Francisco Franco, otra vez

Entrevista a Justo Serna (25 de mayo de 2010) por Cristian López Pérez.

Esta interviú forma parte de un ensayo académico que han realizado David Cabrera García, Carlota Cerón Laso, Santos García Campoy, Cristian López Pérez y Luis Rabadán Martínez.

La entrevista constituye su apéndice documental. Se reproduce aquí por cortesía de los autores. ¿De qué trata? De la guerra civil y del franquismo, de la explicación histórica, del revisionismo historiográfico y de Pío Moa en particular.

Moa es un publicista que ha tenido cierta fortuna editorial con sus volúmenes sobre el conflicto del 36 y sobre el Caudillo. Se presenta como un izquierdista arrepentido, como un antifranquista apeado de la Oposición antifranquista. Pero sobre todo se presenta como martillo de los historiadores académicos: a su juicio, un grupo de radicales y sectarios. Moa y yo tuvimos una controversia formal y educada, aunque algo agria, en 2005.

Luego, los responsables de la revista Pasajes de pensamiento contemporáneo me solicitaron un artículo sobre sus tesis: un análisis histórico, político y mediático.  El artículo apareció en el número 21-22, de 2007, y puede leerse ahora en este blog.

La entrevista plantea, varios años después, ciertos temas sobre este mismo asunto. Quizá tenga algún interés para los lectores. Fue grabada el 25 de mayo de 2010 y revisada después conservando el tono oral. Se quitaron las reiteraciones, los ruidos y los desfallecimientos. Contesto a las preguntas de manera inmediata, citando de memoria.

Pregunta: ¿Qué opinión le merecen los trabajos de Ricardo de la Cierva como fuente de información en los de Pío Moa?

Ricardo la Cierva es un historiador que desde la última etapa del franquismo viene dedicándose fundamentalmente a la historia del propio franquismo: por ejemplo, a la biografía del General. Por una parte cuenta con el aval académico. Es catedrático de Historia Contemporánea, supongo que ya jubilado. De la Cierva ha formado parte de la universidad y, por esa condición, cumplía los requisitos académicos, podríamos decir. Pero, por otra parte, es un historiador que se ha dedicado básicamente a la difusión del franquismo, de su ideología, simpatizando con la dictadura. Hasta hace unos años mantenía cierta seriedad en el tratamiento histórico de Franco  y de su régimen. Desde los años 80 en adelante la deriva extraacadémica de Ricardo la Cierva es absoluta. Es decir, ha abandonado ya el rigor en el tratamiento de los objetos y en el análisis de las fuentes. Publica sus libros en su propia editorial, cosa que le permite ser muy condescendiente consigo mismo. Le da a sus obras unos títulos y un tono muy escandalosos, de gran amarillismo. Así, parece preocuparse sólo de mostrar la maldad del bando republicano, del bando rojo, la perfidia de los liberales, la perversidad de los anticlericales: todo ello bajo una  teoría conspirativa de la historia. El resultado siempre es el mismo: en reducidos cenáculos extremistas, unos conspiradores habrían provocado la violencia que desata la guerra civil… Esto resulta una presentación muy sesgada de lo que es el periodo republicano, una visión muy torcida de lo que es el siglo XX. Lejos de haberse disciplinado desde el punto de vista académico, la deriva de Ricardo la Cierva ha ido a más. De hecho ahora ni siquiera tiene el límite o la contención que le impone el comité editorial de una empresa ajena. Como he dicho, publica en su propia editorial, bajo la forma de la autoedición. Por eso, supongo que le importa poco o muy poco el juicio de sus colegas. Y aún diría más: seguro que no le interesan nada los rigores deontológicos de la profesión.

Pregunta: ¿Qué opinión tiene sobre el hecho de que Pío Moa perteneciese al GRAPO? Algunos investigadores le recriminan haber pertenecido a este grupo en el pasado y ahora opinar de forma totalmente distinta.

En realidad son dos cuestiones diferentes. No son la misma pregunta y para responder hay que hacerlo con cuidado, con cautela. ¿Qué opinión puedo tener yo acerca de que Pío Moa o cualquier otra persona perteneciesen al GRAPO? Me repugna la violencia política. Especialmente aquella que se hace invocando la entrega y el desinterés personales. Es un delirio. O una mentira. O quizá una mentira delirante, sí. Un grupo como el GRAPO, que hace uso de la violencia y que se organiza para conseguir por la fuerza determinados objetivos extremos, me parece simplemente detestable. Esos actos son terrorismo, aunque ellos los justifiquen y embellezcan llamándolos acciones armadas.

A finales del franquismo aparecen los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO), y lo hacen como una organización extraña, dudosa, de la izquierda radical: una organización ajena a los restantes grupos de izquierda, una organización cuyo único fin parece ser el de perturbar el desarrollo político, el de conseguir el paraíso ya. Maximalismo sin negociación… Por lo que se dice, Pío Moa perteneció a ese grupo y por tanto fue coparticipe de las acciones violentas que desarrollaron. ¿Qué me puede parecer eso? Pues mal, rematadamente mal, en la medida en que deploro el uso de la violencia con fines políticos y más cuando éstos pueden conseguirse por otros medios o cuando estos fines son incluso discutibles. Según me ha dicho, algunos investigadores recriminan a Pío Moa haber pertenecido a este grupo en el pasado. Ahora le reprocharían haber cambiado radicalmente. Le recriminan, si le he entendido bien, su incongruencia política: que haya modificado su forma de pensar y de actuar. No, no. Yo diría que felizmente ha cambiado la forma de pensar y actuar. Hemos de felicitarnos, insisto, por la incoherencia del sr. Moa. Imagine lo triste que sería si el militante del Grapo pensara y actuara exactamente igual. Imagine que el sr. Moa fuese completamente coherente con la forma de pensar y de actuar que tuvo cuando militaba en dicha organización. Qué horror. Si ha abandonado la organización y ese estilo de vida, debemos felicitarlo. Se ha enmendado. Sólo es un ciudadano corriente y no un guerrero que deba salvarnos a pesar de nosotros mismos. El que ahora se haya pasado, por decirlo de algún modo, a una concepción o ideología radicalmente contrarias o distintas a las que defendió no me parece bien ni mal. Tiene derecho a cambiar completamente de opinión. ¿Que haya cambiado le da ahora la razón? No necesariamente. Uno puede situarse en el extremo de lo que era o pensaba años atrás y seguir equivocado. Pío Moa pudo estar tremendamente equivocado cuando pertenecía al GRAPO y puede estar tremendamente  equivocado cuando está en la postura  que él juzga opuesta. Estar en el extremo de lo que uno pensó cuando estaba errado no significa que ahora no lo esté. Con esto quiero decir que no se le puede recriminar haber abandonado la militancia del GRAPO, que no se le puede recriminar que sea contradictorio con aquel pasado. Pero, insisto, eso no le da la razón ahora.

