Don Eduardo Zaplana Hernández-Soro

Blog de Campaña de El País (Comunidad Valenciana)

Os necesito. Rita Barberá no se anda con chiquitas, expresión que significa lo que parece: se dice de quien actúa sin contemplaciones y sin dar rodeos, sin remilgos, sin nimiedades.  Tonterías, las justas. Así habla Barberá y así se ha pronunciado en la presentación de las propuestas de política social en el Centro de Mayores de Arrancapins, en Valencia. «Os necesito para volver a ser vuestra alcaldesa», ha dicho con énfasis innecesario, obvio. ¿O es una observación necesaria? Objetivamente no le falta razón: si los votantes populares dan por ganadas las elecciones y dejan de acudir a las urnas, entonces las listas del partido se resentirán.

Los free riders. La señora Barberá pide el voto a los ancianos e insiste en ello porque su principal enemigo es la confianza, esto es, la abstención comodona. O en otros términos: que sus electores potenciales tengan la certidumbre del triunfo. Entonces podrían comportarse como ciudadanos gorrones.

Ciudadano gorrón no es un insulto; es una descripción. Y es una mala traducción de Free riders: se emplea para calificar a los que van a la suya sin preocuparse de las responsabilidades públicas. Son los sociólogos finos quienes los llaman así: gorrones o free riders.

¿Cuál es la lógica inapelable de esos electores despreocupados? La respuesta sería ésta: para qué voy a ir a votar, si mi sufragio sólo tiene un valor infinitesimal; para qué me voy a molestar si mi partido va a perder o ganar, tanto si me esfuerzo como si no.

Que otros lo hagan por mí: o ya está todo ganado o ya está todo perdido. El riesgo, en efecto, lo corren Barberá y lo corren sus principales conmilitones u oponentes Jorge Alarte, Marga Sanz, Enric Morera y Francisco Camps.

Vete ya. Por eso,  Rita Barberá no pide ganar. Pide arrasar. Pide hacerlo con rotundidad aplastante para que «todos los españoles de todos los rincones de España le digan a Zapatero: ‘vete ya’…».  Y se irá: Rodríguez Zapatero ya ha anunciado que en un plazo breve se va. 

En el partido popular hay una fijación con lo de echar al oponente: echarlo del Gobierno, apearlo del poder, quitarle los recursos, apartarlo de la gestión, sacarlo del escaño, hacerle salir de la moqueta, bajarlo del coche oficial. ¿Quitarle también las dietas?

Un político que ha perdido su empleo público ha de regresar a su antiguo puesto, cierto, y las pensiones de los políticos tienen muy mala prensa entre los electores. Por eso, Barberá sabía el efecto que entre los mayores tendría lo que decía. Allí, en el Centro de Arrancapins, denunciaba a los socialistas por «congelar vuestras pensiones». El contraste entre abuelitos que con apuros llegan a fin de mes y ex políticos que gozan de pingües ingresos es escandaloso. Es muy cierto, pero no sé si los mayores de Arrancapins se preguntaron por la pensión que le quedará a la señora Barberá cuando se retire. No sé si esos ancianos se interrogaron por aquellos otros que disfrutan de un empleo particular bien remunerado gracias a sus contactos públicos, a sus conocimientos. Ése es el caso de don Eduardo Zaplana.

Don Eduardo Zaplana Hernández-Soro. De él hablo hoy en mi columna de El País. Su marcha («vete ya», le decían algunos correligionarios como el propio Francisco Camps) fue la pérdida de un activo popular: tal era su dinamismo, esa simpatía descarada y atrevida de quien lo tiene todo por ganar. Desde que el señor Zaplana no está para urdir planes y proyectos, las cosas languidecen en la Comunidad Valenciana. Los eventos son sucesos y los grandes acontecimientos son anécdotas parroquiales.

En esa columna hablo de la portentosa ascensión del señor Zaplana. Menciono de pasada el patrimonio abultado que se ha hecho y aludo a la colocación que ha obtenido para retirarse, para pasar sus últimos años de vida laboral: un empleo en Telefónica que todo contratado ambicionaría para sí, un empleo de postín, de campanillas, de tratos, de contactos, de conocimientos, de informaciones privilegiadas que obtuvo en puestos estratégicos (como presidente de la Generalitat, como ministro de trabajo, como portavoz del Gobierno).

