La biblioteca del hijo, 2

Cero. ¿No lo dejas ya? ¿Por qué no cambias de tema? No abandono el proyecto que he denominado La biblioteca del hijo. Renuevo el post y lo encabezo con otras  justificaciones. Iré desarrollándolo y adjuntando las nuevas lecturas recomendadas,  páginas con libros dedicados a un hijo que se incorpora al mundo adulto. 

Ya lo dije en un comentario. Las obras escogidas siempre tienen a un hombre como observador (joven o ya adulto), un hombre que vive y atisba el mundo sin entenderlo del todo o sin encontrar su acomodo. En el mejor de los casos halla su destino a pesar de los contratiempos.

No pretendo poner un elenco de grandes obras previsibles, sino títulos hermanados por este rasgo, títulos cuya presencia razono. Es La biblioteca del hijo, del joven que se hace adulto y que mira el mundo.

“Como quiero que sea un regalo muy especial, un regalo de bodas sin bodas, de entrada en el mundo adulto, un regalo de pura vida…, pues recurro a ti. Porque lo que pretendo es regalarle una biblioteca”. Eso me decía la amiga que me invitó a seleccionar estos títulos y a escribir brevemente sobre ellos.

Dichos volúmenes no forman un decálogo de las grandes obras de la literatura universal, sino un pequeño patrimonio, aquellos títulos que juzgo útiles para comprenderse, aunque sea malamente, en un proceso de transición: justo cuando acusamos un cambio de sentido. No son lecturas juveniles, obritas para entretener el ocio de los muchachos, sino libros sobre la pérdida de la juventud, sobre la fatalidad del tiempo, sobre la crisis que no remontamos.

Yo, que sobrepaso el medio siglo, aún no me he repuesto y veo que la literatura en todos sus géneros me vale: soy hijo de la biblioteca. A veces los libros me los tomo como un paliativo y a veces me los prescribo como un tónico. En ciertos volúmenes hallo preguntas significativas, interrogantes que tienen difícil respuesta. El cultivo de las humanidades parece hoy algo sobrante, redundante o irrelevante. Dicho así, con esa cacofonía vejatoria. Pues no, nada de eso. Las novelas, la poesía, el teatro, el ensayo, etcétera, nos ayudan a entender nuestro propio desconcierto. 

Con ese ánimo regresé a Joseph Conrad semanas atrás. En Mercurio publicaba un artículo titulado El espejo de la educación. La experiencia marinera de Conrad (tripulante a bordo de veleros) y su desorientación adulta (pasajero en unos mares atravesados por vapores) me sirvieron para interrogarme sobre lo que ahora nos pasa. Surcamos lo real con el desconcierto de quien sabe que lo aprendido es poco y lo útil es escaso. Por eso, para darme ánimos, he de volver a Joseph Conrad. En la foto que reproduzco, cuyo autor ignoro, se le ve cansado y elegante. Sus ojos inquisitivos aún revelan desconcierto.

Con la soga al cuello. “…Los personajes de Conrad siempre se duelen por algo que no han hecho bien, incluso por faltas gravísimas que han cometido. Es un fardo moral, efectivamente, con el que han de cargar. Por eso, nos sentimos tan cerca de los protagonistas de Conrad; por eso su suerte provoca la piedad o la compasión del lector. ¿Acaso nosotros somos mejores que ellos? ¿Acaso somos mejores que el capitán Whalley?” Leer más aquí.

 

 

 

Grandes esperanzas. “Siempre me ha resultado simpatiquísimo Pip, mucho más que esos otros personajes que en parte –sólo en parte– se le parecen: sus primos literarios David Copperfield u Oliver Twist. De verdad, de verdad, que los jóvenes que hoy llegan a la edad adulta tienen mucho que aprender de Pip. No  sermonea, no sotanea, no se alza con superioridad moral para amonestar. Es la suya una levedad expresiva y emocional, una madurez en la que aún tiene que optar. Saber elegir bien es la clave, viene a decirnos. ¿Y la altura? Un caballero no la alcanza cuando  ha reunido una fortuna, sino cuando aprende a compadecerse y a agradecer, cuando aprende virtudes morales que ya estaban en los remotos aldeanos que lo asistieron o incluso en un deportado, finalmente generoso”. Leer más aquí.

La muerte en Venecia. “Ambos coinciden en el Excelsior,  hotel en el que se alojan. Poco a poco, el delirante amor que el artista siente aumenta, se hincha, y con ese sentimiento crece también la degradación: crece conforme se extiende la invasión del cólera asiático en la ciudad. La muerte y los sentidos destruyen la tranquilidad y la honorabilidad burguesas de Aschenbach: él, que tanto se protegía de sus propias pasiones e inclinaciones; él, que tanto se resguardaba de lo carnal con un elegante autodominio…” Leer más aquí.

 

 

 Viaje al centro de la tierra. “…Es cierto: vamos bien equipados, bien pertrechados. Llevamos armas, víveres y un botiquín de primeros auxilios. Pero los seres humanos están indefensos siempre ante el ataque de la Naturaleza o ante la embestida de lo ignoto. Puedes ser joven o anciano: el miedo reaparece. Necesitamos temple y coraje, un valor que no se aprende: se tiene. ¿Imaginan qué se siente cuando ingresamos por la boca de un volcán en Islandia? Yo lo sé: el cráter nos traga, nos absorbe y el fuego primordial puede carbonizarnos para siempre. ¿Imaginan qué sentimos cuando nos acechan peligros primitivos, mesozoicos, en un tránsito que es penoso y prometedor? Yo lo he experimentado siendo joven y siendo adulto. ¿Por qué me seduce tanto esta novela de Verne?” Leer más aquí.

Seguirá en otro post

 

 

Hemeroteca Ojos de Papel, nuevo número. Enero de 2011

Ojos de Papel.

