del cazador implacable que una tarde, cuando el sol se oculta ya por las montañas, tiene ante sus ojos al más bello ejemplar de jabalí. Está a punto de accionar el gatillo, con mortífera precisión como miles de veces anteriormente… pero… ese día decide dejarle marchar. No soy experto en yoga -ni en caza, desde luego-, pero los yoguis insisten en que el camino de la meditación solo se hace posible cuando, tras un gran esfuerzo profundamente ascético, uno es capaz de “dejar la mente en blanco”. Me fascina esta intransitividad del pensamiento, esos momentos en que uno se queda sin palabras.

    Después… después uno regresa y vuelve a hacer lo mismo que antes, aunque en cierto modo él ya no es el mismo. Meditemos.

  7. Isabel Zarzuela

    El Sr. Serna tiene muchas cosas que decir y que escribir, otra cosa es que disponga de tiempo.
    Yo también le propongo, don Justo, que medite, pero cuando regrese, vuelva siendo el mismo, por todos lo dioses, no me cambie.

    Ay, Sr. Montesinos, que miedo me ha dado usted :-)

  8. jserna

    Medito, sr. Montesinos. Gracias por sus palabras. No es coba, es cierto: ¿por qué siempre me parece tan chispeante e inteligente lo que dice, incluso cuando no estoy de acuerdo? Tiene un don, el de de analizar las cosas pequeñas, ejercicio dificílisimo. ¿Un ejemplo? La diatriba contra el telefonino, en su blog. Es divertida y es analítica, pero me parece contradictoria.

    Yo tengo móvil y lo uso, pero aún recuerdo cuando me escandalizaba si divisaba a un bañista hablando con el aparatito en la playa o si veía a alguien haciendo ostentación de ese adminículo. No hace tantos años. Me parecía el colmo de la esclavitud ridícula. Hoy no prescindo del telefonino, como no prescindo del ordenador. Sólo una cosa: detesto hablar por teléfono. Tengo el oído duro.

    Sr. Montesinos, ¿cómo puede disponer de blog (http://lacuevadelgigante.blogspot.com/2010/05/por-que-no-tengo-movil-la-escena-que.html) y a la vez ‘fardar’ de no tener móvil?

  9. jserna

    Creo saber qué es lo que escribe ese señor (o señora) que se apellida como yo pero con interrogantes. Debe de ser alguien de identidad dudosa o confusa o adversativa, supongo. Hay gente a la que le gusta la máscara, gente que se define así: un modo muy posmoderno de presentarse en sociedad y de ocultarse. Haga lo que quiera. Sólo una recomendación: si abrevia tanto sus enunciados, pronto no le quedará nada que decir.

  10. R.S.R.

    Es curioso, unos dicen no tener nada qué decir de forma temporal y eso genera debate sobre el silencio. El silencio puede ser usado de muchas formas, relata Esther Tusquets que cuando conoció a Ana Mª Matute no abrió la boca en todo el rato en que estuvieron juntas y que luego con el correr de los años sabría que solía iniciar huelgas de silencio como una defensa.
    Unas veces el silencio nos muestra un exceso de actividad exterior o interior, y otras veces un sereno y dulce placer. En este “post”, el silencio del Blogger parece ser un “silencio sonoro” un silencio que provoca.
    Siempre me llama la atención la incomodidad que por lo general suele provocarnos el silencio de los otros y rápidamente nos vemos impelidos a hablar, a decir algo, no sé si porque nos sentimos responsables del silencio del otro o porque nos deja con el nuestro. Ya saben, igual que hay un “horror al vacío” parece haber también en algunos un horror al silencio .Sin embargo no hay mejor forma de acompañar en el silencio que cuando se hace en silencio.

  11. David P.Montesinos

    Suscribo punto a punto las palabras de R. Fue Wittgenstein quien mejor me hizo sentirme fascinado ante esa posibilidad del silencio, ante las ventajas de entender que, en determinados momentos, y sobre todo, ante determinadas cosas, era mejor callar. No le pido callar a nadie, desde luego, pero debemos hacer un esfuerzo para saber que la ausencia tiene sabor y olor.