Ignoro si la pensión oficial que le queda le da para ir tirando o sólo para ir tirandillo. Ciertos cálculos indican que el señor Zaplana ha multiplicado por diez sus ingresos tras el fichaje por Telefónica. En todo caso, la foto de El Mundo, de 2008, con la que encabezo este post atestigua su bienestar material: por esas fechas figuraba en el quinto lugar del Ranking de la elegancia según el Magacine de dicho diario. Se nota que se pagaba trajes de buen paño. Se nota que es un free rider de otra pasta: va a la suya.

Hemeroteca

Justo Serna, “¿Dónde está Eduardo Zaplana?”, El País, 11 de mayo de 2011

13 comments

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  1. aleskander62

    Aunque no venga al caso, estoy leyendo Los enamoramientos de Javier Marías. La narradora es muy curiosa y original, la historia se va hilando de un modo misterioso y con mucha ironía.
    Bueno, leí Pobres desgraciados hijos de perra de Carlos Marzal y es un conjunto de relatos muy divertido.
    Sobre Zaplana, no sé si finalmente era mejor que Camps, desde algún punto de vista.

  2. jserna

    El señor Zaplana parece un personaje de ‘Los enamoramientos’. Por su caracter desenvuelto, dinámico, egocéntrico, relamido y conquistador se asemeja a Ruibérriz de Torres, un tipo que Javier Marías ideó para ‘Mala índole’ (1998). Allí nos daba su nombre completo: Rogelio Ruibérriz de Torres. Ahora reaparece en ‘Los enamoramientos’. Zaplana tiene cincuenta y tantos años y Ruibérriz…, pues Ruibérriz no sabemos con exactitud: se quita años, muchos años, por pura coquetería. Todo se andará.

  3. Alejandro Lillo

    Curiosas las acepciones que da la RAE para la palabra “gorrón”. Desde luego, la figura del “free rider” es una especie en aumento. Me pregunto qué harán esos “gorrones”, a los que no les preocupan los asuntos públicos, cuando tengan que pagar por la sanidad o cuando ya no haya escuelas públicas decentes a las que llevar a sus hijos.

    Don Justo, su artículo sobre Zaplana, muy bueno, como siempre. Lo que me pregunto es dónde votará el señor Zaplana. ¿Y sería muy malicioso preguntar a quién?

  4. jserna

    Bueno, gracias, sr. Lillo. La pregunta que formula es muy buena: ¿a quién votará? Como es probable que ya no esté empadronado aquí, sino en Madrid, podrá ahorrarse votar o no votar al señor Camps. Podrá elegir la lista de doña Esperanza Aguirre. Uf, qué alivio.

  5. salvate

    gracias por iluminarnos con sus comentario sobre tan diversos e importantes personajes. no olvido que en estos dias esta repasando gente muy principal. un saludo.

  6. Hemeroteca Eduardo Zaplana

    ¿Dónde está Eduardo Zaplana?

    Respuesta en Levante-EMV, 12 de mayo de 2011

    Zaplana vive en Madrid a cuerpo de rey

    Tenemos la respuesta a la pregunta que se formulaba ayer Justo Serna («¿Dónde está Eduardo Zaplana?»): en Madrid. E. Z. vive en Madrid a cuerpo de rey, lleva dos escoltas y se desplaza a bordo de un BMW que a muy duras penas podría circular por algunas calles de Benidorm.

    Le vimos recientemente en un buen restaurante de la Villa y Corte compartiendo mesa y mantel con Pedro Pérez Fernández de la Puente, presidente de la Federación de Productores Audiovisuales. Pérez y Zaplana ya tuvieron más de «un porc a mitges» cuando el primero era presidente de Vía Digital o consejero de Antena 3 y el segundo titular del Consell con una RTVV en escape libre. Actualmente Pérez preside también una «consultoría estratégica» (sic).

    http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2011/05/12

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