Entre otras contribuciones:

-Miguel Veyrat, Reseña de Vida ajena, de Gustavo Adolfo Chaves, Ojos de Papel, enero de 2011.

-Alejandro Lillo, Reseña de Conocimiento de la Llama, de Miguel Veyrat, Ojos de Papel, enero de 2011.

-Justo Serna, Reseña de El cementerio de Praga, de Umberto Eco, Ojos de Papel, enero de 2011.

Hemeroteca del día: 

Justo Serna, “La fe de los votantes”, El País, 5 de enero de 2011.

(¿Qué votar y con qué justificación?)

 

47 comments

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  1. aleskander62

    Tom Sawyer de Mark Twain y Gulliver’s Travels de Jonathan Swift.
    Cómics: Lucky Luke, Pitufos, Spirou y Fantasio, el Marsupilami.
    Fritz the Cat de Robert Crumb.

  2. jserna

    Buena relación la que aleskander62 nos propone. ¿Y por qué no ‘Huckleberry Finn’? Siempre preferí este personaje y esta novela…

  3. Leda

    Afilado y esclarecedor su artículo en El País, don Justo. Y es que ¿hay mejor manera de tratar con la Iglesia y el PP que no sea a través de la ironía?

  4. jserna

    Muchas gracias, sra. Leda. Alguien dijo que la ironía era imprescindible para no morir de aburrimiento. Ojalá la política local de Valencia o autonómica no nos aburriera tanto. Desde luego, la deuda de las instituciones no es para tomársela a risa. Algunos comportamientos políticos, sí.

  5. David P.Montesinos

    Desde luego que no es para tomársela a risa, pero la ironía, por paradójico que parezca, si es inteligente, nos invita a ponernos serios. Si acuden a este enlace, correspondiente al blog de Juan Torres, que a su vez recoge la intervención de un oyente en el programa radiofónico de Luis del Olmo, podrán ustedes estremecerse. Si les conozco bien eso es lo que va a ocurrirles, no se lo pierdan, guardarán memoria de ello, se lo aseguro. http://hl33.dinaserver.com/hosting/juantorreslopez.com/jtl/

  6. David P.Montesinos

    Posdata, avancen un poquito, no es la grabación primera, la de Sampedro, sino la de abajo, donde aparece Luis del Olmo, quien por cierto tiene el buen gusto de no interrumpir al oyente durante ese minuto y cuarenta y ocho segundos que nos dejan a todos en silencio.

  7. jserna

    Un minuto, cuarenta y ocho segundos. Estremecen, sí. ¿De qué vivo?, dice el oyente que está en el paro y al le quitan la escasa ayuda.

    ¿Qué podemos decir? Que el malestar e incluso el hambre pueden anegarlo todo. Todo. Uno se siente un poco culpable. No sé por qué, pero es una desazón.

  8. jserna

    Hola, buenos días. No se ha detenido ‘La biblioteca del hijo’ (2). Continúo. Esta misma tarde, nueva entrega. Espero que les guste…

  9. aleskander62

    En la biblioteca del hijo quizá también esté On the Road de Kerouak. Puede que Trífero o El hombre que inventó Manhattan de Ray Loriga. Es posible que Irlanda, Melocotones helados o Soria Moria de Espido Freire. En la pequeña biblioteca de la hija o del hijo.

  10. Paco Fuster

    Aunque llevo unos días sin intervenir, sigo con atención e interés la confección de esta biblioteca y coincido con quienes ya han expresado que es un idea acertada y una misión compleja.

    Como todos, también tengo mi lista mental de libros que recomedaría a mi hijo o al hijo de un buen amigo. Muchos de esos títulos que incluiría son descubrimientos hechos “a posteriori”; debo reconocer que en mis lecturas adolescentes se mezclaba lo bueno con lo mediocre. Al hablar de “hijo” no sé exactamente a qué edades nos estamos refiriendo, pero supongo que ya hablamos de 13-14 años para arriba.

    Los primeros recuerdos que tengo de lecturas provechosas me remiten a mis años en el instituto, entre los 13 años que tenía cuando entré y los 17 que tenía cuando lo dejé. Ahí la mayoría de lecturas eran obligatorias, pero tuve la suerte de poder elegir algunas y también de coincidir con algún profesor con buenos gustos literarios.

    De las lecturas de esos años que me marcaron recuerdo tres especialmente: en catalán (y a recomendación de mi profesor de Literatura Catalana, Vicent Borrás), una excelente novela de Mercé Rodoreda que se titula “Mirall trencat”. Comentando ese libro en clase con el profesor me di cuenta de que una cosa era leer un libro y otra pasar páginas, como había estado haciendo durante muchos años. Quizá es una novela demasiado complejo para un lector novel, pero en mi caso fue determinante. En catalán también leí – y guardo un buen recuerdo – el “Libre de meravelles” de Vicent Andrés Estellés.

    En castellano recuerdo que me marcó la lectura de las “Rimas” y las “Leyendas” de Bécquer. Las “Rimas” (hoy denostadas por algunos posmodernos) me parecieron una delícia y aprendí algunas de memoria (“Yo sé un himno gigante y extraño…”; “Del salón en el ángulo oscuro…”). Las “Leyendas” supongo que las entendí menos, pero también recuerdo la impresión de algunas: “El monte las ánimas”, “Maese Pérez, el organista”.

    Otras dos lecturas del instituto que me marcaron sobremanera fueron “Trafalgar” de Galdós y los “Artículos” de Larra. “Trafalgar” lo releí varias veces y creo que si es un libro muy recomendable para este tipo de bibliotecas paterno-filiales. Tiene todos los ingredientes y creo que no desmerece a las mejores novelas de aventuras europeas. Con Larra me reconcilié con la lengua castellana, que si bien hoy es – curiosamente – la que manejo a diario, en aquella época no me era tan simpática. Recuerdo haberme reído mucho con aquellos artículos: “El castellano viejo”, “Vuelve usted mañana”…

    Podría citar alguno más, pero lo dejo aquí, de momento.