  12. David P.Montesinos

    De otro lado, gracias por divertirse con mi blog. Ya sospecho que a veces le parezco un hombre enfadado, pero lo que de verdad me mola es hacer reír. Y sí, hay una cierta contradicción, aunque habito con relativo confort en mis contradicciones. En cualquier caso mi problema no es tanto con la tecnología en general como con el móvil en particular. Quizá es que, en realidad, nunca me gustaron los teléfonos, ni siquiera los fijos. Como en todo, creo que hay que hacer un uso razonable de las cosas. Fíjese, un trasto tan beatífico e inofensivo como la bicicleta se convierte últimamente en manos de algunos energúmenos en una máquina odiosa, no hay más que ver como van algunos, muchos disfrazados de Induraín, por caminos rurales o incluso aceras como si fueran velódromos y arrasando con sus bocinitas a cualquiera que haya tenido la imprudencia de simplemente caminar por dichos lugares, originalmente concebidos para quienes simplemente desean eso: andar. Hay que educar a la gente en el uso de la bicicleta, como hay que educarla en el uso del móvil. Lo que pasa es que a veces uno se cansa de tan ingente faena.

  13. jserna

    Muy sutil y atinado el comentario de R.S.R. Lo suscribo, como hace el sr. Montesinos. He recibido algunos correos afectuosos de amigos y corresponsales interesándose por lo que me pasa, por mi silencio. Como he dicho en el mail, no me pasa nada grave. Ni siquiera me pasa algo reseñable. Quizá una especie de pereza psíquica: astenia, ya digo. O a lo mejor es que me estoy concrentrando para el acto del miércoles: la presentación de la biografía de Carmen Laforet en el Liceo de Barcelona. A veces la euforia o la inercia me llevan a estar hiperactivo. Otras veces sé que es mejor callar: como si fuera a coger carrerilla. Creo recordar que me pasó cuando estuve en la Fundación Juan March: no quería escribir nada; quería prepararme mentalmente.

    Por otra parte, mi estado de ánimo también es resultado del libro de Anna Caballé e Israel Rolón sobre Carmen Laforet. Es una biografía de la que uno no puede saltarse ni una página y de la que uno no sale indemne. Tiene quinientas cincuenta y tantas de texto (notas aparte) y uno no puede dejarla. Ya verá quien la lea. Me parece un agudo, un perspicaz, un brillante análisis del personaje, de su lucha y de su derrumbe psíquico (en el sentido literario y freudiano del término). Qué vida. Llega un momento en que la escritura y la condición de escritora, la novela prometida y las obras anunciadas y venideras, se convierten en una presión insoportable para Carmen Laforet. Esa circunstancia te hace pensar mucho. Quiero pensar mucho sobre la suerte que corre esta escritora ‘en fuga’. Las expectativas pensan.

    Por otra parte, sr. Montesinos, y no hay coña: es usted una bendición, al menos lo que escribe; un tipo muy saludable. Habría que sacarlo a pasear para que los niños se acercaran a usted, como hacen los creyentes con la Geperudeta, que los lanzan en volandas para que les llegue el aura. Su bienhumorada posición ante el mundo debería ser objeto de imitación y análisis.

  14. jserna

    No sé si Lüdwig Wittgenstein es una referencia adecuada en este contexto. Ya sé que en el ‘Tractatus logico-philosophicus’ sostiene al final aquello tan célebre de que de lo que no se puede hablar, mejor es callar. Pero él está aludiendo al lenguaje de la lógica –que es el que quiere formalizar– y el silencio él lo refiere al problema del sentido. Con el lenguaje del neopositivismo no se puede alcanzar o rozar el sentido. La mística, la poesía, la religión (o el psicoanálisis, añadía Wittgenstein) tratan del sentido, algo que no puede abordarse con el lenguaje de la ciencia. Mi silencio –si es que se puede llamar silencio a este post en el que escribo y finalmente parloteo–, mi silencio, digo, es más banal y autobiográfico: la lectura del volumen de Caballé y Rolón me ha afectado grandemente. He estado indagando este fin de semana en casa de mi padre. En su fichero de libros consta que mi padre leyó seis libros de Carmen Laforet, incluyendo varias relecturas de ‘Nada’. Fue gracias a él como descubrí a esta escritora. Siempre me hablaba con admiración y yo tuve que corresponder. Hay, pues, una implicación afectiva en lo que esas páginas ahora me provocan.

  15. Blogosfera

    Ancianos adorables:

    1. La mejor vista (11 Mayo)

    “Conciertos gratuitos, paellas gigantes, reparto gratuito de horchata, procesiones, fiestas patronales, etc. Estas son las situaciones en las que la gente se vuelve loca. Luchan por la mejor posición. La competición por las sillas gratuitas es a muerte, igual que las mejores vistas. Hay señoras que se insultan unas a otras porque le han tirado un poco más de morro que ellas. Los señores que van con las señoras esperan con cara de cansancio la decisión que tome su pareja anciana. Parece un tópico, la mayoría de veces es así. Hoy en la plaza de la Virgen en Valencia había un concierto de musica tradicional. Una señora se ha caído a la fuente por conseguir la mejor vista. Se trataba de escuchar, no de ver. Eso es lo que le repetía su marido agitando el gayato.