Desde  el punto de vista historiográfico tiene unas posturas totalmente sectarias. Sectarias, ¿en qué sentido? En el sentido de que convierte sus textos en panfletos, opúsculos en defensa de una causa. Él no realiza un análisis neutral de los hechos, no realiza el análisis documentado de un problema histórico. Lo que hace es servirse de la historia para la agitación y la propaganda: utiliza el pasado básicamente para defender una ideología. Por tanto manipula: en este sentido, manipula. Servirse de las fuentes o de los objetos históricos para difundir causas particulares  no es una postura correcta desde el punto de vista historiográfico.

Pregunta: ¿Qué opina sobre la teoría de Pío Moa de que España no entró en la Guerra Mundial gracias a Franco?

Esta afirmación es una tesis totalmente desfasada, una tesis totalmente superada por la historiografía. Paul Preston lo demostró fehacientemente en su biografía de Franco. También en otros textos. Y con él otros historiadores que ha venido después. No fue Franco quien evitó que España entrara en la II Guerra Mundial, como sostiene otra vez Pío Moa (sin novedad en este frente). Lo que impidió que Franco entrara en guerra fue  la voluntad de Adolf Hitler, la intención del Führer, de dar satisfacción a los intereses coloniales de Francia, de la Francia de Vichy, en el norte de África. Eso es lo que frenó la intervención de España en la Guerra Mundial. Es decir, Hitler no podía contentar a dos países, a dos regímenes, con intereses contrapuestos. Es un juego de suma cero: lo que le doy a x se lo quito a y. Hitler no podía conceder todo lo que en el fondo Franco podía reclamar o desear en el norte de África, entre otras cosas porque el régimen colonial francés tenía intereses contrarios en el Magreb. No es la astucia de Franco aquello que paró a Hitler, sino más bien la imposibilidad de satisfacer territorialmente lo que pedía el Caudillo.

Pregunta: ¿Puede ser que la situación en la que quedó el país tras la Guerra Civil también favoreciera la no intervención? ¿Franco no tendría la capacidad económica para afrontar la guerra?

Esa tesis dicha así, sin más, podría suscribirla el propio Franco o la historiografía de inspiración franquista. ¿Por qué razón? Porque vendría a decirnos algo así como: Franco fue suficientemente astuto o humanitario como para valorar el estado material de desastre en que estaba el país, evitando por tanto entrar en un conflicto que no podía sostener desde el punto de vista militar. Si lo decimos en esos términos, Franco queda como un patriota que supo engañar adecuadamente a Hitler para evitar que su propio país entrase en un conflicto que no podía mantener. Parece ser, si no estoy equivocado, que fue justamente lo contrario. Como antes le decía, es la voracidad territorial de Franco aquello que no podía satisfacer Hitler  y, por tanto, no parece que tuviera muchos reparos morales para intervenir en la guerra. Cualquiera puede constatar, con los datos de la época, que España quedó diezmada. Pero, desde el punto de vista económico, la situación empeoró con el curso de los años. ¿Cómo consecuencia de la Guerra Civil? No sólo. También y especialmente como consecuencia de la autarquía y de una política económica cerrada, restrictiva, de efectos desastrosos: una política que se mantuvo durante décadas llevando al país al marasmo. De alguna manera, el plan de estabilización permitió abrir la economía, absolutamente en ruinas. Es decir, una economía que venía empobrecida desde la Guerra Civil.

Pregunta: ¿Qué quiere decir lo de “éxito económico del franquismo”?¿Acaso no hubo un periodo largo de autarquía que sumió al país en una precariedad extrema?

Aquello que se puede decir, sin atentar contra la verdad, es que el régimen político de Franco duró el suficiente número de años como para que el país experimentase distintas coyunturas económicas.  Y políticas. El régimen que estuvo a punto de hundir el  país en la más estricta miseria por el modelo autárquico fue precisamente el mismo régimen que se vio obligado a cambiar las bases económicas. Dicho cambio fue un lenitivo, reportando a medio plazo efectos beneficiosos. ¿Qué es lo que ocurre en los años 60 y 70? Es el ensanchamiento de lo que llamaríamos la clase media, una clase media prácticamente inexistente con anterioridad. ¿Y este efecto beneficioso fue como consecuencia del cambio de política económica por parte del régimen? Ése es un factor, pero no es único. Es también la época de expansión internacional, la época de expansión europea y los indicadores españoles son inferiores a los europeos, revelando la precariedad del país. No hay, pues, un éxito económico del franquismo, lo que hay es un país que desde una bases económicas distintas empezó a evolucionar, un país que se benefició indirectamente con la marcha de los emigrantes y con la llegada de los turistas. La invasión pacífica, la ha llamado Sasha D. Pack.

Las aportaciones de los emigrantes y de los turistas fueron una inyección económica indudable, un beneficio material cierto. Pero la emigración y el turismo, en particular, fueron también el principio de disolución “moral” del régimen. Los que viajaban y los extranjeros que venían traían modelos de vida y formas de comportamiento que para el régimen eran totalmente disolventes. Recuerdo haber leído algún documento –recogido por Javier Tusell— en el que el Almirante Carrero Blanco le decía a Franco algo así como: “Excelencia, la televisión y los turistas van a acabar con nuestro régimen”. Sin duda,  la televisión no acabó con el régimen; tampoco los turistas. El régimen acabó por fallecimiento del dictador. Pero está claro que esos factores de contraste aumentaron la desafección, aumentaron la distancia que una parte de la ciudadanía podía sentir ante el régimen.

Pregunta: Recordando hechos históricos del pasado, otros monarcas o dictadores cerraban fronteras para evitar la entrada de ideologías distintas, ¿Cómo es que el régimen de Franco no cerró las fronteras de alguna forma?

Decía Max Weber, el gran sociólogo alemán, que los regímenes unipersonales basados en el carisma de un líder, si duran demasiado tiempo, experimentan un deterioro: entran en la rutina y el carisma se debilita. Es decir, el ejercicio del poder se convierte en algo ordinario. Con ello, el fundamento primero que podía dar legitimidad al sistema se va desvaneciendo. Es por eso por lo que el régimen de Franco, de manera periódica, organizaba manifestaciones de apoyo. ¿Y para qué? Pues para darse moral, para elevar la moral. Era una forma de romper la rutina; era una forma de actualizar los fundamentos del régimen, una manera de movilizar intensa y extensamente a una población que se iba alejando de la Guerra Civil para confiar en el porvenir de la prosperidad. Cuando se inaugura el monumento del Valle de los Caídos, en 1959, el discurso de Franco insiste expresamente en este hecho: que la juventud no olvide cuál es el origen del régimen y lo que significa esa Cruzada en la que se derramó tanta sangre de patriotas.

