0. Hace dos años y medio o así (en junio de 2008) dediqué una entrada del blog a Silvio Berlusconi. Las cosas que entonces decía se mantienen e incluso se agravan. Es impresionante hasta dónde puede llegar el descrédito de la política en manos de un populista, de un ilusionista… Si son ciertos los cargos que se le imputan ahora, la gravedad de sus actuaciones es máxima.
En esta fotografía reciente, de Tony Gentile (Reuters), lo vemos cabizbajo, pensativo, cavilando tal vez sobre su circunstancia actual o sobre su situación futura. O quizá no: quizá simplemente dormita tras una larga sesión política. O, quién sabe, es probable que esa imagen sólo sea un instante sin significado.
1. Miércoles 16 de febrero de 2011. Hoy aparece una columna que mandé ayer a El País a las 12 horas. Cuando la escribí no tenía noticia del anuncio sobre el presidente del Gobierno italiano: «Berlusconi será juzgado en abril por prostitución de menores y cohecho». Mi artículo no está escrito a partir de lo que ayer pude leer en elpais.com, sino antes. Eso no empeora ni mejora las cosas: simplemente es un dato contextual que quizá convenga saber.
Siento bochorno ante las declaraciones e insinuaciones sobre la Justicia que hacen algunos dirigentes del Partido Popular. No puedo sino preguntarme por un militante del PP. Seguro que existe: aquel miembro de la organización que se avergüence de esas manifestaciones antisistema. La columna. titulada «Los populares cantan» empieza así:
«El Partido Popular es una organización muy entonada. Es como un inmenso coro. Si son ciertos los datos que proporciona, supera ampliamente los setecientos mil afiliados. Eso significa un gran número de voces, muchos seguidores cantando la misma tonadilla. ¿Habrá alguien que desafine, alguien que discrepe? Vayamos a Italia, país canoro por excelencia y país con el que frecuentemente se nos compara. Observemos el caso de Silvio Berlusconi, no sea que compartamos partitura…»
Leer más en: Justo Serna, «Los populares cantan», EL País, 16 de febrero de 2011.
Continuaré…
Silvio Berlusconi en Los archivos…, 26 de junio de 2008:
«…Quizá en Italia, más que en otros países, permanece aún vivo el siglo dieciocho, y con él, el personaje del charlatán», dice el narrador de Mario y el mago, de Thomas Mann. El personaje del charlatán, «del titiritero de feria, tan característico de aquella época, y sólo en Italia cabe encontrarlo aún en buen estado de conservación», añade Mann con displicencia aristocrática, quizá errónea. En una zona turística de Italia, una familia extranjera se instala en el Grand Hôtel. ¿Qué les depara la experiencia? Mala comida, discriminaciones groseras (poder o no poder comer en la terrazas, etcétera). Por ello deciden mudarse a una pensión. Allí tendrán otras vivencias: entre ellas, la actuación del Cavaliere Cipolla. «Entró con aquel especial paso rápido que a la vez denota una cumplida deferencia frente al público, provoca, asimismo, la ilusión en este de que el recién llegado acaba de recorrer una gran distancia para mostrarse ante él, siendo así que apenas hacía un instante se hallaba en realidad todavía entre bastidores», prosigue el narrador de Mario y el mago. «De una edad difícil de determinar, desde luego ya nada joven», el recién llegado se ofrece como solución, con una «impresión de bufonería fantástica» muy equívoca.
«–Parla benissimo –afirmó alguien junto a nosotros. El hombre no había hecho aún nada, pero ya sus palabras se estimaban como un mérito, sólo con ellas había sabido imponerse», leo en Mario y el mago. «Después de haberse despojado de la flamante chistera, de la bufanda y el abrigo, se adelantó de nuevo al proscenio arreglándose la levita, sacando fuera los puños de grandes gemelos y ajustándose la faja bufonesca. Tenía un pelo horrible: la parte superior del cráneo era casi calva», añade el narrador. «Era un poco como el peinado de un director de circo de antaño, ridículo, pero apropiado para aquel anticuado estilo personal», precisa.
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Grave polémica: El prostíbulo y Arcadi Espada


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