Aquí, un amigo

Uno. Da reparo cuando un amigo te hace una buena crítica. Piensas que lo que dice se debe sólo a eso: a la amistad. Da reparo que Matthauel colega se vea obligado a escribirte una reseña sencillamente por lo que compartes con él. Pero no, bien pensado, que un amigo arriesgue su crédito y gaste su tiempo en ello se debe a que está convencido de lo que dice. Cuando algo que hace o escribe un colega no nos convence, lo normal es que no lo alabemos falsamente. No tenemos necesidad. Por eso, ¿por qué tenemos que callar cuando nos satisface lo que tu amigo escribe o defiende?

Me siento muy orgulloso y muy honrado con la reseña que Alejandro Lillo ha escrito de La imaginación histórica para Ojos de Papel.

ojosdepapel0

Primero por la calidad de su escritura, ese ritmo de la frase sin adjetivos sobrantes (como hoy es moda frecuente). Por favor lean cómo está redactada y luego me dicen. La prosa proclama nuestras entrañas, aquello de lo que somos capaces y aquello que tenemos en la cabeza. ¿Ustedes creen que Alejandro Lillo escribiría un encomio de mi libro simplemente por agradecimiento. Las personas son honestas mientras no se demuestre lo contrario. Aquí, con Lillo, no sospechen: miren cómo trabaja.

Si leen esa recensión, comprobarán que piensa lo que dice, que razona el elogio, que argumenta lo que tan minuciosamente señala. Para mí, es un honor, insisto. Desde que apareció La imaginación histórica me han hecho entrevistas y se han escrito recomendaciones: la más insólita en Interviú. Ninguna aproximación tiene la altura de la que firma Alejandro. Lee como si el texto no fuera con él. Lee queriendo aprender y buscándole las incongruencias al autor. Lee en contexto y con erudición. ¿Cómo quieren que me sienta? Pues agradecido, claro. Pero no por el ditirambo en que podría haber incurrido, sino por la inteligencia que demuestra al escribir sobre el libro de un amigo, algo muy difícil: no porque la obra tenga altura, sino porque el lector obliga al libro a responder a sus expectativas. Uf.

Dos. La amistad no es el pago por correspondencia, por obligación. Es la entrega, el servicio atento y gentil. No es el libramiento interesado. Es el esfuerzo de quien te ayuda sin esperar nada a cambio. Se siente correspondido con tu amistad. Para quienes no AquiUnAmigohemos tenido muchos amigos –un gran número, quiero decir–, el gesto generoso resulta impagable. Uno auxilia no porque se sienta superior o mejor, sino porque no teme al amigo que sobresale. ¿Existe mayor placer que ayudar a quien se lo merece, a quien está sobrado de méritos? Permítanme una confesión: a Anaclet Pons lo conozco desde la infancia. Si sé que alguien no me traicionará jamás, éste es él. No me perdona mis incongruencias ni mis perezas, pero me tolera las numerosas imperfecciones que me pesan. Qué remedio: somos muy decepcionantes.

Hace años, muchos años, Anaclet Pons me recomendó un Billy Wilder crepuscular. Era la película titulada en España Aquí un amigo (1981). En la crítica cinematográfica, dicho film no alcanzó el juicio que otras obras habían logrado. Con faldas y a lo loco (1959), por ejemplo, es superior: y es, además, una producción del año en que nacimos… Pero la historia protagonizada por Walter Matthau y Jack Lemmon me hizo vivir y revivir: con Trabucco y Victor Clooney.

Cómo me hizo reír a mandíbula batiente un libro que A. Pons me regaló en 1982: en un momento malo o bajo. ¿Su título? Mi familia y otros animales (1956), de Gerald Durrell. Yo atravesaba una circunstancia confusa y aturdida. Mi amigo me obsequió con su propio ejemplar. Se desprendió de él y me hizo compartir una historia inteligente y chistosa. Él tenía poco dinero y yo también, por tanto comprar un libro o regalarlo era poco menos que una ruina. ¿Qué se puede decir ante dicho gesto? No lo he olvidado, por supuesto.

Y en ésas estamos: que lo mejor de la vida es la amistad, la generosidad, la amabilidad. Que lo mejor es la alegría, reír juntos, disfrutar con lo que el otro es. Aquí, un amigo. Lo dicen Trabucco y Victor Clooney. Y ahora, si me permiten, voy a releer unos pasajes dedicados a la isla de Corfú que están en la obra de Durrell. La reseña de La imaginación histórica se la dejo a ustedes.

1 comment

Add Yours
  1. Alejandro Lillo

    Don Justo: muchísimas gracias por sus palabras, tan generosas. Lo único que he hecho ha sido plasmar algunas de las impresiones y reflexiones que la lectura de la “La imaginación histórica” me han suscitado. Trato, simplemente, de prolongar el espíritu del libro trasladándolo a la reseña. No hay nada allí que no esté de alguna forma en su trabajo. Lo importante, al fin y al cabo, es invitar a la gente a leerlo. Es un ensayo que merece mucho la pena.

    Muchísimas gracias de nuevo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s