Pregunta: Una de las fuentes en las que se basa Pío Moa es Ramón Salas Larrazábal. Alberto Reig lo califica de historiador serio. Y dice que únicamente le faltaron archivos para consultar, que no buscaba la manipulación de los hechos. ¿Qué opina de esta afirmación? ¿Hay que utilizarlo como fuente, partiendo del hecho de que es una fuente fiable hasta donde llega su investigación?

Está confirmada la seriedad de este historiador, que podía tener su sesgo o su propia inclinación pero esto no le llevaba a la manipulación artera de los documentos o la alteración sectaria de los hechos, al modo de Pío Moa. Como fuente fiable, aquellos que se han dedicado a investigar sobre las víctimas de la Guerra Civil, sobre lo que supuso la violencia, no han podido dejar de utilizarlo: para matizarlo, para corregirlo, para superarlo. En todo caso es una de las fuentes posibles.

Pregunta: ¿Se puede definir el revisionismo de la historia como actualización de las investigaciones de carácter histórico?

La tarea del historiador es no conformarse con la versión de los hechos que le ha llegado. El historiador está obligado a revisar, en el sentido neutro de la expresión. Es decir, está obligado a verificar los datos, las informaciones, las fuentes; a  contrastar esas fuentes entre sí. El historiador está obligado a reinterpretar una y otra vez el sentido que tuvieron las acciones de nuestros antepasados; está obligado a analizar el contexto en que obraban y los efectos que provocaban sus actos. En términos históricos, nunca hay una versión definitiva de los hechos. Así, no debemos creer a alguien que diga haber escrito la “biografía definitiva” de este o de aquel personaje. Según decía Jorge Luis Borges, lo definitivo sólo se da en las cosas de la religión o como consecuencia del cansancio. Cada historiador, cada cierto tiempo, debería sentirse incomodo con lo que planteó en el pasado; debería revisarse y revisar lo que escribió.

Desde finales del franquismo, la historiografía académica ha hecho esfuerzos notables para plantear de una forma seria y rigurosa las cosas que se pueden decir acerca de la Guerra Civil y del franquismo. Es decir, nuevas fuentes obligan a cambiar las perspectivas, a contrastar las fuentes de otro modo. Se podría decir que el historiador está incomodo con lo que hace, sabe que publicar es dejar de corregir y una vez publicados el libro o el artículo encontrará nuevos datos que le pueden llevar a modificar su perspectiva. Un historiador no tiene que conformarse, pero no para impugnar a otros, sino para reconsiderar lo que él mismo ha dicho. Todo historiador ha de considerar lo que sus predecesores han dicho: debe tomarse en serio a sus colegas. No para confirmar lo que otros han sostenido, sino para tratar de plantearlo de manera distinta, avanzando en el conocimiento.

Pregunta: en la discusión que mantuvo con Pío Moa, usted corta dicha disputa porque no ve necesario hacerle más publicidad. En un artículo suyo de 2007, vuelve usted al tema, haciendo un resumen de la polémica en torno a este autor. ¿Cómo se decidió para hacer otro artículo?

Quise reflexionar sobre las condiciones de posibilidad de este agitador, contextualizar en que circunstancia histórica se produce la aparición de sus obras. Y tiene un contexto, en efecto, una circunstancia mediática que le favorece: es la COPE de Federico Jiménez Losantos, de César Vidal. ¿Tiene resonancia lo que dice Pío Moa en la sociedad?

Pregunta: buscando textos para este ensayo  hemos encontrado artículos de algunos catastrofistas. No son pocos los que opinan que, si se permite a Pío Moa y compañía publicar, esa propaganda sobre el pasado de la dictadura puede favorecer otra Guerra Civil. ¿Usted qué opina sobre esto?

Creo que es una exageración. Los defectos de la obra de Pío Moa no son tan grandes como para que el país quede conmocionado y posiblemente abocado a una guerra. Y, por otra parte, una guerra civil en el contexto de la Unión Europea quiero pensar que es prácticamente imposible. Cosa que no ocurría en los años 30, cuando la violencia política e institucional y finalmente militar podía llevar a una confrontación absoluta y por tanto a una guerra civil. Un siglo de violencias como es el siglo XX fue posible, entre otras cosas, porque Europa se convierte en escenario de todo tipo de conflictos territoriales, propiamente también ideológicos, en donde los rivales son sobre todo enemigos; en donde los oponentes son incluso el blanco a exterminar. Nuestra situación actual, a comienzos del siglo XXI, se diferencia mucho de esa coyuntura histórica. Eso quiero pensar.

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  1. Hemeroteca

    Justo Serna, “Sin vacaciones”, El País, 9 de junio de 2010:

    “…Pero los derechos sociales no son absolutos, sino gravosos y limitados. Son materiales: dependen del presupuesto. Indudablemente, son beneficios que hacen soportable la vida, pero tienen un coste que alguien debe pagar. No podemos confundirlos con los derechos civiles y políticos, que son formales, absolutos e incondicionales. En cambio, los sociales dependen de la disponibilidad, del erario: el del Estado asistencial. De ahí el cuidado que los ciudadanos hemos de poner en nuestras exigencias, pues no hay nada dado de antemano. Ahora bien, no podemos renunciar a tales derechos sociales, a su proclamación y a su disfrute, ya que son el marco de una vida decente…” Leer más.

    Justo Serna, Reseña de La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina. Publicada originariamente el 1 de diciembre de 2009. Ahora, nueva versión, más ampliada, en Ojos de Papel:

    Madrid, octubre de 1935. Capítulo quinto…, Ignacio Abel, un arquitecto español de cuarenta y tantos años, adjunto a la dirección de las obras de la Ciudad Universitaria, se dispone a dar una conferencia en la Residencia de Estudiantes. ¿El tema? La tradición de la arquitectura popular española. Asisten Adela y Lita, esposa e hija respectivamente. Entre el selecto público hay otras caras también familiares: Margarita Bonmatí, Zenobia Camprubí, José Moreno Villa, Juan Negrín Eduardo Torroja, Modesto López-Otero, Karl Ludwig Rossman. Adela e Ignacio son un matrimonio burgués, con el recato de los linajes pudientes y con el tedio del futuro ya hecho. Ocupan un lugar sólido en el mundo, nada parece alterar un porvenir fijado, con un amor conyugal frío, monótono…” Leer más.