  11. R.S.R.

    Llego con retraso a algunos temas de los que han salido aquí. Por ejemplo,haría algún comentario de Mad men que estoy viendo capítulo tras capítulo, no salgo de mi asombro por su calidad y el perfecto reflejo de lo que fueron “los felices 50”. Realmente es muy recomendable, no se arrepentirán.

    También diría algo de “El discurso del rey” que me ha parecido una película modélica, con unas interpretaciones soberbias que otorgan verosimilitud a esos personajes, pero perdí el tren. Sin embargo, sigo con puntualidad diaria el proyecto de la “la biblioteca del hijo” y me hago cábalas de cuáles serán los títulos siguientes.

    Conozco algunos de los volúmenes que van conformando esa biblioteca, pero no todos. De Conrad he leído muy poco y este último del que habla el blogger “Con la soga al cuello” no lo conozco.
    Dice con bastante gracia: “No son lecturas juveniles, obritas para entretener el ocio de los muchachos, sino libros sobre la pérdida de la juventud, sobre la fatalidad del tiempo, sobre la crisis que no remontamos.
    Yo, que sobrepaso el medio siglo, aún no me he repuesto…”

    Por lo que va eligiendo me da la impresión de que a través de esos libros se podría dotar a un joven de algunas herramientas que le ayudaran a manejarse en el “oficio de vivir”, de aceptar lo que de aventura tiene y de hacerlo con las mismas armas de las que dispone el capitán Whalley y muchos de los personajes de Conrad: su altura moral y el sentido del deber.

    Realmente no sé si estos títulos siguen un orden, pero sí tienen una lógica en el orden en el que se nos presentan. Obviamente es una cuestión muy subjetiva, pero de los comentarios que va escribiendo de esos volúmenes extraigo un entendimiento, como un mensaje escrito con tinta invisible que puede vislumbrarse. Piénsenlo hasta el mismo Drácula tiene su sentido.

    PS. Sr. Montesinos no sabe -en determinados ámbitos- cúantas veces se oye esa pregunta que no tiene más respuesta que un silencio impotente.Un silencio que pretende acompañar esa dolorosa situación.

  12. Marisa Bou

    No entiendo nada… Hace un rato, regresé de ver “Balada…” y me dirigí directamente al ordenador, para ver por donde iban las cosas en esta Biblioteca del hijo (y de todos) y me encontré con que no había ningún mensaje de “Los archivos…” ¿Cómo es posible, me dije, si estoy suscrita a cada nueva entrada del blogger como a las respuestas de los lectores?

    Pues bien, no hay más remedio que admitir que la técnica tiene, de vez en cuando, caprichos de corte humano (¿se acuerdan de Hal?).

    Así que me he puesto a leer todo -links incluídos- y ya estoy al corriente. Solo que en este momento no se me ocurre nada que decir. Porque convendrán conmigo en que, respecto al tema del “soufflé”, no hay palabras para describir mis sentimientos ante este tema. Ya me conocen ¿no? Pues eso, mejor me callo.

    Eso sí, impresionante el ejercicio de impresionismo de Alex de la Iglesia. Anonadada me ha dejado…

  13. jserna

    Sra. R.S.R., dice usted: “Realmente no sé si estos títulos siguen un orden, pero sí tienen una lógica en el orden en el que se nos presentan. Obviamente es una cuestión muy subjetiva, pero de los comentarios que va escribiendo de esos volúmenes extraigo un entendimiento, como un mensaje escrito con tinta invisible que puede vislumbrarse. Piénsenlo hasta el mismo Drácula tiene su sentido”.

    Es exactamente eso. El aparente desorden de los libros que propongo, desorden cronológico, tiene un sentido. El vaivén al que les llevo, de un siglo a otro y vuelta atrás, tiene un sentido. La selección, por ahora predominantemente novelesca, tiene un sentido. La literatura hay que disfrutarla con ese presunto desorden para hilar después o, mejor, para captar después el hilo que une obras distintas de acuerdo con las demandas del lector. Uno no acude al cine a ver cronológicamente los films, sino que una película te lleva a la otra. En la lectura ocurre lo mismo: un libro te lleva a otro libro por razones justificadas. ¿Por asociación libre, que diría Freud? Yo soy historiador y desde luego no quiero arrancar a cada obra de su circunstancia precisa. Tampoco quiero que el contexto sea el único dato a considerar…

    Sr. Fuster, uno de los títulos que propone estaba en la cartera: en la reserva de los que voy a proponer en ‘La biblioteca del hijo’. Todo lo que sugiere es importante, pero tenga en cuenta que le estoy dando una orientación: por eso hay uno de los que usted menciona que se ajusta a los criterios implícitos de esta selección.

  14. Isabel Zarzuela

    Al hilo de lo que comenta el señor Fuster, recuerdo la lectura de dos libros que me impresionaron y me fascinaron especialmente en mis años de instituto: ‘Luces de bohemia’ y ‘Ací no paga ni Déu!’ (este último, de Darío Fo, lectura obligatoria en lo que entonces era “Valenciano: Lengua y Literatura”).

    Fue entonces, con 15 o 16 años, con la lectura de estos dos libros (especialmente con Luces de bohemia) cuando pude tomarme verdaderamente en serio, o mejor dicho, pude acercarme sin miedo a la tragedia personal y a la crítica social y política. A veces es muy difícil asimilar determinadas situaciones y, desde luego, el recurso de la ironía o del esperpento resulta ser un buen digestivo. Por eso me impresionó tanto Valle-Inclán o Voltaire y su ‘Cándido’, por esa capacidad de conjugar la risa o la ironía con unas circunstancias verdaderamente dramáticas sin resultar grotesco.

