El honrado comercio de las cosas

Hoy debería escribir sobre la corrupción mediterránea; hoy debería deplorar la presunta corrupción que ha estallado, el caso por el que ha sido detenido un cargo público valenciano; hoy debería lamentar la pésima pedagogía democrática que ello supone.

A fuerza de acostumbrarnos a los escándalos, acabaremos desistiendo, renunciando a nuestras particulares responsabilidades. Y eso es grave: echaremos las culpas –así, en genérico– a los políticos, descalificación que a todas luces es injusta.

Hay representantes nuestros que son honrados, por supuesto: representantes que no sisan, que no nos birlan dinero del presupuesto, que no aprovechan las contratas públicas (por ejemplo, de basuras) para enriquecerse. Presuntamente, claro. Hacer del caso de la basura  una metáfora de lo que nos pasa es un expediente sencillísimo; hacer de la inmundicia una analogía de lo que resulta la política es muy fácil.

Los corruptos –aún presuntos corruptos– no se andan con metáforas; tampoco con imágenes figuradas; menos aún con el lenguaje superferolítico de las analogías, por Dios. Ellos parecen ir a lo directo: sacas de dinero o desvío de fondos, no sé. Parece como si las opciones fueran siempre las mismas: acumular parné, tapizar el suelo que pisan con billetes grandes, esmaltar el camino del éxito con papel moneda.

Hoy debería haber publicado mi columna en El País sobre estos casos. No llegué a tiempo, pues el artículo tenía que entregarlo al mediodía del martes 6 de julio. Pero no importa: no quiero cambiar esa columna, que dedico a la vida corriente y menestral, a la convivencia de barrio, esas relaciones que se establecen en los núcleos pequeños. Gracias a los pacíficos tratos, al honrado comercio de las cosas, la existencia se vuelve agradable.

He querido escribir un pequeño artículo para glosar la vida de Benimaclet, que es el barrio en el que resido. No hablo de instituciones políticas, ni de servicios públicos, sino de negocios honrados: de la modesta sociedad civil que crea prosperidad. Describo un posible tránsito por la vida, por la vida de este núcleo valenciano.

Benimaclet fue pueblo  y hoy es un barrio tranquilo, quieto y bullicioso: según las horas. Me olvido de la corrupción, y escribo de la honestidad fenicia de sus habitantes, del comercio, del buen trato personal.

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JS, “Benimaclet”, El País, 7 de julio de 2010 (aquí)

Fotografías de Víctor Serna

20 comments

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  1. Paco Fuster

    Toda la gente con la que he hablado de Benimaclet me dice que es un gran barrio para vivir. Me fío de ellos porque lo conozco muy poco: alguna que otra cena de amigos – con aviso del vecino por la molestias incluido – en uno de esos superpoblados pisos de estudiante y lo poco que uno ve desde el tranvía y la estación que lleva el nombre del barrio.

    Este verano intentaré darme algún paseo por la zona (me produce cierta curiosidad el Bio Café) para conocer mejor el terreno. Me pillaré el tranvía e iré parando en esos antiguos pueblos (Benimaclet, Benicalap, Latorre) que la capital ha ido anexando, buscando alguna de esas alquerías (si el urbanismo municipal me lo permite) que me recuerde el esplendor pasado de la huerta valenciana.

  2. Isabel Zarzuela

    Emotivo artículo, Sr. Serna. Es un agradable paseo por la vida.

    Sr. Fuster, yo le recomiendo una cenita en la bocateria ‘El tranvía'(calle Dr. Vicent Zaragozá, esquina calle Mistral). Cocina informal, de calidad y económica… ¿qué más se puede pedir?

  3. jserna

    Gracias, sra. Zarzuela. Hago lo que puedo: he de comprimir la vida, la vida vecinal en 2.828 caracteres con espacio. En Benimaclet, yo les recomiendo La Kañamera (en Alcón y Matéu, esquina a Hipólito Martínez). Como digo en el artículo, sus viandas son apetitosas.