  2. Felip

    En relación al papel del historiador en la sociedad, creo que está minusvalorado en el siguiente sentido.
    La sociedad se ha convertido en el súmmum del consumismo y lo que necesita es carnaza de fácil digestión, algo sobre lo que polemizar y no algo sobre lo que reflexionar.
    Bajo mi modesto punto de vista, “historiadores” como Pío Moa o César Vidal están ensuciando este oficio, que no tiene porque dar de comer ya que sencillamente quien estudia la historia es por mera curiosidad y no necesita tener ningún grupo mediático amigo a su disposición para adoctrinar a la sociedad.
    Anoche empecé a releer “La historia del siglo XX” de Eric Hobsbawn y me quedo con esta frase referente a la visita de Francois Mitterand un 28 de Junio de 1992 a Sarajevo: “La memoria histórica ya no estaba viva”.
    La sociedad ha dejado de entender el sentido del conocimiento histórico, la necesidad de entender la historia y su multicausalidad; y por supuesto su relación directa con el presente.

  3. jserna

    Dice, Felip, que “la sociedad ha dejado de entender el sentido del conocimiento histórico, la necesidad de entender la historia y su multicausalidad; y por supuesto su relación directa con el presente”.

    No sé si la sociedad –dicho así, en conjunto– ha entendido alguna vez el sentido del conocimiento histórico. Como decía Paul Veyne, la “sociedad” tiene un conocimiento histórico que no se remonta más que a hechos de un par de generaciones.

    No estamos peor. Estamos en la sociedad mediática, y los publicistas de historia aprovechan la oportunidad. ¿Qué hacen a cambio los historiadores académicos?

  4. David P.Montesinos

    El juego de Pío Moa me pareció desde el principio una impostura, y una impostura bastante cutre. En su momento descreí de quienes, como Justo Serna, consideraron una obligación entrar en controversia con los procedimientos historiográficos de este escritor. He visto por algún estante incluso un libro llamado “Anti Pío Moa” o algo por el estilo. Ante ello, no extraña que el personaje y sus numerosos fieles se sientan en condiciones de decir aquello de “ladran luego cabalgamos”.

    Ya no lo veo así, aunque sigo pensando que hay que saber poner límites a esta controversia, pues vivir demasiado pendiente de alguien como Moa -o como los demás personajes que nombra Serna en la entrevista- me parece tóxico y sobre todo muy poco constructivo. (“Qui va amb un coixo, al any coixeja o renqueja”, dicen en valencià) Ya hace mucho que decidí pasar olímpicamente de esta gente. La grandeza de la democracia es que uno ya no tiene que bailar a la fuerza al son de sus apologetas, puede conformarse con ignorarlos. Me inquieta quien me hace ver opciones que yo no he visto o descubre la debilidad de mis argumentos… me inquieta y me subyuga. Cada vez que escucho o leo a un fanático o a un manipulador (dos cosas contrarias y que, sin embargo, coinciden frecuentemente en este tipo de “líderes”) descubro que no han sido capaces de provocar la más mínima turbulencia en mis ideas, lo cual es malo, porque mi experiencia de la vida me dice que suelo estar equivocado con bastante frecuencia. Se impone el olvido, pues… Es cuestión de elegir en qué gastar el propio tiempo, teniendo en cuenta que solo vamos a tener una vida, y, qué quieren que les diga, prefiero a Traverso, por ejemplo.

    Esta era mi convicción hasta hace algún tiempo, lo sigue siendo en gran medida. Sin embargo, ya he sugerido sin que, pese a todo, ese soslayo no debe ser total. Yo creo que Moa no tiene ningún valor “per se”. Pero sí me parece interesante el fenómeno sociológico que se crea en torno a este tipo de personajes. El tipo más fanático y más impresentable del instituto donde trabajé hace años le leía a voz en grito para que todos nos enterábamos, con el mismo tono hooligan con que llevaba el escudo del Valencia. No es distinto a un tipo que encontré en un tren y que oía en la radio a toda leche y para que nos enterábamos las mañanas de Federico. Ya sé que no es exactamente lo mismo, pero yo creo que todo esto tiene algo que ver con el fenómeno del negacionismo. Y casi siempre bebe de los mismos pozos: visión conspirativa de la historia, uso perverso de las fuentes, ocultación deliberada de los datos adversos, demonización sistemática de los actores denostados… No son procedimientos muy distintos de los que utilizan por ejemplo quienes niegan los campos de exterminio. Me atrevo a decir que incluso se parecen a este tipo de ensayos de bolsillo que te explican que el Camino de Santiago fue una creación de los supervivientes de la Atlántida, y que luego fueron a Egipto a hacer pirámides y acabaron en el País Vasco. Joder, lo lees y todo les encaja.

    Creo que el éxito relativo de este tipo de delirios encubre una necesidad de revancha por los frustrados del fin de la Dictadura. Se trata en suma de un nicho de mercado que algunos muy pillos han sabido aprovechar.

    Pero, sobre todo, creo que hay un desafío de trasfondo del que ni los Moas de turno son conscientes. Es la autoridad académica y la convicción racional en los procedimientos de verdad lo que está siendo atacado. Y ante eso sí me parece que hay que saber posicionarse. El misterioso éxito que tienen ciertos negacionismos no es solo una cuestión de ideologías antidemocráticas trasnochadas. Creo que hay una especie de oscura lógica de clientelismo científico, muy en la senda del “todo vale” o del “a vuestro gusto” mercadotecnico, lo que barrunto que pulula tras todas estas memeces tan olvidables. Creo que deberíamos trasladar el debate hacia ese otro lugar mucho más inquietante.

  5. David P.Montesinos

    Me refiero, perdón por la palabra omitida, a los “apologetas del franquismo”, claro.

  6. jserna

    David, es una pesadez tener que hablar de Pío Moa. Recuerdo la sorpresa de este señor por el simple hecho de haber leído un libro suyo. Yo leo lo que me interesa, sea bueno, malo o regular. La de Moa era una queja muy infantil: no me quieren, no leen mi libro y luego lo critican. Buah, buah. Un juego de omnipotencia averiada: él, que se cree el centro del mundo, aquel que cree revolucionar la historiografía apeando a los académicos, se le acaba tratando con desdén: los historiadores profesionales no leen sus libros, dice. Sus libros son artefactos con detonación ideológica, con munición incendiaria muy vistosa para lectores incipientes o ya convencidos. Revive toda la fraseología franquista, el argumentario previsible: los socialistas iniciaron la guerra civil en el 34. Etcétera. Por otra parte, que la violencia fuera un hecho presente en los años treinta nos resulta ahora extraño, repugnante, insólito. Entonces era un evento ordinario. La democracia era un hecho reciente, un ingenio artificial aún en mantillas. De ahí el anticlericalismo como forma violenta a un tiempo sublimada y justiciera: se debían hacer pagar años, qué digo años, siglos de ultraje confesional. Estas violencias fueron aprovechadas por el fascismo emergente, una violencia aún católica en España: el falangismo, un movimiento fuertemente atractivo para jóvenes que se pensaban corajudos y apasionados. Pío Moa hace glosa y loa de Franco, de su conservadurismo: lo piensa como una persona de orden frente a los comunistas o frente a los izquierdistas chiflados que él tan bien encarnó. Para quienes no fuimos extremistas chiflados (simplemente porque uno era una modesta persona de orden), es una pesadez aguantar ahora las letanías panfletarias de estos ex izquierdistas, siempre dispuestos a hacernos pagar por su pasado. La coyuntura mediática les favoreció.