    “Fin de la historia. El próximo fin de semana más, pero no mejor, porque no será gratis”.

    Imágenes del acto y texto original en: http://monigotevalencia.wordpress.com/2010/05/11/la-mejor-vista/

    2. Por qué no tengo móvil (7 de mayo):

    “…Asisto a una actuación de ballet en el Teatro Principal. No soy experto en danza, de manera que la sensación que se apodera de mí cuando -en medio de la Sonata Claro de Luna de Beethoven- el grupo rodea con unos movimientos de una belleza única a la pareja protagonista tiene algo de experiencia nueva e irrepetible, una magia especial que acaso nunca antes había sentido. La joven bailarina salta en el aire de tal manera que se diría que ha encontrado, como los ángeles, el secreto de la ingravidez. En ese justo momento ocurre algo que me devuelve a la prosa del mundo, algo que me recuerda por qué dijo Cioran que la Naturaleza, al crear a este mamífero engreído llamado sapiens, “se traicionó a sí misma”: es un teléfono móvil.

    “El protagonista del suceso es un anciano. Sospecho que sus familiares le han convencido de que debe portar permanentemente el trasto de marras…”

    http://lacuevadelgigante.blogspot.com/2010/05/por-que-no-tengo-movil-la-escena-que.html

  16. David P.Montesinos

    Sólo le ha faltado decir que soy un beso del infierno, y ha hecho mal en no decirlo, porque me habría gustado. No mento aquí a Wittgenstein desde el rigor académico, no ya porque el silencio que reclama el Tractatus sea más trascendente que el suyo -yo no creo que el silencio que le sobreviene a usted en estas horas sea banal-, sino porque aquel aforismo 6.54, como el que se refiere a “lo inexpresable, lo místico…”, me hicieron pensar hace mucho que hay momentos en que se puede hablar y momentos en que no. Sigo pensando que, en determinadas situaciones, el silencio no es una insuficiencia, sino la opción deseable, la única legítima incluso.

  17. jserna

    Gracias, sr. Montesinos. Me comprometo a renovar el post mañana, antes de irme a Barcelona. No sé qué saldrá.

  18. David P.Montesinos

    Le deseo una feliz estancia en Barcelona, con la suerte de que los aficionados al fútbol empezarán a tornarla inhabitable unas horas después de que usted se marche. Pienso en recoger la novela de Carmen Laforet de la estantería de la casa paterna donde lleva décadas criando polvo. De pequeño le pregunté varias veces a mi padre si lo había leído, y me dijo que lo compró porque algún librero -acaso Dávila- le contó que era una obra clave. Sin embargo, no lo leyó nunca, y sospecho que ya no lo hará: “El título” -Nada- “siempre me tiró para atrás”. Trataré de vencer ese prejuicio inoculado por mi progenitor, el cual, tuvo sin embargo el enorme mérito de adquirirlo.

  19. jserna

    ‘Nada’ no le decepcionará, sr. Montesinos. Se lo garantizo. Como, insisto, la biografía de Caballé y Rolón, que –si le interesa– se la puedo prestar. De ‘Nada’ hay una nueva edición, bella y cara, en Destino.

  20. R.S.R.

    Parece que habrá que volver a “Nada” guardo muy buen recuerdo de ella, pero hace mil años que la leí. Le gustará Sr.Montesinos.
    La biografía me ha despertado curiosidad así que, anotada está.

    Que tenga una buena estancia.

  21. Arnau Gómez

    La primera noticia que tuve sobre Carmen Laforet fue al final de los años 40.En Radio Valencia,la única emisora que había en nuestra ciudad,se trasmitía una programa diario de novelas radiadas e interpretadas.Por aquel entonces yo tenía menos de 10 años y escuchaba esa emisión en la hora de la merienda.Una de las novelas emitidas y de la que tengo un recuerdo muy vivo es “La isla y los demonios”,novela que me abrió el camino hacia “Nada” y otras novelas de la escritora.
    Quiero recordar ese programa que, en medio de la aspereza de la época,aspereza intelectual y cultural,supongo que abriría muchos caminos literarios a niños como yo.
    Perdonen por la “batallita” de hoy.

  22. Arnau Gómez

    Quiero añadir que ese programa no tenía nada que ver con los folletines de Guillermo Sautier Casaseca, su “Ama Rosa” y otras perlas por el estilo.

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