    No he podido informar de otros establecimientos, pero hay negocios y comercios de solera, con trato atento y presentación esmerada. Ya digo: una vida fenicia, entre rural y urbana.

    Pero aquello en que no he podido extenderme es el cementerio de Benimaclet. ¿Cómo explicar el apego que siento hacia los camposantos? Emil Cioran nos recomendaba visitar frecuentemente los cementerios para rebajar nuestros humos. Me encanta leer las lápidas, los epitafios: en ellos se ven los amores y los rencores; la vida, en fin.

  4. Juan Antonio Millón

    Enhorabuena, sr. Serna, por su artículo sobre Benimaclet. Se goza en el goce de esa vida vecinal, fenicia, como usted tan acertadamente la denomina. Una invitación emulsionante a la vida epicúrea con esa dosis exacta de estoicismo. Una ronda de cervezas, por favor, y después dirijamos unos pasos y unas miradas por las lápidas de los anccestros.

  5. Marisa Bou

    Muy hermosa esa descripción, tan precisa, de la animada y sencilla Benimaclet. Yo no soy oriunda de ese barrio -o propiamente, pueblo-, nací en Villanueva del Grao, que también está anexionada a la ciudad, pero en la que ya desapareció hace mucho, junto con los últimos pedazos de su huerta, ese sabor campestre tan relajante y tan idílico que en “Beni” (como la llaman sus moradores) todavía se conserva.

    Yo creo que en ningún otro barrio de Valencia se ha dado tan bien como en éste esa simbiosis entre modernidad y costumbrismo. La convivencia pacífica entre los bulliciosos estudiantes y los comerciantes de la zona, esos a los que el señor Serna llama fenicios, y que un día al año sacan sus productos a la calle para que los vecinos los conozcan y aprecien: debería ser un ejemplo para muchos, y no quiero mencionar a nadie.

    ¡Ah, esas fiestas en honor del Moro Maclet!

  6. Nohe

    Soy de un pueblo de Cuenca, y he vivido los últimos 7 años en el piso de mis padres que tienen en propiedad en Benimaclet. Desde que nací he vivido a caballo entre mi pueblo y Valencia, y no así puedo decir que me siento Valenciana a la par que conquense. Y la parte correspondiente a Valencia se debe a este gran ” pequeño pueblo valenciano” llamado Benimaclet. Ahora por circunstancias no vivo en él pero siempre que puedo me escapo entre sus calles, paro en el Tamtam a tomarme una fresca o compro fruta en El Labrador de Dolores Marques. Para mi es el barrio de mi corazón, por el que me encanta perderme para después encontrarme.

  7. paco llopis

    buenas noches
    viví en benimaclet unos cuantos años(cuando lo de califat independent…), y la verdad, para un chaval que venía de un pueblo era como estar en casa: el tendero, los vecinos, todos te conocían, aunque sólo cruzaras los buenos días con ellos en cinco años!. la gente, si no estaba, a veces era porque se “había ido a valencia” ésa mañana.
    hace muchos años que no voy por ahí, pero veo, tras leer su artículo, que algo queda.
    es una suerte…