  7. Alejandro Lillo

    Ahora, tan solo un apunte. Me hace gracia esta argumentación de Pío Moa: “Para negar que Franco evitó la entrada de España en la guerra mundial (…) Vamos a ver, ¿entró o no entró España en esa guerra?”.

  8. O profundador

    “He visto por algún estante incluso un libro llamado ‘Anti Pío Moa’ o algo por el estilo. Ante ello, no extraña que el personaje y sus numerosos fieles se sientan en condiciones de decir aquello de ‘ladran luego cabalgamos'”.

    El grueso volumen al que usted alude, D. David, lucía en la tapa el título de “Anti Moa” (a modo de homenaje, si mal no recuerdo, al “Anti Dühring” de Engels). Su autor es Alberto Reig Tapia, a quien se menciona en la entrevista que acabamos de leer.

    He de confesar, por lo demás, que yo compré la obra en cuanto la vi en los escaparates. La compré, la leí, la disfruté y la aplaudí. Me parecía era necesario que un historiador profesional respondiese al diluvio propagandístico que estaba manando del complejo mediático losantino-predojótico (*). Reig Tapia no hizo otra cosa que cumplir con lo que a su juicio era un deber cívico. No creo que quepa acusarlo de haber contribuido a hinchar el globo del piomoísmo, porque este ya estaba bien lleno de aire cuando se publicó el “Anti Moa”. Con todo, convengo con usted en que “vivir demasiado pendiente de alguien como Moa” acaba por resultar “tóxico”. Y creo también que sería muy interesante conducir el debate por el camino que usted señala en las últimas líneas de su comentario.

    (1) Meses antes de la aparición del “Anti Moa”, había salido a la luz “El fenómeno revisionista, o los fantasmas de la derecha española”, de Francisco Espinosa Maestre. Su propósito era también el de responder a los infundios, tergiversaciones y medias verdades de los sedicentes revisionistas. Era, no obstante, una obra menos ambiciosa, menos “trabajada” que la de Reig Tapia (estoy seguro de que el propio Espinosa no tendría empacho en reconocerlo). Tuvo, además, un impacto limitado, porque fue publicada por una editorial muy modesta.

  9. David P.Montesinos

    La obra a la que me refería es, efectivamente, la que dice O profundador. Y resulta que la vi en la abundante estantería de mi hermano, historiador a la sazón, y persona a la que respeto y que por cierto suele ponerme al día respecto a asuntos como el que tratamos. Ya he dicho que mi escepticismo respecto a la necesidad de contestar a Moa lo tuve en el pasado. Sigo pensando, como usted, que con dosis controladas la cosa tiene sentido. No sé si llamarlo “deber cívico”, pero comparto en lo sustancial el argumento, al menos lo comparto ahora mismo. Es más, creo que la academia tiende no solo a guardar silencio en asuntos de este tipo sino que además desprecia -o dice despreciar- a quienes entran al trapo a lo que les parece un asunto “de masas mal documentadas”. No pienso alinearme con ellos y no tengo pues nada que reprochar a las dos últimas intervenciones.

    Solo un par de matices. El primero es muy obvio, pero acaso conviene no olvidarlo: lo que dicen profesores de la universidad puede ser despreciable, y lo que dice un ajeno a la universidad puede ser válido. No es pues el carácter no universitario de Moa lo que vuelve falso su discurso. Es simplemente que lo que dice es mentira, o mejor, es tendencioso, manipulador, panfletario y simplista. No me parece en cualquier caso que discrepemos en eso, mas bien creo que es Moa quien realiza ese tipo de maniobra -los académicos me odian porque no soy uno de ellos- precisamente para obtener la complicidad moral de sus lectores. Otro matiz, este muy personal: Moa me sigue pareciendo nada interesante como historiador pero mucho como “fenómeno sociológico”. Es por cierto lo mismo que pienso de Belén Esteban.

  10. O profundador

    “El primero es muy obvio, pero acaso conviene no olvidarlo: lo que dicen profesores de la universidad puede ser despreciable, y lo que dice un ajeno a la universidad puede ser válido. No es pues el carácter no universitario de Moa lo que vuelve falso su discurso. Es simplemente que lo que dice es mentira, o mejor, es tendencioso, manipulador, panfletario y simplista”.

    Completamente de acuerdo. Aquí todos somos “mayorcitos” (unos más y otros menos, je, je), y sabemos por experiencia que las universidades también acogen personajes adornados de todas las cualidades que usted, con razón, le atribuye a Pío Moa. Bien es verdad que, aunque día tras día se crucen con ellos por los pasillos, sus compañeros de facultad suelen hacer caso omiso de ellos y de sus trabajos (suponiendo que escriban y publiquen, cosa que no siempre sucede). No escriben contra ellos, es cierto, pero tampoco los citan, y menos aún los jalean hasta convertirlos en glorias nacionales. Faenas como ésa, creo yo, sólo la prensa las ejecuta (si, sé que han existido un Lisenko, un N. I. Marr y un A. Vallejo-Nágera, pero sus circunstancias, felizmente, no son las nuestras).

  11. jserna

    La historia a la que se le reconoce rigor se realiza en la Universidad: para ser historiador hay que estudiar unas asignaturas, superando unos exámenes; hay que tener un currículum específico, un currículum que es el crédito que la persona merece para desempeñar dicha profesión. Si, además, esa persona accede a un puesto universitario para ejercer de profesor, entonces –de entrada– el aval de su investigación es máximo. ¿Por qué? Porque es vigilado, fiscalizado, controlado por sus iguales, por los pares intelectuales y académicos que comprueban la corrección deontológica de sus trabajos. En principio, como sucede con un abogado o con un filólogo, pongamos por caso. Si un filólogo publica un texto sobre su materia y, además, es profesor de Universidad, el control que sobre él se ejerce es mayor.