    Bien por esa ironía en “La fe de los votantes”.

  15. jserna

    Interesantes sugerencias, sra. Zarzuela. Yo también quedé impresionado por ‘Luces de bohemia’ en el bachiller menesteroso de los setenta. Entonces no leíamos nada o casi nada. Solo cuando algún profesor nos estimulaba (lo dije en un artículo de El País) leíamos algo que nos mejoraba.

    De hoy no pasa. Voy a intentar hacerme con la primera temporada de ‘Mad Men’: perdonen pero voy con retraso.

    Ayer fuimos al cine y vimos ‘Camino a la libertad’, con Ed Harris. Del mismo director que ‘Master and Commander’: Peter Weir. Parece mentira que sea el mismo director. Aquella película que exaltaba la amistad viril (ustedes perdonen) me parece una de las joyas de la década. Esta, por el contrario, me parece un film innecesariamente largo: minutos y minutos con una inacabable travesía desde Siberia a la India. ¿Es una epopeya de quien escapa del Gulag? Bueno, pretende ser eso, pero queda como una sucesión de imágenes de National Geographic (productora de la película): parajes y paisajes bellos y vacíos. El grupo humano de la travesía no me dice nada. Qué pena. Siento decirlo.

  16. Paco Fuster

    Aunque me salga del tema literario, un apunte al hilo del comentario sobre “Camino a la libertad”.

    Peter Weir es especialista en hacer películas que no tienen nada que ver unas con las otras. En los ochenta hizo dos películas por las que fue nominado al Oscar: “Único testigo” y “El club de los poetas muertos” (una de mis películas preferidas). Luego hizo “El show de Truman” y “Master and Commander” (otras dos nominaciones al Oscar), y ahora esta última. Todas son gandes películas, pero lo cierto es que abordan temas y mundos totalmente distintos. Aunque no ha tenido suerte y no le han dado ningún Oscar, tiene fama – para mí justificada – de ser uno de los mejores directores del cine americano de las últimas décadas. En mi DVD de “El club…” viene unos comentarios de varias escenas suyos muy interesantes.

  17. R.S.R.

    ¿Asociación libre? bueno no es exactamente eso, pero lo que parece claro es que cada uno de los lectores de esta biblioteca veremos un hilo diferentemás allá del contexto o la circunstancia de cada una de las obras.Le daremos un sentido, añadiremos o suprimiremos volúmenes y volveremos a emocionarnos con los libros que reconocemos. No puedo por menos que pensar ,que de algún modo tendrá ver con ese hijo real al que va dirigido, y también con el hijo que fuimos, con la biblioteca que tuvimos o no tuvimos, con el hijo que tenemos o que proyectamos, con aquello que leímos o con lo que deseamos leer y no estuvo a nuestro alcance…cada interpretación será única.

    Señala usted cuando habla de “Grandes esperanzas”: “ambos compartan muchos valores morales y sobre todo la ganancia que rinde ser caballero compasivo, un patrimonio inmaterial que pesa más que el dinero”. Creo, por lo que nos cuenta, que la visión moral de la novela de Dickens (no solo de ésta) parte de la profunda relevancia de la vulnerabilidad de la vida humana. Parte del miedo y de la necesidad de la piedad, de la compasión y de la gratitud. Es la misma compasión o piedad que despierta en sus lectores que compartimos el trance de los personajes.

    En “Tiempos difíciles” el señor Gradgrind considera que la literatura y la lectura de cuentos y novelas es perniciosa y subversiva para la educación, esa visión del mundo es totalmente incompatible con su visión racional y económica. Sin embargo sólo cuando cobra conciencia de su propia necesidad, y de su propia vulnerabilidad y desamparo, puede abordar productivamente las necesidades de quienes le rodean.
    Martha Nussbaum, realiza un interesante estudio de esta obra para demostrar que las formas literarias pueden hacer una contribución única a la vida moral y política. Siendo esta un claro ejemplo del triunfo de la imaginación literaria sobre otras maneras de imaginar el mundo.

  18. David P.Montesinos

    Quizá sí, R., quizá sea ese el significado del silencio, la compañía…aunque también el anonadamiento.Creo que conoce usted bien el problema.

    Pienso como Paco Fuster respecto a Peter Weir. Las películas a que se refiere son importantes, relatos musculosos y que a uno no le dejan indiferente y le llegan a resultar inolvidables. Cuando supe sobre la de la huida del Gulag me removí con impaciencia buscando la fecha del estreno. La primera crítica que leí, de alguien tan fiable como J.Ocaña, me bajó los humos. Y ahora, usted, don Justo… Sí es una pena. ¿Han visto la de Iciar Bollaín?

  19. Alejandro Lillo

    Tratando de ponerme al día advierto que con el proyecto de la Biblioteca del hijo todos coincidimos.

    Me gusta la idea planteada por el señor Fuster, ese recordar los libros que han marcado nuestra infancia. En mi caso, como en algún momento ha apuntado aleskander62, primero fueron los cómics, los tebeos, vamos. Tintín y Asterix, principalmente, pero también los que conservaba mi padre: El Capitán Trueno y el Jabato. Cuánto he aprendido leyéndolos. Los de Tintín y Asterix me los sabía de memoria, cuánto he disfrutado pasando sus páginas.

    Hablamos de la Biblioteca del hijo, de este hermoso proyecto. Porque si como dice don Justo una lectura lleva a otra y hay libros emparentados unos con otros, no es menos cierto que lo mismo sucede con las bibliotecas, que unas te llevan a otras. ¿Qué hay de la biblioteca del padre? ¿O, como es mi caso, la biblioteca del tío y la biblioteca del abuelo? En esos lugares se ha gestado gran parte de mi amor por los libros y la lectura. Eras espacios maravillosos donde encontrar libros increíbles sobre temas y asuntos que ni siquiera sabía que existían. Allí entré en contacto por primera vez con los clásicos antiguos, Suetonio, concretamente. Y allí sigo acudiendo periódicamente, pues cada que que voy, la biblioteca es distinta.

