Leo en El País: «Partidos nacionalistas afean al Rey su postura sobre el soberanismo».
Qué curioso: yo no dediqué un minuto de mi tiempo a escuchar una entrevista-trampa: trampa para incautos, para tanto independentista de salón. Vamos a ver, ¿por qué le prestan tanta atención a lo que el Monarca dice ante Jesús Hermida?
Yo escuché a Hermida cuando la llegada del hombre a la Luna. Desde entonces no suele interesarme lo que dice: lo indico con todo respeto. De milagro me enteré de que se iba a realizar dicha interviú. Por supuesto dediqué mi tiempo a otra cosa.
Me sorprende el infantilismo de dar importancia a lo que es un montaje mediático. ¿Alguien se imagina al Rey de Suecia haciendo justiprecio de lo conseguido? Tengo simpatía por Juan Carlos, pero no hasta el punto de escucharle.
Cuando llega Navidad, en casa oímos el mensaje del Rey. Si ustedes me vieran, jurarían que estoy atendiendo. Pues no. Dormito. Me importa un comino lo que dice, lo que nos amonesta, lo que celebra. ¿Por qué? ¿Por republicanismo? No, por tedio. Hago como que oigo. Y hago como que me fijo. Allí en el salón, nada regio, está mi madre, está mi suegra y estamos el resto. Yo me pongo solemne: alguien tiene que hacer el trabajo sucio, ¿no? Nada más. Me sorprende tanta monserga. Olvídense. Y olvídense de tanto soberanismo.
El Rey, que no encarna la soberanía, estará largo tiempo. Yo, que sólo soy autónomo, no sé si sobreviviré…

Deja un comentario