    Si en vez de serlo en la Universidad, dicho filólogo lo es en Enseñanzas Medias, ¿será igualmente examinado, controlado, fiscalizado? Por supuesto. Pero lo que quiero que se comprenda es que la investigación se realiza en el seno de instituciones, no por libre. Y la investigación reconocida se realiza básicamente en los centros universitarios. ¿Cuál es la obligación de un profesor de Enseñanzas Medias? Impartir docencia de sus materias. ¿Tiene obligación de investigar? No: investigar no entra dentro de las tareas asignadas. No hay desdén ni soberbia en esta descripción: es un dato, no una valoración.

    ¿Cuál es la obligación de un profesor universitario? Impartir docencia de sus materias. ¿Tiene obligación de investigar? Sí, absolutamente: investigar entra dentro de las tareas asignadas. Es más, uno de los controles a los que se somete cada cierto tiempo es el de presentar sus investigaciones ante una Comisión oficial que evalúa los resultados. ¿Qué ocurre con Moa y De la Cierva? Pues que o no se someten a los controles institucionales de la profesión (Moa) o han abandonado todo autocontrol (De la Cierva). Resultado: efectivamente son vistos con desdén por la historia académica y, a su vez, ellos desprecian la deontología de la profesión. Van a la suya , aprovechándose de la ignorancia del públicos, en ocasiones tan impresionable.

    ¿Que haya controles deontológicos significa que toda investigación universitaria es correcta? No, pero si desaparecieran esos filtros, entonces el caos sería absoluto: un avispado publicista sin una idea propia pero con tesis robadas y ya cuestionadas podría aprovechar la ignorancia del público para hacer pasar por nuevo y bueno lo que es viejo y sobado. Y sobre todo lo que es puro panfleto. En este asunto, es importante no sólo ese control, sino también el género al que se adscribe quien publica. No es lo mismo un panfleto a favor de una causa que un ensayo o una monografía.

    ¿Que muchos universitarios publican tostonazos ilegibles? Sí, admitido. Pero los primeros destinatarios de una investigación son sus pares intelectuales, aquellos que fiscalizan la calidad de la argumentación, de la frase documentada, del enunciado histórico, que no es necesariamente la belleza de la prosa. Los investigadores deberían hallar unos modos y unos medios de expresión que les permitieran ir más allá de los receptores puramente académicos. ¿Para qué? Para evitar que los listillos o la gente sin escrúpulos aprovechen la ignorancia de los públicos impresionables.

  12. aleskander62

    Lo que más se echa de menos es los años 30, el Partido Radical, Izquierda Republicana, PSOE. ¿Qué pasó, por qué se perdió aquella democracia?
    Qué pena la ruptura, ese corte.
    Recuperar las figuras de Manuel Azaña, crítico literario de Juan Valera … y autor de una novela.

  13. Alejandro Lillo

    Magníficas sus intervenciones, señores. De chapeau. Al hilo del asunto que se trata en este post acaba de salir un libro dirigido a los lectores más jóvenes de la editorial Ciudadela. Creo que en otras ocasiones ya hemos hablado de ella, así que ya pueden imaginar por dónde van los tiros. El libro, ilustrado y con poca letra, está recomendado para niños de entre 6 y 12 años. Se titula “España, una gran historia para los más pequeños”. Les transcribo algunos pasajes de la introducción: “España ha sido la patria de grandes héroes (…) Con su valor y generosidad crearon una patria, que sembró por el mundo su lengua, el español, y la religión que profesaban, la católica (…) Muchas veces lucharon y vencieron solos y no pocos llegaron a entregar su vida, convencidos de que Dios y la Virgen estaban de su parte (…) A los n´ños dedicamos el libro: a los niños españoles que son la esperanza de nuestra patria, para que protejan y conserven nuestras virtudes y tradiciones, y honren y respeten a los héroes que entregaron sus vidas para preservarlas y propagarlas por todo el mundo”. Eso de la introducción, no quieran saber lo que se dice dentro…

  14. O profundador

    “¿Por qué? Porque es vigilado, fiscalizado, controlado por sus iguales, por los pares intelectuales y académicos que comprueban la corrección deontológica de sus trabajos”.

    D. Justo, eso es precisamente lo que yo quería decir cuando señalé que sólo la prensa era capaz de encumbrar a ciertos personajes, invistiéndolos de una autoridad que sus colegas jamás les reconocerían.

    Por lo que se refiere al libro de que habla D. Alejandro, tiene trazas de haberse cortado por el patrón de la “Historia de España contada con sencillez”, de Pemán, o del “Manual” que el Instituto de España publicó (si la memoria no me falla) en el año de la Victoria (*). Parece mentira que todavía haya público para obras de este jaez; parece mentira, sí… pero no lo es.

    (*) Reproducido en “Enseñar historia con una guerra civil por medio” (Barcelona: Crítica, 1999), de Josep Fontana.

  15. R.S.R.

    He leído la batalla dialéctico- digital entre Pío Moa y Justo Serna. En el segundo comentario quedan desmontados los cinco puntos en los que Pío Moa basa su tesis con un nivel de argumentación impecable. Lo que no sé es cómo aguantó tanto porque realmente resulta agotador.
    Lo que parece, por lo poco que sé, es que este señor ha tenido respaldo mediático de la extrema derecha y que ello explica el éxito de sus libros. Parece recoger una reacción de ese sector al auge de ensayos, monografías y literatura que, a partir de los ochenta y sobretodo en los 90, empiezan a publicarse acerca de la guerra civil y la represión franquista cobrando, una dimensión inusitada.

    Lo que señala el Sr. Montesinos en el último párrafo de su intervención resulta muy interesante y me ha hecho recordar el ensayo de Max Weber “La ciencia como profesión”.Toda una declaración de principios en defensa de la neutralidad valorativa de cualquier investigación y su negativa a vaciar de contenido moral el conocimiento científico.

  16. Marisa Bou

    ¡Espeluznante, señor Lillo! ¿Cómo es posible que en el siglo XXI se sigan escribiendo esas barbaridades? Me da la impresión de que -en los futuros manuales de Historia- no será conocido como el siglo de las luces, sino más bien como el siglo del ¡apaga y vámonos, y el último en salir que cierre la puerta!

    Pobres criaturitas, enfrentados tan tempranamente a palabras tremebundas como dios, virgen, virtud, tradición, respeto, héroe, honra, entregar la vida, propagar la fe… No, realmente no quiero saber lo que se dice dentro.

    El único instrumento que se debe dar a los niños desde que son conscientes de su existencia -cosa que parece que sucede cada vez más temprano- es el conocimiento. Cuanto más amplio, mejor. Pero, por favor, señores historiadores, líbrenmelos ustedes de toda esa morralla altisonante que no sirve más que para ensuciar sus mentes limpias, cuando todavía no tienen modo de defenderse de ella. ¡Debería estar prohibido por ley publicar esas falacias!