    ¿Saben los libros que más me impactaron en mis lecturas del colegio? Crimen y castigo, por un lado, y La vida es sueño, por otro.

    Coincido, R.S.R. El ensayo de Nussbaum es más que interesante. Enorme alegato a favor de la lecura de novelas como parte indispensable de la formación moral de las personas.

  20. Alejandro Lillo

    Siguiendo con la Biblioteca, y vista la reseña del señor Serna sobre la última novela de Eco. No creo que me equivoque si doy que la primera del autor italiano no faltará en esa lista para el hijo. Coincido con su juicio, ya lo sabe. Como usted muy bien señala, la ficción va adelgazándose conforme se avanza en la lectura, transformándose la novela en una suerte de ensayo, en una acumulación de discursos y datos que terminan abrumando. Aún así yo la leí bien, pues su tesis, su mensaje, es muy interesante. Ese peculiar diario y esa falta de memoria, tan caprichosa, chirría a veces, así como ciertas cosas que da por supuestas que de dificultan la lectura. Pero bueno…

    Un libro que acabo de terminar y sí me ha parecido notable es el de Francisco Fuster. Ya hablaré sobre él más adelante, pero aprovecho para felicitar públicamente a su autor, que bien lo merece.

    Como también me parece notable el último artículo del señor Serna aparecido en El País. Ya son varias las personas que me han dicho que las ha gustado mucho, que le felicitara, don Justo. Y yo, como buen mandao así lo hago.Es un artículo que no tiene desperdicio. Cada palabra con su justa carga de guasa y crítica mordaz: desde “el mundo no da una a derechas” hasta “me hincaré de rodillas”. Pasando por “con las cosas de Dios y con los milagros no se bromea” o “Jorge Alarte o Joan Calabuig se abrasarán en las tinieblas o en las calderas mientras se buscan el ombligo, digo el centro”.

    Enhorabuena.

  21. aleskander62

    Y la discoteca del hijo con discos de Cream, Led Zeppelin, Sisters of Mercy, Suede, Joy Division y Pink Floyd.
    Las series de TV de hija, hijo y padres: Chicas Gilmore y Mad Men.

  22. aleskander62

    Hay un extenso artículo en el ABC Cultural sobre Mad Men, considerada una de las mejores series de TV.
    Por cierto que en la Biblioteca puede aparecer The Catcher in the Rye de Salinger, Animal Farm de Orwell e incluso últimas tardes con Teresa de Juan Marsé.

  23. Paco Fuster

    Muchas gracias, Alejandro; me alegra mucho saber que te ha gustado. Mañana tengo que llevar un ejemplar a un prima hermana que a su vez lo tiene que pasar a una familiar de su marido que se lo ha pedido para su prometido, un joven nepalí, hijo de un diplomático: la semana que viene se van Nepal a casarse y quiere regalarle mi libro. La globalización…

    Respecto al tema de la biblioteca, puntualizo que en mi caso, hablo ya de libros de la adolescencia o primera juventud, pero de ninguno de ellos puedo decir que me marcó; los primeros fueron los que citaba, ya en el instituto. Como dije en la presentación de mi libro, de mi infancia lo que más recuerdo son algunas series de TV, que es otro tema que también daría para una lista autobiográfica. Creo que ya no existe, pero tiempo atrás hacían en TVE un nostálgico programa llamado “La tele de tu vida” en el que aparecieron algunas de las que cité ese día.

  24. jserna

    Hola, buenas. He estado fuera del blog y no he podido conversar con ustedes. Mañana domingo contestaré o comentaré sus palabras. Les dejo con ‘La muerte en Venecia’, de Thomas Mann. Porque por supuesto que continúo con ‘La biblioteca del hijo’. Pero les anunciaré también algo relacionado con una serie que comentan: ‘Mad Men’.

    Tamañana

  25. aleskander62

    En la videoteca del hijo o de la hija, podríamos tener El río de Jean Renoir. Puede que Rebelde sin causa de Nicholas Ray.
    Por cierto que vi El discurso del rey y es una buena película, muy bien interpretada por Colin Firth.
    Cómics podría haber también de Paco Roca, Victoria Francés o don Rogelio.

  26. Miguel Veyrat

    A pesar de que la reedición de mi libro “Conocimiento de la llama” ha sido ya profusamente comentado anteriormente en este blog, quiero expresar mi orgullo por formar parte de esta biblioteca del hijo tan bien traída por Justo Serna. También quisiera dejar constancia de mi admirado agradecimiento por la reseña que de mis poemas ha publicado Alejandro Lillo en http://www.ojosdepapel.com en la que acredita que al fundirse con la cita de Alfred Döblin que coloca como epígrafe a su escrito, él lee “como la llama lee la madera”. Es decir, consumiéndose para dejar las ascuas de su emocionada e inteligente sensibilidad en el hogar del que con razón y dada su dificultad de entendimiento se ha llamado el “género de géneros”.
    Perdonen que no me extienda, pero me encuentro de viaje por un país africano y no dispongo demasiado tiempo y sosiego para entrar en su contienda acerca de los diversos temas planteados; sí quiero decir que mi lectura de la última novela de Eco difiere algo en cuanto a la valoración que el siempre agudo Justo le concede. Pienso que es una novela difícil, que en efecto hay que superar quizá las primeras 70 páginas y que para apreciarla en su justo valor, que para mi es mucho, hay que estar realmente interesado no solamente por la historia de las consecuencias de la Ilustración en Europa, sino por el tema central que se plantea a través de ese personaje del que el autor hace precisamente un esquizofrénico de doble personalidad: la falsificación de la historia que determinados servicios de “inteligencia” de todos los tiempos han realizado fabricando documentos espúreos con el fin de crear estados de opinión favorables a los intereses de sus amos, ya fueren ideológicos, políticos o simplemente comerciales. Es una de las pocas novelas que voy a releer este año. Otra es “El desierto de los tártaros” del olvidado Dino Buzzati, que hallé hace unos días como un olvidado tesoro en una librería de viejo de una de las callejas sevillanas de mi barrio. Por un euro. ¡Qué maravilloso regalo de Reyes!
    Reciban todos ustedes un enorme abrazo de este amigo y contertulio ya solamente esporádico, pero que no les olvida y les quiere y lee. Muy feliz año a todos, incluidos “los nuevos” a quienes no conozco.