  8. David P.Montesinos

    Parece casi irremediable este barrio, en mi vida desde luego lo es. Ahí me lo pasé muy bien de visita en los -como dice Fuster- sobrepoblados pisos de estudiantes,
    ahí pasé horas y horas preparando oposiciones y ahí viví algunas aventuras que no les contaré para no estropear la imagen que Lillo tiene de mí como hombre cabal y circunspecto. De entre los pocos malos rollos que asocio al lugar es esa costumbre mezquina de algunos propietarios de pisos que han encontrado la llave de la fortuna en el alquiler a estudiantes y que, cuando hablan de “su profesión” y se quejan de que sus jóvenes inquilinos les estropean los pisos o no son serios, suelen olvidarse de comentar las iniquidades que ellos, muchos, muchos de ellos -sé por qué lo digo- cometen con esos jóvenes a los que con mucha frecuencia torean, engañan y estafan. Esto es muy frecuente y sirva para homenajear a tantos chavales que tienen que aguantar a este tipo de personajes que luego van por el barrio dándose golpes en el pecho de lo desastrados que son esos inquilinos de los que viven a cuerpo de rey y sin trabajar ni declarar al fisco sus negocios. Perdonen el malrollismo, pero estoy hablando de situaciones muy reiterativas y que confirman la sospecha que albergo desde hace muchos años de que entre tanto supuesto proteccionismo a las jóvenes generaciones hay mucho abuso y mucha impunidad por parte de adultos desaprensivos.

  9. Alejandro Lillo

    Pues sí, el artículo de El País sobre Benimaclet es uno de los mas emotivos que le he leído. Una delicia, desde luego que sí. Mis felicitaciones.

    Descuide don David, hace tiempo que le di ya por perdido.

  10. Alejandro Lillo

    Don David, no sé si usted ha seguido la serie “Perdidos”. Si no lo ha hecho permítame recomendársela, en especial la primera temporada. Creo que le gustará. En esa serie aparecen varios personajes memorables. Usted me recuerda un poco a ellos, en el buen sentido, por supuesto (muchos llevan nombres de filósofos). Ya sabe la admiración intelectual que le profeso.

  11. jserna

    No idealizo la vida de barrio. Me parece que en un nucleo vecinal puede aparecer lo mejor y lo peor de la condición humana: lo sórdido, lo mediocre, lo decente, incluso lo heroico. De Benimaclet me gusta esa combinación, ese híbrido entre vida rural y urbana: los restos de sus esplendores como pueblo independiente y los servicios de barrio de una gran ciudad. ¿Y la gente? El mejor trato humano es el que se presta al cliente. Si quieres que vuelva, si quieres que te compre, has de cuidar el género y la relación. Entonces será tu mejor publicidad. Desde luego no estás obligado a ser sofocantemente cortés, pero sí a tratarlo como amabilidad. Así me siento tratado en estas calles de mi barrio.

  12. David P.Montesinos

    Yo creo que usted va a compararme con Locke, que está un poquito loco. Ya que lo dice, ha salido un libro sobre “la filosofía Lost”. Vi en sus diversas reposiciones todas las temporadas excepto la penúltima, que se me quedó colgada, de manera que opté por no hacer caso tampoco de la última. En mi opinión la cadena Cuatro lleva a veces una política de programación confusa y que no hace sino martirizar a los espectadores. Creo que tiene algo adictivo esta serie y que llega a cautivar, haciéndote sentir que hay algo realmente profundo y trascendente en el ambiente, algo que se presiente, una especie de Esfinge de Edipo que envía señas de un gran acertijo sobre cuya naturaleza hay algunos iniciados que saben más que otros, aunque nadie tiene perfectamente concluso el mapa, que siempre aparece hecho pedazos. El modelo narrativo es sugerente, desde luego, muy postmoderno si se quiere, pero en la última temporada que presencié, y aún me faltaban dos, ya me dio algunas señales de agotamiento, como cuando uno le añade agua a la paella a destiempo y el sentido inicial del plato se desvirtúa porque ha venido más gente a comer. Eso, en un rompecabezas -y Lost es claramente un rompecabezas en el que partimos como los personajes del caos y la desinformación total-, resulta letal, de ahí que la narración tienda a volverse un tanto enrevesada y poco creíble o, para ser más preciso, poco coherente, llegando a un punto en que uno tiene la sensación de que los guionistas le están manejando y lo que pretenden es hacerte trasegar la mezcla que te preparan, aunque sea un engrudo impresentable.

    No tengo en cualquier caso ninguna duda de que es un hito en la historia de la televisión.