  17. David P.Montesinos

    Es sumamente convincente la argumentación del señor Serna, explica mejor de lo que yo sabría aquellas cosas que ya pienso y añade cosas que yo no había pensado. Sólo una apostilla. Me sigue quedando la impresión de que la Universidad, con frecuencia, administra de forma discutible muchos de sus fondos, concede títulos y poderes a personas que no lo merecen, mantiene en situación de silencio e impunidad prácticas inmorales, publica a personas con menos méritos que otros que tienen la desgracia de no ser amigos, distribuye desigualmente prebendas… Fui inmensamente feliz en mis dos etapas universitarias, la de la carrera y la de la licenciatura; no tengo ninguna duda de que debe existir la universidad. Pero debe ser mejor de lo que es, de lo contrario nos quedaremos sin legitimidad para defenderla -siquiera de manera entusiasta- frente a quienes la atacan.

  18. Alejandro Lillo

    Yo también, como R.S.R., he leido con atención la discusión que don Justo mantuvo con la pared. Creo que este tipo de asuntos, abundando en lo dicho por don David de dedicarles el tiempo necesario -o socialmente necesario, que diria Marx-, ni un segundo más, pero tampoco un segundo menos; estos asuntos, decía, pienso que deben enfocarse no ya en la línea de intentar convencer al interlocutor, sino más bien a la audiencia potencial, en este caso a los lectores posibles del asunto.

    Por lo demás, la argumentación del señor Serna sobre la universidad y su función de crítica es impecable. Lo que no quita para que piense que a Pío Moa y demás señores que publican cosas parecidas hay que contestarles precisamente desde todas esas instituciones e intentar que esa crítica tenga la mayor repercusión mediática posible. Eso es lo que no resulta tan sencillo.

    Y sí, doña Marisa. La manipulación de los infantes es algo verdaderamente penoso. Si tiene ocasión, hojee el libro. Verá qué demócratas.

    O profundador, bienvenido. Da gusto leerle.

  19. Ines Climent

    En primer lugar, me parece que la entrevista a un profesor sobre un tema concreto, como este, que entraña polémica es muy interesante para los alumnos. Es un ejercicio de reflexión que permite acometer aspectos de una manera menos formal y más cercana que en una clase e introducir muchos elementos.
    Estoy de acuerdo con las aportaciones de todos. El rigor, la probidad del historiador en el análisis de las fuentes y la obligación distanciarse del objeto de estudio para realizar una evaluación lo más neutral posible, lo más desapasionada posible creo que es algo sabido por todos los que pasamos por la universidad.
    Comparto la afirmación de D. Justo sobre la violencia en los años treinta. “Por otra parte, que la violencia fuera un hecho presente en los años treinta nos resulta ahora extraño, repugnante, insólito. Entonces era un evento ordinario. La democracia era un hecho reciente, un ingenio artificial aún en mantillas.” Incluso fue creciendo a lo largo de la II República. Aún recuerdo el impacto que me causó ver dos concejales contrarios que se trataban con respeto en abril de 1931 y como acabaron uno fusilado en noviembre de 1936 y otro exiliado en 1939. Por no hablar de otros sucesos locales que denotan la polarización social, la inmensa distancia entre unos y otros.
    Por otra parte, y ya que D. Justo lo menciona, el profesor de enseñanza media no tiene la obligación de investigar, por eso mismo me parece fundamental afianzar los lazos entre la universidad y los profesores de medias. Una relación tan pobre, tan parca y tan lejana, reducida únicamente al examen de a PAU. Saber qué se cuece en la universidad, por dónde va la historiografía actual es muy importante para facilitar la compresión de la historia a los alumnos.

  20. jserna

    Saludo también a ‘O profundador’.

    El volumen que cita el sr. Lillo recuerda a Pemán y recuerda los ‘catecismos patrióticos’ que se pusieron de moda en fechas anteriores. Qué cruz.

    Sr. Montesinos, coincido con usted en que la Universidad es una institución sumamente defectuosa. Hemos de hacer todo lo posible por mejorarla. Y hay que empezar por los niveles de exigencia y de excelencia. No podemos conformarnos con la mediocridad o con el nepotismo: la misma mediocridad y el mismo nepotismo que hay en tantas otras instituciones humanas. Otra vez coincidimos…

    Digo esto y, claro, he de ser prudente. No debo seguir con la crítica si yo formo parte de la institución: si yo he entrado siguiendo el mismo curso que otros compañeros. Por desgracia, no es raro que quienes sacan la excelencia y la exigencia sean quienes deploran con aristocrático desdén la Universidad de masas. No es infrecuente que quienes critican la condición funcionarial de la institución, pequen de autoindulgencia: se toman a sí mismos con excepción frente a la ruindad que los rodea.

  21. David P.Montesinos

    Creo que es honroso saber ser autocrítico. Puede que en este foro yo parezca reiteradamente escéptico con la Universidad. Más que mi experiencia particular, acaso es que me vienen a la cabeza los numerosos allegados que dicen ser unos defraudados de la universidad. En cualquier caso tengo he empleado larguísimas horas de mi vida intentando defender su supervivencia y la necesidad de su independencia frente a quienes terminan haciendo desembocar su decepción en una especie de solución final: “la Universidad no sirve para nada, dejemos de financiarla”. Esto lo piensa mucha gente, y me parece que los tales no imaginan las catástrofes a las que esto nos abocaría. Yo, por mi parte, soy un entusiasta defensor en general, más que de la universidad, de la enseñanza pública… y seguramente me paso el día cabreándome por sus numerosos defectos, inobservancias e imposturas.

    Coincido en todo con Isabel Climent. Una apostilla, que no discrepancia: los profesores de enseñanzas no universitaria no están profesionalmente obligados a investigar. Sin embargo, lo hacen. Todos los días veo a profesores de secundaria o bachiller y a maestros de primaria buscando nuevas formas de aplicar tecnologías a la enseñanza, estudiando opciones de actividades culturales que permiten impartir materias de otra manera, leyendo libros que no están directamente vinculados a lo que explican en el aula, estudiando otros idiomas, leyendo blogs como éste… Creo que no solo se investiga en la universidad.

    Por cierto, en “El valor de educar”, Fernando Savater, con el que tengo una relación de amor-odio que no muy distinta de la que barrunto que con él sostiene nuestro blogger, dice algo que se me ha quedado grabado (cito de memoria): “Se atribuye a la universitaria la categoría de enseñanza superior, ¿cómo llamamos a la otra? ¿Inferior?”