  27. Miguel Veyrat

    Sólo una nota más a destacar de “El cementerio de Praga”, el intenso sentido del humor, sarcasmo más que ironía del que hace gala Eco al juzgar a nuestros “contemporáneos” del XIX y que hace las delicias de cualquier lector. Contemporaneidad más patente al descubrirse mediante las filtraciones de Wilileaks cómo se han construido con piezas falsas los importantes mitos que han dado lugar a intensos cambios políticos y sociales amen de sangrientas matanzas a lo largo de la Historia. Al terminar de escribir estas frases me doy cuenta de lo difícil que es hacer un comentario sobre esta novela sin citar al Holocausto del pueblo judío y sus precedentes propagandísticos, el montaje de “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, que aún circulan, y que constituye la base argumental de la novela.

  28. jserna

    Hola, buenas tardes. Permítanme, en primer lugar, responder a Miguel Veyrat. Ha sido la última persona en intervenir, pero me interpela directamente. Quiero agradecerle las palabras tan lisonjeras y generosas que me dedica. Como también a Alejandro Lillo, que me halaga con lo que dice que dicen de mi columnilla de El País. Habrá que llamar a la gente que me odia…

    Miguel Veyrat cuestiona con perfecto derecho la reseña que hago de El cementerio de Praga, de Umberto Eco, en Ojos de Papel. Disiento de la favorable presentación que Miguel Veyrat hace de dicha novela. La lectura de mi reseña es la prueba, no voy a maquillar ahora el disgusto que el gran Umberto Eco me ha provocado, un Eco al que sigo antes de que fuera novelista.

    Por supuesto, no es el asunto narrado aquello que me disgusta de esta obra (me interesa mucho lo que analiza Eco y así lo digo en la reseña). Lo que me sorprende es el descuido narrativo, entendiendo por tal el descuido del artefacto llamado novela. El gran semiótico italiano aprovecha a su protagonista para tratar lo que de verdad le interesa: el asunto del complot, de la falsificación, del antisemitismo, etcétera. Sus puntos de vista son interesantísimos, justamente al presentarnos a un tipo ciertamente odioso, pero Eco maltrata a sus lectores. Pongamos un ejemplo.

    Quien no sepa gran cosa de la Unidad Italiana se perderá en los vericuetos de la novela, dado que el novelista, el Narrador o Simonini los dan por supuestos. Me pondré como ejemplo: la lección de mi oposición a profesor universitario fue ese tema, el de la Unidad Italiana. Es decir, creo saber algo de lo que habla Eco. Bueno, pues imagino los padecimientos de un lector que no esté muy puesto en este asunto: si no tiene cierta idea de quiénes fueron Cavour o Mazzini, pongamos por caso, se perderá. Se perderá, insisto. Y se perderá más adelante, cuando el protagonista asista como observador, testigo y actor en la Comuna de París. Etcétera.

    Eco se ha justificado diciendo que él, desde que empezó como novelista, maltrata al lector: en El nombre de la rosa había páginas en latín y disquisiciones escolásticas. Pero no es ése el problema: allí, el lector iba descubriendo la Edad Media con el auxilio de un narrador benevolente que precisaba, Adso de Melk. Aquí, en El cementerio de Praga, el Narrador (con mayúscula irónica), Simonini, etcétera, no ayudan: largan muchísima información sin reparar en la verosimilitud narrativa.

    ¿El resultado? Un ensayo la mar de interesante revestido con una fina capa narrativa (¿un diario retrospectivo en vez de unas memorias?) y con un maltrato deliberado del lector, al que trata con toda desconsideración. Desde luego, Eco se lo puede permitir. Otros, no. Insisto: es probable que los periodistas que han mostrado su arrobo ante los odios que destila el personaje no hayan pasado de las setenta primeras páginas; como es probable que los futuros lectores de esta novela (vamos, quienes la han comprado o han sido obsequiados con ella) se lleven una decepción por la pesadez argumental, por la trepidación erudita, por el puro exceso. No hay respiro ni honduras psicológicas; hay folletín, al que se rinde homenaje. Fuera de eso, poco más desde el punto de vista narrativo.

    Estas Navidades se ha vendido muy bien la novela coincidiendo con el asunto de WikiLeaks. Bueno, feliz coincidencia para Eco, pero desmontar la teoría del complot como emprende el italiano no hace una buena novela ambientada en el siglo XIX.

    Un abrazo.

    http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=3871

  29. jserna

    ¿Qué puedo decir de sus amables comentarios sobre esta biblioteca que voy seleccionando? Como ya advertí, los libros que elijo responden a un criterio y el vaivén al que los someto es deliberado: no crean ustedes que es puro capricho. Por supuesto, esta biblioteca va a tener continuidad: habrá ‘La biblioteca del hijo, 3… De todos modos, iré alternando con otros temas. Por eso, mañana renuevo el post con otro asunto muy actual.