  13. Alejandro Lillo

    A propósito del barrio de Benimaclet, yo les diría alguna otra razón por las que gusta. Siendo cierto que en sus orígenes era un pueblo rodeado de huerta y que eso aún se respira en el ambiente, Benimaclet, como otros lugares parecidos, gusta porque es un “barrio”. Me explico. A raíz de la fiebre constructora y especulativa valenciana, tan parecida a la californiana de mediados del XIX pero mucho más nociva socialmente, se han construido barrios enteros que no son barrios. Con ese afán de lucro tan desatinado, los bajos de las viviendas no se han destinado a locales comerciales, sino a sacar más casas. Así, en muchos de esos lugares no hay “vidilla”. Por eso Benimaclet es tan acogedor y agradable, por eso está a años luz de estas nuevas zonas de viviendas. Evidentemente, este nuevo proceder urbanístico no es caprichoso: es más asocial, digámoslo así. Más aislado también, que viene a ser lo mismo. Las fincas cuentan con piscina y zona de juegos para los niños y, las más afortunadas, disfrutan de un parque cercano en el que hacer un poco de vida social, pero aún así no son construcciones que inviten a salir a la calle, sino más bien a acudir al centro comercial, verdadero eje de todo este entramado, convertido en la iglesia del siglo XXI y a la que cada domingo, en vez de a misa, los correligionarios acuden puntuales.

  14. Alejandro Lillo

    No leí sus intervenciones. No creo, señor Serna, que la idealice. La vida de barrio es , precisamente, eso vida, y como tal pues tiene de todo.

    Don David, a mí me fascinó la primera temporada. Las otras tienen buenos momentos, muy buenos incluso, pero por ejemplo, en la segunda, el esquema me pareció que se repetía. Ahora bien, todo sea dicho, la he seguido hasta el final, completamente enganchado. Y está bien, no me arrepiento, podrían haberla resuelto mucho peor.

    De todas maneras, y aunque Locke sí es un personaje fascinante y del que usted (y todos) sin duda tiene algo, hay un físico, un licenciado en físicas quiero decir, que me recuerda algo a usted. Creo que comienza a salir en la cuarta temporada. Se llama Daniel Faraday. Quizá sea algo en su forma de gesticular, quizá algo en su físico, quizá su interés científico por la isla y su más que interesante capacidad mental. Qué le vamos ha hacer.

  15. R.S.R.

    Realmente Benimaclet es un barrio con mucho encanto. Residí en él hasta el 2005 y a él quedan ligados recuerdos y momentos esenciales de mi biografía. Allí conservo amigos y cuando añoro aquel tiempo vuelvo a él. Con anterioridad viví en Ruzafa. Son dos zonas muy genuinas, dos barrios “muy barrios”, pero muy diferentes entre sí. Me da la impresión que Ruzafa refleja mejor esa herencia árabe del bullicio y la vida en las calles, el ruido, la mezcla racial. Benimaclet siempre lo asocio más a la vida cómoda y tranquila del pueblo, por más que esté llena de estudiantes, donde el tiempo parece transcurrir más lento.
    Hay algo que me llama la atención, no sé por qué extraño misterio, la voracidad de Rita no se ha cebado en él. Ruzafa, me temo, correrá peor suerte. Así que no debería escribir esas cosas del barrio, no sea que nuestra alcaldesa las lea y dirija hacia allí su mirada.

  16. Ana Serrano

    Eso espero. He pasado una tarde de envidia cochina y de aguantar el enfado de Pavlova por no haberla llevado, pero es que en el tren no me dejan llevar el féretro.

    Espero que todo haya sido muy grato, muy feliz. Abrazos para todos y, en especial, para los anfitriones.

  17. jserna

    Por razones de causa mayor se retrasa la publicación de las fotografías de la ‘Quedada’. Procuraré tardar lo menos posible.

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