  22. Ines Climent

    Por supuesto, por supuesto que los profesores de enseñanzas medias investigan, leen, piensan constantemente en cómo comunicar mejor, en cómo ayudar a pensar por sí mismos a los alumnos, en cómo enseñarles a articular un discurso propio.Claro que se investiga y se estudia porque cuanto más sepamos quizás lleguemos mejor a ellos.
    Por otra parte, a mi la universidad me dió mucho en su momento y me lo sigue dando. El otro día me encontré a un alumno del año pasado y me dijo que la universidad lo había hecho renacer y que su problema era el encorsetamiento del bachillerato. En principio, me sentí un poco molesta, luché con uñas y dientes para que copusiera un examen decente, pero después pensé que esa era la función de la universidad, abrir la mente al conocimiento.
    Por lo demás lo único que reclamo es una comunicación más estrecha, una coordinación más eficaz.

  23. David P.Montesinos

    “Inés” y no Isabel, la fama de mis habilidades sociales, me precede… Disculpas.

    Mis ex-alumnos me dicen a veces que la universidad les ha parecido un fiasco y otros que, como en el caso que usted relata, es entonces cuando se han “liberado” mentalmente. En ambos casos nos echan la culpa a los profes del instituto, y temo que hacen lo mismo con los maestros de primaria si se los encuentran por la calle. Se tiende a creer que todo es un “problema de base”, por lo visto. Lo que sucede es que es esa base -empezando por la escuela infantil- la que tiende a quedar desasistida.

  24. Felip

    Respecto al papel de la universidad, creo que hay bastante que pulir.
    Yo estudié en los años noventa, su segunda mitad, y allí coincidí con gente de diversa procedencia y creencias. Allí me desarrollé como adulto y crecí intelectualmente hasta licenciarme (el otro objetivo de la universidad, el título), pero creo que la gran reforma que necesita la universidad es la de enfocar los estudios de manera más clara hacia el mercado laboral y hacia la investigación; y me explico.
    En lo referente al mercado laboral, para un licenciado en historia como yo está claro; hay dos salidas concretas: la docencia en secundaria y la arqueología profesional. He estado varios años en el mundo de la arqueología profesional aunque mi vocación es la de profesor de geografía e historia y en ninguno de los dos casos se obtienen (al menos en aquella época) unos conocimientos básicos de como afrontar el mundo de la empresa y la obra civil y privada (principales ámbitos de trabajo), ni tampoco unos conocimientos básicos de como preparar unas oposiciones que engloban tres especialidades y una prueba muy interesante como es la de la programación didáctica.
    Con todo esto, no pretendo la entrada del gran capital en la universidad (creo que ya lo ha hecho)pero veo necesario que la formación universitaria, en su conjunto, ofrezca al estudiantado una opción clara de poder abrirse camino en el mundo laboral de forma más definida.
    Un saludo, sigo con mis oposiciones.

  25. Ines Climent

    No pasa nada David, una confusión la tiene cualquiera. Como muy bien dices, los alumnos siempre dan la culpa de todos sus males al período docente anterior. Supongo que también tiene algo que ver con quemar etapas en la vida, hacer nuevos descubrimientos, dejar atrás viejos presupuestos, etc. Algunos alumnos vuelven al cabo del tiempo y te reconocen lo que hicistes por ellos. En realidad, un alumno es una inversión a largo plazo.

    Felip yo también estuve opositando muchos años y también me sentí frustrada porque la universidad no me había preparado para lo que se me exigía. Pero lo logré, aprobé y tu también lo conseguirás. Mucha suerte.

  26. Hendaya, Hitler y Franco, 70 años después

    Hendaya, Hitler y Franco, 70 años después

    “Pregunta: ¿Qué opina sobre la teoría de Pío Moa de que España no entró en la Guerra Mundial gracias a Franco?

    Esta afirmación es una tesis totalmente desfasada, una tesis totalmente superada por la historiografía. Paul Preston lo demostró fehacientemente en su biografía de Franco. También en otros textos. Y con él otros historiadores que ha venido después. No fue Franco quien evitó que España entrara en la II Guerra Mundial, como sostiene otra vez Pío Moa (sin novedad en este frente). Lo que impidió que Franco entrara en guerra fue la voluntad de Adolf Hitler, la intención del Führer, de dar satisfacción a los intereses coloniales de Francia, de la Francia de Vichy, en el norte de África. Eso es lo que frenó la intervención de España en la Guerra Mundial. Es decir, Hitler no podía contentar a dos países, a dos regímenes, con intereses contrapuestos. Es un juego de suma cero: lo que le doy a x se lo quito a y. Hitler no podía conceder todo lo que en el fondo Franco podía reclamar o desear en el norte de África, entre otras cosas porque el régimen colonial francés tenía intereses contrarios en el Magreb. No es la astucia de Franco aquello que paró a Hitler, sino más bien la imposibilidad de satisfacer territorialmente lo que pedía el Caudillo”.

    Entrevista de Cristian López a JS)

    Más detalles y precisiones históricas en el artículo de Ludger Mess, El País, 24 de octubre de 2010

    “…En Hendaya no hubo, por tanto, ninguna presión directa con el fin de forzar a Franco a entrar en la guerra. Hitler entendía el viaje más bien como un viaje de exploración, cuyo objetivo era el de mediar y consensuar los diferentes intereses defendidos por sus aliados en el bando antibritánico. Su mensaje era claro: todo lo que obstaculiza la consecución y puesta en práctica de esta entente bajo la hegemonía de Alemania perjudicaba a la guerra y retrasaba la victoria final. De ahí también el tremendo enfado del Führer al salir de su reunión con Franco -a Mussolini le dijo que prefería que le sacaran tres muelas antes de tener que estar otra vez nueve horas con Franco-. ¿Cómo podía un don nadie, que le debía a él su puesto, insistir en unas reivindicaciones territoriales a sabiendas de que la realización de las mismas tenía necesariamente que resquebrajar la alianza con Vichy y, por consiguiente, ayudar al enemigo?

    Paul Preston está en lo cierto cuando afirma…”

    http://www.elpais.com/articulo/reportajes/bulo/mundial/Caudillo/elpepusocdmg/20101024elpdmgrep_6/Tes

  27. Cristian López Pérez

    Hola a todos;

    He seguido vuesros comentarios con atención y quiero apuntar un par de cosas. Primero decir que estoy de acuerdo con el conocido hecho de que la universidad debe mejorar día a día y no bajar el nivel. En segundo lugar, decir que con este trabajo no queríamos retomar un tema tan manido y menos aún hacerlo pesado en la lectura. Pretendiamos juzgar, desde una perspectiva objetiva, el trabajo y todo el debate mediático que provocó.
    No me gustaría terminar sin antes agradecer a Justo Serna su tiempo y su colaboración en el trabajo.

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