    ¿Y qué puedo decir de los libros que me proponen incorporar o de las canciones o de los tebeos o de las películas o de las series televisivas que me indican Francisco Fuster o aleskander62 entre otros. Por ejemplo, un libro de Mark Twain, que siempre debería estar aquí (aunque en el blog ya he hablado de Twain en varias ocasiones, creo recordar). O el volumen que inmortalizó a Kerouac, que propone aleskander62 y que Francisco Fuster analiza en un capítulo de su ‘América para los no americanos’. Y hablando de Fuster, sus menciones son muy pertinentes: la novela de Mercé Rodoreda titulada ‘Mirall trencat’ o también ‘Trafalgar’, de Pérez Galdós. O incluso alguna otra de la primera serie de los Episodios Nacionales: con esa ironía que se gastaba don Benito… O ‘Luces de bohemia’, de Valle-Inclán, que nos propone Isabel Zarzuela. O el ‘Cándido’, de Voltaire, también sugerido por la sra. Zarzuela. Y fíjense en lo que dice Alejandro Lillo: “¿Qué hay de la biblioteca del padre? ¿O, como es mi caso, la biblioteca del tío y la biblioteca del abuelo? En esos lugares se ha gestado gran parte de mi amor por los libros y la lectura. Eran espacios maravillosos donde encontrar libros increíbles sobre temas y asuntos que ni siquiera sabía que existían. Allí entré en contacto por primera vez con los clásicos antiguos, Suetonio, concretamente. Y allí sigo acudiendo periódicamente, pues cada que voy, la biblioteca es distinta”.

    Ay, si yo les contara lo que significó mi padre para formar mi biblioteca o mi almacén de libros: casi nada de lo que él me proponía me gustaba, pero de él acabé tomando ejemplo. Pero, ahora que lo pienso, de eso hablaba al principio de ‘Héroes alfabéticos’: de su afición a los libros y de su rigurosísimo y fantasioso sistema de clasificación. Quiso hacer de mí una persona ordenada, con los libros bien colocados y fichados: nunca lo consiguió.

  30. Isabel Zarzuela

    Qué bello post el de ‘La biblioteca del hijo’… Tanto, que algún día lo leeré con mi pequeña. Así que Sr. Serna, espero que cumpla con lo prometido: “esta biblioteca va a tener continuidad”.

  31. jserna

    Descuide, sra. Zarzuela. Insisto: esta biblioteca va a tener continuidad”. Es más, algunos amigos me han escrito privadamente para decirme que quizá podría acabar siendo un libro titulado precisamente así: La biblioteca del hijo. Ya, ya. No está el mercado para tirar cohetes…

  32. Hemeroteca

    “…Alguna gente lee libros, sí, pero la mayoría, más que leerlos, los compra. Compran lo que dicta la moda literaria de cada momento, y luego el libro acaba en la mesita del tresillo, que es el lugar ideal para que las visitas lo vean. Ahí se pasa meses sin que nadie lo abra. Por ese mismo motivo los libros que compran los que no leen acostumbran a ser gruesos. Puestos a no leer un libro, que sea bien gordo, ya que creen que la gordura del libro les dará pátina de lectores sesudos. Recuerdo haber empezado a detectar esa tendencia con El nombre de la rosa, de Umberto Eco. El libro se vendió como rosquillas pero sólo un pequeño tanto por ciento de los que lo compraron fueron más allá de las primeras páginas. Pero era el que tocaba comprar en aquel entonces. La historia se repite cada temporada…”

    Quim Monzó, “Usos de los libros”, La Vanguardia, 13 de enero de 2011.

  33. Isabel Zarzuela

    Ayer leí por casualidad esta reseña de Gregorio Morán en ‘La Vanguardia’:

    http://elcomentario.tv/reggio/memorias-de-un-antisemita-1-de-gregorio-moran-en-la-vanguardia/22/01/2011/

    Evidentemente no me ha molestado que alabara el libro de Eco -en todo caso eso no deja de ser un aliciente para que me anime a comprar el libro-, o que aplaudiera su excesiva erudición –siempre han de ser bienvenidas las nuevas enseñanzas-. Lo que me parece inconcebible es la altivez, la soberbia, la falta de humildad y la osadía con la que se dirige al lector: “Lectores simples, abstenerse”, dice. Pues tendré que abstenerme, claro.

    “Se necesitan varias cosas para escribir un libro como El cementerio de Praga. En primer lugar, talento. Luego, valor y audacia; infrecuentes en los tiempos que corren, donde parece que los escritores tienen un contrato con las casas aseguradoras”. Así comienza Morán su reseña. ¿Valor y audacia para que te publiquen hoy en día algo así? ¿¿¿Valor y audacia??? Por Dios, que estamos hablando de Eco… ¿Quién no va a querer publicarle un libro? Pues empezamos bien.

  34. jserna

    Hola, gracias por el enlace y la advertencia, sra. Zarzuela.

    La reseña de Gregorio Morán es contradictoria y, como es habitual en él, arrogante. Nos llama “pobres de espíritu” y nos llama “lectores simples”, vaya.

    Entresaco unos párrafos en los que se puede ver que dice una cosa y la contraria, perdonándonos la vida además. Por un lado, aprueba a Eco como excelso escritor para después reconocer que hace lo que le da la gana, que no se preocupa de la verosimilitud, que parece un ensayo, que exige del lector conocimientos históricos que él no se molesta en adaptar y adoptar para su narración.

    Contrariamente a lo que dice el periodista, los pobres de espíritu no son quienes se preguntan por lo verosímil, sino los refinados, los resabiados, los experimentados. Morán se equivoca de todas todas y además lo hace con soberbia, como usted diagnostica.

    Reconoce Morán que ciertos personajes son pura tramoya; reconoce que la obra es un paseo por la historia, es decir, que vuelca datos del pasado sin preocuparse necesariamente del conjunto. ¿Entonces?

