La isla del tesoro

La isla del tesoro.“Dado que el squire Trelawney, el doctor Livesey, y el resto de los señores me han pedido que escriba todos los pormenores referentes a la Isla del Tesoro, de principio a fin, sin omitir otra cosa que la situación de la isla, y eso porque aún quedan allí tesoros por desenterrar, tomo la pluma en el año de gracia de 17… y retrocedo a la época en que mi padre llevaba la posada del «Almirante Benbow», y el viejo y curtido navegante, con el sablazo en la cara, vino a alojarse bajo nuestro nuestro techo”.

Así empieza La isla del tesoro (1883),  leída y releída en numerosas ocasiones, con esa prosa que anuncia la aventura, el riesgo, las mil y una asechanzas, los peligros que aceleran el corazón, las circunstancias angustiosas, los desenlaces corajudos.

Es “una historia  para chicos”, admitió Robert Louis Stevenson, una historia para chicos ingleses que tienen el mar como experiencia  o como meta. Pero yo no me dejaría engañar por esa declaración. 

Según nos enseñó Fernando Savater en La infancia recuperada, la lección que de ella se extrae y el placer que nos procura no decrece con la edad adulta y va más allá de las Islas Británicas. Cada vez que la leemos descubrimos detalles que nos habían pasado inadvertidos, aspectos nuevos que la enriquecen.

Stenvenson nos cuenta la historia de un aprendizaje. Un muchacho ha de crecer, ha de madurar sin el amparo de los padres. Un jovencito ha de tener sus propias experiencias sabiendo salir indemne de las amenazas. Un mozalbete ha de encontrar  a sus interlocutores, a sus ayudantes: esa pequeña comunidad moral de la que le vienen las normas que ha de compartir. Pero, sobre todo, Jim Hawkins ha de encontrar el tesoro de los piratas. Él es un inglés de 17…, huérfano de padre y condenado a llevar una vida aldeana y trabajadora en la posada que regenta su madre. Es protección y es asfixia. Su existencia ya está hecha y nada parece perturbarla.

Sin embargo, la esperanza de obtener aquel tesoro, que es gratificación remota y riesgo inmediato, le hace embarcarse. Irá acompañado por gente de orden y por una tripulación de bucaneros. Allí conocerá a Long John Silver. Es un pirata endurecido y temible, fiero, de pasado criminal, condenado. Sin embargo, con él habrá de aprender muchas cosas: lo bueno y lo menos bueno, la grosera supervivencia y la nobleza de la camaradería.

Un joven que regresa curtido, que vuelve siendo depositario de experiencias nuevas, ya no es el mismo. Su viaje es iniciático y su forma de mirar será distinta. ¿Cuál es su lección? ¿La pérdida de la inocencia? ¿El triunfo del cinismo? No, no es tan sencillo. Hawkins es uno de los nuestros, un tipo que ha de vérselas con un mundo hostil, engañoso, con riquezas, con promesas y con trampas mortales.

Dice Robert Louis Stevenson en un ensayo breve titulado Mi primer libro: La isla del tesoro (1894) que de todos los recursos que empleó para escribir la novela tal vez lo más importante fuera el mapa: el mapa que dibujó para hacerse una idea de los emplazamientos y de los lugares por los que debía transcurrir la acción. En realidad, ese objeto podemos tomarlo como una metáfora de lo que es vivir.

Crecemos y vamos madurando humanamente, torpemente: con dolor y con decepción, alegres y resignados, según. Pero debemos aventurarnos. Para ello, únicamente contamos con un mapa del que servirnos. No hay mentor que nos ilustre enteramente, no hay padre que nos trace el camino, no hay adulto que nos salve: como mucho ese adulto es también un ser averiado.

Necesitamos un mapa metafórico que represente los accidentes del terreno y las huellas humanas. Pero el plano superficial es eso: superficial y vago. No anticipa lo que nos va a pasar: es, como mucho, un resumen o una representación escueta y a veces dudosa del itinerario que vamos a seguir. Un mapa borroso, cuarteado, con los bordes rotos, con información escasa, con datos equívocos. Pero hay que atreverse: de la aventura se puede regresar. La experiencia es el pequeño botín, el coraje es el pago parcial y la alegría de estar vivo es…  el tesoro.  No es magra lección.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s