    Eso no lo hace un buen novelista. Simplemente Eco hace lo que le da la gana porque ser quien es. Yo insisto: ¿por qué no ha escrito uno de sus clarividentes, uno de sus penetrantes ensayos?

    Por otra parte (y perdóneme esta maldad), Morán quiere ser como Eco: se le nota. Quiere ponerse a su nivel. También es un ensayista, pero se toma unas libertades que Eco no se las consiente cuando escribe ‘non fiction’. Por otro lado, Morán envidia a aquel del que hace el ditirambo: dice ser de la misma generación. No es así.

    Umberto Eco nació en 1932 (dato que ya no figura en la solapa del libro –una coquetería– cuando antes siempre figuraba) y Gregorio Morán en 1947. Ya sé que desde el punto de vista orteguiano (Ortega y Gasset es un personaje que Morán detesta) podrían ser miembros de una misma generación. Pero no es así. Hay un mundo entre ambos. Y hay un océano y hay casi un siglo de distancia.

    Etcétera, etcétera.

    Paso a reproducirte esos párrafos de Morán que son contradictorios:

    1)”…Enunciado así, parece que más bien estamos comentando un ensayo. No, se trata de una novela. Un relato muy especial que exige un lector algo especial también. No sólo por la frustración que puede generar en los pobres de espíritu, esos que se preguntan siempre si lo que leen es verosímil, no vaya a ser que el autor se esté quedando con ellos, sino también porque exige un cierto conocimiento del paisaje histórico en el que Eco desenvuelve a sus personajes, con una soltura y un desparpajo que en ocasiones se antoja arrogancia…”

    2)”…Las novelas de Eco están cuidadosamente construidas, por más que a veces se le vaya la trama por los cerros de Úbeda y tenga que traerla por los pelos, o se enmarañe y deba inventarse un personaje para la ocasión, pero eso forma la tramoya de los libros de ficción. Eco es un excepcional escritor que no tiene especial interés en hacer literatura. Ojo, sabe muy bien qué es literatura, pero no es lo suyo. Se trata de un narrador, de un contador de historias, incluso de un novelista, pero aunque a alguno le pueda sonar a extraño, eso no es necesariamente literatura. Ni mejor, ni peor, sólo que es otra cosa. Incluso los guiños burlones al gran Dumas, ese titán de la novela sin literatura, ayudan a entender mejor este libro…”

    3)”…Las novelas de Eco tienen algo de paseo por una época y unos personajes con la seguridad de quien sabe que marcha por senderos bien trazados, entre paisajes que ni son de cartón piedra, ni decoración chabacana. Si muchos mediocres consiguen que una novela haga verosímil lo inverosímil, gracias a la escasa entidad crítica del lector, en Eco sucede al revés. Cuesta trabajo imaginar que sea verosímil una trama donde los personajes hacen todo lo posible por parecer inverosímiles. Pero, sin embargo, son verdad; están avalados por el estudio y por el talento de un erudito con sentido del humor. Lectores simples, abstenerse. Se arriesgan a no entender nada, o a creérselo todo, desde el antisemitismo hasta la teoría conspirativa de la historia…”

    4)”…Estamos ante un atractivo artefacto novelesco que pasea por la historia; recorre el Turín de Cavour, el París de la Comuna, la Sicilia de Garibaldi, vistos desde los ojos brutales de un falsificador de la historia, profesional y riguroso, cuya única inclinación apacible acaba en la gastronomía. El resto es odio y resentimiento. Y por si fuera poco, en ocasiones el protagonista es uno, y en otras dos, que compiten en la charada…”

  35. Alejandro Lillo

    Bueno, leída la reseña de Morán, y más allá de las coincidencias con ustedes, hay algo que no acabo de entender. Es esto:

    “Eco es un excepcional escritor que no tiene especial interés en hacer literatura. Ojo, sabe muy bien qué es literatura, pero no es lo suyo. Se trata de un narrador, de un contador de historias, incluso de un novelista, pero aunque a alguno le pueda sonar a extraño, eso no es necesariamente literatura”.

    Lo siento, pero no alcanzo a tanto.

  36. jserna

    Gregorio Morán es un periodista que escribe libros muy entretenidos. ¿Documentados? Sí, pero el uso que hace de la documentación es muy particular…

    Lo he comentado en algunas entradas:

    1.-“…Gregorio Morán le dedicó ‘El maestro en el erial’ [digo refiriéndome a Ortega y Gasset]. Lo leí hace ahora diez años. Mi impresión sigue siendo la misma: un libro entretenido, injusto y absolutamente inmisericorde. Punto y aparte”.

    https://justoserna.wordpress.com/2010/06/13/fernando-savater-y-los-demas/

    2.-“…En cambio, Gregorio Morán, de quien leo ‘Adolfo Suárez. Ambición y destino’ (Debate, 2009), analiza las ficciones de su generación, que es también la de Alfons Cervera. Eran jóvenes ya talluditos cuando Suárez ganaba las primeras elecciones. Morán, que es cronista, se permite licencias de novelista: fantasea sobre situaciones de las que nunca habrá datos, documentación o contraste, cosa que hace, además, erigiéndose en desfacedor de ficciones y presunciones. Por otra parte se permite también todo tipo de sarcasmos. ¿Sobre quién? Sobre todos. Es un hábito antiguo en este autor”.

    https://justoserna.wordpress.com/2009/06/02/alfons-cervera-y-javier-cercas/

    Por otro lado, su concepto de la literatura, que –por lo que reproduce el sr. Lillo– es contrictorio y abstruso, forma parte de su concepto de la provocación. Sus célebres “Sabatinas intempestivas” en ‘La Vanguardia’ no dejan indiferente: tiene voluntad de ser eso, intempestivo, extemporáneo.

    Se le nota.

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